{"id":83191,"date":"2012-05-21T03:12:15","date_gmt":"2012-05-21T01:12:15","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=83191"},"modified":"2016-07-27T12:14:22","modified_gmt":"2016-07-27T10:14:22","slug":"faustino-diez","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/faustino-diez\/","title":{"rendered":"Faustino D\u00edez"},"content":{"rendered":"<h2>I: Su nacimiento.\u2014Su educaci\u00f3n y estudios.\u2014Entra en el estado eclesi\u00e1s\u00adtico.\u2014Celo con que trabaja por la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas.\u2014 Frutos que consigue.<\/h2>\n<p><em><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/05\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-83192 alignright\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/05\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a><\/em>En el humilde pueblo de Lodoso, perteneciente a la Di\u00f3cesis y provincia de Burgos, de cuya capital s\u00f3lo dista 15 kil\u00f3metros, naci\u00f3 el d\u00eda 15 de Marzo de 1820 el ni\u00f1o Faustino D\u00edez. Sus padres, nada ricos en bienes de fortuna, abundaban en los sobrenaturales y de la gracia, pues siem\u00adpre se distinguieron por su mucha fe y piedad pr\u00e1cticas, fundada \u00e9sta en la frecuencia de los Santos Sacramentos y en la puntual asistencia a todos los ejercicios religiosos que suelen tener lugar en la Parroquia. Como buenos cristianos, educaron a todos sus hijos en el temor del Se\u00f1or; y obser\u00advando en Faustino disposiciones nada comunes para las letras, terminada su instrucci\u00f3n primaria, le aplicaron al es\u00adtudio del Lat\u00edn, bajo la direcci\u00f3n y ense\u00f1anza de un respe\u00adtabil\u00edsimo Sacerdote, P\u00e1rroco de Citores del P\u00e1ramo, en la misma Di\u00f3cesis de Burgos, del cual asegura la tradici\u00f3n local que ten\u00eda especial poder recibido de Dios para lanzar a los demonios de los cuerpos pose\u00eddos por ellos. En la escuela de un maestro tan ilustre por sus conocimientos y por su insigne virtud, Faustino, que a su feliz memoria a\u00f1a\u00add\u00eda regular aplicaci\u00f3n, pudo dominar f\u00e1cilmente todas las dificultades que la juventud encuentra en un estudio tan \u00e1rido y quedar muy bien impuesto en la lengua de Lacio, tan absolutamente necesaria para el cultivo de todas las ciencias, especialmente las eclesi\u00e1sticas.<\/p>\n<p>As\u00ed dispuesto nuestro joven, pas\u00f3 a la ciudad de Burgos con el objeto de continuar all\u00ed sus estudios. Como no es\u00adtaba sobrado de recursos, se proporcion\u00f3 una colocaci\u00f3n en el Convento de frailes Dominicos llamado San Pablo, y cuya Iglesia, derruida lastimosamente por la piqueta revo\u00adlucionaria, era una de las mejores y m\u00e1s esbeltas de aque\u00adlla poblaci\u00f3n, en donde no faltan magn\u00edficos templos le\u00advantados por la piedad cristiana. En aquel centro de virtud y de ciencia aprendi\u00f3 Faustino a practicar las obras de la m\u00e1s s\u00f3lida devoci\u00f3n y la frecuencia de los Santos Sacra\u00admentos, al mismo tiempo que su entendimiento se ilustraba con el estudio de la L\u00f3gica y Metaf\u00edsica.<\/p>\n<p>Merced a las santas instrucciones informadas del buen ejemplo con que aquellos hijos de Santo Domingo edifica\u00adban a nuestro joven, concibi\u00f3 \u00e9ste una idea tan alta del es\u00adtado eclesi\u00e1stico, al cual se cre\u00eda llamado, que se estreme\u00adci\u00f3 ante dignidad tan incomparable, y, parte por este te\u00admor santo, parte por las perturbaciones pol\u00edticas y religio\u00adsas de aquellos tiempos, efecto de las cuales la mayor parte de los Seminarios se hallaban cerrados, pens\u00f3 Faustino que tal vez asegurar\u00eda mejor su eterna salvaci\u00f3n dedic\u00e1n\u00addose a las humildes y sencillas ocupaciones del campo, ayudando as\u00ed a sus buenos padres en las faenas propias de los labradores.<\/p>\n<p>Cumplidos los veinticinco a\u00f1os de su edad crey\u00f3 pru\u00addente tomar el estado del santo matrimonio, y al efecto puso los ojos en una joven cuya piedad y recato parec\u00edan ser patrimonio de toda su familia. Fruto fue de este matri\u00admonio la ni\u00f1a Mar\u00eda Josefa, que m\u00e1s tarde hab\u00eda de perte\u00adnecer, como su padre, a la familia de San Vicente de Pa\u00fal. Pero \u00a1cu\u00e1n distintas son las miras del Se\u00f1or de los juicios de los hombres, aunque parezcan \u00e9stos los m\u00e1s rectos y conformes a la divina voluntad! Antes de cumplirse el a\u00f1o de su uni\u00f3n conyugal dispuso Dios de la esposa de Faus\u00adtino, el cual crey\u00f3 ver en este golpe de la Providencia un claro aviso de que le quer\u00eda para otro estado m\u00e1s sublime, en el que, procurando la santificaci\u00f3n de su propia alma, condujese a otras muchas por el camino del Cielo, y as\u00ed diese a Dios grande gloria y no poca honra a la Iglesia, nuestra Santa Madre.<\/p>\n<p>Consultado con prudentes directores el delicado y arduo negocio de su vocaci\u00f3n al estado eclesi\u00e1stico, ya no vacil\u00f3 un momento en prepararse para recibir los sagrados \u00f3rdenes. Al efecto pas\u00f3 a Burgos, donde curs\u00f3 la Sagrada Teolog\u00eda con mucho aprovechamiento, especialmente respecto de la Moral. Al mismo tiempo que se dispon\u00eda con la ciencia, se daba a la pr\u00e1ctica de todas las virtudes, cuyo fundamento era la devoci\u00f3n m\u00e1s ardiente y la frecuencia de los Santos Sacramentos, a los cuales se acercaba por lo menos una vez cada ocho d\u00edas. As\u00ed pertrechado con las armas de la ciencia y de la santidad, y estimulado por sus gu\u00edas espiri\u00adtuales, consinti\u00f3 por fin en recibir la imposici\u00f3n de las ma\u00adnos, tomando el Presbiterado en la ciudad de Palencia, por hallarse a la saz\u00f3n vacante la Sede arzobispal de Burgos. El d\u00eda 6 de Marzo del a\u00f1o 1847 cant\u00f3 el nuevo Presb\u00edtero su primera Misa en el Colegio de Salda\u00f1a de Burgos, diri\u00adgido ya entonces por, las Hijas de San Vicente de Pa\u00fal, como si el novel Sacerdote quisiera con este acto dar un testimonio p\u00fablico y especial de la admiraci\u00f3n que le pro\u00adduc\u00edan las virtudes apost\u00f3licas del h\u00e9roe de la caridad, que m\u00e1s tarde hab\u00eda de contarle en el n\u00famero de sus hijos.<\/p>\n<p>Desde este d\u00eda comenz\u00f3 el fervoroso Ministro de Jesu\u00adcristo a mostrar lo que hab\u00eda de ser hasta su \u00faltimo aliento. En efecto: su gravedad y compostura en el templo llama\u00adban la atenci\u00f3n de todos, y bien pronto se distingui\u00f3 por la exactitud con que guardaba hasta las m\u00e1s peque\u00f1as r\u00fa\u00adbricas que la Iglesia tiene prescritas para los divinos Ofi\u00adcios y para la administraci\u00f3n de los Santos Sacramentos. Dotado de una excelente voz, y conociendo muy a fondo el canto eclesi\u00e1stico, sab\u00eda dar tal expresi\u00f3n y harmon\u00eda a las notas de los sagrados libros lit\u00fargicos, que m\u00e1s de una vez arranc\u00f3 tiernas l\u00e1grimas de los asistentes, en cuyos co\u00adrazones parec\u00edan como desleirse los sentimientos que inspiran las verdades de nuestra Santa Religi\u00f3n, cuando por los o\u00eddos entran con la unci\u00f3n de sagrada melod\u00eda. Siempre se not\u00f3 en el siervo de Dios un especial inter\u00e9s en que el canto de los divinos Oficios se ejecutase con la pausa, gravedad y devoci\u00f3n que exigen la Majestad del Se\u00f1or y el decoro de su divino culto.