{"id":71231,"date":"2012-03-22T08:03:14","date_gmt":"2012-03-22T07:03:14","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=71231"},"modified":"2016-07-27T12:05:47","modified_gmt":"2016-07-27T10:05:47","slug":"martina-vazquez-1872-1936","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/martina-vazquez-1872-1936\/","title":{"rendered":"Martina V\u00e1zquez (1872-1936)"},"content":{"rendered":"<p><em><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/2012\/04\/01\/sor-gaudencia-benavides\/biografias_hijas_caridad\/\" rel=\"attachment wp-att-116989\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-116989\" alt=\"biografias_hijas_caridad\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/04\/biografias_hijas_caridad.jpg?resize=245%2C317\" width=\"245\" height=\"317\" \/><\/a>El Heraldo <\/em><em>de<\/em><em> Arag\u00f3n <\/em>dec\u00eda en su n\u00famero de 10 de fe\u00adbrero de 1938: \u00abDel cuadro sangriento y lleno de actos he\u00adroicos por Dios y por la Patria desarrollados en Segorbe, des\u00adt\u00e1case la figura de una religiosa, Sor Martina, Superiora del Hospital de aquella ciudad, que si en vida no hizo m\u00e1s que derramar el bien a su Patria, en su muerte emul\u00f3, por la fuerza y esp\u00edritu religioso, a los m\u00e1rtires m\u00e1s esforzados.\u00bb<\/p>\n<p>Sor Martina era castellana de pura cepa. Mujer fuerte. De temple diamantino, s\u00f3lo pulible con sangre de piedades.<\/p>\n<p>Uno de sus bi\u00f3grafos dice ven\u00edrsele a los puntos de la plu\u00adma esta frase lapidaria: \u00abSor Martina era una instituci\u00f3n.\u00bb Y la razona as\u00ed: \u00abCuando uno se fijaba en su temperamento varonil, en su amor a Castilla y a Espa\u00f1a, en su genio em\u00adprendedor, en el tes\u00f3n con: que defend\u00eda sus derechos, los de su Instituto, los del hospital, los de su tierra&#8230; parec\u00edale que se hallaba en presencia de la mujer castellana rom\u00e1ntica, y, sin querer, se le ven\u00eda al pensamiento la ingente figura de aquella reina castellana, la reina m\u00e1s grande del mundo, que se llamaba Isabel la Cat\u00f3lica. Algo ten\u00eda Sor Martina de Do\u00f1a Isabel.\u00bb<\/p>\n<p>Suscribimos, sin que nos tiemble el pulso, el rotundo decir del P. Besalduch. Sor Martina, en efecto, era una mujer ex\u00adtraordinaria. Y no escondi\u00f3 sus talentos. Negoci\u00f3 con ellos. Actu\u00f3. Y su obrar perdura.<\/p>\n<p>Par\u00e9cenos, sin embargo, que no somos sus contempor\u00e1neos los llamados a puntualizar su historia. Hay cap\u00edtulos de su vida que conviene encerrar, por ahora, en par\u00e9ntesis con pun\u00adtos suspensivos, para que lo abran las generaciones venideras, las cuales, tras soplar la p\u00e1tina del tiempo que, a trav\u00e9s de su discurso, alecciona, estar\u00e1n capacitadas para justipreciar hechos y dichos. Creemos sinceramente que la figura de Sor Martina V\u00e1zquez se acrecer\u00e1 m\u00e1s aun que al presente en la posteridad, cuando el brillo del martirio irradie en los \u00e1to\u00admos que ahora la circundan.<\/p>\n<p>Sin pretender, por nuestra parte, escribir hasta agotar la materia, la historia completa de su vida, tomamos, no obs\u00adtante, m\u00faltiples notas de la extensa relaci\u00f3n biogr\u00e1fica perge\u00f1ada por el P. Hilario Orzanco.<\/p>\n<p><em>Nacimiento. Infancia. Juventud.<\/em><\/p>\n<p>\u00abNaci\u00f3 Sor Martilla en Cu\u00e9llar (Segovia) el a\u00f1o 1872. Su holgada posici\u00f3n social la permiti\u00f3 una educaci\u00f3n esmerada en el colegio, aumentando luego el bagaje de conocimientos fuera de su pueblo. Se distingui\u00f3, sobre todo, en la pintura, en la literatura y en el corte: de \u00e9ste compuso m\u00e1s tarde un m\u00e9todo para las Hijas de la Caridad, que imprimi\u00f3 a expen\u00adsas suyas y que regalaba a los obradores de su Instituto.<\/p>\n<p>\u00abEra Sor Martina de un car\u00e1cter abierto, franco, varonil y determinado; cualidades que la hac\u00edan agradable a cuan\u00adtas personas trataban con ella, siendo para los de su casa como un or\u00e1culo. A tanto llegaba su ascendiente. Por lo mis mo, cuando ella les indic\u00f3 la voluntad decidida de entrar en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, se llenaron de pena, no ciertamente porque se hiciera religiosa, sino porque per\u00add\u00edan el tim\u00f3n de su casa; mas no trataron de disuadirla por\u00adque sab\u00edan que, dado su tes\u00f3n y su car\u00e1cter, hab\u00eda de poner en pr\u00e1ctica la decisi\u00f3n tomada.