{"id":59195,"date":"2015-04-24T08:02:32","date_gmt":"2015-04-24T06:02:32","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=59195"},"modified":"2016-07-27T12:10:54","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:54","slug":"las-hijas-de-la-caridad-en-lituania-1687-1866","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/las-hijas-de-la-caridad-en-lituania-1687-1866\/","title":{"rendered":"Las Hijas de la Caridad en Lituania. 1687 &#8211; 1866"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/04\/lituania.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-143855\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/04\/lituania-300x192.jpg?resize=300%2C192\" alt=\"lituania\" width=\"300\" height=\"192\" \/><\/a>Cualquiera que sea el pa\u00eds en que se hallen ustedes, sin duda a lo largo de este a\u00f1o 1991, han o\u00eddo hablar de Lituania. Pero \u00bfsaben acaso que, durante cerca de dos siglos, han estado all\u00ed las Hijas de la Caridad? Despu\u00e9s de presentarles una breve panor\u00e1mica de dicho pa\u00eds, este sencillo relato se propone darles a conocer por qu\u00e9 las Hijas de la Caridad llegaron all\u00ed y el motivo por el que se marcharon. Les referiremos tambi\u00e9n la evasi\u00f3n de cinco de aquellas Hermanas.<\/p>\n<p>Lituania (65.000 km2 &#8211; 3.026.000 habitantes) ocupa, a orillas del B\u00e1ltico, una regi\u00f3n de colinas, separadas entre s\u00ed por numerosos lagos y llanuras poco extensas. Su mayor altitud no supera los 257 metros. Es un pa\u00eds eminentemente agr\u00edcola y produce lo necesario para su propio consumo. \u00danicamente en la capital se dan algunas industrias metal\u00fargicas.<\/p>\n<p>Los lituanos son de raza b\u00e1ltica. En 1386, el hijo del rey de Lituania contrajo matrimonio con la heredera del trono de Polonia. Y durante cuatro siglos, ambos pa\u00edses formaron uno solo, hasta que en 1772, 1793 y 1795 las tres naciones vecinas (Rusia, Austria y Prusia) desmembraron Polonia y con ella Lituania, en diferentes partes que se repartieron. Lituania pas\u00f3 a depender de Rusia hasta 1920. En el a\u00f1o 1940, en virtud del tratado firmado en agosto de 1939 por Ribbentrop y Molotov, este pa\u00eds pas\u00f3 a convertirse en una de las rep\u00fablicas sovi\u00e9ticas. Ahora, en 1991, ha recuperado su independencia.<\/p>\n<h2>I &#8211; \u00bfPos qu\u00e9 fueron las Hijas de la Caridad a Lituania?<\/h2>\n<p><a><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-59196\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/Hijas25.gif?resize=161%2C212\" alt=\"\" width=\"161\" height=\"212\" \/><\/a>San Vicente, a ruegos de la reina de Polonia, envi\u00f3 a Varsovia Misioneros e Hijas de la Caridad. El momento en que llegaron les ofreci\u00f3 una abundante cosecha de buenas obras: se encontraron con peste, hambre, la invasi\u00f3n de los suecos&#8230; que sembraban por doquier el dolor y la muerte. En medio de tales desastres, los hijos del Se\u00f1or Vicente se esparcieron por todos los puntos del reino de Polonia. Lituania, que a la saz\u00f3n era provincia polaca, no tard\u00f3 en reclamar su establecimiento en la capital \u2014Vilna, por aquel entonces\u2014 y en otras ciudades (1687).