{"id":93893,"date":"2018-03-16T08:56:16","date_gmt":"2018-03-16T07:56:16","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=93893"},"modified":"2017-12-31T11:57:59","modified_gmt":"2017-12-31T10:57:59","slug":"la-vida-espiritual-de-la-mision","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-vida-espiritual-de-la-mision\/","title":{"rendered":"La vida espiritual de la Misi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Esta conversaci\u00f3n, m\u00e1s que tratado org\u00e1nico y exhaustivo de todo el pro\u00adblema ata\u00f1edero a la vida espiritual de la C. M., intenta reflexionar sobre algunos aspectos de nuestra vida relacionados con la espiritualidad vicen\u00adciana. Aspectos ciertamente conocidos, derivados del pensamiento de San Vicente y por \u00e9ste expresados con claridad en las Reglas Comunes o en las Conferencias y recogidos tambi\u00e9n en las nuevas Constituciones. Unidos unos con otros, pueden ofrecer un \u00f3ptimo itinerario espiritual que meditar y hacer efectivo en nuestras comunidades.<\/p>\n<h2><strong>La vida espiritual<\/strong><\/h2>\n<p>1. No quiero proponer una definici\u00f3n de vida espiritual. Me contentar\u00e9 con decir que por vida espiritual entiendo sobre todo un modo de ser, una inspiraci\u00f3n que permea y gu\u00eda la vida entera <em>y <\/em>sus manifestaciones, hasta el punto de constituir una caracter\u00edstica del individuo y de la comunidad. Dir\u00eda que es m\u00e1s que nada una tensi\u00f3n, la cual sostiene y da el tono a cuanto uno hace y quiere ser. Y todo reproduciendo en la vida propia y en el propio ser un modelo al que aqu\u00e9lla se remite y en el cual se inspira de continuo para alimentar ese mismo esp\u00edritu y esa misma tensi\u00f3n.<\/p>\n<p>A su vez, ese esp\u00edritu y esa tensi\u00f3n tienen sus manifestaciones externas en ciertos momentos que acostumbramos a llamar \u00abfuertes\u00bb y cuyo prop\u00f3\u00adsito es sostener y reforzar el esp\u00edritu mismo. En la pr\u00e1ctica son los momen\u00adtos de oraci\u00f3n, de interiorizaci\u00f3n, de coloquio con Dios. No agotan todo el campo de la espiritualidad, sino que forman parte de ella y la sustentan.<\/p>\n<p>As\u00ed como toda la vida y la acci\u00f3n apost\u00f3lica de una comunidad y de sus miembros se avoca al fundador, del mismo modo la espiritualidad. Todo tiende en cierto modo a perpetuar en la Iglesia, seg\u00fan la diversidad de tiempos y situaciones, el carisma, la presencia espiritual del fundador, quien as\u00ed prolonga en ella su servicio.<\/p>\n<p>2. En la base de la espiritualidad de San Vicente y nuestra est\u00e1 la <em>misi\u00f3n, <\/em>o sea el deseo y el compromiso de seguir a Cristo en la actitud es\u00adpec\u00edfica de ejecutar la voluntad del Padre anunciando la <em>Buena Nueva <\/em>a los pobres. San Vicente descubre esta <em>misi\u00f3n <\/em>en los acontecimientos de su vida, que gu\u00eda la Providencia; acoge y vive aqu\u00e9lla y la propone a cuan\u00adtos quieran participar con \u00e9l en la <em>misi\u00f3n <\/em>del Hijo de Dios, como \u00e9l anun\u00adciando el evangelio a los pobres.<\/p>\n<p>Eso se convierte a un tiempo en fin y fuente de espiritualidad (Cf. Cons\u00adtituciones, Introd.). \u00ab&#8230; la peque\u00f1a Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n desea, con la ayuda de la gracia de Dios y seg\u00fan sus pocas fuerzas, imitar al mismo Cristo Se\u00f1or&#8230;\u00bb (RC <strong>I, <\/strong>1). Es imitaci\u00f3n, pero aun antes asimilaci\u00f3n del es\u00adp\u00edritu: \u00ab&#8230; persuadidos de que los llamados a continuar la misi\u00f3n del mis\u00admo Cristo, consistente ante todo en la evangelizaci\u00f3n de los pobres, debie\u00adran tener los sentimientos y afectos del mismo Cristo, m\u00e1s a\u00fan, estar re\u00adpletos de su esp\u00edritu y seguir sus huellas\u00bb (RC, Introd.).<\/p>\n<p>Brevemente podremos decir que nuestra misi\u00f3n, y la espiritualidad que la anima y alimenta, es seguir a Cristo en su misi\u00f3n de evangelizador de los pobres con unos sentimientos iguales a los suyos.