{"id":51479,"date":"2019-10-13T08:14:20","date_gmt":"2019-10-13T06:14:20","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=51479"},"modified":"2019-09-09T09:25:51","modified_gmt":"2019-09-09T07:25:51","slug":"la-confianza-mutua-en-comunidad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-confianza-mutua-en-comunidad\/","title":{"rendered":"La confianza mutua en comunidad"},"content":{"rendered":"<p>Entre las disposiciones \u00edntimas necesarias para la vida de comunidad, la confianza mutua reviste una importancia especial. En efecto, es impo\u00adsible que se logre la uni\u00f3n si no existe un clima de confianza {mutua. Merece, pues, la pena reflexionar en la naturaleza de esa confianza, en el valor que representa dentro del \u00e1mbito sobrenatural, y determinar el por qu\u00e9 y el c\u00f3mo debe desarrollarse en los religiosos.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>I. La confianza en las relaciones entre Dios y el hombre <\/strong><\/p>\n<p><strong>1. Invitaci\u00f3n por parte de Dios y por parte de Cristo a la confianza<\/strong><\/p>\n<p>Antes de abordar el problema de la confianza dentro de la comunidad, es conveniente considerarla, en un plano m\u00e1s general, en las relaciones entre Dios y el hombre. En efecto, la confianza desempe\u00f1a un gran papel en esas relaciones tal y como aparecen en la revelaci\u00f3n b\u00edblica.<\/p>\n<p>En la <em>antigua alianza, <\/em>el objetivo primordial de Dios era obtener la fe del pueblo jud\u00edo. Esta fe consist\u00eda en aceptar la verdad de Dios que se revelaba, pero tambi\u00e9n en poner en El toda la confianza. As\u00ed, por ejemplo, en el \u00c9xodo, la revelaci\u00f3n del nombre divino tiende a hacer que Mois\u00e9s acepte, y a trav\u00e9s de \u00e9l todo el pueblo, la identidad de Dios que se define a S\u00ed mismo como el Ser presente de manera inmutable: <em>\u00abYO SOY\u00bb <\/em>(Ex., 3, 14). Quiere \u2014esa revelaci\u00f3n\u2014 ofrecer la garant\u00eda de una fidelidad abso\u00adluta a la alianza: <em>\u00abYo estar\u00e9 contigo\u00bb <\/em>(Ex. 3, 12), palabras que son una llamada a la confianza: invitan a Mois\u00e9s y al pueblo a que pongan en Dios toda su seguridad.<\/p>\n<p>Puede decirse que esta confianza, exigencia fundamental de la revelaci\u00f3n, abarca en s\u00ed misma las disposiciones de <em>fe <\/em>y de <em>esperanza; <\/em>la fe que pide es fe en el Dios Salvador que conduce a su pueblo hacia un por\u00advenir feliz, por lo que, como consecuencia, est\u00e1 henchida de esperanza. La esperanza significa adhesi\u00f3n a Dios en fe y espera del destino del pueblo de Dios.<\/p>\n<p>Esa confianza constituye la primera manifestaci\u00f3n del <em>amor&#8217; <\/em>debido a Dios porque desemboca en el cumplimiento del primer mandamiento: <em>\u00abAmar\u00e1s a Yahv\u00e9, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma, con <\/em><em>todo tu poder\u00bb <\/em>(Deut., 6, 5). Para dar a Dios todo el coraz\u00f3n, hay que empezar por creer en El y poner en El toda la esperanza. La confianza es, pues, como la base que permite al amor desarrollarse.<\/p>\n<p>En la <em>nueva alianza, <\/em>el papel de la confianza no es menos fundamental. La predicaci\u00f3n de Jes\u00fas es una llamada a la fe y a la esperanza: <em>\u00ab&#8230;el <\/em><em>reino de Dios est\u00e1 cercano;&#8230; creed en el Evanelio\u00bb (Mc. <\/em>1. 15). Esa fe y esa esperanza deben dirigirse a la persona misma de Jes\u00fas, porque El es quien posee la buena nueva \u2014evangelio\u2014, o por mejor decir, El es esa buena nueva como Verbo hecho carne, Palabra de Dios encarnada. Su venida coincide id\u00e9nticamente con la del Reino: es El quien, siendo Dios, puede reinar sobre el universo. Esencialmente, se trata de creer y esperar en Alguien. As\u00ed es c\u00f3mo la disposici\u00f3n de Jes\u00fas, adquiere todo su valor, porque la confianza pone m\u00e1s de relieve una relaci\u00f3n de persona a persona.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, esa confianza es tambi\u00e9n la primera expresi\u00f3n del amor absoluto que Cristo reivindica para S\u00ed. A sus disc\u00edpulos, Jes\u00fas les pide una adhesi\u00f3n completa a su persona, con abandono de todo lo dem\u00e1s. Ahora bien, esa adhesi\u00f3n tiene que comenzar por un acto de confianza: \u00abBogad mar adentro y echad las redes para la pesca\u00bb. La respuesta de Sim\u00f3n: \u00ab&#8230; porque t\u00fa lo dices, echar\u00e9 las redes&#8230;\u00bb, que atestigua esa con\u00adfianza, es el principio de la entrega total de la vida: \u00ab&#8230; lo dejaron todo y le siguieron\u00bb (Le., 5, 4-5, 11).