{"id":50492,"date":"2019-04-13T08:00:03","date_gmt":"2019-04-13T06:00:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/10\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-mariana\/"},"modified":"2019-03-15T08:37:27","modified_gmt":"2019-03-15T07:37:27","slug":"en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-mariana","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-mariana\/","title":{"rendered":"En respuesta a tu llamada: Comunidad mariana"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">COMUNIDAD MARIANA<\/p>\n<p>Hasta hace pocos a\u00f1os se dec\u00eda que el cristianismo estaba viviendo una era mariana. Efectivamente, la devoci\u00f3n a Mar\u00eda hab\u00eda aplicado el fuego a un detonante. Se produjo una explosi\u00f3n cultural, literaria, callejera y publicitaria de fervor mariano. La dulce figura de la Madre de Dios se\u00f1oreaba en todos los are\u00f3pagos del mundo. Sus im\u00e1genes sal\u00edan a la calle en olor de muchedumbre. Las ubres de la teolog\u00eda manaban inagotablemente doctrina mariol\u00f3gica. La liturgia se desen\u00advolv\u00eda entre vaharadas de incienso, de luces y sermones. El rezo de los misterios del Rosario era como el murmullo del mar que no se apaga nunca.<\/p>\n<p>Pero hoy apenas se percibe. Vivimos en una calma chicha. El globo ampuloso e irisado ha estallado, herido por no s\u00e9 qu\u00e9 tipo de alfi\u00adlerazos. Los te\u00f3logos han arriado sus banderas. La literatura mariana est\u00e1 metida en un per\u00edodo de estiaje. El tema, si se suscita, s\u00f3lo sugiere ideas de revisi\u00f3n y de cr\u00edtica. Las charlas sobre el asunto son muy es\u00adcasas de p\u00fablico y de voltios. Y es que ha pasado de las manos de unos artistas brillantes y famosos a las de unos modestos alfareros. A la ma\u00adriolog\u00eda le ha salido una poderosa rival: la sociolog\u00eda. Coloc\u00e1ndonos en un plano meramente humano, no es dif\u00edcil vaticinar de parte de qui\u00e9n va a quedar la victoria.<\/p>\n<p>No hemos sabido guardar el t\u00e9rmino medio. Hemos saltado de un extremo a otro sin miramiento, alocadamente. En la labor de poda han ca\u00eddo, con el follaje in\u00fatil, los tiernos brotes y los frutos ma\u00adduros. Hemos arrancado de su imagen, con los abalorios, la pedrer\u00eda fina y aut\u00e9ntica. Pero Mar\u00eda sigue ah\u00ed, en pie, intacta, id\u00e9ntica, inalterable, como el sol. Somos nosotros los que nos negamos a seguir gi rando en su \u00f3rbita, seducidos por el se\u00f1uelo falaz de las nuevas doctri\u00adnas. Es la hora de los iconoclastas, de los pescadores en r\u00edo revuelto, de los pigmeos, de los que s\u00f3lo pueden afirmar su personalidad aupa\u00addos por la oposici\u00f3n, el esnobismo y la excentricidad. Muchos cat\u00f3li\u00adcos incautos se han dejado arrastrar por la masa reclutada por esos seudomaestros. Y la masa, ya se sabe, siempre est\u00e1 dispuesta a subirse a la trasera del primer carro triunfal.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p>Dicen que el culto de Mar\u00eda tiene reminiscencias paganas. Quie\u00adren verla en una misma l\u00ednea de continuidad con las diosas de la mi\u00adtolog\u00eda, como Astart\u00e9, Isis, Venus o Diana. Ciertamente, las exagera\u00addas actitudes de algunos cristianos han podido dar pie a esta impostura, pero no pueden endosarse honradamente a la Iglesia como instituci\u00f3n las necedades y aberraciones de algunos de sus adeptos. Por otra parte, es inconcebible que el cristianismo primitivo incorporara un elemento completamente refractario e incoherente con su monote\u00edsmo esencial. Mar\u00eda no es un mito, ni un personaje legendario, ni una divinizaci\u00f3n de las fuerzas naturales, ni una personalizaci\u00f3n de los sentimientos hu\u00admanos. Es una mujer de carne y hueso cuya vida es un Evangelio vivo, cuya gloria no es producto de infiltraciones paganas, sino el resultado de la fe cristiana llegada a la saz\u00f3n.<\/p>\n<p>Aseguran que es una sobrecarga, un adorno de lujo, un elemento o motivo l\u00edrico, una a\u00f1adidura in\u00fatil y sup\u00e9rflua del cristianismo. No, Mar\u00eda es una Madre. Una madre no es algo po\u00e9tico, metaf\u00f3rico y sutil como un perfume, un verso o una flor. Una madre no es una deuda que hay que pagar por el hecho de vivir ni un brillante aderezo de quita y pon. Mar\u00eda no es un lujo, es una necesidad. No es una pieza orna\u00admental, es un elemento b\u00e1sico y esencial de la actual econom\u00eda divina. Sin Ella, Cristo es un ser inexistente. Sin Ella, la Iglesia es una pura quimera. Dios pod\u00eda haber prescindido de su persona, como pod\u00eda haber prescindido de la Encarnaci\u00f3n. Pero la ha querido necesitar. Las cosas son como son, no como pudieran haber sido. Si marginamos a Cristo hacemos inasequible nuestra salvaci\u00f3n. Si orillamos a Mar\u00eda trastorna\u00admos el orden querido por Dios para realizarla.<\/p>\n<p>No ponemos a Mar\u00eda el nivel de su Hijo. El es Dios; Ella una mera criatura. La distancia es infinita, insalvable. Pero puede suceder que la valoraci\u00f3n que hacen de Cristo algunos cristianos sea demasia\u00addo baja. Acent\u00faan su Humanidad silenciando su Divinidad. De donde resulta que ponen a Cristo donde ponemos nosotros a Mar\u00eda. Son ellos, y no nosotros, los que est\u00e1n en el error. Est\u00e1 comprobado hist\u00f3rica\u00admente que la merma en la apreciaci\u00f3n a la persona de Mar\u00eda va inevi\u00adtablemente precedida, acompa\u00f1ada o seguida de un notable descenso afectivo y efectivo de la Persona de Cristo. Viene como anillo al dedo la teor\u00eda de los vasos comunicantes.<\/p>\n<p>No atribuimos a Mar\u00eda m\u00e1s de lo que una criatura puede poseer. La esencia del proceder de. Dios con los hombres consiste en que El les comunica facultades que son de su exclusiva competencia, pode\u00adres que son privativos de su propio Ser. Pi\u00e9nsese en los dones concedi\u00addos a los profetas, sacerdotes, jerarcas, santos, etc. \u00bfHasta d\u00f3nde puede llegar Dios en este sentido? Muchos Padres ven en Mar\u00eda una criatu\u00adra l\u00edmite. Pero no creo que sea el \u00abno va m\u00e1s\u00bb de la comunicabilidad divina que es sencillamente inagotable. Adem\u00e1s no decimos que Ella sea el quicio sobre el que se mueve todo el sistema salv\u00edfico.&#8217;Lo que afir\u00admamos es que tiene asignado en ese sistema un lugar culminante, \u00fani\u00adco y personal. Ser\u00eda rid\u00edculo alardear de que podemos, sin riesgo, hacer caso omiso de Ella por encontrarse con relaci\u00f3n a su Hijo en condicio\u00adnes de inferioridad, por ser una criatura redimida por El, dependiente de El. Este razonamiento nos llevar\u00eda a un verdadero abismo doctrinal. Los que as\u00ed piensan, si son consecuentes, tienen que rechazar todo magisterio humano, como el de la Sagrada Escritura, el de los sacerdo\u00adtes, el de los Doctores, el del Papa.