{"id":53895,"date":"2024-05-01T08:55:46","date_gmt":"2024-05-01T06:55:46","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=53895"},"modified":"2023-08-19T20:49:45","modified_gmt":"2023-08-19T18:49:45","slug":"fundamento-de-la-devocion-de-luisa-de-marillac-al-misterio-de-navidad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/fundamento-de-la-devocion-de-luisa-de-marillac-al-misterio-de-navidad\/","title":{"rendered":"Fundamento de la devoci\u00f3n de Luisa de Marillac al misterio de Navidad"},"content":{"rendered":"<p>Al principio del \u00faltimo p\u00e1rrafo de su meditaci\u00f3n sobre el \u00abNacimiento de Jes\u00fas\u00bb, Luisa de Marillac emplea la palabra \u00abEncarnaci\u00f3n\u00bb. Es la \u00fanica vez que hace uso de ella en los dos textos que acabo de estudiar. Y, sin embargo, es la palabra clave, la palabra que explica su gozo de Navidad y el camino seguido en sus meditaciones ante el pesebre o ante el Mis\u00adterio del Nacimiento del Salvador.<\/p>\n<p>Es, por lo tanto, leg\u00edtima la pregunta: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 no emplea con m\u00e1s frecuencia en los textos citados esa palabra &#8216;Encarnaci\u00f3n&#8217;?\u00bb. La raz\u00f3n es, sencillamente, la precisi\u00f3n de su esp\u00edritu y de sus conocimientos teo<sup>,<\/sup> l\u00f3gicos: hace una clara distinci\u00f3n entre la concepci\u00f3n y el nacimiento de Jes\u00fas y reserva estrictamente la palabra \u00abEncarnaci\u00f3n\u00bb para el momento y cl misterio en que la Virgen, seg\u00fan la expresi\u00f3n del Vaticano II, \u00abrecibi\u00f3 al Verbo de Dios en su alma y en su cuerpo\u00bb (LG. 53).<\/p>\n<p>La claridad de su visi\u00f3n de los dos acontecimientos \u2014concepci\u00f3n y na\u00adcimiento del Salvador\u2014 lleva a Luisa de Marillac a atribuir una importan\u00adcia mayor al misterio propiamente de la \u00abEncarnaci\u00f3n\u00bb que al del \u00abNa\u00adcimiento\u00bb o Natividad. Sin duda, no lo dice expresamente, pero lo deja entrever a trav\u00e9s de sus escritos acerca de las fiestas de la Anunciaci\u00f3n y de la Natividad de Jes\u00fas. La lectura de los mismos desemboca en tina conclusi\u00f3n muy clara: la riqueza de sus meditaciones ante el pesebre y la alegr\u00eda con que la hace vibrar la celebraci\u00f3n del aniversario del Naci\u00admiento de Jes\u00fas tienen su fuente en su fe y en su contemplaci\u00f3n del Misterio de la Encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por eso, la idea que pudi\u00e9ramos hacernos de Luisa de Marillac cuando la vemos en actitud de adoraci\u00f3n ante el pesebre, podr\u00eda ser incompleta si no la escuch\u00e1ramos hablarnos del misterio de la Encarnaci\u00f3n propia\u00admente dicho. Su alma se vuelca y su fe se expresa en las p\u00e1ginas que titula \u00abMisterio de la Encarnaci\u00f3n\u00bb, \u00abAnunciaci\u00f3n de la Virgen\u00bb y \u00abEstado de Jesucristo en el seno de la Virgen\u00bb (Escritos, ed. fr. pp. 801-806; Casta\u00f1ares, III, pp. 171-176).<\/p>\n<h2><strong>1.\u00b0 Una fe vibrante<\/strong><\/h2>\n<p>De estos textos, los dos primeros me parecen m\u00e1s especialmente ade\u00adcuados para hacernos percibir c\u00f3mo vibraba el alma de Luisa ante el Misterio que inaugura la obra de la Redenci\u00f3n universal.