{"id":74143,"date":"2015-03-03T08:51:18","date_gmt":"2015-03-03T07:51:18","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=74143"},"modified":"2016-07-26T17:27:21","modified_gmt":"2016-07-26T15:27:21","slug":"la-pedagogia-de-santa-luisa","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-pedagogia-de-santa-luisa\/","title":{"rendered":"La pedagog\u00eda de santa Luisa"},"content":{"rendered":"<h2><strong>1. La Comunidad en sus or\u00edgenes<\/strong><\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/05\/luisamarillac.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-140982\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/05\/luisamarillac-300x205.jpg?resize=300%2C205\" alt=\"luisamarillac\" width=\"300\" height=\"205\" \/><\/a>El 29 de noviembre de 1633, Luisa, con el consentimiento de Vicente de Pa\u00fal, hab\u00eda acogido en su casa a cuatro o cinco j\u00f3venes con el fin de prepararlas para el servicio a los pobres enfermos en las Caridades y proporcionar una base espiritual a su asistencia caritativa. Gracias a su formaci\u00f3n, llegar\u00e1n a ser, sin que aspiren a otra cosa, <em>\u00abpobres Hijas de la Caridad totalmente entregadas a Dios <\/em><em>para el servicio de los pobres\u00bb, <\/em>seg\u00fan la expresi\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>En el transcurso de los ocho meses siguientes, el se\u00f1or Vicente explic\u00f3 a las Hermanas, en tres conferencias, el orden del d\u00eda establecido para ellas, o, dicho en otros t\u00e9rminos, su reglamento. La cuarta conferencia no tuvo lugar sino seis a\u00f1os despu\u00e9s. Fue, por lo tanto, Luisa quien asumi\u00f3 el cargo principal y la parte m\u00e1s importante en la formaci\u00f3n de las Hermanas.<\/p>\n<p>De la correspondencia entre Vicente y Luisa de Marillac sacaremos los criterios seg\u00fan los cuales han de formarse las Hijas de la Caridad. No era una tarea f\u00e1cil esta formaci\u00f3n. Y as\u00ed podemos leer en una carta de Vicente a Luisa:<\/p>\n<p>\u00abNo dudo de que no sean tal y como me las describe usted; pero hemos de esperar que se formar\u00e1n&#8230; Bueno ser\u00e1 que les diga usted en qu\u00e9 consisten las virtudes s\u00f3lidas, sobre todo la de la mortificaci\u00f3n, interior y exterior, de nuestro propio juicio y de nuestra voluntad, el no insistir en los recuerdos, la mortificaci\u00f3n de la vista, del o\u00eddo y de los dem\u00e1s sentidos; la mortificaci\u00f3n en el hablar, en el afecto que tenemos a las cosas malas, in\u00fatiles y aun a las buenas, por amor a Nuestro Se\u00f1or, que as\u00ed se comport\u00f3; y habr\u00e1 que afianzarlas mucho en esto, sobre todo en la virtud de la obediencia y en la de la indiferencia\u00bb (S\u00edg. I, 305).<\/p>\n<p>El se\u00f1or Vicente constat\u00f3 con satisfacci\u00f3n y alegr\u00eda el buen \u00e9xito de este trabajo educativo. No obstante, la formaci\u00f3n de las j\u00f3venes del campo era para Luisa de Marillac gran tarea, tanto m\u00e1s cuanto que nunca se la ve\u00eda completamen\u00adte terminada. Ca\u00eddas y reca\u00eddas forman parte de la naturaleza humana. Pero, al cabo de unos a\u00f1os, a Luisa le pareci\u00f3 constatar cierto \u00e9xito en sus esfuerzos como se ve cuando escrib\u00eda as\u00ed al se\u00f1or Vicente:<\/p>\n<p>\u00abFue tal d\u00eda como ma\u00f1ana cuando las primeras empezaron a reunirse el Comu\u00adnidad, aunque muy pobremente; de esto har\u00e1 unos cinco o siete a\u00f1os. He tenido esta tarde un pensamiento que me ha llenado de alegr\u00eda y es que as\u00ed como, por la gracia de Dios, son ahora mejores que al principio, despu\u00e9s de los pocos a\u00f1os que espero estar todav\u00eda en la tierra, las que Dios ponga a su lado atraer\u00e1n sobre ellas m\u00e1s bendiciones por sus buenos ejemplos. Es lo que deseo con todo mi coraz\u00f3n&#8230;\u00bb (Santa Luisa de Marillac, Corr. y Escr. C. 39, p\u00e1g. 52).<\/p>\n<p>Durante aquellos a\u00f1os \u2014ser\u00e1n en definitiva los veinte siguientes\u2014 Luisa de Marillac se entreg\u00f3 con toda su alma a la gran tarea de la fundaci\u00f3n de la Com\u00adpa\u00f1\u00eda y formaci\u00f3n de sus hijas. A partir de 1640, como as\u00ed lo decidi\u00f3 el se\u00f1or Vicente, a aquellas \u00abHijas\u00bb, a aquellas \u00abj\u00f3venes\u00bb, se las llamar\u00e1 \u00abHermanas\u00bb: <em>\u00abPienso que ser\u00e1 m\u00e1s humilde llamar a las Hijas de la Caridad con el t\u00edtulo de <\/em><em>Hermanas que con el de \u00abj\u00f3venes\u00bb (o \u00abhijas\u00bb)\u00bb <\/em>(S\u00edg. II, p\u00e1g. 120, hacia 1640).<\/p>\n<h2><strong>2. La finalidad educativa que se propon\u00eda Luisa<\/strong><\/h2>\n<p>La principal finalidad de los esfuerzos de santa Luisa en la formaci\u00f3n de las Hermanas coincido con el fin principal de la Compa\u00f1\u00eda: el cumplimiento de la Voluntad divina en el servicio a Cristo en los pobres. En numerosas cartas, Luisa orienta a las Hermanas hacia la comprensi\u00f3n de este gran objetivo. Absolutamente todo en la existencia de Luisa est\u00e1 dirigido al cumplimiento de la voluntad de Dios. Llega hasta el punto de preferir la destrucci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda que el saberla fuera de la l\u00ednea de la voluntad divina. El conocimiento del designio de Dios y su cumplimiento suponen y exigen la fidelidad al esp\u00edritu de nuestra vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Luisa explica a las Hermanas la importancia de tender hacia las virtudes pro\u00adpias de una Hija de la Caridad: la humildad, la sencillez, el amor a Dios y a los pobres, la pobreza, la castidad y la obediencia. Y precisamente en esta ense\u00f1anza matizada y a la vez profunda es donde reside todo el abanico de su pedagog\u00eda.