{"id":50654,"date":"2015-02-22T03:06:48","date_gmt":"2015-02-22T02:06:48","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/09\/vida-de-san-vicente-de-paul-1947-de-autor-desconocido-capitulo-iv\/"},"modified":"2016-07-26T17:21:44","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:44","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-capitulo-4","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-capitulo-4\/","title":{"rendered":"Vida de San Vicente de Pa\u00fal (Cap\u00edtulo 4)"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: center\"><strong>Cap\u00edtulo IV: San Vicente de Pa\u00fal enfrente de la miseria<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>Extraordinario desarrollo de la miseria durante las guerras de Lorena y Alemania (1635-1642).<\/strong><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/02\/vida-san-vicente-de-paul.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-140289\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/02\/vida-san-vicente-de-paul-300x204.jpg?resize=300%2C204\" alt=\"vida san vicente de paul\" width=\"300\" height=\"204\" \/><\/a>Francia hab\u00eda llegado en la \u00e9poca de Enri\u00adque IV a uno de los momentos m\u00e1s cr\u00edticos de su historia. El protestantismo acababa de rom\u00adper en Europa aquella gran unidad religiosa a la que la Iglesia no hab\u00eda llegado sino despu\u00e9s de muchos siglos. Sucesivamente fue restando de ella los Estados de Inglaterra, de Suecia, de Di\u00adnamarca, de Holanda y de una parte del Impe\u00adrio alem\u00e1n. El genio de Carlos V hab\u00eda logrado reunir alrededor de Espa\u00f1a y de Austria los res\u00adtos cat\u00f3licos de esta gran unidad: la Hungr\u00eda, la Bohemia, los Pa\u00edses Bajos, la Baviera, N\u00e1poles y Mil\u00e1n. La Europa se hallaba dividida en dos gru\u00adpos: el de las naciones protestantes y el de las naciones cat\u00f3licas, y entre ambas, la Francia des\u00adenvolvi\u00e9ndose trabajosamente y buscando orien\u00adtaciones a su porvenir. \u00bfQu\u00e9 hacer para recupe\u00adrar su pasada grandeza? Dos planes se presenta\u00adban desde luego a su vista: el plan de los santos y el plan de los politices. Unirse al Austria y de\u00adm\u00e1s pueblos cat\u00f3licos, mermando de esta suerte el poderlo y la influencia de los Estados protes\u00adtantes y ayudando al Catolicismo a que poco a poco fuese ganando terreno y reconstituyendo la deshecha unidad cristiana del Continente: he aqu\u00ed el primer plan, el plan del cardenal Berulle, de San Vicente de Pa\u00fal, del se\u00f1or Olier y del bienaventurado Pedro Fourrier.<\/p>\n<p>El segundo plan era diametralmente opuesto. Abatir a todo trance la casa de Austria, aislarla poco a poco de los otros Estados cat\u00f3licos con de debilitarla; apoyarse para ello en las naciones protestantes; engrandecer a \u00e9stas, concedi\u00e9ndoles existencia legal y brind\u00e1ndoles con toda suerte de privilegios, a condici\u00f3n de que pu\u00adsiesen sus armas al servicio de Francia y de que trabajasen por cimentar la hegemon\u00eda de esta, naci\u00f3n sobre las ruinas del poder\u00edo de la casa de Austria: he aqu\u00ed el ideal de Enrique IV, de Ri\u00adchelieu, de Mazarino y Luis XIV; ideal que, con\u00advertido en lisonjera realidad, hizo de Francia la primera naci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>A la vista est\u00e1n los p\u00e9simos resultados de se\u00admejante plan. Al paso que las naciones cat\u00f3licas no han logrado levantarse todav\u00eda de su postra\u00adci\u00f3n, las protestantes han ido en progresivo au\u00admento y desarrollo, y Francia misma ve hoy amenazada su supremac\u00eda por aquellos a quienes ella, imprudentemente y con miras ego\u00edstas y quisquillosas, hab\u00eda dado la mano para que se le\u00advantasen y se pusiesen en condiciones de crecer y de prosperar.<\/p>\n<p>Enrique IV muri\u00f3 sin haber tenido tiempo para hacer otra cosa en favor de su maquiav\u00e9lico plan que urdir los primeros hilos.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 Richelieu la obra con dos golpes maestros. Divis\u00f3 sobre el trono protestante de Suecia a Gustavo Adolfo, joven emprendedor y valiente, y le eligi\u00f3 corno avanzada contra el flan\u00adco derecho del Imperio (1629). Tendi\u00f3 la vista por la otra parte, y fij\u00e1ndose en Carlos IV, du\u00adque de Lorena, trat\u00f3 de hacer de \u00e9l una segunda avanzada por el lado izquierdo. Mas estaba muy lejos Carlos IV de poseer el genio y la audacia de Gustavo Adolfo. Intimid\u00f3se, trat\u00f3 de permane\u00adcer neutral, y, viendo que no sacaba nada de Richelieu, acab\u00f3 por aliarse, ocultamente prime\u00adro y despu\u00e9s p\u00fablicamente, con el Austria. Era lo \u00fanico que esperaba Richelieu para lanzarse so\u00adbre \u00e9l como el buitre sobre la presa (1633). Inca\u00adpaz el loren\u00e9s de hacer frente a tan terrible enemigo, llam\u00f3 en su apoyo al Austria, origin\u00e1ndose de aqu\u00ed aquella guerra que iba a cubrir de rui\u00adnas las ciudades de Francia y a empapar en sangre sus campos.<\/p>\n<p>La guerra, tal como se hac\u00eda en el siglo XVII no tiene ning\u00fan parecido con la de nuestros tiempos. En vez de ej\u00e9rcitos regulares manteni\u00addos y bien equipados, hab\u00eda bandas guerreras abandonadas a su propia suerte, y que, por lo mismo, deb\u00edan vivir del territorio enemigo. La gran ley, la \u00fanica ley estrat\u00e9gica de la \u00e9poca, era la de aterrar y tomar por hambre el pa\u00eds. No hab\u00eda cuartel para los hombres capaces de tomar las armas; se ultrajaba a las mujeres, se asolaban los campos, se talaban los \u00e1rboles frutales; en una palabra, procuraba hacerse un desierto de las tierras que atr\u00e1s se dejaban, a fin de hacer im\u00adposible la vida al enemigo. Si \u00e9sta era la con\u00adducta de los ej\u00e9rcitos franceses en su propio pa\u00eds, calc\u00falese c\u00f3mo se portar\u00edan loa alemanes, los croatas, los bohemios y los h\u00fangaros.