{"id":72931,"date":"2024-09-05T08:01:29","date_gmt":"2024-09-05T06:01:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=72931"},"modified":"2023-08-20T13:11:03","modified_gmt":"2023-08-20T11:11:03","slug":"san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-3","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-3\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal (Renaudin). Cap\u00edtulo 3"},"content":{"rendered":"<h1>Cap\u00edtulo III: Primeras experiencias<\/h1>\n<p>Un funcionario, un peque\u00f1o comerciante, no emplean tanto tiempo en\u00a0 fijar su existencia. Una elecci\u00f3n bastante breve, alg\u00fan aprendizaje, un examen: y ya est\u00e1n encuadrados. Pero, cuanta m\u00e1s rica debe ser una vida, m\u00e1s duda en limitarse. Vicente de Pa\u00fal tiene ya cerca de treinta y dos a\u00f1os; le llevar\u00e1 varios a\u00f1os todav\u00eda para saber lo que dios quiere de \u00e9l. D\u00f3cil, atento en las ocasiones, activo, cierto es; pero no prisionero de su actividad, incrementando su conocimiento de los hombres y de las cosas, experimentando sus ideas al contacto de las realidades. As\u00ed lo vamos a ver durante una decena de a\u00f1os m\u00e1s.<\/p>\n<h3><em>La parroquia de Clichy. <\/em><\/h3>\n<p>El nombramiento era del 12 de noviembre de 1611; el nuevo p\u00e1rroco no entr\u00f3 de su parroquia hasta el 2 de mayo de 1612. En este retraso, \u00bfno se ha de ver simplemente sino el efecto de circunstancias\u00a0 exteriores? Se suele pensar que Vicente acept\u00f3 sin disgusto, sin retrasos el desgarro de su vida.<\/p>\n<p>Enviar a un pueblo a un hombre que hab\u00eda estudiado doce a\u00f1os las letras y la teolog\u00eda, que ten\u00eda ya altas relaciones, que pod\u00eda en unos a\u00f1os convertirse en una de las lumbreras de la Iglesia renaciente, era, por parte de B\u00e9rulle, un gesto bien desconcertante, casi insensato. \u00bfQu\u00e9 jefe se hubiera privado a s\u00ed mismo de un sujet\u00f3 as\u00ed? Reconozcamos aqu\u00ed la adivinaci\u00f3n de un hombre superior, y esta libertad de los seres que no se encadenan a la sabidur\u00eda de aqu\u00ed abajo.<\/p>\n<p>Clichy fue, en la vida de Vicente de Pa\u00fal, una iniciaci\u00f3n bastante particular. Era una parroquia rural, pero muy mezclada. Pobres ovejas de los campos, y luego burgueses de Par\u00eds, que ven\u00edan a refrescarse, y que aportaban su lujo y sus limosnas. Sospecho que el coraz\u00f3n de Vicente se fue sobre todo con los primeros, pero los otros le fueron bien \u00fatiles\u2026 Primeramente le ayudaron a reconstruir la iglesia, que estaba en ruinas. B\u00e9rulle ya hab\u00eda tal vez pensado en ello, feliz por encontrar para la parroquia a un p\u00e1rroco \u00abconstructor\u00bb; esta consideraci\u00f3n es de todos los tiempos. Vicente se encontr\u00f3 pues all\u00ed entre pobres y ricos: es la imagen de toda su vida. Puso en ello ense\u00f1ar este papel en el que lleg\u00f3 a ser incomparable de intendente de la riqueza junto a la miseria. Buscaba, soltaba las bolsas; pero inclinaba tambi\u00e9n los corazones de los grandes hacia los peque\u00f1os. En este siglo jerarquizado, ninguno m\u00e1s que \u00e9l contribuir\u00e1 a acercar las clases, a romper la etiqueta, a humanizar una sociedad dura o afectada. Son sus\u00a0 preludios, en Clichy; presiente la fecundidad de un apostolado que, al suavizar la miseria del pueblo, regenerar\u00eda, mediante la piedad y el amor, la fe de los grandes.<\/p>\n<p>La instalaci\u00f3n del nuevo pastor nos es conocida, relatada en un acta conservada\u00a0 en los archivos de la Misi\u00f3n. \u00abEl 2 de mayo, por la tarde, compareci\u00f3 en la puerta de la iglesia, y pidi\u00f3 la libre entrada a Thomas Gallot, procurador de Bourgoing (el antiguo p\u00e1rroco. Una vez en la iglesia, tom\u00f3 agua bendita, hizo la aspersi\u00f3n, se arrodill\u00f3 delante del Crucifijo y al pie del altar mayor, bes\u00f3 el altar, el misal, el tabern\u00e1culo, luego las pilas. Se sent\u00f3 en el coro en la sede dedicada al p\u00e1rroco. Luego toc\u00f3 las campanas. Se dirigi\u00f3 por fin al presbiterio, entr\u00f3 y sali\u00f3 con libertad. Entonces, siguiendo el edicto del Rey, el procurador ley\u00f3 en alta e inteligible voz esta toma de posesi\u00f3n, y no habiendo reclamaciones, entreg\u00f3 acta a Vicente de Pa\u00fal\u00bb.<\/p>\n<p>Durante un a\u00f1o, Vicente fue el pastor exacto e infatigable, predicando, catequizando, visitando a todos sus fieles para conocer sus necesidades, acallar sus querellas, calentar sus corazones. Quien ha visto lo que puede hacer un sacerdote celoso en una parroquia moderna se imaginar\u00e1 lo que hizo Vicente de Pa\u00fal. No me atrevo a decir que su tarea era muy f\u00e1cil; yo sin embargo lo creo. La pesada, la desalentadora indiferencia de hoy, no paralizaba sus esfuerzos. Hab\u00eda buenos creyentes y libertinos, creyentes todav\u00eda, y algunos fanfarrones de impiedad, un poco sorprendidos de s\u00ed mismos. Y luego el prestigio de un p\u00e1rroco sin debilidades, de un ap\u00f3stol aut\u00e9ntico y ardiente, era tambi\u00e9n cosa rara\u2026 Vicente de Pa\u00fal hizo maravillas. Maravillas que ser\u00edan incre\u00edbles en nuestros d\u00edas. \u00c9l mismo lo dir\u00e1 m\u00e1s tarde: \u00abEl buen pueblo me resultaba tan obediente que habiendo recomendado la confesi\u00f3n el primer domingo del mes, <em>nadie faltaba a ello, <\/em>para mi gran gozo\u00bb. Y un Religioso a quien hab\u00eda invitado a predicar en su parroquia deba el mismo testimonio: \u00abConfieso que encontr\u00e9 a estas buenas gentes <em>que universalmente viv\u00edan como \u00e1ngeles, <\/em>y que a decir verdad, yo le llev\u00e9 la luz al sol\u00bb. Pobres ap\u00f3stoles de hoy, que sent\u00eds que se os van tantas almas, seguir rebeldes, en el gran desierto que se extiende alrededor de vuestro peque\u00f1o reba\u00f1o de fieles, \u00a1qu\u00e9 celosos os deb\u00e9is sentir!