{"id":57202,"date":"2015-04-21T08:35:22","date_gmt":"2015-04-21T06:35:22","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=57202"},"modified":"2016-07-27T12:06:21","modified_gmt":"2016-07-27T10:06:21","slug":"felix-cayla-dixieme-superieur-general-1734-1800","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/felix-cayla-dixieme-superieur-general-1734-1800\/","title":{"rendered":"F\u00e9lix Cayla (d\u00e9cimo Superior General) (1734-1800)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/cayla.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-57674\" title=\"cayla\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/cayla.jpg?resize=240%2C287\" alt=\"\" width=\"240\" height=\"287\" \/><\/a>El Esp\u00edritu Santo queriendo darnos en la persona de Mois\u00e9s el modelo de un jefe perfecto, dijo que se hab\u00eda hecho querido de Dios y de los hombres, y que su memoria estar\u00eda en bendici\u00f3n. (Eccli., XLVI). El compendio\u00a0 que se va a trazar de la vida del Superior general, cuya p\u00e9rdida llora hoy la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, probar\u00e1 que este hermoso elogio puede serle aplicado en la exactitud m\u00e1s literal.<\/p>\n<p>El Sr. Cayla hab\u00eda nacido en la Rouergue, en la di\u00f3cesis de Rodez, de la que fuera obispo el Sr. Abelly, primero y excelente escritor de la vida de san Vicente de Paul. Pertenec\u00eda a una familia distinguida, de la que recibi\u00f3 una educaci\u00f3n bien por encima de lo com\u00fan. Hizo sus primeros estudios en Cahors, bajo la direcci\u00f3n de los Reverendos Padres de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas. Cumplidos en filosof\u00eda los quince a\u00f1os, se present\u00f3 para ser recibido en la Congregaci\u00f3n. El Sr. Jacquier, entonces visitador de la provincia de Cahors crey\u00f3 deber probarle con un retraso bastante considerable. Su perseverancia triunf\u00f3 de los obst\u00e1culos que la prudencia de los superiores le opon\u00eda. Fue admitido en el seminario interno a los diecis\u00e9is a\u00f1os. Supo sacar provecho de los dos a\u00f1os que pas\u00f3 all\u00ed, seg\u00fan la costumbre, para adquirir el amor y el verdadero esp\u00edritu del estado que abrazaba, y para establecerse en esta piedad s\u00f3lida y tierna que, desde entonces, ha constituido siempre uno de los principales rasgos de su car\u00e1cter.<\/p>\n<p>Los \u00e9xitos brillantes que se conquist\u00f3 luego en sus estudios, determinaron a sus Superiores a dedicarle con preferencia a la ense\u00f1anza. Profes\u00f3 despu\u00e9s, y siempre con distinci\u00f3n, en el seminario de Cahors, donde los estudiantes de la Congregaci\u00f3n se instru\u00edan con los seminaristas de la di\u00f3cesis, la filosof\u00eda y la teolog\u00eda dogm\u00e1tica y moral. Eclesi\u00e1sticos que tuvo entonces como escolares a\u00fan al cabo de tanto tiempo no hablaban m\u00e1s que\u00a0 con admiraci\u00f3n de los talentos que le hab\u00edan visto desplegar; y con ternura, de las lecciones y de los ejemplos de virtud que hab\u00edan recibido de \u00e9l. Fue luego enviado, en calidad de profesor de teolog\u00eda, a Toulouse. Su permanencia, por esta vez, no fue muy larga; tuvo sin embargo todo el tiempo necesario para hacerse conocer, y preparar los caminos al gran bien al que la Providencia le destinaba\u00a0 a operar en lo sucesivo.<\/p>\n<p>La supresi\u00f3n de los Jesuitas hab\u00eda dejado vacante el seminario de Rodez. Mons. el Obispo (Mons. Gtimaldi)\u00a0 propuso a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n reemplazar a estos Padres. El Sr. Jacquier, con quien fue tratado este asunto, acept\u00f3 el nuevo establecimiento. Se ten\u00eda la intenci\u00f3n de no enviar all\u00ed m\u00e1s que a sujetos capaces de sostener la reputaci\u00f3n de una casa de estudio justamente acreditada, y el honor de la Congregaci\u00f3n, que se encargaba de dirigirla. El Sr. Cayla solo ten\u00eda entonces treinta y cuatro a\u00f1os, cuando fue nombrado superior de este numeroso seminario. A pesar de su juventud, no tard\u00f3 en justificar la elecci\u00f3n de sus superiores. En los pocos a\u00f1os que estuvo, supo conciliarse la estima general, y causar en el clero de la di\u00f3cesis una impresi\u00f3n que el intervalo de treinta a\u00f1os no ha borrado todav\u00eda.<\/p>\n<p>Las necesidades\u00a0 del seminario de Toulouse pidieron un superior de un m\u00e9rito y de una capacidad fuera de lo ordinario. Esta ciudad, una de las m\u00e1s considerables de Francia, pose\u00eda una Universidad c\u00e9lebre que atra\u00eda a su seno a un n\u00famero prodigiosos de estudiantes,\u00a0 la juventud eclesi\u00e1stica all\u00ed se retiraba y era educada en varios seminarios. El que era dirigido por nuestros cohermanos, y que adem\u00e1s estaba obligado a dar misiones, se hallaba cargado de deudas, y en un estado ruinoso que le pon\u00eda en la imposibilidad de recibir y de educar en adelante\u00a0 a los estudiantes de la Universidad. El Sr. Cayla fue a quien el Sr. Superior General juzg\u00f3 capaz de restablecer esta casa. Lleno de una humilde confianza en Aquel que le llamaba por la voz de sus Superiores, sonde\u00f3, sin asustarse, la profundidad\u00a0 del abismo, que estaba encargado de colmar: puso manos a la obra, y sus logros sobrepasaron pronto toda esperanza. Ahorros prudentes y bien entendidos fueron su primer recurso. La confianza p\u00fablica, de la que no tard\u00f3 en disfrutar, sus virtudes, sus cualidades amables le permitieron encontrar almas desinteresadas, que le abrieron sus bolsas, pr\u00e9stamos ventajosos apagaron