<\/p>\n<p>Invadida simult\u00e1neamente la Francia por tres puntos, hace esfuerzos heroicos, y a los ej\u00e9rcitos enemigos opone otros ej\u00e9rcitos, admirables en el campo de batalla, pero sin disciplina militar, des- equipados, faltos de sueldo y con orden de incen\u00addiar molinos y graneros y de arrasarlo todo a fin de obligar al enemigo a retirarse. En tan desespe\u00adradas circunstancias, \u00bfqu\u00e9 suerte hab\u00eda de caber a los pueblos? Ni los m\u00e1s alejados del teatro de la guerra se libraban de la destrucci\u00f3n y del pi\u00adllaje. Junt\u00e1banse infantes y jinetes en bandas de mil quinientos hombres, con los oficiales a la cabeza, los tambores por delante y los ca\u00f1ones a retaguardia, y de este modo se dirig\u00edan al me\u00adrodeo. Segaban las mieses para vender el trigo, saqueaban los vecindarios, y si las v\u00edctimas ha\u00adc\u00edan llegar sus quejas a los generales, \u00e9stos se contentaban con responderlas que, \u00abdesprovisto el ej\u00e9rcito de paga, no ten\u00eda otro remedio que proveer a sus necesidades del modo que pudiese.<\/p>\n<p>Con semejante modo de hacer la guerra, por necesidad ten\u00eda que hacerse sentir el hambre. De\u00adclar\u00f3se, efectivamente, en la Lorena, en 1631, lle\u00adgando en 1635 a ser general en todas partes. En 1637 lleg\u00f3 a tal extremo, que los animales muertos eran tenidos y recogidos como viandas exquisitas. En ciudades antes populosas s\u00f3lo que\u00addaban al presente unos cuantos individuos, y \u00e9s\u00adtos tan l\u00edvidos y desfigurados, que m\u00e1s bien pa\u00adrec\u00edan esqueletos ambulantes.<\/p>\n<p>Ni era el hambre, con serio tanto, el espec\u00adt\u00e1culo m\u00e1s horrible que segu\u00eda las huellas de los ej\u00e9rcitos beligerantes. Super\u00e1bala a\u00fan la pes\u00adte. Importada del Extremo Oriente por las faci\u00adnerosas bandas bohemias, h\u00fangaras y croatas, echaba ra\u00edces dondequiera que ellas fijaban sus cuarteles, desarroll\u00e1ndose de un modo prodigioso al contacto de los miles de cad\u00e1veres insepultos, de los enfermos muertos de hambre y de los cen\u00adtenares de caballos desvencijados y en estado de putrefacci\u00f3n que se abandonaban en los caminos y en las plazas p\u00fablicas.<\/p>\n<p>Lo que m\u00e1s insoportable hac\u00eda el mal era la falta de alivio y de socorro. Porque \u00bfde d\u00f3nde, en efecto, Pod\u00edan llegar? \u00bfDel rey? \u00bfDel Gobier\u00adno? Cierto que Luis XIII y Ana de Austria pro\u00addigaron a manos llenas sus intereses particula\u00adres; mas el cobro deficiente de los impuestos y las necesidades del erario, obligado a sostener tan crecidos ej\u00e9rcitos, no les permit\u00edan acudir en remedio de tantas l\u00e1stimas. Al contrario, aun\u00adque indirectamente, ten\u00edan que agravarlas, acu\u00addiendo a los extremos m\u00e1s excepcionales para la recaudaci\u00f3n de los impuestos.<\/p>\n<p>Si el Gobierno, adeudado y falto de recursos, no pod\u00eda poner remedio a tama\u00f1os males, \u00bfpo\u00addr\u00eda hacerlo el clero? Menos a\u00fan. Nadie hab\u00eda sufrido tanto como \u00e9l en los trastornos de la guerra. Sus fondos estaban representados por bie\u00adnes ra\u00edces, y las tierras, holladas por los pies de los caballos, nada hab\u00edan podido producir en veinte a\u00f1os consecutivos. De los diezmos no ha\u00adb\u00eda que hablar. Las bandas que hab\u00edan penetrado en la Lorena, la Borgo\u00f1a, la Picard\u00eda y la Cham\u00adpa\u00f1a eran, en su mayor parte, luteranas, con lo que huelga decir c\u00f3mo se habr\u00edan con las igle\u00adsias.<\/p>\n<p>En Picard\u00eda, teatro de las compa\u00f1\u00edas luteranas del bar\u00f3n de Erlach, no hubo templo que se li\u00adbrara del pillaje, de la demolici\u00f3n o del incendio, hasta el punto de no hallarse un monumento an\u00adtiguo en toda la parte noroeste de la di\u00f3cesis de La\u00f3n. Para estos b\u00e1rbaros ning\u00fan divertimiento superaba al de exponerlos sacerdotes desnudos a las burlas y risotadas de la multitud, o al de martirizarles en las iglesias y al pie de los al\u00adtares.<\/p>\n<p>No fueron m\u00e1s considerados que los sacerdo\u00adtes los religiosos. Para aquella soldadesca brutal, para aquellos fan\u00e1ticos protestantes, era una gloria quemar los monasterios, saquear los con\u00adventos, arcabucear a los monjes y ultrajar las reli\u00adgiosas.<\/p>\n<p>Vol\u00famenes enteros ser\u00edan menester para des\u00adcribir el c\u00famulo de lacer\u00edas y de ruinas que por treinta a\u00f1os se fueron sucediendo en las provin\u00adcias m\u00e1s hermosas de Francia. La despoblaci\u00f3n no cej\u00f3 un instante desde 1635. Aquello era una desolaci\u00f3n general.<\/p>\n<h3><strong>Primeros esfuerzos de San Vicente de Pa\u00fal por <\/strong><strong>atajar la miseria (1642-1648).<\/strong><\/h3>\n<p>Hermoso espect\u00e1culo era ya de por s\u00ed ver un pobre sacerdote oculto en uno de los arrabales de Par\u00eds, y entrado ya en los sesenta y seis a\u00f1os, conmoverse \u00abhasta derramar l\u00e1grimas\u00bb por los males de unas provincias tan apartadas de la capital corno Lorena. Borgo\u00f1a y Champa\u00f1a: \u00bfQui\u00e9n se preocupaba de ellas en Par\u00eds? \u00bfQui\u00e9n en la corte y entre el clero? Aun los m\u00e1s santos personajes parece como que, abstra\u00eddos en sus quehaceres y ministerios, ni siquiera volv\u00edan <em>sus <\/em>ojos a esta parte del horizonte. San Vidente de Pa\u00fal, en cambio, no apartaba de ella los suyos, arrasados de l\u00e1grimas. Ni se content\u00f3 el siervo de Dios con lamentar las miserias que sus ojos descubr\u00edan; hizo m\u00e1s a\u00fan: trat\u00f3 de aliviarlas con todas sus fuerzas, logrando ver coronados sus afanes con un \u00e9xito maravilloso.<\/p>\n<p>Su ingeniosa caridad fue m\u00e1s rica y m\u00e1s inago\u00adtable en recursos que las mismas arcas del Esta\u00addo. As\u00ed lo entendieron, como tendremos ocasi\u00f3n de verlo, todas las provincias, levant\u00e1ndose unas en pos de otras para darle las gracias y aclamar\u00adle por Padre de la patria y por su particular bien\u00adhechor y salvador.<\/p>\n<p>Lo que por de pronto se necesitaba era dinero. Felizmente, el Santo ten\u00eda bien repleta su bolsa, la bolsa de las Damas de la Caridad, y de acuer\u00addo con ellas comenz\u00f3 a prodigar socorros.