{"id":95430,"date":"2018-05-05T08:36:15","date_gmt":"2018-05-05T06:36:15","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=95430"},"modified":"2018-04-30T10:08:42","modified_gmt":"2018-04-30T08:08:42","slug":"la-antigua-real-cartuja-de-ara-christi-valencia-y-las-hijas-de-la-caridad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-antigua-real-cartuja-de-ara-christi-valencia-y-las-hijas-de-la-caridad\/","title":{"rendered":"La antigua Real Cartuja de Ara Christi (Valencia) y las Hijas de la Caridad"},"content":{"rendered":"<p>Un \u00e1lbum de fotograf\u00edas de la Cartuja del Ara Christi fue el que inspir\u00f3 la publicaci\u00f3n de esta bre\u00adve rese\u00f1a hist\u00f3rica. El Rev. P. Fer\u00adnando Espiago, zaragozano \u00e9l, tuvo necesidad de emprender un viaje con motivo de ciertos compromisos ministeriales, y al regresar a Ma\u00addrid ten\u00eda necesariamente que pa\u00adsar por Zaragoza. Lo natural era que se detuviera un poco en su pa\u00adtria chica para saludar a sus fami\u00adliares y tambi\u00e9n a sus amistades. Entre estas amistades figura en lu\u00adgar destacado el Rev. Padre Prior de la Cartuja de Zaragoza, cuya vi\u00adsita era de rigor. Al hacer los dos un recorrido por los claustros del monasterio, pasaron junto a un \u00abstand\u00bb con libros, peri\u00f3dicos y re\u00advistas expuestos al p\u00fablico para pro\u00adpaganda de la Cartuja. El P. Prior invit\u00f3 al P. Espiago a escoger una de las obras como recuerdo de su visita. Este pase\u00f3 su vista por los t\u00edtulos de las obras y tropez\u00f3 con las fotograf\u00edas de la Cartuja de Ara Christi, de Valencia, y este \u00e1lbum escogi\u00f3 por tener relaci\u00f3n con la doble familia de San Vicente de Pa\u00fal. Al regresar a Madrid se acord\u00f3 el P. Espiago que ten\u00eda en su comunidad al \u00faltimo de los quince capellanes que hab\u00edan asistido espiritualmente a las Hijas de la Caridad durante los cuarenta y cinco a\u00f1os que estas hab\u00edan residido en dicha Cartuja, el cual tendr\u00eda sumo gusto en contemplar, nuevamente, siquiera en fotograf\u00eda, aquellos lugares y pasajes que personalmente y tan de cerca contemplara durante su permanencia en aquel para\u00edso valenciano. Se lo ense\u00f1\u00f3, en efecto, proporcion\u00e1ndole una gran alegr\u00eda y comunic\u00e1ndole adem\u00e1s que pensaba conservarlo en el archivo provincial como recuerdo, pero se le hab\u00eda ocurrido que ser\u00eda m\u00e1s completo acompa\u00f1arlo con una breve relaci\u00f3n de la estancia de las Hijas de la Caridad en la Cartuja, a lo cual yo contest\u00e9 que me parec\u00eda muy bien y que yo mismo no ten\u00eda inconveniente en realizar ese trabajo, ya que pose\u00eda abundante material recogido durante mi estancia en Valencia. Conformes los dos, me propuse dar principio a la obra cuanto antes. Y en ello estoy, pero dudando entre reducir el trabajo s\u00f3lo a lo concerniente a las Hijas de la Caridad o extenderlo brevemente a toda la historia de la Cartuja, pues para todo hay material. El tiempo y las circunstancias nos dar\u00e1n la respuesta exacta y conve\u00adniente.