{"id":55090,"date":"2015-03-05T09:08:48","date_gmt":"2015-03-05T08:08:48","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=55090"},"modified":"2016-07-27T12:05:42","modified_gmt":"2016-07-27T10:05:42","slug":"sor-maturina-guerin-1631-17049-i","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-maturina-guerin-1631-17049-i\/","title":{"rendered":"Sor Maturina Gu\u00e9rin (1631-17049 (I)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/04\/biografias_hijas_caridad.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-116989\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/04\/biografias_hijas_caridad-231x300.jpg?resize=231%2C300\" alt=\"biografias_hijas_caridad\" width=\"231\" height=\"300\" \/><\/a>El \u00ablibro de oro\u00bb de las Hijas de la Caridad, que presenta en pocas l\u00edneas la fiso\u00adnom\u00eda de numerosas Hermanas anteriores a 1870, dice de Maturina Gu\u00e9rin:<\/p>\n<p>\u00abEsta es la primera nota biogr\u00e1fica que deber\u00eda leerse despu\u00e9s de la vida de San Vicente y de Santa Luisa, porque Sor Maturina Gu\u00e9rin fue quien dio brillo, esplendor y perfecci\u00f3n a nuestra Compa\u00f1\u00eda, ya que le fue otorgado cumplir los designios de nuestros Santos Fundadores.\u00bb<\/p>\n<p>La nota biogr\u00e1fica de Maturina Gu\u00e9rin se halla en el libro de las Conferencias y Circulares (tomo II) editado en 1845. En los Archivos de la Casa Madre conservan piadosamente las tres conferencias dadas por el Director Padre Chevremont sobre las virtudes de Maturina Gu\u00e9rin en diciembre de 1704 y enero de 1705, as\u00ed como otra nota biogr\u00e1fica manuscrita mucho m\u00e1s completa que la que se edit\u00f3 en el siglo XIX.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se conservan en los Archivos cartas dirigidas por Maturina Gu\u00e9rin a las Hermanas, de manera especial las dirigidas a Sor &#8216;Margarita Ch\u00e9tif, e igualmente algunas Circulares.<\/p>\n<p>Los veinti\u00fan a\u00f1os de generalato de Maturina Gu\u00e9rin (distribuidos en tres sexenios y un trienio) se se\u00f1alaron por una gran expansi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda en Francia: fueron llegando numerosas Hermanas, se cre\u00f3 otro Seminario en Eu, Normand\u00eda, se abrieron m\u00e1s de un centenar de casas. Fue, asimismo, durante el generalato de Maturina Gu\u00e9rin cuando el Padre Alm\u00e9ras mand\u00f3 recopilar en cap\u00edtulos las Reglas Comunes, cuando se adopt\u00f3 el uso de la \u00abcorneta\u00bb, cuando se empez\u00f3 el libro de actas de las elecciones (libro en el que han firmado las delegadas de la \u00faltima Asamblea Gene\u00adral), cuando se inici\u00f3 la costumbre de enviar una circular el 1 de enero y el 2 de febrero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00a0S\u00f3lidas ra\u00edces familiares<\/strong><\/p>\n<p>Maturina Gu\u00e9rin naci\u00f3 el 16 de mayo en 1631 en Montcontour, di\u00f3cesis de Saint Brieuc, provincia de Breta\u00f1a.<\/p>\n<p>Montcontour, ciudad fortificada, construida en el siglo XI, hab\u00eda sido durante mu\u00adcho tiempo uno de los feudos del Conde de Penthi\u00e9vre. Edificada sobre una colina y dominando dos valles, esta ciudad se alzaba como un peligro en aquella Breta\u00f1a que Enrique IV acababa de pacificar con gran esfuerzo. Por ello, Luis XIII orden\u00f3 la des\u00adtrucci\u00f3n de tal basti\u00f3n. As\u00ed, en 1626, qued\u00f3 demolido el castillo y desmanteladas las fortificaciones. En la fecha en que nace Maturina, las gentes se hallan todav\u00eda bajo el choque que les ha producido esta demolici\u00f3n y contemplan con dolor, pero con rabia mal contenida, los restos de murallas, recuerdo impotente de lo que hab\u00eda sido mag\u00adn\u00edfico baluarte.<\/p>\n<p>Esta historia de Montcontour puede explicar, al menos en parte, el car\u00e1cter de defender los intereses de Dios y de los pobres.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Mauril Gu\u00e9rin y su mujer, Juana Philippe, escogen para su primog\u00e9nita el nombre de Maturina, y ponen a la ni\u00f1a bajo el patrocinio del gran santo venerado en Montcontour. Maturina habr\u00e1 de conservar toda su vida una especial devoci\u00f3n a su Santo Patrono.