{"id":68488,"date":"2012-03-12T08:40:15","date_gmt":"2012-03-12T07:40:15","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=68488"},"modified":"2016-07-27T12:15:18","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:18","slug":"roque-catalan-domingo-1874-1936","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/roque-catalan-domingo-1874-1936\/","title":{"rendered":"Roque Catal\u00e1n Domingo (1874-1936)"},"content":{"rendered":"<p>En las revistas <em>La Milagrosa y Anales de la Congregaci\u00f3n <\/em><em>de la Misi\u00f3n y de hm Hijas <\/em>de <em>la Caridad, <\/em>respectivamente, dos maestros en el arte de escribir, el P. Enrique Albiol y el Pa\u00addre Vicente Franco, escribieron magistralmente sobre el Her\u00admano Catal\u00e1n, y no podernos resistirnos a transcribir aqu\u00ed, casi \u00edntegros, combinados, los dos art\u00edculos.<\/p>\n<p>Para no interrumpir, con demasiadas citas, al hacer las interpolaciones, el sentido de lo que se va relatando, adver\u00adtimos desde ahora que lo escrito en tipo ordinario es del Pa\u00addre Albiol y lo de letra cursiva corresponde al P. Franco<\/p>\n<h2>I.- Un mozo como los dem\u00e1s<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/02\/Biografias-Pa%C3%BAles15.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-68489\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/02\/Biografias-Pa%C3%BAles15.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>Este Hermano fue campesino y labrador antes de ser re\u00adligioso en la Comunidad. Cuidaba las yuntas y sus aperos, bar\u00adbechaba y sembraba la tierra, entend\u00eda en sus cosechas pre\u00advi\u00e9ndolas y coment\u00e1ndolas como cualquiera de sus vecinos y alegraba las eras en est\u00edo con, el canto religioso y popular de la jota aragonesa.<\/p>\n<p>Naci\u00f3 en Aldehuela, di\u00f3cesis y provincia de Teruel, el 24 de enero de 1874. Su padre se llamaba Vicente y su madre Joaquina. Su formaci\u00f3n en la piedad cristiana, excelente. Su instrucci\u00f3n intelectual, de las mejores que en un pueblo se pueden dar.<\/p>\n<p>Hu\u00e9rfano de madre, compart\u00eda con su padre no s\u00f3lo las faenas del campo, sino ciertos quehaceres de la vida \u00edntima. Por cierto que las conversaciones que Vicente y su hijo pla\u00adticaban eran preferentemente piadosas. El mismo Hermano refer\u00eda m\u00e1s tarde que su padre le hablaba de la otra vida con la unci\u00f3n de un santo predicador, y que nunca se entregaban al sue\u00f1o sin haber le\u00eddo en voz alta unas cuantas p\u00e1ginas de alg\u00fan libro de piedad.<\/p>\n<p>Pero del padre hablaremos luego.<\/p>\n<p>Ahora s\u00f3lo he de consignar este insignificante episodio, que, a pesar de serlo tanto, tuvo decisiva influencia en, la vocaci\u00f3n de nuestro Hermano, y que aduzco para probar c\u00f3mo la fe sincera y sanas costumbres del se\u00f1or Vicente y su hijo eran patrimonio de toda la familia Catal\u00e1n.<\/p>\n<p><em>Por lo dem\u00e1s, quien no se lo haya escuchado de su lengua\u00ad<\/em><em>je transparente, lo <\/em>tomar\u00eda <em>por un chiste baturro en la Te\u00ad<\/em><em>baida.<\/em><\/p>\n<p>\u2014Buenos d\u00edas, t\u00edo Jos\u00e9 \u2014dijo el mozo, saludando a un hombre de fisonom\u00eda parecida a la de su padre, y, como \u00e9ste, de coraz\u00f3n recto y mesurado hablar.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 te trae por aqu\u00ed, ma\u00f1o?<\/p>\n<p>\u2014Vengo a consultarle una cosa.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, ma\u00f1o. T\u00fa dir\u00e1s.<\/p>\n<p>Y con la brevedad rectil\u00ednea de un perfecto aragon\u00e9s, pro\u00adpuso nuestro consultante:<\/p>\n<p>\u2014Que no s\u00e9 si casarme con su chica o meterme fraile.<\/p>\n<p>Otro que no hubiera sido el t\u00edo Jos\u00e9 habr\u00eda recibido el dilema con una estrepitosa carcajada; pero \u00e9ste, consciente de su responsabilidad y amigo de que las cosas fuesen bien hechas, se puso serio para pensar la contestaci\u00f3n, y se la endilg\u00f3 sentenciosamente:<\/p>\n<p>\u2014Buena es mi chica, Roque; pero mejor es Dios. M\u00e9tete fraile.<\/p>\n<p>No hubo lugar a dudas. Dios, que siempre sale al encuen\u00adtro de las almas que le buscan con sencillez, acababa de de\u00adclarar al enamorado mozo cu\u00e1l era su voluntad.<\/p>\n<p>Y, para m\u00e1s compelerle a su cumplimiento, hubo por en\u00adtonces una Misi\u00f3n en el pueblo, predicada por dos Misione\u00adros Pa\u00fales de la residencia de Teruel, de cuya santa vida qued\u00f3se Roque m\u00e1s enamorado que de la hija del t\u00edo Jos\u00e9.<\/p>\n<h2>II.- La bendici\u00f3n paterna<\/h2>\n<p>Despu\u00e9s de recoger las reliquias de la cena y de rezar el Rosario y de leer la vida del Santo, todo ello en aquel hogar templado y semioscuro, tan semejante a las cuevas de los ana\u00adcoretas, suplic\u00f3 el hijo al padre que prolongase la velada por\u00adque necesitaba hacerle\u201e una confidencia. Y le habl\u00f3 de su des\u00adpedida. Le revel\u00f3 el vehemente dese\u00f3 que martirizaba su alma de marcharse con aquellos misioneros que acababan, de edifi\u00adcar al pueblo con sus virtudes extraordinarias, hechas palabra y acci\u00f3n. El tambi\u00e9n quer\u00eda ser misionero, no para predicar, porque muy bien comprend\u00eda que le faltaba preparaci\u00f3n para aquella divina empresa, pero s\u00ed para consagrarse <em>a <\/em>Dios en compa\u00f1\u00eda de aquellos santos varones a quienes podr\u00eda servir como hermano coadjutor en, los imprescindibles menesteres materiales de la vida.