{"id":52756,"date":"2017-02-01T08:10:17","date_gmt":"2017-02-01T07:10:17","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=52756"},"modified":"2017-02-01T08:08:55","modified_gmt":"2017-02-01T07:08:55","slug":"sor-maria-ana-y-sor-odile-martires-de-la-fe","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-maria-ana-y-sor-odile-martires-de-la-fe\/","title":{"rendered":"Sor Mar\u00eda Ana y sor Odile, m\u00e1rtires de la Fe"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400140\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/louis-debras-octavo-superior-general-de-la-congregacion-de-la-mision-y-de-las-hijas-de-la-caridad-1678-1761\/hijas-caridad-3\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?fit=1771%2C886\" data-orig-size=\"1771,886\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"hijas-caridad\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?fit=300%2C150\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?fit=846%2C423\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400140 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?resize=300%2C150\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?resize=300%2C150 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?resize=768%2C384 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?resize=1024%2C512 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?resize=100%2C50 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?resize=846%2C423 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?resize=1004%2C502 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?w=1771 1771w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2011\/11\/HIjas-Caridad.jpg?w=1692 1692w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>El domingo 19 de enero de 1794, las tres Hermanas que acababan de ser arrestadas: Sor Taillade, Hermana Sirviente; Sor Mar\u00eda Ana, y Sor Odile fueron trasladas a un antiguo convento transformado en c\u00e1rcel, donde prisioneros yac\u00edan amontonados, en un estado de extrema suciedad y miseria.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas m\u00e1s tarde fueron <strong>a <\/strong>buscar a Sor Taillade para trasladarla a otro convento. No quiso abandonar a sus Hermanas y para convencerla la enga\u00f1aron asegur\u00e1ndole que reten\u00edan a las otras dos por falta de un simple requisito, pero que no tardar\u00edan en seguirla. Un breve manuscrito (conservado en la comunidad) explica la verdadera raz\u00f3n de esta separa\u00adci\u00f3n tan dolorosa: \u00abSe hab\u00eda decidido sacrificarlas (a Sor Mar\u00eda Ana y a Sor Odile), pensando as\u00ed impresionar a la Superiora y a las dem\u00e1s que, hasta entonces, hab\u00edan rehusado persistentemente prestar juramento\u00bb.<\/p>\n<p>La elecci\u00f3n de los conventos adonde se condujo a las Hermanas no era fruto del azar; tanto las Religiosas del Buen Pastor como las de los Pe\u00adnitentes hab\u00edan prestado juramento unos d\u00edas antes, se confiaba, por ello que su ejemplo arrastrar\u00eda a las Hijas de la Caridad. Se esper\u00f3 unos d\u00edas, pero al no someterse las Hermanas, se pas\u00f3 a ejecutar las amenazas tantas veces repetidas.<\/p>\n<h2><strong>El interrogatorio<\/strong><\/h2>\n<p>Ocho d\u00edas justos despu\u00e9s de su arresto, el 28 de enero, Sor Mar\u00eda Ana y Sor Odile comparec\u00edan ante su juez, el comisario Vacheron, y su ayudan\u00adte Br\u00e9maud. Nuestras dos Hermanas fueron las \u00faltimas en comparecer ante ellos, les toc\u00f3 hacia las 2 de la tarde. Sus interrogatorios llevan los n\u00fameros 32 y 33 en el proceso verbal.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de que han pasado los dem\u00e1s detenidos, le corresponde el turno a Sor Mar\u00eda Ana, a quien se le pregunta: &#8212;\u00ab\u00bfDe d\u00f3nde eres? \u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1s aqu\u00ed? \u2014No s\u00e9, a no ser que sea por haber rehusado prestar juramento. &#8211;.\u00bfPor qu\u00e9 no has querido prestarlo? \u2014Mi conciencia no me lo permite. He hecho el sacrificio de dejar a mis padres desde muy joven para venir a servir a los pobres; he hecho el sacrificio de quitarme mi uni\u00adforme y hasta el de llevar la escarapela nacional\u00bb. Ante esta \u00faltima frase, Vacheron se dej\u00f3 llevar de un acceso de c\u00f3lera tal, que la Hermana s\u00f3lo pudo responderle: \u00abHaga Vd. conmigo lo que quiera\u00bb; se enfureci\u00f3 de nuevo y dijo a Brenaud: \u00abSe har\u00e1 con ella lo que se quiera\u00bb. Hizo que un gen\u00addarme le quitase la escarapela nacional y a\u00f1adi\u00f3: \u00ab\u00bfEs que no sabes que se castiga con la muerte a los refractarios a la ley?