{"id":53960,"date":"2011-10-20T05:45:50","date_gmt":"2011-10-20T03:45:50","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/10\/la-coordinacion-de-la-accion-caritativa-y-social\/"},"modified":"2016-07-26T18:54:39","modified_gmt":"2016-07-26T16:54:39","slug":"la-coordinacion-de-la-accion-caritativa-y-social","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-coordinacion-de-la-accion-caritativa-y-social\/","title":{"rendered":"La coordinaci\u00f3n de la acci\u00f3n caritativa y social"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/10\/coordinaciones.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-53961\" title=\"coordinaciones\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/10\/coordinaciones-270x300.jpg?resize=270%2C300\" alt=\"\" width=\"270\" height=\"300\" \/><\/a>No es f\u00e1cil hablar de coordinaci\u00f3n. Se trata de un t\u00e9rmino que casi inevitablemente despierta todos los mecanismos de defen\u00adsa de personas e instituciones ante una palabra que se traduce <strong>autom\u00e1ticamente por absorci\u00f3n, <\/strong>por p\u00e9rdida de independencia, por integraci\u00f3n o cosas semejantes. Tambi\u00e9n para los llamados a co\u00adordinar el t\u00e9rmino tiene o puede tener sus peculiares resonancias en una l\u00ednea de sentirse superiores, de adquisici\u00f3n de poder o de prestigio. Todo ello hace especialmente <strong>dif\u00edcil hablar de coordina\u00adci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n cuando hablamos de acci\u00f3n caritativa y social pue\u00adden surgir esos temores, prejuicios y desconfianzas. Porque la ac\u00adci\u00f3n caritativa y social, aunque se trate de una peculiar actividad evang\u00e9lica extraordinariamente cercana a lo m\u00e1s nuclear del Men\u00adsaje de Jes\u00fas, no deja de ser por ello una actividad, y, generalmen\u00adte, una actividad institucional y en cuanto tal sometida a todos los peligros de ese egocentrismo que acompa\u00f1a al hombre y sus acti\u00advidades m\u00e1s peculiares.<\/p>\n<p>Hablando de coordinaci\u00f3n entran en juego una serie de reali\u00addades que es necesario contemplar, analizar y jerarquizar a la luz del Evangelio: los pobres y marginados; la misi\u00f3n y los carismas de los cristianos; la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Sacramento de la Salvaci\u00f3n querida por Dios para todos los hombres; las institucio\u00adnes caritativas y sociales; el amor de Dios, la caridad que ha sido infundida en nuestros corazones. En la medida en que nuestros ojos acent\u00faen la importancia relativa de una o de otra de esas rea\u00adlidades, en la medida en que esas realidades sean jerarquizadas de una u otra manera, la&#8217; coordinaci\u00f3n se hace viable o inviable, se hace necesaria o innecesaria. Dicho de otra manera, si el amor de Dios, que la Iglesia ha de visibilizar a trav\u00e9s de la solidaridad pr\u00e1ctica con los marginados, se constituye en el centro de nuestras preocupaciones, autom\u00e1ticamente concluiremos en la b\u00fasqueda se\u00adria, responsable y respetuosa para con todos, de la coordinaci\u00f3n. Algo parecido ocurre si, partiendo del amor de Dios y avanzando por el amor a los pobres, sacramento de Cristo, como expresi\u00f3n necesaria del amor al pr\u00f3jimo, expresi\u00f3n necesaria a su vez del amor al Se\u00f1or y al Padre, descubrimos a la Iglesia como Sacra\u00admento de todo ese misterio de amor que es la Redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>No ocurre, sin embargo, lo mismo si el centro de nuestra aten\u00adci\u00f3n se aplica fundamentalmente a cada instituci\u00f3n, aun concebida como expresi\u00f3n institucionalizada de la realizaci\u00f3n carism\u00e1tica de unos cristianos en el seno de la comunidad de los creyentes y como manifestaci\u00f3n del fundamental amor de cada cristiano a los marginados, signo necesario del amor a Dios y del amor al pr\u00f3ji\u00admo. En este caso, el testimonio eclesial aparece como la forma no necesariamente coordinada de los dispersos testimonios que los cristianos ofrecen al mundo desde sus propias y diversas platafor\u00admas institucionales.<\/p>\n<p>Creo sinceramente que todas estas alternativas se pueden de\u00adfender leg\u00edtimamente en un planteamiento abstracto, y en concreto se han defendido, de hecho y de derecho, en diferentes momentos de la historia de la Iglesia.<\/p>\n<h2><strong>La exigencia de la coordinaci\u00f3n en nuestro tiempo<\/strong><\/h2>\n<p>El problema, sin embargo, surge con peculiares caracter\u00edsticas de urgencia, si el punto de partida, en el contexto hist\u00f3rico del aqu\u00ed y hoy que nos ha correspondido vivir, es una doble constata\u00adci\u00f3n que los creyentes no podemos soslayar por encima de todo leg\u00edtimo amor a las instituciones que realizan la acci\u00f3n caritativa y social en nombre de la Iglesia:<\/p>\n<ol>\n<li>La urgencia dram\u00e1tica de la pobreza, tal como hoy ha ex\u00adplotado en nuestro pa\u00eds y en el mundo entero.<\/li>\n<li>La urgencia inaplazable de un testimonio de amor por los pobres, por los marginados, que aparezca y se defina, m\u00e1s all\u00e1 de grupos e instituciones, como el amor de la comunidad cristiana, como amor de la Iglesia, en un momento en que el gran obst\u00e1culo para creer, por parte de muchos, o el factor impulsor para sepa\u00adrarse de la fe, por parte de no pocos, es la condici\u00f3n eclesial de la fe.<\/li>\n<\/ol>\n<p>No se trata, por tanto, de una discusi\u00f3n o de una decisi\u00f3n en el campo abstracto de los principios. A mi modo de ver, se trata m\u00e1s bien de una decisi\u00f3n pastoral en la l\u00ednea de lo que Dios nos pide en este momento hist\u00f3rico, en orden a que la evangelizaci\u00f3n y el testimonio evang\u00e9lico de la Iglesia sean llevados a sus m\u00e1s altas cotas de significaci\u00f3n en un mundo que se desespera impotente ante la miseria y en un mundo que no acaba de recibir en plenitud la Buena Noticia y su radical esperanza de salvaci\u00f3n, entre otras cosas porque no acaba de percibir a la Iglesia como Sacramento de Salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No se trata, por tanto, de afirmar o de discutir derechos y obligaciones a nivel de teor\u00eda. Se trata de convenir lo mejor para los pobres y marginados y lo mejor para los hombres a los que hemos de servir ofreci\u00e9ndoles en las mejores condiciones la Buena Noticia, imitando as\u00ed al Se\u00f1or, que \u00abno vino a ser servido, sino a servir; a salvar y a dar la vida\u00bb.<\/p>\n<p>Se trata de ponernos al servicio de los marginados y de una acci\u00f3n caritativa y social que pueda alcanzar las m\u00e1ximas cotas de eficacia para bien de ellos, frente a la tendencia de no querer sacri\u00adficar nada de lo nuestro institucional, apoy\u00e1ndonos, por supuesto, en un pleno derecho a ello. Se trata de ponernos al servicio del hombre de hoy para ofrecerle con una mayor plenitud y transpa\u00adrencia el Evangelio del Se\u00f1or para bien de todos los hombres, frente a la tendencia de mantener dispersos los testimonios cristia\u00adnos a trav\u00e9s de diferentes instituciones, leg\u00edtimamente constituidas, por supuesto, aunque no aparezca en plenitud un testimonio ecle\u00adsial y comunitario.<\/p>\n<h2>La coordinaci\u00f3n como exigencia de la evangelizaci\u00f3n<\/h2>\n<p>No se niega en absoluto que cada instituci\u00f3n sea Iglesia, ni que cada instituci\u00f3n ofrezca un testimonio de amor eclesial. Lo que se afirma es que, inevitablemente, estos testimonios aparecen disper\u00adsos, enlazados, no inmediata sino mediatamente, con la Iglesia y que ello dificulta al hombre de hoy la lectura de la realidad eclesial como \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n, que manifiesta y al mismo tiempo realiza el misterio del amor de Dios al hombre\u00bb (GS, n. 45), como \u00abcomunidad de fe, esperanza y caridad\u00bb (LG, n. 8), como realidad visible que \u00ababraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; m\u00e1s a\u00fan, reconoce en los po\u00adbres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y pa\u00adciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo\u00bb (LG, n. 8).<\/p>\n<p>El hecho es que en una sociedad tan pluralista como la nues\u00adtra, en la que se multiplican sin cesar las realidades asociativas, no es f\u00e1cil descubrir la identidad eclesial (y aun la cristiana) en las instituciones caritativas y sociales de la Iglesia, y, aun descubierta esa identidad, no es f\u00e1cil hacer una lectura de su actividad como actividad propia y espec\u00edfica de la comunidad cristiana. Y esta afirmaci\u00f3n no es te\u00f3rica: no es dificil descubrir, como opini\u00f3n p\u00fa\u00adblica extraordinariamente difundida, el que la Iglesia apenas hace nada por los pobres y marginados o que lo que hace apenas tiene consistencia, o que la Iglesia sigue movi\u00e9ndose exclusivamente en una acci\u00f3n ben\u00e9fico-asistencial fundamentalmente paternalista, o que la Iglesia sigue manteniendo la identificaci\u00f3n de caridad y li\u00admosna, o que la Iglesia no aporta esfuerzo alguno en el campo social de la atenci\u00f3n a las nuevas formas de marginaci\u00f3n, etc. To\u00addav\u00eda cuando se habla de acci\u00f3n caritativa y social, hasta la gente de buena voluntad piensa en asilos y orfanatos decimon\u00f3nicos y en visitas a los pobres, tal como se hac\u00edan en el siglo XVIII. Pien\u00adsen ustedes en la visi\u00f3n que el cine, la televisi\u00f3n, la prensa&#8230; y otros medios dan de lo que se llama acci\u00f3n caritativa con una pro\u00adfunda carga peyorativa.<\/p>\n<p>Y tras esa visi\u00f3n de la acci\u00f3n caritativa late una visi\u00f3n profun\u00addamente desprestigiada de la Iglesia. Ello no se opone a mil es\u00adfuerzos benem\u00e9ritos de las diferentes instituciones eclesiales para acabar con ese concepto de caridad, por renovar la acci\u00f3n caritativa, por dotar a la caridad de toda su imprescindible dimensi\u00f3n so\u00adcial, por ofrecer otra imagen renovada de la acci\u00f3n caritativa y social. Pero estos esfuerzos no se identifican socialmente, en la opini\u00f3n p\u00fablica, con la Iglesia y solamente repercuten en una me\u00adjor visi\u00f3n de las propias instituciones que pueden llegar a ser alta\u00admente valoradas, pero como fen\u00f3menos aislados, propiamente ins\u00adtitucionales, como excepciones respecto a lo que es la Iglesia, a lo que es la comunidad cristiana, que sigue apareciendo como un fe\u00adn\u00f3meno fundamentalmente retr\u00f3gado y paternalista en el campo de lo social. Ello demuestra la existencia de un \u00abcortocircuito\u00bb en\u00adtre instituciones eclesiales e Iglesia, que rompe la posibilidad de un testimonio eclesial y comunitario a partir de los testimonios insti\u00adtucionales y asociativos en el campo de la acci\u00f3n caritativa y social.<\/p>\n<h2>La coordinaci\u00f3n, exigencia para C\u00e1ritas<\/h2>\n<p>Y cuando hablo de instituciones y asociaciones tambi\u00e9n estoy incluyendo entre ellas a C\u00e1ritas. Porque tambi\u00e9n C\u00e1ritas tiene <sup>&#8211;<\/sup>el peligro de constituirse en una instituci\u00f3n m\u00e1s y alejarse de su ser expresi\u00f3n fundamental del amor de la Iglesia, de la comunidad cristiana, por los marginados. Tambi\u00e9n C\u00e1ritas tiene el peligro de querer \u00abemanciparse\u00bb de la Iglesia, no en cuanto que quiera rom\u00adper con ella, sino en cuanto que quiera aparecer como fen\u00f3meno aut\u00f3nomo, din\u00e1mico y eficaz, frente a una Iglesia conservadora, est\u00e1tica y poco eficaz, con la que de alg\u00fan modo compite en lugar de identificarse con ella. Y en la misma l\u00ednea, C\u00e1ritas, desde esa misma auto-comprensi\u00f3n, puede sentirse tentada a ser una institu\u00adci\u00f3n que compite con las dem\u00e1s instituciones y asociaciones de ac\u00adci\u00f3n caritativa y social de la Iglesia, que intenta mejorarlas y supe\u00adrarlas actuando en los mismos \u00e1mbitos funcionales, en lugar de ser la Diacon\u00eda de la comunidad cristiana para la puesta en com\u00fan de bienes de los creyentes con los que nada poseen y que act\u00faa como mero instrumento de esa comunidad al servicio total de la Iglesia y de todas sus instituciones y asociaciones y al servicio total de to\u00addos los necesitados, aunque para ello tenga que adoptar el paso mesurado por una buena pedagog\u00eda que le imponga no el mundo y sus valores, sino la propia vivencia de la caridad de la comuni\u00addad y de sus expresiones asociativas.