{"id":53625,"date":"2019-07-27T08:45:35","date_gmt":"2019-07-27T06:45:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/10\/vicente-de-paul-historia-de-un-buen-samaritano\/"},"modified":"2019-06-07T09:18:57","modified_gmt":"2019-06-07T07:18:57","slug":"vicente-de-paul-historia-de-un-buen-samaritano","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-historia-de-un-buen-samaritano\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal: historia de un buen samaritano"},"content":{"rendered":"<p style=\"padding-left: 60px\"><em>\u2014Pero la caridad, se\u00f1or Canciller, consiste en ayudar a los pobres a recuperar su dignidad de hombres.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px\"><em>\u2014\u00a1La caridad! Es la que vos hab\u00e9is inventado, se\u00f1or Vi\u00adcente. Antes no era m\u00e1s que una virtud, era perfecta. Un serm\u00f3n, una lagrimita, una moneda de la bolsa y todo el mundo estaba tranquilo. Vos hab\u00e9is sido un visionario&#8230; Antes tambi\u00e9n hab\u00eda pobres <\/em>y <em>no perturbaban el sue\u00f1o de las personas decentes, Ahora est\u00e1n en todas partes; se creer\u00eda que los fabric\u00e1is vos.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px\"><em>(Di\u00e1logo entre Vicente de Pa\u00fal y el Canciller Seguier, en la pel\u00edcula \u00abMonsieur Vincent\u00bb, Par\u00eds, 1947).<\/em><\/p>\n<p><em>Aseguran los historiadores que los sencillos le adoraban, los grandes le consultaban, los maestros de vida espiritual le ten\u00edan por un \u00abhombre prudente\u00bb, los partidos le discut\u00edan sin que ninguno de ellos consiguiera tenerle entre sus parti\u00addarios, los revolucionarios y ateos le llamaban \u00absu santo\u00bb. El sol\u00eda apelar a sus ra\u00edces y repet\u00eda: \u00abSoy hijo de un pobre labrador, y he vivido en el campo hasta la edad de quince a\u00f1os\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Se llamaba Vicente de Pa\u00fal. Naci\u00f3 el 24 de abril de 1581, en el caser\u00edo de Ranquines, a cinco kil\u00f3metros de Da.; en el suroeste franc\u00e9s. Hoy, despu\u00e9s de cuatrocientos a\u00f1os, sigue siendo un coraz\u00f3n abierto al mundo y un profeta actual.<\/em><\/p>\n<p><em>Este peque\u00f1o gasc\u00f3n se ha dejado retratar, con cierta iro\u00adn\u00eda, desde las m\u00e1s variadas perspectivas. Le han querido encasillar en los m\u00e1s contradictorios moldes: desde el ange\u00adlismo piadoso hasta la subversi\u00f3n radical. Incluso le han intentado domesticar en la agridulce comodidad del sistema. Pero siempre ha conservado su libertad y su imprevisible capacidad de sorpresa. Y todav\u00eda no ha renunciado a su figura sumamente inc\u00f3moda para nuestras conciencias.<\/em><\/p>\n<p><em>Por lo dem\u00e1s, \u00e9sta no es la historia de un hombre neu\u00adtral, pulcro y burocr\u00e1tico. Es una entra\u00f1able y humilde par\u00e1\u00adbola sobre un creyente apasionado, militante y \u00abparcial\u00bb. En definitiva, la historia de un Buen Samaritano.<\/em><\/p>\n<h2><em>En los m\u00e1rgenes de la burgues\u00eda<\/em><\/h2>\n<p>\u00abTendr\u00edamos que vendernos a nosotros mismos para sa\u00adcar a nuestros hermanos de la miseria\u00bb. \u00abSomos responsa\u00adbles si ellos, los pobres, sufren por su ignorancia; somos culpables de todo lo que sufren, si no sacrificamos toda nuestra vida para instruirlos\u00bb. \u00abNuestra herencia son los pobres\u00bb.