{"id":68345,"date":"2024-04-27T08:05:33","date_gmt":"2024-04-27T06:05:33","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=68345"},"modified":"2023-08-20T00:36:29","modified_gmt":"2023-08-19T22:36:29","slug":"federico-ozanam-segun-su-correspondencia-28","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-segun-su-correspondencia-28\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam seg\u00fan su correspondencia (28)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XXVIII: La enfermedad. Los Pirineos.<\/h2>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Ahora precisa el valor, Eneas, ahora pecho firme.<\/em><br \/>\nVirgilio (Eneida. Lib. VI)<\/p>\n<h3><em><em>1.\u2014 \u00daltimos d\u00edas en la Sorbona<\/em><\/em><\/h3>\n<p>La estancia en Sceaux y, sobre todo, el aire del mar en Dieppe, fueron propicios a la salud de Ozanam, al menos por alg\u00fan tiempo. Despu\u00e9s de unas vacaciones forzosamente prolongadas, se crey\u00f3 en el deber, hacia fines de diciembre, de recomenzar sus clases en la Sorbona. Su hermano, el sacerdote, trat\u00f3 de disuadirlo de esa idea. \u00abNo \u2014contest\u00f3 \u00e9l\u2014. Tengo un deber que cumplir. \u00bfQu\u00e9 dir\u00edas t\u00fa de un soldado que se negase a subir a la quebrada, por miedo a la muerte? Debo ocupar mi puesto y all\u00ed morir\u00e9, si hay que morir.\u00bb<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, aseguraba a los m\u00e9dicos que encontraba m\u00e1s insoportable la inacci\u00f3n que la misma enfermedad. \u00abSoy un obrero \u2014dec\u00eda\u2014. Debo hacer mi jornada&#8230;\u00bb \u00a1Ay!, ya su jornada estaba hecha y cercana estaba la hora de recibir el salario.<\/p>\n<p>Subi\u00f3, pues, de nuevo a la c\u00e1tedra. Reanimado, pero no curado. Es cierto que no siente ahora la fatiga que antes sent\u00eda al hablar. Pero tambi\u00e9n es cierto que trata en lo posible de evitar toda emoci\u00f3n. Adem\u00e1s, ya no da las lecciones de pie. Los disc\u00edpulos lo comprenden con discreta consideraci\u00f3n.<\/p>\n<h3><em><em>2.<em><em>\u2014<\/em><\/em> El siglo V<\/em><\/em><\/h3>\n<p>Pas\u00f3 as\u00ed el semestre de invierno de 1852 y, aunque las fuerzas no volv\u00edan, s\u00ed se sent\u00eda mejor, lo que le llenaba de esperanza. Quiso entonces trabajar en su Siglo V, pero \u00e9l mismo confiesa que se sent\u00eda agobiado por una esterilidad aplastante. La pluma se le escapa de los dedos. Iba a conocer Ozanam la intensa amargura de no poder comunicar a los dem\u00e1s las ideas que bullen en su cabeza, por falta de voz, por falta de fuerzas. Y \u00e9sta ser\u00e1 la angustia cruel en la que se debatir\u00e1 en adelante aquella noble existencia. Pero, para semejante amargura estaba preparada el alma de Federico Ozanam, quien, a la edad de veintid\u00f3s a\u00f1os, dec\u00eda: \u00abEl que muere dejando su tarea sin terminar merece, a los ojos de la divina Justicia, lo mismo que el que disfruta del placer de verla concluida.