{"id":72955,"date":"2024-09-13T08:29:50","date_gmt":"2024-09-13T06:29:50","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=72955"},"modified":"2023-08-20T13:24:24","modified_gmt":"2023-08-20T11:24:24","slug":"san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-7","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-7\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal (Renaudin). Cap\u00edtulo 7"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo VII: Vicente de Pa\u00fal, director de conciencia<\/h2>\n<p>Vicente de Pa\u00fal no pasa por uno de los maestro de la vida espiritual. No se encontrar\u00eda tal vez, en su inmensa Correspondencia, una decena de \u00abcartas de direcci\u00f3n\u00bb, en el sentido propio de la palabra, esta mezcla de teolog\u00eda familiar y de psicolog\u00eda, esta terap\u00e9utica\u00a0 moral que, de\u00a0 Francisco de Sales y de F\u00e9nelon a Mons. Gay y a Mons. de Hulst, nos ha dejado obras maestras.<\/p>\n<p>No obstante \u00e9l ha aceptado, un poco a pesar suyo, dirigir a algunas mujeres de elite. Ha aceptado tambi\u00e9n, por piedad para con la memoria del Obide Ginebra, ser el Superior de las Hijas de la Visitaci\u00f3n de Par\u00eds; y las ve\u00eda todas las semanas.<\/p>\n<p>\u00c9l ha multiplicado, sobre todo, los consejos, charlas a sus sacerdotes y a las j\u00f3venes de la Srta. Le Gras, creando, formando seg\u00fan su esp\u00edritu a dos grandes familias espirituales. Descuidar este papel de Vicente de Pa\u00fal, ser\u00eda olvidar que fue sobre todo un hombre interior<span id='easy-footnote-1-72955' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-7\/#easy-footnote-bottom-1-72955' title='Lamentablemente, sus charlas se han perdido. \u00a1Qu\u00e9 interesante hubiera sido compararlas con las de san Francisco de Sales!'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Amaba\u00a0 las almas que van hacia Dios buenamente, sencillamente. No tuvo suerte, sus dos penitentes fueron almas complicadas, ingeniosas en cortar los escr\u00fapulos por lo sano. No es de extra\u00f1ar si fue un poco rudo con ellas. Rudo, no pat\u00e1n: este campesino no emple\u00f3, en el terreno moral, m\u00e1s que tacto y delicadeza. F\u00edjense que la Se\u00f1ora de Gondi, al cabo de unos meses, le suplic\u00f3 (a \u00e9l, un subalterno en su casa) que la aceptara como penitenta. Le dio a conocer, en varias ocasiones, que no deb\u00eda apegarse demasiado\u00a0 a \u00e9l. Se ve despuntar el m\u00e9todo que aplicar\u00e1 m\u00e1s tarde con toda claridad con Luisa de Marillac. Presentarse como in\u00fatil, habituar a sus dirigidas a caminar solas bajo la direcci\u00f3n de Dios y de la gracia. Es un gran principio, muy reflexionado y que no siempre se ha aplicado en la direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un segundo principio no es menos claro: salvar las almas de ellas mismas, es decir con una introspecci\u00f3n exagerada y penas interiores que acompa\u00f1an siempre la b\u00fasqueda de la perfecci\u00f3n. No disponemos por desgracia de ning\u00fan dato de su direcci\u00f3n de la Sra. de Gondi, al detalle; pero los resultados hablan lo suficiente. De una mujer llena de buena voluntad, pero verdaderamente enfermiza, \u00e9l logr\u00f3 hacer una ap\u00f3stol infatigable, que recorr\u00eda sus pueblos en toda estaci\u00f3n, que consegu\u00eda dominar su alma como su cuerpo, aceptar sus terrores, y hasta la p\u00e9rdida de su director: \u00ab\u00c9l no busca m\u00e1s que la mayor gloria de Dios, y yo no le deseo contra su voluntad\u00bb, escribe en el peor momento de su desamparo. As\u00ed ella llev\u00f3 ante Dios la medida plena, agobiada, con sus buenas obras y el gran honor de haber llevado al santo a establecer su Misi\u00f3n: devolvi\u00e9ndole con creces lo que \u00e9l le hab\u00eda dado.