{"id":50431,"date":"2019-11-20T08:57:03","date_gmt":"2019-11-20T07:57:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/09\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-femenina\/"},"modified":"2019-09-09T10:36:16","modified_gmt":"2019-09-09T08:36:16","slug":"en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-femenina","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-femenina\/","title":{"rendered":"En respuesta a tu llamada: Comunidad femenina"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\">COMUNIDAD FEMENINA<\/p>\n<p>La mujer marca un estilo distinto del hombre a la vida de comu\u00adnidad. Le imprime su sello caracter\u00edstico. Las relaciones interpersonales est\u00e1n matizadas por su sexo en extensi\u00f3n y profundidad. El ritmo de su vida com\u00fan es peculiar e intransferible. Acompasar su proceder con el del hombre, atribuirle la misma longitud de onda, formular las mismas soluciones para sus problemas, aplicar a sus males la misma terap\u00e9utica es un af\u00e1n pretencioso y arguye un total desconocimiento de la sicolog\u00eda humana. La mujer ve el mundo a trav\u00e9s de un prisma que el hombre no posee. La vida produce en ella resonancias que el hombre no sospecha. La aguja de un detector electr\u00f3nico registrar\u00eda motivaciones y reacciones que el hombre encontrar\u00eda absurdas, comparadas con las suyas. El amor y el dolor, la verdad y la libertad, lo abstracto y lo concreto cambian en cada uno de significado. Con m\u00e1s frecuencia de la que ellos mismos se imaginan, por medio de las mismas palabras hablan lenguajes diferentes. Las mismas vivencias religiosas presentan en cada sexo una tonalidad distinta. La vida del hombre gira sobre el espig\u00f3n del ego\u00edsmo, del c\u00e1lculo y de la independencia. La vida de la mujer tiene la apoyatura del senti\u00admiento, del coraz\u00f3n y de la afectividad. Es l\u00f3gico que cada cual se en\u00adsarte en la vida comunitaria con sus propios goznes y se encarame al pedestal de la santidad utilizando su propia escala.<\/p>\n<h2 align=\"center\">Esponsalidad<\/h2>\n<p><em>El alterocentrismo <\/em>es una tendencia general del siquismo femenino que se orienta preferentemente hacia los dem\u00e1s en sus dos aspectos, intelectual y afectivo. Esta inclinaci\u00f3n origina una serie de necesidades que pueden sintetizarse en una sola: la necesidad del don total de s\u00ed mis\u00adma. Es un deseo de entrega cong\u00e9nito e inalterable. Debe ser adecuada\u00admente satisfecho en la comunidad para que la mujer llegue al logro de su realizaci\u00f3n integral. El ideal humano que emerge de s\u00ed misma y el ideal divino que ella se ha forjado han de proyectarse el uno sobre el otro, compenetrarse, fundirse e identificarse de tal modo que la natura\u00adleza encuentre su salida y su expresi\u00f3n, su fuerza y su apoyo en la gracia.<\/p>\n<p>El don de s\u00ed misma lo efect\u00faa de una manera concreta a trav\u00e9s del encuentro personal con Cristo en la intimidad de su ser por medio de la oraci\u00f3n y de la liturgia sacramental. As\u00ed se prepara para hacer a sus her\u00admanos, los hombres, la entrega total de su persona. Por encima de todo su <em>vida ha de ser cristoc\u00e9ntrica. <\/em>La Persona de Jes\u00fas se ha de conver\u00adtir en una divina realidad plenamente vivida. Su tendencia alteroc\u00e9ntrica queda as\u00ed transferida al plano sobrenatural porque hace que converjan en Cristo todos sus afanes, intereses y ambiciones y le toma como punto de partida, medio exclusivo y meta final de su existencia mediante una relaci\u00f3n personal y permanente. Este es un punto de capital importancia porque de \u00e9l depende la solidez de su vocaci\u00f3n, su fidelidad a Dios y su realizaci\u00f3n como mujer y como religiosa. Si lo descuida la esterilidad m\u00e1s absoluta est\u00e1 al acecho, su vida perder\u00e1 sentido y buscar\u00e1 instintiva\u00admente sustitutos que llenen el vac\u00edo que Cristo dej\u00f3.