{"id":96084,"date":"2018-09-18T08:42:53","date_gmt":"2018-09-18T06:42:53","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=96084"},"modified":"2018-09-14T11:29:21","modified_gmt":"2018-09-14T09:29:21","slug":"la-humildad-en-el-dinamismo-apostolico-de-san-vicente","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-humildad-en-el-dinamismo-apostolico-de-san-vicente\/","title":{"rendered":"La humildad en el dinamismo apost\u00f3lico de San Vicente"},"content":{"rendered":"<div>\n<p>Siempre tuvo la humildad un puesto de preferencia en las manifestaciones re\u00adligiosas. As\u00ed es como G. v. d Leeuw la emple\u00f3 como uno entre otros criterios para la clasificaci\u00f3n de las religiones. En el siglo XVII el tema de la humildad conoci\u00f3 una extraordinaria fortuna. Frangois Guillor\u00e9 (m. 1648) advierte que la humildad est\u00e1 de moda y escribe que muchos tienen por tarea principal buscar t\u00e9rminos que expresen esa verdad, pero cuando hacen frente d\u00eda tras d\u00eda a las dificultades que la pr\u00e1ctica de ella envuelve, se muestran incapaces de reac\u00adci\u00f3n.<\/p>\n<p>La humildad que afecta revestir sus pensamientos o palabras de un exterior modesto es siempre una m\u00e1scara que deja intacto el orgullo, la <strong>hybris <\/strong>del hombre, salvo en los casos excepcionales, cuales son precisamente los santos.<\/p>\n<p>A finales del otro siglo y comienzos de \u00e9ste prod\u00fajose una viva reacci\u00f3n, f\u00e1cil de comprobar en los autores que sostuvieron pol\u00e9micas al respecto. Con todo, no se encuentra en ellos una respuesta que reval\u00fae el aspecto positivo de la humildad.<\/p>\n<p>En los medios cat\u00f3licos se propone una distinci\u00f3n entre virtudes pasivas y activas: s\u00f3lo estas \u00faltimas ser\u00edan aptas para modelar, entre otras, la personalidad; las primeras, por el contrario, y entre ellas la humildad, se definen como de\u00adfensas psicol\u00f3gicas de la persona.<\/p>\n<p>El mensaje de Santa Teresa de Lisieux (m. 1897) fund\u00eda el amor y la humildad en el concepto de <strong>infancia espiritual, <\/strong>en el que el amor misericordioso de Dios se un\u00eda a la nada de la criatura. Esta es convocada a un amor nupcial y a una disponibilidad total ante la acci\u00f3n de Dios. Esta forma de hablar era entonces objetivamente nueva y capaz de activar energ\u00edas profundas, como lo demuestra la prerrogativa de <strong>patrona de las misiones <\/strong>con la que se honra a la santa.<\/p>\n<p>La experiencia espiritual del Padre de Foucauld (m. 1916) termin\u00f3 asimismo heroicamente: al elegir el \u00faltimo puesto descubr\u00eda un singular camino de fe\u00adcundidad espiritual.<\/p>\n<p>M\u00e1s recientemente se ha acometido el estudio de la humildad con m\u00e9todos cient\u00edficos y positivos, merced a la contribuci\u00f3n de fil\u00f3sofos como <strong>M. <\/strong>Scheler (m. 1928) y de psic\u00f3logos como C. G. Jung (m. 1961) y de te\u00f3logos y moralistas.<\/p>\n<h2><strong>La humildad en los estudios m\u00e1s recientes de la espiritualidad vicenciana<\/strong><\/h2>\n<p>La humildad es, naturalmente, uno de los centros de inter\u00e9s m\u00e1s vivos para quienes han hecho de San Vicente un objeto de estudio. Maynard, con exagera\u00adci\u00f3n manifiesta, pretend\u00eda que ning\u00fan santo lleg\u00f3 a alcanzar la humildad de San Vicente. Bremond, quien hace valer las reiteradas protestas del santo, estima que la humildad le es en cierto modo connatural. D&#8217;Agnel coincide en ver en la humildad la virtud dominante de San Vicente; \u00e9ste es como un instrumento en manos de Dios, seg\u00fan Delarue, funci\u00f3n vinculada por un estrecho lazo a la humildad. En efecto, exist\u00eda el riesgo de disponer las virtudes en forma de lista con un nexo puramente extr\u00ednseco y partiendo de hechos y dichos de muy poco relieve.<\/p>\n<p>Con Calvet y Dodin franqueamos una barrera cualitativa. El primero pone la acci\u00f3n como pivote de la espiritualidad vicenciana y propugna una lectura di\u00adn\u00e1mica de la humildad. La vida del cristiano est\u00e1 al acecho de la voluntad de Dios y, llegado el momento, el cristiano acometer\u00e1 la acci\u00f3n con todas sus fuerzas. Mas la acci\u00f3n nace del amor, y el orgullo, que vicia su contenido, amenaza en todo momento, \u00abdirige el fin de la acci\u00f3n, que no puede ser sino Dios, al hombre\u00bb.<\/p>\n<p>La humildad de San Vicente fue una humildad de acci\u00f3n y, asimismo, una humildad de inteligencia. Merced a la primera ejerce el papel de instrumento, a disposici\u00f3n de la acci\u00f3n divina. La segunda purga el alma de los rectos de una obstinaci\u00f3n intelectual que tiende a subordinar la m\u00edstica al \u00e9xito perso\u00adnal.<\/p>\n<p>Dodin, atento a la evoluci\u00f3n en la vida del santo, elude la idea de <strong>conversi\u00f3n <\/strong>y se\u00f1ala, entre 1613 y 1616, un proceso de estructuraci\u00f3n, de <strong>re-creaci\u00f3n, <\/strong>efecto de la gracia, uno de cuyos momentos decisivos es la acusaci\u00f3n de robo. San Vi\u00adcente no se subleva contra la p\u00fablica humillaci\u00f3n que \u00able obliga a entrar en la comunidad de los pobres; \u00e9stos apelan a Dios por encima de todas las sentencias y dictados de los hombres\u00bb.