{"id":54886,"date":"2015-03-02T04:14:40","date_gmt":"2015-03-02T03:14:40","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=54886"},"modified":"2016-07-27T12:05:42","modified_gmt":"2016-07-27T10:05:42","slug":"margarita-chetif-1621-1694-i","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/margarita-chetif-1621-1694-i\/","title":{"rendered":"Sor Margarita Chetif (1621-1694) (I)"},"content":{"rendered":"<div>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/04\/biografias_hijas_caridad.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-116989\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/04\/biografias_hijas_caridad-231x300.jpg?resize=231%2C300\" alt=\"biografias_hijas_caridad\" width=\"231\" height=\"300\" \/><\/a>El se\u00f1or Vicente y la se\u00f1orita Le Gras se reunieron con mucha frecuencia durante su vida para hablar de las Hijas de la Caridad. Y un punto en el que reflexionaron muchas veces fue el del porvenir de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Con ocasi\u00f3n de las graves enfermedades de Luisa de Marillac, Vicente de Pa\u00fal se preguntaba: \u00ab\u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 sustituirla? Convendr\u00e1 elegir a alguna de las Hermanas? \u00bfTendr\u00e1 capacidad alguna de ellas para \u00abgobernar\u00bb la Compa\u00f1\u00eda? \u00bfSer\u00e1 preferible recurrir a alguna de las Se\u00f1oras de la Caridad, m\u00e1s habituada a dirigir, m\u00e1s apta para entrar en relaci\u00f3n con Administradores, los Obispos\u2026?\u00bb<\/p>\n<p>Estos interrogantes parecen hallar soluci\u00f3n en 1645, cuando el Arzobispo de Par\u00eds aprueba por primera vez la Compa\u00f1\u00eda. El reglamento redactado entonces dice expresamente:<\/p>\n<p>\u00abDicha cofrad\u00eda estar\u00e1 compuesta de viudas y solteras, quienes elegir\u00e1n a cuatro de ellas, por mayor\u00eda de votos, cada tres a\u00f1os, para ser sus \u00aboficiales\u00bb, la primera de las cuales ser\u00e1 la Superiora\u2026\u00bb (Coste XII. 561, S\u00ed X, p\u00e1g, 690).<\/p>\n<p>Pero sabido es que esta primera aprobaci\u00f3n se perdi\u00f3. Por ella, las Hijas den la Caridad quedaron bajo la autoridad de los Obispos Cuando en 1654 se prepar\u00f3 de nuevo la solicitud de reconocimiento de la compa\u00f1\u00eda, Vicente dudaba todav\u00eda, segu\u00eda reflexionando, consultando\u2026<\/p>\n<p>El 20 de noviembre de 1654 comunica al se\u00f1or Ozenne, Sacerdote de la Misi\u00f3n, residente en Polonia, su prolongado estudio sobre el tema y la decisi\u00f3n tomada al fin:<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230; En cuanto a la dificultad que se pone de que ninguna de ellas es capaz de dirigir a las dem\u00e1s, les dir\u00e9 que ya hace mucho tiempo que estoy pen\u00adsando en este asunto y que me he preguntado muchas veces cu\u00e1l ser\u00eda la <\/em><em>mejor forma de dirigirlas: o poner a una de la misma Compa\u00f1\u00eda, o <\/em>(enco\u00admendarlo) <em>a la Compa\u00f1\u00eda de las Damas de la Caridad, o bien a alguna per\u00adsona concreta de dichas Damas. Pero se presentan dificultades en cualquie\u00ad<\/em><em>ra de estas soluciones: en la primera, que sea una Hija de la Caridad, por su simplicidad; respecto a las Se\u00f1oras, en general, debido a la diversidad de esp\u00edritus que all\u00ed se advierte; y respecto a una de ellas, porque no podr\u00e1 continuar el esp\u00edritu que Nuestro Se\u00f1or ha puesto en dicha Compa\u00f1\u00eda, por no haberlo recibido ella misma.<\/em><\/p>\n<p><em>De forma que, una vez pensadas y consideradas todas las cosas, hemos <\/em><em>cre\u00eddo conveniente colmar el foso con la misma tierra, es decir, elegir por <\/em><em>mayor\u00eda de votos a la que la Compa\u00f1\u00eda juzgue como la m\u00e1s indicada de en\u00ad<\/em><em>tre ellas mismas para este efecto, a fin de que, con la ayuda y direcci\u00f3n del Superior General de la Compa\u00f1\u00eda, se pueda esperar que Dios bendiga la cosa y que se constituya El mismo en director. Esto parece que es absoluta\u00admente necesario debido a la extensi\u00f3n de su Compa\u00f1\u00eda en tantos lugares de este reino.<\/em><\/p>\n<\/div>\n<p><em>Son estas razones, y otras muchas que le indico breve y confusamente, las <\/em><em>que han hecho que, despu\u00e9s de muchas oraciones, de pedir consejo a va\u00ad<\/em><em>rias personas y de haber celebrado varias reuniones con tal motivo, se ha <\/em><em>llegado a la conclusi\u00f3n de que ser\u00eda mejor elegir a una Hija de la Caridad <\/em><em>para dirigir a las dem\u00e1s, de la forma que le he dicho, que no confiar su di\u00ad<\/em><em>recci\u00f3n a otras personas ajenas a su comunidad&#8230;\u00bb <\/em>(Coste V. 228, S\u00edg. V, p\u00e1gs. 205-206).<\/p>\n<div>\n<p>Cuando se hizo la erecci\u00f3n oficial de la Compa\u00f1\u00eda, el 8 de agosto de 1655, el se\u00ad\u00f1or Vicente nombr\u00f3 a Luisa de Marillac Superiora General de por vida. Ella hubiera preferido dejar el cargo en manos de otra, pero Vicente hizo uso de su poder de Supe\u00adrior General, que acababa de serle reconocido por el Arzobispo de Par\u00eds (Coste XIII. 574, S\u00edg. X, p\u00e1g. 71 5).<\/p>\n<p>En 1659, Luisa de Marillac vuelve a caer enferma de gravedad. Vicente de Paul est\u00e1 preocupado. En una de las visitas que le hace, dirige a la se\u00f1orita esta pregunta:<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1orita, \u00bfno ha puesto usted los ojos en alguna de sus hijas para que le suceda en su puesto?\u00bb<\/p>\n<p>La Se\u00f1orita se recogi\u00f3 durante unos momentos. No es que la muerte le causara espanto, al contrario, se sent\u00eda feliz de ir al encuentro de su Se\u00f1or, de verle cara a cara. Pero por su mente van desfilando varias de sus hijas: unas antiguas, otras m\u00e1s j\u00f3venes. Reflexiona, ora. Finalmente, abriendo los ojos, mira al se\u00f1or Vicente y le dice:<\/p>\n<p><em>\u00abSe\u00f1or, as\u00ed como por <\/em>(designio de) <em>la divina Providencia me escogi\u00f3 usted a m\u00ed, me <\/em><em>parece que, la primera vez, ser\u00e1 conveniente no se haga por mayor\u00eda de votos, sino que <\/em><em>la nombre usted, s\u00f3lo por una vez.