<\/p>\n<p>San Maturino vivi\u00f3 en el siglo III y muri\u00f3 en Roma. Sus reliquias, llevadas a Mont\u00adcontour en el siglo IX, son objeto de gran veneraci\u00f3n. El domingo de Pentecost\u00e9s, tie\u00adne lugar todos los a\u00f1os el \u00abgran Perd\u00f3n\u00bb \u2014especie de procesi\u00f3n de Rogativas\u2014 en honor suyo. La urna que contiene las reliquias, coronada por el busto del Santo, es llevada por todas las callejas estrechas de la ciudad, con sus escaleras de pelda\u00f1os desiguales. La poblaci\u00f3n, con cirios encendidos, sigue al clero cantando las letan\u00edas del Santo:<\/p>\n<ul>\n<li>salud de los enfermos,<\/li>\n<li>terror de los demonios,<\/li>\n<li>esperanza de los labradores,<\/li>\n<li>gloria de la ciudad de Montcontour&#8230;<\/li>\n<\/ul>\n<p>Grandes regocijos populares acompa\u00f1an al \u00abGran Perd\u00f3n\u00bb: otra procesi\u00f3n con antorchas y fuegos artificiales el s\u00e1bado por la noche; fiesta p\u00fablica y baile, el lunes.<\/p>\n<p>El Padre de Maturina est\u00e1 \u00abmuy medianamente provisto de bienes de fortuna\u00bb, dice la nota biogr\u00e1fica. Es molinero en las tierras del se\u00f1or de Langourla. Pero la familia Gu\u00e9rin, aun no siendo rica, tiene con qu\u00e9 vivir. El padre es un hombre rudo y altivo que no soporta humillaciones ni desprecios, pero que se deja ganar por los impulsos del coraz\u00f3n. Como todo bret\u00f3n, es apasionado, con un car\u00e1cter que refleja, a la vez, la dureza del granito de sus acantilados y la misteriosa ternura del mar.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el car\u00e1cter de Maturina recibi\u00f3 la influencia de su patria chica. Algunos de sus rasgos se ir\u00e1n suavizando y corrigiendo al contacto prolongado con Jesucris\u00adto, manso y humilde de coraz\u00f3n, y al dejarse impregnar lentamente por las virtudes propias de las Hijas de la Caridad: la humildad, la sencillez, la caridad.<\/p>\n<p>Desde muy ni\u00f1a, Maturina dio muestras de poseer excelentes cualidades: inteli\u00adgencia viva, memoria feliz, car\u00e1cter agradable. La se\u00f1orita du Part, hija del se\u00f1or Languourla, contrajo estrecha amistad con ella y la escogi\u00f3 como compa\u00f1era de es\u00adtudios y juegos. As\u00ed, la educaci\u00f3n de Maturina qued\u00f3 asegurada y de ella se encarg\u00f3 la maestra de escuela, \u00abuna buena se\u00f1ora devota\u00bb, y un sacerdote t\u00edo de la se\u00f1orita du Part. Desde temprana edad, Maturina aprendi\u00f3 a leer y escribir. Su estilo es sen\u00adcillo y directo; su letra, de rasgos regulares, revela un buen dominio del arte de escribir. Su educaci\u00f3n religiosa iba a ser la obra conjunta de la maestra, de sus padres y del p\u00e1rroco del pueblo. A Maturina le gusta rezar, asiste con asiduidad a la Santa Misa y recibe con frecuencia los Sacramentos. Con doce o trece a\u00f1os, su confesor le permite hacer el voto de consagrarse a Dios. Es que Maturina quer\u00eda ser religiosa para honrar m\u00e1s y mejor a Jesucristo. Pero tropieza con la negativa categ\u00f3rica de sus padres. Tan pronto como \u00e9stos llegan a saber que ha hecho una visita o ha tenido alg\u00fan contacto con un convento de religiosas, intiman a su hija la orden de no volver m\u00e1s, y ella, obediente, se somete.<\/p>\n<p>Por fin, en 1647 consigue permiso para entrar con las Carmelitas de Rennes. Pero, apenas llegada a la capital de Breta\u00f1a, aun antes de dirigirse al Carmelo, Ma\u00adturina cae enferma y se ve obligada a regresar a Montcontour para cuidarse.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Gu\u00e9rin ve en esto una se\u00f1al de que su hija no tiene vocaci\u00f3n de religio\u00adsa, y con esa convicci\u00f3n va a ponerlo todo en juego para casarla. Invita a su hija a que tome parte en todos los festejos de San Maturino, a que trate con j\u00f3venes de su edad&#8230; Pero a Maturina no le gusta aquello y prefiere ir a orar a la Abad\u00eda de Boguen, cuyos tejados divisa desde los molinos de Langourla, o bien dedicarse a atender a alg\u00fan pobre. Para ello, suele pedir a sus convecinos que le den a conocer los m\u00e1s necesitados de que tengan noticia, y con ellos comparte con alegr\u00eda cuanto le per\u00adtenece.<\/p>\n<p>Pero su padre sigue busc\u00e1ndole un novio sin atender a las s\u00faplicas de Maturina. Por fin, el se\u00f1or Gu\u00e9rin encuentra el partido que le parece adecuado y promete a su hija en matrimonio. Al saber la decisi\u00f3n tomada por su padre, Maturina no ve otra soluci\u00f3n para desentenderse de aquel matrimonio contrario a su voluntad que la de revelar el voto de castidad que habla hecho a Dios.