<\/p>\n<h2><strong>3. Las predisposiciones personales de Luisa<\/strong><\/h2>\n<p>La propia educaci\u00f3n de Luisa, la experiencia de su vida, su piedad esclare\u00adcida, en una palabra, su fuerte personalidad, constituyen la s\u00f3lida base de la formaci\u00f3n pedag\u00f3gica que Luisa ofrece con prodigalidad a aquellas mujeres que se esfuerzan por alcanzar una vida santa, bajo una nueva forma de entrega ca\u00adritativa, vivida en una comunidad religiosa.<\/p>\n<p>Luisa se dirige a todo ser humano con su cortes\u00eda natural, fundada en el respeto a la persona. De ah\u00ed proceden su sencillez y su discreci\u00f3n. Sin dudarlo, podemos adelantar que su vida espiritual eleva su cortes\u00eda y su respeto al pr\u00f3jimo al nivel de la verdadera caridad, y que su modestia y su discreci\u00f3n se transforman en humil\u00addad y en abnegaci\u00f3n cristiana. Gracias a su inteligencia y a su experiencia de la vida, puede animar f\u00e1cilmente con tales virtudes las realidades cotidianas. \u00bfNo es, al fin y al cabo, la vida de cada d\u00eda, el campo por excelencia de la santificaci\u00f3n? Esa es la encrucijada de los caminos que nos lleva ya al cumplimiento de la volun\u00adtad de Dios, ya al callej\u00f3n sin salida de nuestras cortas miras personales. Luisa de Marillac conoce bien esas alternativas. Y sabe orientar, interpretar y encontrar el sentido de los acontecimientos diarios de tal suerte que las Hermanas se sienten arrastradas a una relaci\u00f3n directa con Cristo. La vida diaria se convierte para Luisa en signo y rasgo a trav\u00e9s del cual Dios le manifiesta su voluntad. Esa manera de ver es lo que comunica a sus Hermanas. Y est\u00e1 tanto m\u00e1s preparada para ello cuanto que, por su parte, se dedica a ejecutar la voluntad de Dios. Luisa se dedica a buscar personalmente el cumplimiento de la voluntad de Dios, de una manera absoluta e incondicional. Pero su vida y su acci\u00f3n ejemplares, su aspiraci\u00f3n radical a adquirir las virtudes, su profunda humildad y su intenso amor a Dios, todo ello, no puede permanecer oculto. Las Hermanas lo ve\u00edan, sent\u00edan su efecto; la chispa del ejemplo brotaba e inflamaba a las j\u00f3venes, impuls\u00e1ndolas hacia una conducta dig\u00adna de admiraci\u00f3n. Es impresionante constatar en Luisa las m\u00faltiples formas de guiar, animar, entusiasmar, alentar y estimular a las Hermanas.<\/p>\n<h2><strong>4. El estilo de educaci\u00f3n que usa Luisa en su correspondencia <\/strong><\/h2>\n<h3>4.1. Pedagog\u00eda de la individualizaci\u00f3n<\/h3>\n<p>Cuando Luisa escribe una carta, se dirige ante todo a esa persona. Sabe muy bien que el origen, el nivel cultural, el temperamento y el car\u00e1cter de las Hermanas son muy diversos. Mientras unas necesitan cierto rigor, otras requieren que se las tranquilice y se las aliente. Por ejemplo, Luisa escribe a una Hermana Sirviente de Chars: \u00abYo pensaba haberle dicho muy claro que el se\u00f1or Vicente me hab\u00eda indicado que era preciso dejar de tocar la campana para sus ejercicios, por varias razones que ahora ser\u00eda demasiado largo indicar y que adem\u00e1s no es necesario para ustedes, que saben es cuesti\u00f3n de obediencia&#8230;\u00bb A continuaci\u00f3n, Luisa explica cu\u00e1les ser\u00edan las consecuencias de ese toque de campana en pueblos en los que no hay m\u00e1s que dos Hermanas. Y a\u00f1ade otra raz\u00f3n para no hacerlo: \u00ab\u00bfNo es eso llamar la atenci\u00f3n cuando Nuestro Se\u00f1or nos ense\u00f1a a hacerla en secreto si s\u00f3lo afecta a nuestro inter\u00e9s particular?\u00bb<\/p>\n<p>Luisa enfoca el problema sin rodeos. Juliana lo comprender\u00e1 as\u00ed. El final de esta carta prueba el buen entendimiento que existe entre ambas: \u00abLe agradezco, querida Hermana, la buena fruta (que me ha enviado); pero como nos promete enviarnos m\u00e1s, le ruego que la rodee bien de hierba, dentro de la cesta e incluso entre las frutas, porque todo ha llegado golpeado. No nos ha dicho si el pastel lo hab\u00eda hecho usted. Si es as\u00ed, es usted una buena repostera. Nuestras enfermas y delicadas se lo agradecer\u00edan de coraz\u00f3n si fueran ellas quienes le escribieran. Y tambi\u00e9n lo har\u00edan por sus frutas\u00bb.<\/p>\n<p>Sabemos as\u00ed qui\u00e9nes fueron las que se comieron las cosas buenas&#8230; El final de la carta es muy caracter\u00edstico de Luisa. Deja las cosas sin importancia de la vida diaria para entrar espont\u00e1neamente en Dios. \u00abSuplico a la bondad de Dios le conceda un aumento de sus gracias, y a sor Genoveva un gran deseo de su perfecci\u00f3n\u00bb (Santa Luisa, Escr. y Esp. C. 381, 1 de septiembre de 1651).<\/p>\n<p>Un estilo personalizado y un contenido realista los encontramos tambi\u00e9n en la carta siguiente: \u00abMi muy querida Hermana: \u00a1Pues bien!, de nuevo ha tenido usted una lamentable ca\u00edda!; presenta usted la falta de nuestra Hermana de manera distinta a como es. Esta Hermana se hab\u00eda impacientado mucho al ver varios gatos en torno a usted y a ella, durante la oraci\u00f3n, y usted dice que es que desagradan a otra Hermana&#8230; \u00a1Dios m\u00edo, Hermana! \u00a1Qu\u00e9 amable es la verdad! \u00a1Cu\u00e1nto tiempo hace que le he rogado que se deshaga usted de esos animales, y ni lo tiene en cuenta! \u00a1Y una Hermana faltar\u00e1 por no obedecerla a usted con prontitud!