<\/p>\n<p>Era entonces Arzobispo de Burgos el Excelent\u00edsimo e Ilmo. Sr. D. Fr. Cirilo de Alameda y Brea. Este Prelado destin\u00f3 a nuestro Faustino a cumplir en su propia Parro\u00adquia de Lodoso los oficios de pastor espiritual, y \u00e9ste no se dio momento de descanso a fin de alimentar las almas con el celestial nutrimento de los Santos Sacramentos. Despu\u00e9s que en Espa\u00f1a fueron suprimidas por la revoluci\u00f3n las Co\u00admunidades religiosas, se dej\u00f3 sentir de una manera fatal cierta indiferencia por parte de casi todos los fieles hacia la frecuencia de los Sacramentos de la Penitencia y de la Comuni\u00f3n; esto se notaba m\u00e1s sensiblemente entre las gentes del campo, las cuales cre\u00edan cumplir con toda per\u00adfecci\u00f3n los deberes cristianos acerc\u00e1ndose una vez al a\u00f1o, esto es, por Pascuas, a la Sagrada Mesa.<\/p>\n<p>Observabase esta especie de frialdad espiritual, no sola\u00admente en el pueblo de Lodoso, sino tambi\u00e9n en todos los otros de alrededor. Mas apenas comenz\u00f3 nuestro futuro Misionero a ejercitar el santo ministerio, cuando ya fue co\u00adnoci\u00e9ndose una tan nueva como ben\u00e9fica reacci\u00f3n acerca de esta important\u00edsima materia. Los fieles, pisoteando hu\u00admanos respetos, fueron conociendo por experiencia los fru\u00adtos espirituales que la Sagrada Comuni\u00f3n produce cuando se la frecuenta con buenas y santas disposiciones. Pronto se desarroll\u00f3 de una manera ostensible la verdadera devo\u00adci\u00f3n, y la pr\u00e1ctica de las virtudes cristianas, hac\u00eda mucho tiempo casi desconocidas, tom\u00f3 un incremento admirable. La asistencia a los actos religiosos, as\u00ed en los d\u00edas festivos como en los de trabajo, era m\u00e1s asidua y general, y bien puede asegurarse que la faz religiosa de aquella comarca se mud\u00f3 en poco tiempo, no sin agradable sorpresa del Clero y del pueblo fiel. Es que el celoso Sacerdote se sen\u00adtaba por largas horas en el confesonario de su propia Pa\u00adrroquia y de otras muchas, adonde, con aprobaci\u00f3n de sus compa\u00f1eros del Clero, iba a buscar y a llevar las almas a Jesucristo; es que en sus exhortaciones, acompa\u00f1adas del ejemplo y animadas por el divino soplo de la caridad, nada recomendaba tanto a los fieles como el purificar a menudo sus almas en la piscina de la Penitencia, para luego robus\u00adtecerlas en la Santa Eucarist\u00eda; es que, incansable, se pres\u00adtaba a ejercer tan arduo y tan santo ministerio a todas ho\u00adras y para con toda clase de personas; y esta prontitud y espontaneidad atra\u00edanle a sus pies innumerables almas de\u00adseosas de reconciliarse con su Dios y de hacerse dignas de recibirle.<\/p>\n<p>Este cambio tan ben\u00e9fico produjo en todo el pintoresco valle del R\u00edo-Urbel efectos hermosos y admirables, entre los cuales no es el menor las muchas vocaciones que salie\u00adron para el estado religioso. \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 enumerar las v\u00edr\u00adgenes del Se\u00f1or que, para unirse a su divino Esposo con la\u00adzos indisolubles de amor casto, fueron por \u00e9l dirigidas, ya a los conventos de las Hijas de Santa Teresa o a otros monacales, ya a la Congregaci\u00f3n de las Hijas de Caridad?<\/p>\n<p>Aun hoy d\u00eda existen muchas que est\u00e1n siendo vivos decha\u00addos de sus respectivas Comunidades, y que recuerdan con ternura y agradecimiento la prudente direcci\u00f3n con que fue\u00adron encaminadas a los Asilos de la santidad por tan diestro y celoso maestro.<\/p>\n<p>Deseando \u00e9ste multiplicar tambi\u00e9n con los auxilios divi\u00adnos las vocaciones al estado eclesi\u00e1stico, determin\u00f3 desde su establecimiento en Lodoso consagrar a la ense\u00f1anza del <em>Lat\u00edn <\/em>el tiempo que las funciones parroquiales le dejaban li\u00adbre. Al efecto abri\u00f3 sus aulas a todos los j\u00f3venes en quienes observaba buenas disposiciones intelectuales y morales, y a los cuales, juntamente con la ense\u00f1anza y exposici\u00f3n de los cl\u00e1sicos, inculcaba las m\u00e1ximas del Evangelio, educ\u00e1ndolos igualmente en la piedad que en las letras, cosas ambas in\u00addispensables para llevar con honor la dignidad sacerdotal. Muchos fueron los j\u00f3venes que desde la escuela del fervo\u00adroso Sacerdote pasaron al Seminario a fin de continuar sus estudios de Filosof\u00eda y Teolog\u00eda, y algunos de \u00e9stos salie\u00adron tan aventajados en la traducci\u00f3n e inteligencia de los cl\u00e1sicos, que llamaban la atenci\u00f3n, o, mejor, se distingu\u00edan entre aquella numerosa juventud que por entonces acud\u00eda, como en tropel, a dicho Seminario diocesano. Hoy mismo se hallan al frente de distintas parroquias no pocos de los que a\u00fan se honran de haber aprendido la gram\u00e1tica latina de tan celoso maestro; otros le siguieron a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, en la cual, santific\u00e1ndose a s\u00ed mismos, han san\u00adtificado y santifican todav\u00eda, porque algunos viven a\u00fan, a innumerables almas con el ejercicio de sus santos ministe\u00adrios.<\/p>\n<p>Tales eran las santas e importantes ocupaciones en que nuestro inolvidable compa\u00f1ero pas\u00f3 los siete a\u00f1os de su vi\u00adda sacerdotal en el servicio de la parroquia, esto es, desde que se orden\u00f3, 1849, hasta Septiembre de 1854, fecha de su admisi\u00f3n y entrada en la Congregaci\u00f3n fundada por San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<h2>II: Su Vocaci\u00f3n a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.\u2014Su noviciado y primeras ocupaciones.\u2014Bienes que consigue con las Misiones.\u2014Cosas que dan gran importancia y notabilidad a dichas Misiones.<\/h2>\n<p>Hac\u00eda ya mucho tiempo que Faustino anhelaba retirarse del mundo para servir a Dios con m\u00e1s libertad y para pro\u00adcurar la salvaci\u00f3n del pr\u00f3jimo con mayor eficacia.<\/p>\n<p>La Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, suprimida en 1835, como las dem\u00e1s Comunidades religiosas de Espa\u00f1a, por la revo\u00adluci\u00f3n imp\u00eda, que despu\u00e9s implant\u00f3 el liberalismo en la pa\u00adtria de San Fernando, permaneci\u00f3 en ese deplorable estado por espacio de diez y siete a\u00f1os. Sus individuos se halla\u00adban dispersos y repartidos en las provincias de los Estados Unidos, de M\u00e9jico, de Francia y de Italia, con excepci\u00f3n de algunos que permanecieron en Espa\u00f1a para atender a la direcci\u00f3n de las Hijas de la Caridad. Mas en el Concor\u00addato celebrado entre la Santidad de P\u00edo IX y el Gobierno espa\u00f1ol (1851) se estipulaba que fuese una de las Corpora\u00adciones religiosas que hab\u00edan de restablecerse, y este resta\u00adblecimiento tuvo lugar, no sin muchas dificultades, interio\u00adres y exteriores, en el a\u00f1o de 1852. El Sr. Armengol fue trasladado, al efecto, desde la Provincia de M\u00e9jico, a cuyo frente se hallaba entonces, a Espa\u00f1a, con el oficio de Visi\u00adtador, a fin de que reuniese algunos de aquellos miembros dispersos que formaran como el n\u00facleo de tan deseada res\u00adtauraci\u00f3n. As\u00ed se verific\u00f3 en el mencionado a\u00f1o de 1852.<\/p>\n<p>Sent\u00edase Faustino desde el principio de su Sacerdocio fuertemente inclinado a abandonar el mundo, y vi\u00f3 en la Co\u00admunidad nuevamente restaurada el punto adonde le desti\u00adnaba la Providencia. Por otra parte, sus virtudes morales, entre las cuales descollaba la sencillez evang\u00e9lica, le dispo\u00adn\u00edan de una manera especial para el instituto de la Misi\u00f3n, cuyo principal car\u00e1cter es el de esa virtud cristiana.