{"id":50472,"date":"2019-10-09T08:57:03","date_gmt":"2019-10-09T06:57:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/10\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-de-signo\/"},"modified":"2019-09-09T09:23:30","modified_gmt":"2019-09-09T07:23:30","slug":"en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-de-signo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-de-signo\/","title":{"rendered":"En respuesta a tu llamada: Comunidad de signo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\">COMUNIDAD DE SIGNO<\/p>\n<p>Antes de aprender el papel que ha de interpretar es necesario que la religiosa conozca el escenario en que tiene que actuar. En las tablas del gran teatro del mundo no puede dar un paso en falso so pena de con\u00addenar su obra al fracaso. No solamente tiene, sino que es tambi\u00e9n un mensaje para el mundo. Ha de hacer la transmisi\u00f3n del mismo, no en diferido o v\u00eda sat\u00e9lite, sino en directo, personalmente. Su primera pro\u00advidencia es eliminar obst\u00e1culos e interferencias que impidan a la voz de la verdad llegar a su destinatario. Cae, pues, de su peso que tome las debidas precauciones; que sepa lo que es ese mundo en que tiene que moverse; que conozca su lenguaje, sus criterios, sus costumbres, sus lu\u00adces y sus sombras, sus fobias y sus filias&#8230; Es una especie de ciencia di\u00adplom\u00e1tica la que tiene que estudiar que garantizar\u00e1 el feliz resultado de su embajada. Saber elegir antes de su lanzamiento las mejores posiciones t\u00e1cticas y estrat\u00e9gicas es tener en sus manos la victoria por anticipado.<\/p>\n<p>En un sentido ampl\u00edsimo la <em>palabra mundo <\/em>designa el universo, el cosmos, toda la realidad creada y ante todo la realidad humana; todo el conjunto de cosas y de hechos encerrados dentro de los l\u00edmites del tiempo y de la historia.<\/p>\n<p>En un sentido m\u00e1s reducido es este planeta que navega por el es\u00adpacio; la tierra y todo aquello que en ella se contiene.<\/p>\n<p>Restringiendo a\u00fan m\u00e1s el concepto, el mundo es la humanidad, los seres racionales que pueblan la superficie de la tierra.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, el mundo, en el sentido b\u00edblico, es la misma humani\u00addad, pero como dominada por la culpa, esclavizada por el pecado; la es\u00adtirpe humana postrada por las miserias morales; todo poder contrario al poder de Dios; los hombres sujetos al poder\u00edo del maligno, sometidos a las tres concupiscencias y seguidores de las m\u00e1ximas opuestas a las de Cristo.<\/p>\n<p>La humanidad esparcida por la superficie del planeta, comparada con el cosmos, tiene materialmente unas dimensiones rid\u00edculas, casi in\u00adfinitesimales, pero su influencia espiritual alcanza a toda la creaci\u00f3n. Su perfecci\u00f3n moral embellece todo el universo. Su pecado afea y obs-\u2022 curece a toda la obra de Dios. La Biblia nos la presenta gimiendo bajo la angustia del pecacio humano, esperando con impaciencia el d\u00eda de su liberaci\u00f3n. S\u00f3lo queda exceptuada aquella porci\u00f3n de la humanidad y de la naturaleza racional que ha llegado ya al t\u00e9rminb de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este es el mundo que Dios cre\u00f3 bello y limpio, que el hombre man\u00adch\u00f3 con su culpa y que Dios, no obstante, nunca dej\u00f3 de amar. Tanto le am\u00f3 que le envi\u00f3 a su Hijo no para condenarlo, sino para salvarlo. Este es el mundo cuyo vocablo est\u00e1 cargado en la Sagrada Escritura de un matiz peyorativo, pero cuya miseria profunda tuvo la fuerza de robarle a Dios el sue\u00f1o y la Vida.<\/p>\n<p><em>Es un mundo admirable. <\/em>La creaci\u00f3n es un monumento erigido por Dios en memoria de su bondad, de su belleza y de su sabidur\u00eda. La es\u00adtrella es un rastro de su grandeza; el \u00e1tomo, una muestra de su sabidur\u00eda; la flor, un recuerdo de su belleza. El santo es el espejo de su bondad; el sabio es la prueba de su inteligencia; el h\u00e9roe, la manifestaci\u00f3n de su voluntad. El universo es un inmenso poema: la ciencia lo deletrea, el arte lo canta, la vida lo prolonga. Es verdad que Dios no nos habla, pero tambi\u00e9n lo es que todo nos habla de El. Todas las cosas, a\u00fan las m\u00e1s humildes, tienen que decirnos algo de Dios. Las obras de los hom\u00adbres son copias de las de Dios. Las suyas son siempre originales. Cual\u00adquiera de ellas contiene m\u00e1s sabidur\u00eda que todos los libros del mundo reunidos. Lo malo es que los hombres admiran la obra de Dios, la estu\u00addian, la aplauden, pero no reclaman la presencia del Autor. S\u00f3lo aplau\u00adden a los actores. Supone tal ingenio y habilidad en su elaboraci\u00f3n que a todos les preduce la impresi\u00f3n de que siempre ha estado ah\u00ed acabada y armoniosa. Los sabios, los poetas y los fil\u00f3sofos, absortos en su con\u00adtemplaci\u00f3n ni siquiera piensan en el nombre del posible artista. Pero lo que saben es bien poco, algo as\u00ed como una gota de agua. Lo que igno\u00adran es un oc\u00e9ano. Cuanto m\u00e1s avanzan, mejor se va descubriendo su vasta ignorancia. A medida que se acercan al horizonte le ven m\u00e1s lejano.