<\/p>\n<p>En el plano ideal se trata evidentemente de un redescubrimiento conti\u00adnuo de la voluntad de Dios, quien llama a la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el plano de las realizaciones y de la inspiraci\u00f3n, tr\u00e1tase de descubrir constantemente al pobre. En San Vicente es constante la preocupaci\u00f3n por el encuentro del pobre, por el socorro de \u00e9ste, anunciando y, seg\u00fan \u00e9l dec\u00eda, haciendo efectivo el evangelio, aun cuando la actividad requerida por las exigencias del pr\u00f3jimo y de la Iglesia no toque inmediatamente al pobre. El pobre permanece siempre un ideal que inspira, que da su tono al modo entero de ser y obrar. Tambi\u00e9n en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n debe la presencia del pobre iluminar y guiar la actitud y la acci\u00f3n de comunidades e individuos; debe ser un esp\u00edritu, una preocupaci\u00f3n constante, una nota que se explicite en los diversos ministerios y en la vida misma de acci\u00f3n.<\/p>\n<p>S\u00f3lo a esta luz halla su plena aplicaci\u00f3n el \u00abfin\u00bb propuesto originaria\u00admente por San Vicente a su Congregaci\u00f3n en las Reglas Comunes (cap. <strong>I, <\/strong>n\u00famero 1) y transcrito a un lenguaje m\u00e1s actualizado en el n\u00famero 1 de las nuevas Constituciones. Antes todav\u00eda que de realizaciones pr\u00e1cticas en beneficio directo o indirecto del pobre, se trata de un ideal que vivir; y aun las mismas realizaciones ser\u00e1n aut\u00e9nticas <em>y <\/em>eficaces en la medida en que las inspire ese ideal. \u00abEl fin de la C. M. es seguir a Cristo evangeliza\u00addor de los pobres.\u00bb He ah\u00ed el gran ideal, que da origen y se materializa en las tres c\u00e9lebres mediaciones, la primera de las cuales concierne a la vida espiritual: \u00abEsforzarse por revestir el esp\u00edritu de Cristo (RC <strong>I, <\/strong>3), por ad\u00adquirir la perfecci\u00f3n que conviene a nuestra vocaci\u00f3n (RC <strong>XII, <\/strong>13).\u00bb Y luego las otras dos: La evangelizaci\u00f3n y la formaci\u00f3n de sacerdotes y seglares con miras a la evangelizaci\u00f3n. As\u00ed pues, Cristo y el pobre orientar\u00e1n las diversas expresiones de la vida y de la actividad de la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. Es un seguimiento de Cristo que se hace imitaci\u00f3n, hasta el punto de ser Cristo \u00abla regla de la Misi\u00f3n\u00bb; hasta que el esp\u00edritu de Cristo llega a ser esp\u00edritu de la Misi\u00f3n (Const., n. 5).<\/p>\n<p>No consiste, para San Vicente, la espiritualidad de su Congregaci\u00f3n en la pr\u00e1ctica de virtudes abstractas, sino que es reproducir al Hijo de Dios hecho hombre en su vida, en su misi\u00f3n de Salvador. No es s\u00f3lo una derivaci\u00f3n de la \u00abdevoci\u00f3n moderna\u00bb, del Medievo, que se detiene en la humanidad del Hijo de Dios, ni recoge s\u00f3lo la espiritualidad de la \u00abescuela francesa\u00bb de aquel tiempo. Hay conciencia de ser, por la misi\u00f3n y en plena comuni\u00f3n con la Iglesia, continuadores de la misi\u00f3n y obra de Cristo en el mundo de hoy. De aqu\u00ed la exigencia de llenarse del mismo esp\u00edritu y de las virtudes mismas que Cristo evangeliza.<\/p>\n<p>Es la espiritualidad de las Reglas Comunes: Todos los cap\u00edtulos comien\u00adzan invocando el ejemplo de Cristo como modelo de la serie de virtudes y preceptos que San Vicente propone a su comunidad. Lo que Cristo hac\u00eda cuando formaba a sus disc\u00edpulos, evangelizando juntamente con ellos, eso mismo debe hacer la peque\u00f1a Congregaci\u00f3n (RC, Introd.).<\/p>\n<p>Las nuevas Constituciones acent\u00faan dos aspectos de esta espiritualidad:<\/p>\n<p><em>a) <\/em>El primero es que nuestro esp\u00edritu reproduzca las disposiciones del alma de Cristo en su misi\u00f3n (Const., n. 6) cuales se expresan sobre todo en las siguientes actitudes:<\/p>\n<ul>\n<li>Amor reverente para con el Padre, que lo impulsa a que act\u00fae por amor. Es el primer polo de atracci\u00f3n para toda actividad, el que orientar\u00e1 a todo el esp\u00edritu.<\/li>\n<li>Amor compasivo y eficaz para con los pobres. No s\u00f3lo compasivo, sino tambi\u00e9n eficaz; el pobre es imagen privilegiada de Dios, <em>sacramento <\/em>de la presencia de Dios en el mundo. Se trata ante todo de que el pobre sirva de itinerario por que Dios sea descubierto, y uno vaya hacia El. De ponerse luego al servicio del pobre y, por medio del pobre, al servicio de Dios, con el compromiso personal, el sacrificio, la dedicaci\u00f3n. Es llegar a amar a Dios por el pobre, socorriendo al pobre con el propio trabajo.<\/li>\n<li>Docilidad a la Providencia. No se basa el propio trabajo en una cons\u00adtrucci\u00f3n ideal a la que se intenta adaptar la realidad, haciendo que \u00e9sta entre en aqu\u00e9lla de grado o por fuerza. La realidad por la que Dios llama debe en cambio suscitar ese trabajo. Es dejarse guiar por la Providencia. Es saber leer los signos de los tiempos, hacer de ellos instrumento de llamada. No es buscar pobres a la medida de uno mismo, sino adaptar nuestros servicios y a nosotros mismos a la medida de los pobres. Es ese gran esp\u00edritu de independencia y liber\u00adtad que conduce a ver en la Providencia no s\u00f3lo la llamada a comen\u00adzar, sino tambi\u00e9n la se\u00f1al para terminar una obra o servicio concre\u00adto cuando nuestra presencia ya no es necesaria.