{"id":50437,"date":"2019-09-11T08:57:03","date_gmt":"2019-09-11T06:57:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/09\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-vicenciana\/"},"modified":"2019-09-09T09:01:43","modified_gmt":"2019-09-09T07:01:43","slug":"en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-vicenciana","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-vicenciana\/","title":{"rendered":"En respuesta a tu llamada: Comunidad vicenciana"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\">COMUNIDAD VICENCIANA<\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad son unas mujeres seglares que viven en comunidad, consagradas al servicio de Dios en la persona de los Pobres.<\/p>\n<p><em>Son mujeres. <\/em>La mujer tiene unas enormes posibilidades frustra\u00addas durante siglos por unas limitaciones sociales de todo punto injus\u00adtas. San Vicente tiene conciencia de la carga de prejuicios que la ahoga y se apresta a la lucha para derribarlos. Est\u00e1 sentado ante el telar de la historia para urdir las primeras figuras femeninas extrovertidas, au\u00addaces, apost\u00f3licas. Le va a costar jubilar un pasado acartonado de ri\u00adgideces jur\u00eddicas. Pero el tiempo en que vive es un poderoso aliado. En el aire del Renacimiento flotan ideas frescas y renovadoras. El ser\u00e1, sin pretenderlo, uno de los grandes pioneros de la emancipaci\u00f3n feme\u00adnina. Los siglos posteriores ver\u00e1n asombrados a la mujer soltarse las \u00faltimas amarras de su insularismo secular.<\/p>\n<p>11 de julio de 1657. Ante una nutrida asamblea de auxiliares y colaboradoras de sus obras de caridad, San Vicente suelta a volar las palomas de unas palabras nuevas: Deb\u00e9is abrigar el temor de que es\u00adtas obras lleguen a hundirse y a deshacerse en vuestras manos. Ser\u00eda una gran desgracia, tanto mayor cuanto que la gracia de Dios, al emplearos en ellas siendo mujeres, es desusada, nueva y excepcional. Hace m\u00e1s de 800 a\u00f1os que l\u00e1s mujeres no tienen ning\u00fan oficio o cargo p\u00fablico en la Iglesia. En un principio exist\u00edan las diaconisas que se ocupaban de las personas de su sexo en las asambleas cristianas y las instru\u00edan en los ritos que estaban&#8217; en pr\u00e1ctica por entonces. Pero &#8216;en tiempo de Carlomagno, por un designio secreto de Dios, dej\u00f3 de existir para la Iglesia esta colaboraci\u00f3n femenina. Las v\u00edrgenes consagradas desaparecieron tras la clausura y vuestro sexo estuvo privado de todo empleo o funci\u00f3n p\u00fablica. Que yo sepa, no ha vuelto a tener ninguna otra mi\u00adsi\u00f3n oficial. Pero hoy estamos viendo que la Providencia divina se ha dirigido a vosotras, os ha elegido para suministrar a los pobres todo lo que les falta. Muchas han respondido a la llamada de Dios. M\u00e1s tarde han venido otras para sumarse a las primeras. Dios os ha cons\u00adtituido madres de los ni\u00f1os abandonados, directoras de los hospitales, encargadas de los pobres de Par\u00eds, distribuidoras de las limonas en pro\u00advincias, salvadoras de las innumerables v\u00edctimas producidas por la guerra y las calamidades p\u00fablicas. Hasta ahora hab\u00e9is respondido, gra\u00adcias a Dios, con el ardor y la firmeza que se esperaba de vosotras. Pero tengo miedo de que las cosas vayan por otro camino&#8230;<\/p>\n<p>La Compa\u00f1\u00eda fue, desde su amanecer, una escuela de promoci\u00f3n femenina en todos los campos. Primero, al abrir las puertas de la vida comunitaria a unas aldeanas carentes de toda cultura a quienes no se ped\u00eda, para ingresar, otra cosa que la firme voluntad de servir a los pobres y de vivir hermanadas unas con otras. Pero despu\u00e9s, lenta e in\u00adsensiblemente, se las va liberando de su ignorancia, de su analfabetis\u00admo. Poco a poco las aspirantes aprenden a leer y a escribir, saludan la ciencia de los n\u00fameros, se ejercitan en todo g\u00e9nero de tareas y labo\u00adres femeninas, dominan el catecismo, ense\u00f1an a los ni\u00f1os de la escue\u00adla, a las muchachas, a los adultos. Y todo ello, dec\u00eda San Vicente, porque ten\u00edan que ser \u00fatiles en todo para el pueblo.<\/p>\n<p>Institucionalmente est\u00e1 sin explotar todav\u00eda el enorme caudal emotivo de la mujer. San Vicente pone al servicio de la Iglesia y de la sociedad la riqueza afectiva que de ella se desborda. \u00abVosotras sois ante todo verdaderas madres. Los pobres todos, los ni\u00f1os particu\u00adlarmente, son vuestros hijos. Yo s\u00e9 de una compa\u00f1era vuestra que les ten\u00eda tanto afecto que no perdonaba trabajos ni penas por ellos, hasta llegar a tenerlos en sus brazos durante noches enteras por carecer de cunas&#8230; S\u00ed, a veces encontrar\u00e9is placer en cuidarlos de tanto como los quer\u00e9is. \u00a1Oh!, hijas m\u00edas, nunca podr\u00e1 ser excesivo este afecto. Estad seguras que no ofend\u00e9is a Dios por amarlos demasiado puesto que son vuestros hijos.\u00bb<\/p>\n<p>Muchas de aquellas humildes campesinas llegaron a ser figuras destacadas en el gobierno de la Comunidad, en la direcci\u00f3n de los hospitales y centros ben\u00e9ficos, en la organizaci\u00f3n de las Caridades, en la aportaci\u00f3n misionera, en las mejoras sociales de su tiempo. La his\u00adtoria nos ha conservado el retrato de muchas Hermanas que por su val\u00eda adquirieron un relieve extraordinario. A causa de su fina sensi\u00adbilidad, de su honradez, de su capacidad organizadora y administrati\u00adva, San Vicente las prefer\u00eda a los hombres. \u00abLa experiencia nos hace ver que es absolutamente necesario que las mujeres se independicen de los hombres, sobre todo en los asuntos referentes a la bolsa&#8230; Des\u00adconf\u00edo de esa caridad en la que los hombres andan mezclados&#8230;\u00bb No es menester hacer resaltar el salto gigantesco que supone la promoci\u00f3n de la mujer emprendida audazmente por San Vicente si se tiene en cuenta el contexto cultural, social y religioso de aquel siglo XVII que fue el marco de sus grandes realizaciones.<\/p>\n<p><em>Son mujeres seglares. <\/em>Las Hijas de la Caridad surgieron del lai\u00adcado parroquial femenino y llevan el sello de secularidad desde su naci\u00admiento. Ni los votos ni la vida en com\u00fan afecta para nada a su condi\u00adci\u00f3n de seculares. Es su marca de f\u00e1brica. Est\u00e1 consignada en su partida de nacimiento. Si en el decurso de los a\u00f1os se les fueron \u00abpegando\u00bb adherencias extra\u00f1as de tipo religoso-jur\u00eddico, hoy son las primeras en lamentarlo y en intentar sacudirse de ese sarpullido monjil.<\/p>\n<p>Con el nombre de Hermanas de la Cofrad\u00eda de la Caridad se de\u00adsignaba a las damas de la nobleza que dirig\u00edan las Caridades estableci\u00addas por San Vicente en distintas provincias de Francia. Estas se\u00f1oras ten\u00edan a su servicio en cada parroquia donde funcionaba la Caridad un grupo de mujeres solteras y viudas que desempe\u00f1aban cerca de los pobres todos los servicios que las se\u00f1oras no pod\u00edan. Las damas lleva\u00adban la direcci\u00f3n y las j\u00f3venes la ejecuci\u00f3n. Dos reglamentos coordina\u00adban y unificaban los papeles de ambas. A los grupos que trabajaban a las \u00f3rdenes de las damas se los conoc\u00eda por el apelativo de \u00abSiervas de las Pobres\u00bb. Todas estaban unidas por el trabajo y el compa\u00f1eris\u00admo. Pero hab\u00eda entre ellas acusadas diferencias. Unas j\u00f3venes ser\u00adv\u00edan a los pobres ben\u00e9volamente y por breve tiempo, mientras que ha\u00adb\u00eda otras que, desde el primer momento, se dedicaban a este servicio plenamente, sin l\u00edmites de tiempo ni de lugar. Como era de esperar estos dos grupos se fueron separando, no en el trabajo, sino en su forma de selecci\u00f3n, formaci\u00f3n y preparaci\u00f3n. Los Fundadores consagraban especiales cuidados a las Siervas de los Pobres que deseaban entregarse a ellos de por vida. Hasta el d\u00eda en que los dos grupos se hicieron aut\u00f3no\u00admos. El a\u00f1o 1634 Santa Luisa se instal\u00f3 con las m\u00e1s decididas y entusias\u00adtas en una casa particular, redact\u00f3 un reglamento interno sencillo, sus\u00adtancialmente semejante al anterior, se puso a la tarea de formar a las candidatas, envi\u00e1ndolas luego solas o en equipos a las diversas carida\u00addes del pa\u00eds. Aquellas peque\u00f1as c\u00e9lulas segu\u00edan formando un cuerpo o asociaci\u00f3n de mujeres seglares exactamente igual que antes. S\u00f3lo se distingu\u00edan de sus primeras compa\u00f1eras por su formaci\u00f3n espec\u00edfica y por su vida fraterna.<\/p>\n<p>San Vicente dese\u00f3 siempre para sus hijas un g\u00e9nero de vida pr\u00f3\u00adximo al mundo. \u00abLas Hijas de la Caridad viven en medio del mundo&#8230; Tienen que vivir como los dem\u00e1s&#8230; A lo sumo se contentar\u00e1n con ser tratadas como los pobres a quienes asisten.