<\/p>\n<p>Lo que est\u00e1 en juego, por tanto, es hasta qu\u00e9 punto los cristianos que, por raz\u00f3n de sus carismas, act\u00faan en el campo de la ac\u00adci\u00f3n caritativa y social, est\u00e1n dispuestos a organizarse de tal forma que en el coraz\u00f3n del mundo de hoy aparezca en plenitud un tes\u00adtimonio eclesial comunitario de amor a los necesitados, en lugar de una larga serie de testimonios dispersos que la sociedad dificil-mente relaciona con la Iglesia y con su misi\u00f3n, con el Evangelio y con su fuerza transformadora del hombre. Desde esta perspectiva, lo que est\u00e1 en juego es la capacidad de las instituciones y asocia\u00adciones de acci\u00f3n caritativa y social de la Iglesia para, manteniendo en el centro de la propia atenci\u00f3n a los necesitados como expre\u00adsi\u00f3n de una presencia privilegiada del Se\u00f1or y objeto fundamental de nuestro amor de creyentes, procurar por todos los medios su mejor atenci\u00f3n con una clara conciencia de pertenencia a una Igle\u00adsia que ha de ser comunidad de fe, de esperanza y de amor, y ex\u00adpresar as\u00ed la presencia misteriosa del amor de Dios en el mundo mediante el mutuo amor de los cristianos, mediante el amor a to\u00addos los hombres, para cuya salvaci\u00f3n existe como sacramento y mediante el amor a los \u00faltimos de este mundo, que son \u00absacra\u00admento\u00bb de Cristo.<\/p>\n<h2><strong>La comunidad cristiana como referencia<\/strong><\/h2>\n<p>Todo ello significa que la acci\u00f3n caritativa y social de la Igle\u00adsia, se exprese como se exprese personal e institucionalmente, nece\u00adsita encontrar su referencia expl\u00edcita a la comunidad cristiana para que \u00e9sta sea la que aparezca ante el mundo, ante los que nos con\u00adtemplan desde fuera, como radicalmente solidaria con el mundo de la pobreza. Lo contrario supone romper no s\u00f3lo el testimonio, si\u00adno la posibilidad misma de un testimonio eclesial, ya que a los ojos de los hombres aparecer\u00eda exclusivamente el engarce entre el amor a los marginados y un movimiento de Iglesia m\u00e1s o menos motivado no tanto por el Evangelio y su realizaci\u00f3n eclesial cuan\u00adto por una interpretaci\u00f3n ideol\u00f3gica del Evangelio mismo en con\u00adtraposici\u00f3n y hasta en oposici\u00f3n con otros movimientos de Iglesia que, dici\u00e9ndose igualmente evang\u00e9licos, no aportan el testimonio de un amor a los pobres y marginados. Con ello el amor significa\u00adtivo del amor a los pobres como rasgo de la presencia del amor de Dios en el mundo a trav\u00e9s del amor de la Iglesia quedar\u00eda trunca\u00addo y la Iglesia no aparecer\u00eda tanto como la comunidad de los disc\u00edpulos del Se\u00f1or cuanto como un conjunto plural de servicios, de agencias, de asociaciones e instituciones \u00abconfesionales\u00bb (m\u00e1s que \u00abconfesantes\u00bb) que, en su diversidad de lecturas del Evangelio, lo interpretan cada uno a su modo, de tal manera que da lugar a praxis diferenciadas, lejanas entre s\u00ed, contrapuestas y que dificil-mente pueden interpretarse como \u00abel testimonio de la Iglesia\u00bb, sino como unos testimonios de unos grupos o cristianos que dicen per\u00adtenecer a la Iglesia de Jes\u00fas, en contradicci\u00f3n pr\u00e1ctica y hasta te\u00f3\u00adrica con otros cristianos que tambi\u00e9n dicen pertenecer a la Iglesia de Jes\u00fas. S\u00f3lo una referencia clara y expl\u00edcita a una sola comuni\u00addad eclesial, a la \u00fanica Iglesia del Se\u00f1or-Jes\u00fas, puede dotar a cada esfuerzo de amor por los m\u00e1s pobres de la necesaria unidad testifi\u00adcal que engarce a los ojos de los hombres el amor a Dios con el amor al pr\u00f3jimo y el amor al pr\u00f3jimo con el amor a los pobres, hasta tal punto que toda acci\u00f3n caritativa y social se convierta sin ambig\u00fcedades en signo evangelizador para el mundo.<\/p>\n<p>Todo ello significa que la coordinaci\u00f3n de la acci\u00f3n caritativa y social no es una mera exigencia organizativa ni mucho menos res\u00adponde a un af\u00e1n sistematizador en orden a encontrar unas claves para mejor jerarquizar la pastoral de la Iglesia, sino a una clara intenci\u00f3n evangelizadora en la b\u00fasqueda de una Iglesia que sea y aparezca como \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb (GS, n. 45; LG, n. 48).<\/p>\n<p>Y ello tiene una especial importancia en una sociedad que ya no aparece como cristiana, que ya ha dejado de ser \u00abcristiandad\u00bb para convertirse en un conglomerado social pluralista, conflictivo y secular, en cuyo seno la Iglesia necesita recuperar su propia identi\u00addad cristiana diferenciada de otros mil fen\u00f3menos asociativos sin relaci\u00f3n alguna o con relaciones expl\u00edcitas o impl\u00edcitas a unas mo\u00adtivaciones cristianas, pero que ni desean ni buscan su identificaci\u00f3n eclesial en una plena integraci\u00f3n en esa comunidad de fe, de espe\u00adranza y de amor que constituimos los disc\u00edpulos del Se\u00f1or. Dicho de otra manera, en nuestra sociedad ya no es posible dar por su\u00adpuesto la identidad cristiana y eclesial de un servicio, de una aso\u00adciaci\u00f3n o de una instituci\u00f3n, por el mero hecho de que as\u00ed se autodefina, sino que se hace necesaria la explicitaci\u00f3n clara y defi\u00adnida de la pertenencia a la Iglesia de Jes\u00fas, de una pertenencia que manifieste, m\u00e1s all\u00e1 de un planteamiento meramente jur\u00eddico, una vinculaci\u00f3n visible a la comunidad de los creyentes, a la comuni\u00addad cristiana que permanece asidua a las ense\u00f1anzas de los ap\u00f3sto\u00adles, a la oraci\u00f3n y a la fracci\u00f3n del pan, a la puesta en com\u00fan de bienes con los necesitados y a una comunidad de vida (cfr. He\u00adchos 2,42).<\/p>\n<p>As\u00ed como \u00aben sus comienzos la Santa Iglesia, uniendo el \u00e1gape a la cena eucar\u00edstica, se manifestaba toda entera unida a Cristo por el v\u00ednculo de la caridad, as\u00ed en todo tiempo se hace reconocer por este distintivo del amor y, sin dejar de gozarse con las iniciati\u00advas de los dem\u00e1s, reivindica para s\u00ed las obras de caridad como de\u00adber y derecho propios que no puede enajenar. Por lo cual la mise\u00adricordia para con los necesitados y los enfermos y las llamadas obras de caridad y de ayuda mutua para aliviar todas las necesi\u00addades humanas son consideradas por la Iglesia con singular ho\u00adnor\u00bb (AA, n. 8; cfr. Juan XXIII, <em>Mater et Magistra).<\/em><\/p>\n<p>Se trata, pues, de manifestar al mundo que es tarea espec\u00edfica de la Iglesia, en cuanto tal Iglesia, como derecho y deber propios, el aliviar las necesidades humanas en cuanto manifestaci\u00f3n de su vinculaci\u00f3n a Cristo y en estrecha unidad con la Cena del Se\u00f1or.<\/p>\n<h2>La coordinaci\u00f3n como exigencia de la pastoral de conjunto<\/h2>\n<p>Pero la coordinaci\u00f3n no es s\u00f3lo una exigencia fundamental que arranca de la necesidad de vincular toda acci\u00f3n caritativa a la co\u00admunidad cristiana como protagonista del testimonio de amor que ha de dar para que el mundo crea. Es tambi\u00e9n una exigencia de la Pastoral de Conjunto como caracter\u00edstica esencial de toda la Pas\u00adtoral de la Iglesia de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>La vida cristiana es esencialmente vida comunitaria que, en el interior de la Iglesia, se caracteriza por tres valores fundamentales e inseparables que aparecen como componentes de esa vida: la en\u00adse\u00f1anza o catequesis, la liturgia y la oraci\u00f3n, y la puesta en com\u00fan de bienes. De esta manera, la Iglesia contin\u00faa la misi\u00f3n de Cristo de ser Camino, Verdad y Vida. Por la participaci\u00f3n de estos tres valores o actos de la vida eclesial los bautizados participan en el testimonio aut\u00e9ntico y completo que da la Iglesia de aqu\u00e9l que nos ha llamado de las tinieblas a la luz. Y este testimonio tiene un aut\u00e9ntico valor de evangelizaci\u00f3n, es decir, de proclamaci\u00f3n, que surge de la misma vida de la Iglesia. Cada una de estas acciones, por separado, no son capaces de dar un testimonio completo. La ense\u00f1anza o catequesis sola har\u00eda aparecer el cristianismo como una filosof\u00eda, como una ideolog\u00eda o como una doctrina. Es esa asiduidad comunitaria en la oraci\u00f3n, en la liturgia y en la puesta en com\u00fan de bienes lo que da a la ense\u00f1anza, a la catequesis, un valor de vida, de compromiso, de testimonio de Iglesia. La oraci\u00f3n y la liturgia aisladas har\u00edan aparecer el cristianismo como una \u00abm\u00edstica de evasi\u00f3n\u00bb, sin conexi\u00f3n alguna con los hombres y con la vida humana. Es esa asiduidad comunitaria en la ense\u00f1anza y en la puesta en com\u00fan de bienes lo que hace que la liturgia en\u00adcuentre su verdadero eje de autenticidad que hace de ella una cele\u00adbraci\u00f3n de una fe y de una esperanza que nacen de la Palabra y que hacen de ella un impulso para la b\u00fasqueda viva y activa de la realizaci\u00f3n de la voluntad de Dios sobre el mundo, un impulso para colaborar en la construcci\u00f3n del Reino (paz y amor, verdad y justicia, libertad y santidad). La puesta en com\u00fan de bienes sola, aislada, har\u00eda aparecer el cristianismo o como una filantrop\u00eda o como un programa pol\u00edtico. Es la asiduidad comunitaria en la re\u00adcepci\u00f3n de la Palabra y en la oraci\u00f3n lit\u00fargica la que proporcion<sub>y<\/sub>a a la puesta en com\u00fan de bienes su dimensi\u00f3n trascendente, su ca\u00adr\u00e1cter visibilizador del amor de Dios en Cristo por la humanidad y por los pobres realizado a trav\u00e9s de la Iglesia.<\/p>\n<p>Resumiendo, puede decirse que la Iglesia no aparece como tal Iglesia, no da su testimonio de Iglesia de Cristo m\u00e1s que en la medida en que ella realiza y hace participar a todos los miembros de la comunidad (de una u otra manera) en esas tres acciones fun\u00addamentales. Solamente por la manifestaci\u00f3n simult\u00e1nea de estas tres acciones comunitarias la Iglesia, y cada una de sus comunida\u00addes, da su testimonio ante el mundo, proclama las maravillas del Se\u00f1or y la vida de la comunidad cristiana alcanza un valor de sig\u00adno, de \u00absacramento\u00bb (de signo del Esp\u00edritu que vive en ella como en la ma\u00f1ana de Pentecost\u00e9s) y puede proclamar ante el mundo con verdad y con veracidad que \u00abJes\u00fas ha muerto, Jes\u00fas ha resuci\u00adtado, convert\u00edos y aceptad la Buena Noticia de nuestra salvaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Tal es el equilibrio querido por Cristo en su cuerpo m\u00edstico, en su Iglesia. Y en este equilibrio, a la diacon\u00eda de la Palabra asumi\u00adda por los ap\u00f3stoles, a la diacon\u00eda de la liturgia celebrada por to\u00addos, se le une la diacon\u00eda de la puesta en com\u00fan de bienes, tal como nos lo nana el cap\u00edtulo 4 de los Hechos al instituir el diaco\u00adnado. En este equilibrio san Pablo (Ef 4,12-13) dir\u00e1 que Dios \u00abequipa a los consagrados para la tarea del servicio y para cons\u00adtruir el cuerpo de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>Esta Pastoral de Conjunto, que no es otra cosa que la <strong>realiza\u00adci\u00f3n simult\u00e1nea y arm\u00f3nica en cada comunidad <\/strong>y por cada comuni\u00addad de las tres acciones esenciales b\u00e1sicas, exige romper radical\u00admente con una visi\u00f3n de la acci\u00f3n caritativa y social que no pasa de ser una estructura dispersa de agencias de servicios sociales <strong>sin una vinculaci\u00f3n expresa entre s\u00ed y la comunidad que celebra la fe y proclama la Palabra, <\/strong>que es y debe aparecer como comunidad de fe, de esperanza, de culto y de amor, \u00fanica realidad que puede y debe dar unidad y coherencia interna a sus propias actividades esencialmente evangelizadoras. Es y debe ser una la Iglesia que en cuanto tal ense\u00f1a a trav\u00e9s del misterio catequ\u00e9tico. Es y debe ser la Iglesia en cuanto tal la que celebra la Cena del Se\u00f1or y los sa\u00adcramentos y la que reza al Padre por mediaci\u00f3n de Jes\u00fas a instan\u00adcias del Esp\u00edritu. Es y debe ser una la Iglesia que en cuanto tal ama a los necesitados, comparte sus bienes con ellos. Y debe ser la misma Iglesia la que, con todos sus miembros, como comunidad, aparece ante el mundo ense\u00f1ando, transmitiendo la fe, celebrando la Cena del Se\u00f1or y los sacramentos, rezando, testificando y com\u00adpartiendo los bienes con los marginados, am\u00e1ndose y amando a los enemigos y a los m\u00e1s necesitados.