<\/p>\n<p>Dodin pasa de ah\u00ed a la exposici\u00f3n sistem\u00e1tica de la doctrina del santo y pone la fuente de su humildad en la imitaci\u00f3n de Cristo. El Hijo de Dios manifiesta su amor al Padre en el anonadamiento de la Encarnaci\u00f3n, de la muerte, de todas las acciones de su vida. Del absoluto de ese amor fluye el desprecio por los bienes de la tierra, los placeres, los honores, las opiniones del mundo. El hombre que camina hacia Dios debe vivir en un clima de anonadamiento, en cuanto que la humildad es \u00abla fuente directa de todas las virtudes y el origen inmediato de todo bien\u00bb. As\u00ed, \u00abdel mismo modo que Cristo est\u00e1 en el centro de su perspectiva dogm\u00e1tica, <strong>la <\/strong>humildad es el esfuerzo preferido de su as\u00adcesis\u00bb. De ella brota una acci\u00f3n que no se dispersar\u00e1. Quien va en pos de Cristo, se reviste de esp\u00edritu de pobreza. As\u00ed es como el Cristo pobre podr\u00e1 evangelizar a los pobres sin que deba evadirse del mundo. Por el contrario, est\u00e1 todav\u00eda m\u00e1s presente a \u00e9l \u00abcon su amor, su humilde silencio, y nos recuerda que no hay m\u00e1s vida que la de Jes\u00fas, el Cristo de los pobres, eterna delicia de \u00e1ngeles y hombres\u00bb.<\/p>\n<h2>La humildad de San Vicente seg\u00fan el juicio de Saint-Cyran<\/h2>\n<p>En un texto in\u00e9dito que publicaba recientemente Jean Orcibal, Jean Duvergier de Hauranne (1581-1643), m\u00e1s conocido como el abad de Saint-Cyran lanza un ataque violento contra San Vicente. Escribe Saint-Cyran pocos meses\u00a0 antes de su detenci\u00f3n, con motivo de haber sido visitado por San Vicente, quien le ha expuesto las razones de su discrepancia doctrinal. El comportamiento era ins\u00f3lito, pues, en general, las sospechas que se abrigaban contra un presunto hereje traduc\u00edanse en acusaci\u00f3n formal a la autoridad. Esta, por su parte, ob\u00adservaba una l\u00ednea de conducta que miraba m\u00e1s a obtener la retractaci\u00f3n, que a esclarecer la verdad.<\/p>\n<p>San Vicente y Saint-Cyran ten\u00edan una misma edad. Sus relaciones hab\u00edan co\u00admenzado en 1629 y duraban ya algunos a\u00f1os. En realidad parec\u00edan uno el com\u00adplemento del otro; Saint-Cyran era m\u00e1s cultivado, San Vicente era humana\u00admente m\u00e1s rico; sobre todo, se adaptaba m\u00e1s para la movilizaci\u00f3n de las me\u00adjores energ\u00edas del catolicismo franc\u00e9s en favor de una acci\u00f3n de promoci\u00f3n hu\u00admana y de un programa de evangelizaci\u00f3n. Imperceptiblemente sus caminos se hab\u00edan ido separando, y entre ambos se hab\u00eda abierto un foso muy dif\u00edcil de rellenar. Una causa de discordia era probablemente el giro que deb\u00eda tomar la restauraci\u00f3n del ideal sacerdotal. El disc\u00edpulo de B\u00e9rulle estaba por un sacerdocio contemplativo ante las verdades eternas, mientras que San Vicente acentuaba m\u00e1s que nada los lazos entre clero y pueblo, de donde una formaci\u00f3n asc\u00e9tica y pas\u00adtoral parec\u00edale una posibilidad de salvaci\u00f3n para la iglesia de Francia.<\/p>\n<p>Pese a haberse entibiado su trato bajo otros varios aspectos, el encuentro fue cort\u00e9s en extremo; ahora, Saint-Cyran ten\u00eda extensa materia de disensi\u00f3n en cuanto a la sustancia de los puntos doctrinales sujetos a discusi\u00f3n. San Vi\u00adcente ve\u00eda interpretar en un sentido radical y extremo, y con expresiones equi\u00advalentes a la ruptura, un pensamiento ortodoxo, si se lo sab\u00eda leer en el contexto de la vida y de la experiencia cultural de su autor. Por toda respuesta, Saint\u00adCyran compuso un escrito) que comunic\u00f3 a sus disc\u00edpulos, Antoine Le Maitre (m. 1658) y Claude Lancelot (m. 1695).<\/p>\n<p>Hablando de la humildad espiritual, Saint-Cyran fundamentaba dicha virtud en una consideraci\u00f3n que nac\u00eda del radicalismo agustiniano referente a la sal\u00advaci\u00f3n de la \u00abmassa damnationis\u00bb. De ah\u00ed la necesidad de una reconversi\u00f3n de valores y la adopci\u00f3n de una actitud d\u00f3cil y sumisa, pues todo es gracia.<\/p>\n<p>La humildad se relaciona, naturalmente, con la voluntad divina y es \u2014as\u00ed lo explicaba\u2014 \u00abla \u00fanica forma de no dar a quienes nos consultan m\u00e1s que aquello que hayamos recibido de Dios\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<p>A partir de ah\u00ed, entraba en ciertas digresiones que ten\u00edan como blanco a San Vicente. Consecuente con la humildad, quienquiera ostente autoridad en la iglesia o en una comunidad, debe dar pruebas de prudencia, cuando manifieste su parecer en asuntos que rebasan su competencia. Pero cuando se ha adquirido una cierta reputaci\u00f3n de prudencia o piedad, sin m\u00e9rito particular alguno y sin la ciencia y dotes necesarias para el gobierno de una casa, no es rara la tenta\u00adci\u00f3n de erigirse en maestro. Est\u00e1 erizada de peligros la reputaci\u00f3n de director de almas, y es casi imposible que uno no ceda a un solapado orgullo. Tal situa\u00adci\u00f3n comienza a preocupar cuando, como en el caso de San Vicente, hay que dirigir a los ordenandos sin una vasta preparaci\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>El escrito no estaba destinado a la imprenta, y San Vicente, claro es, no lo conoci\u00f3; sin embargo, contribuy\u00f3 a reforzar, en el ambiente de Port-Royal, la leyenda de la ignorancia del santo. Este replic\u00f3, indirectamente, durante el pro\u00adceso instruido contra Saint-Cyran: depuso en favor del amigo y le libr\u00f3 de una severa condena, que se habr\u00eda pronunciado, si el superior de la Misi\u00f3n se hubiese mostrado implacable. En cuanto a s\u00ed mismo, el santo demostraba que una hu\u00admildad vivida sabe envolver a sus adversarios en una luz positiva y rodearlos de perd\u00f3n y olvido.