{"id":9628,"date":"2016-08-13T13:00:36","date_gmt":"2016-08-13T11:00:36","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/01\/22\/isabel-seton-la-biografia-19-las-hijas-del-senor-vicente\/"},"modified":"2016-07-26T09:39:43","modified_gmt":"2016-07-26T07:39:43","slug":"isabel-seton-la-biografia-19-las-hijas-del-senor-vicente","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/isabel-seton-la-biografia-19-las-hijas-del-senor-vicente\/","title":{"rendered":"Isabel Seton, la biograf\u00eda: 19 &#8211; Las hijas del Se\u00f1or Vicente"},"content":{"rendered":"<p><em>El que hace caridad<br \/>\nofrenda flor de harina,<br \/>\nel que da limosna<br \/>\nofrece un sacrificio de alabanza.<\/em><br \/>\nEclo 35, 2<\/p>\n<p>Isabel ha tra\u00eddo a Guillermo y a Ricardo de Georgetown a Baltimore. Hela ah\u00ed de nuevo rodeada de sus hijos. He ah\u00ed que de nuevo acaba para ella la mordedura de la inseguridad del ma\u00f1ana. Las l\u00edneas de <em>las Dear Remembran\u00adces, <\/em>evocando sus encuentros, vibran de alegr\u00eda.<\/p>\n<p><em>Mis encantadores muchachos, buenos, simp\u00e1ticos, en Georgetown, en los bra\u00adzos de su madre, despu\u00e9s de dos a\u00f1os de ausencia. Y <\/em>comenta finalmente la ca\u00adlidad de tal alegr\u00eda: <em>Que se alegren los hijos satisfechos, pero ellos no podr\u00e1n tener nunca idea de la menor de las propias alegr\u00edas de nosotros, que no pose\u00eda\u00admos m\u00e1s que lo que encontr\u00e1bamos los unos en los otros. La primera reuni\u00f3n de mis cinco en nuestro encantador <\/em>HOGARCITO, <em>tan pr\u00f3ximo a la capilla para nuestra misa diaria&#8230;<\/em><\/p>\n<p>La casa que el Sr. Dubourg ha puesto a disposici\u00f3n de la Sra. Seton se le\u00advantaba, en efecto, tan cerca de l05 edificios del colegio y del seminario, que s\u00f3lo la separaba de la capilla la anchura de un patio. En su blanca fachada vuelta hacia <em>Paca Street, <\/em>se abr\u00edan cinco grandes ventanas, dos en el entresuelo, tres en el primer piso. Una sexta en \u00e1tico se alzaba sobre el tejado y sus dimensiones mismas dejaban adivinar que el segundo piso era algo m\u00e1s que una buhardilla. En torno a la casa, un jardincito cerrado por una valla. Sin duda, los juegas ruidosos y los gritos de los ciento veinticinco muchachos de Santa Mar\u00eda van a medir en adelante las jornadas de Isabel. Ella no tiene cuidado por ello. Su paz, su alegr\u00eda \u00edntima ser\u00edan casi sin sombras de no ser el recuerdo de todos aque\u00adllos de quienes hab\u00eda tenido que separarse. Pues ella no ha dejado Nueva York, para una salida que ella presiente como definitiva, sin un verdadero desgarra\u00admiento. All\u00ed hab\u00eda transcurrido la mayor parte de su vida. All\u00ed hab\u00eda muerto su padre. All\u00ed hab\u00eda dejado a Cecilia, a Enriqueta, a sus amigas Isabel Sadler y Catalina Dupleix, a los, Barry. All\u00ed dejaba una familia que, a pesar de todo, ella persist\u00eda en amar.<\/p>\n<p>Aquella no quedaba tampoco sin inquietud. Una carta de Enriqueta hab\u00eda de hacerle saber pronto que los Ogden, lejos de dejar las armas, hab\u00edan vuelto a tomar la ofensiva inmediatamente despu\u00e9s de su marcha. Cecilia, acosada de continuo, hab\u00eda ca\u00eddo de nuevo enferma. Hab\u00edan enviado de pensionista a Emma, la hija mayor de Jaime Seton, por temor de que llegara a contaminarse con la influencia religiosa de su joven t\u00eda. Otras noticias, a\u00fan m\u00e1s dolorosas, llegan casi al mismo tiempo de New Haven, donde otro de los hermanos de Guillermo, Enrique, est\u00e1 en prisi\u00f3n por deudas. Sus cartas son las de un hombre que ha perdido toda esperanza. En ellas se siente abrirse paso la tentaci\u00f3n del suicidio. Isabel trata de interesar a Jaime Seton en la causa de Enrique. Materialmente ella nada puede hacer por \u00e9l. En el mismo momento ella se entera de la muerte de Jaime Maitland. Esa muerte, siguiendo tan de cerca a la muerte de Isabel, deja a sus hijos completamente hu\u00e9rfanos. Y las \u00faltimas horas de Jaime Maitland han sido tan espantosas, durante su agon\u00eda, que Enriqueta cree todav\u00eda -escribe ella- sentir hel\u00e1rsele la sangre en las venas, nada m\u00e1s evocarlas.<\/p>\n<p>Isabel recuerda a todos los suyos, a cada uno de ellos, en su oraci\u00f3n. Ella conf\u00eda en la misericordia infinita del Se\u00f1or todopoderoso. Socorrerles de otro modo no est\u00e1 en su poder, aunque ella sufra por ello. Y las liberalidades de los Filicchi no pueden ser desviadas de los fines a los que sus amigos de Liorna las han destinado expresamente.<\/p>\n<p>En lo tocante a ella, libre y disponible m\u00e1s que nunca, espera la hora de Dios. Consciente de haber respondido a su llamada, viniendo a Baltimore, se pre\u00adpara sencillamente a la tarea que le ser\u00e1 confiada, sin saber exactamente en qu\u00e9 consistir\u00e1 esa tarea. Bajo <em>todos las aspectos <\/em>-afirma ella a una de sus ami\u00adgas- soy como <em>un ser nuevo. <\/em>A Antonio Filicchi le cuenta toda su alegr\u00eda y gra\u00adtitud por haber encontrado en Baltimore un medio tan conforme a sus deseos y, adem\u00e1s, unos amigos de un incomparable valor. <em>Cada uno, aqu\u00ed, respira tan s\u00f3lo la caridad divina. La Sra. Fournier es una de las mujeres m\u00e1s amables que puede haber en el inundo&#8230; Y, <\/em>sin duda, Isabel no es insensible al trato de los cat\u00f3licos de la ciudad, los cuales son de su medio tambi\u00e9n, finos, cultos, bien educados como ella, en solo el plano humano.