{"id":66161,"date":"2024-03-29T08:25:00","date_gmt":"2024-03-29T07:25:00","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=66161"},"modified":"2023-08-19T22:16:15","modified_gmt":"2023-08-19T20:16:15","slug":"federico-ozanam-segun-su-correspondencia-14","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-segun-su-correspondencia-14\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam seg\u00fan su correspondencia (14)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XIV: La Sorbona, la Germania, el profesor<\/h2>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Todos lo admiran, todos lo honran y lo aclaman.<\/em><br \/>\nDante (Inf., cap. 4, 133)<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de seis a\u00f1os de ausencia casi completa, vuelve Ozanam a instalarse en Par\u00eds, y vuelve revestido con el alto cargo de profesor de la Sorbona. Sus amigos lo acogieron como una nueva fuerza que ven\u00eda a sumarse a la gran causa. All\u00ed est\u00e1n todos combatiendo y pretendiendo, bajo diversas formas, encauzar los destinos del siglo.<\/p>\n<h3><em><em>1.\u2014 Despertar cat\u00f3lico<\/em><\/em><\/h3>\n<p>Al alistarse de nuevo en la lucha, observa Ozanam que el partido cat\u00f3lico, como dec\u00edan entonces, no ha cesado de ganar terreno. La Prensa cuenta con nuevos colaboradores, entre los cuales se destaca Veuillot.<\/p>\n<p>\u00a1Veuillot!, p\u00e9rdida importante sufrida por el enemigo, al sumarse semejante pluma a la buena causa. Y \u00bfno se ha o\u00eddo ya a Buloz pedir para su <em>Revue des Deux Mondes <\/em>colaboradores reclutados entre los que \u00e9l llama ala gente honrada\u00bb? La c\u00e1tedra sagrada se ve ocupada por brillantes oradores, como Ravignan y Desgenettes, quienes aumentan sin cesar el n\u00famero de convertidos.<\/p>\n<p>S\u00ed. Bien puede decirse que todos estaban armados para el combate. Exist\u00eda un movimiento empe\u00f1ado en imponer el bien y vencer el mal. Como prueba de esa lucha, se pod\u00eda se\u00f1alar el \u00abCorrespondant\u00bb, el \u00abAvenir\u00bb y el \u00abUnivers\u00bb, y las Conferencias de Nuestra Se\u00f1ora y tantas y tantas Obras, entre las cuales pod\u00eda contarse hasta la peque\u00f1a Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, cuya labor, aunque oscura \u2014dec\u00eda Ozanam\u2014 ha servido de gu\u00eda a mayores cosas y a mayores hombres.<\/p>\n<h3><em><em> 2.\u2014 La Conferencia de Par\u00eds<\/em><\/em><\/h3>\n<p>Esta Sociedad de San Vicente, con su presidente a la cabeza, acogi\u00f3 a Ozanam con la mayor efusi\u00f3n, design\u00e1ndole inmediatamente un puesto en el Consejo General de la Obra. Cuando Lallier se ausent\u00f3 de Par\u00eds, Louis de Baudicour lo reemplaz\u00f3 en el cargo de secretario general. Adem\u00e1s, desde el a\u00f1o 1840, se hab\u00eda establecido una definida separaci\u00f3n entre el Consejo particular que reg\u00eda las Conferencias de la ciudad de Par\u00eds, y el Consejo general, encargado de los intereses generales de la Sociedad. Ya para esta fecha, 1842-1843, florecen ochenta y dos Conferencias, repartidas en 48 ciudades y 38 di\u00f3cesis diferentes, las cuales trabajan con fruto, bajo la bendici\u00f3n de la Santa Sede y la protecci\u00f3n de los obispos.