<\/p>\n<p><em>El tono solemne de su estilo, <\/em>cosa que no es habitual en la Funda\u00addora, nos obliga a descubrir cu\u00e1nto la motiva el proyecto divino y ese primer minuto de la entrada del Verbo de Dios en la Historia humana. Empieza de esta forma la p\u00e1gina sobre el \u00abMisterio de la Encarnaci\u00f3n\u00bb (id. p. 801; C. III, 171):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEl hombre que hab\u00eda sido creado por la omnipotente mano de <\/em><em>Dios a su imagen y semejanza, se hab\u00eda desfigurado a s\u00ed mismo por <\/em><em>el mal uso que hab\u00eda hecho de su parte m\u00e1s noble que es la libertad <\/em><em>de <sup>,<\/sup>su voluntad, y Dios, que no lo hab\u00eda creado para perderlo, le <\/em><em>promete enviar a su Hijo para merecerle misericordia.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>La solemnidad reside, por una parte, en la dimensi\u00f3n de la frase, pero es cierto que su extensi\u00f3n se la impone a Luisa en cierto modo la gravedad de las ideas que expresa y en las que percibe el v\u00ednculo y unidad que las ensamblan entre s\u00ed: la creaci\u00f3n del hombre y la omnipotencia del Creador; la semejanza divina impresa en el ser humano y su desfiguraci\u00f3n por el pecado; la voluntad salv\u00edfica de Dios y su proyecto misericordioso de enviar a su Hijo a la Humanidad.<\/p>\n<p>La misma solemnidad vuelve a encontrarse unas l\u00edneas m\u00e1s abajo: <em>\u00abDespu\u00e9s de los siglos que la longanimidad divina hab\u00eda dispuesto <\/em><em>dejar transcurrir, quiso Dios manifestar al hombre la fidelidad de <\/em><em>sus promesas, y su Hijo que es la Sabidur\u00eda eterna, tom\u00f3 carne hu\u00ad<\/em><em>mana para hacer que la imagen de Dios, borrada en el hombre por <\/em><em>el pecado, quedase ventajosamente reparada por ese medio de gra\u00ad<\/em><em>cia y amor.\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>Lirismo: <\/em>Bajo esa majestad de la frase, se percibe el ardor de la fe de Luisa, al mismo tiempo que el inmenso respeto con el que rodea las sublimes verdades que est\u00e1 evocando. Es como un fuego, un rescoldo escondido que va a estallar, que estalla de hecho en las exclamaciones que entretejen de lirismo esas p\u00e1ginas de contemplaci\u00f3n. Por ejemplo, a continuaci\u00f3n de la frase que acabamos de citar:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00a1Oh efecto de una bondad infinita!, \u00a1que un Dios, en cierto modo, <\/em><em>no pueda o no quiera estar nunca separado del hombre!\u00bb<\/em><\/p>\n<p>M\u00e1s patente es todav\u00eda ese lirismo cuando Luisa se refiere a la Anun\u00adciaci\u00f3n de la Virgen (Ibid. p. 802; C. III, 172):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00a1Oh amor admirable! En la creaci\u00f3n hicisteis un hombre que con <\/em><em>su consentimiento voluntario perdi\u00f3 a toda la naturaleza humana; <\/em><em>y queriendo restablecerla en gracia, por el camino de la redenci\u00f3n, <\/em><em>pedisteis el consentimiento de Mar\u00eda para engendrar al Hombre-Dios, <\/em><em>haciendo que Dios se hiciese hombre. \u00a1Oh hombre! \u00a1c\u00f3mo queda <\/em><em>realzada tu bajeza! \u00a1oh debilidad humana! \u00a1qu\u00e9 poderosa eres! \u00a1Oh <\/em><em>Dios!, \u00a1qu\u00e9 inescrutables son vuestros secretos! \u00a1Nadie os pudo dar <\/em><em>consejo fuera de Vos mismo para poner en ejecuci\u00f3n tan poderoso <\/em><em>amor!\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Otros muchos pasajes est\u00e1n as\u00ed tambi\u00e9n transidos de expresiones l\u00ed\u00adricas. La abundancia de las mismas prueba de qu\u00e9 manera palpa Luisa la grandeza de las verdades que est\u00e1n alimentando su meditaci\u00f3n.<\/p>\n<h2><strong>2.