<\/p>\n<p>Que esos se\u00f1ores de San Sulpicio le conf\u00eden, en la pr\u00f3xima apertura escolar, la direcci\u00f3n de una peque\u00f1a casa de educaci\u00f3n para muchachas y su situaci\u00f3n quedar\u00e1 estabilizada. Le ser\u00e1 hacedero llevar, junto a la Sra. Fournier y la Sra. Dubourg, una vida social conforme a su rango, ejerciendo, seg\u00fan sus apti\u00adtudes y gustos, lo que llamar\u00edamos hoy una profesi\u00f3n liberal. Haciendo eso, ase\u00adgurar\u00eda a la vez la subsistencia de su hogar. Por apreciable que sea tal situaci\u00f3n no responde todav\u00eda del todo a las m\u00e1s \u00edntimas aspiraciones de su alma. Desde 1805, en efecto, -es decir desde el a\u00f1o de su entrada en la Iglesia cat\u00f3lica-\u00adella hab\u00eda manifestado- a Mons. Carroll su anhelo de una vida totalmente consa\u00adgrada a Dios. Y aquel anhelo, desde hace tres a\u00f1os, no ha cambiado. Isabel desea cada vez m\u00e1s verlo realizado, dado, no obstante, que tal vida religiosa sea compatible con su vocaci\u00f3n primera, la de madre de familia, as\u00ed como con los deberes que de ella se derivan. La educaci\u00f3n de sus cinco hijos -jam\u00e1s lo ha dudado un instante- es para ella una obligaci\u00f3n primordial a la que ninguna otra llamada de Dios, por imperiosa que sea, podr\u00eda autorizarla a substraerse.<\/p>\n<p>La vida religiosa, por otra parte, tal como Isabel la considera, es una vida consagrada para Cristo, con El, a las obras de misericordia. Ocuparse de los ni\u00ad\u00f1os abandonados sobre todo, cuidar de los enfermos, proveer a las necesidades de los que est\u00e1n desheredados en el plano de la fortuna o de la ternura humana, es como una necesidad esencial de su coraz\u00f3n. Ni el g\u00e9nero de vida que llevan las Carmelitas ni el de las Visitandinas de las que hab\u00eda llegado ya un enjambre de B\u00e9lgica o de Francia a implantarse en los Estados Unidos, responder\u00eda a su propia vocaci\u00f3n. Una Comunidad de Ursulinas, tal vez, como la que Mar\u00eda de la En\u00adcarnaci\u00f3n hab\u00eda establecido en el Canad\u00e1, hubiera estado m\u00e1s de acuerdo con sus atractivos. Y, por cierto, esos Se\u00f1ores de San Sulpicio conoc\u00edan muy bien a las unas y a las otras. Ellos, sin embargo, conoc\u00edan a\u00fan mejor a las Hijas de la Ca\u00adridad, cuya Compa\u00f1\u00eda hab\u00eda fundado el Sr. Vicente en Par\u00eds, en 1633.<\/p>\n<p>No eran, en verdad, religiosas propiamente dichas, ya que los decretos del Papa P\u00edo V somet\u00edan inexorablemente toda vida religiosa a la estricta clausura y a los votos solemnes. Es sabido c\u00f3mo Mons. de Ginebra hab\u00eda tenido que renunciar, bien a su pesar, a las miras que le hab\u00eda dictado, sin embargo, la fun\u00addaci\u00f3n de la Visitaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda, y c\u00f3mo las Ursulinas mismas se hab\u00edan visto obligadas, a su vez, a abandonar toda obra de apostolado que les hubiera exigido salir de sus monasterios. Con seguridad, el Sr. Vicente no se hubiera le\u00advantado contra la rigidez del derecho can\u00f3nico de la \u00e9poca. Pero mucho menos hubiera tomado el partido de negar a las mujeres el derecho de consagrar sus vidas por entero al servicio de la miseria y del sufrimiento humanos, por puro amor a Jesucristo. <em>Quien dice religiosa, dice claustrada <\/em>-explica \u00e9l sin tapu\u00adjos- y con su fino buen sentido: <em>No es la religi\u00f3n <\/em>(entendida aqu\u00ed como vida re\u00adligiosa en sentido can\u00f3nico) <em>la que hace los santos, es el cuidado que se toman all\u00ed las personas por perfeccionarse&#8230; Lo que os hace ver que no es necesario es\u00adtar encerrada en un claustro para adquirir la santidad que Dios pide de vosotras&#8230; <\/em>As\u00ed pues, las Hijas del Sr. Vicente <em>tendr\u00e1n por clausura la obediencia, por rejas el temor de Dios&#8230; <\/em>Ellas no har\u00e1n m\u00e1s que votos simples, anuales, lo que no impe\u00addir\u00e1 su don irrevocable en lo m\u00e1s \u00edntimo de sus corazones.<\/p>\n<p>El Sr. Olier, fundador de San Sulpicio, hab\u00eda conocido personalmente al Sr. Vicente. Su encuentro en 1632 no fue fortuito. El abate de P\u00e9brac, sin la influencia del p\u00e1rroco de Clichy, no hubiera comprendido, tal vez, plenamente su vocaci\u00f3n. Entre las dos compa\u00f1\u00edas, la de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n y la de los Sulpicianos se hab\u00edan anudado v\u00ednculos desde el origen. Un siglo y medio, lejos de desatarlos, los hab\u00eda estrechado m\u00e1s. Mientras la Revoluci\u00f3n francesa acababa de disolver moment\u00e1neamente la Sociedad de los Sacerdotes de San L\u00e1\u00adzaro, los Hijos del Sr. Olier hab\u00edan tomado el relevo ante las Hijas del Sr. Vi\u00adcente. As\u00ed lo hab\u00eda decidido el Sr. Emery. Y cuando, en el curso del a\u00f1o 1797, fueron trasladados del barrio de San Mart\u00edn a la calle Macons-Sorbonne, donde se reagrupaban algunas Hermanas, los despojos mortales de la Se\u00f1orita Legras -a quien la Iglesia llamar\u00eda un d\u00eda Santa Luisa de Marillac- los sellos de am\u00adbas, el ata\u00fad de la Cofundadora con San Vicente de Pa\u00fal. En el proceso verbal del traslado figura la firma del Sr. Emery.