<\/p>\n<p><em>Su prueba y su noviciado.<\/em><\/p>\n<p>\u00abHizo la prueba en el Hospital de Valladolid, confirm\u00e1n\u00addose en su vocaci\u00f3n, de la cual persuadida \u00edntimamente su Superiora, Sor Juliana Casaseca, pidi\u00f3 el ingreso de la joven en la Compa\u00f1\u00eda, efectu\u00e1ndose el 19 de marzo de 1896.<\/p>\n<p>\u00abPas\u00f3 el tiempo del noviciado entregada totalmente a la piedad y a la formaci\u00f3n de su alma seg\u00fan el esp\u00edritu de San Vicente. Su \u00fanica aspiraci\u00f3n era hacerse m\u00e1s y m\u00e1s agra\u00addable a Dios y \u00fatil a los pobres, por quienes sent\u00eda un cari\u00f1o apasionado.<\/p>\n<p><em>Su primer destino.<\/em><\/p>\n<p>\u00abTerminado el tiempo de su noviciado, fue destinada al Hospital de Zamora. Su virtud fue muy probada en esta casa. La obediencia la encarg\u00f3 del lavadero y de la cocina. Como nunca hab\u00eda hecho estos oficios, le resultaron muy dif\u00edciles y penosos, hasta el punto de asaltarle muchas veces la ten\u00adtaci\u00f3n de abandonarlo todo e irse a su casa. Pero supo hacer frente al enemigo malo, y su virtud se acrecent\u00f3 y se puri\u00adfic\u00f3 m\u00e1s y m\u00e1s en el horno del sacrificio.<\/p>\n<p>\u00abSu instrucci\u00f3n, sus buenas cualidades f\u00edsicas y morales, su educaci\u00f3n social y, sobre todo, las pruebas inequ\u00edvocas de buena organizaci\u00f3n de que dio se\u00f1ales en el establecimiento ben\u00e9fico, hicieron que la Superiora la encargase de las escue\u00adlas de ni\u00f1as, cargo que desempe\u00f1\u00f3 a maravilla. Ella misma fue quien sugiri\u00f3 a la dicha Superiora la idea de fundar un obrador, del cual se encarg\u00f3. Y a tal altura puso la escuela y el obrador, que los Superiores juzgaron conveniente poner\u00adla al frente del Colegio de la Milagrosa, que hac\u00eda poco ha\u00adb\u00edan abierto en Zamora.<\/p>\n<p>\u00abBajo su acertada direcci\u00f3n, en poco tiempo el colegio em\u00adpez\u00f3 a tomar nombre en la ciudad, llegando a ser como es ahora, uno de los mejores colegios de se\u00f1oritas de Zamora. Y a Sor Martina se debi\u00f3 en gran parte este prestigio de que ha gozado en todo tiempo, por haberlo encauzado admirable\u00admente.<\/p>\n<p><em>Hospital de Segorbe.<\/em><\/p>\n<p>\u00abY llegamos al teatro principal de las obras caritativas de Sor Martina, a, su traslado al Hospital de Segorbe en 1914, como Superiora de este establecimiento. Se necesitaban real\u00admente todas las energ\u00edas de Sor Martina V\u00e1zquez para dar vida a este hospital, que, por razones que no son del caso, se encontraba en situaci\u00f3n angustiosa.<\/p>\n<p>\u00abEmpez\u00f3 por mejorar la comida de sus amados pobres, arreglar los dormitorios y dem\u00e1s departamentos del edificio. Llam\u00f3 en primer t\u00e9rmino a las puertas de sus hermanos, pi\u00addi\u00e9ndoles parte de la herencia que le pertenec\u00eda, y la invirti\u00f3 en estas mejoras. Muchas familias de Segorbe, al ver la acti\u00advidad de Sor Martina, vinieron en su ayuda, asimismo el Ayuntamiento y la Diputaci\u00f3n, y as\u00ed, en poco tiempo, no s\u00f3lo pudo arreglar el edificio y mejorar la alimentaci\u00f3n de los asilados, sino establecer una hermosa cl\u00ednica para los pobres de la ciudad.<\/p>\n<p>Abri\u00f3, no tardando, un comedor de caridad para los po\u00adbres transe\u00fantes, para los ancianos de sesenta a\u00f1os arriba y para ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Al comedor sigui\u00f3 la Gota de Leche, en la que invirti\u00f3 10.000 pesetas de su peculio. Y corno ap\u00e9ndice de la Gota, el consultorio gratuito para madres lactantes.<\/p>\n<p><em>La ense\u00f1anza. Un obrador.<\/em><\/p>\n<p>El genio emprendedor y din\u00e1mico de Sor Martina no sa\u00adb\u00eda hacer alto. Su mirada atenta se fij\u00f3 tambi\u00e9n en la ense\u00ad\u00f1anza, que era como su mejor y m\u00e1s agradable campo de ac\u00adci\u00f3n. Di\u00f3 gran impulso a las clases de primera y segunda en\u00adse\u00f1anza, para cuyo desempe\u00f1o, adem\u00e1s de las Hermanas, ad\u00admiti\u00f3 alguna maestra seglar. Y para j\u00f3venes fund\u00f3 un obrador.