{"id":63253,"date":"2012-02-17T02:17:54","date_gmt":"2012-02-17T01:17:54","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=63253"},"modified":"2016-07-27T12:15:22","modified_gmt":"2016-07-27T10:15:22","slug":"ricardo-atanes-castro-1875-1936","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/ricardo-atanes-castro-1875-1936\/","title":{"rendered":"Ricardo Atanes Castro (1875-1936)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/bios_cm.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-40565\" title=\"bios_cm\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/05\/bios_cm-232x300.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>El caso del P. Atanes es uno m\u00e1s en la serie infinita de los inadaptados a las circunstancias, no por falta de voluntad, sino por sobra de habituaci\u00f3n a otras completamente distintas y aun contrarias, que tantas preocupaciones, disgustos serios y aun muertes ha costado en el decurso de los treinta y dos meses des\u00addichados del feroz dominio marxista en nuestra Patria.<\/p>\n<p>Frisaba en los sesenta cuando sobrevino la revoluci\u00f3n, y en Gij\u00f3n resid\u00eda. Mucho ten\u00eda recorrido y hab\u00eda vivido mucho en esa docena de lustros.<\/p>\n<p>Otros vientos revolucionarios le hubieron, de zarandear tiem\u00adpo hac\u00eda, y desde M\u00e9jico lanz\u00e1ronle a Estados Unidos de Norte- Am\u00e9rica. La buena suerte de entonces, a \u00e9l corno a otros les hab\u00eda hecho creerse inmunizados; de ah\u00ed que presumieran a las veces de lo que no ten\u00edan: serenidad para capear el tempo\u00adral y agilidad de esp\u00edritu para plegarse al imperativo de las circunstancias.<\/p>\n<p>Hay que ver en todo ello una Providencia divina, que, me\u00addiante sus yerros, los conduc\u00eda al fin glorioso.<\/p>\n<p>Dos buenas se\u00f1oras de Gij\u00f3n acogieron con cari\u00f1o al P. Ata\u00adnes en su morada recoleta; pero \u00e9l, nervioso, sin duda, y con miedo instintivo a que las segundas partes no fueron tan, bue\u00adnas como las primeras, se asomaba frecuentemente a la ventana, a pesar de las apremiantes advertencias de sus amables hu\u00e9s\u00adpedes.<\/p>\n<p>Y pas\u00f3 lo que ten\u00eda que ocurrir: que le vieron desde la calle y subieron por \u00e9l.<\/p>\n<p>En la parroquia de San Jos\u00e9 de la misma ciudad de Gij\u00f3n, convertida en prisi\u00f3n, qued\u00f3 encarcelado. D\u00edas, sin llegar al mes, estuvo en ella. Un d\u00eda, las turbas pidieron las cabezas de los presos, en desquite vengativo por haber los barcos nacio\u00adnales bombardeado la ciudad.<\/p>\n<p>Y los gritos de las fieras humanas fueron ahogados con san\u00adgre de v\u00edctimas.<\/p>\n<p>Un buen n\u00famero de los cuatrocientos infelices all\u00ed aherro\u00adjados salieron para el lugar del suplicio.<\/p>\n<p>El P. Atanes iba entre estos h\u00e9roes gloriosos <em>damnatos ad <\/em><em>bestias. <\/em>Que ni\u00f1as del Asilo Pola le vieron salir.<\/p>\n<p>Dios, en sus designios, le juzg\u00f3 en saz\u00f3n y se llev\u00f3 a sus ce\u00adlestes mansiones su alma purificada, quedando su cuerpo llagado para dar testimonio de la fe y con sus heridas resplandecientes ser un d\u00eda instrumento de contradicci\u00f3n, para los viles asesinos.<\/p>\n<p>Mientras ese d\u00eda de justificaci\u00f3n universal llega, en el <em>ce\u00ad<\/em><em>menterio <\/em>de Gij\u00f3n quedan los restos gloriosos del P. Atanes, esperando el fallo eclesi\u00e1stico sobre el martirio verdadero, como lo juzgamos nosotros.<\/p>\n<p>El P. Ricardo Atanes Castro, hijo de Antonio y Magdalena, naci\u00f3 el 5 de agosto de&#8217; 1875, en Cualedro (Orense). Estudi\u00f3 lat\u00edn y Humanidades en el Santuario de los Milagros. Ingres\u00f3 en la Congriegaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, en su Casa Central de calle de Garc\u00eda de Paredes, el 11 de mayo de 1891; hizo los votos el 6 de agosto de 1893; curs\u00f3 los estudios filos\u00f3ficos y teol\u00f3gicos en la misma residencia, y se orden\u00f3: de Menores y Subdi\u00e1cono, el 16 y 17, respectivamente, del mes de diciembre de 1898; de Di\u00e1cono, el 18 de marzo de 1899, y de Sacerdote, el 27 de mayo del, mismo a\u00f1o.