<\/p>\n<p>Sin embargo, <em>los modernos avances t\u00e9cnicos <\/em>y cient\u00edficos maravillan y sobrecogen. La ciencia parece atacada de un gigantismo galopante: excava t\u00faneles y pozos profundos; remonta aviones super\u00f3nicos y na\u00adves espaciales; crea velocidades vertiginosas que aturden al hombre; fleta nav\u00edos colosales que parecen ciudades flotantes sobre la superfi\u00adcie del mar; construye m\u00e1quinas que remedian el funcionamiento del cerebro humano; levanta rascacielos que se elevan hasta las alturas de las monta\u00f1as; aumenta por millones de unidades el voltaje de las centra\u00adles t\u00e9rmicas, las energ\u00edas de los embalses y las calor\u00edas de los altos hor\u00adnos; instituye laboratorios magn\u00edficos; construye m\u00e1quinas autom\u00e1ticas, factor\u00edas poderosas, talleres enormes; aspira al dominio de la Luna, de Marte, de Venus, de nuestro sistema solar y de otras galaxias lejanas; crea la riqueza, multiplica los medios de producci\u00f3n, proporciona el lujo, extiende el bienestar, domina la enfermedad, detiene la muerte&#8230; Pero es incapaz de suprimir el dolor, de liquidar la violencia, de evitar la guerra, de impedir una l\u00e1grima, de atajar un suspiro.<\/p>\n<p><em>Es un mundo bueno. <\/em>Debemos ser optimistas. Dios cuenta con mi\u00adllones de amigos entre los hombres. La honradez, la castidad, la lealtad, la conciencia, la bondad no son solamente ideas abstractas, ni mitos in\u00adconsistentes, ni palabras que se lleva el viento. No todos los seres huma\u00adnos son residuos, desechos y basuras morales, como lloran los agore\u00adros. Hay much\u00edsimos que no doblan sus rodillas ante los \u00eddolos modernos. Ellos son los verdaderos atlantes que sostienen el mundo sobre sus hom\u00adbros. Sus brazos levantados al cielo sostienen a la humanidad para que no se desplome y se hunda en la nada. Por un santo, Dios es capaz de salvar al mundo entero. Por un justo se compromet\u00eda con Abrah\u00e1n a perdonar a la famosa Pent\u00e1polis b\u00edblica. Lo que ocurre es que a veces los buenos se cansan de serlo. Los malos son fuertes porque los buenos son demasiado d\u00e9biles. La audacia de los primeros es resultado de la co\u00adbard\u00eda de los segundos.<\/p>\n<p><em>Es un mundo unificado. <\/em>En un cuarto de siglo ha evolucionado m\u00e1s que en los veinte siglos anteriores. La bomba at\u00f3mica y los viajes inter\u00adplanetarios son saltos de gigante. Y lo que sucede en el plano cient\u00edfico ocurre en todas las dem\u00e1s manifestaciones humanas. Y esto no es m\u00e1s que el comienzo, el levantarse del tel\u00f3n. Asistimos a una inaudita su\u00adpresi\u00f3n de distancias. La prensa, la radio, la televisi\u00f3n, el avi\u00f3n, los sat\u00e9lites de comunicaciones est\u00e1n realizando una planificaci\u00f3n asom\u00adbrosa de toda la humanidad. Todos leen, ven y oyen lo mismo. Hay una masificaci\u00f3n de la sicolog\u00eda humana a escala internacional. En todo el planeta se suscitan los mismos problemas, se adoptan los mis\u00admos procedimientos, se sigue la misma moda, se difunden las mismas ideas, leyes y costumbres. El hombre se moldea a imagen y semejanza de un patr\u00f3n com\u00fan. La sociedad va adquiriendo un nivel igualitario en todos los \u00f3rdenes.<\/p>\n<p><em>Es un mundo cambiante. <\/em>Vive en un estado de perpetua transfor\u00admaci\u00f3n. Todo lo antiguo cruje, vacila y se derrumba. Lo que era v\u00e1lido hace solamente unos decenios hoy ya no sirve, se remueve y var\u00eda. Las viejas tradiciones se tambalean. Instituciones que parec\u00edan s\u00f3lidas se vienen abajo. Las ideolog\u00edas cambian tambi\u00e9n y se\u00f1alan nuevas direc\u00adciones. El hombre actual lo ha visto todo, lo ha o\u00eddo y le\u00eddo todo. Ha adquirido una nueva sensibilidad. Los viejos valores son un museo de f\u00f3siles. El feudalismo y el absolutismo est\u00e1n definitivamente muer\u00adtos. Las desigualdades sociales, los privilegios, los modos y modas de anta\u00f1o, el protocolo artificial de los palacios, las maneras de tono bur\u00adgu\u00e9s, lo aparatoso, lo superficial pertenecen al. pasado. Otros valores han ocupado su lugar. Hoy se tiende a la franqueza, a la eficacia, al estilo directo, a la sinceridad, a la brevedad, a la sobriedad, al arte des\u00adnudo que no soporta florituras ni complicaciones in\u00fatiles.<\/p>\n<p><em>Es un mundo en movimiento. <\/em>El hormiguero humano se mueve en todas direcciones. Basta pasar una hora en una estaci\u00f3n, en un puerto o en un aeropuerto para ver hasta qu\u00e9 punto ese trocito de tierra se ha convertido en la encrucijada de todos los pueblos. Las vacaciones vera\u00adniegas son un pretexto para que toda la humanidad se traslade de una parte a otra. Millones de obreros emigran en busca de un trabajo mejor retribuido. Los campesinos abandonan su puesto secular para acam\u00adpar en los suburbios de las ciudades. Las repercusiones morales, fami\u00adliares y sociales de estos hacinamientos humanos son desastrosas y en muchos casos insolubles.<\/p>\n<p><em>Es un mundo ateo. <\/em>Un cosmonauta ruso se vio comisionado por sus amos para decir que hab\u00eda encontrado el cielo vac\u00edo, que no hab\u00eda hallado a Dios en su \u00f3rbita. Otras celebridades han ironizado sobre la inutilidad de sus esfuerzos para encontrarle en el vasto campo del teles\u00adcopio, bajo la lente del microscopio o en la punta del bistur\u00ed. Se les hace dif\u00edcil a los sabios aceptar una Realidad que escapa a sus c\u00e1lculos y compases. No saben reconocerle all\u00ed donde est\u00e1, pr\u00f3ximo a ellos, dentro de ellos, d\u00e1ndoles la existencia, el movimiento y la vida. Simult\u00e1neo al ate\u00edsmo cient\u00edfico, propio de los hombres selectos, se ha extendido, como una epidemia universal, el ate\u00edsmo pr\u00e1ctico, c\u00f3modo, blando, acolchonado, de casi toda la masa del g\u00e9nero humano. En conflicto con la raz\u00f3n, Dios ha perdido la partida. La t\u00e9cnica le ha desplazado. La ciencia ha sido el punto y aparte de la fe. La materia ha hecho bo\u00adrr\u00f3n y cuenta nueva del esp\u00edritu. La religi\u00f3n de la eficacia ha suplantado a la vida en la gracia. Primero los hombres pusieron en tela de juicio la existencia de Dios. Despu\u00e9s levantaron la cortina de humo del silen\u00adcio y de la indiferencia. Por \u00faltimo infl\u00e1ndose_ como batracios decreta\u00adron su muerte.