<\/p>\n<p><em>La obra de las ni\u00f1eras.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed se di\u00f3 en llamar, porque para las ni\u00f1eras exclusivamen\u00adte era esta obra. Acud\u00edan las de la ciudad con sus ni\u00f1os, y mientras ellos dorm\u00edan en sendas mecedoras, se les daba a las ni\u00f1eras instrucci\u00f3n apropiada de escritura, corte, cuentas y doctrina cristiana. \u00a1 Qu\u00e9 ingeniosa resulta siempre la caridad!<\/p>\n<p>Cada una de estas obras es bastante para enaltecer la figu\u00adra moral de una persona. Sor Martina cuenta adem\u00e1s en su haber las realizadas mientras fue<\/p>\n<p><em>Asistenta del Consejo Provincial.<\/em><\/p>\n<p>No acept\u00f3 Sor Martina con halago cargo tan honroso. M\u00e1s de una vez se le oy\u00f3 decir que aquello no era para ella; que su coraz\u00f3n lo ten\u00eda puesto en Segorbe.<\/p>\n<p>Su actuaci\u00f3n revisti\u00f3 particular brillantez con motivo de la Guerra de Africa, tras el desastre de Anual.<\/p>\n<p>Por consejo de su Ministro de Guerra, Sr. La Cierva, el Rey Alfonso XIII llam\u00f3 por tel\u00e9fono al Real Noviciado preguntan\u00addo si podr\u00edan salir inmediatamente para Marruecos veinticuatro Hermanas. Y Sor Martina respondi\u00f3: \u00abMajestad, no vein\u00adticuatro, sino cuarenta y dos saldr\u00e1n ma\u00f1ana mismo, y luego ir\u00e1n otras m\u00e1s, cuantas sean precisas. Despu\u00e9s de Dios, para las Hijas de la Caridad, Espa\u00f1a, vuestra Majestad y el Ej\u00e9rcito.\u00bb<\/p>\n<p>Ella misma se fue al frente de aquella brigada de \u00e1ngeles, que llevaban por directores espirituales a los PP. Arnao, Ib\u00e1\u00ad\u00f1ez y Maestu.<\/p>\n<p>En adelante, Sor Martina fue distinguida por el Rey y su Ministro de la Guerra con audiencias \u00edntimas y misiones de inter\u00e9s.<\/p>\n<p>Digna de especial menci\u00f3n es esta an\u00e9cdota que consignan todos sus bi\u00f3grafos y anduvo de boca en boca: corri\u00f3 el rumor de que iban a ser sustituidas las religiosas por nurses extranje\u00adras en la asistencia a los soldados heridos en los hospitales mi\u00adlitares de \u00c1frica. Sin p\u00e9rdida de tiempo solicit\u00f3 Sor Martina audiencia real y expuso al Monarca la conveniencia de que mientras a los soldados se les resta\u00f1aban las heridas o se les cerraban los ojos, se les hablara de Dios y de su madre en t\u00e9rminos de la lengua materna y a la par que la imagen de Cristo Redentor se les diera a besar la bandera de la Patria. Sus palabras fueron de efecto inmediato y definitivo. La es\u00adpa\u00f1ol\u00edsima Sor Martina hab\u00eda salvado el honor de su Patria y de su Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Vuelta <\/em>a <em>Segorbe.<\/em><\/p>\n<p>El 24 de enero de 1926, terminado el tiempo reglamentario de su actuaci\u00f3n en el Consejo Provincial, regres\u00f3 Sor Martina a su amada casa de Segorbe, siendo recibida con singulares muestras de regocijo por parte de todos, y nuevamente cogi\u00f3 las riendas de la direcci\u00f3n del Hospital con las obras al mismo adheridas.<\/p>\n<p>En, los a\u00f1os siguientes no hay particularidades que anotar. Sor Martina ya no crea; se limita a conservar. Su ascendiente, lejos de disminuir, crece. Quien m\u00e1s la distingue con su apre\u00adcio hasta el extremo de solicitar a menudo sus consejos y opi\u00adni\u00f3n en negocios arduos es el Obispo y Fundador, Fr. Luis Amig\u00f3 y Ferrer, de santa memoria.<\/p>\n<p>Sor Martina sent\u00eda cierta debilidad por su familia, y todos los veranos pasaba unos d\u00edas con <em>sus <\/em>hermanos en Cu\u00e9llar, previo el debido permiso, que los Superiores, comprensivos, haciendo una rara excepci\u00f3n, la otorgaban. No hay por qu\u00e9 ocultar, sin embargo, que ello no era del agrado de aqu\u00e9llos, dado el rigor que respecto a este particular se observa en el Instituto. Era, sin duda, una de las imperfecciones de Sor Mar- tina, que habr\u00eda de borrar el martirio.<\/p>\n<p>Que defectos los ten\u00eda, claro es. No era menor quiz\u00e1 su esp\u00edritu en extremo dominante, nada extra\u00f1o dado su car\u00e1c\u00adter de hierro. Alguien dijo que hab\u00eda nacido para reina con mando de general en jefe. Se hac\u00eda temer m\u00e1s que amar.