<\/p>\n<p>En Clichy tambi\u00e9n, Vicente inicia una de sus obras. Pensando en tantos fieles que no tienen buenos sacerdotes, echa los fundamentos de un peque\u00f1o seminario privado, muy modesto. Escoge a doce ni\u00f1os a los que aloja y alimenta, en su casa, para formarlos en la ciencia y en la piedad; transmite la obra a su sucesor, continu\u00f3 teniendo cuidado, y vio a varios de ellos llegar a las \u00d3rdenes.<\/p>\n<p>Clichy fue, entre todas, una p\u00e1gina feliz de la vida de Vicente. Uno de esos momentos florecientes, confiados, en los que uno se siente en su camino y se trabaja bien. Ha conservado toda su vida la irradiaci\u00f3n de esta jornada. Escuchadle hablar de ello a sus hijas, cuarenta a\u00f1os m\u00e1s tarde: \u00abAh, me dec\u00eda yo entonces, \u00a1qu\u00e9 feliz te sientes con un pueblo tan bueno! El Papa es menos feliz que yo. Un d\u00eda, el\u00a0 primer Cardenal de Retz me pregunt\u00f3: \u2018Y bueno, Se\u00f1or, \u00bfc\u00f3mo os encontr\u00e1is?\u2019 Monse\u00f1or, le respond\u00ed, tengo un contento tan grande que no puedo contarlo. \u2018\u00bfY por qu\u00e9?\u2019 Porque tengo un pueblo tan bueno y obediente a todo lo que le recomiendo, que me digo a m\u00ed mismo que ni el Papa, ni vos, Monse\u00f1or, sois tan feliz como yo\u00bb.\u00a0 Ligereza continua de un alma que se ha despojado por la obediencia, y que recibe por ello la inmediata recompensa. Modestia de un hombre que ha gozado entre los humildes y los obres. D\u00edas felices, d\u00edas de ensue\u00f1o (ved qu\u00e9 orgulloso se pone ante un cardenal y un papa) que ponen como un alba fresca en esta camino pronto abrumado de asuntos, de preocupaciones, y de todo el peso de una dura jornada.<\/p>\n<p>Y todo ello dur\u00f3 poco, como todas las dichas. Apenas transcurridos quince meses, B\u00e9rulle hac\u00eda entrar a Vicente, a t\u00edtulo de preceptor de los hijos,\u00a0 en la casa de Emmanuel de Gondi, general de las Galeras, hermano del obispo de Par\u00eds. \u00c9l segu\u00eda titular de la parroquia de Clichy (hasta 1624), pero \u00e9l ya no resid\u00eda.<\/p>\n<p>Sin duda B\u00e9rulle quer\u00eda pulir y afinar, en la compa\u00f1\u00eda de los grandes, a este sacerdote campesino un poco tosco, en el que depositaba grandes esperanzas. \u00bfPrevi\u00f3 que Vicente hallar\u00eda en los Gondi, grandes se\u00f1ores terrestres, los medios, las ocasiones, los recursos necesarios para comenzar su apostolado con el pueblo de los campos? Claras u oscuras, se pueden buscar en este gesto muchas razones; pero estuvo, en todo caso, nutrido de consecuencias felices.<\/p>\n<p>Vicente, quien no pod\u00eda verlas a\u00fan, no lo entendi\u00f3. Se someti\u00f3 por obediencia. Adem\u00e1s, \u00e9l no abandonaba del todo su parroquia, adonde volvi\u00f3 probablemente de vez en cuando. Po la separaci\u00f3n no fue menos cruel.<\/p>\n<p>Vicente\u00a0 ha contado su partida: \u00abYo me alej\u00e9 tristemente de mi peque\u00f1a iglesia de Clichy; mis ojos estaban ba\u00f1ados en l\u00e1grimas, y bendije a estos hombres y mujeres que ven\u00edan hacia m\u00ed y a quienes yo hab\u00eda querido tanto. <em>Mis pobres estaban all\u00ed tambi\u00e9n, y ellos me part\u00edan el coraz\u00f3n. <\/em>Llegu\u00e9 a Par\u00eds con mi peque\u00f1o mobiliario, y me dirig\u00ed a casa del Sr. de B\u00e9rulle\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abAqu\u00ed estoy. Haced de m\u00ed lo que quer\u00e1is\u2026\u00bb \u00a1El hermoso momento! La victoria de B\u00e9rulle no era nada, a mi parecer, al lado de la de Vicente sobre s\u00ed mismo.<\/p>\n<h3><em>El capell\u00e1n de los Gondi.<\/em><\/h3>\n<p>Los Gondi, de origen italiano (banqueos de Florencia), hab\u00edan llegado a Francia con las reinas de all\u00ed. Su fortuna fue r\u00e1pida. Alberto de Gondi la coron\u00f3 ali\u00e1ndose uno de los primeros con la casa de Enrique IV. Fue mariscal de Francia, y su hermano, Pedro de Gondi, obispo de Par\u00eds en 1570.<\/p>\n<p>Eran pues gente muy bien situada, y buenos cristianos. Sin duda Emmanuel, hijo de Alberto, general de las galeras desde 1598, era tambi\u00e9n un hombre del Renacimiento; uno de estos grandes hij0s llenos de pasiones violentas, a la vez educados y brutos, almas mal disciplinadas todav\u00eda, pero sin enga\u00f1o ni dos caras, como se vio m\u00e1s tarde. Y su mujer, Margarita de Silly, era una mujer piadosa, una madre verdaderamente cristiana. \u00abDeseo mucho m\u00e1s hacer de los que dios me ha dado\u00a0 santos en el cielo que grandes se\u00f1ores en la tierra\u00bb, dec\u00eda ella. El segundo arzobispo, Enrique de Gondi, hermano de Emmanuel, era tambi\u00e9n un hombre de bien, celoso por la reforma y el despertar de la Iglesia de Francia. En una palabra, en este medio, el m\u00e9rito y las virtudes de Vicente pod\u00edan tener toda su irradiaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue \u00e9l quien se ocup\u00f3 de ponerlas debajo del celem\u00edn, una vez que hubo entrado. Este preceptor, este capell\u00e1n se hace lo m\u00e1s peque\u00f1o que puede en la gran casa: casi un criado. Fuera de las horas que pasa con los dos ni\u00f1os j\u00f3venes<span id='easy-footnote-1-72931' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-1-72931' title='El tercero, Jean-Fran\u00e7ois de Paule, futuro Cardenal de Retz, no naci\u00f3 hasta 1614. Solo ten\u00eda once a\u00f1os cuando Vicente dej\u00f3 la casa de los Gondi. Apenas se puede pues hacer de este ni\u00f1o singular el alumno de Vicente de Pa\u00fal.