<\/p>\n<p>Y esta articulaci\u00f3n conjuntada de las acciones eclesiales b\u00e1sicas que constituyen el testimonio evangelizador de la Iglesia no ser\u00e1 nunca posible en el mundo de hoy (un mundo plural, conflictivo, competitivo y secular) si cada acci\u00f3n concreta no aparece abierta\u00admente, expl\u00edcitamente vinculada no tanto a un grupo que se auto-denomina confesional cristiano (m\u00e1s o menos estrechamente rela\u00adcionado a una Iglesia desarticulada en grupos en competencia o en oposici\u00f3n, en cuanto a la manera de entender la fe y la praxis cris\u00adtiana), cuanto a la comunidad o a la comunidad de comunidades que el mundo claramente identifique como la Iglesia del Se\u00f1or-Jes\u00fas.<\/p>\n<p>No es de extra\u00f1ar por ello que el Concilio haya insistido en que se fomente \u00abla coordinaci\u00f3n e \u00edntima conexi\u00f3n de todas las obras de apostolado bajo la direcci\u00f3n del obispo, de suerte que todas las empresas e instituciones (catequ\u00e9ticas, misionales, carita\u00adtivas, sociales, familiares, escolares y cualesquiera otras que persi\u00adgan un fin pastoral) sean reducidas a acci\u00f3n concorde, por la que resplandezca al mismo tiempo m\u00e1s claramente la unidad de la di\u00f3cesis\u00bb (ChD, n. 17). \u00abFom\u00e9ntese una ordenada cooperaci\u00f3n entre los varios institutos religiosos y entre \u00e9stos y el clero diocesano. Establ\u00e9zcase adem\u00e1s una estrecha coordinaci\u00f3n de todas las obras y acciones apost\u00f3licas, la cual depende sobre todo de la disposi\u00adci\u00f3n sobrenatural, arraigada y fundada en la caridad, de las almas y de las mentes. Ahora bien, procurar esta coordinaci\u00f3n para la Iglesia universal incumbe a la Sede Apost\u00f3lica, a los Sagrados Pas\u00adtores en sus respectivas di\u00f3cesis, a los S\u00ednodos Patriarcales y a las Conferencias Episcopales, finalmente, en su propio territorio\u00bb (ChD, n. 35-5).<\/p>\n<p>Y en la misma l\u00ednea, el Concilio ha afirmado que \u00aben las di\u00f3\u00adcesis, en cuanto sea posible, deben crearse Consejos que ayuden a la obra apost\u00f3lica de la Iglesia, tanto en el campo de la evangeli\u00adzaci\u00f3n y de la santificaci\u00f3n como en el campo caritativo, social y otros semejantes; cooperen en ellos de manera apropiada los cl\u00e9ri\u00adgos y los religiosos con los seglares. Estos Consejos podr\u00e1n servir para la mutua coordinaci\u00f3n de las varias asociaciones y obras se\u00adglares, respetando siempre la \u00edndole propia y la autonom\u00eda de cada una\u00bb (AA, n. 26).<\/p>\n<p>La Pastoral de Conjunto, exigencia fundamental de toda ver\u00addadera pastoral de la Iglesia, exige, por tanto, una estructura de coordinaci\u00f3n interna en toda actividad pastoral de la Iglesia, de forma que se haga visible y significable el engarce entre las tres acciones b\u00e1sicas de la Iglesia, de forma que la comunidad cristiana aparezca como la protagonista de la misi\u00f3n evangelizadora, que es continuaci\u00f3n en el tiempo de la misma misi\u00f3n de Cristo-Jes\u00fas.<\/p>\n<h2>La coordinaci\u00f3m como exigencia del amor a los necesitados<\/h2>\n<p>Dec\u00edamos al principio que la exigencia de la coordinaci\u00f3n ten\u00eda un doble punto de partida: de una parte, la urgencia inaplazable de un testimonio de amor por los pobres que aparezca y se defina como el amor propio de la comunidad cristiana en el seno de una sociedad pluralista, conflictiva y secular, que ya no es ni aparece como cristiana; de otra parte, la urgencia dram\u00e1tica de la pobreza tal como hoy ha explotado en nuestro pa\u00eds y en el mundo entero. Pienso que todos somos conscientes de que las situaciones de pobreza, de marginaci\u00f3n, de verdadera miseria, constituyen un es\u00adc\u00e1ndalo insufrible para la sensibilidad no s\u00f3lo de los cristianos, sino de todo ser humano, de todos los hombres de buena voluntad de nuestro mundo actual.<\/p>\n<p><strong>La pobreza no es una realidad nueva. <\/strong>Pero lo que es nuevo es el brutal contraste que hoy se da en nuestra sociedad y en el mundo entero, entre las posibilidades y realidades de bienestar y las situa\u00adciones de carencia de un m\u00ednimo de recursos para subsistir en una parte importante de la poblaci\u00f3n. <strong>Lo que es nuevo del todo es que, en el hoy que vivimos, hay recursos sobrados para resolver los pro\u00adblemas de la pobreza; <\/strong>hay posibilidades t\u00e9cnicas sobradas para acabar con la miseria en todas sus formas; hay bienes suficientes para paliar o eliminar las situaciones de pobreza. Y, sin embargo, la pobreza lo llena todo, se multiplica por doquier, est\u00e1 \u00abrompien\u00addo\u00bb en pedazos a millones de seres humanos.<\/p>\n<p>Ello significa que vivimos una sociedad radicalmente injusta, una sociedad en la que nunca se ha hablado tanto de <strong>justicia, <\/strong>de respeto a la persona, de derechos fundamentales de la persona humana y en la que, sin embargo, se siguen conculcando, de he\u00adcho y de derecho, las m\u00e1s m\u00ednimas exigencias de dignidad de una multitud de seres humanos. Tal vez pocas veces, a lo largo de los siglos, la Iglesia se ha tenido que enfrentar con una sociedad tan profundamente hip\u00f3crita como la nuestra, en la que las palabras y los gestos se mueven en campos tan lejanos, tan extranjeros los unos a los otros. Se podr\u00edan se\u00f1alar <strong>muchas formas de hipocres\u00eda t\u00edpicas de nuestro tiempo.<\/strong><\/p>\n<h2>Las coartadas para no amar<\/h2>\n<p>Por una parte, sigue habiendo cristianos y no cristianos que re\u00adchazan plantearse con todo rigor el problema de la pobreza <strong>ape\u00adlando no tanto a la caridad cuanto a una mera filantrop\u00eda, <\/strong>con un radical olvido de las exigencias de la justicia. Son fundamental\u00admente los que piensan que, desprendi\u00e9ndose de unos pocos bienes ya han hecho lo suficiente; son los que buscan, llenos de ego\u00edsmo, tranquilizar sus propias conciencias individuales, religiosas o no; son los cristianos que se enga\u00f1an pensando que puedan comprar a Dios su salvaci\u00f3n entregando unas monedas que apenas resuelven nada y que dejan intacta la situaci\u00f3n de injusticia en la que unos poseen de todo mientras otros carecen de todo, olvidando que Dios hizo a todos los hombres iguales en su dignidad y cre\u00f3 todas las cosas para que fueran disfrutadas por todos de forma que nin\u00adg\u00fan hombre viviera inferiorizado merced al ego\u00edsmo de los que tienen mucho m\u00e1s de lo que necesitan; son los que no han com\u00adprendido que amar, tal como Dios nos lo ha revelado, supone y exige recomponer el \u00abjus\u00bb original creado por Dios y construir, en consecuencia, un mundo en el que ning\u00fan hombre, imagen y seme\u00adjanza de Dios, viva en situaciones de infradesarrollo, viva involun\u00adtariamente sometido a una larga serie de carencias que le impiden realizarse m\u00ednimamente como persona humana en cuanto a la ali\u00admentaci\u00f3n, al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la familia, a la cultura, etc.<\/p>\n<p>Por otra parte, sigue habiendo cristianos y no cristianos que rehuyen plantearse con todo rigor el problema de la pobreza y lo hacen <strong>apelando a la justicia, a la utop\u00eda de una sociedad radicalmen\u00adte justa <\/strong>en la que no exista la pobreza, la desigualdad, la injusticia, el dolor&#8230;, olvidando que, mientras no se llegue a esta situaci\u00f3n definitiva, es necesario compartir, solidarizarse, desprenderse de lo poco o mucho que se posee en favor de los que carecen de todo. Son fundamentalmente los que piensan que luchando por una fu\u00adtura sociedad justa ya hacen lo suficiente; son los que tranquilizan su conciencia, no sin una buena dosis de ego\u00edsmo, a trav\u00e9s de una serie de compromisos, sin apenas aportar nada de lo que son o de lo que tienen en un compartir personal con los que nada tienen; son los que, en nombre de la justicia, dicen amar abstractamente a todos los pobres del mundo, pero sin molestarse en amar a ning\u00fan pobre concreto, sin compartir nada de lo que tienen con un pobre concreto, sin concretar nunca su amor en gestos concretos de soli\u00addaridad personal.<\/p>\n<p>Si el Se\u00f1or repitiera hoy <strong>la par\u00e1bola del Buen Samaritano <\/strong>nos dir\u00eda que los primeros arrojar\u00edan unas monedas al herido y conti\u00adnuar\u00edan su camino. Los segundos pasar\u00edan de largo, haciendo grandes planes para construir una sociedad en la que no se dieran los asaltos a los caminantes. Ni los unos ni los otros recoger\u00edan al herido y lo pondr\u00edan en una situaci\u00f3n en la que pudiera rehacer su vida una vez curadas sus heridas. Y esta afirmaci\u00f3n es aplicable tambi\u00e9n, no pocas veces, a nuestras propias C\u00e1ritas y a no pocas asociaciones caritativas.<\/p>\n<h2><strong>La misi\u00f3n de la Iglesia ante la pobreza<\/strong><\/h2>\n<p>El hecho es que nuestra sociedad, llena de palabras bieninten\u00adcionadas, pregonera sin descanso de la justicia y de la solidaridad, de los derechos fundamentales de la persona, es una sociedad radi\u00adcalmente injusta en la que cientos de miles de personas viven en una grave situaci\u00f3n de indigencia.<\/p>\n<p><em><sup>,,<\/sup><\/em><em>La misi\u00f3n propia que Cristo confi\u00f3 a su Iglesia no es de orden pol\u00edtico, econ\u00f3mico o social. El fin que la asign\u00f3 es de orden reli\u00adgioso. Pero precisamente de esta misi\u00f3n religiosa derivan funciones, luces y energ\u00edas que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana seg\u00fan la ley divina. M\u00e1s a\u00fan, donde sea nece\u00adsanks seg\u00fan las circunstancias de tiempo y de lugar, la misi\u00f3n de la Iglesia puede crear, mejor dicho, debe crear obras al servicio de to\u00addos, particularmente de los necesitados, como son, por ejemplo, las obras de misericordia u otras semejantes\u00bb <\/em>(GS, n. <strong>42).<\/strong><\/p>\n<p><strong>La eficacia nunca ha sido un criterio evang\u00e9lico. <\/strong>Afrontar desde la Iglesia la injusticia de nuestra sociedad con criterios pol\u00edticos, econ\u00f3micos y sociales nos conducir\u00e1 siempre a un callej\u00f3n sin sa\u00adlida. No es \u00e9sa la misi\u00f3n de la Iglesia. Pero es <strong>misi\u00f3n de la Iglesia, <\/strong>en virtud del Evangelio que se le ha confiado, proclamar los dere\u00adchos del hombre y reconocer y estimar en mucho el dinamismo de la \u00e9poca actual, que est\u00e1 promoviendo por todas partes tales dere\u00adchos (cfr. GS, n. 41). Es misi\u00f3n de la Iglesia el proclamar que, para satisfacer las exigencias de la justicia y de la equidad, hay que hacer todos los esfuerzos posibles para que, dentro del respeto a los derechos de las personas y a las caracter\u00edsticas de cada pueblo, desaparezcan lo m\u00e1s r\u00e1pidamente posible las enormes diferencias econ\u00f3micas que existen hoy y frecuentemente aumentan, vincula\u00addas a discriminaciones individuales y sociales (cfr. Gs, n. 66). Es misi\u00f3n de la Iglesia abrazar con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana, reconocer en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, y esforzarse en reme\u00addiar sus necesidades procurando servir en ellos a Cristo (cfr. LG, n. 8).