{"id":50433,"date":"2019-11-22T08:57:03","date_gmt":"2019-11-22T07:57:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/09\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-familiar\/"},"modified":"2019-09-09T10:37:24","modified_gmt":"2019-09-09T08:37:24","slug":"en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-familiar","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-familiar\/","title":{"rendered":"En respuesta a tu llamada: Comunidad familiar"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\">COMUNIDAD FAMILIAR<\/p>\n<p>Hay muchas religiosas que se plantean hoy el problema relativo al perfil que debe tomar su comunidad en los momentos presentes. El dilema que se presenta:es el siguiente: \u00bfDebe adoptar el talante y los re\u00adsortes de un equipo moderno o debe, por el contrario, conservar el as\u00adpecto y el nombre tradicional y venerable de familia? Ambos conceptos ofrecen sus ventajas. La voz de <em>equipo <\/em>atrae por su car\u00e1cter din\u00e1mico de grupo social, por su actividad apost\u00f3lica, por los m\u00e9todos que tiene puestos al d\u00eda, por la apertura que exhibe a los nuevos miembros frente al peligro de la testarudez y de la cerraz\u00f3n de las viejas comunidades, y, finalmente por el br\u00edo y gallard\u00eda juveniles de que hace alarde.<\/p>\n<p>La palabra <em>familia, <\/em>a su vez refleja los grandes valores de la vida comunitaria que ni la costumbre ni el tiempo han gastado a\u00fan. Por ejemplo, la estabilidad de sus miembros frente a su fugaz permanencia en el equipo; la superioridad innegable de la aceptaci\u00f3n mutua, ya que no se escogen entre s\u00ed, sino que se aceptan y se aman; la exlusi\u00f3n del utilitarismo, pues, al contrario del equipo, la familia da acogida a los enfermos, a los ancianos, a los in\u00fatiles para el trabajo, a los miembros-problema; el hecho de que la palabra Hermana en la comunidad-fa\u00admilia tiene un significado real, teol\u00f3gico, mientras que en la comuni\u00addad-equipo posee solamente un valor simb\u00f3lico y social.<\/p>\n<p>Entre ambas preferencias algunas religiosas no saben todav\u00eda a qu\u00e9 carta quedarse. Pero lo cierto es que las comunidades que van en la vanguardia del apostolado y de la Iglesia, respetando los rasgos t\u00edpicos que pone de relieve la palabra familia, han incorporado a su l\u00e9xico y a su pastoral los valores positivos de los equipos actuales y caminan afirmando bien sus pies en la tierra, pero sin dejar de clavar la mirada de su mente en el cielo.<\/p>\n<p>Una comunidad religiosa \u00abes <em>una verdadera familia <\/em>reunida en el nombre del Se\u00f1or\u00bb. La palabra familia que tratamos de aplicarle no es una met\u00e1fora, ni una analog\u00eda, ni una denominaci\u00f3n simb\u00f3lica. Hay una misteriosa y fascinante realidad contenida en el vocablo. Y es que todos los elementos esenciales que entran en la estructura de la familia natural forman tambi\u00e9n el entramado de la familia consagrada. Se ha dicho que una comunidad es la expresi\u00f3n m\u00e1s viva de la Iglesia, una Iglesia en miniatura, una c\u00e9lula de la Iglesia. La c\u00e9lula, conviene recordar, es un microorganismo que encierra a escala m\u00ednima todas las sustan\u00adcias componentes del organismo total de que forma parte. La comuni\u00addad religiosa es una peque\u00f1a fracci\u00f3n de la Iglesia, de esa dilatada y nu\u00admerosa familia de Cristo que cubre la superficie del planteta. Si Cristo no, se constituy\u00f3 padre de una familia temporal, se constituy\u00f3 patriarca de una familia sobrenatural formada por todas las familias locales a las que dio su nombre patron\u00edmico. Las religiosas est\u00e1n en la primera fila de aquel grupo de oyentes a los que se dirige Cristo dici\u00e9ndoles mientras los se\u00f1ala con su dedo \u00edndice: \u00ab\u00e9stos son mi padre, mi madre y mis hermanos\u00bb.<\/p>\n<p>Todos los grupos sociales hunden sus ra\u00edces y colocan sus cimien\u00adtos en la familia natural porque es la que les suministra el material hu\u00admano de que se componen. Por esta causa toda relaci\u00f3n humana es esencialmente familiar. Pero todas las asociaciones humanas reunidas no forman estrictamente una familia. Si se las llama as\u00ed es por el origen que de ella tienen y por las semejanzas que con ella guardan. Cuando se les aplica el nombre de familia s\u00f3lo se emplea un lenguaje literario. Nuestras comunidades son las \u00fanicas que encajan adecuadamente ese t\u00edtulo, no s\u00f3lo porque proceden de la instituci\u00f3n familiar y por las asom\u00adbrosas analog\u00edas que tiene con ella, sino porque la aspiraci\u00f3n de todas consiste en fundar un hogar aut\u00e9ntico y permanente. La misi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de este hogar, su destino y su funcionamiento son id\u00e9nticos a los de una familia terrena. Claro est\u00e1 que unos fines se realizan en el \u00e1m\u00adbito temporal mientras otros se llevan a cabo en un plano trascendente. Las ataduras que sujetan a sus miembros son m\u00e1s nobles y resistentes que las que ligan a los padres, hijos y hermanos entre s\u00ed. Las mujeres que viven bajo el mismo techo de su casa religiosadisfrutan de un alto grado de parentesco espiritual a causa de los v\u00ednculos familiares que las unen a Cristo y a la Iglesia. El grado de consanguinidad tiene aqu\u00ed un sentido exacto, pero inmaterial.<\/p>\n<p><em>Aire de Familia. <\/em>Una comunidad no s\u00f3lo es una simple corpora\u00adci\u00f3n polivalente, sino una familia viva y operante que lleva en el \u00e1rbol arterial de cada persona, so pena de no ser familia, sangre y carne co\u00admunes, es decir, un esp\u00edritu y un modo de ser que, por formar un patri\u00admonio colectivo, es querido y vivido por todas. Es lo que tantas veces se ha llamdo esp\u00edritu de familia. Es lo que podr\u00edamos llamar tambi\u00e9n aire de familia. Es ese estilo de vida, esa manera peculiar de pensar y de actuar que constituye el sello distintivo de un Instituto religioso. De ah\u00ed que cuando una Hermana tiene su centro cordial fuera de su comu\u00adnidad, o ella se ha envilecido o la comunidad ha degenerado.