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>, en servicio contratado, hay que ir a buscarle a su habitaci\u00f3n, donde se encierra \u00abcomo en una cartuja\u00bb. No se presenta nunca ante el Sr. General ni ante su mujer, sin ser llamado. Por el contrario, vedle circular entre los empleados de la casa, entrando en las habitaciones m\u00e1s bajas, calmando las discusiones, poniendo orden en los despilfarros, dejando en todas partes un buen consejo, una palabra de Dios. \u00a1Qu\u00e9 no debi\u00f3 ver en los sobrados de una familia grande! En las v\u00edsperas de fiesta, re\u00fane al personal para disponerle a la recepci\u00f3n de los sacramentos. Para su mal, todo esto llega a los o\u00eddos de los due\u00f1os, que aprecian cada vez m\u00e1s a su capell\u00e1n. Se le llama con mayor frecuencia; el General est\u00e1 muy contento con \u00e9l. Un d\u00eda, en su capilla donde se retrasa despu\u00e9s de la misa, ve al sacerdote que viene hacia \u00e9l, que se arrodilla: \u00abPermitidme, Monse\u00f1or, que os diga una palabra con toda humildad. S\u00e9 por buena parte que ten\u00e9is pensado ir a batiros en duelo. Pero yo os declaro de parte de mi Salvador, al que os acabo de mostrar y a quien acab\u00e1is de adorar, que si no abandon\u00e1is ese mal\u00a0 proyecto, \u00e9l ejercer\u00e1 su justicia sobre vos y sobre vuestra posteridad2. El general se queda sorprendido; cede a pesar suyo a este mandato singular (y singularmente acertado). Luego, despedido su falso honor, se queda muy contento, cuenta a los suyos la escena, que estima sin duda que le es ventajosa, as\u00ed como a su capell\u00e1n. Pero \u00e9l ha cedido, se ha sometido al poder misterioso de este humilde sacerdote, ha ca\u00eddo en la red: en adelante, necesitar\u00e1 de \u00e9l, le llamar\u00e1 sin cesar en su ayuda, y le encomendar\u00e1 el asunto de su salvaci\u00f3n: ya que es un gran ni\u00f1o, trabajado por las pasiones del mundo, y que siente que no puede salvarse solo.<\/p>\n<p>En cuanto a su mujer, no ha quedado menos conquistada. Y en eso, en verdad hay una curiosa conquista. Margarita de Silly es una mujer de escasa salud, incluso enfermiza,\u00a0 y de una piedad inquieta, escrupulosa, agotadora. Que haya querido, al cabo de un a\u00f1o, ponerse bajo la direcci\u00f3n de su capell\u00e1n, a quien haya suplicado ella a B\u00e9rulle que le obligara a aceptar; a quien en fin, obtenida la cosa, el Sr. Vicente haya conducido si lastimarla a esta alma delicada y nerviosa, no se puede desear mejor testimonio de su finura y de su tacto: B\u00e9rulle ha debido dar m\u00e1s de un consejo; pero se ha de decir que Vicente se port\u00f3 admirablemente, haciendo el mayor bien a su dirigida. La acerc\u00f3 a la acci\u00f3n, la ocup\u00f3, la salv\u00f3 de s\u00ed misma. \u00c9l la enrol\u00f3 en su cruzada de caridad. Lleg\u00f3 a ser la primera de aquellas mujeres que, a lo largo de su vida hab\u00edan de ayudarle en sus obras. Ella no le dejar\u00e1 nunca; \u00e9l se convertir\u00e1 en algo m\u00e1s necesario que su pan de cada d\u00eda; cuando crea perderle, en 1617, se ver\u00e1 una mujer perdida, que no sabe ya abrirse a ning\u00fan otro, que vuelve a ser objeto de sus dudas y de sus terrores, y que lo pone todo por obra para recuperar al quien le hace vivir. Victoriosa al fin, pero mal tranquilizada, hace prometer al Sr. Vicente que no la abandonar\u00e1 m\u00e1s, que la asistir\u00e1 hasta la muerte que siente pr\u00f3xima. La pura pero exigente amistad de esta mujer tan llena de buena voluntad, nos conmueve. Y esta pareja de esposos, persuadidos uno y otro de que no podr\u00e1n lograr su salvaci\u00f3n sin el Sr. Vicente, \u00bfno es impresionante? Que se sientan recompensados: ellos nos ayudan a adivinar lo que, bajo la humildad del santo, de autoridad verdadera y, bajo su figura r\u00fastica, de encanto apasionante.<\/p>\n<p>El Sr. de las Galeras era conde de Joigny, y su mujer le hab\u00eda aportado grandes tierras en Picard\u00eda. Los dos solos reinaban sobre siete a ocho mil campesinos. Vicente de Pa\u00fal los acompa\u00f1aba, feliz por poder entregarse a sus queridos labradores. \u00c9l multiplicaba, con la marquesa de Gondi las limosnas temporales y espirituales. En el curso de una de estas jornadas, ocurri\u00f3 un hecho sin importancia que dio origen a algo grande. Vamos a detenernos en el pueblo de Folleville, nos encontramos en la cuna de la obra de la <em>Misi\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<h3><em>El grano de mostaza.<\/em><\/h3>\n<p>El car\u00e1cter de todas las obras de san Vicente de Pa\u00fal es la humildad de sus comienzos. Aqu\u00ed es m\u00e1s impresionante todav\u00eda que ninguna\u00a0 otra. Se ve germinar el grano de mostaza que debe convertirse en un gran \u00e1rbol.<\/p>\n<p>Un d\u00eda de enero de 1617, mientras que los Gondi residen en Folleville, llaman a Vicente a Gannes, a la casa de un campesino que se est\u00e1 muriendo. En el curso de la conversaci\u00f3n, se las arregla para proponerle una confesi\u00f3n general. El moribundo acepta; y revela pesadas faltas que se hab\u00eda callado desde su juventud en fondo de su conciencia. La verg\u00fcenza, el respeto humano: \u00bfC\u00f3mo aquel que pasa a los ojos de todos por un hombre de bien se iba a atrever a mostrar a su p\u00e1rroco, a su vecino, como un malhechor? El Sr Vicente le ha sacado de apuros. Se descubre con mayor facilidad ante un desconocido. Muy serenado, el hombre quiere expiar su largo silencio: har\u00e1 su confesi\u00f3n p\u00fablica. Manda llamar a la gran se\u00f1ora que le ha cuidado: \u00abSe\u00f1ora, yo estaba condenado si no hubiera hecho una confesi\u00f3n general a causa de varios pecados graves de los que no me hab\u00eda atrevido a confesarme\u2026\u00bb<\/p>\n<p>Humilde escena, pero cuyo\u00a0 momento tr\u00e1gico no escapa al Sr. Vicente, porque va a despertar una de sus preocupaciones profundas. La Sra. de Gondi, tambi\u00e9n, se siente sacudida, su coraz\u00f3n apiadado, su imaginaci\u00f3n puesta en marcha. \u00ab\u00a1Oh! Se\u00f1or, dice a su capell\u00e1n, \u00bfqu\u00e9 acabamos de o\u00edr? Que es de temer\u00a0 que les pase esto a la mayor parte de esta pobre gente. Si este hombre que pasaba por un hombre de bien se hallaba en estado de condenaci\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 de todos los dem\u00e1s que viven peor? Oh, Se\u00f1or Vicente, \u00a1cu\u00e1ntas almas se pierden! \u00bfQu\u00e9 remedio hay para ello?