{"id":95456,"date":"2018-05-10T08:30:39","date_gmt":"2018-05-10T06:30:39","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=95456"},"modified":"2018-04-30T10:13:49","modified_gmt":"2018-04-30T08:13:49","slug":"la-incorporacion-en-la-congregacion-de-la-mision","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-incorporacion-en-la-congregacion-de-la-mision\/","title":{"rendered":"La incorporaci\u00f3n en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Excluimos el t\u00e9rmino t\u00e9cnico de <strong>vinculaci\u00f3n, <\/strong>por no ser <strong>propio <\/strong>y <strong>espec\u00edfico <\/strong><strong>en <\/strong>el caso. <strong>Vinculaci\u00f3n <\/strong>es m\u00e1s gen\u00e9rico que <strong>incorporaci\u00f3n <\/strong>(definitiva, perpetua, plena; o provisoria, temporal, no plena). Toda incorporaci\u00f3n es vinculaci\u00f3n, pero no viceversa. Ejemplo: un contrato permanente de orden meramente econ\u00f3mico entre una Congregaci\u00f3n Religiosa y un seglar vincula entre s\u00ed a los contrayentes, pero no incorpora al seglar en la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Examinamos esta \u00abinstituci\u00f3n\u00bb a trav\u00e9s de todos los per\u00edodos hist\u00f3ricos hasta nuestros d\u00edas.<\/p>\n<h2><strong>Primer per\u00edodo: desde la fundaci\u00f3n hasta la erecci\u00f3n pon\u00ad<\/strong><strong>tificia (1625-1632).<\/strong><\/h2>\n<p><strong>1. <\/strong>La C.M. inicia su vida mediante un <strong>Contrato de fundaci\u00f3n<\/strong> firmado en Par\u00eds (17-4-1625) por el <strong>se\u00f1or Vicente <\/strong>y los fundadores-patronos con el \u00fanico fin de servir a Cristo en los pobres.<\/p>\n<p>El contrato, primera pieza legislativa del Instituto, es muy exacto y detallado al referir las principales \u00abinstituciones\u00bb y pr\u00e1cticas de la naciente comunidad. En un resumen normativo tan exacto no falta, ni pod\u00eda faltar, la norma sobre la admisi\u00f3n o <strong>incorporaci\u00f3n <\/strong>de los socios: \u00e9sta se efectuar\u00e1 <strong>mediante la mani\u00ad<\/strong><strong>festaci\u00f3n hecha por el candidato a la Compa\u00f1\u00eda de su intenci\u00f3n de servir a Dios <\/strong><strong>en dicha manera de vida y de observar el Reglamento<\/strong>. No habla el contrato de ninguna promesa <strong>formal y expresa, <\/strong>verbal o escrita, ni la exige.<\/p>\n<p>A\u00fan m\u00e1s: el contrato <strong>ni siquiera dice expresamente <\/strong>que la buena intenci\u00f3n del candidato, al ingresar, ser\u00e1 <strong>manifestada <\/strong>a la Compa\u00f1\u00eda. Pero aunque no lo dice, lo supone. Supone el contrato de fundaci\u00f3n, por la misma naturaleza de las cosas, que el candidato, al ingresar, deb\u00eda manifestar a los superiores su inten\u00adci\u00f3n o buena voluntad de someterse a la manera de vivir y al <strong>R\u00e9glement. <\/strong>La cual manifestaci\u00f3n, conocida por los superiores, llevaba consigo, desde el momento del ingreso, y necesariamente, una <strong>promesa o contrato t\u00e1citos, <\/strong>que es el \u00abm\u00ednimum\u00bb de vinculaci\u00f3n incorporativa requerida por el mismo derecho natural en aquellas asociaciones o institutos que no exigen a los socios una incorporaci\u00f3n <strong>formal <\/strong>y expresa.<\/p>\n<p><strong>En <\/strong>la primera etapa \u2014un a\u00f1o\u2014 de este primer per\u00edodo, hasta obtener la aprobaci\u00f3n eclesi\u00e1stica, la Compa\u00f1\u00eda no era m\u00e1s que una <strong>asociaci\u00f3n (confr\u00e9rie) <\/strong><strong>clerical, con <\/strong>capacidad de ser encuadrada oficialmente entre las \u00abAsociaciones de <strong>los fieles\u00bb, <\/strong>y sin otro derecho que el meramente privado, dependiente del con\u00adsentimiento de los socios, expresado en el contrato de fundaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Al ser <\/strong>aprobada (24-4-1626) por el arzobispo de Par\u00eds, <strong>Juan-Francisco de Gondy, <\/strong><strong>la <\/strong>comunidad inicia una segunda etapa en este primer per\u00edodo: el arzobispo re\u00adconoce <strong>y <\/strong>aprueba el contrato de fundaci\u00f3n, consintiendo \u00fanicamente que los <strong>socios de <\/strong>la naciente Compa\u00f1\u00eda se establezcan y vivan en Par\u00eds, para evangelizar a <strong>los <\/strong>campesinos de la di\u00f3cesis, a tenor de dicho contrato y bajo la autoridad del arzobispo. Con esto la C.M. queda oficialmente encuadrada entre las \u00abAsocia\u00adciones <strong>de <\/strong>los fieles\u00bb, como asociaci\u00f3n clerical diocesana. El arzobispo no cambi\u00f3 <strong>para nada <\/strong>el fin, naturaleza, nombre, incorporaci\u00f3n, normas apost\u00f3licas, ni dem\u00e1s elementos contenidos en el contrato de fundaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como <strong>consecuencia <\/strong>y <strong>ejecuci\u00f3n <\/strong>del contrato de fundaci\u00f3n y de la aproba\u00adci\u00f3n diocesana, los tres primeros socios C.M. junto con el Fundador se re\u00fanen en Par\u00eds ante dos notarios, y firman el \u00abActa de asociaci\u00f3n\u00bb (4-9-1626), que completa la erecci\u00f3n o instituci\u00f3n de la C.M. y la pone en marcha.<\/p>\n<p><strong>El Acta <\/strong>se someti\u00f3, y deb\u00eda someterse, al contrato de fundaci\u00f3n y a la apro\u00adbaci\u00f3n diocesana, de los que era una <strong>mera ejecuci\u00f3n, <\/strong>repitiendo, por eso, los puntos m\u00e1s fundamentales del contrato y de la aprobaci\u00f3n del arzobispo.