<\/p>\n<p>A partir de 1795, habiendo pasado a ser Lituania y parte de Polonia posesiones rusas, la comunicaci\u00f3n de Misioneros y Hermanas con sus Superiores leg\u00edtimos se hac\u00eda cada vez m\u00e1s dif\u00edcil. Por otra parte, los acontecimientos que siguieron a este per\u00edodo (entrada de las tropas francesas al mando de Napole\u00f3n en Alemania, Austria, Polonia, Rusia) zarandearon a toda Europa y agravaron el aislamiento en que se encontraba Lituania que, por el hecho de su anexi\u00f3n a Rusia, estaba en situaci\u00f3n de Provincia aparte. En aquella \u00e9poca contaba con ocho casas \u2014 hospitales\u2014 y ten\u00eda la Casa Provincial en Vilna.<\/p>\n<h2>II &#8211; \u00bfC\u00f3mo se marcharon las hermanas de Lituania?<\/h2>\n<p>En 1837, eran catorce las casas establecidas en aquel pa\u00eds. Fue entonces cuando el gobierno ruso hizo a las Hijas de la Caridad la primera insinuaci\u00f3n de que aceptaran la jurisdicci\u00f3n cism\u00e1tica. La insinuaci\u00f3n fue rechazada terminantemente Por espacio de dos a\u00f1os, se emple\u00f3 constantemente con ellas la persuasi\u00f3n m\u00e1s insidiosa para decidirlas a que abjuraran de su Fe. Se les prometieron grandes ventajas, tanto personales como generales. Por \u00faltimo, el gobierno, cansado de la generosa firmeza de las hermanas, opt\u00f3 por tomar medidas severas. A principios del a\u00f1o 1840, el Zar Nicol\u00e1s I firm\u00f3 un \u00abukase\u00bb (decreto) que ordenaba la supresi\u00f3n de las dos Comunidades de San Vicente de Pa\u00fal en Lituania, consideradas como uno de los mayores obst\u00e1culos para que el cisma avanzara en su proselitismo. Fue el comienzo de una persecuci\u00f3n abierta. Las Hermanas tuvieron que sufrir toda clase de molestias y vejaciones, quedando muy reducido el bien que les estaba permitido realizar. Sin embargo, contin\u00faan en sus hospitales, sufri\u00e9ndolo todo con paciencia y resignaci\u00f3n. Se les proh\u00edbe el Seminario. Y para sostener la obra \u00fanica que les queda, as\u00ed como para suplir a las Hermanas que van falleciendo, se ven en la necesidad, all\u00e1 donde la autoridad local es menos sectaria y no se lo impide, de recibir postulantes a las que, despu\u00e9s de unos meses de vida de Comunidad, se les da el h\u00e1bito. De esta suerte, casi todas las Casas cuentan con una, dos o tres Hermanas j\u00f3venes, de cuya formaci\u00f3n se encarga la Hermana Sirviente.<\/p>\n<p>Tal es el estado de esta pobre Provincia, que declina a ojos vista, cuando en 1860, el Superior General, Padre Etienne da la orden de que quede incorporada a la Provincia de Varsovia, Provincia esta \u00faltima que goza todav\u00eda del t\u00edtulo y de algunos de los derechos del Reino de Polonia que garantizan la libertad del culto cat\u00f3lico. Se env\u00eda a varias Hermanas j\u00f3venes de Lituania a que pasen cierto tiempo en el Seminario de Varsovia, para regresar despu\u00e9s, no sin grandes dificultades, a sus Comunidades. Pero, en 1860, una orden definitiva del gobierno obliga a las Hermanas a que abandonen sus establecimientos y a salir del pa\u00eds, bajo pena, en caso de rechazo, de que se las encierre en alg\u00fan convento, porque no les est\u00e1 permitido andar por las calles con el h\u00e1bito.