<\/p>\n<p>Mar\u00eda no es un obst\u00e1culo, ni una pantalla, ni una nube que nos encubre a Cristo. La atm\u00f3sfera no es una barrera que impida el paso de los rayos del sol. Todo lo contrario; los tamiza, los adapta a nuestra d\u00e9bil receptividad. La cruda luz de Justicia que es Dios se nos atem\u00adpera en Cristo y se nos humaniza por completo en Mar\u00eda. Cristo no ha sufrido mengua alguna por haber honrado a sus amigos con la facultad de hacer cosas m\u00e1s grandes que El. Algunos tuvieron entre sus contempor\u00e1neos un relieve social m\u00e1s destacado que su Maestro. Pero sa_-_\u2014 bemos que es Este quien recibe en ellos la gratitud, el honor y la gloria. Mar\u00eda no hace sombra a su Hijo, sino que sucede exactamente al rev\u00e9s. Ella, la flor del universo, magnifica al Se\u00f1or m\u00e1s que todas las criatu\u00adr\u00e1s it\u00e1t\u00e1S \u00abporque el Todopoderoso ha hecho en m\u00ed cosas grandes\u00bb, porque a causa del fruto bendito de su vientre \u00abla llamar\u00e1n bienaven\u00adturada todas las generaciones\u00bb.<\/p>\n<p>El misterio mariano no es una novedad en la Iglesia, una moda que pasa, una estrella fugaz porque siempre ha estado ah\u00ed dentro, en el co\u00adgollo dogm\u00e1tico del credo. Sucede que lo que en un principio fue un germen, un esbozo y un apunte hoy es una espiga madura, un cuadro acabado, una obra maestra. La teolog\u00eda evolucionada y el pueblo ena\u00admorado caminaron juntos durante siglos .para perfilar el rostro de Ma\u00adr\u00eda. Hoy los te\u00f3logos parecen presa del cansancio. S\u00f3lo se sientan \u00e1 la mesa de su estudio para revisar el pasado. Arrancan descontentos p\u00e1\u00adginas y m\u00e1s p\u00e1ginas de la historia de la Iglesia y las echan al fuego. El pueblo sigue solitario su ruta como por pura inercia. Y ya presenta tam\u00adbi\u00e9n s\u00edntomas de tedio e indiferencia. Pero el t\u00fanel de la crisis no ser\u00e1 muy largo. La devoci\u00f3n mariana saldr\u00e1 de ella limpia de polvo y paja. Los hijos volver\u00e1n a la querencia de la Madre. Ser\u00e1 un amor m\u00e1s se\u00adreno y acendrado, menos extrovertido y sentimental, cuesti\u00f3n princi\u00adpalmente de fe y de intimidad, m\u00e1s que de publicidad y escaparate. El amor, sin embargo, necesita exteriorizarse. Y si es colectivo, con mayor raz\u00f3n. Pero una cosa es la expresi\u00f3n p\u00fablica del sentir comunitario y otra muy distinta, la suntuosidad, la exhibici\u00f3n, el alarde triunfalista.<\/p>\n<p>Los que rechazan el culto de Mar\u00eda bajo el pretexto de tener m\u00e1s que suficiente con la Persona de Cristo acreditan su orgullo refinado, su mala fe y su falso cristianismo. Los jud\u00edos blasonaban de no recono\u00adcer m\u00e1s que a Dios Padre. Y Jesucristo les demuestra que no solamente desconocen al Hijo, sino tambi\u00e9n al que le ha enviado. Algo semejante ocurre con los enemigos declarados o encubiertos de la Madre de Je\u00ads\u00fas. Quien no acepta a Mar\u00eda tal y como la Iglesia la presenta no acep\u00adta a su Hijo tal y como le presenta el Padre celestial. La religi\u00f3n cris\u00adtiana es religi\u00f3n mariana. El amor a Mar\u00eda da la medida del amor a Cristo. Este amor es el contraste de la religiosidad de una naci\u00f3n, de un pueblo, de una persona. P\u00edo XII escrib\u00eda: \u00aben las magnas luchas espirituales de nuestro tiempo en que los partidarios y los enemigos de Cristo se hallan mezclados entre la muchedumbre, la devoci\u00f3n a la Madre de Dios es la piedra de toque infalible para distinguirlos, la se\u00f1al de la verdadera fe, el distintivo de la doctrina aut\u00e9ntica\u00bb.<\/p>\n<p>Hace muchos a\u00f1os, el jefe del partido comunista de Hungr\u00eda advert\u00eda a sus partidarios sobre el peligro que entra\u00f1a para la doctrina comunista el culto a Mar\u00eda. \u00abAcabar\u00e1 con el culto a Marx y a Lenin \u2014afirmaba\u2014 si dejamos a los elementos reaccionarios cat\u00f3licos y con\u00adservadores que extiendan a trav\u00e9s de todo el pa\u00eds, sin restricciones ni impedimentos, su programa de celebraciones marianas, el culto a Mar\u00eda terminar\u00e1 por prevalecer sobre nuestro partido. La renovaci\u00f3n de la fe durante el a\u00f1o mariano, a\u00f1ad\u00eda, ha sido m\u00e1s peligroso para el r\u00e9gimen comunista que una flota de bombarderos procedente del mundo capitalista.\u00bb El ministro comunista de Educaci\u00f3n de Checoslovaquia orden\u00f3 a los directores de las escuelas nacionales dar dos o tres confe\u00adrencias en cada aula sobre los da\u00f1os que el culto a Mar\u00eda estaba oca\u00adsionando al Gobierno popular&#8230; Son dos noticias espigadas al azar en la prensa diaria que pod\u00edan dar pie a unos comentarios sabrosos e in\u00adteresantes.<\/p>\n<p>Es irracional condenar la actual floraci\u00f3n del culto mariano por el hecho de que s\u00f3lo se observen unos leves indicios o se encuentren unos peque\u00f1os brotes en el cristianismo primitivo. El que se extra\u00f1a de ver convertida en un \u00e1rbol frondoso y corpulento la planta tierna y fr\u00e1gil que conoci\u00f3 a\u00f1os atr\u00e1s, no est\u00e1 en su sano juicio. La mariolog\u00eda moderna no es m\u00e1s que el natural desenvolvimiento de una doctrina ger\u00adminal contenida en el Evangelio. Las relaciones de la Iglesia son hoy id\u00e9nticas a las de anta\u00f1o, aunque m\u00e1s profundas, expl\u00edcitas y conscien\u00adtes. El Esp\u00edritu Santo nos trata al modo humano. Se adapta a nuestra sicolog\u00eda, sensibilidad y cultura. No nos ense\u00f1a m\u00e1s de lo que podemos dar en un momento dado. En el amanecer del cristianismo no estaban los paladares conformados para el saboreo de una doctrina como \u00e9sta, todo lo bella y sugestiva que se quiera, pero extra\u00f1a y desconcertante. Tal vez los reci\u00e9n llegados de las religiones paganas hubieran hecho de Mar\u00eda una diosa. Tal vez los intelectuales que acribillaron a la Per\u00adsona de Cristo con los dardos de tantos errores hubieran cubierto de cieno la blanca figura de su Madre. Su Hijo le quiso ahorrar este tra\u00adbajo por entonces.