<\/p>\n<p>Antes de dejar Francia para ir a los Estados Unidos, esos Se\u00f1ores de San Sulpicio hab\u00edan podido ver en acci\u00f3n, bien en Par\u00eds, bien en provincias, a aque\u00adllas aut\u00e9nticas sirvientas de los pobres, las Hijas de la Caridad. De verse llevados por las circunstancias a orientar a esta Sra. Seton, cuya colaboraci\u00f3n han solici\u00adtado para su obra de apostolado, hacia una forma de vida consagrada, ser\u00eda muy natural que le propusieran adoptar las reglas dadas por Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac a las Hijas de la Caridad de Francia.<\/p>\n<p>En realidad, no es cuesti\u00f3n, al parecer, de establecer una comunidad en <em>Paca Street, <\/em>este verano de 1808. Lo que cada uno piensa ahora, lo que aprueba altamente Mons. Carroll, es simplemente la apertura de una casa de educaci\u00f3n para muchachas en Baltimore. Todo comienza sin ruido, humildemente. Hay siete alumnas el primer d\u00eda de clase: Ana Mar\u00eda, Catalina, Rebeca Seton, a las que se a\u00f1aden cuatro pensionistas. Pues, habiendo reflexionado, se ha convenido en que se tomar\u00edan solamente pensionistas y las alumnas se reclutar\u00edan \u00fanicamente dentro de las familias cat\u00f3licas.<\/p>\n<p>\u00a1Siete escolares! Poca es, pero Isabel no toma menos en serio su tarea. Tiene sobre el asunto ideas, muy claras que estima su deber poner en pr\u00e1ctica desde los primeros d\u00edas. Si se abre para las muchachas una casa de educaci\u00f3n, es preciso ser capaz de procurar, a la vez, a las alumnas, un nivel de estudios en con\u00adformidad, ciertamente, con las necesidades de la \u00e9poca, pero con todo la que el papel de profesor comporta de saber y de competencia. A la seriedad de los estudios profanos, a la perfecci\u00f3n de las lecciones de arte de esparcimiento -muy en boga entonces- debe corresponder la solidez, la profundidad de la ense\u00f1anza religiosa. En cuanto a la educaci\u00f3n, debe mirar a formar mujeres de ma\u00f1ana, no descuidar nada para tender a ello, y proseguirse dentro de un ambiente cristiano, amplio y sobrenatural.<\/p>\n<p><em>Te divertir\u00edas de veras <\/em>-cuenta Isabel a Julia Scott- <em>si vieras a esta vieja se\u00f1ora que soy yo <\/em>-\u00a1ella no tiene 34 a\u00f1os todav\u00eda!- <em>sentada gravemente ante una pizarra con un corrector de problemas de aritm\u00e9tica o de ejercicios de gram\u00e1tica&#8230; <\/em>Pero se trata de preparar la clase del d\u00eda siguiente, y de hacerlo con\u00adcienzudamente. Es posible que Julia haya sonre\u00eddo, al recibo de la carta. Ella no deja por eso de admirar m\u00e1s a su amiga. Par su parte, con tacto y delicadeza, se complace en preparar paquetes. Isabel encontrar\u00e1 en ellos con qu\u00e9 renovar su guardarropa y el de sus hijos. Las prendas demasiado peque\u00f1as del hijo y de la hija de Julia pasan as\u00ed a los hijos de Isabel, evitando serios dispendios. Para ella misma ser\u00e1 tal falda o tal prenda que, bajo un pretexto delicado, su amiga sabe hacerla aceptar. \u00a1Es <em>demasiado elegante para nosotros! <\/em>-protesta de primeras la interesada-. Luego se domina. Es verdad que ahora su situaci\u00f3n, como la de sus hijos, es muy diferente de lo que lo era en la pensi\u00f3n Wilkes. La Sra. Seton, directora de una instituci\u00f3n, por peque\u00f1a que sea esa instituci\u00f3n, se encuentra obligada a mantener su rango. As\u00ed gira la rueda de la fortuna&#8230;<\/p>\n<p>Monse\u00f1or Carroll presta, sin embargo, una gran atenci\u00f3n a la apertura de la min\u00fascula escuela de <em>Paca Street. <\/em>El sabe de cu\u00e1nta importancia es la educaci\u00f3n de los hijos para el futura del pa\u00eds. La de los muchachos y la de las muchachas.<\/p>\n<p>.Mucho m\u00e1s, quiz\u00e1s, en cierto sentido, la de las muchachas que ser\u00e1n las madres de familia de ma\u00f1ana. De su influencia a la vez humana y sobrenatural depende pr\u00e1cticamente -el ambiente de un hogar. La primera formaci\u00f3n cristiana se da en la familia. Los hijos quedar\u00e1n marcados, sin saberlo, por lo que hayan reci\u00adbido, visto, comprendido durante su infancia. Nada es peque\u00f1o en materia de educaci\u00f3n, en el plano de la fe sobre todo.<\/p>\n<p>\u00bfTiene ya el arzobispo de Baltimore, que conoc\u00eda bien a Isabel, la intuici\u00f3n de que una obra mucho m\u00e1s importante todav\u00eda est\u00e1 naciendo en la peque\u00f1a casa sita junto al colegio y seminario de Santa Mar\u00eda? \u00bfPiensa \u00e9l ya que la Sra. Seton podr\u00eda estar destinada en los planes de la Providencia a ser fundadora de un ver\u00addadero instituto religioso que enjambrar\u00eda un d\u00eda a trav\u00e9s de toda Am\u00e9rica? Es posible. \u00bfNo hab\u00eda presentido \u00e9l, desde 1804, \u00e9poca en que Isabel, en lo m\u00e1s profundo de su noche oscura, parec\u00eda no poder salir jam\u00e1s de ella, que una crisis tan violenta, lejos de provenir de una falta de fidelidad por su parte, pod\u00eda ser, a la inversa, la contrapartida del trabajo de la gracia en ella? All\u00ed donde el esp\u00edritu del mal se encarniza con mayor fuerza, all\u00ed est\u00e1, con frecuencia, la es\u00adperanza de una obra divina contra la que el enemigo libra una batalla cerrada.