{"id":58983,"date":"2015-04-02T04:00:58","date_gmt":"2015-04-02T02:00:58","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=58983"},"modified":"2015-04-02T04:00:58","modified_gmt":"2015-04-02T02:00:58","slug":"algunas-mujeres-misioneras","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/algunas-mujeres-misioneras\/","title":{"rendered":"&#8230;Algunas mujeres misioneras"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/hijas_caridad_con_nino.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-58774\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/hijas_caridad_con_nino-217x300.jpg?resize=217%2C300\" alt=\"hijas_caridad_con_nino\" width=\"217\" height=\"300\" \/><\/a>En 1617 y a trav\u00e9s de dos acontecimientos insignificantes en apariencia&#8230; Folleville &#8211; Ch\u00e1tillon&#8230;, el \u00abSe\u00f1or Vicente\u00bb ha encontrado su camino: ha tomado el partido de los d\u00e9biles. En adelante, nada podr\u00e1 desviarle de esta misi\u00f3n&#8230; Se ha encendido un fuego en su coraz\u00f3n, el fuego del amor a Jesucristo y a los pobres, un fuego a cuya luz habr\u00e1 de interpretar todos los acontecimientos, un fuego, cuyas llamas van a comunicarse de uno a otro entre los que se relacionan con \u00e9l.<\/p>\n<p>Los que se relacionan con el Sr. Vicente son \u00a1muchos! Puede uno hacerse una idea de ello recorriendo la lista alfab\u00e9tica de sus corresponsales. Han llegado a nuestro poder 3.000 cartas suyas \u2014de unas 30.000, que, seg\u00fan los especialistas, debi\u00f3 de escribir\u2014: con ello queda dicha la extensi\u00f3n de sus conocidos&#8230; y de sus preocupaciones.<\/p>\n<p>Entre esos conocidos, hay mujeres que desempe\u00f1an una misi\u00f3n importante: Vicente las estimula y, por su parte, aprende de ellas c\u00f3mo servir. Extraordinaria reciprocidad. Vamos a detenernos en tres de esas mujeres: Luisa de MariIlac, Margarita Naseau y la Se\u00f1ora Goussault. Al mismo tiempo veremos cu\u00e1l fue su acci\u00f3n en relaci\u00f3n con las \u00abCaridades\u00bb.<\/p>\n<h2>I &#8211; Luisa de Marillac<\/h2>\n<h3>1. Un camino de sufrimiento<\/h3>\n<p>Procedente de una de las familias m\u00e1s importantes de Francia, en el siglo XVII \u2014su t\u00edo Miguel fue ministro de Justicia; su t\u00edo Luis, mariscal de Francia\u2014 Luisa estaba ya profundamente marcada por el sufrimiento cuando conoci\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal. Se hab\u00eda visto privada del calor de un hogar, contrariada en su elecci\u00f3n de estado \u2014hubiera deseado ser Capuchina\u2014, quedado viuda a los 34 a\u00f1os&#8230; Era por entonces una mujer llena de ansiedad, desconcertada.<\/p>\n<p>El d\u00eda de Pentecost\u00e9s de 1623, mientras se hallaba en una dolorosa noche oscura de fe, Dios le dio a comprender que llegar\u00eda el d\u00eda en que podr\u00eda consagrarse a El sirvi\u00e9ndole en el pr\u00f3jimo, en una comunidad en la que habr\u00eda \u00abidas y venidas\u00bb&#8230; \u00bfC\u00f3mo?<\/p>\n<p>No le hizo falta mucho tiempo a Vicente de Pa\u00fal para descubrir la rica personalidad de Luisa y la solidez de su fe. En realidad, lo \u00fanico que busca es cumplir la voluntad de Dios. Por eso, deliberadamente, Vicente orienta la inteligencia y el coraz\u00f3n de Luisa hacia los pobres: empieza por confeccionar para ellos prendas de vestir que env\u00eda \u2014seg\u00fan lo va indicando su director\u2014 a las diferentes cofrad\u00edas; adem\u00e1s, visita a los enfermos en sus casas.<\/p>\n<p>A medida que va conociendo y apreciando mejor su disponibilidad, su juicio recto, su sentido de la organizaci\u00f3n, su intuici\u00f3n femenina, Vicente acaba por hacer de ella su principal colaboradora en la animaci\u00f3n de las Cofrad\u00edas de la Caridad.<\/p>\n<p>Efectivamente, esas Cofrad\u00edas se han multiplicado desde 1617 al ritmo de las Misiones predicadas por Vicente y sus primeros compa\u00f1eros, sobre todo en las tierras de los Gondi.