<\/p>\n<p>Estas son tres frases, tomadas al azar, de entre las mu\u00adch\u00edsimas que nos ha dejado Vicente de Pa\u00fal en sus 8.000 p\u00e1\u00adginas. Tres frases que reflejan de alguna manera el hilo conductor de su vida comprometida. Porque cualquiera que se asome a los gestos y palabras de este luchador, se dar\u00e1 cuenta inmediatamente de algo elemental: toda la energ\u00eda, la lucidez y la entrega de Vicente tienen un norte di\u00e1fano: proclamar contra todos los opresores de este mundo la dignidad humana de todo pobre y de todo marginado; y en conse\u00adcuencia, lograr a todo precio su liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En cualquier caso, Vicente de Pa\u00fal depende de un descu\u00adbrimiento: el de los m\u00e1rgenes de nuestro peque\u00f1o mundo burgu\u00e9s, lo que queda fuera de \u00e9l. Ese submundo empedrado con todos los heridos en el camino de Jerusal\u00e9n a Jeric\u00f3. Esa Haga hist\u00f3rica que se agranda a nuestro mismo lado, sin necesidad de acudir a lejanas y tercermundistas tierras. Y un descubrimiento de las m\u00e1s sutiles estructuras burgue\u00adsas que genera, explotaci\u00f3n y abandono. Aquello que, a\u00f1os m\u00e1s tarde, dir\u00e1 su compatriota Le\u00f3n Bloy: \u00abLa alegr\u00eda y el bot\u00edn de los salteadores tiene por sustancia el dolor del pobre\u00bb.<\/p>\n<p>S\u00f3lo as\u00ed puede entenderse la opci\u00f3n radical de Vicente de Pa\u00fal. El aldabonazo que le hizo escoger el dif\u00edcil e inc\u00f3\u00admodo oficio de Buen Samaritano: formar parte de la legi\u00f3n de los que sufr\u00edan el ego\u00edsmo y la crueldad de los \u00abcumpli\u00addores\u00bb y \u00abpoderosos\u00bb. Pero no como una resignaci\u00f3n alie\u00adnante o una superstici\u00f3n milagrera, sino con el coraje del que ha comprendido que cada quejido de los pobres llena de confusi\u00f3n el coraz\u00f3n de Dios.<\/p>\n<h2><em>\u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 tu hermano?\u00bb o el drama de una elecci\u00f3n<\/em><\/h2>\n<p>Esta terrible pregunta de Yav\u00e9 ha obtenido, desde siem\u00adpre, una respuesta evasiva: \u00abYo no soy guardi\u00e1n de mi her\u00admano\u00bb. La misma respuesta que dan el sacerdote y el levita al pasar de largo ante el herido del camino. Fue tambi\u00e9n la primera respuesta de Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Y es que la experiencia de la pobreza y de los pobres en Vicente de Pa\u00fal no se puede encerrar en unas cuantas frases, por muy brillantes que resulten. Hay una evoluci\u00f3n personal y un \u00abmomento\u00bb decisivo. No es ninguna preten\u00adsi\u00f3n el afirmar que la primera etapa de Vicente de Pa\u00fal es el drama de esa pregunta b\u00edblica en busca de una respuesta afirmativa.<\/p>\n<p>Porque desde 1581 a 1617 la espeluznante miseria de la sociedad no es para Vicente nada m\u00e1s que el \u00abresultado de no saberse defender en la vida\u00bb. Los pobres no le preocu\u00adpan: los oprimidos no le angustian; los explotados no le plantean ning\u00fan problema existencial. El vive obsesionado por buscar un \u00abhonorable beneficio\u00bb. Como otros muchos gascones, que abundan y vegetan, \u00abagrupados en buhardillas, poniendo en com\u00fan su arrogancia, su penuria y su suerte\u00bb, Vicente intenta buscar fortuna. Como tant\u00edsimos cl\u00e9rigos de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Sin embargo, el aut\u00e9ntico testigo del Evangelio siempre tiene una fecha de conversi\u00f3n. La de Vicente fue larga. Entre 1613 y 1617 se agita en una \u00abnoche\u00bb de dudas, perple\u00adjidades, luces y sombras. Y el drama existencial se le pre\u00adsenta en toda su desnudez radical: o seguir pasando de largo o atender al herido; o estar con los oprimidos o apoyar a los opresores. No valen tampoco las neutralidades espiri\u00adtualistas. Esta es, precisamente, la suerte arriesgada del que se decide a ser un Buen Samaritano.