<\/p>\n<p>Espect\u00e1culo admirable el que ofrec\u00eda semejante Obra de caridad, con los innumerables actos de abnegaci\u00f3n que para su fin requiere, en medio de una sociedad atormentada durante m\u00e1s de ciento cincuenta a\u00f1os por las doctrinas m\u00e1s perversas y sacudida por tantos y tan dolorosos esc\u00e1ndalos. Viene esto a demostrar, una vez m\u00e1s, que la religi\u00f3n no pierde nunca su eficacia, conserva siempre su dignidad y merece todo respeto.<\/p>\n<h3><em><em> 3.\u2014 La Sorbona<\/em><\/em><\/h3>\n<p>La Sorbona tambi\u00e9n abr\u00eda sus brazos al nuevo profesor. El joven maestro deb\u00eda comenzar su ense\u00f1anza desarrollando dos temas diferentes de Literatura extranjera. La una, italiana, deb\u00eda referirse especialmente al Purgatorio de Dante. La otra, alemana, se concretar\u00eda al origen de las Letras en Germania, debiendo combinarse todo esto con el plan general de Ozanam sobre el origen de la civilizaci\u00f3n cristiana en las naciones europeas. El se propon\u00eda hacer resaltar la divinidad del catolicismo por la grandeza de su obra civilizadora en aquella tierra b\u00e1rbara. Y ser\u00eda \u00e9ste el primer \u00e1bside de la vasta catedral cuya construcci\u00f3n, formada por partes diferentes y arm\u00f3nicas entre ellas, deb\u00eda subir cada a\u00f1o un poco m\u00e1s arriba.<\/p>\n<h3><em><em> 4.\u2014 Primera clase de Ozanam en la Sorbona<\/em><\/em><\/h3>\n<p>El primer s\u00e1bado de enero dio Ozanam principio a su curso. Ese d\u00eda la Sorbona, Facultad de Letras, vio entrar por sus puertas y colocarse en la c\u00e1tedra que hab\u00eda dejado vacante Fauriel, a un joven profesor, cuyo rostro p\u00e1lido traicionaba largas y recientes noches de estudio. Palidez que se hizo m\u00e1s visible cuando, al levantar la vista, pudo el nuevo catedr\u00e1tico ver el anfiteatro totalmente ocupado, desde el primer asiento hasta la \u00faltima grada, por un auditorio atento que esperaba su palabra. Felizmente, entre esa multitud pudo descubrir infinidad de rostros que le eran familiares y, entre \u00e9stos, mayor n\u00famero de amigos que de jueces.<\/p>\n<p>Con voz insegura pronunci\u00f3 Ozanam las siguientes palabras: \u00abEn el momento de aparecer por primera vez en una c\u00e1tedra de la antigua Sorbona, en medio de tantas viejas glorias rejuvenecidas por recientes eruditos, \u00bfc\u00f3mo no habr\u00e1 de agregarse a mi agradecimiento una gran dosis de timidez?&#8230; Pero en el fondo de todos mis temores, encuentro muchas esperanzas. Las encuentro hasta en esta mi edad que me asusta, pero que al mismo tiempo me iguala a la mayor\u00eda de mi auditorio. Tal vez encuentro tambi\u00e9n cierto l\u00edcito placer en subir a esta c\u00e1tedra acompa\u00f1ado por los recuerdos y por las amistades que en d\u00edas pasados conquist\u00e9 sobre esos bancos.\u00bb<\/p>\n<p>La amistad le contest\u00f3 con un aplauso estruendoso que lo reanim\u00f3 por un instante. Pero no por eso result\u00f3 menos laboriosa y menos dura la primera media hora de su clase. Paralizaba sus facultades el convencimiento de la importancia que habr\u00eda de tener para su porvenir esta prueba decisiva. Por m\u00e1s que lo aplaud\u00edan, no lograban reanimarlo. El mismo se irritaba al sentir su palabra incolora, incorrecta. No obedec\u00eda a su pensamiento. Ese no era Ozanam. Sin embargo, lleg\u00f3 el momento en el que, logrando escapar del zarzal espinoso y confuso de la erudici\u00f3n, conquist\u00f3 el orador el dominio de s\u00ed mismo y la libertad de su palabra. Confortado al mismo tiempo por la simp\u00e1tica emoci\u00f3n que manifestaba su auditorio, pudo llevar a buen fin aquella lecci\u00f3n tan frecuentemente interrumpida por el aplauso. Al terminar, se encontr\u00f3 entre los brazos de sus amigos, colegas unos, cofrades otros, los cuales a una voz le aseguraban que hab\u00eda triunfado, a pesar de todo. A ellos, a sus amigos, atribuy\u00f3 Ozanam ese triunfo final.