{"id":53171,"date":"2019-07-01T08:30:58","date_gmt":"2019-07-01T06:30:58","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/10\/vida-de-catalina-laboure-rene-laurentin-3-el-seminario\/"},"modified":"2019-06-02T18:20:48","modified_gmt":"2019-06-02T16:20:48","slug":"vida-de-catalina-laboure-rene-laurentin-3-el-seminario","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-catalina-laboure-rene-laurentin-3-el-seminario\/","title":{"rendered":"Vida de Catalina Labour\u00e9 (Ren\u00e9 Laurentin): 3. El seminario"},"content":{"rendered":"<h2><strong>1. La llegada<\/strong><\/h2>\n<p>Mi\u00e9rcoles, 21 de abril de 1830. Los cascos de los caballos suenan sobre el pavimento de Par\u00eds, arrastrando el sordo ruido de las ruedas de hierro, como una especie de trueno, lejano y pr\u00f3ximo.<\/p>\n<p>Para Catalina la capital no es un descubrimiento. \u00a1Pero qu\u00e9 diferencia de la primera vez! Hac\u00eda dos a\u00f1os aquello era la c\u00e1rcel, el destierro: lejos de su padre que la rechazaba, lejos del sue\u00f1o que en ella hab\u00eda despertado san Vicente&#8230; Pero ya tenemos a su padre reconciliado con ella y abierta de par en par la casa de san Vicente. Los obst\u00e1culos se han venido abajo, lo mismo que las murallas de Jeric\u00f3. Harta de dificultades. Catali\u00adna saborea a pesar de la fatiga la victoria prometida a la fe que transporta las monta\u00f1as.<\/p>\n<p>Par\u00eds ya no ser\u00e1 aquel restaurante, aquellas botellas, aque\u00adllas bromas groseras de los obreros; ser\u00e1 la oraci\u00f3n, el silencio, el servicio a los pobres y a los enfermos. El sue\u00f1o se hace realidad.<\/p>\n<p>Le han dicho a Catalina que el per\u00edodo de formaci\u00f3n era duro. Pero iba preparada para todo. Nada le pesa, sobre todo ahora cuando act\u00faa seg\u00fan su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>El viaje toca a su fin: ajetreo de caballos relinchantes y cocheros. Hay all\u00ed hermanas de la Casa-Madre vestidas como las de Ch\u00e1tillon: es la misma familia, el mismo calor. Las dos viajeras, la anciana y la joven reciben una misma acogida.<\/p>\n<h3><strong>La calle del Bac<\/strong><\/h3>\n<p>Recogen los bultos y el equipaje en un coche. Resuenan las ruedas bajo el p\u00f3rtico del n. 132 de la calle del Bac; viene luego un segundo p\u00f3rtico m\u00e1s adentro y finalmente se detienen en un patio rectangular. A la derecha se encuentra el edificio del reloj. A la izquierda est\u00e1 el edificio del seminario, con la campana que convocar\u00e1 a Catalina a los ejercicios de comunidad.<\/p>\n<p>Conducen a Catalina por este segundo lado, al \u00abPalacio de Ch\u00e1tillon\u00bb, una extra\u00f1a residencia para un noviciado. Aquella casa hab\u00eda sido concebida en el siglo XVII para servir de ostentosa residencia a la familia de La Valli\u00e9re: las ventanas tienen una altura realmente desmesurada. En el lado opuesto al patio de entrada -el jard\u00edn- hay una doble escalinata de piedra con suntuosas balaustradas de hierro forjado, que con\u00adducen al rellano del primer piso: el de la superiora general. Las hermanas del seminario viven debajo, a ras de suelo, entrando por un vest\u00edbulo directamente desde el patio. Viven con ciertas apreturas, ya que son 124 las que se re\u00fanen para los ejercicios de comunidad y las comidas. De noche suben a los dormitorios, que se encuentran en el segundo piso con buhardilla, que se comunica por el desv\u00e1n con la capilla, entonces m\u00e1s baja que en la actualidad. Tambi\u00e9n all\u00ed hay demasiadas personas acumu\u00adladas y a veces un calor sofocante.<\/p>\n<p>Catalina cambia su traje de campesina, toquilla y dos ena\u00adguas, por la cofia y el h\u00e1bito de las hermanas del seminario. Aqu\u00ed el traje no tiene importancia. El padre Vicente hab\u00eda querido que las hermanas vistieran como toda la gente, no la gente de mundo, sino el pueblo sencillo. Como suele suceder, el vestido fue evolucionando cada vez m\u00e1s hasta ser un h\u00e1bito religioso. Catalina puede incluso extra\u00f1arse de diferencias que no exist\u00edan en Ch\u00e1tillon: color y calidad de la tela var\u00edan de una hermana a otra. Algunas hasta parecen se\u00f1oras por sus medias y zapatos. Se hacen unas \u00abcornetas\u00bb enormes. Llevan \u00abcolletes\u00bb y dobladillos generosos, adornos de cintas y hasta de piel de castor y delantales de merino, mientras que otras hermanas han conservado su aire de mujeres de pueblo, mas pr\u00f3ximo a lo que quena san Vicente.<\/p>\n<p>Es el resultado de un relajamiento contra el que se lucha in\u00fatilmente en aquellos tiempos de \u00abrestauraci\u00f3n\u00bb. Esta palabra tiene a nuestros o\u00eddos cierto sentido de \u00f1o\u00f1er\u00eda y de facilidad: \u00a1la vuelta nost\u00e1lgica a un pasado exhausto! De todas formas, la llama arde en el coraz\u00f3n de Catalina. Ella lo mira todo como nuevo, como la tierra prometida. Y no se detiene ante aquellas debilidades.<\/p>\n<p>La joven granjera, que anta\u00f1o ten\u00eda que disputar el tiempo para rezar a una vida agobiada y sin ocio, saborea ahora las vacaciones del esp\u00edritu y del coraz\u00f3n, ya que es Dios y la oraci\u00f3n los que ocupan el primer lugar.<\/p>\n<p>Apenas llegar recibe una noticia que viene a colmar sus deseos: el pr\u00f3ximo domingo las reliquias de san Vicente van a ser solemnemente trasladadas desde Notre-Dame a San L\u00e1zaro. El arzobispo se las devuelve a los padres lazaristas. El mismo presidir\u00e1 el cortejo. Asistir\u00e1 tambi\u00e9n el rey, un personaje lejano y casi m\u00edtico. Las hermanas del seminario ir\u00e1n en la procesi\u00f3n. San Vicente renueva a sor Catalina la se\u00f1al de que se acerque; y en esta ocasi\u00f3n no se le ocurre retroceder, como hab\u00eda hecho en Fain. Todo su ser se vuelca en esta cita: una fiesta en la que se espera una gran participaci\u00f3n popular.<\/p>\n<h2><strong>2.- Traslado de las reliquias de san Vicente<\/strong><\/h2>\n<p>Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda atravesado la Revoluci\u00f3n sin eclipsar\u00adse. Su prestigio de \u00abpadre de los pobres\u00bb era tan grande que por aquel entonces se compusieron himnos en los que su nombre se asociaba a los de Rousseau y Voltaire.<\/p>\n<p>M\u00e1s val\u00eda contar con su esplendor humanitario y tener a tales personajes consigo que contra s\u00ed.<\/p>\n<p>Esto no hab\u00eda impedido que las dos comunidades fundadas por el fueran disueltas y perseguidas. Pero el comisario De\u00adlivry, encargado de desmantelar la iglesia de los lazaristas, les hab\u00eda entregado su cuerpo, que se conservaba intacto en la urna.<\/p>\n<p>La traslaci\u00f3n solemne que va a devolver el cuerpo de san Vicente a su casa comienza el 24 de abril, tres d\u00edas despu\u00e9s de la llegada de Catalina.