{"id":95424,"date":"2018-05-04T08:30:21","date_gmt":"2018-05-04T06:30:21","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=95424"},"modified":"2018-04-30T10:07:14","modified_gmt":"2018-04-30T08:07:14","slug":"hijas-de-la-caridad-en-cuba-1847","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/hijas-de-la-caridad-en-cuba-1847\/","title":{"rendered":"Hijas de la Caridad en Cuba (1847)"},"content":{"rendered":"<p>Deseo aportar alg\u00fan documento in\u00e9dito junto con otros ya publicados, sobre nuestras hermanas en Cuba, tomados en archivos de la Ad\u00administraci\u00f3n del Estado.<\/p>\n<p>El P. Buenaventura Codina, direc\u00adtor de las Hijas de la Caridad, en car\u00adta fechada en Madrid el 17 de febrero de 1846, se dirige al P. General, Sr. \u00c9tienne:<\/p>\n<p><em>\u00abUn campo muy extenso se ofrece al celo de las dos Familias de San Vi\u00adcente, en la Isla de Cuba. El Capit\u00e1n General de La Habana ha pedido al Gobierno de Madrid seis hermanas de la Caridad [\u2026]. Pienso poder en\u00adviar a Par\u00eds dos hermanas j\u00f3venes para que se impongan en el Secreta\u00adriado de la Casa Madre. La una que <\/em><em>ha estado en Bayona habla bien el <\/em><em>franc\u00e9s; es hermana del Sr. Prieto, <\/em><em>que ha visitado muchas veces esa co\u00ad<\/em><em>munidad estando en Par\u00eds el verano <\/em><em>pasado. La otra es una hermana jo\u00ad<\/em><em>vencita formada en el Colegio de Sang\u00fcesa [\u2026].<\/em><\/p>\n<p>Se realizan las gestiones para con\u00adseguir el env\u00edo de las hermanas a La Habana; el Gobernador, Capit\u00e1n Ge\u00adneral de la Isla, manifiesta algunos inconvenientes pero el Ministro de Gobernaci\u00f3n de la Pen\u00ednsula, indica que el Rector de la Casa de Benefi\u00adcencia se compromete a recibirlas para su establecimiento y que desea sinceramente que se haga realidad cuanto antes.<\/p>\n<p>De R. O. se comunica el asunto al director del Noviciado para que \u00e9ste diga cu\u00e1ndo estar\u00e1n dispuestas a em\u00adprender el viaje, a fin de comunicarlo al Sr. Ministro de Ultramar. Madrid 10 de septiembre de 1846.<\/p>\n<p>El P. Buenaventura Codina, en cir\u00adcular de 1.\u00b0 de enero de 1847, comu\u00adnica a las hermanas el env\u00edo:<\/p>\n<p><em>\u00abEn 22 de noviembre sali\u00f3 de esta <\/em><em>Corte otra colonia para la ciudad de <\/em><em>La Habana, en la isla de Cuba, capi\u00ad<\/em><em>taneadas por sor Casimira Irazoqui, y bajo la direcci\u00f3n de dos Misione\u00adros. Fue admirable la alegr\u00eda con que todas emprendieron un viaje de dos mil leguas por mar, y esperamos que al recibo de \u00e9sta, habr\u00e1 llegado a su destino [..]\u00bb. <\/em><\/p>\n<p>Llegan a La Habana, el 12 de enero de 1847, seis Hijas de la Caridad con la superiora sor Casimira Irazoqui, y se hacen cargo de la Casa de Benefi\u00adcencia el 18 de del mismo mes.<\/p>\n<p><strong>Se implantar\u00e1n nuevas fundaciones en a\u00f1os sucesivos<\/strong><\/p>\n<p>Ignacio Santasusana, nuevo direc\u00adtor de las Hijas de la Caridad, comuni\u00adca al Ministro de la Gobernaci\u00f3n que, seg\u00fan R. O. de 4 de febrero de 1848, se interesa a favor del colegio de ni\u00ad\u00f1as hu\u00e9rfanas de \u00abSan Francisco de Sales\u00bb de la ciudad de La Habana, y quiere enviar cinco Hijas de la Cari\u00addad, aprovechando el embarque de otras trece, que a mediados de octubre saldr\u00e1n hacia La Habana para aumen\u00adtar la comunidad que est\u00e1 excesiva\u00admente cargada de trabajo, particular\u00admente en la reciente \u00e9poca del c\u00f3lera. Madrid 6 de septiembre de 1850.<\/p>\n<p>D. Antonio Claret y Clar\u00e1, arzobispo de Santiago<\/p>\n<p>Solicitud del se\u00f1or arzobispo de Cuba, escrita de su pu\u00f1o y letra, el a\u00f1o 1850:<\/p>\n<p><em>Se\u00f1ora. D. Antonio Claret y Cia\u00adr\u00e1s, arzobispo de Santiago de Cuba, a V. M con el debido respeto expone: Que deseoso del bien espiritual y cor\u00adporal de sus ovejas, desea aprove\u00adcharse de la caridad con que las Hi\u00adjas de San Vicente Pa\u00fal promueven el bien de sus semejantes, ya educando a la tierna infancia, ya asistiendo a los enfermos en los hospitales, ya en fin consolando y sirviendo a los atri\u00adbulados en los establecimientos de beneficencia, y a este fin A. V M. ren\u00addidamente suplica se digne conceder al director de las referidas hijas de la caridad el competente permiso para poner a diez de entre ellas a la dispo\u00adsici\u00f3n del exponente para los fines in\u00addicados; gracia que espera alcanzar del magn\u00e1nimo coraz\u00f3n de V M. cuya preciosa vida guarde el Se\u00f1or mu\u00adchos a\u00f1os para bien de la monarqu\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>Madrid veintis\u00e9is de Octubre de <\/em><em>mil ochocientos y cincuenta. Se\u00f1ora <\/em><em>A los R. P. de V M.<\/em><\/p>\n<p><em>Antonio, arzobispo de Santiago de <\/em><em>Cuba\u00bb<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p>Debido a su excelente labor asis\u00adtencial, por real c\u00e9dula de 1852, las Hijas de la Caridad fueron destinadas para sustituir en todos los hospitales a los hermanos de San Juan de Dios. Adem\u00e1s se hicieron cargo de muchas otras instituciones asistenciales, de manera que, al finalizar el dominio espa\u00f1ol en la Isla de Cuba, la asisten\u00adcia hospitalaria en ella, depend\u00eda, en gran medida, de esta Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De Presidencia del Consejo de Mi\u00adnistros se traslada al Ministro de la Gobernaci\u00f3n que, el Gobernador Ca\u00adpit\u00e1n General de la isla de Cuba, con fecha <em>7 <\/em>de abril dec\u00eda:<\/p>\n<p><em>\u00abSiendo de suma conveniencia y utilidad que los hospitales de cari<\/em><em>dad y aun los militares de esta isla, sean servidos y administrados por las hermanas de la congregaci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal, cuyo instituto ha dado felic\u00edsimos resultados en to\u00addos los establecimientos de esta cla\u00adse puestos bajo su direcci\u00f3n; y con\u00adsiderando que esto no puede verifi\u00adcarse mientras no se aumente en proporci\u00f3n el corto n\u00famero de las hermanas que existen hoy en la isla, he determinado que el director de ellas Presb\u00edtero D. Francisco Bosch pase a la Pen\u00ednsula a fin de solicitar del Superior general de la congrega\u00adci\u00f3n el env\u00edo de las hermanas que considere necesarias para los hospi\u00adtales de esta Ciudad por ahora [ ..] ; sin perjuicio de que m\u00e1s adelante se establezca el mismo sistema en los dem\u00e1s hospitales de esta Isla seg\u00fan lo vayan permitiendo las circunstan\u00adcias: en raz\u00f3n a que todas las eroga\u00adciones que esto cause han de satisfa\u00adcerse de las rentas de los hospitales a que se destinen dichas hermanas [ &#8230;] comunic\u00e1ndolo as\u00ed a quien co\u00adrresponda para que el mencionado Presb\u00edtero Bosch y el apoderado nombrado al efecto en esa corte para firmar las contratas, D. Silvestre Manuel Ib\u00e1\u00f1ez, no encuentren obs\u00adt\u00e1culos en la pronta ejecuci\u00f3n [..J. De Real orden comunicada por el [&#8230;J Sr. Presidente del Consejo de Ministros lo traslado a V E. Madrid 27 de mayo de 1854. El director gral. <\/em><em>\u00ab.