<\/p>\n<p>El prototipo ideal de todas las sociedades ser\u00eda cualquier familia ejemplar. Una agrupaci\u00f3n cualquiera, sea del tipo que sea, ser\u00e1 tanto m\u00e1s perfecta cuanto mejor reproduzca las virtudes familiares, como la confianza mutua, la uni\u00f3n, la sencillez, el amor, el desinter\u00e9s personal. Una comunidad religiosa que haga suyas las relaciones humanas de la familia de Nazareth, que sea, no un doblaje, sino una copia exacta y personal, habr\u00e1 conseguido su raz\u00f3n de ser, habr\u00e1 alcanzado el objetivo para el que fue convocada.<\/p>\n<p><em>No los lazos de la sangre, sino los del amor <\/em>son los que atan en un haz a los miembros de una comunidad. En la familia natural la voz del amor se tiene que dejar o\u00edr despu\u00e9s de la voz de la sangre. En la fami\u00adlia religiosa es \u00fanicamente el amor el que elige, llama, re\u00fane y mantiene la unidad familiar. El amor es el principio profundo que une a los seres consagrados, primero en sus personas y despu\u00e9s en sus actividades; es la fuerza m\u00e1s poderosa de la tierra; la \u00fanica capaz de unificar y regular las relaciones de unas mujeres totalmente diferentes; es la voluntad vi\u00adgilante que previene los encuentros, amortigua los choques y cicatriza las heridas producidas por enfrentamientos para que no se paralice la vida comunitaria o se convierta en un infierno de tensiones; es la mano h\u00e1bil que moldea el grupo, no haciendo de \u00e9l un todo amorfo donde cada uno piensa igual que otro, sino dot\u00e1ndolos de antenas orientadas en diversos sentidos. La fuerza del amor es m\u00e1s eficaz que la fuerza de la sangre. La ley del parentesco no puede por s\u00ed misma imponer la paz dom\u00e9stica. S\u00f3lo el amor es capaz de establecer en el hogar el reinado de la concordia.<\/p>\n<p><em>Acogida. <\/em>Bajo las alas de piedra o de cemento de su vivienda la familia cristiana acoge y ampara con igual cari\u00f1o a todos los seres que el cielo le va enviando, aunque el tiempo los empeore, la enfermedad los altere, el pecado los manche y la sociedad los pervierta. Todos tienen las puertas y el coraz\u00f3n abiertos: los ni\u00f1os deformes y los abuelos decr\u00e9pi\u00adtos, los adolescentes enfermizos y los muchachos subnormales, los hijos rebeldes y las hijas pr\u00f3digas. El amor natural y el sobrenatural se dan la mano para llevar a cabo la dif\u00edcil tarea de su integraci\u00f3n en la unidad familiar. De igual modo en la comunidad, el amor, que es la fuerza de Dios, comienza por dar a todas una acogida cordial e indiscriminada. Todas las mujeres que el Se\u00f1or va llamando a la vida en com\u00fan deben ser aceptadas tal como son, tienen que estar seguras de que no estar\u00e1n marginadas, excluidas, abandonadas. Ninguna _de sus compa\u00f1eras se podr\u00e1 atrincherar detr\u00e1s de su ego\u00edsmo porque se dan cuenta de la ne\u00adcesidad que tienen unas de otras, de cuidarse las unas a las otras, de morir las unas por las otras. Si el amor es una realidad infinitamente superior al parentesco, \u00bfpor qu\u00e9 a veces est\u00e1 como anestesiado, insen\u00adsible, sordo a la llamada del sufrimiento ajeno, impotente para pro\u00adrrumpir en actos de abnegaci\u00f3n, de esos que tan a menudo se dan en las familias seglares creyentes?<\/p>\n<p><em>Fecundidad. <\/em>Una nube de soledad y de tristeza se abate sobre el matrimonio marcado por la esterilidad. El amor que pudo llenar el vac\u00edo de dos corazones no puede llenar el vac\u00edo de una cuna. La uni\u00f3n infecunda es casi siempre un fallo inevitable de la naturaleza. Si fuera voluntario podr\u00eda llegar a constituir un crimen. El amor comunitario, al rev\u00e9s del amor conyugal, siempre es fecundo como el de la Iglesia del que participa. La esterilidad apost\u00f3lica, por consiguiente, es volun\u00adtaria en cualquier caso y por lo tanto, culpable. Los miembros de una comunidad se aman para engendrar, para comunicarse la vida unos a otros. En cada Hermana es Cristo quien ama a las dem\u00e1s. La caridad cristiana es imagen de la de Dios. Ahora bien, Dios no nos ha amado porque \u00e9ramos justos, sino para que lo fu\u00e9ramos. Del mismo modo una Hermana no ama a sus compa\u00f1eras a causa de sus buenas cualidades; las ama para engendrarlas, para mejorarlas, para salvarlas en uni\u00f3n con Cristo. El la ha engendrado y salvado en nombre de su Padre. Ella hace lo mismo con las dem\u00e1s si es que el amor de Cristo permanece en ella. Engendrar y salvar primeramente a las que viven con ella dentro es la condici\u00f3n previa para engendrar y salvar a todos los que viven fuera. El apostolado interior es el preludio indispensable para empezar la obra del apostolado exterior.<\/p>\n<p><em>Bienes comunes. <\/em>En la comunidad de la familia seglar todo es de todos. Los padres administran con orden y econom\u00eda los bienes materia\u00adles seg\u00fan las necesidades comunes y particulares. Las penas y las ale\u00adgr\u00edas afectan a todos igualmente. Lo mismo celebran la subida del suel\u00addo o el \u00e9xito de los estudios que lamentan la p\u00e9rdida de la salud o la quiebra de un negocio. Todos sonr\u00eden sobre la cuna del reci\u00e9n nacido y todos lloran sobre el ata\u00fad del que acaba de morir. Algo semejante ocurre en la comunidad religiosa. En este sentido se la puede considerar en un triple aspecto:<\/p>\n<p><em>Comunidad de personas. <\/em>Eso es ante todo la familia consagrada: Una sociedad de personas completamente diferentes que el amor, sin reducir sus dimensiones individuales, ha colocado en un plano de igual\u00addad y en una actitud de servicio mutuo y permanente. Es maravilloso el n\u00famero de cosas imposibles que un grupo de mujeres resueltas logra realizar: ser due\u00f1as de s\u00ed mismas, ser esclavas de las dem\u00e1s, cerrar los ojos y abrir los brazos, molestarse lo m\u00e1s posible para molestar lo me\u00adnos posible, dar m\u00e1s importancia a donarse que a domarse, echar cada d\u00eda una flor en el camino de las otras para que florezcan cuanto antes los caminos de todas&#8230; La comunicaci\u00f3n de la propia persona implica una disponibilidad total y excluye todo g\u00e9nero de reivindicaciones. El ideal de una mujer consagrada no es una vida confortable. Ha aprendido en la nueva escuela que su entrega a las dem\u00e1s es lo \u00fanico por lo que vale la pena vivir, que una vida es tanto m\u00e1s hermosa cuanto m\u00e1s entregada, que la \u00fanica dicha que puede admitir honradamente no es la propia, sino la reflejada por sus compa\u00f1eras.