<\/p>\n<p>En definitiva, los pobres no son para \u00e9l una especie de slogan, una categor\u00eda de an\u00e1lisis socio-econ\u00f3mico-pol\u00edtico o un vertedero de la piedad o de la ideolog\u00eda. Son una terrible pregunta de Dios. Y descubre plenamente lo que, siglos des\u00adpu\u00e9s, refleja el novelista Georges Bernanos: \u00abEs suficiente haber o\u00eddo bien ese clamor que no se parece al de ning\u00fan otro pueblo. Ese gemido del mujik bajo los azotes, esos gritos de la mujer apaleada, ese hipo del borracho y ese gru\u00f1ido de alegr\u00eda salvaje. Yo creo que tal miseria, una miseria que ha olvidado hasta su nombre, que ya no busca, que ya no razona, que asoma al azar su rostro hura\u00f1o, se despertar\u00e1 un d\u00eda sobre el hombro de Cristo\u00bb. Desde ese momento, la respuesta de Vicente de Pa\u00fal es taxativa y su elecci\u00f3n se cimenta en una frase de Jes\u00fas de Nazaret: \u00abCuantas veces hicisteis un servicio a uno de estos peque\u00f1ue\u00adlos, a m\u00ed me lo hicisteis\u00bb.<\/p>\n<p>A partir de aqu\u00ed nace \u00abVicente de los pobres\u00bb, el Buen Samaritano. Su primer bi\u00f3grafo, Louis Abelly, lo resume en una preciosa pincelada: \u00abEn esta situaci\u00f3n, se decidi\u00f3 un d\u00eda a tomar una resoluci\u00f3n firme e inviolable para honrar m\u00e1s a Jesucristo e imitarle m\u00e1s perfectamente de lo que hasta entonces lo hab\u00eda hecho, que fue dar toda su vida por su amor al servicio de los pobres\u00bb.<\/p>\n<h2><em>\u00abLos santos van al infierno\u00bb<\/em><\/h2>\n<p>As\u00ed se titula aquella famosa novela que Gilbert Cesbr\u00f3n escribi\u00f3 en el amanecer de los a\u00f1os cincuenta: una l\u00facida penetraci\u00f3n en la lucha de unos sacerdotes-obreros cerca del mundo del proletariado y de la marginaci\u00f3n. Y, a buen se\u00adguro, que el desaparecido escritor \u2014gran admirador de Vi\u00adcente de Pa\u00fal\u2014 tuvo en su mente la andadura vicenciana como tel\u00f3n de fondo de su novela. Porque si a alg\u00fan santo le cabe esta bajada al \u00abinfierno\u00bb de los condenados de la tierra, \u00e9se es Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>No resulta f\u00e1cil comprender hasta d\u00f3nde llegaba el aban\u00addono y la miseria de esos pobres por los que apost\u00f3 Vicente. Tal vez nos diga algo la carta que le escribi\u00f3 un sacerdote: \u00abEl hambre es tan grande que vemos a los hombres comer tierra, masticar la hierba, arrancar la corteza de los \u00e1rboles, desgarrar los miserables harapos en que est\u00e1n cubiertos para trag\u00e1rselos. Pero lo que no nos atrever\u00edamos a decir si no lo hubi\u00e9ramos visto es que da horror ver c\u00f3mo se comen sus brazos y sus manos, y mueren en esa desesperaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal se \u00abconvierte\u00bb en el momento mismo en que se inicia en Europa una larga serie de conflictos. Se ha hablado mucho del gran giro hist\u00f3rico de los a\u00f1os 1630-1650.