<\/p>\n<p><em>La religiosa es esposa de Cristo. <\/em>Esta imagen tan empleada por la tradici\u00f3n es rechazada actualmente por sentimental, falsa e irreal. Se la relega de bueria gana al rinc\u00f3n de la seudom\u00edstica. Sin embargo, la Biblia y la Teolog\u00eda avalan su tarjeta de identidad. Vale la pena hacer un esfuerzo para ver en qu\u00e9 medida y en qu\u00e9 sentido hay una profunda verdad encerrada en la met\u00e1fora del matrimonio aplicada al cristiano y particularmente a la religiosa. La normal evoluci\u00f3n humana de la re\u00adligiosa y su integraci\u00f3n en la familia comunitaria depende de que capte y viva exhaustivamente este pensamiento.<\/p>\n<p>La mujer consagrada renuncia a la compa\u00f1\u00eda del hombre para con\u00adsagrarse enteramente al amor de Dios y a las obras de este amor. Desde este punto de arranque el amor virginal se inicia, crece y madura parale\u00adlamente al amor conyugal. La religiosa ha descubierto un amor fundamental, vivo y concreto en Cristo. Es un amor superior al de los hermanos y al de los amigos. En nuestro lenguaje s\u00f3lo encontramos un t\u00e9rmino que le defina un poco m\u00e1s aproximadamente: <em>el amor nupcial. <\/em>Lo es, sin duda, pero en grado eminente. No hay que olvidar que el contenido viene envuelto en una alegor\u00eda, en una figura literaria.<\/p>\n<p>En efecto, el amor de los esposos tiende a una unificaci\u00f3n cada vez m\u00e1s completa, pero nunca alcanzada plenamente. El amor de Cristo, sin embargo, tiene capacidad para hacer de El y nosotros una <em>unidad aut\u00e9ntica, <\/em>porque El est\u00e1 en nosotros, su vida es nuestra vida, su esp\u00edritu es nuestro esp\u00edritu, su cuerpo es nuestro cuerpo. La vida de una religiosa no es en modo alguno una vida solitaria, la vida de una solterona. En su virginidad no hay soledad. Es una vida de dos juntos, es la uni\u00f3n en la que dos seres confunden sus existencias, es una vida nupcial en la que el mismo Cristo es el compa\u00f1ero. Las mujeres que viven profundamente esta vida saben por experiencia que no es una mutilaci\u00f3n ni una frustra\u00adci\u00f3n ni una disminuci\u00f3n de su integridad humana, sino un asombroso despliegue de todas sus energ\u00edas naturales.<\/p>\n<p><em>Es un amor definitivo. <\/em>Es tan indisoluble o m\u00e1s que el de los esposos cristianos porque, por una parte, est\u00e1 marcado por el sello de una entrega irrevocable, y por otra, el don de Dios, que es la vocaci\u00f3n, no cambia jam\u00e1s porque se le ha concedido a la religiosa de una vez para siempre.<\/p>\n<p><em>Es un amor exclusivo. <\/em>Lo es por parte de ella que no acepta otro compa\u00f1ero que a Cristo. \u00bfLo ser\u00e1 tambi\u00e9n por parte de El? Sin duda que su amor se dirige y abarca a todos los elegidos. Pero sucede que su amor es infinito y por tanto est\u00e1 entero en todos y en cada uno de ellos. Su n\u00famero no disminuye ni la intensidad ni la extensi\u00f3n del amor de Cristo. S\u00f3lo est\u00e1 limitado por la capacidad receptora de cada uno. A cada uno le da todo lo que tiene y todo lo que es. Un amor infinito es un amor exclusivo.<\/p>\n<p><em>Es un amor total. <\/em>Engloba la totalidad de la naturaleza femenina. Es un amor sicosom\u00e1tico, es decir, espiritual y corporal porque tanto el cuerpo como el alma tienen en \u00e9l su parte. Aqu\u00ed, sin embargo, surge una seria dificultad. En el matrimonio hay una donaci\u00f3n mutua total del cuerpo y del alma, mientras que en la virginidad no aparece el aspec\u00adto biol\u00f3gico del amor humano. S\u00f3lo se da y se recibe espiritualmente. Falta la presencia sensible y enriquecedora del compa\u00f1ero concreto, su respuesta tangible, audible y visible. Decididamente parece que falta ull elemento de gran importancia para que exista un verdadero encuen\u00adtro humano: la donaci\u00f3n corporal.<\/p>\n<p>Sin duda, por parte de la mujer hay una generosa entrega corporal. Su cuerpo expresa sin soluci\u00f3n de continuidad la intensidad de su amor. Su organismo presenta las huellas y hasta las cicatrices de un amor que nada perdona, que todo lo exige: la enfermedad y el trabajo, la pro\u00adfesi\u00f3n y el apostolado, las penas y las alegr\u00edas, la fatiga y el descanso<sup>&#8211;<\/sup>, las sonrisas y las l\u00e1grimas&#8230; No escatima ninguna renuncia, ninguna satis\u00adfacci\u00f3n corporal. No hay por qu\u00e9 negarlo: <em>un importante aspecto cor\u00adporal no queda satisfecho. <\/em>\u00bfSe ver\u00e1 entonces frustrada toda una faceta de su personalidad femenina?