<\/p>\n<p>Es <em>un mundo materializado. <\/em>El problema se agrava con el materia\u00adlismo que corta el vuelo del alma, la clava en el suelo y le cierra el hori\u00adzonte. El dinero es el supremo criterio del quehacer humano. Ya se entiende que no es el capital, sino los pecados capitales que se sirven de \u00e9l para montar el tinglado de la farsa en la que el \u00abhambre sagrada del oro\u00bb mueve todas las figuras. Hoy en d\u00eda entre Dios y el dinero s\u00f3lo los idiotas y los h\u00e9roes eligen a Dios. A Dios no se le pierde, se le despide. Se le despide por el excesivo valor que se concede al confort, al goce, al bienestar material. Esto va en mengua de la riqueza interior. El cuerpo y el alma se balancean en sendos platillos. Cuanto m\u00e1s pesa el uno, menos pesa el otro. La dulce vida absorbe todas las energ\u00edas del hombre moderno. Lo que antes era patrimonio de unos pocos hoy est\u00e1 al alcance de todos. Aceptan el trabajo, pero codician las diversiones, el ocio d\u00e9 las vacaciones, los placeres de la mesa, de la bebida, del sexo y de la droga. Y cuando todo esto est\u00e1 fuera de sus posibilidades pulsan todas las noches el bot\u00f3n de la televisi\u00f3n y convierten su casa en una playa a donde llegan todas las olas insalubres del mundo. All\u00ed devoran con los ojos y la imaginaci\u00f3n lo que con los otros sentidos no pueden. La cosa no carece de l\u00f3gica; descartada la religi\u00f3n no hay por qu\u00e9 obli\u00adgar a las pasiones a tascar el freno. Por este camino llegar\u00e1n los hombres a matarse por el cigarrillo de mejor marca, por la fruta m\u00e1s gorda o por la mujer m\u00e1s bella.<\/p>\n<p><em>Es un mundo enloquecido. <\/em>La honradez de muchos se debe \u00fanica\u00admente a la dificultad que tienen de convertirse en bandidos. Pero las posibilidades de serlo aumentan de d\u00eda en d\u00eda. Hay un clima de locura colectiva. Los cr\u00edmenes truculentos, las muertes violentas y los procedi\u00admientos suicidas llenan las p\u00e1ginas de los rotativos. Las estafas, los ro\u00adbos, los secuestros est\u00e1n a la orden del d\u00eda y de la hora. La guerra sigue siendo el estado normal de la humanidad. El sabotaje, la violencia y la delincuencia se abaten sobre ella con la furia de las lluvias monz\u00f3nicas. La moral matrimonial est\u00e1 en quiebra. El aborto, el adulterio, el divor\u00adcio iniciaron el declive; el homosexualismo est\u00e1 escribiendo el ep\u00edlogo; el amor libre extender\u00e1 su esquela de defunci\u00f3n. Al soplo del erotismo avanza incontenible la pleamar de la mugre. La juventud en sus atrevi\u00admientos llega al extremo de saltarse a la torera todas las prohibiciones. La insolencia la desarma, el sexo la enerva y la droga la mata. La auto\u00adridad recibe desde todos los puntos el ramalazo de la rebeld\u00eda. La socie\u00addad hierve con la estridencia exasperante de la suma opulencia junto a la suma miseria. Los miserables ocupan las tres cuartas partes del pla\u00adneta. La angustia de la vida diezma la salud s\u00edquica de la raza. La ame\u00adnaza de una guerra total, de exterminio universal, es la pesadilla del d\u00eda y de la noche. Las espadas de los dos colosos de la tierra se mantie\u00adnen en alto agresivas y siniestras. El mundo est\u00e1 transido de desventura. Dir\u00edase que empieza a hacer agua. Todos los d\u00edas recauda una buena fortuna de palabras. Pero todo queda ah\u00ed, en paliativos, en fanfarria de palabrer\u00eda pomposa y altisonante. A veces, cuando estamos a solas, la tristeza y el pesimismo nos invaden y nos llenamos de a\u00f1oranzas y deseos de que el hombre civilizado no hubiera salido jam\u00e1s de su vida rupestre, de la cultura del per\u00edodo paleol\u00edtico&#8230;<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Los aguafuertes y colores de esta pintura sombr\u00eda no debe desco\u00adrazonar a ninguna religiosa. Ella est\u00e1 llamada a ser la levadura que transforme esta pobre masa del mundo. Por lo tanto ha de estar dentro de \u00e9l, no distanciada ni a un lado. Debe rechazar la f\u00e1cil tentaci\u00f3n de la hu\u00edda. Y como adem\u00e1s es una levadura consciente e inteligente tiene que conocer su contorno. En ese medio ambiente estremecido y estremecedor tiene que ser testimonio de Cristo. Para salvarle es forzoso que mantenga con \u00e9l un di\u00e1logo vivo. No puede ignorar toda esa serie de fen\u00f3menos evolutivos, morales, culturales y sociales en que se ve envuelta. De lo contrario, estar\u00eda al margen de \u00e9l y ser\u00eda un contrasigno.<\/p>\n<p><em>Qu\u00e9 siente Cristo del mundo: <\/em>1.<sup>0<\/sup> Sali\u00f3 del Padre y vino al mundo; de nuevo dej\u00f3 el mundo y se fue al Padre. Estuvo inserto en el mundo. Fue un hombre como los dem\u00e1s, salvo en el pecado. Particip\u00f3 de todos los problemas de su tiempo. 2.\u00b0 Le am\u00f3 infinitamente, incomprensible\u00admente. Su amor por el mundo fue humanamente una locura, un absur\u00addo, una exageraci\u00f3n. 3.\u00b0 Manifest\u00f3 al mundo la doctrina de su Padre. Quiso salvar a todos. A nadie excluy\u00f3. Su Evangelio no es discrimina\u00adtorio. 4.\u00b0 Muri\u00f3 por redimirle y salvarle. Dio su sangre para lavarle de sus pecados. Al morir le dej\u00f3 su cuerpo y su esp\u00edritu, su amor y su pre\u00adsencia, su Madre y su Iglesia. 5.