{"id":53175,"date":"2019-07-15T08:00:58","date_gmt":"2019-07-15T06:00:58","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/10\/vida-de-catalina-laboure-rene-laurentin-7-resplandor-de-atardecer-1871-1876\/"},"modified":"2019-06-07T09:10:58","modified_gmt":"2019-06-07T07:10:58","slug":"vida-de-catalina-laboure-rene-laurentin-7-resplandor-de-atardecer-1871-1876","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-catalina-laboure-rene-laurentin-7-resplandor-de-atardecer-1871-1876\/","title":{"rendered":"Vida de Catalina Labour\u00e9 (Ren\u00e9 Laurentin): 7. Resplandor de atardecer (1871-1876)"},"content":{"rendered":"<h3><strong>El retorno<\/strong><\/h3>\n<p>El 31 de mayo de 1871 sor Catalina se ha encontrado de nuevo con su hospicio, con su huerto, con su porter\u00eda. Hay ambiente de alegr\u00eda. Los pobres, m\u00e1s numerosos despu\u00e9s de tantos trastornos, se sienten dichosos de volver a verla, a la puerta, siempre acogedora y dadivosa. Saben que son ellos sus preferidos.<\/p>\n<p>Los ancianos la acogen con gozo, porque entre ellos no hay ninguna otra hermana \u00abtan querida como ella\u00bb, atestigua sor Millon&#8217;. Les gusta su equidad, su energ\u00eda que hace reinar el orden en provecho de todos, pero sobre todo su solicitud con cada uno, a veces brusca, pero siempre en el tajo. Saben muy bien que los quiere y que pueden contar con ella.<\/p>\n<h2><strong>1.- Los trabajos y los d\u00edas<\/strong><\/h2>\n<p>Catalina ha cumplido ya 65 a\u00f1os, pero se sigue levantando a las 4 de la ma\u00f1ana, cuando suena la campana. Su ancianidad es s\u00f3lida. Su oraci\u00f3n es ejemplar y sobria: se mantiene erguida, inm\u00f3vil, con las manos apenas apoyadas en el reclinatorio, con la mirada transparente fija en el sagrario o en la estatua de la Virgen.<\/p>\n<h3><strong>La decana<\/strong><\/h3>\n<p>El d\u00eda de santa Catalina, 25 de noviembre de 1871, sor Catalina, que hac\u00eda 4 d\u00edas hab\u00eda sido nombrada \u00abdecana\u00bb de la comunidad de Enghien-Reuilly, se ve honrada con estos versos ripiosos de los que sol\u00edan hacerse en aquel siglo: Si en los cielos se canta a una santa bendecida, en La tierra celebramos a una hermana muy querida: a <em>la decana de Enqhien <\/em>decimos este cantar y nos gustar\u00eda siempre poderla conservar.<\/p>\n<p>Catalina se mostr\u00f3 especialmente sensible ante esta felicita\u00adci\u00f3n que le dirigi\u00f3 uno de los ancianos en nombre de todos los dem\u00e1s: <em>Hermana, usted es buena con todos. En la mesa siempre nos pregunta: \u00ab\u00bftiene usted bastante?\u00bb<\/em><\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 estas felicitaciones? \u00bfEs que el coraje y las predic\u00adciones de Catalina durante la Comuna le han proporcionado su hora de gloria? Lo que ocurre ante todo es que hace algunos d\u00edas, el 21 de noviembre de 1877, hab\u00eda fallecido la anterior y muy venerada decana de la comunidad, sor Vincent Bergerault, de 75 a\u00f1os, nacida el siglo pasado y \u00faltimo testigo de la fundaci\u00f3n (1819). Aquella cocinera ahorradora hab\u00eda sido una prueba para Catalina; pero lo cierto es que ten\u00eda fama de santa.<\/p>\n<p>Todos hab\u00edan podido admirar su coraje heroico durante su larga enfermedad. Durante la Comuna era ya un cad\u00e1ver ambulante; fue necesario volverla a vestir despu\u00e9s de la extremaunci\u00f3n para trasladarla mal que bien a la casa madre, cuando las hermanas fueron expulsadas de Reuilly el 30 de abril.<\/p>\n<p>Como coronaci\u00f3n de su vida hab\u00eda muerto el 27 de noviem\u00adbre, fiesta de la Presentaci\u00f3n de la Virgen; como todav\u00eda reinaba el secreto, algunos se imaginaban que era ella la vidente de la Medalla milagrosa.<\/p>\n<h3><strong>Una anciana poco venerada<\/strong><\/h3>\n<p>Catalina, la nueva decana, no gozaba del mismo prestigio que sor Bergerault. Su forma de santidad vulgar decepcionaba a muchos. Su sencillez parec\u00eda excesiva. Su ancianidad no le serv\u00eda de aureola.<\/p>\n<p>Catalina no tiene voz en las decisiones comunitarias del cap\u00edtulo. Acepta sin embargo aquel desprecio, que la protege. Un d\u00eda su sobrina Leonia Labour\u00e9 le pregunta: <em>T\u00eda, \u00bfc\u00f3mo es que lleva usted 40 a\u00f1os siempre en la misma casa?<\/em><\/p>\n<p><em>-S\u00f3lo cambian a las hermanas inteligentes, <\/em>responde Catalina que no es tonta.<\/p>\n<h3><strong>Intuiciones e intercesiones<\/strong><\/h3>\n<p>Poco consultada desde arriba, es sin embargo un refugio y un recurso siempre disponibles para las hermanas j\u00f3venes, agobiadas de trabajo en aquella casa de un barrio extremo y a quienes desconcierta m\u00e1s su inexperiencia.<\/p>\n<p>Sor Felicidad H\u00e9bert (26 a\u00f1os), cuando tiene que dejar la casa por motivos de salud, se encomienda a sus oraciones y recibe esta respuesta alentadora: <em>Mi peque\u00f1a, \u00a1la Virgen la quiere a usted mucho! Puede mar\u00adchar tranquila. Todo ir\u00e1 bien!.<\/em><\/p>\n<p>La casa recobra pronto su impulso tras el regreso de sor Duf\u00e9s, que multiplica sus proyectos en una cadencia asfixiante para los muchos a\u00f1os de Catalina, siempre tratada duramente, pero siempre sin amargura.<\/p>\n<h3><strong>Mar\u00eda y Gabriela (1872)<\/strong><\/h3>\n<p>En la primavera de 1872 llegan dos postulantes a Reuilly: el 10 de mayo Gabriela de Billy, de familia distinguida; el 25 de junio Mar\u00eda Lafon, hita de un labrador de Aurillac, que conser\u00adv\u00f3 un caluroso recuerdo de la anciana hermana.<\/p>\n<p>Mientras se aclimatan las postulantes, la regla les autoriza a pasear con sus familias. As\u00ed pues, a finales de junio una calesa se detiene ante el n\u00famero 77 de la calle de Reuilly. Los se\u00f1ores de Billy, guiados por su cochero, vienen a recoger a su hija para pasar con ella la tarde. Y Mar\u00eda, la peque\u00f1a campesina, se queda sola. Catalina se da cuenta y acude a sor Duf\u00e9s con un pretexto para ir a la calle del Bac. No conoce otra cosa mejor; le dan permiso para salir. Catalina a\u00f1ade: <em>\u00bfMe permite usted llevarme a \u00abla peque\u00f1a\u00bb?<\/em><\/p>\n<p>\u00bfEst\u00e1 ocupado en otras tareas Bib\u00ed, el caballo de la comuni\u00addad? Tendr\u00e1n que ir a pie las dos, pero con alegr\u00eda, la postulante de 23 a\u00f1os y la hermana de 66. Se entienden como dos amigas, acaso como dos c\u00f3mplices. Sor Cosnard, que ocupa ahora un cargo en el seminario, murmura (\u00bfquiz\u00e1s un poco de envidia?) cuando las ve llegar: \u00a1Ay, <em>sor Labour\u00e9! \u00a1Me parece que tiene usted un poco de debilidad por la se\u00f1orita Mar\u00eda!<\/em><\/p>\n<p>Aqu\u00ed la sangre de nuestra borgo\u00f1ona se calienta y la res\u00adpuesta sale antes de cualquier reflexi\u00f3n: <em>Bien: si la se\u00f1orita Gabriela se va a pasear c n coche, la se\u00f1orita Mar\u00eda puede pasearse muy bien a pie&#8230;<\/em><\/p>\n<p>La verdad es -cuenta con candidez esta \u00faltima- que yo no hab\u00eda hecho comparaciones entre la otra postulante y yo. Pero sor Catalina hab\u00eda pensado en ello y hab\u00eda pensado que yo pod\u00eda sentirlo.<\/p>\n<p>Otro recuerdo de sor Mar\u00eda es el de una tarde de verano un tanto loco, uno de esos pesados atardeceres que nunca acaban. Un anciano hab\u00eda muerto en Enghien, con aquellos calores. Y se hablaba de un demente que se hab\u00eda escapado el d\u00eda anterior de un asilo cercano. Aunque le hab\u00edan conmovido estos dos suce\u00adsos, la \u00abse\u00f1orita Mar\u00eda\u00bb se hab\u00eda olvidado de ellos mientras daba clase por la tarde a los j\u00f3venes obreros que asist\u00edan a los cursos de Reuilly. Se ha retrasado hablando con ellos y a las <em>9 <\/em>regresa al hospicio de Enghien. La actividad le hab\u00eda hecho olvidar los temores. La noche los despierta. Su larga falda roza las hojas muertas. El ruido que ella misma hace le da la impresi\u00f3n de que la siguen. Acelera el paso y el ruido se intensifica. Corre hacia la puerta de Enghien, ya muy cercana. Pero ve ante ella, en el patio, una figura negra. \u00bfUn fantasma? \u00bfo el loco que se ha evadido? Mar\u00eda busca una salida por la escalera exterior que da al dormitorio. \u00a1Fatalidad! La puerta est\u00e1 cerrada con llave. La \u00a1oven postulante llama, aporrea gritando: <em>\u00a1Sor Labour\u00e9! \u00a1Sor Labour\u00e9!<\/em><\/p>\n<p>Mientras que Catalina baja enseguida al o\u00edr su llamada, Mar\u00eda distingue mejor al fantasma negro que se le acerca: ni el loco, ni el muerto. Es el padre capell\u00e1n que vuelve a casa. Sor I,abour\u00e9 abre la puerta con una candela en la mano: <em>\u00bfQu\u00e9 pasa, hija m\u00eda?<\/em><\/p>\n<p>Mar\u00eda, llena de confusi\u00f3n, apenas puede balbucear: el muerto<em>, <\/em>el loco, las hojas&#8230; \u00bfVa a burlarse Catalina de aquella postulante tan cobarde? No, la acompa\u00f1a al dormitorio a trav\u00e9s de los corredores obscuros, por donde la candela va proyectando su luz entre sombras ahora tranquilizadoras. Catalina le quita la colcha a la cama y desaparece mientras Mar\u00eda se quita los vestidos; vuelve poco despu\u00e9s con un vaso de agua de azahar&#8230; La peque\u00f1a Mar\u00eda se queda dormida \u00abcomo un tronco\u00bb. A las 4 suena la campana para levantarse. Intenta abrir sus p\u00e1rpados so\u00f1olientos. A su lado, un susurro muy tierno la tranquiliza: Schsss&#8230;, dice Catalina a sus compa\u00f1eras; <em>la peque\u00f1a est\u00e1 dormida&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Las postulantes se iban acostumbrando poco a poco a levan\u00adtarse a las 4. Se quedaban en la cama m\u00e1s rato tres d\u00edas por semana durante el primer mes, dos el segundo, y pod\u00edan luego dispensarles tambi\u00e9n alg\u00fan d\u00eda, seg\u00fan su estado. Catalina, la responsable de la casa, hab\u00eda diagnosticado para ella la necesi\u00addad de una buena camada.<\/p>\n<p>Catalina se siente m\u00e1s cerca de las j\u00f3venes, a medida que va viendo abrirse las filas de su generaci\u00f3n y que las medianas toman en sus manos los cargos principales de la casa. Piensa m\u00e1s en la muerte como un desenlace pr\u00f3ximo.