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de otros instantes de silencio y recogimiento, Luisa de Marillac indica sencillamente aquella hacia quien se inclina su elecci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>\u00abEn cuanto a m\u00ed, me parece que sor Margarita Ch\u00e9tif ser\u00eda muy adecuada. Es una Hermana que se ha mostrado siempre prudente y ha acertado en todas partes. Donde ahora se encuentra en Arras, lo ha hecho muy bien y ha sido muy animosa entre los soldados\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Es el mismo San Vicente quien hab\u00eda de referir a las Hermanas esta conversaci\u00f3n con Luisa de Marillac, en su \u00faltima conferencia del 27 de agosto de 1660.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n es esta Hermana que Santa Luisa propone a San Vicente como Superiora General?<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Juventud de Margarita Ch\u00e9tif<\/strong><\/p>\n<p>Margarita naci\u00f3 en los arrabales de Par\u00eds. Fue bautizada en la iglesia de San Sulpi\u00adcio el 8 de septiembre de 1621, d\u00eda en que la Iglesia celebra la Natividad de la Sant\u00ed\u00adsima Virgen. La iglesia de San Sulpicio era en aquel entonces la parroquia de la aldea de San Germ\u00e1n, cuya poblaci\u00f3n iba en constante aumento. En 1646, la Reina Ana de Austria coloc\u00f3 la primera piedra de un nuevo templo, destinado a sustituir al antiguo, que resultaba ya demasiado peque\u00f1o.<\/p>\n<p>Margarita pas\u00f3 su juventud en aquella aldea a las puertas de Par\u00eds. All\u00ed ve\u00eda pasar a unas j\u00f3venes a las que se conoc\u00eda por \u00abmuchachas\u00bb (despu\u00e9s, la palabra tomar\u00eda el sentido de \u00abHijas\u00bb) de la Caridad, las cuales se dedicaban a servir a los numerosos enfermos que hab\u00eda en aquel barrio. Tambi\u00e9n sol\u00eda ver a las huerfanitas recogidas por la se\u00f1orita de Lestang, en aquel mismo arrabal de San Germ\u00e1n.<\/p>\n<p>A Margarita le gustar\u00eda mucho poder ser \u00fatil al pr\u00f3jimo. Tambi\u00e9n querr\u00eda consagrar su vida a Dios. Es probable que confiara estos deseos suyos al P\u00e1rroco de San Sulpi\u00adcio, el se\u00f1or Juan Jacobo Olier, fundador de los Sacerdotes Sulpicianos, y, sin duda, \u00e9l le aconsej\u00f3 que se fuera a vivir a la Misericordia. All\u00ed, mientras se ocupaba de las huerfanitas, intensific\u00f3 su oraci\u00f3n, pudo asistir asiduamente a Misa&#8230;; todo aquello le gustaba, pero no dej\u00f3 de percibir que no era lo que Dios quer\u00eda para ella.<\/p>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Intrigada por la vida de las Hijas de la Caridad, se inform\u00f3 y fue a ver a la se\u00f1orita Le Gras, quien la admiti\u00f3 a hacer \u00abun ensayo\u00bb con las Hermanas, en la Casa Madre. Para facilitarle el discernimiento de su vocaci\u00f3n y el poder responder a ella con toda lucidez, Luisa de Marillac le propuso hacer un retiro de algunos d\u00edas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Primeros a\u00f1os en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad<\/strong><\/p>\n<p>Una vez segura de <strong>la <\/strong>llamada de Dios, y con veintiocho a\u00f1os de edad, Margarita Ch\u00e9tif entr\u00f3 en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad el 1 de mayo de 1649. Juliana Loret, encargada de la formaci\u00f3n de las Hermanas nuevas, le ense\u00f1a las \u00abs\u00f3lidas vir\u00adtudes\u00bb de las Hijas de la Caridad, y le inicia en el cuidado de los enfermos.<\/p>\n<p>Transcurrido el tiempo de su formaci\u00f3n, Margarita es enviada a Chars, en las cer\u00adcan\u00edas de Par\u00eds. Grande es su alegr\u00eda cuando, en 1651, ve llegar a esta casa, como Hermana Sirviente, a Juliana Loret; alegr\u00eda, sin embargo, que iba a durar poco.<\/p>\n<p>Un mi\u00e9rcoles de mediados de mayo de 1651, Luisa de Marillac pide a Juliana Lo\u00adret que le env\u00ede r\u00e1pidamente a Margarita.<\/p>\n<p><em>\u00abLe ruego que, sin demora, salga el viernes Sor Margarita para venir a ver\u00ad<\/em><em>nos. Tenemos tan pocas Hermanas y tantos enfermos que la necesitamos.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>No era para atender a los enfermos de Par\u00eds para lo que necesitaban a Margarita, sino para los de Serqueux, peque\u00f1a ciudad de la regi\u00f3n de Normand\u00eda, a unos 60 kil\u00f3\u00admetros al nordeste de Ru\u00e1n. El 2 de junio ya est\u00e1 Margarita manos a la obra en su nueva parroquia.<\/p>\n<p>Tanto Luisa de Marillac como Vicente de Paul ped\u00edan a las primeras Hermanas una obediencia pronta y total. En unos diez d\u00edas, Margarita hab\u00eda regresado de Chars a Par\u00eds y vuelto a marchar a Sequeux para prestar all\u00ed servicio.<\/p>\n<p><em>\u00abLa incertidumbre del tiempo que va usted a pasar ah\u00ed (en Serqueux) me im\u00adpide enviarle su ropa\u00bb, le escribe Luisa de Marillac el 2 de junio.<\/em><\/p>\n<p>Y de la misma manera que hab\u00eda marchado a Serqueux, Margarita regresa a Par\u00eds cuando vuelven a llamarla.<\/p>\n<p>En la conferencia acerca de sus virtudes, Maturina Guerin hace notar:<\/p>\n<p>\u00abSus Hermanas Sirvientes no tuvieron queja de ella, porque les era muy su\u00admisa, respetuosa y cordial en todo.\u00bb<\/p>\n<p>No obstante, las Hermanas dicen que Margarita ten\u00eda \u00abun car\u00e1cter muy vivo\u00bb y una gran sensibilidad. En su trato con Jes\u00fas, sobre todo en la Eucarist\u00eda, es donde Margarita encontr\u00f3 a lo largo de su vida la gran cordialidad, humildad y mansedumbre que la caracterizaron.