<\/p>\n<p>Hay que tener en cuenta que en toda elecci\u00f3n se da alguna frus\u00adtraci\u00f3n. <em>Elegir es renunciar. <\/em>El que elige es feliz, pero ha tenido que cer\u00adcenar muchos de sus derechos y libertades. Un esposo acepta la compa\u00ad\u00f1\u00eda de su mujer, pero se ve en la ineludible necesidad de excluir a todas las dem\u00e1s. Una mujer al desposarse ve cortadas las alas de su indepen\u00addencia.<\/p>\n<p>Una frustraci\u00f3n, puede tener tambi\u00e9n efectos muy diversos. Pue\u00adde producir traumatismos sicol\u00f3gicos si se extingue una fuerza natural o se la reprime hasta el punto de dejarla sin satisfacci\u00f3n alguna. Pero <em>una frustraci\u00f3n puede aumentar las energ\u00edas s\u00edquicas, <\/em>no inhibi\u00e9ndolas, sino d\u00e1ndoles un cauce apropiado. Puede ser fuente de vigor y causa de desarrollo, no coart\u00e1ndolas, sino sublim\u00e1ndolas de suerte que sea posi\u00adble ejercerlas en un plano superior. Entonces los instintos humanos en\u00adcuentran su realizaci\u00f3n y satisfacci\u00f3n, pero en un nivel m\u00e1s elevado que el nivel natural. Es lo que hace la religiosa con su instinto natural. No lo ahoga, lo sublima. No renuncia a \u00e9l, sino solamente a una de las dos \u00fanicas formas que hay de realizarlo. Todos los sicoanalistas desde Freud hasta nuestros d\u00edas admiten la posibilidad de sublimar dicho im\u00adpulso, de hacerlo viable en un plano enteramente espiritual. Uno de los casos en los que la ciencia y la f\u00e9 est\u00e1n de acuerdo.<\/p>\n<p><em>La sublimaci\u00f3n del instinto es v\u00e1lida <\/em>en todos los \u00f3rdenes. De ella s\u00f3lo se r\u00eden los imb\u00e9ciles, los ignorantes, los cobardes y los tarados. Es hacedera, positiva, fecunda y enriquecedora. Constituye un manantial de goces humanos de los que el cuerpo participa lo mismo que el alma.<\/p>\n<p>Se trata, como es obvio, de una felicidad, no de tipo som\u00e1tico o sexual, sino de orden s\u00edquico o afectivo. El alma y el cuerpo no son dos compo\u00adnentes independientes; tienen implicaciones m\u00fatuas; componen una unidad personal. Todo lo que la mujer hace y experiMenta es espiritual y corporal al mismo tiempo. Incluso el amor que recibe de Cristo y el amor con que le responde. Es una sola moneda con sus dos caras. Es un amor humano; con impregnaci\u00f3n divina, pero completamente huma\u00adno. La religiosa adopta una actitud \u00fanica e indivisible: Ama y es ama\u00adda. As\u00ed sencillamente. No sabr\u00eda obrar de otra manera.<\/p>\n<p>Todo el mundo sabe hoy que el fin primordial del matrimonio es el amor de los esposos. El aspecto biol\u00f3gico, pese a su importancia, es, sin embargo, secundario porque s\u00f3lo es una de las muchas formas que puede revestir la expresi\u00f3n amorosa. Enti\u00e9ndase bien. La manifestaci\u00f3n corporal del amor no es accesoria, porque lo corporal, bajo una forma u otra es y seguir\u00e1 siendo esencial al amor. Lo que es accidental es la donaci\u00f3n t\u00edpicamente sexual. No es que pretenda minimizar la expre\u00adsi\u00f3n carnal en el matrimonio. Nadie ignora los inmensos valores que le est\u00e1n asignados en los planes del Creador. Lo que afirmo es que la en\u00adtrega de que estoy hablando, no s\u00f3lo ocupa un segundo plano, sino que puede ser considerada como no imprescindible, como no necesaria para que exista entre los esposos una perfecta comuni\u00f3n de vida. En determi\u00adnados casos es eventual, contingente, no precisa. En algunos es desacon\u00adsejable y hasta prohibida. En otros es sencillamente impracticable. La abstinencia temporal o perpetua es en ocasiones la mayor demostraci\u00f3n de amor que se pueden dar los esposos. Y esta es la conclusi\u00f3n que se im\u00adpone con toda su fuerza: la <em>sublimaci\u00f3n del instinto en el matrimonio es un hecho real. <\/em>Est\u00e1 dictada por la necesidad, la enfermedad, la caridad y el amor rec\u00edproco sin que por eso queden los c\u00f3nyuges traumatizados o deshumanizados, si viven en un clima de fe. \u00bfQui\u00e9n se atreve a negar que el matrimonio de Jos\u00e9 y Mar\u00eda fuese una \u00edntegra uni\u00f3n con\u00adyugal? \u00bfY por qu\u00e9 negar a la virginidad la posibilidad de la sublimaci\u00f3n que el mismo matrimonio a veces exige? Lo que en el matrimonio no es \u00f3bice a la perfecci\u00f3n humana \u00a1por qu\u00e9 lo va a ser en la vida consa\u00adgrada?