<\/p>\n<h3><strong>Viaje al cielo<\/strong><\/h3>\n<p>Poco despu\u00e9s de la Comuna tiene un sue\u00f1o que refiere ingenuamente a su sobrina Mar\u00eda Antonieta: Acababa de morirme e iba al cielo, en donde entraba por una puerta muy brillante. Me encontr\u00e9 all\u00ed primero con mi padre, luego con mi hermano m\u00e1s joven (Augusto), luego con tu madre. Le dije a mi padre: <em>\u00bfNo est\u00e1 aqu\u00ed Luisa?<\/em><\/p>\n<p>Luisa era la mayor de las hermanas. Entonces mi padre me respondi\u00f3: <em>No, no est\u00e1 aqu\u00ed. \u00a1La estamos esperando!<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Un sue\u00f1o macabro! Ni Augusto ni Tonina, la madre de la interlocutora, hab\u00edan muerto todav\u00eda. Realista y desconfiada, Mar\u00eda Antonieta exclama: <em>Pero, t\u00eda. \u00a1No hay que creer en los sue\u00f1os! \u00a1Es superstici\u00f3n!<\/em><\/p>\n<p><em>-Hay sue\u00f1os y sue\u00f1os, <\/em>responde sentenciosamente Catali\u00adna.<\/p>\n<p>\u00bfQuer\u00eda decir acaso que \u00abhay sue\u00f1os en los que hay que creer? \u00bfQu\u00e9 grado de confianza le conced\u00eda ella a aquel sue\u00f1o?\u00bb. <em>-No me lo dijo, <\/em>a\u00f1ade Mar\u00eda Antonieta.<\/p>\n<p>Pero la so\u00f1adora insist\u00eda en aquel sue\u00f1o. Se lo cont\u00f3 m\u00e1s tarde a su sobrino Felipe Meugniot, el hermano de Mar\u00eda Antonieta, cuya versi\u00f3n es un poco distinta. Catalina, al llegar al cielo, habr\u00eda dicho a Tonina: <em>\u00bfC\u00f3mo es que t\u00fa, la m\u00e1s joven, has llegado primero al cielo? \u00bfPor qu\u00e9 no?, <\/em>habr\u00eda contestado Tonina.<\/p>\n<p><em>-Aquel sue\u00f1o me impresion\u00f3 mucho, <\/em>dec\u00eda Catalina aunque no parec\u00eda creer mucho en \u00e9l.<\/p>\n<p>Era en diciembre de 1873. Felipe hab\u00eda venido a confiarle a su t\u00eda una grave preocupaci\u00f3n: a los 29 a\u00f1os lo hab\u00edan propues\u00adto para ser superior del seminario menor de Saint-Pons, en la di\u00f3cesis de Montpellier. La casa estaba \u00aben dificultades\u00bb: <em>P\u00eddale a Dios que no se haga, <\/em>le dijo a Catalina. Ella respondi\u00f3 tranquilamente: <em>Pedir\u00e9 que se cumpla la voluntad de Dios.<\/em><\/p>\n<p>Y la \u00abvoluntad de Dios\u00bb confirm\u00f3 aquel duro cargo.<\/p>\n<p>Ni \u00e9l ni ella parece ser que volvieron a hablar entonces de la predicci\u00f3n que le hab\u00eda hecho de peque\u00f1o: <em>Si quieres entrar con esos padres&#8230;, podr\u00e1s ser superior&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Y lo fue antes de los 30 a\u00f1os, en una edad excepcional. Tampoco parece haber recordado entonces a su t\u00eda su confiden\u00adcia de 1871: c\u00f3mo le hab\u00eda dado un mal ejemplo rechazando <em>para ella <\/em>un cargo de superiora&#8230;<\/p>\n<p>Con los a\u00f1os se va abriendo m\u00e1s a las confidencias. Por aquella misma fecha (1873 \u00f3 1874) le cuenta a sor Mar\u00eda Luisa, su hermana, en presencia de sor Cosnard (ahora \u00aboficia\u00adla\u00bb en el seminario) el sue\u00f1o que hab\u00eda iluminado el sendero de su vocaci\u00f3n: la llamada de aquel anciano en el que luego reconocer\u00eda a san Vicente. Sor Cosnard se siente impresionada por su acento, cuando habla de esa <em>mirada <\/em>que se le qued\u00f3 grabada.<\/p>\n<h3><strong>Adi\u00f3s a Tonina<\/strong><\/h3>\n<p>El sue\u00f1o premonitorio sobre las muertes familiares empez\u00f3 a realizarse en octubre de 1872. Tonina cae enferma. En abril de 1873 se mete en cama definitivamente. Sufre mucho. Catalina la visita con frecuencia durante el recreo, porque vive all\u00ed cerca: el n\u00famero 5 de la calle Crozatier, en el distrito XII. Es un alivio para Tonina.<\/p>\n<p>A mitad de enero de 1874 cae en una especie de coma. Vuelta hacia la pared, no parece que pueda ya cambiar de posici\u00f3n. Para cuidarla, hay que sacar la cama al centro de la habitaci\u00f3n. No habla y parece estar sin conocimiento. Avisan a Catalina. Llega el 16 de enero, a las 13 horas: la hora del recreo. Es responsable del tiempo de sus ancianos.<\/p>\n<p>Es la primera vez que ve a Tonina en aquel estado. All\u00ed est\u00e1 Mar\u00eda Antonieta con sus dos hijas Marta y Juana, en silencio. Catalina las manda salir y cierra la puerta.<\/p>\n<p>Pero desde fuera oyen hablar dentro de la habitaci\u00f3n. Al cabo de una hora, Catalina abre: <em>Id a ver a vuestra madre; quiere hablaros.<\/em><\/p>\n<p>Y se vuelve a Enghien, a cuidar a sus ancianos.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Antonieta, Marta (8 a\u00f1os y medio) y Juana (7 a\u00f1os) se precipitan dentro. Tonina las acoge, sonriendo sobre la almohada. Parece feliz. Mira con cari\u00f1o a sus dos nietas. Todo su coraz\u00f3n se asoma en estas palabras vulgares: <em>\u00a1Que seais siempre buenas!<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00bfTe ha resucitado t\u00eda Catalina?, <\/em>le pregunta una de las peque\u00f1as.<\/p>\n<p>Ella no tiene tiempo para profundizar. Al cabo de una hora, la enferma vuelve a su letargo. Se va acabando tranquilamente. Unos d\u00edas despu\u00e9s, a las 4 de la ma\u00f1ana, exhala su \u00faltimo suspiro. Es el 20 de enero de 1874, 22\u00b0 aniversario de la aparici\u00f3n de la Virgen a Alfonso Mar\u00eda Ratisbona, el convertido de la Medalla milagrosa.<\/p>\n<p>Aquel mismo a\u00f1o Catalina hace entrar a sus dos sobrinitas un la escuela de las hermanas, n.\u00b0 77 de la calle Reuilly: <em>All\u00ed ten\u00edamos la dicha de ver a nuestra t\u00eda Catalina casi todos los d\u00edas<\/em>.<\/p>\n<p>Nos apegamos m\u00e1s a ella, porque aunque ten\u00eda los rasgos m\u00e1s finos se parec\u00eda mucho a nuestra abuela (Tonina), que acababa de morir. Durante el recreo de las alumnas, despu\u00e9s de la comida del mediod\u00eda, la ve\u00edamos a menudo cruzar el patio de la casa de Reuilly para ir a la de la calle de Picpus; corr\u00edamos a saludarla y la acompa\u00f1\u00e1bamos hasta la otra parte del huerto.<\/p>\n<p>Un d\u00eda se las llev\u00f3 de paseo. Para ellas es una fiesta. Pero Catalina quiere tambi\u00e9n dar gusto a otra persona. Se dirigen a \u00abla casa de los hermanos hospitalarios de san Juan de Dios\u00bb, de la calle Oudinot, adonde su hermano Carlos Labour\u00e9 hab\u00eda venido desde Borgo\u00f1a para hacerse operar del mal de piedra. Su estado bastante grave pod\u00eda hacer presumir que no vivir\u00eda mucho&#8230; Nosotras no conoc\u00edamos a aquel t\u00edo. Ella crey\u00f3 conveniente presentarnos a \u00e9l cuenta Martha Duhamel, que guardaba 30 a\u00f1os m\u00e1s tarde un luminoso recuerdo de aquella aventura ins\u00f3lita con la complicidad de Catalina.<\/p>\n<h3><strong>Visita al superior general<\/strong><\/h3>\n<p>El 12 de marzo de aquel mismo a\u00f1o 1874, muerte del padre Etienne, superior general. Fallece a las 11 de la ma\u00f1ana, l\u00facido y sin agon\u00eda. Tres d\u00edas antes hab\u00eda pedido la santa unci\u00f3n y la hab\u00eda recibido en presencia de toda la comunidad: <em>Mi misi\u00f3n est\u00e1 cumplida&#8230; Voy a unirme con nuestra gran familia del cielo. Pido perd\u00f3n a todos por los disgustos que les haya podido causar. \u00a1S\u00ed! \u00a1Quiero mucho a las dos familias de san Vicente!<\/em><\/p>\n<p>Hab\u00eda guiado su maravilloso impulso.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de su elecci\u00f3n parece ser que supo finalmente que era Catalina la vidente. Ella nos ha dejado una nota aut\u00f3grafa sobre la \u00faltima conversaci\u00f3n que tuvo con \u00e9l. Le hab\u00eda renovado su petici\u00f3n de que se abriera al p\u00fablico la capilla de la calle del Bac. Tambi\u00e9n le hab\u00eda expresado su deseo de que se honrara a la Virgen en la congregaci\u00f3n con el nombre de <em>\u00abReina del universo\u00bb. <\/em>El le hab\u00eda contestado de forma evasiva, pero estimulante: <em>Bien, sor Catalina; la sant\u00edsima Virgen \u00bfle ha dicho cu\u00e1ndo quer\u00eda que se le honrara con ese t\u00edtulo? Cuando se lo diga, haremos lo que hay que hacer. Rece con esa intenci\u00f3n. La sant\u00edsima Virgen quiere algo de usted.<\/em><\/p>\n<p>El 11 de septiembre el padre Bor\u00e9 es nombrado superior general. Poco despu\u00e9s de su elecci\u00f3n, deseoso de acertar en su direcci\u00f3n, cita a Catalina. Con los \u00absuperiores mayores\u00bb la interroga sobre las revelaciones con que hab\u00eda sido honrada en 1830. De all\u00ed se deriv\u00f3 para ella una especie de reflejo, que contribuy\u00f3 a acentuar su fama de santidad, asegura su confesor el padre Chinchon.<\/p>\n<p>Sin embargo, pareci\u00f3 desconcertada ante aquel interrogato\u00adrio inesperado y no habl\u00f3 apenas. Decepcion\u00f3 a sus oyentes 13. Son a\u00f1os sombr\u00edos y dif\u00edciles para Francia. Las ejecuciones de comuneros prosiguen hasta el 6 de junio de 1874. Pero el pa\u00eds se va levantando de las ruinas. Catalina sigue su tarea con su esfuerzo y su mirada en Dios.<\/p>\n<h3><strong>\u00bfPredicci\u00f3n?<\/strong><\/h3>\n<p>En oto\u00f1o de 1875 el abate Olmer llama a la puerta, en donde Catalina \u00abtira de la cuerda\u00bb. Es un hombre lleno de energ\u00eda y de gracia, y de momento un hombre con ganas de construir. Se distingui\u00f3 en la Comuna por su coraje, su abnega\u00adci\u00f3n y una evasi\u00f3n que lo libr\u00f3 de la muerte. Nombrado el a\u00f1o anterior administrador de la parroquia reci\u00e9n establecida en el barrio, tiene ya dos vicarios y empieza a construir la iglesia. Est\u00e1 dedicada a santa Radegunda, pero hay todo un movimiento de gente que quiere a la sant\u00edsima Virgen como patrona. Tambi\u00e9n lo desea sor Catalina, que parece tener una sagacidad especial en todo lo que se refiere a la virgen Mar\u00eda. Su saludo al reci\u00e9n llegado es amable, pero ins\u00f3lito: <em>Buenos d\u00edas, se\u00f1or p\u00e1rroco de la Inmaculada Concepci\u00f3n. \u00a1No soy el p\u00e1rroco!<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Pero lo ser\u00e1!<\/em><\/p>\n<p><em>-S\u00ed, pero la parroquia se llama de santa Radegunda! \u00a1Pero se llamar\u00e1 de la Inmaculada Concepci\u00f3n!.