<\/p>\n<p>Se ha insistido en las revoluciones que en estos veinte a\u00f1os tuvieron lugar en todos los terrenos: \u00abLa revoluci\u00f3n de las ideas, el nacimiento del pensamiento cient\u00edfico, el giro del pensamiento filos\u00f3fico\u00bb. Sin embargo, este per\u00edodo es tam\u00adbi\u00e9n el tiempo de las grandes calamidades para el pueblo llano. Vicente lo resumir\u00e1 en dos frases: \u00abEl pobre pueblo se muere de hambre y se condena\u00bb. \u00abLos pobres, que se mul\u00adtiplican todos los d\u00edas, que no saben a d\u00f3nde ir ni qu\u00e9 hacer, constituyen mi peso y mi dolor\u00bb.<\/p>\n<p>La Guerra de los Treinta A\u00f1os, con todos sus conflictos pol\u00edticos e ideol\u00f3gicos, se tradujo en una constante devasta\u00adci\u00f3n de la ingente masa de pobres y campesinos. El campe\u00adsino es siempre el perdedor frente a los ej\u00e9rcitos de merce\u00adnarios que invaden los campos, saquean los bienes y se apo\u00adderan de su sustento.<\/p>\n<p>Sobre una maldita trilog\u00eda compuesta por \u00abla peste, el hambre y la guerra\u00bb se levanta todo un monumento a la m\u00e1s cruel miseria f\u00edsica, ps\u00edquica y moral. Un terrible monu\u00admento apuntalado por un Gobierno instalado en la guerra y en el despilfarro. As\u00ed, la misma vida cotidiana pierde sen\u00adtido y se vuelve miseria. No es extra\u00f1o que un jansenista, Pierre Nicole, escribiera en ese tiempo: \u00abEstas gentes no piensan en casi nada m\u00e1s durante su vida que en satisfacer las necesidades de sus cuerpos, en encontrar el medio de vivir\u00bb, de subsistir, habr\u00eda que corregir, para ser m\u00e1s exactos.<\/p>\n<h2><em>El juicio de los pobres<\/em><\/h2>\n<p>Dicen las cr\u00f3nicas que el 27 de septiembre de 1660 ,curri\u00f3 algo hermoso en Par\u00eds: en cuanto se supo la noticia de la muerte de Vicente de Pa\u00fal, los mendigos m\u00e1s andra\u00adjosos de la ciudad acudieron, en multitud, para despedir a a quien hab\u00eda tomado partido por ellos.<\/p>\n<p>Y es que hay una expresi\u00f3n que Vicente repite macha\u00adconamente: \u00abLos pobres son nuestros amos y se\u00f1ores\u00bb. No es una cantinela publicitaria ni un artificio de vana espiri\u00adtualidad consoladora. Es el signo interpelante y la espuela dolorosa que gu\u00eda la aventura de Vicente hasta la entra\u00f1a misma de nuestros d\u00edas. Y, por supuesto, es la clave de la espiritualidad y de la praxis liberadora de Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p><em>Jean Anouilh, <\/em>guionista de la pel\u00edcula \u00abMonsieur Vincent\u00bb, transmite libremente, pero con fidelidad, esta idea nuclear en palabras actuales de Vicente de Pa\u00fal: \u00abLos pobres son terribles, terribles como la justicia de Dios que proclaman implacablemente. Nos enga\u00f1amos con nuestras ropas decen\u00adtes y nuestros rostros atildados; pero esos harapos, ese horror, esas enfermedades, esa desnutrici\u00f3n tras de la que asoman miradas de lobos, son de hombres, jueces duros e injustos pero a los que es preciso servir como a nuestros due\u00f1os y amarlos\u00bb. Por eso, alguien ha dicho, con toda la raz\u00f3n, que esta expresi\u00f3n es la que hace de Vicente un tes\u00adtigo actual del Evangelio y un luchador actual\u00edsimo por los derechos de los explotados en esta sociedad tan despiadada y represora como la de su tiempo.