<\/p>\n<p>Consultado, pues, tan grave asunto con su habitual Di\u00adrector, que era uno de los Padres Carmelitas del Convento de Burgos, pidi\u00f3 su admisi\u00f3n al Sr. Armengol, el cual se la otorg\u00f3 generosamente; y vencidas varias dificultades y la repugnancia con que el Excmo. Sr. Arzobispo le conced\u00eda su pastoral bendici\u00f3n, a causa del vac\u00edo que dejaba su fiel Sacerdote, ya no pens\u00f3 m\u00e1s que en realizar sus m\u00e1s \u00ednti\u00admos deseos de ofrecerse al Se\u00f1or, para glorificarle en el ejercicio de los ministerios propios de un Misionero.<\/p>\n<p>El d\u00eda 27 de Septiembre de 1854, en que la Congrega\u00adci\u00f3n de la Misi\u00f3n celebra el glorioso tr\u00e1nsito de su Santo Fundador, fue tambi\u00e9n uno de los m\u00e1s felices para el se\u00f1or D\u00edez, puesto que vio en \u00e9l cumplida su m\u00e1s cordial aspi\u00adraci\u00f3n y satisfechos los deseos que hac\u00eda tiempo le aguijo\u00adneaban. Tuvo, en efecto, la dicha de entrar en la Comuni\u00addad de Madrid, que se hab\u00eda instalado dos a\u00f1os antes en la calle del Duque de Osuna, n\u00famero 5, de donde por la re\u00advoluci\u00f3n Septembrina fue otra vez expulsada en 1868. Prac\u00adticados los ejercicios espirituales que los aspirantes suelen hacer, recibi\u00f3 el d\u00eda 4 de Octubre la humilde sotana de Hijo de San Vicente, con la cual se crey\u00f3 m\u00e1s feliz que con todas las p\u00farpuras y diademas del mundo. Desde este d\u00eda, bien puede asegurarse, comenz\u00f3 nuestro novel Misionero a ejercitar de lleno todas las funciones de la Congregaci\u00f3n. En efecto; ora con la direcci\u00f3n de los ejercicios a Sacerdotes y Ordenandos, ora regentando el confesonario, ya predicando y confesando a los enfermos en el Hospital general o a las familias de los Asilados confiados a nuestras Hermanas, ya asistiendo a los col\u00e9ricos y a otros desvalidos que le llamaban, es lo cierto que el reciente novicio se multiplicaba y todo le parec\u00eda poco en comparaci\u00f3n del ardiente celo que dulcemente estimulaba su coraz\u00f3n sin dejarle un mo\u00admento de descanso. Desde este punto de vista, bien se puede afirmar que el Sr. D\u00edez fue desde el primer d\u00eda un Misio\u00adnero consumado; pues aunque se daba a todas las pr\u00e1cticas del noviciado, m\u00e1s, parte por la falta de personal, parte por su mucha virtud y arraigada vocaci\u00f3n y por la aptitud manifiesta par\u00f3 el cumplimiento de nuestros minis\u00adterios, se aplicaba a \u00e9stos y los desempe\u00f1aba cual si fuese ya un veterano avezado a todas las tareas apost\u00f3licas. Si alg\u00fan defecto se le notaba en este punto, era el demasiado ardor con que trabajaba, aunque siempre aplicado por la obediencia y nunca sin el previo consentimiento de sus superiores.<\/p>\n<p>El buen resultado espiritual que sus santas ocupaciones produc\u00edan hicieron pronto conocer a aqu\u00e9llos que el se\u00f1or D\u00edez estaba destinado por Dios para evangelizar a los po\u00adbres del campo por medio de las Misiones dirigidas y he\u00adchas seg\u00fan el m\u00e9todo de San Vicente. As\u00ed es que pronto le aplicaron a este ministerio predilecto de la Congregaci\u00f3n, en cuyo desempe\u00f1o emple\u00f3, casi sin interrupci\u00f3n alguna, su larga carrera de Misiones, que dur\u00f3 treinta y cinco a\u00f1os.<\/p>\n<p>El vasto campo de sus tareas apost\u00f3licas han sido prin\u00adcipalmente las Di\u00f3cesis de Toledo, de Badajoz, las cuatro de Galicia, especialmente la de Orense, y la de Sig\u00fcenza. Aunque no todas las Misiones por \u00e9l dirigidas fueron igual\u00ades en su duraci\u00f3n, como tampoco eran las parroquias en donde misionaba del mismo n\u00famero de habitantes, hizo, sin embargo, muchas en las cuales pas\u00f3 tres semanas, y aun el mes entero, predicando en todas ellas una vez cada d\u00eda por lo menos, y much\u00edsimos d\u00edas dos y tres veces. No se contentaba el fervoroso e incansable Misionero con per\u00adsuadir a sus oyentes, que generalmente eran todos los de la feligres\u00eda, y con mucha frecuencia tambi\u00e9n los de otras cercanas, a que comulgasen y confesasen por lo menos una vez, sino que adem\u00e1s, como medio para conservar el fruto de la Misi\u00f3n y la frecuencia de los Santos Sacramentos, de\u00adjaba instaladas santas Asociaciones, sobre todo las d s a las que profesaba singular devoci\u00f3n, a saber, las Hijas de Mar\u00eda y los Josefinos o socios de San Jos\u00e9. Esto le obligaba, como f\u00e1cilmente se deja comprender, a dar instruc\u00adciones especiales a los socios, ya para ilustrarles en orden a sus piadosos compromisos, ya para recomendarles la santa perseverancia y la fidelidad en acercarse a la Confesi\u00f3n y Comuni\u00f3n todos los meses, y especialmente en las festivi\u00addades de la Sant\u00edsima Virgen y de San Jos\u00e9.<\/p>\n<p>Pocas han sido las parroquias misionadas en las cuales tan digno hijo de San Vicente no haya fundado o estable\u00adcido alguna de dichas Asociaciones o ambas: de modo que han de contarse por muchos miles las personas santamente comprometidas por la persuasiva del Sr. D\u00edez a honrar a la Madre de Dios y a su Santo Esposo con la pureza del cora\u00adz\u00f3n y con una devoci\u00f3n sincera y duradera. \u00a1Cu\u00e1nto tienen que agradecerle, despu\u00e9s de Dios, por este bien espiritual y permanente, los Sres. Curas y los pueblos que han par\u00adticipado y participan del inmenso fruto producido con el establecimiento de tales Congregaciones!<\/p>\n<p>Pero no son estos solamente los bienes celestiales que el Se\u00f1or derramaba en los pueblos por medio de su celoso ministro; pues, como arriba se ha indicado, hab\u00edale Dios concedido una gracia particular para ejecutar y ense\u00f1ar los c\u00e1nticos religiosos, y explotando este don tan relevante, entusiasmaba por medio de \u00e9l a los fieles, a quienes comu\u00adnicaba su fervor y sus acentos de tal manera, que sus c\u00e1n\u00adticos y letrinas se han hecho populares, y muchos a\u00f1os despu\u00e9s de la Misi\u00f3n eran y son entonados con dulce re\u00adcuerdo y con devoci\u00f3n particular, transmiti\u00e9ndose en algu\u00adnas parroquias de padres a hijos como dep\u00f3sito sagrado.<\/p>\n<p>Respecto de esta materia, hay que reconocer que el se\u00ad\u00f1or D\u00edez hab\u00eda recibido una muy singular gracia del Se\u00f1or, a la cual \u00e9l correspond\u00eda, no sin mucho sacrificio de pacien\u00adcia y de constancia, y aun a costa de su propia voz, la cual en sus \u00faltimos a\u00f1os perdi\u00f3 mucho, a causa del continuo y violento ejercicio con que la gastaba en las predicaciones y c\u00e1nticos.<\/p>\n<p>Otra devoci\u00f3n esencialmente cristiana y la m\u00e1s propia para encender a las almas en el amor de Jesucristo, que el incansable Misionero dejaba como encarnada en las parro\u00adquias beneficiadas por sus Misiones, era la del V\u00eda Crucis. En efecto, instruidos los fieles acerca de su utilidad y de los \u00f3ptimos frutos espirituales que produce en los que pia\u00addosamente la practican, y acompa\u00f1\u00e1ndoles en su ejercicio todos los d\u00edas que duraba la Santa Misi\u00f3n, quedaba de tal modo establecida dicha pr\u00e1ctica, que se hizo como nece\u00adsaria, siendo desde entonces frecuentada todos los domin\u00adgos v d\u00edas festivos del a\u00f1o. Y como en algunas parroquias se haya repetido la Santa Misi\u00f3n, ha sido necesario que los Misioneros no omitiesen devoci\u00f3n tan tierna, a fin de no escandalizar a los fieles, que alguna vez echaban de menos esa acci\u00f3n piadosa.