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente, domingo 25 de abril, a las nueve de la ma\u00f1ana, el nuncio apost\u00f3lico monse\u00f1or Lambruschini celebra la misa mayor pontifical ante la urna, colocada sobre un estrado: es un pesado relicario de plata, de 7 pies de largo, realizado por Odiot por una suma de 40.000 francos. Una inmensa muchedumbre rodea al arzobispo y a los 12 obispos asistentes.<\/p>\n<p>A las dos de la tarde, mientras se entonan las v\u00edsperas en Notre-Dame, empieza la procesi\u00f3n. La urna va rodeada de los padres de San L\u00e1zaro y los can\u00f3nigos de la catedral metropolitana. Van a continuaci\u00f3n los capellanes reales, los obispos y en \u00faltimo lugar el arzobispo, precedido de la cruz y de su estandarte, rodeado de asistentes con capas y seguido de altos funcionarios. Un pelot\u00f3n de gen\u00addarmes cierra el cortejo.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n van en la procesi\u00f3n los hu\u00e9rfanos y los pobres, los que realmente contaban para san Vicente. No lo han olvida\u00addo. Y forman una verdadera muchedumbre.<\/p>\n<p>Est\u00e9n tambi\u00e9n las hermanas del seminario: todo un bosque de 122 tocas blancas. Bajo una de ellas encontramos a Catalina, tan contenta de acompa\u00f1ar las reliquias del hombre de sus sue\u00f1os y de su vocaci\u00f3n. El gent\u00edo va aumentando, \u00abdeseoso de ver los restos tan preciados de aquel santo sacerdote que ha llenado esta gran ciudad de monumentos y de instituciones, creadas por su caridad para alivio de los desventurados\u00bb, como dice enf\u00e1ticamente el informe oficial.<\/p>\n<p>Hasta las 6 de la tarde no llega la procesi\u00f3n a la calle de S\u00e9vres, a la iglesia de los padres lazaristas.<\/p>\n<p>As\u00ed empez\u00f3, bajo los ojos maravillados de Catalina, aquella octava de celebraciones lit\u00fargicas que, a partir del domingo 25 de abril vio desfilar a una gran muchedumbre y al rey Carlos por la capilla de los padres lazaristas. Las hermanas de la calle del Bac, que viven solamente a unos 300 metros de distancia, acuden todos los d\u00edas. Entre ellas se encuentra nuestra joven hermana borgo\u00f1ona, que celebrar\u00e1 su 24 cumplea\u00f1os el do\u00admingo 2 de mayo, el octavo d\u00eda del traslado de las reliquias. Se siente libre como un globo al que hubieran cortado las amarras.<\/p>\n<p>Catalina no referir\u00e1 por escrito esta experiencia hasta 26 a\u00f1os mas tarde, por orden de su director. V lo har\u00e1 con un estilo objetivo, sin lirismos&#8230; y sin ortograf\u00eda. La sit\u00faa precisamente en ese tiempo y en ese espacio nuevo en que \u00abno es ya de esta tierra\u00bb.<\/p>\n<p>Se encuentra en un estado distinto. No se trata de un sue\u00f1o. Podr\u00eda hablarse de una visi\u00f3n a la que llega sobre las alas de un deseo exigente:<\/p>\n<p>Le ped\u00ed a san Vicente todas las gracias que necesitaba, as\u00ed como su protecci\u00f3n para mis dos familias y para toda Francia. Me parec\u00eda que tambi\u00e9n ellas teman mucha necesidad de esas gra\u00adcias.<\/p>\n<p>Catalina piensa en las amenazas latentes de la revoluci\u00f3n, pero sobre todo en el impulso espiritual que tantas oposiciones encontraba en aquel siglo.<\/p>\n<h2><strong>3. Las apariciones (Abril-Diciembre 1830) <\/strong><\/h2>\n<h3><strong>El coraz\u00f3n de san Vicente (55 abril-2 mayo 1830) <\/strong><\/h3>\n<p>Fue de estos deseos de donde surgi\u00f3 el gran acontecimiento: <em>En fin, le ped\u00ed a san Vicente que me ense\u00f1ase todo Io que necesitaba pedirle con una fe viva. Y siempre que volv\u00eda de San L\u00e1zaro (en donde hab\u00eda visitado la urna), me sent\u00eda tan triste que me parec\u00eda encontrar de nuevo en la comunidad a san Vicente o por lo menos su coraz\u00f3n&#8230; Se me aparec\u00eda siempre que volv\u00eda de <\/em><em>San L\u00e1zaro. Sent\u00eda el dulce consuelo de verlo en la capilla de la calle del Bac encima del relicario en donde estaban expuestas algunas peque\u00f1as reliquias de san Vicente de Pa\u00fal.<\/em><\/p>\n<p>Aquel peque\u00f1o relicario era una arqueta de metal con ventanillas de vidrio, que estaba colocado a la izquierda del altar mayor. La visi\u00f3n del coraz\u00f3n se produjo encima de este relicario:<\/p>\n<p><em>Se me apareci\u00f3 tres veces distintas, tres d\u00edas seguidos: el blanco color de carne anunciaba la <\/em><em>paz, la<\/em> <em>calma, la<\/em><em> inocencia y la uni\u00f3n. Luego lo vi de rojo como el fuego: es lo que tiene que encender la caridad en los corazones. Me parec\u00eda que toda la comunidad ten\u00eda que renovarse y extenderse liaste los extremos del mundo. Luego <\/em><em>lo vi <\/em><em>rojo obscuro y aquello me llenaba de tristeza el coraz\u00f3n. Sent\u00eda una tristeza que me costaba trabajo superar. No sab\u00eda ni por <\/em><a href=\"http:\/\/que.ni\/\"><em>que, ni<\/em><\/a><em> c\u00f3mo: aquella tristeza se refer\u00eda al cambio de gobierno.<\/em><\/p>\n<p>Esta es la narraci\u00f3n aut\u00f3grafa de Catalina. Lo que conserv\u00f3 su memoria despu\u00e9s de 26 a\u00f1os fueron tres visiones cuyos colores significaban para ella la inocencia, el amor y la prueba. Su confesor y el padre Etienne fecharon estas visiones, por confu\u00adsi\u00f3n, en el mes de julio, cuando la fiesta (y no cuando el traslado de las reliquias) de san Vicente. Y las han estilizado en forma de d\u00edptico: primero una visi\u00f3n sombr\u00eda y luego otra visi\u00f3n m\u00e1s clara, al rev\u00e9s de Catalina.<\/p>\n<p>Seg\u00fan su interpretaci\u00f3n, que circulaba ya desde 1833, 23 a\u00f1os antes de que Catalina pusiera por escrito su narraci\u00f3n, la vidente no solamente percibi\u00f3 unos s\u00edmbolos, sino que escuch\u00f3 tambi\u00e9n unas palabras en su interior: para la visi\u00f3n sombr\u00eda: <em>\u00abel <\/em><em>coraz\u00f3n de san Vicente esta profundamente afligido por los males que van a caer sobre Francia\u00bb; <\/em>para la visi\u00f3n mas clara: <em>\u00absan Vicente se siente algo consolado, ya que ha obtenido por intercesi\u00f3n de la sant\u00edsima Virgen, que en medio de esos grandes males no perezcan <\/em><em>sus dos familias\u00bb<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p>Si leemos con atenci\u00f3n los relatos de Catalina, esos mensajes expl\u00edcitos s\u00f3lo se le dieron m\u00e1s tarde, cuando la aparici\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora en la noche del 18 al 19 de julio, en la fiesta de san Vicente. As\u00ed se explica que Etienne y Aladel silenciaran esta aparici\u00f3n y situaran en esa lecha la visi\u00f3n del coraz\u00f3n de su fundador. Los documentos oficiales han sintetizado las predicciones que fue recibiendo progresivamente Catalina y que difundi\u00f3 confidencialmente, que tan gran estimulo dieron al renacimiento de las dos familias de san Vicente, antes de que se proclamaran bajo el generalato del padre Etienne. Esas prome\u00adsas han adquirido un gran relieve, ya que no dejaron de verse confirmadas por medio de acontecimientos admirables, bien comprobados durante las agitaciones de aquel siglo: desde la resoluci\u00f3n de julio de 1830 hasta la Comuna de 1871.