<\/p>\n<p>La confianza desempe\u00f1a tambi\u00e9n un papel esencial en la <em>declaraci\u00f3n de amor que Jes\u00fas pide a Pedro antes de confiarle el cargo de pastor uni\u00ad<\/em><em>versal de la Iglesia. <\/em>Al preguntarle por tres veces: <em>\u00bfMe amas?, <\/em>el Maestro hace alusi\u00f3n manifiesta a la triple negaci\u00f3n. El recuerdo de esta falta hu\u00adbiera podido inspirar a Pedro dudas y vacilaciones antes de contestar: \u00bfse puede decir con sinceridad a alguien que se le ama, despu\u00e9s de haber renegado de \u00e9l? Pedro supera el obst\u00e1culo y dice atrevidamente a Jes\u00fas que le ama, gracias a la confianza que lo anima. Confianza no s\u00f3lo en el perd\u00f3n recibido, sino en que el Maestro conoce perfectamente a su dis\u00adc\u00edpulo: <em>\u00abSe\u00f1or, t\u00fa lo sabes todo, t\u00fa sabes que te amo\u00bb <\/em>(Jn. 21, 17). Con\u00adfianza tambi\u00e9n en el poder del Salvador que sirve de apoyo a su amor, porque ahora Pedro ha aprendido a no presumir de sus propias fuerzas.<\/p>\n<p>Este episodio proyecta luz sobre la <em>relaci\u00f3n que existe entre la con\u00ad<\/em><em>fianza y el amor: <\/em>muestra de qu\u00e9 manera la confianza hace desaparecer los obst\u00e1culos que supone la debilidad humana para un contacto de amor con Cristo. En tanto que la conciencia de tal debilidad podr\u00eda tender a que el coraz\u00f3n del hombre se replegara en su incapacidad de amar, la confianza llega a abrir ese coraz\u00f3n y a abrirlo tanto m\u00e1s cuanto m\u00e1s siente su propia debilidad. Esa confianza va en proporci\u00f3n de la omni\u00adpotencia y la bondad divina que en Jes\u00fas encuentran su manifestaci\u00f3n perfecta; permite a la persona humana, abrumada por su Impotencia o su debilidad, amar a Dios y a Cristo a pesar de todas sus deficiencias, esforz\u00e1ndose por apoyar su amor en la perfecci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>Desde este punto de vista, la confianza es la disposici\u00f3n que cae bien a las relaciones de abajo arriba, levanta un puente entre la impotencia humana y el poder infinito de Dios, hace dar al amor ese salto que salva la distancia inmensa que existe entre ambos niveles.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>2. La iniciativa divina de confianza en la humanidad<\/strong><\/p>\n<p>Lo que puede parecer todav\u00eda m\u00e1s sorprendente es que la confianza des\u00adempe\u00f1a un papel tambi\u00e9n esencial en el otro aspecto de las relaciones entre Dios y el hombre, es decir, en las disposiciones que el mismo Dios manifies\u00adta con respecto a la humanidad en su obra de Salvaci\u00f3n. Ahora consideramos la direcci\u00f3n inversa a la anterior: la direcci\u00f3n de arriba abajo.<\/p>\n<p>Ya la <em>antigua alianza, <\/em>como tal, es un testimonio de confianza: Dios que en su soberan\u00eda hubiera podido hacerlo todo por s\u00ed mismo, sin nece\u00adsidad de recurrir a la colaboraci\u00f3n humana, pide esa colaboraci\u00f3n. Al es\u00adtablecer unas relaciones en forma de alianza, otorga su confianza a su pueblo, porque, en su designio, los compromisos han de ser rec\u00edprocos, y ello significa que cuenta con una colaboraci\u00f3n efectiva a su obra por parte de los hombres.<\/p>\n<p>Esa confianza de Dios es una prueba de la fuerza de su amor. Es cierto que hubiera sido posible un amor divino a los hombres sin establecer para ello una alianza; pero de esa forma hubiera sido m\u00e1s restringido. Hubiera sido como si Dios dijera: <em>Os amo, pero todo lo hago yo; no quiero <\/em><em>dejaros hacer nada porque lo vais a estropear&#8230; <\/em>Al contrario, Dios no ha vacilado en correr el riesgo de la confianza, con lo que ha demostrado mayor amor.<\/p>\n<p><em>Por una parte, <\/em>asigna a los hombres una responsabilidad: es una forma de promocionarlos, de favorecer el desarrollo de su personalidad. El que ama busca el bien de la persona amada; ahora bien, la confianza de\u00admostrada es una condici\u00f3n para ese bien, para esa expansi\u00f3n. Aun antes de exigir la confianza en El como respuesta a su amor, Dios otorga al hombre su propia confianza.<\/p>\n<p><em>Por otra, <\/em>Dios hace al hombre capaz de asumir la responsabilidad que le entrega. Lo eleva por encima de sus debilidades garantiz\u00e1ndole una ayuda omnipotente. Y cuando en la alianza exige de sus aliados los hombres unos compromisos, les promete por otra parte su asistencia para que puedan cumplirlos.<\/p>\n<p>Y as\u00ed vemos c\u00f3mo antes de pedir a Mois\u00e9s una respuesta de fe, Yahv\u00e9 le muestra toda la confianza que deposita en \u00e9l. Le encarga la misi\u00f3n de liberar a los israelitas del yugo de Egipto; y a la pregunta que surge de la incapacidad humana: \u00abY <em>\u00bfqui\u00e9n soy yo para ir al Fara\u00f3n y sacar de Egipto a los hijos de Israel?\u00bb (<\/em>Ex. 3, 11), le responde con la seguridad de la alianza que hace a Mois\u00e9s capaz de llevar a cabo su misi\u00f3n liberadora. Antes que una invitaci\u00f3n a la confianza, la declaraci\u00f3n \u00abYo <em>estar\u00e9 contigo\u00bb <\/em>es una expresi\u00f3n de la propia confianza de Dios en el hombre escogido por El.