<\/p>\n<p>La Visitadora de Varsovia desea ofrecer la hospitalidad a las Hermanas mayores, pero el gobierno les niega este consuelo. Un reducido n\u00famero de Hermanas conseguir\u00e1n pasaporte para el reino de Polonia: veintisiete podr\u00e1n ir a Cracovia y seis Hermanas j\u00f3venes conseguir\u00e1n el privilegio de venir a la Casa Madre. A las veinte que se quedan en su pa\u00eds, se las encierra en un convento de Religiosas Bernardinas, en el que ya las han precedido un grupo de Dominicas. Estas Hermanas, de edad y en su mayor\u00eda enfermas, claustradas a la fuerza, no dejaron nunca, en la medida en que les era posible, de dirigirse a la Casa Madre para solicitar la Renovaci\u00f3n de los Votos. Expresaban siempre, de manera conmovedora, su adhesi\u00f3n y su fidelidad a la vocaci\u00f3n y aseguraban que, desde el fondo de su prisi\u00f3n, se consideraban felices de orar por la Comunidad, por los Superiores y de ofrecer por ellos sus sufrimientos y sus l\u00e1grimas. En 1878, se se\u00f1ala que varias de ellas han fallecido ya.<\/p>\n<h2>III &#8211; En 1844, evasi\u00f3n de cinco hermanas<\/h2>\n<p>Varias Hermanas lograron evadirse, y una de ellas hizo, a\u00f1os despu\u00e9s, el siguiente relato de su evasi\u00f3n:<\/p>\n<p>En 1837, el Zar Nicol\u00e1s I visit\u00f3 los establecimientos de la Comunidad erigidos en Vilna. En dicha ocasi\u00f3n prodig\u00f3 a las Hermanas los elogios m\u00e1s halag\u00fce\u00f1os, esforz\u00e1ndose por ganar nuestra simpat\u00eda. En el momento de marchar, declar\u00f3 a la Visitadora su deseo de proveer de Hijas de la Caridad a todos los Hospitales Militares, pero que ve\u00eda un obst\u00e1culo para ello en la diferencia de religi\u00f3n. La Visitadora le respondi\u00f3: \u00abNo hay ning\u00fan obst\u00e1culo: todo hombre es nuestro pr\u00f3jimo, cualquiera que sea la religi\u00f3n que profese, y siempre estamos prontas a servir a los que lo necesiten. Por lo tanto es f\u00e1cil a Su Majestad llevar a cabo sus proyectos\u00bb. El Zar respondi\u00f3 sonriendo: \u00abYa s\u00e9 que para ustedes la diferencia de religi\u00f3n no constituye un impedimento; pero para m\u00ed s\u00ed es un gran obst\u00e1culo\u00bb. Y con estas palabras, se retir\u00f3.<\/p>\n<p>Unos meses despu\u00e9s, se presenta un funcionario del gobierno tray\u00e9ndonos la propuesta formal de aceptar el cisma. De consentir por nuestra parte, recibiremos favores sin l\u00edmites por parte del emperador; en cambio, la formulaci\u00f3n de una negativa conllevar\u00e1 la amenaza de la destrucci\u00f3n de nuestra Comunidad. Se nos deja alg\u00fan tiempo de tregua, pero pronto se nombra, para nuestras casas, a unos \u00abprotectores\u00bb encargados de vigilar los detalles de la administraci\u00f3n: en esa \u00e9poca est\u00e1 todav\u00eda enteramente en manos de las Hermanas. La misi\u00f3n principal de tales personas es la de emplear todos los medios posibles para arrastrar a las Hermanas hacia el cisma moscovita. Hay que confesar que entre esos \u00abprotectores\u00bb figuran compatriotas nuestros complacientes con el gobierno, y que, una vez aceptada tan vergonzosa misi\u00f3n, la desempe\u00f1an con tanto celo como lo har\u00eda un cism\u00e1tico convencido. En una de nuestras casas, uno de esos individuos pasa tres horas tratando de convencer con argumentos diversos a una Hermana joven (de 18 a\u00f1os) y, al no poder conseguir nada de ella, sale enfurecido diciendo que prefiere tratar con el diablo en persona antes que con las Hermanas.