<\/p>\n<p>Para Catalina lo importante es este nuevo encuentro con san Vicente, con el que vuelve a \u00abtropezar\u00bb seis a\u00f1os despu\u00e9s del sue\u00f1o de Fain. Pero esta vez est\u00e1 bien despierta.<\/p>\n<p>Sin embargo, no exagera, sino que relativiza el signo que se concede percibir: <em>Me parec\u00eda encontrar de nuevo a san Vicente, o por lo menos su coraz\u00f3n<\/em><\/p>\n<p>No se trata del coraz\u00f3n de carne, que no estaba ni en la arqueta de la capilla ni en la urna de San L\u00e1zaro, ya que hab\u00eda sido separado como reliquia y hab\u00eda tenido un destino independiente. En 1790 el padre Cayla, superior general, lo hab\u00eda confiado a su asistente italiano, el padre Siccardi, que lo hab\u00eda trasladado oculto dentro de las tapas de un libro con las hojas recortadas hasta Tur\u00edn. Despu\u00e9s de algunas peripecias, la reliquia hab\u00eda vuelto a Lion por exigencias del cardenal Fesch, el 1 de enero de 1805. Catalina no sabe nada de aquella reliquia ausente. Pero insiste con raz\u00f3n en el car\u00e1cter simb\u00f3lico de la aparici\u00f3n: no se trataba de una pieza anat\u00f3mica, sino de una imagen.<\/p>\n<p>Los tres colores que menciona no tienen nada que ver con un colorido pintoresco y gratuito. Se trata de un mensaje con un hondo sentido. Catalina lo descifra con el vigor lac\u00f3nico de las personas dominadas por una fuerte impresi\u00f3n.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n color carne se\u00f1ala no tanto un colorido como una dimensi\u00f3n de encarnaci\u00f3n. Este color carne es el blanco, el color de la piel (no de la sangre), que significa \u00abla paz, la calma, la inocencia y la uni\u00f3n\u00bb. Catalina ha llegado a una comunidad que esta convaleciendo y renaciendo despu\u00e9s de la hemorragia de la Revoluci\u00f3n. No ha encontrado en ella todo aquel ideal que se habla forjado, sino una realidad un tanto apagada y a veces lastimosa. Sin embargo, la esperanza le impide enjuiciarla de forma negativa. Hab\u00eda entonces muchas cosas que reformar. Catalina lo dir\u00e1 enseguida y los superiores lo han percibido ya. Pero la visi\u00f3n supera la realidad decadente con vistas a un futuro mejor.<\/p>\n<p>El rojo de fuego de la segunda visi\u00f3n designa un ardor interior m\u00e1s bien que un color determinado. Lo que percibe Catalina es el resplandor que, desde Abrahan y Moises hasta Pascal, hace pronunciar la palabra luego para hablar de la proximidad de Dios. Ese fuego con que irradia el coraz\u00f3n de san Vicente \u00abtiene que encender la caridad en los corazones\u00bb.<\/p>\n<p>Catalina no se refiere a los defectos m\u00e1s que en funci\u00f3n de la necesidad de superarlos, tal cono se promete en la visi\u00f3n. La comunidad tiene que \u00abrenovarse\u00bb, se\u00f1ala ella misma. es decir reformarse. Y esta esperanza se abre a todas las dimensiones del universo<em>: Me parec\u00eda que toda <\/em><em>la <\/em><em>comunidad ten\u00eda que extenderse hasta los extremos del mundo.<\/em><\/p>\n<p>Sin embargo, la tercera visi\u00f3n tiende al negro e inspira a Catalina una \u00abtristeza\u00bb casi insuperable. \u00bfSe trata de una nueva revoluci\u00f3n con sus muertos, como en 1793? Aqu\u00ed la visi\u00f3n de Catalina se concentra simb\u00f3licamente en el anciano monarca. Quiz\u00e1s pudo verlo en la visita que hizo a la urna de san Vicente. Por lo menos, se enter\u00f3 de que hab\u00eda participado en la celebraci\u00f3n. En su universo jer\u00e1rquico, en donde el soberano (sagrado por su unci\u00f3n) est\u00e1 en la cima, lo mismo que su padre en la granja, el papa en Roma y la superiora en la casa, aquel homenajee del rey a san Vicente tiene un sentido. La Restauraci\u00f3n, que ha llegado a los \u00faltimos destellos del ocaso del sol, de un sol de invierno, s\u00f3lo se presenta a sus ojos bajo la luz religiosa, antes de sumergirse en la noche de la nada. Catalina Laboure, una buena campesina del viejo pueblo de Francia, lo mismo que la Violaine de Pa\u00fal Claudel, conced\u00eda a aquel \u00abgo\u00adbierno\u00bb el car\u00e1cter de un signo sagrado. Ve\u00eda en su ca\u00edda un presagio siniestro: la corrupci\u00f3n del viejo mundo religioso al que pertenec\u00eda con todas las fibras de su ser, a pesar de ser hija de un padre que hab\u00eda ocupado cargos civiles durante la Revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora se siente portadora de un mensaje que la sobrepasa, pero que tiene que mantenerse en secreto entre ella y el cielo. Se aprovecha de la confesi\u00f3n semanal, seguramente el s\u00e1bado 1 de mayo, para confiar ese mensaje al padre Aladel. Pero le resulta muy dif\u00edcil expresar lo que ha percibido: un mensaje de amor, de promesas y de desgracias inminentes. Catalina no encuentra ning\u00fan eco al otro lado de la rejilla del confesionario. La silueta negra que divisa la atemoriza y la rechaza: <em>\u00ab\u00a1Otra novicia que se empe\u00f1a en levantar el cuello y ponerse a cacarear! <\/em>Piensa el confesor.<\/p>\n<p>Le invita a que tenga calma y a que se olvide de lo que ha visto. <em>\u00abNo escuche esas tentaciones (\u00bfa\u00f1adi\u00f3: del demonio?) Una Hija de la Caridad esta hecha para servir a<\/em> <em>los pobres Y no para ponerse a so\u00f1ar\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Catalina est\u00e1 totalmente de acuerdo en lo que se refiere al servicio. Pero este consejo le asusta, porque la verdad es que la visi\u00f3n redobla sus fuerzas para amar y para servir. Entonces, \u00bfpor qu\u00e9 oponer una cosa a la otra? Pero acaba acogiendo, sin amargura, las consignas que se le dan: <em>Mi confesor me ha tranquilizado todo lo posible, quit\u00e1ndome de la cabeza estas ideas.<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Todo lo posible! \u00bfPero es \u00abposible\u00bb calmar los ardores que vienen de Dios? Y entonces se encierra en una oraci\u00f3n sensata, austera, seg\u00fan las f\u00f3rmulas oficiales y los ritos sacramentales. Ya no ve el coraz\u00f3n de san Vicente. Por encima del relicario de labrado met\u00e1lico. Ya no est\u00e1 m\u00e1s que el cuadro de santa Ana, sentada en un sill\u00f3n, con la virgen Marta de ni\u00f1a, puestas las manos en las rodillas de su madre, como si estuviera aprendien\u00addo a leer.