<\/p>\n<p>Cuando Vicente de Pa\u00fal repite constantemente esa frase, quiere decirnos algo muy claro: esos seres, aparentemente despreciables, sin derecho a la mirada de la sociedad alta\u00adnera, son, en realidad, grandes y nosotros sus servidores. Porque ellos, los pobres, tienen el poder de convocarnos ante el tribunal de Dios y de la sociedad. Pueden condenarnos en cada minuto, pero tambi\u00e9n tienen el poder para salvarnos. Pueden aclarar nuestra mirada miope y ense\u00f1ar\u00adnos a ver la realidad con los ojos de la \u00abjusticia de Dios\u00bb. Nos remiten, en definitiva, a lo \u00fanico esencial: el test radi\u00adcal de la identidad evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>Incluso los pobres nos perdonar\u00e1n nuestra ayuda y nues\u00adtro servicio. En la misma pel\u00edcula hay una escena que resu\u00adme todo esto. Es la escena final y puede quedar como el testamento de Vicente de Pa\u00fal a sus seguidores. El se lo transmite a una joven Hija de la Caridad: \u00abPronto ver\u00e1s que la caridad pesa mucho m\u00e1s que el caldero de la sopa y el cesto del pan, pero conserva tu dulzura y tu sonrisa. No todo consiste en dar el caldo y el pan; eso pueden hacerlo los ricos. T\u00fa eres la pobre sierva de los pobres, la Hija de la Caridad, siempre sonriente y de buen humor. Ellos son tus amos, amos terriblemente susceptibles y exigentes, as\u00ed que cuanto m\u00e1s feos y sucios sean, cuanto m\u00e1s injustos y grose\u00adros te parezcan, tanto m\u00e1s amor deber\u00e1s darles. Unicamente por tu amor, s\u00f3lo por tu amor, te perdonar\u00e1n los pobres el pan que les des\u00bb.<\/p>\n<h2><em>Con los pobres, contra la pobreza<\/em><\/h2>\n<p>Lippert sol\u00eda quejarse a Dios en t\u00e9rminos duros: \u00abTus santos han besado a los leprosos, pero nada hicieron para curar la lepra, han dado a los mendigos cuanto ten\u00edan, mas no procuraron ordenar el mundo de modo que nadie tuviera que mendigar&#8230; En cambio, los hijos de este mundo, que no veneraban tu nombre, que apenas lo conoc\u00edan, han ornado el mundo de l\u00e1mparas y ensanchado y limpiado los caminos y calles, han aliviado la miseria humana, prolongado la vida de los terr\u00edcolas, suavizando sus dolores con su arte mara\u00advilloso y con su insaciable sed de saber&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Es, sencillamente, la lucha por la justicia que, demasia\u00addas veces, hemos olvidado los cristianos. Sin embargo, Vi\u00adcente de Pa\u00fal sale ileso de esta amarga acusaci\u00f3n. El Buen Samaritano no se conforma con levantar al herido, ni si\u00adquiera con curar sus heridas: lucha y se organiza estrat\u00e9\u00adgicamente para que el caminante no vuelva a ser asaltado. No se queda en planteamientos paternalistas. El sol\u00eda decir que \u00abal socorrer a los pobres, estamos haciendo justicia y no misericordia\u00bb.<\/p>\n<p>Se ha escrito, acertadamente, que es uno de los pocos santos que han tenido sentido de las realidades econ\u00f3micas y de la eficacia organizativa. Y todav\u00eda hoy asombrar\u00e1 a muchos el completo y complejo sistema de acci\u00f3n social que despleg\u00f3. Pero a\u00fan asombrar\u00e1 mucho m\u00e1s el saber que, ya en el siglo XVII, hubo un creyente comprometido que a la asistencia y a la promoci\u00f3n a\u00f1adi\u00f3, sin vacilaciones, la denuncia del sistema opresor y el cambio de las estructuras injustas.<\/p>\n<p>En absoluto prescindi\u00f3 de la acci\u00f3n asistencial: la orga\u00adniz\u00f3 escrupulosamente. Dio suma importancia a la acci\u00f3n promocional, y su pensamiento es tajante: \u00abNo hay que asis\u00adtir m\u00e1s que a aquellos que no pueden trabajar ni buscar su sustento, y que estar\u00edan en peligro de morir de hambre si no se les socorre. En efecto, apenas tenga alguno fuerzas para trabajar, habr\u00e1 que comprarle algunos utensilios conformes con su profesi\u00f3n, pero sin darle nada m\u00e1s. Las limosnas no son para los que pueden trabajar, sino para los pobres enfer\u00admos, los hu\u00e9rfanos o los ancianos\u00bb. Y esta caridad organi\u00adzada, socializada, inventiva, creadora de justicia adquiere en \u00e9l una dimensi\u00f3n pol\u00edtica, en raz\u00f3n de las exigencias de la fe.