<\/p>\n<p>Sus \u00faltimos a\u00f1os se se\u00f1alan por una marcada decadencia; el brillo de su sol palidece.<\/p>\n<p>Ello motiv\u00f3 que sus Superiores tomaran la determinaci\u00f3n de relevarla del cargo de Superiora. Y fue a la vuelta de uno de sus veraneos, all\u00e1 por el a\u00f1o 1933.<\/p>\n<p>Acat\u00f3 la decisi\u00f3n con humildad ejemplar. Sin embargo, la malicia del cargo de que habla San Vicente hab\u00eda causado en su esp\u00edritu algunos estragos; no en vano lo hab\u00eda ejercido du\u00adrante muchos a\u00f1os. Y como ten\u00eda tanta costumbre de mandar, la verdad es que le cost\u00f3 trabajo la abstenci\u00f3n del ejercicio de dicho poder. Desde el 4 de agosto al 26 de noviembre hizo de Superiora estando ya cesante y aun tuvo medio a\u00f1o m\u00e1s la llave del correo.<\/p>\n<p>Consecuentes con nuestro modo de ver la obra santificado\u00adra de la gracia y hacerla destacar para aliento de pusil\u00e1nimes, no, ocultarnos estas miserias de Sor Martina. Quiz\u00e1 gan\u00f3 m\u00e1s cielo con estas renunciaciones que con todos sus esplendores y reflejos de grandeza de alma y de virtud de los a\u00f1os anterio\u00adres. Y si la santidad es la humildad, y la humildad es la ver\u00addad, ahora ella, purificada y santificada por el martirio, desear\u00e1 ardientemente que brillen los esplendores de la verdad en tor\u00adno de su vida, para que resplandezca la acci\u00f3n de Dios en el modelado de su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Y ciertamente- se ve c\u00f3mo la gracia divina la iba prepa\u00adrando para el martirio. En los \u00faltimos meses de su vida dio un cambiazo su conducta: la fortaleza de car\u00e1cter dio paso a la suma mansedumbre. Sobre el cimiento de la humildad se le\u00advantaba el edificio espiritual de elegantes y suaves curvas. Su coraz\u00f3n era ya semejante al de Aquel que dijo: \u00abAprended de m\u00ed, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p><em>La persecuci\u00f3n y martirio.<\/em><\/p>\n<p>Estallada la revoluci\u00f3n de 1936, en Segorbe domin\u00f3 la con\u00adsigna de tirar a las cabezas: lo m\u00e1s selecto de la Iglesia y del Estado deb\u00eda ser objeto de principal atenci\u00f3n de los elemen\u00adtos ejecutores de la revoluci\u00f3n. Entre las personalidades desta\u00adcadas de Segorbe, dada su influencia en la poblaci\u00f3n, figuraba Sor Martina. Por eso desde el primer momento se la persigui\u00f3 con m\u00e1s fiereza.<\/p>\n<p>Estuvieron todav\u00eda las Hermanas en el Hospital hasta el d\u00eda 27 de julio. Entre los milicianos que, pistola en mano, las echaron a la calle, una joven miliciana se distingu\u00eda por su agresividad. Dirigi\u00e9ndose a ella, al trasponer el umbral del hospital querido, dijo Sor Martina estas palabras: \u2014\u00bbHoy nos despachas de aqu\u00ed; puede ser que alg\u00fan, d\u00eda tengas que venir a nosotras.\u00bb Y la profec\u00eda se ha cumplido. Esta joven desgra\u00adciada por desagradecida, terminada que fue la guerra, presa y enferma luego de encarcelada, fue asistida por las mismas Hermanas, en el propio hospital.<\/p>\n<p>Aloj\u00e1ronse las Hermanas en una casa pr\u00f3xima al hospital, desalquilada entonces y propiedad de una antigua alumna de las Escuelas que fundara Sor Martina, cuyas llaves les hab\u00eda entregado d\u00edas antes en previsi\u00f3n de los tristes sucesos.<\/p>\n<p>Los rojos no opusieron dificultad; pero advirtieron a las pobres Hermanas: \u00ab\u00a1Cuidado con que entre nadie aqu\u00ed! No hab\u00e9is de salir ni para hacer la compra; que os la haga una mujer\u00bb. Y continuamente hab\u00eda milicianos de vigilancia en torno de la casa. Estaban, pues, en calidad de detenidas.<\/p>\n<p>Tanto, que frecuentemente y a horas las m\u00e1s intempesti\u00advas, entraban los milicianos, fusil en mano, para comprobar si faltaba alguna de las Hermanas. As\u00ed que, ante el temor de una visita impertinente y mal intencionada, las pobrecitas vi\u00adv\u00edan en continuo sobresalto.<\/p>\n<p>Con esta tremenda angustia pasaron hasta octubre. Sor Mar- tina ten\u00eda el presentimiento de que iba a ser asesinada. Ella, que siempre fue muy rezadora, en todo este tiempo no hac\u00eda m\u00e1s que orar y orar con fervor impresionante. Fueron todos como d\u00edas de Ejercicios Espirituales. Se la ve\u00eda, as\u00ed, crecer en vir\u00adtud. Nunca estuvo tan edificante. Parec\u00eda santa de veras.