\u00b0 Distingui\u00f3 claramente un mundo de otro. Maldijo al pecado del mundo y bendijo al mundo del pecado. Con\u00adden\u00f3 la culpa y absolvi\u00f3 a los culpables. Reprob\u00f3 el pecado y acogi\u00f3 a los pecadores. En este sentido dijo que estaba en el mundo, pero no era del mundo; que el mundo no le conoci\u00f3 ni le recibi\u00f3; que el mundo per\u00adseguir\u00eda y matar\u00eda a los suyos como lo hizo con El; y que no ped\u00eda al Padre que los sacara del mundo sino que los guardara del m4.1.<\/p>\n<p><em>Qu\u00e9 siente la Iglesia: <\/em>1.\u00b0 La Iglesia ama al mundo porque es bue\u00adno, puesto que sali\u00f3 de las manos de Dios; porque Dios le am\u00f3 hasta darle a su Hijo; porque todos sus hijos est\u00e1n en \u00e9l; porque est\u00e1 en \u00e9l, aunque no pertenece a \u00e9l, como su Fundador; porque, salvo en la culpa, todo en \u00e9l es bello, bueno, puro y amable. 2.<sup>0<\/sup> Lo quiere salvar, como Cristo cuyo mandato recibi\u00f3 y cuya herencia conserva. Se esfuerza por conseguirlo con su fidelidad al ministerio, la proclamaci\u00f3n de la pala\u00adbra y el testimonio de su santidad. 3.\u00b0 Lucha por dar a los hombres toda la felicidad temporal que es capaz de darles porque el pecado hace des\u00adgraciados a los pueblos y a las naciones. 4.\u00b0 Promueve, cultiva, bendice, aplaude y ayuda al desarrollo de los valores positivos del mundo, a todo lo que contribuya a su bienestar temporal y eterno, como la cultura, el arte, la t\u00e9cnica, el progreso, la civilizaci\u00f3n. 5.\u00b0 Intenta crear un clima donde pueda desenvolverse el hombre completo, como la paz, la convi\u00advencia, la inteligencia y las buenas relaciones de todos los pueblos de la tierra.<\/p>\n<p><em>Qu\u00e9 debe hacer la religiosa: <\/em>1.\u00b0 <em>Sentir con Cristo y con la Iglesia. <\/em>con Cristo porque se ha consagrado a El y se ha identificado con sus sentimientos. Con la Iglesia porque ella misma es Iglesia. No puede te\u00adner a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia por Madre. Y no la tiene por Madre quien no asume su Obra como propia. Pero debe identifi\u00adcarse con la Iglesia de su tiempo. En principio la Iglesia siempre sinti\u00f3 lo mismo. No ha cambiado ni puede cambiar. Pero la aplicaci\u00f3n pr\u00e1c\u00adtica del Evangelio est\u00e1 matizada y participa de la mentalidad, de la cultura, de la raza, de los lugares y de los tiempos en que tiene que ac\u00adtuar. Sus leyes disciplinares y pastorales se adaptan a las circunstan\u00adcias cambiantes. Para la religiosa existen en este sentido dos disposi\u00adciones fundamentales: obediencia a las directrices generales de la je\u00adrarqu\u00eda y cierta libertad de acci\u00f3n unida a una flexibilidad personal en los detalles y las formas concretas.<\/p>\n<p>2.\u00b0 <em>Amar al mundo. <\/em>Esto implica conocer todo lo que tiene de bueno y positivo para conservarlo, cultivarlo y hacerlo objeto de parti\u00adcipaci\u00f3n universal; distinguir lo que en \u00e9l hay de malo y negativo para combatirlo y eliminarlo; interesarse por los problemas generales y par\u00adticulares para ayudar a resolverlos. Le importa enormemente cuanto afecta al mundo porque es la obra de Dios y de los hombres, sus her\u00admanos. Nada puede ser ajeno a su coraz\u00f3n. Ella sali\u00f3 de \u00e9l y en \u00e9l quedan sus seres queridos. Si consum\u00f3 una ruptura, no fue con el mundo del pecado, sino con el pecado del mundo. \u00bfC\u00f3mo le va a purificar si le menosprecia? \u00bfC\u00f3mo le va a salvar si le odia? En una de sus apariciones, la Virgen Milagrosa ten\u00eda un globo (el pecado del mundo) bajo los pies y otro globo (el mundo del pecado) en las manos con las que le abrazaba, acariciaba e iluminaba, mientras sus labios rezaban por \u00e9l. He aqu\u00ed u\u00f1a imagen perfecta de una religiosa perfecta. Amar al pecador y odiar el pecado es lo mismo que estar en el mundo sin ser del mundo.<\/p>\n<p><em>3.\u00b0 Salvar al mundo. <\/em>Una mujer no se consagra a Dios para salvar\u00adse a s\u00ed misma, sino para salvar al mundo. Su propia salvaci\u00f3n es muy problem\u00e1tica si se inhibe de la del resto de los hombres. Ella es una mujer a quien Dios ha confiado la salvaci\u00f3n de la humanidad. Es una antorcha en cuya llama tienen las almas que ir encendiendo el cirio apagado de su fe, porque s\u00f3lo una llama puede provocar otra llama. No se puede recluir en un pesimismo paralizante por el hecho de que los hombres se pierden, sino que la certeza de que son merecedores de su ayuda debe lanzarla a gastarse por ellos. \u00bfA qu\u00e9 fin felicitarse de haber encontrado el camino que ellos buscan sin saberlo, si despu\u00e9s no se lo muestra?<\/p>\n<p><em>4.\u00b0 Ser un signo sobrenatural para el mundo. <\/em>En lugar de la pala\u00adbra signo suelen emplearse tambi\u00e9n otras que reflejan con ligeras mati\u00adzaciones parecida equivalencia, como tipo y figura, cifra y s\u00edmbolo, imagen y espejo, misterio y sacramento, testigo y testimonio. Cual\u00adquiera de ellas es v\u00e1lida teol\u00f3gicamente. El vocablo es tambi\u00e9n poli\u00advalente. Quiero decir que la religiosa es signo apolog\u00e9tico, fraternal, evang\u00e9lico, eclesial, apost\u00f3lico y escatol\u00f3gico. Sobre estos distintos puntos tratamos en otro lugar, sobre todo al hablar de la comunidad eclesial. Lo que ahora nos interesa es conocer la naturaleza y los efectos del signo sobrenatural.<\/p>\n<p>Signo es una persona o cosa que suscita el recuerdo de otra perso\u00adna o cosa con la que guarda una relaci\u00f3n. Si la relaci\u00f3n brota de la misma naturaleza de las cosas y personas o de sus afinidades y semejanzas re\u00adcibe el nombre de <em>signo natural. <\/em>As\u00ed, por ejemplo, el humo es signo del fuego; el hijo, del padre; la fotograf\u00eda, del original; la esfera, del mun\u00addo, etc.