\u00bb A lo que ella dio la misma respuesta. Se hizo entrar a Sor Odile a quien hicieron id\u00e9ntica pregunta. Vacheron dijo a Br\u00e9mond: \u00abDa lectura al interrogatorio de su Hermana\u00bb. Pero \u00e9ste no lo hizo. Vacheron se content\u00f3 con decirle: \u00ab\u00bfT\u00fa no tienes otra respuesta? \u2014\u00bbNo, dijo ella, si no es que mi conciencia no me permite hacer el juramento. \u2014Escribe, dijo Vacheron: \u00abLa misma respuesta que su Hermana\u00bb y mand\u00f3 que le quitasen su escarapela tricolor. Este emotivo di\u00e1logo entre los jueces y nuestras Hermanas est\u00e1 sacado de las declaraciones de tres Religiosas del Buen Pastor, testigos de los interroga\u00adtorios. Las Religiosas prestaron esta declaraci\u00f3n ante el segundo comit\u00e9 revolucionario, en noviembre de 1794, en los momentos en que la reacci\u00f3n que sigui\u00f3 a la ca\u00edda de Robespierre hizo que se procesase a los inicuos jueces del Terror.<\/p>\n<p>Abramos ahora el registro que contiene los \u00abexpedientes de las personas condenadas a ser fusiladas\u00bb, registro que se conserva en los archivos.<\/p>\n<p>A la cabeza del cuaderno manuscrito de ocho p\u00e1ginas i folio leemos: \u00abPrisi\u00f3n llamada del Buen Pastor, municipio de Angers, sesi\u00f3n del 9 llu\u00advioso, a\u00f1o segundo de la Rep\u00fablica una e indivisible. Consecuentemente a la resoluci\u00f3n tomada por la comisi\u00f3n militar reunida en Angers en el d\u00eda de la fecha, por la cual se ha dicho que Vacheron, uno de sus miem\u00adbros, acompa\u00f1ado del ciudadano Br\u00e9mond, se presentase en las dichas pri siones para interrogar a las personas que all\u00ed est\u00e1n detenidas; llegando all\u00ed comenz\u00f3 su trabajo.<\/p>\n<p>Si pasamos algunos p\u00e1ginas, en la cuarta encontramos lo siguiente que es lo que ahora nos interesa:<\/p>\n<p>\u00abMar\u00eda Ana Vaillot, de sesenta a\u00f1os de edad, natural de Fontainebleau, Hija de la Caridad del Hospital de St. Juan de Angers, donde resid\u00eda y donde fue arrestada el domingo (seg\u00fan la antigua nomeclatura) hace ocho d\u00edas por unos ciudadanos, ha dicho que el motivo de su arresto fue el no haber prestado el juramente y no querer prestarlo, no teme nada de lo que puedan hacerle; en sus respuestas se reconoce f\u00e1cilmente que es una fan\u00e1tica y rebelde a las leyes de su pa\u00eds; no ha o\u00eddo nunca la Misa de un sacerdote juramentado\u00bb.<\/p>\n<p>Odile Bangard (sic), de cuarenta y tres a\u00f1os de edad, natural de Gon\u00addrechange (sic) en Lorena, Hija de la Caridad del Hospital de S. Juan de Angers, donde resid\u00eda y donde fue arrestada, el domingo (estilo esclavo) hace ocho d\u00edas, por unos ciudadanos, ha dicho que el motivo de su arresto fue el no haber prestado el juramento, no quiere prestarlo, no teme nada de lo que puedan hacerle; en sus respuestas se reconoce f\u00e1cilmente que es una fan\u00e1tica y rebelde a las leyes de su pa\u00eds\u00bb.<\/p>\n<p>Y porque los ciudadanos administradores de la Casa nos han asegurado que no hab\u00eda ya nadie m\u00e1s a quien interrogar, hemos cerrado aqu\u00ed nuestro proceso verbal hace dos horas. Vacheron ha firmado junto con Br\u00e9mond su secretario: Br\u00e9mond, Vacheron\u00bb.<\/p>\n<p>En el margen, enfrente de estos p\u00e1rrafos que corresponden a los dos interrogatorios, se lee 32 y 33, acompa\u00f1ados de una cruz y, debajo de estos n\u00fameros, en medio del margen, una f min\u00fascula; esta bastaba para indicar que hab\u00edan de ser fusiladas.<\/p>\n<p>Queremos hacer notar que la guillotina era el medio de ejecutar a la gente acomodada; en efecto, este tipo de condena llevaba consigo la confiscaci\u00f3n de los bienes del condenado, lo que permit\u00eda pagar los emo\u00adlumentos, bastante elevados, del verdugo y sus ayudantes, Nuestras Herma\u00adnas fueron ejecutadas como los pobres.<\/p>\n<p>\u00a1Que emotiva resulta esta p\u00e1gina amarillenta del viejo cuaderno, cubierta con la fina escritura del secretario de la Rep\u00fablica! Se sienten deseos de besar este papel, porque es el acta del martirio de nuestras dos Hermanas. Y resulta dulce y consolador ver como aparecen en ella con su verdadero nombre, su t\u00edtulo de gloria: Hijas de la Caridad, que el escribano ha con\u00adservado pese a ser tan enemigo del \u00abviejo estilo\u00bb.