<\/p>\n<p>No fue menor el celo del fervoroso Misionero por dejar instalada la Santa Cruz como recuerdo indeleble de la vi\u00adsita misericordiosa que Dios hac\u00eda a la feligres\u00eda. Puede asegurarse sin temeridad que no hay parroquia alguna de la Di\u00f3cesis de Sig\u00fcenza donde no se halle elevado este signo de eterna salud junto a la misma Iglesia parroquial, a fin de que al salir de ella le saludaran reverentemente y para que, rezando alguna plegaria, como el <em>Pater noster o <\/em>el <em>Credo, <\/em>con el objeto de ganar las indulgencias concedi\u00addas, se acordaran de los santos prop\u00f3sitos formados en la Misi\u00f3n, de la cual era un recuerdo la Santa Cruz. El que estas mal perge\u00f1adas l\u00edneas borrajea ha sido m\u00e1s de una vez testigo de la devoci\u00f3n con que los fieles oraban ante la Cruz de la Misi\u00f3n, despu\u00e9s de muchos a\u00f1os que \u00e9sta ha\u00adb\u00eda tenido lugar.<\/p>\n<p>Para que estas devociones se practicasen con m\u00e1s faci\u00adlidad y unci\u00f3n cristiana, sol\u00eda el celoso Ministro del Se\u00f1or repartir libritos piadosos, que conten\u00edan versos a ellas alu\u00adsivos, con lo cual, y con los c\u00e1nticos que de viva voz en\u00adse\u00f1aba, interesaba m\u00e1s y m\u00e1s la piedad de los sencillos fieles, que con grande entusiasmo se entregaban a su ejer\u00adcicio.<\/p>\n<p>Suced\u00eda algunas veces que los pueblos se mostraban in\u00addiferentes al beneficio de la Misi\u00f3n, y en tales casos procuraba interesarles con el recuerdo de sus parientes difuntos, para sufragio de los cuales promov\u00eda, de acuerdo con los Sres. Curas, Oficios y Misas solemnes, visitas en procesi\u00f3n a los cementerios, etc., etc. Excitados as\u00ed los \u00e1nimos y con\u00admovidos los corazones, acud\u00edan a los ejercicios de la Misi\u00f3n hasta los mismos que a \u00e9sta se hab\u00edan manifestado hostiles.<\/p>\n<p>No era este santo ardid el \u00fanico que empleaba Faustino para atraer las almas a la Misi\u00f3n: tambi\u00e9n usaba el de las procesiones a los Santuarios, cuya devoci\u00f3n estaba arrai\u00adgada en las feligres\u00edas, el de las rogativas p\u00fablicas hechas con ocasi\u00f3n de alguna calamidad presente o inminente, et\u00adc\u00e9tera, etc.; de modo que siempre se distingui\u00f3 en tocar los resortes m\u00e1s propios para excitar en los fieles el deseo de aprovecharse de la divina palabra.<\/p>\n<p>Las Misiones predicadas por tan ilustre obrero evang\u00e9\u00adlico fueron notabil\u00edsimas por muchos conceptos. Primera\u00admente, por el entusiasmo que produc\u00edan en los \u00e1nimos de los pueblos a quienes dirig\u00eda su palabra llena de fervor y de unci\u00f3n verdaderamente evang\u00e9lica. Hubo Misiones, como en Galicia, adonde acud\u00edan en procesi\u00f3n muchas pa\u00adrroquias presididas por sus respectivos Sres. Curas con la Cruz levantada, cual sucedi\u00f3 en las Misiones de Orense, Ginzo de Limia y de otros pueblos de Galicia y Extrema\u00addura. El concurso era tan grande en muchas de ellas, que llegaban a 40.000 los oyentes de todas clases y condicio\u00adnes, los cuales, \u00e1vidos de la divina palabra, se impon\u00edan todo linaje de privaciones, a trueque de poder o\u00edr al celoso Misionero, cuyos elocuentes acentos, as\u00ed aterraban a los m\u00e1s obstinados pecadores reduci\u00e9ndolos a sentimientos de penitencia, como fortalec\u00edan a los justos anim\u00e1ndolos a la perseverancia y a la pr\u00e1ctica de buenas obras.<\/p>\n<p>Y es preciso tener en cuenta que aquellas Misiones tan concurridas y fervorosas duraban tres semanas, y a veces cuatro, sin que los fieles se cansaran de la palabra divina; porque Faustino sab\u00eda de tal manera presentarles ese divino alimento, que de cada predicaci\u00f3n sal\u00eda m\u00e1s hambriento el auditorio.<\/p>\n<p>En segundo lugar, distingu\u00edanse tambi\u00e9n sus Misiones por el n\u00famero de confesiones generales y de comuniones. Pare\u00adcer\u00e1 exagerado aun a muchos cuya vida se halla consagrada a las tareas apost\u00f3licas en nuestra amada patria, mas no por eso es menos verdadero. El preclaro hijo de San Vicente, penetrado del esp\u00edritu evang\u00e9lico de su Santo Padre, ape\u00adnas conceb\u00eda aprovechamiento espiritual de una Misi\u00f3n en la cual todos los oyentes no hac\u00edan confesi\u00f3n general, o de to\u00adda la vida, o desde la \u00faltima bien hecha en alguna otra Mi\u00adsi\u00f3n o en ejercicios espirituales. As\u00ed es que desde el primer d\u00eda de la Misi\u00f3n invitaba a su auditorio a que cada uno se dispusiera para una buena confesi\u00f3n general seguida de una o muchas comuniones practicadas con pureza de conciencia durante la Misi\u00f3n. Y tales efectos surt\u00edan sus sermones y exhortaciones, que el n\u00famero de comuniones se elevaba a muchos miles. D\u00edgalo si no la Misi\u00f3n de Deza, Di\u00f3cesis de Sig\u00fcenza, en la cual llegaron al n\u00famero de diez y seis mil, seg\u00fan relaci\u00f3n del <em>Bolet\u00edn Eclesi\u00e1stico; <\/em>hable la de Ginzo, Di\u00f3cesis de Orense, en que comulgaron 40.000 personas, y as\u00ed en proporci\u00f3n la de la misma ciudad y las de otros cien pueblos de Galicia, Extremadura y Sig\u00fcenza.<\/p>\n<p>Dist\u00ednguense, en tercer lugar, sus Misiones por las admi\u00adrables conversiones producidas en ellas. \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda con\u00adtar el n\u00famero de aquellos que, olvidados de su profesi\u00f3n de cristianos, hab\u00edan pasado los diez, los veinte, los treinta y m\u00e1s a\u00f1os sin acercarse a los Santos Sacramentos, y aun sin pisar los umbrales del templo, pero que, heridos despu\u00e9s por la gracia mediante las predicaciones del siervo de Dios, no solamente lloraron sus antiguas prevaricaciones y esc\u00e1ndalos, sino que llevaron despu\u00e9s una vida edificante corona\u00adda con una muerte cristiana?<\/p>\n<p>Hab\u00eda en una ciudad de Extremadura un caballero tan olvidado de sus deberes religiosos y de la salvaci\u00f3n de su alma, que hac\u00eda alarde p\u00fablico de <em>despreocupaci\u00f3n <\/em>y de no querer entrar para nada en el templo del Se\u00f1or. Ten\u00eda un hijo que era como el reverso de la medalla, pues no sola\u00admente cumpl\u00eda con las obligaciones comunes a todo cris\u00adtiano, sino que adem\u00e1s se distingu\u00eda por su mucha piedad y por la devota frecuencia de los Santos Sacramentos. Era para \u00e9ste un tormento y agon\u00eda continuos la conducta de su padre; rog\u00e1bale con frecuencia que mirase por su alma y por el buen nombre de la familia. Hall\u00e1base el padre an\u00adciano y medio imposibilitado, y se le hac\u00eda presente la pro\u00adximidad de la muerte y la espantosa cuenta que al Se\u00f1or hab\u00eda de dar por el abuso de sus gracias. Pero todo era in\u00fatil, como tambi\u00e9n lo fueron las amonestaciones de otros amigos y de varios Sacerdotes de quienes se vali\u00f3 el hijo para procurar la conversi\u00f3n de su padre. Ocurri\u00f3 por en\u00adtonces que el Sr. D\u00edez misionaba cerca de aquella pobla\u00adci\u00f3n con el fervor y fruto acostumbrados. Fue el buen hijo a verse con el celoso Misionero, y le suplic\u00f3 hiciese alguna diligencia para conseguir la conversi\u00f3n de su pobre padre. Faustino, cuyo coraz\u00f3n ard\u00eda siempre en amor de Dios y de las almas, no necesit\u00f3 de muchas instancias para acce\u00adder a los santos deseos de aquel hijo atribulado, y termi\u00adnada la Misi\u00f3n que ten\u00eda entre manos, fuese a la ciudad y casa en donde se hallaba el hombre rebelde a la gracia, prevenido contra cuanto pod\u00eda persuadirle el cambio de sentimientos. Este, que