\u00bb Han de tener por lo mis\u00admo un encanto especial, de modo que est\u00e9n abiertas a todos, pr\u00f3ximas a cada uno. Est\u00e1n obligadas a rechazar todo aquello que las convierta en seres lejanos, superiores, casi m\u00edticos. Les es preciso achicar todas las distancias posibles. Esa es la causa por la que ni son religiosas ni pueden serlo jam\u00e1s. Es la raz\u00f3n por la que no deben adoptar ni costum\u00adbres, ni rasgos ni mentalidades monjiles. Dejando a salvo su condici\u00f3n de consagradas y los elementos esenciales de la vida fraterna, han de acompasar, en la medida de lo posible, la totalidad de su estilo de vida al de las mujeres seglares corrientes. Este ha sido, es y ser\u00e1 el secreto de su dinamismo, de su disponibilidad, de su audacia para actuar en medio de la sociedad, revestidas con su \u00fanica armadura interior: la exacta fidelidad a Dios y a los pobres. \u00abSu claustro, las calles de la ciu\u00addad; su monasterio, las salas de los hospitales; sus rejas, el temor de Dios; su velo, la santa modestia; su clausura, la obediencia&#8230;\u00bb<\/p>\n<p><em>Son mujeres seglares que viven en comunidad. <\/em>San Vicente no hab\u00eda pensado en ello. Las circunstancias que \u00e9l llamaba Providencia se lo dieron hecho casi todo. Los acontecimientos desembocaron en un nacimiento plural, colectivo y organizado. La reglamentaci\u00f3n vino mucho despu\u00e9s, cuando <em>la <\/em>obra estaba en marcha impulsada por una cabeza y un coraz\u00f3n perfectamente sincronizados. Fue entonces cuando los Fundadores se dieron cuenta de la necesidad de que continuara como hab\u00eda comenzado; por medio de un equipo fraternal con su cuadro de mando y su elenco de constituciones. De sus palabras relativas al asunto se desprenden tres razones fundamentales para que las Hijas de la Cari\u00addad se agrupen en una comuni\u00f3n de vida:<\/p>\n<p>1.a Este es el mejor medio para cumplir el precepto divino de la caridad. La vida comunitaria, como la vida familiar, les depara la oportunidad de amarse unas a otras a todas horas, en todos los momentos. Por raz\u00f3n de su convivencia y de su proximidad desempe\u00f1an el papel de \u00abPr\u00f3jimo\u00bb unas con otras mejor que los pobres que no siempre est\u00e1n al alcance de la mano.<\/p>\n<p>2.a La caridad, o sea el servicio de los pobres, si est\u00e1 organi\u00adzada en los medios y unificada en el fm, como sucede de ordinario en un equipo consagrado, es, sin g\u00e9nero de dudas, m\u00e1s provechosa, m\u00e1s eficiente y m\u00e1s duradera.<\/p>\n<p>3.a Porque para aprender a amar a los pobres hay que empezar amando a las compa\u00f1eras. La caridad es una. Amar a los pobres sin amar sus colaboradoras es una pura ilusi\u00f3n. \u00ab\u00bfC\u00f3mo vais a soportar a los pobres si no sab\u00e9is soportaros a vosotras? \u00bfC\u00f3mo vais a llevarles la paz si vosotras no la ten\u00e9is? Caridad, \u00e9se es el nombre que llev\u00e1is. Caridad, \u00e9se es el vestido que os cubre. Un traje que tiene tres partes: arriba, el amor de Dios; abajo, el amor al pobre; y en medio, el amor re\u00adc\u00edproco&#8230; Os amar\u00e9is como Hermanas que N. S. ha unido con los v\u00ednculos de su amor, como Hermanas que ha reunido para su propio servicio por medio de una particular dedicaci\u00f3n a las obras de caridad.\u00bb<\/p>\n<p>La vida com\u00fan es el sost\u00e9n de su vida, el freno de sus fantas\u00edas, el est\u00edmulo de su trabajo y el dique que contiene un posible activismo intempestivo y desordenado. Pero con tal que no sea un cuadro demasiado severo y r\u00edgido, cargado de pormenores y minucias, sino que est\u00e9 dotado de tal flexibilidad que pueda adaptarse a las exigencias de la Caridad.<\/p>\n<p><em>Son mujeres consagradas a Dios. <\/em>Se trata de una consagraci\u00f3n que ha sido hecha por medio de un compromiso, de una entrega total, personal y consciente. No son los votos los que la efect\u00faan. Es el producto de una determinaci\u00f3n \u00edntima. Es la decisi\u00f3n concluyente de una voluntad enamorada y generosa. Es fruto de una fe profunda y de un amor va\u00adliente. Quien se consagra a Dios lo hace convencido que est\u00e1 realizando la acci\u00f3n m\u00e1s grande que puede realizar sobre la tierra, el acto de culto m\u00e1s hondo y serio que puede tributar a Dios. Por \u00e9so toda consagraci\u00f3n digna de tal nombre es absoluta y eterna. La verdad siempre ser\u00e1 verdad. Lo mejor objetivamente siempre ser\u00e1 lo mejor.<\/p>\n<p>El amor es, pues, el dinamismo de la consagraci\u00f3n. Ahora bien, el amor tiene dos dimensiones: la dimensi\u00f3n personal que hace refe\u00adrencia a Dios y la dimensi\u00f3n apost\u00f3lica que apunta al servicio del pr\u00f3\u00adjimo. Los dos aspectos son inseparables, pero, seg\u00fan las \u00e9pocas, se acent\u00faa m\u00e1s el uno que el otro. Para las escuelas de espiritualidad del siglo XVII la consagraci\u00f3n era la expresi\u00f3n de un amor total y exclu\u00adsivo a Dios. En el lenguaje de aquel tiempo se hablaba de la abnega\u00adci\u00f3n, del holocausto, del sacrificio. La persona consagrada pertenec\u00eda a Dios con toda propiedad. Era una ofrenda exhaustiva de s\u00ed. Se le aplicaba la met\u00e1fora b\u00edblica de la alianza, del desposorio, del matri\u00admonio. Era esposa de Dios.<\/p>\n<p>Este aspecto de la consagraci\u00f3n no ha perdido validez en la actua\u00adlidad, pero se prefiere hacer resaltar sus relaciones con el amor y ser\u00advicio fraternal. La palabra devoci\u00f3n est\u00e1 desvalorizada. Tiene m\u00e1s sim\u00adpat\u00eda y audiencia la palabra compromiso porque subraya el riesgo, la actividad, la inserci\u00f3n en el mundo. En este sentido San Vicente se adelant\u00f3 a su siglo. Dentro de la fe en Cristo \u00e9l nunca disoci\u00f3 su Obra de su Persona. Adherirse a Cristo es colaborar con El y su Iglesia. Tra\u00adbajar en su Obra es esencial al amor de su Persona. De este modo se adelanta a colocarse en la misma l\u00ednea de la moderna pastoral, enf\u00e1tica de sociolog\u00eda. Pero tambi\u00e9n est\u00e1 en desacuerdo con ella porque ha ca\u00eddo en la flagrante inconsecuencia que supone trabajar en la Obra de Cristo sin tener relaciones \u00edntimas, directas y profundas con su Persona. La pastoral de hoy, al querer prevenirse contra una vida interior des\u00adcarnada, se ha corrido hacia el extremo opuesto buscando la activi\u00addad por s\u00ed misma, como si Cristo no fuera m\u00e1s que sin\u00f3nimo de justicia, cultura o promoci\u00f3n social. Para San Vicente ser cristiano no es adhe\u00adrirse a ciertos valores fundamentales, sino a la persona de Cristo sin el cual esos valores no son m\u00e1s que palabras llenas de sororidades re\u00adt\u00f3ricas.<\/p>\n<p><em>Son mujeres consagradas al servicio de los Pobres. <\/em>El amor a Je\u00adsucristo a quien ellas se han consagrado es la bella, fuerte y penetrante realidad de su vida. Pero como este amor, de ordinario, no roza siquiera la piel de la sensibilidad, se corre el riesgo de vivirlo s\u00f3lo a nivel te\u00f3rico y de convertirse por tanto en una pura ilusi\u00f3n. San Vicente les ha ense\u00ad\u00f1ado que, si es aut\u00e9ntico el amor a Cristo, iluminar\u00e1 sus corazones para verle con luz meridiana en la persona del Pobre. El amor al Pobre es el signo, el baremo, el contraste y la evidencia del amor a Cristo. Es incuestionable que todo cristiano tiene que encontrar a su Dios en el pr\u00f3jimo. Una esposa encuentra en su marido pr\u00f3jimo a quien ha de amar. Una madre en sus hijos. Una Hija de la Caridad lo encuentra en ese ser humano, universal y heterog\u00e9neo que se llama el Pobre.<\/p>\n<p>La espiritualidad de una Hermana parte del pobre y tiene como meta el pobre. Su caridad fraterna tiene un matiz del que carece la de las dem\u00e1s religiosas. En el claustro la caridad empieza y termina en la comunidad. En la Compa\u00f1\u00eda desemboca en el pobre. La armon\u00eda co\u00admunitaria redunda en un servicio m\u00e1s puntual y esmerado de los nece\u00adsitados. San Vicente llega al extremo de redactar una norma que hoy resulta impracticable: \u00abTendr\u00e1n ellas solas el cargo de los pobres, sin que se les pueda asociar ninguna otra mujer, a fin de que por la mutua uni\u00f3n y tolerancia est\u00e9n los pobres mejor servidos.\u00bb Cuando les pide que trabajen en su propia perfecci\u00f3n, que vivan en pobreza, castidad y obediencia no es para que imiten a las religiosas, sino para servir a los pobres exactamente lo mismo que Cristo. \u00abA medida que traba\u00adjamos en nuestra perfecci\u00f3n interior aumentamos nuestra capacidad de amar y de servir a los pobres.\u00bb<\/p>\n<p>Este servicio no es completo si la Hermana no se identifica con los pobres en lo \u00edntimo de su ser. \u00ab\u00a1Oh, Hermanas, qu\u00e9 felicidad! Dios mismo os confi\u00f3 el cuidado de los pobres y por lo tanto deb\u00e9is porta-ros con ellos seg\u00fan su voluntad, compadeci\u00e9ndolos en sus miserias, sin\u00adti\u00e9ndolas en vosotras mismas, como aquel que dec\u00eda: soy perseguido con los perseguidos, maldito con los malditos, esclavo con los esclavos, enfermo con los enfermos&#8230;\u00bb San Vicente quiere que todas posean una gran capacidad de asimilaci\u00f3n a los pobres, no desde fuera, sino desde dentro, viviendo con ellos, compartiendo incluso su existencia, am\u00e1ndolos porque son pobres, acept\u00e1ndolos como son. El fue, como Cristo, un hombre realista. Fue directamente a los pobres de su tiempo. Los am\u00f3 as\u00ed tal como eran con su incultura, con sus formas groseras, con sus rasgos repugnantes. Se mezcl\u00f3 y vivi\u00f3 con ellos. No le gustaban, pero los am\u00f3 m\u00e1s de lo que merec\u00edan, por Dios los amaba gratui\u00adtamente tambi\u00e9n. Los distingu\u00eda con un trato lleno de respeto y corte\u00ads\u00eda. No dej\u00f3 sin respuesta ninguna miseria corporal de cada persona, pero quiso promocionar a toda la clase baja de la sociedad con medios absolutamente in\u00e9ditos para su tiempo. Su caracter\u00edstica m\u00e1s sobresa\u00adliente era la exquisita sensibilidad que ten\u00eda para descubrir al pobre y la rapidez de inspiraci\u00f3n para concretar una respuesta adecuada a sus necesidades.