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del entusiasmo de los comienzos, llega el peligro del cansancio que puede apoderarse de aquellas mujeres que se hab\u00edan reunido para servir a los pobres. Por otra parte, hay que saber distinguir a los que lo son verdaderamente, los que no tienen nada, los que se han visto obligados a vender sus bienes, o tienen sus modestas propiedades cargadas de hipotecas. Hay que encontrar fondos: donativos, colectas, compra de alguna parcela de terreno o de unas cuantas ovejas; hay que llevar minuciosamente las cuentas&#8230; Hace falta organizarse para visitar con regularidad a los enfermos, hay que dar catequesis a las ni\u00f1as que no saben leer. Es necesario buscar los momentos para ser fieles a los rezos previstos por el reglamento y vivir en buena armon\u00eda como \u00abhermanas\u00bb (as\u00ed es como Vicente llama a los miembros de las Cofrad\u00edas).<\/p>\n<p>Para lograr esto y dar permanencia a la fundaci\u00f3n, es necesario que alguien se encargue de seguir el crecimiento de la misma y establezca una coordinaci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 ese &#8216;alguien&#8217; no ser\u00eda una mujer?<\/p>\n<h3>2. Misionera de las Caridades<\/h3>\n<p>Sin escatimar esfuerzo alguno, Luisa se entrega a este ministerio caritativo. Unas veces enviada por su Director, otras llamada por el p\u00e1rroco, por una se\u00f1ora, por una situaci\u00f3n especial que se ha presentado&#8230; Luisa recorre las calzadas y caminos de la regi\u00f3n de Isla de Francia y m\u00e1s all\u00e1 de la misma: ora lo hace a pie, ora en diligencia o a caballo&#8230; como verdadera misionera de las Caridades.<\/p>\n<p>La carta que le dirige Vicente el 6 de mayo de 1629, constituye como su primer env\u00edo a misi\u00f3n. Es un texto importante que sit\u00faa en la fe el paso que va a dar aquella mujer de d\u00e9bil salud:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;Vaya, pues, Se\u00f1orita, en nombre de Nuestro Se\u00f1or&#8230; que su divina bondad la acompa\u00f1e&#8230; que sea ella su fuerza en su trabajo&#8230; Comulgar\u00e1 el d\u00eda de la partida para honrar la caridad de Nuestro Se\u00f1or y los viajes que El hizo con este mismo fin y la misma caridad, as\u00ed como las penas, contradicciones, cansancios y trabajos que sufri\u00f3, a fin de que El quiera bendecir su viaje, darle su esp\u00edritu y la gracia de obrar con ese mismo esp\u00edritu y de soportar las penas de la forma con que El soport\u00f3 las suyas&#8230; (Coste, 73; S\u00edg. I, 135-36).<\/p>\n<p>Luisa recibe de su director la invitaci\u00f3n a comulgar o unirse plena y totalmente a Jesucristo, manantial y modelo de toda caridad: si emprende el camino, es con El y para El; a El es a quien va a encontrar en cada uno de los miembros de las Cofrad\u00edas. A El es a quien debe reconocer en los pobres.<\/p>\n<p>En mayo de 1629, se dirige a Montmirail, a unos 100 kms. de Par\u00eds. Por la correspondencia que poseemos sabemos de unas treinta localidades visitadas en cuatro a\u00f1os, en las cercan\u00edas de Par\u00eds, y los departamentos de Yvelines, Essone, Marne, Aisne, Oise&#8230; A ellos habr\u00eda que a\u00f1adir, sin tardar, las parroquias de la capital.<\/p>\n<p>La primera Caridad parisiense se estableci\u00f3 en la parroquia de San Salvador en 1629; la segunda, en 1630, en San Nicol\u00e1s de \u00abChardonnet\u00bb, que era la parroquia de Luisa de Marillac: ella fue la fundadora de dicha Caridad y su primera presidenta. Muy pronto entraron en el movimiento San Eustaquio, San Benito, San Sulpicio, San Med\u00e9rico, San Pablo, San Germ\u00e1n de Auxerre&#8230; y depu\u00e9s, las dem\u00e1s parroquias de la ciudad y extrarradio.<\/p>\n<p>En todas partes, Luisa reun\u00eda a los miembros de la Cofrad\u00eda, escuchaba&#8230; observaba, alentaba, rectificaba, comprobaba&#8230; Adem\u00e1s, ense\u00f1aba a cuidar a los enfermos, a hacer la catequesis, a poner en pr\u00e1ctica el reglamento, despu\u00e9s de adaptarlo, si era preciso, a las necesidades concretas de los pobres.<\/p>\n<p>En Franconville, existe un conflicto entre las se\u00f1oras de la Cofrad\u00eda y el Procurador; en Herblay, todo marcha bien. En San Benito (Par\u00eds), la presidenta es demasiado \u00abagitada\u00bb; en San Sulpicio (Par\u00eds), le cuesta trabajo a la Cofrad\u00eda ponerse en marcha: en Villepreux, en Mesnil, los p\u00e1rrocos le niegan a Luisa la autorizaci\u00f3n de hablar en p\u00fablico: en Sannois, se ha enfriado el fervor de los comienzos; en Beauvais, han iniciado su actividad varios equipos al mismo tiempo: hay que seguirlos.