<\/p>\n<p>Uno de los hijos de San Vicente de Pa\u00fal, mon\u00adse\u00f1or Francisco H\u00e9bert, elevado a la sede de Anger, trat\u00f3 de hacer un c\u00e1lculo de las limosnas en\u00adviadas por nuestro Santo a las provincias devas\u00adtadas por la guerra, sacando en conclusi\u00f3n la enorme suma de doce millones de libras, unos cuarenta y ocho millones de nuestra actual mo\u00adneda. San Vicente, que, como de ordinario, en nada de todo esto ve\u00eda su mano, sino \u00fanicamen\u00adte el celo y la caridad de los que le rodeaban, no sab\u00eda disimular su gozo y admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando la caja de fondos de la Caridad estaba vac\u00eda, como en los a\u00f1os de 1635 y 1643, acud\u00eda resueltamente a las grandes damas de la corte, a le reina regente y a la de Polonia.<\/p>\n<p>Mas hay alguien que tiene m\u00e1s dinero que la reina; ese alguien es todo el mundo. Nuestro Santo tuvo una idea sublime de puro arriesgada: crear la prensa en beneficio de la caridad. Toma, en efecto, las cartas conmovedoras y llenas de lastimosos detalles que de todos los puntos de la guerra le env\u00edan sus misioneros, y las publica en folletitos de cuatro p\u00e1ginas en 4.\u00b0, que hace dis\u00adtribuir a las puertas de las iglesias. No tard\u00f3 mu\u00adcho en hacerse peri\u00f3dica la publicaci\u00f3n. Cada mes sal\u00eda un n\u00famero, y tal inter\u00e9s despertaban y con tal avidez eran le\u00eddos, que bien pronto fue necesario reimprimir los primeros. Ha bendeci\u00addo Dios tan copiosamente nuestro trabajo\u2014escri\u00adb\u00eda San Vicente\u2014, que la mayor parte de los que han le\u00eddo u o\u00eddo leer estas relaciones se han mo\u00advido a contribuir con su \u00f3bolo al alivio de sus hermanos. Fueron tambi\u00e9n enviadas por las pro\u00advincias, y ha habido necesidad de dar de nuevo a la prensa las primeras hojas para satisfacer los deseos de algunos, muy interesados en seguir el orden y desarrollo de esta obra, una de las m\u00e1s considerables de nuestros d\u00edas.\u00bb<\/p>\n<p>Para asegurar m\u00e1s eficazmente el socorro de tantos infelices y desgraciados, se abri\u00f3 un depar\u00adtamento, bautizado con el nombre de <em>Almac\u00e9n <\/em><em>de la Caridad, <\/em>en que se recog\u00edan cuantos dona\u00adtivos quer\u00eda hacer en favor de la obra la genero\u00adsidad p\u00fablica.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, San Vicente se dirigi\u00f3 al arzobispo de Par\u00eds, rog\u00e1ndole que por medio de una Pastoral tratase de excitar la compasi\u00f3n de los fieles. Las palabras del arzobispo resonaron, efectivamente, en todas las iglesias de Par\u00eds, ha\u00adciendo derramar copiosas l\u00e1grimas. La misma de\u00admanda hizo a otros prelados conocidos suyos. Ni par\u00f3 hasta tomar \u00e9l mismo la pluma y dar a la prensa, no obstante el poco gusto que sent\u00eda por semejantes ocupaciones, unos extractos de la Escritura y de los Santos Padres, en favor de la limosna, seguidos de una <em>Instrucci\u00f3n para el alivio de los pobres.<\/em><\/p>\n<p>Mas no basta almacenar v\u00edveres y recoger E\u00adnero: es menester acudir con ellos en ayuda de los necesitados; es preciso repartirlos discreta y prudentemente, y, en ocasiones, a costa de heroicos sacrificios. Esta fue la comisi\u00f3n que por modo tan admirable hab\u00edan de desempe\u00f1ar los sacerdotes de la Congregaci\u00f3n y las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Las cartas que recib\u00eda el Santo abundaban en pormenores horrorosos; pero ninguna fue bas\u00adtante a hacerle desfallecer. Aprovechando las lec\u00adciones que la experiencia de los primeros traba\u00adjos iba dando a los Misioneros e Hijas de la Ca\u00adridad, cre\u00f3 una nueva estrategia, la estrategia de la beneficencia puesta al servicio de la necesidad.<\/p>\n<p>Cuatro eran los puntos principales que abar\u00adcaba:<\/p>\n<ol>\n<li>Acudir en ayuda de los que mueren y des\u00adfallecen de hambre. A este fin estableci\u00f3 el San\u00adto la obra de potajes econ\u00f3micos, redactando por s\u00ed mismo la f\u00f3rmula para su preparaci\u00f3n. Las repartidoras de estos potajes econ\u00f3micos, a que tantos miles de personas debieran la vida, eran las Hijas de la Caridad. No puede leerse sin l\u00e1grimas el relato de estas distribuciones.<\/li>\n<li>Mas \u00bfa qu\u00e9 cuidar de los enfermos si no se comienza por enterrar a los muertos, por lim\u00adpiar los caminos, los pueblos y las ciudades de cad\u00e1veres, que, fermentando y descomponi\u00e9ndo\u00adse al a\u00edre libre, corrompen la atm\u00f3sfera? Espan\u00adtosa faena, en que m\u00e1s de un Misionero y de tina. Hija de la Caridad pusieron en peligro sus vidas. Form\u00f3se una compa\u00f1\u00eda de hombres, llamados los <em>aerificadores (a\u00e9reos), <\/em>en raz\u00f3n de que purifica\u00adban el aire, y, precedidos de los Misioneros, co\u00admenzaron a poner manos a la obra. Cerca de dos meses iban pasados desde que en Rethel queda\u00adron tendidos en el suelo de 1.500 a 2.000 cad\u00e1veres, sin que en todo este tiempo hubiesen ha\u00adllado otra sepultura que los vientres de los perros y de los lobos. El hedor que aquellos restos informes, repo\u00addridos y desde\u00f1ados por las mismas fieras, exha\u00adlaban, era inaguantable y emponzo\u00f1ador. No por eso retrocedi\u00f3 en la empresa de darles sepultura el se\u00f1or Deschamps, digno hijo de San Vicente de Pa\u00fal; y, secundado por una providencial hela\u00adda, hizo enterrar todos aquellos cad\u00e1veres. En Etampes hubo que hacer lo propio. Cinco Misioneros y cinco Hijas de la Caridad perecieron en la demanda \u00abcon las armas en la mano\u00bb, seg\u00fan dec\u00eda San Vicente. Cierto d\u00eda, congregando San Vicente a las Da\u00admas de la Caridad- \u00a1horrible detalle!\u2014, les man\u00add\u00f3 comprar picos y azadones con que abrir las huesas y enterrar los cad\u00e1veres, que era una de las cosas que m\u00e1s ansiedades proporcionaba a los Misioneros, quienes, con frecuencia, ten\u00edan que escarbar o hacer escarbar la tierra con las ma\u00adnos para dar sepultura a los muertos. Parecidos afanes les costaba el llevarlos al cementerio, por carecer muchas veces hasta de unas escaleras de mano en que ponerles.<\/li>\n<li>Al mismo tiempo que velaba San Vicen\u00adte por la limpieza de las calles y por la desinfec\u00adci\u00f3n de las casas, se ocupaba en proporcionar a los labradores los medios de sembrar sus campos. A este fin, hizo el Santo acopiar grandes provisio\u00adnes de trigo, de cebada, de habas y de guisantes para repartirlos, como lo hizo, entre las pobla\u00adciones necesitadas.