<\/p>\n<p>No obstante, la confianza depositada en un pueblo destinado a ser y a actuar como pueblo de Dios, se expone a muchas decepciones. Israel no es fiel a sus compromisos y no responde a las esperanzas divinas. Pues bien, <em>ante las reiteradas infidelidades que quebrantan la alianza, \u00bfcu\u00e1l <\/em><em>es la reacci\u00f3n de Dios? <\/em>No est\u00e1 a la medida de las reacciones humanas, porque antes que retirar a la humanidad la confianza que le hab\u00eda otor\u00adgado, Dios ensancha todav\u00eda m\u00e1s esa confianza y promete una alianza nueva en la que la fidelidad de sus aliados estar\u00e1 garantizada:<\/p>\n<p>\u00abOs dar\u00e9 un coraz\u00f3n nuevo y pondr\u00e9 en vosotros un esp\u00edritu nuevo; os arrancar\u00e9 ese coraz\u00f3n de piedra y os dar\u00e9 un coraz\u00f3n de carne. Pondr\u00e9 dentro de vosotros mi esp\u00edritu y os har\u00e9 ir por mis mandamientos&#8230;\u00bb (Ez., 36, 26-27).<\/p>\n<p><em>La venida de Cristo <\/em>para la instauraci\u00f3n de la alianza &#8216;definitiva es la demostraci\u00f3n m\u00e1s decisiva de la confianza depositada por Dios en la humanidad. El Hijo de Dios viene a este mundo para edificar, por el ca\u00admino de su sacrificio, una humanidad nueva que sea capaz de ofrecer a los proyectos divinos la colaboraci\u00f3n pedida y de cumplir los compro\u00admisos de la alianza. De esta forma, la confianza puesta por Dios en los hombres puede estar segura de no verse defraudada. La Iglesia fundada por Cristo, sin dejar de ser una sociedad de pecadores, no desfallecer\u00e1 en su fidelidad: responder\u00e1 a las esperanzas divinas con miras a la im\u00adplantaci\u00f3n del Reino de Dios en el mundo.<\/p>\n<p>En las <em>actitudes de Jes\u00fas, <\/em>pueden subrayarse de manera m\u00e1s especial traducciones concretas de la acrecentada confianza de Dios en la huma\u00adnidad. As\u00ed, la llamada dirigida a los disc\u00edpulos demuestra una confianza verdaderamente audaz, ya que <em>no duda en requerir un abandono de todas <\/em><em>las cosas. <\/em>Otrora Yahv\u00e9 se content\u00f3 con exigir el cumplimiento de la ley; pero Jes\u00fas pide que se deje todo para seguirle. Cuenta por lo tanto con una generosidad m\u00e1s radical, m\u00e1s completa. Esa confianza que deposita en la generosidad humana habr\u00e1 de permanecer como caracter\u00edstica de la vocaci\u00f3n a la vida consagrada en la Iglesia. Es cierto que va acompa\u00f1ada de una gracia que confiere la fortaleza necesaria para responder a la lla\u00admada, pero no por eso hemos de dejar de se\u00f1alar que se trata de una confianza de Dios propia de la nueva alianza.<\/p>\n<p><em>Otra manifestaci\u00f3n <\/em>de esta confianza es de <em>orden m\u00e1s general. <\/em>No se refiere s\u00f3lo a las personas llamadas al don total de s\u00ed mismas. Consiste en la bondad manifestada a los pecadores. Si Jes\u00fas se deja acusar por sus adversarios de <em>\u00abamigo de publicanos <\/em>y <em>pecadores\u00bb (Mt., <\/em>11, 19), es porque quiere revelar la extensi\u00f3n de la misericordia divina. Ahora bien, la bondad misericordiosa implica un aspecto de confianza. Por ejemplo, cuando Jes\u00fas dice a la mujer ad\u00faltera: <em>\u00abVete y no peques m\u00e1s\u00bb <\/em>(Jn., 8, 11), perdona a esta mujer confiando en ella en adelante. Estima que puede corregirse de su conducta. En el caso de la pecadora que entr\u00f3 en casa de Sim\u00f3n, esa confianza envuelta en el perd\u00f3n obtuvo inmediatamente una respuesta, puesto que la mujer dio muestras a Jes\u00fas de un amor agrade\u00adcido (Le., 7, 36-50), amor superior al del fariseo. Se puede observar que la confianza lleva consigo una determinaci\u00f3n esencial por parte de Dios en favor de los pecadores: muestra que <em>su amor no queda detenido en <\/em><em>la situaci\u00f3n de pecado, sino que tiende a suscitar un comportamiento mejor.<\/em><\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de la negaci\u00f3n de Pedro, hemos evocado antes el di\u00e1logo en el que Jes\u00fas pide a su disc\u00edpulo una declaraci\u00f3n de amor inspirada por la confianza. Hay que poner de relieve, no obstante, que la <em>confianza <\/em><em>del disc\u00edpulo en el perd\u00f3n de su Maestro hab\u00eda ido precedida por la con\u00adfianza del Maestro. Esta confianza del Maestro es la que mantuvo a Pedro <\/em><em>en su destino de jefe de la Iglesia.<\/em><\/p>\n<p>En su <em>direcci\u00f3n descendente, de Dios a los hombres, <\/em>la confianza reviste <em>una importancia primordial: <\/em>dirige toda la obra de la Salvaci\u00f3n y confiero al amor divino una nota extraordinaria de generosidad. La gran diferencia entre la generosidad divina y la generosidad humana radica en la <em>absoluta gratuidad de la primera. <\/em>El hombre necesita de Dios para realizar su des\u00adtino y, por consiguiente, est\u00e1 obligado a tener confianza en El. Pero Dios no tiene ninguna necesidad del hombre y la confianza que deposita en \u00e9l es puro don de su amor. <em>La confianza divina no tiene otro motivo que <\/em><em>la voluntad de promocionar la personalidad humana.