<\/p>\n<p>Ante la tremenda realidad de la pobreza, la Iglesia, C\u00e1ritas, las asociaciones de acci\u00f3n caritativa y social tienen que aprender a en\u00adcontrar su propio lugar, su clave de actuaci\u00f3n, su manera cristiana de estar en nuestro mundo. Y tal vez en ello est\u00e1 la clave para encontrar la raz\u00f3n de una coordinaci\u00f3n.<\/p>\n<h2>Sentido cristiano del compartir<\/h2>\n<p>Todos recordamos el milagro de la multiplicaci\u00f3n de los panes y los peces realizada por Jes\u00fas, tal como nos lo narra el evangelis\u00adta san Juan (Jn 6,1-21).<\/p>\n<p>Sabernos que Jes\u00fas nos llama a la construcci\u00f3n del Reino, que es Reino de paz y de amor, de verdad y de justicia, de libertad y de santidad. Pero la llamada a la construcci\u00f3n del Reino est\u00e1 siempre condicionada a la respuesta que demos a las tentaciones que amenazan la vida del cristiano. No puede ser de otro modo, ya que por esas mismas tentaciones pas\u00f3 Jes\u00fas. Son tentaciones que tambi\u00e9n amenazan la vida de las primeras comunidades cris\u00adtianas, a las que se dirig\u00eda san Juan, y son tentaciones nuestras y de nuestras comunidades de hoy.<\/p>\n<p>Jes\u00fas se encuentra con una gran muchedumbre que le sigue y que est\u00e1 necesitada, hambrienta. Se trata de buscar la subsistencia para aquellas personas que no pueden cubrir sus necesidades por s\u00ed mismas. Y Jes\u00fas enfrenta a la comunidad de sus disc\u00edpulos con el problema: \u00bfCon qu\u00e9 podr\u00edamos comprar pan para que coman \u00e9stos? Es la pregunta de entonces y de ahora: \u00bfC\u00f3mo solucionar el problema de los necesitados?, \u00bfc\u00f3mo construir un mundo m\u00e1s humano y m\u00e1s justo?, \u00bfc\u00f3mo construir aqu\u00ed en la tierra el Reino de Dios?<\/p>\n<p>La comunidad no encuentra otra soluci\u00f3n que el dinero: \u00abMe\u00addio a\u00f1o de jornal no bastar\u00eda para que a cada uno le tocara un pedazo.\u00bb Y como no lo tienen se declaran impotentes para toda acci\u00f3n. En una perspectiva pol\u00edtica, social o econ\u00f3mica, a la co\u00admunidad le resulta imposible remediar las necesidades de los po\u00adbres. S\u00f3lo podr\u00eda remediarlo el dinero, y ellos no lo tienen. Lo l\u00f3\u00adgico ser\u00eda pensar en buscarlo, en hacer cristianos a aquellos que lo tienen en su mano o meterse en operaciones financieras para con\u00adseguir el dinero, pues sin \u00e9l -no parece que se pueda hacer nada. En el fondo, la comunidad se plantea la limosna&#8230; o cosas pareci\u00addas.<\/p>\n<p>Pero Jes\u00fas no cae en la tentaci\u00f3n y quiere ayudar a la comuni\u00addad a que tampoco caiga en ella. Le ofrecen lo poco que tienen, insuficiente a todas luces para remediar el mal. Y Jes\u00fas lo acepta: es muy poco, pero no importa. No se trata del dinero y de su eficacia, sino de unas actitudes, de unas actitudes a compartir lo poco. Ante los cinco panes y los dos peces, Jes\u00fas manda que se sienten, \u00abtoma los panes en la mano, pronuncia la Acci\u00f3n de Gra\u00adcias y se pone a repartirlos entre los que estaban recostados\u00bb.<\/p>\n<p>Jes\u00fas pone remedio a la escasez, recogiendo lo poco que tiene la comunidad, aceptando aquella puesta en com\u00fan de aquellos po\u00adcos bienes; entonces pronuncia la Acci\u00f3n de Gracias: todo lo que se posee es don recibido de Dios, es muestra de su amor. El es el due\u00f1o de todo, no los hombres, que s\u00f3lo somos administradores; El lo ha creado todo para provecho de todos los hombres. Cuan\u00addo deja de ser pertenencia ego\u00edsta de unos pocos, cuando se mani\u00adfiesta como don de Dios, entonces llega a todos y sobra. Cuando el hombre se dispone <strong>a compartir lo que es y lo que tiene <\/strong>es cuando el amor de Dios se manifiesta y en el hombre se prolonga el amor de Dios. As\u00ed nos ense\u00f1a Jes\u00fas que no es el dinero, el poder, el prestigio personal o institucional lo que soluciona los problemas, sino <strong>un coraz\u00f3n desprendido que comparte <\/strong>lo que <strong>es <\/strong>y lo que <strong>tiene. <\/strong>El milagro de Jes\u00fas no consiste en buscar dinero, sino en liberar la creaci\u00f3n del acaparamiento ego\u00edsta de unos pocos para que se convierta, por el libre desprendimiento, en don de Dios para to\u00addos. El milagro es as\u00ed la manifestaci\u00f3n del amor por parte de Dios y por parte del hombre. El milagro es as\u00ed una llamada a cambiar las estructuras con las que funciona nuestra sociedad y con las que funcionamos nosotros.<\/p>\n<p>La lecci\u00f3n de Jes\u00fas es no idolatrar nada: ni el dinero, ni el po\u00adder, ni el prestigio. Es una prueba de que el dinero no es un cauce necesario de evangelizaci\u00f3n. Lo que nos dice es que es m\u00e1s impor\u00adtante compartir que tener, dar que buscar, amar que recibir, poner en com\u00fan que protagonizar, creer en el hombre que humillarlo con una limosna. Con el dinero, con, el poder, con el prestigio, no se construye el Reino: se construye con el amor, con el amor que comparte lo que se es y lo que se tiene, sea mucho o poco, que crea unas actitudes nuevas de solidaridad. Evangelizar es cambiar el coraz\u00f3n y hacerlo disponible; construir el Reino es amar y estar dispuesto a compartir con los que se ama, en la comunidad y en el mundo.<\/p>\n<p>En la Iglesia todos hemos de aprender esta lecci\u00f3n: la lecci\u00f3n de poner en manos de Jes\u00fas los pocos panes y peces que posee la comunidad, para que sea posible el milagro. Desprenderse de lo que uno es y tiene personal e institucionalmente, reunirlo y ofrecerlo a la bendici\u00f3n del Se\u00f1or es abrir el camino al milagro de alimentar a la multitud. Si los an\u00f3nimos donantes de los panes y de los peces no hubieran entregado lo suyo y hubieran intentado ofrec\u00e9rselo al vecino o quedarse con ello, el milagro de Jes\u00fas no se hubiera producido. As\u00ed nos llama Jes\u00fas tambi\u00e9n a que trabajemos de tal forma que los <strong>pobres sean protagonistas <\/strong>de la acci\u00f3n social, que participen desde lo poco que puedan ser y tener, a que se aso\u00adcien en tareas de desarrollo comunitario que sea respuesta a los problemas de la pobreza.<\/p>\n<h2>La coordinaci\u00f3n en el compartir<\/h2>\n<p>Dec\u00eda antes que la eficacia humana nunca es un criterio evan\u00adg\u00e9lico. La eficacia, irremediablemente, busca el dinero, el poder, el prestigio, para realizarse. Pero el verdadero amor busca siempre hacer el m\u00e1ximo bien a los que ama, es decir, busca sacrificar lo suyo, lo propio, en favor del m\u00e1ximo beneficio de los que necesi\u00adtan su ayuda.<\/p>\n<p>Ante la gravedad de las situaciones de pobreza, ante la exten\u00adsi\u00f3n de la miseria, ante la profundidad de los problemas de margi\u00adnaci\u00f3n, ni el mundo ni los mismos necesitados pueden comprender que sea aut\u00e9ntico un amor que, teniendo la misma fuente para to\u00addos los cristianos, las mismas caracter\u00edsticas y exigencias, los mis\u00admos objetivos e id\u00e9nticas finalidades, aparezca disperso en su reali\u00adzaci\u00f3n, roto en su necesaria unidad, parcelado en una larga serie de instituciones que dicen ser una sola comunidad cristiana, divi\u00addido en acciones muchas veces id\u00e9nticas y que recaen sobre los mismos beneficiarios, protagonizado por diversas asociaciones que se afirman pertenecer a la misma Iglesia. No es f\u00e1cil comprender que los que tienen como signo espec\u00edfico el mutuo amor y el amor a los enemigos y a los necesitados; que los que tienen una sola esperanza, un Se\u00f1or, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de to\u00addos (cfr. Ef 4,4-6), aparezcan divididos, lejanos los unos de los otros, en desacuerdo te\u00f3rico y pr\u00e1ctico, cuando se trata de ayudar a los mismos hombres que, por su situaci\u00f3n de pobreza, son para nosotros \u00absacramento\u00bb de Cristo. Dicho de otra manera, un amor que no busca por todos los medios el m\u00e1ximo bien de las personas amadas, que no busca la m\u00e1xima eficacia, no para bien propio, sino para bien de las personas amadas, dif\u00edcilmente ser\u00e1 entendido como verdadero amor o, mejor, dif\u00edcilmente ser\u00e1 un verdadero amor.<\/p>\n<p>Ante la magnitud tremenda de los problemas de la pobreza, un verdadero amor no puede menos que sacrificar lo m\u00e1s personal, lo satisfactorio de la propia obra, toda b\u00fasqueda de prestigio institu\u00adcional, toda forma de protagonismo, en bien de unos seres huma\u00adnos que lo necesitan todo. Y ello es especialmente urgente cuando la totalidad de los recursos de todo tipo que la comunidad cristia\u00adna pone en com\u00fan con los necesitados representa una cuant\u00eda del todo insuficiente no s\u00f3lo para acabar con la pobreza, sino simple\u00admente para paliarla.<\/p>\n<p>Dif\u00edcilmente podremos levantar nuestras cabezas con alegr\u00eda cuando el Se\u00f1or nos examine de amor al final de los tiempos si habi\u00e9ndole encontrado con hambre, sin vivienda, con sed, desnu\u00addo, drogadicto, enfermo, en la c\u00e1rcel, extranjero, marginado de mil maneras, no fuimos capaces de amarle hasta el fin buscando su bien total, por razones jur\u00eddicas, personales, institucionales, asocia\u00adtivas o de cualquier otro tipo, que nada tienen que ver con un verdadero amor. <strong>El esc\u00e1ndalo del \u00abcapillismo\u00bb y de la dispersi\u00f3n de esfuerzos en detrimento del Jes\u00fas que sufre en cada necesitado; <\/strong>el esc\u00e1ndalo de una ineficacia en el amor por razones de prestigio o de un amor propio asociativo o institucional; el esc\u00e1ndalo de no entregar todo lo que somos y poseemos en la b\u00fasqueda del mayor bien posible en favor de los necesitados, constituir\u00e1 siempre un pe\u00adcado de acci\u00f3n o de omisi\u00f3n contra las exigencias insoslayables de un amor a los marginados, que ha de ser expresi\u00f3n de nuestro amor al pr\u00f3jimo, expresi\u00f3n, a su vez, del necesario amor a Dios.<\/p>\n<h2><strong>C\u00e1ritas, instrumento de coordinaci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>La Iglesia, a trav\u00e9s de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola, quiso que C\u00e1ritas fuera el instrumento eclesial para llevar a cabo esa coordinaci\u00f3n. Instituida por la Conferencia Episcopal en Es\u00adpa\u00f1a y para cada di\u00f3cesis en su territorio, C\u00e1ritas tiene por objeto promover y coordinar la comunicaci\u00f3n cristiana de bienes en todas sus formas y de ayudar a la promoci\u00f3n humana y al desarrollo integral de todos los hombres (cfr. art\u00edculos 10 y 34 de los Esta\u00adtutos).<\/p>\n<p>Los Estatutos vigentes perfilan no s\u00f3lo unas funciones y unos objetivos propios de C\u00e1ritas, sino un determinado modo de ser. C\u00e1ritas <strong>no es una asociaci\u00f3n de acci\u00f3n caritativa y social. <\/strong>No es tampoco una especie de estructura directiva que se impone regla\u00admentariamente a la variedad de realidades asociativas, que en el campo de la acci\u00f3n caritativa y social existen en la Iglesia en Es\u00adpa\u00f1a o en cada Iglesia diocesana. Tampoco es una instituci\u00f3n que, con pretensiones de ser mejor que las dem\u00e1s, compite con el resto de las instituciones de acci\u00f3n caritativa y social de la Iglesia. Mu\u00adcho menos es algo as\u00ed como el <strong>monopolio oficial de la acci\u00f3n carita\u00adtiva y social de la Iglesia. <\/strong>Tampoco es una asociaci\u00f3n exclusiva\u00admente abierta a determinados cristianos que libremente se incorpo\u00adran a un estilo concreto de realizar, de acuerdo con una particular espiritualidad, la acci\u00f3n caritativa y social. En modo alguno C\u00e1ri\u00adtas puede convertirse en un equipo cerrado de cristianos que se apropian indefinidamente de la instituci\u00f3n, imponiendo su peculiar forma de entender la Iglesia, el testimonio y la misma acci\u00f3n cari\u00adtativa y social (y \u00e9ste es un mal demasiado frecuente en nuestras di\u00f3cesis).