{"id":96087,"date":"2018-09-21T08:13:57","date_gmt":"2018-09-21T06:13:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=96087"},"modified":"2018-09-14T11:34:02","modified_gmt":"2018-09-14T09:34:02","slug":"la-apostolica-vivendi-forma-en-la-congregacion-de-la-mision","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-apostolica-vivendi-forma-en-la-congregacion-de-la-mision\/","title":{"rendered":"La \u00abapostolica vivendi forma\u00bb en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<h2><strong>1.- La primitiva iglesia y la historia<\/strong><\/h2>\n<p>No nos propondremos aqu\u00ed orientar el estudio hacia el establecimiento de la actividad apost\u00f3lica o hacia el fin perseguido por el ministerio en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Nuestra orientaci\u00f3n es muy otra as\u00ed para la investigaci\u00f3n misma como para las conclusiones, hoy firmemente asentadas, tocantes ambas a la vida apost\u00f3lica. \u00abVita apostolica\u00bb y \u00abapost\u00f3lica vivendi forma\u00bb son expresiones alusivas al modelo de la primitiva Iglesia, cuyos trazos esenciales subsisten en los sumarios de los Hechos de los Ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>Dejando a un lado las sutilezas exeg\u00e9ticas, se da por sentado que la comunidad de Jerusal\u00e9n tiene menos importancia en s\u00ed misma que en cuento modelo de\u00a0 las iniciativas comunitarias. Durante los tres primeros siglos, la <em>koinon\u00eda <\/em>no era concebible m\u00e1s que continua a la <strong><em>fuga mundi <\/em><\/strong>al mundo ponla una cerca hostil a la comunidad, pero fomentaba as\u00ed dentro de ella la uni\u00f3n \u00edntima y una\u00adnimidad cordial por cuyos instrumentos eran<strong><em>: <\/em><\/strong>la mutua participaci\u00f3n de bienes, las celebraciones sinodales, las cartas de comuni\u00f3n<strong><em>, <\/em><\/strong>la disciplina de la excomuni\u00f3n y la relaci\u00f3n particular con la Iglesia de Roma.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s que se logr\u00f3 la avenencia con el imperio, los mas fervientes no vie\u00adron que en la nueva situaci\u00f3n aumentaran la <em>concordia <\/em>y la <em>paz: <\/em>el imperio se hac\u00eda cristiano, pero el cristianismo corr\u00eda el riesgo de hacerse <em>imperial. <\/em>Y fue\u00adron los monjes, no los cl\u00e9rigos con cura de almas, quienes mantuvieron encen\u00addido el ideal de la vida apost\u00f3lica s. Pues el monacato naci\u00f3 como interpelaci\u00f3n a aquella situaci\u00f3n de triunfo. La llamada de San Antonio (m. 356) estuvo ya de\u00adterminada por un ansia de <em>hacer lo que hab\u00edan hecho los Ap\u00f3stoles, <\/em>consistente en la renuncia y el seguimiento. He aqu\u00ed c\u00f3mo lo refiere Atanasio en la <em>Vita <\/em><em>Antonii: <\/em>\u00abIba \u00e9l un d\u00eda meditando sobre lo que hab\u00eda movido a los ap\u00f3stoles a dejarlo todo para seguir la llamada de Jes\u00fas y lo que induc\u00eda a los primeros cristianos a venderlo todo y poner el precio a los pies de los ap\u00f3stoles para que lo distribuyesen a los pobres, fascinado por la grandiosa perspectiva que la es\u00adperanza abr\u00eda en el cielo, cuando entr\u00f3 en una iglesia en saz\u00f3n que se cantaba el evangelio all\u00ed donde relata la vocaci\u00f3n del joven: <em>Si quieres ser perfecto, ve, ven\u00adde todo lo que tienes y dalo a los pobres; luego, ven y s\u00edgueme: tendr\u00e1s un tesoro en el cielo. <\/em>O\u00eddo lo cual fue, se desprendi\u00f3 de sus bienes y parti\u00f3 camino del desierto\u00bb <sup>6<\/sup>.<\/p>\n<p>El <em>desierto <\/em>fue as\u00ed el primer emplazamiento para la realizaci\u00f3n de la vida apost\u00f3lica. Cierto, falt\u00f3 al yermo el elemento de la vida com\u00fan, mas sustitu\u00edalo otro elemento: la lucha contra el demonio. La existencia se desplegaba en el tri\u00e1ngulo <em>Dios-hombre-demonio. <\/em>Imitaba a los ap\u00f3stoles m\u00e1s que la del simple cristiano, porque segu\u00eda a Cristo con mayor fidelidad, reproduciendo sus d\u00edas de oraci\u00f3n, de ayuno, de lucha, lejos de todo y a solas con Dios. La vida del er\u00admita\u00f1o era comparable a la del m\u00e1rtir, y a\u00fan se atribu\u00eda a aqu\u00e9lla un valor m\u00e1s alto, pues el martirio era un gesto fugaz, mientras que el monacato se dilataba \u2014\u00bbmartirio verde\u00bb\u2014. Extra\u00f1amente, por una de las frecuentes paradojas en la historia de la Iglesia, el monje difund\u00eda una intensa irradiaci\u00f3n sobre la comunidad cristiana: enjambres de peregrinos, curiosos, gentes ansiosas de consejo y hasta seguidores, aflu\u00edan a la gruta del anacoreta<em>.<\/em><\/p>\n<p>Con Pacomio (m. 346) nace la vida com\u00fan. La comunidad cenob\u00edtica se mode\u00adla asimismo seg\u00fan los sumarios de los <em>Hechos de los Ap\u00f3stoles. <\/em>Los monjes cons\u00adtituyen la \u00abcollecta sanctorum\u00bb, el \u00abconventus fratrum\u00bb. Para poderse agregar al n\u00famero de los hermanos era preciso renunciar al mundo. Seg\u00fan una vida trans\u00admitida en copto, San Pacomio ten\u00eda la clara intenci\u00f3n de fundar una comunidad perfecta \u00abconforme a lo escrito en los <em>Hechos de los Ap\u00f3stoles <\/em>sobre los primeros fieles\u00bb. El mismo Antonio, al decir de Teodoro Tabenesiota (m. 368), habr\u00eda reconocido la superioridad de la vida comunitaria, que plasmaba mejor la <em>vida <\/em><em>de los ap\u00f3stoles, <\/em>y aun hubiera emprendido su ejercicio de no ser \u00e9l ya bastante anciano. En conclusi\u00f3n, \u00abla santa <em>koinon\u00eda <\/em>se manifiesta como un favor de Dios&#8230; Por ella da El a conocer la vida apost\u00f3lica a quienes desean conformarse a los ap\u00f3stoles ante aquel que es Se\u00f1or de todos. Pues los ap\u00f3stoles lo dejaron todo y, con amor sin l\u00edmites, siguieron a Cristo&#8230;, por lo cual merecieron sentarse en doce tronos de gloria y juzgar a las doce tribus de Israel\u00bb<em>.<\/em><\/p>\n<p>Las afirmaciones de Teodoro ganan en significaci\u00f3n si se las refiere a lo que asegura Eusebio de Ces\u00e1rea (m. 339\/40) en su <em>Historia eclesi\u00e1stica, <\/em>a saber, que todas las comunidades primitivas, ya en Palestina ya en Egipto, se aten\u00edan al modelo apost\u00f3lico de vida. Es una tesis sin pruebas, pero que atestigua la fuerte atracci\u00f3n ideal que segu\u00edan ejerciendo los sumarios del libro de los <em>Hechos. <\/em>El monacato posterior apel\u00f3 siempre a la vida apost\u00f3lica como ideal de vida comunitaria centrada en la caridad la oraci\u00f3n com\u00fan, la comunicaci\u00f3n de bienes, el trabajo manual, con disponibilidad plena para la evangelizaci\u00f3n.<sub>.<\/sub><\/p>\n<p>El ideal de la vida com\u00fan reverdeci\u00f3 en el clero con la reforma gregoriana y la reacci\u00f3n contra la incontinencia y la simon\u00eda. El modelo canonical lleg\u00f3 a juz\u00adgarse emanaci\u00f3n directa de la iglesia apost\u00f3lica. Urbano II, que escribe a una comunidad capitular, expres\u00e1base en estos t\u00e9rminos: \u00abDamos gracias a Dios por\u00adque hab\u00e9is concebido el prop\u00f3sito de renovar entre vosotros una forma de vida digna de la m\u00e1s alta aprobaci\u00f3n aun entre los padres de la santa Iglesia. Esta instituy\u00f3 ya al comienzo dos formas de vida para sus hijos. Una compadece la fragilidad de los d\u00e9biles. La otra lleva a la vida dichosa de los fuertes. Una se detiene en la peque\u00f1a Segor. La otra escala la cumbre del monte. Una redime todos los d\u00edas sus culpas con l\u00e1grimas, arrepentimiento y limosnas. La otra ob\u00adtiene eternos m\u00e9ritos con sus oraciones ardientes y generosas. Los que eligen la primera, la inferior, conservan los bienes de la tierra. Los que siguen la segunda, la superior, desprecian los bienes terrestres y los abandonan. Pero aun aque\u00adlla que con predilecci\u00f3n divina se desprende de las realidades de la tierra, llega a una bifurcaci\u00f3n: los can\u00f3nigos siguen un camino, los monjes otro. Este otro camino se ha extendido mucho, por la misericordia de Dios, y cunde por el mun\u00addo entero. Aquel primero, en cambio, por una indiferencia muy difundida entre los fieles, ha sido abandonado. Representa, sin embargo, el g\u00e9nero mismo