<\/p>\n<h2><strong>Origen de la Fundaci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>Don Rafael Roca Miguel, corres\u00adponsal del diario valenciano <em>Las <\/em><em>Provincias, <\/em>escribi\u00f3 en julio de 1965 un precioso art\u00edculo titulado \u00abLa antigua Real Cartuja de Ara Chris\u00adti\u00bb. En \u00e9l, despu\u00e9s de hablar con cierta extensi\u00f3n de las \u00f3rdenes re\u00adligiosas que anteriormente hab\u00edan habitado en dicha Cartuja, a\u00f1ade: \u00abFinalmente, en 1926, una comuni\u00addad de monjas de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal adquiri\u00f3 el desdichado monasterio para asilo de las benem\u00e9ritas Hermanas que al llegar a la ancianidad no pueden prestar sus abnegados servicios en los centros ben\u00e9ficos, y con su pre\u00adsencia real en el profanado ceno\u00adbio rinden el mayor acto de des\u00adagravio que puede ofrecerse a la antigua Cartuja de Ara Christi.\u00bb<\/p>\n<p>Efectivamente, los superiores ma\u00adyores de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a ven\u00edan bus\u00adcando un lugar de reposo para sus Hermanas gastadas en el servicio de los pobres, y la Providencia les puso en contacto con los due\u00f1os <em>de <\/em>la abandonada Cartuja, que lo eran don Jos\u00e9 Antonio Medina y su esposa, do\u00f1a Araceli. Estos, ex\u00adcelentes cristianos y llenos sus co\u00adrazones de sentimientos de caridad, al enterarse del destino que que\u00adr\u00edan dar al edificio y a sus depen\u00addencias, se alegraron en gran ma\u00adnera, y no s\u00f3lo aceptaron la pro\u00adposici\u00f3n de los superiores, sino que hasta les hicieron donaci\u00f3n de toda la propiedad, ya que ellos disfru\u00adtaban de una posici\u00f3n desahogada y no la necesitaban para vivir. Rea\u00adlizadas con prontitud todas las di\u00adligencias legales para el traspaso y preparadas algunas dependencias para acomodar a las Hermanas, el d\u00eda 8 de julio de 1926 entr\u00f3 en la Cartuja el primer grupo de Hijas de la Caridad, que tomaron pose\u00adsi\u00f3n del monasterio y cargaron con la responsabilidad de administrar y mejorar el rico tesoro que les ha\u00adb\u00edan regalado los caritativos donan\u00adtes. La primera etapa despu\u00e9s de la ocupaci\u00f3n fue sumamente dif\u00edcil, pues todo estaba por hacer, pero pronto fueron llegando Hermanas de diversos puntos de toda la na\u00adci\u00f3n que, aunque achacosas y de avanzada edad, a\u00fan pod\u00edan echar una mano para ayudar a sus com\u00adpa\u00f1eras en su trabajo. Se entiende en lo referente a la casa, porque para el cultivo de la huerta y jar\u00add\u00edn buscaron un buen hortelano de la poblaci\u00f3n ayudado por algunos enfermos del Sanatorio Psiqui\u00e1tri\u00adco de Valencia que diariamente ve\u00adn\u00edan al monasterio a trabajar bajo sus \u00f3rdenes, hac\u00eda producir a la tierra todo lo que la comunidad hab\u00eda de necesitar para su susten\u00adto. Estos enfermos mentales, j\u00f3ve\u00adnes y en buen estado de salud f\u00ed\u00adsica, no s\u00f3lo trabajaban con ale\u00adgr\u00eda y entusiasmo, sino que hasta quedaban agradecidos, porque en\u00adcontraban en ello una ocasi\u00f3n de vivir largas horas fuera de su ha\u00adbitual residencia, eran mejor ali\u00admentados que sus compa\u00f1eros de enfermedad y hasta recib\u00edan en re\u00adcompensa alg\u00fan dinero para sus necesidades o caprichos personales. En cambio las Hermanas, sin tener que acudir diariamente a la plaza o al mercado, pod\u00edan disfrutar to\u00addo el a\u00f1o, seg\u00fan las estaciones, de los diversos frutos que produc\u00eda la finca con sus \u00e1rboles frutales, como naranjos, perales, higueras, cerezos, melocotoneros, ciruelos, albarico\u00adqueros, olivos, algarrobos, almen\u00addros, vi\u00f1edos, o con el cultivo de patatas, jud\u00edas, habas, un poco de trigo, alcachofas, verduras, alfalfa y otros. Estos frutos a veces eran tan abundantes que pod\u00edan vender\u00adlos en parte o llevarlos a la Casa Provincial de Pamplona.