<\/p>\n<p>El padre queda aterrado ante tal revelaci\u00f3n; pero como cristiano de fe s\u00f3lida que es, respeta el compromiso de su hija. Maturina se ve libre de un peso, pero no acaba de vislumbrar c\u00f3mo responder a la llamada de Dios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Una llamada irresistible<\/strong><\/p>\n<p>En la primavera de 1648, los Sacerdotes de la Misi\u00f3n establecidos en Saint M\u00e9en, van a predicar una misi\u00f3n a Montcontour y aldeas vecinas. Maturina toma par\u00adte en dicha misi\u00f3n con todo su fervor.<\/p>\n<p>Se confiesa con el Padre Thibault y le comunica su deseo de ser religiosa, as\u00ed como la negativa de sus padres. Al se\u00f1or Thibault le causa impresi\u00f3n aquella mu\u00adchacha de diecisiete a\u00f1os tan bien parecida y tan resuelta a darse a Dios, deseosa de vivir la pobreza de Jesucristo y de honrar a sus miembros los pobres. Le habla de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad y Maturina intuye que es ah\u00ed donde Dios la est\u00e1 esperando.<\/p>\n<p>El Sacerdote de la Misi\u00f3n, muy celoso, se propone escribir \u00e9l mismo al se\u00f1or Vi\u00adcente para pedirle la admisi\u00f3n de Maturina y de otras tres muchachas de Montcon\u00adtour. El 11 de julio de 1648, el se\u00f1or Vicente responde al se\u00f1or Codoing, Superior de Saint M\u00e9en:<\/p>\n<p>\u00abAqu\u00ed tiene, en una nota, la respuesta de la se\u00f1orita Le Gras y la m\u00eda en re\u00adlaci\u00f3n con las j\u00f3venes de Montcontour y de Saint M\u00e9en que quieren darse a Dios en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad\u00bb (Coste III, 338; S\u00edg. III, 312).<\/p>\n<p>El se\u00f1or Codoing mand\u00f3 a uno de los Hermanos a que llevase la respuesta a las j\u00f3venes de Montcontour y decidiese con ellas el d\u00eda de la partida. Maturina siente su coraz\u00f3n lleno de j\u00fabilo; pero necesita conseguir el permiso de sus padres. Una ma\u00ad\u00f1ana, arm\u00e1ndose de valor, Maturina pone a su padre al corriente de su proyecto. El se\u00f1or Gu\u00e9rin cambia de color, siente que la ira le sube al rostro y sin poderse conte\u00adner, sale de casa sin pronunciar palabra, marchando a su trabajo.<\/p>\n<p>La angustia de Maturina no es para descrita. Por una parte, se siente apremiada a dar su respuesta a Dios que la llama; por otro, est\u00e1 la obediencia que debe a sus pa\u00addres. \u00bfC\u00f3mo puede Dios contradecirse? \u00bfDeber\u00e1 mirar la negativa de sus padres como una se\u00f1al de que tiene que renunciar a la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad?<\/p>\n<p>En su perplejidad, acude a la Sant\u00edsima Virgen. Est\u00e1 acostumbrada a invocarla bajo la advocaci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora del Gran Poder, y a asistir a su fiesta \u2014el \u00abgran Per\u00add\u00f3n\u00bb\u2014 del 8 de septiembre, en Lamballe, la capital del Condado de Penthi\u00e9vre. Maturina sale de casa para ir a rezar a Mar\u00eda. Dirigirse hasta Lamballe a pie (16 km) no es razona\u00adble. Opta, pues, por ir a Nuestra Se\u00f1ora \u00abdel Alto\u00bb, ermita dedicada a la Virgen, a 3 km de Montcontour.<\/p>\n<p>Maturina recorre r\u00e1pidamente esa distan\u00adcia, y con fervor invoca a Mar\u00eda, la Madre de Misericordia, la Virgen Todopoderosa. En me\u00addio de su oraci\u00f3n, le viene al pensamiento que su padre tiene que pasar por delante de la ermita para volver a casa, y decide espe\u00adrarle all\u00ed segura de que no pasar\u00e1 de largo sin entrar a rezar.<\/p>\n<p>Pasan unos instantes y los goznes de la vieja puerta empiezan a chirriar. Alguien ha entrado en la ermita. Maturina reconoce en seguida el ruido de los zuecos de su padre. Se levanta y corre a arrojarse a sus pies.<\/p>\n<p>\u00abPadre querido: \u00bfser\u00e1 posible que quiera usted oponerse a la voluntad de Dios? Bien sabe usted que yo no puedo entregarme a nadie en el mundo, d\u00e9jeme, pues, marchar, se lo pido encarecidamente, ya que ten\u00adgo tan buena ocasi\u00f3n para ello. Por favor, no me haga usted perderla. Si me quiere usted, no ponga m\u00e1s demoras a mi felicidad\u00bb (testimonio de Mar\u00eda Moreau, que vivi\u00f3 largos a\u00f1os con Maturina Gu\u00e9rin).<\/p>\n<p>El se\u00f1or Gu\u00e9rin se sinti\u00f3 hondamente conmovido; la verdad es que no puede opo\u00adnerse ya por m\u00e1s tiempo a Dios ni a su hija. Da, pues, su consentimiento y con la ve\u00adhemencia que le caracteriza va incluso a ayudar a Maturina a preparar su equipaje y se propone acompa\u00f1arla hasta Rennes, en donde deber\u00e1 tomar la diligencia para Par\u00eds.