<\/p>\n<p>En lo sucesivo, el ardor de la pol\u00e9mica condujo a San Vicente a adoptar una actitud mucho m\u00e1s negativa con respecto a Saint-Cyran, y a interpretar como her\u00e9ticas las antiguas afirmaciones de aquel colega suyo.<\/p>\n<h2><strong>Teor\u00eda y pr\u00e1ctica de la humildad, seg\u00fan San Vicente<\/strong><\/h2>\n<p>Ser\u00eda arriesgado y del todo simplista guiarnos aqu\u00ed por una antolog\u00eda sin relieve: errar\u00edamos las estructuras fundamentales del pensamiento y de la expe\u00adriencia de San Vicente, que no se emplazar\u00edan en un estudio gen\u00e9tico de su espiritualidad. El camino a seguir iluminar\u00e1 ante todo la evoluci\u00f3n de la expe\u00adriencia espiritual de San Vicente. En \u00e9l las eventuales filiaciones literarias ad\u00adquirir\u00e1n el sentido y la profundidad de su emplazamiento originario, pues estar\u00e1n enmarcadas en un cuadro firme y l\u00f3gico.<\/p>\n<p>No se olvidar\u00e1n tampoco los condicionamientos concretos que rodearon la vida del santo. Este fue arrollado en un torbellino de acci\u00f3n que ten\u00eda por meta la evangelizaci\u00f3n y la promoci\u00f3n humana. No fue \u00e9l hombre de estudios, y <strong>hubo <\/strong>de dar a sus intervenciones un car\u00e1cter provisional y de urgencia inmediata. Nunca cuid\u00f3 de multiplicar sus lecturas y, tras un per\u00edodo de gestaci\u00f3n, los pr\u00e9stamos eran asimilados o rechazados, seg\u00fan que fueran afines o contrarios a su s\u00edntesis.<\/p>\n<p>Por estas razones debe prestarse la m\u00e1xima atenci\u00f3n al estudio de los pri\u00admeros a\u00f1os de \u00abconversi\u00f3n\u00bb, entre 1609 y 1620.<\/p>\n<p>San Vicente no ten\u00eda un temperamento humilde y sumiso: era ambicioso, emprendedor, como lo prueba su intento de abrirse paso hacia el \u00e9xito. Primero aconteci\u00f3 aquel \u00abasunto que mi temeridad no permite que mencione\u00bb, y a continuaci\u00f3n sobrevino el deseo de materializar el sue\u00f1o de \u00abun honroso retiro\u00bb. El contacto con B\u00e9rulle fue decisivo para su transformaci\u00f3n apost\u00f3lica y para su humildad. Algunos a\u00f1os antes, B\u00e9rulle se hab\u00eda medido con este tema en un breve, mas sustancioso op\u00fasculo: el Bref Discours, adaptaci\u00f3n francesa del Breve compendio intorno alla perfezione cristiana, del jesuita italiano Achille Gagl\u00edardi (m. 1607). Esta obra hab\u00eda tenido un notable \u00e9xito: nueve ediciones. Juana de Chantal, en una carta del 12 de mayo, 1622, recomienda su lectura a la Vi\u00adsitaci\u00f3n de Par\u00eds, de la que San Vicente acaba de ser nombrado director (entre el 21 de septiembre, 1621 y el 22 de diciembre, 1622).<\/p>\n<p>Mirando bien las fechas y las disposiciones de alma, puede afirmarse con\u00advincentemente que San Vicente entr\u00f3 en el \u00e1rea de influencia del <strong>Breve Com\u00ad<\/strong><strong>pendio, <\/strong>y ello no s\u00f3lo en virtud de una lectura directa, sino tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la obra de B\u00e9rulle, que estaba a punto de rebasar las perspectivas de Ga\u00adgliardi. En 1607 B\u00e9rulle hab\u00eda tenido la revelaci\u00f3n del car\u00e1cter central de la Encarnaci\u00f3n, cuya cuesti\u00f3n no se plantea en Gagliardi. San Vicente asimil\u00f3 ambas lecciones, la de Gagliardi y la de B\u00e9rulle: las dos envolv\u00edan una estima muy escasa de las cosas creadas, una \u00abdesapropiaci\u00f3n\u00bb del amor de s\u00ed y una estima muy profunda de Dios. De donde tres consecuencias:<\/p>\n<ol>\n<li>Necesidad de humillarse hasta el punto de hacer el vac\u00edo dentro de uno mismo y matar el amor propio.<\/li>\n<li>Reserva ante los \u00e9xtasis y fen\u00f3menos extraordinarios que, por serlo, cons\u00adtituyen un peligro sutil, pero real, para la humildad.<\/li>\n<li>Conformidad con la voluntad de Dios y confianza en la Providencia: ah\u00ed culmina la \u00abdesapropiaci\u00f3n de s\u00ed\u00bb, hasta el punto de adoptar el alma las razones y puntos de vista de Dios.