\u00b0 La encarnaci\u00f3n, obra de amor<\/strong><\/h2>\n<p>Hemos dicho que esa vibraci\u00f3n de Luisa proviene de su sensibilidad natural iluminada por la fe; pero procede tambi\u00e9n y sobre todo de su inteligencia sumida en la claridad, en las luces de esa misma fe. \u00a1Qu\u00e9 bien comprende el motivo a la vez que la finalidad de la Encarnaci\u00f3n!:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEsta obligaci\u00f3n por la que Dios se compromete con el hombre au\u00ad<\/em><em>ment\u00f3 por s\u00ed misma el amor que el Todopoderoso ten\u00eda a su crea\u00ad<\/em><em>tura, &#8216;no con relaci\u00f3n a Dios que no puede aumentar ni disminuir <\/em><em>jam\u00e1s ninguno de sus atributos, sino con relaci\u00f3n al hombre al <\/em><em>que esa uni\u00f3n de la divinidad con su humana naturaleza, en el proyecto de Dios, le hizo m\u00e1s amable a su divinidad\u00bb <\/em>(id. p. 801. C. 171).<\/p>\n<p>La Encarnaci\u00f3n se le representa a Luisa como una obra de amor, y en la irradiaci\u00f3n de esta verdad fundamental, contempla la acci\u00f3n de cada uno de los actores de este Misterio.<\/p>\n<p>Primero, Dios mismo. Percibe el Amor del que da prueba al crear al hombre, y m\u00e1s a\u00fan en su voluntad de enviar a su Hijo en persona para restituir al hombre en la senda de la verdadera felicidad. El pasaje ante\u00adriormente citado lo afirma con elocuencia. Por lo dem\u00e1s, \u00e9sta es la idea que subyace en todas estas p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>Ser\u00eda de lamentar el no destacar aqu\u00ed que la meditaci\u00f3n de Luisa de Marillac tiene un aspecto trinitario; lo comprobaremos mejor leyendo lo que escribe acerca de la intervenci\u00f3n de la Sant\u00edsima Trinidad en la En\u00adcarnaci\u00f3n, cuando medita en el \u00abEstado de Jesucristo en el seno de su Madre\u00bb. Pero c\u00f3mo no citar ahora lo que dice (p. 893; C. III, 249) en una de sus reflexiones sobre el Esp\u00edritu Santo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEl designio de la Sant\u00edsima Trinidad desde la creaci\u00f3n era que <\/em><em>el Verbo se encarnase para elevar al hombre a la excelencia del ser <\/em><em>que Dios quer\u00eda darle por la uni\u00f3n eterna que quer\u00eda tener con \u00e9l, <\/em><em>lo que es la m\u00e1s admirable de las operaciones exteriores de Dios.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Luisa de Marillac capta aspectos particulares del amor de ese Dios, tal como el que \u00aben cierto modo, no pueda o no quiera estar nunca separado del hombre\u00bb. Es entonces cuando se detiene a considerar la manera de que Dios se va a servir para realizar la Encarnaci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abPod\u00edais, oh Todopoderoso, sin el consenso de la creatura, formar un cuerpo humano, y ya de por s\u00ed habr\u00eda sido esto un efecto de <\/em><em>vuestro portentoso poder; pero quisisteis actuar milagrosamente y <\/em><em>serviros de la naturaleza humana en la persona de una Virgen, no <\/em><em>desde\u00f1ando nuestra bajeza, \u00a1Vos, grandeza infinita! Lo que nos hace <\/em><em>ver que el designio de Dios era verdaderamente la uni\u00f3n \u00edntima de <\/em><em>nuestra naturaleza con su divinidad, uni\u00f3n a la que el pecado se <\/em><em>opon\u00eda\u00bb <\/em>(p. 801-802; C. III, 172).<\/p>\n<p>Antes de dirigir la mirada a la que iba a aportar su colaboraci\u00f3n hu\u00admana al Todopoderoso, Santa Luisa se maravilla ante otro proceder que pone de manifiesto la delicadeza divina:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abQueriendo dar a conocer la grandeza de su obra en el hombre, <\/em><em>Dios se coloca en cierto modo en plano de igualdad con \u00e9l, enviando <\/em><em>un Arc\u00e1ngel como embajador a su d\u00e9bil creatura para saber si ella <\/em><em>quer\u00eda contribuir a esta uni\u00f3n.