<\/p>\n<p>En cambio, el desarrollo del misterio mariano y el incremento de esta devoci\u00f3n encajan perfectamente en el marco de nuestra sociedad. Responde a una perentoria necesidad actual. En efecto, a un siglo domi\u00adnado por el ego\u00edsmo, la autosuficiencia y el orgullo, como el nuestro, le conviene contemplar a una mujer, gloria de la raza humana, haci\u00e9n\u00addose esclava de Dios y de los hombres por puro amor. A una sociedad podrida de lujuria y ebria de erotismo le viene de perlas detenerse un momento ante esta dulce y sencilla aldeana, honor de la estirpe, .que guarda intacta su virginidad de adolescente, de novia, de esposa y de madre. A un mundo laico, secularizado, materialista y ateo le es pre\u00adciso el ejemplo de esta Se\u00f1ora, tipo e ideal de todo ser humano, que se consagra totalmente a Dios, su Padre y a los hombres, sus herma\u00adnos. La humanidad vive hoy presa de la angustia. Necesita ver en Ma\u00adr\u00eda c\u00f3mo es posible conservar la serenidad m\u00e1s alta frente a la tragedia m\u00e1s sangrienta, y desgarradora. El hombre moderno se agarra como un pulpo a los bienes materiales. Le urge asomarse al hogar de Mar\u00eda reluciente de pobreza, pulcritud y laboriosidad. La virulencia de la codicia universal quedar\u00e1 atenuada con el cotejo de estas dos concep\u00adciones antag\u00f3nicas de la felicidad. La vida moderna, vertiginosa y trepidante precisa parangonarse con aquella otra vida femenina que en\u00adtr\u00f3 en el mundo silenciosa, pas\u00f3 desapercibida, influy\u00f3 como ninguna otra y sali\u00f3 dulcemente, sin ruido, sin dejar una huella material de su paso sobre la tierra&#8230;<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p>Mar\u00eda nos es indispensable. Los cat\u00f3licos la necesitamos irreme\u00addiablemente. Sin Ella no podemos vivir en la seguridad de que po\u00adseemos una religi\u00f3n integral. Tenerla ignorada es apartar de nosotros a Aqu\u00e9l mismo a quien tratamos de buscar. Su olvido es un naufragio en la fe y una esterilidad completa en el apostolado. Pero es preciso matizar. No la necesitamos solamente porque es la omnipotencia su\u00adplicante. Esta alabanza, adem\u00e1s de ser incompleta, no es muy desinte\u00adresada que digamos. Mar\u00eda es algo m\u00e1s que una panacea o refugio universal. Ella es, vale y tiene mucho m\u00e1s que todo eso. Est\u00e1 en la misma esencia de nuestra salvaci\u00f3n. Es la Madre y compa\u00f1era de Jes\u00fas en todos los misterios de la Redenci\u00f3n. Su presencia junto a El tiene un sentido de alianza, sociedad y colaboraci\u00f3n, aunque a un nivel muy distinto. Interviene de forma \u00fanica en el comienzo, en el proceso y en la consumaci\u00f3n de nuestra vida sobrenatural.<\/p>\n<p>La muerte de una madre deja en el ni\u00f1o un vac\u00edo dif\u00edcil de llenar. No es raro que le produzca un trauma incurable. Los siquiatras en\u00adcuentran esta laguna afectiva en la mayor\u00eda de los perturbadores del orden social. Ahora bien, el abandono de Mar\u00eda tiene m\u00e1s fatales con\u00adsecuencias. Cuando se frustra su acci\u00f3n maternal la vida cristiana na\u00advega a la deriva. Su ausencia es m\u00e1s triste que la orfandad humana. Donde Ella est\u00e1 florece la paz, sonr\u00ede la alegr\u00eda y canta la esperanza. Ella tramita el perd\u00f3n de los pecados, aclara las dudas, desvanece los errores, quiebra las herej\u00edas y resuelve todas las crisis de fe. Basta pensar en Mar\u00eda para que las cosas torcidas se nos pongan mejor. Su recuerdo enciende una estrella en la noche de la culpa, pone orden en el caos de la angustia, detiene los caballos desbocados de la sangre y del pensamiento. Hoy, como ayer, Ella inaugura el reino de la gracia. Cuando Mar\u00eda aparece el Se\u00f1or nace. Y as\u00ed como lo trae, se lo lleva cuando se va. Los Evangelios dan la impresi\u00f3n de que Dios est\u00e1 pendien\u00adte de sus labios. Habla Mar\u00eda y manifiesta su poder. Guarda silencio y El permanece a la espectativa.<\/p>\n<p>Mar\u00eda forma parte de los planes de Dios de tal modo que sin Ella no podemos hacernos una idea aproximada de los mismos. Ella est\u00e1 al principio y al fin de sus caminos, asegura la Liturgia. Es, por lo tanto, la compa\u00f1era inseparable de todos los cristianos peregrinantes. Cuando no la ven a su lado y avanzan sin sentir siquiera el deseo o la nostalgia de su compa\u00f1\u00eda es se\u00f1al de que se han desviado de la ruta. Cristo y Mar\u00eda son dos seres que Dios ha unido para siempre. No se los puede imagi\u00adnar aislados, desasidos, desvinculados. Es imposible besar al Ni\u00f1o Jes\u00fas sin encontrarlo en los brazos de su Madre. No es posible tampoco esperar que la sangre divina nos empape sin estar junto a Ella al pie de la cruz.<\/p>\n<p>Los que s\u00f3lo disponen de una devoci\u00f3n mariana mediocre o in\u00adfantil jam\u00e1s comprender\u00e1n que Mar\u00eda nos es absolutamente necesaria en todo y para todo. Y es necesaria \u00fanicamente porque Dios ha querido necesitarla. Bien entendido que El no necesita de nada ni de nadie en absoluto. Le basta querer simplemente para que todo sea. Pero es claro que ha querido necesitar de los seres creados: de la Humanidad de Cristo, de la persona de Mar\u00eda, de los ap\u00f3stoles, de los misione\u00adros, de los sacerdotes&#8230; Adem\u00e1s es Dios quien determina tambi\u00e9n la calidad y la medida de la colaboraci\u00f3n humana. \u00bfPor qu\u00e9 ha que\u00adrido necesitar de Mar\u00eda en un grado tan inaudito que a muchos resulta escandaloso? Pero a Dios no se le piden explicaciones. Tampoco se le pregunta por qu\u00e9 hizo la Tierra redonda, el d\u00eda claro, la noche oscura, el espacio insondable e infinito el n\u00famero de los astros.<\/p>\n<p>De Mar\u00eda se ha hablado y escrito profusamente. Y sin embargo, queda todo por decir. De Ella nunca se dice bastante, seg\u00fan San Ber\u00adnardo. El tema resulta siempre inagotable. S\u00f3lo Dios podr\u00eda decirnos sobre el asunto la definici\u00f3n completa, la palabra exacta. S\u00f3lo quien la ha creado la conoce adecuadamente. En el plano de las simples criatu\u00adras ocupa el centro y brilla en la c\u00faspide. Es la obra maestra del Creador. Parece que quiso demostrarnos con Ella lo que es capaz de hacer cuando se lo propone. Y el \u00e9xito fue completo. Mar\u00eda es por ello la flor del universo, la joya de la creaci\u00f3n, el \u00e1pice de la belleza y de la gracia. No son expresiones po\u00e9ticas. Son conclusiones l\u00f3gicas y deduc\u00adciones teol\u00f3gicas. Olvidamos a veces que Ella es la Theotocos, la Madre de Dios. A nadie, fuera de El, le es posible escoger a su propia madre. Pensemos en el tipo de madre que eligir\u00edamos de poder hacerlo. Pues bien, Dios se dio a S\u00ed mismo una Madre digna de El, como la quer\u00eda y como se la merec\u00eda. Adem\u00e1s dispon\u00eda de un poder sin barreras al ser\u00advicio de su amor y de su grandeza.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p><em>La Sagrada Escritura <\/em>se abre con el libro del G\u00e9nesis y se cierra con el del Apocalipsis. El primero contiene un atisbo, un esbozo, una promesa de Mar\u00eda. El segundo, un canto de triunfo. Y entre el par\u00e9nte\u00adsis de estos dos libros inspirados Ella camina al lado de su Hijo por todas las p\u00e1ginas de la Biblia, est\u00e1 presente en todos los vers\u00edculos, perfuma todas las l\u00edneas. A primera vista, muchos textos no se refieren a Ella.