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Los Votos<\/strong><\/p>\n<p>El a\u00f1o <strong>1655 <\/strong>es un a\u00f1o importante en la vida de Margarita Ch\u00e9tif. En efecto, el do\u00admingo de Quasimodo, 4 de abril de 1655, v\u00edspera de la fiesta de la Anunciaci\u00f3n, Luisa de Marillac escribe a Vicente de Paul para encomendar a sus oraciones a las Herma\u00adnas que han de renovar los Votos. Se\u00f1ala de manera especial que Margarita Ch\u00e9tif y Magdalena Raportebled desean hacer la ofrenda de si mismas <em>\u00abpor toda su vida\u00bb. <\/em>El se\u00f1or Portail ha dado su conformidad y, por su parte, ella las ha animado a hacerlo. \u00bfEra una preparaci\u00f3n para la futura misi\u00f3n de estas Hermanas? Porque, dentro de unos meses, iban a partir para Polonia.<\/p>\n<p>En tiempo de los Fundadores, y con su consentimiento, hubo varias Hermanas que hicieron votos perpetuos: las cuatro primeras que se entregaron a Dios, juntamente con la se\u00f1orita, el 25 de marzo de 1 642; despu\u00e9s hubo otras: B\u00e1rbara Bailly, Juliana Loret, etc. En la conferencia del 22 de octubre de 1650, el se\u00f1or Vicente alude a los votos de las Hijas de la Caridad:<\/p>\n<p><em>\u00abSi el Obispo os pregunta: \u00ab\u00bfHacen ustedes votos de Religi\u00f3n?\u00bb, decidle: <\/em><em>\u00abNo, Se\u00f1or. Nosotras nos damos a Dios para vivir en pobreza, castidad y <\/em><em>obediencia, unas para siempre, otras por un a\u00f1o&#8230;\u00bb <\/em>(Coste IX. 543, Conf. Esp. n\u00fam. 907).<\/p>\n<p>De todas formas, el se\u00f1or Vicente estaba preocupado \u2014casi obsesivamente\u2014, con el temor de que la Compa\u00f1\u00eda llegase un d\u00eda a evolucionar en el sentido de congre\u00adgaci\u00f3n religiosa, con clausura y, por tanto, supresi\u00f3n del servicio a los enfermos en sus domicilios. Y, para preservarla de ese peligro, aparta de ella cuanto pudiera tener apariencia de orden religiosa, y se atiene con firmeza a los votos \u00absimples\u00bb, de acuer\u00addo con la terminolog\u00eda del siglo XVII.<\/p>\n<p>Las Hermanas, por su parte, siguen pidiendo ratificar su consagraci\u00f3n a Dios por medio de los Votos que, para ellas, son como la expresi\u00f3n de una profunda exigencia de llegar, por amor, hasta los \u00faltimos l\u00edmites de la entrega total. En cuanto a Luisa de Marillac, ella ve en el voto una mayor libertad para que el alma pueda entrar en una comunicaci\u00f3n m\u00e1s familiar con Dios.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, Vicente, Luisa, el se\u00f1or Portail, el se\u00f1or Lamberto, reflexionar\u00e1n deteni\u00addamente en esta cuesti\u00f3n de los votos anuales o perpetuos. El 13 de agosto de <strong>1646, <\/strong>Luisa escribe al se\u00f1or Portail:<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230; Le dir\u00e9 a usted, se\u00f1or, que la \u00faltima vez que habl\u00e9 con el se\u00f1or Vicente <\/em><em>acerca de los votos, le vi con el pensamiento de resolver si las principiantes <\/em><em>los har\u00edan por cierto tiempo o para siempre, y yo creo que habr\u00e1 tomado <\/em><em>una resoluci\u00f3n para la fiesta de mediados de agosto&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El 17 de marzo de 1651, Luisa de Marillac responde a una carta recibida de Fran\u00adcisca Carcireux y Carlota Royer, en la que ped\u00edan pronunciar votos perpetuos. Se tra\u00adtaba de dos Hermanas que llevaban ya cierto n\u00famero de a\u00f1os en la Compa\u00f1\u00eda:<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230; En cuanto a su deseo (los votos perpetuos) es muy de alabar, porque no basta con empezar bien, hay que perseverar, como creo, en su prop\u00f3sito. No obstante, en esto hay que someterse a las disposiciones de nuestros Su\u00adperiores, quienes por razones de peso ordenan se haga esta ofrenda s\u00f3lo por un a\u00f1o y renovarla todos los a\u00f1os. \u00bfNo piensan ustedes, queridas Her\u00admanas, que ser\u00e1 esto muy agradable a Nuestro Se\u00f1or, puesto que, reco\u00adbrando al cabo del a\u00f1o su libertad, pueden sacrific\u00e1rsela de nuevo&#8230;?\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Hac\u00eda muchos meses que la Reina de Polonia, Mar\u00eda de Gonzaga, francesa de ori\u00adgen, ven\u00eda suplicando al se\u00f1or Vicente que enviara otras tres Hermanas para ayudar a las primeras, llegadas a Varsovia en 1652. En diciembre de 1654,Luisa de Marillac habla de esta petici\u00f3n de la Reina a Cecilia Angiboust, a la vez que le da noticias de Margarita Moreau, a la saz\u00f3n en Varsovia, que hab\u00eda estado antes varios a\u00f1os en Angers:<\/p>\n<p><em>\u00abNuestras Hermanas de Polonia la saludan; la Reina quiere que le mande\u00admos otras tres esta primavera; las hab\u00eda pedido ya desde el a\u00f1o pasado, y <\/em><em>no s\u00e9 lo que podremos hacer.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Entre tanto, la se\u00f1ora des Essarts, encargada en Francia de los asuntos de la Rei\u00adna de Polonia, no dejaba de insistir ante el se\u00f1or Vicente. En abril de 1655 todo pare\u00adc\u00eda dispuesto para la partida. Las Hermanas designadas hab\u00edan de marchar con un Sacerdote de la Misi\u00f3n y dos Hermanos.<\/p>\n<p>Pero se hab\u00eda declarado la guerra en el Reino de Polonia. El 23 de junio, Luisa de Marillac escrib\u00eda a B\u00e1rbara Angiboust:<\/p>\n<p><em>\u00abEl viaje de nuestras Hermanas a Polonia se retrasa a causa de las gue<\/em><em>rras.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>En cambio, en 1656, a B\u00e1rbara Bailly se le permitir\u00e1 pronunciar los votos perpe\u00adtuos. Ten\u00eda entonces once a\u00f1os de vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De momento no hay todav\u00eda ninguna norma concreta en la Compa\u00f1\u00eda con relaci\u00f3n a los votos anuales o perpetuos. Las respuestas que dan los Fundadores en cada caso se adaptan a las circunstancias, a las situaciones y, sin duda, a la conducta de las Hermanas.