\u00bb<\/p>\n<p>Vicente no se siente menos conmocionado que ella; pero su emoci\u00f3n en su caso es el silencio. Ah\u00ed van los dos en la carroza que los lleva a Folleville: la marquesa habla, sugiere ideas, los \u00abremedios\u00bb; en su viva imaginaci\u00f3n, percibe las llamas del infierno que esperan a estas pobres gentes, a estas almas que le pertenecen un poco. \u00bfC\u00f3mo salvarlas? Y el buen sacerdote, a su lado, la deja agitarse; medita en su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>La inspiraci\u00f3n que lleg\u00f3 a la Sra. de Gondi fue \u00e9sta: El Sr. Vicente predicar\u00eda, en la iglesia de Folleville, sobre la confesi\u00f3n general, su importancia, sus frutos, y se escoger\u00eda el 25 de enero, d\u00eda de la conversi\u00f3n de san Pablo. As\u00ed se decidi\u00f3. El serm\u00f3n tuvo un \u00e9xito maravilloso. Vicente de Pa\u00fal se acordaba mucho tiempo despu\u00e9s. Dios tuvo tanta confianza en la buena fe de esta se\u00f1ora, que dio la bendici\u00f3n a mis palabras\u00bb. Naturalmente \u00e9l aparta de su persona el m\u00e9rito y el honor; y se equivoca, ya que debi\u00f3 predicar all\u00ed como ya lo hab\u00eda hecho en otras partes con un maravilloso poder de tocar el alma de los sencillos.<\/p>\n<p>Animadas por este comienzo, las predicaciones continuaron. Os habitantes de Folleville y alrededores vinieron en tal cantidad a confesarse que la Sra. de Gondi debi\u00f3 llamar a dos Padres Jesuitas de Amiens para ayudar al Sr. Vicente. Tres sacerdotes para unos pueblos, es mucho; pongamos sin faltar a la caridad que los pecados eran numerosos y un poco duros de sacar. Pero al fin la gracia volv\u00eda a estas almas. Y ese fue, concluye Vicente, el primer serm\u00f3n de la <em>Misi\u00f3n\u00a0 <\/em>y el \u00e9xito que Dios le dio, el d\u00eda de la conversi\u00f3n de san Pablo; lo que Dios no hizo sin ning\u00fan plan un d\u00eda as\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Y ese fue tambi\u00e9n, pensamos nosotros, el d\u00eda de la fundaci\u00f3n de la obra de la Misi\u00f3n, o al menos decidida. Lo es en el esp\u00edritu de la Sra. de Gondi, quien sin perder tiempo manda ofrecer 16.000 libras a los Jesuitas con el cargo para ellos de dar misiones en sus tierras por turno, de cinco en cinco a\u00f1os. Los Jesuitas se excusan, ella se vuelve hacia los Oratorianos, que no aceptan tampoco, teniendo otras obras en la cabeza. Vicente deja actuar a su colaboradora; pero en cuanto a \u00e9l, es ir un poco demasiado deprisa! \u00abPrecipitar los acontecimientos es lo propio de la debilidad\u00bb, dice Bossuet en un serm\u00f3n sobre la Providencia. Se dir\u00eda que ha pensado en Vicente de Pa\u00fal. Este precipitar\u00e1\u00a0 tan poco su asunto (ese como todos los dem\u00e1s) que transcurrieron <em>siete a\u00f1os <\/em>todav\u00eda antes de que la <em>Misi\u00f3n<\/em> sea puesta en pie.<\/p>\n<p>La idea de una obra nace siempre de un peque\u00f1o hecho preciso, que es el \u00edndice del mal moral o social. Vicente de Pa\u00fal es un realista; es la experiencia y no la imaginaci\u00f3n la que le pone en marcha. No se adelanta a los hechos; y tampoco m\u00e1s presta a sus gestos una prolongaci\u00f3n que le encante o le anime; se atiene a la tarea inmediata. Vicente se sorprender\u00e1 siempre de lo que ha hecho, al punto de rechazar casi de creerlo, o de creer que \u00e9l est\u00e1 all\u00ed por algo. \u00bf\u00bbC\u00f3mo se puede decir que he fundado las Hijas de la Caridad? Apenas pensaba en ello\u2026\u00bb Lo mismo en cuanto a la Misi\u00f3n. \u00abEn cuanto a m\u00ed, cuando considero la conducta de la que Dios ha querido servirse para dar nacimiento a la congregaci\u00f3n en su Iglesia, confieso que no s\u00e9 ya donde me encuentro, y me parece que es un sue\u00f1o todo lo que veo\u2026 Todas estas reglas y lo dem\u00e1s que veis en la congregaci\u00f3n, se ha hecho yo no s\u00e9 c\u00f3mo. Pues yo nunca hab\u00eda pensado en ello, y todo eso ha entrado poco a poco, sin que se pueda decir cu\u00e1l es la causa\u00bb. Exageraci\u00f3n de humildad acostumbrada en los santos, me parece a m\u00ed, pero tambi\u00e9n verdad psicol\u00f3gica que no se podr\u00eda negar. Vicente de Paul no es solamente un esp\u00edritu bien formado y atado en corto por la humildad; es un esp\u00edritu sin alas. Comparadle a los grandes iniciadores de su tiempo, a san Francisco de Sales, a Saint-Cyran, a B\u00e9rulle, a Olier mismo. Camina paso a paso, prudente, desconfiado; \u00e9l innova, no sin osad\u00eda, pero forzado por el buen sentido m\u00e1s bien que arrastrado por el esp\u00edritu. Es tal vez el \u00fanico de los grandes creadores que no ha tenido imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Nadie conoc\u00eda mejor que \u00e9l, por cierto, la miseria espiritual de los campos en esa \u00e9poca. Parece imposible creer que no haya tenido, a los treinta y seis a\u00f1os, sobre la evangelizaci\u00f3n rural, algunos planes ya preparados. La ocasi\u00f3n de le presenta con los recursos: va a ponerlos por obra. Pero no; el hecho que le ha impresionado no va a \u00a0juntarse con una obra m\u00e1s amplia; es suficiente para retener la atenci\u00f3n de Vicente. Cosa curiosa<em>, once a\u00f1os<\/em>\u00a0 m\u00e1s tarde, en 1628, en una s\u00faplica que dirigir\u00e1 al Papa Urbano VIII para exponerle la necesidad de una congregaci\u00f3n de sacerdotes encargados de evangelizar