&#8230; Consu\u00e9lese con la esperanza de que los Ejercicios le har\u00e1n bien&#8230; Ruegue a Dios que me conceda la humildad&#8230;\u00bb (Id., C. 728, p\u00e1g. 656).<\/p>\n<p>No todas las Hermanas pueden soportar ese lenguaje tan claro. Y Luisa no quiere desalentar. Las Hermanas tienen que sentir la seguridad de que las ama y las estima. Por eso, a veces, su consejo adopta otra forma: estimula y alienta.<\/p>\n<h3>4.2. Pedagog\u00eda de estimular y alentar<\/h3>\n<p>Al escribir a determinadas Hermanas, da a sus recomendaciones el estilo de un est\u00edmulo, de un aliento que no deja traslucir directamente la reprensi\u00f3n como tal. Esta forma se encuentra en Luisa con bastante frecuencia. As\u00ed ocurre, por ejemplo, en la carta dirigida a las Hermanas de Chantilly: \u00abAlabo a Dios con todo mi coraz\u00f3n por la gracia que su bondad les ha concedido de servir de edificaci\u00f3n en el lugar en el que le place emplearlas; pero tengan buen cuidado de estarle reconocidas mediante la pr\u00e1ctica de las virtudes que les pide, sobre todo una gran cordialidad y buena inteligencia entre ustedes. \u00bfEstoy equivocada en reco\u00admendarles esta virtud sin la que no podr\u00edan, no s\u00f3lo ser buenas Hijas de la Caridad, sino ni siquiera buenas cristianas? Quiero creer tambi\u00e9n que guardan con la mayor exactitud que pueden sus sencillas reglas, sin perjuicio para los pobres, cuyo servicio debe ser siempre preferido a todo; pero de la manera que es preciso y no seg\u00fan su propia voluntad. Les hemos enviado sus estampas del a\u00f1o, iguales en todo a las nuestras: es esa santa (santa Genoveva) la que debe mostrarnos nuestro oficio, puesto que ella fue tan feliz sirviendo a los pobres en la persona de Nuestro Se\u00f1or, as\u00ed como nosotras servimos a Nuestro Se\u00f1or en la persona de los pobres&#8230;\u00bb (Id., C. 316, p\u00e1g. 309).<\/p>\n<p>Este fino recuerdo de la finalidad y del sentido de nuestra acci\u00f3n es discreto y afectuoso. Es de admirar la perseverancia obstinada con la que Luisa presenta en todas las ocasiones posibles, a las Hermanas, esa elevada finalidad. En sus cartas encontramos expresiones que nos sorprenden por su h\u00e1bil progresi\u00f3n.<\/p>\n<h3>4.3. Pedagog\u00eda de la confianza en las posibilidades del otro<\/h3>\n<p>Las cartas de Luisa reflejan una pedagog\u00eda de la confianza. Ponen de relieve ciertos sentimientos, dando por supuesto que las virtudes y buenas acciones propuestas son ya una realidad o se hallan en v\u00edas de serlo. Esta idea podr\u00edamos expresarla mediante esta frase un tanto banal pero que encierra una realidad:<\/p>\n<p>\u00abTendemos a ser un reflejo de la imagen que los dem\u00e1s se hacen de nosotros: el juicio de los dem\u00e1s nos condiciona y moldea\u00bb.<\/p>\n<p>La carta siguiente ilustra esa idea:<\/p>\n<p>\u2014\u00a0\u00a0 con relaci\u00f3n al afecto fraterno:<\/p>\n<p>\u00abAlabo a Dios con todo mi coraz\u00f3n por el sincero afecto hacia su Hermana que Su Bondad pone en usted: eso es lo que mantiene la uni\u00f3n y la tolerancia mutua&#8230; Y lo que hace que no lleguen a hablar mal la una de la otra cuando tienen que hablar la una de la otra porque si ocurre cualquier cosa peque\u00f1a entre ambas, despu\u00e9s de ha\u00adberse pedido perd\u00f3n, todo queda olvidado\u00bb (Id. Corr. y Escr. C. 545, p\u00e1g. 502).<\/p>\n<p>\u2014\u00a0\u00a0 con relaci\u00f3n a la utilizaci\u00f3n de las peque\u00f1as ganancias (sor Cristina Rideau ser\u00e1 nombrada tesorera en 1660):<\/p>\n<p>\u00abSi llega a ahorrar algo, empl\u00e9elo en el sostenimiento de ustedes, pues s\u00e9 muy bien que no quiere atesorar, por la gracia de Dios. Ama usted demasiado la santa pobreza y la confianza en Dios, que son los dos pilares de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad\u00bb (Idem).<\/p>\n<h3>4.4. Pedagog\u00eda de la estima<\/h3>\n<p>La pedagog\u00eda de Luisa, pasando a trav\u00e9s del testimonio de la estima, aparece de manera m\u00e1s especial en sus cartas de los a\u00f1os siguientes. Es una forma dictada sin duda por su modestia y m\u00e1s especialmente por su profunda humildad y su respeto a la persona. Ese respeto a la persona es una constante en la vida y en la correspondencia de Luisa que toma a la persona en serio. S\u00ed, toma en serio ante todo a sus Hermanas. Nunca encontramos en ella el menor alarde de presun\u00adci\u00f3n, sino m\u00e1s bien \u2014y con frecuencia de manera asombrosa\u2014 el ruego de que se pida por ella para que Dios le conceda la humildad.<\/p>\n<h3>4.5. Pedagog\u00eda del testimonio<\/h3>\n<p>Luisa recomienda sin cesar a las Hermanas la humildad. En la carta siguiente, dirigida a una Hermana Sirviente, lo hace, como ya hemos visto otras veces, a trav\u00e9s de una recomendaci\u00f3n indirecta: \u00ab&#8230;Me parece que hago mal en hablarle de ello (de lo que ha citado m\u00e1s arriba), al decirle que mi impotencia para obrar me ha hecho ver con mucha claridad la diferencia entre una Hermana Sirviente que dice: \u00abhagamos\u00bb, y una que se contenta con decir: \u00abhaga\u00bb, y no pone ella manos a la obra; porque en el primer caso, se pone una al igual con sus Herma\u00adnas y en el segundo se sale de la igualdad y del trabajo y se a\u00edsla en su auto\u00adridad&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Y m\u00e1s adelante: \u00abCreo, querida Hermana, que no tiene usted tiempo que