<\/p>\n<p>Si la relaci\u00f3n es puramente arbitraria, impuesta desde fuera, con\u00advenida, aceptada de com\u00fan acuerdo, pero sin ning\u00fan fundamento real, se llama <em>signo convencional. <\/em>As\u00ed la bandera es signo o s\u00edmbolo de la pa\u00adtria; la rosa, del amor; el laurel, del triunfo; la palma, del martirio; el billete de banco, del dinero, etc.<\/p>\n<p>El signo de que aqu\u00ed tratamos es de un orden distinto, superior, <em>sobrenatural. <\/em>En \u00e9l hay que distinguir tres cosas: el signo propiamente dicho, el significado y la relaci\u00f3n entre ambos. El signo debe ser siempre perceptible para el hombre; el significado es indudablemente de una ca\u00adtegor\u00eda espiritual y trascendente; y la relaci\u00f3n entre los dos, y esto es lo m\u00e1s importante, no pertenece al orden de la raz\u00f3n humana, sino a la libre disposici\u00f3n de la voluntad divina. Dicho con m\u00e1s claridad y amplitud, esta relaci\u00f3n no cae bajo el campo sensorial e intelectual del hombre, ni siquiera bajo el dominio de su conciencia, sino que es objeto de su entendimiento iluminado por la fe y de su voluntad ayudada por la gracia.<\/p>\n<p>Un ejemplo cl\u00e1sico: Cristo. El es signo o imagen sustancial del Pa\u00addre. Su Persona era visible y hasta palpable para sus contempor\u00e1\u00adneos. El significado por El era Dios, una realidad trascendente, en el que todos ellos cre\u00edan. Pero la relaci\u00f3n entre Cristo y Dios, aunque algunos la aceptaron y la defendieron con su vida, la mayor\u00eda, y con igualdad de oportunidades, no solamente no la vio ni la reconoci\u00f3, sino que la rechaz\u00f3 violentamente. Y lo que decimos de Cristo con respecto al Pa\u00addre, lo afirmamos de la Iglesia con relaci\u00f3n a Cristo y lo repetimos de la religiosa respecto de la Iglesia. En consecuencia, el signo sobrenatu\u00adral no es algo evidente, incuestionable, perfectamente inteligible. Si as\u00ed fuera, todo el mundo se plegar\u00eda a sus exigencias y se rendir\u00eda a la fe con la convicci\u00f3n que proporciona la evidencia. Por el contrario, es algo mis\u00adterioso, oculto, sacramental. Para llegar a \u00e9l y comprenderle, se precisa siquiera sea confusamente, una limpia honradez intelectual y una buena voluntad exenta de prejuicios y d\u00f3cil al manejo de la gracia divina.<\/p>\n<p><em>Condiciones para ser signo. <\/em>Para que una religiosa sea signo ver\u00addadero de la Iglesia y de Cristo ha de gozar de una vivencia espiritual adecuada a lo que quiere significar, una inserci\u00f3n en esas realidades so\u00adbrenaturales como soporte de un exterior caracter\u00edstico que suscita la sorpresa y promueve la admiraci\u00f3n. Un porte ostensible, diferenciado, que cautiva la atenci\u00f3n, sin una adecuaci\u00f3n \u00edntima con las ense\u00f1anzas que preconiza es una flagrante hipocres\u00eda. Y una perfecta afinidad con Cristo sin un notorio estilo de vida que la encuadra es un tesoro inser\u00advible, una riqueza improductiva para el mundo circundante. No tiene raz\u00f3n de signo, de se\u00f1al, de faro, de bandera, de reclamo y testimonio p\u00fablico. Es una voz que clama en el desierto, una corriente de agua soterrada que no se oye.<\/p>\n<p>El h\u00e1bito, la vida en com\u00fan, la moderaci\u00f3n, la sobriedad, un dis\u00adcreto alejamiento del mundanal ruido junto con una simpat\u00eda contagio\u00adsa, una alegr\u00eda resplandeciente y una fuerte proyecci\u00f3n apost\u00f3lica reviste un poderoso magnetismo, que ofrece al mundo como una sor\u00adpresa, como un interrogante. El resto es asunto de Dios. La libertad humana podr\u00e1 cerrarle la puerta de entrada, pero la religiosa ha lle\u00adnado su cometido haciendo funcionar los resortes sicol\u00f3gicos que pueden predisponer al hombre favorablemente.<\/p>\n<p>Pero una religiosa sin ning\u00fan distintivo en el atuendo que acredite su consagraci\u00f3n; que asiste a los espect\u00e1culos p\u00fablicos, a las reuniones mundanas, a los lugares fr\u00edvolos; que utiliza los recursos de la moda y los productos de tocador para embellecerse y agradar, por mucha intimi\u00addad con Dios que se imagine tener, es un antitestimonio manifiesto. Para los que no la conocen pasa desapercibida, y con ella, su mensaje divino. Los que la conocen sienten ante ella la curiosidad que tiene un ni\u00f1o ante la jaula de un parque zool\u00f3gico. Si es que no se llevan el dedo \u00edndice a las sienes a espaldas suyas. Los m\u00e1s atrevidos, para echar\u00adle m\u00e1s sal y pimienta al asunto, la felicitar\u00e1n ir\u00f3nicamente por su va\u00adlent\u00eda, por su magn\u00edfica presentaci\u00f3n en sociedad, por su liberaci\u00f3n de prejuicios arcaicos. Y hasta puede ser que se insin\u00faen sutilmente, aun\u00adque s\u00f3lo sea para tantear el terreno que pisan. Es claro que la mujer ha cometido un error de t\u00e1ctica. Ha inventado una versi\u00f3n muy personal de la vida consagrada para su uso particular, la ha llenado de acomo\u00addos, argucias y sutilezas y ha terminado por no vivir en funci\u00f3n de lo que es, ha empalidecido su testimonio y le ha puesto delante una pantalla para que el mundo no lo pueda ver. Una absoluta esterilidad apost\u00f3lica ser\u00e1 el balance de su actitud.