deudas onerosas, y le proporcionaron medios de reparar las edificaciones. Reduciendo estas reparaciones a lo justamente necesario, puso muy pronto la casa en situaci\u00f3n de recibir a un n\u00famero considerable de j\u00f3venes cl\u00e9rigos que, en el corto espacio de algunos a\u00f1os lleg\u00f3 a superar los ciento treinta\u00a0 varias di\u00f3cesis del Languedoc y de las provincias vecinas [confiando a sus sujetos\u00a0 de preferencia\u00a0 al nuevo superior de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>No contento con haber enderezado los asuntos temporales\u00a0 de esta gran casa, el Sr. Cayla no se limit\u00f3 a devolverle su antiguo lustre, sino que le procur\u00f3 uno nuevo. Crey\u00f3 estar viendo que el plan de los estudios eclesi\u00e1sticos de Toulouse era susceptible de una gran mejora. Propuso sus ideas que, adoptadas por Mons. el Arzobispo y apreciadas por todo el mundo, no tardaron en producir los m\u00e1s felices efectos. Pronto se vio un noble est\u00edmulo apoderarse no solo de los estudiantes\u00a0 de cada seminario, sino tambi\u00e9n de los mismos seminarios. Se vio a todos los j\u00f3venes cl\u00e9rigos de Toulouse, animados por el incentivo de recompensas m\u00e1s honor\u00edficas que lucrativas, entregarse con un ardor muy nuevo al estudio de las ciencias de su estado.<\/p>\n<p>Fue necesario ante todo que los estudios fijasen toda la atenci\u00f3n del Sr. Cayla. Se entregaba antes que nada a inspirar un esp\u00edritu verdaderamente eclesi\u00e1stico a esta numerosa juventud, la esperanza de muchas di\u00f3cesis. Jam\u00e1s instancia alguna pudo conseguir de \u00e9l que suprimiera ciertos ejercicios de piedad, bajo pretexto de aprovechar algunas horas de m\u00e1s para el estudio. Nunca los talentos m\u00e1s distinguidos, ni ninguna consideraci\u00f3n humana, pudieron decidirle a\u00a0 abrir las puertas del santuario a sujetos que no cre\u00eda hechos para edificar. Pastor fiel y vigilante, ten\u00eda d\u00eda y noche los ojos abiertos sobre el reba\u00f1o confiado a su custodia. Raramente la hipocres\u00eda ha podido escapar a su penetraci\u00f3n. Si era indulgente con faltas escapadas a la vivacidad de la edad, era inexorable con el vicio; firme, cuando conven\u00eda serlo, no dudaba nunca en recortar los miembros, cuya corrupci\u00f3n\u00a0 pod\u00eda llegar a ser contagiosa. \u00c9l sab\u00eda, ya por instrucciones p\u00fablicas y llenas de unci\u00f3n, ya por correcciones particulares, administradas con destreza, y sazonadas con todo lo que la mansedumbre tiene de m\u00e1s insinuante, sab\u00eda, digo, inspirar en tantos corazones j\u00f3venes el amor a la virtud, el gusto por la piedad. Decir que hab\u00eda hecho de esta casa algo perfectamente regular, es demasiado poco; hab\u00eda sabido hacer reinar en ella el fervor m\u00e1s consolador. La veneraci\u00f3n, el afecto que tantos eclesi\u00e1sticos de todo rango, formados en su escuela, conservan a\u00fan hacia \u00e9l;\u00a0 los testimonios que han tenido a gloria darle\u00a0; la firmeza que han demostrado en circunstancias que han ocasionado la ca\u00edda de tantos otros, son pruebas irrefragables del raro talento que ten\u00eda para ganar los corazones, y de la pureza, de la solidaridad de los principios en los que sab\u00eda establecerlos.<\/p>\n<p>De igual manera querido y respetado de sus cohermanos que trabajaban a sus \u00f3rdenes, les daba el ejemplo de la regularidad que \u00e9l les ped\u00eda a ellos. En \u00e9l, ten\u00edan una regla viva. Se adelantaba a sus necesidades; sal\u00eda al encuentro de sus justos deseos: en sus dudas y sus confusiones, \u00e9l era, por su luz y su prudencia, su consejo y su recurso. Si no pod\u00eda disipar siempre sus penas y sus aflicciones, la sensibilidad de su coraz\u00f3n quer\u00eda por lo menos compartirlas: \u00e9l era, por su dulzura, su honradez y su complacencia, el lazo de uni\u00f3n de su sociedad; y su virtud, tan amable como s\u00f3lida le entregaba tambi\u00e9n el alma de sus\u00a0 recreos.<\/p>\n<p>Su celo no estaba de tal forma encerrado en la di\u00f3cesis en la que trabajaba, como para no extenderse al exterior: convertido en una de las principales lumbreras del clero de Toulouse, y de muchas otras di\u00f3cesis, era consultado de todas partes, y nunca neg\u00f3 su asistencia a nadie. \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 decir el n\u00famero de los retiros eclesi\u00e1sticos que ha dado y los \u00e9xitos verdaderamente sorprendentes obtenidos? El clero del Languedoc y de las provincias adyacentes celebra a porf\u00eda la elocuencia llena de fuerza y de unci\u00f3n con la que \u00e9l sab\u00eda presentar las verdades cuya pr\u00e1ctica en sus ejemplos en B\u00e9ziers especialmente, no se habla m\u00e1s que con admiraci\u00f3n\u00a0 de los discursos que \u00e9l ha predicado all\u00ed y del fruto prodigiosos que han cosechado en el clero de esta di\u00f3cesis. Por eso Mons. el obispo (Sr. de Nicola\u00ef) se lo ha hecho demostrar varias veces en su enfermedad, la parte de ten\u00eda en ello, y se ha afligido vivamente por su muerte.<\/p>\n<p>El Arzobispo de Toulouse era a la saz\u00f3n el demasiado famoso ex-cardenal de Lom\u00e9nie.