<\/p>\n<p><em>Esos Se\u00f1ores del Seminario <\/em>&#8211;comunica Isabel a Antonio Filicchi, el 20 de agosto, es decir dos meses despu\u00e9s de su arribo a Baltimore- <em>han propuesto darme un terrena. Se comenzar\u00eda a construir all\u00ed sobre un plano peque\u00f1o, al principio, pero que comporta la posibilidad de una ampliaci\u00f3n. <\/em>Sin duda, a primera vista, ese proyecto no implica nada m\u00e1s que la fundaci\u00f3n de una casa de educa\u00adci\u00f3n femenina que se modelar\u00eda, <em>mutatis mutandis, <\/em>sobre el colegio de Santa Mar\u00eda. El Sr. Dubourg es un hombre de gran visi\u00f3n.<\/p>\n<p>Una carta dirigida por Isabel a Julia Scott, con fecha del 3 de octubre, tiene ya, sin embargo, otro tono. <em>Se espera de m\u00ed que sea madre de hijas numerosas. <\/em>\u00bfQu\u00e9 es eso, sino decir que se le quiere confiar la formaci\u00f3n de otras educadoras, de otras mujeres, que como ella, piensan en una vida de don total hecho al Se\u00ad\u00f1or? La misiva, en efecto, da una nueva precisi\u00f3n: el Sr. Babad ha encontrado recientemente, en Filadelfia, a dos j\u00f3venes americanas que estaban a punto de embarcarse para Espa\u00f1a, a fin de abrazar all\u00ed la vida religiosa. Son Cecilia O&#8217;Con\u00adway y Mar\u00eda Murphy. El Sr. Babad las ha detenido, en cierta manera, puntual\u00admente. Ellas deseaban encontrar un convento que pudiera recibirlas. \u00a1Pues bien!, que se vayan a Baltimore, ellas ser\u00e1n las primeras piedras de una fundaci\u00f3n en su propio pa\u00eds, con la Sra. Seton. Todo eso parece sumamente sencillo al buen Sulpiciano. Y para convencer a la Sra. Seton misma que hay ciertamente en ello una indicaci\u00f3n de la Providencia, le endosa una referencia al vers\u00edculo noveno del salmo 113: \u00abEl sit\u00faa a la est\u00e9ril de la casa como madre gozosa de sus hijos<sup>,<\/sup>&gt;.<\/p>\n<p>El 7 de diciembre de 1808, Cecilia O&#8217;Conway arriba a Baltimore, adonde la ha conducido su padre. En espera de la erecci\u00f3n de una comunidad regular, comparte la vida y el trabajo de Isabel en <em>Paca Street. <\/em>Las alumnas ya son m\u00e1s numerosas que el d\u00eda de la apertura. Habitualmente se les juntan, por tempora\u00addas, grupos de chiquillas que vienen a prepararse para su primera comuni\u00f3n bajo la direcci\u00f3n del Sr. Babad. Cuando ve, en la capilla de Santa Mar\u00eda, a las ni\u00f1as vestidas de blanco, que se acercan, recogidas, a la Santa Mesa, Isabel experimen\u00adta una alegr\u00eda profunda, exultante. <em>Ahora gira, gira la rueda de bendici\u00f3n diaria <\/em>-cantan los <em>Dear Remembrances-. Pero cu\u00e1n poco he progresado yo, y cu\u00e1nto he pecado. Mientras tanto la bondad infinita manifest\u00e1ndose en seguida a partir de las peores miserias de su pobre criatura.<\/em><\/p>\n<p>De todo eso que parece dise\u00f1arse para una pr\u00f3xima futura, Isabel da parte a sus amigos de Italia. Ella se ve, por otra parte, en la obligaci\u00f3n de tenerles al corriente de proyectos para los que su ayuda financiera se muestra indispensable. Ella <em>se atreve, en efecto, a preguntar a Antonio, con la franqueza que le de\u00adbe, hasta qu\u00e9 suma puede esperar&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Si los correos de Baltimore, expedidos en el curso de los meses de julio y agosto de 1808, llegaron a su destina, las respuestas de Liorna, sea que est\u00e9n dirigidas a Isabel personalmente o al banquero neoyorquino de los Filicchi, fecha das como est\u00e1n al fin de noviembre, no llegar\u00e1n a los Estados Unidos sino con un a\u00f1o de retraso. Tales son las consecuencias del bloqueo continental de Napo\u00adle\u00f3n, y el embargo sobre todos los puertos americanos con el que el presidente Jefferson ha replicado a las medidas vejatorias que multiplican entonces contra los Estados Unidos -mantenidos neutrales- los enfrentamientos de Inglaterra y de Francia.<\/p>\n<p>En el curso del mes de enero de 1809, no obstante, hay tres cartas m\u00e1s re\u00addactadas, con destino a Felipe Filicchi el 8 y el 21, a Antonio el 16. Manifiesta\u00admente, Isabel se agita un poco, hasta transcribiendo para sus amigos de Toscana el sabio consejo que le da entonces el Sr. Dubourg: <em>\u00a1Paciencia, hija. Confianza en la Providencia! <\/em>Ella afirma, y su afirmaci\u00f3n es sincera <em>que no quiere otra cosa que la voluntad de Dios. <\/em>Pero a la vez trata de activar las cosas, persistiendo en pensar que, si los Filicchi han sido los instrumentas escogidos por el Se\u00f1or para llevarla a la Iglesia cat\u00f3lica, ellos lo ser\u00e1n igualmente para conducirla hasta la realizaci\u00f3n concreta de su llamada a la vida religiosa. Cosa en que, esta vez, se equivoca. <em>Dios est\u00e1 ri\u00e9ndose de usted <\/em>-le dec\u00eda gravemente Felipe Filicchi, la v\u00edspera de su salida de Liorna, en 1805-. Aquellas palabras podr\u00eda repet\u00edrselas \u00e9l ahora con m\u00e1s raz\u00f3n todav\u00eda. \u00bfAcaso iba a ser Dios corto de medios para cumplir su obra? En una carta que escribe veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde, el 15 de julio de 1828, a uno de sus amigos, Enrique El\u00e9ves, el Sr. Dubourg cuenta, por ex\u00adtenso, c\u00f3mo pasaron, al fin, las cosas.