<\/p>\n<h3><strong>Nuestro Se\u00f1or en la eucarist\u00eda<\/strong><\/h3>\n<p>Pero las cosas se complican de nuevo&#8230; De pronto, en la misa, la hostia se hace transparente, como un velo. M\u00e1s all\u00e1 de las apariencias de pan Catalina ve a Nuestro Se\u00f1or. Aquello sucedi\u00f3 antes de que tuviera tiempo de resistir, tal como le hab\u00eda indicado su director. \u00bfSer\u00e1 acaso una ilusi\u00f3n? Catalina se aplica a este ejercicio cr\u00edtico&#8230;, y ya no ve m\u00e1s que la hostia blanca en toda su desnudez. Pero cuando se deja llevar por su movimiento interior-cuando se pone a rezar de veras-, entonces la hostia te revela a quien oculta ordinariamente. No se trata de un sue\u00f1o, ni de una exaltaci\u00f3n, sino de una especie de acceso misterioso a la Realidad. Ella lo resume diciendo: <em>Vi a Nuestro Se\u00f1or en el Santisimo Sacramento&#8230; todo el tiempo de mi vida en el seminario, excepto cuando dudaba (es decir, cuando se resista): entonces, en este \u00faltimo caso, ya no ve\u00eda nada, porque quer\u00eda profundizar&#8230;, dudaba de este misterio y cre\u00eda que me enga\u00f1aba.<\/em><\/p>\n<p>Lo mismo que san Pedro, cuando se hund\u00eda en el mar por dudar de la inveros\u00edmil posibilidad de caminar sobre las olas. El 6 de junio de 1830, d\u00eda de la Sant\u00edsima Trinidad, la visi\u00f3n se hace \u00abnegra\u00bb, como el coraz\u00f3n de san Vicente dos meses antes. Catalina vuelve a utilizar la palabra \u00abnegra\u00bb para se\u00f1alar el impactado de esta visi\u00f3n entristecedora: <em>N<\/em><em>uestro Se\u00f1or se me apareci\u00f3 como un Rey, con la cruz en el pecho, siempre en <\/em><em>el <\/em><em>Santisimo Sacramento&#8230; Era durante la misa, en el momento del evangelio. Me pareci\u00f3 que la cruz se ca\u00eda del pecho a los pies de<\/em> <em>Nuestro Se\u00f1or. Me pareci\u00f3 que Nuestro Se\u00f1or era despojado de todos sus ornamentos. Todo se cay\u00f3 a tierra. Fue entonces cuando tuve los pensamientos m\u00e1s negros y m\u00e1s sombr\u00edos.<\/em><\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n de los sufrimientos de Cristo en su cuerpo que es Ia Iglesia se forma sobre el modelo tan cercano de los m\u00e1rtires de la Revoluci\u00f3n. La interpretaci\u00f3n de Catalina se polariza en turno al rey de Francia. Los te\u00f3logos han hablado alguna vez de la unci\u00f3n real como de un octavo sacramento, para exaltar el t\u00edtulo de representante de Dios que el ap\u00f3stol Pablo atribu\u00eda ya a los soberanos paganos). Catalina distingue bien entre su visi\u00f3n y la aplicaci\u00f3n que hace de al anciano rey, a quien vio casi agotado rindiendo homena\u00adje a san Vicente en el pasado mes de abril.<\/p>\n<p><em>\u00abNo sabr\u00eda explicarlo\u00bb, <\/em>reconoce<em>. \u00abPero tuve la sensaci\u00f3n de que el rey de la tierra se perder\u00eda, es decir, ser\u00eda destronado) y <\/em><em>se <\/em><em>ver\u00eda despojado de su vestidura real\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Catalina intenta confiar sus \u00abpensamientos\u00bb al padre Aladel, pero es in\u00fatil. El cielo sin embargo sigue haci\u00e9ndole se\u00f1ales Irresistiblemente. El deseo de Dios, que hab\u00eda inspirado su vocaci\u00f3n, sigue inflamando su realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se siente feliz en el seminario: \u00e1gil moradora de los suburbios del cielo, lenta sin embargo al limpiar los corredores y los calderos. Un d\u00eda accidentalmente, en el refectorio, se queda tan absorta despu\u00e9s de una aparici\u00f3n, tan desconectada del mundo exterior, que sor Cailhot, la tercera directora, tiene que llamarle la atenci\u00f3n: <em>Sor Labour\u00e9, por favor, \u00bfest\u00e1<\/em><em> usted en \u00e9xtasis?<\/em><\/p>\n<p>Sor Cailhot hab\u00eda dicho esto espont\u00e1neamente, sin sospechar nada. Era la f\u00f3rmula habitual para sacar a una persona de su ensimismamiento. Sor Catalina no suele andar distra\u00edda. Y, entonces, se pone a comer como si no hubiera pasado nada. Ya no era necesario volver a llamarle la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>A principios de junio recibe una carta de su hermana mayor, enviada desde el sur del 25 del mes de Mar\u00eda. Mar\u00eda Luisa acaba de saber que Catalina ha ingresado finalmente en el seminario. Al principio se muestra un poco descontenta: <em>Tu silencio desde el 4 de marzo me ha dado bastante preocupa\u00adci\u00f3n&#8230; Ten\u00eda pena por ti&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Pero dicho esto, su hermana se deja llevar de la alegr\u00eda: <em>Ya no siento ninguna pena y le doy gracias a Dios&#8230; Si no tienes nada especial que decirme, puedes aguardar alg\u00fan tiempo a escribirme&#8230; Tu dicha ser\u00e1 tan completa como es posible esperar\u00adlo en este mundo, si eres d\u00f3cil en escuchar los buenos consejos que no te faltaran. Espero que habr\u00e1s perdido tu propia voluntad por el camino de Ch\u00e1tillon a Par\u00eds. Te felicito por ello. \u00a1No vuelvas va nunca a reclamarla! La de nuestros superiores vale ciertamente m\u00e1s que la nuestra. Piensa que ya no est\u00e1s en tu casa, que ya no sabes hacer nada&#8230; En el seminario, mi querida amiga, es preciso hacer un buen acopio de todas las virtudes: sobre todo de humildad&#8230; No resulta dif\u00edcil creerse la \u00faltima de todas, cuando se piensa un poco&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Le da finalmente especiales recuerdos para la madre Marta, una de las lumbreras del noviciado: <em>\u00a1Si supieras c\u00f3mo nos gusta recordar sus santas instrucciones!<\/em><\/p>\n<h3><strong>Una misi\u00f3n para Catalina (18 julio 1830) <\/strong><\/h3>\n<p>Y es precisamente sor Marta la que da la pl\u00e1tica en el seminario la tarde del 18 de julio de 1830, v\u00edspera de la fiesta de san Vicente. Evoca efusivamente la piedad del santo fundador para con la virgen Mar\u00eda. Catalina se bebe sus palabras. Ella ha visto a san Vicente. Ha visto a Nuestro Se\u00f1or&#8230; No ha visto a la sant\u00edsima Virgen. \u00a1Y ahora se siente arrastrada por un nuevo impulso!: <em>Me acost\u00e9 con el pensamiento&#8230; de que aquella misma noche ver\u00eda a mi buena Madre. \u00a1Hac\u00eda tanto tiempo que estaba deseando verla!<\/em><\/p>\n<p>Sor Marta ha hecho un regalo a las novicias: un trocito del roquete p sobrepelliz que en otros tiempos us\u00f3 san Vicente. Antes de dormirse se le ocurre una idea loca a Catalina. Corta en dos el trocito de tela y dice, sin rodeos, \u00abme lo trague y me dorm\u00ed con la idea de que san Vicente me alcanzarla la gracia de ver a la Santisima Virgen.<\/p>\n<p>Prosigue sin transici\u00f3n alguna, con un \u00abpor fin\u00bb que traduce la secreta impaciencia de su espera: <em>Por fin <\/em><em>a las once y media de la noche, o\u00ed que me llamaban por mi nombre:<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Hermana, Hermana!!