\u00bb<\/p>\n<p>Proyectaba pasar la semana de Resurrecci\u00f3n con su mujer y su hija en Sens, al lado de Lallier. Pero no pudo ir. En Notre Dame recibi\u00f3 la Comuni\u00f3n pascual, y al d\u00eda siguiente, le atac\u00f3 una fiebre alta en medio de sufrimientos terribles, que quebrantaron aquella voluntad de acero. Se vio obligado a guardar cama y, desde la cama tuvo que suplicar al decano de la Sorbona que anunciase en la Universidad que quedaba aplazada la continuaci\u00f3n de su curso.<\/p>\n<p>Al abrirse de nuevo las clases y leer los estudiantes semejante noticia, que ven\u00eda a arrebatarles el placer que esperaban disfrutar de o\u00edr a Ozanam, se sintieron muy decepcionados, y como ignoraban la enfermedad del maestro, llegaron en su desagrado hasta a exclamar: \u00abEsos se\u00f1ores profesores llevan la vida c\u00f3moda y se permiten suspender los cursos sin recordar que esas clases se les pagan.\u00bb<\/p>\n<h3><em><em>3.\u2014 La \u00faltima lecci\u00f3n<\/em><\/em><\/h3>\n<p>Esto lleg\u00f3 a o\u00eddos de Ozanam, quien sufri\u00f3 mucho por ello. El ten\u00eda su lecci\u00f3n preparada y, no pudi\u00e9ndose contener, dijo: \u00abDar\u00e9 mi clase por el honor de mi profesi\u00f3n\u00bb. Llegada la hora dej\u00f3 el lecho y, a pesar de las instancias de sus amigos presentes, a pesar de las l\u00e1grimas de su mujer y de la prohibici\u00f3n del m\u00e9dico se hizo conducir a la Sorbona, donde apoyado en el brazo de un amigo, se mostr\u00f3 inesperadamente en la c\u00e1tedra, extenuado y p\u00e1lido como un espectro.<\/p>\n<p>Conmovidos por la compasi\u00f3n y por el remordimiento, los estudiantes lo saludaron aclam\u00e1ndolo un\u00e1nimemente. Ozanam pidi\u00f3 silencio y, con voz profunda, pero clara, dijo: \u00abSe\u00f1ores, acusan a nuestro siglo de ser el siglo del ego\u00edsmo y dicen que los profesores estamos atacados de ese mal del siglo. Sin embargo, se\u00f1ores, nosotros consumimos aqu\u00ed nuestra salud. Aqu\u00ed agotamos nuestras fuerzas, mas no me quejo por ello. Nuestra vida os pertenece. Os pertenece hasta el \u00faltimo suspiro y lo tendr\u00e9is. Por mi parte, si muero, ser\u00e1 sirvi\u00e9ndoos.\u00bb<\/p>\n<p>Dio su lecci\u00f3n con una fuerza y poder tales, que jam\u00e1s se le hab\u00edan visto semejantes. Ser\u00eda imposible describir el entusiasmo y la emoci\u00f3n que despert\u00f3 en el auditorio. Se dir\u00eda que present\u00edan que lo escuchaban por \u00faltima vez. Al descender de la c\u00e1tedra y abandonar la clase en medio de las efusiones de todos, uno de sus disc\u00edpulos le apret\u00f3 la mano dici\u00e9ndole: \u00abHa estado Vd. sublime\u00bb. Ozanam contest\u00f3 con una dulce sonrisa.<\/p>\n<p>Aquella noche no durmi\u00f3. Por el contrario, la pas\u00f3 presa de un malestar extraordinario, de car\u00e1cter alarmante. En realidad, era un adi\u00f3s lo que hab\u00eda dicho a aquel auditorio tan amado por \u00e9l y que lo hab\u00eda aplaudido fren\u00e9ticamente durante doce a\u00f1os.