<\/p>\n<p>Llega por fin el d\u00eda de la marcha. En su tartana, el se\u00f1or Gu\u00e9rin lleva hasta Ren\u00adnes a las cuatro muchachas de Montcontour y al Sacerdote de la Misi\u00f3n que ha de acompa\u00f1arlas hasta Par\u00eds. No puede disimular su emoci\u00f3n, por lo que apresura un poco la partida ante las l\u00e1grimas de la se\u00f1ora Gu\u00e9rin.<\/p>\n<p>Una vez en Rennes, todos los viajeros se quedan en la posada. Al d\u00eda siguiente, el se\u00f1or Gu\u00e9rin da un apretado abrazo a su hija querida. Maturina, sus compa\u00f1eras y el Sacerdote de la Misi\u00f3n suben a la diligencia ante los ojos del se\u00f1or Gu\u00e9rin, quien, de regreso a la posada y disponi\u00e9ndose a tomar el camino de Montcontour, empieza a sentirse pesaroso de lo que ha hecho. \u00bfPor qu\u00e9 ha dejado marchar a Maturina? \u00bfPor qu\u00e9 ha cedido a sus deseos? Su pena va transform\u00e1ndose r\u00e1pidamente en c\u00f3lera. Ensilla el caballo, lo monta y sale a galope en busca de su hija a la que piensa dar pronto alcance. Pero los kil\u00f3metros pasan, el caballo jadea&#8230; y ini rastro de Maturina!<\/p>\n<p>Aquella carrera desenfrenada ha templado un poco el \u00e1nimo del se\u00f1or Gu\u00e9rin. Se apea, deja descansar a su caballo y piensa en voz alta: &#8216;&lt;Dios que dispone todas las cosas, no ha permitido que encuentre a Maturina; es sin duda porque la quiere para El y para El solo. \u00bfPor qu\u00e9 voy a resistir por m\u00e1s tiempo al divino querer? Se\u00f1or, si la quer\u00e9is, os la doy.\u00bb<\/p>\n<p>Entonces, ya sereno, el se\u00f1or Gu\u00e9rin toma el camino de Montcontour. S\u00f3lo mucho m\u00e1s tarde contar\u00e1 a los suyos su loca cabalgada. La se\u00f1ora Gu\u00e9rin no llegar\u00e1 nunca a consolarse de la ausencia de su hija querida. Cuando recib\u00eda alg\u00fan disgusto por parte de los dem\u00e1s hijos, sol\u00eda decir en tono de amenaza: \u00abMe marcho con Maturina. All\u00ed terminar\u00e9 mis d\u00edas en paz.\u00bb<\/p>\n<p>El Se\u00f1or habr\u00eda de escuchar el deseo de esta madre, porque cuando Sor Maturi\u00adna fue destinada al Belle-Isle en Mer, en el a\u00f1o 1660, la se\u00f1ora Gu\u00e9rin fue a verla a su nueva casa y durante aquella visita cay\u00f3 gravemente enferma y muri\u00f3 asistida por su querida Maturina. Dios tiene de esos detalles \u00fanicos&#8230; Dichosos los que saben dar sin escatimar nada.<\/p>\n<p>Por de pronto, el 12 de septiembre de 1648, Maturina es admitida en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>El 12 de octubre de 1648, Maturina Gu\u00e9rin queda admitida en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. Tiene 17 a\u00f1os. La Hermana que, andando el tiempo, redact\u00f3 su nota biogr\u00e1fica, se pregunta cu\u00e1l es la edad m\u00e1s adecuada para entrar en Comu\u00adnidad:<\/p>\n<p>\u00abUnos pretenden que es preferible esperar una edad madura que permita darse bien cuenta de lo que se hace y considerar, en lo que son, los vanos devaneos del siglo. No obstante, nadie pone en duda que sea todav\u00eda m\u00e1s apta que esa madurez la tierna juventud que tantas ventajas encierra para esta vida consagrada sobre todo a causa de la inocencia y docilidad que le son propias.\u00bb<\/p>\n<p>Es muy probable que Maturina, cuyo coraz\u00f3n ard\u00eda en amor de Dios, no se parase a reflexionar en las ventajas o desventajas de su edad. Se limit\u00f3 a responder sin de\u00admora al deseo que Dios le infund\u00eda de darse totalmente a El.<\/p>\n<p><strong>En el Seminario<\/strong><\/p>\n<p>A su llegada a la Casa Madre, Maturina y las otras tres compa\u00f1eras de su pueblo \u2014Montcontour\u2014 fueron recibidas por la Se\u00f1orita y tuvieron tambi\u00e9n la alegr\u00eda de ver al Se\u00f1or Vicente.<\/p>\n<p>Durante los d\u00edas de retiro con que se inicia la entrada en el Seminario, Maturina Gu\u00e9rin da gracias al Se\u00f1or por haberla escogido y por haberle permitido al fin reali\u00adzar su entrada en la Comunidad. Con todo fervor renueva su prop\u00f3sito de ser toda de Dios.<\/p>\n<p>Al frente del Seminario se halla por aquel entonces Juliana Loret, quien, guiada por Luisa de Marillac, se esfuerza por inculcar en las Hermanas j\u00f3venes el esp\u00edritu de la Compa\u00f1\u00eda, el amor de Dios y de los Pobres. La piedad de Maturina ir\u00e1 crecien\u00addo en la oraci\u00f3n, coloquio \u00edntimo con Cristo, y su alegr\u00eda queda plasmada en una dul\u00adzura inalterable. A ello contribuye mucho el silencio que le permite refrenar las reac\u00adciones de su temperamento fogoso y le ense\u00f1a as\u00ed a dominar sus pasiones.