{"id":54814,"date":"2015-02-16T03:42:08","date_gmt":"2015-02-16T02:42:08","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=54814"},"modified":"2016-07-27T12:06:29","modified_gmt":"2016-07-27T10:06:29","slug":"vincent-cuttica-1673-1742","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vincent-cuttica-1673-1742\/","title":{"rendered":"Vincent Cuttica (1673-1742)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/10\/Biografias-Pa%C3%BAles35.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-54815\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/10\/Biografias-Pa%C3%BAles35.jpg?resize=232%2C300\" alt=\"\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>CHAPITRE PREMIER<\/p>\n<p>Sa naissance. &#8211; Son entr\u00e9e dans la Congr\u00e9gation de la Mission. Apr\u00e8s son noviciat \u00e0 Rome, il est envoy\u00e9 \u00e0 Florence, \u00e0 Naples. Son z\u00e8le pour acqu\u00e9rir la science et les vertus n\u00e9cessaires. &#8211; Succ\u00e8s de ses missions. &#8211; Son d\u00e9vouement pour les malades.<\/p>\n<p>El Sr. Cuttica (Vincent), nacido el 1\u00ba de octubre de 1673, en Alexandrie (<em>Alessandria della Paglia<\/em>) en Lombard\u00eda, entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n, tras un retiro que hizo en la casa de la Misi\u00f3n en G\u00e9nova. Ten\u00eda veintinueve a\u00f1os cuando fue recibido en el noviciado de Roma.<\/p>\n<p>Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n tras un retiro que hizo en la saca de la Misi\u00f3n de G\u00e9nova. Ten\u00eda veintinueve a\u00f1os de edad cuando fue recibido en el noviciado de Roma. Siendo todav\u00eda seminarista, fue designado para acompa\u00f1ar a los misioneros que iban a fundar la casa de Florencia, pero se qued\u00f3 poco tiempo, a causa de grandes dolores de cabeza que sufr\u00eda. Sus superiores le llamaron a Roma, donde no se qued\u00f3 tampoco m\u00e1s que algunos meses; de all\u00ed, fue enviado a N\u00e1poles. Pas\u00f3 el resto de sus d\u00edas en la casa de la Congregaci\u00f3n de esta ciudad y all\u00ed muri\u00f3, el 16 de octubre de 1742, despu\u00e9s de gobernarla durante veinticinco a\u00f1os. Se ver\u00e1, por la continuaci\u00f3n de este relato, cu\u00e1nto han contribuido sus obras a la gloria de Dios y han hecho honor a su Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sus debates fueron muy modestos; se tem\u00eda incluso que sus sufrimientos casi continuos y su escasa ciencia anteriormente adquirida, no fueran un obst\u00e1culo al \u00e9xito de sus funciones en el Instituto. No lo fueron. En efecto, gracias a la salubridad del aire de N\u00e1poles, experiment\u00f3 pronto alivio a sus males de cabeza; trabaj\u00f3 con ardor en la adquisici\u00f3n de las virtudes y de la ciencia necesaria, y puso tanto celo en estudiar la filosof\u00eda, la teolog\u00eda moral, en particular la teolog\u00eda de santo Tom\u00e1s, que se convirti\u00f3, en N\u00e1poles, en uno de los mejores te\u00f3logos de su tiempo.<\/p>\n<p>Terminados sus estudios, le enviaron a las misiones, pues pose\u00eda todas las cualidades requeridas para tener \u00e9xito en este empleo. En un principio se encarg\u00f3 del catecismo y las instrucciones familiares sobre el Dec\u00e1logo; pero pronto le nombraron director de las misiones. En el reino de N\u00e1poles las misiones tiene \u00e9xito siempre, porque el pueblo est\u00e1 bien dispuesto, sin embargo las del Sr. Cuttica producen frutos extraordinarios. Hab\u00eda en su palabra tanta fuerza y tal unci\u00f3n, que tocaba los corazones m\u00e1s endurecidos, de ah\u00ed segu\u00edan conversiones renombradas; de suerte que su reputaci\u00f3n alcanz\u00f3 lejos. Sus trabajos, el celo y el esp\u00edritu que le animaban, todo mostraba en \u00e9l a un hombre verdaderamente apost\u00f3lico. Durante una misi\u00f3n que predicaba en Caserta, un religioso carmelita, hombre sabio y piadoso,\u00a0 dijo a uno de los misioneros:\u00a0\u00abLos discursos del Sr. Cuttica tienen un no s\u00e9 qu\u00e9 que os penetra y os toca el coraz\u00f3n\u00a0\u00ab. Hizo entrar en el camino de la salvaci\u00f3n a muchos pecadores que, llevaban mucho tiempo resistiendo a la gracia: uno entre otros qued\u00f3 tan impresionado, escuchando al Sr. Cuttica, que al final del serm\u00f3n, subi\u00f3 la escalera del p\u00falpito, tom\u00f3 en sus manos el crucifijo que est\u00e1 de ordinario expuesto y p\u00fablicamente pidi\u00f3 perd\u00f3n, con l\u00e1grimas, por todos los esc\u00e1ndalos que hab\u00eda dado.