<\/p>\n<p>San Vicente se propuso socorrer la miseria de su tiempo. No tanto la pobreza corriente como la pobreza mayor. Si ocup\u00f3 un lugar cons\u00adpicuo entre las grandes figuras de su \u00e9poca fue para orientar a los po\u00adderosos hacia los pobres, fue para pedirles su ayuda, su colaboraci\u00f3n y su dinero para atender a los m\u00e1s necesitados. En el reglamento que escribi\u00f3 para las Damas de la Caridad en 1617 hay una cl\u00e1usula en la que se descubre el alma entera de San Vicente, toda su delicadeza espi\u00adritual: \u00abNo se olvidar\u00e1n nunca de empezar por los que tienen familia, dejando para lo \u00faltimo a los que no tienen a nadie a fin de detenerse con ellos el mayor tiempo posible.\u00bb Estas palabras son decisivas y reve\u00adladoras. Las Hijas de la Caridad, para responder a la inspiraci\u00f3n caris\u00adm\u00e1tica de su Fundador deben elegir en primera instancia a los m\u00e1s po\u00adbres, a los m\u00e1s abandonados, a los m\u00e1s desheredados material y espi\u00adritualmente. No hay que separar estas dos \u00faltimas palabras, porque in\u00addican que hay que ir con m\u00e1s urgencia all\u00ed donde nadie va, all\u00ed donde nadie quiere ir. Si otras comunidades desean relevarlas, si los organis\u00admos estatales quieren tomar los menos pobres a su cargo, deben ce\u00add\u00e9rselos, dejarles el puesto para acudir al socorro de los que no tienen nada, de los que no tienen a nadie que se ocupe de ellos.<\/p>\n<p>Es obvio que esto, en la mente del ap\u00f3stol de la caridad, no supone el abandono, ni menos el desmantelamiento de los puestos actuales. Lo que quiere significar es que a la hora de la revisi\u00f3n, en la alterna\u00adtiva de la opci\u00f3n y en igualdad de circunstancias, las Hermanas deben acudir a los sitios de urgencia, a las posiciones avanzadas de la miseria, del abandono y del sufrimiento.<\/p>\n<p>\u00abEl esp\u00edritu de las Hijas de la Caridad consiste en consagrarse a Dios para amar a N. S. y servirle corporal y espiritualmente en la persona de los pobres, ya en su casa ya fuera de ella, en educar a las j\u00f3venes pobres, a los ni\u00f1os y en general a todos los que la divina Providencia les env\u00eda&#8230; Ellas no son de aqu\u00ed ni de all\u00ed, sino de todaspartes en donde Dios las quiera&#8230; Ir\u00e1n alegremente adonde se las man\u00adde&#8230; adonde los pobres las reclamen&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>\u00abVuestra principal misi\u00f3n, lo que Dios espera particularmente de vosotras es que teng\u00e1is un gran cuidado de servir a los pobres, nuestros se\u00f1ores. S\u00ed, hijas m\u00edas, ellos son nuestros amos. Por ello deb\u00e9is tratar\u00adlos con dulzura y cordialidad, pensando que para esto os ha llamado y reunido Dios&#8230; Al decir esto me parece que las coronas y los imperios son como el barro de las calles en comparaci\u00f3n con vuestras cofias blan\u00adcas destac\u00e1ndose entre las gentes que pasan a vuestro lado&#8230; De pobres j\u00f3venes os hab\u00e9is convertido en grandes reinas&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>El servicio del pobre configura la formaci\u00f3n, la espiritualidad y la vida toda de la Hija de la Caridad. \u00abPractic\u00e1is <em>la pobreza <\/em>porque as\u00ed os asemej\u00e1is a ellos&#8230; S\u00f3lo ten\u00e9is derecho a lo estrictamente nece\u00adsario, lo dem\u00e1s pertenece a los pobres.. Debi\u00e9ramos incluso vendemos a nosotros mismos para sacar de la miseria a nuestros hermanos.\u00bb <em>\u00abVuestra oraci\u00f3n <\/em>debe orientarse hacia los pobres&#8230; Sabed hijas m\u00edas, que cuando dej\u00e1is la oraci\u00f3n o la santa Misa por el servicio de los po\u00adbres, nada perd\u00e9is, puesto que servir a los pobres es ir a Dios. Deb\u00e9is verle en sus personas&#8230; Se os se\u00f1alan unos momentos para el rezo del Rosario separados unos de otros a fm de que no gast\u00e9is en \u00e9l demasiado tiempo en detrimento del que deb\u00e9is consagrar a los pobres&#8230; Si ellos os necesitan dejad la lectura o cualquier acto de comunidad, porque ellos son la Regla suprema&#8230; Hay que acudir a las necesidades de los pobres como si se tratara de correr a apagar un incendio&#8230;\u00bb \u00ab<em>Vuestros sacramentos <\/em>deben inflamaros a vosotras primero para atraer despu\u00e9s a los dem\u00e1s con el calor de vuestra caridad y de vuestros ejemplos&#8230;\u00bb <em>\u00abLa caridad est\u00e1 por encima de todas las reglas: <\/em>hay que hacer lo que la caridad exija. <em>El tiempo <\/em>de las Hijas de la Caridad no les pertenece, se lo deben a los pobres&#8230; Si lo perd\u00e9is, por poco que sea, los pobres se resentir\u00e1n de ello&#8230;\u00bb<\/p>\n<p align=\"center\">CONSAGRACION \u2014VINCULACION\u2014 VOTOS<\/p>\n<p><em>Consagraci\u00f3n. <\/em>Todo lo que las dem\u00e1s religiosas intentan conse\u00adguir con la profesi\u00f3n solemne de sus votos lo alcanzan las Hijas de la Caridad con el hecho simple, pero irrevocable, de darse al servicio de los pobres en la Compa\u00f1\u00eda. El acto sencillo de solicitar el ingreso y de recibir la respuesta afirmativa tiene para ellas el significado de una consagraci\u00f3n definitiva y total. Sus efectos s\u00f3lo son de orden teologal, no de orden jur\u00eddico. La entrega total, ya lo hemos dicho, es la frase que repite San Vicente una y otra vez, martillando sin cesar en el yunque de sus palabras, como un forjador incansable: \u00abHermanas, es preciso en\u00adtregarse a Dios&#8230; daos a Dios para llevar a cabo esta obra&#8230; d\u00e9monos a Dios para practicar esta virtud&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Para San Vicente las Hijas de la Caridad no son religiosas, ni en el sentido social ni en el sentido jur\u00eddico de la palabra. Pero su modo de vida tampoco es una forma rebajada de la vida religiosa. No quiso que fueran religiosas porque su vocaci\u00f3n les exige una absoluta dispo\u00adnibilidad para \u00abir por todas partes\u00bb, para \u00abvivir en medio del mundo\u00bb, para \u00abir al encuentro de los pobres y estar con ellos donde se hallen&#8230;\u00bb Pero esta enorme flexibilidad reclama, seg\u00fan \u00e9l, una santidad todav\u00eda mayor, un amor, una dedicaci\u00f3n y una entrega m\u00e1s absoluta que la que recaba la clausura. Si las monjas est\u00e1n en estado de perfecci\u00f3n, \u00ablas Hijas de la Caridad est\u00e1n en estado de Caridad\u00bb, en perfecci\u00f3n de ser\u00advicio a\u2022Dios y la caridad hacia Dios se profundiza y se enriquece por el servicio del pr\u00f3jimo, seg\u00fan las palabras de Cristo: \u00ablo que hac\u00e9is al m\u00e1s peque\u00f1o de los m\u00edos, a m\u00ed me lo hac\u00e9is\u00bb. El servicio del pobre sit\u00faa a las Hermanas en el mismo n\u00facleo de la vida consagrada. Es, por lo tanto, un servicio \u00abreligioso\u00bb, del mismo orden que la oraci\u00f3n, la liturgia de las Horas o la liturgia sacramental o cualquier acto del culto oficial.<\/p>\n<p>La vida consagrada de las Hermanas es una vocaci\u00f3n de amor. No se entrega a las obras de caridad y al apostolado con el fin de santificar\u00adse. Esto ser\u00eda hacer de la caridad un medio. Se santifican practicando la caridad. La pr\u00e1ctica de la caridad es la santidad. Como lo es para otros la oraci\u00f3n, la contemplaci\u00f3n, la vida lit\u00fargica. Son dos caras de una misma moneda; dos aspectos de la misma realidad.<\/p>\n<p>La Iglesia conf\u00eda el ejercicio de la contemplaci\u00f3n a los que han recibido el don de la vocaci\u00f3n a la vida contemplativa. La vida contem\u00adplativa es una funci\u00f3n esencial de la Iglesia peregrina que tiene el deber de hacer presente en el tiempo, por medio de algunos de sus miembros, la forma definitiva que adoptar\u00e1 toda ella por entero en el Reino futuro.<\/p>\n<p>El servicio de los pobres es as\u00ed mismo un ministerio que la Igle\u00adsia conf\u00eda a los que han recibido del cielo esta invitaci\u00f3n. La actividad caritativa ejercida exclusivamente es parte de la vida de la Iglesia y consustancial a su misi\u00f3n en el mundo. Esta actividad se la ha enco\u00admendado Dios a su Iglesia y la Iglesia a las Hijas de la Caridad. En cada Hermana dedicada a sus pobres concretos est\u00e1 toda la Iglesia cuidando al Pobre universal y desempe\u00f1ando un cometido sin el cual no tendr\u00eda raz\u00f3n de ser sobre la superficie del Planeta.<\/p>\n<p><em>Vinculaci\u00f3n a la Compa\u00f1\u00eda. <\/em>La consagraci\u00f3n es un acto totalmente \u00edntimo, personal, perteneciente al fuero interno. Dios y el hombre son las dos partes contratantes. La vinculaci\u00f3n a la Compa\u00f1\u00eda, como es l\u00f3\u00adgico, tiene que revestir una forma externa, visible en la que est\u00e9 signi\u00adficada la doble alianza que se establece entre la persona y la sociedad que la recibe. Es un contrato bilateral en el que todo se compromete a dar a cambio de recibirlo todo. Por ambas partes hay una entrega to\u00adtal de derechos y obligaciones. Las notas caracter\u00edsticas de la vincula\u00adci\u00f3n son exactamente las mismas que las de la consagraci\u00f3n, hecha la salvedad del signo externo. Hay una vinculaci\u00f3n inicial que puede variar con los tiempos. De ordinario en la Compa\u00f1\u00eda ha tenido lugar a la sali\u00adda del Seminario, despu\u00e9s que ha finalizado la temporada de la prue\u00adba. La mutua aceptaci\u00f3n se ha manifestado exteriormente con el rito sencillo de la investidura del H\u00e1bito. Es costumbre tambi\u00e9n que la Hermana suscriba un documento en el que constan sus compromisos con el Instituto.