<\/li>\n<\/ol>\n<p>San Vicente sigue a los dos maestros, pero sin entrar en su esquematismo: en \u00e9sa, como en otras materias, fue muy personal. Comparte la necesidad de \u00abdesapropiaci\u00f3n\u00bb. Toma de B\u00e9rulle la actitud cristoc\u00e9ntrica por la que se establece una relaci\u00f3n directa entre los misterios de la vida terrestre de Cristo y su actual estado glorioso y con la iglesia. Los misterios de Cristo son como los principios de Cristo en nosotros. El hombre es convocado a \u00abadherirse a los estados de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>Esos estados constituyen una disposici\u00f3n permanente que instaura en el alma un principio operativo nuevo. Se habla as\u00ed de estados de abandono, de pena, de aridez, de pobreza, de vida escondida, de caridad, de penas, de contradicciones, de fatiga, de \u00abin-acci\u00f3n\u00bb. Nuestra vida debe recoger todos estos elementos \u00abhon\u00adr\u00e1ndolos\u00bb, o sea, participando en ellos con todo nuestro ser. De ah\u00ed flu\u00eda la pre\u00addilecci\u00f3n de San Vicente por los \u00faltimos, por los pobres, en la convicci\u00f3n de que los valores humanos se inviertan en la k\u00e9nosis, de suerte que los peque\u00f1os son promovidos a grandes en el Reino de Dios.<\/p>\n<p>Pero mucho m\u00e1s que el contacto o la lectura de B\u00e9rulle, orient\u00f3 a San Vi\u00adcente su experiencia, en el camino aut\u00f3nomo hacia la santidad y, por consiguiente, en la humildad. No entra en el Oratorio (fundado en 1611), sino que realiza el experimento pastoral en Clichy; luego entra en casa de los Gondi.<\/p>\n<p>Sus dos experiencias de 1617 fueron decisivas en el descubrimiento de su mi\u00adsi\u00f3n precisa: ser pobre con los pobres que tienen hambre \u2014Ch\u00e1tillon\u2014 y con los privados de evangelizaci\u00f3n \u2014Gannes-Folleville.<\/p>\n<p>El descubrimiento de su llamada a los pobres llena el coraz\u00f3n de San Vicente de una necesidad de servicio y de una caridad heroica, que hacen un servidor de todos de quien, entre todos, se hace el \u00faltimo: la humildad es \u00abuna disposi\u00adci\u00f3n para servir\u00bb, dice Max Scheler. El servicio se manifiesta en toda su exten\u00adsi\u00f3n como la obra por la que el hombre se reconstruye, adue\u00f1ado de s\u00ed en un esfuerzo de dignidad, cuando ha obtenido el perd\u00f3n de Cristo y aceptado las propias deficiencias. Se comprende, a esta luz, el sentido de frases como \u00abamar el desprecio, desear el envilecimiento&#8230;, alegrarse de que \u00e9ste sobrevenga, por amor a Jesucristo\u00bb. No hay en ello masoquismo. Seg\u00fan San Vicente, vaciarse de s\u00ed es condici\u00f3n indispensable para dar vida a las virtudes y para juzgar seg\u00fan las miras de Dios. Este compromiso arraiga en una espiritualidad bau\u00adtismal, la cual despoja del hombre viejo y permite vivir los dos movimientos de \u00abreligi\u00f3n hacia el Padre y de caridad hacia los hombres\u00bb. El despojo se convierte en una desapropiaci\u00f3n de s\u00ed, pero tambi\u00e9n en un revestimiento de Cristo, en una participaci\u00f3n en su ministerio, en una prolongaci\u00f3n de su encar\u00adnaci\u00f3n, en una presencia actual de Cristo en el hombre.<\/p>\n<p>San Vicente capta el hondo sentido de esta orientaci\u00f3n y destaca sus dos t\u00e9r\u00adminos: evangelizador-evangelizado. El primero es el Cristo pobre que evangeliza a los pobres. En esta referencia a Cristo se preserva a la humildad de todo forma de racionalismo. El \u00abne quid nimis\u00bb de la sabidur\u00eda antigua, que flu\u00eda de un conocimiento objetivo y cr\u00edtico de s\u00ed, pod\u00eda muy bien conducir a la acep\u00adtaci\u00f3n de los l\u00edmites de un ser mortal, y a rehuir la hybris, el necio orgullo, el reto que un hombre lanza a los dem\u00e1s. Pero la humildad cristiana es algo m\u00e1s, en cuanto que su verdadero arquetipo est\u00e1 en Cristo, y en cuanto que el mismo Hijo de Dios la ense\u00f1\u00f3 y practic\u00f3, por su encarnaci\u00f3n, pasi\u00f3n y muerte. \u00abFue crucificado por ti, para ense\u00f1arte la humildad\u00bb.<\/p>\n<p>La k\u00e9nosis de Cristo no se reduce por eso a un sentimiento psicol\u00f3gico, sino que consiste en haberse abajado el Hijo de Dios a la condici\u00f3n humana para hacerse limitado y mortal, y es como un estatuto de inferioridad, s\u00f3lo captable para una inteligencia muy atenta a la econom\u00eda y al dinamismo de la Encar\u00adnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El llamado de Cristo a la humildad consist\u00eda, para San Vicente, en vincularse a la Encarnaci\u00f3n: \u00abLas acciones humanas se convierten en acciones de Dios por\u00adque son efectuadas en El y con El\u00bb (SV XII, 183). He aqu\u00ed lo que escribe al Padre Portail en 1635:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abRecordad que vivimos en Jesucristo por la muerte de Jesucristo, y que debemos morir en Jesucristo por la vida de Jesucristo, y que nuestra vida debe estar escondida en Jesucristo y llena de Jesucristo, y que para morir como Jesucristo, tenemos que vivir como Jesucristo. Echados estos fundamentos, d\u00e9monos al desprecio, al sonrojo, a la ig\u00adnominia y desmintamos los honores que se nos tributen, la buena re\u00adputaci\u00f3n y los aplausos que recibamos, y nada hagamos que lleve a ese fin\u00bb (I, 295).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLa vida de Nuestro Se\u00f1or&#8230; es como un acto ininterrumpido de estima y afecto por el desprecio: su esp\u00edritu estaba repleto de ello: y si alguien hubiese examinado su anatom\u00eda, como a veces se hizo con santos a los que se abri\u00f3 para ver qu\u00e9 ten\u00edan en su coraz\u00f3n&#8230;, en el coraz\u00f3n de Jes\u00fas se habr\u00eda hallado la santa humildad particularmente grabada, y puede que no me exceda, si digo que con preferencia a todas las dem\u00e1s virtudes\u00bb (XII, 200).