<\/li>\n<li>Por mucho que las miserias y necesida\u00addes corporales preocupasen a San Vicente de Pa\u00fal y a sus disc\u00edpulos los sacerdotes de la Mi\u00adsi\u00f3n y las Hijas de la Caridad, preocup\u00e1banles mucho m\u00e1s a\u00fan los intereses del alma, el culto religioso interrumpido, las iglesias devastadas, los moribundos sin sacramentos y expuestas la juventud y la ni\u00f1ez a toda clase de peligros. \u00a1Horri\u00adble espect\u00e1culo el de las guerras de la \u00e9poca! Nada hab\u00eda santo para ellas.<\/li>\n<\/ol>\n<p>La noble dama y la se\u00f1orita se vieron Infame\u00admente ultrajadas, lo mismo que la lugare\u00f1a y la zagala.<\/p>\n<p>Acabada la guerra, ve\u00edanse salir de los bosques y otros escondrijos a las mujeres y j\u00f3venes, que hab\u00edan corrido a buscar en ellos una salvaguar\u00addia de su honor. La mayor parte aparec\u00edan des\u00adcalzas, ensangrentadas y medio desnudas. Cada una de estas nuevas era para Vicente un cuchillo que desgarraba su coraz\u00f3n. Multiplic\u00f3 su corres\u00adpondencia, dando \u00f3rdenes para que se enviasen a Par\u00eds cuantas en sus casas corrieran alg\u00fan pe\u00adligro. H\u00edzose, en efecto, cargo de muchas, colo\u00adc\u00e1ndolas en familias de buena posici\u00f3n como doncellas, cocineras, ni\u00f1eras y criadas de labor. La misma conducta se sigui\u00f3 con los hu\u00e9rfanos. Innumerables eran \u00e9stos.<\/p>\n<p>Una parte de ellos fue tra\u00edda a Paris. Encar\u00adg\u00f3se la se\u00f1ora Le Gras de las ni\u00f1as, y se arregl\u00f3 a los varones como se pudo, trat\u00e1ndolos a todos con aquella solicitud y ternura que s\u00f3lo la cari\u00addad sabe inspirar.<\/p>\n<p>Incre\u00edble parece, pero ni aun los servidores de los pobres, los abnegados sacerdotes de la Misi\u00f3n y las admirables Hijas de la Caridad estaban se\u00adguros entre tanto y tan espantoso desorden. Lo menos que pod\u00eda acaecerles era el ser detenidos y rescatados. Despoj\u00e1banles del dinero que lleva\u00adban para los pobres, y les amenazaban con la misma muerte si daban muestras de denunciar\u00adles por semejante violencia.<\/p>\n<p>Advertida la reina regente de lo que pasaba, por San Vicente de Pa\u00fal, resolvi\u00f3 tomar bajo su protecci\u00f3n especial a aquellos heroicos y abnega\u00addos corazones que a tantos peligros se expon\u00edan por el alivio de sus pr\u00f3jimos y de la naci\u00f3n mis\u00adma; y el 14 de febrero de 1651 extendi\u00f3 una real orden, que es, a la vez, muestra clara de la impo\u00adtencia a que las autoridades civiles y judiciales se hallaban reducidas, y testimonio elocuente de la fuerza e imperio de la caridad.<\/p>\n<p>Por dicha real orden se da a Vicente un car\u00e1c\u00adter p\u00fablico y oficial. No es ya un simple particular que halla en su virtud el maravilloso resorte de mover y arrastrar en pos de s\u00ed todo un mun\u00addo de acci\u00f3n y de sacrificio; es, adem\u00e1s, el \u00abgran limosnero de la Francia\u00bb, en cuyas manos abdica voluntariamente la Corona lo que hoy constituye su mayor t\u00edtulo de gloria: el privilegio de hacer el bien. La caridad ha hecho del humilde campe\u00adsino de las Landas la \u00fanica fuerza activa del rei\u00adno en decadencia, y nunca como en esta ocasi\u00f3n fue tan bien merecido el t\u00edtulo de Padre de la patria con que el gobernador de San Quint\u00edn honr\u00f3 a San Vicente.<\/p>\n<h3><strong>La Fronda.\u2014Aumenta la miseria.\u2014San Vicente <\/strong><strong>trabaja por la paz (1948-1652).<\/strong><\/h3>\n<p>Aunque a costa de l\u00e1grimas y de sangre, Mazarino habla comenzado a realizar el plan idea\u00addo por Enrique IV y perseguido por Richelieu: romper el cerco de hierro en que la casa de Aus\u00adtria hab\u00eda encerrado a Francia, y dar a \u00e9sta so\u00adbre el Rin las fronteras que necesitaba para su independencia y soberan\u00eda.<\/p>\n<p>Verdad es que el convenio hab\u00eda resultado no poco caro. Por \u00e9l se reconoc\u00eda la independencia y la soberan\u00eda pol\u00edtica de los Estados protestantes y se daba a la herej\u00eda aquel car\u00e1cter de existen\u00adcia social que desde tanto tiempo antes venia procurando, y que oficialmente romp\u00eda la unidad cat\u00f3lica europea. Mas en aquellos momentos Francia no ten\u00eda ojos para ver otra cosa que la realizaci\u00f3n de sus ensue\u00f1os, y esto bastaba a consolarla.<\/p>\n<p>Si Mazarino no hubiese perseguido otros pla\u00adnes que el redondear las fronteras de Francia y hacer a esta naci\u00f3n grande y poderosa, quiz\u00e1 lo hubiera logrado. Mas no perd\u00eda de vista otro proyecto que tambi\u00e9n hab\u00eda recibido en legado de Richelieu. Era \u00e9ste el de acabar con los \u00falti\u00admos restes del feudalismo, debilitar a los grandes, los nobles, los Parlamentos y nivelarlo todo, a ser posible, en obsequio de la autoridad real.<\/p>\n<p>Fueron creciendo los murmullos y hubo hasta amagos de revueltas, que el Parlamento, agriado por la incesante creaci\u00f3n de nuevos cargos, alen\u00adt\u00f3, patrocin\u00e1ndolos torpemente; y a cuya cabeza se pusieron, demostrando una falta completa de tacto pol\u00edtico, los grandes se\u00f1ores y aun los pr\u00edn\u00adcipes mismos de la sangre, menos por celo de los verdaderos intereses de la naci\u00f3n, que por con\u00adservar sus propios intereses mal entendidos. A esta serie de est\u00e9riles levantamientos y de agita\u00adciones continuas es a lo que se ha llamado la Fronda, lucha que de 1648 a 1652 hizo suceder los horrores de la guerra civil a los de la guerra exterior.<\/p>\n<p>Fijase el origen de la Fronda en agosto de 1648. Llegada a noticia de la plebe la prisi\u00f3n de algu\u00adnos presidentes y consejeros del. Parlamento, se alz\u00f3 en armas, y a las pocas horas hab\u00edan levan\u00adtado mil doscientas barricadas en las calles de Par\u00eds, al grito de \u00ab\u00a1Abajo Mazarino!