<\/p>\n<p>Hemos de estar atentos ante una posible confusi\u00f3n: cuando los tres primeros <strong>socios <\/strong>se constituyen en una asociaci\u00f3n mediante el <strong>Acta, <\/strong>p\u00fablica y oficialmente <strong>con <\/strong>el fundador y ante dos notarios, dando origen en la Iglesia a la C.M., <strong>pro\u00admeten formal y expresamente <\/strong>la observancia del contrato de fundaci\u00f3n y del <strong>futuro R\u00e9glement <\/strong>y obedecer al fundador y a sus sucesores.<\/p>\n<p>Con este contrato de promesa <strong>formal, expresa, escrita <\/strong>y <strong>firmada <\/strong>que hicieron, y que deb\u00edan hacer \u2014dada la naturaleza de aquel acto fundacional\u2014, los tres primeros socios junto con el fundador, daban origen, confer\u00edan la existencia ju\u00adr\u00eddica a su Compa\u00f1\u00eda. No ten\u00eda m\u00e1s alcance, ni pod\u00eda tenerlo esta promesa.<\/p>\n<p>Los socios-fundadores, de hecho, no hicieron constar en el <strong>Acta <\/strong>que los can\u00addidatos, en adelante, al ser recibidos en la Compa\u00f1\u00eda, tambi\u00e9n deber\u00edan hacer la misma promesa formal y expresa. Ni pod\u00edan hacerlo constar. En aquel mo\u00admento de la firma del <strong>Acta <\/strong>los socios no ten\u00edan autoridad alguna para establecer dicho extremo, la forma sustancial de la incorporaci\u00f3n; eran ellos <strong>meros ejecutores <\/strong>del contrato de fundaci\u00f3n y de la aprobaci\u00f3n diocesana, a tenor de los cuales, y s\u00f3lo seg\u00fan ellos, la Curia Arzobispal les hab\u00eda autorizado para constituirse en una asociaci\u00f3n clerical y diocesana.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, los mismos sacerdotes afirman en el Acta que se asocian seg\u00fan el Contrato de fundaci\u00f3n y la aprobaci\u00f3n diocesana, y prometen formal y expresa\u00admente la obediencia al contrato de fundaci\u00f3n y al futuro Reglamento que se redactar\u00e1 seg\u00fan el Contrato de fundaci\u00f3n y la aprobaci\u00f3n diocesana. Ahora bien, el contrato y la aprobaci\u00f3n diocesana no precept\u00faan, para el ingreso de los can\u00addidatos, ninguna promesa formal y expresa.<\/p>\n<p>Ser\u00eda, pues, sacar las cosas de su quicio al sostener que, a tenor del Acta, de fundaci\u00f3n, en el primer per\u00edodo, en los or\u00edgenes de la C.M., los candidatos se incorporaban mediante una promesa formal y expresa.<\/p>\n<p>En este per\u00edodo se produce un hecho hist\u00f3rico que tambi\u00e9n debe ser cri\u00adticado en sus relaciones con la incorporaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Nos refiere el mismo San Vicente que, a partir del segundo o tercer a\u00f1o des\u00adpu\u00e9s de la fundaci\u00f3n, se inici\u00f3 la pr\u00e1ctica de emitir privada y libremente los votos de pobreza, castidad, obediencia y perseverancia (5). Bien aquilatada esta noticia con los documentos de la \u00e9poca, asegura <strong>Coste <\/strong>que tal pr\u00e1ctica comenz\u00f3, por consejo y ejemplo del Fundador, el 9-0-1629 (seg\u00fan el <strong>Consuetudinario <\/strong>de la Parroquia de <strong>Fontainebleau) <\/strong>entre los doce sacerdotes que ya integraban la<\/p>\n<p>C. M. (6).<\/p>\n<p>Pero seg\u00fan los documentos citados se trataba de votos totalmente privados, como los emitidos por los simples fieles con permiso del confesor, <strong>votos de con\u00ad<\/strong><strong>ciencia. <\/strong>No eran, pues, reconocidos ni recibidos por ning\u00fan superior del fuero externo, ni ten\u00edan valor en el orden social, y los emit\u00eda libremente el que lo deseaba. No pod\u00edan, por eso, constituir el v\u00ednculo de incorporaci\u00f3n, que es del orden social, aceptado por ambas partes (socio, instituto) y obligatorio, si se quiere pertenecer a una comunidad.<\/p>\n<p>En este primer per\u00edodo, despu\u00e9s del Acta de asociaci\u00f3n y del comienzo de la praxis de los votos privados, no existe ning\u00fan otro documento o hecho hist\u00f3rico que dictamine o nos informe sobre la incorporaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los restantes documentos, o sea, los relativos a la petici\u00f3n de la aprobaci\u00f3n pontificia y otros, antecedentes o posteriores a \u00e9stos en el orden cronol\u00f3gi\u00adco, no cambian para nada el <strong>n\u00facleo primitivo <\/strong>(\u00abContrato de fundaci\u00f3n\u00bb, \u00abAprobaci\u00f3n diocesana\u00bb, \u00abActa de asociaci\u00f3n\u00bb), ni a\u00f1aden ning\u00fan otro elemento constitucional; no tocan para nada el v\u00ednculo de incorporaci\u00f3n, sino que con\u00adfirman de paso los elementos contenidos en el \u00abn\u00facleo primitivo\u00bb.<\/p>\n<p>Hemos de poner alerta sobre una posici\u00f3n contraria, que podr\u00eda contener un sofisma.<\/p>\n<p>Se afirm\u00f3 que \u00abevidentemente, antes de 1655, los socios C.M. ten\u00edan que incorporarse por un v\u00ednculo que consist\u00eda, o en una promesa oral, o en una promesa escrita (documento), o en votos no reservados\u00bb.<\/p>\n<p>Esta posici\u00f3n no es tan evidente como ella quiere presentarse. Su enumera\u00adci\u00f3n de posibilidades no es completa, ni contiene una \u00abcoartada\u00bb: los socios C.M. antes y despu\u00e9s de 1655, pod\u00edan y pueden incorporarse tambi\u00e9n mediante una mera promesa o contrato t\u00e1citos, como se incorporaron desde los siglos XVI y XVII hasta nuestros d\u00edas, en sus respectivas Sociedades, los socios del Oratorio de San Felipe Neri (1575-1612) y el Oratorio de Francia (1611), fundados antes de la C.M. y los Sulpicianos (1642-1664), fundados despu\u00e9s.