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Y esta forma de actuar de Dios pro\u00advoca la admiraci\u00f3n de Luisa, cuya pluma prodiga con tal motivo las frases admi\u00adrativas que antes hemos citado: \u00ab\u00a1Oh admirable amor! en la creaci\u00f3n hicisteis un hombre&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>A partir de este momento, Luisa de Marillac sigue al Arc\u00e1ngel en el cumpli\u00admiento de su embajada; le escucha en su saludo a la doncella de Nazaret y des\u00adpu\u00e9s de hab\u00e9rselo repetido en lat\u00edn <em>y <\/em>en franc\u00e9s exclama:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00a1Palabras admirables! Nunca se le dir\u00e1n a nadie sino a Vos, oh <\/em><em>Virgen Sant\u00edsima, en quien habita la plenitud de la gracia como una consecuencia l\u00f3gica del designio de Dios sobre Vos\u00bb <\/em>(p. 802; C. III, 173).<\/p>\n<p>Del papel del Arc\u00e1ngel en este acontecimiento, Luisa saca varias lec\u00adciones, pues su admiraci\u00f3n por la delicadeza del amor de Dios experimenta la necesidad de descender a lo concreto:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLa elecci\u00f3n que. Dios hace de una creatura para enviar una em\u00ad<\/em><em>bajada a la Virgen acerca del cumplimiento de la Encarnaci\u00f3n de <\/em><em>su Hijo, me hace comprender que no podemos contentarnos con <\/em><em>hacer el bien a los dem\u00e1s o con procur\u00e1rselo por otro medio, sino <\/em><em>que hemos de hacerlo de manera suave, proponiendo las cosas que <\/em><em>haya que hacer, pero dejando a las personas en libertad\u00bb <\/em>(p. 803; C. III, 174).<\/p>\n<p>Saca, pues, dos lecciones relacionadas con el pr\u00f3jimo: \u00abHacer el bien a los dem\u00e1s\u00bb. El amor de Dios hacia los hombres reclama como respuesta el amor de los hombres hacia sus semejantes. Pero esto no basta: es ne\u00adcesario cuidar de que en este servicio a los dem\u00e1s se d\u00e9 el respeto a las personas, el respeto a su libertad.<\/p>\n<p>De este modo, la Encarnaci\u00f3n, obra del amor de Dios hacia la huma\u00adnidad, convida a \u00e9sta a implantar un amor pr\u00e1ctico hacia los hombres que la constituyen.<\/p>\n<h2><strong>3.\u00b0 La Sant\u00edsima Virgen<\/strong><\/h2>\n<p>La meditaci\u00f3n de Luisa de Marillac se detiene evidentemente de una manera especial en Aquella a quien el Todopoderoso, por medio del Angel, propone ser la Madre de Dios hecho Hombre. Y Luisa va siguiendo, se\u00adgundo a segundo, el desarrollo del acontecimiento m\u00e1s extraordinario de la Historia universal.<\/p>\n<p>Considera la lucha que se entabla en el alma de Mar\u00eda despu\u00e9s de haber o\u00eddo el mensaje de que es portador el Angel. Duelo entre dos fidelidades a Dios: la fidelidad a la virginidad prometida y la fidelidad al deseo divino que se le acaba de expresar. Y entonces, Luisa se dirige directamente a la hero\u00edna de esta lucha:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abPreciso es, Sant\u00edsima Virgen, dar una respuesta. Y \u00bfc\u00f3mo ibais a <\/em><em>aceptar la proposici\u00f3n del Angel? No pod\u00edais faltar a la fidelidad prometida a Dios a quien hab\u00edais consagrado vuestra virginidad; y <\/em><em>por otra parte, tampoco era <\/em>razonable <em>que, habi\u00e9ndoos escogido Dios <\/em><em>para cumplir la promesa hecha por su bondad al hombre de darle su <\/em><em>Hijo, le fuerais infiel\u00bb <\/em>(&#8216;p. 802; C. III 173).