<\/p>\n<p>Los Estatutos vigentes que quisieron definirla nos dicen que C\u00e1ritas se identifica con todo el Pueblo de Dios, realizando la ac\u00adci\u00f3n caritativa y social y que, por ello mismo, se constituye <strong>como diacon\u00eda de la comunidad para la realizaci\u00f3n de la acci\u00f3n caritativa y social de la Iglesia, <\/strong>incorporando a su propio ser todas aquellas personas y entidades que desean llevar a cabo esa acci\u00f3n no en nombre propio, como simples organizaciones confesionales, sino en nombre de la Iglesia misma. Este es el sentido que tiene la defi\u00adnici\u00f3n de C\u00e1ritas Espa\u00f1ola como \u00abla Confederaci\u00f3n oficial de las entidades de acci\u00f3n caritativa y social de la Iglesia cat\u00f3lica en Es\u00adpa\u00f1a, instituida por la Conferencia Episcopal\u00bb (art. <strong>1). <\/strong>C\u00e1ritas es, por tanto, la diacon\u00eda, el servicio de la Iglesia para la. realizaci\u00f3n de la acci\u00f3n caritativa y social del Pueblo de Dios, o, dicho de otra manera, las comunidades cristianas, realizando su acci\u00f3n ecle\u00adsial de comunicaci\u00f3n cristiana de bienes (de los cristianos con los necesitados), constituyen las C\u00e1ritas, las cuales, para la realizaci\u00f3n completa de esa corriente de amor que nace de la Iglesia (Cuerpo de Cristo) y va a parar a los necesitados (\u00absacramento de Cristo\u00bb), cuentan, por volunad de la jerarqu\u00eda, con un instrumento coordi\u00adnador y ejecutivo que hoy denominamos C\u00e1ritas (cfr. <em>Presentaci\u00f3n de los Estatutos por la Comisi\u00f3n Episcopal de Acci\u00f3n Caritativa y Social).<\/em><\/p>\n<h2>Car\u00e1cter coordinador de C\u00e1ritas<\/h2>\n<p>Pero en la exposici\u00f3n de motivos de los Estatutos, cuando tra\u00adta de las C\u00e1ritas Diocesanas y de las Parroquiales, la afirmaci\u00f3n de este car\u00e1cter coordinador de C\u00e1ritas es mucho m\u00e1s terminante y esclarecedor: \u00ab&#8230; para que la acci\u00f3n caritativa diocesana y parro\u00adquial no pierda su sentido de testimonio comunitario y eclesial es necesario que C\u00e1ritas, en la di\u00f3cesis y en la parroquia, se concrete funcionalmente en una acci\u00f3n coordinada, espacial y temporalmente ordenada, y tendente a la obtenci\u00f3n eficaz de unos objetivos co\u00admunes (de acuerdo con las Bases \u2014Base quinta\u2014 para el Regla\u00admento de C\u00e1ritas en la di\u00f3cesis: la realizaci\u00f3n a la acci\u00f3n caritativa y social; promover, coordinar e instrumentar la CCB en todas sus formas y ayudar a la promoci\u00f3n humana y al desarrollo integral de todos los hombres). Esta es la misi\u00f3n y la raz\u00f3n de ser de C\u00e1ri\u00adtas Diocesana como diacon\u00eda para la acci\u00f3n caritativa y social. Por ello, las C\u00e1ritas Diocesanas y Parroquiales han de relacionarse funcionalmente con las asociaciones y grupos de acci\u00f3n caritativa de <strong>forma que respeten su idiosincrasia, <\/strong>sus finalidades, su esp\u00edritu fundacional y su espiritualidad espec\u00edfica, pero asumiendo la mi\u00adsi\u00f3n de coordinarlas en la acci\u00f3n, impulsarlas hacia un funciona\u00admiento m\u00e1s perfecto, consultarlas y promover un di\u00e1logo abierto a la hora de programar la acci\u00f3n caritativa de la Iglesia en la di\u00f3ce\u00adsis y relacionarse permanentemente con ella para buscar una ma\u00adyor eficacia en la acci\u00f3n caritativa de la comunidad eclesial. Esta concepci\u00f3n de la doble naturaleza \u00abcomunitaria\u00bb y \u00abdiaconal\u00bb de C\u00e1ritas Diocesana supera tanto una concepci\u00f3n asociativa de la misma como la idea de una C\u00e1ritas que se justifica exclusivamente por razones pragm\u00e1ticas en el sentido de que la caridad es m\u00e1s eficaz cuando se organiza; y, por otra parte, no resulta dificil en\u00adtroncarla con la estructura de una Pastoral de Conjunto. Conviene subrayar que, si a C\u00e1ritas Diocesana no se le da ese car\u00e1cter de <strong>\u00abDiacon\u00eda\u00bb <\/strong>que encabeza una funci\u00f3n eclesial o acci\u00f3n pastoral b\u00e1sica y se la considera como una especialidad apost\u00f3lica m\u00e1s, pa\u00adralela a las asociaciones de acci\u00f3n caritativa existentes, ser\u00eda inclu\u00adso conveniente plantear su propia eliminaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n es, pues, terminante. Si C\u00e1ritas no es capaz de perfilarse a s\u00ed misma como la diacon\u00eda, el servicio de toda la co\u00admunidad cristiana, coordinando respetuosamente en su seno todos los esfuerzos institucionales que tienen el deseo de aparecer y de ser como de la Iglesia, y se autodefine como un organismo que, en solitario y al margen de los diferentes esfuerzos personales y aso\u00adciativos de acci\u00f3n caritativa y social que realizan los cristianos, de\u00adsea protagonizar el testimonio eclesial del amor y la solidaridad por los marginados, est\u00e1 traicionando su vocaci\u00f3n esencial y ten\u00addr\u00eda que plantearse seriamente o convertirse y encontrar su verda\u00addera naturaleza o desaparecer.<\/p>\n<p>Estas afirmaciones est\u00e1n en plena consonancia con las ense\u00ad\u00f1anzas sobre la identidad de esta diacon\u00eda eclesial que llamamos C\u00e1ritas. A prop\u00f3sito de la coordinaci\u00f3n en la Iglesia, nuestro Papa <strong>Juan Pablo II <\/strong>ha dicho en su discurso a la XII Asamblea de Cari\u00adtas Internationalis: \u00abLos esfuerzos de C\u00e1ritas hay que situarlos en el cuadro de la Pastoral Social de la Iglesia, y la elecci\u00f3n del tema de vuestra Asamblea, \u00abRealidad y futuro en la Pastoral Social\u00bb, os ha permitido, creo, profundizar este aspecto. Esta Pastoral Social incluye muchos sectores, obras y servicios; lleva a compromisos muy diversos por parte de los laicos, de los que est\u00e1n organizados en movimientos y de los que no lo est\u00e1n, pero tambi\u00e9n por parte de religiosos y religiosas que tienen a su cargo obras sociales; a t\u00edtulo especial, est\u00e1n interesados tambi\u00e9n los sacerdotes y, eviden\u00adtemente, los di\u00e1conos. A nivel diocesano, <strong>es el obispo quien coordi\u00adna esta Pastoral Social, <\/strong>como todo lo que es apostolado, seg\u00fan lo recuerda el Decreto Christus Dominus. Sin su acuerdo, no se po\u00addr\u00edan tomar las m\u00faltiples iniciativas en la base. <strong>La C\u00e1ritas <\/strong>partici\u00adpa con \u00e9l en ello, entre otras cosas, pero con un carisma particu\u00adlar, para recordar el lugar primordial de la caridad, para despertar la conciencia de los cristianos y de los no cristianos, ayudando a descubrir las exigencias del amor ante las multiformes necesidades del pr\u00f3jimo, <strong>a suscitar una eficaz voluntad mutua y a coordinar <\/strong>es\u00adtos <strong>esfuerzos\u00bb <\/strong>(n. 3, cit. en \u00abCorintios XIII\u00bb, n. 30, <em>C\u00e1ritas Inter\u00adnacional, <\/em>1984, p\u00e1gs. 237-242).<\/p>\n<h2><strong>Una necesaria revisi\u00f3n de vida<br \/>\n<\/strong><\/h2>\n<p>La lectura reposada y serena, una lectura hecha con sentido cristiano y eclesial, de los Estatutos, debiera llevar a C\u00e1ritas Espa\u00ad\u00f1ola, a las C\u00e1ritas Diocesanas, a las asociaciones de acci\u00f3n carita\u00adtiva y social a hacer un largo examen de conciencia o una profun\u00adda revisi\u00f3n de vida, en orden a reencontrar su propia fisonom\u00eda fundacional. No se tratar\u00eda s\u00f3lo de describir la realidad tal y como nos la encontramos hoy d\u00eda, sino de profundizar en las causas por las que esa realidad de C\u00e1ritas presenta los rasgos concretos que hoy la definen.<\/p>\n<p>C\u00e1ritas Espa\u00f1ola ha sido definida como la Confederaci\u00f3n de las entidades de acci\u00f3n caritativa y social de la Iglesia cat\u00f3lica es\u00adpa\u00f1ola (art. 1); pero esta definici\u00f3n, <strong>en la pr\u00e1ctica, es m\u00e1s te\u00f3rica que real. <\/strong>De hecho, C\u00e1ritas Espa\u00f1ola no est\u00e1 pr\u00e1cticamente consti\u00adtuida, de acuerdo con su proyecto fundacional, por todas las C\u00e1ri\u00adtas Diocesanas, por los organismos nacionales de las asociaciones e instituciones de acci\u00f3n caritativa y social y por las \u00f3rdenes e ins\u00adtitutos religiosos espec\u00edficamente dedicados a la acci\u00f3n caritativa y social (art. 3). Ello puede significar que su estructura org\u00e1nica no es la adecuada para que C\u00e1ritas se constituya no tanto como un organismo coordinador cuanto como el resultado final de la coor\u00addinaci\u00f3n de los organismos o entidades que la constituyen. Porque C\u00e1ritas en su origen no se perfil\u00f3 tanto como una instituci\u00f3n que, en la c\u00faspide de una organizaci\u00f3n, coordinara directamente a unos organismos ajenos cuanto como la comunidad cristiana que, en\u00adglobando todos los esfuerzos de acci\u00f3n caritativa y social que en la Iglesia se realizan, fuera la resultante coordinada de un testimonio comunitario de amor a los marginados realizado por la, totalidad del Pueblo de Dios en sus diversas manifestaciones de acci\u00f3n cari\u00adtativa y social. Dicho de otra manera, el protagonismo de C\u00e1ritas Espa\u00f1ola no lo puede tener una C\u00e1ritas Nacional que en los Esta\u00adtutos no existe, que dej\u00f3 de existir en los Estatutos, sino la Asam\u00adblea Nacional, que establece criterios, programas de acci\u00f3n y orientaciones pr\u00e1cticas, el Consejo General y su Comisi\u00f3n Perma\u00adnente, que act\u00faan como \u00f3rganos ejecutivos de la Asamblea y que concretan las decisiones de la misma, y la Secretar\u00eda General y sus Servicios Centrales, que ejecutan las tareas que le sean confiadas por los \u00f3rganos superiores y ayudan a todos los componentes de C\u00e1ritas Espa\u00f1ola. Es decir, C\u00e1ritas Espa\u00f1ola est\u00e1 perfilada en una l\u00ednea de absoluta colegialidad, en la que todos sus miembros son corresponsables de unas actividades que deben ser programadas entre todos, orientadas entre todos y ejecutadas por aquellos orga\u00adnismos a los que se encargue la realizaci\u00f3n o a los que correspon\u00adda por Estatutos.<\/p>\n<p>Todo ello significa que la organizaci\u00f3n de C\u00e1ritas Espa\u00f1ola, su estructura y sus funciones deben permitir a los miembros confede\u00adrados coordinarse de hecho y no s\u00f3lo de derecho y actuar con li\u00adbre iniciativa y responsabilidad propias en el seno mismo de C\u00e1ritas y como parte constitutiva de la misma con pleno respeto a los Estatutos de C\u00e1ritas Espa\u00f1ola y a las normas de sus respectivos Reglamentos (art. 5). No puede negarse que este camino colegial va en detrimento, con no poca frecuencia, tanto de una eficacia, tomada esta palabra en sentido empresarial, como de la posibili\u00addad de actuar con unos criterios amplios y de vanguardia que difi\u00adcilmente se acomodan a la marcha inevitablemente m\u00e1s lenta de una instituci\u00f3n compleja y pluralista por el n\u00famero y diversidad de sus miembros. Se trata, por tanto, inevitablemente, de sacrificar en no pocas ocasiones la eficacia empresarial y la espectacularidad de una marcha vanguardista (en el mejor sentido de la palabra) en favor de la colegialidad, de la corresponsabilidad, del verdadero ser comunitario de la instituci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es necesario, por tanto, que el funcionamiento ordinario de C\u00e1ritas Espa\u00f1ola (y por id\u00e9ntica raz\u00f3n el de las C\u00e1ritas Diocesa\u00adnas) sea fruto directo de una organizaci\u00f3n, es decir, de una estruc\u00adtura y de una funci\u00f3n que sean estrictamente confederales, de for\u00adma que se programe, se revise y se act\u00fae no como lo hace una instituci\u00f3n paralela a las dem\u00e1s organizaciones de acci\u00f3n caritativa y social, sino como propio del resultado final coordinado de una confederaci\u00f3n de diferentes instituciones.