{"id":55195,"date":"2015-06-20T05:24:52","date_gmt":"2015-06-20T03:24:52","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=55195"},"modified":"2015-06-20T05:24:52","modified_gmt":"2015-06-20T03:24:52","slug":"san-vicente-de-paul-maestro-de-oracion-06","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-maestro-de-oracion-06\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal, maestro de oraci\u00f3n (06)"},"content":{"rendered":"<h2><strong>Cap\u00edtulo VI: Virtudes requeridas para hacer con fruto la oraci\u00f3n mental<\/strong><\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/06\/vincent-Croatia-Zagreb-2.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-176057\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/06\/vincent-Croatia-Zagreb-2-300x208.jpg?resize=300%2C208\" alt=\"vincent Croatia Zagreb 2\" width=\"300\" height=\"208\" \/><\/a>La cuesti\u00f3n de m\u00e9todo, en la oraci\u00f3n mental como en cualquier otro modo de actividad, est\u00e1 lejos de ser despreciable. Es un honor de los grandes directores de conciencia el haberse preocupado de ello todos a ejemplo de san Ignacio y de san Francisco de Sales, el Sr. Vicente le concede mucha importancia. No obstante, seg\u00fan \u00e9l,\u00a0 es menos seguir\u00a0 buenos procedimientos\u00a0 en este ejercicio que emprenderlo y darse a \u00e9l con el estado de esp\u00edritu querido. Pero este estado no se obtiene ni en un instante ni por encargo. No basta con querer poseerlo para obtenerlo de la misericordia divina.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo consiente en nosotros las disposiciones requeridas para el \u00e9xito de la oraci\u00f3n\u00a0; no obstante la Providencia en tiende hacer de nosotros sus colaboradores. Este aporte de buena voluntad se impone.<\/p>\n<p>Cu\u00e1ntos fieles tienen la oraci\u00f3n por un acto totalmente distinto de los otros. Ilusi\u00f3n profunda, a la par que peligrosa, y contra la cual los maestros del ascetismo se levantan con fuerza. Reducir la oraci\u00f3n mental a una hora al d\u00eda y, de ordinario, a un tiempo de menor duraci\u00f3n, es considerarla como el accesorio de la vida cristiana, cuando es lo principal.<\/p>\n<p>El Bienaventurado Pierre Le F\u00e8vre, un ardiente de los <em>Ejercicios <\/em>de san Ignacio, muestra las consecuencias de este falso concepto: \u00abLos que no quieren rezar m\u00e1s que al toque de campana, ciertamente no tendr\u00e1n s\u00f3lida devoci\u00f3n; se necesitar\u00eda un milagro\u2026Aquel no recitar\u00e1 el santo oficio como corresponde quien no piensa antes y despu\u00e9s, quien no busca\u00a0 un momento para recogerse a la vista\u00a0 de la hora can\u00f3nica que tendr\u00e1 que decir pronto\u00a0\u00ab. Verdadera de la recitaci\u00f3n de breviario, estas l\u00edneas lo son m\u00e1s\u00a0 de este acto de concentraci\u00f3n intelectual y moral que es la oraci\u00f3n o m\u00e1s bien que deber\u00eda serlo.<\/p>\n<p>\u00abEn el instante se\u00f1alado para esta pr\u00e1ctica \u2013escribe el Padre Alexandre Brou- se debe hacer sencillamente, exclusivamente, y con m\u00e1s intensidad, conciencia, lo que se ha tenido la costumbre de hacer en todas las horas del d\u00eda y en plena acci\u00f3n, lo que ya es y debe\u00a0 hacerse cada vez m\u00e1s el alma de la vida exterior. Corta y prolongada, para ser eficaz, la oraci\u00f3n debe ba\u00f1ar\u00a0 en una atm\u00f3sfera\u00a0 ya saturada de oraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Se\u00f1alemos otro error que se refiere por otro lado al precedente. Convencidos del papel de la oraci\u00f3n mental, esp\u00edritus falsos y caracteres d\u00e9biles, so pretexto que se etregan cada ma\u00f1ana, creen cumplir con ello\u00a0 sus deberes para con Dios, y de pronto vigilan mal su conducta y caen en la relajaci\u00f3n funesta. San Pedro de Alc\u00e1ntara se indigna porque una mentalidad as\u00ed pueda existir en personas de devoci\u00f3n.. Y sin embargo, existe en varios\u00a0 menos en estado de germen. Tengamos cuidado de no ser de ese n\u00famero.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n mental no se tiene sola sin punto de apoyo. Es una construcci\u00f3n s\u00f3lida que reposa en todas las virtudes cristianas. Quitadle ese fundamento, no es ya m\u00e1s que un cuerpo sin alma. No es m\u00e1s que un fantasma, una quimera. Cuidemos, con nuestras buenas costumbres, de no echar por tierra este hermoso edificio de la oraci\u00f3n. Pedro de Alc\u00e1ntara dice que con este ejercicio pasa lo que\u00a0 con una lira, cuyas virtudes son las cuerdas. Suprimir una de estas \u00faltimas ser\u00eda destruir la armon\u00eda del conjunto.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente comparte esta manera de ver. La oraci\u00f3n mental es seg\u00fan \u00e9l un \u00e1rbol que se conoce por sus frutos: si son abundantes y de excelente calidad, es buena; si son poco abundantes y de calidad ordinaria, es mediocre; si por \u00faltimo son nulos o agusanados, es mala.