dar a otra cosa ni a otra finalidad que al servicio de los pobres, y que no le vendr\u00e1 al pensamiento que est\u00e1 usted obligada a visitar o a escribir a las personas religiosas o a las se\u00f1oras, a menos de que haya una gran necesidad de hacerlo. S\u00ed tiene alg\u00fan tiempo de m\u00e1s, creo que estar\u00e1 mejor empleado en ganar algunas monedas trabajando para sus pobres, o bien instruyendo a alg\u00fan pobre enfermo dici\u00e9ndole algunas buenas palabras encaminadas a su salvaci\u00f3n, que emple\u00e1n\u00addolo en hacer cumplidos&#8230; La seguridad que tengo de su amor y su firmeza hacia su vocaci\u00f3n, me hace decirle francamente todo lo que se me viene al esp\u00edritu y darle todos los consejos que creo deber darle porque preveo deben ser de pro\u00advecho para aqu\u00e9llas de las que pienso quiere Dios servirse para hacer subsistir la Compa\u00f1\u00eda en el esp\u00edritu de sencillez y humildad de Jesucristo. Si no la cono\u00adciera a usted bien y no tuviera la seguridad de que recibe bien y con tolerancia lo que le digo, me guardar\u00eda mucho de actuar as\u00ed con usted&#8230;\u00bb (Id., C. 713, p\u00e1g. 642).<\/p>\n<p>Entre otras cosas, este texto revela la preocupaci\u00f3n de Luisa por la permanen\u00adcia de la obra.<\/p>\n<h2><strong>5. El punto fuerte de la pedagog\u00eda de Luisa, lo que motiva sus esfuerzos<\/strong><\/h2>\n<p>A pesar de su temperamento, inclinado a inquietarse, Luisa da testimonio aqu\u00ed de una gran firmeza cuando se trata de buscar en todo la voluntad de Dios y la disposici\u00f3n firme para cumplirla. Cuanto m\u00e1s la alejan los a\u00f1os de la fecha de la \u00abLuz de Pentecost\u00e9s\u00bb (en 1623), tanto m\u00e1s parece que el resplandor de aquella Luz ilumina los acontecimientos de cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de su peregrinaci\u00f3n a Chartres (1644) y la primera aprobaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda \u2014primero como \u00abCaridad\u00bb\u2014, Luisa, en una obediencia de fe sin reser\u00advas, va progresando por el camino de la construcci\u00f3n y de la consolidaci\u00f3n de su obra, al mismo tiempo que hace avanzar a sus compa\u00f1eras por el mismo camino.<\/p>\n<h3>5.1. El conocimiento del designio de Dios<\/h3>\n<p>Las directrices del se\u00f1or Vicente y la vida de Luisa, profundamente interior y rica, encuentran su expresi\u00f3n en una s\u00edntesis maravillosa, y a trav\u00e9s de numerosas cartas, destinadas a formar a las Hermanas espiritualmente. En fe y humildad, ama a sus Hermanas, a las que considera como dones de Dios y como el cumplimiento de aquella \u00absu luz de Pentecost\u00e9s\u00bb. Por eso, cada una de ellas es merecedora de todo su afecto. Y a esa tarea se entrega con toda la riqueza de sus dones de esp\u00edritu y de coraz\u00f3n. Forma, escucha, ayuda, recomienda, aconseja, encamina imperceptiblemente a las Hermanas hacia los mayores sacrificios. En esto, su pedagog\u00eda es una verdadera escuela de santidad.<\/p>\n<h3>5.2. Escuela de santidad<\/h3>\n<p>En este aspecto, coloca muy alto el list\u00f3n referente a la autoeducaci\u00f3n de aquellas Hermanas. No todas tienen la misma capacidad. No todas saben corres\u00adponder a sus esperanzas. Entonces, Luisa escribe largas cartas a las comunida\u00addes. Con frecuencia, en esas cartas se dirige a cada una y, seg\u00fan los casos, formula reproches, elogios, palabras de aliento&#8230; que las Hermanas comprenden bien. En todo caso, esas cartas las guardaron como tesoros. Si no lo hubieran hecho, hoy no las tendr\u00edamos.<\/p>\n<h2><strong>6. Los objetivos inmediatos que se se\u00f1ala santa Luisa<\/strong><\/h2>\n<p>Luisa debe poder contar con las Hermanas de las casas alejadas de Par\u00eds. Para esto desarrolla todo su saber psicol\u00f3gico. Recomienda a las Hermanas:<\/p>\n<h3>6.1. El coraje, la valent\u00eda<\/h3>\n<p>Con una sencilla recomendaci\u00f3n, dice a las Hermanas c\u00f3mo empezar la jorna\u00adda: \u00abLe ruego diga a todas nuestras Hermanas que las saludo y les pido que todas las ma\u00f1anas se levanten con nuevos \u00e1nimos de servir bien a Dios y a los pobres&#8230; Adoremos y amemos siempre las disposiciones de la Divina Providencia, \u00fanico y verdadero apoyo de las Hijas de la Caridad&#8230;\u00bb (S. L. Corr. y Esc. C. 218, p\u00e1g. 225).<\/p>\n<h3>6.2. La tolerancia mutua<\/h3>\n<p>Construir la vida de comunidad y mantener en el hogar el esp\u00edritu de amor, de atenci\u00f3n y de tolerancia requieren una gran exigencia. Luisa lo sabe. En el servicio a los pobres, la bondad y la tolerancia son igualmente importantes. Luisa evoca la raz\u00f3n principal de esforzarse en la cordialidad cuando escribe: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n la dulzura y la caridad hacia nuestros queridos amos, los pobres enfermos, que han de conservar tan cuidadosamente? Si nos apartamos, por poco que sea, del pensamiento de que son los miembros de Jesucristo, eso nos llevar\u00e1 infaliblemente a que disminuyan en nosotras esas hermosas virtudes&#8230; Renu\u00e9vense, pues&#8230;, recordando que El las ha conducido, por su Providencia, al lugar en que se encuentran y las ha hecho vivir juntas&#8230; Si nuestra Hermana est\u00e1 triste, si tiene un car\u00e1cter melanc\u00f3lico o demasiado vivo o demasiado lento, \u00bfqu\u00e9 quiere que haga si ese es su natural?, y aunque a menudo se esfuerce por vencerse, no puede impedir que sus inclinaciones salgan al exterior. Su Hermana, que debe amarla como a s\u00ed misma, \u00bfpodr\u00e1 enfadarse por ello, hablarle de mala manera, ponerle mala cara? \u00a1Ah, Hermanas m\u00edas!, c\u00f3mo hay que guardarse de todo esto y no dejar traslucir que se ha dado usted cuenta, no discutir con ella, sino m\u00e1s bien pensar que pronto, a su vez, necesitar\u00e1 que ella observe con usted la misma conducta. Y eso ser\u00e1, queridas Hermanas, ser verdaderas Hijas de la Caridad, ya que la se\u00f1al de que un alma posee la caridad, con todas las otras virtudes, es la de soportarlo todo&#8230;\u00bb (Id. C. 115, p\u00e1gs. 117-118).