<\/p>\n<p>Ello supone que C\u00e1ritas Espa\u00f1ola ha de realizar la acci\u00f3n cari\u00adtativa y social de la Iglesia en Espa\u00f1a no tanto por s\u00ed misma cuan\u00adto a trav\u00e9s de sus miembros confederados (art. 10). Y es a trav\u00e9s de sus miembros confederados como C\u00e1ritas Espa\u00f1ola ha de po\u00adnerse al servicio del Pueblo de Dios, con el fin de promover y co\u00adordinar la CCB en todas sus formas y de ayudar a la promoci\u00f3n humana y al desarrollo integral de todos los hombres (art. 10). Ello debe llevar a C\u00e1ritas Espa\u00f1ola a no protagonizar nunca la CCB, dejando que el protagonismo lo asuman sus miembros con\u00adfederados y, todav\u00eda m\u00e1s que ellos, la comunidad cristiana misma, la Iglesia, procurando evitar la tentaci\u00f3n de marcar caminos id\u00f3\u00adneos de la acci\u00f3n caritativa y social desde su propia y exclusiva realidad institucional, dejando al margen otras instituciones de la Iglesia confederadas en C\u00e1ritas, dedicadas a la CCB y a ayudar a la promoci\u00f3n humana y al desarrollo integral de todos los hom\u00adbres.<\/p>\n<p>Y lo mismo habr\u00eda que decir en cuanto a esa tarea central de C\u00e1ritas Espa\u00f1ola de difundir el esp\u00edritu de caridad y de justicia so\u00adcial, procurando formar la conciencia de los j\u00f3venes cat\u00f3licos en orden a la CCB y al cumplimiento de los deberes de la justicia (art. 11). Se tratar\u00eda de realizar una larga serie de actividades que han de ir dando el anuncio gozoso de la Buena Noticia en su con\u00adcreci\u00f3n de amor al pr\u00f3jimo en el amor a los necesitados hasta la denuncia prof\u00e9tica de la pobreza y de la injusticia, a trav\u00e9s de unos programas pensados, estudiados y aprobados por la totalidad de los miembros confederados en C\u00e1ritas Espa\u00f1ola, de tal forma que la Iglesia, en cuanto tal, y no C\u00e1ritas, apareciera como la voz de los que no tienen voz.<\/p>\n<p>Y la exigencia de un <strong>actuar colegiado y corresponsable alcanza cotas de especial significaci\u00f3n <\/strong>cuando se trata de estudiar los pro\u00adblemas que plantea la pobreza, de investigar sus causas y de pro\u00admover, animar y urgir soluciones conformes a la dignidad de la persona humana y a la justicia (art. <strong>11). <\/strong>Tampoco en este campo se trata de buscar la mera eficacia, por muy importante que ello sea, a la hora de investigar la pobreza y sus causas. Se trata de las dificultades objetivas que esta investigaci\u00f3n plantea a una sola ins\u00adtituci\u00f3n, de la necesaria superaci\u00f3n de los posibles sesgos ideol\u00f3gi\u00adcos que la observaci\u00f3n de la realidad de la pobreza conlleva casi inevitablemente y de la riqueza carism\u00e1tica que la Iglesia en su to\u00adtalidad ofrece \u2014y, en consecuencia, las diferentes instituciones que constituyen C\u00e1ritas\u2014 cuando se trata de promover, animar y urgir soluciones conformes a la dignidad de la persona humana y a la justicia.<\/p>\n<h2><strong>La coordinaci\u00f3n en el interior de C\u00e1ritas<\/strong><\/h2>\n<p>Teorizar sobre la coordinaci\u00f3n, y m\u00e1s en concreto sobre la co\u00adordinaci\u00f3n de la acci\u00f3n caritativa y social, no es dificil: los cristia\u00adnos rara vez somos insensibles a esa doble exigencia de un <strong>testi\u00admonio de Iglesia y de la b\u00fasqueda del m\u00e1ximo bien de los necesita\u00addos, <\/strong>en especial cuando todos somos conscientes de la inmensidad de los problemas de la marginaci\u00f3n y de la pobreza.<\/p>\n<p>Pero la veracidad de nuestras actitudes siempre tendr\u00e1 su \u00abtest\u00bb, su \u00abpiedra de toque\u00bb, en el compartir. Es algo que san Juan expresa perfectamente: \u00abHemos comprendido lo que es el amor porque aqu\u00e9l se desprendi\u00f3 de su vida por nosotros; ahora tambi\u00e9n nosotros debemos desprendernos de la vida por nuestros hermanos. Si uno posee bienes de este mundo y viendo que su hermano pasa necesidad le cierra sus entra\u00f1as, \u00bfc\u00f3mo va a estar con \u00e9l el amor de Dios? Hijos, no amemos, con palabras y de bo\u00adquilla, sino con obras y de verdad\u00bb (1 Jn 3,16-18).<\/p>\n<p>Los Estatutos definen a C\u00e1ritas como el conjunto confederado de las C\u00e1ritas Diocesanas, los organismos nacionales de las asocia\u00adciones e instituciones de acci\u00f3n caritativa y social y las \u00f3rdenes e institutos religiosos espec\u00edficamente dedicados a la acci\u00f3n caritativa y social. Y aunque sea un t\u00f3pico, hay que recordar que no s\u00f3lo el panorama de la pobreza es apabullante, sino que las desigualdades de di\u00f3cesis a di\u00f3cesis, de instituci\u00f3n a instituci\u00f3n, de sectores mar\u00adginales a sectores marginales, son de tal naturaleza que podemos decir que resultan irritantes porque irritante es que, dada la esca\u00adsez de recursos en proporci\u00f3n con las necesidades, esos recursos no se distribuyan de una manera m\u00e1s racional y justa.<\/p>\n<p><strong>Coordinar exige sin duda compartir, exige proporcionar, con una mayor justicia, recursos y necesidades, <\/strong>exige una puesta en com\u00fan basada en una fraternidad cristiana que permita equilibrar activi\u00addades, servicios, prestaciones, para el conjunto de elementos coor\u00addinados, con los ojos puestos prioritariamente en las diferentes gravedades que presentan los marginados y las \u00e1reas de la pobreza.<\/p>\n<p>Ese es el esp\u00edritu del art\u00edculo 31 de los Estatutos, es decir, \u00e9se es el esp\u00edritu con el que se cre\u00f3 el <strong>Fondo Nacional de Comunicaci\u00f3n Interdiocesana de Bienes, <\/strong>un Fondo que ha de ser expresi\u00f3n de un compartir que de verdad, \u00abno de boquilla, sino con obras y de verdad\u00bb, manifieste la autenticidad de una coordinaci\u00f3n que de\u00admuestra que C\u00e1ritas es la diacon\u00eda (el servicio) para la acci\u00f3n ecle\u00adsial comunitaria de la comunicaci\u00f3n cristiana de bienes (art. 12).<\/p>\n<p>M\u00e1s clara tiene que resultar esta intenci\u00f3n si se tiene en cuenta que se trata tanto de sostener unos Servicios Centrales, que fun\u00addamentalmente han de existir para ayudar a los diferentes miem\u00adbros de C\u00e1ritas Espa\u00f1ola (art. 30, c) como de ayudar a los miem\u00adbros confederados, financiando sus programas comunes de activi\u00addades y concedi\u00e9ndoles subvenciones en la forma que la Asamblea Nacional establezca por iniciativa del Consejo General (art. 32).<\/p>\n<p>La pregunta que cabe hacerse ante este esp\u00edritu es si el funcio\u00adnamiento del conjunto de C\u00e1ritas Espa\u00f1ola ha respondido hasta el momento a sus exigencias m\u00e1s profundas, o si, por el contrario, se ha dado un creciente replegamiento por parte de las mismas C\u00e1ri\u00adtas Diocesanas a sus propios territorios, rompiendo con esa din\u00e1\u00admica llena de amor (art. 39), de un compartir, que debe ser la ex\u00adpresi\u00f3n primera de la veracidad de un deseo y de una vocaci\u00f3n de coordinaci\u00f3n. En todo caso, hay que afirmar que, si no hay un esfuerzo de constituci\u00f3n seria y responsable del Fondo Nacional ello significa que C\u00e1ritas ha prescindido de hecho de toda inten\u00adci\u00f3n coordinadora y que se ha auto-perfilado como una instituci\u00f3n m\u00e1s o un conjunto de instituciones de acci\u00f3n caritativa y social y no como la diacon\u00eda de la comunidad cristiana para esa acci\u00f3n. Y todo ello dicho sin apelar a la solidaridad con ese \u00abtercer mundo\u00bb o \u00abcuarto mundo\u00bb que, dentro y fuera de nuestras fronteras, ago\u00adniza en la m\u00e1s absoluta de las miserias, explotado por todos los imperialismos que hay en nuestro mundo.<\/p>\n<h2>Las C\u00e1ritas diocesanas<\/h2>\n<p>Todo lo dicho, en lo que a criterios se refiere, es perfectamente aplicable a las C\u00e1ritas Diocesanas, en sus relaciones con las C\u00e1ri\u00adtas Parroquiales y con las asociaciones e instituciones de acci\u00f3n caritativa y social de la Iglesia.<\/p>\n<p>La C\u00e1ritas Diocesana es el organismo oficial de la Iglesia para coordinar, orientar, promover y, en su caso, federar la acci\u00f3n cari\u00adtativa y social de la propia di\u00f3cesis (art. 34). Lo que es claro es que los Estatutos establecen que, en sus planos diocesano y parro\u00adquial, C\u00e1ritas coordina y, en su caso, federa las asociaciones e ins\u00adtituciones de acci\u00f3n caritativa de la Iglesia, as\u00ed como las activida\u00addes de acci\u00f3n caritativa y social de las \u00f3rdenes e institutos religio\u00adsos dedicados a esas actividades (art. 35), y no s\u00f3lo las coordina, sino que tambi\u00e9n las representa (art. 36).<\/p>\n<p>Hay que se\u00f1alar que en la Exposici\u00f3n de Motivos de los Esta\u00adtutos se afirma que dichos Estatutos parten de la base de que la di\u00f3cesis es la unidad pastoral por excelencia de la Iglesia (n. 6) y que, para que la acci\u00f3n caritativa diocesana y parroquial no pierda su sentido de testimonio comunitario y eclesial, es necesario que C\u00e1ritas, en la di\u00f3cesis y en la parroquia, se concrete funcionalmente en una acci\u00f3n coordinada, ordenada en el espacio y en el tiem\u00adpo y tendente a la obtenci\u00f3n eficaz de unos objetivos comunes (n\u00famero 7).<\/p>\n<p>Pero ello tiene sus consecuencias para C\u00e1ritas Diocesana. En la XXI Asamblea Nacional de C\u00e1ritas dedicada a \u00abLa coordinaci\u00f3n de la acci\u00f3n caritativa de la Iglesia\u00bb, en la ponencia titulada \u00abFun\u00addamentos y forma de coordinaci\u00f3n\u00bb (elaborada por Manuel Goi\u00adcolea y Ram\u00f3n Echarren y presentada por el primero, 1967), se dec\u00eda que C\u00e1ritas alcanzar\u00eda su plenitud como diacon\u00eda coordi\u00adnando a todas las asociaciones, incorpor\u00e1ndolas respetuosamente a su vida, ya que de esta manera su acci\u00f3n ser\u00e1 m\u00e1s comunitaria y la caridad de la Iglesia brillar\u00e1 de un modo especial cuando la ac\u00adci\u00f3n caritativa est\u00e9 realizada por cristianos que quieren seguir m\u00e1s de cerca al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Pero \u2014se a\u00f1ad\u00eda\u2014 este planteamiento tiene sus exigencias para C\u00e1ritas:<\/p>\n<p>1) Precisamente porque C\u00e1ritas se identifica con la Iglesia rea\u00adlizando la acci\u00f3n caritativa, todas las asociaciones que realizan esa acci\u00f3n y que desean actuar en la Iglesia son C\u00e1ritas con pleno y absoluto derecho por su parte.<\/p>\n<p>2) C\u00e1ritas debe estar plenamente abierta a esas asociaciones, no cerrarse en una l\u00ednea determinada que excluya a una o varias de ellas, convertirse en una diacon\u00eda de todas ellas, ayudarlas cuanto sea posible, especialmente en lo que se refiere a servicios y a programas.<\/p>\n<p>3) C\u00e1ritas debe contar con las asociaciones en la elaboraci\u00f3n de sus programas, programas que no deben ser tanto de C\u00e1ritas cuanto programas diocesanos o parroquiales, es decir, programas de acci\u00f3n caritativa y social de la Iglesia. Y C\u00e1ritas debe contar igualmente con las asociaciones a la hora de ejecutar los progra\u00admas, poni\u00e9ndose de acuerdo con ellas, coordinando y coordin\u00e1n\u00addose a la hora de realizarse la distribuci\u00f3n de tareas, de \u00e1reas de acci\u00f3n y de definici\u00f3n de responsabilidades de esos programas, que deben ser, como antes se dec\u00eda, no tanto de C\u00e1ritas cuanto de la Iglesia diocesana y parroquial.