<\/li>\n<\/ul>\n<p><em>b) <\/em>El segundo aspecto de esta imitaci\u00f3n de Cristo evangelizador apa\u00adrece en el n\u00famero 14 del cap\u00edtulo 2 de las RC, y del 7 en adelante de las nuevas Constituciones: La asimilaci\u00f3n de las <em>cinco virtudes <\/em>o <em>facultades <\/em><em>del alma <\/em>que deben imprimir una nota particular a nuestra actitud espiri\u00adtual y a nuestra acci\u00f3n: La sencillez, la humildad, la mansedumbre, la mor\u00adtificaci\u00f3n, el celo. Es un programa de vida espiritual por la acci\u00f3n apost\u00f3\u00adlica. Son virtudes que no quedan s\u00f3lo en lo \u00edntimo del esp\u00edritu, sino que se realizan sobre todo en el contacto con el pr\u00f3jimo. La sencillez en el ac\u00adtuar, la humildad en la relaci\u00f3n con los dem\u00e1s, mirando sobre todo a los pobres como a \u00abamos y maestros\u00bb; la mortificaci\u00f3n, que conduce a la re\u00adnuncia de s\u00ed y de la propia comodidad para suscitar un servicio m\u00e1s ge\u00adneroso; la mansedumbre, como estilo del acercamiento y del trato; el celo, como llama que manifiesta y alimenta el fuego del amor de Dios que debe expresarse en todo nuestro modo de ser. Releamos la conferencia del 22 de agosto de 1659 para ver, en las palabras del mismo San Vicente, c\u00f3mo estas cinco virtudes, fundamentales para el misionero, entran como dina\u00admismo en toda la espiritualidad y como respuesta en las exigencias con\u00adcretas de la evangelizaci\u00f3n, encarnada en la realidad del pobre.<\/p>\n<p>Brevemente podemos decir que la espiritualidad del misionero se resu\u00adme en la tensi\u00f3n que lo lleva a asimilar el esp\u00edritu de Cristo evangelizador y a reproducirlo como actitud constante para con el Padre, como actitud de servicio para con el pobre. Las cinco virtudes son como la coloraci\u00f3n, como el eje sobre el que gira nuestro ser, nuestro obrar frente por frente de Dios y del pobre.<\/p>\n<h2><strong>La vida apost\u00f3lica<\/strong><\/h2>\n<p>Vida espiritual y vida apost\u00f3lica, en San Vicente, no son dos elemen\u00adtos que luchen entre s\u00ed y alternativamente se excluyan. M\u00e1s bien est\u00e1n des\u00adtinados a completarse y nutrirse mutuamente. La vida espiritual sostiene en la actividad apost\u00f3lica; \u00e9sta es fuente de dinamismo y de vida espiritual. No puede haber separaci\u00f3n si se quiere realizar la misi\u00f3n y vocaci\u00f3n res\u00adpectivas hasta el fondo. La realidad sanamente vivida debe inspirar la vida del esp\u00edritu y los valores que son como su ideal. La vida apost\u00f3lica ser\u00e1 aut\u00e9ntica si sabe volver continuamente a Cristo evangelizador y al<sup>&#8211;<\/sup> pobre.<\/p>\n<p>Recojamos algunas inspiraciones del cap\u00edtulo de las nuevas Consti\u00adtuciones sobre la actividad apost\u00f3lica:<\/p>\n<ul>\n<li>\u00abFuente de nuestra actividad apost\u00f3lica es el amor de Cristo, que tiene compasi\u00f3n de las multitudes\u00bb (n. 11). Es una nueva llamada al amor compasivo y eficaz de Cristo por las multitudes que acuden a \u00e9l. Un amor que no se limita al anuncio te\u00f3rico e idealista del evangelio, sino que im\u00adpele a su realizaci\u00f3n. Est\u00e1 ah\u00ed toda la realidad de la evangelizaci\u00f3n y de la promoci\u00f3n del hombre, que requiere de quien anuncia el evangelio la consideraci\u00f3n del hombre en toda su dimensionalidad. Para el pensamiento de San 1. icen te tr\u00e1tase de manifestar ante el mundo lo que, anunciado por <strong>!os <\/strong>profetas para la salvaci\u00f3n del hombre, no se cumpli\u00f3 s\u00f3lo una vez en Cristo, sino que contin\u00faa realiz\u00e1ndose a\u00fan hoy. Est\u00e1 ah\u00ed el empe\u00f1o de nuestra espiritualidad y de nuestra vocaci\u00f3n, que nos lleva no hacia un evan\u00adgelio desencarnado, sino a un evangelio que envuelve la vida real de cuan\u00adtos lo acogen hasta el punto de transformarla. Al fondo est\u00e1 el pobre como destinatario y Cristo como inspirador.