<\/p>\n<p>Todas anhelaban confesarse, pues cre\u00edan firmemente que de un d\u00eda a otro las matar\u00edan; pero Sor Martina ard\u00eda en an\u00adsias de reconciliaci\u00f3n. Y he aqu\u00ed que, al anochecer del d\u00eda 1 de<sup>,<\/sup> octubre, burlando la vigilancia de los cancerberos, logr\u00f3 entrar en la casa una jovencita que viv\u00eda enfrente y era her\u00admana de un sacerdote.<\/p>\n<p>Las Hermanas la recibieron con singulares muestras de ca\u00adri\u00f1o, correspondiendo al que ella demostraba tenerlas, pues tanto se expon\u00eda, s\u00f3lo por tener el gusto de verlas y hallarse unos momentos en su compa\u00f1\u00eda. Sabido que su hermano el sacerdote estaba escondido en casa, por medio de ella se con\u00advinieron con \u00e9l para recibir el sacramento de la penitencia. Y fue de esta manera, rara, de las cosas raras que se hacen en tiempos como el que historiamos. El d\u00eda 3, por la ma\u00f1ana, la chica se llev\u00f3 los papeles en, que cada Hermana hab\u00eda escrito sus pecados. El sacerdote los ley\u00f3 y a la ma\u00f1ana siguiente, de ventana a ventana vol\u00f3 la absoluci\u00f3n. Primero, abriendo ellas con disimulo el cierre del balc\u00f3n, rezaron el Se\u00f1or m\u00edo Jesu\u00adcristo, y luego iba pasando una por una por la abertura, para que el sacerdote, con el papelito de los pecados en mano, les echara la absoluci\u00f3n individualmente. Fue un acto, dicen las Hermanas, verdaderamente conmovedor, que nos hizo llorar a sollozos por mucho tiempo, y sobre todas a Sor Martina, que ten\u00eda el presentimiento de que aquella absoluci\u00f3n hab\u00eda de ser la \u00faltima de su vida, y como una preparaci\u00f3n pr\u00f3xima para su muerte. Dios se dejaba sentir en su coraz\u00f3n y \u00e9ste no la en\u00adga\u00f1aba: la muerte estaba al llegar.<\/p>\n<p>Sor Martina no sali\u00f3 ya de la habitaci\u00f3n donde hac\u00eda rus rezos. Todo el d\u00eda lo pas\u00f3 en santa contemplaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y lleg\u00f3 la noche, aquella noche hist\u00f3rica, la noche del sa\u00adcrificio. A las nueve llamaron, a la puerta. Comprendieron to\u00addas que la que llamaba era la muerte. Inmediatamente hicie\u00adron que Sor Martina se metiera en la cama vestida y todo. Los milicianos, en efecto, ven\u00edan esta vez por ella, por Sor Martina. Y entre la piedad y el crimen se entabl\u00f3 un forcejeo, transcri\u00adto en di\u00e1logo:<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 en la cama.<\/p>\n<p>\u2014Pues que se levante. Y diciendo<sup>,<\/sup> y haciendo, hasta la cama se colaron.<\/p>\n<p>\u2014No me puedo levantar, que estoy enferma.<\/p>\n<p>\u2014Es que venimos por la Superiora para que preste decla\u00adraci\u00f3n en Castell\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Pues la Superiora yo no soy.<\/p>\n<p>\u2014La Superiora soy yo, interpuso abnegada y resuelta Sor Ignacia Ip arraguirre.<\/p>\n<p>\u2014Pues aunque no sea.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfVen\u00eds por m\u00ed para llevarme a declarar, o ven\u00eds a ma\u00adtarme?<\/p>\n<p>\u2014Nosotros no matamos a nadie&#8230; (!). Vosotras sois las que mat\u00e1is&#8230; (!!!).<\/p>\n<p>Entonces Sor Martina dijo con aire de reproche: \u2014\u00a1 Ay, Pedro, t\u00fa vienes a matarme!<\/p>\n<p>A lo que el aludido, molesto y para acallar la voz de su propia conciencia, que le empezaba a zaherir m\u00e1s que la de su bienhechora, dijo insolente:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Lev\u00e1ntate y v\u00edstete en seguida!<\/p>\n<p>Sor Martina se levant\u00f3 al punto, no sin fatiga, pues real\u00admente estaba enferma y la crudeza de la escena habr\u00eda agudi\u00adzado de repente el malestar, y se puso a disposici\u00f3n de sus verdugos. Mientras bajaban las escaleras, las Hermanas hicie\u00adron un \u00faltimo esfuerzo para salvar a la v\u00edctima, ofreci\u00e9ndose ellas a ir a declarar. Rogaron y suplicaron que al menos se las permitiera acompa\u00f1arla; mas rasgos tan bellos de heroica ca\u00adridad fueron rechazados con un silencio<sup>,<\/sup> despectivo y un ges\u00adto zafio y cruel.