<\/em><\/p>\n<p>Al ser una manifestaci\u00f3n extrema del amor m\u00e1s gratuito, esa confianza de Dios muestra hasta qu\u00e9 punto <em>en las relaciones de Dios con el hombre todo se explica por el Amor; <\/em>da igualmente a comprender por qu\u00e9 en las relaciones de alianza la confianza rec\u00edproca constituye un principio fun\u00addamental. Dios posee la prioridad en todo y m\u00e1s especialmente en la con\u00adfianza. La confianza divina es el modelo y la fuente de la confianza hu\u00admana. <em>Una plenitud de amor mutuo no puede realizarse si no es gracias <\/em><em>a la reciprocidad de la confianza.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><strong>II. La confianza en la vida de comunidad<\/strong><\/p>\n<p><strong>1. La confianza de Cristo, principio de nuestra confianza mutua<\/strong><\/p>\n<p>Puesto que la confianza desempe\u00f1a un papel esencial en las relaciones entre Dios y los hombres, y que aparece como una expresi\u00f3n fundamental del amor, no se podr\u00eda en manera alguna subestimar <em>su valor en las ma\u00ad<\/em><em>nifestaciones del amor cristiano <\/em>y de manera <em>m\u00e1s especial del amor mutuo <\/em><em>en comunidad. <\/em>En efecto, el amor que une a los cristianos entre s\u00ed, y aun m\u00e1s a los religiosos, se configura en las relaciones de amor que se han revelado en la obra de la Salvaci\u00f3n. La alianza de Dios con su pueblo es el lazo que une entre s\u00ed a los miembros de ese pueblo; la reconciliaci\u00f3n de la humanidad con Dios, operada por Cristo, es la que suscita la recon\u00adciliaci\u00f3n entre los hombres. Al desplegar un amor animado por la con\u00adfianza, Dios ha establecido el principio de la confianza que ha de carac\u00adterizar las relaciones de amor entre las personas humanas.<\/p>\n<p>Cristo ha presentado de manera expl\u00edcita su propio amor como prin\u00adcipio del amor que ha de unir a sus disc\u00edpulos: \u00abUn precepto nuevo os doy <em>que os am\u00e9is los unos a los otros como ya os he amado&#8230; <\/em>Este es mi <sup>&#8211;<\/sup>Precepto&#8230;\u00bb (Jn. 13, 34; 15, 12). As\u00ed como El ha amado otorgando su con\u00adfianza, as\u00ed invita a sus disc\u00edpulos a que reflejen en sus relaciones mutuas ese clima esencial de confianza rec\u00edproca que El ha querido establecer.<\/p>\n<p>La importancia primordial que Jes\u00fas ha atribuido a la confianza en sus manifestaciones de amor, tiene como consecuencia <em>la importancia de <\/em><em>esa misma confianza en toda comunidad que vive en su nombre. <\/em>De por s\u00ed bastar\u00eda la experiencia de la vida en com\u00fan para poner de relieve ese valor de la confianza. All\u00e1 donde reina una mentalidad de desconfianza rec\u00edproca, la uni\u00f3n comunitaria se hace imposible; no puede haber all\u00ed verdadera \u00abalma com\u00fan\u00bb. Las que se encierran entre los muros de la des\u00adconfianza viven separados u opuestos unos a otros. Adem\u00e1s de este hecho que la experiencia puede comprobar, las actitudes de principio adoptadas por Cristo indican en definitiva las condiciones para el desarrollo de la caridad.<\/p>\n<p>Entre las aplicaciones del mandamiento nuevo, debemos enunciar esta. <em>\u00abTened confianza unos en otros, como yo os he manifestado mi confianza\u00bb. <\/em>Jes\u00fas ha contestado por adelantado a cualquier objeci\u00f3n que pudiera ha\u00adcerse a ese principio de la confianza de unos en otros: Si El mismo otorg\u00f3 su confianza aun a aquellos que, a veces, no parec\u00edan merecerla, con cu\u00e1nta mayor raz\u00f3n no deben sus disc\u00edpulos anudar relaciones de con\u00adfianza mutua.<\/p>\n<p>Quedan, pues, invitados los religiosos a tomar ejemplo del modelo con\u00adcreto de confianza que Cristo les ofrece seg\u00fan el Evangelio. Vamos a <em>destacar algunas propiedades de esa confianza: es audaz, comprensiva de <\/em><em>la flaqueza humana, se apoya en la acci\u00f3n de la gracia.<\/em><\/p>\n<p>Hemos hecho resaltar antes la audacia de que dio prueba Jes\u00fas al llamar a sus disc\u00edpulos a que le siguieran, exigiendo de ellos que re\u00adnunciaran a todo. Es la misma audacia que hoy encontramos en el inicio de toda vocaci\u00f3n religiosa. Cuando Cristo llama a uno a la vida religiosa muestra hasta qu\u00e9 punto llega su confianza en la generosidad del que ha llamado, porque lo juzga capaz de poner todo el ideal de su vida en el seguimiento de su Persona y de sacrificarlo todo por amor suyo. Entonces, es l\u00f3gico que todo religioso merezca por parte de sus hermanos esa misma actitud de confianza audaz; merece que se le juzgue capaz de responder a su vocaci\u00f3n, de llevar una vida entregada al Se\u00f1or y de contribuir a la santidad de la comunidad.