{"id":96754,"date":"2015-05-04T06:00:09","date_gmt":"2015-05-04T04:00:09","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=96754"},"modified":"2016-07-26T19:17:49","modified_gmt":"2016-07-26T17:17:49","slug":"san-vicente-y-los-enfermos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-y-los-enfermos\/","title":{"rendered":"San Vicente y los enfermos"},"content":{"rendered":"<p><em><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/07\/SANV5.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-96756\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/07\/SANV5-199x300.jpg?resize=199%2C300\" alt=\"\" width=\"199\" height=\"300\" \/><\/a>Pocos, sin duda, ser\u00e1n los que no hayan tenido <\/em><em>ocasi\u00f3n de admirar en la pel\u00edcula \u00abMonsieur Vin\u00ad<\/em><em>cent\u00bb bellas im\u00e1genes, emoci\u00f3n, una viviente lec\u00ad<\/em><em>ci\u00f3n de caridad; pero un film no puede m\u00e1s que <\/em><em>dejar adivinar la profundidad de las almas. \u00bfC\u00f3\u00ad<\/em><em>mo explicar ese amor a los pobres y a los enfer\u00ad<\/em><em>mos que animaba a Vicente de Pa\u00fal? Las confe\u00ad<\/em><em>rencias y la correspondencia del se\u00f1or Vicente, <\/em><em>paciente y minuciosamente estudiadas, revelan en <\/em><em>\u00e9l una m\u00edstica del sufrimiento: Cristo Jes\u00fas lo <\/em><em>entrega a sus miembros dolientes y los pobres enfermos, a su vez, lo conducen a Cristo crucifi\u00adcado. Es un ejemplo siempre actual.<\/em><\/p>\n<h2><strong>Advertencia a los turistas<\/strong><\/h2>\n<p>\u00a1Por decencia y por caridad, es preciso prevenir a los turistas! A pesar de las apariencias, el mundo de los enfermos no est\u00e1 abierto a todos. La adminis\u00adtraci\u00f3n de los hospitales que canaliza a los visitantes y reglamenta su esponta\u00adneidad se esfuerza por informarnos. Sus ordenanzas y sus prohibiciones son ya reveladoras: entramos en un mundo distinto y no penetramos a pie llano. Aqu\u00ed, los humanos ya no pueden ver el mundo con los mismos ojos que los que gozan de buena salud. La candidez y la inocencia de \u00e9stos \u00faltimos revelan una ligera alienaci\u00f3n: estos extranjeros miran sin ver, examinan sin percibir y afligen que\u00adriendo aliviar. Al final de la aventura, las manos vigilantes que hacen retroceder diplom\u00e1ticamente a los reci\u00e9n llegados hacia las fronteras liberan a los mismos visitantes. \u00a1Tambi\u00e9n los enfermos mismos son librados a veces de una presencia molesta!<\/p>\n<h2><strong>Un gu\u00eda<\/strong><\/h2>\n<p>Si queremos penetrar en el extra\u00f1o mundo del sufrimiento, en ese mundo que tiene sus leales y sus monarcas, sus invitados y sus prisioneros, su perspec\u00adtiva sobre los humanos y una cierta visi\u00f3n de Dios, nos es de primera necesidad <em>un gu\u00eda.<\/em><\/p>\n<p>Con todo, estamos condenados en una \u00e9poca indeterminada a pasar al menos algunos d\u00edas en esos distritos fronterizos de la muerte, ser\u00eda una buena pol\u00edtica escoger desde ahora un conocedor experimentado capaz de facilitar nuestra estancia en la colonia de tr\u00e1nsito. Reconozc\u00e1mosle, sin falsa verg\u00fcenza, tenemos suerte. Hemos topado con el se\u00f1or Vicente.<\/p>\n<p>Ayer, como hoy, \u00e9l goza de un singular poder. Ilumina y sostiene. Se inquieta por la salud del cuerpo y vigila escrupulosamente la vitalidad profunda de nuestra alma. El nos mira \u2014nosotros lo sabemos\u2014 con los ojos de un Otro. Esclarece nuestro presente y entra en \u00e9l con la serena seguridad de uno que ha atravesado nuestro porvenir.<\/p>\n<p>Por qu\u00e9 ejerce \u00e9l este singular poder, ya que a la vez nos inquieta y nos sosiega, nos ilumina y nos hace arribar al mundo invisible? No llegaremos indu\u00addablemente a penetrar jam\u00e1s el secreto de su alma, pero al menos podemos constatar objetivamente que es uno de esos raros \u00abespirituales\u00bb, y quiz\u00e1s el \u00fanico, que puede darnos<\/p>\n<ul>\n<li>primeramente, una <em>experiencia sobrenatural <\/em>y <em>multiforme de la enfer\u00ad<\/em><em>medad,<\/em><\/li>\n<li>luego, una <em>m\u00edstica del sufrimiento, <\/em>es decir, una doctrina que revela en la luz de Dios lo \u00edntimo de los seres,<\/li>\n<li>finalmente, y sobre todo, <em>una estrategia din\u00e1mica <\/em>que moviliza al alma entera y no olvida sector alguno de actividad.<\/li>\n<\/ul>\n<h2><strong>Una experiencia sobrenatural <\/strong>y <strong>multiforme de la enfermedad<\/strong><\/h2>\n<p>Si bastara ver para comprender, podr\u00edamos f\u00e1cilmente reconocer que el se\u00f1or Vicente estuvo mejor servido que nosotros y que los espect\u00e1culos de la enfermedad no le faltaron.