los campos, Vicente de Pa\u00fal volver\u00e1, pondr\u00e1 bien en el centro de su petici\u00f3n este mismo hecho, como si no hubiera visto m\u00e1s lejos todav\u00eda: \u00abEsta pobre gente\u2026 muere en los pecados de su juventud, porque retenidos por una falsa verg\u00fcenza, no se atreven a depositarlos en los o\u00eddos de los sacerdotes o vicarios que les son demasiado conocidos o familiares\u00bb. Y por eso conviene de tiempo en tiempo tener confesiones generales\u00bb, hechas por misioneros. Se creer\u00eda a\u00fan en Gannes\u2026 Vicente de Pa\u00fal, como todos los realistas, concibe de lo particular a lo general; pero tal es su sumisi\u00f3n al hecho que siente pena salir de lo particular. Sus mayores obras son un encadenamiento de peque\u00f1as creaciones minuciosas, que responden a necesidades limitadas a medida que se hacen sentir; el conjunto, como \u00e9l mismo lo dice, ha sobrepasado sus previsiones. Por el contrario, el remedio que aplicar es empleado con una nitidez\u00a0 perfecta, previstas todas las dificultades, evitados todos los obst\u00e1culos, regulado curiosamente todo el detalle de ejecuci\u00f3n. La <em>f\u00f3rmula<\/em> es excelente y por lo general est\u00e1 a primera vista. Los primeros reglamentos de Vicente son obras maestras as\u00ed por la letra como por el esp\u00edritu; y, concebidos para cosas muy humildes, se adaptar\u00e1n casi sin tachaduras a los m\u00e1s grandes. Tal es la fuerza oculta de este esp\u00edritu: tiene el genio de lo particular, a punto de hacerlo aplicable a lo general.<\/p>\n<p>A\u00f1adamos por \u00faltimo a esta lentitud de concepci\u00f3n y de ejecuci\u00f3n que le son naturales, la ejecuci\u00f3n de una virtud sobrenatural que retiene al santo de no apresurar nada. Vicente de Pa\u00fal, desde entonces mismo, se ha despojado de s\u00ed mismo; no se f\u00eda de sus visiones propias; preferir\u00eda contrariarlas indefinidamente que arriesgar que no concuerden con las de la Providencia. \u00c9l es ya el hombre que escribir\u00e1 m\u00e1s tarde: \u00abEl esp\u00edritu del mundo anda en el asunto y quiere hacerlo todo. Dej\u00e9mosle, nosotros no queremos escoger nuestros caminos, sino caminar por los que agrada a Dios que nos presentemos. Agrandemos mucho nuestro coraz\u00f3n y nuestra voluntad en su presencia, sin determinarnos a esto o a aquello hasta que Dios haya hablado\u00bb. Por lo tanto, es el santo quien temporiza tanto como el hombre. Yo creo que desde ese momento la idea de la Misi\u00f3n est\u00e1 madura en su esp\u00edritu, pero ve en \u00e9l todav\u00eda algunas dificultades humanas, y sobre todo no est\u00e1 seguro de que \u00abDios ha hablado\u00bb. Admirable dominio de s\u00ed, admirable sumisi\u00f3n a una voluntad que sabe m\u00e1s que nosotros.<\/p>\n<p>Dej\u00e9mosle pues abandonar por ahora el germen que acaba de sembrar. \u00abSi el grano no muere\u2026\u00bb Seis meses despu\u00e9s de la misi\u00f3n de Folleville, una hermosa ma\u00f1ana, sin tambor ni trompeta, quiero decir sin adioses ni despidos, bajo el pretexto de un \u00abbreve viaje\u00bb, Vicente de Pa\u00fal deja la casa de los Gondi. No se lo ha dicho a nadie, excepto a B\u00e9rulle. B\u00e9rulle no ha debido encontrar a su gusto esta escapada. Las razones que le han dado eran tal vez buenas; pero el modo de hacerlas llegar al Sr. General y a su mujer fue seguramente malo\u2026 Un mes despu\u00e9s de que el Sr. Vicente se instalara en el peque\u00f1o pueblo de Ch\u00e2tillon-des-Dombes, \u00e9l comunic\u00f3 al Sr. General que no se reintegrar\u00eda en su casa. Singular carta de despedida\u2026<\/p>\n<h3><em>La primera cofrad\u00eda de la Caridad.<\/em><\/h3>\n<p>Esperando explicaciones de una parte y de la otra, se acomoda, volvemos a ver al Sr Vicente p\u00e1rroco de pueblo \u2013de peque\u00f1a ciudad mejor dicho. Va a proseguir all\u00ed sus provechosas experiencias.<\/p>\n<p>Ch\u00e2tillon era una parroquia muy \u00abdel antiguo r\u00e9gimen\u00bb. Pose\u00edda por beneficiarios de Lyon, que se limitaban a cobrar las rentas, se ve\u00eda bien all\u00ed una casa donde seis eclesi\u00e1sticos figuraban de capellanes; pero de pastores, nada de eso. Esto duraba cincuenta a\u00f1os: triste ejemplo del desorden de la Iglesia en aquellos tiempos. Los beneficiarios se decidieron a pedir un p\u00e1rroco. Se dirigieron al Padre Bence, uno de los primeros compa\u00f1eros de B\u00e9rulle, que acababa de fundar una casa del Oratorio. El P. Bence acudi\u00f3 a B\u00e9rulle, quien ofreci\u00f3 el puesto a Vicente de Pa\u00fal, como ruptura de empleo.<\/p>\n<p>As\u00ed fue como, el 1\u00ba de agosto de 1617, Vicente tomaba posesi\u00f3n de las parroquias de Buenans y Ch\u00e2tillon. En aquella regi\u00f3n de la Bresse, hab\u00eda buen n\u00famero de Calvinistas. A falta de una casa, entr\u00f3 en la de uno de ellos, el se\u00f1or Beynier, joven simp\u00e1tico, pero que disfrutaba agradablemente de su fortuna, de su juventud, y de una moral acomodaticia.<\/p>\n<p>La herej\u00eda, la indiferencia, el, libertinaje: el pa\u00eds no andaba muy bien. Vicente comienza por limpiar la casa: la de su hu\u00e9sped y la de Dios. Aleja a las mujeres; instala seriedad, trabajo,\u00a0 oraci\u00f3n, y sin duda tambi\u00e9n atractivo y buen humor en este alojamiento, pues el joven vividor se deja seducir. \u00bfQui\u00e9n resistir\u00e1 a este hombre? Despu\u00e9s de tantos otros, ahora es Beynier quien cae bajo el encanto. Su coraz\u00f3n se purifica, sus ojos se abren; despu\u00e9s de regular sus costumbres, abjura de sus errores. En este momento solamente, e que le ha llevado a la luz se desvanece y deja a otros el honor de recibir la abjuraci\u00f3n del convertido. \u00c9l est\u00e1 ocupado ya en extender sus conquistas. Emprende la de Garron, cu\u00f1ado de Beynier. Pero Garron no es de humor f\u00e1cil. Se defiende, hace ruido. Llevado por los ministros protestantes furiosos por haber pedido a Beynier que cae bajo el encanto, conduce a Vicente de Pa\u00fal ante la C\u00e1mara del Edicto, en Grenoble. El asunto se vuelve contra \u00e9l. Sus hijos hab\u00edan abjurado; uno de ellos, cuarenta a\u00f1os m\u00e1s tarde, escribi\u00f3 a Vicente una carta impresionante, que nos ha llegado.