<\/p>\n<p>S\u00f3lo despu\u00e9s de la muerte de los Fundadores se ir\u00e1 estableciendo poco a poco la costumbre de los votos anuales. Cuando en 1701 aparezca el \u00abCatecismo de los Vo\u00adtos\u00bb, redactado por el Padre Henin, Director General, quedar\u00e1 puntualizado en dicho texto que los votos de las Hijas de la Caridad son simples y se hacen s\u00f3lo por un a\u00f1o. En 1718, los Estatutos recopilados por el Superior General, Padre Bonnet, confirman la pr\u00e1ctica de los votos anuales para todas las Hermanas. Sor Margarita Ch\u00e9tif no co\u00adnoci\u00f3 la entrada en vigor de dichos Estatutos, puesto que se redactaron veinticuatro a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Env\u00edo a la misi\u00f3n de Polonia<\/strong><\/p>\n<p>El a\u00f1o <strong>1655 <\/strong>es tambi\u00e9n para Margarita Ch\u00e9tif motivo para manifestar, de manera\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Es l\u00e1stima que la Hermana Sirviente no tenga un poco m\u00e1s de presencia; de <\/em>Francia y vaya a la lejana Polonia como Hermana Sirviente. Con toda sencillez, Mar\u00adgarita dice s\u00ed a lo que se le propone.<\/p>\n<p>Hac\u00eda muchos meses que la Reina de Polinia, Mar\u00eda de Gonzaga, francesa de origen, ven\u00eda suplicando al se\u00f1or Vicente que enviara otras tres Hermanas para ayudar a las primeras, llegadas a Varsovia en 1652. En diciembre de 1654, Luisa de Marillac habla d esta petici\u00f3n de la Reina a Cecilia Angiboust, a la vez que le da noticias de Margarita Moreau, a la saz\u00f3n en Varsovia, que hab\u00eda estado antes varios a\u00f1os en Angers:<\/p>\n<p><em>\u00abNuestras Hermanas de Polonia la saludan; la Reina quiere que le mandemos otras tres esta primavera; las hab\u00eda pedido ya desde el a\u00f1o pasado y no s\u00e9 lo que podremos hacer\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Entre tanto, la se\u00f1ora des Essarts, encargada en Francia de los asuntos de la Reina de Polonia, no dejaba de insistir ante el se\u00f1or Vicente. En abril de 1655 todo parec\u00eda dispuesto para la partida. Las Hermanas desinadas hab\u00edan de marchar con un Sacerdote de la Misi\u00f3n y dos Hermanos.<\/p>\n<p>Pero se hab\u00eda declarado la guerra en el Reino de Polonia. El 23 de junio, Luisa de Marillac escrib\u00eda a B\u00e1rbara Angiboust:<\/p>\n<p><em>\u00abEl viaje de nuestras Hermanas a Polonia se retrasa a causa de las guerras\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>No obstante, la situaci\u00f3n pol\u00edtica parece arreglarse, y la partida queda fijada para el mes de agosto de 1655. El 9 de dicho mes, el se\u00f1or Vicente pide el pasaporte para el se\u00f1or Berthe, Sacerdote de la Misi\u00f3n, para los se\u00f1ores Juan Lasnier y Aubin (Albi\u00adno) Gontier, Hermanos de la Misi\u00f3n, y para Sor Margarita Ch\u00e9tif, Sor Magdalena Ra\u00adportebled y Sor Juana Lemeret, Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>El 19 de agosto, en v\u00edsperas de la marcha de los Misioneros hacia Ru\u00e1n, donde deb\u00edan embarcarse, Luisa de Marillac escribe al se\u00f1or Ozenne, Sacerdote de la Mi\u00adsi\u00f3n, Superior en Varsovia. Le anuncia la llegada de las tres Hermanas y le presenta a la nueva Hermana Sirviente.<\/p>\n<p><em>\u00abHa pedido usted <\/em>(Hermanas) <em>tan perfectas que va usted a creer que \u00e9stas <\/em>(que van) <em>lo son cabalmente. En nombre de Dios, se\u00f1or, no se deje usted <\/em><em>persuadir por esa idea, pero acepte la seguridad que yo le doy de que son <\/em><em>sujetos bastante buenos, que no tienen nada que sea contrario a las disposi\u00adciones que se requieren para ser una buena Hija de la Caridad.<\/em><\/p>\n<p><em>Es l\u00e1stima que la Hermana Sirviente no tenga un poco m\u00e1s de presencia; de ser as\u00ed, creo que no le faltar\u00eda apenas nada (para ser muy completa). Lo \u00fanico<\/em> que temo es que no est\u00e1 acostumbrada al ambiente de la corte, ni mucho tampoco a los cumplidos mundanos. Obra buenamente, aunque no le fa\/tan ni la inteligencia ni el buen criterio; tiene toda la prudencia necesa\u00adria y sabe hacer uso de ella; en una palabra, parece actuar en todo dentro de una gran sencillez. Ya ve usted, se\u00f1or (por lo que le digo), que es capaz de recibir un consejo y esto me hace suplicarle que le d\u00e9 usted cuantos le pa\u00adrezcan necesarios, antes de que tenga el honor de presentarse a la Reina&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Esta carta muestra la estima que ten\u00eda Luisa de Marillac por Margarita Ch\u00e9tif. Su sencillez le permite obrar al mismo tiempo con prudencia y con humildad. Por otra parte, su buen juicio hace que tenga criterios rectos, y que sepa aceptar los consejos que se le dan.<\/p>\n<p>Mucho siente Luisa de Marillac separarse de esta Hermana, pero su sufrimiento se ve compensado por el pensamiento de los buenos servicios que indudablemente va a prestar Margarita Ch\u00e9tif en Polonia. El mismo d\u00eda 19 de agosto escribe la se\u00f1orita a las tres Hermanas de Varsovia:<\/p>\n<p>\u00abPor fin ha llegado el momento escogido por la Divina Providencia para la marcha de nuestras queridas Hermanas, a las que vemos alejarse con dolor, por tener que separarnos de ellas, y (al mismo tiempo) con alegr\u00eda, por la seguridad que tenemos de que van a cumplir la voluntad de Dios y unirse a ustedes para el cumplimiento de sus santos designios en el Reino de Po\u00adlonia.