<\/p>\n<p>Si el amor con que se entrega a Cristo la religiosa es total y sicoso\u00adm\u00e1tico lo mismo podemos decir del amor con que Cristo la distingue. <em>El la ama con toda su alma y con todo su coraz\u00f3n, <\/em>con un amor tan divi\u00adno como humano, tan espiritual como corporal. La Encarnaci\u00f3n, la pa\u00adsi\u00f3n, la muerte en cruz, la Eucarist\u00eda en la que le entrega su cuerpo y su sangre no dejan lugar a dudas sobre la corporeidad de su amor.<\/p>\n<p>San Lucas nos presenta a una pecadora arrepentida lavando los pies de Cristo, sec\u00e1ndolos con sus cabellos, abraz\u00e1ndolos, bes\u00e1ndolos. Jes\u00fas se lo permite. Responde como Dios a una pecadora. Responde como Hombre a una mujer. Con una mezcla celeste de pureza y de bon\u00addad, de indulgencia y comprensi\u00f3n, de afecto mutuo, de dominio tran\u00adquilo de s\u00ed. <em>Magdalena <\/em>sale m\u00e1s satisfecha de aquel encuentro que de todos los amores que hab\u00eda conocido. Experiment\u00f3 una felicidad que en vano hab\u00eda deseado y buscado; Sublimaci\u00f3n positiva y bienhechora en la que no hubo ni ninguna satisfacci\u00f3n sensual ni ninguna frustraci\u00f3n hiriente. Y, sin embargo, hab\u00eda dado y recibido mucho m\u00e1s que en el m\u00e1s c\u00e1lido de los matrimonios.<\/p>\n<p>Hay que desplegar las banderas de la virginidad ante los ojos de las j\u00f3venes elegidas para que no se dejen seducir por <em>la brillante basura del erotismo. <\/em>Hoy se habla y se escribe profusamente sobre los valores irrecusables del sexo en el sentido estricto. Pero bajo un ropaje cient\u00ed\u00adfico y literario se oculta la cochambre de la pornograf\u00eda. Ya empieza a flotar sobre las comunidades religiosas este vaho maloliente de la cloaca humana. Y\u00e1 les llega la salpicadura de esa ola gigantesca que avanza sobre el mundo, la pella de barro procedente de un inmenso lodazal. Un aire pestilente de falso humanismo sopla por salas y corredores y atra\u00adviesa de parte a parte la casa del Se\u00f1or&#8230;<\/p>\n<p>Ellas son j\u00f3venes, m\u00e1s que por los arios, por la generosidad y la valent\u00eda con que afrontan <em>las exigencias de sus compromisos. <\/em>Ser joven es conservar la posibilidad de rebelarse contra la comodidad y elegir el sacrificio. El esp\u00edritu de sacrificio le pide a la joven religiosa: una gratitud gozosa por el florecimiento de su vocaci\u00f3n; una convicci\u00f3n in\u00adcuestionable de que jam\u00e1s quedar\u00e1 defraudada en sus \u00edntimas aspiracio\u00adnes de mujer; una adhesi\u00f3n global e incondicionada a Cristo como esposo; una fe pura que reemplace al sentimiento y a la emoci\u00f3n sensible de los primeros d\u00edas; una actividad apost\u00f3lica imbatida por el triunfalismo y por el derrotismo; una voluntad desafiante y din\u00e1mica, incandescente como la energ\u00eda nuclear; y un amor inagotable que se vierta sobre sus hermanos como el agua de una cascada.<\/p>\n<h2 align=\"center\">Afectividad<\/h2>\n<p>La Hermana no sufre un dualismo desintegrador por el hecho de amar simult\u00e1neamente a Cristo y a sus compa\u00f1eras de comunidad. Ya sabe que el don de s\u00ed a Dios y a ellas es el mismo. En teor\u00eda esto no cons\u00adtituye un problema intrincado, aunque en la pr\u00e1ctic\u00e1 hay que confesar que es un ejercicio dif\u00edcil. El amor divino y el amor fraterno se identi\u00adfican. Es el agua de un pozo que riega dos parcelas pr\u00f3ximas. Cuando el nivel del l\u00edquido sube o baja, sube o baja para los dos campos. Si en el bloque comunitario aparecen fisuras es se\u00f1al de que las relaciones de una Hermana con Cristo han sufrido un grave deterioro. El descenso de la temperatura espiritual provoca autom\u00e1ticamente el enfriamiento de la convivencia familiar. Cuando una Hermana abandona la comuni\u00addad porque le resulta insoportable, deja un cad\u00e1ver a sus espaldas: el de su amor a Cristo. Esta no es una idea in\u00e9dita. Ya la expres\u00f3 hace si\u00adglos, de sobremesa de su \u00faltima cena, antes de partir, Quien lo sab\u00eda todo en achaques de amor porque era el Amor mismo.