<\/em><\/p>\n<p>De nuevo en Gobernaci\u00f3n se reci\u00adbe un oficio referente a las Hijas de la Caridad que han de enviarse a Cuba, escrito por el encargado del Capit\u00e1n General de la isla exponiendo las condiciones requeridas por la Reina y, haciendo presente que el n\u00famero de hermanas pedido, y absolutamen\u00adte necesario<\/p>\n<p><em>\u00abes el de cincuenta, para cuatro Hos\u00adpitales, a saber el Militar, el Civil de hombres, el Civil de mujeres y el de Lazarinos.<\/em><\/p>\n<p><em>[&#8230;J urge el tiempo del embarque para que las hermanas lleguen a tiempo para aclimatarse, a fin de no exponer sus vidas a la ferocidad del clima, y pueda el Sr Director de las hermanas de La Habana, que ha ve\u00adnido expresamente para acompa\u00f1ar\u00adlas, tomar las medidas necesarias para tener una navegaci\u00f3n tan c\u00f3mo\u00adda como sea posible. [ ..].<\/em><\/p>\n<p><em>Madrid 1 de Setiembre de 1854&#8243;<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p>Cincuenta hermanas para los hospitales militares de Cuba<\/p>\n<p>En 1854, se publica una R. O. que es comunicada al director de las Hijas de la Caridad, Sr. Buenaventura Ar\u00admengol:<\/p>\n<p><em>\u00ab[&#8230;J Llenas ya las condiciones <\/em><em>prevenidas en la Real Orden de junio \u00faltimo para la concesi\u00f3n de la funda\u00adci\u00f3n de hermanas de la Caridad re\u00adclamadas por el Gobernador Capi\u00adt\u00e1n General de la Isla de Cuba, con destino a los Hospitales de la misma, Su Majestad la Reina se ha servido autorizarla definitivamente con la dotaci\u00f3n de cincuenta hermanas [ &#8230;] <\/em><\/p>\n<p>Por otra R. O. del 19 de septiembre de 1854, se comunica el transporte de las hermanas y sacerdotes que las acompa\u00f1an para ir a La Habana. Se efectuar\u00e1 el 12 de octubre, pero no hay localidades m\u00e1s que para 32 pa\u00adsajeros; es voluntad de S. M., que las ocupen igual n\u00famero de hermanas. Las restantes podr\u00edan ir en el vapor de noviembre o en un buque, seg\u00fan le parezca bien al director general del Noviciado.<\/p>\n<p>El 4 de octubre de 1854, el Sr. Ar\u00admengol, escribe al Padre General, Sr. Etienne: El Sr. Bosch saldr\u00e1 de C\u00e1diz el 12, con treinta y dos hermanas en el vapor correo y el Sr. Serra lo har\u00e1 el 12 de noviembre con otras 18.<\/p>\n<p><strong>Hospital militar <\/strong><strong>de San Ambrosio<\/strong><\/p>\n<p>Con una contrata, las Hijas de la Caridad se establecen en los hospita\u00adles que citan en la misma: \u00abEl Excmo. Marqu\u00e9s de la Pezuela, Capit\u00e1n General y Gobernador Civil de la Isla de Cuba y el Excmo. e Ilmo. Sr. obispo D. Francisco Fleu y Solans, estan\u00addo sobremanera satisfecho de los felices resultados que han producido para el ali\u00advio de la humanidad doliente, los estable\u00adcimientos de las hijas de la Caridad en la Isla de Cuba, instalados en la Capital desde el a\u00f1o 1846, han tomado [ ..] la re\u00adsoluci\u00f3n de confiar a su celo el servicio de todos los establecimientos de benefi\u00adcencia de la referida Isla, dando princi\u00adpio en el presente a\u00f1o por los que recla\u00adman m\u00e1s ese remedio [ ..] los cuatro hos\u00adpitales de La Habana [ ..1 el militar el ci\u00advil de hombres, el civil de mujeres y el de Lazarinos\u00bb.<\/p>\n<p>El art\u00edculo 29 dice que el n\u00famero de Hijas de la Caridad, por ahora ser\u00e1 de 26. Termina con el art\u00edculo 43:<\/p>\n<p>\u00abEsta contrata empezar\u00e1 a regir desde el d\u00eda en que se d\u00e9 posesi\u00f3n a la Superio\u00adra de las hijas de la Caridad del Hospital Militar de San Ambrosio de La Habana. Bajo cuyas condiciones se formaliza la presente contrata, oblig\u00e1ndose en ella cada uno de los Sres. Otorgantes con la representaci\u00f3n que les asiste [\u2026] As\u00ed lo firman en Madrid a los treinta d\u00edas del mes de Septiembre de mil ochocientos cincuenta y cuatro. =Silvestre Manuel Ib\u00e1\u00f1ez. = Buenaventura Armengol.<\/p>\n<p>Es el primer Hospital Militar de Cuba donde se establecen las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>En un posterior \u00abReglamento\u00bb de 14 de noviembre de 1860, para este hospital, podemos leer en su art\u00edculo segundo, que si el Capit\u00e1n General cree conveniente enviarlas a otros hospitales militares de la isla, el di\u00adrector de las hermanas en la isla, siempre que se disponga de suficien\u00adte n\u00famero de las mismas, no se podr\u00e1 negar a que sean enviadas.<\/p>\n<p><strong>Contin\u00faan las fundaciones<\/strong><\/p>\n<p>Por distintos reglamentos tenemos constancia de otras fundaciones: El marqu\u00e9s de La Habana, Vizconde de Cuba y Capit\u00e1n Gral. y Gobernador Civil y Militar de la Isla constata que las Hijas de la Caridad han llegado felizmente de la Pen\u00ednsula y en vista de los magn\u00edficos resultados que han producido para el alivio de los enfer\u00admos, en todo el mundo, les conf\u00eda el servicio de la nueva fundaci\u00f3n del Hospital Militar, colegio de ense\u00f1an\u00adza p\u00fablica gratuita de la Villa de Gua\u00adnabacoa. Firman el reglamento Jos\u00e9 de la Concha y Francisco Bosch sub\u00addirector de las hermanas, en Cuba, el 30 de enero de 1857.<\/p>\n<p><strong>Campa\u00f1a de Santo Domingo<\/strong><\/p>\n<p>En 1865, las tropas espa\u00f1olas, em\u00adprenden una campa\u00f1a en la Isla de Santo Domingo resultando tan in\u00fatil como costosa. La acumulaci\u00f3n de tropas oblig\u00f3 a las hermanas del Hos\u00adpital Militar de La Habana a multipli\u00adcarse y desvivirse en el cuidado de los soldados, v\u00edctimas de fiebres mort\u00edferas propias del clima tropical. Las hermanas fueron, con la expedi\u00adci\u00f3n, a Santo Domingo, haciendo el oficio de madres con los soldados. La actuaci\u00f3n de las hermanas queda re\u00adflejada en documentos oficiales:<\/p>\n<p>\u00abEl Sr Ministro de Guerra dijo a este departamento en 28 de diciem\u00adbre \u00faltimo, que sigue: =Con esta fe\u00adcha dijo al Ministro de Gobernaci\u00f3n [\u2026] Los extraordinarios e impor\u00adtantes servicios que las Hijas de la Caridad vienen desempe\u00f1ando en el hospital militar de La Habana y muy particularmente con motivo de la campa\u00f1a de Santo Domingo, movie\u00adron al Intendente Militar del Ej\u00e9rcito de la Isla de Cuba exponerlos al Ca\u00adpit\u00e1n General de la misma, a\u00f1adien\u00addo consideraba justo y oportuno que la Superiora sor Robustiana Jim\u00e9nez se la propusiera para la Cruz de 1.\u00bb clase de la Orden de M\u00e9rito Militar, a fin de darle un p\u00fablico testimonio del aprecio que merecen al Ej\u00e9rcito los distinguidos servicios que tiene prestados en los diez a\u00f1os que cuen\u00adta al frente de la comunidad consa\u00adgrando su existencia al consuelo de los militares en las circunstancias m\u00e1s penosas y aflictivas de la vida <em>[\u2026]\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Capit\u00e1n General consider\u00f3 m\u00e1s oportuno concederle la Cruz de Be\u00adneficencia. La proponen para esta Cruz. La Reina quiere manifestar su aprecio a las Hermanas de la Cari\u00addad, otorgando dicha recompensa. Trasladan al director del Noviciado los deseos de conceder la medalla para que \u00e9l disponga lo que se ha de hacer, y contesta que agradece la dis\u00adtinci\u00f3n,<\/p>\n[\u2026] pero estos servicios im\u00adportantes que, si merecen ser estima\u00addos, llevan la recompensa en s\u00ed mis\u00admos y la han de recibir de la mano de Aqu\u00e9l por quien esperamos la eterna felicidad, no necesitan ninguna otra recompensa[\u2026].