\u00bb Asustada la reina, llam\u00f3 inmediatamente en su ayuda al vencedor de Rocroy y de Lens, a Conde, primer pr\u00edncipe de la sangre. Este acudi\u00f3 a poner su es\u00adpada al servicio de Ana de Austria. Fortalecida \u00e9sta con semejante socorro, sali\u00f3 de Paris con su hijo, se retir\u00f3 a Saint-Gerrnain-en Laye y di\u00f3 \u00f3r\u00addenes a Conde para que, a la cabeza de ocho mil hombres, pusiese, como lo hizo,, estrecho cerco a Par\u00eds (6 de enero de 1649). Vicente de Pa\u00fal que\u00add\u00f3 aterrado al saber la nueva del bloqueo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber orado y reflexionado mucho sobre el particular, tom\u00f3 un partido arriesgado y peligroso, pero muy digno de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Dej\u00f3 a Par\u00eds el 14 de enero de 1649, por la no\u00adche, y despu\u00e9s de grandes dificultades y peligros lleg\u00f3 a San Germ\u00e1n.<\/p>\n<p>Fue recibido al punto por la reina, a quien, hondamente conmovido, expuso la horrible situa\u00adci\u00f3n de Par\u00eds.<\/p>\n<p>La reina le prometi\u00f3 templar cuanto pudiese los rigores del sitio, dejando entrar libremente pan en la ciudad, y para lo dem\u00e1s le remiti\u00f3 a Mazarino. Pas\u00f3, pues, inmediatamente el Santo, de las habitaciones de la Reina a las del minis\u00adtro, y le habl\u00f3 largamente con humildad, pero con firmeza. En los transportes de su celo lleg\u00f3 hasta decirle:<\/p>\n<p>\u2014Monse\u00f1or, ceded al tiempo y echaos a la mar para calmar la tormenta.<\/p>\n<p>\u2014Eso se llama hablar claro\u2014contest\u00f3 suave\u00admente Mazarino\u2014, y os aseguro que de nadie hasta ahora he o\u00eddo semejante lenguaje. No obs\u00adtante, Padre m\u00edo, yo me ir\u00e9 si el se\u00f1or Le Tellier es de vuestra opini\u00f3n.<\/p>\n<p>El h\u00e1bil y astuto cardenal sab\u00eda bien que a Le Tellier, hechura completa suya, no le dar\u00eda tan fuerte, y, en efecto, las cosas no pasaron m\u00e1s adelante. Era la vez primera que a los ojos del ministro se presentaba la perspectiva de la huida y del destierro. Por lo mismo, la herida fue pro\u00adfunda, y se dice que jam\u00e1s se la perdon\u00f3 a nues\u00adtro Santo.<\/p>\n<p>Mientras San Vicente de Pa\u00fal expon\u00eda, como hemos visto, su persona al desagrado e indiferen\u00adcia de la corte, vino a ser, al mismo tiempo, blan\u00adco de los furores y calumnias de la Fronda. A pesar de sus precauciones, su viaje hab\u00eda sido interpretado torcidamente. Supon\u00edasele en inteli\u00adgencias y ama\u00f1os con la reina y con Mazarino, y el furor de la plebe contra estos dos personajes no reconoc\u00eda l\u00edmites.<\/p>\n<p>As\u00ed que no se o\u00eda en Par\u00eds otra casa que gritos de odio contra Mazarino, menosprecios y burlas de Ana de Austria e imprecaciones contra Vicen\u00adte de Pa\u00fal. De las amenazas pasaron bien pronto a los hechos. El 18 de enero, cinco d\u00edas despu\u00e9s de la salida de San Vicente para San Germ\u00e1n, invadieron ochocientos soldados la casa de San L\u00e1zaro, entraron a saco los graneros, redujeron a cenizas la le\u00f1a del corral y por todas partes hi\u00adcieron lamentables destrozos.<\/p>\n<p>En semejantes circunstancias no crey\u00f3 oportu\u00adno el Santo su vuelta a Paris. No habr\u00eda sido escuchado, y su vida hubiera corrido peligro. Re\u00adsolvi\u00f3, pues, aprovechar este tiempo para hacer la visita de sus casas de Misioneros e Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Constre\u00f1ido por el hambre, Par\u00eds abri\u00f3 sus puertas. Ultim\u00e1ronse las condiciones de la paz en Ruel el 11 de marzo, fueron registradas por el Parlamento el 11 de abril, y el 18 de agosto hicieron su solemne entrada en la capital la reina y su hijo, llevando a uno y otro lado a Cond\u00e9 y a Mazarino. A poco, sin embargo, renaci\u00f3 el descontento, y como pareciese que Cond\u00e9 se in\u00adclinaba del lado de la Fronda, Mazarino lo hizo arrestar y encerrar, as\u00ed como a su hermano el pr\u00edncipe de Conti. Esto desat\u00f3 una tempestad, y al fin el cardenal se vio obligado a huir del pa\u00eds. Pasado alg\u00fan tiempo, vuelve a Francia, levanta un cuerpo de ej\u00e9rcito, logra unirlo con el ej\u00e9rcito real y, pone al frente de los dos a Turena. Conde manda las tropas de la Fronda. Ejecutan los dos jefes una serie de operaciones; pero, al fin, Conde penetra en Par\u00eds, y esta ciudad conoce los hcrr3\u00adres de la guerra, del hambre y de la peste. Enton\u00adces conoce mejor a\u00fan que antes el grande esp\u00ed\u00adritu de San Vicente.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed la enumeraci\u00f3n que hace el Santo de los socorros proporcionados a los pebres de Fa\u00ad<em>ros <\/em>en tan angustiosas circunstancias: \u00abDiaria mente\u2014escrib\u00eda en 21 de junio de 1652&#8211;distrib\u00fa\u00adyense potajes a mil quinientos o mil seiscientos pobres, as\u00ed refugiados como vergonzantes; ocho\u00adcientas o novecientas j\u00f3venes han sido puestas al abrigo de la miseria y del libertinaje, y, por \u00falti\u00admo, hemos abierto nuestra casa a los pobres p\u00e1\u00adrrocos, vicarios y dem\u00e1s sacerdotes del campo, que han tenido que abandonar sus iglesias para refugiarse en la ciudad. He aqu\u00ed c\u00f3mo el Se\u00f1or ha tenido a bien hacernos participantes de tan\u00adtas buenas obras\u00bb.<\/p>\n<p>Hab\u00edan llegado los acontecimientos a ese \u00falti\u00admo extremo en que todo socorro humano es in\u00adsignificante: menester es que intervenga Dios; y para conseguirlo y para aplacar su divina justi\u00adcia, no s\u00f3lo se impon\u00eda San Vicente a s\u00ed mismo, \u00e1speras mortificaciones y penitencias, sino que exhortaba a hacer lo propio a los sacerdotes de su Congregaci\u00f3n y a las Hijas de la Caridad y a todas aquellas personas que estaban bajo su di\u00adrecci\u00f3n. Que se hiciese la paz, que se reconcilia\u00adsen los partidos, que volviesen el rey y la reina a su corte. Conseguido esto, los dem\u00e1s males se\u00adr\u00edan f\u00e1ciles de remediar. Esto le trajo a la mente la idea de escribir al Papa. Quiz\u00e1 era el \u00fanico que pod\u00eda intervenir eficazmente en el arreglo de la paz. Le escribi\u00f3, en efecto, con fecha 16 de agosto de 1652.