<\/p>\n<p>La vinculaci\u00f3n es gradual. No en el plano de la intenci\u00f3n, sino en el del conocimiento y del amor. A medida que el tiempo transcurre, el aire familiar, la espiritualidad vicenciana, el carisma espec\u00edfico, la uni\u00addad plural de las obras van mostrando a la interesada todo su en\u00adcanto humano y sobrenatural y se van apoderando poco a poco de su inteligencia y de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Es total. Dimana de la consagraci\u00f3n que engloba y totaliza toda la persona, la compromete por completo, la penetra hasta sus ra\u00edces pro\u00adfundas. La vinculaci\u00f3n es la forma externa con que se realiza la con\u00adsagraci\u00f3n interna, el cauce, el veh\u00edculo, la horma institucional de una decisi\u00f3n completamente libre.<\/p>\n<p>Es perpetua. Desborda la temporalidad de los votos. Cuando \u00e9stos no exist\u00edan aun exist\u00eda en los Fundadores y en las primeras Hermanas la certeza de que la entrega era perenne. \u00abNo recibimos a las j\u00f3venes que no quieran vivir y morir en la Compa\u00f1\u00eda.\u00bb La frase de Santa Luisa no deja lugar a dudas. Para San Vicente la continuidad de las obras exi\u00adge de la Compa\u00f1\u00eda y de cada uno de sus miembros una fidelidad abso\u00adluta. \u00abAlgunas j\u00f3venes y viudas del campo a quienes Dios ha inspirado dedicarse al servicio de los pobres, ayudan a estos menesteres a las Se\u00f1oras de la Caridad. Sin embargo, para asegurar la supervivencia de la Caridad se ha pensado en vincularlas en una Sociedad distinta e independiente para honrar la caridad de N. S. asistiendo a los pobres.\u00bb<\/p>\n<p>La vinculaci\u00f3n se establece sin reservas ni condiciones. Las Hijas de la Caridad no se pertenecen ni individual ni colectivamente. La Com\u00adpa\u00f1\u00eda pertenece a Dios y al mundo. \u00abAs\u00ed hab\u00e9is de portaros para ser bue\u00adnas Hijas de la Caridad, para ir adonde Dios quiera que vay\u00e1is: al ej\u00e9rci\u00adto, a las Indias, adonde quiera que os pidieren. Id, enhorabuena. Sois Hijas de la Caridad y deb\u00e9is ir. N. S. ha fundado para S\u00ed, m\u00e1s que para vosotras, una Compa\u00f1\u00eda de la cual sois miembros. Por eso os llam\u00e1is Hijas de la Caridad, que es tanto como decir hijas de Dios&#8230; Estad pron\u00adtas para aceptar todos los oficios que la divina Provindencia quiera con\u00adfiaros. Nunca os recomendar\u00e9 bastante lo que os digo, porque \u00e9ste es vuestro fin&#8230;\u00bb La compa\u00f1\u00eda, por tanto, no tiene obras determinadas, fijas, estables. Tiene un fin. Las obras decaen, mueren, se transforman. El fin permanece inalterable. Ella mantiene en este fin clavados los ojos, abiertos los brazos y fijos los pensamientos. Explora, como un faro in\u00adtermitente, la superficie del tiempo en que vive para descubrir las necesidades de la Iglesia, del mundo y de los pobres, y organiza despu\u00e9s sus efectivos.<\/p>\n<p>Es una vinculaci\u00f3n a una Compa\u00f1\u00eda de vida apost\u00f3lica, fraternal y com\u00fan. Hoy se habla m\u00e1s de la vida fraterna que de la vida com\u00fan. El viraje de la terminolog\u00eda se\u00f1ala un cambio de mentalidad. Las j\u00f3\u00advenes que se vinculan a la Compa\u00f1\u00eda desean encontrar grupos de convi\u00advencia a escala humana en donde cada una sea reconocida como per\u00adsona; que se tengan en cuenta sus valores propios; que se respete su intimidad; que se las ame como hermanas y no como compa\u00f1eras de ca\u00admino a quienes hay que admitir y soportar. Desean el intercambio, el di\u00e1\u00adlogo y la participaci\u00f3n a todos los niveles. Pero, en rigor, si apartamos el estilo literario de nuestros d\u00edas, aparecer\u00e1 en todo esto el cu\u00f1o vicen\u00adciano. El \u00abno amarse sino en Dios\u00bb, por ejemplo, admite hoy esta traduc\u00adci\u00f3n: preocuparse por edificar la caridad fraterna sobre la base de una verdadera amistad<\/p>\n<p><em>Los votos. Historia. <\/em>Los votos y la misma existencia de la Com\u00adpa\u00f1\u00eda tienen su punto de arranque y su explicaci\u00f3n en el voto que hizo San Vicente en 1616 de consagrarse al servicio de los pobres. Santa Luisa ten\u00eda en alta estima la pr\u00e1ctica de comprometerse con Dios por medio de alg\u00fan voto. Para ella, educada en la espiritualidad de su tiempo, el voto tiene un gran valor religioso y moral. Duplica el m\u00e9rito y la eficacia del bien. La obra marcada con el voto pasa a ser un acto de religi\u00f3n. La voluntad oscila menos en la l\u00ednea de la virtud. Ella pro\u00adpend\u00eda al compromiso del voto porque desconfiaba de s\u00ed misma y bus\u00adcaba en \u00e9l su seguridad interior.<\/p>\n<p>Consta que hizo cuatro clases de votos. Corresponden a las cua\u00adtro principales etapas de su vida. Siendo muy joven hizo voto de entrar en las Hijas de la Pasi\u00f3n. A juicio de su confesor, dicho compromiso carec\u00eda de validez, por lo que,. a instancias familiares, consinti\u00f3 en casar\u00adse, no sin escr\u00fapulos, sintiendo una vaga y dulce a\u00f1oranza de la vida religiosa. Una vez casada, hizo voto de permanecer viuda en el caso de que su marido falleciera. En efecto, muerto \u00e9ste de una manera prema\u00adtura y violenta, desestim\u00f3 las pretensiones de parientes y amigos que le suger\u00edan un segundo matrimonio y renov\u00f3 su voto de viudedad.<\/p>\n<p>Cerca de diez a\u00f1os llev\u00f3, como de la mano, a la naciente Comuni\u00addad. La peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda daba, bajo su direcci\u00f3n y la de San Vicente, los primeros pasos en la Iglesia de Dios, sin las andaderas de los vo\u00adtos tradicionales. Ella era feliz \u00absiendo toda de Dios, haci\u00e9ndose una cosa con El en el tiempo y en la eternidad\u00bb. As\u00ed puso en marcha aque\u00adllos sorprendentes grupos de j\u00f3venes comprometidas, \u00e1giles y arries\u00adgadas. El cumplimiento de su misi\u00f3n caritativa equival\u00eda adecuadamen\u00adte a los votos religiosos en relaci\u00f3n con la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica. Las Hijas de la Caridad, dec\u00eda San Vicente, si bien no tienen votos no de\u00adjan por eso de estar en estado de perfecci\u00f3n, ya que estan obligadas por su m\u00e9todo de vida a practicar las virtudes de la pobreza, de la cas\u00adtidad y de la obediencia.<\/p>\n<p>Pero Santa Luisa, aunque estaba persuadida de que los votos no eran indispensables para el nuevo Instituto que ella capitaneaba, los juzg\u00f3 \u00fatiles para su persona. Por lo cual el 25 de marzo de 1642, con la aquiescencia de San Vicente, y en uni\u00f3n de otras cuatro compa\u00f1eras, hizo los cuatro votos que hoy emiten todas las Hijas de la Caridad. Ella inaugur\u00f3 una tradici\u00f3n que no ha sufrido menoscabo. Pero antes de pasar a las Constituciones como materia legislable, fueron los votos un tema muy cuestionable, origen de fuertes pol\u00e9micas, un problema cuya soluci\u00f3n qued\u00f3 durante a\u00f1os abandonada a la iniciativa de cada Her\u00admana. Y lo que en un principio fue excepci\u00f3n se fue convirtiendo al paso de los a\u00f1os en una pr\u00e1ctica general. Algunos historiadores pien\u00adsan que Santa Luisa y sus cuatro compa\u00f1eras hicieron los votos a per\u00adpetuidad. Las que luego las fueron imitando s\u00f3lo se compromet\u00edan para un a\u00f1o. Y \u00e9sta es la pr\u00e1ctica que ha prevalecido. Hay una fecha en el calendario que se\u00f1ala el principio y el ocaso de estas sagradas pro\u00admesas: el 25 de marzo. La consagraci\u00f3n a la caridad sobrepasa todos los l\u00edmites del espacio y del tiempo, pero la vigencia de los votos limi\u00adta con la fiesta anual de la Encarnaci\u00f3n del Se\u00f1or.<\/p>\n<p><em>Los votos en la Compa\u00f1\u00eda. <\/em>No a\u00f1aden nada sustancial a su fin espec\u00edfico ni cambian su car\u00e1cter peculiar. Una mujer no entra en la Compa\u00f1\u00eda para hacer los votos. Entra porque se siente llamada a seguir a Cristo y a servirle en la persona de los pobres. Esta es su intenci\u00f3n fundamental, su vocaci\u00f3n. Es en la vivencia y fidelidad a esta vocaci\u00f3n donde descubre la pobreza, la castidad y la obediencia como medios que facilitan el camino de su amor y de su servicio a Cristo y a los pobres. No es primero una mujer consagrada y despu\u00e9s una Hija de la Caridad, sino que resulta consagrada al vivir su vocaci\u00f3n de Hija de la Caridad. Es la misi\u00f3n lo que da origen a la Instituci\u00f3n y no viceversa.<\/p>\n<p>Los votos que se emiten, las reglas que se observan s\u00f3lo existen en funci\u00f3n del fin espec\u00edfico que es el servicio de los pobres. El con\u00adcepto que se tiene de una. Hermana no debe arrancar de su comporta\u00admiento frente a las estructuras principalmente, sino de su amor a los pobres y de su sentido apost\u00f3lico. Es un error hacerla primero perfec\u00adta y enviarla luego a las obras. Porque es inmersa en las obras donde se santifica y perfecciona. Es en el contacto inmediato con la miseria como descubre las exigencias de la pobreza. Es a la vista del amor pro\u00adfanado como llega a valorar el amor consagrado. Es frente a la servidum\u00adbre del desenfreno como \u00bb comprende la libertad que proporciona la obediencia. Los votos, las reglas, la vida com\u00fan no pueden ser frenos que tiene que tascar ni muros que le opriman y sofoquen, sino est\u00edmu\u00adlos para derrochar energ\u00edas, alas para transportarlas, pautas para en\u00adcauzarlas y medios para fecundarlas. Son la caricia del agua para la gravidez de la semilla y de la flor.