<\/p>\n<p>Al llevar a Dios almas (el \u00abregreso\u00bb del Conde de Rougemont, ampliamente referido en todas las vidas del santo, es bien conmovedor tambi\u00e9n, y un hermoso cuadro del tiempo), Vicente se instruye. Frecuenta a reformados; aprende a conocer su estado de esp\u00edritu, a compadecerlos, a amarlos como a hermanos separados. Su conducta para con los herejes estar\u00e1 siempre marcada de inteligencia y de caridad. No tendr\u00e1 el rayo de B\u00e9rulle, que deslumbra de pronto los esp\u00edritus ciegos; sino que tendr\u00e1 la paciencia, la dulzura, el horror de la vana controversia; \u00e9l convencer\u00e1 a los corazones. Este joven Beynier, a quien devuelve en algunos meses, no solamente a la fe sino al despojo se s\u00ed mismo es la imagen emocionante de los m\u00e9todos del santo, y de su verdadero poder. Se cree ver al Maestro mirando de frente al joven que le ha abordado: \u00abSi quieres tener la vida, da tus bienes a los pobres y s\u00edgueme\u00bb.<\/p>\n<p>Otro trabajo era tal vez m\u00e1s dif\u00edcil a\u00fan: sacar del desorden a los eclesi\u00e1sticos que administraban, cuanto antes mejor, la parroquia sin pastor. Eran, \u00a1Dios m\u00edo! como tantos otros que viv\u00edan a sus anchas, tratando como caballeros los deberes de estado. Diversos documentos nos han revelado estas costumbres escandalosas, estos m\u00e9todos expeditivos, ya no tenemos ning\u00fan ejemplo por suerte. Vicente logr\u00f3, se dice, hacer vivir decentemente a estos capellanes: \u00a1contagio de su ejemplo y milagro de su celo para la casa del Se\u00f1or! La parroquia vio a un p\u00e1rroco como no lo hab\u00eda visto nunca: la vida religiosa se revel\u00f3, los esp\u00edritus recobraron su unidad, las obras de la caridad comenzaron a florecer; en este peque\u00f1o pueblo de los Dombes se levanta la imagen de lo que Vicente va a hacer un d\u00eda en toda Francia.<\/p>\n<p>En \u00e9l vemos nacer tambi\u00e9n la segunda de sus obras propiamente dichas: las <em>Cofrad\u00edas de la Caridad<\/em>. El mismo principio que en la Misi\u00f3n: un peque\u00f1o hecho, inteligentemente observado del que el esp\u00edritu de Vicente saca enseguida consecuencias precisas, fecundas.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, pues, que iba a subir al p\u00falpito, una de sus parroquianas, la Se\u00f1ora Gonar de la Chassaigne, le inform\u00f3 que una familia que habitaba una granja cerca de Ch\u00e2tillon estaba en apuros, todos sus miembros hab\u00edan ca\u00eddo enfermos. El ap\u00f3stol hizo menci\u00f3n de ello en el p\u00falpito; \u00e9l enterneci\u00f3 a su asistencia hasta tal punto que despu\u00e9s del oficio, numerosas personas se fueron a llevar socorros a la familia. Vicente de Pa\u00fal, habiendo ido \u00e9l mismo despu\u00e9s de las v\u00edsperas, los encontr\u00f3 que volv\u00edan. En el mismo instante, la idea se impuso a su esp\u00edritu: \u00abEsa es una gran caridad, Se\u00f1oras, pero mal regulada. Estos pobres enfermos provistos de demasiadas provisiones a la vez, dejar\u00e1n una parte estropearse y perderse, y volver\u00e1n despu\u00e9s a su primera necesidad\u00bb. Ninguna duda: hay que aprovecharse de ese celo, pero reglarlo.<\/p>\n<p>Consult\u00f3 a sus parroquianas, y puesto de acuerdo con ellas, les propuso agruparlas. El reglamento que redact\u00f3 ha sido hallado en 1839: \u00a1precioso descubrimiento! Es una improvisaci\u00f3n que parece el fruto acabado de una larga maduraci\u00f3n; una obra neta, delicada y toda irradiando caridad de Cristo.<\/p>\n<p>Desde las primeras l\u00edneas, se ve el cuidado de dar al agrupamiento una marcha y un fin espirituales. Ser\u00e1 una cofrad\u00eda; el patr\u00f3n de ella ser\u00e1 Jesucristo; el fin de la obra \u00abel cumplimiento del deseo ardiente que tiene Nuestro Se\u00f1or que los cristianos practiquen entre ellos las obras de caridad y de misericordia\u00bb.<\/p>\n<p>La cofrad\u00eda se compondr\u00e1 de mujeres viudas, casadas y de j\u00f3venes, \u00abcon tal de que no obstante las casadas y las j\u00f3venes tengan permiso de sus maridos\u00a0 y de sus padres y madres, y no de otra manera\u00bb.<\/p>\n<p>Las \u00absirvientas de los pobres enfermos\u00bb elegir\u00e1n a una Priora, a dos Asistentas, a una Tesorera. Y como el manejo del dineros \u00abno es lo propio de las mujeres\u00bb, elegir\u00e1n tambi\u00e9n a un Procurador, eclesi\u00e1stico o piadoso burgu\u00e9s no demasiado sumergido en los asuntos temporales. Finalmente, -sabia precauci\u00f3n- dos mujeres pobres, con salario guardar\u00e1n a los enfermos.<\/p>\n<p>La priora escoge a los enfermos que adoptar, va a verlos a continuaci\u00f3n. Lo primero que har\u00e1 es ir a ver si (el enfermo) necesita una camisa blanca\u00bb, as\u00ed como \u00absudarios blancos\u00bb. Hecho esto,\u00bb har\u00e1 que se confiese y comulgue al d\u00eda siguiente\u00bb; le llevar\u00e1 una imagen del Crucifijo, \u00abque colgar\u00e1 done la pueda ver\u00bb; luego todos los muebles y objetos que va a necesitar.