<\/p>\n<p>Por otra parte, vemos en el Evangelio que la confianza de Cristo se hace todav\u00eda m\u00e1s patente en relaci\u00f3n con los pecadores. No es que se trate de una confianza ciega, ingenua, que se haga ilusiones sobre la conducta de las personas o que se niegue a ver las deficiencias para fijarse s\u00f3lo en las buenas cualidades. Jes\u00fas no cierra los ojos ante las debilidades morales de los hombres, pero se abstiene de condenar a los pecadores, a los que considera capaces de conversi\u00f3n y de enmienda. Esa actitud de comprensi\u00f3n y de estima hacia los que se han adentrado por un mal camino, pero que pueden salir de \u00e9l, es la que debe inspirar la conducta de los disc\u00edpulos de Jes\u00fas. Ahora bien, de ordinario, en una comunidad, <em>las faltas que cometen los religiosos no son las que carac\u00ad<\/em><em>terizan una vida hundida en el pecado. <\/em>Con mayor motivo, entonces, esas faltas no pueden constituir una causa para retirar la confianza o la es\u00adtima a esos religiosos. Viendo a Cristo mantener su confianza, el religioso tiene que adoptar <em>una actitud semejante hacia sus hermanos, <\/em>tener con\u00adfianza en ellos a pesar <em>de <\/em>sus errores o sus fallos.<\/p>\n<p>Los dos aspectos \u2014el de la audacia y el de la misericordia\u2014 de la confianza se justifican finalmente <em>por el poder de la gracia que act\u00faa en cada hombre y le permite responder a las llamadas divinas. <\/em>Esa es la raz\u00f3n por la que la confianza manifestada por Cristo est\u00e1 inspirada en una lucidez superior, una mirada que contempla el porvenir a la luz de la gracia. Los adversarios que rechazaban a los pecadores y los condenaban, se limitaban a considerar los aspectos visibles de una con\u00adducta pasada y presente y no ten\u00edan para nada en cuenta las posibilidades de transformaci\u00f3n que la gracia redentora otorga al hombre. Se cre\u00edan m\u00e1s perspicaces, como <em>Sim\u00f3n el Fariseo <\/em>en relaci\u00f3n con la pecadora que ung\u00eda los pies de Jes\u00fas. <em>\u00abSi \u00e9ste fuera profeta, conocer\u00eda qui\u00e9n y cu\u00e1l es la mujer <\/em><em>que le toca, porque es una pecadora\u00bb <\/em>(Le., 7, 39). En su respuesta, Jes\u00fas muestra que realmente posee una mirada prof\u00e9tica, porque ahora ya, esa mujer no es una pecadora, y manifiesta mucho amor despu\u00e9s del perd\u00f3n de sus faltas que acaba de obtener. Jes\u00fas tuvo raz\u00f3n en confiar en ella: la gracia le ha permitido superar en amor al Fariseo que atrincherado en la justicia de la ley, ten\u00eda poco amor en el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>No hay duda alguna de que la mirada que Jes\u00fas posa en una comunidad va animada por esa confianza. En efecto, <em>el Maestro prodiga sus gracias a <\/em><em>los que ha llamado a una vida consagrada <\/em>a su servicio. Cada religioso tiene la seguridad de recibir la gracia suficiente para su perseverancia y recibe adem\u00e1s otras muchas que le permiten levantarse de sus ca\u00eddas, corregirse de sus imperfecciones y adelantar sin cesar en el camino de la santidad que ha escogido. <em>Al mismo tiempo que conservan la certeza de esa gracia <\/em><em>personal, todos y cada uno deben creer en una gracia an\u00e1loga concedida a <\/em><em>sus hermanos y manifestarles tina confianza proporcionada a tal gracia. <\/em>Si no se detuvieran m\u00e1s que en las faltas visibles de sus hermanos, correr\u00edan el riesgo de reproducir en s\u00ed mismos la actitud err\u00f3nea del Fariseo Sim\u00f3n y de desconocer el gran amor de que sus hermanos son capaces a pesar de sus defectos, mientras que personalmente tendr\u00edan muy poco amor. Las posibilidades ilimitadas de la gracia que act\u00faa en los otros reclaman una confianza que desborde los l\u00edmites de algunas comprobaciones visibles.<\/p>\n<p><strong>2. Dificultades de la confianza<\/strong><\/p>\n<p>Diversas causas pueden dificultar una actitud de confianza. Entre ellas est\u00e1n las tendencias de algunos temperamentos inclinados a la <em>timidez. El <\/em><em>t\u00edmido <\/em>es el que tiene miedo de los dem\u00e1s. Corre el riesgo de dejarse pa\u00adralizar por ese miedo y tiende a encerrarse en s\u00ed mismo. Considerar a los dem\u00e1s como un peligro para nuestra propia persona, no es, evidentemente, abrir la puerta a la confianza. \u00bfC\u00f3mo vencer esa timidez? La gracia que cada religioso recibe para su vida de comunidad le estimula a no dejarse detener por su temperamento y a abrirse a los otros. Especialmente en la convicci\u00f3n de la confianza que Cristo le demuestra encontrar\u00e1 un motivo decisivo para tener confianza en sus hermanos: la audacia de Jes\u00fas tiene Que entrar en su propio comportamiento y hacerle franquear las barreras de una naturaleza inclinada al temor.<\/p>\n<p>Como ejemplo cl\u00e1sico de victoria sobre la timidez puede citarse <em>el acto que consiste en pedir un servicio, un favor. <\/em>El t\u00edmido estar\u00eda tentado a no pedir nunca nada por miedo a molestar. Es cierto que conviene evitar aque\u00adllas peticiones de servicio que pudieran ser una carga para el otro, o bien inoportunas. Pero hay servicios o favores que, en comunidad, es normal pedirse rec\u00edprocamente. Pensar que el otro no est\u00e1 dispuesto a aceptar una peque\u00f1a molestia, no es precisamente tener por \u00e9l la estima a que tiene derecho. El religioso que ama profundamente a sus hermanos, tiene con\u00adfianza en su generosidad y les pide ayuda cuando lo necesita.