<\/p>\n<p>Hoy comprendemos que la vida consagrada no existe en s\u00ed mis\u00adma de un modo abstracto. No es un. molde. Es una forma concreta, original y distinta de todas las dem\u00e1s, como nacida de un carisma dife\u00adrente. Evidentemente toda vida consagrada es portadora de unos ras\u00adgos comunes en cualquier instituto porque todas tratan de vivir radi\u00adcalmente el Evangelio. Por eso encontramos en todas las comunida\u00addes elementos coincidentes, como la oraci\u00f3n, la vida com\u00fan, los consejos evang\u00e9licos&#8230; Pero estos ingredientes de la vida consagrada tienen el color, el sabor y la forma del carisma que dio origen a la Instituci\u00f3n. No existe la pobreza en s\u00ed misma, por ejemplo, sino la pobreza de San Fran\u00adcisco de As\u00eds. No existe la castidad, sino la de San Ignacio de Loyola. No existe la obediencia, sino la de San Jos\u00e9 de Calasanz. No existen los votos, sino los de las Hijas de la Caridad&#8230;<\/p>\n<p><em>Valor teol\u00f3gico. <\/em>Aunque en los comienzos, el compromiso de las Hermanas no llevaba consigo ning\u00fan g\u00e9nero de votos, no quiere de\u00adcir que era de inferior calidad, ya que ten\u00eda como ideal, como punto de mira la persona de Jes\u00fas, su vida y su doctrina. Los votos posterio\u00adres no modifican en absoluto este compromiso inicial. A lo sumo le a\u00f1aden un matiz m\u00e1s sagrado.<\/p>\n<p>Los votos durante los doce primeros siglos de la Iglesia ofrec\u00edan a los cristianos comprometidos una dimensi\u00f3n m\u00e1s bien vertical. Se consideraban como parte de ese dinamismo espiritual que se adquiere en el bautismo que nos sepulta en la muerte de Cristo y nos sumerge en la vida de Dios. Los votos ratificaban, afianzaban, elevaban la entrega total a Dios hecha en la fuente bautismal. Los te\u00f3logos del siglo doce entrevieron ya la conexi\u00f3n org\u00e1nica entre los votos y la vida apost\u00f3lica. Fue San Vicente quien vio meridianamente la trabaz\u00f3n indisoluble entre la elevaci\u00f3n teologal que suministran los votos y el lanzamiento apost\u00f3lico que envuelven. Hay una frase suya que lo explica: \u00abno me basta amar a Dios si mi pr\u00f3jimo no le ama tambi\u00e9n\u00bb. Por eso en las Hijas de la Caridad la dimensi\u00f3n teologal y la dimensi\u00f3n apost\u00f3lica de los votos se identifican. \u00abDarse enteramente a Dios para el servicio de los pobres&#8230; Vuestro estado es el mismo en el que puso Dios a su divino Hijo que dice de s\u00ed mismo: me ha enviado a evangelizar a los pobres. Motivo de gran consuelo: encontrarse en el mismo estado en que se en\u00adcontraba N. S; hacerlo de la misma manera que El lo hac\u00eda, sirvi\u00e9ndose de los mismos medios, practicando las mismas virtudes contrarias a las pasiones humanas, como son la pobrez\u00e1, castidad y obediencia&#8230; Todos los cristianos est\u00e1n obligados a servir al pr\u00f3jimo, pero al mismo tiempo tienen otras obligaciones que les impiden entregarse totalmente a este servicio. Dios os ha llamado a vosotras a una profesi\u00f3n en la que no ten\u00e9is otra cosa que hacer. Pod\u00e9is hacer este servicio al pr\u00f3jimo incom\u00adparablemente mejor que las se\u00f1oras m\u00e1s distinguidas y opulentas del mundo, porque \u00e9stas dan sus bienes, que son nada en parang\u00f3n con lo que dais vosotras que es la vida entera&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>El dinamismo de los votos de las Hijas de la Caridad proviene de los Evangelios le\u00eddos en la perspectiva de San Vicente que ha descu\u00adbierto en \u00e9l la llamada del amor, pero de un amor \u00fanico e indivisible que en un mismo movimiento va a Cristo y a sus miembros abando\u00adnados.<\/p>\n<p><em>Valor jur\u00eddico. <\/em>Los votos de las Hijas de la Caridad son privados, pertenecen al fuero interno. El hecho de que su dispensa est\u00e9 reserva\u00adda al Papa y al Superior General es un privilegio puramente externo y no afecta a su naturaleza. \u00abSon como los que una persona devota puede hacer en el mundo.\u00bb<\/p>\n<p>La primera f\u00f3rmula de los votos, escrita seguramente por Santa Luisa bajo la supervivencia de San Vicente, contiene unos compromisos privados y anuales. El mismo Fundador escribe el 22 de octubre de 1650: Si vais a ver al se\u00f1or Obispo de la ciudad le deb\u00e9is asegurar que quer\u00e9is vivir ah\u00ed enteramente bajo su obediencia, que os pon\u00e9is a sus \u00f3rdenes para el servicio de los pobres, que os hemos enviado para eso. Si os pregunta: \u00bfhaceis voto de religi\u00f3n? decidle: \u00a1oh!, no, se\u00f1or, nosotras nos entregamos a Dios para vivir en pobreza, castidad y obediencia, unas para siempre, otras para un a\u00f1o. En una conferencia del 12 de noviembre de 1653 refiere: Sor Juana que es la Hermana Sirviente de aquella comunidad le dijo muy bien al se\u00f1or Obispo: Monse\u00f1or, los vo\u00adtos que hacemos no nos convierten en religiosas porque son votos sim\u00adples, como los que pueden hacer las buenas mujeres que viven en el mundo&#8230;<\/p>\n<p><em>Valor sicol\u00f3gico. <\/em>\u00abVuestros empleos son tan diversos, amplios y penosos; disipan, desagradan y exponen a tantas vicisitudes que es dif\u00edcil que persever\u00e9is si no existe en la Compa\u00f1\u00eda alg\u00fan lazo que garantice vuestra estabilidad.\u00bb<\/p>\n<p>Los votos, por lo tanto, tienden a vigilar, a profundizar y a fortale\u00adcer la din\u00e1mica de una persona que ha o\u00eddo la palabra de Dios y se es\u00adfuerza por responder adecuadamente a la llamada divina. Son el apoyo de una voluntad siempre sincera y siempre vacilante. Su ca\u00adr\u00e1cter privado es un recuerdo constante de que la vida bautismal y con\u00adsagrada no es cuesti\u00f3n de observancias, ritos y f\u00f3rmulas, sino, ante todo, una cuesti\u00f3n personal, de conciencia, de donaci\u00f3n \u00edntima y cons\u00adciente. Los votos son un medio, entre tantos, que nos ofrece la Iglesia y la comunidad para crecer en el amor del Padre y de los Hermanos. Algo que da seguridad a nuestra andadura, seguridad a nuestra consa\u00adgraci\u00f3n, equilibrio a nuestra libertad, solidez a nuestra vocaci\u00f3n y consistencia a los v\u00ednculos que nos ligan a la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>RETORNO A LAS FUENTES<\/strong><\/p>\n<p>Hablando a las Hijas de la Caridad, San Vicente rara vez emplea la palabra <em>fin <\/em>que podr\u00eda dar la impresi\u00f3n de un proyecto trazado de antemano. Prefiere utilizar otros t\u00e9rminos, como vocaci\u00f3n, esp\u00edritu, voluntad o designio de Dios. Para \u00e9l s\u00f3lo Dios es el verdadero inspira\u00adrador y fundador de la Compa\u00f1\u00eda. \u00abDios inspira suavemente el bien que quiere realizar a las personas elegidas. Y \u00e9stas lo llevan a cabo insensiblemente, casi sin pensar en ello. As\u00ed es como ha establecido la Compa\u00f1\u00eda. No se inici\u00f3 Ion ning\u00fan designio consciente por nuestra parte, sino que El quiso que las Hijas de la Caridad le sirviesen as\u00ed. Las suscit\u00f3 El mismo imperceptiblemente. Y aunque se sirvi\u00f3 de nosotros, ignor\u00e1bamos lo que pretend\u00eda.\u00bb<\/p>\n<p>En efecto, cuando funda en Chatill\u00f3n la primera Caridad no sabe cu\u00e1n lejos va a llegar. Es un comienzo demasiado modesto e insig\u00adnificante que nada deja adivinar. Es una peque\u00f1a experiencia cuyos felices resultados le obligan a repetirla en otros lugares. Camina despa\u00adcio, paso a paso, atento a los acontecimientos, sin oponer resistencia, pero tampoco quemando etapas precipitadamente. En su coraz\u00f3n s\u00f3lo palpita un sentimiento: la caridad de Jesucristo hacia los pobres. Esta es la premisa de su actividad. Esta es su inspiraci\u00f3n, su carisma. La mi\u00adseria en todas sus formas se le va revelando monstruosa y alucinante. Es un clamoreo bronco que brota de todos los desheredados de la tierra. Su grito desgarrador reclama una respuesta&#8217; inaplazable. Los \u00e9xitos iniciales le orientan sobre el plan a seguir. Son a\u00f1os de tanteos, de ensayos, de avances y de rectificaciones. \u00abLa Caridad de Jesucristo le apreniia.\u00bb La Providencia le precede, le acompa\u00f1a y le sigue. Conf\u00eda en Ella plenamente, pero se sirve de todos los medios humanos posibles y l\u00edcitos, como si el resultado dependiera de ellos. Llegado el momento pone en marcha la complicada m\u00e1quina de las Instituciones. Primero es la Cofrad\u00eda de la Caridad. Las Damas aportan a la empresa naciente su coraz\u00f3n, su dinero y su influencia. Diecis\u00e9is a\u00f1os despu\u00e9s son las Hijas de la Caridad, ayuda y complemento de las Se\u00f1oras en un princi\u00adpio, pero agrupadas m\u00e1s tarde en un grupo o Instituto completamente aut\u00f3nomo. Sobre estos dos ejes hace girar en los a\u00f1os sucesivos el abigarrado sistema solar de sus obras en favor de los pobres.