de vida que instituy\u00f3 Urbano [I] el m\u00e1rtir, que fue codificado en la regla de San Agus\u00adt\u00edn y es descrito en las cartas de San Jer\u00f3nimo; el que Gregorio [Magno] quiso implantase entre los sajones Agust\u00edn, prelado de \u00e9stos. Juzgamos que no es pe\u00adque\u00f1o m\u00e9rito recomenzar esta vida primitiva de la Iglesia bajo la inspiraci\u00f3n y los constantes impulsos del Esp\u00edritu Santo y llevarla al m\u00e1ximo esplendor con la perseverancia en el mismo esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p>Con San Pedro Dami\u00e1n, el tema de la vida apost\u00f3lica adquiere un nuevo valor: la apertura al ministerio. La <em>koinon\u00eda <\/em>es una realizaci\u00f3n de la vida apost\u00f3lica: \u00fanicamente esa primera puede difundir esta segunda. Mas para que lo haga au\u00adt\u00e9nticamente, tiene que presentarse con el debido atuendo, el de una iglesia po\u00adbre: \u00abSi los <em>Hechos, <\/em>tras describir la vida desinteresada y fraternal de la primi\u00adtiva comunidad de Jerusal\u00e9n, recuerdan <em>que los ap\u00f3stoles daban testimonio de <\/em><em>la resurrecci\u00f3n de Jesucristo con gran \u00e9xito, y que la gracia flu\u00eda abundante so\u00adbre todos, <\/em>\u00bfno es quiz\u00e1 para demostrar que verdaderamente id\u00f3neos en relaci\u00f3n al sacerdocio son s\u00f3lo aquellos que ninguna riqueza poseen en la tierra, que todo lo tienen en com\u00fan, porque nada tienen propio?\u00bb.<\/p>\n<p>Era natural que estallase una viva pol\u00e9mica entre can\u00f3nigos y monjes, pues ambos ramos de la vida religiosa quer\u00edan se les considerase herederos de la \u00abvita apostolorum\u00bb. El argumento que mejor sosten\u00eda a los can\u00f3nigos era, en su propio sentir, la cura de almas. No bastaba con la sola comunicaci\u00f3n de bienes, cual la ten\u00edan los monjes, si luego no se hac\u00eda \u00abresonar la voz\u00bb. Por eso afirma\u00adba el libro de usanzas de San Rufo: \u00abLa sentencia irrebatible de los padres de la Iglesia establece solemnemente que el orden de los can\u00f3nigos debe estar por justo derecho sobre todos los dem\u00e1s. No hay por qu\u00e9 asombrarse, pues sucede a Cristo y a los ap\u00f3stoles en la predicaci\u00f3n, administraci\u00f3n del bautismo y de\u00adm\u00e1s sacramentos de la Iglesia.\u00bb<\/p>\n<p>Lejos de nosotros el intento de resolver cuestiones de precedencia. La sobria aducci\u00f3n de textos y pol\u00e9micas demuestra el poder que ejerc\u00eda la llamada a la <em>apostolica vivendi forma. <\/em>Los sumarios de Hechos eran sustancia de vida y sus\u00adcitaban imitadores. Es siempre significativo que t\u00e9rminos como \u00abapost\u00f3lico\u00bb, \u00abvida apost\u00f3lica\u00bb, \u00abregla apost\u00f3lica\u00bb eran sin\u00f3nimos de lo que hoy denominamos \u00abcomunidad\u00bb, y se refer\u00edan a estados de vida como el mon\u00e1stico y canonical. S\u00f3lo una comunidad religiosa, estructurada a partir de unas reglas y defendida por una valla disciplinar, realiza el ideal de la <em>koinon\u00eda <\/em>apost\u00f3lica.<\/p>\n<p><em>Apost\u00f3lico, <\/em>como en la expresi\u00f3n \u00abvir apostolicus\u00bb, adquiri\u00f3 nuevos significa\u00addos y contenidos entre los siglos XII y XIII. Como todas las palabras que bro\u00adtan de la vida, tambi\u00e9n aquel vocablo hab\u00eda modificado su sentido. El contexto hab\u00eda variado. Triunfaba la civilizaci\u00f3n urbana, y en aquel nuevo mundo hab\u00eda nuevos pobres. Ya no bastaban ni la comunidad fortificada del monasterio, ni la comunidad regulada del cabildo. Era preciso un signo que penetrase hasta el nivel al que viv\u00eda la gente, que provocase la respuesta de la fe al don de la divina <em>koinon\u00eda. <\/em>C\u00e1taros, valdenses, franciscanos, dominicos, todas las nuevas fuerzas del Occidente se abocaban a ese ideal. Es significativa al respecto la olea\u00adda de los \u00abApost\u00f3licos\u00bb, secta fundada por el parmesano Gerardo Segarelli (m. 1300) y Fra Dolcino (m. 1307), que se creer\u00e1n secuaces aut\u00e9nticos de los ap\u00f3stoles e impondr\u00e1n a sus adeptos, al menos verbalmente, un ideal de vida comunitaria.<\/p>\n<p>Lo nuevo ah\u00ed era que el paradigma de la vida apost\u00f3lica dejaba de asumirse con miras a la vida com\u00fan en total pobreza, y aspiraba a la conquista para Cris\u00adto de nuevos espacios entre las almas. Divulg\u00e1base lo ya insinuado por Pedro Dami\u00e1n, y \u00abvida apost\u00f3lica\u00bb significaba: \u00abNo usar de cabalgadura, atravesar pa\u00ed\u00adses para evangelizar y trabajar en la salvaci\u00f3n del pr\u00f3jimo, no llevando consigo oro ni plata y content\u00e1ndose con el sustento recibido\u00bb. Otra fuente dominicana afirma: \u00abLa vida apost\u00f3lica consiste en abandonarlo todo para seguir a Cristo, servirle y predicarle en la pobreza\u00bb.<\/p>\n<p>Este ideal no fue exclusivo de los religiosos ni se redujo a solos ambientes masculinos. Hubo beaterios y \u00f3rdenes militares y hospitalarias que llegaron a in\u00adtegrar a vastos sectores del laicado, pero todos ellos fueron arrollados por la conmoci\u00f3n de los siglos XIV y XV.<\/p>\n<p>Como reacci\u00f3n a esta crisis y como expresi\u00f3n de honda reforma, con el fin de volver al ideal de la primitiva iglesia, naci\u00f3 la experiencia de los cl\u00e9rigos regulares. F. Andreu escribe al respecto: \u00abSu espiritualidad entra en el cauce de aquella corriente m\u00e1s bien asc\u00e9tica que animaba a los mejores esp\u00edritus del si\u00adglo [XVI] y que se caracterizaba por un aut\u00e9ntico retorno a las fuentes vivas del Evangelio y a la vida primitiva de los disc\u00edpulos del Se\u00f1or&#8230; En el plano de la historia de la ascesis no puede hablarse de los cl\u00e9rigos regulares sin tocar los or\u00edgenes del cristianismo: el sacerdocio cat\u00f3lico es tanto m\u00e1s <em>regular <\/em>cuanto m\u00e1s nos adentramos y acercamos a la edad apost\u00f3lica. El esp\u00edritu de esa primitiva comunidad es el que estas \u00f3rdenes restauraron en una coyuntura hist\u00f3rica cuando, como nunca antes, se dejaba sentir la urgencia de la renovaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>A diferencia de los mendicantes, los cl\u00e9rigos regulares formaban comunidades de sacerdotes. Por su origen, los mendicantes eran laicos, aunque no lo eran tanto los dominicos, ya que Santo Domingo hab\u00eda sido can\u00f3nigo. Los mendican\u00adtes, pues, todav\u00eda se rigen por una <em>Regla, <\/em>mientras que las nuevas comunidades s\u00f3lo quieren <em>Constituciones <\/em>dentro de un marco simult\u00e1neamente m\u00e1s centralista y m\u00e1s m\u00f3vil que el de los monjes y can\u00f3nigos regulares; tienen <em>casas, <\/em>no <em>conventos <\/em>o <em>monasterios, <\/em>y en \u00e9stas se celebra la liturgia de las <em>Horas <\/em>en forma <em>no-solemne<\/em>. El seguimiento no recalca la soledad y la contemplaci\u00f3n, como para los monjes; ni siquiera la pobreza, como para los mendicantes, sino la actividad pastoral. Los cl\u00e9rigos regulares no rehuir\u00e1n el mundo, y aunque rechazan las pa\u00adrroquias para no cargar con los beneficios, que encadenaban energ\u00edas preciosas, sin embargo estiman la predicaci\u00f3n \u2014teatinos y jesuitas\u2014, la ense\u00f1anza \u2014jesui\u00adtas, barnabitas, somascos, escolapios\u2014, la asistencia a los enfermos \u2014camilos\u2014.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, la respuesta cat\u00f3lica a la crisis del quinientos y a la exigencia de reforma consisti\u00f3 en proponerse de nuevo el modelo de la <em>apostolica vivendi for\u00ad<\/em><em>ma. <\/em>Eran tiempos de absolutismo, en los que la autoridad ocupaba m\u00e1s y m\u00e1s terreno. Consecuente con su nueva dimensi\u00f3n atl\u00e1ntica, la Iglesia experiment\u00f3 la necesidad de establecer formas m\u00e1s d\u00factiles que las del monacato; a esas for\u00admas confer\u00edales el humanismo un optimismo mayor que el de los mendicantes; finalmente, las nuevas formas acusaban el influjo del mercantilismo, que suge\u00adr\u00eda una mejor organizaci\u00f3n de la actividad y otro modo de practicar la pobreza. La conciencia de vivir la experiencia de la comunidad de Jerusal\u00e9n se acompa\u00f1a de la tendencia a la acci\u00f3n especializada. De aqu\u00ed esa especie de militarismo, tan manifiesto en la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, esa movilidad y la abolici\u00f3n de elementos que constituir\u00edan un estorbo: coro, votos solemnes, un h\u00e1bito distintivo y aun una fuerte cohesi\u00f3n interna.