<\/p>\n<p>El celoso misionero ten\u00eda un don particular para reconciliar a los enemigos y hacer perdonar las injurias. Sab\u00eda de tal forma con razones convincentes iluminar el esp\u00edritu, con su humildad insinuarse en los corazones, y a veces hasta emplear a prop\u00f3sito su autoridad de ministro de Dios, que resultaba muy dif\u00edcil resistirle. Se encontr\u00f3, en una misi\u00f3n, a una dama que se negaba obstinadamente a reconciliarse con los asesinos de su marido. El crimen, es verdad, era espantoso; ellos hab\u00edan matado a la v\u00edctima a traici\u00f3n y rechazado al sacerdote que tra\u00eda los auxilios de su ministerio. Para suavizar su venganza quer\u00edan, al darle la muerte del cuerpo, darle al mismo tiempo la del alma; por eso esta dama hab\u00eda concebido tal odio contra estos monstruos que ni su confesor ni sus amigos hab\u00edan podido determinarla a la reconciliaci\u00f3n. As\u00ed las cosas, lleg\u00f3 el Sr. Cuttica a dar la misi\u00f3n en la localidad, pero ella evit\u00f3 ir a o\u00edrle para no reconciliarse\u00a0 con sus enemigos, el misionero fue a la casa, no fue recibido; volvi\u00f3 acompa\u00f1ado del p\u00e1rroco y, habiendo sido admitido, hizo tanto bien\u00a0 con sus palabras dulces llenas de unci\u00f3n que llegaron al coraz\u00f3n de esta desdichada, la llev\u00f3 a una reconciliaci\u00f3n sincera: lo que fue una gran alegr\u00eda para la regi\u00f3n. En un distrito de la Campania, una divisi\u00f3n inveterada reinaba entre los habitantes; se hab\u00edan dado varias misiones\u00a0 para hacerla cesar, pero la discordia segu\u00eda reinando. El Sr. Cuttica fue llamado por el obispo, para predicar all\u00ed una nueva misi\u00f3n; calm\u00f3 de tal forma los \u00e1nimos y restableci\u00f3 una paz tan perfecta, que este resultado fue tenido por un milagro. Su solicitud se extend\u00eda hasta los intereses temporales: se informaba de todas las necesidades para ponerles remedio; hac\u00eda cesar los abusos y los esc\u00e1ndalos, y sab\u00eda inspirar de tal manera el temor de Dios que dejaba a los pueblos totalmente cambiados. El fruto de sus misiones era duradero: en ciertos lugares, veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s, se sent\u00edan a\u00fan los felices efectos.<\/p>\n<p>Dotado de una naturaleza ardiente y de un celo sin l\u00edmites, se entregaba en algunas circunstancias\u00a0 a varios trabajos a la vez; de manera que, cuando daba las misiones cerca de N\u00e1poles, volv\u00eda a la casa para tener la conferencia a los j\u00f3venes cl\u00e9rigos; por las tardes, volv\u00eda enseguida al lugar de la misi\u00f3n para predicar el serm\u00f3n de la noche, viajando bien a pie, bien a caballo, y recorriendo a veces distancias considerables.<\/p>\n<p>Cuando iba a casa de los seglares para velar por la guarda de los enfermos, seg\u00fan la costumbre que exist\u00eda entonces, se absten\u00eda de tomar nada, ni de beber, ni de comer, ni siquiera el chocolate que se acostumbra ofrecer en la regi\u00f3n.