<\/p>\n<p>La comunidad fue aumentando paulatinamente, hasta el punto que en ocasiones llegaron a formarla no menos de 60 Hermanas. La obser\u00advancia regular era perfecta y los oficios se desempe\u00f1aban a concien\u00adcia a pesar de ser enfermas la casi totalidad de sus componentes. Al frente de todo este peque\u00f1o mun\u00addo, y responsable de actuaci\u00f3n, ha\u00adb\u00eda siempre una Hermana nombra\u00adda por los superiores mayores con el t\u00edtulo de Superiora o Hermana Sirviente, cuyas \u00f3rdenes todos de\u00adb\u00edan acatar y obedecer. En los cua\u00adrenta y cinco a\u00f1os que estuvo ha\u00adbitada la Cartuja por las Hijas de la Caridad, fueron nueve las supe\u00adrioras que se sucedieron en el car\u00adgo.<\/p>\n<h2><strong>Los misioneros Pa\u00fales, capellanes de la comunidad<\/strong><\/h2>\n<p>Los superiores de las Hijas de la Caridad en Espa\u00f1a, al hacerse esta fundaci\u00f3n, eran el M. R. P. Joa\u00adqu\u00edn Atienza, Director nacional, y Sor Juana Antonia Alvira, Visitado\u00adra. Una de las preocupaciones de los dos, tal vez la principal, era c\u00f3\u00admo podr\u00edan ser atendidas espiritual\u00admente las Hermanas estando tan lejos de Valencia y siendo tan po\u00adcos los sacerdotes en las cercan\u00edas. La soluci\u00f3n natural que se les ocu\u00adrri\u00f3 fue el que se encargaran de ellas los sacerdotes de la Congre\u00adgaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, pero exist\u00eda una peque\u00f1a dificultad: Los Padres del reino de Valencia pertenec\u00edan a la Provincia de Barcelona, y los s\u00fabditos del P. Joaqu\u00edn Atienza a la de Madrid. Por consiguiente no se pod\u00eda establecer una residencia en este lugar sin el consentimiento del Superior General y del Provin\u00adcial de Barcelona. Este consenti\u00admiento se hubiera conseguido f\u00e1cil\u00admente, pero el P. Atienza juzg\u00f3 m\u00e1s sencillo no formar comunidad, sino enviar Padres desde Madrid a ejer\u00adcer un ministerio en la Cartuja, perteneciendo siempre a la Casa Central de Madrid.<\/p>\n<p>Los Padres que han actuado como capellanes desde el principio son los siguientes:<\/p>\n<p>P. Angel. Mart\u00ednez, 1926-1935. P. Agapito Alcalde, 1931-1935. P. Rafael Vinagre Torres, 1935-1937. P. Garc\u00eda, 1937-1939. P. Domingo Villanueva, 1944-1944. P. Francisco Jul Fern, 1940-1947. P. Francisco Jul Fern (bis), 1949\u20111953. P. Manuel Fuertes Garc, 1940-1953. P. Mart\u00edn Pablo, 1946-1949. P. Vicente Tajadura. 1954-1955. P. Lucrecio Prieto, 1953-1955. P. Enrique Gim\u00e9nez, 1955-1965. P. Toribio L\u00f3pez Alonso, 1949-1970. P. Claudio Mu\u00f1oz, 1965-1971. P. Aquilino S\u00e1nchez, 1970-1971.<\/p>\n<p>Servicios de los capellanes<\/p>\n<ul>\n<li><em>Diarios: <\/em>Misas 7,15 y 8,30. Comu\u00adni\u00f3n a las Hermanas enfermas a las 7.<\/li>\n<li><em>Semanales: <\/em>Conferencias los s\u00e1ba\u00addos a las 10. Los domingos, misas a las 7,15 y a las 9.