<\/em><\/p>\n<p>Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, el abate Olmer fue nombrado p\u00e1rroco, el 29 de septiembre de 1877. Y aquella fue, en la di\u00f3cesis de Par\u00eds, la primera iglesia dedicada a la Inmaculada Concepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Catalina sigue lamentando que no se abra a las peregrina\u00adciones la capilla de la calle del Bac. Porque se siente apremiada por la promesa de la Virgen: <em>Se sentir\u00e1 que he pasado por all\u00ed<\/em><\/p>\n<p>La dificultad sigue siendo \u00ababrir la capilla al p\u00fablico en un sitio en donde se encuentra un noviciado tan numeroso como el nuestro\u00bb, explica sor Cosnard. Sin embargo, cuando le contaron la curaci\u00f3n de una sordomuda en Lourdes, dicen que Catalina suspir\u00f3: -\u00a1Y <em>pensar que todos esos milagros deber\u00edan haber tenido lugar en nuestra capillal!<\/em><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n lamentaba que se apreciase poco la Medalla, a\u00f1ade sor Cosnard.<\/p>\n<p>Un d\u00eda me dijo: <em>Hay hermanas en el seminario que no llevan la medalla y no se piensa en impon\u00e9rsela.<\/em><\/p>\n<p>Yo le pregunt\u00e9: \u00bfY <em>usted, \u00bfc\u00f3mo lo sabe?<\/em><\/p>\n<p>Me respondi\u00f3: \u00a1Ay! <em>\u00a1Inf\u00f3rmese y lo ver\u00e1!<\/em><\/p>\n<p>Tuve que confesar que era verdad.<\/p>\n<p>Invitaba a los dem\u00e1s a \u00abrezar mucho\u00bb, pero \u00aba\u00f1adiendo esp\u00edritu de penitencia y de sacrificio\u00bb: Pedimos demasiado lo que deseamos, pero no bastante lo que Dios quiere: habr\u00eda dicho a sor Tranchemer que confund\u00eda demasiado sus ideas legitimistas con las de Dios mismo.<\/p>\n<p>El mariscal de Mac Mahon fue elegido presidente de la Rep\u00fablica el 24 de mayo de 1873. La mariscala se hizo amiga de la casa. Aquella mujer fuerte, generosa y discreta ven\u00eda sin escolta.Le dijeron qui\u00e9n era la vidente y sor Duf\u00e9s encontr\u00f3 un pretexto para present\u00e1rsela&#8230;, sin m\u00e1s. Catalina lo compren\u00addi\u00f3, pero no huy\u00f3. Unos d\u00edas antes hab\u00eda acudido una pobre mujer a pedirle 60 francos (imposibles de encontrar) para pagar el alquiler. Catalina cont\u00f3 aquel drama. La mariscala ten\u00eda coraz\u00f3n. Y entreg\u00f3 los 60 francos.<\/p>\n<h3><strong>En su sitio<\/strong><\/h3>\n<p>Aquel mismo a\u00f1o de 1874 sor Duf\u00e9s decide sustituir a Catalina como responsable del hospicio de Enghien.<\/p>\n<p>Se necesita un brazo firme, que sepa establecer la unidad entre las dos casas y vencer ciertas tensiones. Y conf\u00eda a sor Ang\u00e9lica Tanguy, de 37 a\u00f1os, la direcci\u00f3n del hospicio con el t\u00edtulo de asistente. \u00a1Dura prueba para sor Catalina! Siempre cuesta pasar a segunda fila, cuando uno dirig\u00eda la situaci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo reaccionar\u00e1?<\/p>\n<p>Se lo preguntan todas cuando sor Duf\u00e9s anuncia la promo\u00adci\u00f3n de sor Ang\u00e9lica, honrada con el t\u00edtulo de asistente que nunca hab\u00eda tenido Catalina, a pesar de ejercer las mismas funciones. Las hermanas que est\u00e1n con los ancianos prefieren Catalina a la nueva responsable m\u00e1s partidaria del nuevo estilo que se ha impuesto en Reuilly, m\u00e1s autoritaria y con menos experiencia&#8230; Pero Catalina se apresura a decir a sor Duf\u00e9s: <em>Madre, la obedeceremos como a usted misma.<\/em><\/p>\n<p>No es por halago, ni por diplomacia para hacerse con la nueva asistente, ya que sor Tanguy no est\u00e1 all\u00ed (lo indica ella misma en el proceso).<\/p>\n<p>Cuando ocupa su puesto, muestra cierta aprensi\u00f3n con sor Catalina: <em>Espero que se entender\u00e1 bien conmigo y que no me har\u00e1 quedar mal, <\/em>le dice aquel mismo d\u00eda.<\/p>\n<p><em>-\u00a1De ninguna manera, hermana! No tiene que preocuparse por m\u00ed, <\/em>responde Catalina.<\/p>\n<p>El sacrificio est\u00e1 hecho en bloque. Ahora hay que rechazarlo en detalle, d\u00eda tras d\u00eda.<\/p>\n<p>Desde que sor Duf\u00e9s resid\u00eda en la calle de Reuilly, a la otra parte del huerto (1868), Catalina se hab\u00eda quedado con las llaves, s\u00edmbolo de su autoridad en la casa. Todas las noches cerraba las puertas de la calle de Picpus y se llevaba las llaves a su cuarto: <em>\u00a1Guarde usted las llaves!, <\/em>le sugieren las hermanas a sor Catalina.<\/p>\n<p>Las tentadoras no sabr\u00e1n nunca que sor Tanguy, llegada silenciosamente, hab\u00eda o\u00eddo aquella conversaci\u00f3n. Ella se escon\u00adde, no aparece, mientras Catalina responde: S\u00ed, se las entregar\u00e9 esta tarde a la hermana asistente, pues es ella la que representa a la superiora.<\/p>\n<p>Aquella noche sor Tanguy acecha los pasos de Catalina. Llega a sus o\u00eddos el ruido de las cerraduras, ampliado por el silencio de la noche&#8230;<\/p>\n<p>Y tras la \u00faltima puerta cerrada, se acercan los pasos lentos de Catalina. Deja el manojo de llaves cerca de su cama, en medio del silencio, que s\u00f3lo se romper\u00e1 cuando suene la campa\u00adna a la ma\u00f1ana siguiente.<\/p>\n<p>A1 d\u00eda siguiente, en el comedor, el cubierto de sor Catalina est\u00e1 como de ordinario en el sitio de honor, al lado de la superiora, sor Dul\u00e9s. La hermana encargada del comedor no hab\u00eda cambiado nada por respeto a \u00abla antigua\u00bb.<\/p>\n<p>Esta no se fija al principio&#8230;, hasta que ve a sor Tanguy en un sitio m\u00e1s modesto. No dice nada. Pero despu\u00e9s de la comida, se acerca a la hermana encargada, sor de la Haye Saint-Hilaire (28 a\u00f1os): <em>Haga el favor de cambiar mi cubierto y poner en mi sitio a la hermana asistente&#8230; Me resulta molesto pasar a aquel lado de la mesa, a\u00f1ade para dar a su decisi\u00f3n un motivo vulgar.<\/em><\/p>\n<p>Me lo dijo con tanta sencillez que habr\u00eda podido enga\u00f1arme, indica la interesada. Pero aquella excusa de la molestia en pasar al otro lado de la mesa era demasiado insignificante para no dejarme ninguna duda sobre el motivo verdadero: su deferencia <em>y su <\/em>humildad&#8230;<\/p>\n<p>Catalina conserva su libertad de esp\u00edritu en las responsabili\u00addades que todav\u00eda tiene. Un d\u00eda, acompa\u00f1ada de sor Cantel, distribuye entre los ancianos \u00abalgunas porciones que hab\u00edan sobrado\u00bb. Le gustaba dar con generosidad. Pasa la asistente y la reprende. Catalina se calla respetuosamente, ante la sorpresa de su compa\u00f1era. Catalina la tranquiliza: <em>No se preocupe, estoy en regla; tengo permiso.<\/em><\/p>\n<p>Para sor Cantel aquello significaba la autorizaci\u00f3n de la misma sor Duf\u00e9s, pero Catalina no insisti\u00f3 por no dejar mal a la joven asistente, fr\u00e1gil todav\u00eda en el ejercicio de su autoridad. Catalina la sostuvo en todas las circunstancias.<\/p>\n<p>Un d\u00eda de adoraci\u00f3n, sabiendo lo mucho que le gustar\u00eda acudir a la capilla, cuenta sor Juana Maurel, le dije: -Hermana, <em>me toca a mi quedarme de portera y a usted ir a adorar al Sant\u00edsimo.<\/em><\/p>\n<p>Sor Catalina respondi\u00f3: <em>Lo ha dicho sor Ang\u00e9lica y esto basta<\/em>.<\/p>\n<p>\u00bfHemos de aplicar al valor de estos sacrificios la reflexi\u00f3n que un d\u00eda le hizo Catalina a sor Tanguy?: <em>He tenido muchos sufrimientos y muchas dificultades. Alguna vez sent\u00ed ganas de pedir que me cambiaran de casa. Rec\u00e9, consult\u00e9 a mi confesor y me he quedado.<\/em><\/p>\n<h3><strong><strong><strong>\u00ab<\/strong><\/strong>Sopa de leche\u00bb y paciencia<\/strong><\/h3>\n<p>Sor Juana Maurel (31 a\u00f1os), que lleg\u00f3 en octubre de 1875, nos presenta una nueva impresi\u00f3n sobre Catalina que la inici\u00f3 en sus primeras ocupaciones: cuidado de la ropa y del palomar.<\/p>\n<p>Procedente de una familia que no la hab\u00eda formado en los trabajos materiales, reconoce que era poco \u00abapta\u00bb para el pri\u00admer trabajo y \u00abtodav\u00eda menos\u00bb para el segundo. Pero, nos dice, \u00absor Catalina me ayudaba con tanta caridad que me sent\u00eda confundida\u00bb.<\/p>\n<p>Un d\u00eda dej\u00f3 morirse a un pich\u00f3n. Catalina estaba apenada. Pero lo que m\u00e1s siente es hacerle que comprenda su error, ya que podr\u00eda desanimarse.<\/p>\n<p>Tiene miedo de cuidar de los ancianos enfermos. Catalina la ayuda a \u00absuperarse\u00bb y un d\u00eda le dice con seriedad: <em>Tiene que procurar hacerlo bien, pues alg\u00fan d\u00eda tendr\u00e1 que sustituirme<\/em>.<\/p>\n<p>As\u00ed sucedi\u00f3. Cuando le llegue la hora de retirarse Catalina, ser\u00e1 ella la que tome el relevo.<\/p>\n<p>Sor Juana se preocupa mucho por un anciano que no es cat\u00f3lico: <em>Le falta a usted confianza; Dios todo lo puede.<\/em><\/p>\n<p>Y fue escuchada, porque antes de morir pidi\u00f3 hablar con el se\u00f1or capell\u00e1n.<\/p>\n<p>Sor Maurel experimentaba el beneficio de la irradiaci\u00f3n de Catalina: <em>Me gustaba mucho ponerme en su sitio en la capilla, cuando ella no estaba. Una de las hermanas me lo reproch\u00f3, diciendo que era una orgullosa por ponerme en aquel sitio. A m\u00ed me gustaba estar all\u00ed pues para m\u00ed era una santa la que rezaba en aquel lugar y yo tambi\u00e9n rezaba como si estuviera sobre el sepulcro de una santa<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p>Otro d\u00eda &#8211;cuenta tambi\u00e9n ella- me impacient\u00e9 con la hermana que ten\u00eda que darme el desayuno de los ancianos. Siempre se retrasaba y aquello me imped\u00eda muchas veces estar en misa desde el principio. Estaba molesta y sor Catalina me dijo: <em>Hay que entregarse del todo a Dios y no ir a quejarse. <\/em>Es lo que ella hac\u00eda.<\/p>\n<p>Lo que m\u00e1s impresionaba a sor Maurel era la paciencia incansable de Catalina con Blasina, \u00abla Negra\u00bb, su ayudante en la porter\u00eda.<\/p>\n<p>Aceptada \u00fanicamente por caridad, era muy descarada, incluso con sor Catalina. Varias veces quise ir a hablar con sor Dufes para informarle de todo y despedir a aquella mujer. Pero sor Catalina me deten\u00eda siempre, diciendo: <em>Esa persona es incapaz de hacer nada en el mundo<\/em>.