<\/p>\n<p>Pero hay que leerlos con ojos enamorados, como el Esp\u00edritu que los inspir\u00f3. Entonces aparece con los contornos algo difuminados, pero real y persistente, como el tema mel\u00f3dico de una sinfon\u00eda, como el hilo de oro con que est\u00e1 bordado un intrincado dise\u00f1o. Impl\u00edcita o expl\u00ed\u00adcitamente, en relieve o en escorzo, Mar\u00eda est\u00e1 anunciada en todos los profetas, proclamada en todos los or\u00e1culos, figurada en todos los tipos, contenida en todas las promesas, cantada en todos los himnos y este\u00adreotipada en todas las realizaciones. Si el Antiguo Testamento la dibuja y la prepara, el Nuevo la pinta a todo color en el cuadro de su misi\u00f3n universal. En un sentido muy real y exacto Ella es el compendio y la cifra de toda la Palabra revelada. La Biblia contiene la Palabra de Dios hablada o escrita. Mar\u00eda, en cambia, encierra la Palabra de Dios viva, encarnada, visible y tangible. En vez de afirmar que Mar\u00eda est\u00e1 presente en la Escritura, yo dir\u00eda mejor que la Escritura est\u00e1 presente en Mar\u00eda. Por lo tanto, el m\u00e9todo m\u00e1s eficaz para leer, entender e in\u00adterpretar los libros que Dios dict\u00f3 es estudiar, comprender y amar a la Mujer que le engendr\u00f3.<\/p>\n<p>Mar\u00eda llena tambi\u00e9n <em>el dogma cristiano. <\/em>Nuestra religi\u00f3n dispo\u00adne de una <em>Persona central. <\/em>Cristo es el eje alrededor del cual, como en un sistema solar, todo gravita, se ordena y se mueve. Pero resulta que es Mar\u00eda quien le ha dado a luz. Jesucristo es tan suyo como del Padre. Le pertenece porque es el fruto de su vientre. Forma con El una pareja complementaria e indisoluble. Est\u00e1 con El en la base, en la estructura y en remate del cristianismo. Es una pieza clave sin la cual todo el armaz\u00f3n se desintegrar\u00eda.<\/p>\n<p><em>Un hecho central: <\/em>la Encarnaci\u00f3n, la Redenci\u00f3n. Es un aconte\u00adcimiento de alcance c\u00f3smico. Sus resonancias llegan m\u00e1s all\u00e1 del tiempo. Se inicia con la concepci\u00f3n de Jes\u00fas y se corona con su muerte. Desde la primera etapa, pasando por todas las dem\u00e1s, hasta la \u00faltima, la Virgen est\u00e1 \u00edntima e indivisiblemente adherida al Protagonista. Acepta, sufre, consiente, compadece, colabora con El. Del agua que salt\u00f3 a la tierra del coraz\u00f3n de Cristo, Ella bebi\u00f3 primero. Desde enton\u00adces es una alberca limpia y florida donde todos los labios resecos pue\u00adden apagar la sed.<\/p>\n<p><em>Una f\u00f3rmula central: <\/em>el Credo. Todos los art\u00edculos de nuestra fe tienen una estrecha relaci\u00f3n con Mar\u00eda. O parten de Ella, como de un punto irradiante; o la se\u00f1alan, como flechas indicadoras; o la suponen, como una conclusi\u00f3n encerrada en las premisas. Los dogmas cristianos est\u00e1n fuertemente impregnados de su gracia y ternura femenina. Se hacen por ello m\u00e1s accesibles al coraz\u00f3n humano que rompi\u00f3 a latir con el beso de unos labios maternales. Todas nuestras creencias tras\u00adcienden a Ella, la recuerdan, la pregonan. Fue, por otra parte, la prime\u00adra creyente, la primera en aceptar la inmensa paradoja de la fe, la pri mera en avanzar por el claroscuro del misterio cristiano. Ella nos hizo el camino al andar. Es ineludible efectuar la marcha al contacto de sus manos y al ritmo de sus pasos para no despilfarrar nuestras ener\u00adg\u00edas in\u00fatilmente, para que sea menos dram\u00e1tica la inseguridad humana de nuestra fe divina.<\/p>\n<p>El tratado m\u00e1s completo y exhaustivo de <em>teolog\u00eda moral <\/em>tiene por autor al Esp\u00edritu Santo. Es una edici\u00f3n de lujo. La obra no puede ser reeditada, ni corregida ni aumentada. Y consta de un solo ejemplar: Mar\u00eda. Si la moral consiste esencialmente en ejecutar el bien y evitar el mal, Ella es la floraci\u00f3n de toda virtud y la exenci\u00f3n de todo pecado. La serpiente simb\u00f3lica no ha rozado siquiera el borde de su t\u00fanica. La fuente sellada de su voluntad siempre dio un agua transparente. Fue el para\u00edso de Dios cuajado de frutos exquisitos y de rosas pe\u00adrennes. Desbordaba de gracia. Conjugaba armoniosamente la libertad y la impecabilidad, la flaqueza natural y la integridad sobrenatural, el ambiente contaminado y la vida inmaculada. Su santidad anduvo por caminos inexplorados por el hombre. La cumbre de su belleza moral se pierde en una lejan\u00eda infinita, a una altura insondable, de un n\u00famero inveros\u00edmil de a\u00f1os luz.<\/p>\n<p>Las advocaciones de Mar\u00eda tachonan el <em>firmamento lit\u00fargico. <\/em>Tiene fiestas comunes con Cristo y fiestas propias, personales. Las fiestas propias no pasan de la veintena, pero las fiestas nacionales, re\u00adgionales y locales se cuentan por centenas de millares. Todos los d\u00edas es primavera en alguna parte del mundo. Cristo ha repartido las fe\u00adchas del calendario a su Madre con m\u00e1s abundancia y generosidad de lo que podr\u00eda pensarse. El se ha quedado con menos. Lo mismo sucede con la geograf\u00eda monumental, las galas del arte y las manifestaciones del folklore cristiano. La Iglesia no celebra ning\u00fan culto sin evocar su me\u00admoria. Su nombre no se le cae de los labios. Los libros lit\u00fargicos rebosan de himnos, c\u00e1nticos, ant\u00edfonas, prefacios, lecturas, invocaciones, llamadas y oraciones dirigidas a la Madre de Dios. Su imagen con la de Cristo preside la asamblea desde un lugar eminente del templo. Su re\u00adcuerdo aparece indisociable del de su Hijo en el mismo centro de la ce\u00adlebraci\u00f3n eucar\u00edstica.<\/p>\n<p><em>En la Iglesia primitiva <\/em>se le rinde un culto latente y embrionario. M\u00e1s que verse, se adivina. Es algo as\u00ed como un presupuesto, como una sugerencia, como un blanco al que apunta el instinto sagrado de los fie\u00adles. Los muros de arcilla de las catacumbas fueron los primeros re\u00adtablos de Mar\u00eda. Aquel arte balbuciente nos la presenta en una triple actitud: de pie, sobre la cabeza de la serpiente; con el Ni\u00f1o en brazos; y orando. Algunos arque\u00f3logos prefieren ver en esos trazos elementa\u00adles unos simbolismos de la Iglesia. Pero, aunque as\u00ed fuera,&#8217; el resultado es el mismo. La Iglesia y Mar\u00eda se identifican en el misterio. Las dos se relacionan en una serie interminable de equivalencias, semejanzas y coincidencias.<\/p>\n<p><em>Los Santos Padres <\/em>son la representaci\u00f3n m\u00e1s genuina de la infa\u00adlibilidad de la Iglesia. Son el portavoz de la tradici\u00f3n, de la teolog\u00eda, del magisterio, de la cultura y del sentir popular. Forman una verda\u00addera pl\u00e9yade doctoral, una constelaci\u00f3n enorme y luminosa en la noche del pasado. Los te\u00f3logos que intenten clarificar el misterio de Mar\u00eda, sin beber en estas fuentes, cometen un chantaje doctrinal. Las plumas de los escritores eclesi\u00e1sticos tallaron su imagen tal y como se nos ofre\u00adce en la actualidad. Podr\u00e1 cargarse el acento en un matiz, retocar un detalle, esclarecer una sombra, dar intensidad a un color o presentar una faceta inadvertida, pero, en rigor, la obra de arte sali\u00f3 del taller de los Padres perfecta, dentro de lo que cabe.