<\/p>\n<p>Pero la comunidad no es por eso ni una podadera de iniciativas, ni un cementerio de ilusiones, ni una guillotina de personalidades. Es la milagrosa s\u00edntesis de las igualdades y de las diferencias. A todas concede el mismo trato social, a todas da la misma igualdad de oportunidades, a todas respeta sus derechos y exige sus deberes. As\u00ed como la nieve nivela todos los altibajos del camino sin destruirlos, as\u00ed la comunidad nivela todas las desigualdades naturales de las personas sin anularlas. Es un mundo en el que las categor\u00edas sociales han desaparecido como por en\u00adcanto. Pergaminos, t\u00edtulos, blasones, y escudos nobiliarios son cosas perfectamente in\u00fatiles. Por las venas no corre ni una sola gota de sangre azul. S\u00f3lo virtud es nobleza. Ni el acento ling\u00fc\u00edstico, ni los rasgos facia\u00adles, ni el pigmento de la piel son tenidos en cuenta. Y del r\u00e9gimen de cas\u00adtas s\u00f3lo saben que impera all\u00e1, muy lejos, en algunas naciones delconti\u00adnente asi\u00e1tico.<\/p>\n<p><em>Comunidad de bienes. <\/em>La vida religiosa posee unos bienes comu\u00adnes de orden espiritual. Es el Esp\u00edritu Santo que circula, anima, mueve y ordena, como un motor, la compleja maquinaria humana que ha adqui\u00adrido para s\u00ed; es la misi\u00f3n salv\u00edfica de la Iglesia en el mundo que fertiliza el trabajo comunitario, acucia los esp\u00edritus y pone impaciencias en los pies y en las manos de todas; es ese acervo de ideas, tradiciones, consig\u00adnas, rasgos y matices propios que constituyen la herencia de los Funda\u00addores y forman lo que se ha dado en llamar el esp\u00edritu de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Los bienes temporales tambi\u00e9n est\u00e1n hechos y ordena<sup>&#8211;<\/sup>dos para el disfrute com\u00fan. Tales bienes no bajan todos los d\u00edas del cielo como el man\u00e1. Son el fruto de los sudores y de los esfuerzos de toda la comuni\u00addad. La ley de la justicia exige a cada una la puesta en com\u00fan de su ta\u00adlento, de su ingenio y de sus energ\u00edas porque son cosas a las que las compa\u00f1eras tienen derecho desde el d\u00eda de su incorporaci\u00f3n. La ley del trabajo le pide una preparaci\u00f3n esmerada, una seria competencia y un pleno rendimiento en la tarea que le ha sido asignada. La ley de la cari\u00addad reclama de las dem\u00e1s tomar medidas oportunas para que su compa\u00f1era no llegue a un agotamiento tal que resulta f\u00edsicamente inu\u00adtilizada para el futuro. El voto de pobreza que le aguijonea a ella para que no pretenda vivir con el desenfado y la indiferencia de una hija de pap\u00e1, las conmina a ellas para que no la exploten como a un hijo de la gleba.<\/p>\n<p>Hay que educar el coraz\u00f3n para que viva siempre en estado de gra\u00adtitud a las dem\u00e1s, porque est\u00e1n a su servicio permanentemente; para no estar a la defensiva ni tomar la revancha contra las remolonas y las instaladas; para no sentar plaza de vividora, ni de aprovechada, ni de las que siempre llegan apresuradas antes de que se termine el reparto; para poner en com\u00fan los obsequios de amigos y familiares, aunque se arguir\u00e1 seguramente que se trata de un regalo personal. Hay que hacer comprender con delicadeza a los donantes que est\u00e1n agasajando a una mujer que vive en com\u00fan y que la sana convivencia y el amor a las Her\u00admanas exigen se comparta con ella lo que se recibe. Esta actitud tiene el arte de producir admiraci\u00f3n en los bienhechores, gozo en el destina\u00adtario y alegr\u00eda fraterna en la comunidad.<\/p>\n<p><em>Comunidad de sentimientos. <\/em>Todas las Hermanas han de tener \u00abun s\u00f3lo coraz\u00f3n y un alma sola\u00bb, como los cristianos de la Iglesia pri\u00admitiva. Tener un alma com\u00fan es tenerla abierta d\u00eda y noche, como una antena, para que lleguen sin interferencias todas las ondas mensajeras que emiten las otras: sus penas secretas, sus temores, sus esperanzas, los latidos de su silencio&#8230; Conocerlas y comprenderlas vienen a continua\u00adci\u00f3n como una consecuencia. Porque vivir siempre juntas y no conocer\u00adse es tan posible como tr\u00e1gico. Estar\u00e1 en lo cierto el vulgo cuando afir\u00adma que las religiosas llegan sin conocerse, viven sin amarse y mueren sin llorarse?<\/p>\n<p>Tener un coraz\u00f3n com\u00fan es disponer de una fma sensibilidad para percibir las necesidades que las aquejan y las satisfacciones que experi\u00admentan; tener una disponibilidad ilimitada para remediar las primeras y participar de las segundas; estar dotada de una imaginaci\u00f3n f\u00e9rtil en recursos para aplic\u00e1rselos oportunamente. De aqu\u00ed nacen la compasi\u00f3n y la simpat\u00eda: dos palabras que si anta\u00f1o significaron lo mismo hoy tienen dos equivalencias muy distintas.<\/p>\n<p><em>Autoridad. <\/em>La autoridad de los padres en el hogar es indiscutible. Todas las leyes humanas y divinas la establecen, la sostienen y la defien\u00adden. De ella arranca y en ella se apoya cualquiera otra autoridad en el orden social. Esta no es m\u00e1s que una proyecci\u00f3n natural y necesaria de aqu\u00e9lla. Podr\u00e1 variar, para bien o para mal, el modo o estilo de su ejer\u00adcicio, pero su principio es inmutable y eterno como la fuente de donde brota.