<\/p>\n<p>Las l\u00edneas dirigidas por la Madre Seton a Felipe Filicchi, en enero de 1809, impiden dudar no menos, por otra parte, que la precisi\u00f3n del relato mismo, que sea, en realidad, el Sr. Dubourg el autor principal de la escena.<\/p>\n<p><em>Yo no puedo fijarte la fecha de la conversi\u00f3n del Sr. Cooper. Ella tuvo lu\u00adgar, por lo que yo puedo recordar, hacia el a\u00f1o 1805 <\/em>-escribe, en efecto, Mons. Dubourg, que ha dejado los Estados Unidos en 1824 y ocupa, desde 1826, la sede episcopal de Montauban. Siguen dos grandes p\u00e1ginas que relatan c\u00f3mo aquel \u00abviejo armador y capit\u00e1n de un barco de la India <em>hab\u00eda pasado del perfecto escepticismo donde estaba sumergido <\/em>a la religi\u00f3n cat\u00f3lica, para acceder, final\u00admente, al sacerdocio, ayudado en su encaminamiento espiritual por el P. Hurley.<\/p>\n<p><em>Pero ya que quieres saber la parte que tuvo aquel digno ne\u00f3fito en el esta\u00adblecimiento de las Hijas de la Caridad en Am\u00e9rica <\/em>-prosigue la misiva- <em>te di\u00adr\u00e9 unas cuantas palabras con cuya fidelidad puedes contar. <\/em>Esas cuantas palabras ocupan tambi\u00e9n dos p\u00e1ginas de gran formato con una escritura apretada. El tex\u00adto de la carta es el que copi\u00f3 Luis Deluol, director del seminario de San Sul\u00adpicio, quien pone en \u00e9l su firma -dice \u00e9l- como atestaci\u00f3n de la autenticidad del documento que acaba de transcribir. Tal documento, que la fotocopia hace, en cierto modo, revivir, no permite ning\u00fan equ\u00edvoco sobre la fase singularmente conmovedora de la fundaci\u00f3n que est\u00e1 pr\u00f3xima a realizarse.<\/p>\n<p><em>Hac\u00eda varios a\u00f1os que Dios llamaba de manera extraordinaria a un alma escogida para sus m\u00e1s grandes designios. La Sra. viuda de Seton, de Nueva York&#8230; (teniendo) la fe m\u00e1s viva hacia Jesucristo en el sacramento del altar, era acucia da de un atractivo por la vida religiosa que ella atestiguaba ser obra manifiesta de Dios. Pero, contrariada siempre por sus directores que le opon\u00edan sin cesar sus cinco hijos de corta edad, ella se determin\u00f3 a venir a vivir a Baltimore donde ten\u00eda relaciones espirituales con un sacerdote que se ocupaba grandemente de los establecimientos religiosos.<\/em><\/p>\n<p><em>El Sr. Cooper estaba all\u00ed hac\u00eda un a\u00f1o en el Seminario, el uno y la otra se diri\u00adg\u00edan a ese sacerdote para la confesi\u00f3n. En sus frecuentes conversaciones con su director, la Sra. Seton hab\u00eda sabido que \u00e9l pensaba hac\u00eda tiempo en el estableci\u00admiento de las Hijas de la Caridad en Am\u00e9rica. Y como tal instituto pod\u00eda con\u00adciliarse con los cuidados que ella deb\u00eda a su familia, le manifest\u00f3 el m\u00e1s ardien\u00adte deseo de verlo comenzado y de ser admitida en \u00e9l.<\/em><\/p>\n<p><em>Un obst\u00e1culo insuperable deten\u00eda todo proyecto. Era la falta absoluta de me\u00addios pecuniarios para echar los fundamentos de la nueva sociedad. Resolvieran orar a Dios en com\u00fan para quitarlo.<\/em><\/p>\n<p><em>Una ma\u00f1ana del a\u00f1o 1808, la Sra. Seton fue a ver a su director y le dijo que -aunque tuviera que pasar a sus ojos por una visionaria- se cre\u00eda obligada a someterle lo que Nuestro Se\u00f1or acababa de ordenarle \u00abcon una voz clara e inteligible\u00bb, despu\u00e9s de la comuni\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>-Vete -le hab\u00eda dicho- dir\u00edgete al Sr. Cooper; \u00e9l te dar\u00e1 todo lo que es necesario para el Establecimiento.<\/em><\/p>\n<p><em>-La cosa es posible -replica el sacerdote- pero tengo fuertes razones para Prohibirle obedecer a lo que puede ser solamente un juego de su imaginaci\u00f3n. Si es Dios quien ha hablado, El sabr\u00e1 tambi\u00e9n comunicar su voluntad al Sr. Coo\u00adper, y crea que \u00e9l ser\u00e1 d\u00f3cil a su voz.<\/em><\/p>\n<p><em>Ella se retir\u00f3 satisfecha. Por la noche del mismo d\u00eda, el director recibi\u00f3 la <\/em>v. <em>\u00a1sita del Sr. Cooper que comenz\u00f3 por atestiguar su asombro&#8230; \u00bfC\u00f3mo suced\u00eda :oae no se hubiera emprendido todav\u00eda nada en favor de las muchachas cuya \u2014fluencia en las costumbres y en la religi\u00f3n era, sin embargo, tan poderosa? -a lo que su interlocutor responde que \u00abhac\u00eda 15 a\u00f1os, daba \u00e9l vueltas en su cabeza a un proyecto de ese g\u00e9nero por el que ven\u00edan orando, en Baltimore, dia\u00adriamente ciertas personas piadosas.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00bfQu\u00e9 es, pues, lo que le detiene? -le dijo el Sr. Cooper.<\/em><\/p>\n<p><em>-La falta de medios -respondi\u00f3 el sacerdote-, pues un establecimiento de ese<\/em> <em>g\u00e9nero no puede hacerse sin eso.