<\/p>\n<p>Enterados de las objeciones del di\u00adrector de las Hijas de la Caridad, el Ministerio contesta:<\/p>\n<p>\u00abEn su vista, la Reina (q. D. g.) se ha servido resolver lo haga saber aV E. para satisfacci\u00f3n de las hijas de la Caridad de las Islas, que prestaron tan excelentes servicios conocidos por V E., [..J que S. M se hubiera dignado otorgar como una prueba ostensible de lo muy apreciable que ha sido el infatigable celo que han te\u00adnido ocasi\u00f3n de demostrar en las ex\u00adtraordinarias circunstancias [&#8230;J a\u00f1adi\u00e9ndoles, que respetando como es justo, su autorizada opini\u00f3n, este Ministerio ha desistido del apoyo que hab\u00eda prestado a los deseos de las Autoridades de Cuba, fundados en que en el Ej\u00e9rcito de Oriente y por causas an\u00e1logas, s\u00ed que hab\u00edan admi\u00adtido semejante distinci\u00f3n &#8230;<\/p>\n<p><em>Dios guarde[&#8230; . Madrid, 4 de <\/em><em>mayo de 1866 &#8211; Fernando Viela<\/em><\/p>\n<p><em>Sr. Director de las Hijas de la Caridad\u00bb<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p><strong>Ilmo. Sr. D. Antonio Mar\u00eda Claret<\/strong><\/p>\n<p>El inter\u00e9s que muestra el arzobispo de Cuba, Antonio M\u00aa Claret, para que las Hijas de la Caridad se hagan cargo de los hospitales y otras obras de su di\u00f3cesis, se hace patente en la solicitud que dirige a la Reina:<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1ora. Cuando en el a\u00f1o de mil ochocientos cincuenta tuve el honor de visitar a V M. y despedirme para este Arzobispado de Cuba, solicit\u00e9 del Gobierno de V M, Hermanas de la Caridad para la direcci\u00f3n de los Hospitales de mi Di\u00f3cesis. Cu\u00e1n ra\u00adcional y bien fundada estaba mi soli\u00adcitud lo evidenci\u00f3 la Real C\u00e9dula que V. M. se dign\u00f3 expedir en veinte y sie\u00adte de Noviembre de mil ochocientos cincuenta y dos en que manda que las Hermanas de la Caridad cuiden de los hospitales de esta Isla.<\/p>\n<p>De mi parte he hecho todos los es\u00adfuerzos posibles para que se llevasen a cabo todas vuestras soberanas dis\u00adposiciones que est\u00e1n mandadas por aquellas Reales C\u00e9dulas, y concre\u00adt\u00e1ndome ahora a lo relativo a las Hermanas de la Caridad, digo que no hay medio ni resorte que yo no <em>haya puesto en movimiento desde entonces hasta el presente; pero des\u00adgraciadamente todo ha sido en vano, nada he conseguido en seis a\u00f1os de s\u00faplicas.<\/em><\/p>\n<p>Diferentes veces me he dirigido al mismo director inmediato que las Hermanas de la Caridad tienen en La Habana, sin escasear las peticiones al director principal de Madrid, y siempre me ha contestado con excu\u00adsas. Finalmente habi\u00e9ndose presenta\u00addo mi encargado al director, le res\u00adpondi\u00f3, como as\u00ed me lo acaba de de\u00adcir desde Madrid con fecha cinco de Noviembre pr\u00f3ximo pasado, que no pod\u00eda enviar hermanas, sin que se le mandara por una Real Orden.<\/p>\n<p>Estando pues las cosas as\u00ed no pue\u00addo menos de acudir a V.M. con pron\u00adtitud, alegr\u00eda y confianza, por segun\u00adda vez, bien seguro de que me conso\u00adlar\u00e1, pues que bien s\u00e9 el amor y apre\u00adcio en que V M. me tiene sin merecer\u00adlo y as\u00ed me prometo que V M se dig\u00adnar\u00e1 dar la orden oportuna para que vengan tan pronto como sea posible seis hermanas para el establecimiento de Beneficencia de esta Ciudad de Santiago de Cuba, y luego para el hospital militar de esta misma Ciudad y el de Caridad. Adem\u00e1s en la Ciudad de Puerto Pr\u00edncipe hay cuatro esta\u00adblecimientos que en todos se necesi\u00adtan hermanas como son el Hospital de San Juan de Dios, que es \u00fanicamente para varones, el hospital de la Virgen del Carmen que es para mujeres, el hospital militar, y finalmente la casa de Beneficencia que yo estoy levan\u00adtando de mis ahorros, para poder re\u00adcoger y educar bien a tantos ni\u00f1os y ni\u00f1as que en el d\u00eda andan perdidos.<\/p>\n<p>Bien s\u00e9, Se\u00f1ora, que actualmente se halla el noviciado escaso de her\u00admanas; tampoco ignoro que de mu\u00adchas partes est\u00e1n pidiendo nuevas fundaciones, y que de todos los esta\u00adblecimientos fundados piden que les llenen los vac\u00edos que ha dejado el C\u00f3\u00adlera; pero por estas y otras considera\u00adciones que tengo muy presentes, no soy ni me atrevo a ser demasiado exi\u00adgente, s\u00f3lo por de pronto pido seis para la Beneficencia de Santiago, y despu\u00e9s ir\u00e1n viniendo las otras hasta que est\u00e9n subvenidos los estableci\u00admientos de este Departamento y Arzo\u00adbispado, como lo est\u00e1 el Departamen\u00adto y Di\u00f3cesis de La Habana, y estar\u00e1n los dos equilibrados: ya que las Rea\u00adles C\u00e9dulas de V M. se dirigen igual\u00admente a toda la Isla, y miran igual\u00admente a ambas Di\u00f3cesis y Departa\u00admentos; ya finalmente que los bienes monacales de los Belenitas se les des\u00adtina a igual objeto, ser\u00eda una cosa bastante repugnante a la Caridad y a la Justicia, que en los hospitales de La Habana tuvieran sesenta hermanas, sin poder alcanzar ni una para los hospitales de Santiago de Cuba, en tantos a\u00f1os de peticiones, y en medio de tantos trabajos en que nos hemos visto envueltos en esos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Por lo tanto suplico a V R. M se digne mandar que por de pronto vengan seis hermanas para la Beneficen\u00adcia de Santiago de Cuba, y despu\u00e9s para los Hospitales y establecimientos ya mencionados. Gracia que espe\u00adro alcanzar del coraz\u00f3n caritativo de V R. M Santiago de Cuba veinte y cuatro de Diciembre de mil ochocien\u00adtos cincuenta y seis a\u00f1os.<\/p>\n<p><em>Se\u00f1ora, A. L. R. P de V M. Antonio <\/em><em>Mar\u00eda, arzobispo de Cuba\u00bb<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p>Poco tiempo iba a permanecer el se\u00f1or arzobispo en su sede de Cuba. El d\u00eda 19 de febrero de 1857, la Pri\u00admera Secretar\u00eda de Estado de Ultra\u00admar dirige un despacho telegr\u00e1fico al encargado de negocios de S. M. en Londres para que lo pase al Capit\u00e1n General de Cuba, y \u00e9ste, a su vez, traslade la R. O. al se\u00f1or arzobispo, D. Antonio M.a Claret:<\/p>\n<p><em>\u00ab20 de febrero de 1857<\/em><\/p>\n<p>MM. R. Arzobispo en Santiago Cuba.<\/p>\n<p>S. M la Reyna (q. D. g.) me ha ma\u00adnifestado deseos de que V.S. se presen\u00adte lo m\u00e1s pronto que le sea posible en esta Corte por ser aqu\u00ed muy conve\u00adniente su presencia para asuntos de su mejor servicio; y me ha mandado que lo ponga en su noticia con urgencia.<\/p>\n<p>En cumplimiento de este mandato de su S. M he dirigido con fecha de ayer a V E. la Real orden contenida en el despacho telegr\u00e1fico enviado al en\u00adcargado de la legaci\u00f3n de S. M en Londres y la reitero ahora para que V.E. no demore su cumplimiento. Dios<\/p>\n<p><em>guarde a V.E. muchos a\u00f1os etc.