<\/p>\n<p>Su lema, repetido hasta la saciedad, de \u00abpasar del amor afectivo al amor efectivo\u00bb no le deja ninguna escapatoria posible. La urgencia de la pobreza desoladora y cruel le impone ahondar en la profundidad de la miseria, oponerse a sus causas y buscar a las personas que trabajen en redu\u00adcirla. Comprende que s\u00f3lo un cambio estructural impedir\u00e1 sepultar vivos a los seres que todav\u00eda respiran.<\/p>\n<p>As\u00ed se entienden sus denuncias prof\u00e9ticas y su oposici\u00f3n pol\u00edtica. As\u00ed se explica que se entrevistase con Richelieu para pedirle abiertamente el cese de la guerra; que se opusiera p\u00fablicamente, casi con agresividad, al cardenal Mazarino en 1649; que permaneciera exiliado de Par\u00eds durante cinco me\u00adses; que apelase al Papa Inocencio X para que interviniese en favor d\u00e9 la paz durante la \u00abFronda de los pr\u00edncipes\u00bb; que pidiese la dimisi\u00f3n del poderoso Mazarino; que sus interven\u00adciones pol\u00edticas fueran, corno \u00e9l mismo dice, \u00abun peque\u00f1o servicio a Dios y al bien del pueblo\u00bb.<\/p>\n<p>Estas actuaciones, complejas y arriesgadas, son revela\u00addoras de la solicitud de Vicente de Pa\u00fal por \u00abhacer efectivo el Evangelio\u00bb, por realizar el \u00abReino de Dios y su justicia\u00bb. Y pone en evidencia las condiciones de la verdadera fe: la construcci\u00f3n de un mundo en el que todo hombre tenga la posibilidad de alimentarse, de trabajar y de vivir.<\/p>\n<h2><em>La liberaci\u00f3n integral<\/em><\/h2>\n<p>Hoy ser\u00eda la mejor traducci\u00f3n de la actitud evangeliza\u00addora de Vicente. El dec\u00eda a sus misioneros: \u00abSi hay algunos entre vosotros que crean que est\u00e1n en la misi\u00f3n para evan\u00adgelizar a los pobres y no para cuidarlos, para remediar sus necesidades espirituales y no las temporales, les dir\u00e9 que tenemos que asistirles y hacer que los asistan de todas las maneras, nosotros y los dem\u00e1s, si queremos o\u00edr esas agrada\u00adbles palabras del soberano Juez de vivos y de muertos: \u00abVenid, benditos de mi Padre; poseed el Reino que os est\u00e1 preparado, porque tuve hambre y me d\u00edsteis de comer; esta\u00adba desnudo y me vest\u00edsteis; enfermo y me cuid\u00e1steis\u00bb. Hacer eso es evangelizar de palabra y de obra, en lo cual el Evan\u00adgelio adquiere su perfecci\u00f3n, como Cristo mismo lo ha prac\u00adticado\u00bb.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, Vicente de Pa\u00fal se adelanta a nuestro tiem\u00adpo y aparece como un aut\u00e9ntico precursor de las inquietudes modernas en todo lo referente a la liberaci\u00f3n integral del hombre y a la lucha por los derechos m\u00e1s fundamentales de la persona. Durante siglos, hemos consumido millones de toneladas de papel en la t\u00edpica y t\u00f3pica discusi\u00f3n de que la tarea del evangelizador era \u00absalvar las almas\u00bb sin contami\u00adnarse con las dimensiones temporales y materiales. Desde siempre nos hemos querido refugiar en las c\u00f3modas medias-tintas dualistas y maniqueas. Y, desde luego, nunca han fal\u00adtado las acusaciones de \u00absubversivo\u00bb a quien se atrev\u00eda a traspasar los id\u00edlicos umbrales del espiritualismo desencar\u00adnado. Ha tenido que pasar mucho tiempo para