<\/p>\n<p>As\u00ed escribe el P. Besalduch, carmelita, y en sus manos de\u00adjamos la pluma:<\/p>\n<p>\u00abSor Martina acababa de vestirse con su preciado h\u00e1bito de Pa\u00fala. Acababa de vestirse de \u00abgala\u00bb, para asistir a una solem\u00adne \u00abceremonia\u00bb. Ya estaba \u00abamortajada\u00bb con sus propias ma\u00adnos para morir luego, confesando a Cristo con los santos M\u00e1r\u00adtires. Todo estaba a punto: la resoluci\u00f3n infame de los ver\u00addugos; la v\u00edctima; el perd\u00f3n de los enemigos, que tantas ve\u00adces hab\u00eda aflorado en sus labios, excus\u00e1ndoles \u00abporque no sa\u00adb\u00edan lo que hac\u00edan\u00bb; la fe en el triunfo de la Religi\u00f3n y en la salvaci\u00f3n de Espa\u00f1a, que en aquellos momentos culminaba en su alma de hero\u00edna castellana; la corona del triunfo&#8230;, y la verde palma de la inmortalidad.<\/p>\n<p>\u00abLa debilidad f\u00edsica de la v\u00edctima tan apenas la permit\u00eda dar un paso. De ning\u00fan modo hubiera ella podido sola bajar la escalera; pero \u00abel m\u00e1s criminal\u00bb la ayud\u00f3 a bajarla, cogida ella a su brazo.<\/p>\n<p>\u00abYa en la puerta de la calle, Sor Martina puso en la fren\u00adte de cada una de las Hermanas un beso efusivo, ya que no pod\u00eda ser largo, y se despidi\u00f3 de ellas con estas \u00faltimas palabras: \u00abAdi\u00f3s. \u00a1Hasta el Cielo!&#8230;\u00bb Los dos criminales, con un brusco empuj\u00f3n, cerraron la puerta, hurtando as\u00ed a los ojos arrasados en llanto de las buenas religiosas, la v\u00edctima elegida entre ellas. Un minuto despu\u00e9s, el coche de la muerte se po\u00adn\u00eda en marcha, con rumbo desconocido para Sor Martina.<\/p>\n<p>\u00abAl llegar a la entrada de Algar, Sor Martina dijo a los de su escolta: \u00ab\u00bfMe vais a matar? Y como contestasen que s\u00ed, a\u00f1adi\u00f3: \u00abPues no es menester pasar m\u00e1s adelante; aqu\u00ed mis\u00admo&#8230;\u00bb Par\u00f3 en seco el veh\u00edculo; la apearon y la colocaron jun\u00adto a un algarrobo&#8230; Cuando iban a disparar sus armas los ase\u00adsinos, uno de ellos le dijo que se pusiera de espaldas. Sor Martina rechaz\u00f3 la sugerencia, haci\u00e9ndoles saber que \u00abponerse de espaldas a la muerte era de cobardes\u00bb. Luego a\u00f1adi\u00f3: \u00abYo quiero ver la cara de los que me matan, que son los mismos a quienes yo tantas veces les he matado el hambre.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abPara que el lector entienda todo el sentido de estas \u00falti\u00admas palabras, debe saber que \u00abal m\u00e1s criminal\u00bb Sor Martina le hab\u00eda socorrido espl\u00e9ndidamente en el Comedor de Caridad, no hac\u00eda mucho tiempo. El mismo hab\u00eda acudido a Sor Martina, dici\u00e9ndole que \u00absi ella no le daba de comer, o se pon\u00eda t\u00edsico o se mor\u00eda de hambre\u00bb. A otro de los que iban a fusi\u00adlarla hab\u00eda favorecido con el socorro de la Gota de Leche para un hijo suyo.<\/p>\n<p>\u00abYa estaban las armas en ristre y levantado el gatillo, cuan\u00addo Sor Martina les pidi\u00f3 una brev\u00edsima tregua, diciendo: \u00abEs\u00adperad un poco&#8230;\u00bb Sac\u00f3 entonces del bolso una pilita de agua bendita, de plata y de forma cil\u00edndrica, que sol\u00eda llevar enci\u00adma; destornill\u00f3 serenamente el taponcito, aplic\u00f3 a \u00e9l la yema del dedo pulgar de la mano derecha, y, llevando la mano a la frente, santigu\u00f3se diciendo tranquila y fervorosamente: \u00abEn el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo. Am\u00e9n.\u00bb Al punto, dijo: \u00a1Ya pod\u00e9is tirar!&#8230; \u00abSon\u00f3 la descarga, como la de muchos truenos en un solo estallido&#8230; Y desplom\u00f3se aquel cuerpo que parec\u00eda siempre de coloso retador. Cay\u00f3 como cae el \u00e1rbol corpulento de la selva al \u00faltimo golpe del hacha del le\u00f1ador. Y vol\u00f3 su alma, con su gran bagaje de m\u00e9ritos, a re\u00adcibir el premio de la inmortalidad&#8230;<\/p>\n<p>\u00abEntonces \u00abel m\u00e1s criminal\u00bb se acerc\u00f3 a la v\u00edctima agoni\u00adzante y practic\u00f3 en ella un registro, por ver si llevaba encima dinero o alhajas; y luego, tintas las manos en sangre, sintien\u00addo por ello el deleite del tigre cuando, devora su presa, dijo: \u00ab\u00a1Bah!, esta