<\/p>\n<p>Sus destinos fueron: Quince a\u00f1os en M\u00e9rida de Yucat\u00e1n (M\u00e9jico), como profesor del Seminario, menudeando las excur\u00adsiones misionales a pueblos cercanos; catorce meses de vida completamente misionera entre los indios mayas de Xkanh\u00e1; diez a\u00f1os en Fort Worth Fex (Estados Unidos), atendiendo a la colonia mejicana y a otras de habla espa\u00f1ola; en 1924 volvi\u00f3 a Espa\u00f1a y se qued\u00f3 en Orense, de cuya residencia fue nombrado Superior en 1928, y, al cesar en tal cargo, pas\u00f3, el a\u00f1o 1935, a Gij\u00f3n.<\/p>\n<p>Era el P. Atanes de estatura mediana, seco de cara, siempre p\u00e1lido de color, con el pelo cano desde joven y hablar premio\u00adso. Tranquilo por temperamento, buen compa\u00f1ero, lo que ce dice un alma de Dios, un buen hombre que no sirvi\u00f3 jam\u00e1s a nadie de molestia e incapaz de hacer una mala jugada.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 hemos exagerado la nota cr\u00edtica y sido en demas\u00eda se\u00adveros al enjuiciar la conducta tachada de indiscreta en su re\u00adfugio, del P. Atanes.<\/p>\n<p>Atentos a la justificaci\u00f3n, publicamos a continuaci\u00f3n un es\u00adcrito del P. Lozano, m\u00e1s l\u00edrico y emocional.<\/p>\n<p>\u00abVenerable y bondadoso, la piedad y recogimiento vestidos de blanco en su cabeza de anciano y en su coraz\u00f3n de ni\u00f1o, fue la primera v\u00edctima (de Gij\u00f3n); corno si esas virtudes que \u00e9l encarnaba sublimemente, fueran el mayor estorbo al triunfo del libertinaje que en rey quer\u00eda erigir al Comunismo.<\/p>\n<p>Despojado de sus h\u00e1bitos sacerdotales, a instancias m\u00edas y bien a su pesar, sali\u00f3 de casa el mismo d\u00eda 19, fiesta del Santo Padre, para refugiarse, junto con el Hermano Jim\u00e9nez, en una casa amiga.<\/p>\n<p>A su salida, herv\u00edan ya en las calles y en las plazas de Gij\u00f3n las m\u00e1s exaltadas pasiones. Los primeros rugidos de la fiera des\u00adatada y hambrienta hab\u00edan paralizado toda la vida de la ciu\u00addad y helado todas sus actividades. Convertidas las calles en selva, los que todav\u00eda se sent\u00edan racionales se hab\u00edan encerrado en sus casas convertidas en cavernas.<\/p>\n<p>A merced de la confusi\u00f3n, el anciano venerable pudo llegar en paz a su escondite, si bien con el alma asaeteada de blasfe\u00admias y de insultos los m\u00e1s crueles a lo m\u00e1s sagrado. S\u00f3lo tres d\u00edas pudo estar all\u00ed. La fiera bolchevique, temerosa de perder su triunfo y verse encadenada de nuevo, comenzaba a romper todo lo que en otro tiempo fue para ella cadenas, y, como con\u00adsecuencia, a tender sus garras de muerte sobre todas las gen\u00adtes justas y honradas, y los due\u00f1os de aquella casa eran de los m\u00e1s destacados por su espa\u00f1olismo y por sus actividades sociales. Amistosamente avisados por ellos, cuando ya prepa\u00adraban su propia fuga, salieron de all\u00ed cuidadosamente el Her\u00admano para nuestra casa y el P. Atanes en direcci\u00f3n a otra casa amiga, m\u00e1s humilde y menos se\u00f1alada. Frente a sus puertas, el Hospital, el Dep\u00f3sito de Cad\u00e1veres y el Cuartel de Segu\u00adridad mostraban a nuestro Hermano lo m\u00e1s hediondo de la tragedia, que ya hab\u00eda comenzado: la muerte espeluznante de los primeros fascistas, la macabra cabalgata de los Padres Capuchinos, con sus manos cargadas de bombas, etc.