<\/p>\n<p>Hoy se nos acusa de haber ca\u00eddo en la redundancia, en la hip\u00e9r\u00adbole, en el diletantismo verbal con respecto a la Virgen. No descarto la posibilidad de que alg\u00fan sector de la Iglesia haya sufrido recientemente una inflaci\u00f3n de marianismo. Lo que me ha llamado siempre la atenci\u00f3n es que los antiguos Doctores, al hablar de Mar\u00eda, olvidan su gravedad y mesura habituales y escriben de Ella bordeando a veces y cruzando a menudo la l\u00ednea de la exageraci\u00f3n y del \u00e9nfasis. El tema mariano tiene la virtud de agotar su cantera teol\u00f3gica y de desatar su vena l\u00edrica. Su literatura se hace ancha y fluvial. Sus palabras adquieren un tono c\u00e1lido y entusiasta. Razonan como sabios, sienten como creyentes, ha\u00adblan como enamorados. Y es de advertir que desde muy remotos tiem\u00adpos <em>todos los santos, canonizados o no, <\/em>adoptan indefectiblemente este mismo lenguaje emocionado, exaltado y colorista al referirse a Mar\u00eda. Esto es muy significativo. Sirve de pauta para enjuiciar la calidad y el grado de nuestro cristianismo. Sirve para medir la temperatura moral y religiosa de un bautizado y sobre todo de un conferenciante o de un escritor cat\u00f3lico. No se puede pensar en Mar\u00eda fr\u00edamente. No se puede hablar de Ella de una manera as\u00e9ptica. Al dogma mariano vivido con hondura le salen inevitablemente flecos po\u00e9ticos y musicales. El arrebato y la ternura brotan de la misma ra\u00edz y al mismo tiempo que la creencia y la devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las manos que acunaron a Jes\u00fas mecieron tambi\u00e9n la cuna de to\u00addas las <em>\u00f3rdenes e institutos religiosos. <\/em>Los Fundadores fueron unos gran\u00addes paladines de la Se\u00f1ora. Afortunadamente no hay entre ellos ninguna excepci\u00f3n que confirme la regla. La amaron apasionadamente, la defendieron bravamente, la propagaron incansablemente. Unos bauti\u00adzaron a la familia con su nombre bendito. Otros le dejaron en herencia su devoci\u00f3n para que sirviera de escudo y de bandera, de espejo <em>y <\/em>de programa. Otros la vistieron con sus colores o prendieron en el h\u00e1bito su emblema o colgaron de la cintura su rosario. Todos as\u00ed mismo lega\u00adron a sus hijos o hijas un conjunto doctrinal y un muestrario concre\u00adto de pr\u00e1cticas marianas. Y, lo que hay que gritar, aunque sea en el desierto, hicieron de la fidelidad a este legado, un\u00e1nimemente, una cuesti\u00f3n de supervivencia.<\/p>\n<p>El 99 por ciento de las <em>modernas apariciones de Mar\u00eda <\/em>han cons\u00adtituido un fraude. Fueron un fruto agusanado de la neurastenia y de la alucinaci\u00f3n, cuando no de la vanagloria o del inter\u00e9s comercial. De entre millares de estas supuestas revelaciones la Iglesia ha entresa\u00adcado, por su comprobada autencidad, unas cinco o seis, para someterlas a su aprobaci\u00f3n. Pero este acto del Magisterio no define nada, no reca\u00adba ning\u00fan tipo de obediencia. S\u00f3lo afirma la historicidad del caso y su inmunidad en materia de fe y de costumbres. Es un visto bueno, una aquiescencia, una luz verde a las celebraciones marianas que tengan lugar en el lugar o con motivo de las apariciones. Por el contrario, un documento de la Jerarqu\u00eda desaprob\u00e1ndolas p\u00fablicamente tampoco es definitorio, pero s\u00ed definitivo y concluyente y recaba una sumisi\u00f3n total en el terreno pr\u00e1ctico.<\/p>\n<p>Las epifan\u00edas marianas que han llegado hasta nosotros en el veh\u00edculo de la <em>tradici\u00f3n popular <\/em>son de una profusi\u00f3n impresionante. Cada na\u00adci\u00f3n, cada pueblo, cada lugar cuenta con uno o m\u00e1s santuarios cuya partida de nacimiento se oculta entre la niebla de los siglos. En sus or\u00ed\u00adgenes hay una mezcla indiscutible de historia y de leyenda. Arque\u00f3lo\u00adgos e historiadores pasan sin haber podido separar el trigo limpio del polvo secular. No lo lograr\u00e1n jam\u00e1s a causa de la imprecisi\u00f3n y es\u00adcasez de los datos hist\u00f3ricos. Pero esa gigantesca proliferaci\u00f3n de luga\u00adres espec\u00edficamente marianos se apoya en motivos reales, ver\u00eddicos e innegables: 1.\u00b0 Una creencia del cristianismo primitivo, profunda y universal en la Madre de Dios. 2.\u00b0 Un mayor arraigo, idealizaci\u00f3n y sublimaci\u00f3n de su figura en el cristianismo medieval. 3.\u00b0 Una cos\u00adtumbre, ya entonces generalizada, de reunirse peri\u00f3dicamente para tes\u00adtimoniarle su amor y demandar su ayuda. 4.\u00b0 Una necesidad humana de concretar su presencia invisible en una imagen visible, en un recinto amplio, levantado sobre un lugar preferido por su posici\u00f3n geogr\u00e1fica, glorioso por un hecho de armas y hasta memorable por sus reminis\u00adcencias paganas.<\/p>\n<p>En todo caso la Iglesia no apoya ning\u00fan dogma en estas apariciones, sean hist\u00f3ricas o no. No son del dominio de la fe. No aportan verdades nuevas. No son el fundamento de nuestra devoci\u00f3n y confianza en Mar\u00eda. La aprobaci\u00f3n s\u00f3lo se refiere al hecho en s\u00ed mismo: Mar\u00eda se ha aparecido&#8230; no a la forma, ni al mecanismo, ni a los fen\u00f3menos que la han acompa\u00f1ado. La aprobaci\u00f3n no es imposici\u00f3n. La Iglesia tiene m\u00e1s que de sobra con la revelaci\u00f3n divina, la tradici\u00f3n patr\u00edstica y la oraci\u00f3n lit\u00fargica. Pero las aprueba para que vivamos mejor el mensa\u00adje espiritual que contienen, para poner un amplificador a la llamada de la gracia que contin\u00faa haci\u00e9ndose o\u00edr en las peregrinaciones y santua\u00adrios, para actualizar en estos lugares privilegiados las exigencias cris\u00adtianas de <em>fe, oraci\u00f3n y conversi\u00f3n continuas. <\/em>La misi\u00f3n de Mar\u00eda en estos sitios, como en todos los dem\u00e1s, es recordamos los deseos de su Hijo y decimos: haced lo que El os diga. En este sentido las romer\u00edas y concentraciones marianas son una valiosa ayuda para expre\u00adsar nuestros sentimientos \u00edntimos, para airear nuestras ideas, para testimoniar nuestras convicciones, para contagiarnos del entusiasmo colec\u00adtivo. Est\u00e1n en consonancia con nuestra sicolog\u00eda de seres humanos sen\u00adsibles y sociales. Pero quede bien claro que no peregrinamos a los san\u00adtuarios c\u00e9lebres exclusivamente por lo que de aquella imagen nos dicen la historia y la leyenda, sino por lo que han dicho el Evangelio y la Igle\u00adsia de aquella Mujer bendita entre todas las mujeres.