<\/p>\n<p>Por todas partes, la competencia de Luisa, su cordialidad, su paciencia, su fe, dan excelentes resultados y le permiten sacar a flote situaciones dif\u00edciles. Complet\u00e1ndose perfectamente con Vicente, a quien da cuenta exacta de sus \u00abcampa\u00f1as misioneras\u00bb, Luisa no tiene m\u00e1s que un objetivo: el servicio a los pobres, desempe\u00f1ado por unas mujeres a las que ha congregado y pone en movimiento el amor de Cristo.<\/p>\n<p>No obstante, en aquel tiempo de gran miseria no cesan de aumentar las desgracias y de hacerse m\u00e1s apremiantes, por lo tanto, las llamadas que se reciben: guerra, hambre, epidemias, mendicidad. Los miembros de las Cofrad\u00edas \u2014sobre todo los de las cofrad\u00edas de las parroquias de Par\u00eds\u2014 no pueden dedicar todo su tiempo a los pobres, a causa de sus obligaciones familiares y sociales; no est\u00e1n acostumbradas, estas se\u00f1oras, a cierta clase de trabajos duros, costosos, y ocurre que env\u00edan, en vez de hacerlo personalmente, a sus criados a llevar la comida o los remedios a los enfermos. Esto no responde ni al esp\u00edritu ni al reglamento de la Caridad, que dice entre otras cosas:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;dar\u00e1 de comer al enfermo con amor, como si se tratara de su hijo, o mejor dicho de Dios&#8230; acord\u00e1ndose de terminar por aquellos que est\u00e1n solos para poder quedarse con ellos m\u00e1s tiempo&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente y Luisa se inquietan: \u00bfEn qu\u00e9 van a parar las Caridades? \u00bfNo ser\u00eda necesario, para servir a los pobres, que, juntamente con las se\u00f1oras, hubiera j\u00f3venes de clase humilde que se entregaran totalmente a Dios para ello?<\/p>\n<h2>II &#8211; Margarita Naseau<\/h2>\n<p>Natural de Suresnes, aldea al oeste de Par\u00eds, Margarita conoci\u00f3 al Sr. Vicente en 1630, en una Misi\u00f3n que \u00e9ste predic\u00f3 en Villepreux. Ten\u00eda entonces Margarita 36 a\u00f1os y una gran personalidad. En una \u00e9poca en la que todas las aldeanas eran analfabetas, ella aprendi\u00f3 a leer sola, mientras guardaba las vacas, preguntando las letras a los que pasaban por el lugar. Despu\u00e9s se puso a ense\u00f1ar a otros, lo que le vali\u00f3 incomprensiones y burlas.<\/p>\n<h3>1. La que mostr\u00f3 el camino a las dem\u00e1s<\/h3>\n<p>Al o\u00edr al Sr. Vicente hablar de las Cofrad\u00edas de la Caridad y del sufrimiento de los pobres enfermos, manifest\u00f3 el deseo de que se la enviara junto a ellos.<\/p>\n<p>S\u00ed, hija m\u00eda, respondi\u00f3 Vicente, maravillado a la vez por la respuesta que la Providencia daba a su preocupaci\u00f3n por las Caridades y por la gozosa disponibilidad de aquella campesina, a la que \u00e9l calific\u00f3 de \u00abla primera\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abMargarita Naseau, de Suresnes, es la primera Hermana a quien cupo la dicha de mostrar el camino a las dem\u00e1s, tanto para ense\u00f1ar a las ni\u00f1as como para asistir a los pobres enfermos, aunque no tuvo casi otro maestro o maestra que a Dios\u00bb (Coste, IX, 77, Conf. esp. n.\u00b0 135).<\/p>\n<p>Margarita empieza su servicio en Par\u00eds con la cofrad\u00eda de San Salvador y despu\u00e9s con la de San Nicol\u00e1s de \u00abChardonnet\u00bb. Ve con frecuencia a Luisa de Marillac, que la inicia en el cuidado de los enfermos y va descubriendo d\u00eda tras d\u00eda su fe profunda y su sencillez. Pero en febrero de 1633, Margarita muere v\u00edctima de la peste, en el Hospital San Luis; hab\u00eda recibido en su misma habitaci\u00f3n a una pobre mujer enferma de este mal.<\/p>\n<p>Su ejemplo fue comunicativo: otras muchachas campesinas fueron present\u00e1ndose para ayudar en las Cofrad\u00edas: Germana, Juana, Jacoba, Micaela, Mar\u00eda&#8230; Vicente las recibe y se las env\u00eda a Luisa de Marillac que las instruye, les ense\u00f1a los rudimentos de los cuidados, les explica c\u00f3mo funciona una Cofrad\u00eda de la Caridad, les dirige un breve retiro, teniendo en cuenta la evoluci\u00f3n espiritual de cada una y las distribuye, seg\u00fan las necesidades, por las diversas cofrad\u00edas de las parroquias de Par\u00eds y los alrededores.