\u00bb<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p>En este mismo a\u00f1o, 1857, el arzo\u00adbispo de Cuba renuncia a su sede y es nombrado confesor de la Reina Isa\u00adbel II.<\/p>\n<p><strong>Guanabacoa. Hospital de <\/strong><strong>Caridad. 1856<\/strong><\/p>\n<p>Guanabacoa ten\u00eda, en 1856 una poblaci\u00f3n de 16.402 habitantes y ejerc\u00edan en su t\u00e9rmino siete m\u00e9dicos y contaba con cinco boticas.<\/p>\n<p>En 1856, bajo la direcci\u00f3n del te\u00adniente gobernador D. Ram\u00f3n Flores Apodaca, se construy\u00f3 un nuevo Hospital de Caridad, \u00abcon buen gusto y solidez\u00bb, amplio y bien atendido. Ten\u00eda un departamento para hom\u00adbres, otro para mujeres y una sala destinada a militares. El hospital que\u00add\u00f3 a cargo de cuatro Hijas de la Cari\u00addad el 2 de febrero de 1857.<\/p>\n<p><strong>Solicitud de Hijas de la Caridad<\/strong><\/p>\n<p>En carta de 18 de diciembre de 1863, el Capit\u00e1n General de la Isla de Cuba pide el aumento hermanas para los Hospitales Militares de La Haba\u00adna y de Santiago de Cuba.<\/p>\n<p>Que el n\u00famero sea hasta treinta en La Habana y la asignaci\u00f3n de otras doce para el de Cuba. Pondera el ser\u00advicio de las hermanas que no es com\u00adparable con el que prestan los hom\u00adbres <em>\u00abpuesto que las citadas herma\u00adnas son las compa\u00f1eras inseparables del soldado en sus aflicciones y do\u00adlencias\u00bb<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p>R.O. para que se manden 30 her\u00admanas, sobre las que tiene, al Hospi\u00adtal Militar de La Habana y la asigna\u00adci\u00f3n de otras 12 para el de Cuba:<\/p>\n<p><em>\u00ab[&#8230;j teniendo en cuenta las cir\u00ad<\/em><em>cunstancias por que atraviesan las Antillas con motivo de la insurrec\u00ad<\/em><em>ci\u00f3n de Santo Domingo, el aumento que han tenido las estancias del Hos\u00ad<\/em><em>pital y el consiguiente al gran n\u00fame\u00adro de individuos sin alimentar que hoy existe en el ej\u00e9rcito de la referida Isla de Cuba, la Reina (q. D. g.) ha te\u00adnido a bien resolver se le d\u00e9 a V E. co\u00adnocimiento de este asunto, como de su Real Orden comunicada por el Sr. Ministro de la Guerra lo verific\u00f3, a fin de que por ese Departamento puedan hacerse las gestiones necesa\u00adrias al m\u00e1s pronto destino de las Her\u00admanas de la Caridad que se reclaman [&#8230;J =Lo que de R. O. traslado &#8230;a fin de que con la urgencia que le sea posible y las circunstancias exijan, se sirva acordar el env\u00edo de las Hijas de la Caridad que se reclaman, atendi\u00adda la necesidad en que se hallan los hospitales mencionados, de sus ser\u00advicios, hoy m\u00e1s apremiantes que en circunstancias normales. = Madrid 15 de junio de 1864= L. Vallesteros. = Rvdo. P. Director General del Real Noviciado de las Hijas de la Cari\u00addad=\u00bb<\/em><em><sup>21<\/sup><\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p><strong>Bejucal. Hospital <\/strong><strong>de Santa Susana. 1887<\/strong><\/p>\n<p>El hospital de Santa Susana de Be\u00adjucal fue fundado en 1887 por D\u00aa Su\u00adsana Ben\u00edtez de Parejo, con el fin de atender a los enfermos pobres de su pueblo natal. Fue entregado el a\u00f1o de su construcci\u00f3n a las Hijas de la Cari\u00addad, pero las rentas no alcanzaban para el sostenimiento del hospital, y las Hijas de la Caridad crearon, en una de sus salas, el colegio de Nuestra Sra. de los Desamparados, con el per\u00admiso del Ayuntamiento de Bejucal.<\/p>\n<p>En las guerras de Hispanoam\u00e9rica, los salones fueron desalojados para atender a los soldados heridos y enfer\u00admos. La poblaci\u00f3n de Bejucal, en 1890, era ya de 5.349 habitantes y con\u00adtaba tambi\u00e9n con otro hospital civil.<\/p>\n<p><strong>Ciego de \u00c1vila. Hospital Militar. <\/strong><strong>1895<\/strong><\/p>\n<p>El poblado de Ciego de \u00c1vila s\u00f3lo ten\u00eda un m\u00e9dico en 1860, para una poblaci\u00f3n que entonces era de 310 habitantes. En 1890 ascend\u00eda a 3.036 habitantes y, por las necesidades de la guerra en la antigua Provincia de Puerto Pr\u00edncipe, se estableci\u00f3 en ju\u00adnio de 1895, un hospital militar de 1.700 camas que comenzaron a ser atendidas, desde 1897, por Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Durante 1896 ingresaron en el hospital 7.502 enfermos, salieron 7.135 y fallecieron 414. En enero de 1898 ten\u00eda internados 970 soldados enfermos.<\/p>\n<p><strong>La Habana. Hospital Militar \u00abAlfonso XIII\u00bb. 1895<\/strong><\/p>\n<p>El Hospital Militar Alfonso XIII, por su dise\u00f1o y servicios, constituy\u00f3 el exponente m\u00e1s avanzado de la sa\u00adnidad militar de su tiempo. Estaba si\u00adtuado en una peque\u00f1a colina a dos ki\u00adl\u00f3metros de La Habana, entre el cas\u00adtillo del Pr\u00edncipe y la Pirotecnia.<\/p>\n<p>Fue construido, seg\u00fan proyecto del coronel de Ingenieros, Lino S\u00e1nchez, para 500 camas, ampliado a 3.000 por el comandante F\u00e9lix Caballero. Fue inaugurado a finales de 1895, por el mariscal D. Arsenio Mart\u00ednez Campos, que lo llam\u00f3 hospital del Pr\u00edncipe, y ampliado por el inspector de Sanidad D. Ces\u00e1reo Fern\u00e1ndez de Losada, que lo denomin\u00f3 hospital Al\u00adfonso XIII.<\/p>\n<p>Estaba formado por un centenar de construcciones de madera, que in\u00adclu\u00edan cuatro salas de oficiales, de ellas una para heridos y otra para enfermos de fiebre amarilla; 50 salas de medicina y cirug\u00eda, 23 de ellas nume\u00adradas del 1 al 23; 12 designadas por letras de la A a la L y una para presos. El departamento de enfermedades in\u00adfecciosas estaba aislado y formado por 12 pabellones, otro para m\u00e9dicos y otro m\u00e1s para la cocina. En un pabe\u00adll\u00f3n especial estaba la sala de opera\u00adciones as\u00e9pticas, otro para estufas de desinfecci\u00f3n y los de lavado, desin\u00adfecci\u00f3n de ropa, el octogonal para hi\u00addroterapia, departamento de almac\u00e9n de farmacia, cocina de vapor, edificio de la direcci\u00f3n y administraci\u00f3n, dor\u00admitorios de m\u00e9dicos, enfermeros, sa\u00adnitarios, pabell\u00f3n de las Hijas de la Caridad, uno aislado para los chinos empleados en los servicios de limpie\u00adza, letrinas, dep\u00f3sito de cad\u00e1veres, seis pabellones de inv\u00e1lidos, capilla, servicio de agua potable, alcantarilla\u00addo y suministro de alumbrado el\u00e9ctri\u00adco. En 1897 hubo 1.056 fallecidos de enfermedades internas, 327 de fiebre amarilla, 68 de otras infecciones, 17 de padecimientos quir\u00fargicos y 37 de heridas. Se preparaban diariamente unas 3.000 recetas, cuyo costo medio era de 0,30 pesetas, por lo que el gas\u00adto diario del hospital en medicamen\u00adtos ascend\u00eda a 900 pesetas. Hab\u00eda en\u00adtre 23 y 27 m\u00e9dicos, 4 auxiliares m\u00e9\u00addicos, 3 farmac\u00e9uticos, 150 subalter\u00adnos de Sanidad Militar y 32 Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p><strong>Remedios. Hospital Militar. 1895<\/strong><\/p>\n<p>En San Juan de los Remedios, Pro\u00advincia de Santa Clara, se estableci\u00f3 un hospital militar de 1.400 camas, en agosto de 1895. En 1896 ingresaron en este hospital 5.049 enfermos, salie\u00adron 4.544 y fallecieron 354. Las Hijas de la Caridad tuvieron, en gran medi\u00adda, a su cargo, la atenci\u00f3n de los enfer\u00admos y heridos en aquel hospital a par\u00adtir de 1896. El 1 de enero de 1898 te\u00adn\u00eda internados 1.016 enfermos.