\u00bb<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente de la partida de las misioneras se presenta una ocasi\u00f3n de enviar\u00adles una carta antes de que se embarquen en Ru\u00e1n. Luisa de Marillac conoce a fondo a Margarita Ch\u00e9tif y adivina sus sentimientos \u00edntimos: aunque acepta plenamente la vo\u00adluntad de Dios, siente profundamente el dolor de la separaci\u00f3n y una cierta ansiedad ante lo desconocido. Las l\u00edneas que la se\u00f1orita Luisa le escribe ponen al descubierto su propia experiencia espiritual:<\/p>\n<p><em>Mi muy querida Hermana:<\/em><\/p>\n<p><em>Le deseo con todo mi coraz\u00f3n el gozo y el consuelo interior de un alma <\/em><em>sumisa de grado a la sant\u00edsima voluntad de Dios, como creo que lo est\u00e1 us\u00adted en el \u00e1pice superior de su esp\u00edritu. Admiro la obra de la Divina Providen\u00ad<\/em><em>cia en usted, querida Hermana, la que me hace creer que su Amor quiere <\/em><em>que usted le ame \u00fanica y enteramente desinteresada, para no tener ya otra <\/em><em>satisfacci\u00f3n ni otro inter\u00e9s que los de Dios y del pr\u00f3jimo.<\/em><\/p>\n<p>iAh!, \u00a1qu\u00e9 excelente camino!, duro, no obstante, a la naturaleza, pero sua\u00adve y f\u00e1cil para las almas iluminadas por las verdades eternas y (que han comprendido) la felicidad de contentar a Dios y de hacerle reinar entera\u00admente sobre su voluntad, Es, as\u00ed me lo parece, querida Hermana, el camino por el que Dios quiere que vaya usted a El, por dif\u00edcil que le parezca. Entre, pues, en ese camino con toda la extensi\u00f3n de su afecto&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Unos d\u00edas m\u00e1s tarde se entera el se\u00f1or Vicente de que el Rey de Suecia acaba de declarar la guerra a Polonia, y avanza hacia Varsovia al frente de un numeroso ej\u00e9rci\u00adto. Conquista la ciudad el 30 de agosto. Ante la proximidad de las tropas suecas, que asolan todo a su paso, el Rey y la Reina de Polonia se refugian en Silesia, y se llevan consigo a las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Temiendo las represalias de los suecos contra los franceses residentes en Polonia, Vicente de Paul escribe con toda rapidez al se\u00f1or Berthe, todav\u00eda en Ru\u00e1n, y le ordena que retrase el viaje. A fines de agosto, los seis expedicionarios vuelven a tomar el ca\u00admino de Par\u00eds. Ser\u00eda preciso esperar a 1660 para que otros pudieran ir a Polonia.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac ve el dedo de Dios en todos estos acontecimientos:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; nuestras tres Hermanas, que estaban ya en Ru\u00e1n dispuestas a embar\u00adcarse, han emprendido el camino de regreso, lo que es para nosotras una se\u00f1al de la protecci\u00f3n de la divina Providencia sobre la Compa\u00f1\u00eda, por la que le estamos sumamente agradecidas, y la que debe excitarnos a serle m\u00e1s fieles que nunca&#8230;\u00bb (a B\u00e1rbara Angiboust, en septiembre de 1 655).<\/p>\n<p>Dios es el que conduce a la peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda. \u00bfHabr\u00eda llegado a ser Margarita Ch\u00e9tif Superiora General de haberse encontrado en Polonia? Los caminos de Dios no son los caminos de los hombres.<\/p>\n<p>En agosto de 1655, Margarita Ch\u00e9tif marcha a Ru\u00e1n con otras dos Compa\u00f1eras para embarcar all\u00ed rumbo a Varsovia. Pero los ej\u00e9rcitos suecos acaban de invadir el reino de Polonia, y el Se\u00f1or Vicente juzga m\u00e1s prudente retrasar el env\u00edo de los misioneros en espera de un momento m\u00e1s favorable.<\/p>\n<p>Margarita vuelve, pues, a Par\u00eds. Los Fundadores piensan varias veces en ella para resolver otras tantas situaciones dif\u00edciles. En el Consejo del 27 de febrero de 1656, la Se\u00f1orita recuerda que hay que escoger una Hermana para ir a Nantes, comunidad que est\u00e1 viviendo numerosas tensiones:<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfEn qui\u00e9n ha pensado usted, Se\u00f1orita?\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPadre, me han venido al pensamiento Sor Magdalena Raportebled, Sor <\/em><em>Estefania Dupuis y Sor Margarita Ch\u00e9tif, pero a \u00e9sta nos costar\u00e1 mucho sacarla de donde est\u00e1. No s\u00e9 si nuestras Hermanas han pensado en otras&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>La elecci\u00f3n del Consejo recay\u00f3 en Magdalena Raportebled, despu\u00e9s de haber estado dudando mucho si mandar a Margarita Ch\u00e9tif. Las Hermanas Consejeras hi\u00adcieron la observaci\u00f3n de que:<\/p>\n<p><em>\u00abComo Margarita era tan buena Hermana, de car\u00e1cter tan agradable, era de <\/em><em>temer que, luego, no fuera posible sacarla de all\u00ed, una vez que aquellos buenos Se\u00f1ores (los Administradores) la hubieran conocido; y por otra parte podr\u00eda ocurrir tambi\u00e9n que las Hermanas estuvieran divididas, unas por la Hermana Sirviente y otras prefiri\u00e9ndola a ella.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>En el Consejo del 25 de abril de 1656, volvi\u00f3 a tratarse de Margarita, esta vez para Angers:<\/p>\n<p><em>\u00abLa Se\u00f1orita propuso a Nuestro Muy Honorable Padre enviar a dos Herma\u00adnas <\/em>a <em>Angers, una de ellas para Hermana Sirviente. Y se pens\u00f3 que Sor <\/em><em>Ch\u00e9tif ten\u00eda las condiciones suficientes para ello. Pero se hallaba en una Parroquia en la que hab\u00eda personas un tanto dif\u00edciles que requer\u00edan una Hermana como ella. Por todas estas consideraciones y dado tambi\u00e9n el poco tiempo que all\u00ed llevaba, se desisti\u00f3 de retirarla de donde estaba y aplazar para otra vez el env\u00edo de una Hermana que llevara la direcci\u00f3n (en A ngers).\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Todas estas reflexiones dan una idea de la estima en que los Fundadores y las Hermanas Consejeras ten\u00edan a Margarita Ch\u00e9tif, que por entonces no contaba m\u00e1s que 7 a\u00f1os de vocaci\u00f3n. Pero sus 35 de edad le daban ese buen juicio y esa pruden\u00adcia que la caracterizan.