<\/p>\n<h2><strong>2. La reacci\u00f3n del seiscientos franc\u00e9s<\/strong><\/h2>\n<p>Dando por supuesta una evoluci\u00f3n en San Vicente desde que funda la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n hasta el fin de su vida, y admitiendo tambi\u00e9n la huella dejada por la experiencia, queda a\u00fan un interrogante que se abre una y otra vez: La Congregaci\u00f3n hab\u00eda nacido como <em>misi\u00f3n, <\/em>como comunidad secular; pero m\u00e1s tarde, al ir adquiriendo una mentalidad y unas estructuras, en especial bajo el influjo de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, \u00bfno se habr\u00eda transformado paulatinamente en comunidad <em>religiosa?<\/em><\/p>\n<p>No arrojar\u00e1 la respuesta un mero examen de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en sus or\u00edgenes, sino que es preciso ensanchar la perspectiva y abarcar todo el mo\u00advimiento sacerdotal del seiscientos franc\u00e9s, sin aplicar a San Vicente una visi\u00f3n exclusivista o miras derechamente anacr\u00f3nicas; conviene, por el contrario, captar el sentido preciso de una elecci\u00f3n dada, como la de la <em>secularidad, <\/em>o la de los <em>votos privados, <\/em>o bien la de la <em>exenci\u00f3n, <\/em>en medio de un ambiente que segu\u00eda direcciones similares.<\/p>\n<p>La primera mitad del seiscientos franc\u00e9s ostenta una pl\u00e9yade de grandes fun\u00addadores, mas no podemos ahora analizar toda su obra: b\u00e1stenos destacar las l\u00edneas que inspiraron al cardenal B\u00e9rulle, alma de aquel movimiento sacerdotal y secular.<\/p>\n<p>Para explicar la fundaci\u00f3n del Oratorio (1611) es necesaria una observaci\u00f3n. A comienzos de aquel siglo, si alguien recorr\u00eda el camino de la perfecci\u00f3n, forzo\u00adsamente hab\u00eda de ser dentro de una orden religiosa. Ahora bien, San Francisco de Sales, en la <em>Introducci\u00f3n a la vida devota <\/em>(1608), se propon\u00eda demostrar que tambi\u00e9n viviendo en el mundo puede uno aspirar a la santidad. Primero en la pr\u00e1ctica, o sea, con la fundaci\u00f3n del Oratorio, y luego en la teor\u00eda, es decir, a trav\u00e9s de sus escritos, B\u00e9rulle intent\u00f3 explicar a los sacerdotes de su tiempo que la perfecci\u00f3n no consist\u00eda para ellos en pertenecer a un estado superior. A un clero \u00abexpuesto y propenso al lujo, a la ambici\u00f3n y a la inutilidad\u00bb, record\u00e1bale B\u00e9rulle que \u00abel estado sacerdotal es por fundaci\u00f3n sacrosanto en s\u00ed mismo y fuente de toda santidad en la Iglesia\u00bb. El ideal de la primitiva Iglesia era otra vez fermento de renovaci\u00f3n: \u00abEn aquel entonces, la santidad moraba en el clero como en su c\u00faspide, y abat\u00eda los \u00eddolos y la impiedad de la tierra&#8230; No se cu\u00adraba entonces el clero, formado por sacerdotes y obispos, sino de las cosas san\u00adtas, dejando las profanas a los profanos. Ese clero llevaba esculpida en s\u00ed la autoridad de Dios, su santidad, su luz: las tres resplandecientes gemas de la corona sacerdotal, engastadas todas tres en el buen consejo de los a Dios con\u00adsagrados, de los sacerdotes, que eran primitivamente los doctores y santos de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>No era el ministerio lo que caracterizaba al Oratorio: \u00abNo excluimos funci\u00f3n eclesi\u00e1stica alguna, como tampoco nos dedicamos a ninguna en particular, sino que las abrazamos todas como propias y esenciales al sacerdocio. Cada uno apli\u00adcar\u00e1 a ellas el talento que ha recibido de Dios, unos para la ense\u00f1anza de la doctrina en las parroquias y aldeas, otros para los sermones y exhortaciones, otros oyendo confesiones, otros dando misiones al pueblo por las di\u00f3cesis a las que el obispo les llama, permaneciendo dos o tres semanas en cada lugar con el fin de impartir durante ese tiempo la instrucci\u00f3n necesaria a la salvaci\u00f3n y pureza cristianas\u00bb.<\/p>\n<p>El Oratorio quer\u00eda ser una comunidad <em>no-religiosa. <\/em>Valoraba la condici\u00f3n del sacerdote en cuanto estado de perfecci\u00f3n, y aspiraba a establecer, en uni\u00f3n con los obispos y a trav\u00e9s de los sacerdotes, una mediaci\u00f3n jer\u00e1rquica que incorpo\u00adrase los hombres al Verbo Encarnado. Hay varias facetas en este intento de propia definici\u00f3n que merecen destacarse, pues luego nos salen al encuentro en San Vicente.<\/p>\n<p>Se rechaza en primer lugar el estado religioso. Para comprenderlo hay que sumergirse en el seiscientos franc\u00e9s. La pol\u00e9mica contra los regulares era dura y continua, con ra\u00edces que alcanzaban en parte a la mentalidad galicana. Los re\u00adgulares pretend\u00edan derivar de Roma la autoridad para predicar, o\u00edr confesiones, abrir iglesias y disfrutar beneficios, y no reconoc\u00edan ni la autoridad real ni la autoridad episcopal. As\u00ed, en 1631 dos jesuitas ingleses difundieron libelos en los que sosten\u00edan, contra el obispo de Calcedonia, Richard Smith, ser posible una Iglesia cuyos sacerdotes se avocasen directamente a la autoridad del Papa, y a la que ning\u00fan obispo rigiese. Los regulares defend\u00edan l\u00f3gicamente el primado y la infalibilidad pontificios, que la Sorbona en parte rechazaba, dada su larga tradici\u00f3n galicana y conciliarista.<\/p>\n<p>B\u00e9rulle obtuvo la exenci\u00f3n en cuanto a la disciplina interna, pero quiso que el ministerio de los suyos dependiese de los obispos. De ah\u00ed que no sea el tipo de vida lo que distingue a los regulares de los oratorianos. La jornada de \u00e9stos comenzaba a las cuatro: media hora despu\u00e9s ten\u00eda lugar la oraci\u00f3n, que duraba una hora; hab\u00eda luego laudes, examen particular, v\u00edsperas, maitines y completas.<\/p>\n<p>El fundador del Oratorio ten\u00eda previstos los votos: en un principio, el voto de renuncia a beneficios y dignidades, luego el voto de obediencia a los obispos, m\u00e1s tarde los votos simples, y en 1614, el \u00fanico voto de esclavitud. Estos votos deb\u00edan naturalmente permanecer secretos, pero es seguro que B\u00e9rulle los aconsej\u00f3. Muerto \u00e9l, Condren hubo de defenderle contra la acusaci\u00f3n de doblez, pues en p\u00fablico siempre hab\u00eda negado que sus oratorianos hiciesen votos. Con\u00addren afirm\u00f3 que B\u00e9rulle jam\u00e1s hab\u00eda querido votos, pero los acusadores ten\u00edan raz\u00f3n, aun no habiendo llegado nunca a captar el pensamiento de B\u00e9rulle. Seg\u00fan \u00e9stos, lo que distingu\u00eda al estado secular del religioso no eran los votos en s\u00ed, sino los votos de <em>religi\u00f3n. <\/em>Mientras que los religiosos hac\u00edan propio el fin de sus fundadores, los oratorianos, que se consideraban fundados por Jesucristo, s\u00f3lo deb\u00edan asumir la misi\u00f3n de El y, en cuanto sacerdotes, vivir la l\u00f3gica de su En\u00adcarnaci\u00f3n. B\u00e9rulle desech\u00f3 en consecuencia toda idea de unas constituciones y se limit\u00f3 a meros <em>usos <\/em>con el fin de evitar se sospechase siquiera que hab\u00eda fundado una religi\u00f3n.<\/p>\n<p>En la elaboraci\u00f3n de estas l\u00edneas, B\u00e9rulle hab\u00eda seguido el ejemplo de San Felipe Neri (m. 1595). El Oratorio por \u00e9l creado obtuvo la aprobaci\u00f3n en 1575, y no requer\u00eda vinculaci\u00f3n alguna, sino que la caridad constitu\u00eda su \u00fanico lazo de uni\u00f3n: sus miembros deb\u00edan vivir ese ideal como la primitiva Iglesia, sin ne\u00adcesidad de a\u00f1adir aquellas austeridades corporales por las que se se\u00f1alaba la tra\u00addici\u00f3n espiritual de muchas \u00f3rdenes religiosas. El esp\u00edritu de optimismo expe\u00adriment\u00f3 de hecho una efusi\u00f3n parcial con B\u00e9rulle, quien, en la exaltaci\u00f3n del sacerdocio, acentu\u00f3 el momento te\u00f3rico. El Oratorio franc\u00e9s result\u00f3 una comu\u00adnidad sin la suficiente fuerza de cohesi\u00f3n, y de ah\u00ed que pronto estuviese a mer\u00adced de las controversias doctrinales. Las concesiones al jansenismo pusieron al Oratorio en entredicho; como consecuencia, en la historia del seiscientos, en vez de ser d\u00f3cil instrumento en manos de los obispos, como hubiese debido aconte\u00adcer, se expuso a sospechas y acusaciones y se granje\u00f3 la repulsa de los mismos para quienes estaba destinado.