{"id":93420,"date":"2012-07-06T04:13:39","date_gmt":"2012-07-06T02:13:39","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=93420"},"modified":"2016-07-26T18:54:37","modified_gmt":"2016-07-26T16:54:37","slug":"ignacio-de-loyola","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/ignacio-de-loyola\/","title":{"rendered":"Ignacio de Loyola"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/07\/san-ignacio-loyola.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-93421\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/07\/san-ignacio-loyola.jpg?resize=250%2C278\" alt=\"\" width=\"250\" height=\"278\" \/><\/a>Reinaban en Espa\u00f1a, Isabel y Fernan\u00addo, cuando en el a\u00f1o de gracia de 1491, vio la luz en Guip\u00fazcoa, I\u00f1igo de Loyo\u00adla.<\/p>\n<p>Fue su padre D. Beltr\u00e1n Y\u00e1\u00f1ez de Loyola y su madre D\u00aa Mar\u00eda S\u00e1ez de Lico\u00adna, pertenecientes ambos a ilustres fami\u00adlias.<\/p>\n<p>I\u00f1igo, que es el menor de trece her\u00admanos, apenas tiene tiempo de conocer a su madre. Se encarga al chiquit\u00edn al cui\u00addado de una nodriza, Mar\u00eda Garin se lla\u00admaba y era esta la mujer del herrero del caser\u00edo de Eguibar. Ella cuida amorosa\u00admente al peque\u00f1o y es la primera perso\u00adna que le ense\u00f1a a rezar y a elevar los ojos al cielo. En el caser\u00edo, m\u00e1s tarde, aprender\u00e1 I\u00f1igo la lengua y costumbres de su raza.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os de infancia los vive I\u00f1igo, feliz y armoniosamente, entre el verdor del valle en primera y verano, el dorado del oto\u00f1o y el gris del invierno. Desper\u00adtando as\u00ed a la vida.<\/p>\n<p>Es su hermano Pero L\u00f3pez, el m\u00e1s cercano a \u00e9l, el que en verano le va en\u00adseriando las ferrer\u00edas, los molinos y las tierras que les pertenecen. En el in\u00advierno, junto a \u00e9l y a la luz de la lum\u00adbre, leer\u00e1n los documentos que hablan de los privilegios de su casa, los per\u00adgaminos que recogen las grandezas de sus antepasados y la historia de la fa\u00admilia. Poco a poco, de esta forma I\u00f1i\u00adgo va tomando conciencia de su hidal\u00adgu\u00eda y se enorgullece de su estirpe, co\u00admenzando a so\u00f1ar con realizar grandes haza\u00f1as que contribuyan a la gloria de su casa. Corren tiempos en que enemi\u00adgos no faltan. Pero educado en la fe cristiana es tambi\u00e9n temeroso de Dios y fiel devoto de su Santa Madre, al igual que toda su familia, con ella asiste los domingos a Misa en la Pa\u00adrroquia de Azpeitia.<\/p>\n<p>Contaba quince a\u00f1os, cuando su padre decide que I\u00f1igo, debe labrarse un futu\u00adro. Y seg\u00fan la costumbre al uso para los segundos, que recoge un viejo refr\u00e1n castellano: \u00abIglesia, mar o casa real\u00bb, el padre piensa que el porvenir del benja\u00adm\u00edn de la familia, puede estar en la ter\u00adcera opci\u00f3n, ya que \u00e9ste no demuestra ninguna inclinaci\u00f3n hacia el sacerdocio y ni siquiera conoce el mar.<\/p>\n<p>D. Beltr\u00e1n, padre de I\u00f1igo tiene un pariente y buen amigo, D. Juan Vel\u00e1z\u00adquez de Cu\u00e9llar, contador mayor del rei\u00adno, al que pide que le acoja en su casa en calidad de paje, dadas las relaciones que D. Juan tiene con la casa real para ver de, si, en el futuro, I\u00f1igo puede pres\u00adtar su servicio al rey.