<\/p>\n<p><strong>Sancti Spiritus. Hospital Militar. <\/strong><strong>1895<\/strong><\/p>\n<p>Entre los hospitales militares crea\u00addos en la antigua Provincia de Santa Clara, destac\u00f3 el que se estableci\u00f3, en julio de 1895, en Sancti Spiritus. Te\u00adn\u00eda 2.000 camas y desde su fundaci\u00f3n estuvo atendido por las Hijas de la Caridad, llegadas de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>En 1896 ingresaron en este hospi\u00adtal 3.425 enfermos, salieron 3.338 y murieron 107. El 1 de enero de 1898 ten\u00eda internados 1.038 enfermos.<\/p>\n<p><strong>Santiago de las Vegas. Hospital <\/strong><strong>Militar. 1895<\/strong><\/p>\n<p>Santiago de las Vegas contaba, en 1890, con m\u00e1s de 5.000 habitantes. En junio de 1895, hubo que estable\u00adcer all\u00ed, por necesidades de la cam\u00adpa\u00f1a final de la guerra de la inde\u00adpendencia, un hospital militar de 800 camas. Las estad\u00edsticas de 1896 muestran que ingresaron aquel a\u00f1o en el hospital 10.437 enfermos, sa\u00adlieron 9.097 y murieron 592. A par\u00adtir de 1897 atendieron el hospital las Hijas de la Caridad. El 1 de enero de 1898 hab\u00eda internados 637 enfermos.<\/p>\n<p><strong>La Habana. Hospital Militar de la <\/strong><strong>Casa de Beneficencia. 1896<\/strong><\/p>\n<p>En la casa de Beneficencia de La Habana, en agosto de 1896, se adap\u00adtaron las salas con 2.100 camas para recibir militares enfermos. El 1 de enero de 1898 hab\u00eda all\u00ed internados 1.729 enfermos, a cuya asistencia contribuyeron las Hijas de la Cari\u00addad bajo la direcci\u00f3n de la superiora sor Andrea Tellaeche. La Casa de Beneficencia retorn\u00f3 a sus fines ori\u00adginales con la intervenci\u00f3n america\u00adna, bajo la direcci\u00f3n del Dr. Eugenio S\u00e1nchez Agramante, quien retuvo los servicios de las Hijas de la Cari\u00addad.<\/p>\n<p><strong>La Habana. Hospital Militar <\/strong><strong>\u00abMadera\u00bb. 1896<\/strong><\/p>\n<p>El hospital Madera y el M\u00e1rquez Gonz\u00e1lez comenzaron a recibir enfermos en agosto de 1896. Ten\u00edan una capacidad de 1.100 camas y el 1 de enero de 1898 hab\u00eda 855 enfermos. Las Hijas de la Caridad asistieron a los enfermos de este hospital a partir de 1897.<\/p>\n<p><strong>Regla. Hospital Militar. 1896<\/strong><\/p>\n<p>El Hospital Militar de Regla, Pro\u00advincia de La Habana, se estableci\u00f3 en los almacenes que en 1843 hab\u00eda construido el comerciante andaluz Eduardo Fesser Kissmayer, por eso se llam\u00f3 tambi\u00e9n hospital Fesser. Esta\u00adba situado a la orilla de la ensenada de Guanabacoa. Fue el hospital m\u00e1s grande de Cuba y tuvo una capacidad de 3.600 camas, aunque en noviem\u00adbre de 1896 lleg\u00f3 a tener 5.000. Al\u00adberg\u00f3 a contingentes de soldados procedentes de la pen\u00ednsula y a heri\u00addos, antes de que el 24 de octubre de 1896, quedara habilitado como hos\u00adpital.<\/p>\n<p>El 1 de enero de 1898 ten\u00eda ingre\u00adsados 3.088 enfermos. Durante los tres \u00faltimos meses de 1896 fallecie\u00adron 417 enfermos, en 1897 fallecie\u00adron 1.773 y en 1898 hubo 2.693 muertos. Este \u00faltimo a\u00f1o hubo 894 muertos de fiebre amarilla. El perso\u00adnal facultativo del Hospital Militar de Regla estaba formado por m\u00e9dicos, farmac\u00e9uticos y auxiliares del cuerpo de Sanidad Militar, aunque el peso de la asistencia sanitaria recay\u00f3 en las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>El Capit\u00e1n General de la Isla de Cuba comunica que para asistencia de aquellos Hospitales Militares, se necesitan cincuenta Hijas de la Cari\u00addad.<\/p>\n<p>La Inspecci\u00f3n de Sanidad Militar de la Isla de Cuba informa que ha\u00adbiendo consultado a la Direcci\u00f3n de los hospitales, todos ellos reconocen los \u00faltimos servicios que las Hijas de la Caridad prestan a los enfermos, el buen orden, limpieza y moralidad que existen en los establecimientos encomendados a las hermanas y que por tan favorable opini\u00f3n piden se au\u00admente su n\u00famero en los hospitales donde prestan su servicio en la actua\u00adlidad y que se creen las secciones co\u00adrrespondientes de los que no disfru\u00adtan de los servicios de tan ben\u00e9fico Instituto.<\/p>\n<p>El director del hospital de San Am\u00adbrosio reclama nueve hermanas que faltan para completar la dotaci\u00f3n y cuatro m\u00e1s como aumento. El de Santiago de Cuba pide seis m\u00e1s de las que tiene, dos para el completo de do\u00adtaci\u00f3n y cuatro m\u00e1s como aumento que juzga necesario para mejor servi\u00adcio. El de Villa Clara calcula en doce el n\u00famero de hermanas necesarias para aquel hospital y, el de Matanzas cree que ocho ser\u00e1n suficientes para las atenciones del mismo. El director del hospital de Puerto Pr\u00edncipe necesitar\u00eda de una secci\u00f3n de diez herma\u00adnas, pero tiene la dificultad de esta\u00adblecerlas all\u00ed porque carece de capi\u00adlla, habitaciones y dependencias que necesitan para su vida privada y reli\u00adgiosa. En consecuencia, es necesario un aumento de cuarenta y cinco her\u00admanas de la Caridad para poner al completo la dotaci\u00f3n de los hospita\u00adles militares de San Ambrosio y San\u00adtiago de Cuba y para destinar seccio\u00adnes a los de Santa Clara, Matanzas y Puerto Pr\u00edncipe. Pero como siempre debe contarse cierto n\u00famero de bajas en el primer a\u00f1o de arribo, considera que vengan de la Pen\u00ednsula, por cuen\u00adta del Ramo de Guerra hasta el n\u00fame\u00adro de cincuenta, con destino a los hospitales militares dichos.<\/p>\n<p>El 25 de agosto del mismo a\u00f1o se repite este mismo informe. El E Fe\u00adlipe Garc\u00eda escribe al P. General, ha\u00adbla del hero\u00edsmo de las Hijas de la Caridad durante la Guerra de Cuba: La Habana 29 de febrero de 1897.<\/p>\n<p>El Ministro de la Guerra ordena que las hermanas marchen con los batallones compartiendo los peligros para que los soldados tengan en su agon\u00eda los cuidados de una madre y el pensamiento del cielo. Las Hijas de la Caridad se ofrecen a cuidar a los heridos en el campo de batalla y lle\u00adgan a esos campos en medio de los gritos de los moribundos y del estam\u00adpido del ca\u00f1\u00f3n. Algunas estaban des\u00adconsoladas por tener que quedarse en el hospital. Fueron establecidos los hospitales militares de Sancti Spiri\u00adtus, Santa Clara, Remedios, etc.<\/p>\n<p>Son enviadas otras 60 hermanas. La Visitadora de Espa\u00f1a, hermana de Su Excia. el difunto General Jove\u00adIlar, que fue Gobernador de Cuba y Ministro de la Guerra, hab\u00eda dicho al Sr. Ministro cuando envi\u00f3 las veinte primeras hermanas:<\/p>\n<p><em>\u00abExcelencia. Si tiene V necesidad de m\u00e1s hermanas, pida Vuecencia, que todas estamos dispuestas a ir a la Guerra\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y sin esperar segunda orden, en pleno verano, manda sesenta en dos expediciones. Luego hubo que doblar el n\u00famero de hermanas empleadas en el Hospital Militar de La Habana, y aun durante el tiempo de la oraci\u00f3n mental era preciso ocuparse en la atenci\u00f3n de los enfermos. Cumpl\u00edan aquello de dejar a Dios en la capilla para hallarle en la persona de los po\u00adbres que padecen.