<\/p>\n<p>Esto dec\u00eda el mozo con tanto respeto como tristeza, pero su padre no le dej\u00f3 acabar. Sent\u00eda impaciencia para aprobar<sup>\u00ad<\/sup>la santa determinaci\u00f3n de su hijo.<\/p>\n<p>Levant\u00f3se, pues, de la silla, llenos sus ojos de l\u00e1grimas y rebosante el alma de j\u00fabilo, para echarle los brazos al cuello y decirle con fruici\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, hijo, s\u00ed; cuenta con mi permiso para irte a servir a Dios. Pero no ir\u00e1s t\u00fa solo. \u00a1Yo tambi\u00e9n quiero seguirte!<\/p>\n<p>Fu\u00e9 aquella una escena digna del mejor pincel de la mejor escuela.<\/p>\n<p>El caso es que pocos d\u00edas m\u00e1s tarde padre e hijo se presen\u00adtaban ante el R. P. Eladio Arn\u00e1iz, Visitador entonces de los Misioneros de San Vicente de Pa\u00fal en Espa\u00f1a, pidiendo la misma gracia para uno y otro: la admisi\u00f3n de entrambos en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero el P. Arn\u00e1iz puso reparos. Como no le parec\u00eda conve\u00adniente admitir al padre, por su avanzada edad, ni cre\u00eda justo admitir al hijo dejando al padre anciano y solo en el pueblo, ech\u00f3 un buen jarro de agua fr\u00eda en el volc\u00e1n de ilusiones de los<sup>,<\/sup> dos postulantes. Mas \u00bfqu\u00e9 es un jarro de agua para un volc\u00e1n? Pronto volvieron, \u00e9stos a la carga, dispuestos a conse\u00adguir, fuese como fuese, la realizaci\u00f3n de sus firm\u00edsimas aspi\u00adraciones.<\/p>\n<p>Yo recuerdo haber o\u00eddo al Hermano Catal\u00e1n los detalles de esta segunda entrevista. Su padre estiraba el brazo para probar que no le temblaba; doblaba el torso y lo enderezaba con el\u00e1stica rapidez; golpeaba con las palmas de las manos el paquete muscular de sus pantorrillas, harto firmes todav\u00eda, y rogaba que se le mandase cavar, barrer, fregar, para convencer a todos de su resistencia f\u00edsica. No hubo medio de hacer retractar al P. Arn\u00e1iz.<\/p>\n<p>Y es que Dios nuestro Se\u00f1or, en su amorosa Providencia, manten\u00eda otros santos designios respecto de aquellas almas. El P. Visitador de los Misioneros Pa\u00fales, que tanto reparo ten\u00eda en admitir a aquel hombre de sesenta a\u00f1os en su comunidad, no lo tuvo en recomendarlo con una tarjeta personal al Muy Reverendo Abad de la Trapa Cisterciense de Due\u00f1as (Palen\u00adcia), donde lo mismo fue llegar que ser admitido.<\/p>\n<p>De su gran virtud habla muy claramente el hecho de ha\u00adber sido nombrado maestro de novicios a los dos a\u00f1os de vestir la cogulla monacal, cargo que desempe\u00f1\u00f3 hasta los ochenta y uno de su edad, en que muri\u00f3 en olor de santidad, seg\u00fan tes\u00adtimonio de sus hermanos de h\u00e1bito.<\/p>\n<p>S\u00f3lo as\u00ed pudo ingresar el joven Roque en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, cuyo noviciado fue para \u00e9l delicioso atisbo de la gloria.<\/p>\n<p>El d\u00eda de su profesi\u00f3n, \u2014acaso el m\u00e1s feliz de su vida\u2014 pre\u00adsent\u00f3se al R. P. Visitador para agradecerle una vez m\u00e1s la gracia de su admisi\u00f3n y pedirle otra nueva, que no le fue de\u00adnegada: la de visitar por \u00faltima vez a su padre.<\/p>\n<p>El cari\u00f1o filial, que la vida religiosa no mata, sino perfec\u00adciona, gozaba con la esperanza de perpetuar aquella despedi\u00adda en el cristal de una placa fotogr\u00e1fica en que apareciesen padre e hijo unidos por \u00faltima vez en la tierra. No s\u00e9 de qu\u00e9 medios se vali\u00f3 nuestro querido viajero para llevar consigo un fot\u00f3grafo a la Trapa de Due\u00f1as; pero s\u00e9 la oposici\u00f3n que all\u00ed tuvo por parte del Abad y de su padre para conseguir su empe\u00f1o. Sin embargo, no era el Hermano Catal\u00e1n hombre que se desalentase.<\/p>\n<p><em>La severidad del claustro y su recogimiento izo permit\u00eda <\/em><em>tales inocentes exhibiciones; pero nuestro aragon\u00e9s hall\u00f3 re\u00ad<\/em><em>cursos en su ingeniosa piedad para doblegar la rectitud disci\u00adplinaria. Cuanto m\u00e1s firmes eran las negativas, m\u00e1s razonadas<\/em><em> <\/em><em>y fuertes eran sus peticiones. Supo tocar la fibra m\u00e1s Sensible del coraz\u00f3n filial del trapense con esta alusi\u00f3n certera, cuya fuerza estriba \u00fanicamente en el cristal de roca de su candor:<\/em><\/p>\n<p>\u2014Bueno, se\u00f1or Abad. San Bernardo no negaba nunca nada de lo que le ped\u00edan por la Sant\u00edsima Virgen. Pues por la San\u00adt\u00edsima Virgen le pido yo que me conceda retratarme con mi padre. Demuestre V. R. que es buen hijo de San Bernardo.<\/p>\n<p>Aquello era apedrear la voluntad del Superior con un dia\u00admante.<\/p>\n<p>Ri\u00f3se de buena gana el Abad y hubo de conceder la gra\u00adcia al impert\u00e9rrito aragon\u00e9s, que luego nos contaba este episodio obsequi\u00e1ndonos con una fotograf\u00eda bien hecha, en que aparece un trapense de luengas barbas blancas y gran, capu\u00adcha negra bendiciendo la figura arrodillada y recogida de un Hermano Coadjutor de la Misi\u00f3n<\/p>\n<h2>III.- Misionero<\/h2>\n<p>Sirviendo a cierto sacerdote enfermo, le dec\u00eda con cari\u00f1o\u00adsa brusquedad:<\/p>\n<p>\u2014Cu\u00eddese, hombre; que hacen falta misioneros.