rescatar la frescura evang\u00e9lica y su noticia liberadora. Y hemos tenido que esperar a que la teolog\u00eda del Concilio Vaticano II hicie\u00adra justicia a la intuici\u00f3n cristiana de Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Lo curioso es que este hombre practica y propone esa \u00abliberaci\u00f3n integral\u00bb en medio de las barreras de una teolo\u00adg\u00eda de la Contrarreforma que llev\u00f3 a la Iglesia por caminos de desinter\u00e9s \u2014incluso de oposici\u00f3n\u2014 a la lucha por la justicia y a la realidad del mundo moderno. Pero tambi\u00e9n resulta evidente que este \u00abrevolucionario de la caridad\u00bb tie\u00adne una gran ventaja: est\u00e1 en contacto con la historia su\u00adfriente del hombre. Y la dura realidad le hace comprender que no se puede hablar beat\u00edficamente de Dios al herido si antes no se le muestra la bondad de Dios curando sus heridas y evitando su ca\u00edda. Vicente de Pa\u00fal apuesta por algo que hoy nos parece absolutamente l\u00f3gico, pero que a\u00fan resulta conflictivo: \u00abque antes de salvar sus almas, no tene\u00admos m\u00e1s remedio que dar a esos desventurados una vida que les permita tener alma\u00bb.<\/p>\n<p>Sus palabras no dejan lugar a la m\u00e1s m\u00ednima duda: \u00abEvangelizar a los pobres no es solamente ense\u00f1ar las ver\u00addades necesarias para la salvaci\u00f3n, sino realizar las cosas predichas y prefiguradas por los profetas, o sea, hacer efe&lt; tivo el Evangelio\u00bb.<\/p>\n<h2><em>La respuesta a un Premio Nobel<\/em><\/h2>\n<p>El escritor y fil\u00f3sofo franc\u00e9s Albert Camus relata una especie de leyenda desesperanzada: \u00abEstaba San Dimitri ci\u00adtado en la estepa con el propio Dios en persona y se apresu\u00adraba a llegar a la cita cuando se encontr\u00f3 con un campesino cuyo carro se hab\u00eda atascado. Entonces San Dimitri le ayu\u00add\u00f3. El barro era espeso y el hoyo profundo. Hubo que forcejear durante una hora. Y cuando hubo acabado, San Di\u00admitri corri\u00f3 a la cita. Pero Dios no estaba ya\u00bb. Y el perso\u00adnaje de Albert Camus saca esta conclusi\u00f3n: \u00abSiempre habr\u00e1 quien llegue tarde a las citas con Dios, porque hay dema\u00adsiadas carretas en el atolladero y demasiados hermanos que socorrer\u00bb.<\/p>\n<p>Es muy posible que Albert Camus no se asomase nunca al pensamiento de Vicente de Pa\u00fal. Si lo hubiera hecho, el angustiado Premio Nobel de Literatura se hubiera encon\u00adtrado con un dato sorprendente: tres siglos antes, un cre\u00adyente con los pies en la tierra hab\u00eda respondido con claridad a su existencial pregunta. Y es que Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda dicho a las Hijas de la Caridad: \u00abSi fuera voluntad de Dios que tuvieseis que asistir a un enfermo en domingo, en vez de ir a o\u00edr misa, aunque fuera obligaci\u00f3n, habr\u00eda que hacer\u00adlo. A eso se le llama dejar a Dios por Dios\u00bb. As\u00ed de claro y as\u00ed de sencillo. Con esta frase responde Vicente de Pa\u00fal a todos los que piensan que llegar\u00e1n tarde a la cita con Dios si se detienen a ayudar al pr\u00f3jimo necesitado o aban\u00addonado. El recalcar\u00e1: \u00abDejar a Dios por Dios, no es dejar a Dios\u00bb. El Buen Samaritano ha calado perfectamente que la verdadera cita con Dios verdadero se sit\u00faa en la pasi\u00f3n por los desheredados. Como dice Maxence Van der Meersch, \u00abla verdad, Pilatos, es \u00e9sta: ponerse del lado de los humil\u00addes y de los que sufren\u00bb.