<\/p>\n<p>En vista de que el sistema adoptado no surte efecto, se nos env\u00eda de San Petersburgo un documento con doce art\u00edculos, a los que cada Hermana debe prestar juramento. Se trataba de otras tantas f\u00f3rmulas cism\u00e1ticas&#8230; Los Superiores responden que las Hermanas no prestan juramentos sino para el servicio de Dios, y que el zar puede estar seguro de que ning\u00fan juramento en el mundo har\u00e1 m\u00e1s firmes y sagradas su fidelidad y su obediencia, en las que se mantendr\u00e1n siempre, mientras no se trate de querer hacerlas infieles a Dios. Irritado con esta respuesta, el emperador ordena que se retire la administraci\u00f3n de manos de las hermanas. Siemeszko, obispo ap\u00f3stata, aprovecha la ocasi\u00f3n para aconsejar que se retirara a las Hermanas el cuidado de los enfermos, alegando la influencia que ejerc\u00edan en ellos para disuadirlos de hacerse cism\u00e1ticos. \u00abNo hay otro medio para lograrlo \u2014dijo \u2014 que alejarlas\u00bb.<\/p>\n<p>En 1839, se firm\u00f3 el decreto que ordenaba el cierre del Seminario de Vilna y abol\u00eda la Compa\u00f1\u00eda. Desde ese momento, empieza una persecuci\u00f3n abierta. Se confiscan los fondos pertenecientes a la Comunidad, pero tambi\u00e9n los destinados especialmente al cuidado de los enfermos e inv\u00e1lidos. Se saca de los centros a los ni\u00f1os que educaban las Hermanas y se los adentra en Rusia poni\u00e9ndolos en manos de quien quiera hacerse cargo de ellos. En los establecimientos que quedan vac\u00edos, no se quiere admitir ya m\u00e1s que a enfermos y a menores que pagan 20 francos al mes. Y para cuidar de unos y otros, se contrata a seglares, a mujeres viudas a las que se militariza con una paga. En los hospitales, se coloca a administradores civiles y para alojarlos se les da la mitad del local que antes estaba reservado a los pobres y enfermos.<\/p>\n<p>Los primeros empleados, a los que se llama vigilantes, tienen como tarea no quitar el ojo de las Hermanas, que han quedado en el establecimiento y que est\u00e1n condenadas a la inacci\u00f3n. Estas no pueden prestar servicio alguno a los pobres y a los enfermos, vi\u00e9ndose obligadas a ser testigos de sus dolores y sufrimientos sin poder hacer nada por aliviarlos. Se llega hasta negarles las cosas necesarias para la vida, con lo que m\u00e1s de una vez se encuentran sin pan que llevarse a la boca, teniendo que mendigarlo, pero en secreto, porque las personas que las socorren se hacen, por el hecho mismo, sospechosas de cara al gobierno. No les est\u00e1 permitido, sin la autorizaci\u00f3n de los vigilantes, salir de casa. Cansadas de tal situaci\u00f3n y sobre todo de verse in\u00fatiles, a algunas les asalta el pensamiento de salir de su patria. Con este fin, solicitan pasaportes, pero se les niegan: \u00abEl emperador \u2014les dicen\u2014 no les impide que se busquen el pan en su propio pa\u00eds\u00bb. En vista de ello, solicitan reintegrarse a sus familias. Pero tambi\u00e9n se les niega. Reducidas, pues, a este extremo, conciben un plan de evasi\u00f3n secreta al extranjero. Ahora bien, la vigilancia que sobre ellas se ejerce torna este proyecto en casi irrealizable.<\/p>\n<p>Por espacio de cinco a\u00f1os, reflexionan buscando los medios de llevar a cabo su plan de evasi\u00f3n. Sin haberlo encontrado todav\u00eda, se da el caso de que, a finales de 1843, una Hermana consigue el permiso de ir con Sor Luisa a visitar a una persona afectada por una par\u00e1lisis. En casa de dicha persona, encuentran a una se\u00f1ora joven, de unos treinta a\u00f1os de edad, que traba conversaci\u00f3n con ellas mostrando mucho inter\u00e9s por informarse de la situaci\u00f3n en que se encuentra su Compa\u00f1\u00eda. Las Hermanas empiezan por temer el hablarle con claridad: saben muy bien que se las esp\u00eda por todas partes y que la expresi\u00f3n m\u00e1s inofensiva puede ser interpretada err\u00f3neamente y transmitida al gobernador, sirviendo de pretexto para que se agrave todav\u00eda m\u00e1s su situaci\u00f3n. Responden, por lo tanto, de manera insignificante que demuestra su desconfianza. Por \u00faltimo, la buena se\u00f1ora concluye con estas palabras: \u00abSi yo estuviera en el lugar de ustedes, me marchar\u00eda al extranjero. Su Comunidad est\u00e1 tan extendida, que en cualquier pa\u00eds la encontrar\u00edan\u00bb. Las Hermanas no responden nada, y la se\u00f1ora se retira.