<\/p>\n<p>Tres virtudes se piden particularmente por el santo a las almas deseosas de progresar en la pr\u00e1ctica en cuesti\u00f3n: la humildad, la confianza en Dios y la mortificaci\u00f3n. La m\u00e1s esencial de las tres es la primera. La originalidad de Vicente es insistir en particular en esta virtud de orden pr\u00e1ctico. Al leer sus argumentos y sus consejos, se siente que pone todo su coraz\u00f3n en esta demostraci\u00f3n. Estima muy justamente que una vez conseguida esta victoria, otras lo ser\u00e1n a su vez. Todo es f\u00e1cil a los humildes puesto que Dios, por su gracia, las agranda y las eleva a medida que ellos se abajan y se empeque\u00f1ecen\u00a0 a sus propios ojos.<\/p>\n<p>La humildad sola abre la inteligencia a las luces de la oraci\u00f3n. Con esta \u00faltima no sucede\u00a0 como en las investigaciones cient\u00edficas en que la competencia y los esfuerzos personales juegan un papel preponderante. No es un estudio propiamente dicho, ni una gimn\u00e1stica del esp\u00edritu. Todas las facultades concurren en ella\u00a0: imaginaci\u00f3n, memoria, juicio, raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero esta puesta en com\u00fan de sus esfuerzos no es m\u00e1s que uno de los aspectos de la oraci\u00f3n mental, y el menor, su lado ps\u00edquico, como se ha visto al comienzo de esta obra.<\/p>\n<p>El principal factor de la oraci\u00f3n, su elemento esencial que la distingue de las meditaciones filos\u00f3ficas, literarias, art\u00edsticas, es la operaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en el alma. Es tambi\u00e9n el Maestro que propone a la atenci\u00f3n tal o cual objeto y que la ilumina con una luz sobrenatural.<\/p>\n<p>El todo es traer al Maestro las disposiciones que requiere. No equivocarse en este sentido.<\/p>\n<p>La Escritura y la Tradici\u00f3n, \u00f3rganos infalibles del Esp\u00edritu Santo, afirma que las luces divinas est\u00e1n reservadas a los humildes. Del agrado de Dios es tratar con los peque\u00f1os. Es un hecho de experiencia: las bellas\u00a0 y grandes ideas est\u00e1n con m\u00e1s frecuencia inspiradas a las mujeres verdaderamente devotas que a los hombres, si no es a los sencillos y a los modestos.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente declara manifiestamente que las Hijas de la Caridad, que no saben ni leer, ni escribir, har\u00e1n mejor oraci\u00f3n, con tal que sean humildes, qu\u00e9 no har\u00edan las humanamente instruidas en el m\u00e9todo que conviene seguir\u00a0 en este ejercicio, si su saber no va acompa\u00f1ado de humildad.<\/p>\n<p>Si Dios tiene sus delicias en comunicarse a los ignorantes, es para demostrarnos que toda la ciencia del mundo no es m\u00e1s que ignorancia al lado de la que reparte a todo el que se esfuerza en buscarle por la v\u00eda de la santa oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Fundador de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n admira diariamente esta maravilla entre los hermanos de su Instituto. \u00bb\u00a0Estamos sorprendidos por las luces que les da; -escribe- y parece claro que es \u00e9l solo, ya que ellos no tienen ninguna ciencia. Ser\u00e1 un pobre zapatero, ser\u00e1 un panadero, un carpintero, y sin embargo, nos llenan de admiraci\u00f3n. Hablamos a veces de ello entre nosotros, con confusi\u00f3n por no ser tales como los vemos. Nos decimos unos a otros:\u00a0\u00abFijaos en este pobre hermano; no hab\u00e9is advertido los hermosos y buenos pensamientos que Dios le ha dado. \u00bfNo es esto admirable?\u00a0 Porque lo que dice, no lo dice por haberlo aprendido anteriormente; lo sabe desde que hace oraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>A Vicente le gusta basar sus consejos en ejemplos. Pero en lugar de sacarlos de los libros, pone en escena\u00a0 a personas que le son familiares, o al menos cuya santidad bien conocida en su tiempo es incontestable. Uno de estos \u00faltimos es un Carmelita del siglo XVII de semejante ignorancia, que no aprendi\u00f3 nunca a decir el oficio y que sac\u00f3 un saber tan profundo de la oraci\u00f3n que lleg\u00f3 a ser uno de los pensadores m\u00e1s iluminados\u00a0 de su tiempo.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se hizo semejante transformaci\u00f3n? Lo explica el santo en estos t\u00e9rminos: \u00abSe presentaba a Nuestro Se\u00f1or y dec\u00eda: \u2018Se\u00f1or, aqu\u00ed est\u00e1 un pobre ignorante que implora vuestra gracia para hacer oraci\u00f3n. Yo no s\u00e9 nada. Pero, Se\u00f1or, decidme algo. \u00bfDejar\u00e9is ah\u00ed a vuestro pobre siervo sin decirla nada? Se\u00f1or, qu\u00e9 dir\u00e1 todo el Cielo si ve que no escuch\u00e1is el ruego que os hago. Permitid, mi Se\u00f1or, que os diga que no saldr\u00e9 sin que me hay\u00e1is dado la gracia que pido\u00bb.