\u00a0 As\u00ed, habiendo tenido que pasar un tiempo largo al lado de un enfermo, no acept\u00f3 el menor refresco, en el momento de las comidas, ven\u00eda un misionero a reemplazarle, y \u00e9l iba a casa, aunque estuviera muy distante. A esta reserva un\u00eda el porte en sus palabras. Estaba callado junto a los enfermos, haciendo su meditaci\u00f3n o algunas lecturas piadosas; sugiri\u00e9ndoles, de vez en cuando, algunos buenos pensamientos; por ello, se hab\u00eda ganado una tal reputaci\u00f3n en la ciudad de N\u00e1poles que todas las personas que ten\u00edan la suerte de ser asistidas por \u00e9l se consideraban como seguras de su salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>CHAPITRE II<\/p>\n<p>Sus trabajos por la reforma del clero y de la nobleza. -Estableci\u00f3 la congregaci\u00f3n de los j\u00f3venes cl\u00e9rigos. \u2013 Retiros anuales para los ordenandos, los sacerdotes y los nobles. \u2013 Fund\u00f3 la conferencia de los caballeros, sus felices resultados. \u2013 Construy\u00f3 una nueva casa.<\/p>\n<p>El Sr. Cuttica no ignoraba que los frutos de las misiones no pueden durar largo tiempo sin la ayuda de sacerdotes celosos; para ello emple\u00f3 todos sus cuidados en la formaci\u00f3n\u00a0 de los j\u00f3venes aspirantes al sacerdocio. Comenz\u00f3 por\u00a0 reunirlos en la capilla de los sacerdotes de la Misi\u00f3n. Donde cada domingo les hac\u00eda una instrucci\u00f3n. En un principio eran poco numerosos, pero pronto su n\u00famero fue en ascenso, y no solo los j\u00f3venes cl\u00e9rigos, sino tambi\u00e9n los sacerdotes, atra\u00eddos por la reputaci\u00f3n del predicador, se complac\u00edan en ir a escucharle. Estableci\u00f3 incluso una congregaci\u00f3n para los j\u00f3venes cl\u00e9rigos, le dio un reglamento lleno de sabidur\u00eda y de prudencia, y mand\u00f3 construir con grandes gastos una amplia capilla para reunirlos. Habiendo sabido que el cardenal Spinelli, arzobispo de N\u00e1poles, ten\u00eda prevenciones contra esta obra, fue a verle y le dijo con humildad: \u00abYo cre\u00eda que Vuestra Eminencia consentir\u00eda en proteger\u00a0 la congregaci\u00f3n de los cl\u00e9rigos, pero veo con disgusto que no tiende m\u00e1s que a destruirla\u00a0\u00ab. Luego, habi\u00e9ndole expuesto las grandes ventajas espirituales\u00a0 que resultar\u00edan para el clero, el cardenal impresionado por estas razones revoc\u00f3 las \u00f3rdenes ya dadas, aprob\u00f3 la congregaci\u00f3n con el reglamento, de manera que lleg\u00f3 a ser muy pr\u00f3spera y cont\u00f3 con m\u00e1s de cuatro cientos miembros. Los que formaban parte llevaban regularmente el h\u00e1bito eclesi\u00e1stico en conformidad con los sagrados c\u00e1nones; se hac\u00edan notar por\u00a0 su piedad y su modestia, y contribu\u00edan\u00a0 poderosamente a la edificaci\u00f3n com\u00fan. Cada a\u00f1o, el celoso misionero les predicaba el retiro; y, como los misioneros de la casa de N\u00e1poles no eran entonces muy numerosos, era casi siempre \u00e9l quien\u00a0 predicaba el de los ordenandos\u00a0 y el de los sacerdotes.<\/p>\n<p>Pero el celo\u00a0 del Sr. Cuttica se despleg\u00f3 de una manera mucho m\u00e1s extraordinaria en los retiros que predicaba cada a\u00f1o, durante la Semana santa, a los laicos y m\u00e1s en particular a la nobleza; estos ejercicios contribuyeron mucho a la gloria de Dios y a la salvaci\u00f3n de las almas. La nobleza de N\u00e1poles estaba, en esta \u00e9poca, muy corrompida\u00a0: la mayor parte de los caballeros viv\u00edan alejados de las pr\u00e1cticas de la religi\u00f3n\u00a0; se provocaban con frecuencia al duelo y formaban parte, al menos en gran n\u00famero, de las sociedades secretas. Sus discursos\u00a0 estaban en relaci\u00f3n con su conducta; mucho se pon\u00edan rojos al parecer cristianos; si algunos se acercaban\u00a0 aun as\u00ed a los sacramentos, era a favor de las tinieblas de la noche. Dios puso, por fin los ojos de misericordia\u00a0 sobre estos hijos pr\u00f3digos\u00a0 y,\u00a0 hacia el a\u00f1o 1721, un cierto n\u00famero, llevados por los remordimientos de su conciencia, tuvieron la idea de hacer un retiro\u00a0 pero no sab\u00edan a qui\u00e9n dirigirse, ya que no conoc\u00edan a los sacerdotes de la Misi\u00f3n que viv\u00edan