<\/p>\n<p>Se comport\u00f3 igualmente con esta verdadera hija de su esp\u00edritu, Luisa de Marillac. Era \u00abun esp\u00edritu claro y fuerte\u00bb, dec\u00eda de ella su primer director, y \u00a1qu\u00e9 firmeza de alma! Asisti\u00f3 sola a su marido moribundo, le enterr\u00f3 con sus manos por la noche, por la ma\u00f1ana fue a confesarse, a comulgar, a ofrecer a Dios su viudez. Pro este esp\u00edritu estaba atravesado de \u00abdebilidades y de nubarrones\u00bb; una imaginaci\u00f3n sombr\u00eda la atormentaba, le hac\u00eda a veces dudar de la inmortalidad del alma, otras veces le reprochaba ser infiel a su primera vocaci\u00f3n religiosa (hasta el punto que por poco se separa de su marido), y la dejaba, despu\u00e9s de bellas aspiraciones hacia Dios, en grandes abatimientos. Y entonces, \u00bfqu\u00e9 es lo que Dios quer\u00eda de ella? Esta inquietud la arrojaba en agotadores debates, le inspiraba constantemente, \u00abconsagraciones\u00bb admirables y un tanto vanas. La primera preocupaci\u00f3n de Vicente fue sustraerla a su imaginaci\u00f3n crucificadora. \u00abNo admit\u00e1is m\u00e1s\u00a0 los pensamientos de singularidad que os han molestado\u00bb. Sobre todo, no os examin\u00e9is m\u00e1s durante el d\u00eda: \u00abReflexion\u00e1is demasiado sobre vos misma\u2026 Vamos un poco buenamente y sencillamente \u00ab. Descansad respecto de vuestro interior; \u00e9l no deja de estar donde le corresponde, si bien no os lo parezca\u00bb. No obstante, la pone en un duro r\u00e9gimen, ya que durante cinco a\u00f1os, mientras que la observa y consulta \u00e9l mismo sobre lo que har\u00e1 de ella, no le da otra consigna que esperar. Mas, en esta espera, una regla luminosa: todo lo que nos inquieta es sospechoso, la voluntad de Dios no nos pone en confusi\u00f3n, ella nos pone en paz. \u00abS\u00ed, me dir\u00e9is, pero es por Dios por quien entro en pena. \u2013No es por Dios por quien entr\u00e1is en pena, si os apen\u00e1is por servirle\u00bb. Y tambi\u00e9n un remedio soberano: la alegr\u00eda. \u00abSed bien alegre\u00bb, es el refr\u00e1n de todas las cartas. \u00abTratad de vivir contenta entre vuestros motivos de descontento\u00bb. \u00abOs ordeno adem\u00e1s que os granje\u00e9is la santa alegr\u00eda de vuestro coraz\u00f3n por medio de todas las diversiones que os sean posibles\u00bb.<\/p>\n<p>No se transforma por completo una naturaleza: la Srta. Le Gras sigui\u00f3 escrupulosa, inclinada a atormentarse. Pero ved su buena voluntad: \u00abYo renuncio pues a estas aprehensiones del porvenir\u00a0 no queriendo m\u00e1s que lo que Dios quiera ordenar cada d\u00eda\u00bb. Tambi\u00e9n en 1651: \u00abTengo una gran necesidad de vuestra asistencia caritativa para desenga\u00f1arme de mis imaginaciones, que me hacen, yo creo, pecar con tanta frecuencia\u2026\u00bb Y ah\u00ed la tenemos haciendo su oraci\u00f3n: en un momento en que ciertos pensamientos le oprimen el coraz\u00f3n hasta el punto \u00abque apenas puede desplegar los labios\u00bb, se acuerda del precepto de su director, y con todas mis fuerzas trato de re\u00edrme \u00ab.