<\/p>\n<p>El experimento se revel\u00f3 como esencial en cuanto que deton\u00f3 las fuerzas de la recuperaci\u00f3n cat\u00f3lica e indic\u00f3 las direcciones por las que avanzaron las nue\u00advas comunidades sacerdotales surgidas del originario impulso oratoriano. To\u00addas las comunidades francesas fueron <em>seculares, <\/em>sin votos, vinculadas al obispo. Los sulpicianos, fundados en 1642 por J. J. Olier (m. 1657), formaban un grupo de sacerdotes diocesanos unidos por un contrato <em>t\u00e1cito <\/em>con un fin homog\u00e9neo: la formaci\u00f3n de los sacerdotes, o sea \u00abel servicio del sacerdocio ministerial\u00bb, en expresi\u00f3n de las constituciones de 1969. La Congregaci\u00f3n de Jes\u00fas y Mar\u00eda, o eudistas, fundada por J. Eudes (m. 1680), se compon\u00eda de sacerdotes diocesanos \u2014y siguieron incardinados a sus di\u00f3cesis hasta 1864\u2014; no ten\u00edan votos y se consideraban llamados a promover \u00abla salvaci\u00f3n de las almas mediante los seminarios y las misiones\u00bb.<\/p>\n<p>Dentro de todas estas comunidades, la vida com\u00fan siempre se mantuvo muy firme, y reflejaba el modelo del <em>ideal religioso, <\/em>mientras que, con respecto al mundo circundante, conten\u00eda una novedad integrada por dos factores: el nacio\u00adnalismo y la relaci\u00f3n con los obispos. En cuanto a esta \u00faltima, ya se observ\u00f3 que ata\u00f1\u00eda al \u00e1mbito jurisdiccional del ministerio. Mas en cuanto al nacionalis\u00admo, precisa destacar que proviene del absolutismo. Por causa de \u00e9ste, todas las comunidades francesas, a excepci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, se desarro\u00adllar\u00e1n s\u00f3lo en el interior de Francia. De hecho, los <em>Reyes cristian\u00edsimos <\/em>no admi\u00adtir\u00edan el principio de que los superiores generales residan en Roma. As\u00ed se des\u00adhace el cuadro unitario de las \u00f3rdenes tradicionales, y caen al mismo tiempo los principios de la teolog\u00eda ultramontana.<\/p>\n<p>Se ve pues c\u00f3mo la oposici\u00f3n a los regulares explica estos extremos, sin que la realidad de la vida apost\u00f3lica sufra embate alguno. La Iglesia es el modelo perpetuo, con el sobrea\u00f1adido de ciertas estructuras hist\u00f3ricas; as\u00ed las del mo\u00adnacato, can\u00f3nigos regulares, mendicantes y cl\u00e9rigos regulares, una relaci\u00f3n pri\u00advilegiada con el ap\u00f3stol, o sea el obispo. Pero no incurramos en anacronismo: en la relaci\u00f3n mencionada influye un estilo de presencia episcopal muy diferen\u00adte del que, real o proyectualmente, naci\u00f3 con el Vaticano II.<\/p>\n<h2><strong>3. La \u00abVita apostolica\u00bb en los or\u00edgenes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>Es sabido que la congregaci\u00f3n fundada por San Vicente fue aprobada como <em>misi\u00f3n<\/em>. En el contrato del 17 de abril de 1625, San Vicente recib\u00eda la cantidad de 45.000 libras para que formase un grupo de trabajo misional entregado a dar misiones en el campo. Mas se\u00f1al\u00e1base ya que los asociados \u00abvivir\u00edan en com\u00fan, sujetos por obediencia a dicho Se\u00f1or De Paul, en el modo dicho, y, fallecido \u00e9l, a los superiores que le sucedan, adoptando el nombre de congregaci\u00f3n, cofrad\u00eda o compa\u00f1\u00eda de padres o sacerdotes de la Misi\u00f3n. Quienes de ahora en adelante sean admitidos a dicha obra, estar\u00e1n obligados a tener la intenci\u00f3n de servir en ella a Dios en la forma dicha y de observar el reglamento que convendr\u00e1n en redactar\u00bb.<\/p>\n<p>La comunidad creci\u00f3 poco a poco. Al primer compa\u00f1ero, Antoine Portail (1590\u20111660), muy pronto se sumaron Frangois Du Coudray (1586-1649) y Jean De la Salle (1598-1639). El acta de asociaci\u00f3n de los primeros misioneros (4 de septiem\u00adbre, 1626) contiene dos elementos que se estiman esenciales: 1) El fin: \u00abem\u00adplearse, a modo de misi\u00f3n, en la catequesis, en la predicaci\u00f3n y en la exhortaci\u00f3n a la confesi\u00f3n general del pobre pueblo del campo\u00bb; 2) La vida com\u00fan: los misio\u00adneros eran \u00abelegidos, escogidos, se agregaban y asociaban\u00bb a la Misi\u00f3n \u00abpara vivir juntos a modo de congregaci\u00f3n, compa\u00f1\u00eda o cofrad\u00eda\u00bb, comprometi\u00e9ndose a ob\u00adservar el reglamento y a obedecer a los superiores.<\/p>\n<p><em>Vivir juntos a la manera de una congregaci\u00f3n: <\/em>he ah\u00ed un indicio de que San Vicente ten\u00eda ideas claras en lo concerniente a la vida de comunidad. Sin duda \u00e9sta no era a\u00fan m\u00e1s que un <em>grupo de trabajo, <\/em>pero ya se modelaba seg\u00fan un cuadro de vida comunitaria que parece muy riguroso, como lo demuestra el que por este tiempo el santo renunciara a todos sus bienes en favor de sus parien\u00adtes. Pero hab\u00eda un riesgo: que la Misi\u00f3n fuese aprobada s\u00f3lo para la di\u00f3cesis de Par\u00eds, y que faltase a esa Misi\u00f3n la cohesi\u00f3n \u00edntima.<\/p>\n<p>Aun sin reclamar la categor\u00eda de comunidad religiosa, el santo quer\u00eda de Roma una aprobaci\u00f3n del instituto, la ratificaci\u00f3n del propio nombramiento como Su\u00adperior General y la exenci\u00f3n de los obispos en cuanto a la disciplina interna. La respuesta de Propaganda Fide, a la que San Vicente hab\u00eda acudido, fue negativa. Mientras que no hab\u00eda mostrado dificultad en la aprobaci\u00f3n de este grupo de trabajo para la Iglesia universal, opuso un neto rechazo sobre todo a la demanda de exenci\u00f3n, que parec\u00eda rebasar la naturaleza transitoria de una simple <em>Misi\u00f3n. <\/em>Propaganda Fide, aparte de no tener autoridad, carec\u00eda de inter\u00e9s por la ejecuci\u00f3n de un gesto que pod\u00eda alienarle la colaboraci\u00f3n de las \u00f3rdenes tra\u00addicionales. Tan evidente era que el n\u00facleo de esta Misi\u00f3n se estructuraba en co\u00admunidad religiosa, que San Vicente volvi\u00f3 poco despu\u00e9s a la carga. Junto con ocho compa\u00f1eros, pidi\u00f3 al Papa Urbano VIII que \u00abaprobase y confirmase dicha congregaci\u00f3n&#8230; y nombrase a dicho Vicente institutor y superior general de di\u00adchos sacerdotes, de quienes a ellos deseen unirse y de las personas necesarias al funcionamiento de las casas de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, a la que se ad\u00adhieren para llevar juntos vida com\u00fan y, a imitaci\u00f3n de los religiosos, ponerse humilde y plenamente al servicio del Alt\u00edsimo para, ante todo, tender con todas las fuerzas a la propia perfecci\u00f3n y promover la salvaci\u00f3n de los pobres del campo\u00bb.<\/p>\n<p>El designio de San Vicente es, pues, muy expl\u00edcito. Dese\u00f3 que se reconociese a su comunidad como <em>apost\u00f3lica <\/em>en cuanto que persegu\u00eda un fin de esa especie y pose\u00eda una estructura apta para permitir a sus miembros la consecuci\u00f3n de la perfecci\u00f3n. San Vicente estaba persuadido de que pedir una comunidad de este estilo no conllevaba el que se la reconociese como religiosa. Cierto; la dife\u00adrencia no se encontraba al nivel de la vida com\u00fan. Para el santo, como para B\u00e9rulle y Olier, el sacerdocio era fuente de propia santificaci\u00f3n. En esto hac\u00eda eco a la general aversi\u00f3n con que se miraba el <em>estado religioso. <\/em>V\u00e9amoslo.