<\/p>\n<p>Par\u00eds contaba casi con 450.000 habitantes y los hospitales, sin ser suficientes, no faltaban. En 1788, hab\u00eda 48. Necker hac\u00eda subir a 700 el n\u00famero de hospitales repartidos por todo el reino. No contaba un centenar de establecimientos con 3 \u00f3 4 camas fundados por particulares. Sabemos que el se\u00f1or Vicente circulaba familiarmente por el Hospital de la Caridad, <em>el H\u00f3tel-Dieu, <\/em>las <em>Petites Maisons, <\/em>San Luis, la <em>Salp\u00e9tri\u00e9re. <\/em>Pero lo que ve\u00eda sobrepasaba mucho en horror a todo lo que el film realista \u00abMonsieur Vincent\u00bb, de Mauricio Cloche, ha querido mos\u00adtrarnos. \u00abLos sufrimientos del infierno \u2014dec\u00eda Cuvier\u2014 deben de superar en dolor los de los infelices hacinados unos contra otros, sofocados, abras\u00e1ndose, sin poderse menear ni respirar, percibiendo a veces el hedor de uno o dos cad\u00e1veres entre ellos durante horas enteras\u00bb. No exageraba. Juzgad primero de esto. \u00abLas veinticinco salas del <em>H\u00f3tel-Dieu <\/em>carecen de luz y ventilaci\u00f3n. Las emanaciones de los pisos inferiores ascienden sin cesar a las salas de arriba. La renovaci\u00f3n del aire es imposible&#8230; Lo que resulta un abuso realmente odioso es el hacina\u00admiento de varias personas en un solo lecho&#8230; Sirven para dos, tres, cuatro, seis y hasta ocho personas acostadas juntas. Los hay tambi\u00e9n en forma de litera o imperial. Los contagiosos comparten las camas de los no contagiosos. El lecho no se airea ni limpia jam\u00e1s\u00bb. Estamos muy lejos de la bella sala, limpia, lumi\u00adnosa, atrayente, que nos ha presentado Abraham Bosse.<\/p>\n<p>Pero el horror circulante, el azote de Dios, que aterroriza, es la peste. Causa estragos en el Bovesinado en 1625, en <em>Digne y Montpellier <\/em>en 1629, en <em>Moulins <\/em>en 1630, en Par\u00eds en 1631-1633. \u00abNo hay, por decirlo as\u00ed, una ciudad, una regi\u00f3n de Francia que no haya tenido que padecer, particularmente bajo Luis XIII, terribles epidemias\u00bb.<\/p>\n<p>Las medidas m\u00e1s draconianas eran aplicadas por la polic\u00eda y miraban tanto a calmar los \u00e1nimos como a detener el contagio. \u00abSe colocaba una cruz delante de las casas que albergaban apestados para advertir que no se entrara; el vi\u00e1tico no pod\u00eda administrarse m\u00e1s que de noche y sin toque de campanilla. A los nobles del lugar les estaba prohibido huir, las campanas no pod\u00edan sonar, las pilas del agua bendita ten\u00edan que estar vac\u00edas. Deb\u00eda haber all\u00ed unos \u00absahumadores para desinfectar las casas; algunos barrios estaban en entredicho\u00bb.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Vicente desafiaba todas estas consignas. \u00abLa bondad de Dios \u2014escri\u00adb\u00eda a Luisa de Marillac\u2014 sobre aquellos que se entregan a El en el ejercicio de la Cofrad\u00eda de la Caridad en el que nadie jam\u00e1s ha sido herido por la peste me hace tener una plen\u00edsima confianza de que no tendr\u00e9is mal ninguno. \u00bfCree\u00adr\u00edais, se\u00f1orita, que no s\u00f3lo visit\u00e9 al difunto Sr. Subprior \u2014N. Nicol\u00e1s Maheut\u00adde San L\u00e1zaro, que muri\u00f3 de la peste, sino que hasta percib\u00ed su aliento? Y con todo, ni yo ni ninguno de los nuestros que le asistieron tuvo por ello mal al\u00adguno\u00bb.<\/p>\n<p>F\u00e1cil es imaginarse lo que habr\u00edan pensado y vociferado los m\u00e9dicos, de haber sido testigos de semejante conducta. Basta leer lo que Francisco Ranchin, Can\u00adciller de la Universidad de Montpellier, primer C\u00f3nsul e Inspector de la ciudad durante la peste de 1629, escrib\u00eda en su <em>Tratado de la Peste <\/em>(pp. 124-126): \u00abQue se aproximen a dos pasos de los enfermos al hablarles y se mantengan de lado para no recibir su aliento; que no se toque nada de su casa, sino que se mande hacerlo, si es necesario, como correr una cortina, arreglarla, etc.<\/p>\n<p>Para dar la comuni\u00f3n, ser\u00e1 bueno tener una varilla de un pan y medio de largo (trece a catorce pulgadas aproximadamente) y en la punta de aquesta una peque\u00f1a media luna de plata para llevar el Sant\u00edsimo Sacramento a la boca del enfermo, antes de dar el cual, el sacerdote cerrar\u00e1 bien apretadamente la manga de su h\u00e1bito y sobrepelliz, a fin de no tocar nada del enfermo, mante\u00adniendo la antorcha entre los dos.<\/p>\n<p>Que se permanezca siempre de pie, sin sentarse ni ponerse de rodillas, y se tenga cuidado de que el vestido no toque el suelo con su borde. Los vestidos m\u00e1s usados y ra\u00eddos son los mejores para visitar a los enfermos.<\/p>\n<p>Se har\u00e1 pasar los vestidos por encima del fuego al volver de las casas infec\u00adtadas y tambi\u00e9n los zapatos, porque se puede pisar los esputos; asimismo se podr\u00e1 presentar la cara sobre la llama al pasar\u00bb.