<\/p>\n<p>Durante este proceso fimdacional San Vicente <em>est\u00e1 siempre atento <\/em>a <em>las sugerencias del Esp\u00edritu Santo. <\/em>Tiene prisa, pero no se impacienta, no se precipita, no se adelanta a la Providencia. Permanece a la escucha de su voz, la sigue paso a paso. De este modo cimenta su Obra sobre granito y le confiere solidez y perennidad.<\/p>\n<p><em>Est\u00e1 atento a la llamada del Pobre. <\/em>A este respecto se coloca sobre la misma l\u00ednea de Cristo. Cristo vivi\u00f3 como un pobre, pero sin excesiva pobreza. Entr\u00f3 en la vida humana compartiendo la suerte de esa masa de hombres en los que nadie se fija; en los que trabajan humildemente d\u00eda tras d\u00eda; en los que no tienen influencia, ni cargos, ni relieve social; en los que llevan una vida sin horizontes dejando a tiras su piel en el trabajo. En esta vida entr\u00f3 Jes\u00fas por su nacimiento. En esta vida fund\u00f3 su Reino. Tambi\u00e9n la cuna de San Vicente se meci\u00f3 sobre el infortunio y la desventura de esta misma clase social, pero desert\u00f3 de ella en alas de la ambici\u00f3n para encaramarse a las nubes blandas y doradas de la vida burguesa. Un buen d\u00eda los pobres, los suyos, le salieron al encuentro en un nuevo camino de Damasco. Los vio en toda su cruda realidad y se convirti\u00f3 a ellos. Ya no los pudo dejar. Fue un divino descubrimiento y una dolorosa pesadilla. Llenaban todo el mundo. Eran la mayor y mejor parte de la humanidad. Carec\u00edan de todo y no ped\u00edan casi nada. Ocupaban el \u00ednfimo pelda\u00f1o de la escala humana, pero eran la m\u00e1s aut\u00e9ntica representaci\u00f3n de Dios. En ellos Cristo volv\u00eda a sufrir, a llorar, a morir injustamente. San Vicente no s\u00f3lo o\u00eda el grito estriden\u00adte de sus necesidades, sino que empez\u00f3 a percibir la voz ahogada de sus miserias secretas. Y para remediarlas se multiplic\u00f3 hasta el infini\u00adto en los brazos y en los pies de sus colaboradores, cl\u00e9rigos y segla\u00adres, pudientes y humildes, hombres y mujeres.<\/p>\n<p><em>Est\u00e1 atento a los acontecimientos. <\/em>No es amigo de adobar teor\u00edas preciosistas, de dar soluciones tajantes y coactivas, de redactar primoro\u00adsos reglamentos elaborados \u00aba priori\u00bb. S\u00f3lo despu\u00e9s de muchos a\u00f1os de pr\u00e1cticas, ensayos y experiencias se decide a confeccionar unas nor\u00admas llenas de madurez y de sentido com\u00fan. Las Reglas son el espalda\u00adrazo fmal de la eficacia. Buena parte de sus cartas y conferencias es para poner a sus huestes en guardia contra la precipitaci\u00f3n y la impaciencia. Adopta sistem\u00e1ticamente la costumbre de consultar a los especialistas m\u00e1s calificados. Antes de que se hablara del valor del di\u00e1logo es el hom\u00adbre de la pesquisa, de la encuesta, del sondeo de opiniones, de la infor\u00admaci\u00f3n \u00abporque, de ley ordinaria, Dios quiere salvar a los hombres por medio de los hombres\u00bb.<\/p>\n<p><em>Est\u00e1 atento a las personas. <\/em>No funda obras. Funda comunidades vivas y flexibles de personas a las que comunica su ideal, su carisma: la caridad de Cristo hacia los pobres. Las obras nacen, viven y mueren al comp\u00e1s de los tiempos y de las necesidades de los pobres. El ideal es eterno. Las obras y las instituciones no se sostienen sino por medio de unas personas entusiastas, generosas, selectas. Por eso trata a las Her- _ manas con respeto y cari\u00f1o. Deposita en ellas su confianza. No las abruma con reproches ni censuras. Procura que respiren un clima de paz y de alegr\u00eda. Forma con ellas peque\u00f1as colmenas de oraci\u00f3n y de trabajo. Les muestra la grandeza y la belleza de su vocaci\u00f3n. Logra in\u00adtroducir bajo la sedosa envoltura de su feminidad el coraje, la audacia, el amor al riesgo y a la aventura. Muchas Hermanas formadas en su escuela cruzan la barrera del miedo y dan su vida por los pobres, como si fuera la cosa m\u00e1s natural del mundo.<\/p>\n<p><em>Est\u00e1 atento a la historia de la Iglesia. <\/em>No para calcar sus insti\u00adtuciones sobre las formas tradicionales, sino para escribir con ellas un cap\u00edtulo enteramente original. Le gusta repetir que su Compa\u00f1\u00eda es algo nuevo en la Iglesia, algo ins\u00f3lito que no pod\u00eda menos de producir admiraci\u00f3n, de causar extra\u00f1eza, de suscitar la pol\u00e9mica, de provocar el esc\u00e1ndalo. La santa rebeld\u00eda de San Vicente quiebra muchos mol\u00addes y estructuras seculares. Sus Hijas de la Caridad son mujeres con\u00adsagradas que entroncan directamente con las que serv\u00edan al Hijo de Dios y a los Ap\u00f3stoles, saltan alegremente diecis\u00e9is siglos de clausura femenina, hacen caso omiso de rejas, votos y h\u00e1bitos, sacan fuerza de su supuesta flaqueza, se aprestan a la lucha, se colocan en la vanguar\u00addia apost\u00f3lica, penetran en el mundo repugnante de la miseria y llevan visible, como una bandera, la bondad de Dios a todos los cuadrantes de la rosa.<\/p>\n<p>Las tentativas para que la vida religiosa femenina se abriese al apostolado exterior se hab\u00edan estrellado siempre contra la oposici\u00f3n de los que defend\u00edan a ultranza la rigidez de las estructuras jur\u00eddicas. Pese a que el Renacimiento estaba abriendo a la mujer los accesos a la cultu\u00adra, pese a que Dios hab\u00eda suscitado f\u00e9minas intr\u00e9pidas que pusieron al servicio de la Iglesia el inagotable caudal de su ternura y abnegaci\u00f3n, la promoci\u00f3n femenina en todos sus planos chocaba con el derecho, las costumbres y las mentalidades. Era inconcebible en las primeras d\u00e9\u00adcadas del siglo XVII la actividad apost\u00f3lico-social de la religiosa. Su puesto estaba en el aislamiento de la clausura, su ideal, en buscar la santidad por medio de los ejercicios de la vida contemplativa.<\/p>\n<p>Hab\u00edan de pasar casi tres siglos hasta que el Concilio Vaticano II proclamara que la acci\u00f3n apost\u00f3lica pertenece a la naturaleza misma de la vida consagrada. Pero esta victoria tiene un signo vicenciano. San Vicente la empez\u00f3 a ganar luchando con tes\u00f3n y mansedumbre contra la inflexibilidad de las leyes, los prejuicios de los pastores y la lentitud exasperante de las canciller\u00edas. En 1645 obtiene el asenso de Roma. En la Iglesia estaba abierta una brecha. La vida consagrada daba un paso decisivo. San Vicente realizaba lo que muchos antes que \u00e9l hab\u00edan proyectado. Las Hijas de la Caridad eran algo nuevo y ori\u00adginal en el mundo. Inauguraban una larga y fecunda primavera. A par\u00adtir de ellas la Iglesia ha presentado a Dios y a la humanidad una gigante ofrenda floral de institutos femeninos apost\u00f3licos de la m\u00e1s varia\u00adda escala crom\u00e1tica. \u00abVuestro g\u00e9nero de vida es semejante al de los ap\u00f3stoles que no pose\u00edan nada propio, ni casa ni tierras ni dinero, sino que iban donde los enviaba el Esp\u00edritu de Dios. Ten\u00e9is una vocaci\u00f3n que os obliga a asistir indistintamente a toda clase de personas, hombres y mujeres, j\u00f3venes, ni\u00f1os y ancianos, sanos y enfermos, buenos y malos, a todos los pobres que os necesitan.\u00bb<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>MATIZ-ESPIRITUALIDAD-CARISMA<\/strong><\/p>\n<p><em>La Experiencia religiosa de San Vicente <\/em>ha dado a la Iglesia el soplo vital de un nuevo Pentecost\u00e9s. Ha mudado su semblante. La ha rejuvenecido. De este ox\u00edgeno vicenciano viven hoy medio mill\u00f3n de caballeros de las Conferencias, otro medio mill\u00f3n de Damas de la Cari\u00addad, 43.000 Hijas de la Caridad y cerca de un centenar de asociaciones y congregaciones masculinas y femeninas que prueban su alcurnia vi\u00adcenciana, porque de un modo o de otro nacieron de su esp\u00edritu y viven de su carisma. Estos millones de personas ven en \u00e9l no s\u00f3lo a un Patrono protector, sino, m\u00e1s bien, a un ideal concreto y personificado que las inspira, atrae, ilumina, estimula, compele e invita a darse cada vez m\u00e1s a Dios y al Pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p><em>El secreto de su espiritualidad <\/em>descansa en no avanzar un paso sin apoyarse en el bord\u00f3n de la fe. Es muy humano, pero no tiene nada de humanista. Trabaja porque cree. Trabaja tenazmente porque conf\u00eda indudablemente. Se ha comprometido a no ver absolutamente nada sino a trav\u00e9s del prisma evang\u00e9lico. \u00abNada me agrada sino en Jesucristo&#8230; Yo no veo a los pobres desde fuera, sino desde la fe&#8230; Les ruego que miren estas cosas tal y como est\u00e1n en Dios y no como aparecen fuera de El, porque de lo contrario podr\u00edamos enga\u00f1arnos y no actuar como Dios quiere&#8230; Les suplico que todo esto lo vean en el orden de la Pro\u00advidencia&#8230;\u00bb<\/p>\n<p><em>El punto de partida de su itinerario espiritual <\/em>est\u00e1 en el voto deci\u00adsivo que hizo de consagrarse a los pobres en 1616. Este hecho parte su vida en dos trayectorias diferentes, marca un grado de conversi\u00f3n excepcional, efect\u00faa un cambio radical en su programa sacerdotal y da un estilo propio a su quehacer futuro. Los a\u00f1os que transcurren desde 1610 en que se orden\u00f3 hasta esa fecha, s\u00f3lo ven a un pobre sacerdote acuciado por el af\u00e1n de labrarse un porvenir confortable, aburguesado. Merced a sus ingeniosos esfuerzos ha ido obteniendo, acumul\u00e1ndolos sucesivamente, siete y ocho beneficios bastante rentables: una capellan\u00eda, dos parroquias, una abad\u00eda, una canonj\u00eda, un priorato y una preceptor\u00eda. Esta \u00faltima es la de los Gondi. Es un retiro tranquilo, un descanso rico, c\u00f3modo y seguro. Pero a partir de 1617 la sed de bienes temporales se ha esfumado. Sus escritos revelan ya a un hombre entre\u00adgado por completo a Dios y a los pobres. Estos son los que por fin dan a su vida una orientaci\u00f3n definitiva. El voto de servirles avent\u00f3 las dudas de la fe que le obsesionaban y le situ\u00f3 en un plano en el que ya s\u00f3lo vivir\u00eda de la fe.