<\/p>\n<p>Otro obst\u00e1culo a la confianza reside en el <em>egocentrismo. <\/em>Un afecto desor\u00addenado a uno mismo impide reconocer suficientemente el bien del otro y sus cualidades. Se traduce por una confianza radicada demasiado exclusiva\u00admente en uno mismo, con tendencia a evitar cualquier tipo de colaboraci\u00f3n por parte de los dem\u00e1s. <em>Es la mentalidad que hace que una persona piense <\/em><em>que para que las cosas est\u00e9n bien hechas, tiene que hacerlas ella misma. <\/em>En este caso, tambi\u00e9n es <em>el ejemplo de Cristo el que deber\u00eda abrir el buen camino. <\/em>Cristo hubiera podido prescindir de toda colaboraci\u00f3n, ya que El s\u00f3lo po\u00add\u00eda operar la salvaci\u00f3n de los hombres. Pero, lejos de desconfiar de ellos, aunque conoc\u00eda sus imperfecciones, se f\u00eda plenamente. Llega hasta con\u00adfiar a sus disc\u00edpulos el porvenir de su Iglesia. Siendo esto as\u00ed, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda el religioso reivindicar para s\u00ed un puesto central que ser\u00eda la prue\u00adba de una autosatisfacci\u00f3n y descartar\u00eda la ayuda de los dem\u00e1s? Jes\u00fas le invita m\u00e1s bien a que intente la colaboraci\u00f3n, convencido de la capaci\u00addad de los otros.<\/p>\n<p>Todo lo que es ego\u00edsmo se opone a la confianza en los dem\u00e1s. Pero <em>la <\/em><em>fuerza de amor que Cristo ha introducido en el mundo es m\u00e1s poderosa <\/em><em>que todas las tendencias del ego\u00edsmo. <\/em>Esa fuerza es la que induce al reli\u00adgioso a reconocer los valores de sus cohermanos y a promocionar su pleno desarrollo, otorg\u00e1ndoles su confianza. La lucha por conseguir una mayor confianza no puede debilitarse, lo mismo que no puede debilitarse la lucha por conseguir un mayor amor.<\/p>\n<p>Lo que a veces paraliza la confianza de los religiosos es una <em>experiencia <\/em><em>desafortunada <\/em>que hayan podido vivir en la comunidad: decepci\u00f3n causada por un hermano del que esperaban mucho; sentimiento de haber sido enga\u00ad\u00f1ados al depositar en \u00e9l la confianza. Ocurre que, a causa de esa decep\u00adci\u00f3n experimentada por \u00e9l, un religioso se repliegue sobre s\u00ed y se proponga como regla de conducta una desconfianza general: \u00abno me f\u00edo de nadie\u00bb. Esa reacci\u00f3n deja <em>la impresi\u00f3n de un muelle que ha saltado roto <\/em>y que no es posible reparar: entorpece toda vida de comunidad verdadera, porque moralmente a\u00edsla a uno de los que le rodean y ya no le permite con\u00adtactos abiertos y sinceros. La desconfianza mantiene vivo un continuo recelo, lo que es signo de enemistad.<\/p>\n<p>Para no tropezar y caer en ese escollo, \u00bfc\u00f3mo debe reaccionarse ante una decepci\u00f3n? Empecemos por reconocer que en las relaciones humanas interpersonales, las decepciones son inevitables. No se puede esperar que los dem\u00e1s respondan siempre a la idea que de ellos nos hemos forjado: no son perfectos, aun cuando tengan que tender a la perfecci\u00f3n. Cada uno de nosotros, por nuestra parte, estamos siempre expuestos a decepcionar a nuestros hermanos a causa de nuestros propios defectos, nuestras limi\u00adtaciones, nuestra falta de atenci\u00f3n, nuestras actitudes influenciadas poi<sup>&#8211; <\/sup>el ego\u00edsmo <em>y <\/em>el orgullo&#8230; Conviene, pues, evitar el tomar demasiado a lo tr\u00e1gico las decepciones que podamos experimentar, el agravarlas a\u00fan m\u00e1s por sospechas o interpretaciones infundadas, el querer ver con de\u00admasiada facilidad intenciones hostiles donde sin duda no ha habido m\u00e1s que inadvertencia o torpeza.<\/p>\n<p><em>Aun admitiendo que el otro haya ca\u00eddo en falta, no se puede por eso <\/em><em>retirarle toda confianza. <\/em>Hemos recordado m\u00e1s arriba cu\u00e1l era la reacci\u00f3n de Cristo ante el pecador: no niega el mal cometido, pero sigue teniendo confianza, porque con su gracia da la fortaleza necesaria para obrar mejor en adelante. Nos muestra c\u00f3mo supera Dios todas las decepciones que le causan los hombres con sus ofensas y c\u00f3mo tambi\u00e9n nosotros hemos de saber superar nuestras propias decepciones.<\/p>\n<p>La decisi\u00f3n de mantener o devolver la confianza no lleva consigo, en manera alguna, el cerrar en adelante los ojos a cualquier defecto que haya podido manifestarse y que acaso pudiera dar de nuevo ocasi\u00f3n a otra falta. No se trata de tener una confianza alimentada de ilusiones y <em>ce\u00ad<\/em><em>rrada <\/em>a la evidencia. La experiencia desafortunada de que uno haya po\u00addido ser v\u00edctima tiene que hacernos abrir m\u00e1s los ojos, aunque <em>convenci\u00ad<\/em><em>dos de que la gracia est\u00e1 presente y opera en nuestro hermano. <\/em>Lo que se desprende en tal caso es la necesidad de cierta prudencia, que teniendo en cuenta la debilidad humana, tome las medidas necesarias para no ser v\u00edctima de acciones que hubiera que lamentar.