<\/p>\n<p>El doctor Carlos Delorme, a quien el se\u00f1or Vicente conoc\u00eda y consultaba, hab\u00eda hasta inventado un uniforme especial destinado a los m\u00e9dicos que visitaban a los apestados. El doctor Lampi\u00e9re en su <em>Tratado de la peste, de sus causas y <\/em><em>de su cura <\/em>(Rouen, 1620, p. 412), nos ha dado una descripci\u00f3n pintoresca. \u00abYo he visto practicar, y con mucha raz\u00f3n, en el <em>H\u00f3tel Dieu <\/em>de Par\u00eds y adem\u00e1s en muchos lugares, lo cual se hace as\u00ed mismo en las provincias extranjeras, que aquellos que asisten y sirven a los apestados, en cuanto entran en su ejercicio, visten encima del atuendo ordinario una especie de h\u00e1bito, como una camisa o t\u00fanica plisada a manera de roquete, impregnado por dentro de ciertos l\u00edquidos preservativos que impiden que el aire nocivo penetre en la otra ropa.<\/p>\n<p>Pero, he ah\u00ed, al lado de los apestados, la multitud pululante de atormentados, febricitantes, enfermos del pulm\u00f3n, del coraz\u00f3n, del est\u00f3mago, de la vejiga. Algu\u00adnos de estos seres parecen cortejar al mal y mantener un obscuro comercio con la enfermedad. El se\u00f1or Vicente les conoce. Distingue perspicazmente las diferentes categor\u00edas de enfermos ps\u00edquicos, los enajenados, los d\u00e9biles mentales, los que son afligidos por el humor negro y melanc\u00f3lico, los intratables o incorre\u00adgibles a quienes es preciso aguantar mucho.<\/p>\n<p>La diversidad de males no es comparable a la diversidad de las actitudes mo\u00adrales de cara al sufrimiento y a la enfermedad. Algunos lo asumen plenamente como la m\u00e1s bella manera de darse en sacrificio a Dios. As\u00ed, Margarita Naseau, la primera Hija de la Caridad, v\u00edctima de la peste por haber dejado su cama a una apestada. En G\u00e9nova, un Misionero, el se\u00f1or Esteban Blatiron, no duda a los 43 a\u00f1os en exponerse audazmente por socorrer a los apestados y sucumbe \u201424 julio 1657-.<\/p>\n<p>Pero al margen de estos seres generosos se agitan y se yerguen los rebeldes, los atrabiliarios, los quejumbrosos, los ani\u00f1ados, aquellos que explotan la enfer\u00admedad o hasta viven de ella. Ninguno de estos sujetos inquietantes logra alterar o enervar al se\u00f1or Vicente. Su bondad se nutre de una inagotable paciencia. Cuando habla a los enfermos lo hace a t\u00edtulo de compa\u00f1ero de infortunio: \u00abNo tem\u00e1is, yo tuve ese mismo mal en mi juventud y me cur\u00e9. Padec\u00ed de falta de respiraci\u00f3n y san\u00e9. Sufr\u00ed depresiones y Dios me restableci\u00f3, tuve vah\u00eddos de ca\u00adbeza y desaparecieron, opresiones de pecho y debilidades de est\u00f3mago y me repuse&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Podemos creerle, pues pag\u00f3 por muy largo tiempo su tributo a la enfermedad.<\/p>\n<h2><strong>La salud y las enfermedades del Se\u00f1or Vicente<\/strong><\/h2>\n<p>Este hombre que hab\u00eda de vivir ochenta a\u00f1os, treinta a\u00f1os m\u00e1s que la media de sus contempor\u00e1neos estaba dotado de una constituci\u00f3n robusta. De peque\u00f1a estatura -1,59 m.-, poderosamente musculoso, gozaba y padec\u00eda de un tempe\u00adramento sangu\u00edneo y bilioso, f\u00e1cilmente eruptivo. No hab\u00eda recibido privilegio alguno de inmunidad contra las enfermedades y violencias de la aventura humana.<\/p>\n<p>A los 25 a\u00f1os, fue alcanzado por una flecha cuya herida le hizo sufrir largo tiempo. \u00abElla me ha de servir de reloj -pronosticaba el 24 de julio de 1607- todo el resto de mi vida\u00bb. Su resistencia a la fatiga es sorprendente. Recorre a rienda suelta centenares de kil\u00f3metros, pasa en nada de tiempo de Tolosa a Burdeos y de Burdeos a Tolosa. A caballo realiza desde el 14 de enero al 13 de junio de 1649 un periplo de 600 Kms. por el Oeste de Francia. Pasa a Saint\u00adGermain-en-Laye (15 enero 1649); Freneville, Orl\u00e9ans (25 febrero); Le Mans (2 marzo); Durtal (17-18 marzo); Angers (19-24); Rennes. Saint-M\u00e9en (29-30 marzo); Nantes (18 abril); Lugon (29 abril); Richelieu (11 mayo); Par\u00eds (13 junio).<\/p>\n<p>Es muy propenso a la fiebre y, si el clima h\u00famedo de las Landas le hab\u00eda inoculado los g\u00e9rmenes de una especie de malaria, Chatillon-des-Dombes (1 agosto- 10 diciembre 1617) o Par\u00eds le har\u00e1 estrenar la fiebre cuartana o terciana.<\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s de su llegada a Par\u00eds, 1608-1609, ha de guardar cama y confiarse a un mozo de botica que mete mano al dinero del que le hospeda. En 1615, en casa de los Gondi, comienza a padecer de las piernas y el mal no le dejar\u00e1 ya. En 1632, tiene que comprar un caballo para trasladarse una o dos veces por d\u00eda de San L\u00e1zaro a Par\u00eds. En 1649, por el mes de junio, no pudiendo ya montar a caballo ni bajarse del mismo, se ve constre\u00f1ido a utilizar una carroza que la se\u00f1ora Duquesa de Aiguill\u00f3n le ha regalado y el arzobispo de Par\u00eds impuesto el deber <em>de <\/em>aceptar. La hinchaz\u00f3n de sus piernas alcanza las rodillas en 1655 y el se\u00f1or Vicente no puede hacer ya la genuflexi\u00f3n. Se sirve desde entonces de un bast\u00f3n. Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1658, las \u00falceras de su pierna derecha abren una llaga profunda en su tobillo. Desde 1659 le resulta imposible salir de la casa de San L\u00e1zaro. Algunos meses despu\u00e9s, se ve obligado a permanecer en el piso y a celebrar la misa en la enfermer\u00eda. Debi\u00f3 luego abstenerse <em>de <\/em>celebrar y no pudo desplazarse sino utilizando mu\u00adletas. El d\u00eda de la Asunci\u00f3n de 1660, no pudiendo sostenerse ya con sus <em>\u00abpoten\u00ad<\/em><em>cias\u00bb <\/em>ha de consentir en asistir a la Santa Misa instalado en una silla.<\/p>\n<p>A todos estos males se juntan, en 1659, los causados por el mal de piedra y por la retenci\u00f3n <em>de <\/em>orina. Para moverse ten\u00eda que \u00abutilizar un grueso cord\u00f3n que se hab\u00eda sujetado a una viga U su habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A partir de 1644, las grandes enfermedades hab\u00edan lanzado su ofensiva y hab\u00edan logrado clavarle por per\u00edodos de ocho a diez d\u00edas en el viejo jerg\u00f3n que le serv\u00eda de lecho. Volvieron al asalto en 1649, 1651, 1652, 1655. En 1631, el se\u00f1or Vicente recibe una coz de caballo y en 1633 el caballo que montaba le lanz\u00f3 por tierra. En 1649, se cae al Loir, en Durtal. El mismo a\u00f1o, junto a Rennes, es puesto en juego y le falta poco para ser asesinado.<\/p>\n<p>Sufrir, ver sufrir: todos los peregrinos de la caravana humana gozan de este triste privilegio. Ninguno se jacta de ello, algunos se consuelan viendo lo que otros soportan. Nadie osar\u00eda acusar o censurar la miserable condici\u00f3n de un ser que se consume. Una psicolog\u00eda lacrim\u00f3gena ha querido explicar el original esp\u00edritu de empresa del se\u00f1or Vicente por la compasi\u00f3n. Los pobres le habr\u00edan enternecido. Ellos le habr\u00edan empujado hacia Dios. De un golpe de pluma bien logrado, el abate Bremond ha devuelto a las nubes filantr\u00f3picas ese Vicente de Pa\u00fal de pacotilla salido de las revistas generales de la Enciclopedia o de los bazares rom\u00e1nticos de la piedad popular. \u00abNo son los pobres quienes lo han entregado a Dios, sino, al contrario, Dios quien lo ha entregado a los pobres. Quien lo vea m\u00e1s filantr\u00f3pico que m\u00edstico, quien no le vea m\u00edstico ante todo, se est\u00e1 imaginando un Vicente de Pa\u00fal que jam\u00e1s existi\u00f3. Ha sido el misticismo quien nos ha dado al m\u00e1s grande de nuestros hombres de acci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Esta mudanza en\u00e9rgica y definitiva nos calma&#8230; pero no nos ilumina. Hasta induce a cometer un error que ser\u00eda doble. Nos imaginar\u00edamos, ante todo, un Vicente de Pa\u00fal de temperamento m\u00edstico, que, despu\u00e9s de ser ignorado se revela espl\u00e9ndidamente. Luego, llegar\u00edamos a creer que el futuro reconstructor de la Iglesia ha pasado por una crisis de purificaci\u00f3n pasiva. Una observaci\u00f3n seria.<\/p>\n<p>Una observaci\u00f3n seria descarta las imaginaciones. Vicente de Pa\u00fal, como buen gasc\u00f3n, se substrae, y con qu\u00e9 gracia soberana, a todos los remodelados p\u00f3stu\u00admos. Rica y varia, su alma evoluciona a merced de una inspiraci\u00f3n imprevi\u00adsible. Su itinerario aparece desconcertante, sinuoso, ondulante. Los pobres no lo han entregado a Dios, de seguro, eran incapaces de hacer un milagro. \u00abEs la obra de las obras, m\u00e1s grande que la del mundo, pues se trata de hacer de un pecador un justo; un perfecto de un vicioso. La creaci\u00f3n del mundo no es tan dif\u00edcil, pues \u00abdixit et facta sunt\u00bb \u2014dice Dios\u2014; la nada no puede, de ning\u00fan modo, resistirse a Dios, pero en este ejercicio, la voluntad del pecador, sus inclinaciones, sus pasiones, sus tentaciones, todo esto se opone al designio de Dios&#8230; Es tan dif\u00edcil hacer que un pecador se aparte del pecado como hacer subir la piedra a lo alto y hacer descender la pluma y el fuego a lo bajo\u00bb. Con todo, Dios les ha utilizado. Fueron unos evangelistas discretos, inconscientes y misteriosos.<\/p>\n<p>Discretamente tambi\u00e9n el se\u00f1or Vicente nos ha informado sobre su papel. Recordando los acontecimientos que han jalonado su avance hacia Dios, jam\u00e1s se olvida de se\u00f1alar su presencia, su d\u00e9bil murmullo, su aliento doloroso.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo es que se produjo \u00e9sto? \u00bfC\u00f3mo estos pobres inicialmente insignifican\u00adtes han podido transmitir de parte de Dios, un signo, luego una llamada y, final\u00admente, LA ORDEN de Dios? De seguro que no lo sabremos exactamente jam\u00e1s, pero podemos observar que han sido necesarios a\u00f1os. En casa de este hijo de campesino land\u00e9s, la gracia se pliega misericordiosamente al ritmo lento y alter\u00adno de las estaciones. Dios no es intempestivo, las \u00abobras de Dios se hacen poco a poco\u00bb.