<\/li>\n<li><em>Mensuales: <\/em>Retiro-pl\u00e1tica a las 10 (en un d\u00eda se\u00f1alado por la Supe\u00adriora).<\/li>\n<li><em>Anuales: <\/em>Exposici\u00f3n mayor en los d\u00edas se\u00f1alados seg\u00fan concesi\u00f3n epis\u00adcopal. Los primeros viernes, mes de octubre, 8,40 horas los d\u00edas 25, 26 y <em>27 <\/em>de noviembre, y otros d\u00edas seg\u00fan petici\u00f3n nuestra. Exposici\u00f3n menor \u00abad libitum\u00bb.<\/li>\n<\/ul>\n<p>En los ejercicios espirituales, ayu\u00addar al director en las confesiones y direcci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Servicios permanentes: <\/em>Ayuda es\u00adpiritual a las Hermanas especial\u00admente enfermas en caso de defun\u00adci\u00f3n y funerales.<\/li>\n<li><em>T\u00e9mporas: <\/em>Confesores extraordi\u00adnarios de las Hermanas en las 60 casas de Valencia, Alicante y Cas\u00adtell\u00f3n.<\/li>\n<li><em>B\u00e9tera: <\/em>Servicio quincenal.<\/li>\n<li><em>Especiales: <\/em>Acudir a las llamadas particulares de casas o Hermanas por raz\u00f3n de ministerios.<\/li>\n<li><em>Ejercicios espirituales: <\/em>En la \u00e9po\u00adca de verano, Hijas de la Caridad de diversas casas de la Provincia practicaban aqu\u00ed los ejercicios es\u00adpirituales, para lo cual se presta admirablemente esta antigua Car\u00adtuja, dulce mansi\u00f3n de paz, silen\u00adcio y soledad. Estas tandas de ejer\u00adcicios sol\u00edan ser muy numerosas \u2014nunca bajaban del centenar el n\u00fa\u00admero de ejercitantes\u2014 y las sol\u00edan dirigir otros Padres de la Congre\u00adgaci\u00f3n designados por los Superio\u00adres. Los capellanes solamente ayu\u00addaban para las confesiones y direc\u00adci\u00f3n espiritual.<\/li>\n<\/ul>\n<h2><strong>An\u00e9cdota personal que no desentona del conjunto<\/strong><\/h2>\n<p>Relacion\u00e1ndolo con lo dicho an\u00adteriormente acerca de los ejercicios espirituales, creo podr\u00e1 servir de edificaci\u00f3n el caso siguiente: En los a\u00f1os 1962-65 estaba yo destinado en la residencia de Zaragoza y los Su\u00adperiores me encargaban de vez en cuando alguna tanda de ejercicios a Hermanas en las provincias de Catalu\u00f1a, Baleares, Burgos, Vitoria y Valencia, concretamente en la Car\u00adtuja de Ara Christi. Durante los ejercicios, como Director, me en\u00adtregaba de lleno a atender a las ejercitantes, pero esto no me im\u00adped\u00eda observar tambi\u00e9n a las en\u00adfermas de la comunidad, quedan\u00addo edificado de su conducta y hon\u00addamente afectado por la dolorosa situaci\u00f3n de algunas de ellas. Ter\u00adminada una de las tandas, sal\u00ed de la Cartuja con el malet\u00edn en la ma\u00adno paseando tranquilamente hacia la carretera para coger un autob\u00fas que me llevara a Valencia y medi\u00adtando sobre lo que dejaba detr\u00e1s. En el decurso de mis meditaciones surgi\u00f3 en mi mente la siguiente idea o resoluci\u00f3n: Si alg\u00fan d\u00eda yo puedo y los Superiores me lo con\u00adsienten, vendr\u00e9 a cuidar espiritual\u00admente a estas Hermanas ancianas y enfermas y a terminar entre ellas mis d\u00edas. \u00bfFue todo un sue\u00f1o?