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Env\u00edo a Arras para una nueva fundaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La ciudad de Arr\u00e1s, en el Norte de Francia, siempre fue objeto de codicia por su situaci\u00f3n estrat\u00e9gica. Sucesivamente francesa, austr\u00edaca, espa\u00f1ola, fue reconquista\u00adda por el Rey de Francia Luis XIII en 1640; pero en 1654, los espa\u00f1oles, apoyados por las tropas del Gran Cond\u00e9, le pusieron nuevamente cerco. Fueron rechazados vigorosamente por Turenne.<\/p>\n<p>Mucho hubo de sufrir la ciudad de Arras por esta \u00faltima batalla: numerosos soldados heridos, numerosos campesinos con sus cosechas destrozadas. No hay trabajo y la miseria se instala por doquier.<\/p>\n<p>Esta gran pobreza conmueve a un grupo de se\u00f1oras piadosas movidas por la caridad cristiana; y piensan que s\u00f3lo el Se\u00f1or Vicente, con sus Hijas, podr\u00eda socorrer al pueblo envuelto en tantas calamidades. Pero dichas se\u00f1oras no cuentan con sufi\u00adciente dinero para sostener una \u00abCaridad\u00bb, para que dos Hijas del Se\u00f1or Vicente puedan establecerse all\u00ed, proveer a su subsistencia y facilitarles recursos con que atender a los enfermos y a los pobres.<\/p>\n<p>Deciden, pues, dirigirse a las damas de la Caridad de Par\u00eds, pidi\u00e9ndoles tomen a su cargo la \u00abCaridad\u00bb de Arras en el aspecto econ\u00f3mico. Una se\u00f1orita, \u00abuna buena joven devota\u00bb, va delegada a Par\u00eds para defender la causa de los pobres del Norte. Esta se\u00f1orita se dirige a la caritativa Se\u00f1orita de Lamoignon, quien la recibe y escu\u00adcha. Durante una Asamblea de las Damas de la Caridad, les describe la negra mi\u00adseria que desola su pa\u00eds, y su relato conmueve a las Se\u00f1oras, quienes prometen ayuda en dinero y el env\u00edo de dos Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac, despu\u00e9s de algunas vacilaciones, que somete al Se\u00f1or Vicen\u00adte, escoger\u00e1 para la nueva misi\u00f3n a Margarita Ch\u00e9tif y a Radegunda Lenfantin.<\/p>\n<p>El 30 de agosto de 1656, en una conferencia, el Se\u00f1or Vicente presenta a las dos Hermpnas su futura misi\u00f3n:.<\/p>\n<p><em>\u00abVais, hijas m\u00edas, entre un pueblo que sirve bien a Dios y es muy caritativo. S\u00ed, es una gente muy buena. Es un gran consuelo&#8230; iQu\u00e9 dicha ir <\/em>a <em>echar esos cimientos, ir a establecer la Caridad en una ciudad tan importante y entre un pueblo tan bueno!<\/em><\/p>\n<p>Una misi\u00f3n que parecer\u00eda tan f\u00e1cil, va a presentar pronto enormes dificultades. Aun antes de llegar a Arr\u00e1s, empiezan los problemas. Es Radegunda quien, andando el tiempo, relata los comienzos de aquel viaje:<\/p>\n<p><em>\u00abFuimos enviadas a Arras Sor Ch\u00e9tif y Yo, con una joven devota que hab\u00eda <\/em><em>venido expresamente de dicha ciudad para llevarse <\/em>a <em>dos Hijas de la Cari\u00ad<\/em><em>dad que hab\u00edan de servir all\u00ed a los pobres. Dicha joven cay\u00f3 enferma, ya en <\/em><em>Par\u00eds, pero no por eso dej\u00f3 de ponerse en camino, con fiebre, esperando que mejorar\u00eda tan pronto como saliera de la atm\u00f3sfera de Par\u00eds. Pero suce\u00addi\u00f3 todo lo contrario, porque la fiebre fue en aumento, lo que nos oblig\u00f3 <\/em>a <em>detenernos en Amiens, y all\u00ed muri\u00f3 al cabo de quince d\u00edas.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Radegunda explica la abnegaci\u00f3n de Margarita Ch\u00e9tif hacia aquella pobre se\u00f1orita:<\/p>\n<p><em>\u00abNo sabr\u00eda yo decir los cuidados y fatigas que se tom\u00f3 Sor Ch\u00e9tif con ella, tanto cuando \u00edbamos de camino, como durante su enfermedad, encarg\u00e1n\u00addose de buena gana de prestarle todos los servicios, aun los m\u00e1s bajos y costosos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Aquella \u00abbuena joven\u00bb era la que deb\u00eda presentar a las Hermanas en Arr\u00e1s y probablemente alojarlas en su casa y ense\u00f1arles la ciudad. Aunque desconcertadas\u00a0 por aquella muerte y vi\u00e9ndose solas, las dos Hermanas prosiguen su camino, porque<em> \u00abDios las ha escogido para Arr\u00e1s\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Llegadas a la ciudad, las dos Hermanas se encuentran con que no saben a donde dirigirse, no conocen a nadie, han gastado todo el dinero que llevaban&#8230; Sor Radegunda prosigue su relato:<\/p>\n<p><em>\u00abDespu\u00e9s del entierro de aquella buena joven, nos fuimos a Arras, don\u00adde, una vez llegadas, no sab\u00edamos a d\u00f3nde dirigirnos, ya que no ten\u00edamos a nadie para recogernos; una buena se\u00f1ora nos dio alojamiento por caridad durante quince d\u00edas; luego, durante varias semanas, fuimos de casa en casa a comer y a dormir.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Posteriormente, las Hermanas quedar\u00edan alojadas en casa de la Se\u00f1ora Le Fond, y luego se encargar\u00eda de ellas la Se\u00f1orita des Lions, hasta que se compr\u00f3 una casa dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1658.<\/p>\n<p>Sin detenerse en sus dificultades personales, Margarita y Radegunda se ponen inmediatamente al servicio de los pobres. Descubren gran cantidad de pobres aban\u00addonados por todo el mundo, infectados y llenos de par\u00e1sitos. Sin ahorrar esfuerzo alguno, visitan a los enfermos, curan sus llagas, lavan y remiendan sus ropas que muchas veces no son sino harapos.<\/p>\n<p>Si es cierto que ese trabajo es un beneficio para todos aquellos pobres, sin em\u00adbargo, no todo el mundo lo ve bien. Se critica a las dos Hermanas, se mofan de ellas. \u00bfQu\u00e9 han venido a hacer a esta ciudad, vestidas tan raras, viviendo de manera tan original? \u00bfSon religiosas o no lo son?