<\/p>\n<p>En la primavera de su vida, exactamente el 20 de octubre de 1611, por la tarde, no quer\u00eda o no pod\u00eda otra cosa que dar o transmitir dinero. Es por lo que delante de Pedro de Briquet y Dionisio Turgis, notarios y archiveros del Rey, nuestro Se\u00f1or en su Castillo, el se\u00f1or Vicente dona, hace cesi\u00f3n y transfiere la suma de 15.000 libras que ha recibido la v\u00edspera al Prior del Hospital de San Juan Bautista, Gabriel Desartes, de la orden de San Juan de Dios. Esta donaci\u00f3n debe proporcionar m\u00e1s medios al Prior y a los religiosos del dicho hospital para tratar y curar a los pobres enfermos que van y vienen diariamente a refugiarse y a hacerse curar al dicho lugar, asimismo tambi\u00e9n para ayudarles tanto en la carta de pago de lo que es debido por el dicho hospital por el resto del edificio que han mandado hacer como para continuar aqueste edificio a fin de poder albergar c\u00f3modamente a los dichos religiosos en el dicho hospital.<\/p>\n<p>\u00abEl se\u00f1or Vicente quiere de esta manera ser participante de las oraciones y bene\u00adficios del dicho hospital\u00bb.<\/p>\n<p>En esta fecha, un amigo del se\u00f1or Vicente, el se\u00f1or Dufresne, nos informa sobre el comportamiento del consejero y capell\u00e1n de la Reina Margarita de Valois: \u00abIba \u2014nos dice\u2014 cuidadosamente a visitar, servir y exhortar a los pobres enfermos de la Caridad\u00bb.<\/p>\n<p>El paso decisivo ser\u00e1 dado, cuando Dios haya convencido al se\u00f1or Vicente, gracias a un noviciado muy singular, de que no basta con inquietarse por los dem\u00e1s, aun darles el tiempo y el dinero, sino que es preciso darse a Dios para el servicio de los pobres y esto definitiva e incondicionalmente.<\/p>\n<p>En un movimiento, sin duda inconsiderado, de generosidad, hab\u00eda aceptado sufrir en lugar de cierto c\u00e9lebre doctor violentamente tentado. Dios le hab\u00eda cogido por la palabra y Vicente se debate durante tres o cuatro a\u00f1os, entre 1613 y 1617, agit\u00e1ndose en una noche del esp\u00edritu que est\u00e1 a punto de aniquilarle. Para salvarse hace dos cosas: escribe su profesi\u00f3n de fe en un papel que coloca sobre su coraz\u00f3n; se aplica a hacer todo lo contrario de lo que le sugiere la tentaci\u00f3n, se esfuerza en obrar por fe, en testimoniar por sus actos que cree en las palabras de Jes\u00fas, quien proclama que toma como hecho a su propia persona el servicio que se rinde al menor de los suyos&#8230; Y luego se atreve un d\u00eda, \u00aba tomar una resoluci\u00f3n firme <em>e <\/em>inviolable de honrar m\u00e1s a Jesucristo e imitarle a\u00fan m\u00e1s perfectamente en lo que todav\u00eda no hab\u00eda hecho, que fue <em>entregar toda su vida <\/em>por amor de El al servicio de los pobres\u00bb.<\/p>\n<p>Hag\u00e1moslo notar. Vicente aquel d\u00eda no solamente cumpli\u00f3 el mayor acto, adopt\u00f3 un ritmo vital y adquiri\u00f3, por tal impulso, una manera de conocer total\u00admente nueva y hasta entonces insospechada.<\/p>\n<h2>Una m\u00edstica del sufrimiento<\/h2>\n<h3><strong>Vida y conocimiento<\/strong><\/h3>\n<p>Lo que nos es preciso captar ante todo, es la misteriosa uni\u00f3n que Vicente de Pa\u00fal percibe, cultiva y conserva. Siente y sabe ahora por experiencia que s\u00f3lo el movimiento de la vida alcanza el verdadero conocimiento de Dios, de los hom<sub>o<\/sub> tires y de s\u00ed mismo. No conocemos ni por deducci\u00f3n ni por abstracci\u00f3n, sino por intuici\u00f3n viviente, por connaturalidad y participaci\u00f3n. <em>Vicente no conoci\u00f3 verdade\u00ad<\/em><em>ramente a los pobres enfermos, sino el d\u00eda y hora en que se entreg\u00f3 a los pobres <\/em><em>y para entregarse realmente a ellos se esforz\u00f3 en ser pobre y asumi\u00f3 su propia <\/em><em>pobreza.<\/em><\/p>\n<p>El conocimiento est\u00e1 al t\u00e9rmino de un cambio. Es preciso, dec\u00eda bellamente el se\u00f1or Vicente, \u00abdar su coraz\u00f3n para obtener el de los otros\u00bb. En suma es necesario dar su alma y su vida para recibir, alcanzar y comprender la vida y el alma de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Este trueque, el m\u00e1s \u00edntimo del ser es la condici\u00f3n de la verdadera comunica\u00adci\u00f3n, es decir, del verdadero conocimiento. Quien quiere conocer debe amar, pero, hay que decirlo pronto, no hay amor sino en el don de s\u00ed mismo. Quien no sabe darse se sepulta en s\u00ed mismo. Jam\u00e1s gustar\u00e1 la d\u00e9bil claridad que nos encamina la VERDADERA LUZ.