<\/p>\n<p>El P. Lacordaire supo todo eso y se aterr\u00f3. Se encontraba entonces en su convento de Flavigny, a donde se hab\u00eda retirado al verse obligado a abandonar el p\u00falpito de Notre Dame y la ciudad de Par\u00eds. Escribi\u00f3 inmediatamente a Ozanam rega\u00f1\u00e1ndole por cometer semejantes imprudencias y prescribi\u00e9ndole que se limitase, durante algunos a\u00f1os, \u00fanicamente a sus clases y que el resto del tiempo lo dedicase a hacer viajes de salud y de descanso: \u00abPiense, amigo m\u00edo, que Vd. pertenece al peque\u00f1o n\u00famero de cat\u00f3licos que han honrado nuestro pa\u00eds por su talento y car\u00e1cter. Piense que Vd. ha permanecido puro en medio de las agitaciones que han arrastrado a tantos otros. Lo necesitamos junto a nosotros mucho, tiempo todav\u00eda. Siempre \u00a1ay!, llegar\u00e1 muy pronto nuestra hora de partida y, si la vida vale poco para uno mismo, preciso es conservarla para los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>La enfermedad se agrav\u00f3. Al pasar la crisis, las fuerzas le abandonaron totalmente. Pero, \u00a1admirable car\u00e1cter!&#8230; en medio de aquella debilidad agotadora conservaba \u00edntegro su esp\u00edritu de ap\u00f3stol y su ardiente celo por la caridad. Testimonio de esto lo tenemos en una carta del 16 de junio de 1852, carta que es m\u00e1s bien un monumento.<\/p>\n<p>Es el caso que, durante su enfermedad hab\u00eda recibido Ozanam la visita de uno de sus antiguos compa\u00f1eros de estudios, que le escrib\u00eda ahora, manifest\u00e1ndole las dudas que sobre la fe atormentaban su coraz\u00f3n, e implorando al mismo tiempo el apoyo de su amigo, que sab\u00eda era ilustrado y m\u00e1s feliz que \u00e9l.<\/p>\n<h3><em><em>4.\u2014 Carta de ap\u00f3stol<\/em><\/em><\/h3>\n<p>Ante eso, se olvid\u00f3 Ozanam de su estado de salud y, aunque sin fuerzas, para dejar la cama, arriesg\u00f3 todo por el bien de aquella alma. Su respuesta es tan s\u00f3lo una demostraci\u00f3n cat\u00f3lica en sus principales l\u00edneas. Empieza por reconocer al misterio su parte necesaria en el insondable dominio de lo infinito. Contra la objeci\u00f3n de crueldad lanzada por el amigo contra el dogma de las penas eternas, contesta as\u00ed: \u00abLos que juzgan ese dogma como inhumano, \u00bfhablar\u00e1n as\u00ed movidos por su amor a la Humanidad? No; es porque tienen un sentimiento d\u00e9bil del horror del pecado y de la justicia de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>Luego le manifiesta que, despu\u00e9s de haber pasado diez a\u00f1os de su vida estudiando la Historia del Cristianismo, puede asegurarle que cada paso que ha dado en esos estudios ha sido para encontrar nuevas pruebas que lo reafirmaran en sus convicciones. Por lo tanto, pruebas hist\u00f3ricas las tiene en abundancia. Y pruebas sociales las tiene tambi\u00e9n, convencido como est\u00e1 que es al Evangelio a quien se debe la libertad, la fraternidad y la igualdad. Que s\u00f3lo de \u00e9l dependen la grandeza y la felicidad de todos los individuos, lo mismo que de todas las sociedades. \u00abTal vez Vd. ignora, querido amigo, hasta qu\u00e9 punto obra fuertemente en la sociedad esa fe en Cristo, fe que muchos quisieran figurarse ya apagada. Vd. no sabe hasta qu\u00e9 punto es amado el Salvador del mundo. Vd. no sabe qu\u00e9 c\u00famulo de virtudes y de abnegaci\u00f3n suscita. Virtudes y abnegaci\u00f3n de una pureza tal, que son semejantes a las de los primeros siglos de la Iglesia\u00bb&#8230; Y termina con esta s\u00faplica personal y ardiente: \u00ab\u00a1Ay!, amigo m\u00edo, amigo m\u00edo, no nos metamos en esas discusiones infinitas. Recuerde que no poseemos dos vidas: una para buscar la verdad y otra para practicarla. Por eso Cristo no se hace buscar. El se presenta completamente vivo, en medio de esta sociedad que nos rodea. Delante de nosotros est\u00e1&#8230; Pronto tendr\u00e1 Vd. cuarenta a\u00f1os: ya es tiempo de que se decida. Entr\u00e9guese a ese Salvador que lo llama. Entr\u00e9guese a su fe como se han entregado tantos de sus amigos. All\u00ed encontrar\u00e1 Vd. la paz&#8230; Le falta a Vd. tan poco para ser un buen cristiano, \u00a1le falta tan s\u00f3lo un poco de voluntad! Creer es querer creer: qui\u00e9ralo un d\u00eda. Qui\u00e9ralo a los pies del sacerdote, que har\u00e1 bajar la sanci\u00f3n del Cielo sobre su vacilante voluntad. Tenga ese valor, amigo m\u00edo, tenga esa fe. Quiera su salvaci\u00f3n. Sea cristiano, sea feliz. Ese es el deseo de su amigo\u00bb&#8230; Y ese deseo se realiz\u00f3.<\/p>\n<p>Tres semanas despu\u00e9s de escrita esta carta, el 16 de julio, al permitirlo su salud, sali\u00f3 Ozanam de Par\u00eds y sali\u00f3 con profundo sentimiento, al ver sus trabajos suspendidos y su carrera interrumpida en el momento en que pod\u00eda aspirar a un puesto acad\u00e9mico. Pero \u00e9l sab\u00eda hacer el sacrificio de lo que la Providencia le exig\u00eda, y sab\u00eda tambi\u00e9n pedir a esa Providencia el cumplir su voluntad como en el Cielo se cumple.<\/p>\n<p>El viaje de Par\u00eds a Eaux Bonnes, adonde se dirig\u00edan, lo hicieron por cortas etapas, que duraron diez d\u00edas. Se detuvieron en Orleans, en Tours, Poitier, Burdeos y en Pau. En cada lugar se ocup\u00f3 Ozanam de visitar los centros de las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal, que en cada una de esas ciudades exist\u00eda.<\/p>\n<p>Al llegar a Eaux Bonnes, su principal preocupaci\u00f3n fue el fundar all\u00ed una Conferencia que habr\u00eda de ser, seg\u00fan su deseo, algo as\u00ed como un punto de reuni\u00f3n para todos los socios de San Vicente de Pa\u00fal que tuviesen que hacer una cura en ese lugar. Paralela a esta Conferencia, emprendi\u00f3 Ozanam y logr\u00f3 la fundaci\u00f3n de un hospital para aquellos pobres que tuviesen necesidad de ese mismo tratamiento. Cada Conferencia local deber\u00eda encargarse de los gastos de viaje de sus socorridos. Los enfermos ricos o acomodados que perteneciesen a la Sociedad y que estuviesen en el balneario, se encargar\u00edan de la protecci\u00f3n de los enfermos que llegasen al hospital.<\/p>\n<h3><em><em>5.\u2014 Los Pirineos<\/em><\/em><\/h3>\n<p>En medio de esas obras de caridad, no dej\u00f3 Ozanam de admirar las bellezas de los Pirineos. Encuentra incomparable la majestad de las grutas de Gavarnie, que se le antojan como el \u00e1bside de una catedral, coronada de nieve. Pero si se deleit\u00f3 en la contemplaci\u00f3n de los bellos lugares, tuvo tambi\u00e9n el placer, mayor a\u00fan, de encontrar all\u00ed almas muy bellas, llamadas a congeniar con la suya, por su piedad y exquisita distinci\u00f3n. Una de ellas, el P. Perreyve, su disc\u00edpulo. Y el otro, el P. Mermillod, futuro obispo de Hebron.