<\/p>\n<p>Y cuando una o varias asociaciones se hagan cargo de determinadas acciones programadas como de Iglesia, tendr\u00e1n pleno de\u00adrecho a recibir y administrar los medios econ\u00f3micos que C\u00e1ritas ha destinado a financiar esas acciones.<\/p>\n<p>4) C\u00e1ritas, como diacon\u00eda de la Iglesia, debe respetar al m\u00e1\u00adximo la idiosincrasia concreta de cada asociaci\u00f3n, su autonom\u00eda jur\u00eddica, sus cuadros organizativos, etc. Podr\u00eda decirse todav\u00eda m\u00e1s. De alg\u00fan modo, C\u00e1ritas debe considerar como propio el con\u00adjunto que f\u00f3rman los diferentes elementos constitutivos de cada una de las asociaciones de caridad: su espiritualidad, su forma es\u00adpec\u00edfica de actuar, sus Reglamentos y Estatutos, su esp\u00edritu funda\u00adcional, etc. Por eso mismo que es una diacon\u00eda, un servicio de la Iglesia o de la comunidad eclesial, C\u00e1ritas no puede identificarse de tal forma con determinada corriente u orientaci\u00f3n concreta que excluya radicalmente a otras, salvo que sea una decisi\u00f3n que se tome en perfecto di\u00e1logo, en comuni\u00f3n consciente, en pleno acuerdo de Iglesia. Mientras no sea as\u00ed, debe admitir en su seno todas aquellas orientaciones y tendencias que la Iglesia admite en su vida y que la jerarqu\u00eda admite como parte de la comunidad.<\/p>\n<p>Estas afirmaciones de aquella ponencia de la XXI Asamblea Nacional trasluc\u00edan un esp\u00edritu, que fue el que dio lugar a los Es\u00adtatutos hoy vigentes, y supon\u00edan una concepci\u00f3n de C\u00e1ritas como <strong>instituci\u00f3n eclesial abierta <\/strong>que se sent\u00eda no tanto <strong>protagonista de una coordinaci\u00f3n impuesta <\/strong>o a imponer a las instituciones <strong>cuanto constituida por la totalidad de esfuerzos <\/strong>que, en el interior de la Iglesia, con mayor o menor acierto, se orientaban ilusionadamente para servir a los pobres y marginados. <strong>C\u00e1ritas no intentaba susti\u00adtuir, ni someter, ni dirigir coactivamente <\/strong>cuando hablaba de <strong>coordi\u00adnar, <\/strong>sino simplemente <strong>poner de acuerdo, constituirse desde la plura\u00adlidad de asociaciones, <\/strong>abrir en el interior <strong>de la Iglesia un espacio de coincidencia, de di\u00e1logo, de posibilidad de acuerdo <\/strong>para una realiza\u00adci\u00f3n eclesial de la caridad m\u00e1s eficaz (para bien de los necesitados) y m\u00e1s testifical (para bien del Evangelio).<\/p>\n<p>Lo que tendr\u00eda que revisar hoy C\u00e1ritas, y en especial las C\u00e1ri\u00adtas Diocesanas, es si el desarrollo de su vida, su proceso evolutivo, a lo largo de estos casi veinte a\u00f1os, ha respondido a este esp\u00edritu o, por el contrario, se ha desvirtuado, caminando por derroteros propios de una competitividad poco eclesial y de un exclusivismo poco evang\u00e9lico. Habr\u00eda que revisar con profunda humildad la capacidad demostrada por las C\u00e1ritas Diocesanas para abrirse llenas de amor:<\/p>\n<ul>\n<li><strong>A las parroquias, <\/strong>procurando intensificar seriamente que las comunidades cristianas parroquiales sean no s\u00f3lo comunidades de fe, de esperanza y de culto, sino tambi\u00e9n comunidades de amor que saben que celebrar la Eucarist\u00eda representa una exigencia in\u00adsoslayable de amor a los m\u00e1s necesitados, que ha de manifestarse por la CCB, por la construcci\u00f3n de la justicia, por la denuncia prof\u00e9tica, por el anuncio alegre de la salvaci\u00f3n de Dios para los pobres y los oprimidos, por la promoci\u00f3n incansable de movimien\u00adtos de desarrollo social y comunitario que protagonicen los mis\u00admos necesitados.<\/li>\n<li><strong>A las asociaciones e instituciones de acci\u00f3n caritativa y social de la Iglesia, <\/strong>evitando convertirse en un equipo monopolizador de C\u00e1ritas; en un equipo cerrado que no incorpora nuevos cristianos a sus tareas y que permanece id\u00e9ntico durante a\u00f1os; en un equipo que no abre espacios a los j\u00f3venes que pueden aportar sus criticas y su imaginaci\u00f3n creadora; en un equipo de profesionales, m\u00e1s o menos bien situados, que bloquean la posibilidad de evoluci\u00f3n de la propia C\u00e1ritas, que impiden de hecho el di\u00e1logo con las asocia\u00adciones, que permiten con su instalaci\u00f3n un continuo empobreci\u00admiento de C\u00e1ritas como diacon\u00eda de la comunidad diocesana.<\/li>\n<li><strong>A las dem\u00e1s C\u00e1ritas Diocesanas, <\/strong>comenzando por las m\u00e1s <strong>pr\u00f3ximas, <\/strong>las que corresponden a la misma nacionalidad o regi\u00f3n y llegando a todas las que constituyen C\u00e1ritas Espa\u00f1ola, expresan\u00addo as\u00ed un amor que, cuando es aut\u00e9ntico, supera toda frontera y particularismos para abrirse al mundo entero, algo que ya san Pa\u00adblo supo exigir a trav\u00e9s de las colectas por los pobres de la comu\u00adnidad de Jerusal\u00e9n y que hoy tiene una especial significaci\u00f3n por\u00adque los problemas superan los l\u00ednites de cada di\u00f3cesis; porque las causas de los problemas no se encuentran localizadas en las pro\u00adpias di\u00f3cesis; porque la solidaridad, cuando es aut\u00e9ntica, va siem\u00adpre buscando los m\u00e1s necesitados; porque los problemas de pobre\u00adza son extraordinariamente desiguales a lo largo y ancho de la geograf\u00eda nacional y los m\u00e1s pobres no necesariamente est\u00e1n loca\u00adlizados en la propia di\u00f3cesis.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Esta triple apertura ser\u00e1 efectivamente el \u00abtest\u00bb de que existe una verdadera voluntad de coordinaci\u00f3n por parte de las C\u00e1ritas Diocesanas. Si esas tres dimensiones de apertura no existen, C\u00e1ri\u00adtas Diocesana ser\u00e1 el nombre vac\u00edo de una instituci\u00f3n empobreci\u00adda que ha perdido el sentido de su m\u00e1s propia y espec\u00edfica voca\u00adci\u00f3n de Iglesia.<\/p>\n<h2><strong>Asociaciones e Instituciones<\/strong><\/h2>\n<p><strong>El art\u00edculo 46 <\/strong>de los Estatutos de C\u00e1ritas expresa las relaciones de las asociaciones e instituciones de acci\u00f3n caritativa y social con C\u00e1ritas: \u00abEs deseo de la jerarqu\u00eda, con el fin de que la acci\u00f3n cari\u00adtativa y social de la Iglesia sea testimonio comunitario de su amor por los necesitados, que las asociaciones e instituciones de acci\u00f3n caritativa y social se coordinen en el nivel de C\u00e1ritas que corres\u00adponde al \u00e1mbito y sector de sus actividades, exteriorizando as\u00ed su voluntad de formar parte de la acci\u00f3n caritativa y social de la Igle\u00adsia.\u00bb<\/p>\n<p>Como \u00e1ntes indicaba, no se trata de que C\u00e1ritas sustituya, ab\u00adsorba, subsuma ni someta a esas instituciones. Se trata de que, respetando sus Estatutos y Constituciones, C\u00e1ritas asuma y coor\u00addine funcionalmente la acci\u00f3n de las asociaciones e instituciones a trav\u00e9s de programas elaborados conjuntamente (art. 47), sin que dejen de gozar por ello de plena autonom\u00eda en la administraci\u00f3n de sus propios bienes y recursos (art. 48).<\/p>\n<p>En la ponencia antes indicada, despu\u00e9s de hablar de las exigen\u00adcias que la coordinaci\u00f3n plantea a C\u00e1ritas, se se\u00f1alaban tambi\u00e9n las exigencias paralelas que la coordinaci\u00f3n bien entendida plantea a las asociaciones e instituciones de acci\u00f3n caritativa y social:<\/p>\n<ol>\n<li>Precisamente porque C\u00e1ritas se identifica con la Iglesia rea\u00adlizando la acci\u00f3n caritativa, las asociaciones que realizan esa ac\u00adci\u00f3n y que desean actuar en la Iglesia por amor a ella y por amor a los necesitados, deben buscar sin prejuicios coordinarse en C\u00e1\u00adritas.<\/li>\n<li>Las asociaciones de acci\u00f3n caritativa deben tener concien\u00adcia de que la coordinaci\u00f3n de sus acciones con C\u00e1ritas, \u00e9sta la po\u00adtenciar\u00e1 de tal manera que los necesitados saldr\u00e1n beneficiados al m\u00e1ximo, a la par que la Iglesia aparecer\u00e1 ante el mundo dando un testimonio de unidad y de amor m\u00e1s verdadero y eficaz.<\/li>\n<li>Por ello las asociaciones deben colaborar con C\u00e1ritas en la elaboraci\u00f3n de los programas y en su ejecuci\u00f3n, programas que no han de ser de C\u00e1ritas, sino de la Iglesia. S\u00f3lo as\u00ed adem\u00e1s podr\u00e1n evitarse duplicidades innecesarias en la acci\u00f3n caritativa, olvido de campos de especial necesidad, visiones parciales de los problemas y de la propia actividad, deficiencias todas ellas que suponen un per\u00adjuicio para la Iglesia misma.<\/li>\n<li>En una visi\u00f3n amplia de Iglesia, cada instituci\u00f3n, y como manifestaci\u00f3n de su esp\u00edritu de caridad, deber\u00e1 poner en com\u00fan con C\u00e1ritas y con las dem\u00e1s instituciones sus experiencias, sus ras\u00adgos de espiritualidad, sus t\u00e9cnicas de acci\u00f3n social, su conocimien\u00adto de los problemas. S\u00f3lo as\u00ed se har\u00e1 m\u00e1s consciente en todos el esp\u00edritu de colaboraci\u00f3n \u00aben la obra de los santos para la edifica\u00adci\u00f3n del Cuerpo de Cristo en la comunidad\u00bb.<\/li>\n<\/ol>\n<h2><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>Dec\u00eda al principio que <strong>no es f\u00e1cil hablar de coordinaci\u00f3n. Pero todav\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil es realizarla. <\/strong>No se trata de un problema exclu\u00adsivo de la acci\u00f3n caritativa y social, o de C\u00e1ritas. Como ocurre en tantas realidades y exigencias de la vida cristiana y de la pastoral de la Iglesia, el problema de la coordinaci\u00f3n es tambi\u00e9n un <strong>pro\u00adblema de conversi\u00f3n, <\/strong>de conversi\u00f3n <strong>personal <\/strong>y de conversi\u00f3n <strong>insti\u00adtucional, <\/strong>tal vez la m\u00e1s dificil de todas las conversiones. <strong>Una con\u00adversi\u00f3n a la humildad, al anonimato, a la sencillez, a la obediencia. <\/strong>Una conversi\u00f3n <strong>al amor, al amor a la Iglesia y al amor a Dios y al pr\u00f3jimo, <\/strong>ese amor que ha de pasar necesariamente por el amor a los enemigos y por el amor a los pobres.<\/p>\n<p>No son dif\u00edciles de descubrir <strong>las bases de la necesidad de la co\u00adordinaci\u00f3n de las actividades de acci\u00f3n caritativa y social:<\/strong><\/p>\n<ul>\n<li>Un com\u00fan protagonista de la acci\u00f3n caritativa: la Iglesia, la comunidad cristiana o cada comunidad cristiana, el Cuerpo M\u00edsti\u00adco de Cristo.<\/li>\n<li>Un deseo com\u00fan del verdadero amor: hacer el m\u00e1ximo bien a los marginados, a los necesitados, a los oprimidos, que son \u00absacramento\u00bb de Cristo.<\/li>\n<li>Una intenci\u00f3n com\u00fan para todos: dar un <strong>testimonio <\/strong>eclesial del amor de los cristianos por los necesitados.<\/li>\n<li>Un mismo esp\u00edritu para todos: la caridad de Cristo nos ur\u00adge y constituye la esencia de la ley de nuestra vida cristiana. Un mismo amor ha sido infundido en nuestros corazones.<\/li>\n<\/ul>\n<p>No me extra\u00f1ar\u00eda que no pocos de ustedes pensaran que todo lo dicho no pasa de ser un conjunto de afirmaciones te\u00f3ricas m\u00e1s o menos sabidas.<\/p>\n<p>Por ello mismo me atrever\u00eda a pedirle al Se\u00f1or, con todo amor para los pobres y para su Iglesia, con todo amor a todos ustedes, a los que colaboran en C\u00e1ritas y los que lo hacen en asociaciones y organizaciones de acci\u00f3n caritativa y social, que abra el coraz\u00f3n y la inteligencia de ustedes a las consecuencias pr\u00e1cticas y concre\u00adtas que el pl\u00e1nteamiento hecho lleva consigo.