<\/p>\n<p>No podemos, pues afirmar, que en el primer per\u00edodo se efectuaba la incor\u00adporaci\u00f3n mediante una promesa formal y expresa, hecha a los Superiores y acep\u00adtada por ellos. Por los datos que poseemos \u00fanicamente podemos se\u00f1alar, como vinculo incorporativo, la <strong>manifestaci\u00f3n <\/strong>(de palabra o por escrito) de la intenci\u00f3n o buena voluntad en el sentido explicado, junto con la consiguiente <strong>declaraci\u00f3n <\/strong>de admisi\u00f3n por parte de los Superiores; <strong>manifestaci\u00f3n <\/strong>y <strong>declaraci\u00f3n <\/strong>que, por derecho natural, llevaban consigo una promesa o contrato <strong>t\u00e1citos. <\/strong>Es la forma m\u00e1s elemental de incorporaci\u00f3n que, al menos, deben tener los Institutos, co\u00admunidades y asociaciones.<\/p>\n<h2>Segundo per\u00edodo: desde la erecci\u00f3n pontificia de la C.M. o la aprobaci\u00f3n pontificia de sus votos (1632-1655).<\/h2>\n<p>Se inici\u00f3 este per\u00edodo con la erecci\u00f3n pontificia de la C.M. mediante la bula Salvatoris nostri, de Urbano VIII, 12-1-1632, que, con el \u00abn\u00facleo primitivo\u00bb \u2014cfr.n\u00famero 5\u2014, constituye el \u00abn\u00facleo fundamental\u00bb de la C.M.; y finaliza con la aprobaci\u00f3n pontificia de los votos con el breve Ex commissa Nobis de Alejandro VII, 22-9-1655.<\/p>\n<p>6. La incorporaci\u00f3n en este segundo per\u00edodo reviste la misma forma que en el anterior. Pues Urbano VIII (1632) aprueba y confirma la C.M. seg\u00fan ya estaba constituida en el \u00abn\u00facleo primitivo\u00bb y en las peticiones del fundador y socios a la Santa Sede. Documentos que no admiten otra forma de incorporaci\u00f3n que la establecida en el primer per\u00edodo.<\/p>\n<p>Tiene sobre todo valor decisivo este hecho: la bula Salvatoris nostri repro\u00adduce un resumen (Capitula et Regulae) del primitivo Reglamento C.M. entonces (1632) vigente, el cual en esta bula recibe su aprobaci\u00f3n pontificia. Pero Ur\u00adbano VIII, mediante la bula, aprueba y confirma la C.M. y sus \u00abInstituciones\u00bb seg\u00fan estaban ya perfiladas en estos Capitula et Regulae.<\/p>\n<p>Ahora bien, los Capitula et Regulae describen una forma de incorporaci\u00f3n que es la misma del primer per\u00edodo, es decir, sin promesa o contrato formal y ex\u00adpreso, y sin aceptaci\u00f3n formal expresa por parte de los Superiores. Precept\u00faan solamente una simple manifestaci\u00f3n a los Superiores de la intenci\u00f3n \u2014animus\u2014, o prop\u00f3sito (Bon propos), o buena voluntad de permanecer toda la vida en la C.M. para realizar su fin, ateni\u00e9ndose a sus reglas y manera de vida.<\/p>\n<p>La aprobaci\u00f3n diocesana de los votos (1641), atendiendo al texto original, no cambia la forma de incorporaci\u00f3n contenida en la bula Salvatoris nostri (1632). S\u00f3lo establece que, al final del primer a\u00f1o del Seminario Interno, los candidatos (dentro de los t\u00e9rminos de una incorporaci\u00f3n provisoria) emitan ante el Supe\u00adrior un prop\u00f3sito de perseverar de por vida en la C.M., guardando pobreza, cas\u00adtidad y obediencia, y al final del segundo a\u00f1o del Seminario (en su incorpora\u00adci\u00f3n definitiva) emitan los cuatro votos simples (privados) de pobreza, castidad, obediencia y perseverancia, etc., ante el Superior que los escucha como testigo, pero que ni \u00e9l ni nadie los recibe o acepta, dentro o fuera de la C.M., ni en nombre del Instituto, ni en nombre de la Iglesia.<\/p>\n<p>Estos votos privados, al no ser aceptados por nadie, no pueden ser v\u00ednculos de incorporaci\u00f3n, la cual, por su misma naturaleza, es un v\u00ednculo mutuo, aceptado por el candidato y el Instituto.<\/p>\n<p>Por otra parte, los prop\u00f3sitos emitidos al final del primer a\u00f1o de Seminario, no son m\u00e1s que eso, lo que dice el documento original: un prop\u00f3sito \u2014bonum propositum\u2014, bon propos, un buen prop\u00f3sito, un piadoso y firme prop\u00f3sito o \u00a0voluntad, pero no una promesa, y mucho menos una promesa formal y expresa, aceptada por los Superiores.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el prop\u00f3sito o los prop\u00f3sitos (como se dijo siempre en la C.M.), emi\u00adtidos al final del primer a\u00f1o de Seminario desde la fecha del decreto arzobispal (1641) hasta hoy, seg\u00fan el mismo texto del decreto y la praxis plurisecular de la C.M., se emitieron siempre, como los votos, durante la misa \u2014\u00bb\u00ednter missarum solemnia\u00bb\u2014 ante el Superior que los escucha como testigo oficial, pero que no los acepta, a\u00fan m\u00e1s, que no responde ni una sola palabra, como en el caso de los votos, a la emisi\u00f3n en voz alta del candidato.<\/p>\n<p>Por eso tampoco el prop\u00f3sito, o los prop\u00f3sitos, pueden ser v\u00ednculo de incor\u00adporaci\u00f3n, no s\u00f3lo por referirse \u00fanicamente a la incorporaci\u00f3n provisoria, sino sobre todo porque, como en el caso de los votos, no siendo aceptados por nadie, carecen de la mutua vinculaci\u00f3n, necesaria en la incorporaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que el decreto arzobispal de aprobaci\u00f3n de los votos tambi\u00e9n deja intacta la forma de incorporaci\u00f3n establecida desde los or\u00edgenes de la C.M.<\/p>\n<p>Por otra parte, el decreto arzobispal no pod\u00eda establecer otra forma de in\u00adcorporaci\u00f3n; v. g.: una promesa formal y expresa; pues el arzobispo de Par\u00eds no ten\u00eda jurisdicci\u00f3n para legislar en contra de la bula Salvatoris nostri o de las \u00abInstituciones\u00bb de la C.M..