<\/p>\n<h3><em><em> 5.\u2014 \u00c9xitos del profesor<\/em><\/em><\/h3>\n<p>Sin embargo, los triunfos se sucedieron unos tras otros. El p\u00fablico continu\u00f3 si\u00e9ndole fiel. El anfiteatro estuvo siempre lleno, aun en los ingratos d\u00edas del carnaval, durante los cuales los estudiantes no quieren estudiar.<\/p>\n<p>Le Clerc, Mignet, Cousin y otros, lo felicitaban entusiasmados. El Ministro tambi\u00e9n lo felicit\u00f3 repetidas veces. No hab\u00eda pasado mucho tiempo cuando una delegaci\u00f3n de la Escuela Normal empez\u00f3 a acudir a sus cursos. El \u00abNouveau Correspondant\u00bb pidi\u00f3 autorizaci\u00f3n para tomar taquigr\u00e1ficamente sus lecciones. El \u00abUnivers\u00bb le colm\u00f3 de elogios. Por \u00faltimo, la \u00abGazette de Augsbourg\u00bb reprodujo sus lecciones sobre Germania. El p\u00fablico, por su parte, segu\u00eda obstinado en su inter\u00e9s por aquella palabra que lo dejaba fascinado.<\/p>\n<p>Cosa nueva fue \u00e9sta en la Sorbona: un profesor joven y cristiano debuta como maestro y como maestro que se escucha. Los cat\u00f3licos aplauden. Los esc\u00e9pticos, interesados por aquella elocuencia nueva, le prestan su atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abAtenas lo escucha \u2014escribir\u00e1 el P. Lacordaire\u2014, como hubiera escuchado a Gregorio o a Basilio, si \u00e9stos, en vez de regresar a los desiertos de sus patrias, hubiesen descubierto ante el Are\u00f3pago donde predic\u00f3 San Pablo, el tesoro de elocuencia y de saber que deb\u00eda conceder la inmortalidad a sus nombres.\u00bb<\/p>\n<p>El se\u00f1or Soulacroix segu\u00eda con entusiasmo el hilo de esos triunfos. El estudio de Germania le interesaba de modo especial. No disimulaba su deseo de ver salir de all\u00ed un libro de erudici\u00f3n y de vulgarizaci\u00f3n a la vez, que cubriera de honor el nombre de su autor y que, al mismo tiempo, le proporcionara t\u00edtulos acad\u00e9micos muy \u00fatiles para futuras promociones.<\/p>\n<h3><em><em> 6.\u2014 Ideales de Ozanam<\/em><\/em><\/h3>\n<p>Los ideales de Ozanam eran otros. Otros los ideales que lo impulsaban a escribir y a abrazarse al deber sagrado de la ense\u00f1anza. El inter\u00e9s religioso era, para \u00e9l, el motivo primordial. M\u00e1s ahora, justamente en esos momentos, era ese terreno de los or\u00edgenes germanos el campo de contacto donde libraban candentes batallas de ideas el esp\u00edritu cat\u00f3lico y el esp\u00edritu filos\u00f3fico.<\/p>\n<h3><em><em> 7.\u2014 Teutonismo y Cristianismo<\/em><\/em><\/h3>\n<p>En efecto, ante el catolicismo se ergu\u00eda entonces en Alemania una escuela retr\u00f3grada que, deseosa de deber \u00fanicamente a la antigua German\u00eda pagana y b\u00e1rbara su genio y su car\u00e1cter \u00e9tnico, acusaba al cristianismo de haberla desviado de su genuina fuente, deteniendo as\u00ed el curso de sus grandes destinos. Al o\u00edrla, dir\u00edase que todo fue puro, gigantesco, heroico y sobrehumano en aquella edad desconocida en la que la naci\u00f3n orgullosa, virgen como sus bosques, no se hab\u00eda contaminado a\u00fan con los vicios de la civilizaci\u00f3n latina, ni enervado por un nuevo culto y una nueva fe.