<\/p>\n<p>Hay algunas mujeres consagradas qtle padecen un acentuado dese\u00adquilibrio emocional. Encuentran dificultad en realizarse, adaptarse, darse a los dem\u00e1s. Tienen la sensaci\u00f3n de que sus ra\u00edces humanas no van a prender nunca vigorosamente en la nueva tierra; de donde se siguen sentimientos de angustia, soledad, desajuste ambiental que las hace sen\u00adtirse extra\u00f1as, sin gusto ni alegr\u00eda de vivir. Parece como si se hallasen solas en una regi\u00f3n inh\u00f3spita. Estas personas envuelven una gran peligro\u00adsidad porque entorpecen la marcha com\u00fan. Todo proviene de una nota\u00adble <em>inmadurez afectiva. <\/em>No acaban de resolver el problema del amor. Amar les produce inquietud. No amar las pone en trance conflictivo con las leyes profundas de su ser. El amor sublimado les parece una entele\u00adquia plat\u00f3nica. Su coraz\u00f3n es una br\u00fajula inquieta en perpetua b\u00fasqueda de un norte desvanecido. Ensayan experiencias, f\u00f3rmulas nuevas de afecto humano y siempre les queda el regusto amargo de la desiluci\u00f3n. Si tienen la suerte de disponer de una superiora dulce y firme que sepa el arte de moldear la vida femenina y encuentren, por otra parte, un clima comunitario adecuado a sus necesidades afectivas, pronto se ver\u00e1n adul\u00adtas y equilibradas en el aspecto sentimental. De lo contrario tendr\u00e1n que decir adi\u00f3s para siempre a los ideales religiosos de su adolescencia.<\/p>\n<p>El amor desempe\u00f1a un papel decisivo en la integraci\u00f3n de la co\u00admunidad. Este sentimiento es uno de los elementos constitutivos e in\u00addispensables de la vida femenina. Pero quede desde un principio bien sentado que el cari\u00f1o a sus compa\u00f1eras es un cari\u00f1o perfectamente hu\u00admano. Si careciera de esta base natural habr\u00eda que dudar de su autenti\u00adcidad. El punto neur\u00e1lgico de la cuesti\u00f3n es si la religiosa tiene la <em>su\u00adficiente capacidad de suscitar confianza, <\/em>de engendrar simpat\u00eda, de crear amistad, de ir jalonando de amistades el camino de su existencia; todo lo cual supone una tendencia a entrar en contactos sanos y profun\u00addos con las personas que comparten su vida; implica poseer el arte no aprendido de la confidencia, la gracia exquisita de derribar barreras ima\u00adginarias; necesita un m\u00e1gico poder de imantaci\u00f3n que atraiga a todas a su \u00f3rbita sin que ella dej\u00bf por eso de girar en la \u00f3rbita de cada una de sus compa\u00f1eras.<\/p>\n<p>El sentimiento femenino tiene muchas ramificaciones. No s\u00f3lo se proyecta sobre las personas que le rodean, sino tambi\u00e9n sobre <em>las co\u00adsas de su entorno vital. <\/em>La vivienda com\u00fan resplandece de orden y lim\u00adpieza, refulge de esmero y pulcritud, se adorna con la suprema elegan\u00adcia de la sencillez. El aire huele a lavanda. Los muebles espejean. Los pisos evocan la caricia cotidiana del agua. Aqu\u00ed y all\u00e1 se advierte la gra\u00adcia de las flores, el gusto de la decoraci\u00f3n, el sentido de la armon\u00eda y de las proporciones. Ni caprichos suntuarios ni apariencias de sordidez. Todo acusa la presencia de unas mujeres selectas y laboriosas. El primor con que tratan a los seres inanimados entra tambi\u00e9n a formar la fina urdimbre de su sensibilidad. La tosqued\u00e1d, el desali\u00f1o, la zafiedad son inconcebibles en una comunidad femenina. Para una mujer tiene suma importancia la casa en que vive, las cosas familiares, los muros, los pa\u00adsillos, las caras que contempla a diario porque todo eso constituye la circunstancia pegada a ella hasta formar parte de su yo. El cuidado de la casa y del ajuar, adem\u00e1s, contribuye al bienestar com\u00fan, facilita la convivencia, las hace sentir la dicha de vivir en un hogar c\u00f3modo y lim\u00adpio, en un nido tibio y suave en donde las penas se diluyen m\u00e1s pronto y las alegr\u00edas mueren m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Como en el hogar paterno que abandon\u00f3, <em>la religiosa tiene necesi\u00addad de exteriorizar sus emociones. <\/em>Las actitudes fr\u00edas y corteses nada tienen que ver con el ambiente en que vive actualmente que debe estar saturado de sinceridad y espontaneidad fraternales. Su intensa vida emo\u00adcional le exige poder expresar sus sentimientos en los dos polos opuestos, de la alegr\u00eda y de la tristeza. Las l\u00e1grimas tienen su origen en su mayor vulnerabilidad sicol\u00f3gica. Si tales manifestaciones no son muy frecuen\u00adtes est\u00e1n dentro de lo normal, contribuyen a aliviar las tensiones de su vida emotiva y le devuelven el equilibrio interior. Ni las risas ni las l\u00e1\u00adgrimas deben ser reprimidas por un falso concepto de la virtud o por creer que son fen\u00f3menos reveladores de anormalidad.