<\/p>\n<p>No tard\u00f3 en abrirse otro hospital en Cienfuegos y otro en Santiago de las Vegas. Y la lucha no era tanto para curar los heridos, que no pasaban del tres por ciento, cuanto para cortar las enfermedades de los tr\u00f3picos, que con aquellas marchas y contramar\u00adchas, causaban gran mortalidad. Cu\u00e1ntos deb\u00edan su salvaci\u00f3n corporal y eterna a las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Mas entre todas hago especial menci\u00f3n de la Superiora del Hospital Militar de esta ciudad, llamado Al\u00adfonso XIII. Por ser nuevo y construi\u00addo a la moderna, los enfermos est\u00e1n con m\u00e1s comodidades, pero las her\u00admanas tienen que esforzarse mucho m\u00e1s para cuidarlos. Sin embargo siempre se ha visto a la Superiora a la altura de su cargo. Ella es modelo en el trabajo. Que Dios recompense a sor Clara Larrinaga. Si ella merece una especial menci\u00f3n, no menos la merece la Vicevisitadora. No conten\u00adta con hacer viajes muy largos y peli\u00adgrosos para acompa\u00f1ar a las herma\u00adnas a la fundaci\u00f3n de hospitales en Santa Clara, Remedios y Cienfuegos, visita despu\u00e9s las casas para activar la organizaci\u00f3n conveniente y para lle\u00advar socorros espirituales a las herma\u00adnas. Ha visitado dos o tres veces las localidades m\u00e1s distantes y siempre ha venido sana <em>y <\/em>salva, no sin haber o\u00eddo el silbar de las balas, percibido el hedor de los cad\u00e1veres y visto el resplandor de las llamas en las ricas haciendas incendiadas por los insu\u00adrrectos.<\/p>\n<p>Y como si no fueran suficientes para ejercer su caridad los cinco hos\u00adpitales Militares de La Habana, con diez mil enfermos o heridos, gestiona que el Gobierno convierta en hospital militar con dos mil enfermos, un gran edificio adjunto a la misma casa Cen\u00adtral, donde vive y cumple sus oficios de Superiora. Aqu\u00ed da curso a su ar\u00addoroso celo todo el tiempo que le dejan libre sus m\u00faltiples ocupaciones. Abre una puerta de comunicaci\u00f3n en\u00adtre el hospital y su casa y reparte sus cuidados entre ambas comunidades.<\/p>\n<p>Por causa de estos servicios y de sus frecuentes visitas a los otros hos\u00adpitales de dentro y fuera de La Haba\u00adna, sobre todo a causa de sus viajes a Santiago de Cuba y a los otros pun\u00adtos, viajes en que se emplean cuatro o cinco d\u00edas, ya por mar ya por tierra, la fama de su actividad y de su celo ha crecido de manera que hasta los pe\u00adri\u00f3dicos de la Isla y de la Pen\u00ednsula le han tributado los elogios m\u00e1s espon\u00adt\u00e1neos. La veneraci\u00f3n del p\u00fablico es tal que de acuerdo con el Gobierno General, una comisi\u00f3n de personas distinguidas le entrega los objetos y dinero recogido para los pobres y para los heridos, con ocasi\u00f3n de las Fiestas de Navidad para que, como dec\u00eda un art\u00edculo titulado el <em>\u00abAgui\u00ad<\/em><em>naldo del soldado\u00bb, <\/em>las hermanas ha\u00adbr\u00e1n de ser las que hagan a cada sol\u00addado el reparto equitativo. Entre los donativos les entrega tambi\u00e9n el se\u00ad\u00f1or obispo gran cantidad de dulces y de licores. Que Dios recompense a sor Teresa de Jes\u00fas Mora y Jim\u00e9nez que fue m\u00e1s de doce a\u00f1os Vicevisita\u00addora de La Habana y Puerto Rico, donde ha dejado un excelente recuer\u00addo, como lo dejar\u00e1 entre nosotros, donde desempe\u00f1a el mismo cargo desde hace seis a\u00f1os.<\/p>\n<p>Debemos dar gracias a Dios de la clara protecci\u00f3n que ha dispensado a las Hijas de la Caridad. Dios las ha conservado espiritual y corporalmen\u00adte. Algunas llevan ya dos veranos tra\u00adbajando sin descanso entre jefes, ofi\u00adciales y soldados, prodigando sus cui\u00addados a los atacados de fiebre amari\u00adlla que hace tantas v\u00edctimas y desde hace dos meses a los de viruelas.<\/p>\n<p>Antes de terminar esta narraci\u00f3n no puedo menos de hacer menci\u00f3n de la digna Superiora del Hospital Mili\u00adtar de Santiago de Cuba, sor Bernar\u00adda Lacabe, as\u00ed como de las otras su\u00adperioras de los diferentes hospitales militares establecidos hace un a\u00f1o: sor Juana Goicoechea de Sancti Spi\u00adritus, sor Ignacia Batlles, de Reme\u00addios, sor Demetria Ochoa, de Cien\u00adfuegos desde hace seis meses. Otros dos hospitales se abrieron en Regla y en Santiago de las Vegas que casi to\u00adtalmente eran sostenidos por herma\u00adnas, quienes dejaban con gusto su oficio de maestras para convertirse en enfermeras. F\u00e9lix Garc\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Las Hijas de la Caridad en los <\/strong><strong>hospitales de Cuba. 1897<\/strong><\/p>\n<p>Extracto de un art\u00edculo publicado en el Diario de la Marina de La Ha\u00adbana:<\/p>\n<p>\u00abEs necesario verlo y tocarlo para apreciar con conocimiento de causa y en toda su extensi\u00f3n el inapreciable servicio realizado por esos \u00e1ngeles de la Caridad, en este pa\u00eds, en este clima, donde, en las presentes circunstan\u00adcias, la atm\u00f3sfera asfixia y emponzo\u00ad\u00f1a en esta zona t\u00f3rrida, donde las emanaciones causan la muerte a nuestros j\u00f3venes y heroicos soldados. Es de ver y admirar en particular la energ\u00eda sobrehumana de la Reveren\u00adda Visitadora sor Teresa Mora. Naci\u00adda en feliz cuna, entre las dulces bri\u00adsas de Andaluc\u00eda, bajo el magn\u00edfico cielo de la Provincia de M\u00e1laga, es admirable el esp\u00edritu sobrenatural que da a la valiente y caritativa se\u00f1o\u00adra fuerzas para soportar con intrepi\u00addez los inminentes peligros de esta guerra, cuyas consecuencias ella par\u00adticipa de muy cerca. Lo que descon\u00adcierta y preocupa a los hombres fuer\u00adtes, no es capaz de intimidar a esta re\u00adligiosa andaluza. All\u00ed donde es mayor el peligro y hay m\u00e1s necesidad de consuelos, all\u00ed se lanza sin demora este \u00e1ngel de Caridad, fija en el cielo la mirada, para consolar con el celo m\u00e1s delicado a los que gimen y pade\u00adcen [&#8230;].<\/p>\n<p>Los insurrectos atacan diariamente a los trenes, pero ello no impide a la Visitadora General seguir su camino cuantas veces es necesario [&#8230;]. En estos inmensos hospitales militares creados en plena guerra, se ven cosas, al parecer, incompatibles. El mayor orden en medio del hacinamiento de los enfermos; consuelos materiales, los m\u00e1s tiernos entre los dolores y ge\u00admidos; [&#8230;] la buena administraci\u00f3n en medio de tantas entradas y salidas, de idas y venidas, de todo lo cual somos testigos diarios. En esto, sor Te\u00adresa hace todo lo que debe y todo lo que puede y puede mucho porque sus deseos no tienen l\u00edmite.<\/p>\n<p>En 1898 se consum\u00f3 el desastre colonial espa\u00f1ol, cuyas consecuen\u00adcias econ\u00f3micas, sociales y pol\u00edticas afectaron de modo notable al desa\u00adrrollo de la Restauraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por consiguiente, las madres de nuestros soldados pacientes, esas ma\u00addres que lloran con l\u00e1grimas amargas la ausencia de los hijos en manos mercenarias, pueden dar tregua a su tristeza y hallar calmante a su cruel dolor pensando que aqu\u00ed, en el pa\u00eds tropical, est\u00e1n reemplazadas, a la ca\u00adbecera de sus hijos; aqu\u00ed en el pa\u00eds de las fiebres, hay quien vela d\u00eda y no\u00adche, junto a los enfermos; aqu\u00ed en el pa\u00eds de las epopeyas sangrientas, hay quien se sacrifica con gusto, dispu\u00adtando, palmo a palmo, la presa recla\u00admada por la muerte.