<\/p>\n<p>Pero pronto ese fervor suyo va a verse sometido a una dura prueba. El primer choque recibido es el de la partida de las tres j\u00f3venes que hab\u00edan llegado con ella de Montcontour. Las tres j\u00f3venes, apenas transcurridas unas semanas, deciden regre\u00adsar al pueblo. Maturina resiste a la tentaci\u00f3n. Fiel a la oraci\u00f3n, en ella fortalece su decisi\u00f3n y confirma su entrega al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Pasan unos d\u00edas y una Hermana se le acerca para decirle cosas extra\u00f1as. Le ex\u00adplica que se la obligar\u00e1 a trabajar mucho, que tendr\u00e1 que pasar por dificultades in\u00adsospechadas que se le har\u00e1n intolerables y que, al final, la despedir\u00e1n de la Comuni\u00addad. Maturina queda sorprendida con todo esto y despu\u00e9s de llevarlo a la oraci\u00f3n, decide ir a hablar con Luisa de Marillac. Le refiere, pues, lo ocurrido y a\u00f1ade:<\/p>\n<p>\u00abSi no le parezco apta para la Comunidad, le ruego tenga la caridad de des\u00adpedirme m\u00e1s bien antes que despu\u00e9s, para que pueda dirigirme a otra casa dedicada al servicio de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>La Se\u00f1orita admira la lealtad de esta Hermana tan joven y su inquebrantable re\u00adsoluci\u00f3n de ser de Dios. Le pregunta el nombre de la Hermana que tales cosas le ha dicho; Maturina no lo sabe pero describe a su interlocutora a quien la Se\u00f1orita no tarda en identificar y tranquiliza a la Hermanita, explic\u00e1ndole que tal Hermana, un tanto desequilibrada y descontenta trata de buscar quien la escuche para exponerle sus quejas y recriminaciones. Antes de terminar la entrevista, la Se\u00f1orita a\u00f1ade:<\/p>\n<p>\u00abContin\u00fae compliendo su deber y tenga la seguridad de que perseverar\u00e1 en la Compa\u00f1\u00eda en la que vivir\u00e1 feliz, con tal de que busque usted a Dios \u00fani\u00adcamente.\u00bb<\/p>\n<p>Recobrada la tranquilidad, Maturina prosigue el Seminario. Por aquel entonces el tiempo de formaci\u00f3n es muy breve: s\u00f3lo unos meses. El 24 de diciembre de 1648, viste el h\u00e1bito de Hija de la Caridad, ceremonia muy sencilla que pone fin a la perma\u00adnencia en el Seminario y coincide con el env\u00edo a misi\u00f3n en una comunidad local.<\/p>\n<p>Antes de incorporarse a su nueva Comunidad, la de la parroquia de San Juan \u00abde Gr\u00e9ves\u00bb, en Par\u00eds, Maturina puede escuchar, el dia de Navidad, la Conferencia que da a las Hermanas el Se\u00f1or Vicente. En ella recuerda los or\u00edgenes de la Compa\u00f1\u00eda e insiste en el amor a la vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abLas hay entre vosotras, queridas Hermanas, lo s\u00e9 muy bien, que, por la gracia de Dios, aman tanto su vocaci\u00f3n que se dejar\u00edan crucificar, desga\u00adrrar, cortar en mil pedazos, antes que tolerar nada contrario a ella.\u00bb<\/p>\n<p>Muy lejos estaba Maturina de pensar que estas frases iban a ser pronto una reali\u00addad para ella. Fue en su segunda casa donde la esperaban pruebas muy duras.<\/p>\n<p>La permanencia de Maturina en la parroquia de San Juan no iba a ser de larga duraci\u00f3n: en efecto, una grave enfermedad hizo necesario su traslado a la Casa Ma\u00addre. Despu\u00e9s de su curaci\u00f3n, los Fundadores pensaron era prudente enviarla \u2014con sus 18 a\u00f1os\u2014 al campo, lejos del ambiente viciado de Paris. Asi pues, Liancourt fue el segundo destino de Maturina Gu\u00e9rin.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Liancourt<\/strong><\/p>\n<p>Cuando al cabo de muchos a\u00f1os, Sor Maturina quer\u00eda animar \u2014y tambi\u00e9n dis\u00adtraer, \u00abrecrear\u00bb\u2014, a sus Hermanas, sol\u00eda referirles las peripecias que hab\u00eda vivido en Liancourt. Su relato era tan palpitante y lleno de vida que las Hermanas no se cansa\u00adban de escucharla, aunque se lo sab\u00edan de memoria. Las que asistieron a la Confe\u00adrencia sobre las virtudes de Sor Maturina repitieron los hechos con gran precisi\u00f3n no exenta de humor.<\/p>\n<p>La Comunidad de Liancourt habla sido implantada entre 1640-1642, a petici\u00f3n de la duquesa de Liancourt, gran amiga de Luisa de Marillac. Se construy\u00f3 un hospital bajo la advocaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo para recibir a los enfermos del lugar y de los al\u00adrededores. Adem\u00e1s, las Hermanas visitaban dos veces por semana a los enfermos no hospitalizados, en su domicilio, prodig\u00e1ndoles remedios, cuidados y anunci\u00e1ndo\u00adles la Buena Noticia de Jesucristo.