<\/p>\n<p>La forma de incorporaci\u00f3n mediante una promesa o contrato t\u00e1citos, prove\u00adniente del primer per\u00edodo, por haber sido luego preceptuada en la bula Salvatoris nostri en un segundo per\u00edodo, se transform\u00f3 en una forma incorporativa de de-, recho pontificio, que en adelante ya no pod\u00eda ser modificada sin intervenci\u00f3n de la Santa Sede.<\/p>\n<p>7. Terminamos con el examen cr\u00edtico de dos documentos que podr\u00edan crear alguna dificultad respecto de la incorporaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El 16-6-1653 fue redactada en Par\u00eds la famosa publicaci\u00f3n an\u00f3nima que resum\u00eda los elementos institucionales de la C.M., y cuya publicaci\u00f3n (13-12-1656), seg\u00fan sali\u00f3 de la pluma del A., tanta pena caus\u00f3 al se\u00f1or Vicente (16). Quiere, pues, esta publicaci\u00f3n dar cuenta de las \u00abinstituciones\u00bb de la C.M. vigentes en 1653.<\/p>\n<p>Esta publicaci\u00f3n an\u00f3nima nos refiere que la incorporaci\u00f3n a la <strong>C.M. en aquel <\/strong>tiempo (1653), en que ya estaban aprobados los cuatro votos por el arzobispo de Par\u00eds (1641), se efectuaba mediante una <strong>promesa de estabilidad <\/strong>hecha por el candidato a los Superiores.<\/p>\n<p>Se trata de una noticia comunicada por un escrito an\u00f3nimo, cuyo g\u00e9nero lite\u00adrario lleva consigo, por ley general, alguna sospecha.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de tal sospecha gen\u00e9rica, recaen sobre esta publicaci\u00f3n an\u00f3nima otras sospechas y razones de peso que hacen inadmisible su afirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al final del <strong>Petit Abr\u00e9g\u00e9 <\/strong>nos cuenta el an\u00f3nimo las dificultades habidas, y provenientes \u00abdel Superior del Instituto\u00bb, para publicarlo, hasta que \u2014contin\u00faa\u2014 dicho Superior \u00abreconoci\u00f3 la voluntad de Dios en su publicaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Esta \u00faltima afirmaci\u00f3n contradice palmariamente la verdad. Pues el Fundador, al conocer el impreso an\u00f3nimo, se llev\u00f3 un gran disgusto y no dej\u00f3 de protestar, sosteniendo, adem\u00e1s, que nunca hab\u00eda permitido publicaci\u00f3n alguna de ese g\u00e9\u00adnero. Todo lo cual, en contra de lo referido por el an\u00f3nimo, nos dice clara\u00admente que el Santo nunca respald\u00f3 con su consentimiento previo, ni el an\u00f3nimo, ni la doctrina en \u00e9l vertida. Y no s\u00f3lo no lo respald\u00f3, sino que el <strong>se\u00f1or Vicente <\/strong>no admit\u00eda la doctrina de la incorporaci\u00f3n como iba explicada en la publicaci\u00f3n an\u00f3nima, es decir, incorporaci\u00f3n mediante una promesa formal y expresa.<\/p>\n<p>Citando sobre todo los escritos del Fundador, el acta de la aprobaci\u00f3n de los votos y la bula <strong>Salvatoris nostri, <\/strong>los documentos de este per\u00edodo, aqu\u00ed citados y paginados, no hablan de incorporaci\u00f3n mediante una promesa de estabilidad, y mucho menos una promesa formal y expresa, aceptada por los Superiores.<\/p>\n<p>A\u00fan m\u00e1s, es muy significativa, al efecto, la carta de San Vicente, 14-7-1639, <strong>a <\/strong><strong>Santa Juana Chantal, si la tomamos en su contexto con los otros documentos de <\/strong><strong>este per\u00edodo. <\/strong>La carta es <strong>una exposici\u00f3n detallada <\/strong>del fin, esp\u00edritu, \u00abinstituciones\u00bb, <strong>Ordo diei, <\/strong>y manera de vivir de la C.M., otro <strong>Petit Abr\u00e9g\u00e9<\/strong>. Pero al detallar los dos a\u00f1os en Seminario, la carta ignora la incorporaci\u00f3n mediante promesa formal y expresa de estabilidad, e ignora en absoluto la incorporaci\u00f3n, indicando con ella que sobre \u00e9sta nada especial ten\u00eda que decir. Lo que necesariamente hubiera dicho, de existir esa forma incorporativa, dada la \u00edndole de la carta \u2014re\u00adsumen detallado de las \u00abinstituciones\u00bb C.M.\u2014 y la importancia de la incorporaci\u00f3n; referencia de tal incorporaci\u00f3n que tampoco nos hace el Santo en sus dem\u00e1s escritos.<\/p>\n<p>Todo lo cual nos dice bien claramente que el <strong>Petit Abr\u00e9g\u00e9 <\/strong>del Fundador, en oposici\u00f3n al <strong>Petit Abr\u00e9g\u00e9 <\/strong>an\u00f3nimo, y en conformidad con todos los documentos de este per\u00edodo, especialmente con el \u00abn\u00facleo fundamental\u00bb (cfr. introducci\u00f3n al se\u00adgundo per\u00edodo), no admit\u00eda m\u00e1s forma incorporativa que la efectuada por una promesa o contrato t\u00e1citos.<\/p>\n<p>Esta ausencia de la promesa de estabilidad en los documentos de este per\u00edodo y en los siguientes, nos hizo pensar que tal vez se trata s\u00f3lo de una <strong>imprecisi\u00f3n <\/strong><strong>Jur\u00eddica <\/strong>por parte del an\u00f3nimo<\/p>\n<p>En efecto, el escritor an\u00f3nimo incurre en imprecisi\u00f3n jur\u00eddica al decirnos que \u00abel <strong>fin primario <\/strong>de la C.M. es el trabajar los socios en su propia perfecci\u00f3n, per\u00adfeccion\u00e1ndose en las ciencias y virtudes necesarias para el ejercicio de las fun\u00adciones de la Congregaci\u00f3n\u00bb. <strong>El <\/strong>mismo se contradice: si la perfecci\u00f3n moral y cient\u00edfica de los socios es un camino, un medio para ejercer rectamente los ministerios, como dice el an\u00f3nimo, y siendo los ministerios C.M. el camino para conseguir su fin institucional, resulta que la perfecci\u00f3n de los socios no es m\u00e1s <strong>que <\/strong>un medio, si se quiere el primero, y <strong>no el fin <\/strong>de la C.M.