<\/p>\n<p>Como mujer que es, depende de los dem\u00e1s afectivamente. <em>No s\u00f3lo brinda afecto sino que lo reclama. <\/em>Tiene necesidad de amor, de ternura, de aceptaci\u00f3n, de comprensi\u00f3n y de otras manifestaciones afectivas. Estas necesidades sicol\u00f3gicas, si son debidamente satisfechas, le pro\u00adporcionan bienestar, le dan seguridad, le comunican estabilidad y pro\u00admueven su progreso espiritual y humano. Todo esto es absolutamente ne\u00adcesario para ella, para todas. Si no lo tienen en cuenta, alguna se estar\u00e1 muriendo de fr\u00edo y de soledad. Toda religiosa necesita m\u00e1s amor de lo que merece. S\u00f3lo es capaz de hacer el bien despu\u00e9s de sentirse amada. El amor sobrenatural que las ha convocado no es un amor descarnado y deshumanizado. Debe revestir las caracter\u00edsticas de un aut\u00e9ntico afecto humano, delicadas pruebas de inter\u00e9s personal, calidad de sentimientos, atenci\u00f3n a los peque\u00f1os detalles, a los gustos, a las preferencias, a todo aquello que las pueda hacer felices y sea capaz de crear una atm\u00f3sfera ideal para la convivencia.<\/p>\n<p>La mujer es utilitarista. No busca la ciencia por la ciencia, el tra\u00adbajo por el trabajo, el arte por el arte. Si su inteligencia, su imaginaci\u00f3n o su intuici\u00f3n se ponen en movimiento s\u00f3lo es con el fin de obtener alg\u00fan bien concreto para los seres que son objeto de sus preocupaciones y de su cari\u00f1o. <em>Tiene necesidad de ser \u00fatil. <\/em>Sinti\u00e9ndose \u00fatil es como se reali\u00adza, es como afirma su personalidad. Para que responda a esa necesidad de manera eficiente es preciso que su actividad est\u00e9 de acuerdo con sus aptitudes e inclinaciones. Hay que respetar su vocaci\u00f3n particular. A veces ella misma la ignora o est\u00e1 equivocada sobre el trabajo que mejor le cuadra. Las compa\u00f1eras deben desviarla del camino que ha tomado por error, capricho o vanidad. Y ella debe someterse al veredicto de las personas sensatas.<\/p>\n<p><em>Las ancianas y enfermas, <\/em>m\u00e1s que nadie, experimentan la acuciante necesidad de ser \u00fatiles a la comunidad. Una superiora deber\u00e1 hacer uso de su imaginaci\u00f3n para encontrar un lugar, una tarea apropiados para las que por su edad o su estado de salud no est\u00e1n en condiciones de realizar la misi\u00f3n que ven\u00edan desempe\u00f1ando. La tristeza, la neurosis, la depresi\u00f3n son peligros ciertos que acechan a las que, por el motivo que sea, han tenido que abandonar su actividad de siempre. Se apodera de ellas un sentimiento invencible de ruina, de fracaso, de inutilidad. Cuan\u00addo la necesidad de ser \u00fatiles se ha visto frustrada, llegan a sucumbir, como n\u00e1ufragos, al no encontrar d\u00f3nde asirse. Proporcionarles algo que les devuelva la ilusi\u00f3n de que a\u00fan sirven de provecho o convencerlas, por lo menos, de que contin\u00faan siendo \u00fatiles a la Iglesia y al Instituto es una empresa erizada de dificultades.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo necesita sentirse \u00fatil, sino tambi\u00e9n que las compa\u00f1eras re\u00adconozcan su val\u00eda, valoren sus talentos y aprecien sus buenas cualidades. <em>Tiene necesidad de estimaci\u00f3n por lo que es en s\u00ed. <\/em>La conciencia de su capacidad puede aumentar o disminuir, seg\u00fan la postura que adopten las dem\u00e1s. Sobre todo en aquellas religiosas j\u00f3venes cuya personalidad est\u00e1 en v\u00edas de-desarrollo y maduraci\u00f3n. Todos los complejos de infe\u00adrioridad pueden ser eliminados con una acogida abierta, optimista que les d\u00e9 seguridad y confianza en s\u00ed mismas. Claro est\u00e1 que en esta actitud de la comunidad no pueden caber la hipocres\u00eda, la adulaci\u00f3n, la lisonja ni el incentivo de la vanidad; s\u00f3lo son posibles la alabanza sincera, el aplauso discreto, la felicitaci\u00f3n cordial en los \u00e9xitos y el consuelo y las palabras estimulantes en los reveses. En todo caso es v\u00e1lido el principio de que la insatisfacci\u00f3n de las necesidades sicol\u00f3gicas va siem\u00adpre en detrimento de la Hermana y del mismo grupo que la integra por las leyes de la influencia y de la solidaridad.