<\/p>\n<p>Catalina sufr\u00eda tambi\u00e9n las frases hirientes de una hermana mordaz, a la que llamaban \u00abla imb\u00e9cil del asilo\u00bb. Para sondear el secreto de Catalina sobre la aparici\u00f3n de la Medalla, aquella joven hermana lanz\u00f3 un d\u00eda esta frase, en plena recreaci\u00f3n delante de Catalina que estaba cosiendo al lado de la asistente: <em>-\u00a1La que la <\/em>vio <em>no vio m\u00e1s que un cuadro!<\/em><\/p>\n<p>Estas palabras no hacen m\u00e1s que recoger las del padre Aladel en su <em>Notice<\/em>. Pero ella lo dec\u00eda en un tono esc\u00e9ptico y deliberadamente provocativo. Catalina levant\u00f3 la cabeza instintivamente, su rostro enrojeci\u00f3: <em>Querida, la hermana que vio a la sant\u00edsima Virgen la <\/em>vio <em>en carne y hueso, como usted y como yo.<\/em><\/p>\n<p>Sor Tanguy, que presid\u00eda la recreaci\u00f3n, desvi\u00f3 la conversa\u00adci\u00f3n. Por una vez, Catalina sorprendida estuvo a punto de traicionarse. Volvi\u00f3 a sumergirse en su costura con una especie de indiferencia y sigui\u00f3 callada. Ordinariamente se distingu\u00eda por su humilde discreci\u00f3n: Un d\u00eda, durante la recreaci\u00f3n, una joven hermana sosten\u00eda lo contrario de lo que dec\u00eda Catalina.<\/p>\n<p>Como ella segu\u00eda defendiendo su punto de vista, intervino la superiora: <em>Veo que sostiene usted con energ\u00eda sus opiniones.<\/em><\/p>\n<p>Sor Catalina se arrodill\u00f3 en medio del grupo y pidi\u00f3 perd\u00f3n&#8230; <em>-Veo muy bien que soy una orgullosa&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Al ver humillarse de ese modo a aquella hermana anciana, los ojos de sus compa\u00f1eras se llenaron de l\u00e1grimas. El recuerdo m\u00e1s impresionante de sor Maurel fue este conse\u00adjo sor Catalina en sus dificultades: <em>\u00a1Hay que tener confianza!<\/em><\/p>\n<h2><strong>2. El inc\u00f3gnito en peligro<\/strong><\/h2>\n<p>El secreto de Catalina se ve acosado por todas partes. Le cuesta trabajo mantenerlo&#8230;<\/p>\n<h3><strong>Por parte del seminario<\/strong><\/h3>\n<p>Antonieta de Montesquiou de Fezensac (27 a\u00f1os), que hab\u00eda entrado en el seminario en abril de 1873, oye decir a sor Mauche, hermana encargada de la formaci\u00f3n de las j\u00f3venes hermanas, que la \u00abvidente\u00bb se supone que es sor Catalina Labour\u00e9. Sor Antonieta arde en deseos de conocerla&#8230; Sor Mauche encuentra la ocasi\u00f3n para ello: <em>Esta es la hermana de quien le habl\u00e9&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Feliz por aquel descubrimiento, cuenta sor Montesquiou, le mostr\u00e9 a sor Catalina a una compa\u00f1era dici\u00e9ndole: <em>\u00a1Esa es!<\/em><\/p>\n<p>Sor Catalina lo advirti\u00f3 y me mir\u00f3 con severidad. Aquello me dej\u00f3 desconcertada y no me atrev\u00ed a mirarla.<\/p>\n<h3><strong>Por parte del arzobispado<\/strong><\/h3>\n<p>Monse\u00f1or Fages, futuro vicario general de Par\u00eds y por en\u00adtonces secretario particular del obispo coadjutor, monse\u00f1or Richard, acude a Enghien con el abate Odelin para husmear en el famoso secreto. Se las ha arreglado para llegar cuando sor Catalina est\u00e1 de guardia. Empieza a acercarse. Pero ella lo ve venir con sus calcetines morados y enseguida \u00abcorta por lo sano, sin rodeos\u00bb: <em>Siga usted su camino, monse\u00f1or; por all\u00ed se va&#8230; <\/em>Y como insistieran los dos eclesi\u00e1sticos: <em>Les llevar\u00e9 a ustedes a la Superiora. Ella les atender\u00e1<\/em>.<\/p>\n<p>Sor Mar\u00eda Luisa de la Haye Saint-Hilaire (30 a\u00f1os), que acoge la visita de sus amigos los condes de Avencl de Nantr\u00e9, cree que puede compartir con ellos discretamente el secreto de la casa.<\/p>\n<p>En el momento en que regres\u00e1bamos a la puerta nos encontra\u00admos con sor Catalina y le dije al o\u00eddo a la se\u00f1ora condesa: <em>-Esa es la hermana que tuvo la visi\u00f3n de la Medalla milagrosa. <\/em>En contra de todo lo que yo pod\u00eda esperar, el se\u00f1or de Avenel se volvi\u00f3 y se dirigi\u00f3 a la hermana: \u00a1Oh, <em>hermana! \u00bfCu\u00e1nto me alegra conocerla y poder saludar a la hermana que tuvo el gran privilegio de la visi\u00f3n de la Medalla milagrosa?<\/em><\/p>\n<p>Sin saber qu\u00e9 hacer, me dirig\u00ed a la se\u00f1ora de Avenel: <em>Se\u00f1ora, \u00a1si supiera lo que est\u00e1 haciendo su marido! ihasta qu\u00e9 punto me molesta todo eso! La hermana no quiere que se sepa.<\/em><\/p>\n<p>Con mucha sangre fr\u00eda, la se\u00f1ora de Avenel dijo a su marido: <em>Jos\u00e9, est\u00e1s equivocado; \u00a1la hermana no ha dicho eso!<\/em><\/p>\n<p>Entretanto sor Catalina meneaba la cabeza y disimulaba una gran extra\u00f1eza. Aquel mismo d\u00eda la superiora me llam\u00f3. Sor Catalina hab\u00eda estado all\u00ed. La superiora me orden\u00f3 que pidiera perd\u00f3n a sor Catalina. As\u00ed lo hice enseguida: <em>Mi peque\u00f1a, <\/em>me dijo sor Catalina bondadosamente y con mucho cari\u00f1o, <em>no hay que hablar de esa manera a tontas y a locas&#8230; <\/em>Y no me guard\u00f3 ning\u00fan resquemor despu\u00e9s de aquel incidente.<\/p>\n<p>Seg\u00fan sor Desmoulins, la hermana de la Haye Saint-Hilaire habr\u00eda dicho llena de confusi\u00f3n a sor Catalina: <em>Hermana, me dijeron en el seminario que era la hermana del gallinero de Enghien la que hab\u00eda visto a la sant\u00edsima Virgen&#8230; <\/em><\/p>\n<h3><strong>\u00bfLeyendo en las almas?<\/strong><\/h3>\n<p>Catalina, que sab\u00eda ocultarse tan bien, \u00bftuvo el don de leer en los corazones? Tal era la impresi\u00f3n que le dio a sor Darlin en una de sus visitas a su querida calle del Bac, \u00abhacia 1875\u00bb.<\/p>\n<p>Estaba de guardia en el locutorio del seminario&#8230; Algunas her\u00admanas de Enghien vinieron a ver a su postulante y empezaron una conversaci\u00f3n animada. Hab\u00eda una de las hermanas un poco retirada, sin tomar parte en la conversaci\u00f3n. Me hab\u00edan dicho que era la hermana que hab\u00eda tenido las apariciones de la sant\u00edsima Virgen&#8230; Me hubiera gustado hablar con la Venerable, pero no me atrev\u00eda. Entonces ella dej\u00f3 su banco, vino a mi encuentro a la porter\u00eda y me dijo mir\u00e1ndome con bondad: <em>-Hermana, venga conmigo a la clase de Santa Mar\u00eda, a rezar un Avemar\u00eda a la Virgen.<\/em><\/p>\n<p>Aquella clase era precisamente de la que yo estaba encargada. Me levant\u00e9 sin responder y muy contenta. Qued\u00e9 asombrada de sus palabras, puesto que nunca me hab\u00eda visto.<\/p>\n<p>Pero sor Darlin cometi\u00f3 el error de demostrar demasiado su fervor por la vidente que hab\u00eda sido tan amable con ella. Catalina se despidi\u00f3 enseguida.<\/p>\n<h2><strong>3. La gran confidencia (primavera de 1876)<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>Tensi\u00f3n con sor <\/strong><strong><em>Duf\u00e9s<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>A comienzos de 1876 las notas anuales de sor Duf\u00e9s sobre Catalina indican lac\u00f3nicamente: Muy <em>mala salud. No se levanta <\/em>(sobreentendido: a las 4 de la ma\u00f1ana, la hora de las reglas).<\/p>\n<p>Las dos indicaciones siguientes se\u00f1alan la tensi\u00f3n de las relaciones entre la superiora y Catalina: <em>\u00abCar\u00e1cter muy vivo, juicio pasable\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En otras palabras, sor Duf\u00e9s no siempre est\u00e1 de acuerdo con ella, lo cual constituye una sombra, a pesar de su docilidad. Pero todo acaba con un homenaje sin restricciones: <em>&#8230;\u00bbpiedad s\u00f3lida, cumple muy bien con su deber\u00bb<\/em>.El elogio adquiere a\u00fan m\u00e1s peso si nos fijamos en que las notas de sor Dufes son implacables. Si \u00abcumple muy bien con sus deber\u00bb, es superando los achaques que cada d\u00eda se van haciendo mayores.<\/p>\n<p>Empieza a decir que <em>\u00abno pasar\u00e1 este a\u00f1o\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Ahora se levanta algo m\u00e1s tarde, pero est\u00e1 all\u00ed, siempre al lado de los ancianos o en la porter\u00eda: acogedora y discreta, en aquella peque\u00f1a \u00abgarita\u00bb en donde ha mantenido un despojo total de celda mon\u00e1stica.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s admirable es la humildad con que soporta la severi\u00addad especial de sor Duf\u00e9s. No solamente acoge sus reproches y domina su vivacidad que con frecuencia ti\u00f1e de rojo sus meji\u00adllas, sino que cuando la reprimenda propiciar\u00eda levantar una barrera entre las dos, ella misma acude a renovar el contacto, como si no hubiera pasado nada. Siempre encuentra en su cabeza un permiso que pedir (de los que la superiora nunca niega), llama a su puerta y le dice: <em>Hermana, \u00bfhar\u00eda usted el favor de concederme tal permiso?<\/em><\/p>\n<p>El contacto se ha reanudado, el permiso concedido. La superiora est\u00e1 satisfecha de poder haber sido generosa: esto calma su inquietud de conciencia sobre lo que le \u00abimpulsa\u00bb a probar as\u00ed a Catalina. Se admira de que \u00abel orgullo Labour\u00e9\u00bb se haya rebajado hasta ese punto. Bernadette no supo encontrar este recurso ante la madre Mar\u00eda Teresa Vauzou.<\/p>\n<h3><strong>Catalina pierde a su confesor<\/strong><\/h3>\n<p>Aquella primavera de 1876 no es un \u00abpeque\u00f1o permiso\u00bb lo que viene a pedir Catalina al llamar a la habitaci\u00f3n de sor Duf\u00e9s: <em>-\u00bfMe dar\u00eda usted permiso para ir a ver al padre Bor\u00e9?<\/em><\/p>\n<p>Se trata del superior general. <em>-\u00bfNada menos que eso?<\/em><\/p>\n<p>Catalina prosigue tranquilamente: <em>Nos ha retirado a nuestro confesor, el padre Chinchon, y tengo necesidad en conciencia de dirigirme a \u00e9l. Me gustar\u00eda pedirle permi\u00adso.<\/em><\/p>\n<p>S\u00ed, a finales del a\u00f1o anterior el superior general descarg\u00f3 al padre Chinchon de todas sus actividades exteriores -incluido Reuilly- para que se ocupase <em>exclusivamente <\/em>de la formaci\u00f3n de los estudiantes y novicios. Pero Catalina siente que su fin est\u00e1 pr\u00f3ximo. Conoce bien su naturaleza y los caminos de la muerte que tantas veces ha recorrido con sus ancianos. Est\u00e1 deseosa de arreglar los \u00faltimos deberes de su misi\u00f3n, rechazados durante 40 a\u00f1os, pero que la siguen atormentando.