<\/p>\n<p>A poco tiempo de llegar a su nueva casa, Maturina empez\u00f3 a darse cuenta de que su Hermana Sirviente, parec\u00eda ignorar determinadas reglas de la Compa\u00f1\u00eda. Con su amor a la verdad y su deseo de fidelidad, Maturina intenta recordar a su Hermana Sirviente lo que ella ha aprendido en el Seminario, sobre todo lo referente a las rela\u00adciones con los de fuera. Recuerda la regla que recomienda no se deje pasar a hom\u00adbre alguno a las habitaciones de las Hermanas. Tiene, asimismo, muy presentes las palabras del Se\u00f1or Vicente en aquella conferencia de Navidad de 1648:<\/p>\n<p><em>\u00abEl tercer medio que nos hace decaer en el amor a la vocaci\u00f3n es, no dir\u00e9 <\/em><em>la impureza; no, jam\u00e1s, por la gracia de Dios, se ha o\u00eddo hablar de ella; pero s\u00ed cierta libertad que no se compagina con la modestia. Se ve con compla\u00adcencia el conversar con hombres; no nos desagrada que nos digan alguna palabra a la que contestamos y se entabla la conversaci\u00f3n&#8230; se dedica tiempo a hablar de cosas que no son urgentes ni siquiera necesarias, a modo de entretenimiento, iHermanas, guardaos de ello! Me refiero incluso a los confesores&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Para algunas Hermanas, como la Hermana Sirviente de Liancourt, esta regla es demasiado dura, hasta inhumana. En sus pueblos estaban acostumbradas a abrir la puerta a cualquiera que pasaba, caminante o vagabundo. \u00bfPor qu\u00e9, pues, esa severi\u00addad de los Fundadores?<\/p>\n<p>El Se\u00f1or Vicente, sin embargo, insist\u00eda con frecuencia, en la importancia de esta regla tanto con relaci\u00f3n a la Compa\u00f1ia en general como a cada una de las Hermanas en particular. De nuevo habria de oirsele decir en la conferencia del 6 de enero de 1658:<\/p>\n<p>\u00abUna Hija de la Caridad se halla siempre en medio del mundo. Ten\u00e9is una vocaci\u00f3n que os obliga a asistir, indiferentemente, a toda clase de perso\u00adnas: hombres, mujeres, ni\u00f1os&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>En el pensamiento del Se\u00f1or Vicente lo que est\u00e1 en juego es el mantenimiento del servicio a los Pobres. Por poco que se llegara a sospechar de las Hijas de la Ca\u00adridad en materia de impureza, se avecinar\u00eda el riesgo de que se les impusiera la clau\u00adsura. Y entonces, iadios al servicio de los Pobres a domicilio!<\/p>\n<p>Pero el Se\u00f1or Vicente es tambi\u00e9n buen conocedor de la psicolog\u00eda femenina. Las Hijas de la Caridad son j\u00f3venes y no es infrecuente que los muchachos anden ron\u00addando en torno a ellas. Cuando les habl\u00f3 de las buenas aldeanas, les explic\u00f3 c\u00f3mo hab\u00edan de llevar una vida consagrada en medio del mundo:<\/p>\n<p><em>\u2039\u2039Las j\u00f3venes campesinas no se encuentran jam\u00e1s a solas con los hombres, no les miran nunca a la cara, no escuchan sus galanteos. Ni saben lo que es un piropo. Si se le dijese a una buena aldeana que es hermosa y agra\u00addable, su pudor no lo soportar\u00eda y hasta no llegar\u00eda a comprender lo que quer\u00edan decirle&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Conocer\u00e9is que sois verdaderas Hijas de la Caridad si vuestro esp\u00edritu no <\/em><em>se entretiene en compa\u00f1\u00eda de los hombres m\u00e1s que para servir a los po\u00ad<\/em><em>bres, sin otra mira que la obligaci\u00f3n que ten\u00e9is de hacerlo por amor de <\/em><em>Dios. Y guardaos bien de querer tener atractivos para los hombres, ya sea <\/em><em>con vuestras miradas, ya con vuestras palabras.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Las reflexiones que hace Sor Maturina irritan a la Hermana Sirviente que no mo\u00addifica para nada su conducta. Sigue comiendo en casa de familias conocidas, asis\u00adtiendo a bodas, recibiendo en los locales reservados a la Comunidad a los que quie\u00adren verla, tanto hombres como mujeres y a cualquier hora que sea. Y por supuesto invita a sus compa\u00f1eras a acompa\u00f1arla en sus salidas.<\/p>\n<p>Maturina, con su buen sentido, se niega a obedecer a su Hermana Sirviente cuando le ordena algo contrario a la regla. En lo dem\u00e1s, no deja de mostrarse respe\u00adtuosa y sumisa. Para ella, el mal ejemplo recibido es como una advertencia para per\u00admanecer vigilante y unirse cada vez m\u00e1s a Dios.