<\/p>\n<p>Estas naturalezas inquietas y generosas tienen un recurso: lanzarse impetuosamente al bien. Vicente de Pa\u00fal abrir\u00e1 toda la carera a esta temblorosa mujer, despu\u00e9s de su larga prueba. Pero se conoce su paso prudente, su marcha de campesino; \u00e9l va a impon\u00e9rselo a su dirigida. Me imagino que fue lo m\u00e1s duro. Las mujeres tienen el coraz\u00f3n caliente y que quiere ir de prisa. \u00abTratad\u00a0 sobre todas las cosas de no apresuraros. No os sobrecargu\u00e9is de reglas, de pr\u00e1cticas sino afirmaos en hacer bien las que ten\u00e9is, vuestras acciones diarias, vuestros empleos: en una palabra, <em>que todo se oriente en hacer bien lo que hac\u00e9is\u00bb. <\/em>Peque\u00f1o programa, peque\u00f1o m\u00e9todo en apariencia: rudo apremio para un alma inestable. Fue preciso plegarse. Y tambi\u00e9n en la acci\u00f3n exterior como en el trato personal. Tened cuidado, Nuestro Se\u00f1or quiere que le sirvamos <em>con juicio, <\/em>y lo\u00a0 contrario se llama celo indiscreto\u00bb. Y no es que \u00e9l no le haya dejado una gran libertad de acci\u00f3n<em>\u00a0 <\/em>cuando estuvo seguro de ella, pero siempre le impone su m\u00e9todo de espera. Que prefiere dejar escapar las ocasiones a precipitarlas; y se ve que ella se le adelanta siempre, y que ella tasca el freno. \u00abDios m\u00edo, Se\u00f1orita, \u00a1qu\u00e9 feliz sois al tener el correctivo de la prisa! Las obras que Dios mismo hace no se echan a perder nunca por el no hacer de los hombres. Os ruego que teng\u00e1is esta confianza en \u00e9l\u2026\u00bb<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, encontramos, con Luisa de Marillac, el gran principio de San Vicente: suprimir al director. Camus escrib\u00eda a la joven, algunos meses despu\u00e9s de haberla puesto en otras manos: \u00abPerdonadme, mi muy querida hermana, si os digo que os apeg\u00e1is algo demasiado a los que os dirigen, y os apoy\u00e1is algo demasiado en ellos. Vemos al Sr. Vicente eclipsado (de viaje), y a la Srta. Le Gras sin control y desorientada\u2026\u00bb La pobre alma se volv\u00eda loca con sus propios arrebatos. El Sr. Vicente fue su regulador, su \u00fanico apoyo: \u00abYo no puedo recibir asistencia de cualquiera en el mundo, y no la he tenido apenas m\u00e1s que de vuestra caridad\u00bb (1624). Pero \u00e9l la ense\u00f1a a mantenerse en pie sola, con una mezcla de dulzura, de compasi\u00f3n, de brusquedad y de autoridad que merece toda admiraci\u00f3n. \u00c9l est\u00e1 siempre all\u00ed; recibe todas las \u00abcomunicaciones de su interior\u00bb que quieran hacerle. Pero \u00e9l no responde largo y tendido: algunas l\u00edneas, un p\u00e1rrafo lo m\u00e1s, en una carta de asuntos, para colocar a cada cosa en su lugar e importancia<em>. Imperatoria brevitas.\u00a0 <\/em>Luego, \u00e9l la acostumbra a sus frecuentes ausencias; falta a una cita; parte sin dec\u00edrselo; tiene siempre una excusa cort\u00e9s, pero v\u00e1lida: los asuntos de Dios antes que los vuestros, \u00bfno es verdad, Se\u00f1orita? \u00abProhibid a vuestro coraz\u00f3n murmurar contra el m\u00edo porque me marcho sin hablaros\u2026\u00bb Si la cree apenada, venda la herida: \u00abA vuestro parecer, Se\u00f1orita, \u00bfno os soy un poco rudo? \u00bfNo ha murmurado un poco vuestro coraz\u00f3n contra el m\u00edo porque hall\u00e1ndome tan cerca no os haya ni visto ni comunicado nuestras noticias? Bien, ya ver\u00e9is un d\u00eda la raz\u00f3n de todo ello ante Dios\u2026 Nuestro Se\u00f1or hallar\u00e1 su ventaja en esta peque\u00f1a mortificaci\u00f3n\u2026 y <em>\u00e9l har\u00e1 por s\u00ed mismo el papel de director. <\/em>S\u00ed, por cierto<em>, <\/em>lo har\u00e1 y de manera que os haga ver que es \u00e9l en persona. Sed pues su querida hija, toda humildad, toda sumisi\u00f3n y llena de confianza, y esperad siempre con paciencia la evidencia de sus santa y adorable voluntad\u00bb. Y en otra ocasi\u00f3n: \u00abNo