<\/p>\n<p>El motivo de su condena es evidentemente el de los m\u00e1rtires de la fe; se las conden\u00f3 por haberse negado a prestar el juramento, por no haber asistido a la Misa celebrada por los sacerdotes constitucionales, y por <sup>.<\/sup>su voluntad, bien expresa, de preferir morir con cualquier g\u00e9nero de suplicio antes que hacer nada en contra de su conciencia.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 sencillas y conmovedoras son las dos pobres v\u00edctimas en su heroica firmeza! Sor Mar\u00eda Ana, tan firme y tan valiente en sus respuestas que Vacheron se asombra y exclama: \u00ab\u00bfEs que no sabes que se castiga con la muerte a las refractarias?\u00bb, acaba al fin por perder la serenidad ante este loco furioso y sobre todo al sentir que la toca su mano brutal para arrancar la escarapela de su toca, emocionada, s\u00ed, pero no desarmada, repite su ani\u00admoso prop\u00f3sito de no ceder en modo alguno, diciendo: \u00ab\u00a1Puede hacer de m\u00ed lo que quiera!\u00bb.<\/p>\n<p>Sor Odile pasa, por as\u00ed decir, por el surco que le traza Sor Mar\u00eda Ana; se la condena simplemente \u00abcomo a su Hermana\u00bb, pero no sin que haya afirmado tambi\u00e9n&#8217; personalmente que su conciencia no le permit\u00eda prestar el juramento.<\/p>\n<p>El arresto de nuestras dos Hermanas hab\u00eda sido ilegal. Vacheron lo sabe tan bien que hace notar que fueron arrestadas por unos \u00abciudadanos\u00bb sin precisar m\u00e1s. Su ejecuci\u00f3n no fue menos contraria a todas las normas de la justicia.<\/p>\n<p>Hemos visto, que la terrible letra f las se\u00f1alaba para morir, pero esto por el solo hecho de que as\u00ed lo ha decidido Vacheron, porque no se en\u00adcuentran ni rastros de un juicio regular ante una comisi\u00f3n militar, de la que solo estuvo presente un delegado en uno de los interrogatorios.<\/p>\n<h2><strong>La muerte heroica<\/strong><\/h2>\n<p>Los detenidos, despu\u00e9s del interrogatorio, fueron conducidos de nuevo a la prisi\u00f3n sin, que, fueran informados de la decisi\u00f3n de los jueces. As\u00ed pasaron dos d\u00edas en una incertidumbre que, sin embargo, apenas si dejaba lugar a la esperanza.<\/p>\n<p>Una joven muy abnegada, empleada del hospital, la se\u00f1orita Marta vi\u00adsitaba a nuestras Hermanas en su prisi\u00f3n y nos ha conservado el relate siguiente:<\/p>\n<p>\u00abEl viernes, Sor Mar\u00eda Ana dijo: \u00abMe parece que moriremos ma\u00f1ana y que yo, en la primera descarga, quedar\u00e9 solamente herida\u00bb \u2014\u00bbS\u00ed, dijo Sor Odile, pero yo caer\u00e9 <em>raide morte <\/em>atravesada por varias balas\u00bb. As\u00ed el Se\u00ad\u00f1or previno y fortific\u00f3 El mismo a sus m\u00e1rtires antes del combate.<\/p>\n<p>El s\u00e1bado 1 de febrero, amaneci\u00f3 nublado. Para nuestras Hermanas esta fecha era un aniversario muy querido; en el Hospital de San Juan sab\u00edan muy bien que en este d\u00ed&#8217;a en 1640 la Se\u00f1orita hab\u00eda garantizado la funda\u00adci\u00f3n firmando el convenio oficial. Y para las generaciones futuras esta fecha iba a ser doblemente bendita al convertirse en la del martirio de nuestras Hermanas.<\/p>\n<h3><em>El Viacrucis<\/em><\/h3>\n<p>La ma\u00f1ana del 1 de febrero se present\u00f3 el comisario en la prisi\u00f3n con una lista en la mano y empez\u00f3 a llamar a las v\u00edctimas. Algunas trataron de ocultarse para escapar a la muerte. \u00a1Que escena tan llena de horror este llamamiento y esta caza endiablada de las v\u00edctimas!<\/p>\n<p>Otro espect\u00e1culo no menos atroz esperaba a los desgraciados prisio\u00adneros. En la fr\u00eda ma\u00f1ana de este lluvioso d\u00eda descubrieron un largo con voy de m\u00e1s de 200 personas, mujeres en su mayor\u00eda, atadas de dos en dos a una cuerda central. Custodiadas por gendarmes y cazadores a caballo los prisioneros avanzan penosamente por la estrecha calle. Cortando el convoy van unas carretas cargadas con los que ya no pueden seguir andando; los amontonan, dicen los testigos, como llenar\u00edan los bolsillos con granos de trigo, y se suben encima de ellos para meter m\u00e1s a\u00fan. Pusieron abajo a los m\u00e1s enfermos que llegaron muertos. Las cabezas de aquellos desgraciados colgaban de las carretas, y casi arrastraban por el suelo, ten\u00edan los ojos enrojecidos y gritaban: \u00abM\u00e1tennos\u00bb.