\u00a0 Este hombre tan conocido por sus horribles esc\u00e1ndalos sab\u00eda, por lo menos ya en esta \u00e9poca, respetar la virtud en los dem\u00e1s, y querer en ellos el esp\u00edritu eclesi\u00e1stico. Su di\u00f3cesis pasaba, y con raz\u00f3n, por estar muy bien gobernada. \u00c9l honraba, \u00e9l distingu\u00eda de manera muy especial a nuestro respetable difunto quien, en consecuencia ten\u00eda la parte m\u00e1s activa en el gobierno de su di\u00f3cesis, y en el bien que en ella se operaba. Pero encontr\u00f3 el secreto de procurar el bien del reba\u00f1o, sin halagar los vicios del pastor. Ha pintado \u00e9l mismo su conducta y sus principios en una respuesta que dio a uno de sus cohermanos, tal vez el \u00fanico que haya pensado en condenar sus relaciones con el Sr. de Lom\u00e9nie. \u00abSin deciros, respondi\u00f3 el Sr. Cayla, que yo le haya dado mi confianza, me impuse por obligaci\u00f3n aceptar la suya. Si Dios hubiera querido que me la diera toda entera, yo no me habr\u00eda servido de ella m\u00e1s que para el bien. Le respeto como arzobispo, y colaboro en el deseo que tiene, que su di\u00f3cesis sirva de modelo a las otras\u00bb. Es dif\u00edcil reunir vistas m\u00e1s puras, y una prudencia m\u00e1s consumada en una circunstancia la m\u00e1s cr\u00edtica\u00a0 quiz\u00e1s, en que un hombre virtuoso pueda encontrase.<\/p>\n<p>Por grande que fuera la consideraci\u00f3n de la que gozaba el Sr. Cayla en el mediod\u00eda de Francia, no era sin embargo conocido a\u00fan en la Congregaci\u00f3n, como merec\u00eda serlo. La provincia de Cahors, o de Aquitania, en la que hab\u00eda sido recibido, y hab\u00eda permanecido siempre estaba muy alejada de Par\u00eds. Esta provincia, adem\u00e1s,\u00a0 as\u00ed como la de Lyon, teniendo su seminario interno y sus estudios aparte, ten\u00eda relaciones menos frecuentes con la casa de San L\u00e1zaro y menos inmediatas con las otras cinco provincias que Par\u00eds dotaba de sujetos y de obreros. Y por ese motivo forzoso, ten\u00eda menos medios de hacer conocer\u00a0 en ellas a sus alumnos.<\/p>\n<p>Una sola circunstancia se hab\u00eda presentado, en la que el Sr. Cayla se hab\u00eda presentado con su aire en San L\u00e1zaro. Diputado por su provincia a la asamblea general de 1786, hab\u00eda sido nombrado su secretario. Esta comisi\u00f3n, y el modo c\u00f3mo se despach\u00f3 fueron suficientes para que\u00a0 se viera su m\u00e9rito y fijar en \u00e9l las miradas, y conciliarle la estima de toda la Asamblea. Los deputados extranjeros se acuerdan\u00a0 todav\u00eda, y repiten con satisfacci\u00f3n que, si en esta ocasi\u00f3n no tuvieron tiempo de conocer y apreciar enteramente\u00a0 al Sr Cayla, supieron al menos distinguirle perfectamente, y apreciarle m\u00e1s que a ning\u00fan otro deputado franc\u00e9s.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 por fin el momento en que deb\u00eda ser colocado en el candelero. La muerte del Sr. Holleville, asistente de la Congregaci\u00f3n y de las casa de San L\u00e1zaro, dejaba esta doble plaza vacante. Los dem\u00e1s asistentes generales designaban a diferentes sujetos para reemplazar al difunto, que se hab\u00eda llevado los justos pesares de toda la Congregaci\u00f3n. El Sr. Jacquier, este hombre tan dulce, tan conocido por su deferencia para con sus asistentes, les resisti\u00f3 esta vez. Habiendo sido durante mucho tiempo Visitador de la provincia de Cahors, conoc\u00eda perfectamente al superior del seminario de Toulouse. Le dio por sucesor el Sr. Holleville, nombr\u00e1ndole a la vez asistente general, y asistente particular de San L\u00e1zaro. Esta elecci\u00f3n inesperada, y digna de la sabidur\u00eda de uno de los m\u00e1s respetables sucesores de san Vicente, obtuvo el aplauso general.<\/p>\n<p>Una enfermedad seria que, en aquella \u00e9poca, oblig\u00f3 al Sr, Cayla a ir a tomar las aguas en los Pirineos, no le permiti\u00f3 ir seguidamente a Par\u00eds: se retras\u00f3 incluso mucho tiempo. Al llegar, se encontr\u00f3 con la casa de San L\u00e1zaro y toda la Congregaci\u00f3n sumida en la aflicci\u00f3n. El Sr. Jacquier no estaba ya. El Sr. Pertuisot, primer asistente, era vicario general. La reputaci\u00f3n del nuevo asistente le hab\u00eda precedido: la espera general no qued\u00f3 defraudada. Su piedad, su modestia, su regularidad cautivaron a todo el mundo. Los discursos que se vio obligado a hacer cada semana a la Comunidad hicieron en ella un aviva impresi\u00f3n, y no contribuyeron poco a secar las l\u00e1grimas. La nobleza, la pureza de su dicci\u00f3n eran tambi\u00e9n lo que menos se admiraba. La unci\u00f3n muy santa que reinaba, el celo que animaba la elocuci\u00f3n, produc\u00edan efectos verdaderamente saludables. Esta honradez, esta educaci\u00f3n sencilla y franca, que le eran como naturales; sus maneras dulces, afables, sol\u00edcitas, y al mismo tiempo llenas de dignidad, acabaron pronto por ganarse todos los corazones.<\/p>\n<p>Algunos meses despu\u00e9s de su llegada, se celebr\u00f3 la asamblea general para elegir\u00a0 al sucesor del Sr. Jacquier. La edad, las debilidades del Sr. Pertuisot le incapacitaban para llevar una carga parecida. Se deliber\u00f3 sobre la elecci\u00f3n. En el primer escrutinio, el Sr. Cayla tuvo el n\u00famero de votos suficiente. La resistencia, las l\u00e1grimas de su humildad fueron in\u00fatiles. Fue proclamado Superior general. Su elecci\u00f3n no cambi\u00f3 en nada su modo de hacer en los diferentes \u00f3rdenes de la casa ni en su conducta particular. Como se le vio asistente, as\u00ed se le vio general. En su nuevo puesto, \u00e9l no conoci\u00f3 m\u00e1s que las obligaciones.<\/p>\n<p>En el primer a\u00f1o de su generalato, se hicieron en todo el reino las elecciones de los diputados a los estados generales. El clero de Par\u00eds deb\u00eda nombrar a seis. El general de la Misi\u00f3n tuvo muchos votos para ser de ese n\u00famero. Un dignatario de la Iglesia metropolitana le gan\u00f3 tan solo por algunos sufragios; pero fue nombrado sin dificultad primer suplente, es decir destinado a reemplazar al primero de los seis diputados en caso que faltara.