<\/p>\n<p><em>El arte <\/em>ha hecho de Mar\u00eda un tema casi obsesivo. No se puede doblar una p\u00e1gina de la historia de la cultura sin encontrarla all\u00ed de un modo o de otro. Su nombre va unido a las firmas de alcance mundial. Los mejores ingenios le han dedicado sus mejores creaciones. A Ella est\u00e1n dedicadas la mayor\u00eda de las catedrales, templos, bas\u00edlicas y san\u00adtuarios del mundo cristiano. Se la ve reproducida en el encaje de las piedras, en la esbelted de las columnas, en el escenario de los retablos, en la policrom\u00eda de las vidrieras, en la penumbra de las hornacinas, en la gloria de los t\u00edmpanos. Ella ha enriquecido las salas de todos los museos. Desde las miniaturas de los viejos libros lit\u00fargicos hasta las obras inmortales de la pintura renacentista, llena Ella sola una incre\u00ed\u00adble superficie de cuadros, tablas, \u00f3leos, murales y tapices. El arte rom\u00e1nico nos la presenta grave y majestuosa; el g\u00f3tico, esbelta y gra\u00adciosa; el Renacimiento, gr\u00e1cil y alada. Las lenguas romances despiertan cant\u00e1ndole coplas ingenuas y sencillas como canciones de cuna. La poes\u00eda l\u00edrica de Occidente la ha hecho con frecuencia musa de sus versos. El arte contempor\u00e1neo tiene con Ella una deuda impagable. Es el que ha recogido la antorcha del precedente en el que Mar\u00eda jug\u00f3 un papel decisivo. En este terreno ha obtenido la primac\u00eda sobre su mismo Hijo. Las preferencias de los artistas son evidentes. Y no es ninguna exageraci\u00f3n ni inversi\u00f3n de valores. Me parece l\u00f3gica esta constante propensi\u00f3n del arte al tema mariano. Porque sali\u00f3 de la fe y del coraz\u00f3n del pueblo que no se ha enga\u00f1ado nunca respecto de Mar\u00eda, porque sabe que es Ella la que trae, conserva y desarrolla a Cristo tanto en los individuos como en las sociedades; sabe que en el orden hist\u00f3\u00adrico lo primero es Mar\u00eda, despu\u00e9s viene el Se\u00f1or con su despliegue de gracia y redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>El ideal femenino encarnado en Mar\u00eda se ha apoderado del alma de los pueblos. La parte del mundo que Ella ha tocado ha quedado m\u00e1s limpia. La cultura de Europa est\u00e1 penetrada de <em>su influencia moral <\/em>m\u00e1s de lo que vulgarmente se cree. Ha estampado su impronta en ideas, usos y costumbres. Los ideales tiran de la humanidad. Y ninguno ha sido tan bello y poderoso como la concepci\u00f3n medieval de la Virgen Mar\u00eda. La mujer fue la que m\u00e1s sali\u00f3 ganando en aquella edad bronca y feroz. Gracias al influjo del ideal mariano fue lentamente dejando de ser una esclava, un juguete y un objeto. Pas\u00f3 a un nuevo plano en el que recib\u00eda el homenaje, el culto y casi la adoraci\u00f3n de aquellos hom\u00adbres de hierro. Surge con las costumbres caballerescas un nuevo sentido del honor y respeto a la mujer. Los sentimientos de hidalgu\u00eda, gentileza y caballerosidad tornan m\u00e1s suaves y refinadas las relaciones sociales. La promoci\u00f3n femenina se hizo a la mar con viento favorable. La virgi\u00adnidad consagrada fue algo as\u00ed como una invasi\u00f3n de la tierra efec\u00adtuada por gentes extra\u00f1as y valerosas, por una raza solar.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p>Mar\u00eda es el camino que quiso tomar <em>Dios <\/em>para venir al hombre; el que debe tomar el hombre para llegar a Dios. Dios comparti\u00f3 con Mar\u00eda el gozo de un Hijo com\u00fan. Hubo entre los dos un intercambio de dones absolutos. Cada uno recibi\u00f3 aquello de que carec\u00eda y aport\u00f3 cuanto ten\u00eda. En Mar\u00eda celebr\u00f3 Dios la cita convenida con el hombre, el encuentro largamente anunciado, el pacto deseado, el abrazo so\u00ad\u00f1ado. En esta tienda acamp\u00f3, en esta casa vivi\u00f3, en este templo se des\u00adpos\u00f3 con la humanidad. Sobre esta mujer \u00fanica volc\u00f3 el cofre de sus riquezas. Desde toda la eternidad madrug\u00f3 para cantarle una balada de amor. Fue el primero en recitarle una letan\u00eda de alabanzas y requiebros sustanciales. Los elogios divinos no son meros cumplidos, sino pala\u00adbras creadoras. Dios la llama y la hace: hija, esposa, madre, virgen, hermosa, impecable, santa, inmaculada, mediadora, asunta, reina&#8230; \u00bfNo hacen el rid\u00edculo los te\u00f3logos empecinados en restar mientras Dios sigue empe\u00f1ado en sumar?<\/p>\n<p><em>Cristo <\/em>da la fortuna fabulosa de su Reino a cambio de cosas vul\u00adgares y menudas: de un vaso de agua, de un frasco de perfume, de unas l\u00e1grimas femeninas, de unas palabras sinceras junto a la cruz. Sobrecoge pensar qu\u00e9 reservaba para Mar\u00eda que le dio su carne, su sangre, su vida \u00edntegra, su amor total. Y lo que es m\u00e1s importante: la escucha asidua y fiel de su Palabra y su pr\u00e1ctica incondicional. Las leyes gen\u00e9ticas dieron a Jes\u00fas cierto parecido f\u00edsico con su Madre: algunas manifestaciones de su siquismo, las inflexiones de su voz, las expresio\u00adnes familiares, los rasgos faciales, el color de los ojos o de los cabe\u00adllos&#8230; Muchos gestos espont\u00e1neos recordaban a Mar\u00eda. Pero Mar\u00eda moralmente era una copia de Cristo acabada, magistral. Jam\u00e1s un modelo ser\u00e1 reproducido con tanta exactitud. Mar\u00eda fue un puro Evan\u00adgelio viviente, una versi\u00f3n femenina de la vida de Cristo. Por lo tanto, el amor infinito de Cristo a su Madre se impone con una luz cenital. \u00bfC\u00f3mo puede haber gentes que lo pongan en tela de juicio? Solamente la duda pondr\u00eda en entredicho su divinidad y su normalidad como hom\u00adbre. Y el Evangelio empezar\u00eda a desmoronarse, como una torre de arena alcanzada por el agua del mar. Hay que creer en el amor divino y hu\u00admano de Jes\u00fas a su Madre y a partir de \u00e9l hay que interpretar algunos textos evang\u00e9licos un tanto extra\u00f1os a primera vista. Estas relaciones afectivas encajaban perfectamente en el marco de su amor al Padre y en el orden de su programa redentor. Dentro del hogar se traduc\u00edan en muestras de respeto y obediencia, de solicitud y admiraci\u00f3n, de alegr\u00eda y de cari\u00f1o. En las ausencias obligadas el recuerdo de Ella lle\u00adnaba las largas horas de su soledad humana. Somos sus hermanos ge\u00admelos, concebidos simult\u00e1neamente en el mismo seno de Mar\u00eda. En esto, como en todo, tenemos que asemejarnos a El, porque tambi\u00e9n se refer\u00eda a sus relaciones filiales cuando mandaba: \u00abejemplo os he dado&#8230; haced exactamente como yo he obrado\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>Mar\u00eda es la Madre, el tipo y el miembro principal de <em>la Iglesia. <\/em>Las dos vienen a ser como el sello y la cera, el original y la copia, la semilla y el \u00e1rbol, la miniatura y la ampliaci\u00f3n, el comienzo y el desarrollo. La Iglesia es la extensi\u00f3n y la prolongaci\u00f3n de Mar\u00eda. La sucede en el tiempo, y la expresa en la santidad. Lo que hizo Mar\u00eda con la Cabeza prosigue haci\u00e9ndolo la Iglesia con los miembros. Tal vez ser\u00eda mejor afirmar que Mar\u00eda sigue viviendo y actuando en la Iglesia. Los t\u00edtulos y prerro\u00adgativas de Virgen, Madre, Esposa, Santa, Inamaculada, Mediadora, Omnipotente en la s\u00faplica convienen a las dos, pero con distinto matiz en cada una. A Mar\u00eda, dentro de su calidad de asunta a la gloria del Reino. A la Iglesia, dentro de su condici\u00f3n de peregirna. Pero \u00abla Iglesia en Mar\u00eda ya ha llegado a la perfecci\u00f3n\u00bb. \u00abEn Ella la Iglesia admira y ensalza el fruto m\u00e1s espl\u00e9ndido de la redenci\u00f3n, l\u00e1 contempla gozosamente como una imagen de lo que ans\u00eda y espera ser&#8230; Glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es principio y muestra de lo que la Iglesia ha de ser cumplidamente en la vida futura. En la tierra precede al pueblo de Dios peregrinante, como signo de esperanza cierta y de consuelo seguro hasta que llegue el d\u00eda del Se\u00f1or&#8230;.