<\/p>\n<p>Sor Odile, al ver la cadena (el convoy de prisioneros encadenados) inicie un movimiento de retroceso. \u00abLa dulce Sor Odile, dice nuestro cuadernito pareci\u00f3, un poco turbada, a la vista de los preparativos y temi\u00f3 que le faltase el valor, pero al salir de la prisi\u00f3n, apoy\u00e1ndose en el brazo de. Sor Mar\u00eda Ana, porque las dos estaban atadas a la misma cuerda, sac\u00f3 de la firmeza de esta noble amiga, una fortaleza de alma que desvaneci\u00f3 en adelante todo temor.<\/p>\n<p>Los condenados avanzaban en medio de sus verdugos, es decir de fila: de soldados armados de fusiles, recitando salmos y c\u00e1nticos religiosos. La iniciativa de estas oraciones debi\u00f3 partir de nuestras Hermanas. \u00abEllas se animaban y fortalec\u00edan mutuamente y animaban y fortalec\u00edan tambi\u00e9n a todas las que estaban condenadas a morir con ellas por Jesucristo\u00bb.<\/p>\n<p>Por otra parte, el cuadernito hace notar: \u00abSe miraban una a otra con piadoso y tierno afecto y hubo testigos que, a lo largo del camino, oyeron escaparse de los labios de estas dos conmovedoras v\u00edctimas estas palabras repetidas varias veces y que no iban acompa\u00f1adas por l\u00e1grimas ni entre\u00adcortadas por sollozos: \u00abnos est\u00e1 destinada una corona, no la perdamos hoy\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, Sor Mar\u00eda Ana reasegur\u00f3 una vez m\u00e1s a su compa\u00f1era que ella ser\u00eda la primera v\u00edctima y que morir\u00eda a la primera descarga\u00bb. Los hechos confirmaron estas palabras y el valor de las Hermanas sostuvo el de los dem\u00e1s m\u00e1rtires.<\/p>\n<p>Las Hermanas repet\u00edan a sus compa\u00f1eras m\u00e1s pr\u00f3ximas: \u00abUn esfuerzo m\u00e1s y la victoria ser\u00e1 nuestra\u00bb. Volvi\u00e9ndose hacia Mar\u00eda, las dem\u00e1s conde\u00adnadas le dicen: \u00abVirgen, pongo mi confianza en tu socorro\u00bb. Y as\u00ed, al com\u00adp\u00e1s de los salmos y otros c\u00e1nticos religiosos se efectu\u00f3 el largo recorrido de tres kil\u00f3metros hasta el lugar de la ejecuci\u00f3n.<\/p>\n<h3><em>El episodio del rosario<\/em><\/h3>\n<p>Un incidente dram\u00e1tico, cuyo recuerdo ha sido conservado fielmente por la tradici\u00f3n, detuvo la cadena durante algunos minutos.<\/p>\n<p>&#8230; \u00abA Sor Odile se le cay\u00f3 el rosario. Probablemente lo llevaba debajo de su vestido, porque de otra manera no se hubiese tolerado tal objeto. Al querer recogerlo, la pobre Hermana puso la mano sobre una piedra y uno de los verdugos, aproxim\u00e1ndose, se la aplast\u00f3 con un golpe de su fusil. Ana mujer del pueblo, que conoc\u00eda el Hospicio y que hab\u00eda seguido a los con\u00addenados perdida entre la muchedumbre, recogi\u00f3 el rosario, que m\u00e1s tarde cuando se restableci\u00f3 la paz, devolvi\u00f3 al Hospicio\u00bb. Tal reza, con sobria concisi\u00f3n, el texto del cuadernito manuscrito.<\/p>\n<p>\u00a1Como debi\u00f3 temblar Sor Mar\u00eda Ana durante esos angustiosos minutos, temiendo ver a Sor Odile arrojada a una de aquellas horribles carretas, como le sucedi\u00f3 a una de las mujeres que cay\u00f3 desvanecida en un surco y fue arrojada sobre las dem\u00e1s enfermas como un paquete de ropa sucia!<\/p>\n<p>La animosa insistencia de Sor Mar\u00eda Ana salv\u00f3 a Sor Odile, pero \u00bfen medio de cu\u00e1ntas crisis, injurias y, blasfemias transcurri\u00f3 esta escena?<\/p>\n<p>El grueso saliente de piedra sobre el qu\u00e9 qued\u00f3 aplastada la mano de la Hermana permaneci\u00f3 mucho tiempo al borde del camino. Se cuenta que nuestras antepasadas en sus peregrinaciones se deten\u00edan unos instantes all\u00ed para hacer una breve meditaci\u00f3n. Dediquemos nosotras tambi\u00e9n un recuerdo agradecido a esta valerosa mujer que salv\u00f3<sup>.<\/sup>her6icarriente el rosario de las profanaciones de los perseguidores y nos conserv\u00f3 la preciosa reliquia, te\u00f1ida por la sangre de nuestra m\u00e1rtir.<\/p>\n<h3><em>La ejecuci\u00f3n<\/em><\/h3>\n<p>Unos metros m\u00e1s y el convoy, que ha reemprendido la marcha llega a una peque\u00f1a explanada. Las v\u00edctimas, caminando en una atm\u00f3sfera de odio, penetran en el cercado de la Haie aux Bons hommes. Los gastadores hab\u00edan preparado las fosas la v\u00edspera de la ejecuci\u00f3n; arrojando con palas la tierra, formando alud, en torno a los agujeros que excavaban y que se iban alineando regularmente, ya que los instrumentos de trabajo eran guiados por los surcos del campo que descend\u00eda por la pendiente que hab\u00eda a lo largo del muro del cercado. Como esta ejecuci\u00f3n del 1 de febrero era ya la s\u00e9ptima, para llegar a las fosas destinadas a las v\u00edctimas hab\u00eda que desfilar ante las tumbas de los que hab\u00edan fusilado precedentemente y que apenas estaban recubiertas por un poco de tierra.