monja no lleva m\u00e1s que rosarios&#8230;\u00bb Consumado el horrendo crimen, fresca todav\u00eda la sangre en las manos de los verdugos, al d\u00eda siguiente, a las ocho de la ma\u00f1ana, se person\u00f3 en la casa de las Hermanas \u00abel m\u00e1s criminal\u00bb y pregunt\u00f3 d\u00f3n\u00adde estaba el dinero que ten\u00eda Sor Martina. A\u00f1adi\u00f3 que ella es\u00adtaba declarando en Castell\u00f3n, y que ya volver\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>\u00abUnos d\u00edas despu\u00e9s, \u00abel m\u00e1s criminal\u00bb, con un cinismo que no tiene parejo entre las fieras de la selva, dec\u00eda a una mujer de derechas \u00abhab\u00eda engordado desde que hab\u00eda bebido la san\u00adgre de una monja..\u00bb<\/p>\n<p>Al terminar este espeluznante relato queremos dejar cons\u00adtancia de que \u00abel m\u00e1s criminal\u00bb fue uno de los quince reos condenados a muerte, a quienes asistimos en el acto de su ejecuci\u00f3n, que muri\u00f3, como los dem\u00e1s, muy arrepentido, despu\u00e9s de haberse confesado y con el santo escapulario en el pecho.\u00bb<\/p>\n<p>Apostillando esta expresiva relaci\u00f3n del ilustre escritor Pa\u00addre Besalduch, pongamos aqu\u00ed los nombres de los patibula\u00adrios: Pedro, apodado \u00abel Caramelero\u00bb, y Emilio Montoro, aludidos arriba con el denominador com\u00fan de \u00ablos m\u00e1s crimina\u00adles\u00bb; Manuel Fenollosa y Fragoyen, \u00abel Navarro\u00bb, quienes se quedaron en el coche mientras los anteriores sub\u00edan por la m\u00e1rtir, y el chofer, por cierto obligado, Agust\u00edn Garves.<\/p>\n<p>Durante los dos meses que podemos se\u00f1alar como de apren\u00addizaje del martirio, al par que la salud corporal de Sor Marti\u00adna desmejoraba por d\u00edas, su esp\u00edritu se fortalec\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s al eco de aquella como consigna que no se ca\u00eda de su boca: \u00abLa voluntad de Dios yo la adoro; es la m\u00eda.\u00bb<\/p>\n<p>Uno de aquellos malvados manifest\u00f3 d\u00edas despu\u00e9s de per\u00adpetrado el crimen, que de todas las muertes que hab\u00eda causa\u00addo ninguna le hab\u00eda impresionado tanto como la de la monja.<\/p>\n<p>Hase dicho que Sor Martina ech\u00f3 nada menos que un ser\u00adm\u00f3n a los verdugos momentos antes de ejecutarla; mas no pa\u00adrece estar del todo en consonancia con la realidad. Las frases apuntadas y a lo sumo alguna otra, eso fue todo.<\/p>\n<p><em>Apoteosis.<\/em><\/p>\n<p>Enterrada Sor Martina por manos piadosas en el cemente\u00adrio de Algar, all\u00ed descansaron sus preciosos restos hasta el 19 de diciembre de 1939, en cuyo d\u00eda fueron trasladados a Segor\u00adbe para, en uni\u00f3n de todos los de los dem\u00e1s m\u00e1rtires de aque\u00adlla ciudad, recibir el m\u00e1s cumplido homenaje de parte de los hijos de la luz.<\/p>\n<p>Cuarenta eran los cad\u00e1veres que durante la noche del 19 al 20 fueron velados en el patio del Hospital. Treinta y nueve f\u00e9retros negros y uno blanco, el de Sor Martina. De diversos lugares hab\u00edan sido tra\u00eddos para que asistieran a aquel juicio universal de la ciudad y para su apoteosis. Porque incluso que real y verdaderamente lo fue m\u00e1s que duelo la conducci\u00f3n, de los restos mortales de aquellos h\u00e9roes y de aquella hero\u00edna desde el Hospital a la catedral y de la catedral al cementerio, mientras todas las campanas tocaban a muerto, todas las venta\u00adnas se cubr\u00edan de negros crespones y una inmensa muchedum\u00adbre cubr\u00eda el trayecto recogida y silenciosa y en actitud entre dolorosa y retadora, como sintiendo la ausencia de la vida na\u00adtural en aquellos cuerpos y bajo el influjo impresionante de aleteo espiritual bajo los arcos de triunfo de las diademas de glorificaci\u00f3n. El marco negro <em>se <\/em>entreveraba de un verde es\u00admeralda, preludio en notas vivas de inmortalidad.<\/p>\n<p>El blanco f\u00e9retro se lo disputaban los j\u00f3venes y los viejos, los civiles y los militares. Seis Hermanas de la comunidad del Hospital tiraban de las c\u00e1ndidas cintas que de aqu\u00e9l pend\u00edan. Detr\u00e1s, todas las Superioras del Instituto en el reino de Valen\u00adcia, con la Comisaria al frente en representaci\u00f3n de la Madre Sor Justa Dom\u00ednguez, y muchas Hermanas m\u00e1s, portando velas encendidas: remembranza del celeste cortejo que rodear\u00e1 al Cordero, seg\u00fan la visi\u00f3n apocal\u00edptica.