<\/p>\n<p>Y, acto seguido, a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 grande es nuestra vocaci\u00f3n!, \u00bfverdad?&#8230; Si cien ve\u00adces naciera, las cien ser\u00eda lo que soy: lego de la Misi\u00f3n. Y si alguien me quisiera echar de aqu\u00ed, me asir\u00eda tan fuertemente a las paredes que antes me habr\u00edan de cortar las manos&#8230;<\/p>\n<p>Las misiones eran, en efecto, la pasi\u00f3n dominante de su coraz\u00f3n. Pero las misiones vicencianas, es decir, las misiones organizadas seg\u00fan el m\u00e9todo de San Vicente de Pa\u00fal, que fue exactamente el que hab\u00eda visto seguir en Aldehuela a los Pa\u00addres Rufino Osaba y Valent\u00edn Rojo, acompa\u00f1ados del Her\u00admano Felipe Barbero.<\/p>\n<p>Porque San Vicente hab\u00eda dispuesto que sus misioneros sa\u00adcerdotes fuesen acompa\u00f1ados siempre de un Hermano Coad\u00adjutor, tambi\u00e9n misionero, y que todos juntos viviesen en co\u00admunidad \u2014breve comunidad ambulante\u2014, hosped\u00e1ndose en una casa cualquiera del pueblo, alquilada exclusivamente para ellos, en la cual permaneciesen, sin ser molestos a nadie, todo el tiempo que estimasen conveniente para la instrucci\u00f3n y mo\u00adralizaci\u00f3n del mismo. Les prohibi\u00f3 adem\u00e1s aceptar dinero por sus trabajos y les mand\u00f3 que obraran siempre bajo la depen\u00addencia del Prelado de la Di\u00f3cesis y del P\u00e1rroco del lugar que misionasen.<\/p>\n<p>Roque Catal\u00e1n hab\u00eda asistido con los dem\u00e1s mozos de Al\u00addehuela a los conmovedores sermones del P. Osaba y a las pl\u00e1\u00adticas doctrinales del P. Rojo, dej\u00e1ndole todo ello un dulce sa\u00adbor de esp\u00edritu que no olvidar\u00eda jam\u00e1s; hab\u00eda visto a los mi\u00adsioneros tratar can llaneza y gracia a los humildes hijos del pueblo, consolando a los enfermos cuyas viviendas visitaban, acariciando a los peque\u00f1uelos, cuyas inteligencias ilustraban, y buscando a los pecadores con tanto cari\u00f1o y perseverancia que no era posible resistirse a tanta amabilidad; pero sobre todo se hab\u00eda fijado en el Hermano Coadjutor, que les acom\u00adpa\u00f1aba a todas partes. Aquel hombre recio, humilde, piadoso y alegre, que se ocupaba en barrer la casa, comprar el pan <em>y<\/em><em> <\/em>guisar la comida para los Padres mientras \u00e9stos o\u00edan confe\u00adsiones y predicaban la palabra divina en una u otra forma, fue para \u00e9l la revelaci\u00f3n exacta de su vocaci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>Precisamente aquel hombre hab\u00eda de ser en Teruel su pri\u00admer amigo y maestro durante los tres meses de postulantado que precedieron a su ingreso en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>De Teruel march\u00f3 a Madrid, 18 de febrero de 1898, donde, antes de terminar el noviciado. tuvo la gran satisfacci\u00f3n, de ser destinado a las misiones de esta di\u00f3cesis. F\u00e1cil es com\u00adprender la devoci\u00f3n de su esp\u00edritu en estas santas excursiones, que se repitieron durante varios a\u00f1os. En Fuencarral, Alco\u00adbendas, San Sebasti\u00e1n, de los Reyes y otros pueblos madrile\u00ad\u00f1os se le recuerda todav\u00eda con \u00edntima veneraci\u00f3n. De \u00e9l se re\u00adfiere que hac\u00eda tanto bien a las almas con su ejemplo como los Padres Burgos y Villanueva, a quienes acompa\u00f1aba, con su palabra. Hizo los santos votos estando misionando en Val de Olmos, el d\u00eda 19 de febrero de 1900.<\/p>\n<p>Pero cuando su esp\u00edritu misionero se alegr\u00f3 inefablemente fue cuando supo que nuestro Sant\u00edsimo Padre el Papa encar\u00adgaba a los hijos de San Vicente de la Provincia Espa\u00f1ola la evangelizaci\u00f3n de Cuttack, regi\u00f3n indost\u00e1nica llena de peli\u00adgros y de infieles, falta de toda clase de civilizaci\u00f3n y alber\u00adgue de toda suerte de miserias. Ganoso de no dejarse aventa\u00adjar por nadie en el sacrificio, se ofreci\u00f3 voluntariamente para ir all\u00e1 en la primera expedici\u00f3n; pero esta fue quiz\u00e1 la \u00fanica empresa en que fracas\u00f3 su aragonesa tenacidad, pues los Supe\u00adriores contestaron a las reiteradas peticiones del Hermano con reiteradas y rotundas negativas.<\/p>\n<p>Entonces tuvo una ocurrencia original. Se desprendi\u00f3 de aquel retrato que se hab\u00eda hecho con su padre en la Trapa, escribi\u00f3 en el mismo su nombre y los dos apellidos, lo entre\u00adg\u00f3 a un sacerdote que iba destinado a Cuttack y le dijo enca\u00adrecidamente:<\/p>\n<p>\u2014Tome, Padre. Cuando llegue usted a la India, entierre mi retrato en la arena: \u00a1ya que no podr\u00e1 ser enterrado all\u00ed mi cuerpo, que lo sea mi fotograf\u00eda!<\/p>\n<p>Y el Rvdo. P. Florencio Sanz, hoy Obispo de aquella Mi\u00adsi\u00f3n, asegura haber cumplida al pie de la letra, y con devo\u00adci\u00f3n, los deseos del buen Hermano.<\/p>\n<h2>IV.- Enfermero<\/h2>\n<p>Dios quiso que este modelo de Hermanos Coadjutores die\u00adse tambi\u00e9n pruebas de su virtud en la enfermer\u00eda de la Casa Central de los Hijos de San Vicente.