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Pues bien! \u00a1\u00a1Yo tengo cincuenta mil francos a su disposici\u00f3n para ese proyecto!!<\/em><\/p>\n<p><em>Impresionada por la coincidencia de las dos comunicaciones, el sacerdote le -pregunt\u00f3 si hab\u00eda visto aquel mismo d\u00eda a la Sra. Seton, o si le hab\u00eda hablado alguna vez, de tal proyecto.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Nunca! -respondi\u00f3 \u00e9l-. Pero \u00bfes que usted pensar\u00eda en la Sra. Seton para su ejecuci\u00f3n?<\/em><\/p>\n<p><em>-Juzgue, se\u00f1or, si me tocar\u00eda a m\u00ed descartarla. Ella s\u00f3lo est\u00e1 en esa espera, y he aqu\u00ed la comunicaci\u00f3n que me ha hecho esta ma\u00f1ana: comp\u00e1rela con la que usted me acaba de ofrecer, y acu\u00e9rdese que, desde hace un a\u00f1o que usted se confiesa conmigo, es la primera manifestaci\u00f3n que nos hemos hecho sobre un asunto que yo cre\u00eda bien lejos de sus pensamientos.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Dios sea bendito! -exclam\u00f3 el Sr. Cooper.<\/em><\/p>\n<p><em>A la que a\u00f1adi\u00f3 estas palabras dignas de notarse: -Usted no me ha dicho nada nuevo.<\/em><\/p>\n<p><em>No obstante el sacerdote no crey\u00f3 deber aceptar su oferta antes del lapso de dos meses cabales que le dio para reflexionar sobre ello.<\/em><\/p>\n<p><em>Y, cuando \u00e9l vino, por fin, al cabo de ese plazo, a entregarle la suma: -Se\u00f1or -le dice- ese establecimiento se har\u00e1 en Emmitsburg, pueblo a 18 millas de Baltimore, y de all\u00ed se extender\u00e1 por todos los Estados Unidos.<\/em><\/p>\n<p><em>A1 nombre de Emmitsburg, el sacerdote trat\u00f3 su plan de locura. Pero el Sr. Cooper, protestando que no quer\u00eda tener ninguna influencia sobre la elecci\u00f3n del local ni la direcci\u00f3n de la obra, repiti\u00f3 con tono seguro que se har\u00eda en Emmitsburg.<\/em><\/p>\n<p><em>All\u00ed se hizo poco tiempo despu\u00e9s, contra todas las convicciones anteriores de aquel eclesi\u00e1stico y de la fundadora, y lo que es m\u00e1s asombroso, contra la opo\u00adsici\u00f3n m\u00e1s pronunciada del venerable arzobispo Carroll, que no cedi\u00f3 sino por fuerza de las circunstancias. T\u00fa sabes cu\u00e1nta la ha bendecido Dios y propagado por todo el pa\u00eds.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed concluye el Sr. Dubourg, a\u00f1adiendo que si el Sr. El\u00e9ves desea algunos informes suplementarios se los dar\u00e1 con gusto, y pone su firma: L. Guil. Ob. de Montauban.<\/p>\n<p>Desde el comienzo del a\u00f1o 1809, Isabel ha puesto ya a Felipe al corriente de los proyectos inherentes a la intervenci\u00f3n de Samuel Cooper.<\/p>\n<p><em>Usted va a pensar, me lo temo, que la pobre mujer que le escribe tan a me\u00adnudo sobre el mismo asunto tiene la cabeza al rev\u00e9s; pero no es por mi parte cuesti\u00f3n de capricho, es cuesti\u00f3n de deber indispensable hacerle saber, con todos los detalles, todo lo que ha pasado desde que le escrib\u00ed la semana pasada&#8230; Y relata la intervenci\u00f3n insospechada del Sr. Caoper.<\/em><\/p>\n<p><em>&#8230;Hace alg\u00fan tiempo le hablaba de la conversi\u00f3n, en Filadelfia, de un indi\u00adviduo de la buena sociedad y poseedor de una gruesa fortuna. Esa conversi\u00f3n es tan s\u00f3lida que resulta extraordinaria; y como esa persona est\u00e1 a punto de recibir las \u00f3rdenes menores en nuestro seminario ha tomado consejo, en lo que mira a la disposici\u00f3n de su fortuna, ante el Sr. Dubourg, rector del colegio, sobre la eventualidad de una instituci\u00f3n que ser\u00eda fundada en favor de muchachitas de religi\u00f3n cat\u00f3lica&#8230; Tiene, as\u00ed mismo, un viv\u00edsimo deseo de ver extenderse igual\u00admente ese proyecto a las adultas sin instrucci\u00f3n, que se pod\u00edan emplear en hilar, tejer, con miras a establecer un peque\u00f1o taller que ser\u00eda una buena cosa para los pobres&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Es necesario de veras, prosigue Isabel, que Felipe est\u00e9 al corriente de los caminos que la Providencia parece abrir ante ella, a fin de que juzgue si quiere aportar su ayuda a la obra prevista y hasta qu\u00e9 punto. Dado que se proyectan las dos obras, se piensa, claro est\u00e1, en la construcci\u00f3n de dos edificios distintos. Pero, m\u00e1s a\u00fan, que la fundaci\u00f3n de una casa de educaci\u00f3n, lo que responde a las m\u00e1s \u00edntimas aspiraciones de Isabel es al parecer la perspectiva de dedicarse de una manera especial a los m\u00e1s desheredados. Y, precisamente, antes mismo de que el Sr. Cooper haga al Sr. Dubourg sus propias confidencias, otro eclesi\u00e1s\u00adtico franc\u00e9s, el Sr. Matignon, hab\u00eda tenido tambi\u00e9n el pensamiento de una obra de ese g\u00e9nero. \u00bfNo hay en ello una coincidencia providencial? Isabel lo hace notar, con una evidente satisfacci\u00f3n, a sus destinatarios de Liorna, tanto m\u00e1s cuanto que fue Antonio mismo quien la puso en relaci\u00f3n con el Sr. Matignon cuando estaba todav\u00eda ella en Nueva York.<\/p>\n<p>Ella insiste: tal obra est\u00e1 llamada a hacer bien, y ciertamente, si Felipe supiese hasta qu\u00e9 punta se la desea en Maryland, estar\u00eda presto a responder a la llamada que se le dirige. No obstante, Isabel se pone, confiada, en manos del Se\u00f1or, cuya voluntad es, al fin, lo \u00fanico que importa.