<\/p>\n<p>Pasada la crisis del quinientos, las comunidades hab\u00edan sido las m\u00e1s prestas en recuperarse. Bourdoise escrib\u00eda: \u00ab\u00bfQu\u00e9 hace a un buen capuchino o a un buen jesuita? Un buen noviciado\u00bb. Precisamente las estructuras formativas de las comunidades religiosas ah\u00ed elogiadas hab\u00edan permitido la renovaci\u00f3n de los cua\u00addros religiosos despu\u00e9s de aquella crisis. Apenas hab\u00edan entrado en Francia los capuchinos (1574), cuando suscitaron general admiraci\u00f3n por la austeridad de su estilo de vida, por su misticismo y por el car\u00e1cter de su predicaci\u00f3n. Por su orden hab\u00edanse visto atra\u00eddas personalidades de sonoros apellidos, como Ange de Jo\u00adyeuse, Archnge de Pembroke, Jean Brulart de Sillery, Honor\u00e9 Brochart de Cham\u00adpigny, Ange de Raconis. La importancia que m\u00e1s tarde adquieren Benoi de Con\u00adfeld y Josph Le Clerc de Tremblay \u2014la eminencia gris de Richelieu\u2014 bastan a destacar los vectores de este influjo.<\/p>\n<p>Otra comunidad muy estimada era la de los cartujos. Estos tuvieron en Ri\u00adchard Beaucousin el inspirador de todo el movimiento espiritual del primer seis\u00adcientos.<\/p>\n<p>Los jesuitas, expulsados de algunas regiones de Francia entre 1594 y 1603, iban siempre guiados por la idea de influir en la sociedad desde arriba. De esa suerte, se dejaban sentir en la corte por medio de los confesores, en el mundo de la cultura a trav\u00e9s de los te\u00f3logos y eruditos, en la nobleza y las clases cultas mediante los colegios, y en los altos estratos sociales por los predicadores. En Francia, sin embargo, se mostraron tambi\u00e9n disponibles para la predicaci\u00f3n po\u00adpular, aunque con f\u00f3rmulas de mayor centralismo que en el caso de otras co\u00admunidades religiosas.<\/p>\n<p>A este cuadro debe a\u00f1adirse la floraci\u00f3n prodigiosa de las \u00f3rdenes mon\u00e1sti\u00adcas tradicionales. Recu\u00e9rdense las reformas de los benedictinos de Saint-Vanne y de Saint-Hydulphe con Didier de la Cour (ni. 1623), de Saint-Maur por obra de Laurent Bernard (m. 1620). Importante reforma fue la de los <em>fulienses <\/em>(Feui\u00adllants) gracias a Jean de la Barri\u00e9re, de los can\u00f3nigos regulares de Sainte-Gene\u00advi\u00e9ve por obra del cardenal de La Rochefoucauld (m. 1645) y de Charles Faure (m. 1644), de los can\u00f3nigos del Salvador, merced a San Pedro Faurier (m. 1640), y de los de Chancelade con Alain de Solminihac (m. 1659). Desde un punto de vista num\u00e9rico, los religiosos sumaban m\u00e1s del doble. En 1626 hab\u00eda de hecho en Francia, sobre 115 di\u00f3cesis y 50.000 parroquias, 1.400 abad\u00edas, 13.000 prioratos, 256 encomiendas de la Soberana Orden de Malta, 152.000 capillas o capellan\u00edas y 14.000 conventos.<\/p>\n<p>Pero lo que sorprende es comprobar c\u00f3mo ninguna de estas comunidades, pese al cambio de los condicionamientos ambientales, esparc\u00eda ya la robusta irra\u00addiaci\u00f3n de siglos pasados. Estaban en su mayor\u00eda urbanizadas, pero sin ejercer influjo alguno fuera de los peque\u00f1os grupos que formaban personas de un cierto rango social e intelectual m\u00e1s en contacto con ellas. Favoreci\u00f3 el influjo de los religiosos, sin duda, la crisis del clero diocesano: \u00e9ste comenz\u00f3 a recobrarse s\u00f3lo en el \u00faltimo cuarto de siglo, cuando casi la generalidad de \u00e9l se hab\u00eda formado en seminarios.<\/p>\n<p>San Vicente, atento observador de su tiempo, hab\u00eda concebido una comunidad que con ductilidad respondiese al presente y se modelase seg\u00fan las \u00f3rdenes tra\u00addicionales. Cuando en 1628 inici\u00f3 la actividad de los ordenandos, que una d\u00e9ca\u00adda m\u00e1s tarde desembocar\u00eda en la obra de los seminarios, mantuvo en pie el bi\u00adnomio <em>vida com\u00fan-misi\u00f3n. <\/em>El primitivo seminario vicenciano estuvo siempre uni\u00addo a una misi\u00f3n, la que, a su vez, estaba respaldada por una casa y comunidad observante.<\/p>\n<p>En 1631, el santo hac\u00eda otro intento en Roma con el env\u00edo de Fran\u00e7ois du Coudray. Las instrucciones que a \u00e9ste dio son por dem\u00e1s significativas: \u00abHaced comprender que el pobre pueblo se condena porque ignora lo necesario para la salvaci\u00f3n y a falta de confesi\u00f3n. Que si Su Santidad tuviese noticia de esta ne\u00adcesidad, no tardar\u00eda un instante en hacer todo lo posible y poner orden, pues as\u00ed lo aconseja la experiencia que tenemos, y para remediarla en alguna forma hemos erigido la Compa\u00f1\u00eda. Mas si ha de esperarse alg\u00fan \u00e9xito, es preciso vivir en congregaci\u00f3n y observar cinco cosas fundamentales: 1) Dejar que los obispos manden misioneros a cualquier parte de sus di\u00f3cesis que ellos tengan a bien; 2) Que dichos misioneros se sometan a los p\u00e1rrocos de los lugares donde den la misi\u00f3n; 3) Que nada reciban del pueblo, sino que vivan a sus propias expensas; 4) Que no prediquen, ni catequicen, ni oigan confesiones en las ciudades con sede arzobispal, episcopal o presidial, con la excepci\u00f3n de los ordenandos y ejercitantes de nuestras casas; 5) Que el superior de la Compa\u00f1\u00eda tenga la total direcci\u00f3n de ella, y que estas cinco m\u00e1ximas sean fundamentales para la Congregaci\u00f3n\u00bb 57. Y el santo precisaba a\u00fan en una carta ulterior: \u00abLlevamos en Par\u00eds una vida tan solitaria como la de los cartujos, pues al no predicar, ni dar catequesis, ni o\u00edr confesiones en la ciudad, casi nadie tiene nada que ver con nosotros, y esta soledad nos hace aspirar a la acci\u00f3n en el campo, y esa acci\u00f3n a la soledad\u00bb.<\/p>\n<p>Por este mismo tiempo maduraba el traslado a San L\u00e1zaro. La iniciativa no parti\u00f3 del santo; Adrien Le Bon, prior de los victorinos, por mediaci\u00f3n de Nico\u00adl\u00e1s Lestocq, p\u00e1rroco de San Lorenzo, hab\u00eda hecho la propuesta. Se evidenciaba la configuraci\u00f3n de un designio impl\u00edcito que contemplaba la expansi\u00f3n de la comunidad. San Vicente resisti\u00f3 un a\u00f1o. La cuesti\u00f3n fue sometida al arbitraje de Andr\u00e9 Duval (1594-1638). Este hab\u00eda sido profesor del mismo B\u00e9rulle y formado parte del c\u00edrculo de Madame Acarie, cuya biograf\u00eda hab\u00eda escrito. Con Phi\u00adlippe Gamache (m. 1625) y B\u00e9rulle hab\u00eda sido superior de las carmelitas. En un primer momento hab\u00eda defendido a B\u00e9rulle y al Oratorio contra los ataques de Richer, al que irritaba el ultramontanismo de la nueva comunidad, y que exig\u00eda de los nuevos oratorianos la renuncia a los privilegios correspondientes a los doctores de la Sorbona. Pese a estos precedentes, no circulaba buena sangre entre B\u00e9rulle y Duval. El roce ten\u00eda un motivo en cierto hecho. En 1613, B\u00e9rulle, nom\u00adbrado visitador del Carmelo, hab\u00eda intentado meter el voto de esclavitud entre las carmelitas con la ordenanza de Ch\u00e1lon-sur-Sa\u00f3ne, del a\u00f1o 1615. Duval, con\u00adtrariado ya por el ingreso de Condren en el Oratorio, y no informado previamen\u00adte de la iniciativa, denunci\u00f3 el voto a Roma. Belarmino comparti\u00f3 el principio negativo de Duval. Escribi\u00f3 entonces a las carmelitas que el Papa hab\u00eda conde\u00adnado a B\u00e9rulle. En este trance, B\u00e9rulle acudi\u00f3 a su prima Acarie, que se hab\u00eda hecho carmelita con el nombre de Mar\u00eda de la Encarnaci\u00f3n. El choque fue in\u00adevitable. Poco despu\u00e9s mor\u00eda Acarie sin haber visto de nuevo a su primo.<\/p>\n<p>Entre Duval y B\u00e9rulle se tend\u00eda, pues, un velo de incomprensi\u00f3n, y tambi\u00e9n Vicente de Pa\u00fal se distanci\u00f3 del antiguo maestro. No sabemos si influy\u00f3, y en qu\u00e9 medida, el sufrido abandono de la parroquia de Ch\u00e1tillon. Cierto es, de todas suertes, que desde 1617 el influjo de B\u00e9rulle se hace cada vez menos importante, mientras emerge otro consejero, Jean Duvergier de Hauranne (1581-1643), m\u00e1s co\u00adnocido como el abad de Saint-Cyran. Durante un cierto tiempo, desde 1624, Vi\u00adcente acus\u00f3 el impacto de la cultura excepcional y aliento espiritual alt\u00edsimo <em>de <\/em>este amigo suyo. Sus conversaciones <em>arrobaban, suspend\u00edan <\/em>e <em>inflamaban<\/em>. Y justamente cuando B\u00e9rulle estorbaba en Roma los comienzos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, Saint-Cyran era para Vicente uno de los auxilios m\u00e1s valiosos. En las negociaciones romanas de 1627-28, hab\u00eda escrito a algunos cardenales y aun traducido al lat\u00edn las primitivas reglas de la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, los caminos de ambos comenzaron a separarse. Uno de los motivos era la diferente concepci\u00f3n del sacerdocio. Saint-Cyran quer\u00eda un sacer\u00addote contemplador de las verdades eternas, de alt\u00edsima formaci\u00f3n teol\u00f3gica y espiritual. San Vicente, que desconfiaba de los doctores de la Sorbona, as\u00ed como de los espiritualistas demasiado abstractos y refinados, estaba por una realiza\u00adci\u00f3n m\u00e1s accesible. Para \u00e9l s\u00f3lo una formaci\u00f3n asc\u00e9tico-pastoral pod\u00eda resolver la suerte de la iglesia de Francia. Por eso hab\u00eda comenzado en 1628 los retiros de los ordenandos. Disent\u00edan asimismo en cuanto al estilo de la pastoral peni\u00adtencial: para Saint-Cyran, los misioneros del Se\u00f1or Vicente se iniciaban dema\u00adsiado pronto en este ministerio y no eran lo bastante severos en el confesonario.