<\/p>\n<p>En tanto, el deseo de la paz se hada hecho universal. H\u00e1bilmente aconsejada por Mazarino, la reina public\u00f3 una amnist\u00eda general, compren\u00addiendo, sin distinciones ni reservas, a todos cuan\u00adtos hubiesen tomado parte en los acontecimien\u00adtos de los \u00faltimos a\u00f1os pero fue menester m\u00e1s. Nutridas diputaciones acudieron de todas partes a Cornpi\u00e9gne, donde estaba la corte, para apro\u00advecharse del decreto. \u00abEl joven Luis XIV recib\u00eda todas estas diputaciones con aquel aire que le era ya natural y con aquella majestad que tanto he\u00adchizo prestaba a sus palabras\u00bb. Todos volv\u00edan encantados, abogando como nunca por la termi\u00adnaci\u00f3n de aquella odiosa mascarada y por la vuel\u00adta del rey a Par\u00eds.<\/p>\n<p>S\u00f3lo una dificultad quedaba en pie. \u00bfCompar\u00adtir\u00eda Mazarino la entrada triunfal de los reyes en la corte? As\u00ed lo quer\u00eda el cardenal, y, al pare\u00adcer, con mucha raz\u00f3n, pues nadie como \u00e9l hab\u00eda trabajado por conseguirlo. A su vez, \u00e9stos eran los deseos de Ana de Austria y de Luis XIV. Mas \u00bfno ser\u00eda de temer que su presencia desper\u00adtase los odios, no reprimidos a\u00fan completamente, del populacho, y turbase con gritos de c\u00f3lera se\u00admejante acto? As\u00ed lo cre\u00eda San Vicente. A su jui\u00adcio, si alguna torpeza pol\u00edtica, hab\u00eda en el mundo, era la presencia de Mazarino en la vuelta triunfal de los reyes. Es probable que nuestro Santo se lo hubiera manifestado as\u00ed a la reina, sin conse\u00adguir nada. Lo cierto es que, contando con aquella penetraci\u00f3n de Mazarino que fue siempre el pri\u00admero en reconocer, se apresur\u00f3 a escribirle direc\u00adtamente. La carta es interesante, y nos revela todo un lado del alma de San Vicente.<\/p>\n<p>De conformidad con los deseos del Santo, el joven rey y su madre Ana de Austria entraron solemnemente en Par\u00eds el 21 de octubre, en me\u00addio de las jubilosas aclamaciones del pueblo, sin la compa\u00f1\u00eda de Mazarino, que se hab\u00eda retirado a Bouillon, esperando por tres largos meses a que los esp\u00edritus se calmasen.<\/p>\n<h3><strong>Esfuerzos de San Vicente rara reparar los de\u00ad<\/strong><strong>sastres de la guerra y de la Fronda.\u2014Hermoso <\/strong><strong>movimiento religioso de esta \u00e9poca (1652-1660).<\/strong><\/h3>\n<p>El espect\u00e1culo que al entrar en Par\u00eds se pre\u00adsent\u00f3 a los ojos de San Vicente era desconsola\u00addor en extremo y capaz de desalentar a otra alma menos humilde que la suya. Muchas de sus obras hab\u00edan ca\u00eddo por tierra y se hablan convertido en<\/p>\n<p>ruinas. Las miserias que \u00e9l a tanta costa hab\u00eda tratado de aliviar, se hab\u00edan multiplicado extra\u00adordinariamente, disminuyendo en proporci\u00f3n los recursos.<\/p>\n<p>San Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda organizado, como sabernos, para luchar contra estos males sus grandes obras de caridad; mas el rigor de los tiempos hab\u00eda recrudecido los males, mientras debilitaba las obras.<\/p>\n<p>La de los sacerdotes de la Misi\u00f3n y la de las Hijas de la Caridad eran las que menos da\u00f1o hab\u00edan recibido en la lucha.<\/p>\n<p>Los sacerdotes de la Misi\u00f3n, diseminados en regiones devastadas por la guerra, la peste y el hambre, hab\u00edan perdido, si, hombres eminentes; mas, en cambio, hab\u00edan reclutado una legi\u00f3n de j\u00f3venes sacerdotes, devorados, como los Ap\u00f3sto\u00adles, por el celo de la salvaci\u00f3n de las almas, y exaltados, como los m\u00e1rtires, por la perspectiva del martirio. Con tan valiosos elementos pudie\u00adron fundar en medio de las turbaciones pol\u00edticas de la \u00e9poca, once nuevas casas, y lo que val\u00eda m\u00e1s, siete nuevos Seminarios. Corno tan amplios horizontes no bastaban a contener la actividad de los nuevos obreros evang\u00e9licos, franquearon los l\u00edmites de Francia para renovar en pa\u00edses in\u00adhales o sectarios las maravillas y prodigios de los primeros siglos de la Iglesia.<\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad no s\u00f3lo hab\u00edan creci\u00addo en n\u00famero, sino en virtud. Su caridad para con los pobres hab\u00eda venido a convertirse en una especie de pasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Varias, en fin, hab\u00edan muerto en medio de los apestados.<\/p>\n<p>Semejantes p\u00e9rdidas, lejos de ser la tempestad que desgaja el \u00e1rbol de las religiones, son la llu\u00advia ben\u00e9fica que las nutre y que alimenta en ellas la savia del entusiasmo, su verdadera vida. Esto es lo que aconteci\u00f3 en las Hijas de la Caridad. Las m\u00e1s sublimes vocaciones de sus prime\u00adros tiempos datan de esta \u00e9poca.<\/p>\n<p>Lo que por entonces amagaba con m\u00e1s pr\u00f3xi\u00adma e inminente ruina, y necesitaba, por tanto, de m\u00e1s pronto remedio, era la Obra de los Ni\u00f1os Expositos.<\/p>\n<p>Muchas de las damas de la Junta se hab\u00edan retirado de Par\u00eds; otras estaban arruinadas por los impuestos y exacciones de la guerra. La ma\u00adyor parte no se recelaban de decir p\u00fablicamente que era preciso abandonar la obra, pues que des\u00adpu\u00e9s de tantos desastres nadie era capaz de sos\u00adtenerla. San Vicente de Pa\u00fal resisti\u00f3 cuanto pudo, animando a las desalentadas, pero no surtiendo estas conversaciones particulares el efecto que de ellas esperaba el Santo, hizo convocar una Asam\u00adblea general para deliberar sobre el asunto, cui\u00addando de advertir, bajo cuerda, a las m\u00e1s influ\u00adyentes, como las se\u00f1oras de Aiguillon y de Tra\u00adversay, que no faltasen a la junta para sostener su palabra y arrastrar con su ejemplo a la asam\u00adblea. Las asociadas acudieron, efectivamente, y en gran n\u00famero, a la cita, mas sin ocultar sus prevenciones y recelos. San Vicente, que de ante\u00admano se lo tem\u00eda y que daba suma importancia a la cuesti\u00f3n que tra\u00eda entre manos, se hab\u00eda pre\u00adparado seriamente y con esmero. Pronunci\u00f3 un admirable discurso.<\/p>\n<p>La Asamblea vot\u00f3 en seguida, por unanimidad, la continuaci\u00f3n de la Obra.