<\/p>\n<p>Nuestras Hermanas penetraron, pues, en el cercado \u00abLa vista de la fosa que les esperaba no les hizo retroceder con espanto y sus lamentaciones no se mezclaron al grito de horror que se elev\u00f3 de todos los pechos 2 la vez. En este momento es cuando Sor Marfa Ana enton\u00f3 con voz firme las letan\u00edas de la Sant\u00edsima Virgen: Santa Mar\u00eda, ruega por nosotros; Puerta del Cielo, ruega por nosotros. La multitud de condenados repet\u00eda las supremas invocaciones; se hubiera dicho que se trataba de una piadosa <sup>\u00ad<\/sup>procesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta escena fue tan conmovedora que uno de los revolucionarios, de los m\u00e1s furiosos e imp\u00edos de Angers, no pudo presenciarla sin enternecerse y sentir remordimiento: \u00abDuele ver morir a mujeres como \u00e9stas\u00bb, dijo, 3 se retir\u00f3. &#8216;Conocemos este hecho por la declaraci\u00f3n de la buen\u00edsima Se\u00f1o rata Marta.<\/p>\n<p>El tr\u00e1gico grupo se aline\u00f3 a lo largo de las fosas. Sea que nuestra! Hermanas fuesen al final del convoy, sea que estuviesen en cabeza de mismo, no hab\u00edan sido reconocidas m\u00e1s que por un peque\u00f1o grupo. Al des cubrirlas atadas juntas, tan sencillas, tan recogidas en su fervorosa oraci\u00f3n, las dem\u00e1s v\u00edctimas, en un impulso de conmovida emoci\u00f3n, exclamaron<\/p>\n<p>\u00abunas Hermanas, unas Hermanas del Hospital, tambi\u00e9n ellas, no :es po\u00adsible, no deben morir como nosotros\u00bb y se elev\u00f3 un clamor repetido por todos: \u00abGracia para las Hermanas\u00bb.<\/p>\n<p>El viejo manuscrito cuenta la asombrosa escena que sigui\u00f3:<\/p>\n<p>\u00abLos asesinos se sorprendieron y sus manos homicidas quedaron para\u00adlizadas. Su odio cedi\u00f3 el paso a la admiraci\u00f3n. Quedaron como subyugados por el ascendiente de la virtud y del valor, y sintieron como un llamamiento a su dignidad de hombres. Incluso el terror parece haber desaparecido de las tupidas filas de las 398 v\u00edctimas que, alineadas en orden de batalla cerca de la enorme fosa se a\u00fanan a morir cristianamente a ejemplo de Mar\u00eda Ana y de Odile cuyos nombres se repiten con fervor y con amor.<\/p>\n<p>El comandante (el terrible M\u00e9nard, sin duda, que mandaba todas las ejecuciones) no aguanta m\u00e1s. Avanza hacia nuestras dos hero\u00ednas para salvarlas, la piedad ha penetrado en su coraz\u00f3n junto con una admiraci\u00f3n profunda. A su vez se hace un silencio desconocido hasta entonces.<\/p>\n<p>Ciudadanas, les dice, a\u00fan est\u00e1is a tiempo de escapar de la muerte que os amenaza; hab\u00e9is prestado servicio a la humanidad; \u00a1c\u00f3mo! \u00bfquerr\u00edais dar vuestra vida por un juramento que se os pide, dejando as\u00ed de hacer las buenas obras que siempre hab\u00e9is hecho? Que no sea as\u00ed. Volved a vuestra Casa, continuad prestando los servicios que prestabais, no hag\u00e1is el juramento puesto que os repugna y os contrar\u00eda, yo me comprometo a decir que lo hab\u00e9is hecho y os doy mi palabra de que- no se os har\u00e1 nada as\u00ed como a .vuestras compa\u00f1eras.<\/p>\n<p>;Cu\u00e1ntas de las v\u00edctimas, contin\u00faa el antiguo texto, ante este lenguaje que no carece de valor ni de nobleza, no se hubiesen aferrado a la, vida? Pero las mujeres de entonces v en particular las Religiosas ten\u00edan una admirable delicadeza de conciencia que hoy apenas podemos sospechar.<\/p>\n<p>Ciudadano, respondi\u00f3 Maria Ana, no solamente no queremos hacer el juramento de que habl\u00e1is, es que ni siquiera queremos que se crea que lo hemos hecho.<\/p>\n<p>Esta respuesta desconcert\u00f3 al comandante, <em>quien, <\/em>por otra parte, a impulsos del propio miedo tem\u00eda haber sido demasiado misericordioso. En efecto, el grupo <em>de <\/em>la comisi\u00f3n militar caracoleaba con sus caballos en torno suyo. Insistir era comprometerse. Prefiri\u00f3. , como Pilatos, pronunciarse <em>y <\/em>actuar en contra <em>de <\/em>su conciencia. Y dio orden de tirar.