<\/p>\n<h3><strong>Don de s\u00ed y conocimiento<\/strong><\/h3>\n<p>Desde ahora, el objetivo \u00fanico, el centro hacia el que Vicente de Pa\u00fal va a tensar todo su ser ser\u00e1 el <em>don a Dios. Para las Damas <\/em>e Hijas de la Caridad, para los Misioneros y todos sus dirigidos, Vicenter de Pa\u00fal no tendr\u00e1 m\u00e1s que una f\u00f3rmula: \u00abD\u00e9monos a Dios\u00bb. Repite, o mejor, golpea con esta expresi\u00f3n, como un herrero que met\u00f3dicamente, inexorablemente, martillea la misma pieza, modela la \u00fanica y necesaria convicci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este movimiento que lleva hacia Dios no est\u00e1 tan s\u00f3lo justificado, est\u00e1 <em>consa\u00adgrado <\/em>por el movimiento que lleva a Cristo hacia su Padre. Lo que caracteriza propiamente al Hijo de Dios es la estima y el amor al Padre. El dinamismo visible de Cristo conjuga dos fuerzas, dos virtudes: \u00abLa religi\u00f3n hacia su Padre y la caridad hacia los hombres\u00bb. \u00abNuestro Se\u00f1or ofrece sobre la tierra el sacrificio cruento e incruento de s\u00ed mismo a su Padre eterno\u00bb. \u00abEl esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or, es un esp\u00edritu de caridad perfecta plena de una maravillosa estima de la divinidad y de un deseo infinito de honrarla dignamente, un conocimiento de las grandezas de su Padre para admirarlas y ensalzarlas incesantemente. De El tiene una tan alta estima que le rinde el homenaje de todas las cosas que hay en su sagrada persona y que de ella dimanan; todo se lo atribuye\u00bb. Este amor, este don son los que se han manifestado en el anonadamiento de la Encarnaci\u00f3n. \u00abPues San Pablo al hablar del nacimiento del Hijo de Dios sobre la tierra dice que se anodad\u00f3. \u00bfPod\u00eda testimoniar un mayor amor que muriendo por amor de la manera que muri\u00f3?\u00bb.<\/p>\n<h3><strong>Revelaci\u00f3n rec\u00edproca: Jes\u00fas y los pobres<\/strong><\/h3>\n<p>Pero igual que conjuga estrechamente el movimiento de amor y el esfuerzo de conocimiento, Vicente mantiene estrechamente unido, a fin de garantizar la autenticidad, <em>al Cristo-pobre, al Cristo en los pobres, a los pobres en Cristo.<\/em><\/p>\n<p>Por una parte nos presenta al Cristo de San Lucas y de San Pablo, el que colma la esperanza de los pobres del antiguo Testamento, que toma forma de hombre en la Virgen de los Pobres, como el \u00fanico que puede darnos la \u00abclave\u00bb e iluminarnos sobre estos pobres a quienes miramos sin verlos, a quienes percibimos sin comprenderlos. Por otra parte, el se\u00f1or Vicente, al tomar su mirada hacia los pobres, en los que se encuentra la verdadera religi\u00f3n, les agradece que perpet\u00faen, que representen, que reflejen el rostro del Cristo Redentor. M\u00e1s y mejor que todos los dem\u00e1s, ellos hacen presente a quienes les ven la iniciativa misteriosa de Jes\u00fas. Ellos hacen visible lo invisible. Ellos quedan constitu\u00eddos testigos dolorosos e irrecusables de una imperceptible presencia, de un amor se\u00adcreto y laborioso.<\/p>\n<h3><strong>Conocimiento de la vida escondida<\/strong><\/h3>\n<p>Estos pobres y estos enfermos, que se quiera o no, son se\u00f1ores. \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 jam\u00e1s negarles su realeza y sus privilegios anclados y nutridos sin cesar en el sufrimiento? Basta un poco de memoria y de cierta atenci\u00f3n sobrenatural para acordarse de que son ellos quienes abren las puertas del cielo. \u00abLos pobres asis\u00adtidos por la Hija de la Caridad \u2014declarar\u00e1 Vicente de Pa\u00fal\u2014 ser\u00e1n sus interce\u00adsores ante Dios, vendr\u00e1n en tropel delante de ella y dir\u00e1n al buen Dios: \u00abHe aqu\u00ed la que nos ha cuidado por tu amor; oh Dios nuestro, aqu\u00ed tienes a la que nos ha ense\u00f1ado a conocerte\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>Gracias a los pobres enfermos, nos vemos forzados a elevarnos a un otro cono\u00adcimiento, bien diferente del conocimiento sensible e inmediato. Ellos nos invitan a ver las cosas como son ellas en Dios, en el orden de la Providencia. Ellos nos recuerdan que es preciso \u00abdar vuelta a la medalla\u00bb.<\/p>\n<p>Su poder es inconmensurable, pues ellos pueden iluminar nuestra mirada opaca. A los ojos de la carne, el hombre exterior se derruye progresivamente, se de\u00adgrada y se descompone; pero el hombre interior, por lo contrario, se renueva d\u00eda a d\u00eda y se desarrolla. La enfermedad, el sufrimiento, el desgaste no son sino reper\u00adcusiones o deflagraciones y tambi\u00e9n se\u00f1alizaciones dolorosas, pero necesarias, de la presencia de otra vida. En cada ser se realiza una obra interior. Ella es que\u00adrida, dirigida, proseguida sin cesar por Cristo quien en cada ser consuma la Re\u00addenci\u00f3n del mundo, agoniza hasta el postrero d\u00eda. Esta regeneraci\u00f3n misteriosa y ahora imperceptible colocar\u00e1 un d\u00eda, en la luz de Dios, la imagen de Aqu\u00e9l que nos ha creado a su semejanza.<\/p>\n<h3><strong>Visi\u00f3n cristiana de la enfermedad<\/strong><\/h3>\n<p>Desde este momento, podemos aceptar y comprender los tres principios pri\u00admordiales que ordenan todas las declaraciones del se\u00f1or Vicente concernientes a la enfermedad:<\/p>\n<ul>\n<li>es Dios quien la env\u00eda,<\/li>\n<li>la enfermedad sit\u00faa en un estado totalmente divino,<\/li>\n<li>los enfermos son los misteriosos bienhechores de los vivientes.<\/li>\n<\/ul>\n<p>\u00abEs Dios quien env\u00eda la enfermedad\u00bb a pesar de la sorpresa provocada por la subitaneidad y variedad de los ataques exteriores, es Dios mismo quien misteriosa\u00admente ha enviado tales emisarios.