\u00bb LG. Mar\u00eda y la Iglesia se identifican. Lo que se dice de la una se dice de la otra. Por tanto, sentir con la Iglesia es sentir con Mar\u00eda. Y vice\u00adversa. El olvido, el silencio, la apat\u00eda, la alergia, el regateo en la de\u00advoci\u00f3n a Mar\u00eda es una falta de solidaridad, una escisi\u00f3n, una rebeld\u00eda y, en definitiva, un crimen contra el amor debido a la Iglesia.<\/p>\n<p>Mar\u00eda es <em>la primera religiosa <\/em>de todas las criaturas. Como fue la primera cristiana, la primera creyente, la primera redimida, la pri\u00admera glorificada y la primera por todos los conceptos en Reino de Cristo. Fue una vida entregada, comprometida, sagrada y consagrada. Dios la marc\u00f3 por suya con su sello indeleble. Pas\u00f3 a ser su propiedad perpetua y exclusiva. S\u00f3lo El sembr\u00f3 y cosech\u00f3 aquella tierra ub\u00e9rrima. No hubo nada en Ella que no le perteneciera: ni un reflejo, ni una briz\u00adna, ni un suspiro. Su consagraci\u00f3n empez\u00f3 con el primer latido de su ser. Su libertad total y su disponibilidad absoluta nunca estuvieron en desacuerdo. Los consejos evang\u00e9licos no fueron en su vida simples ejemplos edificantes, sino las tres dimensiones m\u00e1s hondas de su exis\u00adtencia, su estilo propio, aunque copiado de Cristo, su modo original de vivir para Dios y para los hombres. La maternidad divina la coloc\u00f3 en la l\u00ednea vertical de la consagraci\u00f3n: fue una profesional del amor y de la santidad. La maternidad universal la puso en el plano horizon\u00adtal: y fue la Maestra y la Reina de ap\u00f3stoles y misioneros.<\/p>\n<p>Ella es tambi\u00e9n propiamente la <em>Fundadora de todos los Institutos <\/em>de vida consagrada. Oculta o visible, est\u00e1 en las fuentes, en los or\u00edgenes de toda familia religiosa. Al lado de su Hijo ocupa el centro en la vida de los santos Fundadores. Se\u00f1orea su mente, posee su coraz\u00f3n, palpita en sus palabras, satura sus escritos. Les inspira la forma peculiar de interpretar la doctrina y de reproducir la vida de Cristo. Les da el ca\u00adrisma espec\u00edfico. Ellos le reservan un puesto descollante en el esquema fundacional. Todos pueden repetir las palabras de una santa Fun\u00addadora: Mar\u00eda es la \u00fanica y verdadera Madre de la Compa\u00f1\u00eda. Efectivamente, Mar\u00eda hizo posible su nacimiento en la Iglesia, su difusi\u00f3n geogr\u00e1fica y su fecundidad apost\u00f3lica. La historia de cada comunidad es el relato de su capitan\u00eda y la enumeraci\u00f3n de sus favores. Los d\u00edas de esplendor de cualquier Instituto coinciden con el apogeo de su de\u00advoci\u00f3n mariana. El descenso actual de las vocaciones, la crisis que ame\u00adnaza con la extinci\u00f3n de la misma vida religiosa se simultanean tambi\u00e9n con un per\u00edodo de anemia, con un estado casi preag\u00f3nico del culto a la Madre de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p>Pero esa Madre es mi madre y esa Iglesia soy yo. El bautismo me introdujo en el seno de la Iglesia que tambi\u00e9n es el de Mar\u00eda. Estoy viviendo todav\u00eda en un per\u00edodo de gestaci\u00f3n hasta la venida de Jes\u00fas. No s\u00e9 lo que tardar\u00e1 en volver. Mientras llega debo dejar a Mar\u00eda en cuyo seno estoy que me moldee y me configure a su imagen y semejanza. Quiero permanecer en una actitud de dependencia y abandono, de escla\u00advitud y de infancia. Ella es mi alimento y mi respiraci\u00f3n. S\u00e9 que si la margino de mi vida me ahogar\u00e9, me morir\u00e9 de asfixia. Tengo que respi\u00adrar su esp\u00edritu. Ajustarme a su sistema de alimentaci\u00f3n, sincronizar mis reacciones con las suyas. Tengo que fijar mis ojos en los suyos, escuchar las pulsaciones de su coraz\u00f3n, colocar mis pasos sobre las huellas de sus pies&#8230;<\/p>\n<p>Soy una persona consagrada. Por Ella, con Ella y como Ella. En una Compa\u00f1\u00eda de la que Ella es el alma. Mi vida es una respuesta a su llamada. Mi vocaci\u00f3n es un don completamente suyo. Desde el primer momento la enarbol\u00e9 con \u00ednfulas juveniles como un estandarte. Con los a\u00f1os he visto pasar muchas aguas bajo los puentes. Hoy las aguas bajan turbias ante mis ojos h\u00famedos de melancol\u00eda. Y es que veo que arrastran una gran amalgama de despojos marianos: flores, cintas, me\u00addallas, estatuas, homenajes, t\u00edtulos y solemnidades. Lo peor de todo es que se va espesando por momentos la frialdad y el silencio en torno a Mar\u00eda. Y \u00e9stas son las consecuencias: 1.a Casi nadie llama a la puerta; la vida religiosa ha perdido atractivo. 2.a La falta de ilusi\u00f3n y la tristeza impregnan la atm\u00f3sfera comunitaria; se ha eclipsado la causa de nues\u00adtra alegr\u00eda. 3.a La desbandada; una encuesta celebrada entre los desertores confirma la inexistencia de una s\u00f3lida piedad mariana anterior a la secularizaci\u00f3n&#8230; Estoy al servicio de Mar\u00eda porque estoy al de la Iglesia. Es el amor lo que da la medida del servicio. Si no amo a la persona a quien he venido a servir no tengo ning\u00fan derecho a permane\u00adcer en una comunidad cuya raz\u00f3n de ser radica en reanudar la misi\u00f3n de Mar\u00eda en el mundo.<\/p>\n<p>Rastrear\u00e9 lo que Ella guardaba en su coraz\u00f3n para trasvasarlo al m\u00edo. Estudiar\u00e9 diariamente esta maravillosa asignatura. La prefiero a los dem\u00e1s libros de lectura y a los manuales de meditaci\u00f3n que circu\u00adlan por ah\u00ed. Ella es una Biblia vivida y vivificante, un libro de teolog\u00eda de carne y hueso que la mano de Dios se esmer\u00f3 en escribir. No hay mejor lectura para conocer el misterio de Cristo y de la Iglesia, para vivir la sagrada liturgia.<\/p>\n<p>Cuando la conozca mejor la amar\u00e9 de verdad. Y entonces lo dif\u00ed\u00adcil, no ser\u00e1 pensar, sino dejar de pensar en Ella. Los pensamientos se escapar\u00e1n para volar a sus manos, como palomas blancas. Su recuerdo \u2014lo s\u00e9 por experiencia\u2014 todo lo hace m\u00e1s f\u00e1cil. Con Ella la vida, claro est\u00e1, no ser\u00e1 un idilio, pero tampoco un canto f\u00fanebre; el pr\u00f3jimo no ser\u00e1 un cordero, pero tampoco un lobo al que hay que acorralar; el dolor no ser\u00e1 una caricia, pero tampoco un dogal; la tentaci\u00f3n no ser\u00e1 un regalo, pero tampoco una trampa. Cuando ponemos el tim\u00f3n en sus manos no descartamos la borrasca, sino el naufragio.