<\/p>\n<h3><em><em>6.\u2014 El P. Henry Perreyve<\/em><\/em><\/h3>\n<p>El P. Perreyve, hijo querido del P. Lacordaire y del P. Gatry, lo era tambi\u00e9n de Ozanam. Se encontraba enfermo y sent\u00eda que la vida se le escapaba, pero \u00e9l, lo mismo que Ozanam, ya hab\u00eda presentado al Divino Maestro esa ofrenda de su vida. Y eran justamente esas perspectivas, tan dolorosas como generosas, las que prestaban a sus conversaciones ese car\u00e1cter triste y dulce de un mismo holocausto, ofrecido por dos.<\/p>\n<p>Cuando, al terminar su cura, tuvo el P. Perreyve regresar a Par\u00eds, quiso Ozanam acompa\u00f1arlo hasta Bayona, y esa hora que pasaron en el coche, fue la \u00faltima de su conversaci\u00f3n en la tierra. Ozanam pareci\u00f3 comprenderlo as\u00ed, y durante todo el camino habl\u00f3 s\u00f3lo de cosas graves, mientras su disc\u00edpulo lo escuchaba con religioso silencio. Cuando divisaron las torres de Bayona, cambi\u00f3 el tema de su conversaci\u00f3n, nos dice el P. Perreyve: \u00abMe dijo que se sent\u00eda herido de muerte. Y de la muerte me habl\u00f3 con tal seguridad, que arranc\u00f3 de mi coraz\u00f3n todo motivo de esperanza. Cuando el coche se detuvo delante de la diligencia que deb\u00eda llevarme a Par\u00eds, me apret\u00f3 la mano largamente. Bajamos del coche. Me abraz\u00f3 entonces largo tiempo con ternura, mientras me dec\u00eda: \u00abEnrique, es un adi\u00f3s efectivo el que nos decimos\u00bb. Yo ten\u00eda el coraz\u00f3n destrozado pero, cuando se separ\u00f3 de m\u00ed, logr\u00e9 seguirlo con la vista sin derramar una sola l\u00e1grima, hasta que una vuelta del camino me arrebat\u00f3 ese \u00faltimo consuelo, cortando bruscamente el \u00faltimo hilo. Y ya yo no lo volv\u00ed a ver m\u00e1s en la tierra.\u00bb<\/p>\n<h3><em><em>7.\u2014 El P. Mermillod<\/em><\/em><\/h3>\n<p>El P. Mermillod, comenzaba entonces a dar pruebas de su gran talento en los p\u00falpitos de las catedrales de Francia, donde ya era considerado como un gran orador. Muchas veces, escribi\u00f3 \u00e9l despu\u00e9s sobre la impresi\u00f3n que ejerci\u00f3 en su persona la grandeza de alma de Ozanam. De \u00e9ste para \u00e9l, nos quedan unas l\u00edneas, donde podemos ver por entero aquella grande alma humillada y probada, pero siempre paciente, sometida y generosa: \u00abPida por m\u00ed, mi tierno amigo, porque la enfermedad no le hace bien al alma, al contrario. Me vuelve m\u00e1s irritable que nunca, m\u00e1s ego\u00edsta y preocupado tan s\u00f3lo de m\u00ed mismo. Yo acepto el sufrimiento, si me ha de santificar, pero entonces que Dios permita que me santifique.\u00bb<\/p>\n<h3><em><em>8.\u2014 Cartas de dolor y resignaci\u00f3n<\/em><\/em><\/h3>\n<p>Semejantes palabras tienen un acento m\u00e1s cristiano a\u00fan en la carta del 11 de septiembre, dirigida al P. Maret: \u00abDios ha querido concederme algunos d\u00edas m\u00e1s de vida, sin duda para que me santifique. \u00a1Bendito sea por ello!&#8230; Pero, \u00bfser\u00e1 su designio el devolverme la salud o ser\u00e1 m\u00e1s bien el hacerme expiar mis pecados, con grandes sufrimientos? \u00a1Bendito sea, de todos modos!