<\/p>\n<p>Que las madres de nuestros vetera\u00adnos soldados, que Espa\u00f1a entera ben\u00addiga a las heroicas Hijas de San Vi\u00adcente de Pa\u00fal. Bendigan el nombre hermoso de sor Teresa Mora y as\u00ed re\u00adconozcan, aunque sea pobremente, los numerosos merecimientos que, as\u00ed de la religi\u00f3n como de la Patria, han ganado estas simp\u00e1ticas hero\u00ednas que ha inspirado esta carta&#8230;\u00bb<\/p>\n<p><strong>Guerra Hispano-estadounidense<\/strong><\/p>\n<p>El 22 de junio de 1898, 15.000 sol\u00addados estadounidenses arribaron al sureste de Santiago de Cuba. Derrotaron a las fuerzas terrestres espa\u00f1o\u00adlas en las defensas exteriores de las ciudades al tiempo que la fuerza na\u00adval de Estados Unidos bloqueaba el puerto de Santiago de Cuba. Cuando las naves espa\u00f1olas trataron de atra\u00advesar el bloqueo, fueron perseguidas por el enemigo y se hundieron o en\u00adcallaron.<\/p>\n<p>El diario escrito por una de las her\u00admanas, sor Luc\u00eda Sosa, nos hace revi\u00advir la tragedia de la que los cubanos, soldados espa\u00f1oles y las Hijas de la Caridad fueron protagonistas, v\u00edcti\u00admas del ataque yanqui:<\/p>\n<p>\u00abEstamos sitiadas por mar y por tierra y se muere de hambre toda la gente. A nosotras no nos falta un poco de arroz, garbanzos y unas ca\u00adjas de sardinas [&#8230;]. Nos sentimos tan d\u00e9biles que no tenemos fuerza para resistir los sustos de los bom\u00adbardeos, que como Vd. sabe han sido nueve o diez. El d\u00eda seis [junio de 18981 fue terrible. Principi\u00f3 a las ocho de la ma\u00f1ana y acabaron a las doce del d\u00eda. No se pod\u00edan contar los ca\u00f1onazos en las primeras horas y s\u00f3lo cuando estaba m\u00e1s calmado se vio que tiraban diez ca\u00f1onazos por minuto. Por el patio y cocinas de este establecimiento pasaron tres enor\u00admes granadas haciendo un ruido que aterrorizaba [\u2026]. No puede Vd. figu\u00adrarse las ganas que tengo de comer un pedacito de pan. S\u00f3lo tenemos el eucar\u00edstico y bendito sea Dios que to\u00addav\u00eda no nos ha faltado [&#8230;J.<\/p>\n<p><em>D\u00eda 1. \u00b0 de julio. Desde esta ma\u00f1a\u00ad<\/em><em>na a las siete no se oye m\u00e1s que el fuego nutrido de fusiler\u00eda, y ahora, <\/em><em>que son las cinco de la tarde, no cesa <\/em><em>a\u00fan el fuego [\u2026] .<\/em><\/p>\n<p>D\u00eda cinco. En los d\u00edas pasados no le escrib\u00ed, porque cada d\u00eda han ido poni\u00e9ndose las cosas de mal en peor. Ayer me encontraba como Jes\u00fas en el Huerto de los Olivos, tan triste que cog\u00ed la pluma para escribir y no sa\u00adb\u00eda ya qu\u00e9 decirle, y \u00bfsabe Vd. por qu\u00e9 era mi tristeza? Porque como hoy van a bombardear la ciudad por mar y por tierra, dispusieron el Sr Arzo\u00adbispo y el P. Mart\u00ednez Antol\u00edn, que sa\u00adli\u00e9semos de la ciudad para salvar la vida. Se hab\u00edan dado de alta a todos los enfermos, pero quedaron postra\u00addos en la cama sin poder salir, m\u00e1s de ciento y el pensamiento de que deja\u00adr\u00edamos a esos desgraciados sin nues\u00adtro cuidado, me hac\u00eda morir de pena. Me parec\u00eda que ya no era Hija de la Caridad. Mas nuestro Santo Padre, a quien le ped\u00ed con toda mi alma que no permitiera dej\u00e1ramos abandona\u00addos a su porci\u00f3n m\u00e1s querida, parece que me oy\u00f3, y en la tarde, cuando es\u00adper\u00e1bamos se nos indicara el lugar a donde deb\u00edamos ir se nos presenta\u00adron dos de nuestros Padres a decir\u00adnos que se hab\u00eda pensado que era me\u00adjor nos qued\u00e1ramos con nuestros po\u00adbres. Cu\u00e1l fue mi contento al o\u00edr esto, s\u00f3lo Dios, que penetra hasta el fondo de nuestros corazones, puede saber\u00adlo. Ay\u00fademe Vd. a dar gracias a nues\u00adtro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Dentro de pocas horas principia el bombardeo y en esta casa no ha que\u00addado ni Capell\u00e1n, ni Presidente, ni Administrador, ni M\u00e9dico, ni Practi\u00adcante, y hasta la mayor parte de los empleados se han ido, deseando sal\u00advar sus vidas. Ahora s\u00ed que me consi\u00addero Hija de la Caridad de San Vi\u00adcente. A Dios sean dadas las gracias.<\/p>\n<p>Si no muriese hoy le acabar\u00e9 de contar lo que ocurra en este terrible d\u00eda en que no se ve por todas partes m\u00e1s que soldados, fusiles y todo lo que puede hacer estremecer de es\u00adpanto. Las Hermanas de la Benefi\u00adcencia han salido fuera de la pobla\u00adci\u00f3n para salvar a las ni\u00f1as. S\u00f3lo sor Justa y sor Isabel han quedado en el Hospital Militar, donde tienen tanto trabajo las pobres hermanas.<\/p>\n<p>D\u00eda 6. A\u00fan vivimos, querida sor Francisca. Parece que nuestro Se\u00f1or quer\u00eda probarnos. Ayer por la ma\u00f1a\u00adna vino el E Mart\u00ednez a celebrar para darnos la Sagrada Comuni\u00f3n y quitar el Sant\u00edsimo Sacramento. Despu\u00e9s de la misa nos habl\u00f3 sobre el acto tan agradable a Dios que ha\u00adc\u00edamos las Hijas de San Vicente, que\u00add\u00e1ndonos en la ciudad, expuestas a perecer todas por permanecer firmes en la misi\u00f3n de caridad [ . Por fin da la hora&#8230;y un silencio profundo reina en todas las partes. Da el cuar\u00adto, da la media y, el mismo silencio. Entonces me voy a preguntar a la porter\u00eda qu\u00e9 novedad hab\u00eda y me di\u00adcen que parec\u00eda que las Naciones ex\u00adtranjeras hab\u00edan tomado parte y no hab\u00eda bombardeo [ J. La poblaci\u00f3n entera hab\u00eda salido de la ciudad. Calculan unas 30.000 almas las que han salido [&#8230;].<\/p>\n<p><em>D\u00eda 7. Todav\u00eda todo est\u00e1 en calma<\/em><\/p>\n<p>Esta tarde tuve que salir y la impresi\u00f3n que me hizo la vista de la ciudad, fue trist\u00edsima. No parec\u00eda sino un gran cementerio. Todas las puertas y ventanas cerradas, sin que se vea por la calle m\u00e1s que uno que otro militar y muchos perros muertos de hambre, que lloran a las puertas de sus amos.<\/p>\n<p>Cuando regresamos a este Hospi\u00adtal, encontramos tres hombres vesti\u00addos de paisanos sentados en una es\u00adquina de la calle, los cuales al vernos se pusieron de pie, nos saludaron y nos miraban de arriba a bajo, como no creyendo lo que ve\u00edan. Hasta que por fin uno de ellos me pregunt\u00f3: Hermanas, \u00bfno ten\u00e9is miedo a estar en Cuba? Yo le contest\u00e9, Se\u00f1or las Hijas de la Caridad no tienen miedo a las balas cuando est\u00e1n cuidando de sus enfermos. \u2014Oh! y esta es la verdad, me contestaron, que Dios os asista hermanas.<\/p>\n<p>D\u00eda 11. Ayer a las cinco empez\u00f3 el fuego que dur\u00f3 hasta las siete [\u2026]. Hoy ha sido una especie de pobre bombardeo. Ha hecho mucho da\u00f1o a la ciudad [&#8230;]. Aqu\u00ed en el jard\u00edn cay\u00f3 un pedazo de granada, en la roper\u00eda otro, pero todav\u00eda no nos ha tocado a ninguna.