<\/p>\n<p>Si la vida de Cristo fue un continuo ejercicio de humildad, activa y pasiva, por ella debe configurar el misionero la suya. La carta al Padre Portail pro\u00adsegu\u00eda: \u00abEl sacerdote debiera morir de verg\u00fcenza, si aspira a la reputaci\u00f3n en el servicio que hace a Dios; aqu\u00e9l muere en su lecho, mientras ve a Jesucristo premiado con el oprobio del pat\u00edbulo\u00bb (I, 294). \u00abUnid vuestro esp\u00edritu \u2014escribe a Luisa de Marillac (1630)\u2014 a los desprecios y malos tratos sufridos por el Hijo de Dios, mientras a vos se os estima y honra\u00bb (I, 98).<\/p>\n<p>La humildad se convert\u00eda en una estructura de evangelizaci\u00f3n: el vac\u00edo que ella caus\u00f3 se nos transforma en espacio de Dios, en disponibilidad del instrumento y de la carne de la Encarnaci\u00f3n; la \u00abin-acci\u00f3n\u00bb del hombre en condici\u00f3n para la acci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>El misionero debe revestirse de este esp\u00edritu, del esp\u00edritu de Cristo que es esp\u00edritu de humildad y de sencillez, para que pueda ser instrumento del amor de Dios. Dios bendice a los humildes, y no a los que \u00abrepican y publican nuestro committimus\u00bb (II, 314).<\/p>\n<p>La estima y aprobaci\u00f3n de la autoridad y de los grandes son obst\u00e1culos, escri\u00adbe a R. Sergis, en 1638 (I, 496). San Vicente reacciona con fuerza, cuando ve a B. Codoign comenzar la misi\u00f3n por las tierras del cardenal: \u00abDios nos guarde de hacer cosa alguna con tan bajas miras\u00bb (1642, II, 281). En realidad, no debe explotarse el bien. Cuando uno es elegido para una misi\u00f3n que pide una particu\u00adlar entrega de s\u00ed, \u00abla humildad, se\u00f1or, es la \u00fanica capaz de sustentar esa gracia\u00bb (a C. Nacquart, 22 de marzo, 1648, III, 279).<\/p>\n<p>Si se considera el t\u00e9rmino de la evangelizaci\u00f3n, la raz\u00f3n para ir al pobre es, de nuevo, la humildad. El hombre recluido dentro de s\u00ed mismo es incapaz de ver el misterio del pobre. La caridad nos abre al amor efectivo, y no s\u00f3lo al afectivo. San Vicente tom\u00f3 este concepto de San Bernardo (33) y de San Francisco de Sales (34). Este \u00faltimo, a su vez, renov\u00f3 la cuesti\u00f3n vinculando la humildad a la \u00abgenerosidad de esp\u00edritu\u00bb. La humildad, sin dejar de recordarnos la nada que es el hombre, nos pone frente por frente de nuestra realidad, o sea, de los bienes que el Se\u00f1or ha puesto en nosotros. Por eso podemos decir: \u00abLo puedo todo en quien me da fuerza\u00bb (VI, 75 s.). El t\u00e9rmino de este movimiento se enriquece de posibilidades nuevas: se considera al pobre como al misterio de una presencia, o sea, la presencia de Jesucristo (IX, 252, 324; X, 680; XI, 32).<\/p>\n<p>De \u00e1h\u00ed se deduce la buena cimentaci\u00f3n del <strong>dejar a Dios por Dios, <\/strong>y la corre\u00adlaci\u00f3n entre pobreza y humildad. El pobre no est\u00e1 apegado a los bienes de la tierra, es disponibilidad absoluta, est\u00e1 cerca de Dios; pero se convierte, adem\u00e1s, en polo de atracci\u00f3n, en t\u00e9rmino de una acci\u00f3n promotora, que no consiste en la presentaci\u00f3n de un ideal, banal por su mundanidad.<\/p>\n<p>San Vicente quiere invertir las jerarqu\u00edas y alistar a los ricos para que sirvan a los pobres y marginados. Un plan org\u00e1nico de subversi\u00f3n social cae, por cierto, fuera del pensamiento de San Vicente, pero su experiencia le hab\u00eda impulsado hacia la clase pobre y le hab\u00eda inducido a consagrar a ella, de por vida, todos sus servicios; pon\u00eda as\u00ed en marcha una antropolog\u00eda nueva. Era una manera de ver al hombre que le hac\u00eda poner su ideal, no en la riqueza o el poder, sino en la pobreza y humildad, lo que le pon\u00eda muy por delante de su tiempo.<\/p>\n<p>El despojo, el amor propio reducido a la nada, se convierten en condi\u00adciones para la perfecci\u00f3n de la caridad, envuelven la plena aceptaci\u00f3n del otro. Por lo dem\u00e1s, esta disposici\u00f3n no es una repulsa del progreso. La afirmaci\u00f3n de San Vicente, \u00abEstimad todos los estados y todas las santas \u00f3rdenes de la Iglesia&#8230;\u00bb, no paraliza al cristiano en una indiferencia pasiva. Los criterios de discernimiento en y por la humildad se hacen realidades, pues ponen todas nuestras energ\u00edas al servicio de nuestros hermanos.<\/p>\n<h2><strong>Los grados de la humildad<\/strong><\/h2>\n<p>San Vicente fue siempre adverso a esos esquematismos, confusos y compli\u00adcados, que quiebran la unidad de la vida y la tornan artificial e insegura. Para la humildad, se sirve de una tipolog\u00eda bastante accesible y, en sustancia, muy simple que, en sus manos, es un instrumento d\u00factil y se beneficia de su expe\u00adriencia. En la tipolog\u00eda de los grados de la humildad, tema presente en todos los autores que la traten, pero con divergencias m\u00e1s o menos pronunciadas. San Vicente depende de A. Rodr\u00edguez, quien a su vez se inspira en David de Augsburgo (m. 1272) y en San Bernardo.