<\/p>\n<p>Los grupos se suced\u00edan ante el pelot\u00f3n de ejecuci\u00f3n, los c\u00e1nticos piado\u00adsos prosegu\u00edan, pero poco a poco perd\u00edan fuerza va que iba, disminuyendo el n\u00famero <em>de <\/em>voces. Los, cuerpos ca\u00edan en las fosas, otros, agonizaban en el borde v. trataban de levantarse de nuevo; se, o\u00edan gritos <em>y <\/em>lamentaciones. La ejecuci\u00f3n, a cargo <em>de <\/em>veinte personas, se prolongaba. Parece que nues\u00adtras Hermanas se encontraron entre las \u00faltimas v\u00edctimas.<\/p>\n<p>Sor Mar\u00eda Ana no cay\u00f3 a la primera descarga, \u00fanicamente se rompi\u00f3 un brazo: con eI otro sosten\u00eda a Sor Odile, inanimada y sangrando. Como San Esteban, oraba por: sus perseguidores: \u00a1Dios m\u00edo, no saben lo que hacen!, dec\u00eda. Por orden de los representantes de la ley y en su presencia se despojaba inmediatamente a los cad\u00e1veres de sus ropas y de todo lo que llevaban de alg\u00fan valor: relojes, cadenas de oro, sortijas, monedas. etc.<\/p>\n<p>En el momento del saqueo, cuenta uno de los testigos, un oficial, pro\u00adbablemente el que hab\u00eda tratado de salvar a nuestras Hermanas, cogi\u00f3 \u00e9l mismo, el cuello ensangrentado de Sor Mar\u00eda Ana y se lo llev\u00f3 como una reliquia. Ninguno de los verdugos se atrevi\u00f3 a hacerle ning\u00fan reproche. Incluso se cuenta que contest\u00f3 a uno de ellos que quer\u00eda saber lo que pre\u00adtend\u00eda hacer con esos girones del traje: \u00abSon para m\u00ed, y ni 300 libras me tentar\u00edan para dejarlos\u00bb.<\/p>\n<p>Y mientras los verdugos se marchaban, orgullosos de haber exterminado a tantos bandidos y el grupito de amigos de las v\u00edctimas se alejaba tambi\u00e9n, el profundo silencio y la inmensa paz del Cielo descend\u00eda sobre el Campo de los M\u00e1rtires.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Hay entre vosotras, mis queridas Hermanas, lo s\u00e9 muy bien, algunas <\/em><em>que, por la gracia de Dios, aman tanto su vocaci\u00f3n que se liar\u00edan <\/em><em>crucificar, desgarrar y cortar en mil pedazos antes que sufrir algo en <\/em><em>contra de ella.<\/em><\/p>\n<h2><strong>Su mensaje para hoy<\/strong><\/h2>\n<p>Han transcurrido casi dos siglos desde que fueron martirizadas, Sor Mar\u00eda Ana y Sor Otilia, pero el mensaje que nos dirigen es de una singular actualidad. Juntas, podemos descubrir en \u00e9l una luz y un apoyo para nues\u00adtra vida de Hijas de la Caridad, <em>hoy.<\/em><\/p>\n<p>San Vicente siempre pens\u00f3 que, como Hijas de la Caridad, nuestra en\u00adtrega a Dios deb\u00eda llegar hasta la de la vida. Y as\u00ed le vemos proponer a las primeras Hermanas que no descarten de su pensamiento el martirio como testimonio que se da de Cristo y de su doctrina hasta el sacrificio total. Al enviar a cuatro Hermanas a &#8216;Ca\u00edais para sustituir a las que all\u00ed acaban de morir, San Vicente les dijo, el 4 de agosto de 1658:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abVais al martirio, si a Dios le place disponer de vosotras.\u00bb<\/p>\n<p>Para ellas se trataba de ponerse enteramente en manos de Dios, sin de\u00adtenerse a pensar en las consecuencias de su fidelidad a las llamadas recibi\u00addas de El.<\/p>\n<p>Penetradas de esta doctrina, Sor Mar\u00eda Ana <em>y <\/em>Sor Otilia se muestran tan firmes en la Fe que sus perseguidores \u2014Vacheron, Br\u00e9maud\u2014 se ven, no sin furor, impotentes para hacerlas renunciar a ella. Hasta el final de su vida, demostrar\u00e1n con su actitud su fidelidad a Cristo y a la Iglesia. Alimentadas con el Evangelio, que leen y meditan sin cesar, habr\u00e1n de vivir en sus horas de c\u00e1rcel el texto mismo de San Lucas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab&#8230; os meter\u00e1n en prisi\u00f3n, os conducir\u00e1n ante los reyes <\/em>y <em>gobernado\u00ad<\/em><em>res por amor de mi nombre. Ser\u00e1 para vosotros ocasi\u00f3n de dar tes\u00ad<\/em><em>timonio\u00bb <\/em>(Lc. 21, 12-13).<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil descubrir en el sobrio relato del interrogatorio, que las Her\u00admanas no hab\u00edan preparado nada para su defensa:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abHaced prop\u00f3sito de no preocuparos de vuestra defensa\u00bb <\/em>(Lc. 21, 11).<\/p>\n<p>El \u00fanico argumento que, una y otra, presentan son los derechos de su conciencia.