&#8230; Pero, que me d\u00e9 valor y que me env\u00ede el dolor que purifica. Que si he de llevar la cruz, que sea la del buen ladr\u00f3n. Contin\u00fae por lo tanto, Padre, concedi\u00e9ndome un buen puesto en sus recuerdos delante de Dios, as\u00ed como se le da al enfermo el mejor lugar cerca del fuego: no lo merece, pero s\u00ed lo necesita.\u00bb<\/p>\n<p>Estas l\u00edneas est\u00e1n fechadas en Biarritz, donde goz\u00f3 de unos d\u00edas de mejor\u00eda y pudo disfrutar de ese lugar, que llama el m\u00e1s bello del mundo. Pero no goza de \u00e9l sin cierto resquemor, ya que le atormenta el pasar lo d\u00edas sin hacer nada, y eso en una edad en la que no se debe perder un momento. Y, cuando llega la hora de la tarde, le pesa esa ociosidad como un remordimiento. Y le parece que no merece el pan que come, ni la cama donde duerme.<\/p>\n<p>Biarritz le hizo bien. El atribuye esa mejor\u00eda en gran parte a la visita de su hermano Carlos, quien, abandonando su clientela por dos semanas, vino a su lado a consolarlo y animarlo. \u00abLleg\u00f3 como un arc\u00e1ngel \u2014dice Ozanam\u2014; un d\u00eda en que llov\u00eda a torrentes, s\u00edmbolo de la esperanza que con \u00e9l renac\u00eda en m\u00ed.\u00bb Habla tambi\u00e9n Ozanam de la dulzura que experimenta al ver a su mujer ya su hija, gozando de salud, y al poder dedicar a la educaci\u00f3n de su peque\u00f1a Mar\u00eda un tiempo que antes no pod\u00eda. Habla de todo esto a su amigo Lallier, con la confianza que siempre tuvo con \u00e9l: \u00abPero \u2014le dice\u2014, \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 de ellas?\u00bb Y vuelve al doloroso pensamiento de su carrera perdida y de esa familia abandonada a la incertidumbre del m\u00e1s negro porvenir. En cada l\u00ednea de esa carta, se ve la honda melancol\u00eda que embarga aquel coraz\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abMe siento muy triste \u2014le dice\u2014 y necesito m\u00e1s que nunca de sus oraciones. El pensamiento de la fe no tiene poder suficiente para apartarme de esas conjeturas. Y no es que la religi\u00f3n sea impotente para mi pobre coraz\u00f3n, ya que me preserva de la desesperaci\u00f3n. Sin embargo, no creo tampoco que ofenda a Dios, al abrir mi coraz\u00f3n como lo hago a un amigo que es m\u00e1s fuerte que yo y que puede socorrerme.\u00bb As\u00ed se desborda el torrente de amargura que no pod\u00eda contener aquel coraz\u00f3n destrozado.<\/p>\n<p>En los mismos t\u00e9rminos que a Lallier, escribi\u00f3 tambi\u00e9n a Dufieux, y la respuesta que \u00e9ste le env\u00eda es tan hermosa que no renunciamos a transcribirla: \u00abMi querido Federico: mi salud se va. Acabo de pasar otra grave enfermedad y apenas si tengo fuerzas para trazar estas l\u00edneas. En estos \u00faltimos sufrimientos, pens\u00e9 mucho en usted. Me he informado sobre su salud, por medio de un amigo, y parece que el m\u00e9dico de Eaux Bonnes tiene muchas esperanzas de curarlo. En cuanto a sus intereses de familia, d\u00e9jese llevar por la voluntad de Dios. El se encargar\u00e1 de todo&#8230; \u00a1Ay!, querido amigo, \u00bfqu\u00e9 podr\u00eda yo dejar de temer, si no supiera que la divina Providencia est\u00e1 ah\u00ed?