<\/p>\n<p>San Vicente habla de la humildad en el cap. 2 de las <strong>Reglas, <\/strong>que constituye la <strong>Magna Charta <\/strong>de la espiritualidad de la Congregaci\u00f3n. Vincula la humildad a la mansedumbre, que es una propiedad de la amistad, una disposici\u00f3n a obrar con suavidad, en un abandono completo a Dios, opuesto a la violenta acci\u00f3n de los orgullosos, de los fuertes y poderosos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230; la humildad que Jes\u00fas tan a menudo nos recomienda de palabra y con el ejemplo, en cuya adquisici\u00f3n debe trabajar la Congregaci\u00f3n con todas sus fuerzas, tiene tres manifestaciones, de las que la primera es considerarnos con toda sinceridad dignos de desprecio; la segunda alegrarnos mucho de que los dem\u00e1s conozcan nuestras faltas y nos desprecien; la tercera ocultar el escaso bien que Dios haga en nos\u00adotros o por nosotros, vista nuestra propia bajeza y, si eso no es posi\u00adble, atribuirlo totalmente a la misericordia de Dios y a los m\u00e9ritos de los dem\u00e1s. Este es el fundamento de la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica y nudo de toda la vida espiritual. Quien posea esta virtud, f\u00e1cilmente adquirir\u00e1 las otras; el que no, se ver\u00e1 privado aun de las que parece tener, y vivir\u00e1 en continua zozobra\u00bb.<\/p>\n<p>El primer grado de la humildad para San Vicente es considerarse uno digno de desprecio. Comparte este concepto con San Bernardo, David de Augs\u00adburgo, J. &#8211; J. Olier. La conciencia de nuestra condici\u00f3n de pecadores se\u00f1ala un l\u00edmite al exceso de la tradici\u00f3n d\u00e9lfica del \u00abcon\u00f3cete a ti mismo\u00bb, sin incurrir por ello en el pesimismo extremoso, de cu\u00f1o agustiniano o portroyalista, que caracteriz\u00f3 al siglo XVII, aunque toda \u00e9poca est\u00e1 marcada por la realidad del hombre pecador.<\/p>\n<p>El segundo grado de humildad debe inducirnos a sentir alegr\u00eda por que nues\u00adtras imperfecciones sean conocidas de otros, y \u00e9stos nos desprecien. Este grado, tomado de David de Augsburgo, se complica en Rodr\u00edguez, quien introduce en \u00e9l cuatro subdivisiones. San Vicente a\u00f1ade a David de Augsburgo la idea de la alegr\u00eda, que tambi\u00e9n mencionan Rodr\u00edguez y San Bernardo. San Bernardo distingue tres maneras de recibir las humillaciones: la primera con rencor, y es un pecado; la segunda con paciencia, y es una se\u00f1al de inocencia; la tercera con gozo, y es el signo de la aut\u00e9ntica humildad. J. &#8211; J. Olier se separa de San Vicente distinguiendo entre la conformidad con la noticia de nuestros defectos, y el deseo de ser tratados en consecuencia. En la pr\u00e1ctica, no llegaba al \u00faltimo grado, que constituye el complemento al proceso de despojo de s\u00ed en el hombre.<\/p>\n<p>El \u00faltimo grado envuelve, para San Vicente, la exigencia de ocultar el bien obrado por Dios en el hombre, o por lo menos de referirlo a Dios y a los dem\u00e1s. Este grado lleva consigo un riesgo, pero tambi\u00e9n una ventaja. El riesgo es que permanezca ignorada la acci\u00f3n de Dios y que el cristiano se ancle en una pasividad quietista. No falta aqu\u00ed cierto componente de pesimismo, que procede de una antropolog\u00eda pronta a resaltar lo negativo en la acci\u00f3n humana sobre lo positivo en la acci\u00f3n de Dios. Dado que San Vicente puso esta fase como cumbre de la humildad, corrijamos un juicio excesivamente estrecho sobre la apertura de su esp\u00edritu y sobre los defectos de esa actitud, para que se revele su experiencia, tan rica en realizaciones.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLa humildad introduce en el alma todas las dem\u00e1s virtudes; y, de pecador que uno era, al humillarse uno, se hace agradable a Dios&#8230; Por caritativo que uno sea, si no es humilde, no tiene caridad; y sin caridad, aunque uno tuviese tanta fe que transportase las monta\u00f1as y diese sus bienes a los pobres y su cuerpo a las llamas, todo ser\u00eda in\u00fatil\u00bb.<\/p>\n<p>La uni\u00f3n de humildad y caridad genera la sumisi\u00f3n a la voluntad divina y concentra todas nuestras fuerzas para que sirvamos a nuestros hermanos, sin la r\u00e9mora del amor propio, por encima de la barrera de nuestra cortedad, en la conquista de una misi\u00f3n de fe que dilata el coraz\u00f3n del hombre y lo asemeja al de Mar\u00eda de Betania, quien \u00abquanto humilius sedebat, tanto amplius capiebat\u00bb.<\/p>\n<h2><strong>La humildad de la comunidad<\/strong><\/h2>\n<p>El aspecto bajo el que m\u00e1s se manifiesta la originalidad de San Vicente es el del modo de concebir la humildad para la Congregaci\u00f3n. Como hombre de experiencia que era, tambi\u00e9n aqu\u00ed se dejaba guiar por la observaci\u00f3n. No daban, en este dominio, muchos ejemplos positivos los religiosos de aquel tiempo, sobre todo a nivel comunitario, dejando aparte el nivel personal. Hab\u00eda numerosos santos, pero las comunidades ofrec\u00edan un espect\u00e1culo poco edificante, ante todo porque faltaban a lo que exig\u00eda su papel en la Iglesia.