<\/p>\n<h3><em><em> 8.\u2014 El historiador<\/em><\/em><\/h3>\n<p>Era, justamente, la Historia al rev\u00e9s. Preciso era enderezarla. Preciso era restituirle a la tan alabada barbarie de los antepasados su verdadera fisonom\u00eda, con su brutal realidad: la corrupci\u00f3n de sus costumbres, la dureza de sus leyes, la ferocidad de sus guerras, la crueldad y la infamia de su culto y de sus dioses.<\/p>\n<p>Preciso era tambi\u00e9n vengar la ingratitud con que el esp\u00edritu tudesco calumniaba a ese Cristianismo libertador, que convirti\u00f3 aquellas tinieblas en luz y troc\u00f3 aquel caos en orden, durante largos siglos de civilizaci\u00f3n y de honor.<\/p>\n<p>Para Ozanam, el inter\u00e9s primordial de ese tema consist\u00eda en dejar comprobado que Alemania era deudora por su genio y por su civilizaci\u00f3n entera, a la educaci\u00f3n cristiana que le fue dado recibir, que su grandeza creci\u00f3 paralela con su uni\u00f3n al Cristianismo, y que para ella, lo mismo que para todos, no hubo ni habr\u00e1 grandes destinos m\u00e1s que en el seno de la unidad romana, depositaria de todas las tradiciones temporales de la Humanidad y de todos los designios eternos de la Providencia.<\/p>\n<p>Todo esto parec\u00eda entonces sencillo, natural y hasta trivial, visto desde m\u00e1s ac\u00e1 del Rin. Pero del otro lado, el orgullo nacional se complac\u00eda en la quimera de una civilizaci\u00f3n aut\u00f3ctona, cuya decadencia caus\u00f3 el Cristianis- mo, de una literatura que, sin el contacto latino, se hubiera desarrollado con un esplendor nunca visto. Y, en fin, de un porvenir que a\u00fan podr\u00eda resultar magnifico, siempre que la raza degenerada cobrase nuevo vigor en un teutonismo puro y absoluto. No se buscaba ya el tipo germano en Carlomagno. Se encontraba en Arminius.<\/p>\n<p>Sab\u00eda muy bien Ozanam que ten\u00eda en contra suya todas las escuelas filos\u00f3ficas, hist\u00f3ricas y literarias de Alemania, desde Hegel hasta Goethe, y desde Goethe hasta Strauss. Sab\u00eda que tendr\u00eda que sostener serias disputas con el orientalista Lassen y con el historiador Gervinus, enemigos irreconciliables de la mansedumbre cristiana que, seg\u00fan ellos, anul\u00f3 la energ\u00eda de sus grandes b\u00e1rbaros. Ozanam les demostrar\u00e1 que ser\u00edan todav\u00eda b\u00e1rbaros si, por medio de la fe cristiana, no hubiesen entrado en posesi\u00f3n del patrimonio religioso, cient\u00edfico y pol\u00edtico de los pueblos modernos. Les demostrar\u00e1 tambi\u00e9n que, al repudiar tan sublime patrimonio, tan s\u00f3lo lograr\u00e1n regresar a su at\u00e1vica barbarie.