&#8230; Tengo siete hijos peque\u00f1os. Apenas poseo veinticinco mil francos, adquiridos en un rudo trabajo, donde consumo los \u00faltimos restos de mi juventud, mi salud y pronto hasta mi vida. A todo se suma que no tengo ni padres, ni amigos, ni herencia, ni puesto, ni favor alguno que pueda esperar de nadie. Tengo tan s\u00f3lo mi trabajo y unas fuerzas insuficientes para desempe\u00f1arlo. Sin embargo, mi mujer y yo dormimos en paz sobre la almohada de la pobreza. Bien sabido tengo que la mano de Dios s\u00f3lo me abandonar\u00e1 el d\u00eda en que yo cese de agarrarme a ella. \u00a1Valor, por lo tanto, amigo m\u00edo! La salud volver\u00e1 seguida de la prosperidad. Y el, genio y la gloria sobrevivir\u00e1n. Esa ser\u00e1 la dote y la herencia de los vuestros. Pero, \u00bfy los m\u00edos?&#8230; Federico, \u00a1puedo asegur\u00e1rselo! \u00danicamente me he sentido desgraciado, cuando he sentido flaquear mi confianza en Dios. Cuando, por el contrario, he ido a \u00c9l humilde y sometido, como un perrito al que su amo hubiera corregido, me he sentido acariciado por esa mano misericordiosa que es tambi\u00e9n omnipotente.\u00bb<\/p>\n<p>En Bayona, encontr\u00f3 Ozanam una Conferencia muy floreciente y bien penetrada del esp\u00edritu de la Sociedad, con una voluntad infatigable para las buenas obras. Su presidente, el doctor Franchisteguy, se consagr\u00f3 con tanto afecto a Ozanam, que les parec\u00eda imposible haber hecho tan profunda amistad en tan corto tiempo.<\/p>\n<h3><em><em>9.\u2014 Burgos<\/em><\/em><\/h3>\n<p>Estando tan cerca de Espa\u00f1a, naci\u00f3 en Ozanam el deseo de visitarla. Hubiera querido llegar hasta Sevilla, pero el m\u00e9dico le permiti\u00f3 tan s\u00f3lo un ensayo hasta Burgos, y para all\u00ed sali\u00f3 el 16 de noviembre, con su mujer y su hija. El 18, en la tarde, pudieron divisar las torres de la catedral de Burgos. Poco despu\u00e9s, oraban de rodillas en la sombr\u00eda iglesia. Largas horas pas\u00f3 all\u00ed Ozanam, sumergido en los recuerdos de la Edad Media. Admir\u00f3 aquella soberbia catedral, con el mismo entusiasmo que siempre demostr\u00f3 ante toda bas\u00edlica consagrada a Mar\u00eda Sant\u00edsima, ya que se imaginaba que aquellas maravillas de arte eran regios presentes con los cuales el Hijo divino recompensaba a su Madre por las pobrezas sufridas en la casita de Nazaret. (Todas estas impresiones se encuentran relatadas con cari\u00f1o por el mismo Ozanam, en el poema que sali\u00f3 publicado despu\u00e9s de su muerte: <em>Una peregrinaci\u00f3n a la tierra del Cid<\/em>).<\/p>\n<p>Por corta que fuera su estancia en Burgos, no se olvid\u00f3 Ozanam de las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal. Y parece como si Dios hubiera querido bendecir su estancia en Espa\u00f1a, ya que hasta ese momento exist\u00edan all\u00ed tan s\u00f3lo dos Conferencias: la de San Jos\u00e9, de Madrid, y la del propio Burgos, y para fines de ese mismo a\u00f1o de 1852, ya se hab\u00edan multiplicado visiblemente. Diez a\u00f1os m\u00e1s tarde, de las dos mil Conferencias existentes fuera de Francia, quinientas eran espa\u00f1olas.