<\/p>\n<p>Entre las impresiones que suscita este texto, no podemos dejar de ob\u00adservar \u00e9sta: Luisa que es y se muestra tan \u00abrazonable\u00bb parece decir a la jovencita de Nazaret: &#8216;tienes que aceptar, porque el bien general (la rea\u00adlizaci\u00f3n de la Redenci\u00f3n prometida por Dios) pasa por encima del bien particular&#8217; (tu virginidad).<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 va a pensar Luisa de Marillac cuando el drama interior de Mar\u00eda llegue. .a su desenlace al pronunciar las palabras de aceptaci\u00f3n: \u00abHe aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or, h\u00e1gase en mi seg\u00fan tu palabra\u00bb? La alegr\u00eda y el en\u00adtusiasmo brotan de su coraz\u00f3n y de su mente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00a1Oh palabras todopoderosas, va que se pronuncian por voluntad de <\/em><em>Dios que las hace eficaces!\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Tranquilizada acerca de la autenticidad del mensaje divino que se le acaba de transmitir, la Virgen pronuncia las palabras que le inspira su 1<sup>&#8211;<\/sup>espeto a la Voluntad de Dios, y esas palabras son \u00abtodopoderosas\u00bb y \u00abefi\u00adcaces\u00bb, porque la libre sumisi\u00f3n de Mar\u00eda hace posible la Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios.<\/p>\n<p>Sin embargo, antes de ponerse de cara al instante mismo en que \u2039\u00bfEl Verbo se hizo carne\u00bb, Luisa se detiene a considerar la virtud que en ese momento ejercita la que se convierte en Madre de Dios, es decir, humildad:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEsas palabras (he <\/em>aqu\u00ed la esclava&#8230;), <em>oh digna Madre, nos dan a <\/em><em>conocer la s\u00f3lida humildad de vuestra alma, en la que qued\u00f3 infusa junto con el conocimiento de Dios y el de vuestro ser sometido a su omnipotencia.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Observemos de pasada la fuente que Luisa de Marillac atribuye a la hu\u00admildad, esa virtud en cuya pr\u00e1ctica se empe\u00f1\u00f3 toda su vida y trat\u00f3 de ense\u00f1ar: el conocimiento de la grandeza de Dios, por una parte y, por otra, el estado de dependencia de la creatura con relaci\u00f3n a su Creador.<\/p>\n<p>La contemplaci\u00f3n de la humildad de Mar\u00eda en el instante en que se oper\u00f3 en ella la uni\u00f3n de Dios con la Humanidad, inspira a Luisa una pa\u00adr\u00e1frasis del Magnificat:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abSacrat\u00edsima Virgen vuestra humildad cede el paso a la verdad, por\u00ad<\/em><em>que, al abatiros con estas palabras &#8216;he aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or&#8230;&#8217;, <\/em><em>os engrandece haci\u00e9ndoos aparecer en verdad Corno la \u00fanica &#8216;sierva <\/em><em>del Alt\u00edsimo que, no habiendo &#8216;necesitado nunca a nadie, os hace sin <\/em><em>embargo, conocer a vos que le sois necesaria para su designio. \u00a1Oh <\/em><em>admirable sierva del Se\u00f1or, que pronuncias para cooperar al Mis\u00ad<\/em><em>terio de la Encarnaci\u00f3n la palabra &#8216;Fiat&#8217; de la que Dios se sirvi\u00f3 <\/em><em>en la creaci\u00f3n!