pudiendo ir a veros en persona, ruego a Nuestro Se\u00f1or que os diga \u00e9l mismo lo que deb\u00e9is hacer. Id pues, y haced <em>in nomine Domini\u00a0\u00a0 <\/em>lo que os parezca que nuestro amable Salvador os pida<span id='easy-footnote-2-72955' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-7\/#easy-footnote-bottom-2-72955' title='De igual modo escribe a una religiosa: \u00abEs verdad, hermana, la direcci\u00f3n espiritual es poderosamente \u00fatil; es un lugar de consejo en las dificultades, de \u00e1nimo en las desganas, de refugio en las tentaciones, de fuerza en los agobios; por \u00faltimo, es una suma de bienes y de consuelos cuando el director es muy caritativo y experimentado. Pero \u00bfsab\u00e9is bien que ah\u00ed donde todos los hombres no llegan ah\u00ed comienza el socorro de Dios? Es \u00e9l quien nos instruye, nos fortalece, quien nos es todo, &lt;em&gt;y quien nos lleva a \u00e9l por s\u00ed mismo\u00bb.&lt;\/em&gt;'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Sobre la oraci\u00f3n, las ideas del santo son igualmente sencillas, voluntariamente un poco cortas. No hay vida religiosa, de progreso espiritual, sin la oraci\u00f3n; pero la oraci\u00f3n tiene sus peligros. Si no es m\u00e1s que un ejercicio del esp\u00edritu, aunque lleve consigo incluso la aspiraci\u00f3n del coraz\u00f3n hacia Dios, tengamos cuidado con estas ilusiones. No son los que dicen: \u00abSe\u00f1or, Se\u00f1or\u00bb, los que aman a Dios, son los que le sirven. La oraci\u00f3n no es nada m\u00e1s que \u00abuna elevaci\u00f3n del esp\u00edritu a Dios para presentarle nuestras necesidades y para implorar el auxilio de su misericordia y de su gracia. \u00abNi las consideraciones que suscita, ni siquiera los sentimientos de amor que provoca, tienen nada de valor por s\u00ed mismos\u00bb. Es una de las m\u00e1s importantes partes, y hasta la m\u00e1s importante, de la oraci\u00f3n, formar buenas resoluciones\u2026 \u00abEl principal fruto de la oraci\u00f3n consiste en resolverse bien, pero en resolverse con fuerza, en fundar sus resoluciones, en prepararse bien a ejecutarlas y prever los obst\u00e1culos para superarlos\u00bb. \u2013\u00bbSe conoce\u00a0 a los que hacen bien\u00a0 oraci\u00f3n\u2026 todav\u00eda m\u00e1s por sus acciones y libertinaje, por los que dan a conocer el fruto que sacan de ella\u00bb.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el amor de Dios tiene sus excesos. \u00abAh\u00ed est\u00e1n las prisas del entendimiento, una aplicaci\u00f3n forzada a buscar y rebuscar nuevos medios para tener esta presencia (de Dios) continua\u2026 Oh! que en estos excesos, estos arrebatos, hay peligro, inconvenientes! Es mejor, mucho mejor, no calentarse tan fuerte, moderarse, sin quebrarse la cabeza para hacerse esta virtud sensible y casi natural; ya que por \u00faltimo, despu\u00e9s de todos estos vanos esfuerzos, hay que relajarse, hay que soltar presa; y cuidado, cuidado que no se llegue a aburrirse por completo y a caer en un estado peor que en el que se ha estado\u2026 Pero hermanos, las virtudes consisten siempre en justo medio; cada una de ellas tiene dos extremos viciosos\u2026 Por ejemplo, la caridad de la que hablamos tiene sus dos extremidades, que son malas, a saber : amar poco o nada, y amar con demasiado celo y arrebato\u2026 Dios, cuando quiere comunicarse, lo hace sin esfuerzo, de una manera sensible, muy suave, dulce, amorosa; pid\u00e1mosle pues con frecuencia este don de oraci\u00f3n, y con gran confianza. Dios, por su parte, no pide m\u00e1s\u2026\u00bb<\/p>\n<p>Todo lo que san Vicente ha podido decir de la