<\/p>\n<p>Cuando ya se ha marchado, la enferma asegura a las Hermanas que se trata de una persona de toda confianza y que est\u00e1 animada de las mejores intenciones hacia la Comunidad. Tan pronto como est\u00e1n seguras de que pueden contar con ella, tratan de entablar relaciones, sirvi\u00e9ndose de la mediaci\u00f3n de la paral\u00edtica. La se\u00f1ora les promete poner en juego todo lo que est\u00e9 a su alcance para ayudarlas a salir del pa\u00eds. Precisamente su madre vive cerca de la frontera de Prusia y podr\u00eda facilitarles la huida, pero con una condici\u00f3n: la de marchar s\u00f3lo las dos y ocultar su huida a las dem\u00e1s Hermanas de la Provincia, excepto a las Superioras. As\u00ed, pues, las dos Hermanas comunican su proyecto a \u00e9stas, quienes no dejan de hacerles observar que el paso que piensan dar puede ser motivo para que se agrave el estado de persecuci\u00f3n que padece la Comunidad. Pero, sin embargo, les dejan la libertad de intentar lo que pretenden. Por su parte, a las dos Hermanas no se les ocultan los peligros a que van a exponerse, pero no les asustan demasiado y se disponen a hacer los preparativos. Como una de las dos acaba de salir de una larga enfermedad, consigue permiso para ir a pasar tres semanas al campo y que Sor Luisa la acompa\u00f1e.<\/p>\n<p>Vestidas como las mujeres del pa\u00eds, pero con el h\u00e1bito guardado en su saco, salen con su conductora y un gu\u00eda. Esto ocurre en el mes de enero de 1844. Tienen, por lo tanto, que hacer el viaje en trineo. La frontera entre Rusia y Prusia dista unas cincuenta leguas de Vilna; pero, al no tener pasaporte, se ven obligadas a dar muchos rodeos para evitar el paso por ciudades importantes. Al cabo de quince d\u00edas, llegan a una aldea que queda s\u00f3lo a dos leguas de la frontera. Su conductora las deja en casa de personas de confianza para ir, ella, a preparar el paso de la frontera. Durante dos d\u00edas se disponen por medio de la oraci\u00f3n a dar tan arriesgado paso. Saben, en efecto, que los centinelas est\u00e1n autorizados a disparar sobre los que intentan huir, adem\u00e1s de que en los puestos de vigilancia hay el doble de efectivos, dado el creciente n\u00famero de tr\u00e1nsfugas. En este lugar, se ven reconocidas por unos Padres Bernardinos, que hab\u00edan residido a\u00f1os antes en la ciudad de Vilna; pero no cometen ninguna indiscreci\u00f3n, antes bien, las encomiendan en sus oraciones.<\/p>\n<p>Al tercer d\u00eda, a \u00faltima hora de la tarde, su protectora regresa con un trineo peque\u00f1o y acompa\u00f1ada por dos hombres: su hermano y un gu\u00eda. Hacia la media noche, se encuentran en casa de la madre de su protectora. All\u00ed permanecen un breve espacio de tiempo: el necesario para calentarse un poco. Hace mucho fr\u00edo y una capa de nieve de metro y medio de espesor cubre el suelo. Marchan en seguida a pie con el gu\u00eda. Despu\u00e9s de sortear varias dificultades debidas principalmente al clima y a la