<\/p>\n<p>Es, pues, normal que tras una decepci\u00f3n, <em>se demuestre una mayor lu\u00adcidez para evitar, en tanto sea posible, que se repita la sorpresa desagra\u00ad<\/em><em>dable. <\/em>No obstante, esa lucidez debe intensificarse al mismo tiempo en un sentido sobrenatural, con una mirada m\u00e1s deliberada de fe y de caridad, que se esfuerce por coincidir con la mirada de Cristo. En lugar de dejarse coger por sentimientos de desconfianza, el religioso tratar\u00e1, pues, de fortalecer la confianza que tiene en sus hermanos, esforz\u00e1ndose por reconocer en ellos una vida animada por la gracia, siempre capaz de pro\u00adgresar a pesar de sus debilidades. Recordar\u00e1 que, despu\u00e9s de cada una de sus faltas, \u00e9l mismo se propone actuar mejor, y alimentar\u00e1 esa misma esperanza, ese mismo optimismo hacia aquellas con los que entra en contacto en su vida diaria. El crecimiento de su confianza en medio de las dificul\u00adtades o por encima de las decepciones, es una prueba de la verdad de su amor en la vida comunitaria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>3. El clima de confianza<\/strong><\/p>\n<p>Una comunidad s\u00f3lo puede vivir en armon\u00eda gracias a un clima de con\u00adfianza mutua. <em>Querer instaurar un amor mutuo sin confianza rec\u00edproca <\/em><em>es una utop\u00eda. <\/em>Porque es una ley que se cumple en cualquier sociedad.<\/p>\n<p>El drama de las naciones sometidas a una dictadura es con frecuencia el resultado del clima de desconfianza que se ve favorecida sistem\u00e1tica\u00admente por el control policial; un espionaje diseminado por todas partes corta de ra\u00edz los contactos francos y confiados. Cada uno llega a desconfiar de todos, por miedo a la delaci\u00f3n. En un r\u00e9gimen semejante, los hombres est\u00e1n profundamente divididos entre s\u00ed y f\u00e1cilmente se mira a cualquiera como un enemigo posible. Es una experiencia que nos sirve de lecci\u00f3n y, por contraste, nos hace comprender el valor de la confianza mutua.<\/p>\n<p>En la comunidad religiosa, todo tiende a favorecer esa confianza, es\u00adpecialmente la calidad personal de los miembros, todos y cada uno es\u00adcogidos y llamados por el Se\u00f1or, y el principio de caridad, tan esencial al cristianismo, que se encuentra en la base de la vida comunitaria. He\u00admos subrayado ya el aspecto sobrenatural de la confianza, aspecto por el que esta confianza est\u00e1 m\u00e1s profundamente enraizada en el alma y per\u00admite superar m\u00e1s f\u00e1cilmente los obst\u00e1culos que a ella se oponen.<\/p>\n<p><em>La transformaci\u00f3n experimentada por la vida religiosa tras el Con\u00ad<\/em><em>cilio, favorece a\u00fan m\u00e1s el clima de confianza mutua. <\/em>Podemos citar de manera particular el concepto m\u00e1s fraterno de la autoridad que hace que todos respiren m\u00e1s a gusto, y <em>la mayor flexibilidad en las reglas que <\/em><em>ensancha el campo de la responsabilidad personal para dirigir la propia conducta. <\/em>Una autoridad severa y rigurosa, reglas m\u00faltiples y muy res\u00adtrictivas parec\u00edan, en efecto, inspiradas por cierta desconfianza hacia los religiosos y hacia el uso que pod\u00edan hacer de su libertad. El Decreto <em>Per\u00ad<\/em><em>fectae Caritatis <\/em>ha puesto de relieve la importancia de la fraternidad y, dentro del cuadro general de esa fraternidad, ha situado la tarea de los superiores que, si bien conservan el derecho de decidir y de ordenar, de\u00adben depositar su confianza en sus hermanos y estimular su cooperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y desde este punto de vista, lo que se dice acerca del modo de ejercer la autoridad es igualmente v\u00e1lido para las relaciones mutuas entre los miembros de la comunidad. <em>Recordemos tres aspectos de las obligaciones <\/em><em>de los superiores enunciadas por el Concilio: <\/em>deben hallarse en todos los religiosos y pertenecen a la instauraci\u00f3n del clima de confianza. Son: <em>el <\/em><em>esp\u00edritu de servicio, el respeto a la persona, el compromiso a la colaboraci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>El esp\u00edritu de servicio <\/em>implica dar prioridad a los dem\u00e1s con res\u00adpecto a uno mismo. Jes\u00fas recomendaba a sus disc\u00edpulos que aceptaran el \u00faltimo lugar m\u00e1s bien que pretender el primero (Mc. 10, 43-44). Para que el servicio sea profundamente sincero, es necesario que quien sirve reco\u00adnozca el valor personal de aquel a quien sirve. Es decir que la servicialidad ha de ir animada por la confianza en el otro; si no, no pasar\u00eda de ser actitud de fachada.