<\/p>\n<p>La autoridad de la familia procede de Dios en cuanto es autor de la naturaleza. La autoridad de la comunidad religiosa procede de Dios en cuanto es autor de la gracia. En ambos casos su aceptaci\u00f3n y acata\u00admiento por parte de los grupos respectivos es de absoluta necesidad, si quieren asegurar la supervivencia. El mandato y la obediencia son t\u00e9r\u00adminos correlativos y, seg\u00fan se mire, son igualmente f\u00e1ciles o igualmente<\/p>\n<p>dif\u00edciles. Es cuesti\u00f3n de que cada una aporte todo lo que est\u00e1 en su mano para sortear fricciones y aclarar nebulosidades. Si la superiora debe ser vista y acatada como portadora de la voluntad de Dios, la que obedece debe ser respetada por la anterior como si fuera Cristo. La primera debe descansar en la colegialidad para que la segunda pueda serenarse pensando que lo que hace por obediencia es tambi\u00e9n voluntad de la co\u00admunidad. Pero en todo caso nunca hay que olvidar que el binomio auto\u00adridad-obediencia es un sacramento, un misterio de f\u00e9. No se discute, se acepta.<\/p>\n<p><em>Trato caracter\u00edstico\u00bb. <\/em>Salta a la vista que las relaciones humanas de los componentes de un hogar adquieren un tono muy distinto del que tie\u00adne su roce cotidiano con vecinos, ciudadanos u otros grupos sociales a los que pertenecen. Este trato rec\u00edproco est\u00e1 definido con bastante exactitud por la palabra familiaridad. Las relaciones humanas de una familia con\u00adsagrada tienen tambi\u00e9n su sello peculiar. Su mutuo comportamiento est\u00e1 determinado por el hecho de constituir una verdadera familia, pero marcada con el signo de lo sobrenatural, por lo que su convivencia tiene que estar muy matizada. La l\u00ednea de su trato social debe esquivar el pe\u00adligro de la chabacaner\u00eda y de la ordinariez y hacer un quiebro a la cursi\u00adler\u00eda y a la ret\u00f3rica. Amistad y respeto: he ah\u00ed dos ingredientes que dar\u00e1n a sus diarios contactos el resultado apetecido. Ni ademanes barriobaje\u00adros ni posturas acad\u00e9micas. Ni osad\u00eda ni timidez. Ni descoco ni envara\u00admiento.<\/p>\n<p><em>Los enfermos y ancianos. <\/em>Para San Vicente de Pa\u00fal son m\u00e1s valio\u00adsas que los vasos destinados al culto eucar\u00edstico. Los cuidados que se les presta reportan ping\u00fces ganancias celestiales. Son como cheques al por\u00adtador del banco de la Providencia divina. Ellas dan a sus compa\u00f1eras la oportunidad de practicar la<sup>&#8211;<\/sup>caridad aut\u00e9ntica y de que puedan se\u00f1alar con una cruz roja la lista entera de las obras de misericordia, algo fun\u00addamental de que carecen \u2014voluntariamente\u2014 los flamantes y moder\u00adnos grupos de amistad. Las enfermas dan m\u00e1s que reciben. Pero para dar tienen que recibir. Porque el zarpazo del dolor las ha sorprendido en plena actividad y se ven impotentes para bajar de la cruz por s\u00ed mismas y proseguir sus tareas. Y las ancianas porque la borrosa suavidad de la vejez las ha depositado en la sala de espera de la muerte que es el punto y aparte de la vida y necesitan caminar hacia el ocaso con confianza y serenidad.<\/p>\n<p>No hay familia natural ni religiosa que no quiera integrar a estos seres que sufren en el regazo de su amor fraterno. La que, con pretextos o sin ellos, los rechaza es una familia maldita. No creo en las comunida\u00addes que, al socaire de la agilidad apost\u00f3lica, los excluyen positivamente. Al hablar as\u00ed me refiero, claro est\u00e1, a esa actitud de indiferencia y des\u00adpreocupaci\u00f3n que adoptan con relaci\u00f3n a ellas, no al hecho de in\u00adgresarlas en los centros asistenciales adonde los sigue acompa\u00f1ando el inter\u00e9s, los desvelos y el amor de sus hermanas.<\/p>\n<p><em>Actos familiares. I.\u00b0 La oraci\u00f3n en com\u00fan <\/em>debiera ser el momento crucial de la vida familiar, tanto en el hogar como en el grupo comuni\u00adtario. Es el instante en que sus miembros se re\u00fanen en torno al Padre com\u00fan, no como individuos aislados, sino como unidad familiar, para expresar con el alma y con el cuerpo su comuni\u00f3n de vida con El y con sus herm\u00e1nos. Hay adem\u00e1s un \u00abslogan\u00bb que se ha repetido hasta la sa\u00adciedad: familia que reza unida permanece unida. La frase tiene en este caso una fuerza axiom\u00e1tica y certera. Pero soplan hoy malos vientos contra la oraci\u00f3n comunitaria. Dentro de poco la casa religiosa s\u00f3lo susci\u00adtar\u00e1 la idea de club o de pensi\u00f3n, pero no de templo y oratorio. Los reli\u00adgiosos se reunir\u00e1n alrededor de una mesa para comer o jugar, en torno al tocadiscos y el televisor para solazarse, pero no ser\u00e1n capaces de con\u00adgregarse alrededor de Cristo para rezar. Las consecuencias de este con\u00adtrasentido no son dif\u00edciles de vaticinar.<\/p>\n<p><em>2.\u00b0 Las comidas <\/em>son tambi\u00e9n actos familiares por excelencia. La febril actividad laboral, cultural o apost\u00f3lica de cada d\u00eda desparrama a las Hermanas, como en una forzada di\u00e1spora, lanz\u00e1ndolas a todos los vientos de la rosa. La necesidad de nutrir su organismo y de restaurar sus energ\u00edas las convoca de nuevo durante unas horas-escasas cada jor\u00adnada. Hablan, r\u00eden, departen, comentan, intercambian, planean, se rela\u00adjan, se conocen, plantean cuestiones, preludian soluciones&#8230; Todo esto tiene m\u00e1s importancia para la moral del esp\u00edritu que el alimento que toman para la vida corporal. La ausencia de estos encuentros s\u00f3lo puede estar justificada por razones de mucho peso.<\/p>\n<p>3.\u00b0 <em>Los recreos <\/em>en la comunidad religiosa son la prolongaci\u00f3n de las comidas de cuya ventaja sicol\u00f3gica participan. Tienen todo lo positivo de la sobremesa en el hogar dom\u00e9stico. Tal vez los vapores de la diges\u00adti\u00f3n les den mayor fuerza expansiva. Las conversaciones suelen ser m\u00e1s barrocas y multicolores. El murmullo de las voces al principio adquiere el volumen de una ola que al final termina por desinflarse en la playa. Se disipan las sombras, se olvidan los choques, callan los agravios, remi\u00adten las penas&#8230;. Me gusta que las recreaciones tengan un parecido con las batallas de flores: rivalidades de buena ley, derroche de ingenio, agri\u00addulces iron\u00edas, andanadas de chistes, disparos de flores, buen humor, sonrisas, favores, atenciones, detalles, bromas y algazara. \u00a1Ah! y todo, guardando una discreta distancia, una suave y respetuosa lejan\u00eda per\u00adsonal. No es menester calibrar el alcance de estos actos porque la expe\u00adriencia de cada cual puede hablar muy alto en su favor.