<\/p>\n<p>El 23 de marzo de 1809, es a su amiga Julia Scott a la que expone la g\u00e9nesis de la fundaci\u00f3n en curso: &#8230; <em>Un ingl\u00e9s, el Sr. Samuel Cooper, ha adquirido, a 40 millas de aqu\u00ed, una granja de gran producci\u00f3n, en pleno rendimiento. La granja con sus dependencias ha sido puesta en manos del Sr. Dubourg para la obra proyectada. Tu amiga encontrar\u00e1 all\u00ed todo lo necesario, casa y subsistencia. La intenci\u00f3n del Sr. Cooper ha sido siempre la de proveer a la instrucci\u00f3n y a la asistencia de los pobres, de todos los modos posibles. El sugiere instalar en la granja un taller de artesan\u00eda. He aqu\u00ed lo que hay de cierto.<\/em><\/p>\n<p>Siguen para la amiga de Filadelfia algunas precisiones sobre la Sociedad de San Sulpicio, a la que Isabel llama, err\u00f3neamente, la Orden de los Sulpicianos. Esos Se\u00f1ores -explica ella- son unos \u00abcaballeros\u00bb dignos en todo punto de consideraci\u00f3n y de respeto. Ellos han establecido, precisamente, un colegio y un seminario, en el valle de Emmitsburg, donde se encuentra la granja en cuesti\u00f3n. El decano de los Sulpicianos reside all\u00ed de manera habitual. <em>As\u00ed pues <\/em>-concluye Isabel- <em>estar\u00e9 siempre bajo buena tutela. Esos Se\u00f1ores tendr\u00e1n cuidado de m\u00ed, consider\u00e1ndome como un miembro de su familia, y yo no puedo privarme de desear vivamente ser lo bastante dichosa en merecer conservar siempre su amistad.<\/em><\/p>\n<p>Las cosas, a decir verdad, no van a ser tan sencillas como se las imagina ahora Isabel. Para que uno de los Se\u00f1ores de San Sulpicio asuma, en realidad, el cargo de superior de una comunidad femenina, ser\u00e1 necesario obtener una de rogaci\u00f3n en la regla de San Sulpicio. Los sacerdotes de la Compa\u00f1\u00eda, dedicados exclusivamente a la formaci\u00f3n de los cl\u00e9rigos, no asum\u00edan de ordinario en abso\u00adluto responsabilidades tales que les apartasen de su fin propio. \u00bfTal forma de considerar las cosas era v\u00e1lida para los pa\u00edses de misi\u00f3n, como era considerado entonces Maryland? Una cuesti\u00f3n m\u00e1s, que no encontrar\u00e1 de primeras su soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>En esa misma carta, no obstante, Isabel hace a Julia Scott una confesi\u00f3n de una importancia manifiesta. Si se le conf\u00eda tan s\u00f3lo, con la posibilidad de llevar una vida religiosa aut\u00e9ntica, la direcci\u00f3n de una casa de educaci\u00f3n destinada a muchachitas de la clase acomodada, <em>eso bastar\u00e1 para dejarla satisfecha&#8230; Pero <\/em>-insiste ella- <em>en cuanto a hablar de la alegr\u00eda de mi alma con la perspectiva de poder ocuparme de los pobres, de visitar a los enfermos, de consolar a los que est\u00e1n apenados, de vestir a los ni\u00f1os y \u00a1ense\u00f1arles a amar a Dios! \u00a1Entonces, ah\u00ed, es preciso que me detenga!<\/em><\/p>\n<p><em>Hacer conocer, amar y servir a Jesucristo a los pobres y a los ni\u00f1os, <\/em>tal ha\u00adb\u00eda sido, dos siglos antes, el ideal mismo de Luisa de Marillac, viuda, tambi\u00e9n ella, y madre de un hijo, cuya educaci\u00f3n ten\u00edan a\u00fan que asegurar. Era la mujer a quien Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda hecho la superiora de las primeras Hijas de la Caridad de Francia. Que hubiera o no tenido ya en sus manos Isabel la Vida del Sr. Vicente y la de la Se\u00f1orita Legras, es evidente que ella entra desde este momento como a pie llano en el esp\u00edritu de la Compa\u00f1\u00eda de las Hermanas de San Vicente de Pa\u00fal. Pero es preciso esperar la hora de la Providencia. Del Sr. Vi\u00adcente a Luisa de Marillac son, precisamente, estas palabras tan llenas de buen sentido humano y sobrenatural a la vez: <em>\u00a1Por Dios, hija m\u00eda, que hay grandes tesoros escondidos en la santa Providencia y aquellos que la siguen y no se imponen a ella honran soberanamente a Nuestro Se\u00f1or!<\/em><\/p>\n<p>El 25 de marzo de 1642, la Se\u00f1orita Legras y sus cuatro compa\u00f1eras hab\u00edan pronunciado, en Par\u00eds, los tres votos de pobreza, castidad y obediencia por un a\u00f1o.El 25 de marzo de 1809, Isabel Seton hac\u00eda al Se\u00f1or el don id\u00e9ntico de s\u00ed misma. Para ella, la fiesta de la Anunciaci\u00f3n era algo m\u00e1s que el recuerdo lit\u00fargico de la Encarnaci\u00f3n. Era el aniversario del d\u00eda en que, cuatro a\u00f1os antes, ella hab\u00eda recibido por primera vez el Cuerpo de Cristo, en la peque\u00f1a parroquia de San Pedro, en Nueva York.