<\/p>\n<p>Acabadas estas elecciones, el Sr Cayla se puso en camino para hacer la visita de las casas de la provincia del Poitou. Se hab\u00eda propuesto visitar sucesivamente a todas las dem\u00e1s. Los disturbios sucedidos en Francia no le dejaron tiempo ni medios m\u00e1s que para las de Champa\u00f1a. Su visita hab\u00eda producido ya los efectos m\u00e1s felices en estas dos provincias. Se hab\u00eda ganado la veneraci\u00f3n, el afecto, la confianza de todos los Misioneros, y as\u00ed se hab\u00eda adquirido sobre ellos una autoridad mucho m\u00e1s poderosa que la que ten\u00eda por el puesto. Los sentimientos sufri\u00f3 el que hab\u00eda dejado grabados\u00a0 en sus corazones, le habr\u00edan facilitado sin duda infinitamente la ejecuci\u00f3n de los proyectos de reforma y mejora que meditaba.<\/p>\n<p>No hac\u00eda m\u00e1s que dos d\u00edas que hab\u00eda acabado la visita del Poitou, cuando la casa de San L\u00e1zaro sufri\u00f3 el saqueo horrible del que todo el mundo ha o\u00eddo hablar. El desastre fue tal que, para repararlo, no se hubieran necesitado, a juicio de los expertos, menos de un mill\u00f3n de libras. Aparte de la p\u00e9rdida com\u00fan, cada miembro de la casa las tuvo personales. La del Sr. Cayla debi\u00f3 ser considerable. Nada de eso perturb\u00f3 la paz de su alma. Rodeado de ruinas y de destrozos, \u00e9l conserv\u00f3 la misma calma, la misma serenidad, la misma ecuanimidad de alma, que cuando la casa estaba entera y floreciente. Poco tiempo despu\u00e9s de convertirse en Asamblea nacional\u00a0 los Estados generales, uno de los seis diputados eclesi\u00e1sticos de Par\u00eds se retir\u00f3. Se aconsejaba al Sr. Cayla que cediera la plaza al suplente que ven\u00eda tras \u00e9l. Pero en ese puesto, entonces m\u00e1s peligroso que honorable, vio grandes deberes que cumplir frente a la Iglesia y al rey; y desde entonces fue sordo a todas las instancias, asisti\u00f3 a la Asamblea nacional hasta el fin. No contento con reunirse siempre con el partido de los cat\u00f3licos, y de los sujetos fieles, subi\u00f3 dos veces a la tribuna para defender bien alto la verdad, y mand\u00f3 imprimir su opini\u00f3n.<\/p>\n<p>Algunas personas\u00a0 le sugirieron que se abstuviera al menos el d\u00eda en que se\u00a0 deb\u00eda exigir\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 de los eclesi\u00e1sticos de la Asamblea ese juramento pretendido c\u00edvico, tan solemnemente condenado despu\u00e9s por la Santa Sede. Le indicaron\u00a0 que, determinado a rechazar este juramento imp\u00edo, ser\u00eda m\u00e1s prudente quedarse en la Casa que ir a exponerse a la furia de un pueblo amotinado; esta prudencia no pod\u00eda ser del gusto del Sr. Cayla. No ten\u00eda pensado perderse la ocasi\u00f3n de confesar p\u00fablicamente la fe con peligro incluso de su vida. Respondi\u00f3 simplemente que el peligro ser\u00eda com\u00fan con todos los que pudieran ser fieles a Dios. Acudi\u00f3 pues a la sesi\u00f3n. Y al rechazar el juramento, el comparti\u00f3 la gloria del clero de Francia en ese d\u00eda memorable para siempre. Al salir de la sala, debi\u00f3 abrirse paso, como sus cohermanos, por un populacho innumerable, cuyos rugidos feroces iban destinados a asustar a los m\u00e1s valientes. Calmado en medio de esta tempestad horrible, volvi\u00f3 a dispar las inquietudes de los suyos con la sangre fr\u00eda de un hombre superior a todo temor, y con la satisfacci\u00f3n de un coraz\u00f3n que se aplaud\u00eda por haberse expuesto a defender los intereses de la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, supo siempre cumplir las funciones de diputado en la Asamblea nacional, sin faltar nunca a sus ejercicios particulares, ni sobre todo a los deberes de su puesto. Desde que se vio libre, se dedic\u00f3 a las necesidades de la Congregaci\u00f3n, y a las de su Comunidad, las horas que hab\u00eda necesitado pasar hasta entonces en la Asamblea. Era inevitable que la casa de San L\u00e1zaro se resintiera\u00a0 de la conmoci\u00f3n universal: su presencia sin embargo, su dulzura, su prudencia, su firmeza, su ejemplo lograron mantener hasta el fin la tranquilidad, la subordinaci\u00f3n, y toda la regularidad que pod\u00edan llevar consigo las ruinas de que est\u00e1bamos rodeados, y las inquietudes sin cesar renacientes\u00a0 por las \u00e9ramos asaltados.<\/p>\n<p>No hab\u00eda esterado a los \u00faltimos momentos para\u00a0 para prevenir a los Misioneros contra los peligros de la seducci\u00f3n. Desde que la impiedad hab\u00eda comenzado a desvelar sus proyectos, hab\u00eda tenido la atenci\u00f3n de hacer circular\u00a0 por todas las casas sus instrucciones\u00a0 m\u00e1s s\u00f3lidas y m\u00e1s luminosas. Las reiter\u00f3, las multiplic\u00f3, y redobl\u00f3 de actividad, de solicitud a medida que vio llegar el peligro m\u00e1s apremiante.<\/p>\n<p>Tantos cuidados, sostenidos con estos ejemplos, no pod\u00edan dejar de producir frutos de bendici\u00f3n. La casa de San L\u00e1zaro y las dem\u00e1s de la Congregaci\u00f3n han estado preservadas del contagio que ha devastado a tantas Comunidades. (<em>Ezech<\/em>., III, 19). Si algunos sujetos se han mostrado infieles a su vocaci\u00f3n, el Sr. Cayla ha podido darse el consolador testimonio, <em>de<\/em> <em>haber librado su alma<\/em>, haciendo cuanto depend\u00eda de \u00e9l para salvar las de ellos. Estas p\u00e9rdidas adem\u00e1s, que merecen apenas ser contadas, habida cuenta del gran n\u00famero de misioneros franceses, quedan bien abundantemente compensadas por el valor heroico de muchos y la constante fidelidad de todos los dem\u00e1s. Estas manchas, apenas sensibles, han quedado m\u00e1s que lavadas\u00a0 en la sangre de tantos de nuestros cohermanos muertos bajo la espada de los verdugos, y v\u00edctimas de su entrega por la salvaci\u00f3n de las almas.