<\/p>\n<p>Puede decirse que la llegada de aquellas campesinas salv\u00f3 las caridades de la ciudad, que no daban abasto a todo el quehacer. Con su juicio pr\u00e1ctico, su \u00e1nimo decidido, con un amor humilde de verdaderas siervas, les infundieron una \u00absangre nueva\u00bb que les devolvi\u00f3 la vida.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac, que tiene un contacto diario con estas muchachas aldeanas, deseosas de servir a los pobres y de vivir plenamente su vida cristiana, piensa que hay que hacer algo m\u00e1s. \u00bfNo estar\u00eda ah\u00ed perfil\u00e1ndose la intuici\u00f3n de Pentecost\u00e9s de 1623?: servir al pr\u00f3jimo en una comunidad en la que habr\u00eda \u00abidas y venidas\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente se muestra vacilante. En el siglo XVII, las mujeres consagradas viven todas en clausura; la vida religiosa parece reservada a j\u00f3venes procedentes de familias de buena posici\u00f3n. En esas condiciones, formar una comunidad era suprimir el servicio a los pobres a domicilio. Por otra parte, las j\u00f3venes que Luisa de Marillac quiere reunir son unas sencillas aldeanas sin dote ni cultura.<\/p>\n<p>Luisa ora&#8230; Vicente reflexiona. Busca la voluntad de Dios. En agosto de 1633, al terminar sus Ejercicios Espirituales anuales, escribe a Luisa:<\/p>\n<p>\u00abSu Angel de la Guarda se ha puesto en comunicaci\u00f3n con el m\u00edo con relaci\u00f3n a la Caridad de sus hijas. Lo cierto es que me ha sugerido varias veces acordarme de ellas y que he pensado seriamente en esa buena obra. Hablaremos de ello, Dios mediante, el viernes o el s\u00e1bado\u00bb (Coste, I, 218; S\u00edg. I, 266).<\/p>\n<p>Algunas semanas m\u00e1s tarde se llevaba a cabo el proyecto.<\/p>\n<h3>2. Una cofrad\u00eda de nuevo estilo<\/h3>\n<p>En noviembre de 1633, Luisa de Marillac, segura de la voluntad de Dios, recibe en su casa, en la feligres\u00eda de San Nicol\u00e1s de \u00abChardonnet\u00bb a cinco o seis j\u00f3venes que quieren entregarse a Dios para servir a los pobres: vida consagrada en medio del mundo. As\u00ed es como nace la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad: min\u00fascula semilla que germinar\u00e1 y crecer\u00e1 con rapidez.<\/p>\n<p>\u00bfUna Cofrad\u00eda? S\u00ed, as\u00ed es como los documentos oficiales designan a la nueva Instituci\u00f3n: \u00abCofrad\u00eda de las Siervas de los Pobres de la Caridad\u00bb&#8230; Pero Cofrad\u00eda de un nuevo estilo, porque estas j\u00f3venes que la forman se han entregado totalmente a Dios, sirven a los pobres con plena dedicaci\u00f3n y viven en peque\u00f1as comunidades. Muy unidas a las Cofrad\u00edas de la Caridad por lo que se refiere al servicio, forman sin embargo un cuerpo distinto, bajo la direcci\u00f3n de Luisa de Marillac, su superiora y formadora.<\/p>\n<p>\u00bfMonasterio?, \u00a1ninguno! Tienen por claustro las calles de la ciudad, las salas de los hospitales o las casas de los enfermos&#8230; Es necesario que puedan ir por todas partes a buscar a los pobres donde se encuentren: a los enfermos, a los ni\u00f1os abandonados, a los soldados heridos, a los encarcelados&#8230; a todos aquellos a los que la sociedad excluye o encierra.<\/p>\n<p>En todos los lugares en que la caridad tiene su puesto, \u00abSe\u00f1oras\u00bb y \u00abj\u00f3venes\u00bb (pronto, \u00abHermanas\u00bb) act\u00faan juntas, de manera complementaria, para socorrer a los que sufren y revelarles que Dios los ama.<\/p>\n<h2>III &#8211; La se\u00f1ora Coussault<\/h2>\n<p>En el primer tomo de la correspondencia de San Vicente, encontramos con frecuencia su nombre. Quedan algunas cartas dirigidas a ella por San Vicente, y un relato hecho por ella misma y dirigido a San Vicente, de un viaje a Angers \u2014tierra de la que es originaria su familia\u2014. Dicho relato revela a la vez su distinci\u00f3n, su rango elevado, su piedad y su gran caridad.