<\/li>\n<li>Ello exige y produce tambi\u00e9n una sensibilidad prof\u00e9tica en la deter\u00adminaci\u00f3n y elecci\u00f3n de los campos y sectores de actividad. Es un concepto recordado por el n\u00famero 12,2 de las Constituciones, y que tiene por fun\u00addamento la atenci\u00f3n, la sensibilizaci\u00f3n al problema de la pobreza en el mundo. Es un esp\u00edritu prof\u00e9tico que, como el de Cristo, debe ser capaz de percibir el grito del pobre, de denunciar la injusticia, pero al mismo tiempo infundiendo fuerza e invitando a la conversi\u00f3n. La sola denuncia no ser\u00eda cristiana, ni siquiera ser\u00eda humanamente completa.<\/li>\n<li>Una evangelizaci\u00f3n impulsada hacia adelante, en actitud de imitar el esp\u00edritu compasivo de Cristo y sensitivizada a\u00fan m\u00e1s por un esp\u00edritu prof\u00e9tico, no es ya s\u00f3lo dar a los dem\u00e1s. Por el contacto salv\u00edfico con el pobre se efect\u00faa una evangelizaci\u00f3n enriquecedora que salva al evangelizador. Somos pues evangelizadores por vocaci\u00f3n, pero estamos abiertos para ser evangelizados por los pobres a condici\u00f3n de insertarnos en la rea\u00adlidad de \u00e9stos y hacernos part\u00edcipes de ella (n. 12,13). La Buena Nueva no se contenta con pasar por nosotros, sino que deja en nosotros huella de su anuncio, pues tambi\u00e9n nosotros participamos en su salvaci\u00f3n.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Son tres breves alusiones al problema. No ofrecen un cuadro completo, pero bastan para demostrar una vez m\u00e1s el v\u00ednculo profundo y mutuamen\u00adte enriquecedor entre ministerio y vida intuido por San Vicente y dado no como ocasi\u00f3n de dispersi\u00f3n, sino como elemento constructivo de la espiri\u00adtualidad propia del apostolado.<\/p>\n<h2><strong>La vida comunitaria<\/strong><\/h2>\n<p>1. Para ser aut\u00e9ntica la comunidad religiosa, sobre todo cuando es de vida activa, ha de tender a la realizaci\u00f3n de una misi\u00f3n. El estar juntos, hacer vida com\u00fan, compartir lo que uno es y tiene, no puede agotarse en el interior de la casa o de la comunidad religiosa, sino que debe lanzarse hacia fuera en impulso apost\u00f3lico. Grande es la claridad de San Vicente en cuanto a este punto: Con un sentido que podemos llamar prof\u00e9tico, quiso para su Congregaci\u00f3n la vida comunitaria como \u00abnota propia\u00bb (Cons\u00adtituci\u00f3n, n. 33), mas impulsada a realizar, con esp\u00edritu fraterno y apost\u00f3\u00adlico, la misi\u00f3n a que nos llama una vocaci\u00f3n com\u00fan (Const., n. 31). No quiso la vida comunitaria del cenobita o del monje, consistente en vivir el evangelio junto a sus hermanos, lo que agota la fuerza espiritual de vivir unidos, pues tal es su vocaci\u00f3n. El en cambio marc\u00f3 nuestra vida comuni\u00adtaria con una clara tensi\u00f3n \u00abad extra\u00bb: La evangelizaci\u00f3n de los pobres.<\/p>\n<p>2. Nuestra espiritualidad se hace efectiva cuando convierte nuestra vida comunitaria no funcionalmente en simple instrumento que nos lleva a estar y trabajar juntos de manera m\u00e1s eficaz <em>y <\/em>productiva, sino en un estar jun\u00adtos empapado de las aut\u00e9nticas exigencias de la misi\u00f3n, de suerte que se transforme en un est\u00edmulo para el crecimiento tanto en la b\u00fasqueda de la vocaci\u00f3n como de la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las condiciones requeridas por San Vicente para que nuestra vida co\u00admunitaria sea aut\u00e9ntica y fecunda, son principalmente \u00e9stas:<\/p>\n<p>Hemos de hacer iglesia, reproduciendo las notas de la vida trinitaria en la vida de comunidad. Hacer iglesia es hacer que la comunidad llegue a ser el lugar de nuestra salvaci\u00f3n y un testimonio, un \u00absacramento\u00bb, de la presencia salv\u00edfica de la Iglesia en el mundo. La comparar\u00edamos a la asamblea lit\u00fargica. Esta es signo de la Iglesia; en ella se manifiesta la rea\u00adlidad sacramental del pueblo de Dios convocado en la fe y el amor; en ella recibe la salvaci\u00f3n ese pueblo de Dios, de la que se hace testigo y prego\u00adnero ante los dem\u00e1s. Es lo que acontece en la comunidad religiosa: El vivir juntos, llamados y reunidos por la misma vocaci\u00f3n y caridad apost\u00f3lica, es signo de la unidad de salvaci\u00f3n para nosotros y del anuncio que se hace a los dem\u00e1s, concepto que hallamos en el n\u00famero 32 de las Constituciones.<\/p>\n<p>Pero recordar\u00eda sobre todo la idea del n\u00famero 33: \u00abLa vida comuni\u00adtaria es una caracter\u00edstica (\u00abnota propria\u00bb) de la Congregaci\u00f3n desde sus or\u00edgenes y por voluntad expresa de San Vicente.