<\/p>\n<p>Puede decirse, para concluir, que para 1633 el rostro de la Congregaci\u00f3n estaba bien caracterizado. En la bula <em>Salvatoris nostri <\/em>(12 de enero, 1633) se daban como objetivos de la nueva comunidad las misiones en las m\u00e1s humildes aldeas, los ejercicios a los ordenandos, los retiros espirituales y conferencias al clero. La estructura de la Congregaci\u00f3n era ya definitiva, as\u00ed como el proyecto de vida comunitaria, aun cuando en lo sucesivo hubieran de precisarse algunos puntos de \u00e9l. La semilla del noviciado estaba contenida en el a\u00f1o de prueba, mientras que en el compromiso para toda la vida pod\u00eda advertirse el designio de introdu\u00adcir los votos.<\/p>\n<h2><strong>4. Los votos (1633-1655)<\/strong><\/h2>\n<p>Quien supone que San Vicente se repleg\u00f3 al estado religioso, suele aducir como prueba la introducci\u00f3n de los votos en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Seg\u00fan se dijo ya en relaci\u00f3n con B\u00e9rulle, semejante evaluaci\u00f3n proviene de que actual\u00admente el distintivo entre religiosos y clero secular est\u00e1 constituido por los votos.<\/p>\n<p>San Vicente ten\u00eda una concepci\u00f3n de los votos distinta de la nuestra. Los votos comprend\u00edan para \u00e9l dos aspectos: por un lado establec\u00edan una relaci\u00f3n con Dios, por otro fundamentaban la relaci\u00f3n a un estado de vida. El santo de\u00adseaba plenamente los votos en cuanto que liberaban las fuerzas del individuo y de la comunidad para una m\u00e1s fervorosa b\u00fasqueda de Dios y de las almas. Bajo este punto de vista, la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n no era menos <em>religiosa <\/em>que las \u00f3rdenes tradicionales, y su fundador comenz\u00f3 muy pronto a pensar en los votos; es m\u00e1s, \u00e9stos comenzaron a emitirse ya en 1629. Entre 1635 y 1640 hubo m\u00fal\u00adtiples proyectos para poner a punto su encuadramiento preciso. En 1637 Vicente pensaba en un solo voto privado reservado; dos a\u00f1os despu\u00e9s, en votos solemnes; pocos meses m\u00e1s tarde, proyecta cuatro votos simples, seguidos de votos solem\u00adne; en noviembre de 1639 renuncia a los votos solemnes y se repliega a los cuatro votos simples reservados; en febrero de 1640, el santo siente atracci\u00f3n por un \u00fanico voto, el de estabilidad, acompa\u00f1ado de un juramento de pobreza, castidad y obediencia, o bien la sola excomuni\u00f3n para los contraventores de estas virtu\u00addes; y de nuevo, en agosto de ese mismo a\u00f1o, se inclina por los votos simples, a los que suceder\u00eda a\u00f1os despu\u00e9s el voto solemne de estabilidad.<\/p>\n<p>Preocupaba a San Vicente la estabilidad en la Misi\u00f3n. La comunidad era muy exigente. La plena disponibilidad requer\u00eda prontitud y abnegaci\u00f3n. \u00ab&#8230; Nuestra vida es seg\u00fan el esp\u00edritu de los siervos del Evangelio para con nuestros se\u00f1ores los obispos, quienes nos dicen: Id all\u00e1, y vamos; venid ac\u00e1, y venimos; haced esto, y lo hacemos. Se entiende que en cuanto a las funciones antes dichas, pues en lo concerniente a la disciplina dom\u00e9stica de la Congregaci\u00f3n, \u00e9sta depende de un Superior General\u00bb.<\/p>\n<p>Hab\u00eda numerosas defecciones. Al cabo de cierto tiempo, por causa de proble\u00admas personales o familiares, un misionero pod\u00eda sentirse tentado a pedir un be\u00adneficio e instalarse en \u00e9l. En 1639 escrib\u00eda Vicente a Le Breton, por entonces en Roma: \u00abPienso haya que tender a la reafirmaci\u00f3n absoluta por las razones que voy a deciros, una de ellas grave: Acabo de ver a uno de la Compa\u00f1\u00eda, entre los mejores, infatigable, esp\u00edritu repleto de mansedumbre, quien as\u00ed y todo hace ocho d\u00edas que desea a toda costa retirarse, sin darme ninguna raz\u00f3n particular, por m\u00e1s que me he ingeniado, implorado y humill\u00e1ndome para con \u00e9l. Y lo m\u00e1s extra\u00f1o es que su vocaci\u00f3n parece toda de Dios, es muy ejemplar en la Compa\u00f1\u00eda y est\u00e1 unido a ella en la forma que muchos particulares lo han hecho y vos sab\u00e9is, es decir, con voto. Ante un caso como \u00e9ste yo ya no s\u00e9 de qui\u00e9n podemos estar seguros\u00bb.<\/p>\n<p>Los votos, se ve, no eran una l\u00ednea de demarcaci\u00f3n frente al clero diocesano; por el contrario, hac\u00edan de la Congregaci\u00f3n un instrumento adaptado a la cola\u00adboraci\u00f3n con ese clero en cuanto que la propia Congregaci\u00f3n sal\u00eda robustecida. El reclutamiento no era problema para los obispos, y \u00e9stos no ten\u00edan dificultad en que un sacerdote de su di\u00f3cesis entrase en la Misi\u00f3n. Tampoco sol\u00edan poner obst\u00e1culos en lo tocante al estilo y fines de la pastoral. En el seiscientos, los obispos ten\u00edan a\u00fan una funci\u00f3n tutelar, de control jur\u00eddico, m\u00e1s que de proyec\u00adtistas y gu\u00edas pastorales. Eran, en cambio, muy susceptibles en todo el \u00e1m\u00adbito de la jurisdicci\u00f3n, en el que colisionaban inevitablemente con los privilegios de los regulares. De ah\u00ed que San Vicente quisiera un documento pontificio defi\u00adnitorio de que la Comunidad pertenec\u00eda al clero diocesano aun haciendo votos. Hasta lleg\u00f3 a pensar en un quinto voto, el de obediencia a los ordinarios de lugar, para los misioneros que trabajasen en el territorio de \u00e9stos, con el fin de evitar cuestionamientos romanos de su proyecto.<\/p>\n<p>Los votos de los misioneros reciben la aprobaci\u00f3n del arzobispo de Par\u00eds en 1641: \u00abJuzg\u00e1steis conveniente y dispusisteis que quien en adelante entre en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n pase por dos a\u00f1os de prueba en el seminario; con\u00adcluido el primero, haga, en presencia del superior, el prop\u00f3sito de observar de por vida en dicha Congregaci\u00f3n pobreza, castidad y obediencia; y concluido el segundo, pronuncie durante la misa que celebrar\u00e1 el superior, quien los oir\u00e1 mas no los recibir\u00e1, los votos de pobreza, castidad, obediencia y estabilidad, com\u00adprometi\u00e9ndose por esta \u00faltima a trabajar en la salvaci\u00f3n de la pobre gente del campo durante toda su vida en dicha Congregaci\u00f3n sujeto a sus reglas y cons\u00adtituciones; votos simples, de los que s\u00f3lo el Sumo Pont\u00edfice, vos o quien a la saz\u00f3n sea Superior General, podr\u00e1 dispensar. Dispusisteis asimismo que quienes ya son miembros de dicha Congregaci\u00f3n accedan a esos mismos votos, si lo de- sean&#8230;, y, sin que dichos votos obsten, dicha Congregaci\u00f3n quede en el clero secular y no se cuente entre los religiosos\u00bb.<\/p>\n<p>Dentro de la Congregaci\u00f3n misma se form\u00f3 una fuerte oposici\u00f3n. Muchos no estaban de acuerdo. San Vicente recurri\u00f3 al parecer de los te\u00f3logos. Adem\u00e1s de Duval, acudi\u00f3 a Jacques P\u00e9reyret (m. 1658), Jean Coqueret (m. 1665), Jacques Charton y Nicolas Cornet (m. 1663). Todos estos doctores eran adversarios de Saint-Cyran, y todos coincidieron en la aprobaci\u00f3n del dise\u00f1o vicenciano. Mas dentro de la Congregaci\u00f3n la oposici\u00f3n no remit\u00eda, y en 1647 el santo rog\u00f3 a quienes no favorec\u00edan los votos que se retirasen.