<\/p>\n<p><em>Tentaciones f\u00e1ciles. <\/em>1.a A la hora de dar testimonio puede filtrar\u00adse en el coraz\u00f3n de la religiosa un deseo desmedido de <em>que el mundo la reconozca, <\/em>la considere y la respete de un modo dir\u00edamos p\u00fablico y ofi\u00adcial, porque representa un valor social. Esta tentaci\u00f3n se manifiesta en la inquietud por el \u00e9xito, por la estimaci\u00f3n y por la gratitud; por esa especie de amargura que la hace enojarse, mostrarse severa con los que le niegan el aprecio que cree que merecen ella y su comunidad. Aun\u00adque este af\u00e1n de estima tiene sus ra\u00edces sicol\u00f3gicas, es diametralmente opuesta al esp\u00edritu de Cristo que vino simplemente a servir, sin ning\u00fan g\u00e9nero de recompensa. El afecto y la gratitud son una recompensa a la que no tiene derecho.<\/p>\n<p>2.a La segunda tentaci\u00f3n es la agitaci\u00f3n, la efervescencia, los pro\u00adyectos y <em>realizaciones espectaculares. <\/em>De hecho se trata, de un modo inconsciente quiz\u00e1, de destacar, de darse a conocer. Tal alarde de celo se hace bajo el pretexto de que hay que dar testinionio, hacer se\u00f1ales, ser signo de Dios entre los hombres. Excelente intenci\u00f3n si se hace re\u00adsaltar que el signo eficaz, el que produce impacto no es el deseo de so\u00adbresalir, sino el hecho de poseer una personalidad adulta y profunda llena de vida divina desde la base del ser hasta la periferia. Entonces la religiosa ser\u00e1 signo de por s\u00ed, espont\u00e1neamente, sin necesidad de pro\u00adpaganda publicitaria, sin tener que aparecer como un tabl\u00f3n de anuncios, un torbellino que todo lo agita.<\/p>\n<p>3.a La tercera es el ansia de actuar para manifestar a todos <em>que no es un ser in\u00fatil a la sociedad en que vive; <\/em>es comprometerse resuelta\u00admente en los sectores humanos que hoy polarizan la atenci\u00f3n: acci\u00f3n social, ciencias humanas, tercer mundo, campa\u00f1as culturales, libera\u00adci\u00f3n de los oprimidos, presencia en todos los campos de batalla del mun\u00addo moderno. Es verdad que hay que hacer algo so pena de no ser m\u00e1s que mujeres de buenas palabras, que dicen y no hacen. Pero no es eso lo esencial. El compromiso temporal sin el compromiso divino es una pura ilusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Su utilidad para la ciudad terrena tiene que ser id\u00e9ntica a la de Cristo. Consagrado por el Padre fue enviado para una misi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica. Inmediatamente se puso al servicio de los hombres. Fue un servi\u00adcio desinteresado, tenaz y obstinado a pesar de la contradicci\u00f3n y el re\u00adchazo de aquellos a quienes ven\u00eda a servir. Jes\u00fas fue un incomprendido. Sus contempor\u00e1neos intentan explotarlo, servirse de su poder, de su ascendiente. Esperan milagros \u00fatiles, solicitan los mejores puestos del Reino, le quieren hacer entrar en sus combinaciones, hacerle su aliado por lo menos simpatizante. El rechaza todas las alianzas que le propo\u00adnen. Y es entonces cuando fallan que \u00abconviene que muera un hombre por todo el pueblo^. Esta frase parece el acta de un fracaso. Jes\u00fas no ha querido serles \u00fatil tal y como ellos pensaban y quer\u00edan. 1<sup>&#8211;<\/sup>1a repudiado el \u00e9xito f\u00e1cil que una conducta acomodaticia le hubiese podido pro\u00adporcionar. Ni es un demagogo que seduce a las masas, ni un ambicioso que busca la gloria y el poder. Est\u00e1 por encima de lo que de El esperan. Les da, no lo que ellos piden, sino lo que necesitan: eso que el Evange\u00adlio resume en una frase: el Reino de Dios.<\/p>\n<p>Como testigo de Cristo, la religiosa no tiene otra trayectoria que seguir. Tiene que ser su signo y su testimonio porque \u00e9sto es lo que constituye el car\u00e1cter irrecusable y permanente de su vida consagrada. Pero ha de serlo, no como una especie de supercristiana que descuella y sirve de modelo a los dem\u00e1s, sino como una cristiana sencilla que vive profunda y radicalmente su bautismo. Esta aparente ant\u00edtesis de no tratar de dar testimonio y, sin embargo, serlo aut\u00e9nticamente, se su\u00adpera recordando que la religiosa no representa ning\u00fan personaje, sino que es el personaje mismo. La mujer que representa un personaje es una actriz que aprende su papel, lo ensaya, se maquilla ante el espejo de su camerino y act\u00faa ante el p\u00fablico como mejor sabe. La religiosa es el personaje mismo, no necesita aprender ni ensayar nada, habla y se mueve espont\u00e1neamente, con naturalidad. La religiosa no representa a Cristo; lo es. Tiene entonces que dejar que Cristo se difunda, irradie y resplandezca por s\u00ed mismo, sin preocuparse de adoptar actitudes, tomar posturas y buscar eficacia. Recu\u00e9rdense al fariseo y publicano de la par\u00e1bola. El primero pretende dar testimonio y lo que le sale es un sarcasmo, una parodia, una comedia del peor g\u00e9nero. El segundo vive sinceramente su estado de \u00e1nimo; dice lo que siente y siente lo que dice: es un verdadero testigo de la bondad de Dios.<\/p>\n<p>Se ha comprobado la ineficacia de tantos discursos, argumentos, libros, grupos y movimientos sociales montados para la galer\u00eda. To\u00addas estas pruebas no impresionan ya. Dios sigue siendo el gran ausente del mundo. Es necesario que haya hombres pecadores, mujeres d\u00e9biles que digan y proclamen que han encontrado a Dios, pese a sus debilida\u00addes humanas; que lo digan a su manera, como quien conf\u00eda un secreto abrumador, una alegr\u00eda \u00edntima o un amor naciente; que lo proclamen con sus vidas sencillas sin florituras ni artilugios; que hagan estas confidencias t\u00edmidamente, torpemente, con palabras balbucientes, casi sin pretenderlo&#8230; He aqu\u00ed el testimonio que espera de la religiosa el mundo de hoy. No lo quiere organizado, persuasivo; lo quiere aut\u00e9n\u00adtico, fraternal.