oraci\u00f3n se reduce a estas dos vistas pr\u00e1cticas. Este hombre ha tenido el desd\u00e9n de esp\u00edritu, este m\u00edstico hab\u00eda nacido para la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfA d\u00f3nde ha querido pues llevar a las almas? A dos cosas: a las buenas obras, y a la santa indiferencia\u00bb. Las resoluciones mismas, fruto de la oraci\u00f3n, no tienen valor m\u00e1s que si \u00abdescienden a lo particular\u00bb, es decir al hecho, a esta sucesi\u00f3n de peque\u00f1os gestos o grandes que componen la jornada de cada uno de nosotros\u00bb. Ser\u00e1 bueno ejercitar en ello a las que hacen el retiro en vuestra casa; el resto no es m\u00e1s que <em>producci\u00f3n del esp\u00edritu<\/em>, el cual habiendo hallado alguna facilidad y hasta alguna dulzura en la consideraci\u00f3n de una virtud, se glor\u00eda en el pensamiento de ser muy virtuoso\u2026 No lo es a menudo m\u00e1s que por imaginaci\u00f3n\u00bb. Falsas virtudes, trampas con nosotros mismos: \u00e9l es sin piedad; \u00e9l nos conoce bien. Visitando una casa de Sirvientas de los pobres: \u00abEntre nuestras hermanas de Angers, no hay m\u00e1s que dos que tengan penas de esp\u00edritu\u2026; las dem\u00e1s est\u00e1n contentas y bien exactas en su peque\u00f1o quehacer\u00bb. Esas son las almas que \u00e9l ama: <em>exactas en su peque\u00f1o quehacer<\/em>. Y, adem\u00e1s <em>contentas,<\/em>\u00a0\u00a0 es decir que nada perturba, ni penas del alma, ni dificultades exteriores, porque ellas aceptan la voluntad de Dios manifestada en todas las cosas y la aman m\u00e1s que a su voluntad propia. S\u00ed, es preciso llegar a la santa indiferencia. Todo es de temer, hasta que no se llega all\u00ed, siendo tan malignas nuestras inclinaciones que se encuentran en todo\u00bb. No produciremos nada bueno por nosotros mismos: in\u00fatil hacernos ilusiones, engre\u00edrnos. Seamos m\u00e1s bien sufridores que actores\u00bb; dejemos a Dios obrar en nosotros. A Luisa de Marillac: \u00abDejadle hacer solamente su voluntad en vos\u2026 Oh, qu\u00e9 poco falta para ser toda santa: hacer la voluntad de Dios en todas las cosas\u00bb. \u00bfEs pues tan simple? Oh, no, \u00e9l lo sabe bien; pero tambi\u00e9n vaya recompensa: \u00abPido a Dios que vos y yo tengamos siempre un mismo querer y no querer con \u00e9l y en \u00e9l, <em>porque es un Para\u00edso anticipado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Hay algo m\u00e1s que dirigir una conciencia a trav\u00e9s de las dificultades del mundo: es remodelar una materia dada por Dios, imperfecta, marcada con la ca\u00edda original, para hacer de ella un alma nueva, marcada con la semejanza divina. En eso estuvo la tarea propia de san Vicente. Los sacerdotes de la misi\u00f3n. Las Hijas de la Caridad componen dos familias morales que ha caracterizado, marcado con su sello. No pertenece a un profano definir el tipo m\u00edstico del Lazarista o de la Hermana de caridad; yo fracasar\u00eda ciertamente. Pero, incluso profano se puede sentir que esas son las verdaderas creaciones de Vicente de Pa\u00fal, mucho m\u00e1s que tal obra de los forzados o de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos. No hay indudablemente \u00abgrandes obras\u00bb sino en el orden del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Lo que se puede tratar de decir tal vez \u2013ya que eso sale de la sicolog\u00eda humana, y que nosotros estudiamos los m\u00e9todos de direcci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal- es la sencillez, la humildad de los medios empleados en esta gran obra. Y primero, nunca creador fue m\u00e1s