oscuridad de la noche, pasan, al fin, la frontera. Pero en ese lugar hay un foso profundo, disimulado entonces por la cantidad de nieve que lo llena. Sor Luisa pisa all\u00ed y se hunde. El paquete que lleva cargado a la espalda, se desliza, abri\u00e9ndose y dejando caer su contenido. Cuantos m\u00e1s esfuerzos hace por levantarse, m\u00e1s se va hundiendo en la nieve. A su compa\u00f1era le faltan fuerzas para tirar de ella. Grande es su temor de que las vean los guardias, porque luce una clara luna. Se deciden, pues, a avisar al gu\u00eda, quien, viendo que no les persigue nadie, se aproxima arrastr\u00e1ndose por el suelo y logra sacar a Sor Luisa del foso. Recogen, entonces, los objetos dispersos por la nieve y rehacen el paquete. Luego, prosiguen su marcha, errando m\u00e1s o menos al azar, porque no se distinguen ni caminos ni senderos, perdidas m\u00e1s o menos en aquel oc\u00e9ano de nieve. Pronto, a Sor Te\u00f3fila se le acaban las fuerzas y cae desvanecida. El gu\u00eda, suponiendo por su cuenta que se halla en estado de embriaguez, se detiene y la deja descansar. Tendida sobre la nieve, no tarda en volver en s\u00ed y todos reanudan la marcha.<\/p>\n<p>Hasta las 5 de la ma\u00f1ana no llegan al primer pueblo situado en territorio prusiano. Los habitantes son todos protestantes, y al saber que aquellas dos mujeres son cat\u00f3licas, les dispensan la acogida m\u00e1s inhumana: nadie quiere recibirlas en su casa y hasta se les niega agua caliente para calentarse. Ante tal recibimiento, deciden permanecer all\u00ed el menor tiempo posible, por lo que alquilan un trineo para dirigirse a Memel. Pero el conductor no puede salir hasta la tarde de aquel d\u00eda 26 de enero. Se las deja entre tanto en una granja abierta a todos los vientos, y sus ropas impregnadas de nieve est\u00e1n tan heladas que se quiebran como si fueran de cristal. Finalmente, pueden marchar.<\/p>\n<p>La carretera para llegar a Memel sigue la orilla del mar, sacudido en ese momento por un viento impetuoso. El trineo se detiene en pleno mercado, y all\u00ed no comprenden palabra de lo que se dice, porque todo el mundo habla en alem\u00e1n.<\/p>\n<p>Por fin surge un hombre que habla lituano y que les indica el domicilio de un sacerdote llegado hace poco para el servicio a los inmigrados. Este sacerdote las recibe con gran frialdad, pues teme ser v\u00edctima de una trampa. Ellas le muestran el libro de las Reglas, la firma de la Visitadora y sus h\u00e1bitos de Hijas de la Caridad guardados en sus paquetes. Seguro ya de la verdad, aquel hombre se muestra como un verdadero padre. S\u00f3lo all\u00ed, donde permanecieron tres d\u00edas, pudieron descansar de verdad, si bien brevemente. Pasado ese tiempo, las recomend\u00f3 a los empleados de las diligencias para que las condujeran gratuitamente hasta Posen.<\/p>\n<p>All\u00ed llegaron a media noche. Como no conoc\u00edan la ciudad, al bajarse de la diligencia, no sab\u00edan a d\u00f3nde dirigirse. Estando en esa perplejidad vieron c\u00f3mo se les acercaba un hombre cubierto de pieles, quien, muy cort\u00e9smente les ofreci\u00f3 sus servicios. Las llev\u00f3 al hotel y cuando, a la ma\u00f1ana siguiente, se dispon\u00edan a pagar la cuenta de su hospedaje de la noche, la camarera les dijo que todo hab\u00eda sido abonado y que el se\u00f1or que las hab\u00eda acompa\u00f1ado la v\u00edspera estaba all\u00ed y quer\u00eda verlas. Era un sacerdote que dijo considerarse feliz por haber podido prestarles aquel servicio, a lo que a\u00f1adi\u00f3: \u00abBien veo que no son ustedes personas del mundo y que son extranjeras. D\u00edganme con claridad lo que puedo hacer por ustedes\u00bb. Las Hermanas le contestaron: \u00ab\u00bfPodr\u00eda usted proporcionarnos alojamiento en alg\u00fan convento hasta que se nos presente la oportunidad de pasar a Francia?