<\/p>\n<p>D. Juan contesta pronto y con gran generosidad a D. Beltr\u00e1n, ofreci\u00e9ndole para su hijo, sustento, afecto familiar y educaci\u00f3n acorde con su estirpe y con sus aspiraciones.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, el d\u00eda 12 de marzo de 1506, abandona I\u00f1igo la casa paterna hacia su nuevo destino, la casa de D. Juan en Ar\u00e9valo.<\/p>\n<p>Por el camino se van uniendo, la pena de dejar su tierra, a su padre y a los su\u00adyos, la alegr\u00eda de caminar a un porvenir halag\u00fce\u00f1o y la sorpresa de Castilla que se extiende ante sus ojos, toda tierra y cielo.<\/p>\n<p>El paisaje de Castilla donde el cielo y la tierra se unen en un horizonte lejano y donde la mirada se pierde, le sobreco\u00adgen.<\/p>\n<p>Llegado a Ar\u00e9valo, es recibido y acogido como un hijo por D\u00aa<sup>.<\/sup> Mar\u00eda Velasco, esposa de D. Juan y como un hermano por los hijos de la familia, que compartir\u00e1n con \u00e9l juegos y corre\u00adr\u00edas.<\/p>\n<p>Acompa\u00f1a I\u00f1igo a <sup>D.<\/sup> Mar\u00eda, en las visitas que \u00e9sta hace a los reyes y a la pobre reina loca, <sup>D.<\/sup> Juana y sirve la mesa al rey cuando \u00e9ste frecuenta la ca\u00adsa de D. Juan. Once a\u00f1os, pasa I\u00f1igo en estos quehaceres, sirviendo de paje a D.<sup>a<\/sup> Mar\u00eda y aprendiendo las costumbres cortesanas con entusiasmo, para el d\u00eda en que el rey le llame a su servicio.<\/p>\n<p>Pero las esperanzas quedaron trunca\u00addas. El 23 de enero de 1516 mor\u00eda el rey D. Fernando, a su cabecera se encontra\u00adba su fiel amigo D. Juan Vel\u00e1zquez. Con la muerte del rey entrar\u00eda la desgra\u00adcia en su casa. Intrigas y ambiciones fueron acabando poco a poco con el pa\u00adtrimonio y con la vida de D. Juan. De manera que un d\u00eda, I\u00f1igo hubo de partir. D<sub>.<\/sub> Mar\u00eda de Velasco, a pesar de su mermada hacienda, diole quinientos escudos de oro, dos caballos y una carta para Antonio Manr\u00edque de Lara, duque de N\u00e1jera.<\/p>\n<p>Con gran pena y rotas las ilusiones de un porvenir cortesano parti\u00f3 I\u00f1igo de Ar\u00e9valo, llevando su desenga\u00f1o por tie\u00adrras castellanas. A veces, es dif\u00edcil en\u00adtender los caminos que Dios va prepa\u00adrando, mucho menos cuando estos est\u00e1n empedrados por el dolor.<\/p>\n<p>Y de esta guisa lleg\u00f3 Ignacio a Pam\u00adplona.<\/p>\n<p>Una vez que I\u00f1igo hubo llegado a Pamplona, se presento ante el duque de N\u00e1jera, que le dio asilo en su casa, siendo recibido en \u00e9sta con gran cordia\u00adlidad, al igual que ocurriera en la de D. Juan, en Ar\u00e9valo.<\/p>\n<p>En ese momento, en Pamplona, se viv\u00eda un clima de preguerra y preponderaba lo militar a lo cortesano. El rey de Francia, bajo el pretexto de devolver Navarra al hijo del destronado Juan D&#8217;Albert, pero con el empe\u00f1o manifiesto de acosar a su rival Car\u00adlos V, va a intentar tomar la plaza. I\u00f1igo, se prepara para pelear al lado del duque. An\u00adtes de entrar en la batalla, en la que va a ser gravemente herido en una pierna, confiesa sus pecados y al no haber sacerdote en el castillo, lo hace con un compa\u00f1ero de ar\u00admas seg\u00fan costumbre consagrada, siglos ha, por los paladines Oliveros y Roldan de Roncesvalles, que as\u00ed lo hicieron antes de morir.