<\/p>\n<p>\u00abCada una de las sirvientes de los pobres les llevar\u00e1 de comer y los servir\u00e1 un d\u00eda entero, por turno. La que est\u00e9 un d\u00eda, habiendo recibido lo que necesite de la Tesorera en cuanto a la alimentaci\u00f3n de los pobres en su d\u00eda, preparar\u00e1 la cena, se la llevar\u00e1 a los enfermos y, para entrar en contacto con ellos, los saludar\u00e1 alegre y caritativamente, preparar\u00e1 la mesita sobre la cama, colocar\u00e1 una servilleta encima, una g\u00f3ndola, una cuchara y pan, har\u00e1 lavar las manos al enfermo, dir\u00e1 el <em>bened\u00edcite, <\/em>echar\u00e1 el potaje en una escudilla y pondr\u00e1 la carne en juna olla, acomod\u00e1ndolo todo en la mesita dicha: luego invitar\u00e1 al enfermo a comer por el amor de Jes\u00fas y de su santa Madre, todo con amor como si se tratara de su hijo, o m\u00e1s bien de Dios, que declara como hecho a s\u00ed mismo el bien que hace a ese pobre, y la dir\u00e1 alguna palabrita de Nuestro Se\u00f1or con este sentimiento, tratara de alegrarle si se encuentra muy triste, le cortar\u00e1s de vez en cuando la carne, le echar\u00e1 de beber, y habi\u00e9ndole preparada as\u00ed de comer, si hay alguno cerca de \u00e9l, le dejar\u00e1 e ir\u00e1 ver a otro para tratarle de la misma manera\u2026 luego volver\u00e1 por la noche a traerle la cena con el mismo aparato que antes\u00bb.<\/p>\n<p>La asistencia espiritual no est\u00e1 descrita menos minuciosamente que la corporal, con el mismo celo delicado, respetuoso con el alma de los pobres como con su cuerpo. Hasta la tumba, hasta el Juicio, manos piadosas acompa\u00f1an y sostienen al desdichado.<\/p>\n<p>Vicente no se olvida, por \u00faltimo, del bien que quiere hacer a las sirvientas de los pobres. Hay un cap\u00edtulo para ellas, sobre la vida religiosa com\u00fan a todos los miembros, otro sobre el \u00abejercicio espiritual de cada uno aparte de ella\u00bb. Y todo se completa, se termina, en este c\u00edrculo viviente donde la caridad de Cristo circula, sin perder ning\u00fan rayo de su calor.<\/p>\n<p>Los m\u00e1s hermosos reglamentos no son m\u00e1s que papel impreso; es en la prueba donde se ve lo que valen. Durante tres meses, la cofrad\u00eda fue puesta en marcha, y camin\u00f3 como una peque\u00f1a maravilla. Entonces Vicente se decidi\u00f3 a someter su reglamento\u00a0 al arzobispo de Lyon, quien lo aprob\u00f3 sin dilaci\u00f3n. La Asamblea, las elecciones tuvieron lugar el 12 de diciembre de 1617. El organismo era s\u00f3lido; resisti\u00f3 a la marcha inmediata del fundador; estaba todav\u00eda en vida cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p>El \u00e9xito de la cofrad\u00eda de Ch\u00e2tillon determin\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal a establecer otras. De vuelta a la casa de los Gondi, recorri\u00f3 sus tierras, fundando Caridades en los principales burgos: Villepreux, Joigny, Montmirail, Folleville. En unos a\u00f1os, treinta Caridades prosperaban en las tierras de los Gondi, sin hablar de las que surgieron en otras partes. A la muerte del santo, se ver\u00e1 en Lorena, en Saboya, en Italia, en Polonia. Veremos pronto c\u00f3mo se amplific\u00f3 la f\u00f3rmula, se adapt\u00f3 a las nuevas necesidades, hasta convertirse en una amplia red de asistencia p\u00fablica. Una sola cosa no se cambi\u00f3: el esp\u00edritu de pura caridad cristiana que el ap\u00f3stol hab\u00eda encerrado en su germen, y que las mantuvo vivas.<\/p>\n<p>\u00a1Ch\u00e2tillon-des-Dombes: una breve jornada en la vida del santo! Querr\u00edamos quedarnos, pero hay que dejar Ch\u00e2tillon\u2026 Ya esta vida corre, se acelera como un r\u00edo que va a llevarse las aguas m\u00e1s lejos. Vicente no se detendr\u00e1 de verter sus beneficios. En lugar del anciano estrecho, llevando en sus abrazos a un delgado ni\u00f1o, \u00bfpor qu\u00e9 no representarlo como una de esas poderosas figuras de Versalles, como un cauce real que lleva sobre Francia la ola maravillosa de la Caridad?<\/p>\n<h3><em>Las Caridades de hombres. La Caridad de M\u00e2con.<\/em><\/h3>\n<p>No abandonemos las Caridades resign\u00e9monos m\u00e1s bien a abandonar la cronolog\u00eda. En adelante Vicente de Pa\u00fal va a multiplicar sus obras y llevarlas de frente. Si se quiere seguir el desarrollo de cada una de ellas\u00a0 desenredar un poco esta trama prodigiosa, habr\u00e1 que resolverse a romper el orden de los tiempos.<\/p>\n<p>En 1629, las sirvientas de los pobres se hab\u00edan establecido en Folleville. Vicente les a\u00f1adi\u00f3 una Cofrad\u00eda masculina, cuyo reglamento sancion\u00f3 el Obispo de Amiens. Los sirvientes de los pobres deb\u00edan tener el cuidado de los pobres <em>v\u00e1lidos. <\/em>El mismo esp\u00edritu, reglamento an\u00e1logo. Hay sin embargo algunas novedades, en las que se ve extenderse el plan del ap\u00f3stol. Y estas novedades nos sorprenden todav\u00eda. \u00a1Como han debido sorprender a los contempor\u00e1neos!<\/p>\n<p>La primera, la recordar\u00edamos hoy el establecimiento de un fichero de la miseria. Todo el mundo, o un poco menos, puede decirse pobre; sobre todo cuando se anuncian socorros. Vicente pide que se establezcan categor\u00edas. Hay gentes que no pueden trabajar en absoluto; est\u00e1n los que no ganan lo suficiente; est\u00e1n los \u00abpobres vergonzantes\u00bb, las viudas, los prisioneros. El \u00abvisitante\u00bb tendr\u00e1 cuidado de distinguir bien; y decidir\u00e1 con el \u00abComendador\u00bb lo que pide cada caso. Se procurar\u00e1 trabajo, se colocar\u00e1 a los ni\u00f1os en un oficio \u00abuna vez que tengan la edad competente\u00bb. A trav\u00e9s de esta criba severa, los falsos pobres y los pobres malvados siempre se colar\u00e1n, me temo; pero se habr\u00e1 hecho lo posible para hacer eficaz la asistencia.