<\/p>\n<p>Repasando las Actas de los m\u00e1rtires de Angers y pensando en lo que viven tantas de nuestras Hermanas a trav\u00e9s del mundo, bueno es que entremos en sus mismos sentimientos de Fe y de confianza. Como lo recordaba el Santo Padre en Lourdes, el 14 de agosto de este a\u00f1o:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLas persecuciones por la Fe son a veces semejantes a las que el Martirologio de la Iglesia tiene ya escritas en los pasados siglos. <\/em><em>Toman diversas formas de discriminaci\u00f3n de los creyentes <\/em>y <em>de toda <\/em><em>la comunidad de la Iglesia. Esas formas de discriminaci\u00f3n se aplican, <\/em><em>a veces, al mismo tiempo que se insiste en reconocer el derecho a <\/em><em>la libertad religiosa, a la libertad de conciencia&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abExisten hoy centenares y centenares de testigos de la Fe&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Y puede llegar nuestro turno. Basta con repasar los casos que el Papa evoca en ese discurso. \u00bfEstamos \u00edntimamente persuadidas de que el mar\u00adtirio forma parte de la vida de la Iglesia que \u00abnaci\u00f3 en la Cruz de Cristo y creci\u00f3 en medio de las persecuciones\u00bb (J. P. II, 14-8-83).<\/p>\n<p>La persecuci\u00f3n se desencadena a partir del rechazo a transgredir un mandamiento o a negar la Palabra de Dios y la Revelaci\u00f3n, en su totalidad o en parte&#8230; Tambi\u00e9n surge la persecuci\u00f3n ante la adhesi\u00f3n firme a un dogma que los perseguidores rechazan. Pod\u00edamos nosotras, en comunidad, ilustrar con ejemplos esas causas de persecuci\u00f3n y buscar en ellas un po\u00adderoso dinamismo para desarrollar nuestra Fe.<\/p>\n<h3><em>\u00abNo teng\u00e1is miedo a los que matan el cuerpo, y no pueden matar el alma\u00bb (Mt. <\/em>10, 28).<\/h3>\n<p>Estas palabras, el Se\u00f1or las firm\u00f3 con su Sangre, y con toda humildad y sencillez Sor Mar\u00eda Ana y Sor Otilia siguieron sus huellas. Su esperanza permanece intacta y sostiene su penoso caminar a lo largo de los tres kil\u00f3metros de su \u00faltima marcha, \u00abpor un camino estrecho, pedregoso, poco transitable en cualquier estaci\u00f3n\u00bb (Monse\u00f1or Montault, 17-3-1817). La amplia carretera asfaltada de hoy no debe llamarnos a enga\u00f1o: la prueba de aquel largo caminar fue tremendamente dura bajo todos los aspectos. No es de extra\u00f1ar que Sor Otilia se sintiera desfallecer. Las palabras de aliento de Sor Mar\u00eda Ana \u2014en el lenguaje de la \u00e9poca\u2014: \u00abtenemos casi a la mano esta corona, no la dejemos escapar, unos instantes m\u00e1s, y ser\u00e1 nuestra\u00bb, revelan hasta qu\u00e9 punto estaban sus corazones impregnados del Evangelio:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abCon vuestra paciencia comprar\u00e9is (la salvaci\u00f3n de) vuestras almas\u00bb <\/em>Lc 21, 19).<\/p>\n<p>Saben tambi\u00e9n que:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230; <em>si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedar\u00e1 s\u00f3lo; pero si muere llevar\u00e1 mucho fruto\u00bb <\/em>(Jn. 12, 24).<\/p>\n<p>El Concilio Vaticano II recuerda a la Iglesia de nuestro tiempo \u2014en L.G., 42\u2014 que, como cristianos, estamos llamados, a dar este supremo testimonio de amor entre todos\u00bb.<\/p>\n<p>Hay un v\u00ednculo interno entre la fecundidad espiritual, el dinamismo de la Iglesia y el martirio.<\/p>\n<p>Ese \u00abtestimonio de amor delante de todos\u00bb, quisieron darlo Sor Mar\u00eda Ana y Sor Otilia al rechazar taparse el rostro con un velo que les ofrec\u00edan: se sent\u00edan orgullosas de morir por Cristo y deseosas de que toda la ciudad \u00abcontemplase y supiese c\u00f3mo se muere por la Fe\u00bb. Era la fuerza victo\u00adriosa del Esp\u00edritu de Jesucristo la que obraba en ellas y la que nos per\u00admite descubrir tambi\u00e9n los frutos de una vida teologal vivida habitual\u00admente, de una vivencia m\u00edstica de uni\u00f3n con Jesucristo. Sin duda hab\u00edan meditado profundamente la circular en que la Madre Dubois dec\u00eda a las Hermanas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abla santificaci\u00f3n depende tambi\u00e9n de nuestra constante fidelidad en <\/em><em>cumplir el doble voto del servicio espiritual <\/em>y <em>corporal a los pobres <\/em><em>confiados a nuestros cuidados, en cuyas personas hemos de ver la <\/em><em>de Jesucristo.