<\/p>\n<p><em>Los secretos familiares. <\/em>El secreto es un derecho incuestionable de todo grupo humano. Recaba una obligaci\u00f3n correlativa y evidente en los individuos que lo componen. Toda familia tiene sus secretos que guar\u00adda celosamente. Su divulgaci\u00f3n acarrear\u00eda perjuicios tan ciertos como previsibles. Solamente una cabeza loca o un coraz\u00f3n avieso lanzan al aire de la publicidad las intimidades de su familia seglar o religiosa. Sonroja pensar que haya Hermanas tan irresponsables que echen a rodar el buen nombre y la fama limpia de su comunidad por el fango de los coti\u00adlleos y de las murmuraciones. No se percatan que ellas mismas se es\u00adt\u00e1n arrojando el polvo a la cara. El desdoro de su familia es tambi\u00e9n su verg\u00fcenza, su escarnio y su ignominia. La que desvela los asuntos re\u00adservados de la casa tiene el mismo impudor que la que se desnuda p\u00fabli\u00adcamente. Hay temas, sucesos, materias y cuestiones, que, aunque sean innegables y ver\u00eddicos, deben quedar encerrados en el circuito familiar e incomunicados entre las cuatro paredes de la casa.<\/p>\n<p>La palabra casa que acabo de escribir me da pie para seguir deshil\u00advanando mi idea. El secreto de una casa no se puede comunicar a otra casa del mismo Instituto porque el secreto es incomunicable por s\u00ed mis\u00admo. En el mundo, dentro del grupo o clan familiar hay secretos que no pasan de una familia a otra. Las filtraciones pueden desencadenar lan\u00adces muy desagradables. Los comadreos monjiles se susurran a media voz, pero resuenan como un redoble de tambores de guerra. Son \u00ablos demo\u00adnios familiares\u00bb de la Compa\u00f1\u00eda. Las cobardes esconden la cabeza bajo el ala por lo que pueda tronar, pero ya han dejado encendida la me\u00adcha de la discordia.<\/p>\n<p>Nadie, fuera de los superiores, tiene derecho a saber nada de aque\u00adllo que por su misma naturaleza debe permanecer ignorado extramuros de la casa en cuesti\u00f3n. Porque una vez que la especie empieza a rodar, recorre vertiginosamente todas las casas de la Congregaci\u00f3n; no se detie\u00adne; salta al aire de la calle, penetra entre los agrupos de amigos, conoci\u00addos y admiradores; sigue adelante torcida, aumentada, desfigurada; rebota de lengua en lengua, de mentidero en mentidero, de corrillo en corrilo; flota en el<sup>&#8211;<\/sup>ambiente de la poblaci\u00f3n y no se extingue hasta que los pies de los a\u00f1os dan con ella en la tumba del olvido. Pero entre tanto el ambiente de la Congregaci\u00f3n se ha tornado espeso de prejuicios, de desconfianzas, de decepciones, de protestas apenas contenidas. Las per\u00adsonas recelan de las personas, las casas de las casas, las superioras loca\u00adles de las provinciales. Estas, por miedo a una conflagraci\u00f3n, se sienten impotentes, con las manos atadas, para hacer ajustes, alteraciones y cam\u00adbios que juzgan necesarios. Las vocaciones se mueren en flor. El descr\u00e9\u00addito cunde y se propaga, como la llama, por un campo de mieses amari\u00adllas&#8230; \u00a1Qu\u00e9 hermoso edificio puede caer desmoronado al golpe de pique\u00adta de una lengua procaz y envenenada!<\/p>\n<p><em>\u00bfFamilia numerosa? <\/em>El problema relativo al tama\u00f1o de la comuni\u00addad est\u00e1 a la orden del d\u00eda a causa de las nuevas orientaciones y de la alarmante reducci\u00f3n de efectivos. Es un problema paralelo a la tan deba\u00adtida cuesti\u00f3n del n\u00famero de hijos que es capaz de recibir el matrimonio moderno. En ambos planos, secular y religioso, la tesis de la familia li\u00admitada y de la comunidad reducida polariza las preferencias, aunque exis\u00adten mentes claras y poderosas que tienen la valent\u00eda de disentir y rom\u00adpen lanzas en favor de las familias numerosas tanto en los hogares cris\u00adtianos como en los grupos consagrados.<\/p>\n<p>S\u00f3lo me limito a hablar de estos \u00faltimos. Lanzo la moneda al aire de la opini\u00f3n presentando la cara de las ventajas y la cruz de los incon\u00advenientes, as\u00ed de las peque\u00f1as como de las grandes comunidades. Hoy por hoy no se puede formular resolutivamente la respuesta que pide el interrogante. Al final del pro y del contra alguien podr\u00e1 exclamar: visto para sentencia. Pero es el jurado de la experiencia y del tiempo el que ha de dar el veredicto m\u00e1s razonable y pr\u00e1ctico.<\/p>\n<p><em>Ventajas de las peque\u00f1as comunidades. <\/em>1.a Para la persona en par\u00adticular:<\/p>\n<p>La persona es m\u00e1s conocida, respetada y valorada tal como es. Ocupa el puesto que est\u00e1 m\u00e1s en consonancia con su vocaci\u00f3n par\u00adticular.<\/p>\n<p>Se fomentan mejor sus posibilidades.<\/p>\n<p>Puede desplegar con m\u00e1s holgura y amplitud sus cualidades e ini\u00adciativas.<\/p>\n<p>Tiene m\u00e1s libertad de acci\u00f3n y realiza con el grupo intercambios m\u00e1s frecuentes, profundos y espont\u00e1neos.<\/p>\n<p>2.a Para &#8216;el equipo. El grupo es m\u00e1s solidario, compacto y res\u00adponsable.<\/p>\n<p>Sus componentes sienten m\u00e1s la necesidad que tienen unos de otros.<\/p>\n<p>Cuentan con un apoyo mutuo m\u00e1s sensible tanto en el orden moral como en el s\u00edquico.<\/p>\n<p>Se advierte en \u00e9l mayor n\u00famero de iniciativas y de soluciones a los problemas inmediatos.<\/p>\n<p>Tienen mayor disponibilidad para el trabajo y la ayuda mutua. Organizan con m\u00e1s flexibilidad las actividades y el horario. Toman decisiones con m\u00e1s expedici\u00f3n y unanimidad.<\/p>\n<p>3.a Para la vida com\u00fan. Es m\u00e1s aut\u00e9ntica porque tiene el aspecto de ser una verdadera familia.<\/p>\n<p>Resulta m\u00e1s f\u00e1cil reunirse, encontrarse y expansionarse juntamente. Las relaciones son m\u00e1s f\u00e1ciles, \u00edntimas, sinceras, humanas y cris\u00adtianas.