<\/p>\n<h3>6.3. La entrega sin reserva<\/h3>\n<p>Un poco m\u00e1s tarde, escribe a la misma comunidad para estimular a todas las Hermanas a un nuevo empezar en la b\u00fasqueda de la virtud. Luisa tiene, para cada una de las Hermanas en particular, una palabra de aliento. En unas frases hace alusi\u00f3n al rasgo del car\u00e1cter de la Hermana que requiere ser vigilado o que ha de desarrollarse. Se dirige, en primer lugar, a aqu\u00e9lla que tiene, probablemente, un poco de instrucci\u00f3n: la Hermana Sirviente; veamos lo que \u00e9sta puede leer: \u00ab\u00bfEst\u00e1 usted muy animosa? \u00bfHace como el Buen Pastor que expone su vida por el bien y conservaci\u00f3n de las ovejas que tiene a su cargo? As\u00ed quiero creerlo; porque, si es cierto que no siempre tenemos ocasiones de exponer nuestra vida, no nos faltan, en cambio, las de sacrificar nuestra voluntad para acomodarnos a la de los dem\u00e1s, de romper con nuestros h\u00e1bitos e inclinaciones&#8230; de vencer nuestras pasiones para no excitar las ajenas&#8230; para vivir en la estrecha uni\u00f3n de la verda\u00addera caridad de Jes\u00fas Crucificado&#8230;\u00bb A continuaci\u00f3n, se dirige de manera parti\u00adcular a cada una de las Hermanas, como, por ejemplo: \u00abDiga a sor Mar\u00eda Marta que espero lo sea no s\u00f3lo de nombre, sino efectivamente, porque al llamarse Mar\u00eda tiene que vivir en una gran pureza, dulzura y modestia, dispuesta a sacri\u00adficarse por todos, y su nombre de Marta la obliga a una gran exactitud para cumplir su Regla en todos sus quehaceres&#8230;\u00bb (Id. C. 119, p\u00e1g. 123).<\/p>\n<h3>6.4. La perseverancia<\/h3>\n<p>En una nueva fundaci\u00f3n (Serqueux), las Hermanas ten\u00edan muchas contradiccio\u00adnes a las que hacer frente y superar. Luisa sabe darles seguridad y convencerlas para que se mantengan firmes:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Ah, queridas Hermanas!, \u00a1cu\u00e1nto consuelo me parece que tienen en medio de tanta fatiga!, \u00a1buen \u00e1nimo! Trabajen en su perfecci\u00f3n aprovechando tantas ocasiones que tienen de sufrir los malos modos, de ejercitar la dulzura, la paciencia, y de vencer todas las contradicciones que encuentren\u00bb (Id. C. 140, p\u00e1g. 142).<\/p>\n<h3>6.5. La magnanimidad<\/h3>\n<p>\u00abTengan un gran coraz\u00f3n que no encuentre nada dif\u00edcil por el santo amor de Dios, en el que soy, y en el de su Hijo Crucificado&#8230;\u00bb (Id. C. 140, p\u00e1g. 142).<\/p>\n<h3>6.6. La intensidad en la entrega<\/h3>\n<p>En la \u00e9poca de la Fronda, la miseria cotidiana toma tales proporciones que quedamos admiradas ante la fuerza del carisma de las Hermanas para hacer frente a tan grandes aflicciones. Observemos que Luisa no retira del todo a sus Hermanas de las zonas peligrosas, sino que las deja en ellas e incluso las env\u00eda. Sabe entusiasmar a las Hermanas para que acepten los mayores sacrificios por Jesucristo. Sabe tambi\u00e9n motivar y justificar este esp\u00edritu de abnegaci\u00f3n y de sacrificio. En una carta a las Hermanas de Brienne, leemos:<\/p>\n<p>\u00abEn nombre de Dios, mis queridas Hermanas, no se desanimen por sus trabajos ni por pensar que no tienen m\u00e1s consuelo que el de Dios. \u00a1Ah, si supi\u00e9ramos los secretos de Dios cuando nos pone en tal estado, ver\u00edamos que deber\u00eda ser \u00e9ste el tiempo de nuestros mayores consuelos! \u00a1Pues qu\u00e9! Ven ustedes cantidad de miserias que no pueden socorrer; Dios las ve tambi\u00e9n y no quiere darles m\u00e1s alivio. Lleven con ellos sus penas, hagan todo lo posible por ayudarles en algo, y permanezcan en paz. Es posible que ustedes tengan tambi\u00e9n su parte de necesidad, y ese ha de ser su consuelo, porque si estuvieran ustedes en la abundancia, sus corazones no podr\u00edan soportarlo viendo sufrir tanto a nuestros (se\u00f1ores) y amos. Por otra parte, si Dios castiga a su pueblo a causa de nuestros pecados, \u00bfno es razonable que suframos con los dem\u00e1s? \u00bfQui\u00e9nes somos noso\u00adtros para creer que estamos exentas de los males p\u00fablicos? Si la bondad de Dios no nos expone a las miserias m\u00e1s grandes, d\u00e9mosle gracias por ello, y estemos persuadidas de que es s\u00f3lo su misericordia, sin ning\u00fan otro m\u00e9rito\u00bb (Id. C. 410, p\u00e1g. 388).