conoc\u00eda de o\u00eddas al var\u00f3n apost\u00f3\u00adlico, no os\u00f3 resistirle; antes bien se rindi\u00f3 y prometi\u00f3 ha\u00adcer confesi\u00f3n general, despu\u00e9s de algunos d\u00edas de prepara\u00adci\u00f3n, pues en aquellos momentos no se hallaba dispuesto, seg\u00fan dec\u00eda. Pero como el operario evang\u00e9lico hab\u00eda de irse pronto para dar principio a otra Misi\u00f3n, oyole su confesi\u00f3n su aquel mismo d\u00eda, se acerc\u00f3 a la Sagrada Mesa despu\u00e9s de bien purificada su conciencia, y fue tan radical el cambio operado por la gracia en aquel coraz\u00f3n antes diamantino, que pareci\u00f3 despu\u00e9s un modelo de piedad, y as\u00ed persever\u00f3 hasta terminar su carrera mortal. \u00a1Cu\u00e1ntos y cu\u00e1ntos pecadores obstinados y endurecidos, como el citado, se rindieron al Se\u00f1or por medio de las exhortacio\u00adnes eficac\u00edsimas de Faustino! Tambi\u00e9n fueron notables las Misiones de este fiel Ministro de Jesucristo por raz\u00f3n de su n\u00famero. En efecto; puede afirmarse como cierto que, en los treinta y cinco a\u00f1os de su vida en la Congregaci\u00f3n de San Vicente, apenas pasar\u00eda un mes sin hacer alguna expe\u00addici\u00f3n evang\u00e9lica, cumpliendo en el hijo lo que dice de su bienaventurado Padre la Iglesia, a saber: <em>que emple\u00f3 incan\u00ad<\/em><em>sable su preciosa vida en evangelizar a los pobres, hasta una edad avanzada.<\/em><\/p>\n<p>Hall\u00e1base tan devorado del celo de las almas, especial\u00admente de los pecadores, que aprovechaba todas las oca\u00adsiones, aun las m\u00e1s insignificantes, para dirigir a los fieles la divina palabra, as\u00ed en tiempo de Misi\u00f3n como fuera de \u00e9l, y, a imitaci\u00f3n del Salvador del mundo, no se desde\u00f1aba de repartir el pan de la predicaci\u00f3n a un auditorio poco numeroso, que a veces se compon\u00eda de algunas pocas mu\u00adjeres.<\/p>\n<p>Seg\u00fan c\u00e1lculo muy fundado, dirigi\u00f3 cerca de seiscientas Misiones o ejercicios espirituales hechos a modo de Misio\u00adnes. El celoso predicador no se contentaba con anunciar la divina palabra una o dos veces cada d\u00eda, sino que con mu\u00adcha frecuencia lo hac\u00eda tres, cuatro y aun m\u00e1s. Y. como, seg\u00fan queda apuntado, vivi\u00f3 treinta y cinco a\u00f1os casi ex\u00adclusivamente consagrado a tan santas y divinas ocupacio\u00adnes, resulta que puede afirmarse sin temeridad haber pre\u00addicado a lo menos una vez por d\u00eda. Ahora bien: habiendo prometido el Divino Maestro el Cielo a cuantos por amor suyo dieran siquiera un vaso de agua fr\u00eda a sus hermanos, \u00bfcu\u00e1l ser\u00e1 la recompensa con que habr\u00e1 premiado a su fiel disc\u00edpulo, a quien escogi\u00f3 \u00c9l mismo como vaso de elecci\u00f3n para derramar torrentes de gracias y de bendiciones espi\u00adrituales por medio de tantas predicaciones evang\u00e9licas? \u00a1Ah! El conocimiento de esto queda reservado a aquel mismo Se\u00f1or, que comprendiendo el valor de las almas y el precio de su Sangre inmaculada, derramada para ba\u00f1ar\u00adlas con ella en la piscina de la santa Penitencia y para ali\u00admentarlas en los dem\u00e1s Sacramentos, computa exact\u00edsima\u00admente la relaci\u00f3n \u00edntima que \u00c9l se ha dignado establecer entre la predicaci\u00f3n evang\u00e9lica y la salvaci\u00f3n de aqu\u00e9llas, por la aplicaci\u00f3n de sus m\u00e9ritos infinitos. A nosotros s\u00f3lo nos toca admirar y envidiar santamente al infatigable Mi\u00adsionero, cuya rica cosecha de gloria habr\u00e1 sido, sin duda, proporcionada a la abundancia extraordinaria de semilla evang\u00e9lica depositada por \u00e9l en los corazones de los fieles.<\/p>\n<p>Claro est\u00e1 que actividad tanta no pod\u00eda proceder sino de una vida espiritual llena de energ\u00eda y sostenida por abundantes efusiones del Esp\u00edritu del Se\u00f1or. En efecto: habiendo dicho la eterna Verdad que por los frutos ha de conocerse el \u00e1rbol, \u00bfqu\u00e9 tal ser\u00eda el Sr. D\u00edez en el orden espiritual, cuando produc\u00eda frutos tan divinos de conver\u00adsiones de pecadores, y de perseverancia y aumento en la virtud de tantos justos? Dice el mismo Divino Verbo En\u00adcarnado que quien creyere en \u00c9l har\u00e1 las mismas obras su\u00adyas, y aun mayores; por consiguiente, viendo los trabajos y fatigas apost\u00f3licas sufridas por su siervo en el ministerio de evangelizar a los pobres, tan acepto a sus divinos ojos que constituy\u00f3 su principal ocupaci\u00f3n en los tres a\u00f1os de su vida p\u00fablica, y del cual se sirvi\u00f3 como del argumento m\u00e1s poderoso para probar su divina misi\u00f3n, \u00bfno ser\u00e1 justo afirmar que Faustino, por su esp\u00edritu y por sus grandes vir\u00adtudes, fue imagen viv\u00edsima de aquel Soberano doctor de almas? S\u00ed, s\u00ed; las virtudes alt\u00edsimas que resplandecieron en el fervoroso Misionero hicieron de \u00e9l un vivo retrato del \u00a0del Cielo, apart\u00e1ndoselo de las fugaces y miserables de la tierra. Ella, con energ\u00eda poderos\u00edsima, lo esforzaba para su\u00adfrir todos los trabajos, fatigas y humillaciones, a trueque de hacerse digno de la eterna remuneraci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 era, en efecto, lo que le hac\u00eda estar en movimiento continuo, ocup\u00e1ndose en la salvaci\u00f3n de las almas, sino la consideraci\u00f3n del valor de \u00e9stas y los premios inefables que el Supremo Remumerador promete a sus celosos Ministros? Por el Cielo, Faustino se complac\u00eda en ser reputado como un predicador vulgar, a quien s\u00f3lo pod\u00edan escuchar gentes sencillas y de poca edu\u00adcaci\u00f3n. Por el Cielo, durante el per\u00edodo revolucionario, continu\u00f3 haciendo sus excursiones apost\u00f3licas con el fervor de un Pablo, a pesar de los furores imp\u00edos de los revolucio\u00adnarios, que varias veces le amenazaron con la muerte y le llevaron ante los poderes de la tierra para tratar de impe\u00addirle sus santas Misiones. Por el Cielo, en fin, se impuso privaciones sin cuento y pas\u00f3 peligros inminentes, ya va\u00addeando r\u00edos con pr\u00f3xima exposici\u00f3n de la vida y andando por caminos estrech\u00edsimos y abiertos sobre abismos pro\u00adfundos, ora por medio de nieves y hielos, ora con calores extremados del est\u00edo. a imitaci\u00f3n del conductor del pueblo de Dios, en todos sus trabajos sufridos por conducir almas al Cielo ten\u00eda presente la grande recompensa que le espe\u00adraba: <em>aspiciebat in reniunerationens.<\/em><\/p>\n<p>Su Caridad. \u00bfY qu\u00e9 dir\u00e9 de su caridad o amor de Dios y del pr\u00f3jimo? Bien puede asegurarse que su coraz\u00f3n ard\u00eda en viv\u00edsimas llamas de dilecci\u00f3n: como al Ap\u00f3stol San Pa\u00adblo, her\u00edale esta reina de todas las virtudes con sus encen\u00addidos rayos y le estimulaba continuamente a encender en la misma llama los corazones de los dem\u00e1s. Como esa virtud divina m\u00e1s se paga de las obras que de los afectos, y siem\u00adpre ser\u00e1 cierto que <em>probatio dilectionis exhibitio est operis, <\/em>podremos barruntar algo del fuego divino que ard\u00eda en el coraz\u00f3n de Faustino por el continuo sacrificio que de s\u00ed hac\u00eda para honra de Dios y para la salud de sus hermanos.<\/p>\n<p>Nuestro celoso Misionero ten\u00eda siempre presente aquel <em>pasee <\/em><em>(mes meas, <\/em>que el Salvador exigi\u00f3 de su primer Vicario, prueba inequ\u00edvoca de que le amaba.