<\/p>\n<p>La herida que sufri\u00f3 I\u00f1igo en esta batalla era grave y sumamente dolorosa, la sufri\u00f3 en silencio, con el valor que se presupone a un soldado. Una vez realizadas las primeras curas decidieron trasladarle a Loyola para que all\u00ed recobrar\u00e1, poco a poco, la salud en\u00adtre los suyos.<\/p>\n<p>En esto, I\u00f1igo, hab\u00eda cumplido ya los treinta a\u00f1os y parec\u00eda que una etapa de su vida se cerraba. F\u00edsicamente adolorido por la herida y melanc\u00f3lica el alma, repasaba ese tiempo ya vivido, en la quietud del va\u00adlle. Muchos de los que hab\u00eda querido, falta\u00adban: su padre, hermanos, sobrinos, amigos, el herrero de Aguibar y su mujer, Mar\u00eda Garin, que hab\u00eda sido su nodriza.<\/p>\n<p>Mientras, la herida de la pierna empeora\u00adba. Los m\u00e9dicos aconsejaban intervenir, si es que I\u00f1igo deseaba volver a andar. Este no se opuso a\u00fan a sabiendas del calvario que tendr\u00eda que soportar. Esta intervenci\u00f3n casi le cuesta la vida, pero una fuerza inte\u00adrior le determinaba a seguir vivo, como si supiera o presintiera que a\u00fan le quedaba mucho por hacer.<\/p>\n<p>La convalecencia era larga y hab\u00eda que llenar el tiempo de un hombre acostumbra\u00addo a la acci\u00f3n. Precisamente la actividad, hab\u00eda hecho que I\u00f1igo no se interesara en exceso por la lectura, a excepci\u00f3n de aque\u00adllos libros de caballer\u00eda como el Amadis, los Lancelot y otros similares, tan del gusto de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Cuando pidi\u00f3 a sus familiares cosas para leer, su cu\u00f1ada le ofreci\u00f3 los libros que ha\u00adb\u00eda en la casa, lecturas piadosas como \u00abVita Christi \u00aby el\u00bb Flos Sanctorum\u00bb, ambos en romance, y que en un principio no entusias\u00admaron para nada a I\u00f1igo.<\/p>\n<p>En la \u00abVita Christi\u00bb de Ludolfo de Sajo\u00adnia lee I\u00f1igo por primera vez la palabra je\u00adsuita, probablemente qued\u00f3 \u00e9sta en un rin\u00adconcito del subsconciente, para a\u00f1os m\u00e1s tarde atravesar la barrera y hacerse mani\u00adfiesta en la denominaci\u00f3n de la fundaci\u00f3n de la compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Un a\u00f1o estuvo, postrado en la cama, con\u00advaleciente. Vagando por los caminos del pensamiento; cuando, estos, eran mundanos le invad\u00eda la tristeza, cuando eran divinos, I\u00f1igo se alegraba. Algo se conmov\u00eda en su alma, la reflexi\u00f3n y la gracia iban poco a poco penetrando e impregnando el esp\u00edritu de I\u00f1igo. Al tiempo que esto ocurr\u00eda en el \u00e1nimo, el cuerpo iba tambi\u00e9n sanando. De manera, que ya pod\u00eda levantarse y acompa\u00ad\u00f1ar a su familia en aquellas veladas en que junto al fuego se contaban historias y se re\u00adpasaban las vidas, evoc\u00e1ndolas, de aquellos que hab\u00edan sido o estaban lejos.<\/p>\n<p>Fueron sus familiares los primeros que se sorprendieron al o\u00edr hablar a I\u00f1igo de Dios y de los santos con convicci\u00f3n y entu\u00adsiasmo, de forma que fueron, ellos, los pri\u00admeros receptores de su apostolado.