<\/em><\/p>\n<p><em>Al despertar, mir\u00e9 hacia el lado desde donde venia la voz, que era hacia el corredor. Abr\u00ed la cortina. Vi a un ni\u00f1o vestido de blanco, de unos 4 o 5<\/em> <em>a\u00f1os, que me dec\u00eda:<\/em><\/p>\n<p><em>&#8211; Levantate enseguida y ven a la capilla; te est\u00e1 esperando la Santisima Virgen! Inmediatamente <\/em><em>se me ocurri\u00f3 un pensamiento: \u00a1<\/em><em>Pero me van a oir!<\/em><\/p>\n<p><em>Aquel ni\u00f1o me contest\u00f3 (contesta a su pensamiento): No te preocupes<\/em><em>: son las once y media y todo el mundo est\u00e1 bien dormido. Ven, te espero. <\/em><em>Me vest\u00ed aprisa y me dirig\u00eda hacia donde estaba el ni\u00f1o, que se hab\u00eda quedado de pie, sin apartarse m\u00e1s all\u00e1 de la cabecera de mi cama. Me sigui\u00f3, o mejor dicho, le segu\u00ed yo a el, siempre a mi izquierda, dirigiendo rayos de claridad por todos los sitios por donde pasaba. Las luces se encend\u00edan por donde pas\u00e1bamos y aquello me extra\u00f1aba mucho. Pero todav\u00eda me sorprend\u00ed m\u00e1s cuando entramos en la capilla\u2026 la puerta se abri\u00f3 apenas la toco el ni\u00f1o con la punta del dedo.<\/em><\/p>\n<p>Cuando cuenta ingenuamente su aventura. Catalina esta segura de que no hacia m\u00e1s que repetir lo que le hab\u00eda ocurrido a San Pedro, en los Hechos de los Ap\u00f3stoles, cuando fue liberado de su prisi\u00f3n: \u00abDurante la noche&#8230;, el \u00e1ngel del Se\u00f1or le mand\u00f3 levantarse&#8230; Por s\u00ed sola la puerta se abri\u00f3 ante ellos. Cre\u00eda que estaba so\u00f1ando\u00bb&#8230; continua: <em>Pero mi sorpresa fue todav\u00eda mayor cuando vi todas las velas y los hachones encendidos, lo cual me recordaba la misa de media noche. Sin embargo, no ve\u00eda a la sant\u00edsima Virgen. El ni\u00f1o me condujo hasta el presbiterio, al lado del sill\u00f3n del padre direc\u00adtor. Y all\u00ed me puse de rodillas: el ni\u00f1o se qued\u00f3 de pie todo el tiempo.<\/em><\/p>\n<p><em>Como iba pasando el tiempo, mir\u00e9 a ver si las veladoras pasaban acaso por la tribuna. Por fin llego la hora y el ni\u00f1o me aviso. Me dijo: <\/em><em>Ya viene la virgen. \u00a1Aqu\u00ed est\u00e1! <\/em><em>O\u00ed una especie de ruido&#8230;. como el roce de un vestido de seda, que ven\u00eda de la tribuna, del lado del cuadro de san Jos\u00e9, que venia e colocarse sobre las gradas del altar, por el lado del evangelio en un<\/em> <em>sill\u00f3n parecido al de santa Ana.<\/em><\/p>\n<p><em>Sin embargo, no era santa Ana la que estaba en el sill\u00f3n, sino solamente la virgen Mar\u00eda&#8230;. No era la misma figura de santa Ana&#8230; Dudaba de <\/em><em>si seria <\/em><em>la Santisima Virgen. Pero el ni\u00f1o que estaba all\u00ed me dijo: Esta es la Sant\u00edsima Virgen!<\/em><\/p>\n<p><em>En aquel momento me ser\u00eda imposible decir lo que sent\u00eda, lo que ocurr\u00eda dentro de m\u00ed. Me pareci\u00f3 que no ve\u00eda a la sant\u00edsima Virgen.<\/em><\/p>\n<p>Todo este comienzo tiene las apariencias de un sue\u00f1o, lo mismo que la liberaci\u00f3n del ap\u00f3stol san Pedro en los Hechos, que cre\u00eda estar so\u00f1ando, pero el relato est\u00e1 esmaltado de detalles realistas que no acaban de cuadrar con un sue\u00f1o. Catalina tiene miedo de que pasen por all\u00ed las veladoras que circulan de noche por la tribuna lateral. Duda de la identidad de la Virgen. Tambi\u00e9n Bernadette dudar\u00e1 al comienzo de la primera apari\u00adci\u00f3n, al observar c\u00f3mo no se mueven los \u00e1rboles a pesar del extra\u00f1o golpe de viento. Catalina, de pie en el coro, a la izquierda, delante del comulgatorio, observa atentamente el sill\u00f3n en el que se sienta la visitante delante de ella, sobre las gradas del altar. Es un sill\u00f3n parecido al del cuadro que est\u00e1 colgado encima del relicario de san Vicente, en el que est\u00e1 sentada santa Ana ense\u00f1ando a leer a su hija, la virgen Mar\u00eda. Si no es santa Ana la que est\u00e1 sentada, ser\u00e1 necesariamente la Virgen, que esta de pie en el cuadro de santa Aria \u00bfSe habr\u00e1 sentado en el sill\u00f3n de su madre?<\/p>\n<p>El ni\u00f1o repite: <em>\u00a1Esta es la sant\u00edsima Virgen!<\/em><\/p>\n<p>Pero Catalina no se decide. Permanece a distancia, junto al sill\u00f3n del padre Richenet, colocado all\u00ed para la celebraci\u00f3n de la misa mayor del d\u00eda de san Vicente.<\/p>\n<p><em>Fue entonces cuando me habl\u00f3 el ni\u00f1o, pero no cono un ni\u00f1o, sino como un hombre, en voz alta y con palabras m\u00e1s fuertes. Entonces, mirando a la Virgen, di como un salto hacia ella, de rodillas sobre las gradas del altar, con las manos apoyadas en las rodillas de la sant\u00edsima Virgen.<\/em><\/p>\n<p><em>As\u00ed pasaron unos momentos, los mas dulces de mi vida. Me seria imposible decir lo que sent\u00eda. Ella me dijo c\u00f3mo ten\u00eda que portarme con mi director y algunas otras cosas que no debo decir: la forma de portarme en medio de mis penas.<\/em><\/p>\n<p>La Virgen le se\u00f1ala \u00abcon la mano izquierda el pie del altar\u00bb. All\u00ed es donde tengo que ir \u00aba echarme&#8230; a expansionar mi coraz\u00f3n\u00bb, contin\u00faa Catalina.<\/p>\n<p><em>Recibir\u00e9 todos los consuelos que necesite&#8230; Le pregunte que significaban todas las cosas que hab\u00eda visto&#8230; Y me las explico todas.<\/em><\/p>\n<p>\u00bfOu\u00e9 explicaciones escuch\u00f3 Catalina durante aquel encuen\u00adtro tan \u00edntimo, en contacto con Nuestra Se\u00f1ora: Intent\u00f3 trans\u00adcribirlo al final de su vida, 46 a\u00f1os despu\u00e9s de la aparici\u00f3n, el 30 de octubre de 1876, por dos veces. Ofrecemos la versi\u00f3n mas completa posible comparando las dos redacciones.<\/p>\n<p><em>Hija m\u00eda. Dios quiere encargarte de una misi\u00f3n? Tendr\u00e1s muchas dificultades pero las superar\u00e1s todas pensando quelo haces por la gloria de Dios. Conocer\u00e1s lo que es Dios. Te sentir\u00e1s atormentada hasta que se lo hayas dicho a aquel que esta encargado de dirigirte. Te contrariar\u00e1n. Pero recibir\u00e1s la<\/em> <em>gracia necesaria. Dilo todo con confianza y sencillez. Ten confianza. No temas. Ver\u00e1s algunas cosas. Da cuenta de ellas (es decir), de lo que veas y de lo que oigas.<\/em><\/p>\n<p>Lo que Catalina tendr\u00e1 que decir con confianza son las visiones y las palabras que recibir\u00e1. Ser\u00e1 la Medalla que pronto tendr\u00e1 que hacer acu\u00f1ar<em>. <\/em>La aparici\u00f3n concluye: <em>Ser\u00e1s inspirada en la Oraci\u00f3n. Da cuenta de ella.\u00ad<\/em><\/p>\n<p>Esta promesa de asistencia va acompa\u00f1ada de un anuncio de desventuras: <em>Ser\u00e1n malos tiempos. Las desgracias vendr\u00e1n a caer sobre Francia.