<\/p>\n<p>Grandioso en verdad era el espect\u00e1culo.<\/p>\n<p>Todos los cad\u00e1veres quedaron depositados en el com\u00fan mausoleo levantado en honor de los M\u00e1rtires, excepci\u00f3n hecha del de Sor Martina, para el cual se le reservaba un lugar espe\u00adcial, en previsi\u00f3n de que alg\u00fan d\u00eda la autoridad competente requiera su exhumaci\u00f3n, para incoar, tal vez, el proceso ca\u00adn\u00f3nico para la beatificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como colof\u00f3n, de estas notas biogr\u00e1ficas y de martirologio, copiamos a continuaci\u00f3n unos apuntes de su cuadernito de los Ejercicios Espirituales, escritos por los a\u00f1os 1899-1906, m\u00e1s un pacto con Dios, de redacci\u00f3n m\u00e1s reciente.<\/p>\n<p>\u00abSantos Ejercicios.\u2014Agosto, 30 de 1899: Hacer bien la ora\u00adci\u00f3n. Contenerme de hablar. Ser humilde y no mentir ni en broma.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abEjercicios. Octubre, 4 de 1900: Protectores, los del Novi\u00adciado. Prepararme bien para la Sagrada Comuni\u00f3n y hablar poco. No meterme en lo, que no me importa. Cumplir con mis obligaciones, s\u00f3lo por Dios. No mentir nunca.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abSantos Ejercicios. Septiembre, 13-1896 (el a\u00f1o en que vis\u00adti\u00f3 el santo h\u00e1bito): He de procurar con la ayuda de Dios ser una verdadera Hija de la Caridad, guard\u00e1ndome de todo pe\u00adcado, y observando mis Stas. Reglas; guardando mis sentidos; deseo y pondr\u00e9 todo lo que pueda de mi parte para practicar la humildad, modestia, sencillez y caridad; todo lo consegui\u00adr\u00e9 con la ayuda de Jes\u00fas, Mar\u00eda y Jos\u00e9. Cuando tenga algo que sufrir, dir\u00e9: ayer ya pas\u00f3, hoy pasar\u00e1 y ma\u00f1ana Dios dir\u00e1, pues la vida es muy corta.\u00bb<\/p>\n<p>Sin fecha; quiz\u00e1 del 1896: \u00abOfrecimiento del d\u00eda: de 4 a 5, por mis padres; de 5 a 6, por mi t\u00eda Gabriela; de 6 a 7, por mis abuelos maternos; de 7 a 8, por los paternos; de 8 a 9, por mis t\u00edos; de 9 a 10, por mis parientes; de 10 a 11, por mis amigos; de 11 a 12, por mis conocidos; de 11 a 12 (repite), por las m\u00e1s devotas de la Virgen Stma.; de 12 a 1, por las m\u00e1s devotas del Ni\u00f1o Jes\u00fas; de 1 a 2, por las m\u00e1s devotas de San Jos\u00e9; de 2 a 3, por los m\u00e1s desamparados; de 3 a 4, por la m\u00e1s devota del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas; de 4 a 5, por la m\u00e1s devota del Coraz\u00f3n de\u2022 Mar\u00eda; de 5 a 6, por todas en general; de 6 a 7, por las que mueren sin poderse confesar; de 7 a 8, por las m\u00e1s devotas del Angel de la Guarda. Y toda la noche, por todos en general.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abPacto con Dios. \u00a1Dios m\u00edo! Cada vez que respiro, a cada palpitaci\u00f3n de mi pecho y en cada instante del tiempo que vi\u00adviere sobre la tierra, deseo daros la gloria que el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, de Mar\u00eda Sant\u00edsima y todos los Santos del Cielo os da\u00adr\u00e1n por toda la eternidad.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abAdem\u00e1s, cada una de las dichas veces, os ofrezco millones y millones de todas las virtudes, y deseos de o\u00edr todas las mi\u00adsas que en el mundo entero se celebren. Cada vez que bese la imagen de tu Divino Hijo o la de su Inmaculada Madre, o las apriete contra mi coraz\u00f3n, que desee arda el m\u00edo en un amor inmenso hacia Ti y hacia Ellas. Que jam\u00e1s pierda vuestra so\u00adberana presencia y que nada haga que no sea en vuestro amor, por vuestro amor y para vuestro amor. Que todos mis actos y acciones sean con la intenci\u00f3n de agradaros. Quiero morir an\u00adtes que ofenderos.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo muri\u00f3 Sor Martina antes que ofender a su Dios, seg\u00fan hab\u00eda con \u00e9l pactado, sino que su muerte fue la mejor alabanza y su glorificador en el Cielo y tambi\u00e9n en la tierra. As\u00ed lo esperamos. 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