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hay que tener en cuenta los aspectos negativos que se de\u00adrivan de la complicada constituci\u00f3n s\u00edquica femenina. Su fina sensibili\u00addad frente al dolor ajeno, por ejemplo, si est\u00e1 bien orientada, la conduce al olvido de s\u00ed misma, a la abnegaci\u00f3n y al sacrificio en favor del que sufre. Pero un desarreglo cualquiera, heredado o adquirido, de su me\u00adcanismo emotivo le desv\u00eda de su condici\u00f3n altruista, y su tradicional ternura degenera en gusto de hacer sufrir, en maldad, en crueldad y en sadismo. Igualmente, el conocimiento instintivo que la mujer posee del aparato emocional propio y ajeno y el arte con que sabe manejar todos sus resortes, si se lo propone, puede ser utilizado por ella lo mismo en favor de la verdad, de la justicia y de la bondad que para el logro de sus caprichos, de sus ambiciones y de sus peores instintos. Ser\u00e1 necesario que aprenda a encauzar, con ayuda del cielo y de la tierra, esa corriente emocional a fin de ponerla al servicio de su ideal.<\/p>\n<h2 align=\"center\">Amistad<\/h2>\n<p>Una religiosa no tiene derecho a mantener relaciones humanas no caritativas, a cultivar un amor natural que no sea as\u00ed mismo sobrenatu\u00adral, porque la consagraci\u00f3n que hizo de s\u00ed misma a Dios impregna toda su naturaleza desde la ra\u00edz hasta el \u00faltimo brote. Pero el amor ha de ser primeramente humano. Es m\u00e1s, yo pienso que un amor al pr\u00f3jimo que no sea humano, que no parte del amor humano, que no le acreciente, no es aut\u00e9ntico ni evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>Ahora bien, una de las manifestaciones m\u00e1s leg\u00edtimas y universales del amor humano es la amistad. El amor esencialmente siempre es el mismo, pero admite una rica gama de formas de expresi\u00f3n. Los esposos, los hijos, los hermanos, los socios, los camaradas&#8230; expresan un mismo amor de distinto modo, grado y calidad. La amistad es una de las formas m\u00e1s bellas que tiene de revelarse y florecer. Decir que <em>la amistad es un tesoro <\/em>es caer en el t\u00f3pico y en la vulgaridad. Pero algo maravilloso e inefable debe encerrar cuando tantas <em>alabanzas <\/em>ha inspirado y tantas difi\u00adcultades hay que vencer para encontrar una que sea verdadera. Dios nos la brinda, Cristo nos la regala, la Biblia la magnifica, la historia la describe, el h\u00e9roe la estima, el santo la cultiva, el artista la canta, la so\u00adciedad la fomenta, el alma la busca y el coraz\u00f3n la exige. La amistad es el feliz hallazgo de la mitad que nos falta por parte de la mitad que somos. En frase de la Sagrada Escritura, es el perfume, la suavidad, el aliento, el consuelo y el encanto del esp\u00edritu: su valor es incalculable. Si su precio est\u00e1 por las nubes, es explicable que no sea un art\u00edculo co\u00adrriente. Lo que de ordinario nos dan por amistad es un g\u00e9nero adulterado.<\/p>\n<p>Nos enga\u00f1amos en la elecci\u00f3n y despu\u00e9s nos quejamos de haber sido enga\u00f1ados.<\/p>\n<p>M\u00e1s que todas las definiciones es la experiencia personal la que nos ense\u00f1a <em>en qu\u00e9 consiste <\/em>la amistad. A veces brota espont\u00e1neamente. No es raro verla nacer despu\u00e9s de largos contactos. Son dos fuerzas mis\u00adteriosas que se atraen mutuamente para fundirse en una sola. Un poeta la explica: dos ideas que al par brotan -, dos besos que a un tiempo es\u00adtallan, &#8211; dos ecos que se confunden, &#8211; eso son nuestras dos almas. Efectivamente, la amistad es el encuentro de dos almas cine van mez\u00adclando con confianza creciente sus pensamientos, sus sue\u00f1os, sus inquie\u00adtudes, su desventura y su dicha; siendo libres para separarse en cualquier momento, no se separan jam\u00e1s. Se aman por lo que tienen de com\u00fan, simpatizan, sintonizan, coinciden, congenian, armonizan, se comprenden, se ayudan, se apoyan, se franquean, se desahogan&#8230; La amistad rompe el silencio, puebla la soledad, llena el vac\u00edo, disipa el temor, crea la con\u00adfianza, despierta el optimismo, engendra la iniciativa y consolida la per\u00adsonalidad.