<\/p>\n<p>Sospechamos, pues, que la forma de incorporaci\u00f3n descrita en el an\u00f3nimo con\u00adtenga <strong>otra imprecisi\u00f3n: <\/strong>tal vez el A. s\u00f3lo atribuye la incorporaci\u00f3n a una <strong>promesa humana <\/strong>y <strong>t\u00e1cita, <\/strong>no formal y expresa, <strong>aneja al mismo voto de estabilidad, <\/strong>el m\u00e1s importante y fundamental de los cuatro, por referirse directamente al fin. Si tal fuera el pensamiento del A., no merecer\u00eda ninguna cr\u00edtica desfavorable.<\/p>\n<p><strong>Concluyendo: <\/strong>si el an\u00f3nimo, como parece ser el sentido obvio de sus palabras, <strong>nos <\/strong>habla de una promesa formal y expresa de estabilidad, tal forma de incorpo\u00adraci\u00f3n, ni la refieren, ni la prueban los documentos de este per\u00edodo, ni de los dem\u00e1s per\u00edodos, especialmente del tercero en que fragu\u00f3 definitivamente el \u00abca\u00adrisma vicenciano\u00bb. Ni mucho menos consta que tal promesa incorporativa, con\u00adtraria a la aprobaci\u00f3n diocesana de los votos y a los documentos pontificios, <strong>fuera <\/strong>propuesta por el <strong>se\u00f1or Vicente <\/strong>a la C.M., aceptada por \u00e9sta en un segundo <strong>tiempo <\/strong>y ratificada y luego por la Santa Sede, convirti\u00e9ndose as\u00ed en una verda\u00addera \u00abinstituci\u00f3n vicenciana\u00bb, parte del \u00abcarisma\u00bb del Fundador.<\/p>\n<p>El segundo documento de este per\u00edodo, que podr\u00eda suponer dificultad con res\u00adpecto a la incorporaci\u00f3n, es la conferencia de San Vicente del 13-8-1655, pronun\u00adciada <strong>un <\/strong>mes antes, aproximadamente, de terminar este segundo per\u00edodo con la publicaci\u00f3n del breve <strong>Ex commissa Nobis <\/strong>(22-9-1655) de Alejandro VII.<\/p>\n<p>La conferencia del 13-2-1655 es el <strong>\u00fanico <\/strong>documento en que se apoyaba una opini\u00f3n, seg\u00fan la cual, en tiempos del Fundador se efectuaba la incorporaci\u00f3n mediante una promesa formal y expresa del candidato, aceptada por los Superiores.<\/p>\n<p>Veamos el fundamento de esta opini\u00f3n:<\/p>\n<p>Notemos primeramente que la conferencia del 13-8-1655 s\u00f3lo trata del voto de pobreza, no toca para nada los otros dos (castidad, obediencia), ni mucho menos el voto principal y fundamental de estabilidad (25).<\/p>\n<p>San Vicente en esta conferencia distingue con toda claridad entre la promesa de pobreza hecha s\u00f3lo a Dios y no aceptada por nadie (voto, v\u00ednculo sagrado) y la promesa de pobreza hecha s\u00f3lo a los Superiores y aceptada por ellos (promesa humana, v\u00ednculo humano), alegando precisamente esta promesa humana como la primera raz\u00f3n para observar la pobreza en la C.M. (26). Pero el se\u00f1or Vicente no hace la m\u00e1s m\u00ednima, insinuaci\u00f3n, ni en este documento ni en ninguno otro, de que esta distinci\u00f3n, esta doctrina se aplique tambi\u00e9n a alguno de los otros votos, o al conjunto de los cuatro.<\/p>\n<p>Es, pues, cierto, por el testimonio del Fundador, que en este per\u00edodo, a\u00fan despu\u00e9s de la aprobaci\u00f3n diocesana de los votos (1641), y al emitir \u00e9stos, emit\u00edan tambi\u00e9n los candidatos, separadamente del voto de pobreza, una promesa de pobreza, de car\u00e1cter humano, por estar dirigida s\u00f3lo a los Superiores y ser acep\u00adtada por ellos. No podemos concretar los a\u00f1os que dur\u00f3 esta praxis.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 se introdujo esta costumbre? Lo indica el mismo Fundador. Si bien es cierto que de hecho hubo grandes dificultades por parte de la Compa\u00f1\u00eda para aceptar los cuatro votos, estas dificultades fueron mayores trat\u00e1ndose del voto de pobreza, y perduraron hasta que Alejandro VII las resolvi\u00f3 definitivamente por el breve Alias Nos del 12-8-1659, que promulg\u00f3 el \u00abestatuto fundamental\u00bb de la pobreza. Tales fueron estas dificultades, que se pens\u00f3 en suprimir al me\u00adnos el voto de pobreza (28). Las dificultades proven\u00edan del hecho que los sacer\u00addotes C.M. eran \u2014como lo son ahora\u2014 \u00abdel cuerpo del clero secular\u00bb, y, dadas las costumbres eclesi\u00e1sticas de la \u00e9poca, ten\u00edan, como tales, sus derechos a bene\u00adficios eclesi\u00e1sticos simples (no residenciales), a pensiones de la Iglesia, etc..<\/p>\n<p>En este ambiente, y aparte la emisi\u00f3n de los votos, se le exig\u00eda al candidato en su ingreso, la emisi\u00f3n de una promesa humana, formal, expresa y aceptada por los Superiores, de practicar la pobreza como entonces se entend\u00eda en la C.M. (30). Pero esta promesa de pobreza desapareci\u00f3 el desaparecer, con la pu\u00adblicaci\u00f3n del \u00abestatuto fundamental\u00bb de pobreza, las dificultades que la motiva\u00adron<strong>. <\/strong>En efecto, a partir de 1659 hasta nuestros d\u00edas ya no se encuentra do\u00adcumento alguno, ni del Fundador, ni de la Compa\u00f1\u00eda, que refiera semejante pro\u00admesa de pobreza. Sobre todo es de notar que, a partir de la promulgaci\u00f3n del \u00abestatuto fundamental\u00bb (12-8-1659), en el \u00faltimo a\u00f1o de la vida del Fundador (muer\u00adto, 27-9-1660) cuando estaban ya total y definitivamente perfiladas las \u00abinstitucio\u00adnes\u00bb C.M. seg\u00fan el pensamiento de San Vicente, \u00e9ste no dice una palabra, ni hace la m\u00e1s m\u00ednima alusi\u00f3n a ninguna promesa humana aceptada por los Supe\u00adriores <strong>y <\/strong>relativa a la pobreza, o a alguno de los otros votos, o al conjunto de <strong>los <\/strong>cuatro.