<\/p>\n<p>Ante cualquiera ocasi\u00f3n que se le proporcionara de ejer\u00adcer el ministerio de la predicaci\u00f3n o del confesonario, se olvidaba el fervoroso hijo de San Vicente de su salud y hasta de su propia vida, que mil veces expuso a todo linaje de peligros, por seguir las inspiraciones de la caridad. El pasar las noches sin dar a su cuerpo el descanso necesario, ponerse en camino con tiempos desapacibles y tempestuo\u00adsos, tener por alojamiento habitaciones mal defendidas de la intemperie y desnudas hasta de los m\u00e1s ordinarios mue\u00adbles, sufrir mil contradicciones y desprecios, todas estas cosas las ten\u00eda el siervo de Dios por peque\u00f1eces en materia de trabajos y privaciones, y aun le plac\u00edan, con tal de repar\u00adtir el pan de la divina palabra o ayudar de cualquiera manera que fuese a las almas a salir del pecado y hacerlas adelantar en el amor del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>La imp\u00eda revoluci\u00f3n del 68 le sorprendi\u00f3 santamente ocupado en las Misiones en la provincia de Badajoz. Como era a la saz\u00f3n el ap\u00f3stol de aquel Obispado, y en tal con\u00adcepto le ten\u00edan los buenos cat\u00f3licos, no pod\u00edan perdonarle esto los revolucionarios; as\u00ed es que pronto pidieron su cabe\u00adza y porrumpieron en mueras al P. D\u00edez al mismo comp\u00e1s con que aclamaban libertad y fraternidad y dem\u00e1s palabras huecas de la llamada <em>gloriosa. <\/em>Nada, empero, fuera suficiente para hacer suspender sus predicaciones al fiel Misionero del Se\u00f1or, si no recibiera orden del Sr. Obispo y de su Su\u00adperior de que se retirase, a fin de evitar un desm\u00e1n de parte de sus enemigos. Mas como su celo no le permit\u00eda punto de reposo, con anuencia de los mismos Superiores pas\u00f3 a Portugal, y autorizado por el Prelado de Helvas estableci\u00f3se en una Parroquia desprovista de Cura hac\u00eda mucho tiem\u00adpo. All\u00ed constitu\u00eddo, no pens\u00f3 m\u00e1s que en cumplir, como buen Sacerdote, con los oficios del padre m\u00e1s sol\u00edcito. Era asiduo en el confesonario, predic\u00e1bales casi todos los d\u00edas, compon\u00eda sus discordias, y de tal modo se capt\u00f3 el respeto y cari\u00f1o de sus sencillas ovejas en los cinco meses que re\u00adgent\u00f3 la Parroquia, que, cuando por orden de los Superio\u00adres hubo de dejar aquel cargo para trasladarse a Galicia, todos sus feligreses derramaron copiosas l\u00e1grimas por la p\u00e9rdida de un Pastor que tan tiernamente los amaba y con tanta solicitud hab\u00eda cuidado de sus almas. Este rasgo, entre otros muchos de su vida tan preciosa, probar\u00e1 una vez m\u00e1s el grande amor de Dios y del pr\u00f3jimo en que el cora\u00adz\u00f3n de su siervo ard\u00eda.<\/p>\n<p>Siendo en \u00e9l tan heroicas las virtudes teologales, no po\u00add\u00edan menos de hermosear su bell\u00edsimo coraz\u00f3n las mora\u00adles, que como preciosos v\u00e1stagos germinan de aqu\u00e9llas. Mas como la brevedad de estos apuntes no permite que me extienda discurriendo sobre cada una de ellas, me conten\u00adtar\u00e9 con decir algo acerca de algunas que m\u00e1s en \u00e9l desco\u00adllaron, como fueron la obediencia, la humildad, la santa indiferencia y la compasi\u00f3n para con los pobres.<\/p>\n<p>I.\u00b0 Su obediencia fue siempre constante y sencilla, como pudiera ser la de un ni\u00f1o, pues tal se hac\u00eda Faustino por amor de Dios. Aunque su caridad ardiente para con Dios le impulsaba con intenso ardor a las funciones del celo, y especialmente a las Misiones y a los ejercicios espirituales, nunca, empero, acometi\u00f3 empresa alguna espiritual de ese g\u00e9nero tan divino sin que fuese aplicado por la obediencia, o al menos sin la bendici\u00f3n y aprobaci\u00f3n de los Superiores; de modo que bastaba cualquiera insinuaci\u00f3n de \u00e9stos para dejarlo todo y ocuparse en otras cosas que se le mandaban.<\/p>\n<p>Diez a\u00f1os vivi\u00f3 bajo la conducta de un Superior a quien \u00e9l conoci\u00f3 de jovencito, y aun se puede decir que le ense\u00f1\u00f3 a persignarse, y, sin embargo, mirando siempre a Dios Nues\u00adtro Se\u00f1or en la persona de sus Superiores, se dejaba go\u00adbernar de \u00e9l, como si fuera un ni\u00f1o, hasta el extremo de que, no ya sus mandatos, sino sus ruegos, sus deseos indicados, bastaban para que el siervo de Dios ejecutase con la mayor prontitud y perfecci\u00f3n cuanto cre\u00eda ser conforme a la santa obediencia. Nada hallaba dif\u00edcil o costoso cuando se trataba de obedecer; as\u00ed como le parec\u00eda imposible hacer cosa grande o peque\u00f1a sin la bendici\u00f3n de la obediencia.<\/p>\n<p>Recetandole una vez los m\u00e9dicos cierta medicina cuya aplicaci\u00f3n parec\u00eda al fervoroso hijo de San Vicente alg\u00fan tanto opuesta a la santa honestidad, por lo cual dec\u00eda que estaba dispuesto a morir antes que recobrar la salud con aquel peligro, bast\u00f3, sin embargo, para permitir que la apli\u00adcasen, una insinuaci\u00f3n del Superior, pues ve\u00eda en ella la vo\u00adluntad del Se\u00f1or bien expresada. En esta obediencia evan\u00adg\u00e9lica y completamente rendida vivi\u00f3 Faustino hasta el \u00faltimo momento de su preciosa existencia.<\/p>\n<p>2.<sup>\u00b0<\/sup> \u00bfY qu\u00e9 dir\u00e9 de su humildad, virtud tan recomendada, y lo que es m\u00e1s, tan practicada por Nuestro Divino Salvador? \u00a1Ah ! El siervo de Dios no solamente se cre\u00eda un gran pe\u00adcador y \u00e9l \u00faltimo de los disc\u00edpulos del Evangelio, sino que frecuentemente eructaba su coraz\u00f3n expresiones que mani\u00adfestaban el bajo concepto en que se ten\u00eda a s\u00ed mismo. Hab\u00edale el Se\u00f1or dotado de una memoria vasta y tenaz; hab\u00eda le\u00eddo muchos libros de teolog\u00eda y de asc\u00e9tica, cuya doc\u00adtrina ten\u00eda como encarnada en su entendimiento, y que con facilidad suma manejaba en sus discursos y predicaciones; y, esto no obstante, con mucha frecuencia sol\u00eda decir que \u00e9l era un hombre sin letras; que no hab\u00eda hecho sus estu\u00addios con fundamento, etc., etc.; proposiciones que sal\u00edan de sus labios con toda espontaneidad, y que a primera vista comprend\u00eda cualquiera que proced\u00edan del m\u00e1s \u00edn\u00adtimo convencimiento.<\/p>\n<p>Pero donde mejor se dejaba conocer la humildad de nuestro Misionero, era en las humillaciones frecuentes que practicaba, as\u00ed en p\u00fablico como en particular. \u00a1Cu\u00e1ntas ve\u00adces se pon\u00eda de rodillas y besaba los pies de sus hermanos, a quienes tem\u00eda haber ofendido con alguna palabra en tiempo de recreaci\u00f3n! Eso mismo cumpl\u00eda desde el p\u00falpito con harta frecuencia, pidiendo perd\u00f3n a su auditorio, por temor de haberle ofendido o escandalizado con alguna as\u00adpereza en la predicaci\u00f3n o en el confesonario. \u2014 \u00abEs\u2014de\u00adc\u00eda\u2014la humildad un arma tan fuerte, que hace irresistible al que la posee; todo lo re\u00fane esa bendita e incomparable virtud.\u00bb<\/p>\n<p>3.\u00b0 Ni era menor su santa indiferencia, que en sentir de San Francisco de Sales es la virtud de virtudes y el estado m\u00e1s perfecto en que puede hallarse el cristiano. Grandes y poderosos motivos humanos hab\u00eda en el celoso ministro del Evangelio para tener apego a lugares y personas; pues como su actividad apost\u00f3lica y la unci\u00f3n de sus predica\u00adciones le adquirieron gran n\u00famero de personas devotas y de admiradores, en todas partes recib\u00eda pruebas inequ\u00edvo\u00adcas de afecto sincero y de ilimitada confianza. Mas como \u00e9l ninguna otra cosa pretend\u00eda en el ejercicio de sus minis\u00adterios sino la gloria de Dios y el bien espiritual de las al\u00admas, tan dispuesto se hallaba a continuar trabajando en un pa\u00eds donde su nombre y hechos eran conocidos, como tra\u00adbajar en otros para \u00e9l desconocidos.