<\/p>\n<p>El tiempo fue pasando, me des\u00adtinaron a Sevilla, se dividi\u00f3 la Pro\u00advincia de Madrid en tres y me toc\u00f3 quedar en la de Salamanca, siendo mi nuevo Superior provincial el Pa\u00addre Miguel P\u00e9rez Flores. En el ve\u00adrano de 1970, con motivo de las va\u00adcaciones, tuve ocasi\u00f3n de pasar por Valencia para visitar a algunos de mis familiares, y en una de las ca\u00adsas de Hijas de la Caridad me co\u00admunicaron que el P. Toribio L\u00f3pez estaba gravemente enfermo en el hospital. Fui a visitarle y saqu\u00e9 la impresi\u00f3n de que su vida iba lle\u00adgando al final. No tuve tiempo para visitar la Cartuja y regres\u00e9 a Sevi\u00adlla. Un mes m\u00e1s tarde me lleg\u00f3 la noticia de la muerte del P. Toribio L\u00f3pez, capell\u00e1n de la Cartuja, pre\u00adcisamente el que m\u00e1s tiempo ejer\u00adci\u00f3 ese cargo \u2014nada menos que veinti\u00fan a \u00f1 o s\u2014, y entonces f u e cuando m\u00e1s intensamente se reavi\u00adv\u00f3 en mi esp\u00edritu aquel sue\u00f1o o ilusi\u00f3n que experiment\u00e9 a\u00f1os an\u00adtes en los ejercicios a las Herma\u00adnas. Expuse mi caso con todo de\u00adtalle al P. Juli\u00e1n Tobar, que era a la saz\u00f3n el Visitador de Madrid, pa\u00adra ver si me admitir\u00eda en su Pro\u00advincia con la condici\u00f3n de ser des\u00adtinado a la Cartuja de Ara Chisti, y a vuelta de correo me contest\u00f3 que me recibir\u00eda con los brazos abiertos y con la condici\u00f3n que le indicaba. El primer paso estaba dado. Ahora faltaba el segundo: Co\u00admunic\u00e1rselo a mi Visitador, que era el P. Flores. Este se mostr\u00f3 un tan\u00adto reservado y me pidi\u00f3 tiempo pa\u00adra pensarlo. Despu\u00e9s me dijo que s\u00ed, pero que deb\u00eda esperar hasta el 17 de junio pr\u00f3ximo, que se me cumplir\u00edan los tres a\u00f1os de Supe\u00adrior en Sevilla. Le hice ver que no me interesaba, porque para esa fe\u00adcha ya la vacante estar\u00eda cubierta y no ten\u00eda objeto el cambio. As\u00ed quedaron las cosas, pero a los po\u00adcos d\u00edas pas\u00f3 \u00e9l por nuestra casa y, al retirarnos por la noche, se acerc\u00f3 a mi habitaci\u00f3n y me dijo que pod\u00eda preparar el viaje para Madrid cuando quisiera. Al d\u00eda si\u00adguiente avis\u00e9 a mi nuevo Visitador, puse en orden mis cosas y el 17 de noviembre de 1970 llegaba a Gar\u00adc\u00eda de Paredes, 45, Madrid. El P. Ju\u00adli\u00e1n Tobar me recibi\u00f3 corno hab\u00eda prometido, con los brazos abiertos, y no s\u00f3lo confirm\u00f3 mi destino, sino que despu\u00e9s de un d\u00eda de descan\u00adso, \u00e9l mismo, en su coche de Visi\u00adtador y d\u00e1ndome un gran paseo por Albacete, Murcia, Cartagena y Alicante, me llev\u00f3 a Valencia, lle\u00adgando ya entrada la noche a la Car\u00adtuja de Ara Christi. Era la v\u00edspera de la festividad de Cristo Rey. A la ma\u00f1ana siguiente concelebramos la misa de las Hermanas con toda solemnidad los PP. Juli\u00e1n Tobar, Claudio Mu\u00f1oz y un servidor, dan\u00addo gracias a Dios por tan feliz desenlace. El P. Visitador se despidi\u00f3 luego de toda la comunidad para regresar a Madrid, y yo tom\u00e9 po\u00adsesi\u00f3n de mi habitaci\u00f3n en la Car\u00adtuja alabando al Se\u00f1or porque mi sue\u00f1o, visi\u00f3n o promesa se hab\u00eda convertido en realidad. Mi vida en el nuevo ambiente se desliz\u00f3 feliz entregado de lleno a los servicios enumerados anteriormente, orienta\u00addo por la experiencia y buenos con\u00adsejos del ejemplar compa\u00f1ero que me hab\u00eda tocado en suerte, el Pa\u00addre Claudio Mu\u00f1oz. Pero mi dicha no iba a ser completa ni duradera, pues mi resoluci\u00f3n, como dije an\u00adtes, fue venir a cuidar espiritual\u00admente a estas Hermanas ancianas y enfermas y a terminar entre ellas mis d\u00edas, como lo consigui\u00f3 el P. To\u00adribio L\u00f3pez, que a los veinti\u00fan a\u00f1os de servicio el Se\u00f1or le llam\u00f3 a re\u00adcibir la recompensa, y sus restos mortales descansaban en el mismo cementerio de la comunidad.