<\/p>\n<p>Al tiempo, I\u00f1igo, dedicaba horas a escri\u00adbir un libro piadoso y en sus ratos de con\u00adtemplaci\u00f3n, cuando su alma se inundaba en la paz, iba poco a poco, tomando fuerza la idea de que su camino no era otro que se\u00adguir a Cristo. Pero seguir a Cristo era re\u00adnunciar a muchas cosas, a la comodidad de su casa, al cari\u00f1o de sus familiares, a los bienes terrenales. Pero ya estaba tocado por este amor, que le iba a conducir como pere\u00adgrino hasta Tierra Santa, a Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, el a\u00f1o del Se\u00f1or de 1522, en el mes de febrero, I\u00f1igo parte otra vez de su casa. Aunque con destino muy diferente. Le acompa\u00f1an su hermano. Pero y dos ser\u00advidores. Llegados al Santuario de Ar\u00e1nza\u00adzu, y cuando sus acompa\u00f1antes se han reti\u00adrado a descansar, I\u00f1igo hace ante la Se\u00f1ora voto de castidad perpetua, comprometi\u00e9n\u00addose con una promesa, porque \u00e9l, bien sa\u00adbe, lo d\u00e9bil que es la carne.<\/p>\n<p>En Navarrete despide a los criados, antes hab\u00eda quedado su hermano Pero en casa de una de las hermanas. Y en esta ciudad se en\u00adcuentra con su amigo el duque, \u00e9ste se desa\u00adhoga con \u00e9l como con un hermano, cont\u00e1n\u00addole sus cuitas y los desdenes que ha tenido que sufrir. I\u00f1igo que ahora tiene la cabeza en otros intereses, le escucha educadamente, a la vez que piensa que lo que le cuentan no es m\u00e1s que, vanidad de vanidades.<\/p>\n<p>Cuando parte de Navarrete esta dis\u00adpuesto a llegar a Barcelona para tomar \u00e9n este puerto un barco. Como en el camino a la ciudad est\u00e1 Montserrat, decide al igual que muchos romeros hacer una pa\u00adrada all\u00ed. De camino al Santuario. I\u00f1igo se encontr\u00f3 con su moro y fueron los dos charlando amigablemente. I\u00f1igo le habla\u00adba sobre la virginidad de la Virgen, el moro respetuoso, aceptaba la virginidad antes del parto pero no despu\u00e9s. De esta guisa y llegando a un cruce de caminos se separaron. Pero I\u00f1igo comenz\u00f3 entonces a pensar que no hab\u00eda defendido con el valor que deb\u00eda la honra de su Se\u00f1ora y dudaba de ir a buscar al moro para matar- le.<\/p>\n<p>Instalado en esta duda estaba, cuando de\u00adcidi\u00f3 en otro cruce de caminos dejar suelta la rienda de la cabalgadura, de modo que si \u00e9sta se desviaba del camino real, I\u00f1igo ir\u00eda en busca del moro para matarlo. Quiso Dios que el caballo siguiera por el camino real y el moro vivo.<\/p>\n<p>Llegado a Igualada, hizo un alto para comprar all\u00ed, tela de saco para hacerse un sayal, tambi\u00e9n compr\u00f3 el bord\u00f3n, y la cala\u00adbaza y las esparte\u00f1as, que era el atuendo or\u00addinario de los peregrinos. Pero no lo cam\u00adbio a\u00fan por sus ropas de caballero ya que quer\u00eda, una vez llegado al Santuario de Montserrat, rendir armas ante la Se\u00f1ora. Ante ella or\u00f3 toda la noche entregando a la Virgen la espada, el pu\u00f1al y sus galas exte\u00adriores de hidalgo.<\/p>\n<p>Al alba, Ignacio compuso la oraci\u00f3n que m\u00e1s tarde insertar\u00eda en los ejercicios y que reza as\u00ed:<\/p>\n<p>\u00abTomad Se\u00f1or, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi vo\u00adluntad, todo mi haber y poseer. Vos me lo dist\u00e9is, a Vos, Se\u00f1or, lo torno, todo es vues\u00adtro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia que esto me basta\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s hizo una extensiva declaraci\u00f3n de sus pecados anot\u00e1ndolos todos, lo que le llevo tres d\u00edas. Una vez hecho esto confes\u00f3 y recibi\u00f3 la absoluci\u00f3n. Deposit\u00f3 las armas como exvotos en el camar\u00edn de la Virgen y reparti\u00f3 sus ropas entre los mendigos que por all\u00ed estaban. Y vestido con su nuevo uniforme \u00abel de la pobreza\u00bb comenz\u00f3 a ca\u00adminar el hombre nuevo, el viejo hab\u00eda que\u00addado ya abandonado en un primer paso en Loyola y, definitivamente, aqu\u00ed, en Montse\u00adrrat.