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>La religiosa pertenece a dos mundos: al de Dios y al de los hom\u00adbres, al cielo y a la tierra. Dios es la raz\u00f3n de su ser y de su forma de ser. Un contacto con El sin soluci\u00f3n de continuidad es para ella cues\u00adti\u00f3n de vida o muerte. Los hombres son sus hermanos para cuyo servi\u00adcio el Se\u00f1or la necesita. Si se deja absorber excesivamente por ellos corre el peligro de perder de vista su centro vital. Si se sumerge total\u00admente en la contemplaci\u00f3n de la divinidad su testimonio evang\u00e9lico o dejar\u00e1 de existir o perder\u00e1 efectividad. Se impone el equilibrio, la armon\u00eda y la unidad de vida.<\/p>\n<p>Por otra parte, ella es una mujer de su tiempo. No puede renunciar a su feminidad. Todas las conquistas femeninas compatibles con su es\u00adtado le pertenecen. Ha de ser una mujer plena y cabal. Dice Le\u00f3n Bloy que una mujer cu\u00e1nto m\u00e1s santa, m\u00e1s mujer. O sea que s\u00f3lo a con\u00addici\u00f3n de ser santa ser\u00e1 exquisitamente femenina, desarrollar\u00e1 sus mara\u00advillosas cualidades, influir\u00e1 en el mundo, le salvar\u00e1. S\u00f3l\u00f3 con esta condi\u00adci\u00f3n podr\u00e1 esquivar el escollo de un falso misticismo y el riesgo de la secularizaci\u00f3n que hoy constituye una seria amenaza. En ambas contin\u00adgencias quedar\u00eda obscurecido su car\u00e1cter de signo.<\/p>\n<p><em>Sacralizaci\u00f3n <\/em>es el hecho de ordenar hacia Dios todas las reali\u00addades terrestres. Es admitir a Dios como gobernando directamente al mundo y dirigiendo todos los pasos del hombre hacia su eterno destino. Es hacer a Dios presente y actuando en medio de nosotros. Es una re\u00adnuncia absoluta a los valores humanos para sustituirla por la confianza total en los planes divinos, en sus esquemas revelados por las leyes na\u00adtural y divina y por las estructuras eclesi\u00e1sticas aceptadas libremente por el hombre. La sacralizaci\u00f3n da la m\u00e1xima importancia a la fe, a la reli\u00adgi\u00f3n, al orden sobrenatural y guarda un inter\u00e9s muy relativo para los valores humanos, como la ciencia, la t\u00e9cnica, la investigaci\u00f3n, la filo\u00adsof\u00eda, etc. Hist\u00f3ricamente \u00e9ste es el sistema por el que se ha regido la sociedad hasta poco menos de dos siglos. Las instituciones y estructuras eclesi\u00e1sticas influ\u00edan y dominaban todos los estamentos de la sociedad. Lo mismo se puede decir de las dem\u00e1s religiones fuera de la cristiana.<\/p>\n<p><em>Secularizaci\u00f3n <\/em>es todo lo contrario. Proclama la soberana digni\u00addad de la persona humana. Reconoce como absolutos sus valores. Afir\u00adma la autonom\u00eda de su inteligencia y de su voluntad. Da por sentada la directa e inmediata intervenci\u00f3n humana en la marcha y evoluci\u00f3n del mundo. Tiene fe en la bondad sustancial de las cosas terrestres. Las relaciones con el mundo trascendente, si es que existe, son asunto es\u00adtrictamente privado, reservado e individual. En este asunto el hombre social no entiende nada, no puede hacer nada, no es llamado a intervenir en nada. Rechaza rotundamente una sociedad dominada por la influen\u00adcia, las costumbres, las instituciones sagradas. Aboga, por lo tanto, por un mundo desacralizado, profano y secular.<\/p>\n<p>En las dos concepciones hay elementos aceptables y posturas inadmisibles. En la sacralizaci\u00f3n hay unos supuestos que es necesario desmontar, como la subestimaci\u00f3n de los valores humanos que mini\u00adminiza con exceso; la desconfianza en el gobierno del hombre por el hombre; la intervenci\u00f3n directa, inmediata, casi fatalista, de Dios en todos los asuntos humanos; cierta visi\u00f3n del mundo que rezuma mani\u00adque\u00edsmo. La secularizaci\u00f3n aporta much\u00edsimos valores positivos, pero hay que descalificar algunas de sus tendencias: las palabras mundo y siglo tienen un sentido que se opone al Evangelio y otro que no le contradice; no se puede negar ni siquiera prescindir de la presencia de Dios en el mundo. La sociedad tiene obligaci\u00f3n de aceptar los derechos divinos fundamentales. No se puede dar al hombre una absoluta auto\u00adnom\u00eda moral. Es necesario reconocer una cierta intervenci\u00f3n divina en la historia humana tanto colectiva como individual. Hechas estas salvedades hoy por hoy se va extendiendo la secularizaci\u00f3n de la socie\u00addad como un hecho que parece irreversible. Todos lo ver\u00edamos con buenos ojos si no propendiera, por su propio peso de gravedad, a la in\u00adterpretaci\u00f3n atea, materialista, hedonista y racionalista de la vida hu\u00admana.<\/p>\n<p>Dado que la sociedad est\u00e1 en v\u00edas de secularizaci\u00f3n, \u00bfes conveniente que la comunidad religiosa se vaya tambi\u00e9n secularizando? Para esta pregunta hay una sola respuesta: rotundamente, no. Precisamente es ella la que tiene que llevar a Dios a un mundo secularizado. Adaptar\u00adse y renovarse no es secularizarse. Claro est\u00e1 que para dejarse entender del mundo secularizado tiene que aceptar el hecho de que es \u00e9so, un mundo desacralizado y profano y por tanto necesita dar a su lengua\u00adje un matiz actual, contornear suavemente las formas externas, moder\u00adnizar los procedimientos y disponer de una voluntad flexible y clarifi\u00adcadora. As\u00ed podr\u00e1 colocar a Dios all\u00ed de donde ha sido echado. Pero de \u00e9sto a adoptar sin discriminaci\u00f3n todos los criterios de una mentalidad secularizada hay un abismo insalvable.