\u00bb Recordemos el contrato de fundaci\u00f3n que obligaba a los primeros misioneros a vivir juntos, y cuya aplicaci\u00f3n era aquel salir juntos, dejando la llave al vecino, con el ruego de que echara un vistazo a la casa. Es una caracter\u00edstica que s\u00f3lo perma\u00adnece tal si se traduce en una realidad ordinaria y continua. He ah\u00ed pues c\u00f3mo reaflora, haciendo que cuaje y estimulando el ideal de la misi\u00f3n en cuanto que alimenta la vida comunitaria, y \u00e9sta favorece la maduraci\u00f3n, el perfeccionamiento espiritual del individuo y de la comunidad. Misi\u00f3n, comu\u00adnidad, individuos: Tres elementos y otros tantos grados seg\u00fan los cuales crece y se desarrolla el ideal de la evangelizaci\u00f3n. El signo de la comuni\u00addad que crece y se desarrolla ser\u00e1 una forma de anuncio tan eficaz como la palabra y a\u00fan m\u00e1s. Las Constituciones hablan de hacer m\u00e1s incisiva la acci\u00f3n evangelizadora.<\/p>\n<p>En la pr\u00e1ctica se trata de coordinar aquellos aspectos que, de absoluti\u00adzarse, llegan a crear tensiones entre una vida de comunidad formalista y mortificante y la acci\u00f3n apost\u00f3lica que se convierte en fuga de un forma\u00adlismo no formativo.<\/p>\n<p>3. Para vivir de modo eficaz y constructivo bajo el aspecto espiritual, nuestra fraternidad, se nos dan algunos medios. Retornemos a las palabras mismas de San Vicente:<\/p>\n<ul>\n<li>Nuestra vida com\u00fan no consiste en vivir juntos de cualquier modo, sino \u00abin morem carorum amicorum\u00bb (RC VIII, 2; Cons\u00adtituciones, 37,1). Importa que sepamos vivir juntos, aun a nivel humano, para completarnos; que aprendamos a intercambiar el don de la herman\u00addad, de la amistad, del mutuo sostenimiento. Importa encontrar a alguiencon quien confiarse y alternar desinteresadamente, sentirse part\u00edcipes de su suerte, compartir sus momentos de alegr\u00eda y de tristeza.<\/li>\n<li>Amigos, sin embargo, que saben del \u00abhonorem invicem prevenientes\u00bb (RC VIII, 3); no un respeto, producto del distanciamiento y de la separa\u00adci\u00f3n, sino que fluya del encuentro, de la participaci\u00f3n, que posibilite el cap\u00adtar todos los valores del otro, la dignidad y la capacidad de aquel con quien se ha de vivir y trabajar.<\/li>\n<li>En este encuentro amistoso y compartido sabremos asimismo evitar la pertinacia, la contienda, la pretensi\u00f3n de tener siempre raz\u00f3n (RC VIII, 9). Eso nos permitir\u00e1 manifestar las propias razones y escuchar las ajenas cuando discrepan entre s\u00ed las visiones. No precisa llegar siempre a la una\u00adnimidad. Ser\u00eda ideal, mas a veces la diversidad enriquece tambi\u00e9n; y es cuando, aun discrepando, se aviene uno a colaborar sinceramente, superan\u00addo las diferencias por el \u00fanico ideal.<\/li>\n<li>Un \u00faltimo rasgo, que ha de madurar y manifestarse en clima de espiritualidad aut\u00e9ntica: Respetar a los cohermanos y a la comunidad, no hablar mal ni se\u00f1alar defectos, sino velar caritativamente lo encubierto si llega a ser preciso, evitando molestar a los individuos y a la comunidad (RC VIII, 9). Son detalles, matices del esp\u00edritu de caridad, que hacen tanto m\u00e1s estimable y enriquecedor el vivir juntos. M\u00e1s que ser fruto de una buena educaci\u00f3n <em>y <\/em>de la sensibilidad humana, brotan de la conciencia de formar una comunidad que es signo de la Iglesia y, en cuanto tal, evange\u00adlizadora.<\/li>\n<\/ul>\n<p>4. Una comunidad que as\u00ed vive, buscando un\u00e1nimemente la voluntad de Dios, es por fuerza un testigo de la novedad de la vida evang\u00e9lica ante el mundo. Un testimonio que las Constituciones nos sugieren demos, sobre todo en una triple proyecci\u00f3n (n. 36):<\/p>\n<ul>\n<li>Ofrecerse rec\u00edprocamente ayuda y comunicarse alegr\u00eda en sencillez de esp\u00edritu. No s\u00f3lo participar en la alegr\u00eda de otros, sino d\u00e1rsela tambi\u00e9n a ellos. Supone estar repletos, convencidos, conseguidos en la propia voca\u00adci\u00f3n, hasta hacerse portadores de gozo, serenidad, distensi\u00f3n.<\/li>\n<li>Fomentar el di\u00e1logo superando el individualismo. La tentaci\u00f3n a re\u00adplegarse sobre s\u00ed mismos, en una exagerada forma de individualismo, es grande, en especial si las cosas no van bien. Pero precisa acometer el di\u00e1\u00adlogo, cotejar las respectivas ideas, enriquecerse en posibilidades de vida.<\/li>\n<li>Ejercitar la correcci\u00f3n fraterna, sabiendo tambi\u00e9n reconciliarse, justo porque, viviendo juntos, puede haber lugar a molestias. De ah\u00ed entonces, en esp\u00edritu cristiano, la correcci\u00f3n, la amonestaci\u00f3n fraterna, la reconcilia\u00adci\u00f3n, que es reconstruir el esp\u00edritu de la comunidad, origen e impulso de la Iglesia.