muy retirados en N\u00e1poles, y que por entonces eran los \u00fanicos en recibir\u00a0 a ejercitantes. Despu\u00e9s de buscar, acabaron por descubrir su casa y fueron recibidos en n\u00famero de veintiocho; casi todos pertenec\u00edan a la primera nobleza. El retiro comenz\u00f3 la v\u00edspera del domingo de los Ramos; fue predicado por el Sr. Cuttica que hizo la meditaci\u00f3n de la ma\u00f1ana, el serm\u00f3n de la noche y presidi\u00f3 incluso la lectura espiritual que se hac\u00eda en com\u00fan. Produjo los m\u00e1s felices resultados sobre el esp\u00edritu y el coraz\u00f3n de los ejercitantes que quedaron impresionados\u00a0 y convertidos del todo. Dec\u00edan que nunca hab\u00edan o\u00eddo una palabra m\u00e1s clara en la exposici\u00f3n de las verdades de la fe, ni m\u00e1s capaz de grabar, en el coraz\u00f3n, el amor de las m\u00e1ximas evang\u00e9licas.<\/p>\n<p>Este retiro tuvo tal resonancia en la ciudad de N\u00e1poles que, los a\u00f1os siguientes, casi todos los nobles quisieron asistir a los ejercicios: unos, en n\u00famero de cincuenta,\u00a0 se alojaban\u00a0 en casa de los misioneros; los otros, en n\u00famero de m\u00e1s de trescientos, hac\u00edan su retiro en sus casas y ven\u00edan a asistir regularmente a las instrucciones. No se podr\u00eda decir todo el bien que supuso para la sociedad. Los duelos, hasta entonces tan frecuentes, quedaron como abolidos, y hubo una reforma en las costumbres\u00a0 tal que los que hab\u00edan estado ausentes de N\u00e1poles durante algunos a\u00f1os dec\u00edan que la nobleza no era ya reconocible.<\/p>\n<p>Entre los personajes recomendables\u00a0 que segu\u00edan, cada a\u00f1o, los ejercicios del retiro, citaremos a san Alfonso de Ligorio. Se lee en una de sus biograf\u00edas: \u00bb\u00a0Ten\u00eda veinticinco a\u00f1os. Fue entonces cuando oy\u00f3 las instrucciones religiosas que hac\u00eda el piadoso Cuttica, en la casa de los sacerdotes de la Misi\u00f3n, donde ya hemos dicho que ten\u00eda costumbre de pasar alg\u00fan tiempo con su padre para hacer, con gran provecho de su alma, los ejercicios\u00a0 espirituales. La voz de este gran siervo de Dios, evocando en su ardiente elocuencia a un pecador del fondo del abismo, emocion\u00f3 poderosamente a los oyentes\u00a0 cristianos y sobre todo a Alfonso, quien desde entonces\u00a0 se dio m\u00e1s a Dios. Le gustaba m\u00e1s tarde recordar este retiro, en el que \u00e9l se hab\u00eda sentido llamado a un estado mejor\u00a0\u00ab. Y m\u00e1s adelante, se lee: \u00abAntes de comenzar el establecimiento de la Congregaci\u00f3n\u00a0 del Santo Redentor,\u00a0 Alfonso quiso saber lo que pensaba de su proyecto el Sr. Cuttica, superior de la Misi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>El bien operado por restos retiros anuales era evidentemente la obra de la gracia, ya que persever\u00f3 largo tiempo. As\u00ed, durante los a\u00f1os que siguieron, la capilla de los misioneros era el punto de cita de una gran parte de la nobleza, que ven\u00eda a asistir a los oficios,\u00a0 a o\u00edr la palabra de Dios y acercarse a los sacramentos. Se ten\u00eda una gran confianza en el Sr. Cuttica y numerosas personas quer\u00edan\u00a0 conversar con \u00e9l de los asuntos de su conciencia, pedirle consejo y encomendarse a sus oraciones.<\/p>\n<p>Esta feliz reforma no aprovech\u00f3 s\u00f3lo a los nobles, que se hab\u00edan acercado a Dios, sino tambi\u00e9n a sus vasallos, a quienes trataron entonces con mayor miramiento, cuidando de sus intereses espirituales y temporales.