<\/p>\n<h3>6.7. La confianza en la divina Providencia<\/h3>\n<p>Por lo que se refiere a las Hermanas que sirven a los ni\u00f1os exp\u00f3sitos en el castillo de Bic\u00e9tre, Luisa teme lo peor. El ej\u00e9rcito hab\u00eda establecido su campamen\u00adto en los alrededores del castillo. A pesar de su gran inquietud, Luisa escribe a las Hermanas de una manera tranquilizadora, invit\u00e1ndolas a la confianza en la divina Providencia para vencer todo p\u00e1nico:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;mis queridas Hermanas&#8230; Estoy segura de que (Dios) les infunde valor y \u00e1nimo suficientes para morir antes que permitir que Dios sea ofendido por ustedes, y que su modestia da a conocer que pertenecen al Rey de reyes a quien todas las potencias est\u00e1n sometidas. Cuide usted de que nuestras Hermanas est\u00e9n siempre todas juntas y tengan mucho cuidado con las ni\u00f1as mayores, a las que deben tener siempre a la vista o encerradas en la escuela, aun cuando as\u00ed no puedan prestarles a ustedes ning\u00fan servicio. \u00a1Animo, queridas Hermanas! \u00bfY qui\u00e9n ha de tenerlo m\u00e1s que ustedes, puesto que se hallan en la aflicci\u00f3n y en el ejercicio de la caridad? \u00a1Ah! \u00a1c\u00f3mo se complace Nuestro Se\u00f1or al ver los sentimientos de amor que parten de sus corazones, la sumisi\u00f3n a su santa voluntad que acepta todo lo que esa voluntad quiere en ustedes y de ustedes! No dudo de que, todas y cada una, han pensado en hacer una buena confesi\u00f3n con todas las disposiciones necesarias, sobre todo, el prop\u00f3sito de ser en adelante sus fieles servidoras re\u00adnunciando m\u00e1s que nunca a ustedes mismas&#8230;<\/p>\n<p>P.D. Aunque les hablo de confesarse, no crean, queridas Hermanas, que intento infundirles el temor de que van a morir. No, de ninguna manera; es para ayudarles a que est\u00e9n siempre en gracia de Dios, de tal suerte que El tenga siempre su mirada puesta en ustedes\u00bb (Id. C. 276, p\u00e1g. 274).<\/p>\n<p>Cuanto m\u00e1s aumenta el n\u00famero de Hermanas y de establecimientos, Luisa es m\u00e1s consciente de que Dios es quien gu\u00eda y gobierna estas obras. Lo que noso\u00adtras no podemos, sobre todo, es ponerles obst\u00e1culos. La confianza en su direc\u00adci\u00f3n providencial y en el cumplimiento de la Voluntad divina han de ser siempre la primera m\u00e1xima, como lo atestigua el contenido de una carta a una Hermana que se encontraba inquieta y descontenta de la situaci\u00f3n, en una nueva fundaci\u00f3n (Ussel):<\/p>\n<p>\u00abNo se inquieten si pasa mucho tiempo sin que vean las cosas en el estado en que podr\u00edan desearlas; hagan lo que buenamente puedan con gran paz y tranqui\u00adlidad para dejar lugar a las disposiciones de Dios sobre ustedes, y no se preocu\u00adpen de lo dem\u00e1s&#8230;\u00bb (Id. C. 654, p\u00e1g. 593).<\/p>\n<h3>6.8. La humilde aceptaci\u00f3n del sufrimiento reparador<\/h3>\n<p>A una Hermana que era inclinada a la cr\u00edtica y al mal humor, Luisa traza un programa de santificaci\u00f3n que podr\u00eda ser nuestro programa de vida. En \u00e9l aparece un pensamiento que, sin duda, medita con frecuencia en su oraci\u00f3n: La justicia divina nos castiga severamente si no correspondemos a nuestra vocaci\u00f3n. Vea\u00admos el texto:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;les deseo&#8230; sean santas para trabajar \u00fatilmente en la obra de Dios, porque no basta con ir y dar, sino que es necesario un coraz\u00f3n purificado de todo inter\u00e9s y no dejar nunca de trabajar en la mortificaci\u00f3n en general de todos los sentidos y pasiones, y para ello, queridas Hermanas, hemos de tener continuamente ante la vista nuestro modelo que es la vida ejemplar de Jesucristo a cuya imitaci\u00f3n es\u00adtamos llamadas no s\u00f3lo como cristianas sino tambi\u00e9n por haber sido elegidas por Dios para servirle en la persona de sus pobres; sin esto, queridas Hermanas, las Hijas de la Caridad son las personas m\u00e1s de compadecer de todo el mundo, y si llegaran a desconocer las gracias de Dios y a ser infieles a ellas, creo que la divina justicia no las castigar\u00eda nunca lo bastante severamente en la eternidad\u00bb (Id. C. 257, p\u00e1g. 259).<\/p>\n<p>Con estas miras espirituales, una de las preocupaciones de Luisa es la de estabilizar a la joven comunidad en un g\u00e9nero de vida sencillo.<\/p>\n<h2><strong>7. La preocupaci\u00f3n constante por un estilo de vida pobre y sencillo<\/strong><\/h2>\n<p>Luisa desea vivamente que las Hermanas lleven una vida de estilo pobre y modesto escogiendo alojamientos y casas sencillas. En ese aspecto, la misma santa Luisa era ejemplar. Para el arreglo de la Casa Madre, no admit\u00eda m\u00e1s que piedras viejas, lo que no resultaba muy halagador para un arquitecto. Cuando se trat\u00f3 de que concedieran un nuevo alojamiento a las Hermanas en Bernay y de su instalaci\u00f3n por los concejales, Luisa moder\u00f3 la prisa de las Hermanas, escribi\u00e9n\u00addoles esta prudente reflexi\u00f3n:<\/p>\n<p><em>\u00abCr\u00e9ame, querida Hermana, cuando veo establecimientos tan espl\u00e9ndidos, en los <\/em><em>que todo sonr\u00ede al principio, temo siempre por lo que venga detr\u00e1s&#8230; Pienso, <\/em><em>Hermana, que cuando se trate de buscarles alojamiento definitivo, tendr\u00e1 usted cuidado en elegir una vivienda propia para unas pobres muchachas\u00bb <\/em>(Id. C. 475, p\u00e1g. 444).