<\/p>\n<p>El padre Chinchon es m\u00e1s accesible que el padre Aladel, pero tampoco accede a unas peticiones que desbordan su competen\u00adcia. A veces incluso se muestra severo, indica sor Cosnard: <em>Entre los a\u00f1os 1864 y 1873 (no podr\u00eda concretar m\u00e1s), el padre Chinchon humill\u00f3 p\u00fablicamente en una reuni\u00f3n de las herma\u00adnas a sor Catalina. Le reproch\u00f3 que quer\u00eda hacer pasar sus sue\u00f1os por realidades, y dejar en rid\u00edculo a la comunidad.<\/em><\/p>\n<p>Sor Catalina permaneci\u00f3 humilde, tranquila, en su lugar, sin responder nada ni manifestar ning\u00fan disgusto. Era impresio\u00adnante&#8230;<\/p>\n<p>\u00bfQuer\u00eda hablar de las apariciones?&#8230; Probablemente, pero \u00e9l pon\u00eda las cosas de tal manera que resultaba ambiguo. Sal\u00ed de aquella reuni\u00f3n casi escandalizada por aquella forma de actuar del padre Chinchon. Luego pens\u00e9 que querr\u00eda probar la virtud de sor Catalina, ya que nunca hablaba de esa manera, pues era muy discreto.<\/p>\n<p>A pesar de esta severidad, se hab\u00eda llegado a establecer una especie de di\u00e1logo y de confianza a medias palabras entre el confesor y la dirigida. Cuando estaba preocupado por alg\u00fan asunto, el padre Chinchon le ped\u00eda: <em>\u00a1Ofrezca una comuni\u00f3n por nuestros estudiantes y novicios! <\/em>Ella iba preparando el terreno ante \u00e9l para obtener lo que todav\u00eda estaba en suspenso: el altar y la estatua de la Virgen con el globo terr\u00e1queo, que hab\u00eda que erigir en el sitio de la primera aparici\u00f3n.<\/p>\n<p>El padre Chinchon la escuchaba m\u00e1s que el padre Aladel. Las hermanas que conoc\u00edan su laconismo se admiraban de sus confesiones, m\u00e1s bien largas, que contribu\u00edan a prolongar la espera de las siguientes.<\/p>\n<p><em>-Sor Catalina, usted que es tan expeditiva en todo, \u00bfpor qu\u00e9 necesita tanto tiempo en sus confesiones? \u00bfEs usted escrupulosa?, <\/em>le dec\u00eda una de ellas en cierta ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p><em>&#8211; Querida, cada una tiene sus problemas. \u00a1Y eso es todo!<\/em><\/p>\n<p>Aquel foso que de pronto se hab\u00eda abierto entre los dos era una cat\u00e1strofe.<\/p>\n<h3><strong>Negativa <\/strong><strong>en la <\/strong><strong>cumbre<\/strong><\/h3>\n<p>Este es el motivo de que aquel mes de mayo Catalina quisiera ir a ver al padre Bor\u00e9, para que le diera permiso de dirigirse a su confesor, Sor Dufes, poco favorable al principio, acab\u00f3 condes\u00adcendiendo.<\/p>\n<p>Pero la entrevista fue un fracaso. \u00a1No hab\u00eda excepciones! \u00a1No hab\u00eda que sentar precedente!<\/p>\n<h3><strong>Ma\u00f1ana a las 10<\/strong><\/h3>\n<p>Catalina vuelve a Reuilly, con los ojos llenos de l\u00e1grimas. Sor Tanguy se extra\u00f1a, pues nunca se la hab\u00eda visto llorar, ni siquiera en las grandes penas familiares.<\/p>\n<p><em>-Sin embargo, necesitar\u00eda dirigirme a ese confesor&#8230;. <\/em>le dice a sor Duf\u00e9s. Y a\u00f1ade: <em>Ya no vivir\u00e9 mucho tiempo. Creo que ha llegado la hora de hablar&#8230; \u00bfSabe usted de qu\u00e9 &#8230;?<\/em><\/p>\n<p>Conmovida, sor Duf\u00e9s responde: <em>Mi buena sor Catalina, yo s\u00e9 muy bien que recibi\u00f3 usted la Medalla milagrosa, pero por discreci\u00f3n no le he hablado nunca de ello&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Bien, hermana. Ma\u00f1ana consultar\u00e9 a la sant\u00edsima Virgen en mi oraci\u00f3n. Si ella me dice que lo cuente todo, lo har\u00e9. Si no, guardar\u00e9 silencio. Si la sant\u00edsima Virgen me permite hablar, le enviar\u00e9 aviso a las 10. Venga usted a Enghien, al locutorio; all\u00ed estaremos m\u00e1s tranquilas.<\/em><\/p>\n<p>Sor Duf\u00e9s conf\u00eda este golpe de escena a sor Tanguy. Y a\u00f1ade: <em>-\u00a1Imag\u00ednese lo preocupada que voy a estar hasta ma\u00f1ana!<\/em>Al d\u00eda siguiente, Catalina le avisa. Acude corriendo. \u00abLa conversaci\u00f3n empez\u00f3 a las 10 y acab\u00f3 al mediod\u00eda\u00bb. Lo que maravilla a sor Duf\u00e9s es ver a Catalina, de ordinario tan poco elocuente, expresarse con \u00abprecisi\u00f3n y facilidad\u00bb.<\/p>\n<p>Le cuenta las primeras apariciones: el coraz\u00f3n de san Vicen\u00adte, Cristo en la eucarist\u00eda y la Virgen en el sill\u00f3n el 18 de julio de 1830: estas \u00faltimas eran totalmente desconocidas; hab\u00edan per\u00admanecido en el secreto de las confidencias y en el aut\u00f3grafo de 1856, ignoradas por todos.<\/p>\n<p>Sor Duf\u00e9s, cuya dureza con Catalina no era m\u00e1s que un reflejo de defensa, se siente movida varias veces a echarse a sus pies, para pedirle perd\u00f3n por haberla conocido tan poco. Cree este gesto excesivo, pero no puede impedir que sus labios murmuren: -\u00a1Dios la <em>ha favorecido mucho!<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Oh!, <\/em>responde Catalina, yo s\u00f3lo <em>he sido un instrumento. No ha sido por m\u00ed por lo que se ha aparecido la Virgen. Si me ha escogido a m\u00ed, <\/em><a href=\"http:\/\/que.no\/\"><em>que no<\/em><\/a><em> s\u00e9 nada, es para que no se pueda dudar de ella<\/em>.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, como tantas otras veces, Catalina es un eco interior de san Vicente, que dec\u00eda: <em>He sido escogido porque no era nada; as\u00ed nadie podr\u00e1 dudar de que unas cosas tan grandes son la obra de Dios.<\/em><\/p>\n<h3><strong>La Virgen con el globo<\/strong><\/h3>\n<p>Catalina llega al punto tan dif\u00edcil que le atormentaba \u00abdesde hac\u00eda mucho tiempo\u00bb: la sant\u00edsima Virgen ten\u00eda un globo en las manos. Ninguna imagen la representa as\u00ed. El padre Aladel se neg\u00f3 siempre a ello.<\/p>\n<p>Sor Dufes est\u00e1 perpleja. \u00bfQu\u00e9 novedad es \u00e9sta? \u00bfY c\u00f3mo compaginar esa imagen con la de la Medalla: la Virgen con las manos abiertas? Verdaderamente Catalina se pasa de raya: <em>\u00a1Dir\u00e1n que est\u00e1 usted loca!<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Bah&#8230;! \u00a1No ser\u00e1 la primera vez! \u00a1El padre Aladel me trat\u00f3 de \u00abmala avispa\u00bb cuando insist\u00eda en ello!<\/em><\/p>\n<p>Sor Duf\u00e9s comprende el sentido: es un gesto de Madre y Reina del universo. Nuestra Se\u00f1ora protege y ofrece a Dios ese globo de la tierra. Pero est\u00e1 desconcertada: <em>\u00bfPero qu\u00e9 ha pasado con esa bola?, <\/em>pregunta, por no poder ajustar las dos im\u00e1genes.<\/p>\n<p><em>-Yo no vi m\u00e1s que los rayos que ca\u00edan de sus manos, <\/em>responde evasivamente sor Catalina.<\/p>\n<p>Sor Duf\u00e9s est\u00e1 cada vez m\u00e1s perpleja: <em>\u00bfPero qu\u00e9 pasar\u00e1 con la Medalla, s\u00ed se publica esto? \u00a10h! \u00a1No hay que tocar la Medalla milagrosa!<\/em><\/p>\n<p>Sor Duf\u00e9s insiste: <em>Pero si el padre Aladel se opuso, es que tendr\u00eda sus razones&#8230; -Ese ha sido el martirio de mi vida, <\/em>conf\u00eda Catalina, que no puede resignarse a esa omisi\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY <em>conoce usted a alguien que pudiera confirmar su relato? -Conozco a sor Grand. Entonces estaba en la Secretar\u00eda. Ahora est\u00e1 de superiora en Riom. Trabaj\u00f3 con el padre Aladel.<\/em><\/p>\n<p>Aquella misma tarde sor Dufes, impresionada por la confi\u00addencia, se la conf\u00eda a sor Tanguy. Se siente seducida, pero tambi\u00e9n perpleja por aquella diferencia, por la aparici\u00f3n misma, e incluso por la Medalla. \u00bfNo estar\u00e1 perdiendo facultades Catali\u00adna en los a\u00f1os de su vejez?<\/p>\n<p>La superiora recuerda algunos detalles que mantuvieron su perplejidad y su agresividad frente a la vidente. En tiempos del padre Etienne, poco despu\u00e9s de la Comuna, Catalina tuvo la idea de que \u00aba metro y medio de profundidad\u00bb se encontrar\u00eda \u00abuna piedra lisa como una l\u00e1pida\u00bb, indic\u00f3 sin comprender sor Duf\u00e9s, \u00abcon la que poder construir una capilla\u00bb o mejor dicho \u00abuna iglesia\u00bb. Ella pens\u00f3 en un tesoro y el extra\u00f1o complimiento de las predicciones de Catalina durante la Comuna le movi\u00f3 a concederle cierto cr\u00e9dito y a hablar de ello con el padre Etienne. Decidieron excavar. \u00bfD\u00f3nde? Catalina en esta ocasi\u00f3n se sinti\u00f3 m\u00e1s embarazada. Las excavaciones fueron in\u00fatiles. Volvieron a comenzar con el padre Bor\u00e9. No encontra\u00adron m\u00e1s que un pozo tapado, que habr\u00eda obligado a ahondar hasta 18 metros bajo tierra.<\/p>\n<p><em>-Hermana, usted est\u00e1 equivocada, <\/em>le dijo secamente sor Du\u00ad<em>f\u00e9s.<\/em><\/p>\n<p>Catalina no discuti\u00f3. Respondi\u00f3 humildemente: <em>Bien, hermana; me he equivocado. Cre\u00eda que estaba en lo cierto. Me alegra mucho saber que ahora se ha descubierto la verdad<\/em>.<\/p>\n<p>\u00a1Pero qu\u00e9 preocupaci\u00f3n y cu\u00e1nto esfuerzo bald\u00edo en aquellas excavaciones in\u00fatiles!<\/p>\n<p>\u00bfSe enga\u00f1ar\u00eda tambi\u00e9n ahora Catalina? Para verificarlo, sor Duf\u00e9s escribi\u00f3 a sor Grand. La respuesta se hizo esperar. S\u00f3lo saldr\u00e1 el 24 de junio. Confirma la extra\u00f1a versi\u00f3n de Catalina: <em>S\u00ed, mi buena sor Duf\u00e9s, nuestra dulce Reina se apareci\u00f3 llevando la bola del mundo en sus manos virginales y benditas, calent\u00e1n\u00addola <\/em><em>con su <\/em><em>amor, teni\u00e9ndola sobre su coraz\u00f3n misericordioso y mir\u00e1ndola con inefable cari\u00f1o. Tengo incluso un boceto, proyec\u00adtado hace mucho tiempo, que la representa de ese modo.<\/em><\/p>\n<p>Sor Grand a\u00f1ade una defensa calurosa, pero poco clara, para armonizar las dos visiones <em>con y sin <\/em>el globo.