<\/p>\n<p>Su padre, Nicol\u00e1s Fayet, y su marido, Antonio Goussault, hab\u00edan sido ambos Presidentes del Tribunal de Cuentas. Madre de cinco hijos, viuda en 1631, conoce al Sr. Vicente en 1632 y se compromete a fondo en las acciones que \u00e9l emprende en favor de los pobres.<\/p>\n<p>Al igual que Luisa de Marillac y que la Se\u00f1orita Pollalion y a veces en uni\u00f3n de la una o la otra, la Sra. Goussault visita las Caridades, se preocupa de buscar j\u00f3venes y de mandarlas a las mismas, propone fundaciones, presta su apoyo a la Compa\u00f1\u00eda naciente. El Sr. Vicente tiene por ella una profunda estima, le pide consejo y hablando de ella despu\u00e9s de su muerte, dice: \u00abHermanas m\u00edas, tenedle una gran devoci\u00f3n porque tengo para m\u00ed que es una gran santa\u00bb (Coste, X, 115; conf. esp. n.\u00b0 1378).<\/p>\n<h2>1. La cofrad\u00eda del Hospital General (Hotel -Dieu) de Par\u00eds<\/h2>\n<p>La situaci\u00f3n del Hospital General no era brillante en aquellos comienzos del siglo XVII. Los enfermos, muy numerosos, ocupaban varios la misma cama. Las religiosas Agustinas estaban desbordadas de trabajo, y la Sra. Goussault, en sus frecuentes visitas al Hospital, se da cuenta de que se descuida el seguimiento religioso de los enfermos, por falta de sacerdotes preparados para tal servicio y en n\u00famero suficiente. Le parece que si se creara una Caridad para el Centro, tal vez ser\u00eda el mejor remedio. El Se\u00f1or Vicente no se decide porque proyectos an\u00e1logos, intentados por otras personas, han fracasado. La empresa le parece delicada: la administraci\u00f3n del Hospital General depende del cabildo de la catedral \u00abNotre Dame\u00bb&#8230; \u00a1No importa! Que por ello no quede; la Sra. Goussault expone el asunto a Juan Francisco de Gondi, Arzobispo de Par\u00eds, y \u00e9ste da su aprobaci\u00f3n. Entonces, la prudencia de Vicente cede el paso a su esp\u00edritu de iniciativa. En una carta a Luisa de Marillac, de comienzos del a\u00f1o 1634, escribe:<\/p>\n<p>\u00abLa reuni\u00f3n se celebr\u00f3 ayer en casa de la Se\u00f1ora Goussault&#8230; Se acept\u00f3 la proposici\u00f3n y se resolvi\u00f3 celebrar otra reuni\u00f3n el lunes pr\u00f3ximo. Entre tanto, se encomendar\u00e1 el asunto a Dios, se comulgar\u00e1 con esta intenci\u00f3n y cada una propondr\u00e1 la cosa a las se\u00f1oras y se\u00f1oritas conocidas suyas&#8230; La necesitaremos a usted y a sus hijas. Se cree que har\u00e1n falta cuatro. Por eso habr\u00e1 que pensar en el medio de escogerlas buenas&#8230;\u00bb (Coste, I, p. 230; S\u00edg. I, p. 276).<\/p>\n<p>En la reuni\u00f3n del lunes siguiente, las participantes, que eran diez, escogieron a la Sra. Goussault como presidenta, funci\u00f3n que desempe\u00f1\u00f3 hasta su muerte, acaecida en 1639.<\/p>\n<p>Esta nueva cofrad\u00eda tiene, pues, como campo de acci\u00f3n no ya una parroquia, sino un gran hospital de Par\u00eds.<\/p>\n<p>Su finalidad es servir espiritual y corporalmente a los enfermos. Ello requiere visitarlos con regularidad, escucharlos, instruirlos, prepararlos a la confesi\u00f3n, servirles una \u00abcolaci\u00f3n\u00bb (especie de merienda) diaria&#8230; tales son los medios que permitir\u00e1n a las se\u00f1oras ayudar a los enfermos a sobrellevar su enfermedad, a vivir cristianamente, si sanan, o a tener una buena muerte.<\/p>\n<p>En marzo de 1634, la Cofrad\u00eda constaba de diez miembros; pero en julio del mismo a\u00f1o eran cien; las se\u00f1oras del gran mundo, de la m\u00e1s alta clase social, desean formar parte de la misma. Es como una moda. Una vez pasado el primer fervor, el peso de las obligaciones se deja sentir y el n\u00famero de \u00abfieles\u00bb queda reducido a la mitad. De todas formas, son como un \u00abbatall\u00f3n de choque\u00bb al que el Sr. Vicente, que siempre est\u00e1 pendiente de los acontecimientos, dirige las llamadas urgentes que \u00e9l mismo ha escuchado de los pobres.