<\/p>\n<p>Hay mayores posibilidades para crear entre todos una genuina amistad.<\/p>\n<p>Florece mejor el di\u00e1logo y los individuos est\u00e1n menos cohibidos para dar su opini\u00f3n.<\/p>\n<p>4.a Para la autoridad. Est\u00e1 m\u00e1s cercana, accesible, humana y<sup>.<\/sup> con\u00adciliadora.<\/p>\n<p>Conoce mejor a sus hermanas y las trata con m\u00e1s bondad y com\u00adprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>5.a Para el apostolado. El testimonio en todos sus aspectos es m\u00e1s claro y visible.<\/p>\n<p>Existe una mayor proximidad con la gente y por lo tanto se da mejor la oportunidad de compartir su vida.<\/p>\n<p>Es m\u00e1s f\u00e1cil vivir en un piso de alquiler, situarse en medio de los pobres, ponerse a su nivel, amarlos pr\u00e1cticamente, ofrecerles un testi\u00admonio vivo.<\/p>\n<p><em>Inconvenientes. <\/em>1.\u00b0 para el grupo comunitario:<\/p>\n<p>Enorme dificultad de formar fraternidades que simpaticen y armo\u00adnicen en el plano humano a lo largo del tiempo y de las vicisitudes. Los grupos de amistad son muy raros y poco duraderos.<\/p>\n<p>Vida muy dura y casi imposible si no se entienden entre s\u00ed. Choques que degeneran en un disgusto constante o en una ruptura irreparable.<\/p>\n<p>Las incompatibilidades de car\u00e1cter surgen tambi\u00e9n en los grupos homog\u00e9neos.<\/p>\n<p>Hay sujetos que resultan insoportables por mucha caridad que se derroche con ellos; esto, que ocurre en las comunidades grandes cau\u00adsando bastantes desazones, tiene en las peque\u00f1as consecuencias mu\u00adch\u00edsimo peores.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil ponerse de acuerdo si hay uno solo empe\u00f1ado en llevar la contraria.<\/p>\n<p>Si la armon\u00eda se debilita y se filtra la desconfianza, cada uno busca la compensaci\u00f3n fuera del grupo.<\/p>\n<p>Alternativa: o la fraternidad verdadera o el verdadero infierno.<\/p>\n<p>2.<sup>0<\/sup> Para la vida religiosa. Peligro de vivir cada uno a su aire, sin un m\u00ednimum de reglamentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Peligro de perder de vista la austeridad de la vida consagrada. Peligro de que desaparezca la oraci\u00f3n colectiva y hasta la privada y personal.<\/p>\n<p>Peligro de relaciones demasiado humanas.<\/p>\n<p>Peligro de penetraci\u00f3n en el esp\u00edritu del mundo; de que se expe\u00adrimente de modo gradual la influencia del medio ambiente social con\u00adtra el que s\u00f3lo son v\u00e1lidas las defensas espirituales.<\/p>\n<p>Peligro de que se debilite el sentido de la autoridad.<\/p>\n<p>3.\u00b0 Para el apostolado y el testimonio:<\/p>\n<p>Amenaza constante de un activismo absorbente.<\/p>\n<p>Sobrecarga de trabajo que origina una tensi\u00f3n habitual.<\/p>\n<p>Contentarse con ser \u00abun buen hombre\u00bb o \u00abuna buena mujer\u00bb lo que equivale a llevar una vida menos que mediocre.<\/p>\n<p>Cansancio, monoton\u00eda y soledad a causa de la convivencia con tan pocas personas tal vez no muy simp\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Imposibilidad de integrar a los enfermos y ancianos.<\/p>\n<p>Dispersi\u00f3n de esfuerzos por tener demasiadas cosas que hacer y verse en la necesidad de dejarlas a medio hacer.<\/p>\n<p><em>Ventajas de las comunidades numerosas. <\/em>1.a Para la comunidad:<\/p>\n<p>Mayor enriquecimiento espiritual en el trato corriente y en los intercambios.<\/p>\n<p>La variedad de temperamentos la hace m\u00e1s bella y formativa.<\/p>\n<p>Las dificultades que crea el car\u00e1cter no son nunca muy graves, porque quedan ahogadas en el agua abundante del conjunto.<\/p>\n<p>Las molestias de un miembro dif\u00edcil se dividen, difuminan y suavizan.<\/p>\n<p>Los individuos insociables, confundidos, sumergidos en la corriente comunitaria se ablandan, se acoplan y logran mejor la apertura y la integraci\u00f3n.<\/p>\n<p>2.a Para la vida religiosa:<\/p>\n<p>Cierta independencia en relaci\u00f3n con el medio social y un peligro m\u00e1s lejano de mundanizaci\u00f3n y de aseglaramiento.<\/p>\n<p>Armon\u00eda y equilibrio entre la vida de oraci\u00f3n y la vida de trabajo.<\/p>\n<p>Facilidad para organizarse de un modo m\u00e1s ordenado y regular.<\/p>\n<p>La juventud se incorpora con una mayor garant\u00eda de solidez y estabilidad.<\/p>\n<p>Se asegura mejor la fidelidad a la propia vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3.a Para el apostolado y el testimonio:<\/p>\n<p>Posibilidad de formar equipos homog\u00e9neos de trabajo integrados en la colectividad.<\/p>\n<p>Mayor atenci\u00f3n y respeto a los gustos particulares.<\/p>\n<p>Se logra mejor la especializaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La sustituci\u00f3n y la ayuda mutua son mucho m\u00e1s f\u00e1ciles.<\/p>\n<p>Mayor influencia en la poblaci\u00f3n o en la zona en donde radica.<\/p>\n<p>Desahogo y tranquilidad en el aspecto econ\u00f3mico.<\/p>\n<p>Y por \u00faltimo, algo muy importante: la integraci\u00f3n de los enfermos y ancianos.<\/p>\n<p><em>Inconvenientes. <\/em>1.\u00b0 Para la vida de comunidad:<\/p>\n<p>Dificultad de que un grupo numeroso pueda constituir una familia aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>A despecho de la proximidad material, se vive f\u00e1cilmente en el ais\u00adlamiento personal; los individuos se desconocen, se evitan, se ignoran; cada uno busca su inter\u00e9s, se repliega sobre s\u00ed mismo o forma parte de un clan independiente y se despreocupa de los afanes comunes.<\/p>\n<p>En ocasiones dan la impresi\u00f3n de ser un refugio general donde solo en teor\u00eda se vive el mismo ideal; falta intimidad, calor humano; se vive terriblemente s\u00f3lo, y los t\u00edmidos, sobre todo, quedan marginados; no hay uni\u00f3n b\u00e1sica, cordial; cada uno sigue su propio camino.<\/p>\n<p>Los miembros viven absorbidos por sus personales compromisos apost\u00f3licos que de suyo son divergentes, centr\u00edfugos.<\/p>\n<p>Hay tendencia al anonimato y la impersonalidad.<\/p>\n<p>No son raros los bandos antag\u00f3nicos, las luchas partidistas, la am\u00adbici\u00f3n del poder y los esfuerzos por ocupar puestos clave o de influen\u00adcia.