<\/p>\n<p><em>En la ocupaci\u00f3n <\/em>de <em>enfermero, como antes en la de hortola\u00ad<\/em><em>no, gast\u00f3 el Hermano Catal\u00e1n sus energ\u00edas. Por virtud o por <\/em><em>costumbre o par las dos casas a la vez, ejerc\u00eda sin repugnancia <\/em><em>los m\u00e1s viles menesteres. En los cambios de estaci\u00f3n, en la <\/em><em>gripe del a\u00f1o 1918, en que &#8216;se abarrotaba la <\/em>enfermer\u00eda, <em>\u00e9l se <\/em><em>multiplicaba para atender con rudo <\/em><em>desembarazo a todas los do\u00ad<\/em><em>lientes.<\/em><\/p>\n<p>Las enfermedades contagiosas eran reservadas para \u00e9l mismo. No admit\u00eda ayuda de nadie cuando hab\u00eda peligro de con\u00adtagi\u00f3. Cuatro Hermanos estudiantes (hoy ya son sacerdotes), que se vieron a un mismo tiempo atacados del tifus, se acuer\u00addan todav\u00eda con reconocimiento que el Hermano Catal\u00e1n, los traslad\u00f3 casi en brazos a un pabell\u00f3n reservado de la enfer\u00admer\u00eda y traslad\u00f3 tambi\u00e9n las camas sin ayuda de nadie, y esto en ocasi\u00f3n en que estaba \u00e9l mismo enfermo, pues le vieron vomitar en mitad de la tarea, sonri\u00e9ndose luego y contando amenidades a los j\u00f3venes, para quitar importancia al heroico sacrificio que al servirles realizaba.<\/p>\n<p>Hubo muchas noches en que el enfermero no se acost\u00f3. Si alg\u00fan enfermo requer\u00eda cuidados especiales, el Hermano Ca\u00adtal\u00e1n arrastraba su petate junto a la cama del infortunado y sin despojarse de la ropa se echaba en \u00e9l, dispuesto a saltar, como lo hac\u00eda, a la menor indicaci\u00f3n del doliente.<\/p>\n<p><em>Su higiene y recetario eran el alcohol y la purga.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2014\u00bfQu\u00e9 le pasa a este Hermano Novicia?<\/em><\/p>\n<p><em>\u2014\u00bf&#8230;?<\/em><\/p>\n<p><em>\u2014\u00a1Qu\u00e9, compadre! Hay que ser valientes. Una <\/em>purga, y, <em>si <\/em>no se <em>le pasa, al m\u00e9dico.<\/em><\/p>\n<p><em>Mientras preparaba el agua de Caraba\u00f1a, sermones con <\/em><em>l<\/em><em>os <\/em><em>ideas del P. Rodr\u00edguez. Cierra los p\u00e1rpados y acciona con la <\/em><em>diestra, como un martillo del rev\u00e9s, cuyo mango fuera el \u00edn\u00ad<\/em><em>dice, grueso y <\/em><em>basto, <\/em><em>en tiesura. Propina una<\/em><em> dosis concentrada<\/em><em> de asc\u00e9tica. La letra impresa revive, aletea <\/em>con fe <em>patriar\u00ad<\/em><em>cal en sus labios.<\/em><\/p>\n<p>Esta escena se repite con cada uno de los pacientes que a \u00e9l acuden.<\/p>\n<p>Profesaba unas teor\u00edas algo espartanas respecto a los enfer\u00admos, una mezcla de eugenesia y eutanasia, por supuesto sin conocer tal nomenclatura.<\/p>\n<p>Urd\u00eda en su caletre un porvenir del novicio enfermo. Si se figuraba su fracaso en la vocaci\u00f3n o su inutilidad para los ministerios, le trataba como a un hu\u00e9sped, no como a un familiar. Pero si adivinaba en \u00e9l un futuro buen misionero se des\u00adviv\u00eda por su cuidado. Y animaba con br\u00edo:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9, compadre! Hay que 4ar gloria a Dios y a la Con\u00adgregaci\u00f3n. \u00a1Buena chuleta y buen trago!<\/p>\n<p>El Hermano Catal\u00e1n cuidaba a los enfermos con tal esp\u00ed\u00adritu de fe, que reproduc\u00eda en sus acciones, sin pretenderlo, las m\u00e1s tiernas escenas de las vidas de los santos. Cuenta a este prop\u00f3sito el R. P. Hilario Orzanco que \u00e9l mismo le vio besar con devota veneraci\u00f3n las llagas purulentas de un sacer\u00addote misionero cuyos pies hinchados y deformes curaba el pia\u00addoso Hermano.<\/p>\n<p>Asimismo refiere este Padre otra costumbre in\u00e9dita en las biograf\u00edas de los santos y francamente admirable, no s\u00f3lo por la asombrosa ingenuidad que supone, sino tambi\u00e9n por las se\u00ad\u00f1ales con que Dios daba a entender su complacencia en ella. Es la siguiente: Apenas mor\u00eda un enfermo, nuestro sol\u00edcito Hermano se encargaba de amortajarlo, y, a solas con el cad\u00e1\u00adver, le hac\u00eda unas cuantas recomendaciones de palabra y por escrito, metiendo entre los pliegues de la mortaja una carta para el Cielo, en la cual ped\u00eda a nuestro Se\u00f1or alg\u00fan favor particular. Pues bien; asegur\u00f3 el Hermano Catal\u00e1n al Reve\u00adrendo P. Orzanco que esta costumbre era ya vieja en \u00e9l y que todas las gracias pedidas por este medio, le hab\u00edan sido con\u00adcedidas.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 cad\u00e1ver se llevar\u00eda al camposanto el billetito en que ped\u00eda nuestro Hermano la gracia del martirio?<\/p>\n<p>Alguna vez se percib\u00eda tristeza en sus palabras, cuando el difunto pose\u00eda una historia o una esperanza gloriosas de mi\u00adsionero. Sus lamentaciones se anegaban en la sumisi\u00f3n a la divina voluntad.<\/p>\n<h2>V.- Esp\u00edritu de piedad<\/h2>\n<p>El Hermano Catal\u00e1n fue muy conocido de todos los indi\u00adviduos de la Provincia Espa\u00f1ola de la Congregaci\u00f3n, porque toda su Vida religiosa transcurri\u00f3 en la Casa Central de la misma. Y a pesar de esto, ni uno solo disiente de la afirma\u00adci\u00f3n com\u00fan de que era un Hermano extraordinariamente pia\u00addoso.<\/p>\n<p>Sus devociones predilectas eran la Eucarist\u00eda y la Medalla Milagrosa. Le dio la chifladura \u2014y de los chiflados es el <sup>.