\u00bb. \u2014\u00bb\u00bfVienen ustedes de Lituania y son religiosas expulsadas por la persecuci\u00f3n&#8230;?\u00bb. \u2014 \u00abSomos Hijas de la Caridad\u00bb. Al o\u00edr esto, lleno de alegr\u00eda les dice que all\u00ed, en Posen, hay una casa de Hijas de la Caridad, cosa que ellas ignoraban. Busc\u00f3 un gu\u00eda, pues sus asuntos no le permit\u00edan demorarse m\u00e1s, y \u00e9ste las condujo a la casa de las Hermanas. Iban todav\u00eda vestidas de seglar.<\/p>\n<p>Fue Sor Felipa quien las recibi\u00f3, ya que reemplazaba a la Superiora, entonces enferma. Y como no acababa de creer el relato que le hac\u00edan, las acompa\u00f1\u00f3 a ver al P. Grzedzienski, su confesor, present\u00e1ndolas despu\u00e9s a las dem\u00e1s Hermanas. Una vez que hubieron mostrado las pruebas de que dec\u00edan la verdad, se las recibi\u00f3 en la casa.<\/p>\n<p>All\u00ed permanecieron durante unos meses, con la esperanza de ver llegar a otras Hermanas salidas de su pa\u00eds. Efectivamente, en mayo llegaron Sor Izabella Dombrowska y Sor Tekla Maskkierwiez. Semanas despu\u00e9s supieron que, enterado de su evasi\u00f3n, el gobierno ruso hab\u00eda tornado tan severa la vigilancia a las Hermanas, que en adelante les ser\u00eda imposible evadirse. Sin embargo, una quinta Hermana lo logr\u00f3 tambi\u00e9n al cabo de dieciocho meses.<\/p>\n<p>El gobierno prusiano, por temor al de Rusia, les hizo saber que ten\u00edan que dejar cuanto antes aquel territorio. As\u00ed pues, el 30 de julio tomaban el tren para Berl\u00edn. En la estaci\u00f3n de esta ciudad, los viajeros, que no hab\u00edan visto nunca el h\u00e1bito de las Hijas de la Caridad, las tomaron por actrices de teatro. El obispo de Posen las hab\u00eda recomendado a un sacerdote para que las dirigiera hacia el tren de Hamburgo; pero tuvieron que cambiar de tren a la segunda estaci\u00f3n. \u00a1Nuevo conflicto! Felizmente, encuentran a una persona que habla franc\u00e9s, y este se\u00f1or les indica el tren correspondiente, buscando por los compartimentos si hab\u00eda alguien a quien poder encomendarlas. Encontr\u00f3 por fin a un franc\u00e9s que regresaba a Par\u00eds y que dijo se sent\u00eda encantado de poder servir de gu\u00eda a las Hermanas. Era funcionario en la corte de Prusia y se llamaba Jean Esquertier.<\/p>\n<p>Llegadas a Par\u00eds, la Madre Carr\u00e9re las recibi\u00f3 con los brazos abiertos. Debido a estar ausente, el Padre General lo hizo unos d\u00edas despu\u00e9s con la mayor bondad. La quinta Hermana evadida pudo incorporarse al grupo ya en Par\u00eds, poco tiempo despu\u00e9s. Tres de estas Hermanas marcharon a Constantinopla para atender a los emigrantes polacos y, algunos a\u00f1os despu\u00e9s, lo hicieron tambi\u00e9n con los heridos de la guerra de Crimea. Las otras dos quedaron destinadas en Par\u00eds, en la Casa de San Casimiro, en la calle Chevaleret.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cualquiera que sea el pa\u00eds en que se hallen ustedes, sin duda a lo largo de este a\u00f1o 1991, han o\u00eddo hablar de Lituania. 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