<\/p>\n<p>Considerada as\u00ed, la Historia literaria era un drama cuya acci\u00f3n se desarrollaba entre alternativas de vida o muerte para las sociedades. Sin embargo, este estudio es solamente un preludio. Ozanam reservaba todas sus energ\u00edas para el libro que m\u00e1s tarde reproducir\u00eda todas estas lecciones. Pero fortificadas, desarrolladas, ce\u00f1idas con todas sus armas, libro cuyo t\u00edtulo ser\u00e1: <em>\u00abLos germanos antes del Cristianismo\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Luego, m\u00e1s tarde, ese primer cuadro habr\u00e1 de tener su compa\u00f1ero en otro que demostrar\u00e1 la acci\u00f3n civilizadora del Evangelio, en la primera de esas tribus germanas que se someti\u00f3 a su ley. Este libro ser\u00e1: <em>\u00abEl Cristianismo entre los francos\u00bb<\/em>. Del contraste de ese doble espect\u00e1culo, habr\u00e1 de resultar la demostraci\u00f3n total y experimentada del progreso de las sociedades, gracias a la civilizaci\u00f3n cristiana, y s\u00f3lo por ella.<\/p>\n<p>\u00a1Pero esos francos de ayer, son los franceses de hoy!&#8230; Y con orgullo reclama Ozanam para ellos el puesto que les corresponde, como primog\u00e9nitos de la Iglesia. Encarece a sus compatriotas el deber en que est\u00e1n de conservar ese t\u00edtulo, sobre todo en esos momentos, cuando es tesis favorita de la escuela teut\u00f3nica el negar en absoluto todo lo que debe Alemania a la civilizaci\u00f3n latina, y especialmente, a la civilizaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Pero el profesor y el publicista no habr\u00e1n de quedar satisfechos con esto. Estos dos cuadros que Ozanam llama su Germania, de la cual una es pagana y la otra cristiana, ser\u00e1n seguidos por un tercer ejemplar, en el cual se propone presentar y desarrollar la grandiosa concepci\u00f3n y la instituci\u00f3n pol\u00edtica de Carlomagno. Este estudio vendr\u00eda a tener por cuadro seis siglos de la vida cristiana. Su t\u00edtulo ser\u00eda: <em>\u00abEl sacro Imperio romano\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Veamos las impresiones que embargaban el \u00e1nimo de nuestro escritor, confiadas a su hermano Carlos, en carta del 23 de junio de 1843: \u00abEstoy a punto de terminar la Historia literaria de Italia, desde la Era cristiana hasta Carlomagno. Este trabajo ha sido, tanto para m\u00ed como para mi auditorio, un estudio profundo y vivo del Papado, reconociendo lo que realiz\u00f3 en aquella \u00e9poca de transici\u00f3n entre la antig\u00fcedad y los tiempos modernos. He sentido, querido Carlos, cu\u00e1nto se gana al ver el Cristianismo de cerca. No ignoraba sus beneficios, pero los he encontrado mayores de lo que nunca so\u00f1\u00e9. M\u00e1s que nunca, comprendo ahora cu\u00e1nto amor debemos a la Iglesia, que ha realizado tantos esfuerzos para conservarnos, para prepararnos y para procurarnos todo lo que poseemos de ciencia, de inteligencia, de libertad y de civilizaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Pero, este trabajo consagrado a la honra del Papado y de la Iglesia, \u00bftendr\u00e1 el poder de granjearle las simpat\u00edas de la escuela de la Historia y de los poderes p\u00fablicos de la \u00e9poca? Creerlo as\u00ed hubiera sido desconocer el esp\u00edritu que reinaba entonces. Ozanam no se hac\u00eda ilusiones. Por el contrario, se daba plena cuenta del recrudecimiento de mala voluntad que exist\u00eda contra los esp\u00edritus conservadores. Pero \u00e9l era de los que no saben odiar, pero saben combatir. Y, por lo tanto, ante la hostilidad que amenaza, se armar\u00e1 con su fe irreductible de cristiano cat\u00f3lico y no disimular\u00e1 nada de esa fe. Y no sacrificar\u00e1 nada de lo que le imponga su digna condici\u00f3n de historiador.