<\/p>\n<p>La humildad no es de rigor tan solo entre la gente humilde, tampoco entre los de condici\u00f3n media. Lejos de ser as\u00ed, esta virtud debe desarrollarse\u00a0 a medida que un hombre recobra m\u00e1s importancia a los ojos de sus hermanos. Indispensable en la obediencia entre los inferiores, ella es tambi\u00e9n tan necesaria\u00a0 en el mando entre los jefes. Sin su presencia, en jun caso, como en el otro, ning\u00fan esp\u00edritu cristiano.<\/p>\n<p>Penetrado de este principio, el Fundador de la Misi\u00f3n (insiste a los suyos) que en cualquier ministerio que sea deben huir de la vanagloria. Que no hablen ni por agradar al mundo, ni para ganarse su estima. \u00bb\u00a0\u00a1No quiera Dios que yo quite la gloria que le debo, ni que haga algo para adquirir el afecto de aquellos con quienes trabajo! \u2013escribe el santo-. Pero yo quiero que todo lo que haga, diga o piense sea por el amor de Dios. Salir de la oraci\u00f3n sin tomar alguna de estas resoluciones, no es hacerla como se debe\u00bb.<\/p>\n<p>La humildad indispensable en la autoridad, lo es tambi\u00e9n en la ciencia. Si hay una categor\u00eda de hombres\u00a0 tentados de complacerse a s\u00ed mismos y de contar a los dem\u00e1s como cantidad despreciable, es ciertamente la elite intelectual. La bestia humana, de la que son testigos a diario, les da una conciencia cada vez m\u00e1s aguda de su superioridad. Este sentimiento se ve reforzado por la impresi\u00f3n de aislamiento que experimentan incluso en los medios m\u00e1s brillantes. Nadie habla del saber humano con m\u00e1s justeza y moderaci\u00f3n que Vicente. Por un lado una amplia erudici\u00f3n y, por otro, una humildad casi sin l\u00edmites le informan muy exactamente sobre sus ventajas\u00a0 y sobre sus peligros.<\/p>\n<p>M\u00e9dico, fil\u00f3sofo, te\u00f3logo, ex\u00e9geta, el santo insiste sobre la obligaci\u00f3n para los sacerdotes mismos\u00a0 de <em>ser sabio<\/em>. Director de conciencia experimentado, o se equivoca sobre los peligros demasiado reales a los que expone una cierta superioridad de orden intelectual. Los consejos siguientes dados a los estudiantes de San L\u00e1zaro son interesantes bajo este doble punto de vista: Se necesita ciencia, hermanos m\u00edos, y \u00a1ay de aquellos que no emplean bien su tiempo! Pero temamos y, si me atrevo a decirlo, temblemos, y temblemos mil veces m\u00e1s de lo que pudiera decir; ya que los que tienen esp\u00edritu deben temer\u00a0<em>: sciencia<\/em> <em>inflat<\/em>;\u00a0 y los que no lo tienen, es todav\u00eda peor, si no de humillan\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente no atribuye al saber mismo el orgullo que le acompa\u00f1a en varios. Al preguntarse si la ciencia impide nuestra santificaci\u00f3n, responde sin titubear: \u00abNo, eso son nuestras propias miserias\u00bb.<\/p>\n<p>Si el enriquecimiento del esp\u00edritu no es causa de orgullo, es con frecuencia la ocasi\u00f3n. Se deben tomar medidas a la vista de esta eventualidad. La principal es ser fiel a su oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana y hacer con ello un ejercicio de humildad. Cuanto m\u00e1s se siente uno tentado de creerse sabio, m\u00e1s conviene emprenderla y proseguirla con bajos sentimientos de s\u00ed mismo. Y c\u00f3mo no tenerlos ante esta <em>fuente de todas las ciencias <\/em>que es la oraci\u00f3n mental como se complace en llamarla el santo.<\/p>\n<p>Deseoso de hacer amar y buscar esa manera divina de instruirse, Vicente la opone a los procedimientos puramente humanos, a los m\u00e9todos exclusivamente racionales: \u00ab\u00bfDe d\u00f3nde viene que ve\u00e1is a gente sin letras\u00a0 hablar tan bien de Dios, desarrollar los misterios con m\u00e1s inteligencia que lo har\u00eda un doctor?<\/p>\n<p>\u00abUn doctor que solo tiene esa doctrina habla de Dios verdaderamente de la manera que le ha ense\u00f1ado su ciencia; pero una persona de oraci\u00f3n habla de otra forma muy distinta. Y la diferencia de los dos viene de que una habla por simple <em>ciencia adquirida,<\/em> y el otro por una <em>ciencia infusa toda llena de amor,\u00a0 <\/em>de manera que el doctor, en este encuentro, no es el m\u00e1s sabio. Y debe callarse all\u00ed donde se encuentra una persona de oraci\u00f3n, pues ella habla de Dios de otra forma que \u00e9l no puede\u00a0hacerlo\u00bb.<\/p>\n<p>El santo se horroriza al ver a algunos hombres\u00a0 correr fren\u00e9ticamente tras los conocimientos cient\u00edficos como si nuestra felicidad dependiese de ello. Su sorpresa y su tristeza son mayores al ver a otros colocar en su estima la inteligencia de los negocios por encima de todo y no alimentar otra ambici\u00f3n que la de adquirirla. Lamenta a estos comerciantes en cuyos ojos nada cabe sino su negocio, ya que Dios les niega la penetraci\u00f3n de las verdades cristianas.<\/p>\n<p>Estos sabios orgullosos de su saber y estos hombres soberbios por estar tan al corriente de las cosas de este mundo, si hicieran oraci\u00f3n, cada ma\u00f1ana, no sacar\u00edan ning\u00fan fruto hasta el d\u00eda en que, tocada por la gracia, su alma llegar\u00eda a ser humilde y d\u00f3cil.