<\/em> E<em>I trono ser\u00e1 derribado. El mundo entero se hundir\u00e1 en desgracias de todas clases <\/em>(la sant\u00edsima Virgen ten\u00eda el rostro muy apenado cuando dec\u00eda esto). <em>Pero venid al pie de este altar. Aqu\u00ed se derramar\u00e1n gracias sobre todas las personas que las pidan con confianza y fervor, grandes y peque\u00f1os. Se derramar\u00e1n particularmente las gracias sobre las personas que las pidan. Hija m\u00eda, me complazco en derramar gracias sobre la comunidad en particular. La quiero mucho, afortunadamente.<\/em><\/p>\n<p><em>Sin embarqo, tengo una pena. Hay muchos abusos contra las reglas. No se observan las reglas. Hay una gran relajaci\u00f3n en las dos comunidades. D\u00edselo al que esta encargado de vosotras, aunque no sea el superior. Le encargar\u00e1n de forma especial de unas funciones en la comunidad. Tiene que hacer todo lo posible para poner de inicio con rigor la regla. Dile de mi parte que cuide de las malas lecturas, de la p\u00e9rdida de tiempo y de las visitas.<\/em><\/p>\n<p><em>Cuando la regla vuelva a estar en vigor, habr\u00e1 una comunidad que venga unirse a la vuestra. No suele sor ordinario. Pero yo la quiero&#8230; Dile que se la reciba. Dios las bendecir\u00e1 y gozar\u00e1n de una gran paz.<\/em><\/p>\n<p>Fue en 1850 cuando se realiz\u00f3 esta predicci\u00f3n: entraron dos comunidades en la familia de san Vicente: la de las hermanas de la Caridad, fundada por Elisabeth-Ann Seton (que llegar\u00eda a ser la primera santa canonizada de los Estados Unidos) y la de las hermanas de la Caridad de Austria, fundada por Leopoldina de Brandis.<\/p>\n<p><em>La comunidad gozara de una gran paz. Se har\u00e1 grande, <\/em>concluy\u00f3 nuestra Se\u00f1ora.<\/p>\n<p>Y a continuaci\u00f3n prosigue con el anuncio de calamidades inminentes: <em>Vendr\u00e1n grandes desgracias. Ser\u00e1 grande el peligro. Pero no tem\u00e1is: di que no tienen nada quo temer. La protecci\u00f3n de Dios estar\u00e1 siempre sobre vosotras de una forma muy especial y san Vicente proteger\u00e1 a la Comunidad <\/em>(la sant\u00edsima Virgen segu\u00eda estando triste). <em>Yo misma estar\u00e9 con vosotros. Siempre he velado sobre vosotros. <\/em>Os <em>conceder\u00e9 muchas gracias. Llegar\u00e1 un momento de gran peligro. Se creer\u00e1 que todo est\u00e1 perdido. \u00a1Pero yo estar\u00e9 entonces con vosotros!<\/em><\/p>\n<p><em>Tened confianza. Conocer\u00e9is mi visita y la protecci\u00f3n de Dios y la de san Vicente sobre las dos comunidades. \u00a1Tened confianza! No os desanim\u00e9is. Yo estar\u00e9<sup>,<\/sup> con vosotros. Pero no pasar\u00e1 lo mismo en otras comunidades. Habr\u00e1 v\u00edctimas <\/em>(la Sant\u00edsima Virgen ten\u00eda l\u00e1grimas en los ojos cuando dec\u00eda esto). Entre el clero de Par\u00eds tambi\u00e9n habr\u00e1 v\u00edctimas: el se\u00f1or arzobispo (al decir esta palabra lloro de nuevo) morir\u00e1.<\/p>\n<p>Esta predicci\u00f3n no se realiz\u00f3 en 1830. Tampoco se trata de la muerte de monse\u00f1or Affre, muerto en las barricadas de junio de 1848. El aut\u00f3grafo de Catalina se\u00f1ala la fecha: 40 <em>a\u00f1os despu\u00e9s<\/em> de la visi\u00f3n de 1830. Se trata por tanto de la muerte de monse\u00f1or Darboy en 1871. Desgraciadamente Catalina no consign\u00f3 por escrito esta interpretaci\u00f3n hasta 1876, post <em>fac\u00ad<\/em>tum; pero se acuerda de que se lo hab\u00eda dicho al padre Aladel mucho antes, pues indica: <em>Al o\u00edr estas palabras, pens\u00e9: \u00bfCuando ser\u00e1 esto?: Y comprend\u00ed muy bien que ser\u00eda a los 40 a\u00f1os. <\/em>(La segunda redacci\u00f3n a\u00f1ade: \u00aby 10 a\u00f1os despu\u00e9s de la paz\u00bb)<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de esto el padre Aladel me dijo: \u00bfsabemos si estar\u00e1 usted y yo tambi\u00e9n? Yo le respond\u00ed: <em>Si no estamos nosotros, habr\u00e1 otros.<\/em><\/p>\n<p>La aparici\u00f3n insisti\u00f3 en las desgracias pr\u00f3ximas<em>: <\/em><em>Hija m\u00eda, despreciar\u00e1n la cruz. La tirar\u00e1n por el suelo. Correr\u00e1 sangre. Abrir\u00e1n de nuevo el costado de Nuestro <\/em><em>Se\u00f1or. Las<\/em><em> calles se llenar\u00e1n de sangre. El se\u00f1or arzobispo ser\u00e1 despojado de sus vestiduras <\/em><em>(aqu\u00ed la Sant\u00edsima Virgen <\/em><em>ya <\/em><em>no pod\u00eda hablar y ten\u00eda la pena dibujada en su rostro):<\/em><\/p>\n<p><em>-Hija m\u00eda <\/em><em>-me dec\u00eda-, <\/em><em>el mundo entero se llenar\u00e1 de tristeza.<\/em><\/p>\n<p>Finalmente la visi\u00f3n comienza a comunicar a Catalina cier\u00adtos proyectos que se ir\u00e1n precisando m\u00e1s adelante: la nueva asociaci\u00f3n de hijas de Mar\u00eda que tendr\u00e1 que fundar su confe\u00adsor<em>:<\/em>se celebrara all\u00ed con \u00abgran pompa\u00bb el mes de Mar\u00eda y el de san Jos\u00e9: \u00abhabr\u00e1 mucha devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n\u00bb<em>.<\/em><\/p>\n<p>Volvamos aqu\u00ed al aut\u00f3grafo de 1856, en donde Catalina narra el final de la aparici\u00f3n: <em>estuve all\u00ed no s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo. Todo lo que s\u00e9 es que cuando ella se march\u00f3, solo me di cuenta de que se apagaba algo y finalmente solo hubo una sombra que se dirig\u00eda al lado de la [futura] tribuna [de la derecha]\u00bb, por el mismo camino por donde hab\u00eda llegado. Me levant\u00e9 de las gradas del altar y vi al ni\u00f1o en el sitio en donde lo hab\u00eda dejado. Me dijo: <\/em><em>Se ha marchado.<\/em><\/p>\n<p>Volvimos por el mismo camino, siempre iluminado por todas partes. El ni\u00f1o iba siempre a mi izquierda. Creo que aquel ni\u00f1o era mi \u00e1ngel de la guarda, que se hab\u00eda hecho visible para hacerme ver a la sant\u00edsima Virgen, porque yo le hab\u00eda rezado mucho que me obtuviera aquel favor. Iba vestido de blanco, llevando una luz milagrosa consigo, es decir, que iba resplande\u00adciente de luz: su edad de 4 a 5 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Al regresar a mi cama eran las dos de la ma\u00f1ana. O\u00ed sonar el reloj. No pude volver a dormirme. Aquella larga vigilia, l\u00facida hasta el amanecer, demuestra a Catalina que no estaba so\u00f1ando.<\/p>\n<p>No tard\u00f3 en comunicar su mensaje al padre Aladel,ya que siente vivamente lo que le hab\u00eda dicho la Virgen: <em>\u00abTe sentir\u00e1s atormentada hasta que se lo hayas dicho todo a aquel que est\u00e1 encargado de dirigirte\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El relato es mal acogido. El padre Aladel no ve en \u00e9l m\u00e1s que \u00abilusi\u00f3n\u00bb e \u00abimaginaci\u00f3n\u00bb. No cabe duda de que las peticiones relativas a la reforma de las dos familiascoinciden con sus preocupaciones evang\u00e9licas y radicales. El es una de las j\u00f3venes esperanzas en quien se empieza a confiar para reorientar la Compa\u00f1\u00eda. Pero se dice: \u00bfc\u00f3mo se mezcla en ello esta joven Hermana? Le choca la perspectiva de tener que meterse a fundador. \u00bfGanas de adularle con el se\u00f1uelo de una misi\u00f3n? Finalmente, aquella profec\u00eda tenebrosa sobre una nueva revolu\u00adci\u00f3n le parece inveros\u00edmil. El traslado de las reliquias de san Vicente ha puesto de relieve el gran fervor del pueblo, y la r\u00e1pida conquista de Argel \u00abpromete para Francia una gran prosperidad\u00bb, seg\u00fan se imagina.