<\/p>\n<p>Otra novedad es el modo de procurarse recursos. Las colectas son pesadas, disminuir\u00e1, a\u00f1o tras a\u00f1o. Vicente propone una idea que agradar\u00e1 a esta brava gente del campo. Un animal de m\u00e1s o de menos en el establo no cuenta. As\u00ed pues, \u00abse tendr\u00e1n ovejas, que se distribuir\u00e1n a los asociados que har\u00e1n la caridad de alimentarlas para la asociaci\u00f3n, quien m\u00e1s, quien menos, seg\u00fan sus posibles, y los frutos de estas ovejas ser\u00e1n vendidos cada a\u00f1o por el visitador y el dinero obtenido ser\u00e1 puesto en manos del tesorero\u2026y ser\u00e1n marcadas las ovejas con la marca de la asociaci\u00f3n y renovadas de cinco en cinco a\u00f1os\u00bb. Esa es la Caridad propietaria, \u00a1sin gastos ni construcciones! Llegar\u00e1 a ser tan rica que Vicente cuenta con que ella pondr\u00e1 \u00abla cuarta parte de su renta anual, y m\u00e1s si hace falta, en manos de la tesorera que guarda el dinero de las mujeres en caso de que la suma de la colecta que hacen dichas mujeres no sea suficiente\u00bb. As\u00ed asociadas y conjugadas las dos Caridades, hombres y mujeres, tendr\u00e1n un cuidado rec\u00edproco de su conservaci\u00f3n y de su celo. Ellas se ayudar\u00e1n entre s\u00ed, y todo ser\u00e1 en bien de los pobres.<\/p>\n<p>De los campos las Caridades pasaron a la ciudad. La iniciativa no vino de Vicente de Pa\u00fal, sino de las auxiliares a las que ya hab\u00eda formado. Solicitados por las Damas de la caridad y los p\u00e1rrocos de las parroquias, modific\u00f3 su reglamento para adaptarlo a las condiciones de la capital. En 1629 se estableci\u00f3 una cofrad\u00eda en la parroquia de San Salvador. Otras vinieron despu\u00e9s, luego se vieron en las afueras, y en varias ciudades de provincias.<\/p>\n<p>Admiremos la virtud de una creaci\u00f3n bastante perfecta para extenderse con esta rapidez, y el hombre que contin\u00faa siendo el lazo de uni\u00f3n de todas estas obras, como hab\u00eda sido su animador. Pero rindamos un homenaje tambi\u00e9n a esta multitud de piadosas mujeres que respondieron a la llamada del santo. En este pa\u00eds, asolado y desmoralizado, nos muestran la de y la caridad muy dispuestas a renacer, como dos flores que no se ha podido arrancar\u00a0 del suelo franc\u00e9s.<\/p>\n<h3><em>La mendicidad queda prohibida.<\/em><\/h3>\n<p>Antes de dejar las Caridades, nos hemos de detener en la experiencia de M\u00e2con, bien curiosa por cierto, y que extendi\u00f3 m\u00e1s la f\u00f3rmula.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal regresaba de Marsella, en 1622. Se detuvo en Macon. La ciudad ofrec\u00eda una triste imagen de la regi\u00f3n castigada por las guerras civiles. Estaba infectada de un hampa peligrosa, de una banda de miserables, que no ten\u00edan muchas ganas de salir de su miseria, y ped\u00edan rescate por los habitantes. Los oficiales no sab\u00edan c\u00f3mo deshacerse de ellos. Vicente, osado como un verdadero santo de leyenda aborda a estos animales feroces en su jungla, intenta hablar a uno y a otro; pone a prueba su poder, o m\u00e1s bien el de Dios que habita en \u00e9l. \u00abMe se\u00f1alaban con el dedo por las calles, creyendo que yo no podr\u00eda nunca conseguirlo\u00bb. Pero, en esto, no ha perdido su buen sentido, su esp\u00edritu de observaci\u00f3n. Ha reconocido su terreno preparado sus planes. Re\u00fane al obispo, a los oficiales, a las autoridades religiosas y civiles; lo conseguiremos, les dice. Le dejan v\u00eda libre. Entonces, hace su reglamento; y se le ve c\u00f3mo es ya m\u00e1s atrevido, m\u00e1s seguro de s\u00ed. Se acab\u00f3 la mendicidad; quienquiera que ponga la mano se ver\u00e1 sin socorro alguno. La caridad no es ya libre, al menos por el momento: es un servicio p\u00fablico realizado por las dos cofrad\u00edas. Se saca la lista de los pobres: tres cofrad\u00edas. Unas trescientas familias. Se reunir\u00e1n cada domingo en San Nizier, donde oir\u00e1n misa y catecismo; luego se les distribuir\u00e1n los v\u00edveres, las ropas, la calefacci\u00f3n teniendo en cuenta su miseria o de sus cargos. Los \u00abn\u00f3madas\u00bb ser\u00e1n albergados por una noche y despedidos con dos sueldos. Se buscar\u00e1 a los \u00abvergonzosos\u00bb y se los socorrer\u00e1 dentro de los l\u00edmites de sus necesidades. Los miembros de las cofrad\u00edas se reunir\u00e1n una vez a la semana, para revisar la lista de los pobres, tachar a los indignos y a los que hayan infringido el reglamento. Esta vez, es una marca f\u00e9rrea en la que se ve la energ\u00eda de un hombre ante un desorden que reprimir.<\/p>\n<p>Con el ejemplo de un hombre as\u00ed, todos los habitantes contribuyeron a los recursos de la\u00a0 asociaci\u00f3n. El trigo, las provisiones, la le\u00f1a, los muebles y las ropas afluyeron a las tiendas. A las tres semanas la m\u00e1quina funcionaba, y poco a poco, en sus duras rodadas, la caridad difund\u00eda su dulzura. M\u00e2con se vio salvado de sus mendigos: la alegr\u00eda, la sorpresa, la gratitud estallaron en torno a este hombre que hab\u00eda realizado el milagro. Pero \u00e9l, su papel se acab\u00f3: los aplausos, el pav\u00e9s no son cosa suya. \u00c9l se marcha. Todos derramaban l\u00e1grimas de gozo, y los oficiales\u00a0 de la ciudad me alababan tanto al marchar que, no pudiendo soportarlo, me vi obligado a partir a escondidas, para evitar estos aplausos\u00bb. Una sola cosa sorprende, y es que lo haya querido contar, aunque fuera a su m\u00e1s \u00edntima confidente.<\/p>\n<p>Tal es esta experiencia de M\u00e2con, la que se repiti\u00f3 m\u00e1s tarde en Beauvais. Curiosa mezcla de polic\u00eda y de caridad, de m\u00e9todos modernos y de una especie de poder milagroso. Curiosa imagen de un prefecto de pu\u00f1o, franqueado por un santo que desarma a los bandidos\u2026De verdad, si la historia hubiese pasado en la Edad Media, \u00bfno habr\u00eda a\u00f1adido la leyenda alg\u00fan lobo de Gubbio?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo III: Primeras experiencias Un funcionario, un peque\u00f1o comerciante, no emplean tanto tiempo en\u00a0 fijar su existencia. Una elecci\u00f3n bastante breve, alg\u00fan aprendizaje, un examen: y ya est\u00e1n encuadrados. 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