<\/p>\n<p>Como esta promesa de pobreza fue temporal y transitoria, y nunca reconocida por la Iglesia, ni en el plano diocesano, ni en el pontificio, no constitu\u00eda, ni pod\u00eda constituir, el v\u00ednculo de incorporaci\u00f3n que, por su misma naturaleza, es perpetuo (instituci\u00f3n permanente), como la misma C.M. y reconocido por la Iglesia, como las dem\u00e1s \u00abinstituciones\u00bb fundamentales de una comunidad.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, repugna intr\u00ednsecamente que una promesa de pobreza sea el v\u00ednculo de incorporaci\u00f3n que, por su misma naturaleza, debe referirse, no s\u00f3lo a la po\u00adbreza, sino tambi\u00e9n a las obligaciones de los otros votos, a las Reglas y Cons\u00adtituciones. Tambi\u00e9n militan contra esta promesa, como v\u00ednculo de incorporaci\u00f3n, las razones ya expuestas con referencia a la supuesta promesa de estabilidad.<\/p>\n<h2><strong>Tercer per\u00edodo: desde la aprobaci\u00f3n pontificia de los votos <\/strong><strong>a la muerte del Fundador (1655-1660).<\/strong><\/h2>\n<p>En este per\u00edodo el breve <strong>Ex commissa Nobis <\/strong>(1655, cfr. <strong>supra) <\/strong>de Alejan\u00addro VII, que aprob\u00f3 los votos privados, lo mismo que el otro breve del mismo Papa, <strong>Alias Nos, <\/strong>12-8-1659, no tocan para nada la forma de \u00abincorporaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Con estos documentos pontificios est\u00e1n de acuerdo todos los textos del Fun\u00addador en este per\u00edodo; y a\u00fan textos del Santo cuya fecha no dista un a\u00f1o de su muerte. A\u00fan m\u00e1s: unos meses antes de morir, en carta a <strong>La Fosse, <\/strong>7-2-1660, tratando precisamente de la \u00edndole C.M., y poniendo \u00e9sta en parang\u00f3n con las Hijas de la Caridad y los Religiosos, no hace la menor alusi\u00f3n a una posible modificaci\u00f3n de su pensamiento sobre la forma de incorporaci\u00f3n, esta\u00adblecida por \u00e9l desde los or\u00edgenes de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Al contrario: como el br. <strong>Ex commissa Nobis, <\/strong>lo mismo que el br. <strong>Alias Nos, <\/strong>aprueban y confirman la C.M. y sus \u00abinstituciones\u00bb en la misma forma que la bula <strong>Salvatoris nostri <\/strong>(1632) de fundaci\u00f3n, en el per\u00edodo anterior, todas las \u00abinsti\u00adtuciones\u00bb C.M., entre ellas la incorporaci\u00f3n, vigentes en el per\u00edodo anterior, que\u00addaron plenamente confirmadas por la Sede Apost\u00f3lica en este tercer per\u00edodo.<\/p>\n<p>Propuestas por el Fundador en el primer per\u00edodo las \u00abinstituciones\u00bb de la C.M., aceptadas por \u00e9sta en el primero y segundo per\u00edodo, confirmadas por abun\u00addantes documentos de la Santa Sede, este tercer per\u00edodo, con la muerte del Fun\u00addador, fija definitivamente y a perpetuidad, el \u00abcarisma\u00bb e instituciones funda\u00admentales de la C.M. En adelante, ni \u00e9sta ni sus Asambleas generales, Superiores o particulares podr\u00edan modificar (seg\u00fan la mente de la Iglesia, reiterada en el Concilio Vaticano II) ninguna de las \u00abinstituciones vicencianas\u00bb, v. gr.: la forma incorporativa.<\/p>\n<h2><strong>Cuarto periodo: desde la muerte del Fundador hasta la Asamblea general posconciliar y extraordinaria (1660, 1968, 1969).<\/strong><\/h2>\n<p><strong>10. <\/strong>Para darnos cuenta de c\u00f3mo quedaron las \u00abinstituciones\u00bb vicencianas en este largu\u00edsimo per\u00edodo, es necesario pasar revista a la legislaci\u00f3n C.M.<\/p>\n<p>La <strong>primera secci\u00f3n legislativa <\/strong>de nuestra Sociedad va integrada, aparte de los <strong>documentos pontificios <\/strong>relativos a las \u00abinstituciones\u00bb C.M., por las <strong>Constituciones: 1. Constitutiones Maiores, <\/strong>provenientes en su primera redacci\u00f3n del mismo Fun\u00addador, y luego en su segunda y definitiva redacci\u00f3n, de <strong>Alm\u00e9ras <\/strong>y de la II Asamblea general (1668). 2. <strong>Constitutiones Selectae, <\/strong>resumen de las anteriores aprobado por Clemente X. 3. <strong>Constitutiones o Regulae Comunes, <\/strong>de San Vicente. 4. Estos <strong>tres <\/strong>g\u00e9neros de <strong>Constitutiones <\/strong>tuvieron pleno vigor jur\u00eddico en la C.M. hasta que fueron refundidas y adaptadas en las <strong>Constitutiones-1953, <\/strong>aprobadas por P\u00edo XII <strong>en <\/strong>conformidad con el vigente codex I.C. (1917-18).<\/p>\n<p>Al lado de estas piezas legislativas fundamentales existe la <strong>segunda secci\u00f3n <\/strong><strong>legislativa, <\/strong>redactada de acuerdo con la primera: 1. <strong>Reglas particulares <\/strong>o de los oficios (Visitador, Consejeros, Superior local, Asistentes, etc.). 2. <strong>Directorios ad\u00administrativos <\/strong>(Reglas de las Asambleas, general, provincial, local, etc.). 3. <strong>Directo\u00ad<\/strong><strong>rios ministeriales <\/strong>(Hijas de la Caridad, Misiones, Seminarios, Confesores, Asocia\u00adciones, etc.).<\/p>\n<p><strong>A <\/strong>diferencia de la primera secci\u00f3n legislativa, que no cambi\u00f3 hasta 1953, des\u00adpu\u00e9s de tres siglos, la segunda secci\u00f3n fue cambiando desde la muerte de San Vicente hasta hoy; cambios dirigidos por las Asambleas generales en continua adaptaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las piezas de la primera secci\u00f3n tuvieron aprobaci\u00f3n pontificia, <strong>directa (Const. Selectae, Const. 1953), <\/strong>o <strong>indirecta (Const. Maiores, Const. Reg. Communes). <\/strong>Las piezas de la segunda secci\u00f3n, por su misma naturaleza, no tuvieron ninguna apro\u00adbaci\u00f3n pontificia (40).