<\/p>\n<p>Ante todo, plante\u00e1ndose ya desde ahora que C\u00e1ritas, en todos sus niveles, debe estar realmente integrada por todos aquellos cris\u00adtianos que representan aut\u00e9nticamente a todas las entidades de ac\u00adci\u00f3n caritativa y social que desean actuar en nombre de la comu\u00adnidad cristiana, de forma que sea la Iglesia, la comunidad, la que aparezca solidariz\u00e1ndose con los pobres y marginados, procurando incluso que se hable del amor de los cristianos por los pobres y marginados y no de C\u00e1ritas ni de las diferentes instituciones.<\/p>\n<p>Ello debe concretarse en algo que siempre nos resulta muy di\u00adficil a los cristianos que trabajamos en cualquier instituci\u00f3n: hemos de organizarnos pr\u00e1cticamente de tal manera que las decisiones (que en el fondo no son otra cosa que el ejercicio del poder) sean tomadas corresponsablemente por todos los que deben constituir C\u00e1ritas y nunca en solitario por una o varias personas que de al\u00adg\u00fan modo aparecen representando a C\u00e1ritas en exclusiva. Dicho de otra manera, es absolutamente preciso que <strong>sustituyamos de ver\u00addad toda actitud de dominio, de poder, por unas actitudes de servicio, de humilde disponibilidad, <\/strong>convirtiendo a C\u00e1ritas en espacios abier\u00adtos a la creatividad de todos los que dan testimonio de amor en este campo, de forma que las decisiones sean el resultado final de un di\u00e1logo en el que participen todas las entidades de acci\u00f3n cari\u00adtativa y social que desean sinceramente que la Iglesia, la comuni\u00addad cristiana, sea la protagonista del testimonio del amor de los cristianos por los necesitados. En esta linea, especialmente en las di\u00f3cesis y en las parroquias, ser\u00e1 necesario <strong>potenciar <\/strong>con toda in\u00adtensidad unas verdaderas <strong>Asambleas.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Una consecuencia inmediata de estas actitudes, <\/strong>tal vez la prueba fundamental de la sinceridad de nuestra fe y de nuestro amor, no va a ser otra que una verdadera comunicaci\u00f3n cristiana de bienes, una verdadera comunicaci\u00f3n cristiana de dinero, en cada nivel y entre todos los niveles. A fuerza de sentirnos muy espirituales, los cristianos, que incluso somos capaces de compartir a nivel perso\u00adnal nuestros bienes, tenemos un gran y farisaico pudor al hablar de dinero y de compartir el dinero y caemos en tremendos ego\u00eds\u00admos institucionales. Dadas las situaciones tan dispares de necesi\u00addad que se dan en cada parroquia, en cada di\u00f3cesis, en las di\u00f3cesis de cada nacionalidad, entre las di\u00f3cesis de la naci\u00f3n, entre las mismas naciones, el amor nos exige que el dinero (y otros bienes, por supuesto) circule de verdad entre las distintas instituciones e Iglesias diocesanas. Si no ocurre as\u00ed es que nuestro amor se mueve en cotas muy bajas, en cotas poco cristianas.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, me atrever\u00eda a decir que los que estamos en este momento en C\u00e1ritas y los que estamos o est\u00e1n en diferentes enti\u00addades de acci\u00f3n caritativa y social de la Iglesia, debemos plantear\u00adnos la permeabilidad real que se da en nuestras instituciones, en orden a programar de verdad un esfuerzo serio en favor de esa multitud de pobres y marginados que sufren en nuestra sociedad. El amor a los necesitados debe obligarnos a superar \u2014respetando, por supuesto, carismas espec\u00edficos\u2014 todo enquistamiento institu\u00adcional, toda vanidad institucional, todo lo que sea encerrarse en la propia instituci\u00f3n, abri\u00e9ndonos o abriendo nuestras instituciones al mundo para que, fundamentados en un mismo Evangelio, en un mismo amor, en una misma esperanza, brille en plenitud el amor de Dios por los m\u00e1s pobres.<\/p>\n<p>Resumiendo, les dir\u00eda que las consecuencias de lo dicho debe\u00adr\u00edan plasmarse en la construcci\u00f3n de una estructura organizativa de C\u00e1ritas mucho m\u00e1s abierta y participativa, m\u00e1s asamblearia, m\u00e1s en l\u00ednea de un Pueblo de Dios que en su totalidad se solidari\u00adza con los necesitados. Y deber\u00edan plasmarse en un funcionamien\u00adto m\u00e1s \u00e1gil y corresponsable, m\u00e1s din\u00e1mico e imaginativo, m\u00e1s cercano al Pueblo de Dios y m\u00e1s cercano a los que sufren la po\u00adbreza, m\u00e1s prof\u00e9tico y m\u00e1s animado de un compartir constante e incansable, m\u00e1s social en l\u00ednea de, una verdadera promoci\u00f3n y, al mismo tiempo, m\u00e1s evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>Las exigencias a las que debe someterse la acci\u00f3n caritativa son las mismas &#8216;para todos y nos han sido dichas por el Concilio:<\/p>\n<p><em>\u00abLa acci\u00f3n caritativa puede y debe abarcar hoy a todos los hombres y a todas las necesidades. Dondequiera que haya hombres carentes de alimento, vestido, vivienda, medicinas, trabajo, instruc\u00adci\u00f3n, medios para llevar una vida verdaderamente humana, o afli\u00adgidos por la desgracia o por la falta de salud, o sufriendo el destie\u00adrro o la c\u00e1rcel, all\u00ed debe buscarlos y encontrarlos la caridad cristia\u00adna y consolarlos con diligente cuidado y ayudarlos con la presta\u00adci\u00f3n de auxilios. Esta obligaci\u00f3n se impone ante todo a los hombres y a los pueblos que viven en la prosperidad. Para que este ejercicio de la caridad sea verdaderamente irreprochable y aparezca como tal, es ne_ ?san\u00f3 ver en el pr\u00f3jimo la imagen de Dios, seg\u00fan la cual ha sido creado, y a Cristo Se\u00f1or, a quien en realidad se ofrece lo que al necesitado se d\u00e9; respetar con m\u00e1xima delicadeza la libertad y la dignidad de la persona que recibe el auxilio; no man\u00adchar la pureza de intenci\u00f3n con cualquier inter\u00e9s de la propia utili\u00addad o con el af\u00e1n de dominar; cumplir antes que nada las exigen\u00adcias de la justicia, para no dar como ayuda de caridad lo que se debe dar por raz\u00f3n de justicia; suprimirlas causas y no s\u00f3lo los efectos de los males y organizar los auxilios de tal forma que quie\u00adnes los reciben se vayan liberando progresivamente de la dependen\u00adcia externa y se vayan bastando por s\u00ed mismos\u00bb <\/em>(AA, n. 8).<\/p>\n<p>Las ra\u00edces \u00faltimas de una unidad que debe ser la plataforma de apoyo de toda coordinaci\u00f3n son tambi\u00e9n comunes y nos las expre\u00adsa san Pablo:<\/p>\n<p><em>\u2039\u2039En consecuencia, un favor os pido, yo, el prisionero por el Se\u00ad\u00f1or: que viv\u00e1is a la altura del llamamiento que hab\u00e9is recibido; sed de lo m\u00e1s humilde y sencillo, sed pacientes y conllevaos unos a otros con amor. Esforzaos por mantener la unidad que crea el Es\u00adp\u00edritu, estrech\u00e1ndola con la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Es\u00adp\u00edritu, como una tambi\u00e9n la esperanza que os abri\u00f3 su llamamien\u00adto; un Se\u00f1or, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, que est\u00e1 sobre todos, a trav\u00e9s de todos y en todos. Pero cada uno he\u00admos recibido el don de la medida con que Cristo nos lo dio&#8230; Fue \u00e9l quien dio a unos como ap\u00f3stoles, a otros como profetas, a otros como evangelistas, a otros como pastores y maestros, con el fin de equipar a los consagrados para la tarea del servicio y construir el cuerpo de Cristo, hasta que todos sin excepci\u00f3n alcancemos la un\u00eddad propia de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, la madu\u00adrez del adulto, d desarrollo pleno de Cristo&#8230; Siendo aut\u00e9nticos en el amor, crezcamos en todo aspecto hacia aqu\u00e9l que es la cabeza, Cristo. De \u00e9l viene que el cuerpo entero, compacto y trabado por todas las junturas que lo alimentan, con la actividad peculiar de cada una de las partes, vaya creciendo como cuerpo, construy\u00e9ndo\u00adse \u00e9l mismo por el amor<sup>,<\/sup>&#8216; <\/em><strong>(Ef 4,1-16).<\/strong><em><\/em><\/p>\n<p>Efectivamente, no son dif\u00edciles de descubrir las bases que apo\u00adyan la necesidad de una coordinaci\u00f3n de las actividades que con\u00adcretan la acci\u00f3n caritativa y social. Pero otra cosa es llevarlas a la vida.<\/p>\n<h2>Puntos para el trabajo por grupos<\/h2>\n<p>1<strong>. Principios doctrinales que exigen la coordinaci\u00f3n:<\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong>a) <\/strong><strong>Necesidad de dar testimonio <\/strong>de amor hacia los pobres en nombre de la comunidad cristiana.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong>b) <\/strong><strong>Urge coordinar fuerzas <\/strong>para una mejor atenci\u00f3n mate\u00adrial y espiritual al necesitado, que es \u00absacramento\u00bb de Cristo.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong>c) <\/strong><strong>Un mismo amor <\/strong>ha sido infundido en nuestros cora\u00adzones.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><strong>d) <\/strong>Los Estatutos definen a C\u00e1ritas como el conjunto con\u00adfederado de las C\u00e1ritas Diocesanas, los organismos nacionales de las asociaciones e instituciones de ac\u00adci\u00f3n caritativa y social y las \u00f3rdenes e institutos reli\u00adgiosos espec\u00edficamente dedicados a la acci\u00f3n caritativa y social.<\/p>\n<p>2. <strong>Medios para lograr la coordinaci\u00f3n:<\/strong><\/p>\n<p>No es f\u00e1cil hablar de coordinaci\u00f3n y menos realizarla, pero vamos a intentar conseguirla. Para ello ofrecemos los si\u00adguientes medios:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">a) <strong>Asimilar <\/strong>los principios doctrinales expuestos anterior\u00admente.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLos pobres han sufrido m\u00e1s por falta de organizaci\u00f3n en el campo de la caridad que por falta de personas caritativas\u00bb (san Vicente de Pa\u00fal).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">b) <strong>Es preciso tambi\u00e9n la conversi\u00f3n personal e institucio\u00adnal, <\/strong>tal vez la m\u00e1s dif\u00edcil de todas las conversiones. Una conversi\u00f3n a la humildad, al anonimato, a la sen\u00adcillez, a la obediencia. Una conversi\u00f3n al amor, al amor a la Iglesia y al amor a Dios y al pr\u00f3jimo, ese amor que ha de pasar necesariamente por el amor a los enemigos y por el amor a los pobres.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">c) <strong>Poner en pr\u00e1ctica la conclusi\u00f3n de la XXXVI Asamblea General de C\u00e1ritas:<\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abConstatamos que en todas las di\u00f3cesis hay obras de caridad, caritativo-asistenciales, institucionalizadas, de inspiraci\u00f3n netamente cristiana, promovidas por per\u00adsonas entregadas al servicio de los hermanos y de la Iglesia, especialmente obras promovidas por las fami\u00adlias religiosas. Todas ellas son expresi\u00f3n de la caridad de la Iglesia local y, como tales, han de ser valoradas y aceptadas. A todas les invitamos a que, <strong>en el respeto a su carisma y dinamismo propio, se integren y coor\u00addinen <\/strong>dentro de los <strong>proyectos comunes y globales de la pastoral caritativo-social de la di\u00f3cesis.<\/strong><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Esto nos exige a todos un esfuerzo, que consideramos prioritario, de mejora de nuestras estructuras y de los cauces de di\u00e1logo y coordinaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<h2><strong>Preguntas para la reflexi\u00f3n personal o comunitaria<\/strong><\/h2>\n<ol>\n<li>\u00bfTe parece conveniente la coordinaci\u00f3n en la ac\u00adci\u00f3n caritativa y social de la Iglesia? \u00bfPor qu\u00e9?<\/li>\n<li>\u00bfQu\u00e9 dificultades encuentras en la realizaci\u00f3n de la misma?<\/li>\n<li>\u00bfQu\u00e9 medios sugieres para conseguirla a nivel diocesano y parroquial?<\/li>\n<li>\u00bfQu\u00e9 es la Asociaci\u00f3n respecto de C\u00e1ritas y vice\u00adversa?<\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No es f\u00e1cil hablar de coordinaci\u00f3n. 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