<\/p>\n<p>El Sr. Cuttica hab\u00eda recorrido el reino de N\u00e1poles casi por completo, y no ignoraba las necesidades extremas del pueblo, ni las pesadas cargas que pesaban sobre \u00e9l. Su coraz\u00f3n se compadec\u00eda, y no viendo remedio a su alcance contra tantos males sino en las misiones, se entregaba a ellas\u00a0 con todo el celo de que era capaz. Sab\u00eda qu\u00e9 conformes estaban con el fin del instituto de la Misi\u00f3n y el esp\u00edritu de su fundador, san Vicente de Pa\u00fal. Las cre\u00eda particularmente \u00fatiles a las pobres gentes de los campos. En todo lo que emprend\u00eda por la santificaci\u00f3n de los nobles, ten\u00eda a la vista el bien de los pobres. Restableci\u00f3 una cofrad\u00eda que no exist\u00eda ya desde alg\u00fan tiempo. Esta cofrad\u00eda se ocupaba de obras de caridad, y una de las principales era enterrar gratuitamente a los pobres.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ella se hizo muy floreciente; los que formaban parte de ella\u00a0 se reun\u00edan, una vez al mes, en una iglesia vecina a la de la misi\u00f3n, para o\u00edr la palabra de Dios y acercarse a los sacramentos. A petici\u00f3n de un gran n\u00famero de fervientes se\u00f1ores, el celoso misionero estableci\u00f3 en la capilla de los misioneros el retiro del mes, para conservar mejor los frutos del retiro anual: hab\u00eda exposici\u00f3n del sant\u00edsimo Sacramento, meditaci\u00f3n e instrucci\u00f3n; se recib\u00edan all\u00ed habitualmente los sacramentos de penitencia y eucarist\u00eda. Estos cuidados prodigados a la nobleza atrajeron pronto al Sr. Cuttica la estima general\u00a0 de la parte de los grandes, pero no abus\u00f3; por el contrario, hu\u00eda todo lo posible sus conversaciones. Exig\u00eda la misma conducta por parte de los suyos y les dec\u00eda: \u00abSi nos mantenemos aparte, ellos vendr\u00e1n a nosotros; si nosotros los buscamos, nos huir\u00e1n y nuestro ministerio ser\u00e1 in\u00fatil para el bien de su alma\u00bb.<\/p>\n<p>Si entre las congregaciones religiosas de N\u00e1poles, la de la Misi\u00f3n era en esta \u00e9poca una de las m\u00e1s acreditadas, ella se lo deb\u00eda ante todo a la influencia de su superior. El pr\u00edncipe de Cellamare, Fran\u00e7ois Caraccioli, queriendo dejar a su muerte un legado considerable, pidi\u00f3 a uno de los miembros del Gran Consejo, que eran los jueces supremos de todo el reino, cu\u00e1l era la comunidad que le parec\u00eda la m\u00e1s regular de la ciudad de N\u00e1poles\u00a0; este le respondi\u00f3 que era la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, y el pr\u00edncipe dej\u00f3 a los misioneros, en testamento,\u00a0 un legado de 15 000 escudos, con el encargo de decir una misa al d\u00eda y celebrar un servicio solemne cada a\u00f1o el d\u00eda aniversario de su muerte. El Sr. Cuttica le asist\u00eda\u00a0 en su \u00faltima enfermedad. El pr\u00edncipe que le conoc\u00eda bien le dijo: \u00abNo es a m\u00ed a quien deb\u00e9is dar gracias, sino m\u00e1s bien a vosotros mismos; os he hecho este donativo porque yo os tengo por los religiosos m\u00e1s regulares de la ciudad de N\u00e1poles: si yo supiera que los hab\u00eda m\u00e1s fervientes, os quitar\u00eda mi legado y se lo dar\u00eda\u00a0\u00ab. Este ejemplo prueba, de una manera sensible que la piedad y la regularidad, en las comunidades religiosas favorecen, no solo el bien espiritual de sus miembros, sino que es tambi\u00e9n lo que les atrae la estima y la benevolencia de los hombres.<\/p>\n<p>Los sacerdotes de la misi\u00f3n tuvieron mucho que sufrir, en N\u00e1poles, en los principios. El cardenal Innico Carracciolo los llam\u00f3 en 1668, pero se vieron reducidos a vivir\u00a0 en un olvido casi completo hasta 1712; es el a\u00f1o en el que el Sr. Cuttica fue nombrado superior. Su primer cuidado fue construir una nueva casa. La que habitaban estaba casi en ruinas; era adem\u00e1s demasiado peque\u00f1a y mal repartida. Durante los retiros de la ordenaci\u00f3n, cuatro o cinco cl\u00e9rigos se alojaban en la misma habitaci\u00f3n, con perjuicio del recogimiento tan necesario en parecidas circunstancias. El digno superior emple\u00f3 todo su cr\u00e9dito con algunas personas ricas, a fin de poder comprar casas vecinas: la ciudad le cedi\u00f3 