<\/p>\n<p>Entre Ella y yo habr\u00e1 una ininterrumpida sinton\u00eda de oraciones. Mantendr\u00e9 mi dispositivo siempre abierto, pronto a funcionar, dis\u00adpuesto a transmitirle mis demandas en un momento dado. No siempre acceder\u00e1 a mis deseos concretos, pero siempre me obsequiar\u00e1 con una gracia m\u00e1s valiosa que la solicitada. Por ejemplo: la paz cuando me to\u00adque vivir en un ambiente bronco y hostil; la serenidad para cargar con un problema insoluble a la espalda; la alegr\u00eda de pertenecerle; la segu\u00adridad del triunfo final&#8230; Pero m\u00e1s que las necesidades de \u00edndole personal tendr\u00e1 mi oraci\u00f3n un objetivo m\u00e1s amplio: las de la. Iglesia y del mundo. Mar\u00eda tiene un vasto radio de acci\u00f3n, una infinita zona de influencia. Tengo que recabar de Ella que ponga algodones y sedas en las llagas de la humanidad; que distienda la tensi\u00f3n el\u00e9ctrica que se cierne sobre la Iglesia; que acelere el desenlace de su crisis actual para que cada obispo y cada sacerdote cultive apaciblemente las mieses de su pegujal.<\/p>\n<p>Si dijera que mi piedad mariana no precisa de ninguna pr\u00e1ctica externa ser\u00eda v\u00edctima de la hipocres\u00eda y la impostura. Y me delatar\u00eda como persona vac\u00eda de lo que un cristiano debe tener. No creo en una fe perpe\u00adtuamente introvertida. No creo en un amor cerrado a cal y canto, incapaz de abrir una brecha en el tapial de la clausura. Yo soy una persona sen\u00adsible y social. Necesito exteriorizar mis sentimientos, explayarlos, com\u00adpartirlos, gritarlos a los cuatro vientos. Necesito verlos en mis herma\u00adnos, contagiarme, unirme a sus voces y gestos. Ya s\u00e9 que esto no es todo, pero es parte integrante del todo. Los que, en vez de depurarlas o reemplazarlas por otras, han abandonado las viejas pr\u00e1cticas marianas han demostrado la escasa talla de su fe y el pobre voltaje de su masa cere\u00adbral. <sup>&#8211;<\/sup>Cond\u00edicta gregaria es igual a personalidad deficitaria. De todos modos los que han dejado a Mar\u00eda nunca la han pose\u00eddo. El viento de la moda se la trajo y el viento de la moda contraria se la llev\u00f3. La devo\u00adci\u00f3n est\u00e1 por encima de formas, de modas y de estilos. Doy a la palabra devoci\u00f3n su sentido primitivo de consagraci\u00f3n, de entrega, de dedica\u00adci\u00f3n y de compromiso; y no el significado superficial en que hoy se la emplea. La devoci\u00f3n es el n\u00facleo sobre el que deben girar las devocio\u00adnes. Todas las devociones, sean antiguas o sean nuevas, ser\u00e1n plausi\u00adbles, leg\u00edtimas y actuales, si gravitan en torno a la aut\u00e9ntica devoci\u00f3n o consagraci\u00f3n marianas. De lo contrario, ser\u00e1n \u00abhojas secas, estrellas errantes, nubes sin agua\u00bb.<\/p>\n<p>Mar\u00eda preside y endulza mis .horas de trabajo. Su imagen se alza delante de m\u00ed, destac\u00e1ndose con su tonalidad violeta sobre la blancura del muro. Los ojos cansados se vuelven a Ella repetidamente para re\u00adpostar ilusi\u00f3n y reanudar la tarea.<\/p>\n<p>Desde la infancia cuelga de mi cuello el dorado broquel de su meda\u00adlla. En ella pongo mis labios antes de que el sue\u00f1o me sorprenda, des\u00adpu\u00e9s que los p\u00e1rpados se han abierto a la nueva luz&#8230;<\/p>\n<p>Ya no convoca la campana a la triple cita del \u00ab\u00e1ngelus\u00bb. No im\u00adporta. Yo le recuerdo al alba, a mediod\u00eda y al anochecer el papel deci\u00adsivo que jug\u00f3 en la Redenci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>De la cabecera de mi cama pende siempre la negra y brillante geometr\u00eda del rosario. En la alta noche el silencio abre las puertas de la intimidad. La soledad es propicia al di\u00e1logo con Mar\u00eda. Al ritmo de mis pasos voy desgranando las cuentas. Prendidas en el hilo de las avemar\u00edas, saltan al aire de la meditaci\u00f3n los misterios de Cristo; las glorias, los gozos y los dolores de mi propia vida; los triunfos y reveses de la Iglesia; las mieles y las hieles de la humanidad. Mi rosario no es mon\u00f3tono. Siempre es distinto. Sobre el mismo bastidor labro un bor\u00addado diferente. Diariamente cultivar\u00e9 esas rosas en mi coraz\u00f3n; hasta que Ella quiera venir a recogerlas&#8230;<\/p>\n<p>El s\u00e1bado es su d\u00eda, el m\u00edo, el nuestro. Las f\u00f3rmulas lit\u00fargicas, siempre que es posible, nos la acercan un poco m\u00e1s. Los ojos la bus\u00adcan con m\u00e1s avidez. Los pensamientos mariposean insistentemente a su alrededor. Al final del d\u00eda no falta un obsequio que poner gentilmente en sus manos, como un peque\u00f1o ramo de flores.<\/p>\n<p>Los meses de mayo y de octubre brillan con luz propia. Las fiestas marianas despiden un aroma fuerte, peculiar que los pulmones aspiran con fruici\u00f3n. Los a\u00f1os jubilares jalonan con un estallido de emociones el camino que a Ella me lleva. Participo gustosamente en esas celebraciones masivas, en esos cultos brillantes. Me hacen vibrar en el acorde com\u00fan, sacuden convicciones, barren flojeras, despiertan entusiasmos dormidos.<\/p>\n<p>Los santuarios c\u00e9lebres tienen la virtud de un im\u00e1n. Flota entre sus muros una atm\u00f3sfera densa de humanidad y espiritualidad, de amor y de dolor. Respiro con emoci\u00f3n contenida aquel aire sobrecargado de oraciones, de besos, de cantos, de l\u00e1grimas que la fe y el amor de los pueblos han ido destilando durante siglos. Contemplo con veneraci\u00f3n la imagen acogedora de Mar\u00eda dentro de su c\u00e1mara constelada de luces y de exvotos. Me estremece pensar que sus o\u00eddos no est\u00e1n cansados de o\u00edr tantos gritos suplicantes, que sus ojos no est\u00e1n hartos de ver tan\u00adtos corazones lacerados, que sus brazos no est\u00e1n desfallecidos de ser sin respiro cataratas de gracia.<\/p>\n<p>Tomo en mis manos un libro, una revista, un folleto que me hablen del tema. Ella no ser\u00e1 perfectamente amada si no es perfectamente co\u00adnocida. Escucho con agrado a los que hablan con calor de su persona. Todo el mundo tiene algo nuevo que decirme. Guardo la idea intere\u00adsante, el pensamiento original, la explicaci\u00f3n de \u00faltima hora, la aplica\u00adci\u00f3n moderna, el enfoque actual y lo meto entre los pliegues de mi memor\u00eda, como se meten los p\u00e9talos de una flor entre las p\u00e1ginas de un li\u00adbro. Procuro que mis palabras salgan de la abundancia del coraz\u00f3n para que sean persuasivas&#8230; Quiera el cielo que sean tambi\u00e9n ardientes como brasas. Para que quemen, para que pongan al rojo al mundo que me rodea. Y ame a la \u00fanica Mujer digna de ser amada&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">&#8211; FIN DE LA OBRA &#8211;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; COMUNIDAD MARIANA Hasta hace pocos a\u00f1os se dec\u00eda que el cristianismo estaba viviendo una era mariana. Efectivamente, la devoci\u00f3n a Mar\u00eda hab\u00eda aplicado el fuego a un detonante. 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