<\/p>\n<h3><strong>La vidente y el escultor<\/strong><\/h3>\n<p>Ante esta confirmaci\u00f3n sor Duf\u00e9s lleva a Catalina a la calle del Bac, despu\u00e9s de un \u00abalmuerzo anticipado\u00bb. Y \u00abdurante la comida\u00bb de la comunidad, la condujo a la capilla. All\u00ed hizo que le indicara el lugar exacto en donde erigir la estatua y el altar: al lado derecho seg\u00fan se mira al altar, en donde est\u00e1 el cuadro de san Jos\u00e9. Sor Duf\u00e9s somete esta petici\u00f3n a los superiores. Imposi\u00adble. Aquello supondr\u00eda dos estatuas de la Virgen y suscitar\u00eda dificultades en los de arriba. Pero no hay nada que impida realizar un modelo para la casa de Reuilly, a t\u00edtulo privado.<\/p>\n<p>Sor Dufes se cuida de ello. S\u00f3lo Chevalier (desde 1878) ha se\u00f1alado, seg\u00fan indicaciones de sor Duf\u00e9s, algunos rasgos con\u00adcretos de su descripci\u00f3n<em>: Ni demasiado joven ni demasiado sonriente, sino con una grave\u00addad mezclada de tristeza, que desaparec\u00edan durante la visi\u00f3n, cuando el rostro se iluminaba con destellos de amor, sobre todo en el momento de su oraci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Sor Duf\u00e9s ordena hacer la estatua a Froc-Robert y env\u00eda a Catalina al taller para examinar el boceto. Su seguridad y sus cr\u00edticas ponen alerta al escultor: \u00bfEs <em>\u00e9sta la hermana de las apariciones?<\/em><\/p>\n<p>Esto basta para acortar el di\u00e1logo&#8230; Catalina se eclipsa con el aspecto aturdido que adopta en estas ocasiones. Esta interven\u00adci\u00f3n de la campesina ante el artista suscita la sonrisa de su compa\u00f1era: <em>\u00bfPero en qu\u00e9 se mete esta mujer? \u00bfHabr\u00e1 perdido la cabeza? <\/em>Catalina no puede ocultar su decepci\u00f3n. No, no es eso. Sor Duf\u00e9s le hace recorrer los almacenes de San Sulpicio para intentar descubrir al modelo imposible. Sin \u00e9xito alguno.<\/p>\n<p>Unas semanas m\u00e1s tarde llevan la estatua a Reuilly. Sor Duf\u00e9s no la pone en la capilla, sino que discretamente la manda llevar a su despacho. Invita a venir a Catalina. Ella la mira atentamente. Se han ejecutado escrupulosamente muchos de los detalles de su descripci\u00f3n: el globo dorado coronado por una cruz, \u00abla serpiente verdosa\u00bb bajo los pies de la Aparici\u00f3n. Pero no demuestra ning\u00fan entusiasmo. Se muestra m\u00e1s bien desde\u00ad\u00f1osa. Un tanto decepcionada, sor Duf\u00e9s le dice: <em>No hay que ser demasiado exigente. \u00a1Los artistas de la tierra no pueden realizar lo que no han visto!<\/em><\/p>\n<h3><strong>El final del martirio<\/strong><\/h3>\n<p>La confidencia y la realizaci\u00f3n de la estatua son para Catali\u00adna un gran alivio y le traen una gran paz. Las heridas se cicatrizan. Aquel signo inesperado le da esperanzas de que alg\u00fan d\u00eda el modelo ocupar\u00e1 un sitio en la capilla.<\/p>\n<h3><strong>\u00bfQu\u00e9 importancia?<\/strong><\/h3>\n<p>Responsable ante Nuestra Se\u00f1ora de lo que se hab\u00eda omiti\u00addo, Catalina se siente ahora descargada, dispuesta a la partida que siente ya pr\u00f3xima. Cuando su cuerpo la abandona, la serenidad de las profundidades aflora en la superficie. Su ancia\u00adnidad se convierte en un bello oto\u00f1o. Pero la campesina sabe muy bien que estos \u00faltimos gozos anuncian el invierno y la muerte. No le asusta ver c\u00f3mo se acerca. Se abandona a aquel encuentro desconocido como si fuera un viaje hacia la persona amada.<\/p>\n<p>Lo que venga ya no le importa. El cielo y los superiores velar\u00e1n por ello.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 importancia ten\u00eda la realizaci\u00f3n complementaria de esta Virgen con el globo? Es dif\u00edcil medirla. Esta estatua no ejerci\u00f3 ni mucho menos una influencia comparable a la de la Medalla milagrosa, que lleg\u00f3 a su hora para despertar en la Iglesia una nueva primavera de carismas y de conversiones. Si el padre Aladel no hab\u00eda sido escrupuloso en los detalles, hab\u00eda respetado ciertamente lo esencial: la invocaci\u00f3n, la representa\u00adci\u00f3n m\u00e1s cl\u00e1sica de la Inmaculada Concepci\u00f3n y los rayos de las manos, s\u00edmbolo nuevo de la luz de Dios a trav\u00e9s de Aquella que engendr\u00f3 al Verbo.<\/p>\n<p>Pero era leg\u00edtimo que Catalina desease ver representado este elemento complementario, que procede tambi\u00e9n de una tradi\u00adci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tocamos aqu\u00ed la relatividad de las visiones. La Iglesia ha insistido siempre en ello, subrayando el contraste entre estas revelaciones privadas y la revelaci\u00f3n evang\u00e9lica. Aquellas no son m\u00e1s que un carisma particular, destinado a despertar la esperanza.<\/p>\n<h3><strong>\u00abEs la \u00faltima vez\u00bb<\/strong><\/h3>\n<p>Sin ninguna ansiedad Catalina repite cada fiesta lit\u00fargica lo que se convierte ya en un estribillo: <em>Es la \u00faltima vez que celebro esta fiesta<\/em><\/p>\n<p>Se dir\u00eda que chochea, porque aparentemente no decae su salud. Pero ella persevera en su idea. Insiste el 15 de agosto, fiesta de la Asunci\u00f3n, cuando recibe a Mar\u00eda Antonieta Duhamel, con sus dos peque\u00f1as:<\/p>\n<p>Le da unas estampas como recuerdo de la primera comuni\u00f3n a la mayor (cuenta Mar\u00eda Antonieta). Le dije que no urg\u00eda, porque hasta el a\u00f1o siguiente no tendr\u00eda que hacer la primera comu\u00adni\u00f3n. Ella me respondi\u00f3: <em>\u00a1Mi querida hija!, el a\u00f1o que viene ya no estar\u00e9 yo aqu\u00ed.<\/em><\/p>\n<p><em>-Pero la har\u00e9 pronto, <\/em>insiste Marta: <em>el mes de mayo que viene har\u00e9 la primera comuni\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>-Lo s\u00e9. Pero ya no estar\u00e9 yo. Prefiero d\u00e1rtelas enseguida.<\/em><\/p>\n<p>Y le regala una estampa que representaba a una primera comulgante y otros varios recuerdos.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Antonieta Duhamel insiste: <em>-\u00a1Pero si est\u00e1 usted tan bien como siempre!<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1No quer\u00e9is creerme!, <\/em>dice tranquilamente sor Catalina sin abandonar su convicci\u00f3n&#8230; <em>\u00a1Ya ver\u00e9is!<\/em><\/p>\n<p>El 8 de septiembre la visita Felipe Meugniot. No sabe que es la \u00faltima vez. Sor Duf\u00e9s le revela el secreto de Catalina. El lo ignoraba. No se atreve a hablar de ello con su t\u00eda, extra\u00f1ado de verla siempre tan discreta.<\/p>\n<p>Le molestan el coraz\u00f3n y la respiraci\u00f3n. Permanece sentada en la cama. Impresiona su calma y su tranquilidad, \u00abdispuesta a presentarse ante Dios\u00bb. Evoca jocosamente su descanso forzoso (que tanto le cuesta): <em>Aqu\u00ed estoy como una reina&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Bernadette usar\u00e1 esta misma comparaci\u00f3n en una carta de 1876 a la madre Sof\u00eda Cresseil.<\/p>\n<p>A finales de septiembre sigue todav\u00eda acostada.<\/p>\n<p>Sor Henriot viene a verla y la atiende cuando est\u00e1 ausente la enfermera habitual: <em>Rece por m\u00ed, <\/em>le suplica.<\/p>\n<p><em>-Piense en m\u00ed, y yo rezar\u00e9 por usted, <\/em>le responde Catalina. El siguiente mes de marzo sor Henriot se acordar\u00e1 de esta promesa. Acudir\u00e1 a la tumba de Catalina, para pedirle por una hermana muy enferma. Y aquella hermana se curar\u00e1.<\/p>\n<h2><strong>4. Un oto\u00f1o radiante<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>Ocaso<\/strong><\/h3>\n<p>En octubre Catalina se levanta. El ocaso es lento: \u00abdebilidad, flojera, ancianidad, desgaste, agotamiento\u00bb, dicen los testigos. <em>Ya no rige su cabeza, dicen quienes la ven bajar. Cosas peores dijeron de Nuestro Se\u00f1or<\/em>, conf\u00eda Catalina, que conserva bien el o\u00eddo y unos grandes ojos azules detr\u00e1s de sus gafas de hierro.<\/p>\n<p>Su coraz\u00f3n est\u00e1 d\u00e9bil, su respiraci\u00f3n es fatigosa. Le ponen sanguijuelas en los ri\u00f1ones para aliviarla.Su paciencia au\u00admenta con sus dolores de piernas.<\/p>\n<p>Sor Combes se admira de verla \u00abtodo el tiempo, como si no sufriera\u00bb. Cuando se le nota el sufrimiento y alguien le expresa su pena, dice: <em>Dios se merece que suframos un poco por \u00e9l.<\/em><\/p>\n<h3><strong>\u00daltimas actividades<\/strong><\/h3>\n<p>Ya dej\u00f3 de encerar el suelo con la pesada \u00abgalera\u00bb.Luego la dispensan de los cargos regulares. Pero, cuando puede levan\u00adtarse, acude a la porter\u00eda. Hace peque\u00f1as coladas. Repasa la ropa de los ancianos y vela por su alimentaci\u00f3n, cuyos proble\u00admas conoce muy bien despu\u00e9s de <em>46 <\/em>a\u00f1os. \u00a1Que se le d\u00e9 a cada uno lo que necesita!<\/p>\n<p>Pone a las j\u00f3venes al corriente de las tareas que va dejando. \u00abEn los \u00faltimos meses de 1876\u00bb, sor Cabanes, encargada de la cocina, \u00abla ve venir todos los d\u00edas, antes de la comida, a ver si todo est\u00e1 bien\u00bb y la pone al corriente de los peque\u00f1os detalles \u00abcon mucha bondad\u00bb.<\/p>\n<p><em>-As\u00ed es como yo lo hac\u00eda, <\/em>dice Catalina, y <em>como lo hac\u00eda la que trabajaba antes que usted. Si tiene alg\u00fan problema, contin\u00faa, no se asuste. \u00a1Yo tambi\u00e9n los he tenido!<\/em><\/p>\n<p>El 30 de octubre de 1876 toma la pluma para escribir la confidencia que le hab\u00eda hecho Nuestra Se\u00f1ora, sentada en su misterioso sill\u00f3n, en la calle del Bac: <em>Hija m\u00eda, Dios quiere encargarte de una misi\u00f3n\u2026<\/em>.Por aquellos mismos d\u00edas dice a sor Millon: <em>Morir\u00e9 antes del a\u00f1o pr\u00f3ximo y no tendr\u00e1n necesidad de ning\u00fan carro f\u00fanebre para llevarme al cementerio.<\/em><\/p>\n<p><em>-Usted bromea, sor Catalina.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Ya lo ver\u00e1 usted, querida!<\/em><\/p>\n<h3><strong>Retiro de noviembre<\/strong><\/h3>\n<p>El 5 de noviembre de 1876 Catalina se encuentra bastante fuerte para ir a hacer los ejercicios a la casa madre. La llevan en un coche. En medio de una decoraci\u00f3n dorada de hojas de oto\u00f1o, se muestra valiente. Sigue todos los actos. Se queda de rodillas como las hermanas m\u00e1s j\u00f3venes, a pesar de su artritis tan dolorosa y de sus rodillas hinchadas. Rehusa incluso un coj\u00edn que le ofrecen para aliviarle.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en esto llama la atenci\u00f3n su obstinaci\u00f3n: <em>Son mis \u00faltimos ejercicios espirituales, le <\/em>dice a sor Pineau.