<\/p>\n<p>De regreso a Bayona, el 24 de noviembre, renaci\u00f3 en Ozanam el deseo de ingresar en la Academia, y tuvo un momento la intenci\u00f3n de dirigirse a Par\u00eds para lar su candidatura. Pero, \u00bfpara qu\u00e9 tanto esfuerzo?, respondi\u00f3 \u00e9l con dolor a ese deseo que lo impulsaba a Par\u00eds. Si llego a ocupar ese honroso sitial, ser\u00e1 para dejarlo pronto vac\u00edo. Mejor era para su alma aprovechar los momentos presentes y las energ\u00edas que le quedaban en cumplir con m\u00e1s celo sus tareas apost\u00f3licas, en fomentar en lo posible las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal y en visitar a los pobres.<\/p>\n<p>El invierno se acercaba y resolvieron dirigirse a Italia. Hip\u00f3lito Fortoul, antiguo amigo de Ozanam, ministro de Instrucci\u00f3n P\u00fablica bajo el segundo Imperio, fiel a su antigua amistad, le procur\u00f3 un ligero trabajo en Pisa sobre los Or\u00edgenes de las Rep\u00fablicas italianas, trabajo por el cual habr\u00eda de recibir una peque\u00f1a remuneraci\u00f3n y en el cual, sobre todo, encontrar\u00eda una gran distracci\u00f3n.<\/p>\n<h3><em><em>10.\u2014 Visita a Pouy<\/em><\/em><\/h3>\n<p>No quiso Ozanam abandonar esos lugares, sin visitar la aldea donde naciera San Vicente de Pa\u00fal y a Pouy se dirigi\u00f3, pudiendo admirar la vieja encina bajo la cual el pastorcito Vicente se resguardaba, junto con sus ovejas, de los rigores del sol. El p\u00e1rroco del lugar le regal\u00f3 una rama del \u00e1rbol memorable para que la enviase al Consejo general de las Conferencias. Y Ozanam ve\u00eda encantado c\u00f3mo su peque\u00f1a Mar\u00eda acariciaba las ovejitas del lugar, convencida de que eran las nietecitas de las ovejas que el Santo cuidara.<\/p>\n<h3><em><em>11.\u2014 Hacia Italia<\/em><\/em><\/h3>\n<p>En los primeros d\u00edas de diciembre, se pusieron en camino hacia Italia, deteni\u00e9ndose primero en Tolosa donde, adem\u00e1s del deseo de visitar una Conferencia que hab\u00eda all\u00ed fundada, lo retuvo en aquel lugar, durante dos d\u00edas, su amor a Santo Tom\u00e1s de Aquino. Y luego, en Montpellier, nueva parada, no para descansar, sino para admirar y avivar una nueva hoguera de caridad que all\u00ed funcionaba. Nuestra peque\u00f1a Sociedad de San Vicente nunca deja de actuar, dec\u00eda Ozanam complacido.<\/p>\n<p>En Marsella, pas\u00f3 d\u00edas mejores, y toda la familia se sinti\u00f3 feliz al verlo m\u00e1s animado. El mismo se daba cuenta del cambio operado en su salud y, poni\u00e9ndose bajo la protecci\u00f3n de Notre Dame de la Garde, repet\u00eda con unci\u00f3n: <em>Redde mihi laetitiam salutaris tui<\/em>.<\/p>\n<p>De estaci\u00f3n en estaci\u00f3n, llega por fin Ozanam, el 10 de enero, a Pisa, fatigado pero lleno de esperanzas. Se dirigi\u00f3, primero, a la gran catedral para dar gracias a Dios y admirar aquel edificio incomparable, donde resplandecen la fe, el amor y la belleza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXVIII: La enfermedad. Los Pirineos. Ahora precisa el valor, Eneas, ahora pecho firme. Virgilio (Eneida. Lib. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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