<\/p>\n<p>Hecha esta distinci\u00f3n, es bien f\u00e1cil determinar c\u00f3mo quedaron las institucio\u00adnes <strong>C.M. <\/strong>y en concreto la incorporaci\u00f3n, desde la muerte de San Vicente hasta hoy.<\/p>\n<p><strong>Las <\/strong>piezas legislativas de la primera secci\u00f3n, desde su promulgaci\u00f3n hasta 1953, quedaron intactas. Y por lo tanto las \u00abinstituciones\u00bb C.M. en ellas contenidas (fin, \u00edndole, naturaleza, votos, incorporaci\u00f3n, etc.) fueron conservadas con fidelidad hasta 1953 seg\u00fan las recibimos del Fundador. Igual decimos de los documentos pontificios (bulas, breves) relativos a las instituciones C.M., v. gr.: los aqu\u00ed citados con referencia a la incorporaci\u00f3n; ninguno de los cuales, a partir de su pro\u00admulgaci\u00f3n fue modificado por la Santa Sede.<\/p>\n<p>Las piezas legislativas de la segunda secci\u00f3n de hecho no modificaron, ni po\u00add\u00edan modificar para nada, las \u00abinstituciones\u00bb C.M., recibidas de San Vicente y aprobadas por la Santa Sede.<\/p>\n<p>Nuestra Asamblea general de 1968-69, postconciliar y extraordinaria, con\u00adserv\u00f3 con fidelidad las \u00abinstituciones\u00bb del Fundador, haciendo, en su exposici\u00f3n y presentaci\u00f3n, los oportunos retoques, si bien \u00e9stos a\u00fan no sean la \u00faltima palabra. Pero tuvo una \u00abpiedra de tropiezo\u00bb, la incorporaci\u00f3n, en la cual, creando por su cuenta una vinculaci\u00f3n o incorporaci\u00f3n mediante una promesa formal y expresa del candidato, recibida por los Superiores, se opuso directamente al \u00abcarisma\u00bb del Fun\u00addador, a los documentos pontificios y a una tradici\u00f3n pac\u00edfica de m\u00e1s de tres siglos, en los cuales el <strong>se\u00f1or Vicente <\/strong>y su <strong>Compa\u00f1\u00eda <\/strong>s\u00f3lo conocieron y practicaron una incorporaci\u00f3n (perpetua o temporal) mediante una promesa o contrato t\u00e1citos.<\/p>\n<h2>Resumen y conclusiones finales.<\/h2>\n<p><strong>12. <\/strong>Los votos de la C.M., al no ser aceptados por nadie, ni en nombre de la Iglesia, ni en nombre del Instituto<strong>, <\/strong>no pueden ser <strong>v\u00ednculos de incorporaci\u00f3n, <\/strong>que es una relaci\u00f3n mutua o contrato rec\u00edproco, y como tal, debe ser aceptado por ambas partes. De hecho en la C.M. los votos, desde sus or\u00edgenes hasta hoy (tres siglos), nunca han sido v\u00ednculos de incorporaci\u00f3n, precisamente por eso, porque no pueden serlo. De ah\u00ed que en la C.M. los votos son \u00fanicamente <strong>v\u00ednculos de con\u00adsagraci\u00f3n <\/strong>(no, <strong>de la congregaci\u00f3n, <\/strong>que es <strong>apost\u00f3lica), <\/strong>a diferencia de \u00abReligiosos e Institutos Seculares\u00bb, en los cuales los votos son a la vez v\u00ednculos de consagra\u00adci\u00f3n y de incorporaci\u00f3n, pues son recibidos en nombre de la Iglesia y del Instituto (votos p\u00fablicos, religiosos), o s\u00f3lo en nombre del Instituto (votos privados, Institutos Seculares.<\/p>\n<p><strong>2\u00ba La <\/strong>incorporaci\u00f3n propiamente tal <strong>(definitiva, perpetua, plena) <\/strong>qued\u00f3 defini\u00adtivamente perfilada desde 1655 (aprobaci\u00f3n pontificia de los votos), si bien desde entonces hasta nuestros d\u00edas <strong>los textos legales no conten\u00edan la teor\u00eda de la incor\u00ad<\/strong><strong>poraci\u00f3n, definitiva o provisoria.<\/strong><\/p>\n<p>La existencia y naturaleza de la incorporaci\u00f3n, propuesta por San Vicente, aceptada por la C.M., practicada pac\u00edficamente por \u00e9sta durante m\u00e1s de tres siglos <strong>y <\/strong>confirmada por los documentos pontificios, s\u00f3lo puede deducirse de los siguien\u00adtes <strong>cuatro actos relativos al ingreso en la C.M., vigentes desde 1655:<\/strong><\/p>\n<p>Petici\u00f3n oral o escrita del candidato a los Superiores, manifestando su in\u00adtenci\u00f3n o buena voluntad de ingresar en la C.M., y solicitando el permiso de emitir los votos; pero sin formular o expresar, de palabra o por escrito, en la petici\u00f3n, ninguna promesa formal.<\/p>\n<p>Admisi\u00f3n de los Superiores concediendo los votos; pero sin la aceptaci\u00f3n expresa y formal de alguna promesa del candidato, hecha previamente y en la misma forma.<\/p>\n<p>Emisi\u00f3n de los votos ante un testigo oficial (superior o delegado), no reci\u00adbi\u00e9ndolos ni \u00e9l, ni ninguno otro, en nombre de la Iglesia o del Instituto, ni respondiendo el testigo oficial palabra alguna (ni el Am\u00e9n) a la recitaci\u00f3n de la f\u00f3rmula de emisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Documento firmado por el emitente y el testigo oficial \u2014\u00bbAtestaci\u00f3n de los votos\u00bb\u2014 e inscrito en el Libro de los Votos (desde los tiempos del Fundador); documento en que, escuetamente, s\u00f3lo se hacen constar dos hechos: la fecha del ingreso en el Seminario Interno y la fecha de la emisi\u00f3n de los votos, con los nombres y firmas del emitente y del testigo oficial. Este documento es la prueba oficial y aut\u00e9ntica, no s\u00f3lo de la emisi\u00f3n de los votos, sino tambi\u00e9n de la incorporaci\u00f3n con sus mutuos derechos y obligaciones; incor\u00adporaci\u00f3n que, desde 1655 hasta nuestros d\u00edas, tampoco tuvo m\u00e1s documento oficial y aut\u00e9ntico de constataci\u00f3n y prueba que \u00e9ste.