<\/li>\n<\/ul>\n<p>5. Puede que lo precedente parezca un desordenado c\u00famulo de materia\u00adles m\u00e1s o menos afines. Pero demuestra palmariamente un postulado de la vida com\u00fan: La creaci\u00f3n y el respeto de la persona e individualidad de cada uno. La diversidad de dones, de carismas, cuando est\u00e1n debidamente enderezados, no perjudica a la unidad; la favorece y hace m\u00e1s rica. Y como la Iglesia, as\u00ed tambi\u00e9n la comunidad necesita esta diversidad para manifes\u00adtar la riqueza del Esp\u00edritu y la abundancia de sus dones. El esp\u00edritu de la Misi\u00f3n necesita esta diversidad de dones para hacer frente a la diversidad de interpelaciones; ha de ser fomentada, no apagada, a la luz y bajo el im\u00adpulso de una espiritualidad aut\u00e9ntica.<\/p>\n<h2><strong>Consagraci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>Tambi\u00e9n nuestra consagraci\u00f3n recibe una luz particular de la imi\u00adtaci\u00f3n de Cristo evangelizador, propia de nuestra espiritualidad. Y en esta l\u00ednea, nuestras Constituciones hacen resaltar, mucho m\u00e1s claramente que en 1968, el significado de nuestros votos y la relaci\u00f3n que los une.<\/p>\n<p>No es nuestra vida la del religioso que profesa los consejos evang\u00e9licos para plenamente vivir esos mismos aspectos de la doctrina evang\u00e9lica junto con sus hermanos aparte del mundo. La profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9\u00adlicos no se convierte para nosotros en lo que era para la antigua espiritua\u00adlidad mon\u00e1stica, o sea una \u00abfuga e saeculo\u00bb. Consiste m\u00e1s bien en el se\u00adguimiento de Cristo evangelizador, punto de inserci\u00f3n en el mundo, pues nuestra consagraci\u00f3n no se basa en los consejos evang\u00e9licos, sino en la de\u00addicaci\u00f3n a la misi\u00f3n, o sea en reproducir \u00ablos sentimientos y afectos\u00bb y z un la persona misma de Cristo en cuanto evangelizador de los pobres. Los tres consejos evang\u00e9licos, profesados por voto, son queridos por San Vi\u00adcente en cuanto que hacen m\u00e1s estable y constante nuestra consagraci\u00f3n y sustraen a nuestra vida cuanto pudiera vincularla al mundo, distraerla del pleno seguimiento de nuestra llamada a la misi\u00f3n. La pobreza hace consideremos al pobre, al que nos dirigimos, y demos tambi\u00e9n una orien\u00adtaci\u00f3n al estilo de nuestra vida; la obediencia sirve para crear una comu\u00adnidad responsable, de esp\u00edritu y de acci\u00f3n evang\u00e9lica y comunitaria; la castidad conduce a una universal apertura de esp\u00edritu aceptando a todos, en particular al pobre, para conducirlos a la salvaci\u00f3n. Es un aspecto ca\u00adracter\u00edstico de nuestra organizaci\u00f3n y de nuestra espiritualidad: En virtud de \u00e9l podemos afirmar no ser religiosos.<\/p>\n<p>Para ser aut\u00e9nticos hemos de vivir nuestra consagraci\u00f3n, antes que por la profesi\u00f3n y ejecuci\u00f3n de los tres consejos evang\u00e9licos, por la dedi\u00adcaci\u00f3n a la evangelizaci\u00f3n del pobre. De este modo realizamos la l\u00ednea de nuestra espiritualidad, que hace sigamos a Cristo evangelizador. Tal es el pensamiento aut\u00e9ntico de San Vicente, el cual hace vivamos lo caracter\u00eds\u00adtico de nuestra espiritualidad aun en la consagraci\u00f3n. El hablar de vida de comunidad religiosa, etc., no tiene para nosotros el significado estricta\u00admente can\u00f3nico de ese t\u00e9rmino. Indica s\u00f3lo, y m\u00e1s exactamente, una vida, una comunidad consagrada que se da particularmente a perpetuar la mi\u00adsi\u00f3n de Cristo, enviado para evangelizar. Los consejos evang\u00e9licos nos ayu\u00addan y estimulan en una m\u00e1s libre dedicaci\u00f3n a nuestra originaria y funda\u00admental consagraci\u00f3n. E importa esta visi\u00f3n <em>y <\/em>esta proyecci\u00f3n de los valores, porque permite que seamos aut\u00e9nticos y caracterice a nuestra vida una espiritualidad espec\u00edfica.