<\/p>\n<p>El amor de Luisa por la pobreza encuentra su orientaci\u00f3n en la del Hijo de Dios. Vivir como Jesucristo significa honrar la pobreza del Hijo de Dios. Lo repite a sus Hermanas en varias ocasiones. Ciertamente, las Hermanas eran pobres. Por su origen social, con frecuencia conoc\u00edan la pobreza. Ahora bien, estas j\u00f3venes vuelven a encontrar en comunidad una vida de restricciones que tienen que llevar ellas mismas. Adem\u00e1s, tratan mucho con las Damas de la Caridad: de ah\u00ed la tentaci\u00f3n de acceder a una vida m\u00e1s confortable. Luisa educa tanto con su propio ejemplo como por sus palabras, que descubren, sin rodeos, los fallos, despu\u00e9s se enderezan, construyen y comunican dinamismo. La pedagog\u00eda de Luisa no tiene nada que ver con un m\u00e9todo calculador o con un ejercicio de poder. Luisa recuer\u00adda la gran gracia de la vocaci\u00f3n que reclama una respuesta de amor por Jes\u00fas Crucificado y una fidelidad ejemplar que intenta siempre ajustarse al proyecto divino. Ella quisiera convencer, suscitar y fortalecer la buena voluntad de cada Hermana. Veamos un ejemplo:<\/p>\n<p>\u00abY usted, querida sor&#8230; ha vuelto a caer en sus malas costumbres&#8230; Hija m\u00eda, h\u00e1gase un poco de violencia&#8230; Yo creo&#8230; que la causa de la mayor parte de las faltas que comete es que maneja usted dinero y que siempre le ha gustado tenerlo. Si quiere seguir mi consejo, desh\u00e1gase de esa afici\u00f3n&#8230; y exc\u00edtese al amor a la santa pobreza para honrar la del Hijo de Dios, y por este medio conseguir\u00e1 lo que necesita para ser verdadera Hija de la Caridad. De otro modo, dudo mucho de su perseverancia&#8230; Y ahora, \u00a1\u00e1nimo, mi buena Hermana! Espero que no habr\u00e1 de despreciar mis pobres consejos, y siendo as\u00ed, reconociendo cu\u00e1n digno es Dios de ser amado y servido&#8230; especialmente haberla puesto en ese lugar en que tantas bendiciones ha derramado sobre su santo empleo&#8230;\u00bb (Id. C. 15, p\u00e1g. 32).<\/p>\n<h2><strong>8. La actitud que hay que adoptar ante los graves problemas que surgen <\/strong><\/h2>\n<h3>8.1. El recuerdo de la humildad y del amor a la cruz<\/h3>\n<p>a) El jansenismo<\/p>\n<p>La joven Comunidad encuentra obst\u00e1culos que no proceden ni de las Herma\u00adnas ni del car\u00e1cter de las Hermanas. Hay dificultades graves que amenazan la existencia de una obra o de todo un establecimiento. Es el caso, por ejemplo, de un error de la \u00e9poca: el jansenismo. Las dos Hermanas de la ciudad de Chars se ve\u00edan en conflicto entre lo que les ordenaba el p\u00e1rroco jansenista, su confesor, y los principios de su comunidad. Las Hermanas hab\u00edan superado ya situaciones conflictivas de doctrina muy delicadas en las que se debat\u00edan los te\u00f3logos. Y, no solamente no supieron mantener la calma, sino que no dieron testimonio de un comportamiento prudente. El p\u00e1rroco mand\u00f3 a una de las Hermanas que maltra\u00adtase ante su vista a una ni\u00f1a de trece a\u00f1os. La Hermana se opuso a ello. A consecuencia de este incidente, el sacerdote neg\u00f3 la comuni\u00f3n a la Hermana, a la vista de todos. La Hermana le dirigi\u00f3, ante la gente, palabras duras, relativas a las diferentes medidas vejatorias que \u00e9l le hac\u00eda sufrir. Luisa pidi\u00f3 disculpas al p\u00e1rroco por el enfado de la Hermana debido a su temperamento.<\/p>\n<p>Pero, por lo que se refiere al acontecimiento en s\u00ed, Luisa se pone de parte de las Hermanas. Sabe que debe sostener su perseverancia: es la manera de resistir, lo que la Hermana debe aprender. Por \u00faltimo, las Hermanas tuvieron que retirarse de Chars (ver Id. C. 592, C. 593).<\/p>\n<p>b) La muerte prematura de muchas Hermanas<\/p>\n<p>Otro problema que se plantea en esa \u00e9poca era el de la muerte prematura de muchas Hermanas. Ciertamente, la esperanza de vida en aquel tiempo no era muy elevada. Pero la muerte lleva consigo vac\u00edos dolorosos. Por lo que a Luisa se refiere, estas p\u00e9rdidas no pueden superarse m\u00e1s que en la cruz de Cristo.<\/p>\n<h3>8.2. La evidencia de la disponibilidad<\/h3>\n<p>Lo sorprendente es la evidencia de la disponibilidad en la que Luisa sabe que se encuentran sus Hermanas frente a la muerte. \u00bfEs el espejo de su propia disponibilidad o es que ha formado a las Hermanas para esta capacidad de la entrega de s\u00ed, serena y s\u00f3lida? Veamos c\u00f3mo se dirige a una Hermana de treinta y tres a\u00f1os, que se encuentra muy grave:<\/p>\n<p>\u00abAdoro con todo mi coraz\u00f3n la orden de la divina Providencia que parece querer disponer de su vida,. si la sant\u00edsima voluntad de Dios es que le entregue usted su alma, \u00a1bendito sea su santo nombre!; bien sabe el dolor que me causa no poderla asistir en este \u00faltimo acto de amor, que estoy segura va usted a hacer, de entregar voluntariamente su alma al Padre Eterno, con el deseo de honrar el instante de la muerte de su Hijo. Nuestra buena sor Isabel le lleva la seguridad del afecto de todas nuestras Hermanas y el deseo de que las recuerde en el cielo cuando Dios le haya hecho a usted misericordia&#8230;\u00bb (Id. C. 91, p\u00e1g. 98).<\/p>\n<h3>8.3. La convicci\u00f3n de fe<\/h3>\n<p>Esta gran disponibilidad va a estar sostenida por la convicci\u00f3n firme de que Dios va a escuchar las oraciones de la Hermana:<\/p>\n<p>\u00abRecuerde usted, pues, querida Hermana, las necesidades de la pobre Compa\u00f1\u00eda a la que Dios la ha llamado; s\u00edrvale de abogada ante su bondad para que se digne cumplir sus designios sobre ella; y si su bondad se lo permite, ruegue a nuestros \u00e1ngeles de la guarda que nos ayuden. Adi\u00f3s, querida Hermana, suplico de todo coraz\u00f3n a Jes\u00fas Crucificado que la bendiga con todas las virtudes que El practic\u00f3 en la Cruz&#8230;\u00bb (Id.).<\/p>\n<h3>8.4. La adhesi\u00f3n del coraz\u00f3n y de la voluntad<\/h3>\n<p>Luisa siente, cada vez, dolorosamente la muerte de una Hermana, pero es tambi\u00e9n la ocasi\u00f3n de ense\u00f1ar a sus hijas, de manera natural, imperceptible y en una situaci\u00f3n determinada, la adhesi\u00f3n del coraz\u00f3n y de la voluntad al designio de Dios. No vacila en decir:<\/p>\n<p>\u00abHemos de acatar de buen grado el divino benepl\u00e1cito que ha dispuesto de nuestra buena Hermana, a quien no me atrevo a llorar. \u00a1Que la voluntad de nuestro absoluto Se\u00f1or se cumpla siempre por nosotras y en nosotras!