<\/p>\n<p>La curiosidad intelectual demasiado grande es peligrosa bajo el punto de vista cient\u00edfico. Si es bueno apasionarse por el estudio a fin de no perder terreno ante el primer obst\u00e1culo, es preciso ser suficientemente maestro de s\u00ed para contener\u00a0 y canalizar\u00a0 este ardor para que no genere en man\u00eda de descubrirlo todo y conocerlo todo.<\/p>\n<p>Esta fiebre del saber es tambi\u00e9n m\u00e1s funesta bajo el punto de vista moral pues es una de las formas m\u00e1s perniciosas del orgullo. Vicente lo explica en las l\u00edneas siguientes: \u00abComo naturalmente deseamos aprender algo nuevo, si no despuntamos este deseo y esta curiosidad, no habr\u00e1 una hoja de lectura\u00a0que no pueda servir a la vanidad; y comenzando por el esp\u00edritu, acabamos por la carne; deseando parecer, saci\u00e1ndonos de humo, queriendo ganar a todos los dem\u00e1s, ser estimados sutiles, de buen sentido, de buen juicio; y ah\u00ed acaba todo!\u00bb<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n que se desprende de este resumen sobre la ciencia infusa o divinamente inspirada, es que es imposible, sin humildad, adquirir la segunda, si se tuviera la primera en su plenitud. El Esp\u00edritu Santo alumbra a los \u00fanicos esp\u00edritus vac\u00edos de ellos mismos y por decirlo as\u00ed aniquilados bajo su acci\u00f3n. Importa decirse al principio de la oraci\u00f3n: soy indigno de hablar a Dios y de o\u00edr interiormente su palabra. Si yo me dispongo a hacerlo, es por su orden, y en uni\u00f3n de esp\u00edritu\u00a0 y de coraz\u00f3n con Jesucristo cuya vida temporal ha sido una oraci\u00f3n perfecta de un cabo al otro.<\/p>\n<p>La estima de las luces de orden sobrenatural y la convicci\u00f3n de que ellas\u00a0 vencen sobre los chispazos del genio nos ayudar\u00e1n a sacrificarles nuestro amor propio. No existe texto, en el que\u00a0 est\u00e9n expuestos con m\u00e1s precisi\u00f3n, profundidad y poes\u00eda, los caracteres de la acci\u00f3n brillante del Esp\u00edritu Santo en la oraci\u00f3n, como en esta rese\u00f1a de una charla del Sr. Vicente, lo reproducimos a pesar de su longitud. Nada m\u00e1s claro, ni m\u00e1s probatorio podr\u00eda darse\u00a0\u00ab.<\/p>\n<p>\u00bb\u00a0V\u00e9ase la diferencia que hay entre la luz del fuego y la del sol: durante la noche, nuestro fuego nos ilumina, y por medio de su brillo vemos las cosas, pero no las vemos sino imperfectamente, no descubrimos m\u00e1s que la superficie, y este brillo no va m\u00e1s all\u00e1. Pero el sol lo llena y lo vivifica todo con su luz; no descubre solamente el exterior de las cosas, sino que, por una virtud secreta, penetra en el interior, las hace actuar y hasta fructuosas y f\u00e9rtiles,\u00a0 seg\u00fan la calidad de su naturaleza.<\/p>\n<p>\u00abPues los pensamientos\u00a0 y las consideraciones que vienen de nuestro entendimiento no son m\u00e1s que peque\u00f1os fuegos que muestran tan solo un poco el exterior de os objetos, y no nos producen nada m\u00e1s. Pero las luces de la gracia, que el Sol de justicia derrama en nuestras almas, descubren y penetran hasta el fondo y lo m\u00e1s \u00edntimo de nuestro coraz\u00f3n, que ellas excitan y llevan a lograr productos maravillosos. Hay que pedir a Dios que sea \u00e9l mismo quien nos ilumine y nos inspire lo que le es agradable.<\/p>\n<p>\u00abTodas las consideraciones\u00a0 altas y rebuscadas no son oraci\u00f3n\u00a0; son m\u00e1s bien a veces reto\u00f1os de la soberbia; igualmente de aquellos que se paran all\u00ed y se complacen, como de un predicador que se pavonear\u00eda en sus bonitos discursos, que\u00a0 se complaciera viendo a los asistentes satisfechos con lo que les dice\u00a0; en lo que es evidente que no ser\u00eda el Esp\u00edritu Santo, sino m\u00e1s bien el esp\u00edritu de soberbia\u00a0 que iluminar\u00eda\u00a0 su entendimiento y sacar\u00eda al exterior\u00a0 todos estos bellos pensamientos\u00a0; o, para decirlo mejor, ser\u00eda el demonio el que le har\u00eda hablar de esa forma.<\/p>\n<p>\u00abSucede lo mismo en la oraci\u00f3n, cundo se buscan hermosas consideraciones, cuando se entretiene con pensamientos extraordinarios, en particular cuando es para lanzarlos al exterior al hablar de su oraci\u00f3n, para que los dem\u00e1s los alaben. Eso es una especie de blasfemia; es, de alguna forma, ser id\u00f3latra de su esp\u00edritu\u00a0; porque, al tratar con Dios en la oraci\u00f3n , medit\u00e1is con qu\u00e9 satisfac\u00e9is a vuestra soberbia, emple\u00e1is este santo tiempo en rebuscar vuestra satisfacci\u00f3n y en complaceros en esta bella estima de nuestros pensamientos,\u00a0 sacrific\u00e1is a este \u00eddolo de la vanidad\u00bb.