un terreno considerable y comenzaron los trabajos. Durante veinte a\u00f1os, luch\u00f3 contra los obst\u00e1culos sin n\u00famero que le pusieron los vecinos; pero gracias a las limosnas abundantes que Dios le envi\u00f3, hizo frente a todos los gastos y llev\u00f3 a cabo su empresa. El nuevo edificio es verdaderamente notable por la grandeza y justa proporci\u00f3n de todas sus partes; es una de las casas religiosas m\u00e1s hermosas de N\u00e1poles. Los recursos comenzaron tambi\u00e9n a afluir: los honorarios de las misas, hasta entonces raros, fueron tan abundantes\u00a0 que hubo para otras casas de la provincia. Hubo fundaciones de misas y de legados piadosos, de suerte que la casa se encontr\u00f3 en un alto grado de prosperidad. El cr\u00e9dito de que disfrutaba le atra\u00eda el concurso de los fieles y vocaciones numerosas, signo manifiesta de las bendiciones del cielo.<\/p>\n<p>CHAPITRE III<\/p>\n<p>Vertus de M. Cuttica. &#8211; Sa foi. &#8211; Sa pi\u00e9t\u00e9. &#8211; Son amour pour Dieu. &#8211; Sa patience dans les \u00e9preuves. &#8211; Amour du prochain. \u2013 Sa mort.<\/p>\n<p>Aunque se pueda saber ya, por tan hermosos frutos, la belleza del \u00e1rbol que los produc\u00eda, a\u00f1adiremos no obstante algunas reflexiones sobre las virtudes de este gran siervo de Dios. Su fe era muy viva y, en toda su conducta, se aplicaba a no dirigirse m\u00e1s que por sus m\u00e1ximas. Su esp\u00edritu de fe se mostraba sobre todo en la celebraci\u00f3n de los santos misterios; ten\u00eda tal modestia en el altar que encend\u00eda la devoci\u00f3n de todos los asistentes.<\/p>\n<p>El Sr. Cuttica ten\u00eda tambi\u00e9n mucha confianza en el fundador de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, san Vicente de Pa\u00fal, y acud\u00eda a \u00e9l en todas sus necesidades. San Vicente era, para \u00e9l, un modelo que \u00e9l se esforzaba en reproducir, porque miraba su vida como un retrato de familia divinamente trazado por la Providencia para recordar sin cesar a los misioneros la perfecci\u00f3n hacia la que deben tender y los medios que deben usar; por eso los exhortaba a menudo a imitar sus virtudes. El Sr. Cuttica ten\u00eda tambi\u00e9n una devoci\u00f3n particular a santa Teresa cuya vida y obras le\u00eda constantemente. Estaba de tal manera imbuido de sus m\u00e1ximas que las citaba en toda reuni\u00f3n: las ense\u00f1anzas de esta gran santa, tan iluminada de Dios, le serv\u00edan mucho para dirigir las almas que se pon\u00edan bajo su direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>En todas sus predicaciones hablaba con mucho fuego, pero cuando predicaba sobre el amor de Dios, se superaba a s\u00ed mismo. Durante un serm\u00f3n que dio sobre este asunto en el retiro eclesi\u00e1stico de 1737, y que estaba presidido por el cardenal arzobispo, parec\u00eda como arrebatado, de manera que los sacerdotes se dec\u00edan entre ellos: \u00ab\u00bfEl Sr. Cuttica no ten\u00eda la cara de un seraf\u00edn, al hablarnos esta tarde del amor de Dios?\u00a0\u00bb El Evangelio nos da una se\u00f1al infalible de este amor cuando dice: \u00abLa boca habla de la abundancia del coraz\u00f3n\u00a0\u00ab. Pues, ese era el tema de sus instrucciones, y hasta de sus conversaciones. Un gran personaje que hab\u00eda mantenido con \u00e9l las relaciones m\u00e1s \u00edntimas\u00a0 dec\u00eda despu\u00e9s de su muerte: \u00abEste santo hombre ten\u00eda un talento particular para tratar con nosotros; nos recib\u00eda con tanta cordialidad y con unos modos tan educados y tan afectuosos que nos arrebataba el coraz\u00f3n; su porte era al propio tiempo tan grave y tan piadoso que inspiraba el respeto; hablaba siempre de Dios, lo que nos edificaba mucho; y nosotros sent\u00edamos para \u00e9l un amor sincero y una gran veneraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Dios le prob\u00f3, como el oro en el crisol por varias enfermedades muy