<\/p>\n<p>Mientras tanto dilat\u00e1banse las negociaciones en Roma. San Vicente escrib\u00eda: \u00abEl Papa \u2014o sea, Inocencio X\u2014 d\u00edcese poco amigo del estado religioso. En hora buena. Mas si considera que los votos no nos hacen religiosos, puede que los apruebe&#8230; Bien estar\u00e1 se le haga comprender lo dif\u00edcil que va a resultar para la Congregaci\u00f3n una subsistencia segura en una actividad tan comprometida. Y si Su Santidad no aprueba estos votos simples&#8230;, que el Papa arbitre otro modo de conferirle subsistencia\u00bb.<\/p>\n<p>Era conocida la posici\u00f3n del Papa, quien se aprestaba a suprimir un elevado n\u00famero de conventos menores, los cuales, seg\u00fan criterio de su formalismo jur\u00eddico, no garantizaban el respeto a las reglas. El santo quer\u00eda una vez m\u00e1s se comprendiese en Roma el prop\u00f3sito de los votos, que no era otro sino el de conservar para el ministerio unas fuerzas en peligro de ser inmoladas a la letra de la ley. Hemos ya destacado que, en su sentir, los votos constitu\u00edan s\u00f3lo una liberaci\u00f3n de las mejores fuerzas y un medio de que los misioneros se derro\u00adchasen en los pobres. Los votos, pues, significaban disponibilidad para el ser\u00advicio, eran un contrato de trabajo que obligaba ante Dios y hac\u00eda compartir su acci\u00f3n por el mundo.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n volvi\u00f3 al tapete en la asamblea de 1651. All\u00ed expuso el santo las diversas facetas del problema: \u00abParece que s\u00ed, pues Nuestro Se\u00f1or los hizo, seg\u00fan el P. Condren, General del Oratorio, aunque Santo Tom\u00e1s sea de parecer contrario.\u00bb Otras pruebas que aduc\u00eda eran: que los votos son una acci\u00f3n santa, agradable a Dios, recomendada por la Escritura y capaz de hacer m\u00e1s meritorias las acciones. Pero razones muy serias dejaban sentir su peso negativo: \u00abBastan\u00adtes compa\u00f1\u00edas florecen y van bien sin votos; as\u00ed el Oratorio de Roma, el de Fran\u00adcia, San Nicol\u00e1s, San Sulpicio&#8230; Parece se vivir\u00eda con mayor libertad y, por con\u00adsiguiente, con m\u00e1s m\u00e9rito&#8230; Los buenos no ser\u00e1n menos decididos; seremos m\u00e1s semejantes al clero, de cuyo cuerpo formaremos parte; los obispos no sentir\u00e1n recelo y cesar\u00e1n todas las dificultades\u00bb. El acto no fue una reuni\u00f3n ramplona y sin personalidad. Los principales nudos eran: la oposici\u00f3n de Roma, la aversi\u00f3n de los italianos, el riesgo de hacerse religiosos y la reserva al Papa y al Superior General. En las votaciones, cuatro cohermanos (el 25 por 100) se pronunciaron en contra: Becu, Blatiron, Cuissot, Thibault; tres se declararon favorables: Gines, Le Gros y Grimal (el 18,75 por 100); otros cinco deseaban preguntar a Roma: Alm\u00e9ras, Dehorgny, Lambert aux Couteaux, Lucas y Portail (el 31,25 por 100). Los dem\u00e1s no manifestaron parecer alguno.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, la cuesti\u00f3n fue devuelta a Roma. Thomas Berthe recibi\u00f3 el man\u00addato de conducir las gestiones. El incidente del cardenal de Retz, sin embargo, dio lugar a que le sustituyera Blatiron. Las dificultades quedaron allanadas con la muerte de Inocencio X, y se consigui\u00f3 que Alejandro <strong>VII <\/strong>aprobase los votos por el Breve <em>Ex commissa nobis, <\/em>del 22 de septiembre de 1655.<\/p>\n<h2><strong>5. La Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, comunidad de vida apost\u00f3lica<\/strong><\/h2>\n<p>La evoluci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n se hab\u00eda completado pr\u00e1cticamente para 1655. Seguir\u00e1n algunas intervenciones que no cambiar\u00e1n la estructura esencial de la comunidad. En treinta a\u00f1os, la fundaci\u00f3n de los Gondi se hab\u00eda ido desarrollando y robusteciendo, mas sin traici\u00f3n a las l\u00edneas fundamentales de la inspiraci\u00f3n vicenciana. La imagen que transpira de las reglas es consecuente con la de los primeros a\u00f1os, cuando la situaci\u00f3n era a\u00fan precaria y los misioneros dejaban la llave a los vecinos al ausentarse de casa. Cierto, a lo largo de todo este ca\u00admino el fundador hubo de mirar en derredor de s\u00ed y medirse con otras comuni\u00addades. Tuvo adem\u00e1s que absorber los influjos culturales del tiempo, por lo que en lugar de modelar su instituto seg\u00fan los mendicantes, que practicaban algunas formas de participaci\u00f3n, opt\u00f3 por una estructura marcadamente centralizada.<\/p>\n<p>El papel del superior en la Congregaci\u00f3n es fundamental. Se ha calculado que hasta 63 art\u00edculos de las reglas (el 44 por 100) hablan del superior en cuanto \u00f3rgano de control. Es un estilo de vida apost\u00f3lica en el que m\u00e1s que la participaci\u00f3n importa la obediencia. La participaci\u00f3n se admite siempre que se restrinja a sugerir, pero de suerte que no se ingiera. El eje de las actividades pasa de lleno por el superior, al que se atribuyen poderes ampl\u00edsimos.<\/p>\n<p>Caracteriza pues a la comunidad una concepci\u00f3n monol\u00edtica, con un control central muy fuerte y un poder muy vasto en sus v\u00e9rtices, que nada acota m\u00e1s que lo que constituye pecado. Si hay que buscar en la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas la inspiraci\u00f3n bajo la que fueron redactadas nuestras reglas, no desestimemos la influencia del absolutismo vigente, parcial para con las estructuras autoritarias.<\/p>\n<p>Con estas consideraciones queda el terreno despejado de rutinas y anacronismos. Reconoc\u00edase al soberano una autoridad tan vasta porque esa autoridad aparec\u00eda revestida de car\u00e1cter sacral. Tambi\u00e9n a los superiores se les reconoc\u00eda una autoridad divina, y de ah\u00ed la amplitud enorme de sus poderes.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s estaba a\u00fan lejos de haberse producido la separaci\u00f3n entre superior disciplinar y maestro espiritual; por ello reun\u00eda en su persona el superior ambos aspectos, carism\u00e1tico y jurisdiccional, en una aleaci\u00f3n indistinta, acumulando competencias sobre esa persona.<\/p>\n<p>Otro elemento de cohesi\u00f3n, apto para asegurar la <em>concordia <\/em>en el interior de la comunidad, era la uniformidad. Aunque la tradici\u00f3n petrificara luego este carisma, segu\u00eda siendo verdad que en la intenci\u00f3n del santo constitu\u00eda un elemento importante, dotado de una indudable carga apost\u00f3lica. He aqu\u00ed c\u00f3mo se expresa en la explicaci\u00f3n de las reglas: \u00abCierto es que, en punto a ciencia, apenas podr\u00e1n equipararse todos; mas en lo que ata\u00f1e al fin de nuestra vocaci\u00f3n, que es tender a nuestra perfecci\u00f3n y trabajar en la instrucci\u00f3n del pueblo y en la formaci\u00f3n de los eclesi\u00e1sticos, todos debemos tener un mismo modo de pensar; de igual modo debemos procurar asemejamos en la pr\u00e1ctica y, seg\u00fan lo que la regla dice, ser todos de un mismo parecer en la estima de nuestros ministerios y, en lo posible, de un mismo sentir en el amor a ellos: conformar, pues, a las reglas nuestro juicio y nuestra voluntad, y adoptar los medios que nos permitan conseguir ese intento&#8230; Eso hace que tengamos un mismo querer y no querer y una santa condescendencia para con las opiniones de todos, siempre que no sean contrarias a la virtud; hace, en fin, que no haya contiendas ni litigios, sino que nos adhiramos al esp\u00edritu de las reglas, el cual nos inculca la uni\u00f3n con Dios y de unos con otros, y nos mueve a unirnos al pueblo para llevarlo a Dios.<\/p>\n<p>La uniformidad, pues, es unidad para la <em>misi\u00f3n. <\/em>Todo lo que no concierne a la <em>misi\u00f3n <\/em>queda excluido, como las discusiones de tema pol\u00edtico. De modo particular insiste el santo en la exclusi\u00f3n de posturas demasiado originales ya en la persona misma, ya en el estilo pastoral: \u00abTodos&#8230; observar\u00e1n la uniformidad en todo, consider\u00e1ndola como guardiana del buen orden y de la santa uni\u00f3n; rehuir\u00e1n la singularidad como ra\u00edz de envidia y discordia, y ello no s\u00f3lo en la comida, vestido, lecho y cosas semejantes, sino aun en el modo de dirigir, ense\u00f1ar, predicar, gobernar y aun en las pr\u00e1cticas espirituales\u00bb. No son recomendaciones ociosas, normas dictadas por un esp\u00edritu mezquino. Baste pensar en lo que hubiera significado la presencia en una misi\u00f3n de dos misioneros, probabilista el uno y <em>probabiliorista <\/em>el otro: entre los dos hubiesen comprometido irreparablemente un anuncio que, justo por estar destinado a los pobres y a la gente sin cultura, ten\u00eda que ser f\u00e1cil, claro, accesible y uniforme. El pobre no es problem\u00e1tico. M\u00e1s a\u00fan, el propio talante rural rechaza esos ejercicios mentales.