<\/p>\n<p><em>Ahora <\/em>-anotar\u00e1n los <em>Dear Remembrances- la idea del Sr. Cooper de una escuela para ni\u00f1as pobres&#8230; Los esfuerzos incesantes del Sr. Dubourg por hacerla realidad. Y <\/em>transcribe el nombre de sus primeras colaboradoras de Baltimore: Cecilia O&#8217;Conway, Mar\u00eda Murphy, Susana Clossy y Mar\u00eda Ana Butler. Ninguna fecha, en la hoja, respecto a lo que evocan estas l\u00edneas. Se trata, en realidad, de la toma de h\u00e1bito oficial de las cinco primeras Hermanas de la Caridad de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>La ceremonia ha tenida lugar a puertas cerradas, al parecer, pero ha tenido que ser presidida por Mons. Carroll, con una discreci\u00f3n y una sencillez buscadas, el 31 de mayo, en la capilla de Santa Mar\u00eda. El h\u00e1bito es, poco m\u00e1s a menos, el que hab\u00eda adoptado la Sra. Seton el d\u00eda siguiente de la muerte de su marido. El traje de luto que ella se hab\u00eda mandado hacer en Liorna, en diciembre de 1803, y que llevaban entonces las viudas de Toscana, ha parecido a la vez lo bas\u00adtante sencillo y adecuado para ser adoptado como uniforme que distinguir\u00eda en adelante, a los ojos de todos, a las \u00abHermanas de la Caridad de Am\u00e9rica\u00bb \u00bfNo hab\u00edan llevado, primitivamente, las Hijas del Sr. Vicente el traje de las campesi\u00adnas de la Isla de Francia?<\/p>\n<p>Isabel vuelve, pues, a tomar, como sus cuatro compa\u00f1eras, la falda negra, amplia y larga, el corpi\u00f1o del mismo color que recubre una esclavina, dejando aparecer un alzacuello blanco almidonado que cierra el cuello. Ella ha mandado a\u00f1adir un cintur\u00f3n del que pende un rosario. Tres frases de la Sagrada Escritura y que son las divisas debidas a los Hijos e Hijas de San Vicente, los Sacerdotes de la Misi\u00f3n y las Hijas de la Caridad, ser\u00e1n grabadas, si no desde este 31 de mayo de 1809, al menos unos a\u00f1os m\u00e1s tarde, sobre la cruz del rosario y sobre el anillo que los engarza:<\/p>\n<p><em>Caritas Christi urget nos <\/em>-La caridad de Cristo nos apremia (2 Cor 5, 14). <em>Pauperes evangelizantur <\/em>-Se anuncia la Buena Noticia a los pobres (Mt 11, 5). <em>Cor unum et anima una <\/em>-Un solo coraz\u00f3n, una sola alma (Hch. 4, 32).<\/p>\n<p>Tomadas del Evangelio de San Mateo, de la segunda Carta de San Pablo a los fieles de Corinto y de los Hechos de los Ap\u00f3stoles, esas tres frases lapidarias resumen todos los fines del nuevo Instituto. Pues es ciertamente un nuevo Ins\u00adtituto que acaba de nacer en la Iglesia de Dios, este 31 de mayo de 1809, el pri\u00admero de los Institutos religiosos nacidos en la Iglesia de Am\u00e9rica. Peque\u00f1a se\u00admilla, grano de mostaza min\u00fasculo que llegar\u00e1 a ser un \u00e1rbol con ramificacio\u00adnes pujantes, y cubrir\u00e1 con su sombra el inmenso territorio del Nuevo Mundo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de algunos titubeos, todas las Hermanas llevaron pronto por igual la cofia negra de las viudas de Toscana.<\/p>\n<p>El Sr. de Cheverus envi\u00f3 a la Madre una carta de paternales felicitaciones v de vivos alientos para la obra tan felizmente comenzada. Isabel, confiesa, por su lado, que al o\u00edrse dar desde ahora el <em>afectuoso apelativo de <\/em>MADRE con el que por doquier se la saluda, experimenta una emoci\u00f3n profunda.<\/p>\n<p>En la fiesta del <em>Corpus Christi, 1 <\/em>de junio de 1809, las cinco nuevas Herma\u00adnas de la Caridad, arrodilladas unas al lado de otras, asisten a la misa solemne cantada en la capilla del seminario, y se acercan juntas a la Sagrada Mesa. Es la consagraci\u00f3n oficial de su toma de h\u00e1bito de la v\u00edspera. Todos desde ahora saben lo que tienen derecho a esperar de su efectiva caridad.<\/p>\n<p>Fiesta de la \u00abAnunciaci\u00f3n\u00bb Fiesta del \u00abCorpus Christi\u00bb. Tan \u00edntimamente vinculadas entre s\u00ed. Dios hecho hombre. Dios entre nosotros. Cristo, Verbo en\u00adcarnado, Cristo, pan de vida.<\/p>\n<p>As\u00ed canta, con admiraci\u00f3n sorprendida, uno de Santo Tom\u00e1s de Aquino para la fiesta del Corpus.<\/p>\n<p>Anunciaci\u00f3n, fiesta del <em>Corpus Christi. <\/em>Esas dos fiestas ser\u00e1n desde ahora separables en el recuerdo y en la gratitud de Isabel Seton.<\/p>\n<p><em>Ahora, gira, gira la rueda de bendici\u00f3n diaria&#8230;<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El que hace caridad ofrenda flor de harina, el que da limosna ofrece un sacrificio de alabanza. Eclo 35, 2 Isabel ha tra\u00eddo a Guillermo y a Ricardo de Georgetown a Baltimore. 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Como \"ciudadana del mundo\", su herencia en materia de educaci\u00f3n\u2026","rel":"","context":"En \u00abIsabel Ana Bayley Seton\u00bb","block_context":{"text":"Isabel Ana Bayley Seton","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/isabel-ana-bayley-seton\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/06\/200px-Saint_Elizabeth_Ann_Seton_1774_-_1821.gif?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":24304,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/elisabeth-seton-perdio-posicion-social-y-fortuna-por-hacerse-catolica\/","url_meta":{"origin":9628,"position":4},"title":"Elisabeth Seton: perdi\u00f3 posici\u00f3n social y fortuna por hacerse cat\u00f3lica","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"04\/01\/2025","format":false,"excerpt":"Despreciada en sociedad por convertirse al catolicismo, encontr\u00f3 en la caridad la verdadera riqueza. 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Crece en el seno de la Iglesia Episcopaliana. Casada con Guillermo Seton, de quien llega a tener cinco hijos, enviuda el 27 de diciembre de 1803. 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