<\/p>\n<p>D\u00eda 12. Me siento tan triste y d\u00e9bil que si esto dura mucho, creo que no llegar\u00e9 a ver el fin de la guerra. Hoy no ha habido fuego, han estado en parlamento. Estamos rodeadas de enemigos por todas partes [\u2026]. Di\u00adcen que ma\u00f1ana reducir\u00e1n a cenizas la ciudad. Es una agon\u00eda tan terrible la que vivimos, que ya no hay fuerzas para vivir, y ella nos recuerda con <em>frecuencia la de Jes\u00fas en el Huerto <\/em><em>de los Olivos. Adem\u00e1s los alimentos tan escasos y caros que no se pueden comprar. No s\u00e9 el tiempo que no co\u00admemos carne, ni pan, no bebemos un poquito de caldo [&#8230;].<\/em><\/p>\n<p>Adi\u00f3s, sor Francisca, p\u00eddale a nuestro Se\u00f1or nos conceda la gracia de poder seguir cuidando a nuestros pobrecitos de Cuba\u00bb.<\/p>\n<p>Sor Teresa, en una de sus cartas, expresa sus profundos sentimientos de amor al pobre, en el que ve al mis\u00admo Jesucristo:<\/p>\n<p>\u00abHemos tenido enfermer\u00eda de tres mil enfermos, como suced\u00eda en Regla, de donde sal\u00ed un d\u00eda muy conmovida del espect\u00e1culo que ofrec\u00eda ver cien\u00adtos de enfermos tirados, con cuatro d\u00edas de hospital y de no haber bebido ni agua. \u00a1Pobres miembros de Jesu\u00adcristo! Me entr\u00f3 tal pena y sentimien\u00adto que tuve que esconderme y hartar\u00adme de llorar para desahogarme. Y lo que me ha pasado a m\u00ed, ha pasado a las pobres hermanas, a la vista de tan triste espect\u00e1culo [\u2026].<\/p>\n<p>La superiora del Manicomio de Cuba, escribe a la Madre General:<\/p>\n<p><em>\u00ab[\u2026] Las tres plagas que tanto te\u00ad<\/em><em>m\u00edamos, al fin han ca\u00eddo sobre noso\u00ad<\/em><em>tras: la guerra, la peste, el hambre<\/em><em>. Excepto tres hermanas, todas <\/em><em>las dem\u00e1s han ca\u00eddo enfermas. Respecto a nuestros pobres enfermos ya no pueden resistir por estar mal alimentados, pues no les podemos dar sino un poco de arroz cocido con<br \/>\nagua [\u2026] as\u00ed es que se muere una multitud considerable. No tenemos vestido con qu\u00e9 cubrirlos. La Visitadora nos envi\u00f3 algunas piezas de tela blanca y de color para vestirlos y pasar as\u00ed mientras Dios quiera [&#8230;]\u00bb<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p>Sor Eduviges Laquidain escribe a la Visitadora el 21 de octubre de 1898:<\/p>\n<p>\u00abCuando el hambre se comenz\u00f3 a sentir en La Habana, empezamos tambi\u00e9n a pensar menos en el bom\u00adbardeo, pues ya las conversaciones y noticias eran de distinta clase. Nues\u00adtra puerta abundaba de pobres exte\u00adnuados, de mujeres que casi no po\u00add\u00edan andar, de chicos que buscaban algo de comer No desped\u00edamos a na\u00addie sin dar alguna cosa, y dentro de la casa se volvieron a abrir las es\u00adcuelas de las ni\u00f1as pobres, alimen\u00adtando a unas trescientas, que quiz\u00e1 no ten\u00edan otra cosa [ J. No crea Vd., mi respetable Madre, que esta mise\u00adria no ha sido nada m\u00e1s que de estos meses. Casi un a\u00f1o hace que para algunos establecimientos empez\u00f3 el bloqueo, pues la miseria ha sido ge\u00adneral durante el sitio, ven\u00eda siendo particular pudi\u00e9ndose se\u00f1alar con especialidad el manicomio, que ha tenido una baja de quinientos pobres poco m\u00e1s o menos f.] . Todav\u00eda no se habla sino de desgracias, de enfer\u00admedades en abundancia, en una pa\u00adlabra, de tantas calamidades que na\u00adturalmente exclama uno: mejor es morir [&#8230;]\u00bb.<\/p>\n<p>Por entonces, con el cambio pol\u00edti\u00adco, pocas esperanzas hab\u00eda, de per\u00admanecer en las Antillas. El Padre Mart\u00ednez escribe:<\/p>\n<p>\u00abDespu\u00e9s de las capitulaciones y entrega de la plaza de Santiago de Cuba, las cosas estaban all\u00ed tan mal, que nos pareci\u00f3 imposible poder permanecer por entonces, en nues\u00adtra residencia de Santiago y resolvi\u00admos, muy a pesar nuestro, regresar a Espa\u00f1a, acompa\u00f1ando y asistiendo a nuestros pobres enfermos y solda\u00addos repatriados.<\/p>\n<p>La abnegaci\u00f3n y sacrificio de nuestras hermanas ha sido admira\u00adble, en tanto grado, que algunas han sucumbido v\u00edctimas de la caridad. A\u00fan no hab\u00eda levado ancla el buque y estando todav\u00eda en la bah\u00eda de Santiago, tuvimos el dolor y senti\u00admiento de ver morir a una de las dos hermanas que en grave estado, en camilla, fueron conducidas a bordo [\u2026]. La otra muri\u00f3 el sexto d\u00eda de navegaci\u00f3n.<\/p>\n[&#8230;] La hermana superiora del Hospital Militar, que tambi\u00e9n fue embarcada en grave estado de salud, falleci\u00f3 apenas hab\u00eda llegado a La Coru\u00f1a. Llevaba ya esta hermana m\u00e1s de treinta a\u00f1os de sacrificios en la Isla. En la Coru\u00f1a falleci\u00f3 tam\u00adbi\u00e9n, despu\u00e9s de largos d\u00edas de en\u00adfermedad, otra hermana, que duran\u00adte muchos a\u00f1os, hab\u00eda trabajado in\u00adcansable y servido en el mismo Hos\u00adpital de Santiago.<\/p>\n<p>Dos m\u00e1s volaron al cielo [&#8230;] a los pocos d\u00edas de haber llegado a la casa Central. Son seis, mi digno pa\u00addre, las hermanas que hasta la fecha han fallecido, como os dec\u00eda, v\u00edcti\u00admas de la caridad con los pobres en\u00adfermos, mas temo no ser\u00e1n las \u00falti\u00admas pues otras han regresado a Es\u00adpa\u00f1a en un mal estado.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de las hermanas citadas anteriormente, solamente en Cuba, fallecieron otras doce durante aquel infausto a\u00f1o 1898. Seis de ellas en el Hospital Militar Alfonso XIII, donde el mayor n\u00famero de soldados enfer\u00admos obligaba a las hermanas a un es\u00adfuerzo sobrehumano de cuerpo y es\u00adp\u00edritu. Otras hermanas quedaron se\u00adpultadas en las inmensidades de los mares. Casi todas las noches, la nave detiene su marcha un momento para depositar en el blando lecho de las aguas el cad\u00e1ver de alg\u00fan soldado que ha fallecido en la jornada. Tam\u00adpoco all\u00ed quedan solos los hijos de Espa\u00f1a, sor Mar\u00eda Cruz cae con ellos, como madre que acompa\u00f1a a sus hi\u2011<\/p>\n<p>jos. Ya antes, sor Josefa de la Rota y sor Francisca de Sales Montoya hab\u00ed\u00adan hallado igual descanso en los ma\u00adres de Oriente.<\/p>\n<p>En marzo de 1899, vinieron de Cuba y fueron destinadas a la comu\u00adnidad de la c\u00e1rcel de Barcelona, sor Concepci\u00f3n Batll\u00e9s, sor Veremunda Cirauqui y sor Carmen Fruns. Sor Concepci\u00f3n muri\u00f3 en Barcelona, sor Carmen en Valdemoro.<\/p>\n<p>Sor Mar\u00eda Canals hab\u00eda sido una de las hermanas que sufrieron los ho\u00adrrores del bloqueo de Santiago de Cuba. Llena de entusiasmo por la de\u00adfensa de Espa\u00f1a le dijo al General Li\u00adnares que estaba dispuesta a ir con los soldados a las trincheras. Muri\u00f3 en la Casa de Caridad.<\/p>\n<p>A sor Teresa de Jes\u00fas Mora, ya en Espa\u00f1a, reconocen la gran labor reali\u00adzada en Cuba, Puerto Rico y Sevilla.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Deseo aportar alg\u00fan documento in\u00e9dito junto con otros ya publicados, sobre nuestras hermanas en Cuba, tomados en archivos de la Ad\u00administraci\u00f3n del Estado. El P. 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