<\/p>\n<p>Este an\u00e1lisis tan denso en sentimientos mal conocidos del sujeto, cuando no son inconscientes, supone en Vicente una experiencia consumada de las almas y de las v\u00edas misteriosas por las cuales Dios los encamina hacia la perfecci\u00f3n. Se debe no solo leer, sino meditar. No ser\u00eda el colmo del orgullo no descubrir en nosotros ning\u00fan rasgo de parecido con esos devotos, cuya vanidad secreta se pone tan magistralmente al descubierto. Tal vez antes de la lectura de estas p\u00e1ginas, ten\u00edamos la ingenuidad de tener todo pensamiento\u00a0 piadoso por divinamente inspirado. El problema del origen de estos pensamientos estaba resuelto de antemano, m\u00e1s exactamente, nos era completamente extra\u00f1o. Grande era nuestra complacencia en nosotros mismos tanto m\u00e1s temible cuanto mejor oculta estaba bajo los falsos exteriores de la piedad.<\/p>\n<p>Es cierto que con una mentalidad parecida, el orgullo empeora necesariamente d\u00eda a d\u00eda y, salvo el caso de una gracia particular de Dios, a medida que crece, la ilusi\u00f3n aumenta y le fortalece m\u00e1s. Nos espantar\u00eda si nos fuera dado ver c\u00f3mo el mal se\u00f1alado por Vicente est\u00e1 difundido incluso y sobre todo entre las almas tenidas por las mejores. Nuestra emoci\u00f3n aumentar\u00eda a la vista del perjuicio inmenso que les causa. Si la obra de la santificaci\u00f3n se retrasa, se compromete en los cristianos fieles a la oraci\u00f3n cotidiana, no se ha de buscar en otra parte que all\u00ed la explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aprovechemos la experiencia del santo y de su diagn\u00f3stico tan preciso para buscar este mal. Que nos sintamos impresionados, no cabe la menor duda. Qui\u00e9n no se complace un poco en la facilidad maravillosa con la que medita, en el nuevo giro que da a un tema banal.<\/p>\n<p>Esta complacencia, lejos de ser un pecado mortal, es m\u00e1s bien una imperfecci\u00f3n que una falta. Sin ser culpable, es peligrosa por raz\u00f3n del g\u00e9nero de orgullo que encierra. Depende de nosotros matar este germen condenando inmediatamente esta complacencia y aplast\u00e1ndola bajo el peso de un acto de humildad. Por el contrario, si el remedio no se aplica de inmediato, el mal se grabar\u00e1 dentro de nosotros y esterilizar\u00e1 pronto la oraci\u00f3n mental y los diversos ejercicios de piedad.<\/p>\n<p>Por suerte para nosotros, el Sr. Vicente, despu\u00e9s de se\u00f1alar el peligro en t\u00e9rminos tan claros que es imposible a las almas de buena voluntad equivocarse, indica con la misma claridad el modo de conjurarle con toda seguridad. Prestemos de nuevo el o\u00eddo a los consejos del querido m\u00e9dico del alma, decididos a seguir puntualmente sus \u00f3rdenes: \u00abAh, hermanos m\u00edos, guard\u00e9monos muchos de estas locuras\u00a0; reconozcamos que estamos llenos de miserias\u00a0; no busquemos m\u00e1s que lo que puede m\u00e1s humillar y llevarnos a la pr\u00e1ctica s\u00f3lida de las virtudes\u00a0; humill\u00e9monos siempre en la oraci\u00f3n hasta la nada\u00a0; y en nuestras repeticiones de oraci\u00f3n, digamos humildemente nuestros pensamientos, y si se presentan algunos que nos parecen hermosos, desconfiemos mucho de nosotros mismos y temamos que sea el esp\u00edritu de soberbia el que los produzca, o el diablo el que los inspire. Por eso debemos siempre humillarnos profundamente cuando estos bellos pensamientos nos vienen haciendo oraci\u00f3n\u2026\u00a0 \u00abEl Hijo de Dios pod\u00eda encandilar a todos los hombres por su elocuencia toda divina, y no lo ha querido hacer. Sino, al contrario, ense\u00f1ando las verdades de su Evangelio, se ha servido siempre de las expresiones y palabras\u00a0 comunes y familiares; ha preferido siempre\u00a0 ser m\u00e1s bien envilecido y despreciado, que alabado y estimado.<\/p>\n<p>\u00bb\u00a0Veamos c\u00f3mo podremos imitar a Jes\u00fas; y para ello suprimamos estos pensamientos de soberbia en la oraci\u00f3n y otras partes. Sigamos en todo las huellas\u00a0 de la humildad de Jesucristo: usemos de palabras sencillas, comunes y familiares; y cuando Dios lo permita as\u00ed,\u00a0 alegr\u00e9monos\u00a0 de que no se atienda a lo que digamos, que se nos desprecie, que se r\u00edan de nosotros, y tengamos por cierto que, sin una verdadera y sincera humildad, nos es imposible de aprovecharnos nosotros y los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Tres medidas que tomar se desprenden de los consejos que acabamos de leer. En primer lugar desconfiar de los pensamientos\u00a0 cuya profundidad, originalidad o belleza de forma agradan al esp\u00edritu y, de alguna manera, lo fascinan; en lugar de tenerlos a priori como inspiraci\u00f3n divina, mirarlos antes bien como elucubraciones personales y sin inter\u00e9s, ni valor bajo el punto de vista religioso.