<\/p>\n<h2><strong>La vida de oraci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>San Vicente propone una vida de oraci\u00f3n que no nos diferencia mu\u00adcho del sacerdote \u00absecular\u00bb. Las expresiones externas de ella se contienen dentro de los l\u00edmites de una s\u00f3lida piedad capaz de nutrir la vida apost\u00f3\u00adlica y apta para que, a su vez, \u00e9sta la alimente a ella con capacidad de sos\u00adtener y fomentar la llamada a la santidad propia del sacerdote. Mas no quiso hacer de nosotros monjes, ni menos a\u00fan puros contemplativos, sino que nos remite a las l\u00edneas caracter\u00edsticas de la espiritualidad fundamental de la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A ejemplo de los institutos de la Reforma, y tambi\u00e9n para evitar cual\u00adquier equ\u00edvoco por el que pudi\u00e9ramos aparecer como religiosos, no impone San Vicente la obligaci\u00f3n del coro. Quiere empero que oremos juntos. La comunidad, llamada a una acci\u00f3n apost\u00f3lica en com\u00fan, lo est\u00e1 asimismo a orar unida: Hay entre una y otra actividad estrecha correlaci\u00f3n.<\/p>\n<ul>\n<li>Tenemos ante todo la oraci\u00f3n lit\u00fargica (Const., n. 63). Sabemos cu\u00e1l fuese el pensamiento vicenciano en punto a oraci\u00f3n lit\u00fargica y sobre la im\u00adportancia de ella en la vida del misionero y del sacerdote en general. Acusa el concepto de liturgia en boga por aquella \u00e9poca. Mas por la precisi\u00f3n que exige y la formaci\u00f3n que da a ordenandos y sacerdotes, quiere obtener una celebraci\u00f3n no s\u00f3lo exacta bajo el aspecto ritual, sino sobre todo capaz de hacer percibir y asimilar el contenido espiritual del misterio en cuanto re\u00adpleto de sacramentalidad, de encuentro con Dios, de santificaci\u00f3n. De aqu\u00ed la formaci\u00f3n dada a los sagrados ministros para que sepan vivir y hacer vivir todo esto.<br \/>\nDe todo el misterio sacramental y lit\u00fargico, puesta ante el esp\u00edritu la figura de Cristo evangelizador, San Vicente tiende a poner de relieve los elementos esenciales a la misi\u00f3n y a la espiritualidad del misionero. La eucarist\u00eda, como cima en el itinerario de la conversi\u00f3n; la misma conver\u00adsi\u00f3n que pasa por la penitencia, en su doble aspecto de reconciliaci\u00f3n con Dios y con el hermano. Es esencial para San Vicente que se afirmen estos dos polos de la vida sacramental en la vida de la comunidad y en la misi\u00f3n, y no se los puede reducir a simple cumplimiento de una ley o a mera pr\u00e1c\u00adtica devocional. Tienen que ser los momentos fundamentales de la reali\u00addad sacramental, encuentro personal con Dios y compromiso de darse a los hermanos.<br \/>\nSobre estos dos polos de la vida sacramental de la Iglesia gravita y se ordena la restante actividad santificadora de ella ya en la acci\u00f3n sacramen\u00adtal, ya en la oraci\u00f3n, especialmente en la liturgia de las horas. El contenido espiritual del n\u00famero 5 del cap\u00edtulo X de las Reglas Comunes sobre la ce\u00adlebraci\u00f3n de la liturgia de las horas tiene a\u00fan plena actualidad.<\/li>\n<li>Permaneciendo en un plano ideal, hemos de unir a la misi\u00f3n el as\u00adpecto de la espiritualidad vicenciana, que quiere de nosotros una particu\u00adlar veneraci\u00f3n de los misterios de la Trinidad y de la Encarnaci\u00f3n. Son los misterios fundamentales para la salvaci\u00f3n, pero forman sobre todo la base del anuncio y de la ejecuci\u00f3n de la salvaci\u00f3n en el misterio de la misi\u00f3n, que primero hemos de llevar a la pr\u00e1ctica en nuestra vida para luego difun\u00addir eso mismo entre otros. Y los misterios trinitario y cristol\u00f3gico, cuando lucen en su plenitud, encierran tambi\u00e9n el misterio de Mar\u00eda (Cf. RC X, 2-4).<\/li>\n<\/ul>\n<p>3. En el contexto de la espiritualidad vicenciana, y con miras a la edifi\u00adcaci\u00f3n de la comunidad, no es la oraci\u00f3n en com\u00fan mera yuxtaposici\u00f3n de individuos y voces. Ni siquiera es cuesti\u00f3n de sostenerse unos a otros por el ejemplo. Es preciso construir la comunidad creando reciprocidad amis\u00adtosa nacida de una comunicaci\u00f3n sencilla y sincera de los propios sentimien\u00adtos, consecuencia de poner el propio mundo espiritual en contacto y sin\u00adton\u00eda con el de los otros, de que se establezca la familiaridad entre cohermanos. La repetici\u00f3n de oraci\u00f3n y el propio m\u00e9todo vicenciano de las con\u00adferencias tienden a ello. En la oraci\u00f3n y en la conferencia no hay s\u00f3lo pro\u00adpuesta te\u00f3rica y a menudo \u00e1rida de un tema, sino que se tiende a comunicar y a suscitar unos en otros sentimientos de rec\u00edproco apoyo e intercambio de experiencias, y a crecer espiritualmente como individuos y como comu\u00adnidad. No es puramente intelectual ese crecimiento, sino que la comunidad debe formarse a s\u00ed misma en proceso continuo de responsabilidad, de con\u00adcienciaci\u00f3n, de compromiso con la misi\u00f3n. Y lo que Dios hace en cada cual, puesto en com\u00fan, llega a ser est\u00edmulo que acucia el crecimiento y perfec\u00adcionamiento en el seguimiento de Cristo (Const., n. 64).