<\/p>\n<p>Ocho a\u00f1os estuvo evangelizando en la Di\u00f3cesis de Bada\u00adjoz, habiendo recorrido, por lo menos una vez, todas sus parroquias. a pesar de eso, cuando la revoluci\u00f3n le expul\u00ads\u00f3, no manifest\u00f3 repugnancia alguna en salir.<\/p>\n<p>Con la misma libertad de esp\u00edritu dej\u00f3 a Galicia en el a\u00f1o de 1878, despu\u00e9s de permanecer all\u00ed nueve a\u00f1os fecun\u00addando aquel pa\u00eds cl\u00e1sico de fe con la lluvia ben\u00e9fica de la divina palabra.<\/p>\n<p>Y esta santa indiferencia y desprendimiento espiritual que a Faustino distingu\u00edan respecto de lugares y pa\u00edses, po\u00adse\u00eda tambi\u00e9n en todo lo que se refiere a personas y ocupa\u00adciones. En efecto: aunque ten\u00eda en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n muchos compa\u00f1eros que entra\u00f1ablemente le que\u00adr\u00edan, nunca mostr\u00f3 la menor inclinaci\u00f3n o deseo de que le fueran agregados para ejercer las funciones de Misionero. Libre su coraz\u00f3n de todo afecto humano, con la misma tranquilidad y amor viv\u00eda entre hermanos suyos a quienes nunca hab\u00eda conocido, que dejaba a otros que con \u00e9l ha\u00adb\u00edan corrido los mismos peligros y de cuya edificante coo\u00adperaci\u00f3n hab\u00eda participado largos arios.<\/p>\n<p>Asimismo con igual fervor emprend\u00eda una Misi\u00f3n que unos ejercicios a Sacerdotes o a ordenandos, y as\u00ed dirig\u00eda la palabra de Dios a los detenidos en los presidios o en las c\u00e1rceles como a se\u00f1ores y se\u00f1oras de las Conferencias, o a Religiosas, o a las Hijas de la Caridad. Imitador del Ap\u00f3s\u00adtol San Pablo, juzg\u00e1base deudor a todos, y pagaba a todos igual, seg\u00fan conoc\u00eda ser voluntad de Dios expresada por sus Superiores o por las circunstancias de los lugares y tiempos en que versaba. En una palabra: a imitaci\u00f3n de los \u00c1ngeles de Dios, all\u00e1 volaba donde conoc\u00eda que pod\u00eda pro\u00admover de alg\u00fan modo su gloria y la salvaci\u00f3n de las al\u00admas. A ese punto de perfecci\u00f3n hab\u00eda llevado Faustino la santa virtud de la indiferencia, que con grand\u00edsimo inter\u00e9s y repetidas veces recomienda San Vicente a todos sus hijos.<\/p>\n<p>4.\u00b0 Tambi\u00e9n se distingu\u00eda mucho este siervo fiel de Jesu\u00adcristo por su compasi\u00f3n hacia los pobres. Hijo del Padre de los pobres, del Ap\u00f3stol de la Caridad, y lleno como es\u00adtaba de su esp\u00edritu, no pod\u00eda faltarle en alto grado la virtud de la misericordia. \u00a1Cu\u00e1ntas veces derramaba copiosas l\u00e1\u00adgrimas al considerar el m\u00edsero estado de los pecadores, a quienes \u00e9l sol\u00eda llamar <em>pobrecitos! \u00a1<\/em>Cu\u00e1ntas otras se priv\u00f3 del sue\u00f1o de noche y aun de la comida por seguir en el confesonario, a causa de la mucha compasi\u00f3n que le pro\u00adduc\u00edan en las Misiones las pobres gentes que, habiendo ve\u00adnido de muy lejos a purificar sus almas, no pod\u00edan conse\u00adguirlo por la mucha concurrencia!<\/p>\n<p>Ni ten\u00eda menos compasi\u00f3n de los pobres enfermos. Ape\u00adnas llegaba a una ciudad o poblaci\u00f3n donde hubiese hospital, cuando ya se cre\u00eda obligado a visitarlos, anim\u00e1ndolos siempre en sus penas y dolores, y muchas veces dando tam\u00adbi\u00e9n su peque\u00f1o \u00f3bolo, seg\u00fan su estado de pobreza le per\u00admit\u00eda.<\/p>\n<p>Pues contar las muchas recomendaciones con que pro\u00adcuraba mejorar la suerte de los desgraciados e indigentes, ser\u00eda del todo imposible. Es que la misericordia fue siempre uno de los asuntos m\u00e1s predilectos de sus predicaciones y de sus afectos y sentimientos.<\/p>\n<p>Tal es, a grandes rasgos pintada, la amable y edificante figura de Faustino, cuya preciosa vida est\u00e1 llena de innu\u00admerables acciones, cada una de las cuales bastar\u00eda para con\u00adciliar el m\u00e1s profundo respeto y cristiana admiraci\u00f3n a un ministro de Jesucristo.<\/p>\n<h2>III: Sus \u00faltimos trabajos apost\u00f3licos. \u2014 Su enfermedad y su muerte.<\/h2>\n<p>Como la muerte es eco perfecto de la vida, y como, se\u00adg\u00fan son los caminos por donde el hombre anda, tales han de ser los t\u00e9rminos a do se vea conducido, el disc\u00edpulo del Evangelio, cuyos caminos fueron tan rectos y cuya vida se halla matizada de tantas bellezas espirituales, hubo de ter\u00adminar con una muerte preciosa a los ojos del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Contaba ya 68 a\u00f1os de edad este ejemplar Sacerdote; los muchos trabajos pasados en las Misiones y el ejercicio continuo de predicar y de cantar, hab\u00edan minado ya su na\u00adturaleza, aunque bien constituida y robusta. Hac\u00eda tambi\u00e9n algunos a\u00f1os que las piernas se le hinchaban, de lo cual re\u00adsultaban dolores y \u00falceras, cuya curaci\u00f3n era muy dif\u00edcil. Todos estos achaques impidi\u00e9ronle ya salir a sus amadas Misiones en el curso de 1888. Adem\u00e1s, poco antes, esto es, en Junio del 87, pas\u00f3 a mejor vida otro hermano suyo de Congregaci\u00f3n, \u00e9mulo de su actividad y de sus virtudes, y del cual hac\u00eda m\u00e1s de doce a\u00f1os que no se separaba de \u00e9l en sus excursiones apost\u00f3licas. Este era el Sr. D. Faustino Marcos, antiguo disc\u00edpulo suyo de lat\u00edn y despu\u00e9s compa\u00ad\u00f1ero suyo inseparable, cuya muerte sinti\u00f3 much\u00edsimo el se\u00f1or D\u00edez y para la cual le prepar\u00f3, sin dejarlo hasta que exhal\u00f3 el \u00faltimo suspiro.<\/p>\n<p>Pero esas enfermedades y aflicciones de esp\u00edritu, si bien le imposibilitaron para salir a Misi\u00f3n, no le fueron obst\u00e1\u00adculo para que se dedicase al confesonario, a la predicaci\u00f3n en la Iglesia de la Comunidad y a dar ejercicios espirituales a los Ordenandos y a las Monjas de la ciudad de Sig\u00fcenza y de la Di\u00f3cesis. En tan santas ocupaciones pas\u00f3 el a\u00f1o 1888, hasta el mes de Junio, en que fue atacado de un reuma articular, el cual puso en gran peligro su vida. No hay para qu\u00e9 decir que el var\u00f3n de Dios llev\u00f3 con suma pa\u00adciencia y tranquilidad de esp\u00edritu los agudos dolores pro\u00adducidos por enfermedad tan insidiosa, de la cual, aunque no perfectamente, algo se repuso despu\u00e9s de larga conva\u00adlecencia.<\/p>\n<p>En Octubre del 88 di\u00f3 los ejercicios espirituales a los se\u00adminaristas del Colegio de la Pur\u00edsima Concepci\u00f3n, los cua\u00adles le miraban como a un padre, cuya santidad les edificaba <em>y <\/em>cuya doctrina santa y copiosa ilustraba sus entendimien\u00adtos al par que fortificaba sus voluntades.<\/p>\n<p>\u00c1 fines de Noviembre se los di\u00f3 tambi\u00e9n a las Monjas de Santiago de Sig\u00fcenza, no sin much\u00edsimo trabajo, pues aparte del mal tiempo que hac\u00eda, y de la distancia que dos veces al d\u00eda ten\u00eda que recorrer para subir al Convento, se hallaba peor de sus piernas. Estando uno de aquellos d\u00edas reunido, despu\u00e9s de comer, con sus amados compa\u00f1eros, habiendo reca\u00eddo la conversaci\u00f3n sobre la Muerte, d\u00edjoles que pronto morir\u00eda \u00e9l. Como a la saz\u00f3n ninguna se\u00f1al apa\u00adreciese en su semblante de grave enfermedad, respondi\u00f3le alguno que era aprensi\u00f3n.\u2014\u00bbYa lo ver\u00e1 usted\u2014replic\u00f3, \u00adyo me muero, y pronto.