<\/p>\n<p>Pero la vida comunitaria se hace dif\u00edcil, tensa. La Hermana Sirviente no se priva de criticar a su compa\u00f1era&#8230; demasiado fiel a la Regla, seg\u00fan ella. Y llega un mo\u00admento en que, s\u00fabitamente, las cosas van a agravarse.<\/p>\n<p><em>\u00abDios se sirve a veces de medios insospechados para purificar a las al\u00ad<\/em><em>mas<\/em>\u00ab, escribe la Hermana redactora de la nota biogr\u00e1fica de Sor Maturi\u00adna Gu\u00e9rin.<\/p>\n<p>El d\u00eda de San Jos\u00e9, Maturina y su compa\u00f1era van a confesarse con el p\u00e1rroco como tienen por costumbre. El cura despacha sin m\u00e1s a Sor Maturina dici\u00e9ndole du\u00adramente:<\/p>\n<p><em>\u00abEs usted una farsante. No puedo darle la absoluci\u00f3n. Viene usted a confe\u00ad<\/em><em>sar\u00a0 faltas ligeras y calla los enormes pecados que est\u00e1 cometiendo<\/em>.\u00bb<\/p>\n<p>Maturina no comprende lo que aquello puede significar. Sin replicar palabra, se retira con su compa\u00f1era que ha escuchado la misma invectiva. Poco a poco van ad\u00advirtiendo que se han convertido en el blanco de las miradas sarc\u00e1sticas del pueblo, que son objeto de sus burlas y que las llaman \u00abmujeres de mala vida\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando llega Pascua, se les niega la Comuni\u00f3n y progresivamente se las va se\u00adparando de la Iglesia. Pero ellas siguen sin saber cu\u00e1l es la causa de todo ello. Con el hondo sufrimiento de no poder recibir al Se\u00f1or ni en el tiempo pascual, Maturina se decide a escribir al Se\u00f1or Vicente para ponerle al corriente de lo que ocurre. Vicente env\u00eda a la Comunidad de Liancourt una carta en la que exhorta a hacer buen uso de las calumnias; pero al mismo tiempo indica a Luisa de Marillac que vea a la Se\u00f1ora de Liancourt, que en aquellos d\u00edas est\u00e1 de paso en Par\u00eds, y se informe de la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De regreso a su palacio de Liancourt, la se\u00f1ora Duquesa llama al P\u00e1rroco para que la entere de lo que acontece y queda profundamente sorprendida al saber que dos muchachos j\u00f3venes aseguran haber visto a unos hombres entrar, de noche, en casa de las Hermanas, as\u00ed como tambi\u00e9n los domingos y d\u00edas de fiesta durante la Misa mayor. Ambos muchachos han dado tanta clase de detalles que resulta dif\u00edcil no creerles.<\/p>\n<p>Extra\u00f1ada de una conducta tan alejada de la que suele ser habitual en las Her\u00admanas, manda llamar a Sor Maturina Gu\u00e9rin y le refiere lo que acaba de o\u00edr al Sr. Cura. La serenidad de Maturina ante aquellas calumnias no puede menos de impre\u00adsionar a la Duquesa y la decide a seguir el asunto a fondo.<\/p>\n<p>Convoca, pues, a los dos muchachos para interrogarles por separado. Pero antes ruega al P\u00e1rroco que, sin dejarse ver, est\u00e9 presente para o\u00edr todo. As\u00ed lo hace, que\u00addando discretamente oculto en la habitaci\u00f3n contigua, desde donde puede escuchar sin ser visto. Los dos j\u00f3venes caen en continuas contradicciones y acaban por con\u00adfesar su mentira. Desde su escondite el P\u00e1rroco tiembla ante la maldad de aquellos dos feligreses suyos y se averg\u00fcenza de haber tratado tan indignamente a las Her\u00admanas.<\/p>\n<p>La Sra. de Liancourt quiere hacer justicia ante tanta perversidad y decide que los culpables sean castigados inmediatamente. Vuelve a llamar a Sor Maturina para pro\u00adclamar muy alto su inocencia y preguntarle cu\u00e1l le parece debe ser el castigo que se imponga a los culpables. Pero la reacci\u00f3n de Sor Maturina es la de implorar clemen\u00adcia para ellos y pedir se absuelva a sus dos detractores. La Sra. Duquesa quiere que, al menos, los muchachos pidan perd\u00f3n a la Comunidad; sin embargo, Sor Matu\u00adrina con actitud suplicante expresa su deseo de no conocerlos, de ignorar qui\u00e9nes han pretendido hacerles da\u00f1o, para que su perd\u00f3n pueda ser m\u00e1s total, m\u00e1s pleno.<\/p>\n<p>Semejante aventura ha durado cuatro meses, largo per\u00edodo durante el cual el mayor sufrimiento de las Hermanas ha sido el de verse privadas de la Sagrada Co\u00admuni\u00f3n. La Hermana Sirviente ha tenido, por fuerza, que reconocer sus imprudencias y errores&#8230; m\u00e1s adelante acabar\u00e1 por salir de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or Vicente no oculta su admiraci\u00f3n por esta Hermana tan joven, tan animo\u00adsa en la adversidad, tan abierta al perd\u00f3n. Tampoco est\u00e1 tranquila ante la situaci\u00f3n en que vive, pues tanto los Duques de Liancourt como los Sacerdotes de la Parro\u00adquia, se est\u00e1n dejando influir, a las claras, por las ideas nuevas del Jansenismo.