<\/p>\n<p>Hab\u00eda, pues, viva hostilidad hacia los religiosos. Proced\u00eda de dos focos: el primero de naturaleza eclesiol\u00f3gica. Los religiosos, con su exenci\u00f3n y con los superiores residiendo en Roma, representaban el centralismo romano y encar\u00adnaban un ideal eclesial en el que el obispo jugaba un papel subordinado y no ten\u00eda otros poderes que los que le conced\u00eda el Papa.<\/p>\n<p>Si ni en el concilio de Trento se hab\u00eda resuelto la cuesti\u00f3n de los poderes del papa, la pr\u00e1ctica, o sea, la aplicaci\u00f3n de la Reforma, estaba en manos de la Curia. Esta hab\u00eda sufrido una gran renovaci\u00f3n y, en general, era eficaz, pero inclinaba la balanza del lado de Roma. En la cuarta d\u00e9cada del siglo XVII hab\u00eda llegado a debatirse la posibilidad de un lazo directo entre Roma y un territorio, sin intervenci\u00f3n del obispo. Es cuando aparece, bajo el pseud\u00f3nico de \u00abPetrus Aurelius\u00bb, un escrito de Saint-Cyran que lleva la pol\u00e9mica al terreno de las relaciones entre los estados de vida.<\/p>\n<p>Ahora, el sacerdocio en cuanto participaci\u00f3n en el sacerdocio de Cristo, que imparte instrucci\u00f3n religiosa y administra los sacramentos, eleva a los sacer\u00addotes un punto por encima de los religiosos, pues los votos son un acto pura\u00admente humano que deja al hombre a merced de todas sus crasas imperfecciones y pecados.<\/p>\n<p>Otro foco de hostilidad hacia los religiosos anidaba en la concepci\u00f3n del car\u00e1cter privado de los votos, de la vida religiosa y de la b\u00fasqueda de la perfecci\u00f3n. El individualismo hab\u00eda tenido repercusiones profundas, no s\u00f3lo en la vida social y econ\u00f3mica (capitalismo), en el pensamiento filos\u00f3fico (nominalismo), en las doctrinas pol\u00edticas (nacionalismos opuestos al universalismo medieval), sino tam\u00adbi\u00e9n en la vida espiritual y en la teolog\u00eda.<\/p>\n<p>La \u00abDevotio moderna\u00bb, con su pronunciado universalismo, con su modo de acentuar \u00fanicamente la salvaci\u00f3n personal, creaba una situaci\u00f3n peligrosa. As\u00ed como la iglesia estaba ausente en los horizontes de la Imitaci\u00f3n de Cristo, del mismo modo quedaba aqu\u00ed gravemente comprometido el celo apost\u00f3lico. Era, pues, f\u00e1cil juego para Saint-Cyran, cuando se preguntaba si no era l\u00f3gico concluir, puesto que la ley evang\u00e9lica se funda en la caridad, que el celo apost\u00f3lico es superior a la b\u00fasqueda de la perfecci\u00f3n, la cual, en este sentido, se hac\u00eda ego\u00eds\u00adta.<\/p>\n<p>No debe, por consiguiente, extra\u00f1ar el marcado desfavor que se muestra a los religiosos: se les disputan sus privilegios, tolerados de mala gana, y tambi\u00e9n su propensi\u00f3n a hacer entre s\u00ed causa com\u00fan. En particular, el debate que hoy aparece ret\u00f3rico y ya extinguido, pero que entonces era vehemente y accidentado, sobre los estados de vida, comparaba a \u00e9stos entre s\u00ed y a menudo pon\u00eda la condici\u00f3n religiosa por encima de la del sacerdote secular. Los seglares ven\u00edan en \u00faltimo lugar, seg\u00fan dictaba entonces una concepci\u00f3n de la antro\u00adpolog\u00eda espiritual; se planteaba, pues, la sola cuesti\u00f3n de cu\u00e1l de los dos res\u00adtantes estaba en mejor condici\u00f3n para ganar la cumbre de la perfecci\u00f3n, los sacerdotes seculares o los religiosos devotos.<\/p>\n<p>No importan mucho, en esta disputa, los argumentos esgrimidos, sino el que se insin\u00fae una discriminaci\u00f3n entre la adquisici\u00f3n de la perfecci\u00f3n y el celo apost\u00f3lico. Eso indica lo bajo que hab\u00eda ca\u00eddo la idea de la vida religiosa, y revest\u00eda tanta mayor gravedad, cuanto que afloraban ah\u00ed las contiendas entre unas \u00f3rdenes y otras. De otro lado, la falta de pluralismo en el interior de cada orden constitu\u00eda a \u00e9stas en bloques y exacerbaba a\u00fan m\u00e1s la lucha. De ah\u00ed que ciertas doctrinas se impusieran hasta convertirse en caballo de batalla, mien\u00adtras la libre investigaci\u00f3n y el juicio cr\u00edtico eran lastrados por preocupaciones extra\u00f1as. As\u00ed, cuando los franciscanos adoptaban la doctrina de la Inmaculada Concepci\u00f3n de Mar\u00eda, rechaz\u00e1banla los dominicos, quienes desechaban tambi\u00e9n el molinismo, aclimatado entre los jesuitas tras algunas vacilaciones iniciales. La Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas se caracterizaba por su estructura monol\u00edtica, y descollaba por la agresividad con que propugnaba sus teor\u00edas, lo que la expon\u00eda tanto m\u00e1s al ataque de los adversarios, y se ilustra en la cuesti\u00f3n del regicidio y en la casu\u00edstica.<\/p>\n<p>Corto era el camino a recorrer para que los religiosos se demostrasen como un obst\u00e1culo y un elemento poco favorable a la formaci\u00f3n de un hombre sen\u00adsible a los valores morales universales de la comprensi\u00f3n de los dem\u00e1s, de la grandeza y de la libertad de esp\u00edritu. Guy Patin hac\u00eda este comentario: \u00abLa superstici\u00f3n triunfa hoy en Francia, sobre todo en las grandes ciudades, y es obra y trabajo de los monjes\u00bb.