modesto en su propio plan, no busc\u00f3 menos apoyarlo con los prestigios de la imaginaci\u00f3n. Ninguna aureola en torno a la cuna de la Misi\u00f3n o de las Hijas de la Srta. Le Gras: el azar, para creerle, lo hizo todo. \u00c9l ha ido \u00abde rama en rama\u00bb\u00a0 en sus planes y casi de sorpresa en sorpresa. Despu\u00e9s, nunca fundador fue m\u00e1s proclive a rebajar y ocultar su obra. Algunos han preferido el secreto: pero el secreto es un atractivo para los iniciados, una especie de orgullo al rev\u00e9s; Vicente ha amado la oscuridad, la \u00abpeque\u00f1ez\u00bb, compa\u00f1eras que no atraen a nadie, y que no sostienen a los que han venido. En fin, los hombres y las mujeres que agrupaba en torno a s\u00ed, cuya grandeza les mostraba por dem\u00e1s en t\u00e9rminos conmovedores, \u00bfc\u00f3mo los reten\u00eda, c\u00f3mo los aficionaba a una vida pobre y dura? No ten\u00eda a su disposici\u00f3n ni la belleza de la liturgia, los \u00abgrandes \u00f3rganos\u00bb del claustro, ni el orgullo de pertenecer a una poderosa familia religiosa, ni el gusto de ciertas almas por la Regla mon\u00e1stica, puesto que sus hijos e hijas deb\u00edan vivir en el mundo; ni el prestigio al fin de un gran Doctor, de un hombre que trae una doctrina espiritual, y como una nueva manera de comprender o amar a Dios. \u00bfQu\u00e9 le quedaba despu\u00e9s de todo? Le quedaba, para tratar con los esp\u00edritus humildes y los corazones sencillos que ven\u00edan a \u00e9l el atractivo de su sencillez misma y, una vez que se hab\u00edan acercado a \u00e9l, la toma de posesi\u00f3n de una personalidad fuerte, envolvente y discreta a la vez, contra la cual no hay raz\u00f3n para defenderse; en una palabra, una especie de doma moral, a la que asistimos al leer la serie de sus charlas a las dos casas madres de las Hermanas. Yo no quisiera que esta palabra chocase; no veo para ello nada m\u00e1s justo, y se explica. Ved al santo que viene a hablar a sus Hijas. Se ha elegido un tema; es una virtud que adquirir, un defecto que evitar, un deber de estado que cumplir. Todas han reflexionado; \u00e9l les pregunta; ellas repiten m\u00e1s o menos los mismos \u00abmotivos\u00bb o las mismas reflexiones; \u00e9l se las vuelve a decir tras ellas, con su aumento personal y su autoridad; pero al fin es siempre la lecci\u00f3n de la que se impregnan de tanto repetirla: j\u00f3venes sencillas cuya alma \u00e9l forma, ense\u00f1\u00e1ndoles pensamientos, gestos actitudes morales que se convertir\u00e1n en una segunda naturaleza. Ocurre lo mismo con los misioneros, que les habla o les escribe a distancia, es a fuerza de repetir los mismos consejos, de formular las mismas reglas de juicio o de conducta como llega a\u00a0 construir un tipo de perfecto misionero, al que se deben conformar: tarea minuciosa, que no tiene nada de un \u00abcaporalismo\u00bb, ya que llama a la adhesi\u00f3n \u00edntima del alma, pero que a pesar de todo, a veces, parece un poco dedicarse a la variedad de los dones espirituales y a la libertad de los hijos de Dios.<\/p>\n<p>No nos detengamos en las apariencias y tratemos de comprenderlo. En primer lugar, otra cosa es llevar a las almas hacia Dios en el abrigo de un claustro, otra cosa arrojar a la refriega del mundo a hombres que van a ser los rudos obreros del Evangelio. Vicente de Pa\u00fal forma para la acci\u00f3n\u00a0 para el servicio del pr\u00f3jimo, de las almas que necesitan m\u00e1s que bellos impulsos, de una s\u00f3lida armaz\u00f3n moral. Basta con leer su correspondencia con los superiores de sus casas; es un general que instruye a sus oficiales, y