<\/p>\n<p>La peste azota Par\u00eds en 1631 \u00abdentro del lugar de vuestra residencia, escribe Vicente de Pa\u00fal a Luisa de Marillac el 13 de septiembre de 1631, es decir a una distancia de 150 metros, hay dos casas infestadas\u00bb 46<sub>.<\/sub> Invita a la se\u00f1orita Du Fay, una dama de la Caridad, a hacerse tratar cuidadosamente para recobrar sus fuer\u00adzas, e inmediatamente le recuerda que debe mantenerse a la disposici\u00f3n de Dios, y que Dios puede muy bien ser desconcertante. \u00abOh, y qu\u00e9 admirables y adorables, se\u00f1orita, son los caminos por los que Dios conduce a los suyos! Ciertamente nada le cuesta la santificaci\u00f3n de un alma. El entrega el cuerpo y el esp\u00edritu a la de\u00adbilidad para fortalecerlos en el desprecio de las cosas de la tierra y en el amor de su Majestad; hiere y sana, clava en su cruz para glorificar en su gloria; en resumen, da la muerte para hacer vivir en la eternidad. Aceptemos estas aparien\u00adcias de mal para tener los verdaderos bienes que producen, se\u00f1orita, y seremos dichosos en este mundo y en el otro\u00bb.<\/p>\n<p>Sabe muy bien el se\u00f1or Vicente que esta perspectiva est\u00e1 amurallada por las apariencias y que para conquistarla es preciso el punto de vista de la fe. Desde un principio ha dicho a su primer compa\u00f1ero de misi\u00f3n, el se\u00f1or Antonio Par\u00adtail: \u00abAcordaos se\u00f1or, que vivimos en Jesucristo por la muerte de Jesucristo, y que debemos vivir en Jesucristo por la vida de Jesucristo y que nuestra vida debe estar escondida en Jesucristo y llena de Jesucristo, y que para morir como Jesucristo es preciso vivir como Jesucristo\u00bb.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed saca una conclusi\u00f3n cierta y una convicci\u00f3n inquebrantable \u00abconside\u00adremos que las enfermedades y aflicciones vienen de parte de Dios. La muerte la vida, la salud, la enfermedad, todo viene por disposici\u00f3n de su providencia y de alguna manera es para el bien y salvaci\u00f3n del hombre\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente tiene adem\u00e1s un modelo que presentar a los misioneros y a las Hijas de la Caridad. Hace tiempo, lo mismo \u00e9l que el se\u00f1or Portail, ha encontrado un \u00absanto var\u00f3n\u00bb llamado Hermano Antonio y m\u00e1s exactamente, Antonio Maillet. Su recuerdo proyecta una luz sonriente, ingenua y por as\u00ed decirlo, franciscana. En el oratorio, donde el se\u00f1or Vicente ha hecho colocar su retrato, as\u00ed como el del se\u00f1or Duval, lo evoca familiarmente: \u00abEste buen hombre llamaba a todo el mun\u00addo su hermano. Si era una mujer con la que hablaba: mi hermana, dec\u00eda; hasta a la Reina, cuando le hablaba, la llamaba \u00absu hermana\u00bb. Se le preguntaba un d\u00eda: \u00abY bien, hermano, \u00bfc\u00f3mo obr\u00e1is con la relaci\u00f3n a las enfermedades que os vienen?, \u00bfc\u00f3mo os comport\u00e1is entonces?, \u00bfqu\u00e9 hac\u00e9is para hacer buen uso de ellas? \u2014Recibo, dec\u00eda, las enfermedades como venidas de parte de Dios\u00bb. Y luego, como se le presionara un poco m\u00e1s sobre este punto, dec\u00eda: \u00abMirad, cuando por ejemplo me viene una fiebre, la recibo y le digo: Ea pues, mi hermana enfermedad, o bien mi hermana fiebre, ven\u00eds de parte de Dios, ea pues, ya que es as\u00ed se\u00e1is bienvenida\u00bb\u00bb.<\/p>\n<h3><strong>\u00abLa enfermedad, un estado todo divino\u00bb<\/strong><\/h3>\n<p>Podr\u00edamos decir que es a Luisa de Marillac, enferma profesional, a quien en primer\u00edsimo t\u00e9rmino propone el se\u00f1or Vicente este principio: \u00abEs preciso dar lugar a la enfermedad como a un estado todo divino\u00bb. Algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde, ver\u00e1 morir apaciblemente a un misionero, el se\u00f1or Pill\u00e9 (7 octubre 1642) y dir\u00e1: \u00abEra un santo, siempre le hemos mirado como a un santo. Se santific\u00f3 en las enfermedades y en el sufrimiento. El estado de sufrimiento es una gracia de san\u00adtificaci\u00f3n para las almas\u00bb.<\/p>\n<p>Este principio se enra\u00edza y eterniza en el misterio de la Encarnaci\u00f3n y de la Redenci\u00f3n: \u00abNuestro Se\u00f1or y los santos han hecho m\u00e1s sufriendo que actuando y es as\u00ed como el bienaventurado obispo de Ginebra y a su ejemplo el difunto se\u00f1or de Comminge se santificaron y fueron causa de la santificaci\u00f3n de tantos miles de almas\u00bb.<\/p>\n<p>La enfermedad, la silenciosa marcha de la muerte, lejos de provocar una ob\u00adsesi\u00f3n o un p\u00e1nico debe convencer de que no existe sino una pol\u00edtica, la de \u00abdar su vida como Cristo a nosotros; El nos invita a esto de manera que amemos co\u00admo El dando su vida, que nos consumamos como El para vivir m\u00e1s puramente y hacer vivir a los otros la verdadera vida\u00bb. \u00abConsumirse por Dios, no tener bien ni fuerzas sino para consumirlos por Dios, es lo que ha hecho el mismo Nuestro Se\u00f1or, que se consumi\u00f3 por el amor de su Padre\u00bb.