<\/p>\n<p>Desde una casa trasera yo segu\u00eda esta espantosa pel\u00edcula y miraba por la suerte del Hermano, que me parec\u00eda relativa\u00ad mente segura. Por las noches, en mis correr\u00edas de observaci\u00f3n, pasaba con \u00e9l algunos ratos de mutuo consuelo. Una noche, no s\u00e9 si la cuarta o quinta de su encierro, cuando intentaba verle, me comunicaron que hab\u00eda sido detenido, \u00a1qu\u00e9 sarcas\u00admo, Dios m\u00edo, \u00abpor paco\u00bb!&#8230; Un anciano que no hab\u00eda visto m\u00e1s armas que sus rezos.<\/p>\n<p>As\u00ed hab\u00eda sido, sin, embargo. De las infinitas balas que los h\u00e9roes sublevados del Cuartel de Simancas lanzaban como una lluvia sobre la ciudad, para tener en jaque a los asesinos, al- tunas hab\u00edan estallado en los tejados de su albergue. Los ro\u00adjos, a quienes hasta los dedos se les antojaban \u00abpacos\u00bb, entra\u00adron a saco en aquella casa, y, entre befas y amenazas, se lle\u00advaron al \u00fanico hombre que hab\u00eda en ella. Era el P. Atanes. Locos, enfurecidos ante sus protestas de inocencia, dudaron si fusilarle o no en el acto mismo; pero ante las reflexiones de alguno menos cruel, decidieron llevarle detenido a la iglesia de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Tendido en el suelo, enfermo, maltratado y escarnecido estuvo all\u00ed algunos d\u00edas, sin ni siquiera darle de comer, hasta que por medio de las Hermanas de la cocina tuvimos que atenderle nosotros mismos, no sin acudir a toda suerte de sub\u00adterfugios. Hab\u00eda comenzado su calvario.<\/p>\n<p>Poco a poco se fue agudizando m\u00e1s y m\u00e1s. Arrojadas de la cocina las Hermanas, por el enorme delito de cuidar con esmero la comida de los infortunados presos, algunos d\u00edas des\u00adpu\u00e9s volv\u00eda a sufrir el hambre y el abandono. Ocasi\u00f3n hubo en que, durante cincuenta y seis horas no se les proporcion\u00f3 ni un vaso de agua. En cambio, se les regalaba de d\u00eda y de noche con exquisitas torturas morales y abundantes malos tratos.<\/p>\n<p>Otro d\u00eda, insuficiente ya la iglesia de la Compa\u00f1\u00eda para contener ni aun de pie a tantos detenidos, fue llevado el Padre Atanes, con un grupo, a la iglesia de San Jos\u00e9. Fr\u00eda de ruyo, hedionda por las circunstancias higi\u00e9nicas deplorables en que se les ten\u00eda, result\u00f3 para nuestro anciano un terrible calabozo. Hasta la guardia se conjur\u00f3 para hacerlo m\u00e1s infernal. En la primera prisi\u00f3n hab\u00edan tenido para custodiarlos carabineros y guardias de Asalto. Malos y todo, eran hombres algo educados. En San Jos\u00e9 los atormentaban m\u00e1s que custodiaban esbi\u00adrros comunistas de los m\u00e1s bajos fondos sociales.<\/p>\n<p>Al cabo, en lo primeros d\u00edas de agosto, Dios quiso galar\u00addonar su martirio. Con motivo de un bombardeo a\u00e9reo por los militares, el populacho, ya enfangado en todos los cr\u00edme\u00adnes, irresponsable, ebrio de sangre y de venganza, con alari\u00addos y convulsiones de epil\u00e9ptico, rode\u00f3 la prisi\u00f3n, mandando m\u00e1s que pidiendo la muerte de los inocentes presos. Hubo dudas, cabildeos, arengas por parte de las autoridades aun no bolchevizadas absolutamente, se intentaron convenios, se pro\u00addigaron promesas; pero, al fin, se impuso la voluntad de aque\u00adllas mujeres desgre\u00f1adas, de aquellos hombres alcoholizados, que, como voz del pueblo soberano, las autoridades tuvieron que acatar.<\/p>\n<p>Y el inocente anciano, con la blancura de su cabeza y su rostro sonriente, fue arrojado en uno de los camiones, y, entre maldiciones y golpes, a merced de los m\u00e1s desharrapados, fue llevado a fusilar con los dem\u00e1s presos a una de las colinas que rodean la ciudad, mientras en \u00e9sta los nuevos Pilatos, con excusas y lamentaciones, se lavaban las manos salpicadas de sangre y cieno.\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El caso del P. 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