<\/p>\n<p>Consultado por un gran n\u00famero de eclesi\u00e1sticos de todo rango, no solamente de la capital, sino tambi\u00e9n de las provincias m\u00e1s distantes, por muchos de sus antiguos alumnos, el Sr. Cayla crey\u00f3 que, en un momento en que el infierno estaba desencadenado con un furor cuyo ejemplo no ha visto siglo alguno, todos eran responsables\u00a0 en la Iglesia de todo lo que ten\u00edan de fuerzas y de luces, \u00e9l respondi\u00f3 de viva voz\u00a0 y por escrito a todas las consultas\u00a0; y se ha sabido que sus respuestas hab\u00edan tenido el mayor \u00e9xito, que hab\u00edan contribuido a cimentar a los que las recibieron y a los que les fueron comunicadas.<\/p>\n<p>Animados por el ejemplo del jefe, los miembros de la Congregaci\u00f3n se entregaron generosamente a las necesidades de la Iglesia: en todas partes emplearon todos los medios que tuvieron para sostener el valor del clero y la fe de los pueblos. No se necesitaba tanto para hacer nuestras casas sospechosas a la gente que conspiraba contra el Se\u00f1or y su Cristo. La de San L\u00e1zaro, en Par\u00eds, no estaba designada m\u00e1s que bajo los nombres m\u00e1s propios para excitar de nuevo contra ella a un pueblo extraviado. La impiedad la hab\u00eda marcado como debiendo ser la tumba de sus habitantes y uno de los teatros de sus furores sanguinarios. Pero el Se\u00f1or no permiti\u00f3 que sus proyectos contra ella se ejecutasen. Fue en la casa de Saint-Firmin, esta casa, la cuna de la Congregaci\u00f3n, a la que le estaba reservada la gloria de ser te\u00f1ida con la sangre de su Superior e inundada con la de tantos otros sacerdotes fieles y valerosos. Instruido a prop\u00f3sito de la masacre meditada, y del peligro que le amenazaba pr\u00f3ximamente, el Sr Cayla solo tuvo tiempo de mirar por su seguridad. Dej\u00f3\u00a0 la casa de San L\u00e1zaro, que este extremo solo pudo determinarle a abandonar. Despu\u00e9s de quedarse por alg\u00fan tiempo oculto en Par\u00eds, sali\u00f3 para dirigirse a Amiens, donde pas\u00f3 algunos meses igualmente oculto, y siempre expuesto al peligro. Pudo m\u00e1s tarde pasar a tierras del emperador; y despu\u00e9s de permanecer en distintas ciudades de Flandre, lleg\u00f3 reunido con sus asistentes, a respirar y descansar\u00a0 en la casa de la Congregaci\u00f3n en Manheim.<\/p>\n<p>Todav\u00eda le quedaba un largo y penoso viaje que hacer. El inmortal P\u00edo VI le ofreci\u00f3 un asilo. Parti\u00f3 de Manheim el mes de mayo de\u00a0 1794. En\u00a0 este camino, visit\u00f3 casi todas las casas de la Congregaci\u00f3n en Italia,\u00a0 y no lleg\u00f3 a Roma hasta el 9 de noviembre del mismo a\u00f1o.<\/p>\n<p>Que no dominaba lo suficiente la lengua del pa\u00eds, para poder hablar en p\u00fablico, y conversar\u00a0 con las comunidades que ha visitado o en les que ha residido nuestros Srs. cohermanos italianos hubieran podido convencerse por s\u00ed mismos que no se ha exagerado nada hablando del talento distinguido que hab\u00eda recibido de Dios, para el ministerio de la palabra. Hall\u00e1ndose en Florencia, juzg\u00f3 conveniente poner por escrito un breve discurso que fue al punto traducido al italiano. Esta traducci\u00f3n le\u00edda a la comunidad, llam\u00f3 la atenci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 habr\u00eda sido si el autor hubiera pronunciado \u00e9l mismo el discurso con el tono animado y lleno de unci\u00f3n que le era ordinario?<\/p>\n<p>El estado de la religi\u00f3n en Francia no le permit\u00eda apenas otra cosa por ahora, que\u00a0 derramar l\u00e1grimas\u00a0 sobre la suerte de las siete provincias\u00a0 francesas de la congregaci\u00f3n. Las revueltas sucedidas en Polonia, la agitaci\u00f3n, los movimientos convulsivos de toda Europa, haciendo casi imposibles las correspondencias siempre lentas y dif\u00edciles, eran la causa de que, de ordinario, ten\u00eda poco que hacer por la Congregaci\u00f3n. Pero, si los medios de servirla como deseaba le faltaban, su celo, su solicitud, su entrega a ella no han perdido nada de su actividad. \u00bfCu\u00e1ntos golpes no han llevado a su coraz\u00f3n las supresiones de casi todas las casas de la provincia romana, y de las de la Lombard\u00eda? Obligado a abandonar precipitadamente la casa de San Andr\u00e9s de Roma que \u00e9l hab\u00eda elegido para residir, y a retirarse a la del Monte-Citorio, ha sentido, meses despu\u00e9s, el dolor de ver la supresi\u00f3n de esta casa acusada igualmente, y en el momento de ser ejecutada. Si lo hubiera sido, \u00e9l se encontraba entonces sin asilo, sin recursos. \u00bfCu\u00e1ntas veces sin embargo no se le ha visto olvidarse de s\u00ed mismo para gemir por las desgracias de la Congregaci\u00f3n y de sus miembros, para llorar sobre la ruina de tantos establecimientos derruidos en un momento, y sobre la p\u00e9rdida de tantas almas, a la salvaci\u00f3n de las cuales hab\u00eda tenido el consuelo de ver dedicarse a los Srs. sus cohermanos de Italia con un celo igualmente infatigable y desinteresado.