<\/p>\n<p>Mi felicidad dur\u00f3 justamente un a\u00f1o; a los diez meses de mi llega\u00adda empez\u00f3 a circular el rumor de que las Hijas de la Caridad se iban a retirar de la Cartuja poni\u00e9ndola a la venta. \u00bfLas causas? Nunca sal\u00adtaron a la calle. Solamente los que estaban al frente, los Superiores, fueron los depositarios del secreto. Pero el rumor sigui\u00f3 creciendo y por fin se convirti\u00f3 en realidad. Un mes antes de la clausura, el Con\u00adsejo Provincial empez\u00f3 a distribuir Hermanas por las diversas casas de la Provincia, y el 13 de noviem\u00adbre de 1971 no qued\u00f3 ser viviente en la Cartuja. Aquella tarde, la \u00fal\u00adtima Superiora, Sor Micaela Este\u00adpa, despu\u00e9s de recoger todas las llaves de los departamentos, cerr\u00f3 la puerta principal y se retir\u00f3 a su antigua casa, el Sanatorio Psiqui\u00e1\u00adtrico Provincial de Valencia, pero con la pesada carga de lo que de\u00adjaba atr\u00e1s, puesto que la Cartuja de Ara Christi quedaba en venta y no se la pod\u00eda abandonar del todo. Los dos capellanes, PP. Claudio Mu\u00ad\u00f1oz y Aquilino S\u00e1nchez, tambi\u00e9n durmieron ya aquella noche en su residencia de Madrid, Garc\u00eda de Pa\u00adredes, 45.<\/p>\n<p>A medida que iba escribiendo es\u00adtas cuartillas acud\u00edan a mi mente nuevas ideas y nuevas dificultades que solamente Sor Micaela Estepa pod\u00eda resolver. Le escrib\u00ed unas le\u00adtras exponi\u00e9ndole mi problema, y casi a vuelta de correo tuve con\u00adtestaci\u00f3n: Una carta sumamente in\u00adteresante cuyos datos y noticias eran material suficiente para com\u00adpletar la narraci\u00f3n que se me ha\u00adb\u00eda propuesto. He aqu\u00ed su conte\u00adnido:<\/p>\n<p>Valencia, 21-XI-80.<\/p>\n<p>Rble. P. Aquilino S\u00e1nchez. Madrid.<\/p>\n<p>Con sumo gusto le dar\u00e9 los datos que sepa y usted me pide. Como usted recordar\u00e1, el 13 de noviem\u00adbre de 1971 salimos todas las Her\u00admanas, pero yo, aunque residiendo en el Psiqui\u00e1trico, segu\u00eda con la responsabilidad de la finca hasta el 31 de marzo de 1979, en que Sor Ec\u00f3noma entreg\u00f3 las llaves de la Cartuja.<\/p>\n<p>En el 1973 le vendieron la Cartuja a don Jos\u00e9 Llover, abogado, pero que se dedicaba tambi\u00e9n a la cons\u00adtrucci\u00f3n. Seg\u00fan el acuerdo, se la ten\u00edan que entregar a los tres me\u00adses, pero pas\u00f3 el tiempo sin hacer\u00adlo, y en 1975 ocurri\u00f3 un accidente en la carretera de Barcelona: Tiraron 18 metros de pared de la cer\u00adca. Fue una verdadera cat\u00e1strofe. La gente empez\u00f3 a entrar en la fin\u00adca, a romper puertas, a llevarse muebles y cuadros \u00a1pero a camio\u00adnes! Despu\u00e9s empezaron con los la\u00addrillos, no dejaron ni uno; los pri\u00admeros que se llevaron fueron los de las habitaciones de los Padres ca\u00adpellanes, despu\u00e9s los de arriba, a continuaci\u00f3n entraron en la capilla de San Bruno, de donde se lleva\u00adron hasta las baldosas del suelo. Por fin, Padre, el d\u00eda de las \u00faltimas elecciones robaron 10.000 ladrillos, toda la instalaci\u00f3n de luz y rom\u00adpieron 3.000 cristales.