<\/p>\n<p><em>La porf\u00eda por servirse mutuamente <\/em>\u2014que en s\u00ed es ya una manifestaci\u00f3n impresionante del buen entendimiento en comunidad\u2014 <em>adquiere toda su profundidad con la intenci\u00f3n de vivir en confianza mutua, actitud en la que <\/em><em>cada uno trata de promocionar el bien del otro, de beneficiar al otro m\u00e1s <\/em><em>que a s\u00ed mismo.<\/em><\/p>\n<p>En cuanto <em>al respeto a la persona <\/em>y a la justa libertad a que tiene derecho, podr\u00eda ser tambi\u00e9n una actitud exterior bastante fr\u00eda si no estuviese guiado por la voluntad de otorgar confianza. Cuando Dios cre\u00f3 a la persona hu\u00admana con la dignidad de su libertad, lo que hizo fue esencialmente un acto de confianza en su criatura, hasta el punto de dejarle la potestad de decidir por s\u00ed misma la orientaci\u00f3n de su destino. Aun corriendo el riesgo de que la persona humana se le opusiera y le negara su amor, tuvo la esperanza de que mediante una adhesi\u00f3n m\u00e1s I bre, podr\u00eda entregarse m\u00e1s pro\u00adfundamente a El. Pues as\u00ed como <em>en Dios el respeto a la persona humana <\/em>y <em>a su libertad va impregnado de confianza, as\u00ed tambi\u00e9n ha de ser en las rela\u00ad<\/em><em>ciones entre los hombres.<\/em><\/p>\n<p>En la vida comunitaria, el respeto a la persona implica dejar <em>un espacio <\/em><em>libre a cada miembro, <\/em>una mentalidad de tolerancia rec\u00edproca dispuesta a reconocer el derecho que tiene cada uno a ser diferente. Al dejar expre\u00adsamente al otro la posibilidad de desarrollarse seg\u00fan su originalidad, en la diversidad, el religioso pone su confianza en la autonom\u00eda con la que, bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, cada cual realiza su propia vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El <em>compromiso a la colaboraci\u00f3n <\/em>lo recomienda con insistencia el Con\u00adcilio a los superiores: <em>\u00abLleven a los religiosos a que en el cumplimiento de <\/em><em>los cargos y en la aceptaci\u00f3n de las empresas, cooperen con obediencia ac\u00ad<\/em><em>tiva y responsable\u00bb <\/em>(P. C., 14).<\/p>\n<p>Esta invitaci\u00f3n a los superiores tiende a que el ejercicio de la autoridad se parezca a la forma con la que Dios, en la alianza, ha requerido la cola\u00adboraci\u00f3n humana, y a aquella con la que Cristo instituy\u00f3 a sus ap\u00f3stoles como colaboradores. Una vez m\u00e1s, promocionar la responsabilidad del otro es darle muestras de la confianza a la que tiene derecho.<\/p>\n<p>En tal esp\u00edritu de colaboraci\u00f3n deben entrar todos los miembros de la comunidad. Ese esp\u00edritu requiere que todos sepan reconocer la <em>aportaci\u00f3n <\/em><em>insustituible de cada uno de los hermanos a la vida de comunidad y a las <\/em><em>obras que \u00e9sta tiene a su cargo. <\/em>Invita a todos a que sepan aprovechar las ocasiones de valorar a los dem\u00e1s, de regocijarse de todo lo que pueda desa\u00adrrollar su personalidad haciendo fructificar sus talentos. Se opone a las tentaciones de rivalidad o de envidia que hacen peligrar el buen enten\u00addimiento mutuo; exige un esfuerzo para superar la negatividad de la cr\u00ed\u00adtica y la murmuraci\u00f3n. Acepta con gusto los riesgos que lleva consigo la confianza en las cualidades, la habilidad y la virtud de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p><em>Cuanto m\u00e1s se manifiesta la confianza, tanto m\u00e1s efectiva es la colabo\u00ad<\/em><em>raci\u00f3n y mayores son sus frutos. <\/em>Lo sabemos por propia experiencia: cuando se nos da confianza, somos capaces de comprometernos m\u00e1s a fondo en nuestra acci\u00f3n y tenemos m\u00e1s probabilidades de \u00e9xito. Otorgar confianza a alguien, es contribuir a que su vida y su actividad sean m\u00e1s fecundas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n: amor y confianza<\/strong><\/p>\n<p>Al igual que las otras disposiciones inherentes al amor, la confianza tie\u00adne que saber encontrar sus modos de expresi\u00f3n en la vida de la comunidad. Los <em>religiosos no pueden amarse unos a otros sino d\u00e1ndose mutuamente <\/em><em>confianza. <\/em>Concretamente, esta confianza est\u00e1 llamada a manifestarse, a traducirse en palabras y gestos en todas las circunstancias de la vida diaria. <em>Significa un don profundo de la persona, don del esp\u00edritu y don del coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Saber que se cuenta con la confianza del otro es una alegr\u00eda, un est\u00ed\u00admulo, un aliento. Y esa alegr\u00eda todos y cada uno de los religiosos pueden d\u00e1rsela a sus hermanos, ayud\u00e1ndoles as\u00ed a responder con mayor generosi\u00addad a la llamada del Se\u00f1or.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre las disposiciones \u00edntimas necesarias para la vida de comunidad, la confianza mutua reviste una importancia especial. En efecto, es impo\u00adsible que se logre la uni\u00f3n si no existe un clima de confianza {mutua. 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