<\/p>\n<p>Vida consagrada y vida secularizada son dos t\u00e9rminos antit\u00e9ti\u00adcos. La religiosa es una mujer sagrada, consagrada. La consagraci\u00f3n penetra todo su ser y todas las formas de su ser. De toda su persona trasciende un olor a Cristo. No puede hacerse de ella una mujer como otra cualquiera. Con el pretexto de integrarla en el ambiente en que tiene que moverse y con el fin de conocer y manejar mejor los resortes de su apostolado no pueden borrarse alegremente las diferencias que existen entre ella y la mujer seglar, entre una mujer corriente y una comprome\u00adtida, llamada por Jesucristo a seguirle en pobreza, castidad y obedien\u00adcia. Ella es la sal de la tierra. Las palabras de Jes\u00fas son v\u00e1lidas para todos los tiempos. Si la sal se vuelve ins\u00edpida no vale para otra cosa, sino para ser arrojada y pisoteada. Se halla en el terrible dilema de o conseguir su plena dimensi\u00f3n religiosa o convertirse en una caricatura, en un ser deforme que s\u00f3lo inspira repugnancia.<\/p>\n<p>Una comunidad es la suma de sus componentes. Frente al problema de la secularizaci\u00f3n el conjunto debe tomar la misma actitud que cada una de sus partes. Mirar alborozada y optimista las innegables venta\u00adjas que reporta a la sociedad y al mismo tiempo desconfiar de su enorme poder de seducci\u00f3n que arrastra fatalmente a extremismos condenables. Por de pronto debe lamentar que la secularidad se deslice casi siempre por la rampa del secularismo, o sea, de la explicaci\u00f3n naturalista del hombre y del mundo. Es necesario que tenga en cuenta, as\u00ed mismo, que la necesaria renovaci\u00f3n y adaptaci\u00f3n a los tiempos actuales no significa la desmitificaci\u00f3n de la vida religiosa, como si \u00e9sta, encerrada en su cris\u00e1lida, fuera incapaz de comprender al hombre del siglo XX. Ruptura y continuidad. He aqu\u00ed, resumido en dos palabras, un buen programa de renovaci\u00f3n. Ruptura con las f\u00f3rmulas estrechas, r\u00edgidas, oxidadas que impiden estar m\u00e1s cerca del mundo. Continuidad en los presupuestos evang\u00e9licos de la vida religiosa, en su esp\u00edritu fundacional y en las estructuras esenciales. Lo mudable, circunstancial e hist\u00f3rico debe ser objeto de revisi\u00f3n. Lo dem\u00e1s es intangible porque constituye el sistema \u00f3seo, nervioso y circulatorio del cuerpo del Instituto.<\/p>\n<p>As\u00ed como en el mundo la secularizaci\u00f3n propende al ate\u00edsmo pr\u00e1c\u00adtico en la comunidad conduce a la extinci\u00f3n de la vida consagrada. Con pretextos renovadores las extremistas causan efectos demoledores. Convierten la adaptaci\u00f3n superficial en un cambio radical. En su af\u00e1n de modernizar su congregaci\u00f3n acaban por encontrar el dogal con el que quedar\u00e1n estranguladas. V\u00e9ase una interesante antolog\u00eda de las propues\u00adtas y aspiraciones que presentan para actualizarla:<\/p>\n<p>Supresi\u00f3n del h\u00e1bito y de la vida en com\u00fan para insertarse mejor en el medio ambiente social.<\/p>\n<p>M\u00e1s que colegialidad, democratizaci\u00f3n total de la gesti\u00f3n comu\u00adnitaria.<\/p>\n<p>Libertad personal para adquirir compromisos apost\u00f3licos y so\u00adciales.<\/p>\n<p>Posibilidad de estar presentes en los ambientes mundanos que pa\u00adrezcan oportunos, como clubs, cines, playas, etc.<\/p>\n<p>Autonom\u00eda para organizar su tiempo libre y sus vacaciones.<\/p>\n<p>El \u00fanico criterio de obediencia son las razones que alegue la au\u00adtoridad.<\/p>\n<p>No hace falta seguir enumerando las teor\u00edas peregrinas y secula\u00adrizantes que suponen sus conclusiones relativas a la vocaci\u00f3n temporal, a las relaciones con la familia natural, al amor humano, a la oraci\u00f3n, al trabajo y a la misma administraci\u00f3n comunitaria&#8230; Alegan que para dialogar con el mundo hay que ponerse a su nivel. Pero por el sistema que han elegido, cuando lo consigan, han ido perdiendo por el camino el ideal, la vocaci\u00f3n, la decencia y hasta la honradez. Efectivamente se han colocado, como pretend\u00edan, al nivel del mundo.<\/p>\n<p>\u00abLa vida religiosa es signo de la presencia de Cristo en la tierra, manifestaci\u00f3n de la Iglesia y revelaci\u00f3n de la vida celestial.\u00bb Quien ve a una religiosa ve a la Iglesia; quien ve a la Iglesia ve a Cristo; quien ve a Cristo ve el Padre. Ella es el primer eslab\u00f3n de la cadena, el primer pelda\u00f1o de la escala, la primera letra del alfabeto. Es un misterio en el que se contienen todos los dem\u00e1s. Pero es eso: un misterio de fe y de amor. Nunca podr\u00e1 ser descifrada del todo. Nunca ser\u00e1 comprendida por todos. El mundo se preguntar\u00e1 siempre por la raz\u00f3n de su existen\u00adcia, y no la encontrar\u00e1. Y la tildar\u00e1 de absurda, de nada razonable. Y pensar\u00e1 la verdad. De tejas abajo la vida religiosa no es razonable. Cuando todo el mundo la encuentre completamente l\u00f3gica y trans\u00adparente es que ha perdido su car\u00e1cter de signo; es decir, que habr\u00e1 desaparecido. Ya podr\u00e1n entonces todas las consagradas del mundo lan\u00adzar su llanto sobre el cuenco de sus manos y llorar cobardemente lo que valientemente no supieron defender. No, no es el mundo, sino Cris\u00adto el que tiene que decirles lo que tienen que ser y c\u00f3mo tienen que ac\u00adtuar. No pueden aceptar m\u00e1s que lo que tenga una ejecutoria evan\u00adg\u00e9lica. El mundo secularizado, en su intento de hacerlas a su imagen y semejanza s\u00f3lo conseguir\u00e1 sacar las aguas de su cauce. Ellas empe\u00adzar\u00e1n a dudar de s\u00ed mismas. La duda se har\u00e1 cada d\u00eda m\u00e1s afilada y cor\u00adtante y terminar\u00e1 partiendo sus vidas por medio como una guillotina.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COMUNIDAD DE SIGNO Antes de aprender el papel que ha de interpretar es necesario que la religiosa conozca el escenario en que tiene que actuar. 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