a veces a sus soldados. A estos hombres mal encuadrados, sin prestigio, sin pasado, \u00a1qu\u00e9 car\u00e1cter personal se les ha debido dar! Pero la naturaleza humana es as\u00ed: fuertes costumbres mentales, disciplinas de acci\u00f3n, un car\u00e1cter en la prueba de todas las ocasiones no se adquieren sin un entrenamiento. En cuanto a las Hijas de la Srta. Le Gras \u00abque no tienen por monasterio m\u00e1s que las casas de los pobres, por celda una habitaci\u00f3n de alquiler, por capilla la iglesia de la parroquia, por claustro la obediencia, por reja el temor de Dios, y por velo la santa modestia\u00bb, pobres j\u00f3venes m\u00e1s expuestas todav\u00eda que los hombres, y colocadas en empleos m\u00e1s penosos, si no se les da una segunda naturaleza, bien despojada, bien sumisa y bien pura, \u00bfc\u00f3mo esperar que la Compa\u00f1\u00eda subsista? Varias abandonaban; las otras, incluso las m\u00e1s entregadas, eran a veces dif\u00edciles de retener. Necesario era el sello que les dio el santo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, estos procedimientos que parecen en s\u00ed mismos un poco artificiales no se explican tan solo por el fin del santo. Se legitiman por la extrema preocupaci\u00f3n que ten\u00eda de no reclutar nunca para sus Institutos, de no encargarse m\u00e1s que de las almas que le han manifestado con claridad, con tiempo, su voluntad de ponerse bajo su direcci\u00f3n. Ten\u00eda la misma preocupaci\u00f3n para eliminar a las reclutas dudosas: volved a vuestra libertad. Al fin \u00bfno ha usado de los procedimientos tradicionales de la ascesis cristiana, de una gimn\u00e1stica moral autorizada por los\u00a0 mayores maestros de la vida espiritual? El hombre es una naturaleza corrompida por el pecado de Ad\u00e1n; si se quiere hacer aparecer en \u00e9l la imagen divina hay que recrearlo destruyendo al \u00abhombre viejo\u00bb. Vicente de Pa\u00fal, como san Ignacio y muchos m\u00e1s, conduce a Dios por la voluntad, el esfuerzo, el razonamiento, la perpetua maestr\u00eda del alma sobre la carne. En ello hay, ciertamente, un mecanismo, pero un mecanismo que\u00a0 Dios mismo anima, que comienza por una llamada de lo alto, que se acaba en un abandono perfecto a la acci\u00f3n divina, y que, de una cabo al otro, bajo los gestos aprendidos, forma la parte de la libertad del coraz\u00f3n: \u00abDios es amor y quiere que se vaya por amor\u00bb.<\/p>\n<p>Al fin Vicente de Pa\u00fal ha puesto, en este imperioso plan, su humildad acostumbrada, y en este duro ejercicio de las almas, una delicadeza, una ternura de padre: si mantiene a pobres Hermanas enviadas a lo lejos y expuestas a perder \u00e1nimos, si retiene dulcemente bajo la regla a un misionero tentado de buscar en otra parte un yugo menos severo (\u00a1cu\u00e1ntos hubo!); si recuerda las virtudes o canta la victoria de los que se han ido all\u00e1 arriba a gustar su recompensa, \u00a1qu\u00e9 amor profundo para todos sus hijos! Obligado a reprender, \u00a1c\u00f3mo se acusa a s\u00ed mismo m\u00e1s fuerte que al que teme herir! Qu\u00e9 cuidado tiene con los temperamentos y los caracteres, haciendo doblegar la regla de la obediencia para ofrecer un cambio de empleo a los que no se acostumbran en un lugar o en una compa\u00f1\u00eda! \u00a1C\u00f3mo ayuda a franquear todos los pasos dif\u00edciles!