<\/p>\n<p>Pero en contra de estos pron\u00f3sticos optimistas lo cierto es que la revoluci\u00f3n estalla antes de finales de mes, el 27-29 de julio. Las \u00abtres gloriosas\u00bb hacen realidad a la vez la ca\u00edda del trono y los sangrientos disturbios, parad\u00f3jicamente anuncia\u00addos. As\u00ed es como lo comprendi\u00f3 el padre Etienne: <em>Las iglesias son profanadas, las cruces derribadas, las comunida\u00addes religiosas asaltadas, devastadas y dispersadas; los sacerdotes son perseguidos y maltratados. El mismo arzobispo de Par\u00eds es objeto del furor del populacho, obligado a disfrazarse y a ocultar\u00adse (despojado de sus vestiduras, dec\u00eda Catalina). Se dir\u00eda que estamos volviendo a los peores d\u00edas de 1793.<\/em><\/p>\n<p>Lo que se comprueba ciertamente, m\u00e1s a\u00fan que las violen\u00adcias anunciadas, es la protecci\u00f3n de los lazaristas y de las hijas de la Caridad. Las amenazas parecen detenerse en la puerta de sus casas. Una banda de j\u00f3venes amotinados de 12 a 14 a\u00f1os asaltan gritando la casa de los lazaristas del n.\u00b0 9 5 de la calle de S\u00e9vres: <em>\u00a1Hemos visto <\/em><em>que entraban armas!<\/em><\/p>\n<p>\u00abUn buen padre, todav\u00eda con sotana, que no hab\u00eda querido disfrazarse como los dem\u00e1s\u00bb, sale a hablarles con calma: <em>-Hijo m\u00edo \u00bfquer\u00e9is ver mis armas? <\/em>le dice al jefe de la pandilla.<\/p>\n<p><em>-S\u00ed, se\u00f1or: ens\u00e9\u00f1enoslas.<\/em><\/p>\n<p>El padre abre \u00absu breviario\u00bb, les ense\u00f1a sus estampas, que tienen la suerte de interesar al joven interlocutor.<\/p>\n<p><em>-\u00bfQuieres una?, les <\/em>dice el padre.<\/p>\n<p>Le dio una y el muchacho se march\u00f3, victorioso, con su estampa. Toda la pandilla lo sigui\u00f3.<\/p>\n<p>Otro d\u00eda vinieron tambi\u00e9n a arrancar la cruz que estaba en el frontispicio de la fachada. Pero el coraje y la energ\u00eda del padre Etienne les hizo marchar enseguida. Desde aquel d\u00eda, ya no ocurri\u00f3 nada m\u00e1s. Nada vino a turbar la tranquilidad de la casa, cuenta sor Pineau que reconoce en ello una manifestaci\u00f3n de las promesas hechas a Catalina.<\/p>\n<p>Catalina hab\u00eda llegado incluso a detalles que hab\u00edan pareci\u00addo absurdos: \u00abUn obispo perseguido encontrar\u00eda asilo entre los lazaristas\u00bb. Aquel parec\u00eda el menos indicado de los refugios. Pues bien, result\u00f3 que un arzobispo, monse\u00f1or Frayssinous, ministro de cultos bajo Carlos X, vino a pedir hospitalidad al Padre Salhorgne, superior general, que crey\u00f3 m\u00e1s seguro en\u00adviarlo a Saint-Germain-en-Laye.<\/p>\n<p>Bajo la impresi\u00f3n de estos acontecimientos y sorpresas, Aladel escucha a Catalina con mayor inter\u00e9s durante aquellos tiempos agitados, pero \u00absin darle a entender que conced\u00eda la m\u00e1s m\u00ednima importancia a sus visiones\u00bb. Despu\u00e9s de la tormenta Catalina vuelve a las confesiones normales; sus faltas ordina\u00adrias, cuya importancia exageran su contrici\u00f3n y su humildad. Esto le hace esperar al confesor que aquella joven hermana volver\u00e1 pronto a ser una penitente sin historias ni visiones.<\/p>\n<h3><strong>La <\/strong><strong>Medalla<\/strong><\/h3>\n<p>Pero \u00bfya se ha acabado todo? No. Cuatro meses m\u00e1s tarde se acerca trayendo una consigna muy concreta: mandar acu\u00f1ar una medalla con la efigie de la inmaculada, a la que ha visto irradiando los dones de Dios.<\/p>\n<p>Aqu\u00e9l d\u00eda se sinti\u00f3 de nuevo llena de un \u00abgran deseo de ver a la Sant\u00edsima Virgen\u00bb, un deseo que ven\u00eda desde muy lejos.<\/p>\n<p><em>Yo <\/em><em>cre\u00eda que ella me conceder\u00eda aquella gracia y aquel deseo era tan<\/em> <em>fuerte que ten\u00eda la convicci\u00f3n de que la ver\u00eda con su belleza m\u00e1s esplendorosa. Y v\u00ed a la sant\u00edsima Virgen a la altura del cuadro de san Jos\u00e9&#8230;, de pie vestida de blanco, de mediana estatura, con la figura tan bella que me ser\u00eda imposible decir su hermosura.<\/em><\/p>\n<p><em>Llevaba un vestido de seda blanca aurora.<\/em><\/p>\n<p>Esta vez la aparici\u00f3n no se produjo de noche, sino \u00aba las cinco y media de la tarde, el 27 de noviembre, durante la oraci\u00f3n, despu\u00e9s de los puntos de la meditaci\u00f3n, en medio de un profundo silencio\u00bb: no ya cerca del altar mayor, como la apari\u00adci\u00f3n del sill\u00f3n, sino a la derecha, del lado del cuadro de san Jos\u00e9. Catalina no tuvo necesidad de desplazarse. La vio desde su sitio -delante, a la derecha- donde estaba meditando, entre Ias filas apretadas de las hermanas, sin que nadie se diera cuenta de ello. Confi\u00f3 tambi\u00e9n esta visi\u00f3n al padre Alabel en el secreto del confesonario. He aqu\u00ed lo que \u00e9l recogi\u00f3 y difundi\u00f3: <em>La novicia vio en la oraci\u00f3n un cuadroque representaba a la sant\u00edsima Virgen, tal como se la representa de ordinario bajo el t\u00edtulo de la Inmaculada Concepci\u00f3n, en pie y extendiendo los brazos. Iba vestida con un vestido blancoy un manto de color azul plateado, con un velo aurora. De sus manos sal\u00edan como una especie de haces de rayos de un resplandor deslumbrante. La hermana oy\u00f3 en aquel mismo instante una voz que dec\u00eda: Estos rayos son el s\u00edmbolo de las gracias que Mar\u00eda alcanza a los hombres.<\/em><\/p>\n<p><em>Y alrededor del cuadro ley\u00f3 con caracteres de oro la siguiente invocaci\u00f3n: <sup>&#8211;<\/sup><\/em><em>iOh. <\/em><em>Mar\u00eda, sin pecado <\/em><em>concebida! Ruega <\/em><em>por nosotros que recurri\u00admos a ti! <\/em><\/p>\n<p>El aut\u00f3grafo de Catalina concreta m\u00e1s sus sentimientos de entonces: <em>No <\/em><em>s\u00e9 expresar lo que sent\u00ed y lo que vi: la belleza y el resplandor, Ios rayos&#8230; Yo derramo estas gracias sobre las personas que me las piden (oy\u00f3 Catalina). Ella me <\/em><em>hizo <\/em><em>comprender cu\u00e1nto le agrada que se rece a la Sma. Virgen y cu\u00e1n generosa se muestra con las personas <\/em><em>que <\/em><em>se encomiendan a ella. \u00a1Cu\u00e1ntas gracias <\/em><em>concede <\/em><em>a las personas que se lo <\/em><em>luden <\/em><em>y cu\u00e1nta alegr\u00eda siente al <\/em><em>conced\u00e9rselas! <\/em><em>En aquel momento no s\u00e9 si estaba o no estaba; lo cierto es que gozaba. No lo s\u00e9&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Aladel contin\u00faa su relato en t\u00e9rminos que coinciden lac\u00f3nicamente con los de Catalina: <em>Unos momentos m\u00e1s tarde, aquel cuadro se volvi\u00f3 y en el reverso distingui\u00f3 la letra M coronada con una peque\u00f1a cruz y debajo los sagrados Corazones de Jes\u00fas y de Mar\u00eda.Despu\u00e9s de que la hermana hubiera observado en todo aquello, la voz le dijo: hay <\/em><em>que acu\u00f1ar <\/em><em>una <\/em><em>medalla <\/em><em>seg\u00fan este modelo,<\/em><em>y <\/em><em>las personas que la lleven <\/em><em>bendecida y que <\/em><em>recen con piedad esta breve oraci\u00f3n, gozar\u00e1n de una protecci\u00f3n muy especial de la <\/em><em>Madre de <\/em><em>Dios<\/em>.