<\/p>\n<p>Mas \u00bfde qu\u00e9 sirven, por desgracia, estos nobles arranques de entusiasmo, cuando faltan los me\u00addios de llevarlo a la pr\u00e1ctica? Seis meses des\u00adpu\u00e9s, por efecto de las mismas dif\u00edciles circuns\u00adtancias, cay\u00f3 la obra en una nueva crisis. San Vi\u00adcente, que por su larga experiencia conoc\u00eda per\u00adfectamente que los grandes sacrificios no se re\u00adpiten a todas horas, resolvi\u00f3 trabajar sin descan\u00adso por conseguir dos cosas, sin las cuales juzga\u00adba imposible la Obra de los Ni\u00f1os Exp\u00f3sitos: casa propia y renta asegurada. Ambas cosas obtuvo despu\u00e9s de inauditos esfuerzos, y as\u00ed vino a que\u00addar terminado algunos a\u00f1os despu\u00e9s de la muer\u00adte del Santo, es verdad, pero conforme a sus pla\u00adnes y siguiendo sus indicaciones, aquel vasto es\u00adtablecimiento de los Ni\u00f1os Exp\u00f3sitos que sirvi\u00f3 de base y modelo a los de Lyon, Marsella, Tol\u00f3n y otros, y que es, por lo arriesgado de su concep\u00adci\u00f3n, por la delicadeza de sus estatutos y por la sublimidad de su fines, una de las m\u00e1s bellas creaciones de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Ocupado en dar la \u00faltima mano a esta obra, no por eso perd\u00eda de vista otra en que hac\u00eda mucho tiempo ven\u00eda pensando y consideraba de no menor importancia: la obra de las escuelas gratuitas para ni\u00f1os pobres. En realidad, lo puede decirse que San Vicente fuese su funda\u00addor, pues hac\u00eda ya quince siglos que la Iglesia ven\u00eda ocup\u00e1ndose incesantemente del asunto, Por medio de los obispos y de los Concilios, las hab\u00eda multiplicado indefinidamente en los atrios de sus catedrales y de sus monasterios. Per des\u00adgracia, estas escuelas, obra de los siglos medios, hab\u00edan perecido en su mayor parte durante las enconadas luchas de la Liga, la guerra de trein\u00adta a\u00f1os y los disturbios de la Fronde. Urg\u00eda, pues, cubrir tama\u00f1a necesidad. Felizmente, las Hijas de la Caridad estaban prestas para ello. Ya desde un principio hab\u00eda se\u00f1alado el Santo la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os del pueblo como uno de los dos principales fines del Instituto, obli\u00adgando a todas las Hijas de la Caridad a saber leer y escribir para hallarse en condiciones de desempe\u00f1ar un puesto en la escuela.<\/p>\n<p>En 1641 abri\u00f3 algunos humildes centros de en\u00adse\u00f1anza, hizo arreglar un breve catecismo en preguntas y respuestas, y mand\u00f3 componer ele\u00admentales tratados de instrucci\u00f3n popular. Todo estaba, pues, pronto; y con sus Hijas primero, y despu\u00e9s con piadosas damas, que pusieron a su disposici\u00f3n, no s\u00f3lo sus bienes de fortuna. sino su concurso personal, comenz\u00f3 el Santo a cubrir a Francia de esta clase de escuelas gratuitas.<\/p>\n<p>Mas si urg\u00eda recoger y salvar estas pobres ni\u00ad\u00f1as que erraban por las calles sin instrucci\u00f3n ni educaci\u00f3n moral de ninguna clase, y expuestas a mil peligros, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s necesario era reco\u00adcer a aquellas cuyo honor y virtud hab\u00edan nau\u00adfragado en el agitado y revuelto mar del mun\u00addo! San Vicente, que se esforz\u00f3 cuanto pudo por preservarlas durante la guerra, no dej\u00f3 piedra por mover para disponerlas m\u00e1s tarde al arre\u00adpentimiento. No contento con dar empuje por medio de su palabra, de sus consejos y aun de sus pobres recursos, a las casas de arrepentidas que a la fecha se multiplicaban en Par\u00eds, conci\u00adbi\u00f3 la idea de un vasto Asilo de j\u00f3venes arrepen\u00adtidas. Comenz\u00f3, seg\u00fan costumbre, por conferir el asunto con personas piadosas procurando des\u00adpu\u00e9s hacerse con casa y rentas para la obra, pues en el Santo jam\u00e1s iban re\u00f1idas la acci\u00f3n y la prudencia. La muerte le sorprendi\u00f3 en esta arriesgada empresa, llevada m\u00e1s tarde a feliz t\u00e9r\u00admino por las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Ni eran s\u00f3lo estas fundaciones del hospital para los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, de las escuelas para ni\u00f1os pobres y de los asilos para j\u00f3venes arre\u00adpentidas, las que llamaban la atenci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal; innumerables otras le asedia\u00adban por todos lados. Un rico habitante de Pa\u00adr\u00eds fue a verle en cierta ocasi\u00f3n y le entreg\u00f3, bajo secreto, la cantidad de 100.000 francos para que la emplease en la obra de caridad que mejor le pareciere. Hasta le dej\u00f3 en libertad de dispo\u00adner de ellos en favor de las casas de su Congre\u00adgaci\u00f3n. Desentendi\u00f3se el Santo de esta \u00faltima idea, que no se aven\u00eda con su desinter\u00e9s, y le indic\u00f3 una llaga social en que hasta entonces nadie hab\u00eda reparado. Era \u00e9sta la angustiosa si\u00adtuaci\u00f3n de muchos pobres jornaleros, quienes despu\u00e9s de una vida laboriosa y llena de afanes, se encontraban a la vejez, cuando ya no pod\u00edan trabajar, sin un pedazo de pan que llevar a la boca. \u00bfNo ser\u00eda bueno emplear dicha suma en levantar un asilo para estos pobres ancianos, que podr\u00edan, al fin, hallar en \u00e9l, sin separarse el esposo de la esposa, un lugar tranquilo y seguro donde pasar sus \u00faltimos d\u00edas? Entusiasmado con tan hermoso ideal, y vivamente conmovido por el desinter\u00e9s del Santo, aprob\u00f3 el caballero la proposici\u00f3n, a\u00f1adiendo 30.000 francos a los 100.000 de su primitiva oferta, y dando de este modo origen al Hospital del <em>Nombre de Jes\u00fas, <\/em>Pile todav\u00eda, subsiste para consuelo de las fami\u00adlias pobres y necesitadas.<\/p>\n<p>Y al lado de estas grandes fundaciones hechas directamente por San Vicente de Pa\u00fal, \u00bfcu\u00e1ntas otras no se desarrollaron bajo su influencia? \u00bfA cu\u00e1ntas almas no comunic\u00f3 aquel fuego sagrado de la compasi\u00f3n que abrasaba su nacho?