<\/p>\n<h3>2. El \u00absal\u00f3n\u00bb de la caridad<\/h3>\n<p>Al mismo tiempo que florecen y se multiplican los salones mundanos en los que la sociedad \u00abpreciosa\u00bb habla de poes\u00eda, de amor, de ciencias o de astronom\u00eda&#8230; mientras en los palacios aristocr\u00e1ticos los grandes se divierten en fiestas y bailes de disfraces&#8230; el Sr. Vicente, el humilde sacerdote de las Landas, re\u00fane todas las semanas a las Se\u00f1oras del Hospital General, verdadero \u00abSal\u00f3n de la Caridad\u00bb en el que se habla y discute de las desgracias de la \u00e9poca y de las soluciones que pueden aportarse.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s pobre, m\u00e1s indefenso que un ni\u00f1o abandonado en el p\u00f3rtico de una iglesia? Pues son 400 los que se recogen todos los a\u00f1os en Par\u00eds y se llevan a la \u00abCasa de la Cuna\u00bb: all\u00ed permanecen mal alimentados, si es que no se los vende o deforma&#8230; y la mayor\u00eda mueren.<\/p>\n<p>El cabildo de \u00abNuestra Se\u00f1ora\u00bb, dirigente de la obra, solicita de la Cofrad\u00eda de la Caridad del Hospital General que se haga cargo de la misma. En 1638, despu\u00e9s de un modesto ensayo, se toma la decisi\u00f3n: Se\u00f1oras e Hijas de la Caridad aunar\u00e1n sus esfuerzos para dar respuesta a esta urgencia. Algunas cartas de Luisa de Marillac son verdaderos gritos de angustia ante las dificultades tan grandes que se presentan. Vicente no deja de estimular la generosidad de las Se\u00f1oras:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;la Providencia les ha hecho a ustedes madres adoptivas de esos ni\u00f1os&#8230; Se trata de un v\u00ednculo que han contra\u00eddo ustedes con ellos, de forma que si abandonasen a esos pobres ni\u00f1os, no tendr\u00edan m\u00e1s remedio que morir&#8230; \u00bfY qu\u00e9 dir\u00e1n ustedes a la hora de la muerte, cuando Dios les pregunte y les pida cuenta de esas criaturitas?&#8230; (Coste, XIII, 799; S\u00edg. X, 941-42).<\/p>\n<p>La guerra de los Treinta A\u00f1os y \u2014de 1648 a 1652\u2014 la \u00abFronda\u00bb, violenta guerra civil, causan estragos en el pa\u00eds. Sucesivamente, las regiones del Este, del Norte y la regi\u00f3n cercana a Par\u00eds se ven transformadas en campos de batalla: las tierras arruinadas, las granjas incendiadas, el hambre, las epidemias, los soldados heridos, la avalancha de la poblaci\u00f3n rural hacia la capital&#8230; Al mismo tiempo que se compromete personalmente haciendo gestiones e intentos para conseguir soluci\u00f3n ante la Reina, Mazarino, el Papa&#8230;, Vicente se lanza, en colaboraci\u00f3n con otras personas, especialmente con las instituciones fundadas por \u00e9l, en socorro de las poblaciones angustiadas. La Casa Madre de San L\u00e1zaro se convierte en cuartel general de la Caridad. Comunidades de Sacerdotes de la Misi\u00f3n y de Hijas de la Caridad, se trasladan a los lugares estrat\u00e9gicos; Hermanos coadjutores se encargan, con peligro de su vida, de transportar y distribuir las ayudas. Con frecuencia, las Caridades de las parroquias se ven en la imposibilidad de responder a tantas necesidades y, entonces, la Caridad del Hospital General, impulsada por Vicente, pasa a ser el \u00abapoyo log\u00edstico\u00bb de aquel amplio movimiento de solidaridad. Es necesario hacerse con dinero, ropas, v\u00edveres, herramientas y semillas. Vali\u00e9ndose de octavillas u otros prospectos redactados por los que est\u00e1n en vanguardia, las se\u00f1oras recurren a la generosidad de sus amistades y conocimientos, hacen colectas, organizan roperos y repartos de alimentos, ponen a contribuci\u00f3n sus personas y sus bienes.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Bendito sea Dios, se\u00f1oras, por haberles concedido la gracia de servir a Nuestro Se\u00f1or en sus pobres miembros, cuya mayor parte no llevaban m\u00e1s que andrajos&#8230; \u00a1Cu\u00e1ntas gracias tienen que dar a Dios, por haber recibido de El la inspiraci\u00f3n y los medios para atender a estas grandes necesidades!&#8230; (Coste, XIII, 802; S\u00edg. X, 949).