<\/p>\n<p>Este estado de esp\u00edritu lleva a desaprobarlos, y como estos pensamientos, por el atractivo que ejercen, ponen en peligro de orgullo, lo mejor es oponerles inmediatamente\u00a0 bajos pensamientos de s\u00ed mismo, una franca y sencilla confesi\u00f3n de sus miserias y de su nada, en una palabra atacarlos por su contraria.<\/p>\n<p>La \u00faltima medida que tomar con el fin de reformar las otras es\u00a0 la de esforzarse en ser m\u00e1s humilde en su conducta frente al pr\u00f3jimo y sobre todo en sus palabras. Si uno es de ordinario orgulloso con sus semejantes, en virtud de la costumbre, se corre gran riesgo de serlo en cierta manera de Dios. Si uno se escucha y se admira al conversar con su familia, sus amigos y los extra\u00f1os, \u00a1c\u00f3mo no admirarse cuando, en el curso de la oraci\u00f3n diaria, se habla uno a s\u00ed mismo en el secreto de su coraz\u00f3n! V\u00e9ase porqu\u00e9 Vicente dirigi\u00e9ndose\u00a0 a los que sacan su amor propio de sus meditaciones, les recomienda pensar y hablar sencilla y buenamente en todas las circunstancias.<\/p>\n<p>Constatemos una vez m\u00e1s la influencia de la conducta sobre la oraci\u00f3n. Si este ejercicio ayuda a vivir cristianamente, a la inversa llevar una existencia verdaderamente cristiana facilita este ejercicio y, se puede decir, asegura de antemano la eficacia.<\/p>\n<p>El Fundador de la Misi\u00f3n preconiza un medio pr\u00e1ctico para acostumbrase a hacer humildemente oraci\u00f3n, es dar, cada mes, la humildad como objeto de esta pr\u00e1ctica. Presiona a su asistente, Sr. Alm\u00e9ras, para que se mantenga firme en hacer una meditaci\u00f3n mensual sobre esta virtud requerida para tratar fructuosamente con Dios. Su esperanza,\u00a0 fundada en la experiencia de la psicolog\u00eda\u00a0 humana, es que a fuerza de meditar sobre este tema sus misioneros acaben por deshacerse de su orgullo o de sus peque\u00f1as vanidades.<\/p>\n<p>El menosprecio y la desconfianza de s\u00ed no son m\u00e1s que uno de los factores de la humildad. Ellos solos engendrar\u00edan el des\u00e1nimo y ser\u00edan as\u00ed la causa de debilitamiento moral. A fuerza de repetirse: \u00abYo soy incapaz de hacer el bien, indigno de existir\u00a0\u00ab, se acabar\u00eda pronto de actuar. Un contrapeso es necesario a esta mentalidad deprimente. Este contrapeso es la confianza en Dios.<\/p>\n<p>Cuando el santo recomienda comenzar y seguir la oraci\u00f3n con bajos sentimientos de s\u00ed mismo, no deja nunca de mostrar a Dios paternalmente inclinado hacia los humildes y atento a las demandas\u00a0\u00a0 que le presentan. Despu\u00e9s de insistir sobre la ignorancia de la mayor parte de las Hijas de la Caridad,\u00a0 Vicente termina su charla con estas palabras reconfortantes: \u00abSi hac\u00e9is lo posible por entrar en la santa pr\u00e1ctica de hacer bien la oraci\u00f3n, tendr\u00e9is un cr\u00e9dito ante Dios para conseguir todas las gracias que le pid\u00e1is\u2026 Y digo m\u00e1s, Hijas m\u00edas, aquellas de vosotras que no podr\u00edan ni leer ni escribir har\u00e1n mejor la oraci\u00f3n, con tal que sean humildes, que las que hayan aprendido\u00a0 el m\u00e9todo de hacerla por la ciencia, si no es acompa\u00f1ada de humildad\u00a0\u00ab. Y el santo a tranquilizar plenamente a sus oyentes compar\u00e1ndolas con las gentes humildes sin educaci\u00f3n, ni fortuna, como ha querido Nuestro Se\u00f1or que hicieran sus ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>Vicente pide, como primera disposici\u00f3n para progresar en el buen camino, reconocerse pobre, despreciable, incapaz de ning\u00fan bien y de aceptar ser tenido como tal. Pero inmediatamente despu\u00e9s de esta reflexi\u00f3n sobre su indignidad,\u00a0 hay que levantarse por un acto de amor de Dios y decir\u00a0: \u00bb\u00a0Aun cuando no sea digno de hacer tal cosa, porque Dios lo quiere, yo la har\u00e9 a pesar de ello para agradarle, pues la desea de m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>El medio de ser humilde sin des\u00e1nimo y confiado sin presunci\u00f3n es unirse en esp\u00edritu y de coraz\u00f3n a Jes\u00fas\u00a0 y querer hacer la oraci\u00f3n mental como \u00e9l mismo hac\u00eda la suya. Este buen Maestro nos inspirar\u00e1 sus sentimientos de soberano respeto, de confianza y de humildad. Uno de los privilegios de esta virtud es establecer el alma de quien la cultive en una dulce familiaridad con Nuestro Se\u00f1or. As\u00ed se explica la audacia de los humildes. Ellos no dudan de nada tan amados se sienten del buen Dios.<\/p>\n<p>El santo da una idea de este amor en el texto siguiente: \u00abCreedme, la pereza no\u00a0 aleja al Hijo de Dios de nosotros\u00a0: \u00e9l no tiene por qu\u00e9 hacer grandezas, \u00e9l es la grandeza misma, pero quiere corazones sencillos, humildes. Y cuando los ha encontrado, \u00a1oh, qu\u00e9 hermoso verle hacer all\u00ed su residencia! Se jacta en las Sagradas Escrituras de que sus delicias son de conversar con los peque\u00f1os. S\u00ed, el placer de Dios, el contento de Dios, la alegr\u00eda de Dios, si se ha de decir as\u00ed,\u00a0 es estar con los humildes y sencillos que siguen crey\u00e9ndose en el conocimiento de su bajeza. \u00a1Gran asunto de consuelo y de esperanza para\u00a0\u00a0 nosotros, y gran motivo de humillarnos!