<\/p>\n<p>Al frente de estas almas generosas es preciso poner a la ardiente e incansable duquesa de Aiguill\u00f3n. Despu\u00e9s de ella, su joven y santa ami\u00adga la se\u00f1ora de Miramion, que fund\u00f3 dos c\u00e9le\u00adbres casas, la Piedad y Santa Pelagia; la prime\u00adra, con el fin de atraer al buen camino las mu\u00adjeres perdidas que el Estado hab\u00eda hecho recluir, y la segunda, poza que sirviera de asilo a las que trataran de abandonar su mala y vergonzosa vida, logrando poner de superior de una y otra a San Vicente de Pa\u00fal. La se\u00f1ora Pollalion, grande amiga de la se\u00f1ora Le Oras y penitente de nuestro Santo, abre tambi\u00e9n por entonces, bajo el t\u00edtulo de Seminario de la Providencia, una casa de mujeres arrepentidas, de que hace director al propio San Vicente. De su alrededor, y bajo el soplo de su influencia, salen tambi\u00e9n las fundadoras de la <em>Uni\u00f3n Chr\u00e9tienne, <\/em>estable\u00adcimiento conocido m\u00e1s com\u00fanmente por el nom\u00adbre de la Propagaci\u00f3n de la Fe o de las Nuevas Cat\u00f3licas, por estar destinado a recibir los pro\u00adtestantesque deseaban convertirse. Pend\u00f3n prw\u00adt4h un d\u00eda a esta naciente obra el apoyo de su brillante palabra. Parecidas huellas siguen un enjambre de almas generosas. La se\u00f1orita Estang abre un asilo de ni\u00f1as hu\u00e9rfanas; la se\u00f1o\u00adrita Blosset funda las Hijas de Santa Genoveva; Maria Saucier dispone sus innumerables maes\u00adtras de escuelas gratuitas. Nacidas tambi\u00e9n por entonces las Hijas de la Cruz, y amagadas con la horrorosa tormenta que la calumnia se hab\u00eda complacido en levantar a su lado para ahogarlas en la cuna, recurrieron en busca de apoyo a San Vicente, hall\u00e1ndole tan cumplido y eficaz, que merced a las gestiones del Santo pudieron arros\u00adtrar inc\u00f3lumes la persecuci\u00f3n y proseguir des- embarazadamente las obras de su Instituto. As\u00ed es como el Santo hab\u00eda venido a ser el centro, el inspirador, el sost\u00e9n y el alma de todas las obras de la caridad cristiana.<\/p>\n<p>Ni fue solamente de este modo directo y per\u00adsonal corno influy\u00f3 el Santo en este movimiento religioso y ben\u00e9fico que por todas partes se de\u00adjaba sentir.<\/p>\n<p>Un disc\u00edpulo de San Vicente, monse\u00f1or Enrique de Maupas de Tour, fund\u00f3 en Puy las Hermanas de San Jos\u00e9.<\/p>\n<p>En Nancy aparece tambi\u00e9n en 1652 la Con\u00adgregaci\u00f3n de las Hermanas de San Carlos. Jua\u00adna Biscot, hija de un rico comerciante de Arras, funda en esta ciudad las Hermanas de Santa In\u00e9s, que son un vivo destello de la Hija de la Caridad. Y en el mismo orden debernos colocar las Hermanas de San Mauricio en Chartres, las de la Fe en Agen, las de San Alejo en Limoges, las de la Misericordia en Dieppe, Aix, Paris y otros puntos, y las Hijas de la Infancia en Tolosa.<\/p>\n<p>A estas Congregaciones de votos temporales y sin clausura, entregadas por su profesi\u00f3n a toda clase de obras de misericordia, es menester a\u00f1a\u00addir las que exclusivamente se dedican al servicio de los hospitales, y que no descienden en l\u00ednea menos recta de San Vicente de Pa\u00fal. As\u00ed, por ejemplo, la Congregaci\u00f3n de las Hospitalarias en la Fleche, iniciada, pero las doncellas de honor de la princesa de Cond\u00e9, y desarrollada per la no\u00adble y ejemplar se\u00f1orita Melun As\u00ed tambi\u00e9n las Hospitalarias de Angulema, extendidas en gran parte del Mediod\u00eda de Francia.<\/p>\n<p>De esta \u00e9poca datan tambi\u00e9n los .grandes hos\u00adpitales de Angers, de Plantes y de Rouen, con\u00adfiados en su mayor parte a las Hijas de la Cari\u00addad. Francia entera se cubre de establecimien\u00adtos de beneficencia, hospitales, asilos y orfana\u00adtorios.<\/p>\n<p>Y corno no hay caridad activa y duradera sin un renacimiento de la fe y de la piedad, Par\u00eds se cubre por todas partes de nuevas iglesias y se ve en la precisi\u00f3n de agrandar las antiguas para contener las multitudes que a porf\u00eda se agrupan a la puerta del templo.<\/p>\n<p>Ni era posible so\u00f1ar en las construcciones de aquella \u00e9poca, de tan dif\u00edcil y costosa realizaci\u00f3n, si el n\u00famero de los buenos obispos y de los san\u00adtos sacerdotes no hubiera aumentado. As\u00ed era, gracias a Dios, y despu\u00e9s de \u00c9l, debido en gran parte a San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Hablaremos ahora del Hospital General. Pa\u00adr\u00eds rebosaba de pobres, verdaderos o fingidos; calcul\u00e1banse en cuarenta mil los que, cubiertos de andrajos o ro\u00eddos por asquerosas llagas, re\u00adcorr\u00edan de d\u00eda la ciudad con la espada al cinto, acogi\u00e9ndose por la noche al Patio de los Mira\u00adcies, inmundas y amenazadoras guaridas a que la polic\u00eda no osaba acercarse. El fin del Hospital General era recoger en sus inmensas salas todos los pobres inv\u00e1lidos o enfermos que en la capi\u00adtal hubiese, dando ocasi\u00f3n a la justicia para usar del necesario rigor con aquellos otros que se hallasen en disposici\u00f3n de ganarse la vida trabajando.<\/p>\n<p>Parece que la primera a quien ocurri\u00f3 la idea de este grandioso proyecto fue la duquesa de Aiguillon. Comunic\u00f3la con la se\u00f1ora de Lamoi\u00adgnon y con otras dos o tres amigas, y de com\u00fan acuerdo resolvieron poner manos a la obra. Mas \u00bfc\u00f3mo empezar? Consultados por las caritativas damas muchos de los miembros del Parlamento, opinaron que ni siquiera se deb\u00eda pensar en ello. La duquesa de Aiguillon no se desalent\u00f3, sin em\u00adbargo; fue a verse con Luisa de Marillac, y por consejo de \u00e9sta resolvi\u00f3 conferir el caso con San Vicente de Pa\u00fal, quien pidi\u00f3 ocho d\u00edas de tregua para conocer sobre el particular la voluntad de Dios y pesar ante \u00c9l las responsabilidades de la obra. Al fin de los ocho d\u00edas fue a ver a la se\u00f1o\u00adra de Aiguillon y le manifest\u00f3 que estaba presto a secundar sus planes. Corri\u00f3 al punto a Ana de Austria, obteniendo de ella los vastos departa\u00admentos de la Salp\u00e9tri\u00e9re, y la propia duquesa de Aiguillon dio, para comenzar las reparaciones del edificio, 50.000 francos. Luego comenzaron las ofertas.<\/p>\n<p>No hubo dama, ni pr\u00edncipe, ni magistrado en Paris que dejase de aportar su contingente, con lo que al poco tiempo, y como por encanto, se vio levantada aquella nueva ciudad\u00bb, seg\u00fan her\u00admosa expresi\u00f3n de Bossuet; \u00abaquella obra maes\u00adtra, seg\u00fan dec\u00eda Fl\u00e9chier, la m\u00e1s grande y ma\u00adravillosa que jam\u00e1s hab\u00eda llevado a cabo la ca\u00adridad cristiana\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo IV: San Vicente de Pa\u00fal enfrente de la miseria Extraordinario desarrollo de la miseria durante las guerras de Lorena y Alemania (1635-1642). 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