<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 decir de los pobres condenados a galeras, que esperan encadenados en las c\u00e1rceles de Par\u00eds, Marsella, Burdeos&#8230; a verse amarrados al duro banco de la galera para hacer funcionar sus largos remos! Desde que fue nombrado capell\u00e1n general de las galeras, en 1619, Vicente ha podido ver de cerca su miseria f\u00edsica y moral; maltratados, con frecuencia condenados injustamente, viven en una tremenda promiscuidad, tragando su rebeld\u00eda. El servicio espiritual que ha de prestarse a los galeotes figura inscrito en el contrato de fundaci\u00f3n de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n. Tambi\u00e9n los asisten las Hijas de la Caridad. No es de extra\u00f1ar, pues, que la carga financiera de esta situaci\u00f3n dolorosa recaiga asimismo sobre la Cofrad\u00eda de la Caridad del Hospital General.<\/p>\n<h3>3. Con alegr\u00eda y ternura<\/h3>\n<p>As\u00ed, al paso de los a\u00f1os, el campo de acci\u00f3n de la Cofrad\u00eda se ha ido extendiendo a todas las pobrezas, por toda Francia y m\u00e1s all\u00e1 de sus fronteras, puesto que habr\u00edan de a\u00f1adirse las ayudas enviadas a Africa del Norte, a Polonia y a Madagascar; la respuesta que se da a una urgencia abre el coraz\u00f3n y lo predisponen a atender a una nueva llamada&#8230;<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo no evocar aqu\u00ed a algunas de aquellas mujeres de Fe, dispuestas a amar con alegr\u00eda y ternura? La Srta. POLLALION, viuda a los 20 a\u00f1os, primera tesorera de la Cofrad\u00eda, no se deja detener por ning\u00fan obst\u00e1culo cuando se trata de salvar a muchachas en peligro; en favor de ellas funda la Congregaci\u00f3n de la Providencia. La Srta. du FAY, amiga \u00edntima y prima de Luisa de Marillac, abre ampliamente sus manos y su coraz\u00f3n a toda miseria. La Sra. de MIRAMION, viuda a los 17 a\u00f1os, hace voto de castidad y se consagra a Dios y a los pobres, especialmente a los ni\u00f1os exp\u00f3sitos. La Sra. de VILLENEUVE, amiga de Juana de Chantal y de Francisco de Sales, funda las Hijas de la Cruz para dedicarse a la instrucci\u00f3n de las ni\u00f1as pobres. La Sra. de LAMOIGNON, esposa del c\u00e9lebre Presidente del Parlamento de Par\u00eds, fue la tercera Presidenta de la Cofrad\u00eda de la Caridad del Hospital General; serv\u00eda a los pobres con tal cari\u00f1o que se la llamaba \u00abMadre de los Pobres\u00bb. Su hija, Magdalena de LAMOIGNON transform\u00f3 su palacio en ropero para los indigentes y vendi\u00f3 en provecho de \u00e9stos sus m\u00e1s preciadas joyas. La Sra. FOUQUET, madre del superintentente de Hacienda, de dos obispos y de cinco religiosas de la Visitaci\u00f3n, mereci\u00f3 este elogio de parte de Vicente: \u00abSi, por desgracia, llegara a perderse el Evangelio, se encontrar\u00edan su esp\u00edritu y sus m\u00e1ximas en el coraz\u00f3n y la vida de la Sra. Fouquet\u00bb. La Sra. de HERSE, prima del Sr. Olier, amiga de la reina Ana de Austria, ayuda al sostenimiento de todas las obrsa de Vicente, especialmente la asistencia a las provincias devastadas. La Sra. Duquesa de AIGUILLON, sobrina preferida de Richelieu; casada a los 16 a\u00f1os, se queda viuda a los 18 y entra en el Carmelo, de cuyo noviciado la hace salir su t\u00edo, que quiere sea una de las damas de honor de la reina-madre, Mar\u00eda de M\u00e9dicis. Si es cierto que tiene una gran influencia en la corte, es todav\u00eda mayor la grandeza de que la reviste su caridad hacia todos los que sufren. Es la cuarta Presidenta de la Cofrad\u00eda del Hospital General y funda en Marsella un hospital para los condenados a galeras. A estas se\u00f1oras habr\u00eda que a\u00f1adir los nombres de: Sra. S\u00e9guier, Sra. de Brienne, Carlota de Montmorency, princesa de Cond\u00e9, Luisa Mar\u00eda de Gonzaga, futura reina de Polonia, Srta. Viole, tesorera de todas las obras de Caridad&#8230; Y no terminar\u00edamos.<\/p>\n<p>Admirado ante este laicado femenino, comprometido en el \u00abministerio de la Caridad\u00bb, Vicente le contagia su propio entusiasmo:<\/p>\n<p>\u00abLa Cofrad\u00eda de ustedes es obra de Dios&#8230; Es El&#8230; quien las ha llamado y las ha unido a todas&#8230; Es Dios quien les ha hecho el honor de llamarlas. Es menester escuchar su voz&#8230; para ir adonde El las llame&#8230; con alegr\u00eda y con ternura&#8230; Es amar a Dios como es debido, amar a los pobres&#8230;\u00bb (Conf. Coste, XIII, 809\/811: S\u00edg. X, 952\/955).