\u00a0\u00bb<\/p>\n<p>La tercera virtud requerida para ser hombre de oraci\u00f3n es la mortificaci\u00f3n. El Sr. Vicente representa esta \u00faltima como la hermana de la oraci\u00f3n, hermanas viviendo en tan buena inteligencia que no van la una sin la otra. \u00bb\u00a0La mortificaci\u00f3n va la primera, y la oraci\u00f3n la sigue; dice a las Hijas de la Caridad de suerte que, si quer\u00e9is ser hijas de oraci\u00f3n, como lo necesit\u00e1is, aprended a mortificaros, a mortificar los sentidos exteriores, las pasiones, el juicio, la propia voluntad, y no dud\u00e9is que en poco tiempo, andando por este camino, vay\u00e1is\u00a0 a\u00a0 hacer gran progreso en la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bb\u00a0Dios os guardar\u00e1, considerar\u00e1 la humildad de sus siervas, pues la mortificaci\u00f3n viene de la humildad; y as\u00ed os har\u00e1 participantes de los secretos que ha prometido descubrir a los peque\u00f1os y a los humildes\u00bb.<\/p>\n<p>El Fundador de la Misi\u00f3n se pregunta a menudo porqu\u00e9 varios miembros de su Instituto hacen tan pocos progresos en la oraci\u00f3n, mientras que se entregan a ella regularmente cada ma\u00f1ana. Dej\u00e9mosle que \u00e9l mismo comunique el resultado de sus investigaciones sobre esta anomal\u00eda: \u00bb\u00a0Hay motivos para temer que la causa de este mal no sea que ellos no se ejercitan lo suficiente en la mortificaci\u00f3n y que dan demasiada libertad a sus sentidos\u00a0\u00ab.<\/p>\n<p>El consejo del santo se basa en la doctrina de los maestros del ascetismo y de la m\u00edstica que consideran\u00a0 la pr\u00e1ctica de esta virtud como una disposici\u00f3n necesaria a la oraci\u00f3n. Seg\u00fan esta ense\u00f1anza, de la que Vicente se hace eco: hay que mortificar no solo los ojos, la lengua, los o\u00eddos y los dem\u00e1s sentidos exteriores, pero tambi\u00e9n las facultades del alma, el entendimiento, la memoria y la voluntad.<\/p>\n<p>En conformidad con esta pr\u00e1ctica, el santo recurre a ejemplos que conoce bien por haberlos visto con sus ojos y o\u00eddo con sus o\u00eddos. \u00bb\u00a0Nosotros ten\u00edamos uno de nuestros hermanos \u2013dice- que hablando de la oraci\u00f3n dec\u00eda\u00a0: veis, Se\u00f1or, cuando agrada a Dios que me mortifique en algo, en beber, en comer, en hablar o en ver oh, para entonces tengo buenos pensamientos en la oraci\u00f3n, vienen en masa, de suerte que necesito m\u00e1s bien escoger los que me son m\u00e1s propios, que otra cosa\u00bb.<\/p>\n<p>El caso de este hermano es un motivo de admiraci\u00f3n para su General encantado de ver en ello la confirmaci\u00f3n palmaria de una de las leyes de la vida espiritual. Nada m\u00e1s cierto, en efecto, que la feliz influencia de la mortificaci\u00f3n sobre la oraci\u00f3n. Nada mejor constatado que la reciprocidad de servicios que se prestan una a la otra.<\/p>\n<p>El alma siente tanta m\u00e1s felicidad en vivir de uni\u00f3n con Dios cuanto m\u00e1s supera los obst\u00e1culos que la apartan de ella. Esta hija del Cielo est\u00e1 inclinada hacia la Tierra por los apetitos y las pasiones del hombre animal.\u00a0 \u00bfQui\u00e9n la arma contra estas fuerzas? La mortificaci\u00f3n cuya funci\u00f3n conforme a su nombre es de aminorar la vitalidad de las malas tendencias en beneficio de las aspiraciones\u00a0 de orden superior.<\/p>\n<p>No hay un paso de esta virtud que no sirva, de un modo o de otro, la causa de la oraci\u00f3n. Si yo mortifico mis sentidos, el recogimiento me resultar\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil ya que mi curiosidad ser\u00e1 cada vez menos viva. El ambiente exterior no distraer\u00e1 m\u00e1s a mi esp\u00edritu del objeto de sus meditaciones.<\/p>\n<p>Al refrenar mi imaginaci\u00f3n y mi memoria, suprimir\u00e9 parcialmente las dos principales fuentes de disipaci\u00f3n en mis conversaciones con Dios.<\/p>\n<p>Mortificar mi juicio y mi raz\u00f3n, \u00bfno es aumentar la fe de mi esp\u00edritu y preparar de alguna forma mi alma a las luces e inspiraciones\u00a0 del Esp\u00edritu Santo?<\/p>\n<p>Disciplinar mi voluntad oponi\u00e9ndome a sus caprichos,\u00a0 es hacerla m\u00e1s d\u00f3cil a Dios durante la oraci\u00f3n y predisponerla a tomar firmes resoluciones.<\/p>\n<p>A su vez, la oraci\u00f3n sostiene al alma en esta v\u00eda del sacrificio: le muestra la raz\u00f3n de ser de la soberana belleza por la meditaci\u00f3n frecuente de los sufrimientos y la muerte de Cristo Jes\u00fas, al propio tiempo que inspira al coraz\u00f3n y a la voluntad un atractivo para la mortificaci\u00f3n present\u00e1ndola como un rasgo de semejanza con el Verbo hecho carne y como el mejor medio de testimoniarle su amor.