\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Pero despu\u00e9s de esa, podr\u00edamos decir, preparaci\u00f3n que se ha dado a s\u00ed misma maravill\u00e1ndose ante el &#8216;Fiat&#8217; de la Virgen, Luisa considera y hasta saborea las consecuencias de aquella palabra:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abConsidera, alma m\u00eda, el efecto de esta palabra &#8216;Fiat&#8217;. \u00bfPod\u00e9is sos\u00ad<\/em><em>tener su peso, Virgen Sant\u00edsima? Si las palabras del Angel os produ\u00ad<\/em><em>jeron tanta sorpresa, \u00bfqu\u00e9 fue cuando el Verbo se hizo carne, al <\/em><em>instante mismo, en vuestras castas entra\u00f1as? \u00a1Oh maravilla de mara\u00ad<\/em><em>villas! \u00a1ni el mundo, ni cien mil mundos podr\u00edan contener al autor <\/em><em>de este misterio, y Mar\u00eda lo lleva en su seno! \u00bfEs posible, Sant\u00edsima <\/em><em>Virgen, que vuestra alma no quedara extasiada en el acontecer de <\/em><em>esta admirable operaci\u00f3n? Ello habr\u00eda sido imposible sin una comu\u00ad<\/em><em>nicaci\u00f3n especial de la Divinidad que os abismaba en el <sub>.<\/sub>verdadero <\/em><em>amor, al haceros recibir tal dignidad por el Amor mismo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Indudablemente se trata del bello lenguaje de la Fe. Pero, junto a la cristiana, \u00bfno descubrimos tambi\u00e9n al alma tan naturalmente maternal de Luisa de Marillac, que se estremece al contemplar a la Mujer en la que el Verbo tom\u00f3 carne?<\/p>\n<h2><strong>4.\u00b0 \u00abEstado de Jesucristo en el seno de su madre\u00bb<\/strong><\/h2>\n<p>Por haber vivido perso\u00adnalmente de manera tan profunda los gozos y los dolores de la maternidad, Luisa de Marillac qued\u00f3 conquistada por la devo\u00adci\u00f3n a Jes\u00fas viviente en el seno de Mar\u00eda. En el siglo xvii, diferentes maestros es\u00adpirituales escribieron bellos textos sobre los estados del Verbo Encarnado, autores a los que sin duda ley\u00f3 la Fundadora de las Hijas de la Caridad. Es posible que no los hubiera saboreado tan intensamente y que no hubiera escrito ella misma esas dos p\u00e1ginas tan ricas y c\u00e1lidas que encontramos en sus escritos (p\u00e1gi\u00adnas 805-806; C. III, p. 175), si, en ella, la madre no hubiera inspirado a la cristiana.<\/p>\n<p>Veamos, por ejemplo, c\u00f3mo medita la madre:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 diferencia, Jes\u00fas, amor m\u00edo, entre vuestro estado de encerra\u00ad<\/em><em>miento v el de los otros ni\u00f1os que disminuyen en sus madres las fuer\u00ad<\/em><em>zas y el \u00e1nima, infundi\u00e9ndoles mil temores! Muy de otra manera <\/em><em>sucede en Vos, Virgen Sant\u00edsima, vuestro coraz\u00f3n y vuestro cuerpo se <\/em><em>ven a la vez fortalecidos; pero sois la \u00fanica en conocer las causas y ex\u00ad<\/em><em>perimentar su suavidad. A nosotros nos prueba que es la vida de <\/em><em>Jes\u00fas en Vos, el que Vos sola pod\u00e9is decir en verdad: Vivo yo, mas ya <\/em><em>no yo, sino Jes\u00fas en m\u00ed.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Las \u00faltimas l\u00edneas de este p\u00e1rrafo constituyen la l\u00f3gica transici\u00f3n entre la reflexi\u00f3n del coraz\u00f3n maternal de Luisa y su meditaci\u00f3n como cristiana. Esta \u00faltima es la que se abre y florece en una riqueza extraordinaria de pensamiento. Nos lo muestra la continuaci\u00f3n del p\u00e1rrafo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab&#8230; Permitid a mi coraz\u00f3n que quisiera consumirse de amor por el <\/em><em>Hijo y la Madre, permitidle, Ni\u00f1o Dios, que os pregunte qu\u00e9 hac\u00e9is <\/em><em>en ese estado en el que sin dejar de ser Dios con el Padre y el Esp\u00ed\u00ad<\/em><em>ritu Santo, s\u00f3lo Vos est\u00e1is personalmente unido a nuestra naturaleza. <\/em><em>Est\u00e1is ah\u00ed <\/em>operando el principio de todos los misterios de nuestra Redenci\u00f3n. <em>Est\u00e1is ah\u00ed reparando con la santidad de vuestra concep\u00ad<\/em><em>ci\u00f3n la