<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">* * *<\/p>\n<p>Lo que sorprende, cuando se leen los hechos, es la multiplicaci\u00f3n en cadena de las personas que se comprometen y de las respuestas que se dan a las necesidades. El Sr. Vicente ve, escucha, organiza, pero \u00bfqu\u00e9 hubiera podido hacer \u00e9l solo sin esa amplia red de voluntarias? Mujeres casadas y solteras, ricas y pobres, en la ciudad y en el campo.. Una red se compone de mallas estrechamente unidas, y ya de por s\u00ed la palabra red evoca a la vez la eficacia y el apoyo mutuo. Adem\u00e1s, tanto las cartas como los documentos oficiales \u2014los reglamentos, por ejemplo\u2014 muestran la preocupaci\u00f3n de Vicente, ya desde 1617, por insertar las nuevas instituciones que funda en la pastoral parroquial y diocesana. El mismo no act\u00faa como \u00abcaballero andante\u00bb en solitario, sino vinculado, unido a otras personas o instituciones \u2014incluso, si es preciso, en dependencia de ellas\u2014.<\/p>\n<p>En segundo lugar, impresiona la flexibilidad de la instituci\u00f3n; si las llamadas son diversas, variadas ser\u00e1n las respuestas que se les den. Vicente se muestra extraordinariamente atento al acontecimiento. Lo primero es mirar, escuchar&#8230; porque es a trav\u00e9s de la vida diaria como nos habla Dios. Hay que tener en cuenta a las personas, tanto a las que lanzan sus llamadas como a las que se presentan ofreci\u00e9ndose a responder, porque todas ellas \u2014ya sean sencillas mujeres de aldea, ya se\u00f1oras de la alta nobleza\u2014 han sido escogidas por Dios para la Misi\u00f3n. Los reglamentos se adaptan a las situaciones y a los lugares, porque lo esencial es la Misi\u00f3n: servir corporal y espiritualmente a los pobres.<\/p>\n<p>Se lee en los reglamentos:<\/p>\n<p>\u00abLa Cofrad\u00eda de la Caridad se establece para honrar a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, su patrono, y a su Sant\u00edsima Madre y para asistir a los pobres de la parroquia&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>y m\u00e1s adelante:<\/p>\n<p>\u00abLas se\u00f1oras de la Caridad se considerar\u00e1n muy dichosas por haber sido escogidas por Dios como Siervas de los Pobres&#8230; y para hacerse capaces de servirles dignamente&#8230; comulgar\u00e1n por lo menos una vez al mes&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>De modo que la extraordinaria vitalidad de los or\u00edgenes tiene su fuente en la fe. Es el mismo Jesucristo a quien se toma como motivo, objeto y fin de la Caridad. Jesucristo doliente, a quien se reconoce en el hermano que sufre: \u00abTuve hambre y me d\u00edsteis de comer&#8230; estaba enfermo y me visit\u00e1steis&#8230;\u00bb. Jesucristo, Servidor, \u00abenviado para llevar la Buena Noticia a los pobres\u00bb, cuya misi\u00f3n contin\u00faan los bautizados mediante su compromiso.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Vicente de Pa\u00fal, \u00abEvangelizar es hacer efectivo el Evangelio\u00bb, es decir reproducir concretamente en la propia vida los gestos de amor de Jesucristo, para que el mundo se convierta en m\u00e1s justo y fraternal. El signo del Reino es la Evangelizaci\u00f3n de los Pobres.<\/p>\n<p>El fuego de amor que encendi\u00f3 el Esp\u00edritu Santo, en 1617, en el coraz\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal, se ha derramado por el mundo. Cofrad\u00edas de la Caridad (hoy, Equipos de San Vicente), Sacerdotes de la Misi\u00f3n, Hijas de la Caridad son tres instituciones vicencianas complementarias, fundadas en la misma \u00e9poca, para servir a los pobres. \u00bfPor qu\u00e9 no interrogarnos acerca de nuestra vinculaci\u00f3n familiar y acerca de nuestra manera de servir, hoy, complet\u00e1ndonos o complement\u00e1ndonos rec\u00edprocamente?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1617 y a trav\u00e9s de dos acontecimientos insignificantes en apariencia&#8230; Folleville &#8211; Ch\u00e1tillon&#8230;, el \u00abSe\u00f1or Vicente\u00bb ha encontrado su camino: ha tomado el partido de los d\u00e9biles. 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