<\/p>\n<p>IGNACIO decide ir a Barcelona como primera etapa, en su deseo de peregrinar a Tierra Santa. Pero dos circunstancias le obligan a recalar en Manresa: por una parte su quebran\u00adtada salud, por otra la epidemia de peste que asolaba en ese momento la ciudad de Barcelona.<\/p>\n<p>Y es, en su estancia en Manresa donde comienza a concebir y perge\u00ad\u00f1ar lo que fueran y son los famosos Ejercicios. Pero si bien la idea nace en esta ciudad, \u00e9l los ira complemen\u00adtando en otros lugares y a lo largo de su camino. Tambi\u00e9n va tomando cuer\u00adpo el proyecto de fundar una Compa\u00ad\u00f1\u00eda para ejercer y dar cauce a su apos\u00adtolado, tambi\u00e9n este proyecto ira fra\u00adgu\u00e1ndose lentamente en la andadura de su vida.<\/p>\n<p><strong>En Tierra Santa: <\/strong>una vez supera\u00addas todas las dificultades de un viaje largo y peligroso, Ignacio llega a <strong>Tie\u00ad<\/strong><strong>rra <\/strong>Santa. Una vez all\u00ed, es tal el entu\u00adsiasmo y dicha de encontrarse en los lugares en los que vivi\u00f3 y padeci\u00f3 Je\u00ads\u00fas que determin\u00f3 quedarse, pero los Hermanos Franciscanos que custodian los Santos Lugares deciden, en contra de su deseo, que Ignacio deb\u00eda marcharse. Pero era tal la voluntad de Ig\u00adnacio que el provincial hubo de ame\u00adnazarle con la excomuni\u00f3n si no obe\u00addec\u00eda y dejaba Jerusal\u00e9n. Entendiendo que pod\u00eda ser Dios el que hablaba por boca del superior decide marcharse.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3, pues, Ignacio a embarcar rumbo a Italia. Una vez all\u00ed cruz\u00f3 a pie el pa\u00eds, con el \u00e1nimo puesto en lle\u00adgar a Barcelona.<\/p>\n<p><strong>De vuelta a Espa\u00f1a: <\/strong>Contaba en\u00adtonces treinta y dos a\u00f1os, una salud mermada y las condiciones eran duras en este momento de la historia. Sin embargo su fe, su amor a Cristo y una confianza ciega en Dios, arrinconaban todos los obst\u00e1culos. A pesar de ha\u00adberse quedado sin dinero, que hab\u00eda repartido entre los pobres, el encuen\u00adtro con un vizca\u00edno conocido hizo el milagro de procurarle un pasaje en un barco que zarpaba rumbo a Barcelona.<\/p>\n<p>Es la Cuaresma del a\u00f1o 1524 cuan\u00addo Ignacio desembarca en Barcelona.<\/p>\n<p>Su estancia en esta ciudad la va a dedicar al estudio, preferentemente del lat\u00edn. Visto su provecho, es aconse\u00adjado por uno de sus maestros para proseguir estos estudios en la Universi\u00addad de Alcal\u00e1.<\/p>\n<p><strong>RUMBO A ALCAL\u00c1<\/strong><\/p>\n<p>Vuelve Ignacio a emprender viaje, sin mirar atr\u00e1s, confiando en la Divina Providencia.<\/p>\n<p>Los seiscientos kil\u00f3metros que se\u00adparan Barcelona de Alcal\u00e1 los recorre a pie, cargando con su cojera, mendi\u00adgando y pasando privaciones, pero siempre con \u00e1nimo fuerte, forjado en las dificultades vividas.