<\/p>\n<p>Por fuerte que fuera su repugnancia en mantener la sombra de relaci\u00f3n con los enemigos de la Iglesia, le hemos visto superarse entonces, para ir\u00a0 donde ellos a suplicar\u00a0 por la causa\u00a0 de la \u00fanica casa que nos hubiera dejado en todo el Estado eclesi\u00e1stico, y obtener la suspensi\u00f3n del fallo pronunciado contra ella; suspensi\u00f3n que ha sido la salvaci\u00f3n. Si ha tenido el consuelo de ver antes de su muerte a la mayor parte de nuestras casas salir de sus ruinas, \u00bfqu\u00e9 dolor no se ha llevado a la tumba al dejarlas en un estado de necesidad que no les permite a\u00fan recuperar todo el bien que estaban acostumbradas a hacer?<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, estas aflicciones, estas penas del Sr. Cayla han sido las que, lejos de alterar en nada su resignaci\u00f3n a la voluntad del Se\u00f1or, le a\u00f1aden un nuevo grado de perfecci\u00f3n. Cuanto m\u00e1s sent\u00eda la fuerza de los golpes, m\u00e1s tambi\u00e9n adoraba profundamente, y besaba con amor la mano que le golpeaba. Pocos d\u00edas antes de que cayera en cama, temiendo que tantos sufrimientos hubieran dejado en su alma una impresi\u00f3n que contribuyera a mantenerle en el estado de languidez en el que se encontraba hac\u00eda seis semanas, le rogu\u00e9 que me dijera si no ten\u00eda alguna tristeza. No, me respondi\u00f3, no la tengo. Tengo una firme confianza que el Se\u00f1or nos mirar\u00e1 con ojos de misericordia. Espero esos momentos con paciencia; y yo estoy resignado, por su gracia, a su voluntad.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n de la China hab\u00eda fijado su atenci\u00f3n de una manera muy especial. El Sr. Raux, que es el superior, le hab\u00eda pedido dos sujetos para el palacio del emperador, Hab\u00eda escogido, para este fin a dos j\u00f3venes profesores de grandes esperanzas, y les hab\u00eda hecho formar en Par\u00eds, uno para la astronom\u00eda y la relojer\u00eda, el otro para la pintura. Despoj\u00e1ndole de todo, la Revoluci\u00f3n le quit\u00f3 los medios y la posibilidad de hacerles partir. Llegado a Roma, no retrocedi\u00f3 ante ning\u00fan obst\u00e1culo; ha intentado todos los medios de enviar a esta importante misi\u00f3n los auxilios que reclama con insistencia. Al fin ha encontrado el de hacer pasar a dos sujetos, que est\u00e1n actualmente en Londres en el momento de embarcarse para China. Creyendo\u00a0 adem\u00e1s que ser\u00eda \u00fatil hacer o\u00edr su voz a los alumnos chinos del seminario interno de Pekin, les ha escrito en lat\u00edn (pues se les ense\u00f1a esta lengua) una carta en la que ha empleado todo lo que su solicitud paternal pod\u00eda tener de m\u00e1s insinuante para animarlos a formarse, a enriquecerse en el esp\u00edritu de la congregaci\u00f3n, y a hacerse dignos hijos de san Vicente.<\/p>\n<p>El estado de la misi\u00f3n de Argel era tambi\u00e9n objeto de sus inquietudes tan vivas que no le quedaban m\u00e1s que sus oraciones y sus l\u00e1grimas para ayudar a este establecimiento tan precioso a toda la cristiandad, no obstante acerc\u00e1ndose a su ruina. La de Constantinopla no le era menos querida, ni sus desgracias menos sensibles. Al morir, ha dejado en su despacho una carta muy importante, relativa a esta misi\u00f3n; es la \u00faltima que escribi\u00f3. Ten\u00eda gran empe\u00f1o en que fuera enviada a su destino; y se han cumplido sus intenciones.<\/p>\n<p>En medio de tantas angustias, tuvo despu\u00e9s de todo un consuelo tanto m\u00e1s real cuanto que sosten\u00eda m\u00e1s sus esperanzas en el futuro. Fue el restablecimiento de las Hijas de la Caridad en Francia. Las \u00faltimas cartas que recibi\u00f3 de ellas hace m\u00e1s o menos un a\u00f1o, le anunciaban que ellas ten\u00edan ya m\u00e1s de doscientas casas, sobre las cuales la Superiora general ejerc\u00eda la misma autoridad que antes de la Revoluci\u00f3n. La general misma le escrib\u00eda que uno de nuestros cohermanos, desafiando todos los peligros, se hab\u00eda entregado a fatigas incre\u00edbles para visitar todas estas casas; que estas santas mujeres, animadas por las lecciones, los ejemplos de este hombre verdaderamente apost\u00f3lico, hab\u00edan conservado, bajo un h\u00e1bito nuevo, todas las virtudes de su estado. Las instrucciones que el Sr. Cayla ha dado verbalmente a este digno cohermano, las que luego ha enviado por escrito, no han contribuido poco al establecimiento de las medidas casi infinitas de prudencia y de circunspecci\u00f3n necesarias frente al gobierno. \u00c9l ha tomado otras particulares a fin de obviar los inconvenientes de su muerte, y las confusiones, mayores todav\u00eda, que pudieran resultar de la de la Superiora general.<\/p>\n<p>Si el Sr. Cayla era sensible a los desastres de la Congregaci\u00f3n, lo era todav\u00eda m\u00e1s a los males de la Iglesia. No hablaba nunca de ellos sin enternecerse, a veces hasta las l\u00e1grimas. Su estancia en Roma hab\u00eda estrechado de nuevo los lazos que le hab\u00edan atado y dedicado siempre a la Santa Sede. Poco tiempo tambi\u00e9n antes de su muerte, se le oy\u00f3, en una charla particular, hacer profesi\u00f3n de esta entrega: lo que hab\u00eda hecho ya otras veces. Cu\u00e1l no fue su dolor cuando vio la impiedad llegar hasta Roma y poner sus manos sacr\u00edlegas sobre el vicario de Jesucristo.<\/p>\n<p>En estos d\u00edas de desolaci\u00f3n, iba al pues de los altares a buscar alivio. Nuestros Srs. los cohermanos de Italia saben, tan bien como nosotros, en qu\u00e9 grado pose\u00eda el esp\u00edritu de oraci\u00f3n. Ellos han sido testigos de su fidelidad en entregarse invariablemente a este ejercicio la hora entera se\u00f1alada por la regla; c\u00f3mo estaba durante este tiempo precioso inm\u00f3vil y absorto en Dios. Ellos han visto con qu\u00e9 fervor celebraba los santos misterios; con qu\u00e9 exactitud, qu\u00e9 piedad asist\u00eda a los divinos oficios; con qu\u00e9 asiduidad visitaba varias veces al d\u00eda a Nuestro Se\u00f1or en el sacramento de su amor.