<\/p>\n<p><em>Carisma vicenciano. <\/em>La doctrina paulina de la unidad en la diver\u00adsidad de los carismas aplicada a todo el cuerpo social es preciso acomo\u00addarla tambi\u00e9n a los Institutos de vida consagrada. Hoy es corriente la vuelta a los or\u00edgenes, el estudio de las fuentes para poder justificar su existencia en el pueblo de Dios. Ninguno tiene raz\u00f3n de ser, si no pre\u00adsenta su propio matiz, su sello distintivo, el car\u00e1cter que le distingue de los dem\u00e1s. Todos est\u00e1n de acuerdo en este punto. Todos son tambi\u00e9n un\u00e1nimes en asegurar que el principio diferenciador es el carisma fun\u00addacional, el tono o color evang\u00e9lico que los Fundadores imprimie\u00adron en su obra.<\/p>\n<p>Llegados aqu\u00ed, muchas Hijas de la Caridad se preguntan -llenas de confusi\u00f3n e incertidumbre: \u00bfQu\u00e9 es en realidad lo que nos distingue de las dem\u00e1s religiosas, de los otros grupos consagrados, o de los insti\u00adtutos seculares? En vida de los Fundadores la distinci\u00f3n era clara por\u00adque las Hijas de la Caridad eran una Compa\u00f1\u00eda \u00fanica entre todas las dem\u00e1s comunidad\u00e9s que llevaban sin excepci\u00f3n vida contemplativa. \u00bfPero tenemos derecho a existir en la Iglesia y en el mundo de hoy en que innumerables institutos est\u00e1n haciendo exactamente lo mismo que nosotras hacemos?<\/p>\n<p>Hay que confesar que no es una cuesti\u00f3n banal. Efectivamente hay congregaciones cuyos rasgos externos las tornan tan parecidas como gotas de agua. Muchas semejan Hermanas gemelas en todo: en las obras, en las costumbres y hasta en el h\u00e1bito. Debido a \u00e9sto algu\u00adnos elaboran proyectos de concentraci\u00f3n y reunificaci\u00f3n de religiosas a partir de ciertas afinidades. En este sentido las Hijas de la Caridad se\u00adr\u00edan algo as\u00ed como un centro magn\u00e9tico o un sistema axial de polariza\u00adci\u00f3n de varias comunidades por ser, hist\u00f3ricamente al menos, la causa de que tantas familias religiosas de vida apost\u00f3lica tengan hoy carta de ciudadan\u00eda en la Iglesia de Dios.<\/p>\n<p>Pero no son las obras, usos y atuendo de las Hijas de la Caridad su raz\u00f3n de ser, su nota caracter\u00edstica, su sello peculiar. No es en la cara solamente donde se pueden y se deben apreciar las diferencias. Es en la sicolog\u00eda \u00edntima, en la mentalidad colectiva, en el aire de familia donde radica la tonalidad propia. Es en un cierto estilo de vida, en leer la Biblia, el Derecho y la Historia a trav\u00e9s de su propio prisma, en la interpretaci\u00f3n matizada del mismo Evangelio, en un detalle acusado de la Persona de Cristo, en algo sutil e impalpable, pero real y profundo, en eso que se ha dado en llamar esp\u00edritu del Instituto, alma de la Compa\u00ad\u00f1\u00eda, santo y se\u00f1a del vicencianismo, algo, en fin, que los Fundadores in\u00adtuyeron, vivieron y transmitieron a su familia. En este sentido no puede haber coincidencia entre las comunidades de vida consagrada, aunque tengan, por otra parte, algunos puntos de contacto. La coincidencia del carisma implicar\u00eda indudablemente la unificaci\u00f3n de los grupos afec\u00adtados.<\/p>\n<p>Cada fundador toma, como punto de referencia, a Cristo, no a los institutos existentes, para poner en marcha el suyo propio. Ha contemplado a Cristo y ha tratado de asimilarlo e imitarlo seg\u00fan el as\u00adpecto que m\u00e1s impresi\u00f3n le ha causado. Cada congregaci\u00f3n ha nacido de la savia evang\u00e9lica, pero con un estilo de vida propio exclusivo e in\u00adtransferible. Para probar estas afirmaciones se podr\u00edan hacer desfilar por estas l\u00edneas una larga teor\u00eda de fundadores. San Vicente no es ningu\u00adna excepci\u00f3n. Su carisma viene a ser el siguiente: Cristo, en sus relacio\u00adnes con los pobres, es el modelo de la Hija de la Caridad. La Hija de la Caridad, en sus relaciones con los pobres ha de sentir el mismo amor, ha de tener los mismos cuidados, ha de abrigar las mismas ideas, ha de alimentar las mismas intenciones y ha de guardar el mismo trato que Cristo a fin de ser la continuadora de su misi\u00f3n en el tiempo y en el espacio.<\/p>\n<p>&#8216; \u00abMirad, Hermanas, vuestros cuidados no s\u00f3lo se refieren al cuerpo, sino tambi\u00e9n al alma. Y al alma principalmente. N. S. se cuidaba de ambas cosas. Curaba y evangelizaba al mismo tiempo. Vosotras le su\u00adced\u00e9is. \u00a1Qu\u00e9 dicha, que Dios os haya escogido para continuar lo que hizo su Hijo en la tierra! Es un estado de vida evang\u00e9lico porque, si quer\u00e9is continuar la misi\u00f3n de Cristo, deb\u00e9is llevar la misma vida que El llev\u00f3&#8230; Desde toda la eternidad hab\u00e9is sido destinadas para servir a los pobres de la misma forma que Cristo los serv\u00eda&#8230; Tened siempre en la memoria que Cristo es vuestra Regla&#8230;\u00bb Estas palabras quieren decir que el servicio de los pobres para ser evang\u00e9lico no debe hacerse s\u00f3lo por amor a Cristo, sino que debe proceder directamente del mismo amor que se profesa a Cristo y guardar, por tanto, el mismo or\u00adden, la misma medida, la misma forma que El guard\u00f3. Servir al pobre por amor a Cristo tiene la impronta de la legitimidad evang\u00e9lica. Pero lo espec\u00edficamente vicenciano es amar y servir a Cristo en el pobre. O mejor ser\u00eda decir: amar y servir al Pobre, sacramento de Cristo y ser sacramento de Cristo para con el Pobre, mostrar al pobre con toda cla\u00adridad el rostro de Cristo.<\/p>\n<p><em>Unidad de vida. <\/em>Para definir a las Hijas de la Caridad no hay que encasillarlas en los institutos de vida activa con un sentido de oposici\u00f3n o de negaci\u00f3n de la vida contemplativa. La raz\u00f3n es porque su peculiar consagraci\u00f3n est\u00e1 caracterizada por la actividad contemplativa, o si se prefiere, por una contemplaci\u00f3n din\u00e1mica y activa. San Vicente habla insistentemente sobre el valor de la oraci\u00f3n, de la uni\u00f3n con Dios, de la vida interior. \u00abDadme un alma de oraci\u00f3n y ser\u00e1 capaz de todo.\u00bb Una Hermana sin oraci\u00f3n est\u00e1 tarada por una esterilidad absolu\u00adta. Es imposible amar a los pobres con una caridad verdaderamente cris\u00adtiana si no se \u00abve\u00bb y se ama a Dios en ellos. Pero \u00bfc\u00f3mo verle y amarle sino se piensa en El, si no se busca y se actualiza a menudo su presen\u00adcia? Para ser ap\u00f3stoles de Cristo hay que sostener con El habitualmente relaciones personales de amistad. No s\u00f3lo hay que obrar como El, sino con El y en El. \u00abHay que revestirse de su Esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p>La fidelidad a la oraci\u00f3n se impone porque por medio de ella con\u00adtemplamos a Cristo que siendo rico se hizo pobre, que nos enriqueci\u00f3 con su pobreza, que llama dichosos a los pobres, que no se contenta con hermosos sentimientos, sino que les consagra la integridad de su aposto\u00adlado y de su vida. \u00abHemos sido escogidos por Dios como instrumentos de su inmensa y paternal caridad que quiere establecer y dilatar en las almas.\u00bb Pero nadie puede ser instrumento de la caridad divina si no vive en contacto con su Fuente, si no est\u00e1 continuamente asido de la mano del Padre, si no tiene la mirada clavada en la diana de su Volun\u00adtad. \u00abHay que vivir en dependencia <sup>:<\/sup>del- Hijo de Dios y preguntarse en cada acci\u00f3n: Se\u00f1or, si estuvieras en mi lugar, \u00bfqu\u00e9 har\u00edas en esta ocasi\u00f3n?, \u00bfc\u00f3mo consolar\u00edas a este enfermo de cuerpo o de esp\u00edritu&#8230;?\u00bb La vocaci\u00f3n de la Hija de la Caridad no puede mantenerse m\u00e1s que apoyada sobre la fe que descubre en el pobre el sacramento de Cristo, de Cristo que est\u00e1 en \u00e9l en agon\u00eda hasta el fin del mundo. S\u00f3lo la oraci\u00f3n hace profundizar esa fe. S\u00f3lo con la oraci\u00f3n se encuentra a Cristo en el pobre, se ama a Cristo en el pobre, se es sacramento de Cristo para el pobre.<\/p>\n<p><em>Unidad y pluralidad. <\/em>La uniformidad se refiere a lo esencial; la pluralidad, a lo accesorio. Lo esencial es el fin y los medios principales para llegar al fm. Sabemos el fin que San Vicente marc\u00f3 a la Compa\u00f1\u00eda. Es el lazo que debe unir a tantas flechas dispares. Lo accidental son las obras que nacen, viven y mueren al ritmo de los tiempos. Lo provi\u00adsional son los medios materiales y los procedimientos t\u00e9cnicos de cada \u00e9poca, de cada naci\u00f3n, de cada cultura. Lo intangible son los cauces abiertos por el mismo Fundador para perpetuar su obra, como la ora\u00adci\u00f3n, la ascesis, un m\u00ednimum de vida comunitaria, un g\u00e9nero sencillo de vida conforme a las sanas costumbres locales. Lo eventual son las distintas soluciones frente a los problemas planteados por la diversi\u00addad de las provincias, casas, personas y ministerios. La Compa\u00f1\u00eda tiene que montar sobre el pivote de la unidad la rueda giratoria y multi\u00adcolor de la pluralidad. Gracias a este arte dif\u00edcil ha conseguido ocupar un lugar al sol y gracias a \u00e9l podr\u00e1 sortear limpiamente, sin accidentes mortales, los baches y las curvas de la historia.