<\/p>\n<p>2.\u00b0 Para la autoridad:<\/p>\n<p>Vive m\u00e1s distante y aislada de sus hermanos o hermanas.<\/p>\n<p>Las tareas administrativas le impiden estar disponible para ellos. Cae m\u00e1s f\u00e1cilmente en la tentaci\u00f3n de vivir para s\u00ed m\u00e1s que para los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Los abusos del poder, como el paternalismo y el autoritarismo se dan con m\u00e1s frecuencia en las comunidades numerosas.<\/p>\n<p>Amenaza siempre el peligro de la centralizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3.\u00b0 Para el apostolado y el testimonio:<\/p>\n<p>N\u00famero excesivo de prescripciones legales que adormecen la ini\u00adciativa, favorecen la instalaci\u00f3n personal, roban el esp\u00edritu apost\u00f3lico, producen el marasmo, conducen al formulismo y ocasionan el farise\u00edsmo.<\/p>\n<p>Peligro de inmaduraci\u00f3n porque cada uno encuentra las cosas or\u00addenadas, detalladas, previstas.<\/p>\n<p>Tendencia a cerrarse e incomunicarse con el medio para el que pretende ser testimonio.<\/p>\n<p>Insuficiente esfuerzo para asimilar las formas de aquellos a quie\u00adnes se quiere llevar el mensaje.<\/p>\n<p>La propiedad o finca que ocupa da la impresi\u00f3n de poder, fuerza, seguridad y riqueza; las casas suelen tener un estilo burgu\u00e9s ;. la suntuosi\u00addad del edificio no puede constituir a los ojos del mundo un testimonio de pobreza.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p><em>Relaciones con la familia natural. <\/em>A lo largo de los siglos la entre\u00adga total a Dios ha implicado el desprendimiento de las cosas terrenas, incluyendo la propia familia. Los antiguos ascetas y la tradici\u00f3n de la vida religiosa llevaron estas consecuencias hasta l\u00edmites insospechados, yo dir\u00eda que crueles, para nuestra mentalidad actual. Este esp\u00edritu de austeridad ten\u00eda su raz\u00f3n de ser y encontraba su fundamento en la inter\u00adpretaci\u00f3n de las Sagradas Escrituras. En el Nuevo Testamento encontra\u00admos textos muy fuertes en su interpretaci\u00f3n literal y&#8217; directa subrayan\u00addo el despego casi absoluto de padres, hermanos y parientes. Desde hace algunos a\u00f1os, sin embargo, en todos los Institutos de vida activa se ha adoptado una postura m\u00e1s abierta en la concesi\u00f3n de permisos para visi\u00adtar a las propias familias. Las nuevas generaciones admiten otros juicios de valor, como el respeto a las leyes y costumbres sociales, la promoci\u00f3n humana, la afectividad, etc. Todo esto hay que tenerlo en cuenta, sin duda, desde un punto de vista positivo. Lo importante es encontrar un marco justo, evang\u00e9lico y humano, para encuadrar las relaciones hu\u00admanas de la religiosa; considerar el cambio realizado, no como una con\u00addescendencia con la naturaleza sino como un elemento integrante y bienhechor de la propia vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para esclarecer conceptos hay que ir directamente a <em>la esencia de la vida religiosa. <\/em>Esta no es otra cosa que un signo verdadero y eficaz, para el mundo, de la vida celeste; una vida encarnada en mujeres que viven en la tierra la vida anticipada del cielo; la misma vida futura hecha ya presente por ellas aqu\u00ed, abajo; una vida cristiana vivida en plenitud con todas sus consecuencias pasadas, presentes y futuras; una vida to\u00adtalmente nueva, renovada, original, eterna, pero temporalizada. La reli\u00adgiosa ha de vivir haciendo presente un mundo trascendente. Ha nacido en una familia, vive en un ambiente social constituido por personas y lugares concretos, participa de los sucesos y preocupaciones humanas; pero ha de estar por encima de todas esas contingencias temporales a la hora de vivir las exigencias del mundo futuro que ella misma est\u00e1 ha\u00adciendo presente.<\/p>\n<p>Ahora bien, sabemos que esa vida futura es la uni\u00f3n con Dios en amor y caridad. O sea, <em>una relaci\u00f3n con Dios en la que s\u00f3lo cuenta la caridad. <\/em>Todas las posibles relaciones de que disfrute en la vida futura tendr\u00e1n lugar en la caridad, dentro de la caridad. Sus relaciones huma\u00adnas ser\u00e1n radicalmente caritativas. Sus relaciones familiares ser\u00e1n au\u00adt\u00e9nticas relaciones humanas, pero no contar\u00e1 para nada tal y como est\u00e1n aqu\u00ed estructuradas. Aparecer\u00e1n en una nueva perspectiva. Una hija amar\u00e1 a sus padres y hermanos, no en fuerza de la carne y de la sangre, no por el impulso de la afectividad y del sentimiento, como en nuestro mundo, sino en virtud del Esp\u00edritu y de la caridad de Dios. Basta leer el Evangelio para encontrar evidenciada la verdad de este pensamiento.<\/p>\n<p>Este nuevo tipo de relaciones basado en la caridad es el que la Her\u00admana ha de trasplantar a este mundo. Los cristianos son hermanos, \u00abno por la carne ni por la sangre, ni por la voluntad del var\u00f3n\u00bb, sino porque tienen una misma fe, un mismo bautismo, un solo Se\u00f1or y un solo Dios, Padre de todos ellos. Es la nueva fraternidad universal. Ella tiene que vivir al m\u00e1ximo, con mayor intensidad y realismo, estas exigen\u00adcias cristianas. No excluyen, no pueden excluir, los v\u00ednculos naturales, el amor natural y sicol\u00f3gico, pero les da un sentido m\u00e1s profundo, los enraiza en la caridad. <em>No es de este mundo, pero est\u00e1 en \u00e9l. <\/em>Estar en el mundo implica la vivencia de los valores terrenos en la medida que no descarten, ni desplacen, ni soslayen, ni obscurezcan los valores de la nueva vida, ni obstaculicen, por tanto, el desarrollo normal de su voca\u00adci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Cristo, <\/em>como Hombre, amaba a su Madre con el amor humano, na\u00adtural, sicol\u00f3gico que su Humanidad demandaba, pero viv\u00eda, como nadie ha vivido, las exigencias de la caridad. Su amor al Padre penetraba y regulaba todas sus relaciones humanas. Permanece al lado de Mar\u00eda porque la ama con toda la intensidad de que es capaz su Coraz\u00f3n, pero sabe prescindir de Ella cuando tiene que ocuparse en las cosas de su Padre. Este divino equilibrio entre las reclamaciones del amor filial y los imperativos de su consagraci\u00f3n al Evangelio es un objetivo fasci\u00adnante para toda mujer comprometida. No es una cuesti\u00f3n balad\u00ed. Ella ha de fertilizar con hechos la doctrina que ha profesado, si no quiere envilecerse.