graves, dolores de cabeza, de est\u00f3mago, de ri\u00f1ones, m\u00e1s tarde de inflamaci\u00f3n de piernas, etc.; no obstante \u00e9l presid\u00edan todos los ejercicios de la comunidad, sus cohermanos no sospechaban siquiera que estuviera enferma. Durante veinte a\u00f1os, debi\u00f3 sufrir, tras un ataque\u00a0 de apoplej\u00eda, de un espasmo casi continuo y de una contracci\u00f3n de los nervios del carrillo izquierdo, que le causaban dolores muy vivos y le quitaban algunas veces el uso de la palabra. Como este dolor se doblaba durante el invierno, hasta el punto de hacerle derramar l\u00e1grimas, le hab\u00edan recomendado\u00a0 no salir por la ma\u00f1ana de su habitaci\u00f3n para evitar el aire fr\u00edo de los corredores; pero nada pod\u00eda detenerle, y asist\u00eda, todos los d\u00edas, a la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La caridad de este digno misionero era sobre todo inagotable con respecto de los miembros de la Congregaci\u00f3n, a quienes amaba tiernamente\u00a0 y trataba como a hijos y hermanos. Vigilaba atentamente para que a la comunidad no le faltara de nada, y prove\u00eda con generosidad a las necesidades de cada uno.<\/p>\n<p>Persuadido de que las reglas son, para una comunidad,\u00a0 el medio m\u00e1s eficaz de santificaci\u00f3n, vigil\u00f3 en particular su fiel observancia. Daba \u00e9l mismo el ejemplo.<\/p>\n<p>No quer\u00eda que se abreviara la oraci\u00f3n para entregarse a los diversos oficios; es lo que recomendaba dos hermanos coadjutores que trabajaban en la propiedad de Arzano, vecina de N\u00e1poles: \u00bb\u00a0La salvaci\u00f3n de vuestra alma, les dec\u00eda, me preocupa m\u00e1s\u00a0 que todas las propiedades de la tierra\u00a0\u00ab. Llevaba tan lejos la pureza de intenci\u00f3n que era indiferente al bueno y mal \u00e9xito de sus empresas, sin ning\u00fan atisbo de amor propio; todo el mundo sabe, por experiencia, que eso no es f\u00e1cil. No ten\u00eda otro fin que la mayor gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas. Antes de subir al p\u00falpito, recitaba de rodillas, el<em> Munda cor meum, <\/em>luego dirig\u00eda a Dios este plegaria: \u00bb\u00a0Se\u00f1or, humilladme, pero convertid s mis oyentes: consiento en no tener ning\u00fan \u00e9xito, con tal que salv\u00e9is a estas almas\u00a0\u00ab.<\/p>\n<p>En la primavera del a\u00f1o 1742, el Sr. Cuttica fue atacado de una hidropes\u00eda de pecho que le condujo a la tumba. Los m\u00e9dicos juzgaron que el enfermo\u00a0 deb\u00eda cambiar de aire; era el mes de junio. \u00c9l se neg\u00f3 en un principio porque, dec\u00eda \u00e9l,\u00a0 su habitaci\u00f3n era para \u00e9l un para\u00edso y, lejos de su familia, \u00e9l estar\u00eda como el pez fuera del agua. No obstante, a instancias de los m\u00e9dicos y de sus amigos, consinti\u00f3 en marchar; apenas lleg\u00f3 a 12 millas de N\u00e1poles, en un lugar muy aireado, cuando se agrav\u00f3 el mal, la hinchaz\u00f3n de sus piernas fue tal que al cabo de cinco d\u00edas se vio obligado a marcharse. Despu\u00e9s de su regreso experiment\u00f3, durante algunas semanas, un mejor sensible pero, el mes de septiembre cay\u00f3 en un estado de debilidad extrema, y ya le costaba tenerse en pie. Quiso sin embargo decir la misa hasta el \u00faltimo d\u00eda del mismo mes, que era un domingo, d\u00eda en el que cumpl\u00eda los sesenta y nueve a\u00f1os de edad. Por la ma\u00f1ana, se encontr\u00f3 tan d\u00e9bil que el hermano le comprometi\u00f3 a no decir la santa misa, pero ten\u00eda tal devoci\u00f3n al santo sacrificio que quiso ofrecerlo como de costumbre. Mientras recitaba estas palabras del <em>Credo<\/em>: <em>et incarnatus est, <\/em>hizo la genuflexi\u00f3n hasta tierra, y no pudo levantarse m\u00e1s que con la ayuda del hermano\u00a0; este viendo su extrema debilidad, fue a buscar una silla para hacerle sentar\u00a0; el Sr. Cuttica, no sosteni\u00e9ndose en pie, se cay\u00f3 para atr\u00e1s, haci\u00e9ndose una herida profunda en la cabeza. No obstante una vez recuperados los sentidos, quiso continuar el santo sacrificio, mostrando en ello qu\u00e9 sincera era su ardiente piedad.