\u00bb<\/p>\n<p>Muchas veces da el Se\u00f1or a conocer a sus siervos, como con divino instinto, el pr\u00f3ximo fin de su carrera mortal, y hay mucha y muy fundada presunci\u00f3n de que Faustino fue distinguido con este especial favor. Es lo cierto que en el medio a\u00f1o \u00faltimo de su vida, en todas sus cartas escritas a amigos \u00edntimos y a personas piadosas les indicaba la pro\u00adximidad de su muerte y les rogaba se acordasen de \u00e9l des\u00adpu\u00e9s de su fallecimiento.<\/p>\n<p>Aunque siempre tuvo el siervo de Dios una especie de horror a ser retratado, sin embargo, poco antes de morir no dejaba en paz al profesor de F\u00edsica para que le hiciese fotografiar, a fin\u2014dec\u00eda \u00e9l\u2014de mandar un retrato a varias Comunidades religiosas, para que vi\u00e9ndole despu\u00e9s de su muerte se acordasen de \u00e9l y le encomendasen a Dios.<\/p>\n<p>Con tales ideas y presentimientos andaba cuando, lle\u00adgado el d\u00eda 9 de Diciembre de 1888, sali\u00f3 del Seminario de la Pur\u00edsima, de Sig\u00fcenza, en direcci\u00f3n a Cifuentes, con el objeto de dar ejercicios espirituales a las Religiosas Fran\u00adciscanas que all\u00ed tienen un Convento.<\/p>\n<p>Hac\u00eda entonces un fr\u00edo intens\u00edsimo, que le impresion\u00f3 muy penosamente, tanto que, llegado a la poblaci\u00f3n, temi\u00f3 no poder efectuar el objeto de su ida; mas al fin pudo, aun\u00adque no sin grandes dolores, dar principio a sus tareas y concluidas felizmente.<\/p>\n<p>Como era ardent\u00edsimo su celo, terminados los ejercicios de las Monjas, con anuencia del Sr. Cura p\u00e1rroco y para preparar a los fieles de Cifuentes, a quienes a\u00f1os antes mi\u00adsionara con grand\u00edsimo fruto, a las Pascuas de. Navidad con la recepci\u00f3n de los Sacramentos, quiso predicarles un Triduo.<\/p>\n<p>En estos tres d\u00edas apenas sal\u00eda de la iglesia, empleando todo el tiempo en la predicaci\u00f3n y en el confesonario. Es\u00adtos trabajos y el fr\u00edo extraordinario que experiment\u00f3 en ellos, y al volver a Sig\u00fcenza en la noche del 23 de Diciem\u00adbre, fueron las causas pr\u00f3ximas de su \u00faltima y breve enfer\u00admedad. En efecto: llegado a casa nuestro Misionero, apenas pudo acostarse, por los agudos dolores que en todas las articulaciones sent\u00eda.<\/p>\n<p>Al principio creyeron los Facultativos que su indisposi\u00adci\u00f3n ser\u00eda una mera reproducci\u00f3n del reuma articular pade\u00adcido en el mes de Junio anterior; as\u00ed es que no le daban grande importancia. Mas como los dolores no remitiesen, y, por otra parte, se notase en el paciente, durante las no\u00adches, muy fuerte recargo con grave aumento de fiebre, co\u00admenz\u00f3 a inspirar serios temores. Entretanto el paciente no se descuidaba; antes bien, persuadido de que su fin estaba cercano, trataba de prepararse con tranquilidad, no s\u00f3lo poni\u00e9ndose en manos del Se\u00f1or con amorosa resignaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n por medio de la Santa Comuni\u00f3n, que recibi\u00f3 casi todos los d\u00edas en su \u00faltima enfermedad.<\/p>\n<p>Como, efecto del recargo, quedase frecuentemente algo aletargado, el que estas l\u00edneas borrajea pregunt\u00e1bale: \u00bfPero hasta cu\u00e1ndo piensa usted dormir? y respond\u00eda: \u00abHasta la resurrecci\u00f3n de la carne\u00bb, refiri\u00e9ndose al sue\u00f1o de la muerte, en cuyo pensamiento se hallaba absorto. Honrado con la visita del Excmo. Sr. Obispo, pregunt\u00e1ndole \u00e9ste, entre otras cosas, en qu\u00e9 se ocupaba estando en la cama: \u00abSe\u00f1or, \u2014 respondi\u00f3 \u00e9l \u2014 en hacer actos de contrici\u00f3n y pedir a Dios perd\u00f3n de mis pecados.\u00bb<\/p>\n<p>En la tarde del d\u00eda 3 de Enero recibi\u00f3 con ejemplar fervor el Santo Vi\u00e1tico, despu\u00e9s de la confesi\u00f3n general con que se prepar\u00f3 a tan importante y consolador acto: el d\u00eda 5 se agrav\u00f3 de tal manera, que los m\u00e9dicos perdieron toda es\u00adperanza de salvarle.<\/p>\n<p>Cuando el Superior se despidi\u00f3 de \u00e9l a las diez de la no\u00adche, pregunt\u00f3le, como ten\u00eda costumbre de hacerlo, si se le ofrec\u00eda algo o necesitaba de alguna cosa. \u00abS\u00ed\u2014respondi\u00f3 \u00e9l\u2014 de gracia, y por eso le suplico a usted que ma\u00f1ana muy prontito me d\u00e9 usted la Santa Comuni\u00f3n para beber con abundancia de las fuentes del &#8216;Salvador.\u00bb En efecto, a las cuatro de la ma\u00f1ana del d\u00eda 5 recibi\u00f3 por \u00faltima vez la Sagrada Eucarist\u00eda con pleno conocimiento y lleno de fer\u00advorosos sentimientos. Despu\u00e9s de dar gracias al Se\u00f1or por tan inestimable beneficio, habi\u00e9ndole anunciado el dicho Superior que era llegado el tiempo de recibir la Extrema\u00adunci\u00f3n, se reconcili\u00f3 otra vez para recibir con mayor pu\u00adreza de conciencia este \u00faltimo Sacramento. As\u00ed, santamente pertrechado, oy\u00f3 con la mayor devoci\u00f3n y con la resigna\u00adci\u00f3n y tranquilidad m\u00e1s extraordinarias las preces que la Santa Iglesia manda decir para los moribundos; y cual si estuviera su hermosa alma esperando la terminaci\u00f3n de tan piadosas oraciones, apenas acab\u00f3 el Sacerdote de pronun\u00adciarlas cuando, rotos los d\u00e9biles lazos que a su cuerpo la un\u00edan, vol\u00f3, seg\u00fan todas las se\u00f1ales, a la regi\u00f3n de la in\u00admortalidad, por la que siempre hab\u00eda suspirado.&#8211;\u00a1As\u00ed fin\u00f3 su mortal carrera el siervo bueno y fiel que siempre se mos\u00adtr\u00f3 incansable en el servicio de su Se\u00f1or! \u00a1As\u00ed pas\u00f3 a mejor vida el que gast\u00f3 la presente sacrific\u00e1ndola en aras del amor del Se\u00f1or y en la santificaci\u00f3n de sus hermanos! \u00a1Este fin tan envidiable tuvo el que no omiti\u00f3 medio alguno para merecerle y hacerse digno de una muerte preciosa! \u00a1Ah! Cuantos tuvimos la dicha de rodear su lecho en aquel trance supremo, al mismo tiempo que inconsolables llor\u00e1bamos la p\u00e9rdida irreparable de un santo, qued\u00e1bamos dulc\u00edsima- mente embalsamados con el aroma celestial que exhalaban a\u00fan sus heroicas virtudes. \u2014\u00a1Qu\u00e9 felicidad es\u2014dec\u00edamos\u00ad ver morir a un siervo de Dios con todas las se\u00f1ales de pre\u00addestinado! \u00a1Cu\u00e1n verdadero es lo que San Bernardo dice de &#8216;los que, como Faustino, mueren en el Se\u00f1or: <em>Non obiit sed <\/em><em>abiit; non decessit sed recessit. <\/em>Los tales no mueren; sino que se van; no han fallecido, sino que han desaparecido; convino que estuviesen sujetos a la muerte, pero ning\u00fan da\u00f1o pudo hacerles esta Parca inexorable. \u2014S\u00ed, s\u00ed, Faus\u00adtino, el celoso hijo de San Vicente, el \u00e9mulo de los varo\u00adnes m\u00e1s apost\u00f3licos, el incansable sembrador del Evange\u00adlio, el compasivo, el tierno padre de los pobrecitos pecadores, al dejar en este destierro las huellas m\u00e1s profundas e indelebles de humildad cristiana, ha sido elevado, seg\u00fan todas las conjeturas, a las alturas de la gloria, desde las cuales, con m\u00e1s solicitud y eficacia, intercede por todos cuantos fueron aqu\u00ed el objeto predilecto de sus cari\u00f1os y sus desvelos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I: Su nacimiento.\u2014Su educaci\u00f3n y estudios.\u2014Entra en el estado eclesi\u00e1s\u00adtico.\u2014Celo con que trabaja por la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas.\u2014 Frutos que consigue. 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