<\/p>\n<p>La piedad filial que obliga a la religiosa con mayor apremio y delicadeza no s\u00f3lo se ha de, manifestar con las oraciones, los recuerdos y la correspondencia epistolar exclusivamente; exige tambi\u00e9n <em>contactos familiares m\u00e1s abiertos <\/em>y profundos. Su presencia en la familia est\u00e1 indicada en los acontecimientos de mayor significado y relieve, en las reuniones de todos los hermanos largo tiempo dispersos, en los momentos de orientaci\u00f3n familiar cuando de ella depende la soluci\u00f3n de un pro\u00adblema importante. Ciertos contactos familiares se imponen de todos modos. Cada comunidad estipula colegialmente la frecuencia y duraci\u00f3n de los mismos. Hay que tener en cuenta que la familia tambi\u00e9n nece\u00adsita el cari\u00f1o de la religiosa sensiblemente expresado. Ella no puede exigir a los suyos el mismo grado de desprendimiento que se ha impues\u00adto a s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Su personalidad se desarroll\u00f3 en la casa paterna. Retornar a ella es hallar de nuevo la fuente de sus energ\u00edas, la ra\u00edz de sus esperanzas, la g\u00e9nesis de sus ideales, la semilla de su vocaci\u00f3n. La infancia y la adoles\u00adcencia le salen al encuentro con sus ilusiones, con su pureza, con su generosidad, con su alegr\u00eda desbordante. Todo esto la refresca, la toni\u00adfica, la sosiega, le devuelve la calma y el equilibrio. La casa natal, el cari\u00f1o de los suyos le inyectan vitalidad eliminando las probables toxinas de su esp\u00edritu, la sacan del atasco de sus problemas, le hacen ver el ob\u00adjeto de sus crisis en sus verdaderas dimensiones.<\/p>\n<p>Pero una mujer normal, llegada a la madurez, se emancipa de la familia para realizar su destino, sea el que sea, con independencia. Las visitas m\u00e1s o menos espaciadas renuevan, estimulan, vigorizan. Pero lo que se ha dado en llamar <em>el apego a la familia <\/em>denota una personalidad deficiente, inacabada, ani\u00f1ada. Cuando la religiosa est\u00e1 formada y ma\u00addura se exige a s\u00ed misma la renuncia, la separaci\u00f3n definitiva lo que, en fin de cuentas, han hecho sus hermanos al integrarse en otras familias, sociedades y culturas.<\/p>\n<p>Los d\u00edas de expansi\u00f3n en la familia no se pueden contabilizar como d\u00edas de descanso, como una temporada de vacaciones. Las verdaderas vacaciones requieren otro escenario m\u00e1s adecuado. Casi todas las en\u00adcuestadas est\u00e1n de acuerdo. Y las que no lo est\u00e1n s\u00f3lo hablan inspiradas por la voz del sentimiento, no por la de la raz\u00f3n ni de la convivencia. En todo caso, mientras est\u00e9 en su casa natal debe alimentar una verdadera <em>preocupaci\u00f3n apost\u00f3lica. <\/em>Ha de ser un signo cercano de la vida superior que profesa. Componer las diferencias; dar orientaciones cristianas a los problemas; influir dulce y saludablemente en todos, dada la confian\u00adza que en ella depositan; ser un contante reclamo que despierte posibles vocaciones: he ah\u00ed un bello programa de acci\u00f3n. Lo que est\u00e1 contraindi\u00adcado es dar cumplimiento a unos gustos chocantes y a unos caprichos improcedentes que no puede satisfacer en su vida religiosa, ni abaste\u00adcerse de cosas y de medios que no puede conseguir por otros caminos. Para los familiares genuinamente cristianos no hay mayor alegr\u00eda que el constatar que su hija o hermana es fiel a su vocaci\u00f3n con todas sus con\u00adsecuencias.<\/p>\n<p>En caso de conflicto entre la familia y la vocaci\u00f3n, hay que salvar la vocaci\u00f3n. Los casos graves que la Iglesia ha se\u00f1alado hasta ahora como excepciones han perdido hoy casi toda su importancia. Por lo tanto ape\u00adnas en las circunstancias actuales hay problemas de este tipo que no tengan una soluci\u00f3n satisfactoria. La llamada de Dios est\u00e1 sobre la llamada de la sangre. Nunca hay raz\u00f3n v\u00e1lida contra la vocaci\u00f3n verda\u00addera. Lo m\u00e1s que puede haber es el grito de un sentimiento. Pero quien se hizo sorda a la voz del sentimiento familiar la vez primera no puede convencer a nadie de que le es imposible repetir la haza\u00f1a en adelante. Su misi\u00f3n apost\u00f3lica, aunque heroica, debe prevalecer sobre los afectos familiares. El peligro que la acecha no es irreal. Es el pensamiento obse\u00adsivo de la familia lo que impide en muchas ocasiones su entrega total y su mayor proyecci\u00f3n vocacional. Nada justifica su exagerada preocu\u00adpaci\u00f3n por el estado temporal de sus padres y hermanos. Este inter\u00e9s excesivo la desv\u00eda de la meta, le seca el jugo del esp\u00edritu, la desconecta de la oraci\u00f3n y del apostolado. Dios va siendo poco a poco desplazado. Y un d\u00eda cualquiera se siente incapaz de mantener encendido el fuego sagrado, prescinde de razones y consejos y coloca a su imaginaci\u00f3n al vo\u00adlante de sus decisiones. Hasta que, por fin, desarbolada, minada su re\u00adsistencia, se encuentra sin fuerzas para continuar&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COMUNIDAD FAMILIAR Hay muchas religiosas que se plantean hoy el problema relativo al perfil que debe tomar su comunidad en los momentos presentes. 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LA RECUPERACI\u00d3N DE LOS CUATRO VOTOS VICENCIANOS (pobreza) (VII)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"08\/07\/2014","format":false,"excerpt":"3. Pobreza Hacia una comprensi\u00f3n moderna a) En la Iglesia conciliar y posconciliar tal vez no haya habido un tema m\u00e1s repetido que la llamada a una pobreza evang\u00e9lica. En respuesta a Cristo la Iglesia quiere ser la Iglesia de los pobres. 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