<\/p>\n<p>No hay uno de ellos que no haya admirado esta humildad profunda, que parece haber formado su car\u00e1cter distintivo. Despu\u00e9s de vivir tantos a\u00f1os con \u00e9l, nunca he o\u00eddo salir de su boca una palabra que pudiera hacerme sospechar el bien inmenso que ha realizado y la consideraci\u00f3n de la que gozaba en Toulouse, en todo el Languedoc y toda nuestra provincia de Cahors. Atento a servirse el mismo en todo, \u00e9l\u00a0 rechazaba absolutamente las ayudas de otro cuando no eran indispensablemente necesarias. Enemigo de toda distinci\u00f3n, hu\u00eda hasta la sombra de las que su puesto no constitu\u00eda un deber aceptar. Aparte de las obligaciones de General, \u00e9l parec\u00eda \u00fanicamente atento a confundirse en medio de sus cohermanos,\u00a0 y a hacerles olvidar que \u00e9l era Superior.<\/p>\n<p>Todos ellos han visto la prueba de esta inalterable dulzura, que mostraba, no solo en sus palabras, sino tambi\u00e9n en sus acciones, en su porte y en toda su persona; de estas maneras serviciales y afables, con las que acog\u00eda indistintamente a todo el mundo, y que en todas partes le han conquistado a tantos amigos como personas ha conocido.<\/p>\n<p>Si pose\u00eda eminentemente el arte de ganarse la confianza, sab\u00eda usarlo de modo que no se arrepintiera nadie de hab\u00e9rsela dado. Impenetrable sobre los secretos que le eran confiados, no comunicaba siquiera con sus asistentes,\u00a0 sin una verdadera necesidad, las cuestiones a las que ten\u00eda que responder. Por esta raz\u00f3n, no contento con escribir \u00e9l mismo todas sus cartas, no permit\u00eda a su secretario\u00a0 doblarlas ni ponerles la direcci\u00f3n: si alguna vez hab\u00eda que sellarlas, era siempre a la vista.<\/p>\n<p>Tan atento a las relaciones, estaba lejos con toda seguridad de faltar a los deberes de la caridad, en particular a los que nuestras reglas prescriben para con los enfermos. Animado del esp\u00edritu de san Vicente, no dejaba de visitar a los enfermos, de la categor\u00eda que fuesen, e incluso hasta los criados de la casa. No ahorraba gastos para curarlos. Se ha sabido que siendo superior de su provincia, hab\u00eda enviado, a expensas de la casa, a cohermanos enfermos a tomar aguas minerales bastante lejos, y declaradas necesarias por los m\u00e9dicos.<\/p>\n<p>Impresionado por la edificante caridad con la que los enfermos est\u00e1n cuidados en nuestras casas de Italia, y cuya prueba \u00e9l mismo ha experimentado en su \u00faltima enfermedad, tan solo habr\u00eda deseado que las enfermer\u00eda se estableciesen por todas partes, si fuera posible, con las mismas bases que ten\u00edan y que tienen a\u00fan en otras partes.<\/p>\n<p>Tan atento y complaciente se mostraba con los dem\u00e1s, como duro era consigo mismo. A nadie se le ha o\u00eddo menos que a \u00e9l, sobre el art\u00edculo de la salud; nunca nadie ha sido menos delicado, ni m\u00e1s f\u00e1cil sobre el de la alimentaci\u00f3n. Sab\u00eda estar contento con todo. Siendo General, como antes de serlo, no permiti\u00f3 nunca, sin verdadera necesidad, que se le preparara nada particular. Le hemos visto todos, en Roma, negarse hasta los menores alivios, que su edad y su temperamento parec\u00edan exigir, en una \u00e9poca en que las necesidades extremas de la casa hab\u00edan necesitado las reducciones m\u00e1s severas sobre la calidad y la cantidad de la alimentaci\u00f3n. Al verle debilitarse sensiblemente le suplicamos varias veces in\u00fatilmente que cuidara un poco de su salud. Hab\u00edamos logrado sin embargo decidirle a tomar por la ma\u00f1ana un brebaje que sab\u00edamos que le ser\u00eda saludable. Pero ya no hab\u00eda tiempo. Le sorprendi\u00f3 la enfermedad antes de poder comenzar este r\u00e9gimen.<\/p>\n<p>El esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n que \u00e9l aplicaba en todo regulaba en especial el empleo de estos d\u00edas. Fiel a la lecci\u00f3n de nuestro santo Fundador que quer\u00eda que sus hijos, despu\u00e9s de ser ap\u00f3stoles en misi\u00f3n, fueran solitarios en la casa, \u00e9l no sal\u00eda m\u00e1s que lo m\u00e1s raramente posible. En Roma, como en Par\u00eds y otros lugares, no hac\u00eda visitas, m\u00e1s que las mandadas por el deber, o por grandes conveniencias. En Roma en especial, pasaban meses sin salir. La vida retirada y demasiado sedentaria que ha llevado, no ha contribuido poco a abreviar sus d\u00edas. El tiempo que la liquidaci\u00f3n de los asuntos y sus ejercicios de piedad le dejaban libre\u00a0 lo empleaba constantemente en el estudio. Su vista hab\u00eda sufrido hasta el punto que para el oto\u00f1o de 1797 hab\u00eda perdido casi por completo el ojo izquierdo, y el otro estaba afectado considerablemente. Sorprender\u00eda ver todo lo que ha escrito en su retiro en Roma. Celoso por no perder nada de sus lecturas, tomaba notas sobre todo lo que le\u00eda, o hac\u00eda extractos. Tambi\u00e9n hab\u00eda adquirido una extensi\u00f3n de luces poco com\u00fan Ning\u00fan g\u00e9nero de conocimientos le era extra\u00f1o. Hablaba de todo como hombre infinitamente modesto, que hab\u00eda aprendido prodigiosamente, y no se le hab\u00eda olvidado nada. Esta costumbre de un trabajo siempre met\u00f3dico, unida a una gran profundidad, a una