<\/p>\n<p>La obra <em>De la comuni\u00f3n frecuente, <\/em>publicada en 1643, expone el concepto rigoris\u00adta de la moral cristiana sostenido por la nueva doctrina, especialmente en lo que se refiere a su desviaci\u00f3n respecto a la gracia divina. Seg\u00fan Arnauld \u2014autor de la obra\u2014 la Comuni\u00f3n es una recompensa sublime a la que s\u00f3lo se puede aspirar de \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 manera extraordinaria y a costa de austeras penitencias. No faltan quienes opinan que ser\u00eda preferible diferirla hasta el final de la vida.<\/p>\n<p>El Jansenismo pone el acento en la profunda miseria del hombre pecador y en\u00adtiende que todo pecado mortal exige una penitencia p\u00fablica, penitencia que necesa\u00adriamente ha de haberse cumplido para poder recibir la absoluci\u00f3n. Quiere ello decir que se despoja de todo valor a dicha absoluci\u00f3n y por consiguiente al perd\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n pone de relieve la doctrina Jansenista que la gracia de Dios es indispen\u00adsable al hombre para salvarse; pero esta gracia se concede s\u00f3lo a algunos y se nie\u00adga a otros. Con ello queda limitada la libertad humana, encerrada en una especie de fatalismo.<\/p>\n<p>Tal concepto t\u00e9trico, tr\u00e1gico, de la vida, que no admite ning\u00fan compromiso huma\u00adno, ninguna concesi\u00f3n mundana, se fue extendiendo por Francia especialmente en las Comunidades religiosas. Muy atento y vigilante se mostr\u00f3 el Se\u00f1or Vicente para que tanto Lazaristas como Hijas de la Caridad se mantuvieran fieles a la doctrina de la Iglesia. Sabemos, por ejemplo, que escribi\u00f3 largas cartas al Sr. Dehorgny que es\u00adtuvo a punto de simpatizar con las ideas jansenistas.<\/p>\n<p>Llamada a Par\u00eds Maturina Gu\u00e9rin, el Sr. Vicente la interroga sobre los puntos controvertidos: la comuni\u00f3n, la confesi\u00f3n, la penitencia, etc. Y cuanto m\u00e1s se prolonga la conversaci\u00f3n, mayor es la admiraci\u00f3n que le produce aquella Hermana joven que contesta con claridad y sin ambages a todas sus preguntas, aun las m\u00e1s dif\u00edciles. Al final, el Sr. Vicente no disimula su alegr\u00eda, porque, verdaderamente, la fe de Matu\u00adtina ha permanecido firme e intacta.<\/p>\n<p>Esta admiraci\u00f3n no se la comunicar\u00e1 m\u00e1s que a Luisa de Marillac, haci\u00e9ndole re\u00adsaltar la prudencia y firmeza de la Hermana que ha sabido, en medio de tantas difi\u00adcultades, mantenerse fiel a Dios y a la Iglesia. Y aconsejar\u00e1 a la Se\u00f1orita que la deje en la Casa Madre, tom\u00e1ndola como Secretaria.<\/p>\n<p>El 25 de diciembre de 1651, con 3 a\u00f1os de vocaci\u00f3n y 20 de edad, Maturina Gu\u00e9\u00adrin recibe autorizaci\u00f3n para pronunciar por primera vez los votos de pobreza, casti\u00addad y obediencia para dedicarse al servicio corporal y espiritual de los pobres enfer\u00admos. iCu\u00e1n grande es el gozo de su alma al ser totalmente de Dios!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El \u00ablibro de oro\u00bb de las Hijas de la Caridad, que presenta en pocas l\u00edneas la fiso\u00adnom\u00eda de numerosas Hermanas anteriores a 1870, dice de Maturina Gu\u00e9rin: \u00abEsta es la primera nota biogr\u00e1fica que deber\u00eda &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-maturina-guerin-1631-17049-i\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":391164,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[14],"tags":[230,126,172],"class_list":["post-55090","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-biografias-de-hijas-de-la-caridad","tag-almeras","tag-dehorgny","tag-pobreza"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Sor Maturina Gu\u00e9rin (1631-17049 (I) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-maturina-guerin-1631-17049-i\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Sor Maturina Gu\u00e9rin (1631-17049 (I) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"El \u00ablibro de oro\u00bb de las Hijas de la Caridad, que presenta en pocas l\u00edneas la fiso\u00adnom\u00eda de numerosas Hermanas anteriores a 1870, dice de Maturina Gu\u00e9rin: \u00abEsta es la primera nota biogr\u00e1fica que deber\u00eda ... 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