<\/p>\n<p>La fuerza de sus convicciones supera en mucho la mala voluntad de sus adversarios. Sabe muy bien que nada ganar\u00eda disimulando esas convicciones. Antes al contrario, sabe que con ello perder\u00eda la confianza de sus superiores que bien conocido lo tienen y que perder\u00eda tambi\u00e9n la de aquella juventud que lo amaba. El sab\u00eda que es siempre oportuno y eficaz conservar la dignidad y la independencia. \u00abSin duda, dec\u00eda \u00e9l, no es necesario multiplicar las profesiones de fe. Pero, \u00bfqui\u00e9n tendr\u00eda el valor de abordar los puntos m\u00e1s misteriosos de la Historia, de remontarse al origen de los pueblos y presenciar el espect\u00e1culo de sus religiones, sin tomar un partido definido sobre las cuestiones eternas que all\u00ed palpitan?\u00bb.<\/p>\n<h3><em><em> 9.\u2014 Derechos y deberes del escritor<\/em><\/em><\/h3>\n<p>Juzgaba Ozanam que el historiador cat\u00f3lico tiene el derecho de hablar, seg\u00fan sus propias convicciones religiosas. A su vez encontraba que existen dos puntos que con derecho se le pueden exigir al escritor: Primero, que su convicci\u00f3n sea libre e inteligente, y el Cristianismo no acepta lo contrario. Segundo, que el deseo de justificar una, creencia no arrastre al escritor hasta desnaturalizar los hechos, con el fin de arrebatarles pruebas. Pero, bien se sabe que semejante conducta no podr\u00e1 ser jam\u00e1s la de un escritor verdaderamente cristiano. Plenamente seguros sobre estas cuestiones supremas de Dios, del alma y de la eternidad, cuestiones que son motivo de tanta confusi\u00f3n para tantas inteligencias, los escritores cristianos deben penetrar en la ciencia con libertad y con respeto. Ellos saben que no les est\u00e1 permitido disimular ninguna verdad, por peque\u00f1a, por profana y aun por obstructiva que parezca. Deber de conciencia ser\u00e1 para ellos no disimular ninguna mancha, para tener el derecho de no velar ninguna gloria. Si sus indagaciones los llevan a la justificaci\u00f3n de un dogma revelado, ellos lo observar\u00e1n y se alegrar\u00e1n por ello, por amor a la verdad. Y si no les est\u00e1 concedido quitar los obst\u00e1culos y llevar a la ciencia hasta el punto donde se encuentra con la fe, no se perturbar\u00e1n por eso, convencidos como est\u00e1n, de que vendr\u00e1n otros que llegar\u00e1n hasta all\u00ed. No se impacientar\u00e1n, porque est\u00e1n seguros de que, si el camino es largo, en el fin de ese camino encuentran a Dios.<\/p>\n<p>Mientras preparaba la gran obra, publicaba Ozanam trozos de ella en el \u00abCorrespondant\u00bb, lo que lograba tan s\u00f3lo a consta de grandes esfuerzos, ya que siempre tuvo empe\u00f1o en que sus escritos resultasen con la mayor perfecci\u00f3n posible, tanto en la forma como en el fondo. Para lograr esto, se consagraba con tenacidad al trabajo, neg\u00e1ndose todo recreo y aun todo descanso. Pero \u00e9l sol\u00eda decir que encontraba su recompensa en la dicha que le proporciona la victoria conquistada por medio del esfuerzo, en la alegr\u00eda experimentada ante la verdad descubierta o ante la belleza reproducida. Felicidad desinteresada que siente el esp\u00edritu ante la proximidad de la luz que lo visita. Luz que desciende de lo alto y embarga el \u00e1nimo con el presentimiento de la divinidad.