<\/p>\n<p>Este planteamiento fundamental no es para Vicente de Pa\u00fal una bella teor\u00eda. Es el motor de arranque de su m\u00e1s original y arriesgada aventura: la fundaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad. Un grupo, cada vez m\u00e1s numeroso, de \u00abpobres aldeanas servidoras de los pobres\u00bb, a las que quiere libres y dispuestas para levantar a la multitud incontable de expo\u00adliados. A las que no quiere encerrar en los muros de un convento ni en los nerviosismos leguleyos de un c\u00f3digo reli\u00adgioso: \u00abLas Hijas de la Caridad no podr\u00e1n jam\u00e1s ser reli\u00adgiosas; \u00a1maldici\u00f3n al que hable de hacerlas religiosas!\u00bb. Nunca se ha considerado bastante la valent\u00eda y la clarivi\u00addencia de Vicente de Paul cuando da a sus \u00absiervas de los pobres\u00bb la regla pr\u00e1ctica de encarnaci\u00f3n en los gozos, dolo\u00adres, esperanzas y sufrimientos de los hombres de todos los tiempos: \u00abVuestro monasterio es la casa de los enfermos, vuestra celda es vuestro cuarto de alquiler, ten\u00e9is como ca\u00adpilla la iglesia parroquial, vuestro claustro son las calles de la ciudad. Por reja ten\u00e9is el temor de Dios. Y por velo llev\u00e1is la santa modestia\u00bb.<\/p>\n<p>En definitiva, para Vicente de Pa\u00fal se ama o se traiciona a Dios en el hombre. Y se llega tarde a la cita con Dios cuando se llega tarde a la cita con el hombre. Por eso, \u00e9l no cesa de repetir: \u00abHay que acudir a las necesidades de los pobres con la misma rapidez con que se corre a apagar el fuego&#8230;, porque no socorrer es matar\u00bb.<\/p>\n<h2><em>Una par\u00e1bola final<\/em><\/h2>\n<p>Alguien ha dicho que en la mirada de un hombre se encierra toda la fuerza de su existencia, que los ojos de una persona pueden llegar a ser una viva par\u00e1bola de bondad o de maldad. Y \u00e9sta es, precisamente, la caracter\u00edstica de Vicente de Pa\u00fal. En cualquiera de los viejos retratos que sobre \u00e9l se conservan \u2014el de Simon Frangois de Tours, el de Nicol\u00e1s Pitau, el de Van Schuppen o el de Ren\u00e9 Lechon\u2014, lo que m\u00e1s impresionan, sin duda, son sus ojos. Una mirada penetrante, escrutadora, con una gota de humor ir\u00f3nico. Una mirada inmensa donde caben todos los marginados de antes, de ahora y de siempre: donde las pupilas se hacen honradez, lealtad y cordial confianza.<\/p>\n<p>Por eso, este santo no causa miedo como otros; ni tam\u00adpoco humilla a los simples mortales. Cuando se mira el mundo con sus ojos, uno se siente empujado a la libertad y a la lucha amorosa y coherente. Uno adquiere la certeza de no malgastar la vida al jug\u00e1rsela a la \u00fanica carta v\u00e1lida: Cristo en la causa de los pobres.<\/p>\n<p>Ahora, \u00abeste hombre que cambi\u00f3 casi totalmente el rostro de la Iglesia\u00bb, como declaraba en su funeral monse\u00f1or Enri\u00adque de Maupas du Tour, no tiene otra cosa que dejarnos m\u00e1s que su mirada defensora y creadora. No tiene otra palabra que legarnos m\u00e1s que la encarnada en los desdicha\u00addos. No quiere ense\u00f1arnos otro caminar m\u00e1s que el de sus grandes pasos para llegar all\u00ed donde alguien sufre, donde alguien reivindica un trozo de dignidad humana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u2014Pero la caridad, se\u00f1or Canciller, consiste en ayudar a los pobres a recuperar su dignidad de hombres. \u2014\u00a1La caridad! Es la que vos hab\u00e9is inventado, se\u00f1or Vi\u00adcente. 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