\u00bb (Id. C. 79, p\u00e1g. 88).<\/p>\n<h3>8,5. El sentido de lo concreto y de las medidas pr\u00e1cticas<\/h3>\n<p>A pesar de la pena tan grande que tiene, Luisa se enfrenta con esta realidad dolorosa ayudando a las Hermanas a que cumplan todo lo necesario para los fune\u00adrales. Sus consejos son de gran valor, porque conoce el precio de las velas, el nom\u00adbre del cerero, la calle en que vive&#8230; Da consejos concretando qui\u00e9n debe informar a qui\u00e9n. Nada queda olvidado. As\u00ed aprenden las Hermanas a conocer el ambiente de luto causado por el fallecimiento de una Hermana y c\u00f3mo podr\u00e1 encontrar su expresi\u00f3n m\u00e1s sencilla, digna y afectuosa. M\u00e1s adelante, leemos en la misma carta:<\/p>\n<p>\u00abEl se\u00f1or Vicente nos ha dado orden de que se la entierre esta tarde despu\u00e9s de v\u00edsperas. Le ruego avise usted al se\u00f1or cura para saber si est\u00e1 de acuerdo. La vigilia se cantar\u00e1 de cuerpo presente, y el funeral ser\u00e1 el mi\u00e9rcoles.<\/p>\n<p>Oc\u00fapese, por favor, de que haya seis hachas de media libra cada una y seis cabos de medio cuarter\u00f3n. Estoy pensando que pod\u00eda usted tomar las seis hachas de la iglesia y as\u00ed no habr\u00eda que comprarlas.<\/p>\n<p>Hacen falta tambi\u00e9n cuarenta velas para las Hermanas, de dos liardas cada una. Que se la entierre en la sepultura de la difunta sor Micaela. Se precisa un ata\u00fad y una corona de flores blancas; que nuestras Hermanas de San Nicol\u00e1s avisen a las de San Benito, San Esteban y a las de los ni\u00f1os; a las dem\u00e1s, las avisaremos nosotras\u00bb.<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s, Luisa conf\u00eda en su compa\u00f1era: \u00abNo s\u00e9 si se me olvida algo, usted suplir\u00e1 lo que a m\u00ed se me olvide\u00bb.<\/p>\n<p>Indica tambi\u00e9n la direcci\u00f3n de la tienda de velas: \u00ab&#8230; tiene usted un cerero en la Plaza Maubert. Mande un recado a la se\u00f1ora Metay (Dama de la Caridad), que la ayudar\u00e1 para todo eso\u00bb (Id. C. 79, p\u00e1g. 88).<\/p>\n<h3>8.6. El compartir un beneficio espiritual<\/h3>\n<p>Sin embargo, la organizaci\u00f3n de los funerales, no es todo. Luisa no deja pasar el fallecimiento de una Hermana sin dirigirse a la Comunidad. Toma parte y alienta; en realidad, era ella la que necesitaba m\u00e1s consuelo. Pero permanece fiel a su adhesi\u00f3n a la voluntad de Dios y no deja de transmitir a las Hermanas cierto beneficio espiritual que ella sabe sacar de la experiencia de la muerte de una compa\u00f1era. Escribe:<\/p>\n<p>\u00abEs verdad que hay que alabar y bendecir a Dios por todo y pedir por ella; les ruego que el ejemplo de sus virtudes, especialmente su sumisi\u00f3n y su amor al servicio de los pobres, les sirva para tener con Dios la fidelidad que le deben\u00bb (Id. C. 263, p\u00e1g. 264).<\/p>\n<h2><strong>9. Conclusi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>En la vida agitada y excesivamente precaria de este tiempo, el temor pod\u00eda ser un compa\u00f1ero permanente. Por eso es tanto m\u00e1s admirable ver la superaci\u00f3n que Luisa realiz\u00f3 en su propia vida. No existe pr\u00e1cticamente ninguna carta en la que Luisa no anime a las Hermanas a confiar las exigencias, las dificultades y las agitaciones de la vida de todos los d\u00edas al cuidado y a la direcci\u00f3n de la divina Providencia. Su valor encuentra apoyo en la voluntad de Dios. En la cruz, supo acoger la vida cotidiana con todo lo que le reserv\u00f3 como voluntad de Dios, como expresi\u00f3n de su amor, como su Providencia, para llevar este amor al pr\u00f3jimo, a Cristo en la persona de los pobres. En una carta, dice:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;ruego (a la Compa\u00f1\u00eda) renueve su buen \u00e1nimo de servir a Dios y a los pobres con mayor fervor, humildad y caridad que nunca; trabajando por mantener el recogimiento interior en medio de sus ocupaciones, especialmente en la de estar sometidas al benepl\u00e1cito divino, abandonadas a la Providencia y no entregadas a un cuidado ansioso por conocer todos los movimientos de su esp\u00edritu, lo que con frecuencia termina en virtud imaginaria&#8230; La perfecci\u00f3n no consiste en eso, sino en la s\u00f3lida caridad\u00bb (Id. 638, p\u00e1g. 580).<\/p>\n<p>Encontramos constantemente en Luisa una acertada mezcla de lo espiritual y del sentido pr\u00e1ctico.<\/p>\n<p>Al final de una carta que hace elevar el esp\u00edritu de las Hermanas hacia Dios, Luisa da r\u00e1pidamente \u2014impulsada por esta misma caridad\u2014 un buen consejo a una Hermana que tiene dificultad para o\u00edr:<\/p>\n<p>\u00abPara la enfermedad de sor Ana hay que ponerle una gota de aceite de ruda en el o\u00eddo, por la noche antes de acostarse, tap\u00e1ndolo con un poco de algod\u00f3n; no hay nada mejor\u00bb (Id. p\u00e1g. 581).<\/p>\n<p>Y la frase siguiente \u2014la \u00faltima\u2014 podr\u00eda dirigirse a todas nosotras:<\/p>\n<p>\u00abSean, pues, animosas avanzando por momentos por el camino en el que Dios las ha puesto para que vayan hacia El\u00bb (Id. C. 426, p\u00e1g. 402).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. 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