<\/p>\n<p>Por eso, nunca dej\u00f3 Ozanam de invocar la ayuda de Dios, ya antes de acudir a la Sorbona, ya antes de entregarse al estudio. Cuentan sus amigos que siempre lo vieron, antes de dirigirse a la Universidad, implorar de rodillas el auxilio del Esp\u00edritu Santo, para que no dejase escapar de sus labios ninguna palabra que fuese contraria a la verdad.<\/p>\n<h3><em><em> 10.\u2014 La clase de la Sorbona<\/em><\/em><\/h3>\n<p>Sus contempor\u00e1neos nos lo presentan atravesando a grandes pasos los jardines del Luxemburgo, originariamente entregado a la lectura, pero sin que esa aplicaci\u00f3n le impidiese ver y devolver las innumerables muestras de simpat\u00eda que iba recibiendo a su paso. Cuando llegaba a la Sorbona, aparec\u00eda en su c\u00e1tedra p\u00e1lido, deshecho, nervioso, paseando su mirada sobre el auditorio con expresi\u00f3n ben\u00e9vola e inquisitiva. Declaran Caro y. Sarcey, sus asiduos oyentes, que su voz era ronca, opaca, poco flexible, y que sus gestos carec\u00edan de gracia y de elegancia. Detalles sin importancia ante la figura de aquel hombre que, como dec\u00eda el P. Lacordaire, \u00abnecesitaba verter toda su alma en el auditorio y exponer sus ideas con todo el calor y la fuerza que se pone al servicio de la verdad\u00bb. Y por eso, las almas se entregaban a esta alma que se abr\u00eda para recibirlas.<\/p>\n<p>De \u00e9l dice Amp\u00e8re: \u00abLos que no oyeron al profesor Ozanam, no conocieron lo m\u00e1s personal de su talento. Preparaci\u00f3n laboriosa, consulta pertinaz de los textos, ciencia acumulada con grandes esfuerzos. Y luego, improvisaci\u00f3n brillante, palabra que arrastra y convence. Tal fue su ense\u00f1anza. Preparaba sus lecciones como un benedictino y las pronunciaba como un orador: Trabajo doble que termin\u00f3 con aquella ardiente constituci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Ah\u00ed estaba el peligro&#8230; Soulacroix le expres\u00f3 repetidas veces su angustia por el exceso de fatiga que impon\u00eda a su naturaleza. Por otro lado, Victor Le Clerc, el decano de la Sorbona, le dec\u00eda: \u00abTenga cuidado, Ozanam. Domine esos arranques que deleitan a su auditorio pero que acaban con Vd. Conserve mayor calma en el discurso. Esa palabra viva, emocionada, apasionada que lo domina y nos domina, es motivo de inquietud para sus amigos. Piense en el futuro. No queremos que se pierda nada de ese futuro que es suyo, sin duda, pero que tambi\u00e9n es nuestro.\u00bb<\/p>\n<h3><em><em> 11.\u2014 Cortejo de disc\u00edpulos<\/em><\/em><\/h3>\n<p>El trabajo del profesor no cesaba, al terminar la clase. Empezaba entonces otra labor, cuya simpat\u00eda no restaba nada al cansancio que produc\u00eda. Aquella misma juventud que acababa de estar pendiente de los labios de Ozanam, lo aguardaba a la puerta del aula para seguir sus pasos. Lo acompa\u00f1aba al salir de la sala, convertida en s\u00e9quito de honor, \u00edntimo, familiar&#8230; Eran sus disc\u00edpulos y luchaban por abrirse paso y acercarse a \u00e9l para recoger de sus labios la palabra personal, particular, la que no se olvida&#8230;; y as\u00ed, lo acompa\u00f1aban hasta su casa, atravesando las avenidas del jard\u00edn de Luxemburgo, gozando su \u00faltima conversaci\u00f3n. Pero, con esto, se prolongaba la lecci\u00f3n durante cinco cuartos de hora m\u00e1s.