<\/p>\n<p>En Alcal\u00e1 se hallaba en este mo\u00admento la Universidad m\u00e1s joven de Espa\u00f1a, una Universidad abierta a las nuevas ideas, a un humanismo emer\u00adgente, a la renovaci\u00f3n cient\u00edfica, a la reforma espiritual.<\/p>\n<p>Llega Ignacio a ella con el deseo de estudiar y a la vez hablar a las gentes de Dios. Pobremente vestido con un sayal modo de h\u00e1bito comienza esta labor de evangelizaci\u00f3n, pero pronto es acusado ante la Santa Inquisici\u00f3n, junto a otros compa\u00f1eros de iluminado. \u00bfC\u00f3mo unos pobres mendigos, sin letras, sin califica\u00adci\u00f3n acad\u00e9mica alguna, se atreven a ha\u00adblar a las gentes de cosas del esp\u00edritu?<\/p>\n<p>Pero los inquisidores, despu\u00e9s de o\u00edr a numerosos testigos no encuen\u00adtran nada que condenar, y se les deja proseguir con lo que estaban hacien\u00addo, \u00fanicamente se les impone una obligaci\u00f3n, deben te\u00f1ir los h\u00e1bitos que llevan, unos de negro y otros de leo\u00adnado.<\/p>\n<p>Pero no queda aqu\u00ed la cosa y una nueva denuncia hace que Ignacio de con sus huesos en la c\u00e1rcel durante cuarenta y cinco d\u00edas y esto no es lo grave de la condena, para \u00e9l, sino la prohibici\u00f3n de testimoniar y predicar su Amor a Cristo y su doctrina.<\/p>\n<p>Por una parte Ignacio debe obede\u00adcer, pero por otra \u00e9l mismo se pregun\u00adta \u00bfc\u00f3mo se puede prohibir a alguien que hable de Dios?<\/p>\n<p>Ante este dilema decide ponerse otra vez en camino para recurrir al Ar\u00adzobispo de Toledo, Alfonso de Fonse\u00adca y Acevedo, que se encuentra en ese momento en Valladolid.<\/p>\n<p>Los caminos de Castilla son part\u00edci\u00adpes de su pensamiento. Atr\u00e1s deja Al\u00adcal\u00e1 donde durante a\u00f1o y medio ha morado. Sin hacer grandes progresos en sus estudios, perseguido por la In\u00adquisici\u00f3n, pero d\u00f3nde ha conocido a tres hombres, que con el andar del tiempo han de ser sus compa\u00f1eros y puntales en la compa\u00f1\u00eda: La\u00ednez, Sal\u00admer\u00f3n y Bobadilla. No todo ha sido \u00a0negativo.<\/p>\n<p><strong>POR EL MUNDO<\/strong><\/p>\n<p>Por los caminos de Dios llega Ignacio a Par\u00eds. All\u00ed, contando 38 a\u00f1os, se matricula en artes, escogiendo como maestro a Juan de la Pe\u00f1a, que ten\u00eda por entonces la tu\u00adtor\u00eda de Javier y Favro. Sigue Igna\u00adcio en su empe\u00f1o de hablar de Dios a las gentes, contagiando el amor y en\u00adtusiasmo que \u00e9l mismo siente por Je\u00adsucristo. De tal forma hablaba que algunos le apodaban \u00abEl seductor\u00bb. Oliverio Manareo escribe as\u00ed de \u00e9l:<\/p>\n<p><em>Admirable era en su hablar, grave y autorizado, no r\u00e1pido ni precipita\u00ad<\/em><em>do, ni insustancial, sino eficaz, pro\u00ad<\/em><em>pio de un Hombre Santo. No se le es\u00ad<\/em><em>capaba una palabra casual ni de im\u00ad<\/em><em>proviso, sino que aquella boca bie\u00ad<\/em><em>naventurada s\u00f3lo profer\u00eda palabras <\/em><em>sensatas y bien intencionadas. Y por <\/em><em>\u00a0eso nadie se apartaba de \u00e9l, sino <\/em><em>muy consolado, provisto de saluda\u00ad<\/em><em>bles consejos y enteramente satisfe\u00ad<\/em><em>cho, consiguiese o no lo que preten\u00ad<\/em><em>d\u00eda, porque aquel bienaventurado <\/em><em>var\u00f3n pose\u00eda una maravillosa gracia <\/em><em>de hablar.