<\/p>\n<p>4. La autenticidad de los momentos de oraci\u00f3n exige tambi\u00e9n una uni\u00f3n profunda entre vida y oraci\u00f3n. Aun esto es en cierto modo, seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu de San Vicente, seguir la vida del pobre, quien no dispone de todo el tiempo deseado para dedicarlo a la oraci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n, sino que debe servirse de su vida y de su trabajo para transformarlos en oraci\u00f3n. Eso mismo se aplica al misionero: Su compromiso apost\u00f3lico continuo no le permite largas oraciones; por ello debe convertir su ministerio: La pre\u00addicaci\u00f3n, la administraci\u00f3n de sacramentos, la acci\u00f3n caritativa en ocasi\u00f3n de m\u00e1s aut\u00e9ntica oraci\u00f3n que proceda de la vida y desemboque en ella (Const., n. 62). S\u00f3lo de este modo puede activarse la expresi\u00f3n caracter\u00eds\u00adtica de San Vicente: \u00abDejar a Dios por Dios\u00bb cuando se trata de anunciar a Dios y de servir al pr\u00f3jimo. Aun la uni\u00f3n habitual entre oraci\u00f3n y acci\u00f3n debe ser tal que funda uno y otro elemento hasta que no se distingan entre s\u00ed, sino que ambos sincronicen y se releven perfectamente por la caridad del coraz\u00f3n. Puede traerse otra expresi\u00f3n que refiere Abelly y constituye un programa espiritual maravilloso: \u00abEl misionero ha de ser cartujo en casa y ap\u00f3stol en campa\u00f1a.\u00bb Cartujo y ap\u00f3stol no s\u00f3lo en una sucesi\u00f3n ma\u00adterial de tiempo, sino como compenetraci\u00f3n continua y profunda de ambos aspectos. Es el pensamiento vicenciano que pas\u00f3 a las nuevas Constitucio\u00adnes (nn. 59-60).<\/p>\n<p>5. El pobre, que nos ilumina en cuanto interpelados por la misi\u00f3n, debe inspirarnos tambi\u00e9n los sentimientos que animan nuestra oraci\u00f3n (Consti\u00adtuciones, n. 61). No s\u00f3lo es objeto de \u00e9sta, como lo es de la evangelizaci\u00f3n; evangeliza adem\u00e1s nuestra oraci\u00f3n, indicando los sentimientos que han de guiarla: Esp\u00edritu filial, humildad, confianza en la Providencia, son las notas que se captan en la actitud del pobre y que se inspiran en la pobreza con la que comienzan las bienaventuranzas evang\u00e9licas. El sentirse privados de lodo, necesitados, el esperarlo todo de Dios, en primer lugar aquel esp\u00edri\u00adtu que debe sugerirnos lo que hemos de pedir. Es una espera confiada que se llena de fe cuando a ella sabemos unir nuestra colaboraci\u00f3n total en la realizaci\u00f3n de los proyectos de Dios (Cf. Const., n. 59).<\/p>\n<h2><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>El Superior, animador de la comunidad, debe conferir a todo este pro\u00adgrama de espiritualidad su cooperaci\u00f3n e inspiraci\u00f3n, el est\u00edmulo de su atenci\u00f3n y presteza y hacer de modo que la vida de oraci\u00f3n de la comuni\u00addad fluya libre de aquellas formas mon\u00f3tonas y escler\u00f3ticas que generan la fatiga. Debe, por el contrario, ayudar a que la comunidad ore en forma tal que se vea constantemente renacer de la oraci\u00f3n misma. Atribuimos a la eucarist\u00eda una misteriosa realidad: Celebr\u00e1ndola, la Iglesia realiza la eucarist\u00eda; pero \u00e9sta a su vez realiza la Iglesia, a la que posibilita una re\u00adnovada regeneraci\u00f3n. Pues bien, apliqu\u00e9moslo a la vida espiritual y de ora\u00adci\u00f3n comunitaria. La comunidad hace oraci\u00f3n; viceversa, el orar juntos crea comunidad, funde a los individuos en un solo cuerpo y los impulsa a pro\u00adseguir la misi\u00f3n evangelizadora del Hijo de Dios. Tal es la doble tensi\u00f3n que ah\u00ed se origina.<\/p>\n<p>He recogido, pues, y propuesto a la consideraci\u00f3n com\u00fan algunos con\u00adceptos de las nuevas Constituciones cual me los ha mostrado la meditaci\u00f3n de algunos pasajes. Abrigo la esperanza de que nos ayuden a redescubrir una y otra vez las notas caracter\u00edsticas de la espiritualidad vicenciana, que d\u00eda tras d\u00eda hemos de vivir y traducir a la realidad de una vida de servicio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta conversaci\u00f3n, m\u00e1s que tratado org\u00e1nico y exhaustivo de todo el pro\u00adblema ata\u00f1edero a la vida espiritual de la C. M., intenta reflexionar sobre algunos aspectos de nuestra vida relacionados con la espiritualidad vicen\u00adciana. 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