corrupci\u00f3n del pecado que los hombres contrajeron en sus <\/em><em>or\u00edgenes. Mientras tanto, vuestro cuerpecito va creciendo y robuste\u00ad<\/em><em>ci\u00e9ndose para poder realizar cumplidamente los fines de vuestra En\u00ad<\/em><em>carnaci\u00f3n y llevar en este inundo una vida que sirva de modelo. Y <\/em><em>como desde el primer instante de vuestra existencia ten\u00e9is pleno uso <\/em><em>de raz\u00f3n, conoc\u00e9is la dicha de estar tan estrechamente unido con la <\/em><em>divinidad por lo que le tribut\u00e1is los homenajes que le deb\u00e9is.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Y <em>como, adem\u00e1s, nada ignor\u00e1is de cuanto puede agradar a Dios y co\u00adnoc\u00e9is bien sus designios sobre vuestra Encarnaci\u00f3n, los acept\u00e1is con <\/em><em>entera voluntad y os ofrec\u00e9is y entreg\u00e1is totalmente a Dios para pa\u00ad<\/em><em>decer y obrar en todo como mejor le plazca. \u00a1Bendito se\u00e1is para <\/em><em>siempre, Se\u00f1or, por este conocimiento que vuestra bondad se digna <\/em><em>comunicarme, y haced que mi voluntad est\u00e9 siempre unida a la <\/em><em>vuestra!\u00bb&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Sin hablar de su solidez doctrinal, este pasaje indica con toda claridad la raz\u00f3n profunda de la devoci\u00f3n de Luisa de Marillac a la Encarnaci\u00f3n: en este misterio ve, como ella misma lo dice, \u00abel principio de todos los misterios de nuestra Redenci\u00f3n\u00bb. Por la armon\u00eda especial que se da entre la uni\u00f3n de Dios con la naturaleza humana, por una parte, y, por otra, su vocaci\u00f3n maternal iluminada por su ardiente fe en el amor de Dios, Luisa de Marillac ama profundamente este Misterio de la Encarnaci\u00f3n. Ante la cuna de Bel\u00e9n, se arrodillan fundidos su esp\u00edritu de cristiana y su coraz\u00f3n de madre.<\/p>\n<p>Pero la devoci\u00f3n de Luisa no es \u00abtemporera\u00bb: no la vive s\u00f3lo en el tiem\u00adpo de Navidad, sino a lo largo de todo el a\u00f1o, a lo largo de toda su vida.<\/p>\n<p>Prueba de ello son algunas de sus pr\u00e1cticas de piedad. Por ejemplo, en su \u00abReglamento de vida en el mundo\u00bb, que redact\u00f3 poco despu\u00e9s de quedar\u00adse viuda, anota:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abA las doce en punto, har\u00e9 medio cuarto de hora de oraci\u00f3n para <\/em><em>honrar el instante de la Encarnaci\u00f3n del Verbo en el seno de la <\/em><em>Virgen\u00bb (Id. <\/em>p. 888; Cast. III, 243).<\/p>\n<p>Y un poco m\u00e1s adelante:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEl d\u00eda en que caiga la fiesta de Navidad, en tal d\u00eda de la semana, <\/em><em>rezar\u00e9 durante todo el a\u00f1o, el himno \u00abJesu nostri Redemptor&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>La devoci\u00f3n al Misterio de la Encarnaci\u00f3n inspira a Luisa de Marillac una pr\u00e1ctica bastante original, que ella denomina \u00abel rosarito\u00bb. La inici\u00f3 en 1648, despu\u00e9s de haber solicitado el permiso del Sr. Vicente. Dicho rosarito constaba de nueve cuentas gruesas y tres peque\u00f1as. En una carta de mayo de 1651 a su Padre espiritual, le explica:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abTiene por objeto honrar la vida oculta de Nuestro Se\u00f1or en su es\u00ad<\/em><em>tado de encerramiento en el seno de la Sant\u00edsima Virgen y felicitarla <\/em><em>a Ella por la dicha que tuvo durante aquellos nueve meses; las tres <\/em><em>cuentas peque\u00f1as son para saludarla con sus hermosos t\u00edtulos de <\/em><em>Hija del Padre, Madre del Hijo, y Esposa del Esp\u00edritu Santo\u00bb <\/em>(carta n\u00fam. 303 bis).