<\/p>\n<p><em>Cristocentrismo. <\/em>La espiritualidad de los Fundadores es total\u00admente evang\u00e9lica. Conocen profundamente el Evangelio. Lo leen asi\u00adduamente. Y lo que es m\u00e1s importante, lo viven. Yo dir\u00eda que poseen un sentido no com\u00fan, extraordinario del Evangelio. La vida de San Vicente es, desde el fondo de sus sentimientos hasta el menor de sus gestos, pasando por sus palabras, un Evangelio en acci\u00f3n. Vive pen\u00addiente de Cristo. Anhela prolongar su vida en la tierra. Hace de su persona y de su doble comunidad otros tantos veh\u00edculos del Reino. El nombre de Cristo mana de sus labios, como un hilo de agua, ininte\u00adrrumpidamente. No hay en sus escritos veinte l\u00edneas en que no aparezca con un pretexto o con otro. Es como una luz que todo lo ilumina. El servicio de los pobres s\u00f3lo lo concibe como un servicio directo y perso\u00adnal de Cristo. Cristo es el centro de gravedad de todos sus actos, de to\u00addas sus obras, de toda su vida. Sin El todo el edificio vicenciano se des\u00adplomar\u00eda como un castillo de naipes.<\/p>\n<p><em>Testimonio. <\/em>San Vicente exige de sus hijas un triple testimonio. Aunque en su tiempo no se planteaba el problema en coyunturas id\u00e9n\u00adticas a las de ahora, su doctrina, como la del Evangelio, vale para todos los tiempos. Marcha en cabeza el <em>testimonio de la simple presencia, <\/em>la fuerza de la ejemplaridad, el apostolado puro y simple. \u00abHe consi\u00adderado c\u00f3mo quiere N. S. que yo viva, es decir, conform\u00e1ndome a El en cuanto me sea posible de modo que quien me vea, vea una imagen de Jes\u00fas&#8230; Dios escoge y re\u00fane a las Hermanas de diversas regiones para manifestar a los hombres de todos los lugares por donde pasen el amor que El les tiene, el cuidado que pone su Providencia para so\u00adcorrerlos en sus necesidades y de este modo hacer que le conozcan&#8230; Quien vea la vida de Jes\u00fas ver\u00e1 una reproducci\u00f3n en la vida de una Hermana\u00bb.<\/p>\n<p>En segundo lugar coloca <em>el apostolado del servicio, <\/em>de la ayuda, de la asistencia. \u00abUn coraz\u00f3n que ama a N. S. no puede sufrir su ausencia y procura unirse a El con los lazos de un amor tierno y afectivo. Pero de este amor afectivo ha de pasar al amor efectivo que consiste en el ejer\u00adcicio de las obras de caridad, en el cuidado de los pobres llevado a cabo con alegr\u00eda, constancia y entusiasmo. Estas dos clases de amor consti\u00adtuyen la vida de una Hermana. \u00abEst\u00e1is destinadas a representar la bon\u00addad de Dios ante los pobres&#8230; Vais a dar a conocer a todos, cat\u00f3licos, herejes y paganos, la bondad de Dios; pues cuando vean que Dios tiene tanto cuidado de sus criaturas que ha formado una Compa\u00f1\u00eda de perso\u00adnas cosagradas al servicio de los pobres se ver\u00e1n obligados a confe\u00adsar que es un Padre lleno de bondad.\u00bb<\/p>\n<p>En tercer lugar pone <em>el apostolado de la palabra. <\/em>\u00abHay que tener la osad\u00eda de hablar de Dios&#8230; La Hija de la Caridad no debe contentarse con asistir corporalmente a los pobres, debe preocuparse de instruirlos. Vuestros cuidados no han de dirigirse s\u00f3lo al cuerpo o a la inteligencia, sino tambi\u00e9n al alma. N. S. atend\u00eda a los pobres simult\u00e1neamente con la obra y con la palabra. Lo mismo hac\u00edan los ap\u00f3stoles. Hab\u00e9is de deciros: Dios me ha confiado este hombre para que yo le cure y para que yo le salve. Por eso hab\u00e9is de ense\u00f1arles lo que deben creer y obrar para vivir como cristianos buenos, prepararlos para morir bien, inspi\u00adrarles el deseo de contemplar \u00e1 Dios&#8230; Pero todo con gracia y brevedad, con palabras sinceras que salen de dentro&#8230; \u00bfEn qu\u00e9 debi\u00e9ramos pensar, sino en ganar un alma para Dios, sobre todo, cuando esa alma viene a no\u00adsotros? No debi\u00e9ramos tener otro fin ni mirar a otro objetivo, sino a \u00e9ste \u00fanicamente&#8230; En esto consiste el ejercicio de vuestra vocaci\u00f3n, en ha\u00adcer cuanto pod\u00e1is para que los dem\u00e1s conozcan y amen a Dios.\u00bb<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfHay algo m\u00e1s grande? Dar a conocer la grandeza de Dios, su bondad, el amor que tiene a sus criaturas; ense\u00f1ando a todo el mundo los misterios de la fe. Ciertamente no hay nada comparable con esto&#8230; Se\u00f1or, ot\u00f3rganos la gracia de conmover los corazones; danos la valen\u00adt\u00eda de ense\u00f1ar las cosas necesarias para la salvaci\u00f3n, el don de llegar al fondo de las almas y de conducirlas a tu amor&#8230;\u00bb<\/p>\n<p><em>Los ricos. <\/em>El nombre de San Vicente evoca necesariamente el recuerdo de los pobres. Sin embargo, a lo largo de su existencia no s\u00f3lo estuvo rodeado de gentes poderosas, sino que se movi\u00f3 siempre en la esfera de las altas clases sociales y mantuvo relaciones de amistad con la nobleza. El hecho es evidente, incontrastable. Ahora, surge una pregunta que no se puede soslayar: \u00bfcu\u00e1l es su actitud en el mundo del dinero, de la gloria y del poder en que le toc\u00f3 vivir?<\/p>\n<p>1.\u00b0 La riqueza nunca le deslumbr\u00f3. Viv\u00eda demasiado entregado a Dios para no sentir la fragilidad de la fortuna, la veleidad de la po\u00adl\u00edtica, la insatisfacci\u00f3n del lujo. Las guerras, la ocupaci\u00f3n extranjera, la espantosa miseria de la otra clase del pueblo se encargaban de que diera su justo valor a los bienes materiales. El fausto de la corte, la amis\u00adtad de los reyes, el roce frecuente con la aristocracia, el trato con la \u00ab\u00e9lite\u00bb de su tiempo le dej\u00f3 indiferente. Conoc\u00eda la otra cara de la de\u00adcoraci\u00f3n, el reverso de la medalla humana. Palpaba adem\u00e1s la tr\u00e1gica pobreza de los ricos, a veces m\u00e1s cruel que la pobreza material. La asum\u00eda, como a esta \u00faltima y la remediaba volvi\u00e9ndola hacia Dios, orient\u00e1ndola hacia los pobres.<\/p>\n<p>2.\u00b0 Es fiel a s\u00ed mismo en medio de los grandes como en medio de los peque\u00f1os. Nunca niega su origen plebeyo. Cuando se le presenta la ocasi\u00f3n lo evoca con una sencillez no exenta de suave iron\u00eda. En to\u00addos los ambientes vive la grandeza y las exigencias de su sacerdocio. La refinada etiqueta y el boato de los palacios no interrumpen su contacto con Dios. La lisonja no le cabe en la cabeza ni en el coraz\u00f3n. Si est\u00e1 all\u00ed entre las clases rectoras e influyentes es para decir a cada uno la verdad, aunque le toque perder, como a San Juan Bautista. \u00abEn nombre de mi Salvador y de parte de Dios le ruego que abandone ese mal pensamiento&#8230;\u00bb Dec\u00eda al Se\u00f1or de Gondi para disuadirle de un duelo que estaba planeando&#8230;<\/p>\n<p>3.\u00b0 Se siente solidario de todos los pobres junto a los ricos. Su voz es la voz de todos los desheredados. Los representa en todas las familias pudientes que frecuenta. El mundo de la miseria va con \u00e9l al mundo de la opulencia. Los,} acotes, cotes, los presos de las c\u00e1rceles, los ni\u00f1os abandona\u00addos, los pobres vergonzantes, las aldeas arrasadas por la guerra, las religiosas que mueren de desnutrici\u00f3n, etc., se salvaron porque San Vicente llev\u00f3 a las altas esferas su grito angutioso, lanz\u00f3 su palabra arrojadiza, cortante y punzante que cort\u00f3 las buenas digestiones, pero puso en pie de caridad los buenos corazones.<\/p>\n<p>4.\u00b0 Se sirve de su cr\u00e9dito entre los ricos en favor de los pobres. A veces sus iniciativas son tan atrevidas que pueden acarrearle la prisi\u00f3n o el exilio. Sus gestiones en favor de la paz revisten una audacia que raya con la temeridad. En defensa de la fe no teme afrontar las iras de ciertos clanes poderosos que ven desenmascaradas sus connivencias secretas con la herej\u00eda. Sabiendo el impacto violento que va a producir en la sociedad burguesa, edita un informe dram\u00e1tico y escalofriante so\u00adbre la situaci\u00f3n de ciertas provincias tras el paso de la guerra y apunta los remedios de urgencia que se estaban empezando a aplicar.<\/p>\n<p>5.\u00b0 Es un modelo de colaboraci\u00f3n humilde y eficaz. Es un lazo de uni\u00f3n entre ricos y pobres. Pobre entre los ricos y pobre entre los pobres. \u00ab\u00bfQui\u00e9n querr\u00e1 ser rico despu\u00e9s de ver pobre a J. C.? Millones de mo\u00adnedas pasaron por sus manos, pero nunca se crey\u00f3 autorizado para dis\u00adponer de esas cantidades al margen de los pobres. \u00ab\u00bfA qui\u00e9n rob\u00e1is cuando reten\u00e9is algo que se ha puesto en vuestras manos? A los pobres. Rob\u00e1is a los pobres. Rob\u00e1is a Dios. Es un sacrilegio porque esos bienes pertenecen a Dios. El es quien ha inspirado a los donantes el gesto de ced\u00e9rselos a los pobres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COMUNIDAD VICENCIANA Las Hijas de la Caridad son unas mujeres seglares que viven en comunidad, consagradas al servicio de Dios en la persona de los Pobres. Son mujeres. 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