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Estar en relaci\u00f3n constante con Jesucristo les comunica una confianza extraordinaria. Est\u00e1n seguras del poder de Dios con Quien no han cesado de estar en comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>La espiritualidad de Sor Mar\u00eda Ana y Sor Otilia abre ante nosotras pers\u00adpectivas todav\u00eda v\u00e1lidas para la Iglesia y para nuestra vida de Hijas de la Caridad dentro de esa Iglesia. La Fe es siempre la causa del martirio, \u00bfes necesario recordar a Mons. Romero? El tambi\u00e9n habl\u00f3 en pie, con el rostro descubierto. Anunciaba la Palabra de Dios y sus exigencias. No es cuesti\u00f3n de que nos limitemos a limpiar un poco el polvo que en estos ciento noventa a\u00f1os haya podido depositarse sobre Sor Mar\u00eda Ana y Sor Otilia, como im\u00e1genes de un pasado de la Compa\u00f1\u00eda&#8230; De lo que se trata es de que nos interroguemos: \u00bfPor qu\u00e9 pone el Se\u00f1or, ahora, sus vidas ante nuestros ojos? \u00bfNo ser\u00e1 acaso para que nos \u00abdespertemos\u00bb?<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 profesi\u00f3n de Fe vivimos? \u00bfSon para nosotras las Bienaventuranzas una fuente de Esperanza escatol\u00f3gica?<\/p>\n<h3><em>\u00abBienaventurados ser\u00e9is cuando os insulten <\/em>y <em>persigan&#8230;\u00bb <\/em>(Mt. 5, 11).<\/h3>\n<p>\u00bfTendemos hacia su realizaci\u00f3n en nosotras y en torno nuestro? \u00bfNos atre\u00advemos a \u00abanunciar\u00bb? \u00bfAnunciar la Buena Noticia del Amor y de la fide\u00adlidad de Dios en un mundo en el que triunfan la injusticia, el odio, la violencia? Corno Sor Mar\u00eda Ana y Sor Otilia, \u00bftenemos el valor de rechazar las componendas? \u2014\u00bbNo s\u00f3lo no queremos prestar el juramento, sino que tampoco queremos que parezca que lo hemos prestado\u00bb\u2014 dicen. \u00bfNuestro amor fraterno se convierte en apoyo, fortaleza, sost\u00e9n inquebrantable en las pruebas que compartimos?<\/p>\n<p>Esta actitud de confianza inalterable se apoya tambi\u00e9n en la inter\u00adcesi\u00f3n de la Reina de los M\u00e1rtires. La tradici\u00f3n refiere que despu\u00e9s del canto de los Salmos y de las Letan\u00edas de la Virgen, las Hermanas em\u00adpezaron la vieja tonada: \u00abPongo mi confianza, Virgen, en tu socorro&#8230;\u00bb. \u00bfC\u00f3mo dudar de que su \u00fanica Madre las haya sostenido en esos momentos decisivos en que<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abNadie tiene amor mayor que el de dar la vida por sus amigos?\u00bb <\/em>(Lc. 15, 13).<\/p>\n<p>Sor Mar\u00eda Ana y Sor Otilia realizaron el mayor acto de amor siguiendo a Cristo hasta el sacrificio voluntario de su vida. Como San Vicente lo quer\u00eda, \u00abreprodujeron de una manera natural la vida de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>El 15 de mayo pasado, dec\u00eda el Santo Padre:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abCuando la Iglesia propone un modelo de vida a los fieles, lo hace teniendo en cuenta las necesidades particulares de la \u00e9poca en que hace tal proclamaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Nos sentimos doblemente aludidas, como cristianas y como Hijas de la Caridad. Propong\u00e1monos meditar la vida de Sor Mar\u00eda Ana Vaillot y de Sor Odile Baumgarten: vida de siervas de Jesucristo en los Pobres, de hijas de la Iglesia, de hermanas que \u00abse aman entre s\u00ed\u00bb y Se sostienen mutuamente.<\/p>\n<p>Con toda humildad, en proporci\u00f3n a nuestras fuerzas y a nuestras circunstancias, tratemos de imitarlas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El domingo 19 de enero de 1794, las tres Hermanas que acababan de ser arrestadas: Sor Taillade, Hermana Sirviente; Sor Mar\u00eda Ana, y Sor Odile fueron trasladas a un antiguo convento transformado en c\u00e1rcel, donde &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-maria-ana-y-sor-odile-martires-de-la-fe\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":400140,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[312],"tags":[137],"class_list":["post-52756","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-maria-ana-vaillot-y-odilia-baumgarten","tag-san-esteban"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Sor Mar\u00eda Ana y sor Odile, m\u00e1rtires de la Fe - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-maria-ana-y-sor-odile-martires-de-la-fe\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Sor Mar\u00eda Ana y sor Odile, m\u00e1rtires de la Fe - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"El domingo 19 de enero de 1794, las tres Hermanas que acababan de ser arrestadas: Sor Taillade, Hermana Sirviente; Sor Mar\u00eda Ana, y Sor Odile fueron trasladas a un antiguo convento transformado en c\u00e1rcel, donde ... 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