<\/p>\n<p>Dos niveles hay que distinguir en San Vicente si se le quiere captar \u00edntegro tanto para lo que dice expl\u00edcitamente como para lo que va impl\u00edcito en los re\u00adpliegues de sus escritos y en la filigrana de las Reglas. Por un lado est\u00e1 la pre\u00adocupaci\u00f3n organizadora, la necesidad de eficacia y la cohesi\u00f3n; mas por el otro est\u00e1 el m\u00edstico y el espiritual, el hombre que se siente guiado por el Esp\u00edritu y que se atreve a m\u00e1s de lo imaginable. La comunidad por \u00e9l querida es una s\u00edn\u00adtesis de estos dos elementos: al decaer el segundo, declin\u00f3 tambi\u00e9n el primero, y de ese modo lleg\u00f3 a petrificarse el ideal vicenciano. Incumbi\u00f3 a la reforma <em>Etienne, <\/em>pese a los defectos que afean a su promotor, asegurar a la comunidad la presencia del primer elemento y fomentar la reanimaci\u00f3n del segundo. As\u00ed pues, la aserci\u00f3n de que la comunidad se modela seg\u00fan esquemas autoritarios y absolutistas debe mitigarse con una lectura m\u00e1s completa del ideal comuni\u00adtario de San Vicente.<\/p>\n<p>Este ideal tiene constante y evidentemente en cuenta el modelo de la caridad de los primeros cristianos. L\u00e9ase al efecto la conferencia del 27 de junio de 1642.<\/p>\n<p>Tiene por tema la unidad entre las diversas casas de la Misi\u00f3n y entre los misioneros. Dos motivos hay de su necesidad. Primero, la unidad del cuerpo m\u00edstico que la Misi\u00f3n debe reflejar en la unidad de reglas, acci\u00f3n, pr\u00e1cticas, estilo\u00a0 de predicaci\u00f3n y administraci\u00f3n de sacramentos, particularmente la confesi\u00f3n. Es unidad no destruye o nivela, sino que \u00abdebe esculpirse en los corazones para que existan una \u00fanica voluntad e id\u00e9nticos sentimientos\u00bb. El segundo motivo tiene un vago sabor agustiniano. Se explica la necesidad de unidad por la forzosidad de ir en contra de la naturaleza. Una comunidad demasiado tolerante hubiese favorecido la movilidad de los individuos, y el santo descartaba ese prospecte En todas las casas mandar\u00eda una misma regla, cuyo paradigma ideal era, de nuevo, la comunidad primitiva, \u00abla uni\u00f3n de los primeros cristianos, de quienes se dec\u00eda que eran <em>un solo coraz\u00f3n, una sola alma\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>San Vicente desarrolla luego una espiritualidad de la unidad. La unidad de la Congregaci\u00f3n no se da por supuesta, sino que se logra paso a paso y se reconstruye una y otra vez. \u00abOjal\u00e1 se dijese que hay en la Iglesia de Dios una compa\u00f1\u00eda que hace profesi\u00f3n de estar muy unida&#8230; Ojal\u00e1 se dijese que la Misi\u00f3n es una comunidad que nunca halla nada criticable en sus miembros. Verdaderamente estimar\u00eda eso m\u00e1s que todas las misiones, sermones, ejercicios de ordenandos dem\u00e1s bendiciones dadas por Dios a la Compa\u00f1\u00eda, porque estar\u00eda m\u00e1s grabad en nosotros la imagen de la Trinidad Santa.\u00bb<\/p>\n<p>Otra virtud que aseguraba mucho a la comunidad la verdad del modelo apost\u00f3lico era la pobreza. \u00abLa pobreza es el nudo de la comunidad\u00bb. Esta virtud \u00absepara a la comunidad de las cosas de la tierra y la une a Dios\u00bb. El de pobreza es para \u00e9l un voto por el que \u00abse abandonan los bienes del mundo para servir a Dios, vivir en com\u00fan y no tener nada propio\u00bb. El problema de la <em>posesi\u00f3n <\/em>recibe en \u00e9l una importaci\u00f3n seg\u00fan la m\u00e1s aut\u00e9ntica tradici\u00f3n de la <em>koinon\u00eda <\/em>originaria. No es, de hecho, la <em>posesi\u00f3n <\/em>lo que preocupa al santo, sino el <em>uso. <\/em>Observa \u00abAl comienzo de la Iglesia, los que aspiraban a ser sacerdotes abandonaban todo sus bienes&#8230; Tambi\u00e9n los santos, los primeros cristianos, no s\u00f3lo los sacerdotes sino todos, abrazaban la pobreza. \u00a1Oh, Salvador! Los primeros cristianos hac\u00edas todos el voto de pobreza, y <em>ninguno que poseyera algo lo llamaba suyo, sino que <\/em><em>todo lo ten\u00edan en com\u00fan; <\/em>vend\u00edan sus propiedades y llevaban el precio a los pies de los ap\u00f3stoles, quienes luego daban a cada uno seg\u00fan su necesidad.\u00bb Luego se refiere al episodio de Anan\u00edas, y afirma que la acci\u00f3n de Pedro fue un acto de justicia en cuanto que los primeros cristianos \u00abhac\u00edan una especie de voto de pobreza\u00bb. Y concluye: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 dicha para la Misi\u00f3n imitar a los primeros cristianos, vivir como ellos en comunidad y en pobreza! \u00a1Oh Salvador, qu\u00e9 ventaja pan nosotros! Pidamos todos a Dios nos d\u00e9, por su misericordia, el esp\u00edritu de pobreza.\u00bb<\/p>\n<p>No tiene importancia, a este punto, haber demostrado la presencia en San Vicente de una apelaci\u00f3n a la iglesia <em>apost\u00f3lica. <\/em>Esa apelaci\u00f3n no es en \u00e9l ciertamente nada erudito, y prueba que la <em>apostolica vivendi forma <\/em>no es proyectada hacia un remoto pasado. Una <em>ruptura <\/em>tridentina es inexistente para \u00e9l: la iglesia de la Contra-Reforma es la misma de otros siglos, id\u00e9ntica a la de los Ap\u00f3stoles<\/p>\n<p>Ninguna infidelidad personal ha da\u00f1ado la fidelidad de la Iglesia misma, que se mantiene firme pese al pecado de sus miembros.<\/p>\n<p>Lo verdaderamente importante es comprobar que la comunidad por \u00e9l queri\u00adda se estructura s\u00f3lidamente sobre la base de esta comuni\u00f3n vital. Por encima de toda la solicitud para que la Congregaci\u00f3n no caiga en la categor\u00eda de los re\u00adligiosos, se ve el peso del elemento comunitario en San Vicente, parejo al del ele\u00admento apost\u00f3lico. Tuvo la intuici\u00f3n de constituir una comunidad para los pobres a la que manten\u00eda unida un fuerte poder de agregaci\u00f3n y a la que acuciaba una poderosa pasi\u00f3n por la misi\u00f3n y por los pobres. Son igualmente esenciales ambas l\u00edneas en el pensamiento de San Vicente. Si lo van a seguir siendo en y para el futuro, no lo sabemos. Mas el pasado, por el que ese futuro ha de pasar, son los or\u00edgenes, a los que la renovaci\u00f3n debe volver, y esas dos l\u00edneas nos ayudar\u00e1n \u2014eso esperamos\u2014 en el redescubrimiento de sus pistas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1.- La primitiva iglesia y la historia No nos propondremos aqu\u00ed orientar el estudio hacia el establecimiento de la actividad apost\u00f3lica o hacia el fin perseguido por el ministerio en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-apostolica-vivendi-forma-en-la-congregacion-de-la-mision\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":399998,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[28],"tags":[156,126,124,161,119,144,127,143,140,147,129],"class_list":["post-96087","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-formacion-vicenciana","tag-blatiron","tag-dehorgny","tag-du-coudray","tag-etienne","tag-gondi","tag-lambert","tag-portail","tag-san-lazaro","tag-san-sulpicio","tag-santo-domingo","tag-urbano-viii"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>La &quot;apostolica vivendi forma&quot; en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-apostolica-vivendi-forma-en-la-congregacion-de-la-mision\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"La &quot;apostolica vivendi forma&quot; en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"1.- La primitiva iglesia y la historia No nos propondremos aqu\u00ed orientar el estudio hacia el establecimiento de la actividad apost\u00f3lica o hacia el fin perseguido por el ministerio en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. ... 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