<\/sup>mun\u00addo\u2014 por erigir en su pueblo un altar a la Sant\u00edsima Virgen bajo esta advocaci\u00f3n, y, sin poseer un c\u00e9ntimo, consigui\u00f3 su pro<sup>,<\/sup> p\u00f3sito, am\u00e9n de dar estipendios cuantiosos para celebrar mi\u00adsas en su altar, de regalar ornamentos y hasta lo superfluo y elegante, versos para recitarlos ante la nueva estatua. Logr\u00f3 de los Superiores la autorizaci\u00f3n para Pedir a favor de su pro\u00adyecto, y, como le hab\u00eda hecho la boca un fraile, triunf\u00f3. Desde el embalaje de una casulla hasta la construcci\u00f3n de una carre\u00adtera para su Aldehuela, todo sali\u00f3 del santo descaro del Her\u00admano Catal\u00e1n. Contaba con la bendici\u00f3n de Dios. Le sorprend\u00ed en una ocasi\u00f3n implorando sus favores.<\/p>\n<p><em>Fue una <\/em>ma\u00f1ana e<em>n que bajaba yo a celebrar la Santa Misa. <\/em><em>En el \u00e1ngulo que forma <\/em>el <em>pasillo que une la casa con la Bas\u00ed\u00ad<\/em><em>lica, bajo un cuadro del <\/em>Hermano <em>Y\u00e9benes, reproducci\u00f3n <\/em><em>Cristo &#8216;de Alonso Cano, estaba <\/em>una <em>estatuilla procesional de la <\/em><em>Virgen Milagrosa sobre sus andas Entre las varas, <\/em>el Herma\u00adno <em>Catal\u00e1n elevaba una carta hasta tocar las manos de nuestra <\/em><em>Se\u00f1ora. Le contempl\u00e9, desde la escalera. Seguro, por su posi\u00ad<\/em><em>ci\u00f3n de firme, confiado, con la sonrisa en, su semblante, el <\/em>Her\u00admano <em>Catal\u00e1n pon\u00eda la <\/em>bandeja <em>petitoria de su carta <\/em>en las <em>manos de Mar\u00eda. \u00bfNo iba a conseguir su empe\u00f1o con tal vale\u00ad<\/em><em>dora? Tos\u00ed para advertirle mi presencia, y \u00e9l, como vergonz<\/em><em>oso, se apart\u00f3 de las andas y cruz\u00f3 a mi lado con la vista reco\u00ad<\/em><em>gida. Sent\u00ed haber roto aquel idilio de fe delicada y honda, pero el reloj no espera.<\/em><\/p>\n<p>Infund\u00eda consuelo verle rezar el Via-Crucis a las cuatro de la ma\u00f1ana, antes de empezar su hora de oraci\u00f3n mental con los dem\u00e1s Hermanos; y causaba estupefacci\u00f3n o\u00edrle hablar en las conferencias espirituales de comunidad, por la unci\u00f3n, pie\u00addad y sabidur\u00eda de su inflamada palabra.<\/p>\n<p>Todas las ma\u00f1anas ayudaba dos misas, comulgando en la primera y dando gracias en la segunda, con un fervor tan in\u00adtenso que se hac\u00eda visible y contagioso. Despu\u00e9s se daba de lleno al trabajo, cumpliendo m\u00e1s de una vez el oficio de dos y tres Hermanos Coadjutores.<\/p>\n<p>En la huerta era incansable. Cavaba y rezaba al mismo tiempo, pronunciando el dulc\u00edsimo nombre de la Virgen a cada golpe de azad\u00f3n, pues sin cesar recitaba el \u00abOh, Mar\u00eda\u00bb de la Medalla Milagrosa. Suced\u00eda con frecuencia que compade\u00adci\u00e9ndose \u00e9l mismo de alg\u00fan Hermano que le acompa\u00f1aba en esta ruda labor, le invitaba a descansar y a que leyese en voz alta algunos cap\u00edtulos del Kempis, mientras \u00e9l, escuchando la lectura, continuaba su trabajo.<\/p>\n<p>Cuando hac\u00eda falta abono en la huerta, cog\u00eda nuestro Her\u00admano un carrito y paseaba las calles y las afueras de Ma\u00addrid buscando basura sin el menor respeto humano y con, los m\u00e1s santos anhelos de humillarse, seg\u00fan manifest\u00f3 un d\u00eda al P. Buenaventura Ant\u00f3n, que m\u00e1s de una vez recibi\u00f3 su Comu\u00adnicaci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de la Comunicaci\u00f3n, recuerda el dicho Padre que era tan agradecido el buen Hermano Catal\u00e1n que luego de percibir los consejos de su Director, se marchaba a la ca\u00adpilla a rezar por \u00e9l un Via-Crucis o una parte del Rosario.<\/p>\n<p>Profesaba tanto afecto a la devoci\u00f3n del Via-Crucis que hubo d\u00edas de repetirlo varias veces.<\/p>\n<p>Una cosa que tal vez ignoren a\u00fan los que le trataban de cerca es que todos los a\u00f1os rezaba un Via-Crucis de Peniten\u00adcia en el Cerro de los Angeles. Sal\u00eda tempranito y en ayunas, con licencia del Padre Superior. Al trasponer el puente de los Mataderos se descalzaba y con los pies desnudos emprend\u00eda la marcha de los siete kil\u00f3metros que hab\u00edan de conducirle al cerro.<\/p>\n<p>Una vez all\u00ed, visitaba la ermita de Nuestra Se\u00f1ora de los Angeles, oyendo todas las misas que en ella se celebraban (quince oy\u00f3 el 19 de julio de 1936, que fue el \u00faltimo a\u00f1o en que hizo esta romer\u00eda) y despu\u00e9s, abrazado a un gran le\u00f1o en forma de cruz, solo o acompa\u00f1ado \u2014que esto le importaba poco\u2014, pasaba las estaciones del Calvario meditando, rezan- do y llorando como un aut\u00e9ntico penitente. Por la tarde volv\u00eda a recogerse en la ermita, donde hab\u00eda de ordinario Exposici\u00f3n de su Divina Majestad. Y por la noche llegaba a casa sin haber comido ni bebido absolutamente nada durante el d\u00eda, a pesar de todo lo cual tomaba por todo refrigerio, antes de entregar\u00adse al descanso, nada m\u00e1s que un corrusco de pan y medio vaso de agua.<\/p>\n<p>La v\u00edspera de su muerte dec\u00eda a su director espiritual: \u00abHe ido al Cerro de los Angeles y he pasado todo el d\u00eda haciendo penitencia, ayunando a pan y agua, por Espa\u00f1a, porque tiene gran necesidad de misericordia. He rogado tambi\u00e9n, con insis\u00adtencia, por nuestra Congregaci\u00f3n y por las Hijas de la Cari\u00addad, para que nos llene el Se\u00f1or del esp\u00edritu de. nuestro Santo Padre y nos d\u00e9 fortaleza en esta revoluci\u00f3n que tenemos en\u00adcima. He pedido sobre todo al Divino Coraz\u00f3n que me conce\u00adda la gracia de morir por su amor, de ser m\u00e1rtir, y espero firmemente que me lo ha de conceder.