<\/p>\n<p>Bien analizados estos cuatro actos (no existen otros) relativos a la incorpora\u00adci\u00f3n C.M., con referencia a una incorporaci\u00f3n perpetua, en ellos no se halla, ni puede hallarse, m\u00e1s acto formal de incorporaci\u00f3n que un contrato t\u00e1cito o pro\u00admesa t\u00e1cita aneja e impl\u00edcita en la misma emisi\u00f3n de los votos, y aceptada por el Instituto en la misma forma t\u00e1cita o impl\u00edcita. Ambos actos (emisi\u00f3n de los votos e incorporaci\u00f3n perpetua, de los cuales el primero es conditio sine qua non del segundo) y no tienen entre s\u00ed prioridad de tiempo, y constituyen un todo moral y jur\u00eddico.<\/p>\n<p>3&#8242; La otra incorporaci\u00f3n, la no plena, previsoria o temporal, se inicia me\u00addiante el ingreso en el Seminario Interno; ingreso que no se realiza mediante una promesa formal y expresa, sino (desde los tiempos de San Vicente hasta nuestros d\u00edas) mediante la manifestaci\u00f3n de la intenci\u00f3n o buena voluntad del candidato, seguida por la manifestaci\u00f3n del Superior (o Director del Seminario Interno), declarando al candidato admitido en la C.M.<\/p>\n<p>Esta incorporaci\u00f3n se ratifica con la emisi\u00f3n de los Prop\u00f3sitos, que no son ninguna promesa (promitto, coram Deo promitto, prometo), sino como lo dice su mismo nombre, un mero prop\u00f3sito, o piadoso prop\u00f3sito, el Bon Propos de los Institutos franceses (propono, coram Deo propono&#8230; me propongo), dirig\u00eddo, no a los Superiores, sino a Dios, como los Votos, y a cuya emisi\u00f3n el testigo oficial, corno en el caso de los Votos, no responde ni una sola palabra. Por eso, tampoco los Prop\u00f3sitos son aceptados por nadie, ni en nombre de la Iglesia, ni del Insti\u00adtuto (48).<\/p>\n<p>Tampoco se efect\u00faa, pues, esta segunda incorporaci\u00f3n mediante una promesa expresa o contrato expreso. Aparte la forma de ingreso en el Seminario Interno y la f\u00f3rmula de los Prop\u00f3sitos, avalan esta segunda incorporaci\u00f3n los documentos del Fundador, de la Santa Sede y oficiales del Instituto, los cuales todos (como vimos en este estudio) no precept\u00faan, ni hacen siquiera alusi\u00f3n a una promesa expresa como acto formal de incorporaci\u00f3n, definitiva o provisoria.<\/p>\n<p>4. Promesa o contrato t\u00e1citos, impl\u00edcitos, no significa promesa o contrato menos eficaz, m\u00e1s tenue que la promesa o contrato expreso de palabra o por escrito. Es una verdadera promesa o contrato con la misma validez y fuerza vinculatoria que la promesa o contrato expresos. Lo exige el mismo derecho na\u00adtural. La diferencia entre ambas promesas o contratos radica s\u00f3lo en su forma externa.<\/p>\n<p>5. La incorporaci\u00f3n t\u00e1cita, establecida en la C.M., pertenece al paquete de cautelas, introducido por el Fundador y la Santa Sede, para evitar la transforma\u00adci\u00f3n en congregaci\u00f3n religiosa de la C.M., por ser \u00e9sta, entre todas las Serviciales, la que m\u00e1s se aproxima (vida com\u00fan, votos, organizaci\u00f3n interna, exenci\u00f3n plena) a los religiosos). De hecho, si admitimos la incorporaci\u00f3n expresa, aceptada en la misma forma por \u00a0los Superiores, comenzamos a poner en peligro la \u00edndole de la C.M., al dar un paso m\u00e1s de aproximaci\u00f3n a los religiosos, teniendo ya la Compa\u00f1\u00eda notables semejanzas con \u00e9stos.<\/p>\n<p>6.\u00b0 La Asamblea general 1968-69, creando por su cuenta una incorporaci\u00f3n me\u00addiante promesa formal, expresa y escrita \u2014cfr. nota (43)\u2014 se opuso al \u00abcarisma\u00bb del Fundador, a los documentos pontificios y \u00absanas tradiciones\u00bb del Instituto (cfr. n.o 11). Debe, pues, ser restituida a la C.M. la forma incorporativa que re\u00adcibi\u00f3 de manos del <strong>se\u00f1or Vicente <\/strong>y practic\u00f3 fielmente durante m\u00e1s de tres siglos.<\/p>\n<p>7.\u00b0 La desviaci\u00f3n de esta Asamblea fue, en gran parte, debida a su <strong>preocupaci\u00f3n <\/strong><strong>econ\u00f3mica, <\/strong>especialmente con referencia a los que dejan la C.M. Pero tal preocu\u00adpaci\u00f3n se satisface plenamente transformando la promesa expresa y escrita, por ella introducida (Const. et Statua, art. 71), <strong>en un contrato escrito y firmado por <\/strong><strong>ambas partes (candidato marginal, o promesa marginal), pero sin constituir el acto <\/strong><strong>formal de incorporaci\u00f3n. <\/strong>En este contrato, cuyo ulterior desarrollo se dejar\u00eda a las Provincias, se pueden detallar las mutuas obligaciones econ\u00f3micas, especial\u00admente al dejar el Instituto.<\/p>\n<p>8.\u00b0 Por las razones aducidas, la incorporaci\u00f3n <strong>temporal (provisoria, no plena) <\/strong>tampoco puede efectuarse mediante una promesa <strong>expresa. <\/strong>En cuanto a esta in\u00adcorporaci\u00f3n, tampoco es preciso inventar nada. Basta el ingreso en el Seminario Interno y la emisi\u00f3n de los <strong>Prop\u00f3sitos, <\/strong>como se viene practicando desde San Vicente hasta nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>Si alguna provincia, excepcionalmente, admite una incorporaci\u00f3n <strong>temporal <\/strong>antes del Seminario Interno, \u00e9sta podr\u00eda efectuarse, como en tiempos de San Vicente, mediante la <strong>manifestaci\u00f3n <\/strong>de la intenci\u00f3n o buena voluntad del candidato, junto con la consiguiente manifestaci\u00f3n o <strong>declaraci\u00f3n de admisi\u00f3n <\/strong>por parte del Superior, y si se quiere, ambas por escrito.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Excluimos el t\u00e9rmino t\u00e9cnico de vinculaci\u00f3n, por no ser propio y espec\u00edfico en el caso. Vinculaci\u00f3n es m\u00e1s gen\u00e9rico que incorporaci\u00f3n (definitiva, perpetua, plena; o provisoria, temporal, no plena). 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