<\/p>\n<p>El 30 de septiembre, San Vicente les dirige palabras de aliento:<\/p>\n<p><em>\u00abDoy gracias a Dios por haberlas hecho llegar felizmente y le pido que les d\u00e9 fuerzas para sobrellevar esas dificultades en que se encuentra. Ocurren de ordinario a las personas que comienzan una buena obra, sobre todo cuando el esp\u00edritu maligno prev\u00e9 que de ella va <\/em>a <em>resultar mucho servicio y gloria de Dios; porque entonces se esfuerza por impedirla suscitando dis\u00adgusto y complicaciones a esas personas; pero como Dios quiere que la em\u00adpresa se lleve <\/em>a <em>cabo, va haciendo que poco <\/em>a <em>poco todos esos impedimen\u00ad<\/em><em>tos se vengan abajo.\u00bb <\/em>(Coste, VI.100; Sig. Vl,97.)<\/p>\n<p>Por otra parte, el trabajo es duro y la sensibilidad de Margarita se ve a menudo sometida a prueba. Radegunda lo recuerda:<\/p>\n<p><em>\u00abSor Chetif ten\u00eda una gran sensibilidad y era propensa a la n\u00e1usea ante la suciedad que a veces encuentra en los enfermos. No obstante, no se escudaba en manera alguna, hac\u00eda como que no lo ve\u00eda. Yo la he visto varias veces vomitar mientras curaba a una joven que ten\u00eda una pierna en tal estado de podredumbre que sal\u00edan los gusanos de ella. Pero esto no la imped\u00eda nunca prestar servicio\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>A la larga, tan enorme trabajo tuvo repercusi\u00f3n en la salud de las Hermanas. Una gran lasitud se apodera de Margarita. Todo se le hace costoso. Aun la oraci\u00f3n ha perdido para ella el atractivo. Entonces, le asalta la duda: \u00bfNo se habr\u00e1 equivocado de camino? \u00bfLa quiere Dios realmente Hija de la Caridad? \u00bfTiene verdadera voca\u00adci\u00f3n de sierva de los pobres?&#8230; La tentaci\u00f3n persiste, punzante, dolorosa.<\/p>\n<p>Margarita comunica sus inquietudes, interrogantes, sufrimientos a los Fundado\u00adres, el se\u00f1or Vicente y la Se\u00f1orita. No duda en escribirles con frecuencia, como ellos mismos se lo han recomendado.<\/p>\n<p>El 18 de febrero de 1657, San Vicente, con una carta suya, va a ayudar, a Mar\u00adgarita a mirar con serenidad y lucidez la tentaci\u00f3n que la asalta, a volver a considerar su vida bajo la mirada de Dios:<\/p>\n<p><em>\u00abHermana:<\/em><\/p>\n<p><em>La Gracia de Nuestro Se\u00f1or est\u00e9 siempre con usted.<\/em><\/p>\n<p><em>He recibido su carta del 29 de enero y la he le\u00eddo con alegr\u00eda, aunque <\/em><em>me preocupa su indisposici\u00f3n corporal, de la que me ha hablado el Se\u00f1or Delville, y m\u00e1s todav\u00eda la de su esp\u00edritu respecto <\/em>a <em>su vocaci\u00f3n y a sus re\u00ad<\/em><em>glamentos. A prop\u00f3sito de esto he de decirle, Hermana, que no es m\u00e1s que una tentaci\u00f3n del esp\u00edritu maligno que, al ver los bienes que usted hace, se esfuerza en apartarla de ellos. Lo que \u00e9l quiere es, quit\u00e1ndola de sus tareas, quitarla de las manos de Nuestro Se\u00f1or para poder triunfar sobre usted con un rapto tan deplorable. Para juzgar si es Dios el que la ha llama\u00addo <\/em>a <em>la condici\u00f3n en que se encuentra, no tiene usted que fijarse en sus disposiciones actuales, sino en las que ten\u00eda cuando entr\u00f3. Entonces sinti\u00f3 usted en varias ocaciones el movimiento divino, le rez\u00f3 a Dios para conocer su voluntad, pidi\u00f3 consejo a sus directores, hizo no solamente un retiro, sino un ensayo o prueba en <\/em>casa <em>de la Se\u00f1orita Le Gras, y, despu\u00e9s de <\/em><em>esto, decidi\u00e9ndose usted voluntariamente a este g\u00e9nero de vida, con la mira puesta en Dios y deseando responder a su llamada, El mostr\u00f3 que su deci\u00adsi\u00f3n le hab\u00eda agradado bendiciendo luego abundantemente su persona y sus trabajos, haciendo que edificara usted a todos los de dentro y los de fuera. \u00bfQu\u00e9 motivos tiene usted ahora para dudar de si se halla en el esta\u00addo que El desea? Es evidente, por todo lo que le he dicho, que su vocaci\u00f3n <\/em>es de Dios, ya que ha llegado a ella por esos caminos que son los m\u00e1s se\u00adguros y por los que El acostumbra a sacar a las almas del mundo para ser\u00advirse de ellas en el mismo mundo. Por consiguiente, esas dificultades con las que usted tropieza ahora no tienen que hacerla dudar de esta verdad que tan bien conoci\u00f3 usted desde el principio; ni tiene por qu\u00e9 extra\u00f1arse de que le venga esa tentaci\u00f3n, ya que el evangelio de hoy nos asegura que hasta Nuestro Se\u00f1or fue tentado; ni ha de afligirse por ese hast\u00edo que sien\u00adte en sus ejercicios, ya que, al ser penosos y repugnantes, la naturaleza se cansa de ellos&#8230;<\/p>\n<p><em>Le pido a Nuestro Se\u00f1or a quien sirve usted tan \u00fatilmente, que sea El mismo su fuerza para sostener con vigor y m\u00e9rito esa debilidad exterior e interior en que usted se encuentra, para que obtenga la recompensa pro\u00admetida a los que perseveran, una recompensa tan grande que, en compara\u00adci\u00f3n de ella, todos los trabajos de esta vida les han parecido a los santos meros pasatiempos&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Por su parte, tambi\u00e9n Luisa de Marillac aconseja a Margarita que no se detenga en sus sufrimientos, que vuelva su mirada hacia Dios aun cuando le parezca que est\u00e1 lejano, que le d\u00e9 pruebas de su fidelidad, que descubra la suavidad del amor de Dios, aun a trav\u00e9s de las dificultades y angustias.<\/p>\n<p>\u00abCuando nos vemos sometidas a la prueba de las mortificaciones y tenta\u00adciones, estamos abatidas y caemos en un estado que nos parece deplora\u00adble. Y, en efecto, lo estar\u00edamos si no permaneci\u00e9ramos unidas a Dios por la parte superior de nuestro esp\u00edritu y le dij\u00e9ramos desde el fondo del cora\u00adz\u00f3n: \u00abiH\u00e1gase (Dios m\u00edo), seg\u00fan os plazca, soy toda vuestra!