\u00bb<\/p>\n<p><em>Era pasmosa<\/em><em> l<\/em><em>a serenidad con que ve\u00eda la muerte ajena. No <\/em><em>por la rutina de la frecu<\/em><em>en<\/em><em>cia ni por atro<\/em><em>fia <\/em><em>de sensibilidad. <\/em><em>En la muerte <\/em>ve\u00eda <em>el tr<\/em><em>\u00e1nsito<\/em><em> a mejor vida.<\/em><\/p>\n<p><em>Quiz\u00e1 de esta presencia continua de la muerte sacara su <\/em><em>desprecio por las cosas de la tierra, su poca \u00a1estima de la opini<\/em><em>\u00f3<\/em><em>n <\/em><em>mundana. Gozaba <\/em>en <em>exhibirse muerto al mundo. Cuando se <\/em><em>autoriz\u00f3 a los Hermanos Coadjutores a. vestir ropa talar por la <\/em><em>calle, se le tomar\u00eda <\/em>por un <em>cura ejemplar\u00edsimo si <\/em>la indiscre\u00ad<em>ci\u00f3n de unas berzas que asomaban en su atuendo clerical no le <\/em>delatara <em>por sol\u00edcito comprador, lego de una comunidad. El <\/em><em>marchaba bajo su manteo y teja <\/em>con <em>desgarbo <\/em>de <em>ga\u00f1\u00e1n y mo\u00addestia de \u00e1ngel, a predicar por las r\u00faas el serm\u00f3n silencioso <\/em>de San <em>Francisco.<\/em><\/p>\n<p><em>No era solamente el orador mudo <\/em>y eficaz <em>del ejemplo. En <\/em><em>las repeticion<\/em><em>e<\/em><em>s de oraci\u00f3n <\/em>y conferencias ma\u00f1aneras <em>adoptaba <\/em>ademanes <em>de tribuno. Cuando era llamado a hablar, se pon\u00eda <\/em><em>de pie,<\/em><em> <\/em><em>\u00a0trazaba sobre s\u00ed el signo de la Cruz amplio y en\u00e9rgico, <\/em><em>se cruzaba de brazos, <\/em>cerraba <em>los ojos <\/em>y <em>soltaba el chorro de sus <\/em><em>piedades, poco ce\u00f1ido al asunto, salpicado de citas de Santos <\/em><em>Padres que \u00e9l reten\u00eda de sus lecturas de <\/em>Rivadeineyra, <em>N<\/em><em>ierem\u00ad<\/em><em>berg, San Vicente&#8230; Su oratoria era f\u00e1cil y burda, sin que fal\u00ad<\/em><em>taran las expresiones felices. Era su <\/em>pensamiento <em>como esas <\/em><em>tierras fecundas y v\u00edrgenes donde entre zarzas exuberantes apuntan flores vistosas y aromadas.<\/em><\/p>\n<h2>VI.- M\u00e1rtir<\/h2>\n<p>Era un exaltado de la fe. Su anhelo de martirio hab\u00eda arrai\u00adgado en \u00e9l hac\u00eda a\u00f1os. Sin recatarse de darlo a entender, con aquella simplicidad con que los ni\u00f1os cuentan sus sue\u00f1os, albergaba esta convicci\u00f3n en su alma. Somos muchos los que hemos o\u00eddo esta afirmaci\u00f3n de sus labios, en tiempos precisa\u00admente en que nada hac\u00eda presagiar los trist\u00edsimos acontecimientos de la revoluci\u00f3n comunista en Espa\u00f1a:<\/p>\n<p>\u00a1Ya morir\u00e9 m\u00e1rtir! \u00a1Ya lo ver\u00e1 usted!<\/p>\n<p>Un d\u00eda en que los Hermanos Coadjutores de la residencia de Madrid se hallaban reunidos con motivo de la instrucci\u00f3n semanal que reciben del Superior de la casa, antes de que \u00e9ste acudiese, hablaban ellos entre s\u00ed del tema de la instrucci\u00f3n de aquella tarde, que versaba sobre el Bautismo de agua, de san\u00adgre y de deseo, y, tomando la palabra con mucho \u00e9nfasis, el protagonista de estos apuntes hizo un c\u00e1lido elogio del supre\u00admo don del martirio, acabando con esta frase, que a unos hizo enmudecer y a otros sonre\u00edr:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Yo ser\u00e9 m\u00e1rtir, y mis restos ser\u00e1n tra\u00eddos a los pies del altar de la Milagrosa!<\/p>\n<p>As\u00ed me lo ha contado el Hermano Santiago Garc\u00eda, que fue testigo de aquella escena.<\/p>\n<p>Otro d\u00eda, invitado por el se\u00f1or Superior (seg\u00fan es costum\u00adbre entre los hijos de San Vicente) a declarar los pensamien\u00adtos que hab\u00eda tenido durante la oraci\u00f3n, como \u00e9sta hubiera versado acerca de la gloriosa muerte de Santiago, Misionero y Patr\u00f3n de Espa\u00f1a, dijo sencillamente el Hermano:<\/p>\n<p>\u2014He pedido a Dios la gracia de morir corno Santiago, m\u00e1r\u00adtir de su Evangelio.<\/p>\n<p>Y a\u00f1adi\u00f3 muy convencido:<\/p>\n<p>\u2014Creo que me la dar\u00e1.<\/p>\n<p>Esta convicci\u00f3n \u2014escribe el P. Franco\u2014 creo que obedec\u00eda<\/p>\n<p>a secreta inspiraci\u00f3n de lo alto. Vaya, como prueba, esta con versaci\u00f3n conmigo por los d\u00edas en que fue denegada su peti<em>ci\u00f3n para ir a la India. Doy fe de su veracidad, en el fondo, con <\/em><em>mi palabra de sacerdote y mi juramento de cristiano. Me im\u00ad<\/em><em>presion\u00f3 aquel d\u00eda y hoy se reproduce en m\u00ed con la plasticidad <\/em><em>de una visi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>\u2014Hermano Catal\u00e1n, \u00bfya no va usted a la India?<\/p>\n<p>As\u00ed lo han dispuesto, pero yo he de ser m\u00e1rtir. \u2014No s\u00e9 en d\u00f3nde \u2014le objet\u00e9, para probar su convicci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9, compadre! Si no salgo de Espa\u00f1a, en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oiga !, me alarm\u00e9; para que usted sea m\u00e1rtir aqu\u00ed va\u00admos a andar todos de coronilla, o, mejor dicho, sin coronilla, los curas.<\/p>\n<p>\u2014Como sea, responde, marchando.<\/p>\n<p>\u2014Para eso tiene que armarse la de Dios es Cristo, y no va a quedar t\u00edtere con cabeza.