<\/p>\n<p>As\u00ed es como contar\u00e1 m\u00e1s tarde Aladel esta aparici\u00f3n. Pero de momento la acoge con desconfianza. Aquella vuelta de apariciones es mala se\u00f1al.<\/p>\n<p><em>\u00a1Pura ilusi\u00f3n, <\/em>responde!. Si <em>usted quiere honrar a Nuestra se\u00f1ora<\/em><em>, <\/em><em>\u00abimite sus virtudes\u00bb y gu\u00e1rdese de las imaginaciones.<\/em><\/p>\n<p>Catalina se retira, aparentemente tranquila, \u00absin preocuparse m\u00e1s\u00bb \u00adconstata el confesor. Pero esto se debe sobre todo al dominio sobre s\u00ed misma y a la gracia prometida, ya que el choque ha sido duro. Aliviada de haberse atrevido a hablar, intenta ahora obedecer.<\/p>\n<p>Aladel se interes\u00f3 tan poco por aquel mensaje que no se acord\u00f3 nunca de la fecha de aquella primera aparici\u00f3n: 27 de octubre. Catalina la recordar\u00e1 mucho m\u00e1s tarde, en 1841.Tampoco se preocup\u00f3 de contar los d\u00edas transcurridos desde el acontecimiento hasta que Catalina vino a comunic\u00e1rselo. Lo importante para \u00e9l era invitarla firmemente a no volver sobre ello.<\/p>\n<h3><strong><em>\u00daltima aparici\u00f3n (diciembre 1830)<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>Pero he aqu\u00ed que en diciembre vuelve a ver aquel cuadro. M\u00e1s tarde escribir\u00e1 ella misma el relato de esta <em>\u00abtercera aparici\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora\u00bb: <\/em>la segunda y \u00faltima de la medalla. No \u00abindic\u00f3 el tiempo\u00bb, es decir, la fecha.<\/p>\n<p>Lo mismo que el 27 de noviembre es a las cinco y media de la tarde, despu\u00e9s de los puntos de meditaci\u00f3n&#8230; Y empieza con la misma se\u00f1al: el roce de un vestido de seda. Hay algunas diferencias: viene no del lado de la tribuna, sino de detr\u00e1s del altar. Y el \u00abcuadro\u00bb de la medalla se presenta, no ya \u00aba la altura del cuadro de san Jos\u00e9\u00bb, por la derecha, sino en el centro: \u00abcerca del sagrario\u00bb, un poco hacia atr\u00e1s.<\/p>\n<p>El mismo vestido -\u00aba la Virgen\u00bb, como dice Catalina-, \u00abcolor de aurora\u00bb; el mismo \u00abmanto azul\u00bb. Los \u00abcabellos parti\u00addos sobre la frente y aplastados sobre los lados cubren una especie de toquilla, guarnecida de una puntilla de unos dos dedos de ancha\u00bb, indica minuciosamente en t\u00e9rminos an\u00e1logos a los que emple\u00f3 para la aparici\u00f3n del 27 de noviembre. Los rayos que brotan de sus manos \u00abllenaban toda la parte inferior de manera que no se ve\u00edan los pies de la sant\u00edsima Virgen\u00bb. Como la \u00faltima vez, se hizo o\u00edr \u00abuna voz\u00bb en el fondo del \u00abcoraz\u00f3n\u00bb: <em>Estos rayos son el s\u00edmbolo de las gracias que la sant\u00edsima Virgen alcanza para las personas que se lo piden.<\/em><\/p>\n<p>La aparici\u00f3n tiene el car\u00e1cter de una despedida. Y Catalina, cuya \u00e9poca de seminario est\u00e1 para acabar, recibe este mensaje: <em>Ya no me ver\u00e1s m\u00e1s, pero oir\u00e1s mi voz durante tus rezos<\/em>. As\u00ed pues, es el final de las visiones. Todas ellas tuvieron lugar en la capilla de la calle del Bac. Solamente las prolon\u00adgar\u00e1n las comunicaciones o las inspiraciones interiores<\/p>\n<p>Vemos, pues, a Catalina puesta entre la obligaci\u00f3n de comu\u00adnicar la indicaci\u00f3n que le ha renovado la Virgen y la obediencia a su director que no quiere o\u00edr hablar de esas \u00abimaginaciones\u00bb. Ella pone en primer lugar a la obediencia terrena, puesto que Nuestra Se\u00f1ora no ha urgido nada.<\/p>\n<h2><strong>4.- Toma de h\u00e1bito<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>Final del seminario<\/strong><\/h3>\n<p>El 30 de enero de 1830 termina el per\u00edodo de seminario. Catalina toma el h\u00e1bito.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente deja el seminario.<\/p>\n<h3><strong>Primera alerta<\/strong><\/h3>\n<p>Antes de dirigirse a su nuevo destino, pasa algunos d\u00edas en una casa de nuestras hermanas, cuenta sor Pineau en marzo de 1877.<\/p>\n<p>Esta corta etapa parece haber sido prevista por Aladel para examinar a Catalina&#8230; \u00abBusc\u00f3 un pretexto para ir a visitar a las hermanas de aquella casa\u00bb. Ya hab\u00eda empezado a circular el rumor de las visiones del coraz\u00f3n de san Vicente, aureoladas por la admirable protecci\u00f3n experimentada por las hermanas du\u00adrante la revoluci\u00f3n de julio. \u00abSe sab\u00eda que el padre Aladel hab\u00eda recibido ciertas confidencias. Apenas se present\u00f3, las hermanas lo rodearon y empezaron a hacerle preguntas\u00bb. El ten\u00eda los ojos bien abiertos. Catalina se sent\u00eda m\u00e1s provocada que \u00e9l mismo. Est\u00e1 inquieto. \u00bfSe va ella a traicionar?<\/p>\n<p>\u00a1No! \u00abSin desconcertarse\u00bb, ella es \u00abla m\u00e1s dispuesta a mez\u00adclarse en todas las preguntas, tranquilamente y sin descubrirse de ninguna manera\u00bb. El confesor queda impresionado. La que hab\u00eda sido acogida con tanta severidad acaba de marcarse un punto (sin haber dejado que se advierta nada). Aquella joven hermana, que hab\u00eda llegado hasta \u00e9l desde la sombra, toda llena de ilusiones y de mensajes inoportunos, era por consiguiente ajena a toda ostentaci\u00f3n, soberanamente due\u00f1a de s\u00ed misma y de mantener el secreto. Hab\u00eda all\u00ed una especie de carisma. Aladel ignoraba por aquellas fechas la segunda y \u00faltima apari\u00adci\u00f3n de la Medalla. Catalina, obediente, no se hab\u00eda atrevido a hablarle de ella. Su impresi\u00f3n viva de aquel d\u00eda es que \u00abla Santisima Virgen ayudaba a la hermana a mantener su secreto y que ese secreto le era agradable\u00bb<\/p>\n<p>Sor Marta Velay, la primera directora, no hab\u00eda adivinado evidentemente nada cuando al final del seminario entreg\u00f3 este informe que subraya el car\u00e1cter ordinario y com\u00fan de Catalina: Fuerte, estatura mediana. Sabe leer y escribir para ella. Parece de buen car\u00e1cter. Ingenio y juicio poco brillantes. Suficientes recursos. 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