<\/p>\n<p>Luisa hubiera querido transmitir esta pr\u00e1ctica a las Hijas de la Caridad como herencia despu\u00e9s de su muerte; pero San Vicente no le dio autorizaci\u00f3n para hacerlo. La herencia que leg\u00f3 a sus hijas es algo mejor: el ejem\u00adplo de su amor por la vida oculta, la pr\u00e1ctica de la humildad, su sentido de la pobreza. Virtudes todas ellas que sac\u00f3 de su contemplaci\u00f3n de \u00abJes\u00fas reci\u00e9n nacido\u00bb y de Jes\u00fas en su vida oculta.<\/p>\n<p>Ser\u00eda provechoso leer y meditar cuanto ha dejado escrito sobre estos te\u00admas: por ejemplo, las p\u00e1ginas 880-181; 896-897, 905-906 (de la edici\u00f3n francesa de sus escritos \u2014 Cast. III, p. 236-37, 234-35, 261-62). Ser\u00eda tambi\u00e9n necesario recordar con qu\u00e9 alegr\u00eda celebraba todos los a\u00f1os la fiesta de la Anunciaci\u00f3n, sobre todo a partir del 25 de marzo de 1642 d\u00eda en que cinco Hijas de la Caridad pronunciaron los Votos por primera vez. El aniversario del d\u00eda en que el Verbo de Dios tom\u00f3 carne humana se convierte para ella en \u00abnuestra amada fiesta de la Anunciaci\u00f3n\u00bb (carta del 24 de marzo de 1646, a San Vicente), \u00abnuestra gran fiesta\u00bb (carta del 4 de abril de 1655). Es que la entrega total en pobreza, castidad y obediencia, hecha y renovada en la fiesta de la Anunciaci\u00f3n, le parece la mejor respuesta humana que pueda darse a la generosidad divina manifestada en la Encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta descripci\u00f3n de la actitud espiritual permanente de Luisa <em>de <\/em>Mari\u00adllac ante el misterio del Verbo Encarnado ser\u00eda del todo incompleta, si no se subrayara la vinculaci\u00f3n que ella percibe \u2014muy acertadamente, por supuesto\u2014 entre la Encarnaci\u00f3n y la Eucarist\u00eda. En sus consideraciones sobre \u00abLa Sant\u00edsima Eucarist\u00eda\u00bb (p. 828-31 \u2014 Cast. III, p. 195), escribe as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abHab\u00eda tomado cuerpo humano en el vientre de la Sant\u00edsima Virgen <\/em><em>con una inocencia m\u00e1s perfecta que la del primer hombre, con lo que <\/em><em>ya hubiera podido satisfacer a la Justicia Divina por la desobediencia <\/em><em>de nuestros primeros padres, y darnos a conocer la verdad de Dios <\/em><em>en estas palabras: &#8216;Mis delicias son estar con los hijos de los hombres!&#8217; <\/em><em>Sin embargo, su inmenso amor por nosotros no se content\u00f3 con esto, <\/em><em>sino que queriendo unirse inseparablemente con cada hombre, lo <\/em><em>consigui\u00f3 despu\u00e9s de la Encarnaci\u00f3n con la admirable invenci\u00f3n del Sant\u00edsimo Sacramento del Altar, en el cual habita con la plenitud de la divinidad&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Es, pues, f\u00e1cil de comprender que, para la Fundadora de las Hijas de la Caridad, el sagrario <em>y <\/em>el altar eran m\u00e1s atrayentes que el pesebre, por significativa que fuera su representaci\u00f3n. A trav\u00e9s de la Misa, de la comu\u00adni\u00f3n, de la visita al Sant\u00edsimo Sacramento, viv\u00eda mejor el ambiente de Nazaret, donde el Verbo tom\u00f3 carne, y el de Bel\u00e9n, donde naci\u00f3.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al principio del \u00faltimo p\u00e1rrafo de su meditaci\u00f3n sobre el \u00abNacimiento de Jes\u00fas\u00bb, Luisa de Marillac emplea la palabra \u00abEncarnaci\u00f3n\u00bb. 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