\u00a0 Y cuando habla a sus hijas, \u00a1c\u00f3mo \u00a0entra en sus aprietos, si se me permite! Este hombre que tiene tantos asuntos en mano, tan grandes planes en la cabeza, experimenta las peque\u00f1as tentaciones de estas campesinas, siente todas ocasiones en que\u00a0 su modestia, su humildad pueden estar a prueba, se dir\u00eda que vive, piensa, que sufre con ellas, las toma de la mano para ayudarlas a romper una atadura, a vencer una desgana, a superar una debilidad. Se complace entre ellas, no corre el tiempo con sus queridas ovejas, \u00e9l las conoce, y ellas le conocen, se le ve con una l\u00e1grima en los ojos, cuando se siente edificado o contento de ellas; y no se imagina nada m\u00e1s atento, m\u00e1s clarividente, m\u00e1s tierno y paternal.<\/p>\n<p>La direcci\u00f3n espiritual de Vicente de Pa\u00fal se prestar\u00eda a muchas m\u00e1s anotaciones, pero lo esencial ya est\u00e1, en este delicado manejo de las almas, y en esta perpetua exhortaci\u00f3n a la acci\u00f3n. Hizo de su hija preferida una mujer humilde, activa, alegre; \u00abun hermoso \u00e1rbol de vida que produce frutos de amor\u00bb. \u00abAmemos a Dios, hermanos m\u00edos, amemos a Dios; pero que sea a expensas de nuestros brazos, con el sudor de nuestros rostros\u2026 Hay que unir el oficio de Marta con el de Mar\u00eda. Debemos testimoniar a Dios mediante nuestras obras que le amamos: <em>totum opus nostrum in operatione consistit\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Esta moral accesible a todos, Vicente de Paul la ha difundido, se puede decir, por todas las clases y todo el pa\u00eds. Al pueblo les ha enviado a los misioneros. Con las mujeres, ha continuado, reforz\u00e1ndola y haci\u00e9ndole producir sus frutos pr\u00e1cticos, la obra de Francisco de Sales. Por su acci\u00f3n con el clero, ha multiplicado la predicaci\u00f3n de la sencilla y bienhechora moral evang\u00e9lica. Por \u00faltimo, por los innumerables ejercitantes de San L\u00e1zaro, he renovado en todos los medios la fe y las costumbres. No se podr\u00eda exagerar su influencia. La lucha contra el esp\u00edritu jansenista, sin hablar de la parte activa que tom\u00f3 en ello<span id='easy-footnote-3-72955' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-7\/#easy-footnote-bottom-3-72955' title='Vicente de Pa\u00fal, despu\u00e9s de acoger los comienzos del jansenismo, entr\u00f3 en acci\u00f3n, y vigorosamente, contra \u00e9l,\u00a0 una vez que hubo constatado los peligros para la unidad de la fe y para la pr\u00e1ctica cristiana. Esta acci\u00f3n que pertenece m\u00e1s bien a la historia de las ideas, nos llevar\u00eda demasiado lejos: que se nos permita dejarla, como tambi\u00e9n el papel propiamente pol\u00edtico de Vicente durante la Fronda. Episodios muy curiosos indudablemente, pero que no son esenciales en la figura del santo.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>, es en gran parte su obra. Ha contribuido m\u00e1s que ning\u00fan otro a mantener entre nosotros una fe tradicional, poco sabia o curiosa, una piedad confidente, humilde y vuelta hacia la acci\u00f3n\u2026 Este fondo de santidad religiosa nos ha ayudado a atravesar ciertas crisis espirituales que pod\u00edan ser peligrosas: Jansenismo, Quietismo incluso (ya que nunca la caridad laica ha podido hacer milagros que hace el amor de Cristo en la persona de los pobres). Si no tiene un gran prestigio intelectual, tiene una gran eficacia social; ha ayudado al catolicismo franc\u00e9s a guardar su buena base y sus virtudes activas: este generoso amor de Dios, este humilde perfeccionamiento de s\u00ed mismo, que son lo esencial de la vida cristiana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo VII: Vicente de Pa\u00fal, director de conciencia Vicente de Pa\u00fal no pasa por uno de los maestro de la vida espiritual. 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