<\/p>\n<p>Queda parado en el umbral. Parece que mi r\u00e9plica le de\u00adrrib\u00f3 los palos del sombrajo. Estamos en 1921 o 1922, no re\u00adcuerdo con exactitud. Las convulsiones sociales <em>se <\/em>manifiestan en alguno que otro asesinato. Por entonces no se preocupan de los frailes. Nada hace prever la gran tragedia. El Hermano Catal\u00e1n ha cerrado los ojos. \u00bfMirando el presente sosegado? \u00bfInconsciente, pero cierto del futuro? No lo s\u00e9. Su vacilaci\u00f3n dur\u00f3 tiempo. Con ese adem\u00e1n resuelto, con aquel ce\u00f1o fruncido y aquella hosquedad en la mirada perdida que pon\u00eda \u00e9l en los trances en\u00e9rgicos, me replic\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Dios har\u00e1 que sea m\u00e1rtir. El se arreglar\u00e1.<\/p>\n<p>Dios se arregl\u00f3, conforme a los deseos del Hermano, para cumplir su vaticinio, catorce a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p>El pueblo estaba en armas. Autos erizados de fusiles im\u00adpon\u00edan su terror por todo Madrid. Los milicianos, en patru\u00adllas, piden documentaci\u00f3n. Calles casi desiertas de peatones. Camionetas atestadas de pu\u00f1os en alto \u2014amenaza y rencor\u2014 rasgan la soledad, como exhalaciones. Un p\u00e1nico impresionan\u00adte encierra las gentes en sus domicilios. Las voces broncas <em>e <\/em>imperativas de los aparatos de radio rugen \u00f3rdenes de presenta\u00adci\u00f3n a las sindicales y proclaman victorias del Gobierno en todas las provincias. Angustias y zozobras oprimen los cora\u00adzones. Rostros espantados atisban desde las ventanas. El miedo es due\u00f1o de la ciudad. Hay rumores de cr\u00edmenes perpetrados en las personas cat\u00f3licas, de templos abrasados, de registros domiciliarios, de detenciones.<\/p>\n<p>El d\u00eda 20 se susurraba que dos Hermanos de Hortaleza ha\u00adb\u00edan sido asesinados. \u00bfQui\u00e9nes? \u00bfCu\u00e1l ser\u00eda la suerte de los dem\u00e1s compa\u00f1eros?<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la comida, los Hermanos Coadjutores de nues\u00adtra casa comentaban el suceso. Los garfios de estas interroga\u00adciones atarazaban las gargantas. Alguien apunt\u00f3 en broma:<\/p>\n<p>\u2014Hermano Catal\u00e1n, usted quer\u00eda ser m\u00e1rtir. Ahora se le brinda ocasi\u00f3n. En Hortaleza reparten le\u00f1a.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9, compadre! Voy al Superior.<\/p>\n<p>Fue al encuentro del P. Ib\u00e1\u00f1ez, y se hinoj\u00f3 ante \u00e9l con violento rodillazo:<\/p>\n<p>\u2014Vengo a pedir su bendici\u00f3n, para ir a ver qu\u00e9 ha pasado en Hortaleza.<\/p>\n<p>Dos almas decididas dialogan. El pastor que aguarda en su aprisco el asalto de los lobos y el mast\u00edn, d\u00f3cil y fiero, que se ofrece a ir a los cubiles en busca de las ovejas desperdigadas. El sacerdote traz\u00f3 sobre el lego la cruz, inmolaci\u00f3n y premio, arma de soldado y laureada de h\u00e9roe.<\/p>\n<p>Con, ese refuerzo se irgui\u00f3 el Hermano Catal\u00e1n. Se visti\u00f3 una blusa a rayas, empu\u00f1\u00f3 un palo nudoso. Quiz\u00e1 recordara sus a\u00f1os mozos de arriero y viera, a par de \u00e9l, la sombra de su pa\u00addre por las calzadas de Arag\u00f3n y se juzgara suficientemente disfrazado. De esta guisa se present\u00f3 en la recreaci\u00f3n de sus compa\u00f1eros. La alegr\u00eda inundaba su faz:<\/p>\n<p>\u2014Me voy a Hortaleza.<\/p>\n<p>Todos quedan estupefactos de su osad\u00eda. No les da tiempo a responderle. Ha notado su extra\u00f1eza, pr\u00e9saga de desgracias, y ataja los pensamientos y los vocablos:<\/p>\n<p>\u2014Si tardo en volver, no me lloren. Canten un <em>Tedeum. <\/em>\u00a1Qu\u00e9, compadre!<\/p>\n<p>Todav\u00eda no ha vuelto. Mientras \u00e9l nos espera a su lado, po demos gritar: \u00a1Viva la muerte!, al contemplar la suya. Me la refiri\u00f3 un testigo ocular, que en el momento de ver la crueldad de sus verdugos, se jur\u00f3, indignado y corajudo, delatarle, y lo ha cumplido.<\/p>\n<p>Ser\u00edan las tres de la tarde. A la puerta del convento de La Sagrada Familia de Hortaleza se api\u00f1a medio pueblo. Es\u00adt\u00e1n saqueando la despensa de las monjas. Las caras se arreba\u00adtan por el calor de la hora y de la ira. Frente a todos, un hom\u00adbre con blusa de rayas azules en postura estatuaria y marcial.<\/p>\n<p>A sus pies, el b\u00e1culo de caminante. \u00bfPara qu\u00e9 le sirve ya en sus manos, si va a emprender un viaje de altura? Sus dedos, juntos en plegaria, indican la orientaci\u00f3n de la ruta de su esp\u00edritu. Sus ojos bajos, casi cerrados, quieren acostumbrarse a las sombras inminentes y profundas. Densa palidez albea sus facciones, presintiendo el tremendo sacrificio de la carne.<\/p>\n<p>Los espectadores se dividen en bandos. Unos exigen la in\u00admediata ejecuci\u00f3n; otros disienten. La disputa no es sobre su vida, sino sobre el lugar de su muerte. El hombre de la blusa lo escucha todo, impasible, sereno, con las manos apretadas en oraci\u00f3n, como atadas por invisible laza para su holocausto.<\/p>\n<p><em>El Quico, <\/em>entre blasfemias, corta la discusi\u00f3n e increpa, contrariado:<\/p>\n<p>\u2014Este t\u00edo me compromete.<\/p>\n<p>Luego impera a su v\u00edctima:<\/p>\n<p>\u2014Tira p&#8217;alante.