<\/p>\n<p>Nadie la cree. Coqueter\u00eda de vieja, que intenta llamar la atenci\u00f3n de los dem\u00e1s&#8230; Pero ella dice eso con toda sencillez. Al llegar, visita a su hermana mayor, Mar\u00eda Luisa. No le gusta verla en la cama, a pesar de sus ochenta a\u00f1os: <em>Te escuchas demasiado. Creo que, si quisieras, podr\u00edas levan\u00adtarte.<\/em><\/p>\n<p>No es ella precisamente la que carece de compasi\u00f3n con los enfermos. Poco tiempo antes, al ir a visitar a un hermano enfermo en el hospital Lariboisi\u00e9re, se hab\u00eda apresurado a bajar ella antes del coche para ayudar a bajar a su hermana mayor. Pero con las prisas se hab\u00eda dislocado la mu\u00f1eca. Aquello no la hab\u00eda impedido mostrarse alegre en la visita, con su mano vendada&#8230; Pero Catalina, que conoce ahora la vejez, sabe muy bien lo que cuesta cada ma\u00f1ana levantar los huesos viejos&#8230; No es lo mismo que en Fain, cuando eran j\u00f3venes&#8230;<\/p>\n<p>Esta vez habla sobre todo con sor Cosnard, su antigua compa\u00f1era de Reuilly de <em>1864 <\/em>a <em>1873, <\/em>que ocupa ahora un puesto en el seminario. Hay un verdadero sentimiento de com\u00adprensi\u00f3n entre ella y sor Catalina, que espera hacer que pase por medio de ella el mensaje de Nuestra Se\u00f1ora, todav\u00eda poco conocido&#8230;<\/p>\n<p>Sor Cosnard es de las que \u00absaben\u00bb. Interior y discreta, aunque ardiente, sabe compartir en profundidad. Llega de este modo a hacer que Catalina hable de las apariciones, a medias palabras, sin que se descubra ella misma. Puede entonces confiarle el mensaje que lleva dentro del coraz\u00f3n: <em>Cuando se le apareci\u00f3 a UNA DE NUESTRAS HERMANAS, la sant\u00edsima Virgen llevaba el globo del mundo en las manos&#8230; Se lo ofrec\u00eda a Dios. Ninguno de los grabados de las apariciones la muestra de este modo. Pero ella lo quiere. Y quiere un altar en el sitio en donde se apareci\u00f3.<\/em><\/p>\n<p>Todo esto a prop\u00f3sito del seminario y a prop\u00f3sito de la formaci\u00f3n de las hermanas. Catalina lamenta que algunas de ellas ni siquiera lleven la Medalla y que la capilla de la calle del Bac siga sin abrirse a las peregrinaciones&#8230;<\/p>\n<p>El \u00faltimo d\u00eda <em>(14 <\/em>de noviembre) Catalina le Cosnard: <em>Ll\u00e9veme al seminario.<\/em><\/p>\n<p>En aquella hora de recreo, cuando no hay nadie all\u00ed, quiere volver a ver por \u00faltima vez los dos cuadros de las apariciones pintados por Lecerf en <em>1835, los <\/em>primeros y los pintados con m\u00e1s esmero para conmemorar el mensaje en la casa de las hijas de la Caridad. Catalina se arrodilla y reza. Luego se levanta (no sin esfuerzos) y contempla largo tiempo aquellas pinturas que Aladel le hab\u00eda ense\u00f1ado hacia <em>31 <\/em>a\u00f1os. Se retrasa. La campana se\u00f1ala el final del recreo. Las j\u00f3venes hermanas regresan al seminario. Esp\u00edan a la visitante de ojos azules. Una de ellas lo adivina: \u00a1Oh! <em><sub>\u00a1<\/sub><\/em><em>Es la hermana que vio a la sant\u00edsima Virgen! <\/em>Catalina se le vuelve: <em>Est\u00e1 bien, hermana, est\u00e1 bien, <\/em>dice secamente.<\/p>\n<p>\u00bfSer\u00eda acaso todo ello una trampa para \u00abmostrarla\u00bb? \u00bfHa\u00adbr\u00eda manifestado sor Cosnard su secreto? Parte bruscamente y vuelve a Reuilly sin despedirse de ella. Sor Cosnard se preocupa. \u00bfLa creer\u00e1 culpable Catalina? \u00bfEstar\u00e1 molesta? \u00a1Qu\u00e9 triste final para un encuentro tan hermoso!<\/p>\n<h3><strong>\u00a1Estas son nuestras perlas!<\/strong><\/h3>\n<p>A pesar de este incidente, la estancia en la calle del Bac le ha venido bien a Catalina. Ha reanudado sus tareas valientemente. El 24 de noviembre, v\u00edspera de la fiesta de santa Catalina, sor Tranchemer que procura tenerla contenta le lleva a los ni\u00f1os para que la feliciten. Catalina est\u00e1 de rodillas ante la fuente del patio. Est\u00e1 lavando, ella sola, las sillas de los ancianos, las sillas horadadas que utilizaban para sus necesidades nocturnas en una \u00e9poca en que no hab\u00eda retretes en los pisos. No era aquello precisamente un bonito espect\u00e1culo. Los ni\u00f1os se tapan la nariz. Ella se sonr\u00ede ante su sorpresa: <em>Hijos <\/em>m\u00edos, para las hijas de la Caridad \u00a1\u00e9stas son nuestras perlas!<\/p>\n<p>Se lava las manos, se quita el delantal, y toda limpita: -\u00a1Ahora, venid a que os abrace!<\/p>\n<p>Era algo raro, ya que -nos cuenta en otra ocasi\u00f3n sor Tranchemer- Catalina \u00abno sol\u00eda abrazar a los ni\u00f1os, sino que se inclinaba y les hac\u00eda una ligera caricia\u00bb. Pero los d\u00edas de fiesta la tradici\u00f3n campesina dice que hay que abrazarse.<\/p>\n<p><em>Sed buenos y obedientes y la sant\u00edsima Virgen os querr\u00e1 mucho. <\/em><em>Le <\/em><em>rezar\u00e9 por vosotros, les dijo antes de reanudar su tarea<\/em><em>.<\/em> El 30 de noviembre muere Augusto, el \u00abhermanito\u00bb enfermo de Catalina, al que hab\u00eda cuidado durante su juventud. Toda su vida hab\u00eda estado lisiado, a cargo de unos o de otros. El 7 de septiembre de 1867, uno de sus hermanos lo hab\u00eda ingresado en la Cartuja de Dijon, el asilo de la provincia, en la carretera de Plombi\u00e9res. Despu\u00e9s de 9 a\u00f1os de internado se lo llevo una pneumon\u00eda. Hac\u00eda mucho que no lo hab\u00eda visto Catalina. El benjam\u00edn de la familia ten\u00eda 67 a\u00f1os.<\/p>\n<h3><strong>\u00daltima fiesta de la Inmaculada<\/strong><\/h3>\n<p>El 5 de diciembre, sor Dufes la da la alegr\u00eda de llevarla a la casa-madre para celebrar la fiesta de la Inmaculada Concep\u00adci\u00f3n. Sor Cosnard se aprovecha de la ocasi\u00f3n despu\u00e9s de la despedida brusca de los ejercicios&#8230;<\/p>\n<p>Estaba un poco enfadada conmigo, convencida de que era yo misma la que hab\u00eda provocado la exclamaci\u00f3n de las novicias\u00ad nos cuenta-. Nos abrazamos en se\u00f1al de reconciliaci\u00f3n, sin darnos ninguna explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El secreto de Catalina es aireado cada vez m\u00e1s. Pero evitan provocarla. El fervor alrededor de ella sabe guardar las distan\u00adcias.<\/p>\n<p>\u00bfHabr\u00e1 que ayudarle a subir al coche? Cuando deja la casa\u00admadre, se cae y se disloca la mu\u00f1eca. No dice ni palabra. Nadie se da cuenta. Mal que bien, rodea al brazo dolorido con su pa\u00f1uelo: <em>\u00bfQu\u00e9 le pasa, sor Catalina?, <\/em>le pregunta sor Dufes.<\/p>\n<p>Ella le muestra su mu\u00f1eca enfundada, sosteni\u00e9ndola con la otra mano, y responde jocosamente: <em>\u00a1Ay, hermana! \u00a1Ya tengo mi ramillete! Todos los a\u00f1os la Virgen me obsequia de esta manera.<\/em><\/p>\n<p>Catalina recibe como un regalo las dichas y las desdichas. La confidencia le impresiona a sor Charvier. Y exclama: -\u00a1Pues s\u00ed que 1e cuida bien a usted la Virgen! \u00a1No vale la pena que se moleste usted en ir a visitarla a la casa-madre! Catalina le responde con mucha calma: <em>Cuando la sant\u00edsima Virgen nos manda un sufrimiento, es un regalo que nos hace<\/em>.<\/p>\n<p>S\u00ed, \u00a1para Catalina todo es gracia!<\/p>\n<h2><strong>5. Cuando llega el invierno<\/strong><\/h2>\n<p>Para Catalina el ocaso se acent\u00faa. La mu\u00f1eca le impide sus actividades. Tiene que guardar lecho con frecuencia, pero se levanta siempre que puede; cansada, pero sin rendirse; ani\u00admosa sin desfallecer. Su desgaste s\u00f3lo necesita peque\u00f1os cui\u00addados.<\/p>\n<h3><strong>\u00abLo que usted quiera\u00bb<\/strong><\/h3>\n<p>No resulta dif\u00edcil atenderla en la comida. Come cada vez menos. Por la ma\u00f1ana no puede tomar nada. Por la noche, cuando se le pregunta qu\u00e9 es lo que quiere, responde: <em>Lo <\/em>que usted quiera. <em>Si <\/em>insisten, <em>concluye invariablemente: <\/em>Unos huevos revueltos.<\/p>\n<h3><strong>\u00bfGolosa?<\/strong><\/h3>\n<p>Pero un d\u00eda cambia de estribillo; se siente d\u00e9bil, no ha comido nada hace unos d\u00edas y el deseo de recobrar las fuerzas le da la idea de pedir&#8230; <em>\u00a1Una manzana cocida!<\/em><\/p>\n<p>Ella, que parece de ordinario indiferente, espera con ansia una manzana que tarda en venir. \u00bfTiene hambre? S\u00ed, un ham\u00adbre repentina de moribunda, el sobresalto de un organismo agotado.<\/p>\n<p><em>-C\u00f3mo una hermana que se dice que ha visto a 1a Virgen se pone ahora a desear estas golosinas?, <\/em>exclam\u00f3 sor Tanguy.<\/p>\n<p>Dice esto delante del padre Chinchon, el antiguo confesor, que sale enseguida en su defensa: <em>Hermana, podr\u00eda citarle a un santo canonizado <\/em>(el testigo se ha olvidado del nombre) <em>que pidi\u00f3 fresas en su lecho de muerte<\/em>.<\/p>\n<p>Como todos los enfermos debilitados, Catalina siente a veces la necesidad de alimentos m\u00e1s reconfortantes. En estos \u00faltimos tiempos no pod\u00eda tolerar nada por la ma\u00f1ana; se manten\u00eda tomando por la noche un poco de \u00abcaldo, de leche, de tisana, o con algunas uvas pasas\u00bb<\/p>\n<p>No pensar\u00eda seguramente en que aquellos menudos detalles ser\u00edan pronto explotados de forma sospechosa en el proceso de canonizaci\u00f3n. El abogado del diablo, extra\u00f1ado de aquellas inclinaciones naturales en una candidata a la santidad, se preguntar\u00e1 si no hab\u00eda sido la glotoner\u00eda el demonio de sus \u00faltimos d\u00edas. As\u00ed pensaba el padre Hamard, lazarista, cuyo esp\u00edritu cr\u00edtico y bromista se divert\u00eda en deshacer algunos entusiasmos que le parec\u00edan excesivos: <em>Sor Catalina era una buena mujer, <\/em>dec\u00eda a las hermanas de Reuilly, <em>pero se dejaba llevar en su enfermedad de cierta sensualidad. <\/em>Sor Lenormand se creer\u00e1 obligada a referir estas palabras en conciencia, porque ha jurado decirlo todo bajo juramento. El necesitar\u00e1 largas disertaciones para disipar aquellas cr\u00edticas tan superficiales. Esto lograr\u00e1 situar exactamente la modestia de los deseos de Catalina, siempre conformes con las reglas de san Vicente y comparables con las apetencias, a veces m\u00e1s refina\u00addas, de algunos santos en su \u00faltima enfermedad. Veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde, en el verano de 1896, Teresa de Lisieux expresar\u00e1 en su lecho de muerte deseos de alimentos m\u00e1s costosos: asado o pastelillos de crema y chocolate.