<\/em><\/p>\n<p>Poco a poco va formando y culti\u00advando a los que ser\u00edan sus primeros compa\u00f1eros. Entre ellos est\u00e1 Javier. Pero este joven, \u00abinclinado a la honra y fasto del mundo\u00bb, aunque gran amigo y admirador de Ignacio no era f\u00e1cil de convencer.<\/p>\n<p>Una frase de Ignacio se abrir\u00eda pa\u00adso entre el mundo y su placer y llega\u00adr\u00eda al coraz\u00f3n de Javier: \u00bfQu\u00e9 apro\u00advecha al hombre ganar todo el mun\u00addo si pierde el alma?<\/p>\n<p>Poco a poco se van uniendo a Ignacio varios j\u00f3venes m\u00e1s, que le siguen embelesados en el tir\u00f3n de su palabra y creyendo en su men\u00adsaje.<\/p>\n<p>Son siete, todos abrigan un mismo ideal de vida: trabajar para mayor glo\u00adria de Dios. Oraci\u00f3n, ayuno, votos y promesas van consolidando el grupo.<\/p>\n<p>Pobreza, castidad y peregrinar a Jerusal\u00e9n son los tres votos que ha\u00adcen juntos el 15 de agosto de 1534. Son los famosos votos de Mont\u00admartre. Ninguno de ellos ten\u00eda con\u00adciencia de que esta primera asocia\u00adci\u00f3n acabar\u00eda dando lugar a una or\u00adden religiosa: La Compa\u00f1\u00eda de Je\u00ads\u00fas.<\/p>\n<p>Seis a\u00f1os han de pasar hasta que el 27 de septiembre de 1540 se fir\u00adm\u00f3 en Roma la Bula mediante la cual quedaba fundada la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>En Roma qued\u00f3 Ignacio junto al Pont\u00edfice, a quien les ligaba el cuar\u00adto voto, para atender sus \u00f3rdenes.<\/p>\n<p>Mientras sus hermanos recorr\u00edan el mundo para evangelizar: Javier, en la India; Favro, en Alemania&#8230; La Compa\u00f1\u00eda segu\u00eda creciendo, a ella llegar\u00edan en sus comienzos Francisco de Borja y Pedro Canisio, hoy tam\u00adbi\u00e9n en los altares.<\/p>\n<p>En un peque\u00f1o despacho, en Ro\u00adma, con la salud quebrantada pero el \u00e1nimo firme, este hombre va forman\u00addo espiritualmente a sus \u00abHijos\u00bb for\u00adtaleciendo sus voluntades, de \u00e9l dir\u00e1 Ribadeneyra:<\/p>\n<p><em>Este amor de nuestro padre no era <\/em><em>flaco, ni remiso, sino vivo y eficaz, <\/em><em>suave y fuerte, tierno como amor de <\/em><em>madre y s\u00f3lido y robusto como amor <\/em><em>de padre. A los que en virtud eran <\/em><em>ni\u00f1os daba leche; a los m\u00e1s aprove\u00adchados pan con corteza; y a los per\u00ad<\/em><em>fectos trataba con m\u00e1s rigor, para <\/em><em>que corriesen a rienda suelta a la <\/em><em>perfecci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Mientras, la Compa\u00f1\u00eda crece en hombres y obras por todo el mundo hasta nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>Miles de Jesuitas hoy, como en los comienzos de la orden, inician el no\u00adviciado por el mes de ejercicios, se atienen a las reglas, y se comprome\u00adten a vivir seg\u00fan las constituciones que dict\u00f3 San Ignacio. Y acercan al mundo el amor a Cristo que sinti\u00f3 este vasco: I\u00f1igo de Loyola.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reinaban en Espa\u00f1a, Isabel y Fernan\u00addo, cuando en el a\u00f1o de gracia de 1491, vio la luz en Guip\u00fazcoa, I\u00f1igo de Loyo\u00adla. Fue su padre D. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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