<\/p>\n<p>Le obedece como un aut\u00f3mata. Siguen sus manos unidas. Echa a andar en direcci\u00f3n a Madrid. Da tres o cuatro pasos <em>y <\/em>suena un estampido. Cae a plomo, desbruzado. S\u00f3lo entonces se abren sus manos para recoger la palma del m\u00e1rtir. La bala perfor\u00f3 su cr\u00e1neo por la parte posterior derecha, y se escap\u00f3 por la frente. El p\u00fablico le contempla enmudecido. Alguna im\u00adprecaci\u00f3n sa\u00f1uda se ceba en aquellos o\u00eddos sordos. Los m\u00e1s se retiran, no arrepentidos, disgustados porque ya se verti\u00f3 san\u00adgre en su t\u00e9rmino municipal. El cad\u00e1ver queda tendido en la cuneta, a pleno sol, m\u00e1s de dos horas. Loreto, nuestro fiel y antiguo panadero, guiado por los rumores de que hay un fraile <em>besugo, <\/em>pasa t\u00edmidamente ante \u00e9l, mira de soslayo y reconoce en el hombre de la blusa al Hermano Catal\u00e1n.<\/p>\n<p>El mismo criado le daba sepultura en el rinc\u00f3n izquierdo del cementerio, tres d\u00edas despu\u00e9s de haberse corrompido en el dep\u00f3sito.<\/p>\n<p>El Hermano Catal\u00e1n consum\u00f3 su propia profec\u00eda con el aire militar viril y piadoso con que hab\u00eda vivido.<\/p>\n<p>Creemos sinceramente haber prestado un servicio al Her\u00admano Catal\u00e1n y a los lectores con las copias que anteceden.<\/p>\n<p>\u00bfVerdad que resultan por extremo interesantes estos apuntes biogr\u00e1ficos y de martirologio?<\/p>\n<p>\u00bfHabr\u00edan hablado y obrado de modo distinto a como ha\u00adbl\u00f3 y obr\u00f3 el Hermano Catal\u00e1n los santos ya canonizados?<\/p>\n<p>Esperamos confiadamente que tal gloria le ser\u00e1 dada a este a quien los que le conocimos le canoniz\u00e1bamos en vida y aho\u00adra llamamos santo a boca llena.<\/p>\n<p>Sus restos gloriosos no han sido exhumados porque encima de su cad\u00e1ver hay, por lo menos, veinte otros sin identificar.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed pod\u00edamos poner punto final; pero, por tratarse de un posible canonizando, precisamente, hemos de ser m\u00e1s cuida\u00addosos en puntualizar y detallar cuanto a \u00e9l se refiera.<\/p>\n<p>Vayan, pues, unas enmiendas relativas al d\u00eda de su mar\u00adtirio:<\/p>\n<p>Repetidamente se ha afirmado que la fecha de la muerte del Hermano Catal\u00e1n fue el d\u00eda 20 de julio. Disentimos en un todo de esta opini\u00f3n. \u00bfRazones?<\/p>\n<p>1.\u00aa Cuando \u00e9l sali\u00f3 de Madrid para Hortaleza, hac\u00eda alg\u00fan tiempo quiz\u00e1 d\u00edas\u2014que aqu\u00ed no sab\u00edamos nada de los de all\u00e1. Ahora bien; el Hermano encargado de hacer los viajes con la camioneta para traer v\u00edveres de Hortaleza, estuvo all\u00ed el 19 por la ma\u00f1ana. Por cierto que tuvo dificultades en la ida y en la vuelta, pues le pidieron documentaci\u00f3n varias ve\u00adces, y por ello no se atrevi\u00f3 a hacer el viaje de mediod\u00eda.<\/p>\n<p>2.<sup>a<\/sup> El Hermano Catal\u00e1n emple\u00f3 una tarde en averiguar lo que pasaba por las calles de Madrid. No pudo ser la tarde del 18, porque ese d\u00eda todav\u00eda se ve\u00edan sotanas por Madrid, aun\u00adque pocas, y el Hermano fue enviado en plan de obrero y m\u00e1s bien de pobre viejo, que ni ve ni oye ni entiende. Por cierto que en dicho paseo de vigilancia le ocurri\u00f3 este incidente curio\u00adso: un miliciano, de los fusil al hombro, le ayud\u00f3 a pasar la acera en cierta ocasi\u00f3n, dici\u00e9ndole: \u00abVenga por ac\u00e1, abuelo; que por ah\u00ed hay mucho tomate\u00bb. Como disfraz \u00fanico posible en horas de m\u00e1xima gravedad y peligro.<\/p>\n<p>3.a En la tarde del 19, fue el Hermano al Cerro de los Angeles y con sotana. N\u00f3tese bien esta circunstancio, para apreciar mejor la fuerza de la raz\u00f3n anterior.<\/p>\n<p>4.<sup>a<\/sup> Escribe el P. Muruz\u00e1bal: \u00abAmaneci\u00f3 el d\u00eda 20 de julio; yo celebr\u00e9 el Santo Sacrificio en la capilla del Noviciado. La Misa la oyeron los Hermanos Gelabert y Armend\u00e1riz. Este, apenas terminada, se sali\u00f3 por la puerta baja de la huerta&#8230; Al llegar donde le hab\u00edan detenido la primera vez, le manda\u00adron bajar del coche y le presentaron de nuevo al Comit\u00e9. Al entrar, qued\u00f3 sorprendido al ver a los Hermanos Trachiner y Cecilia&#8230;\u00bb Es, pues, de suponer que el rumor de que hab\u00edan matado<sup>,<\/sup> a estos Hermanos no llegar\u00eda a Madrid en la ma\u00f1ana del d\u00eda 20, ya que en Hortaleza ignoraban a esas horas que estuvieran detenidos ni que hab\u00eda salido de casa, incluso; lo cual no es de extra\u00f1ar, porque se marcharon saltando la tapia y cerca ya del mediod\u00eda.<\/p>\n<p>5.<sup>a<\/sup> La Comunidad de Hortaleza no fue echada de su casa y detenida hasta la tarde del 20, y, al amanecer del 21 es cuando la condujeron a la Direcci\u00f3n de Seguridad. Contribuy\u00f3 no poco a que el Hermano Catal\u00e1n marchara a Hortaleza en bus\u00adca de noticias ciertas, el aviso enigm\u00e1tico, que, por tel\u00e9fono, dio uno de los criados, de que algo muy grave hab\u00eda pasado a aquella Comunidad.<\/p>\n<p>6.\u00aa Hay quien opina que no muri\u00f3 antes del 22.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En las revistas La Milagrosa y Anales de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y de hm Hijas de la Caridad, respectivamente, dos maestros en el arte de escribir, el P. 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