<\/p>\n<h3><strong>\u00abLos enfermos son bienhechores de los vivientes\u00bb<\/strong><\/h3>\n<p>En su lucha contra las apariencias y apreciaciones corrientes que consideran la enfermedad como un algo in\u00fatil y pesado, el se\u00f1or Vicente afirma: \u00abHe dicho ya bien de veces, y no puedo abstenerme de volverlo a decir de nuevo en este momento, que debemos estimar que las personas afligidas por la enfermedad en la Compa\u00f1\u00eda son la <em>bendici\u00f3n <\/em>de la misma Compa\u00f1\u00eda y de la Casa: cosa que debemos estimar tanto m\u00e1s verdadera cuanto que nuestro Se\u00f1or ha amado este estado de aflicci\u00f3n por el cual ha querido pasar El mismo, y se hizo hombre para sufrir\u00bb.<\/p>\n<p>Acababa adem\u00e1s de expresarse en los mismos t\u00e9rminos, poco antes, escribiendo a un misionero entristecido por estar enfermo y sentirse como carga: \u00abEn cuanto a lo que dec\u00eds que no querr\u00edais servir de carga a la Compa\u00f1\u00eda, no ser\u00e9is tal, pues gracias a Dios, no se encuentra cargada de enfermos, al contrario, el tenerlos, en cierta manera, es una bendici\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s de la muerte del se\u00f1or Vicente, un misionero escrib\u00eda que el Fundador de la Misi\u00f3n le hab\u00eda dicho que los enfermos \u00abmerec\u00edan m\u00e1s por sus sufrimientos que los dem\u00e1s por su trabajo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfSe quiere una prueba de esto? Basta ver c\u00f3mo, desde este mundo, los enfer\u00admos se muestran agradecidos a los que les asisten. Estos no s\u00f3lo se ven espectacu\u00adlarmente protegidos de graves peligros \u2014la historia de las Hijas de la Caridad facilitar\u00eda buen n\u00famero de ejemplos\u2014, sino que, sobre todo a la hora del \u00faltimo combate, no temen la muerte, est\u00e1n ya en la paz de Dios. Margarita Naseau, la primera Hija de la Caridad, alcanzada por la peste, por haber compartido su lecho con una apestada, \u00abcomo si hubiera previsto su muerte, se fue por esto a San Luis, con el coraz\u00f3n lleno de alegr\u00eda y de conformidad con la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Pedro Collet, segundo bi\u00f3grafo del se\u00f1or Vicente, nos refiere que el Fundador de la Misi\u00f3n dijo una vez a dos eclesi\u00e1sticos de nota: \u00abQue todos aquellos que amasen a los pobres durante su vida no tendr\u00edan ning\u00fan miedo a la muerte; que hab\u00eda experimentado esto en muchas ocasiones; que en vista de lo cual, ten\u00eda costumbre de inculcar esta m\u00e1xima en el esp\u00edritu de personas que ve\u00eda atormentadas por aprensiones de la muerte, y que tomaba ocasi\u00f3n de aqu\u00ed para excitarlas al amor de los pobres.<\/p>\n<p>La manera dulce y tranquila como \u00e9l mismo se durmi\u00f3 en el abrazo del Se\u00f1or podr\u00eda, al menos en parte, pasar como una prueba de lo que aqu\u00ed afirma; pero lo que dice en una de sus cartas a prop\u00f3sito de un virtuoso sacerdote nos propor\u00adciona una m\u00e1s completa: \u00abHab\u00eda \u2014son sus t\u00e9rminos\u2014 temido siempre mucho la muerte: pero como vio desde el comienzo de su enfermedad que la miraba cara a cara sin temor y hasta con placer, me dijo que seguramente morir\u00eda, puesto que hab\u00eda o\u00eddo decir que Dios quitaba el temor de la muerte a los que han ejer\u00adcido de buena gana la caridad para con los pobres y se han fatigado por este te\u00admor durante su vida\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pocos, sin duda, ser\u00e1n los que no hayan tenido ocasi\u00f3n de admirar en la pel\u00edcula \u00abMonsieur Vin\u00adcent\u00bb bellas im\u00e1genes, emoci\u00f3n, una viviente lec\u00adci\u00f3n de caridad; pero un film no puede m\u00e1s que dejar adivinar la &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-y-los-enfermos\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":96756,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[28],"tags":[156,173,142,123,119,172,127,179,143],"class_list":["post-96754","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-formacion-vicenciana","tag-blatiron","tag-chatillon-les-dombes","tag-collet","tag-du-fay","tag-gondi","tag-pobreza","tag-portail","tag-reina-margarita","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>San Vicente y los enfermos - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-y-los-enfermos\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"San Vicente y los enfermos - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Pocos, sin duda, ser\u00e1n los que no hayan tenido ocasi\u00f3n de admirar en la pel\u00edcula \u00abMonsieur Vin\u00adcent\u00bb bellas im\u00e1genes, emoci\u00f3n, una viviente lec\u00adci\u00f3n de caridad; pero un film no puede m\u00e1s que dejar adivinar la ... 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