<\/p>\n<p>La enfermedad hizo entonces r\u00e1pidos progresos, pero contribuy\u00f3, al mismo tiempo, a hacer brillar las virtudes del piadoso enfermo;\u00a0 su piedad, su paciencia, su despego de las criaturas y, por encima de todo, su fuerza de alma, hablando de sus dolores como si no fuera nada, de la muerte como de una cosa de poca importancia. Recibi\u00f3 un gran n\u00famero de visitas. \u00bb\u00a0Tengo la esperanza, le dijo un caballero,\u00a0 de que Dios os conserve por el bien de nuestras almas. \u2013lo primero que he pedido, esta ma\u00f1ana, a Nuestro Se\u00f1or, respondi\u00f3 el Sr. Cuttica, es que me conceda la gracia de ir a gozar lo antes posible de su santa presencia\u00a0\u00ab. Y repet\u00eda estas palabras de san Agust\u00edn: <em>Nunquam te vidi, Domine<\/em>; <em>moriar ut te videam<\/em>. \u2013Nunca te vi, Se\u00f1or; que me muera para verte.<\/p>\n<p>El fervoroso enfermo ped\u00eda con insistencia que le administraran los \u00faltimos sacramentos; le llevaron el santo vi\u00e1tico el 13 de octubre; lo recibi\u00f3, de rodillas, con mucho fervor; luego\u00a0 dirigi\u00f3 a su familia religiosa una \u00faltima exhortaci\u00f3n, comenzando por estas palabras de san Pablo: <em>Fratres carissimi et desideratissimi, sic state in Domino<\/em>; <strong><em>sic state in Domino<\/em><\/strong>, varias veces.\u00a0 \u00bb\u00a0Conservaos con cuidado, les dec\u00eda, en el esp\u00edritu de vuestra santa vocaci\u00f3n, sed fieles\u00a0 en la pr\u00e1ctica de nuestras santas reglas, vivid lejos del mundo\u00a0\u00ab, etc., etc. estas palabras estaban tan llenas de unci\u00f3n que arrancaron l\u00e1grimas de los ojos de los asistentes; termin\u00f3 dando la bendici\u00f3n a su familia. Por la noche, le administraron la extrema unci\u00f3n en presencia de la comunidad. El 15, fiesta de santa teresa, se hallaba mejor; pudo recibir la santa comuni\u00f3n; sin embargo hacia las seis de la tarde, entr\u00f3 en agon\u00eda, invocando el nombre de Jes\u00fas; fueron sus \u00faltimas palabras. La agon\u00eda fue larga y dolorosa; entreg\u00f3 el \u00faltimo suspiro a la una despu\u00e9s de medianoche, y su alma se fue a gozar, como se espera, de la recompensa de tantos m\u00e9ritos.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente por la ma\u00f1ana, se celebraron sus funerales, en presencia de un gran concurso de gente. Adem\u00e1s de sus cohermanos, treinta sacerdotes seculares dijeron la misa, en la capilla de la Misi\u00f3n, por el descanso de su alma, muchas personas de toda condici\u00f3n, en particular de la nobleza a la que tanto ayud\u00f3 a servir a Dios, vinieron a orar junto a sus preciosos restos; le besaban afectuosamente las manos, lloraban su muerte como una gran p\u00e9rdida; todos ped\u00edan un recuerdo del querido difunto, para conservarlo como una reliquia.<\/p>\n<p>Lo que hemos dicho no es m\u00e1s que el d\u00e9bil eco de la opini\u00f3n com\u00fan. Se le ten\u00eda, por lo general, como a un santo; se le atribu\u00edan incluso curaciones milagrosas. Lo que est\u00e1 fuera de duda es que, entre los personajes recomendables que vivieron en N\u00e1poles en la misma \u00e9poca, se encontrar\u00e1, dif\u00edcilmente quienes fueran objeto de la estima p\u00fablica en el mismo grado que el Sr. Cuttica. &#8211; Vie manuscrite r\u00e9cente r\u00e9dig\u00e9e d&#8217;apr\u00e8s les <em>Anciennes Relations<\/em>, p. 451-476.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CHAPITRE PREMIER Sa naissance. &#8211; Son entr\u00e9e dans la Congr\u00e9gation de la Mission. Apr\u00e8s son noviciat \u00e0 Rome, il est envoy\u00e9 \u00e0 Florence, \u00e0 Naples. 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