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, la oraci\u00f3n, por el gusto de la paz interior que da al alma, la aparta de todo lo que podr\u00eda perturba esta paz, es decir de las criaturas, todas causas de inquietud y de agitaci\u00f3n cuando son amadas demasiado apasionadamente. En la cima de la contemplaci\u00f3n e incluso en las pendientes\u00a0 de la simple meditaci\u00f3n, las penas son recibidas de la mano de Dios y, de pronto, su amargura se transforma en dulzura.<\/p>\n<p>Una \u00faltima prueba de la necesidad de mortificarse para hacer bien la oraci\u00f3n es que es imposible,\u00a0 sin esta virtud, perseverar en este ejercicio. Este \u00faltimo es por s\u00ed mismo una prueba m\u00e1s penosa por su repetici\u00f3n cotidiana. Tanto como aceptan los caracteres d\u00e9biles prestar un esfuerzo extraordinario, tanto se esquivan cuando se les pide que hagan regularmente, cada d\u00eda, un esfuerzo mediano. El Sr. Vicente no disimula a sus hijas e hijos\u00a0 espirituales que se necesita esp\u00edritu de sacrificio para perseverar en la oraci\u00f3n mental.<\/p>\n<p>Esta pr\u00e1ctica pone la inteligencia en una dura prueba por la concentraci\u00f3n que exige. Y si la hora de recogimiento pudiera ser, a su gusto, trasladada al d\u00eda siguiente, la pena ser\u00eda menor. Lo m\u00e1s dif\u00edcil, en efecto, \u00bfno es meditar cuando no se tiene ninguna gana?<\/p>\n<p>Laborioso bajo el punto de vista intelectual, este ejercicio lo es otro tanto, si no m\u00e1s, bajo el punto de vista afectivo. Se trata de dar a Dios por \u00fanico objeto\u00a0 a sentimientos y pasiones cuyo objeto ordinario es una criatura de carne o algo visible y tangible. Esta madre de familia, por ejemplo, cuya ternura se limita a su hogar, debe imponer silencio, durante media hora, a su amante solicitud para conversar amorosamente con Dios solo. Sin duda, le es permitido hablar de su esposo y de sus hijos, a condici\u00f3n no obstante de mantenerse lo m\u00e1s posible\u00a0 en el terreno sobrenatural. Lo que no puede lograrse sin grandes esfuerzos: es la luche entre la gracia y el m\u00e1s natural de los instintos en l mujer, el instinto maternal.<\/p>\n<p>Este hombre de negocios, \u00e9l, apasionadamente enamorado de su industria, de su banca o de su negocio, deber\u00e1 hacer tregua en sus preocupaciones habituales y trasladar a Dios\u00a0 sus deseos orientados hacia la materia. Y solo haci\u00e9ndose violencia a s\u00ed mismo este sediento de los bienes de este mundo podr\u00e1 sentir la necesidad\u00a0 de los bienes del Cielo.<\/p>\n<p>Ni la voluntad queda sin\u00a0 ser probada por la oraci\u00f3n. Y lo es de maneras diferentes seg\u00fan las personas y los d\u00edas. En ciertos momentos, la inacci\u00f3n le es recomendada, cuando est\u00e1 febrilmente impaciente por actuar; y en otros, debe salir de su descanso, cuando\u00a0 no aspira m\u00e1s que a descansar.\u00a0 Su principal tormento es entregarse a una tarea misteriosa, cuyos resultados le son de ordinario desconocidos: por eso tiene la impresi\u00f3n de trabajar en el vac\u00edo.<\/p>\n<p>Es una mortificaci\u00f3n que exige el \u00e9xito de la oraci\u00f3n,\u00a0 seg\u00fan el Sr. Vicente, es la obligaci\u00f3n de levantarse a una hora de la ma\u00f1ana y regular, incluso cuando el sue\u00f1a haya estado interrumpido por\u00a0 insomnios m\u00e1s o menos largos. La mayor parte de nosotros\u00a0 se obligan muy dif\u00edcilmente a\u00a0 esta disciplina sin embargo tan favorable a la higiene del cuerpo y del alma. Se ha visto anteriormente la importancia que tiene a los ojos del Fundador de la Misi\u00f3n y de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>La perseverancia en la oraci\u00f3n sobre todo durante los primeros a\u00f1os exige tales esfuerzos que no basta para lograrlo ser humilde y mortificado, hace falta adem\u00e1s ser u hombre de valor y de gran valor. El santo est\u00e1 convencido de ello, y esta convicci\u00f3n le es com\u00fan con san Ignacio de Loyola. Si \u00e9l no clasifica esta fuerza de alma entre las virtudes preparatorias a la oraci\u00f3n y necesarias para su \u00e9xito, como\u00a0 la clasifica el Fundador de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, es que ella no hace m\u00e1s que una cosa en su pensamiento con la mortificaci\u00f3n y la humildad, de tal forma estas tres virtudes se llaman, existen bajo el punto de ser inseparables.<\/p>\n<p>Ya se ha visto en un cap\u00edtulo precedente que solo un valor heroico triunfa de las sequedades y desganas de la oraci\u00f3n as\u00ed como del fracaso aparente de este ejercicio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo VI: Virtudes requeridas para hacer con fruto la oraci\u00f3n mental La cuesti\u00f3n de m\u00e9todo, en la oraci\u00f3n mental como en cualquier otro modo de actividad, est\u00e1 lejos de ser despreciable. 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