<\/p>\n<p>Otros disc\u00edpulos, tal vez en mayor n\u00famero, sal\u00edan silenciosos de la Sorbona, meditando sobre lo que acababan de o\u00edr. Acababan de o\u00edr la verdad. Y esa verdad disipaba sus dudas y en los brazos de esa verdad se entregaban.<\/p>\n<h3><em><em> 12.\u2014 La admiraci\u00f3n por el maestro<\/em><\/em><\/h3>\n<p>Un d\u00eda encontr\u00f3 Ozanam en la porter\u00eda de la Sorbona un billete dirigido a \u00e9l, que dec\u00eda as\u00ed: \u00abSe\u00f1or profesor, acabo de o\u00edr su lecci\u00f3n. Se me hace imposible dejar de creer en lo que Vd. expresa con poder tan convincente y con tanto fervor. Si puede Vd. experimentar con ello alguna satisfacci\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 digo?, alguna felicidad, s\u00e9palo: antes de o\u00edr a Vd. yo no cre\u00eda en nada. Lo que no hab\u00edan logrado innumerables sermones, lo consigui\u00f3 Vd. en un d\u00eda: Vd. me ha hecho cristiano. Por ello, reciba la expresi\u00f3n de mi dicha y de mi agradecimiento\u00bb. Este billete le proporcion\u00f3 una de las horas m\u00e1s felices de su vida, seg\u00fan testimonio de su hermano, a quien \u00e9l se lo manifest\u00f3.<\/p>\n<p>Ese acento de convicci\u00f3n que ten\u00eda, a veces, el poder de engendrar creyentes, impresionaba siempre, aun a los m\u00e1s irrespetuosos y esc\u00e9pticos.<\/p>\n<p>\u00abTiene el fuego sagrado \u2014escrib\u00eda Sarcey\u2014. Es tal la convicci\u00f3n interior que posee este hombre que, sin arte aparente, convence a muchos y a todos conmueve. Posee una imaginaci\u00f3n tierna y so\u00f1adora y encuentra expresiones admirables, llenas de sentimiento y poes\u00eda. Al o\u00edrlo acuden, a pesar nuestro, las l\u00e1grimas a los ojos\u00bb. Y Sarcey lo compara y lo opone a Jules Simon, a quien juzga orador hasta la punta de los dedos, pero a quien \u00able falta, dice \u00e9l, esa convicci\u00f3n interior, sin la cual es tan s\u00f3lo un comediante\u00bb. La convicci\u00f3n interior de Ozanam se llamaba fe.<\/p>\n<p>Aquel curso de catolicismo, por medio de la Historia, fue algo nunca visto en la Sorbona. Curso profesado oficialmente, podemos decir, y acogido con benepl\u00e1cito de una c\u00e1tedra laica del Estado. No podemos negar que, en esos momentos, brillaba la ense\u00f1anza superior con resplandor incomparable, gracias al triunvirato formado por los se\u00f1ores Guizot, Cousin y Villemain. Pero si no podemos negar que el \u00e9xito obtenido por esos maestros se deb\u00eda en alto grado a la elocuencia desplegada por ellos en sus clases, \u00bfno corresponder\u00eda una parte no peque\u00f1a de semejante \u00e9xito a la pol\u00edtica del momento que ellos, con el poder de su palabra, aprovechaban para halagar las pasiones e inflamar los ardores?&#8230;<\/p>\n<p>El joven profesor, al contrario, se presentaba como defensor de las doctrinas austeras. Avanzaba en contra de la prevenci\u00f3n popular, luchando por una victoria que lograr\u00eda tan s\u00f3lo por medio de la verdad, verdad fecundada por la fuerza de una convicci\u00f3n tal que pod\u00eda s\u00f3lo compararse con su tierna abnegaci\u00f3n hacia sus disc\u00edpulos, para los cuales representaba \u00e9l la escuela de la verdad y de la caridad conjuntamente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XIV: La Sorbona, la Germania, el profesor Todos lo admiran, todos lo honran y lo aclaman. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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