<\/p>\n<p>Yo en los nueve a\u00f1os he hecho 23 denuncias. La guardia civil no pudo coger a nadie. Yo s\u00ed me en\u00adcontr\u00e9 tres o cuatro veces con ellos, pero no pod\u00eda hacer nada: Corr\u00edan y saltaban por el cementerio.<\/p>\n<p>(Nota.\u2014Cuando las Hermanas tomaron posesi\u00f3n de la Cartuja con\u00adsiguieron permiso del Ayuntamien\u00adto del Puig para tener cementerio particular dentro de la finca.)<\/p>\n<p>Me pregunta usted por nuestras difuntas. Nuestras Hermanas difun\u00adtas de la Cartuja las pasamos al cementerio del Puig el d\u00eda 27 de no\u00adviembre de 1978. Una vez terminado todo el papeleo reglamentario, se compr\u00f3 un terreno y se hizo una fosa; \u00e9sta se cubri\u00f3 con ladrillos y se revoc\u00f3 por dentro. En ella est\u00e1n todas nuestras queridas Hermanas difuntas. P. Aquilino, me toc\u00f3 pri\u00admero enterrarlas y ahora desente\u00adrrarlas. Sacamos 48 sacos de hue\u00adsos y 16 Hermanas enteras. Este trabajo nos llev\u00f3 tres d\u00edas. Fuimos llevando los sacos en carros hasta la puerta del refectorio. Las Herma\u00adnas enteras, con sus cajas, las pu\u00adsimos en la puerta de San Bruno tapadas con s\u00e1banas. Una vez todo limpio de huesos \u2014por peque\u00f1os que fueran\u2014 me fui a Rafelbu\u00f1ol, busqu\u00e9 un cami\u00f3n y los traslada\u00admos al cementerio del Puig. Vino una consejera y algunas Hermanas de casa que ayudaron a llevar sacos hasta la fosa. Esta se ha revestido de m\u00e1rmol dividido en tres plan\u00adchas: la del centro lleva una inscrip\u00adci\u00f3n que dice: Hijas de la Caridad (Cartuja de Ara Christi), 27-11-78. El P. Toribio L\u00f3pez est\u00e1 en un ni\u00adcho aparte y tambi\u00e9n tiene l\u00e1pida. Los se\u00f1ores de la finca, bienhecho\u00adres y donantes de la Cartuja a la Compa\u00f1\u00eda de las Hipas de la Cari\u00addad, en otro nicho. Que todos des\u00adcansen en paz.<\/p>\n<p>Padre, ya se puede figurar los ra\u00adtos que yo me he pasado. \u00a1S\u00f3lo Dios y yo lo sabemos! He pasado por todo, hasta encontrarme a un hombre ahogado en la acequia gran\u00adde. En fin, nueve a\u00f1os de martirio, luchando con la gente para vender la fruta. Algunos a\u00f1os tuve que pe\u00adsar la naranja. El \u00faltimo a\u00f1o saca\u00admos mill\u00f3n y medio. En fin, que a m\u00ed me toc\u00f3 esta papeleta y no tuve m\u00e1s remedio que seguir hasta el final.<\/p>\n<p>Como le digo anteriormente, com\u00adpr\u00f3 la finca don Jos\u00e9 Llover. Este la vendi\u00f3 enseguida a una sociedad (el Real Autom\u00f3vil Club). Le adjun\u00adto el art\u00edculo que han publicado en el peri\u00f3dico <em>Las Provincias <\/em>por si le viene bien para su trabajo.<\/p>\n<p>Y con esto termina la carta de Sor Micaela, que le agradezco de coraz\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un \u00e1lbum de fotograf\u00edas de la Cartuja del Ara Christi fue el que inspir\u00f3 la publicaci\u00f3n de esta bre\u00adve rese\u00f1a hist\u00f3rica. El Rev. P. 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