<\/p>\n<p>San Vicente supo tomar medidas para que sus comunidades no quedasen presas en este esp\u00edritu de conjura. As\u00ed da por consigna a las Hijas de la Caridad, con motivo de reunirse una vez el Consejo, que la gloria de Dios debe anteponerse a los intereses de la comunidad: \u00abHay bastantes congregaciones que no miran m\u00e1s que a sus propios intereses, pues son tan grandes, que encierran en s\u00ed los intereses de Dios. En cuanto a m\u00ed&#8230;, veo que estos \u00faltimos merecen considerarse antes que todos los dem\u00e1s\u00bb (XIII, 629 s.).<\/p>\n<p>En una carta (20 de julio, 1659) a la superiora del segundo monasterio de la Visitaci\u00f3n de Par\u00eds, San Vicente la pone en guardia contra la tentaci\u00f3n en la que ca\u00edan muchas comunidades: construir edificios suntuosos. \u00abDios no gusta de hermosos edificios\u00bb (\u00e1 A.-M. Gu\u00e9rin, VIII, 41), pues son desproporcionados a la condici\u00f3n de religiosos. Pudiera aqu\u00ed pensarse en una justa dosis de buen sentido, pero San Vicente afirma que la humildad es una facultad del alma de la Misi\u00f3n (XII, 298-311; Reglas, <em>c. <\/em>2, 14). Debe tambi\u00e9n aplicarse a la comunidad la definici\u00f3n de la humildad como \u00abanonadamiento ante Dios y destrucci\u00f3n de s\u00ed mismo, para que Dios tenga su puesto en el coraz\u00f3n\u00bb (XII, 304).<\/p>\n<p>Hall\u00e1ndose la Congregaci\u00f3n todav\u00eda en sus comienzos, tem\u00eda \u00e9l un desarrollo excesivo (a A. Portail, 16 de octubre 1635, I, 312) y, por espacio de veinte a\u00f1os, no os\u00f3 rogar por la propagaci\u00f3n de una obra a la que la Providencia deb\u00eda bastar. M\u00e1s tarde, las necesidades de las obras emprendidas y su propia libe\u00adraci\u00f3n interior le persuadieron de que la humildad de una comunidad pod\u00eda armo\u00adnizarse con su expansi\u00f3n (a E. Blatiron, 12 de noviembre. 1655. V, 463; cf. XI, 324; VII, 541, 613). Pero durante las tormentas que atravesaba la Misi\u00f3n, es firme en exigir una espera llena de fe (a A. Le Vazeau, junio de 1652, IV, 393). Aconseja de todas suertes a sus misioneros que se alegren cuando vean la fundaci\u00f3n de otras comunidades (IV, 348, 363, 399) y cuando tropiecen con ellas en el propio campo de apostolado (VII, 468; VIII, 189, 308) y su \u00e9xito sea mayor que el propio (VI, 400).<\/p>\n<p>Acontec\u00edale recomendar que se tuviese m\u00e1s estima por otras comunidades que por la Misi\u00f3n (II, 274: XI, 114 s.; XII, 204, 438) y que nunca se hablase en contra de ellas (III, 168). Hay un episodio significativo: en 1653, se ruega a San Vicente abra una misi\u00f3n en Normand\u00eda. De momento no tiene personal disponible, pero todo podr\u00eda arreglarse a finales de a\u00f1o. Esperar\u00eda uno como respuesta la idea de ganar tiempo. Por el contrario, San Vicente contesta a su corresponsal: \u00abExisten muchas santas comunidades en Par\u00eds que son preferibles a nosotros\u00bb (V, 35).<\/p>\n<p>Daba a sus comunidades el mismo trato que a s\u00ed mismo: las humillaba, las llamaba malas y necias, hablaba de los misioneros como de \u00ablos pobres bri\u00adbones de la Misi\u00f3n\u00bb (VI, 34; VIII, 22). En una carta a Juana de Chantal (15 de agosto de 1639, I, 574) declara que \u00abuna reputaci\u00f3n demasiado grande da\u00f1a mucho\u00bb, y concluye: \u00abSi conocieseis nuestra ignorancia y la poca virtud que tenemos, mucho os apiadar\u00edais de nosotros.\u00bb<\/p>\n<p>T\u00edpicamente, San Vicente vacila en permitir la publicaci\u00f3n de escritos que arrojen luz sobre la Congregaci\u00f3n. Por eso no quiere que se impriman las relaciones<strong> que los misioneros de Madagascar a veces remiten, pues teme los movimientos d<\/strong>e complacencia ocasionados por la publicaci\u00f3n de las gracias de Dios (a F. Get. 14 de julio, 1656, VI, 31). Se comprende la reacci\u00f3n del santo, cuando se imprime un op\u00fasculo que expone las caracter\u00edsticas del instituto.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abTengo un dolor tan grande, que no os lo puedo expresar, pues es algo muy opuesto a la humildad, publicar lo que somos y hacemos. Si alg\u00fan bien hay en nosotros y en nuestro modo de vivir es de Dios, y El lo manifestar\u00e1, si lo juzga conveniente. Pero nosotros, que somos pobre gente ignorante y pecadora, debemos ocultarnos como in\u00fatiles para bien alguno, y como indignos de que se piense en nos\u00adotros. Por eso, se\u00f1or, me ha concedido Dios la gracia de resistirme hasta ahora a que se imprima nada que conduzca al conocimiento y estima de la Compa\u00f1\u00eda, pese a lo mucho que se me ha instado, en particular para ciertas relaciones venidas de Madagascar, Berber\u00eda y las H\u00e9bridas; y menos a\u00fan hubiese yo permitido la impresi\u00f3n de algo que toca a la esencia y esp\u00edritu, nacimiento y desarrollo, funciones y fin de nuestro Instituto\u00bb (a G. Delville, 7 de febrero, 1657, VI, 176 s. cf. ib., 592, 9 de noviembre, cuando comienza a oscilar).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre tuvo la humildad un puesto de preferencia en las manifestaciones re\u00adligiosas. As\u00ed es como G. v. d Leeuw la emple\u00f3 como uno entre otros criterios para la clasificaci\u00f3n de las religiones. 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