\u00bb, hacien\u00addo todas nuestras acciones, pese a la tentaci\u00f3n, pura y simple por amor de Dios.\u00bb (Carta n\u00fam. 546, 15-10-1657.)<\/p>\n<p>Otras dificultades iban a llegar tambi\u00e9n por parte del Sr. Delville, Sacerdote de la Misi\u00f3n. Ingresado en la Congregaci\u00f3n en 1641, fue Superior en Cr\u00e9cy y Montmirail. Pero en 1651, pidi\u00f3 al Se\u00f1or Vicente retirarse a Arras, su tierra natal, lo que le fue concedido. El Se\u00f1or Delville tuvo muchas atenciones con las dos Hijas de la Caridad, pero \u00e9stas ten\u00edan que actuar con discernimiento. El Sr. Vicente, que conoc\u00eda bien a Guillermo Delville, las hab\u00eda prevenido:<\/p>\n<p>\u00abOs encontrar\u00e9is all\u00ed con un Sacerdote de la Misi\u00f3n. Recibid tambi\u00e9n sus \u00f3rdenes, con tal de que no os mande nada en contra de vuestras ocupacio\u00adnes. Y si os dijera que hicierais algo contra vuestras reglas y las cosas que acostumbr\u00e1is hacer aqu\u00ed, decidle: \u00abSe\u00f1or, eso no va con nuestras pr\u00e1cticas, le ruego que nos excuse.\u00bb En fin, no har\u00e9is nada contra vuestras santas costumbres.\u00bb (Coste X, 227, Conf. esp. n. 1574.)<\/p>\n<p>Primero fueron detalles de la vida concreta los que causaron tensiones entre el Sr. Delville y las Hermanas. Poco tiempo despu\u00e9s de su llegada, el Sacerdote las aconsej\u00f3 que, siguiendo la costumbre del pa\u00eds, bebieran cerveza, la bebida corriente de la regi\u00f3n. Las Hermanas se negaron y el Sr. Delville no dej\u00f3 de insistir. Una carta del Sr. Vicente puso fin a aquella primera contienda.<\/p>\n<p>\u00abNo hay que cambiar nada en la forma en que las Hijas de la Caridad se ali\u00admentan. La Se\u00f1orita Le Gras dice que tienen la ventaja de saber hacer agua dulce, con la que se puede quitar el mal sabor a las dem\u00e1s aguas e impedir que hagan da\u00f1o. Por eso, las de Arras pueden prescindir de beber cerveza, como usted propone, con el fin de guardar la uniformidad con todas las dem\u00e1s y quitar el pretexto que de ah\u00ed pudieran tomar otras, no contentas con la bebida ordinaria, para desear beber un poco de vino.\u00bb (Coste VI, 143; Sig. VI, 136.)<\/p>\n<p>Otra vez, la discusi\u00f3n gir\u00f3 en torno a la cofia. En aquella regi\u00f3n, las mujeres sol\u00edan llevar un trozo de sarga a la cabeza. Las Hijas de la Caridad resultaban rid\u00edcu\u00adlas con su sencillo tocado, sin nada m\u00e1s. El Sr. Delville insisti\u00f3 en que las Hermanas se pusieran otra cosa encima. Margarita somete la cuesti\u00f3n a los Fundadores, que manifiestan su deseo de que conserven la sencillez de su vestido tal y como lo llevan las dem\u00e1s Hermanas.<\/p>\n<p>En 1658, el Sr. Delville quiere que las dos Hermanas se encarguen de los soldados heridos y enfermos, hospitalizados en el Hospital General. Margarita no acepta, por\u00adque ya hay unas religiosas que trabajan en el Hospital y se cuidan de ellos. Una vez m\u00e1s, el Se\u00f1or Vicente sostendr\u00e1 la postura de las Hermanas. Escribe al Se\u00f1or Delvi\u00adIle el 1 de febrero de 1658:<\/p>\n<p><em>\u00ab\u2026 las Hijas de la Caridad s\u00f3lo est\u00e1n para atender <\/em>a <em>los enfermos abando\u00adnados que no tienen a nadie que los asista. Para eso es para lo que han sido enviadas a Arras esas dos Hermanas.\u00bb <\/em>(Coste VII, 65; Sig. VII, 61.)<\/p>\n<p>Las dificultades con el Sr. Delville no terminaron hasta la muerte del mismo, en mayo de 1658.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n los problemas econ\u00f3micos iban a ser fuente de dificultades para las dos Hermanas de Arras. Las Damas de la Caridad de Par\u00eds, como lo hab\u00edan prometi\u00addo, enviaron una cantidad de dinero destinada a adquirir pan para los enfermos. Pero no pensaron en el sostenimiento de las Hermanas. Luisa de Marillac escribe a Mar\u00adgarita el 22 de septiembre de 1657:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; Tambi\u00e9n me dec\u00eda (la Se\u00f1orita de Lamoignon) que se cuidar\u00eda del soste\u00adnimiento de ustedes, lo que me mueve a decirle, querida Hermana, que no sufran ninguna privaci\u00f3n: p\u00eddanme lo que necesiten o p\u00eddanlo prestado hasta que lo reciban&#8230;\u00bb (Carta 545 bis.)<\/p>\n<p>El 10 de enero de 1660 insistir\u00e1 una vez m\u00e1s:<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230; Le ruego, querida Hermana, que me diga cu\u00e1ndo necesita dinero, por\u00adque no quiero que les falte lo necesario para alimentarse y vestirse, como si estuvieran en la Casa&#8230;\u00bb <\/em>(Carta 651.)<\/p>\n<p>Como lo hac\u00edan las dem\u00e1s Hermanas, Margarita y Radegunda tuvieron que tra\u00adbajar con sus propias manos , en el tiempo que les dejaba libre el servicio a los Po\u00adbres, para ganarse la vida: coser, hilar, elaborar dulces para quienes se los encarga\u00adban, era el trabajo habitual de las primeras Hermanas.<\/p>\n<p>Todas estas dificultades con las que tuvieron que enfrentarse Margarita Ch\u00e9tif y Radegunda Lenfantin les ense\u00f1aron a discernir, guiadas por el Esp\u00edritu, el carisma de la Compa\u00f1\u00eda y a luchar contra las tentaciones. Les permitieron tambi\u00e9n compren\u00adder la importancia de una vida de Comunidad s\u00f3lida y de una s\u00f3lida vida de Fe en Je\u00adsucristo.<\/p>\n<p>As\u00ed iba Dios preparando a Margarita para asumir el cargo de Superiora General, en el que tendr\u00eda como tarea primordial hacer que la Compa\u00f1\u00eda viviera <em>del esp\u00edritu que <\/em><em>Nuestro Se\u00f1or le hab\u00eda dado.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El se\u00f1or Vicente y la se\u00f1orita Le Gras se reunieron con mucha frecuencia durante su vida para hablar de las Hijas de la Caridad. 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