<\/p>\n<p>La santidad no excluye inocentes deseos naturales ni la sencillez del coraz\u00f3n.<\/p>\n<h3><strong>Una enfermera negligente<\/strong><\/h3>\n<p>Catalina ha debido runrunear alguna vez porque su negli\u00adgente enfermedad, sor Mar\u00eda, se olvidaba de llevarle la comida cuando la \u00abdecana\u00bb enferma no pod\u00eda bajar al comedor. Pero Catalina no se habr\u00eda quejado por un imperio. Entonces ella buscaba lo que pod\u00eda. De ah\u00ed sus comidas frugales y fuera de orden, que han sido consideradas como superfluas.<\/p>\n<p>La asistente, sor Tanguy, tuvo que reconocerlo, lo mismo que sor Olalde: <em>Catalina no se quejaba y lo soportaba todo&#8230; Cuando me di cuenta de lo que pasaba, quise saber qu\u00e9 es lo que la Venerable pensaba de ello. Ella me respondi\u00f3 con calma y con sencillez: -Sor Mar\u00eda no <\/em><em>es muy trabajadora<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p>Un tanto abandonada, sin quejarse, Catalina tendr\u00e1 que o\u00edr reproches muy vivos, incluso de sor Tanguy. Sor Cabanes nos cuenta: <em>Yo misma vi a la asistente de la comunidad hacer a sor Catalina reproches bastante vivos por haber dejado de tomar las medici\u00adnas que le llevaba la hermana de la farmacia, cuando estaba enferma y acostada&#8230; Ella no se excus\u00f3 y guard\u00f3 silencio&#8230; Al salir la hermana asistente, sor Catalina se volvi\u00f3 hacia m\u00ed y me dijo con mucha dulzura: <\/em><em>No la he visto en todo el d\u00eda, \u00a1y ya ve c\u00f3mo me <\/em>trata <em>cuando llega!&#8230; <\/em>\u00a1Hab\u00eda tomado las medicinas!<\/p>\n<p>Un d\u00eda sor Tranchemer vio que estaba sin fuego, en pleno diciembre: <em>Seguramente tendr\u00e1 fr\u00edo, sor Catalina. Voy a encender&#8230; -No, d\u00e9jelo. \u00a1Eso no es nada! <\/em><\/p>\n<p>Todo es gracia para Catalina en aquellas largas noches sin electricidad.<\/p>\n<p>A mediados de diciembre, dice sor Maurel, no pod\u00eda tomar nada, tan estropeado ten\u00eda el est\u00f3mago&#8230; Apenas pod\u00edamos hacerle tomar un poco de caldo a eso de las nueve de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>El 18 de diciembre sor Cessac, postulante que se marchaba al seminario, fue a despedirse de ella:<\/p>\n<p>Estaba muy tranquila y me dijo: <em>Yo me voy al cielo.<\/em><\/p>\n<h3><strong>Ir\u00e9 a Reuilly<\/strong><\/h3>\n<p>El 20 de diciembre sor Mar\u00eda Thomas la encontr\u00f3 de buen humor: \u00a1Oh! \u00a1<em>Qu\u00e9 buena es la superiora!, <\/em>exclama Catalina.<\/p>\n<p>Sor Mar\u00eda se extra\u00f1a al o\u00edr aquello, despu\u00e9s de su estribillo tan conocido sobre su muerte, \u00abantes del a\u00f1o pr\u00f3ximo\u00bb: <em>No se necesitar\u00e1 coche f\u00fanebre.<\/em><\/p>\n<p>Sor Mar\u00eda exclama: \u00bfY <em>qu\u00e9 vamos a hacer con mi corpach\u00f3n tan grande? <\/em>Ella contesta: <em>Ser\u00e1 de este modo: ir\u00e9 a estar con vosotras, en Reuilly. <\/em>Y a\u00f1ade: <em>No se necesitar\u00e1n cintas.<\/em><\/p>\n<p>Se refer\u00eda a lo que entonces llamaban \u00abcordones mortuo\u00adrios\u00bb, las cintas que los amigos llevaban ceremoniosamente en los cuatro \u00e1ngulos del coche f\u00fanebre.<\/p>\n<p>Sor Thomas se apresura a contarle a sor Duf\u00e9s todas estas extra\u00f1as ideas: <em>Gu\u00e1rdese eso para sus adentros, <\/em>le responde ella.<\/p>\n<h3><strong>La mariscala y otras visitantes<\/strong><\/h3>\n<p>Catalina est\u00e1 en cama de ordinario. Esto atrae una peque\u00f1a corriente de visitantes, los que \u00absaben\u00bb, y especialmente la mariscala de Mac Mahon. Catalina le entrega algunos rosarios y medallas. Pero Leonia Labour\u00e9, que ha venido a visitar a su t\u00eda unas semanas antes de su muerte, no tiene permiso para subir al dormitorio. Catalina tampoco est\u00e1 en condiciones de bajar.<\/p>\n<p>Entre las visitantes de cada d\u00eda, adem\u00e1s de sor Tranche\u00admer,est\u00e1 sor Charvier que atestigua: <em>Yo <\/em><em>iba a verla todos los d\u00edas y a veces incluso varias veces al d\u00eda. Le llevaban la comuni\u00f3n de vez en cuando&#8230; Un d\u00eda le pregunt\u00e9 por qu\u00e9 no solicitaba ese favor con mayor frecuencia.<\/em> <em>Y <\/em>ella me contest\u00f3: C<em>uando me traen al buen Dios, estoy contenta. Pero prefiero hacer lo que hace todo el mundo. No quiero distinguirme en nada de las dem\u00e1s.<\/em><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la ve\u00eda muchas veces sor Cabanes. Iba a visitarle cada d\u00eda, desde que empez\u00f3 a guardar cama. Le dec\u00eda: <em>\u00a1M\u00ed buena hermana!, \u00a1est\u00e1 usted muy sola! <\/em>Ella me respond\u00eda:<\/p>\n<p><em>Vaya usted adonde tenga que ir; no puedo quejarme do nada. Tengo todo lo que necesito.<\/em><\/p>\n<h3><strong>Finalmente, el confesor<\/strong><\/h3>\n<p>Superadas todas las impaciencias, Catalina ha expresado sin embargo un deseo: volver a hablar con el padre Chinchon, el confesor que le han negado desde el a\u00f1o pasado, despu\u00e9s de haber tratado con \u00e9l durante un cuarto de siglo muchas cosas&#8230; Es una petici\u00f3n serena. Ahora que se ha confiado a otras personas, Catalina se siente m\u00e1s all\u00e1 de todas las heridas. Se trata de una \u00faltima conversaci\u00f3n, de un encuentro, de una despedida.<\/p>\n<p>El 29 de diciembre sor Tranchemer le hace tambi\u00e9n la \u00faltima visita, mientras sor Dufes estaba vel\u00e1ndola. Le impresio\u00adna la serenidad de su rostro.<\/p>\n<h3><strong>Unci\u00f3n de los enfermos<\/strong><\/h3>\n<p>En los \u00faltimos d\u00edas de diciembre Catalina pide la unci\u00f3n de los enfermos. Parece prematuro. Pero como empieza a debilitar\u00adse, le proponen ir a buscar a un sacerdote cercano, de entre los padres de Picpus.<\/p>\n<p><em>-Puedo esperar a que llegue el lazarista que viene a confesar&#8230; <\/em>\u00a1Toda una paradoja! Aquel lazarista es el padre Hamard. \u00a1Catalina recibe los \u00faltimos sacramentos por el ministerio de aquel que habr\u00eda de ser el m\u00e1s peligroso abogado del diablo cuando empiece el proceso de canonizaci\u00f3n, no por hostilidad desde luego, sino por su tendencia a la paradoja!&#8230;<\/p>\n<p>La rodean varias compa\u00f1eras: <em>Les pido perd\u00f3n por todas mis faltas con ustedes, <\/em>les dice Catalina seg\u00fan la costumbre.<\/p>\n<p>Recibe con plena lucidez la unci\u00f3n en cada uno de los cinco sentidos, empezando por sus azules ojos: <em>Que el Se\u00f1or te perdone todos los pecados que has cometido por la vista&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Las f\u00f3rmulas encierran algo parad\u00f3jico ante aquella mirada transparente. Catalina renueva con aquella ocasi\u00f3n sus votos con un fervor sereno.<\/p>\n<h3><strong>\u00daltima confidencia<\/strong><\/h3>\n<p>El 30 de diciembre la visita sor Cosnard. Est\u00e1n all\u00ed otras varias hermanas. Despu\u00e9s de la reconciliaci\u00f3n del 8 de diciem\u00adbre, a la visitante le gustar\u00eda una conversaci\u00f3n m\u00e1s \u00edntima. \u00bfPero c\u00f3mo lograrlo? Se acerca al lecho y murmura: <em>Sor Catalina, \u00bfva usted a dejarme sin decirme una palabra sobre la sant\u00edsima Virgen?<\/em><\/p>\n<p>Catalina le pide que se acerque, muy a su lado, indica sor Pineau. Ella se inclina. Le habla al o\u00eddo. Las dem\u00e1s no pueden escuchar nada.<\/p>\n<p>S\u00ed, Catalina tiene algo que decirle a sor Cosnard, porque ella es hermana \u00abde oficio\u00bb, encargada de la formaci\u00f3n en el semina\u00adrio. Alberga en su coraz\u00f3n unos deseos inmensos, y tambi\u00e9n algunas quejas, por las dos familias de san Vicente: <em>Procure que recen mucho. Que Dios inspire a los superiores honrara Mar\u00eda Inmaculada. Ella es el tesoro de la comunidad. \u00a1Que se rece bien el rosario! Si se aprovechan de ello&#8230;, las vocaciones ser\u00e1n numerosas.<\/em><\/p>\n<p>Ante la disminuci\u00f3n que se observ\u00f3 entre 1860 y 1870, habr\u00eda a\u00f1adido: <em>Seguir\u00e1n disminuyendo si no son fieles a la regla, a la Inmacu\u00adlada Concepci\u00f3n, al rosario&#8230; \u00a1Ya no somos bastante servidoras de los pobres!<\/em><\/p>\n<p>Se acuerda de las hermanas j\u00f3venes a las que ha ayudado a vencer las repugnancias; muy recientemente, de la que la ha sustituido, sor Maurel: <em>Convendr\u00eda que las postulantas fueran a los hospitales, para aprender a SUPERARSE.<\/em><\/p>\n<p>Y se interrumpe, por miedo a excederse de su misi\u00f3n: <em>Pero no me toca a m\u00ed hablar. \u00a1Es el padre Chevalier <\/em>(el director de las Hijas de la Caridad) <em>el que tiene misi\u00f3n para esto! <\/em>\u00bfSe acuerda de la hermana que la hab\u00eda tratado de ingenua y que buscaba obras de mayor relieve? A\u00f1ade: Se ha <em>elevado <\/em>demasiado a las hermanas j\u00f3venes, en vez de seguir manteni\u00e9ndolas en la humildad. \u00a1Que escuchen a las hermanas antiguas! \u00a1Que aprendan el esp\u00edritu de san Vicente!&#8230; La sant\u00edsima Virgen ha prometido sus gracias siempre que se rece en la capilla; sobre todo la pureza de esp\u00edritu, de coraz\u00f3n, de voluntad&#8230; El puro amor.<\/p>\n<h3><strong>Oraci\u00f3n de los agonizantes<\/strong><\/h3>\n<p>Aquel d\u00eda se rez\u00f3 alrededor del lecho de Catalina, que iba empeorando, la oraci\u00f3n de los agonizantes. Lo hab\u00eda pedido ella misma: <em>\u00bfNo siente usted miedo de morir;, <\/em>le pregunta sor Duf\u00e9s. Los ojos azules de Catalina parecen extra\u00f1arse como un firmamento sin nubes: <em>\u00bfPor qu\u00e9 he de tener miedo de ir a ver a Nuestro Se\u00f1or, a su Madre y a san Vicente?<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El retorno El 31 de mayo de 1871 sor Catalina se ha encontrado de nuevo con su hospicio, con su huerto, con su porter\u00eda. Hay ambiente de alegr\u00eda. 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