justeza, a una solidez de esp\u00edritu bastante raras, hab\u00eda contribuido no poco a cultivar, a perfeccionar el talento\u00a0 particular\u00a0 de los asuntos que hab\u00eda recibido de la naturaleza. Por embarullados que estuviesen, ten\u00eda una facilidad extra\u00f1a para ver el verdadero punto y aclarar las dificultades. El juicio que hac\u00eda era, de ordinario, pronto y seguro por igual. En su \u00faltima enfermedad, cuando apenas pod\u00eda soportar un cuarto de hora de atenci\u00f3n, fue consultado por una de nuestras casas sobre varias cuestiones delicadas, que hab\u00edan compartido los consejos de los miembros de la comunidad. A pesar de su estado, que le hac\u00eda imposible todo trabajo seguido, supo todav\u00eda poner en su respuesta\u00a0 una precisi\u00f3n, una claridad, una justeza, que habr\u00e1n acercado infaliblemente las mentes.<\/p>\n<p>Tal fue el noveno sucesor de san Vicente de Pa\u00fal. Tal fue el que la Providencia\u00a0 acaba de llevarse de la Congregaci\u00f3n. Sinti\u00f3, el 23 de diciembre \u00faltimo, los primeros ataques de la enfermedad que acab\u00f3 de madurarle para el cielo. Una fiebre bastante fuerte le forz\u00f3 a guardar cama, y le priv\u00f3 del consuelo de celebrar los santos misterios durante las solemnidades de Navidad. El m\u00e9dico le permiti\u00f3 por primera vez subir al altar el d\u00eda de la Epifan\u00eda. Ataques frecuentes de una fiebre bien tercia, bien cuarta, o m\u00e1s bien nunca bien caracterizada, le retuvieron en su habitaci\u00f3n el resto de enero y contrariaron frecuentemente el ansia religiosa que ten\u00eda de ofrecer el santo sacrificio. Se encontr\u00f3 sin embargo bastante bien el d\u00eda de la Purificaci\u00f3n, para bajar al refectorio, y estar presente en la recreaci\u00f3n de la Comunidad. Un nuevo acceso de fiebre le confin\u00f3 otra vez a partir del d\u00eda siguiente, en su apartamento, el d\u00eda siguiente sali\u00f3 en coche para tomar el aire, y por \u00faltima vez. Al otro d\u00eda, tuvo otro ataque de fiebre, que no le impidi\u00f3 decir la santa misa. Pero un desvanecimiento considerable, una postraci\u00f3n total de fuerzas, y la fiebre continua y con mayor fuerza comenzaron, el 8 de febrero, a dar inquietudes serias. El lunes por la ma\u00f1ana, 10 del mismo mes, perdi\u00f3 s\u00fabitamente el habla y el conocimiento, por lo que se le dio la extrema unci\u00f3n. El Se\u00f1or se dign\u00f3 concederle la una y la otra en un grado suficiente para que pudiera confesarse, recibir el santo Vi\u00e1tico por la tarde. Fortalecido por el pan de los fuertes, pas\u00f3 unas cuarenta horas en un estado convulso que, sin tener nada de espantoso, no le dejaba sino breves intervalos de un conocimiento muy imperfecto, en uno de los cuales quiso confesarse de nuevo y manifest\u00f3 el deseo que ten\u00eda de recibir otra vez\u00a0 a Nuestro Se\u00f1or; pero hac\u00eda poco tiempo que lo hab\u00eda recibido. Expir\u00f3 el mi\u00e9rcoles por la ma\u00f1ana, dos horas antes de mediod\u00eda, a la edad de sesenta y seis a\u00f1os menos seis d\u00edas, en el cincuenta y un a\u00f1o de su vocaci\u00f3n, y el duod\u00e9cimo muy avanzado de su generalato.<\/p>\n<p>Sus virtudes, que todas las voces celebran a porf\u00eda, nos dan un ajusta confianza de que su muerte no ha sido m\u00e1s que un paso, y la aceleraci\u00f3n de la recompensa de sus trabajos y de sus sufrimientos. Pidamos al Se\u00f1or que se digne, en su misericordia, darle un sucesor tan celoso tan celoso imitador como \u00e9l lo ha sido de las virtudes de nuestro santo Fundador, y capaz de llevar el peso del superiorato\u00a0 en una circunstancia la m\u00e1s penosa en que la Congregaci\u00f3n se haya visto nunca.<\/p>\n<p>Los que deseen tener su retrato, pueden dirigirse a los Srs. nuestros cohermanos de G\u00e9nova, que le hicieron hacerse mientras estaba con ellos, el mes de julio de 1794.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Esp\u00edritu Santo queriendo darnos en la persona de Mois\u00e9s el modelo de un jefe perfecto, dijo que se hab\u00eda hecho querido de Dios y de los hombres, y que su memoria estar\u00eda en bendici\u00f3n. &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/felix-cayla-dixieme-superieur-general-1734-1800\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":391249,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[19],"tags":[218,168,143],"class_list":["post-57202","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-biografias-de-misioneros-paules","tag-abelly","tag-argel","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>F\u00e9lix Cayla (d\u00e9cimo Superior General) (1734-1800) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/felix-cayla-dixieme-superieur-general-1734-1800\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"F\u00e9lix Cayla (d\u00e9cimo Superior General) (1734-1800) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"El Esp\u00edritu Santo queriendo darnos en la persona de Mois\u00e9s el modelo de un jefe perfecto, dijo que se hab\u00eda hecho querido de Dios y de los hombres, y que su memoria estar\u00eda en bendici\u00f3n. ... 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Gondi: Cap\u00edtulo 05","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"07\/07\/2024","format":false,"excerpt":"Cap\u00edtulo V Vicente de Pa\u00fal y la Sra. de Gondi en el castillo de Folleville. - Nacimiento de la obra de las Misiones. - Salida de Vicente de la casa de Gondi. - Vicente, p\u00e1rroco de Chatillon-lez-Dombes. 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