<\/p>\n<p><em>No hay ninguna raz\u00f3n para excluir a una religiosa de la amistad. <\/em>Porq\u00fae es un valor humano positivo y bienhechor; porque no es incom\u00adpatible con la santidad de su estado, sino todo lo contrario; porque tam\u00adbi\u00e9n ella, por humana y femenina, est\u00e1 hecha para amar; porque tambi\u00e9n ella siente la inclinaci\u00f3n ineludible, irremediable, fatal y necesaria de amar y de ser amada. Esta propensi\u00f3n se podr\u00e1 encauzar, depurar y sublimar, pero nunca borrar y destruir. El conflicto que resulta de su amor exclusivo a Dios y su sed innata de amor humano queda resuelto por el mandamiento divino reforzado por su consagraci\u00f3n religiosa: amar a Dios sobre todas las cosas y personas; lo que equivale a amar a todas las cosas y personas en Dios, con El, por El y para El. En realidad todos admiten hoy la posibilidad de tener amistades f\u00e9rtiles y saludables en el seno de la comunidad.<\/p>\n<p>Se propone como ideal convertir en <em>un c\u00edrculo de amigas aut\u00e9nticas <\/em>a todo el grupo comunitario. Al menos es indiscutible que a todos sus miembros les apremia la obligaci\u00f3n de intentarlo. Ninguno puede excu\u00adsarse en conciencia de este deber ampar\u00e1ndose en la calidad espont\u00e1nea de la amistad. Claro es que transformar la convivencia de personas en comuni\u00f3n de vida es una empresa que s\u00f3lo en el cielo veremos completamente realizada. Pero \u00bfqu\u00e9 obst\u00e1culo hay para que una comunidad pe\u00adregrina empiece a poner manos a la obra y coloque la primera piedra? Si las amigas se quieren por lo que tienen en com\u00fan,\u00a0\u00bfno hay una can\u00adtidad ingente de cosas comunes de las que todas las Hermanas partici\u00adpan? La intimidad que entre dos mujeres se establece por motivaciones afectivas, \u00bfpor qu\u00e9 no se va a poder establecer entre las religiosas por motivaciones de fe? \u00bfNo tiende una comunidad consagrada por su propio peso de gravedad a la uni\u00f3n en la amistad, a la compenetraci\u00f3n perfec\u00adta, a la comuni\u00f3n existencial?<\/p>\n<p>F\u00edsicamente las Hermanas est\u00e1n unidas alrededor de un acervo com\u00fan: formaci\u00f3n id\u00e9ntica, esp\u00edritu propio, leyes peculiares, vida do\u00adm\u00e9stica, tareas, oraciones. Pero se trata de <em>que el amor impregne todas esas cosas, <\/em>los bienes, los gestos, las relaciones; que los saludos y ade\u00admanes de cada una sean portadores de un cari\u00f1o sincero a las compa\u00ad\u00f1eras; que las palabras rezumen el gozo de vivir con ellas; que los ojos trasluzcan la simpat\u00eda que inspiran; que todo manifieste que realmente ellas constituyen su hogar y su familia; que quiere ser toda para ellas&#8230; Entonces es cuando la comunidad vive en la verdad. Y no como ciertos matrimonios que ante la sociedad aparentan amarse, y cuando se entra en su intimidad y se reciben confidencias se descubre el drama o la farsa.<\/p>\n<p>Pero la realidad de las comunidades terrestres dista mucho del tipo ideal que todos so\u00f1amos. Hay circunstancias que condicionan la amis\u00adtad colectiva y en ocasiones la hacen irrealizable. La antipat\u00eda natural, la anomal\u00eda s\u00edquica, el cargo de la autoridad, las diferencias de edad, del cultura, de mentalidad, etc. pese a la buena voluntad de todos, obs\u00adtruyen el canal de la amistad y le cierran el paso. Pero <em>donde termina la amistad empieza la caridad. <\/em>Aunque se desencadena sobre la comuni\u00addad una riada de problemas, crisis y dificultades, el amor cristiano tiene que sobrenadar. El amor permanece intacto. No puede ni debe morir. Vivir\u00e1 oculto y callado en el fondo del alma, pero vivir\u00e1; y al no poder presentarse con el vestido de gala de la amistad, adoptar\u00e1 otro ropaje distinto, utilizar\u00e1 otras formas de expresi\u00f3n igualmente v\u00e1lidas, como son la gratitud, la indulgencia, la ayuda, la compa\u00f1\u00eda, el esp\u00edritu de servicio, la oraci\u00f3n&#8230; La vida en com\u00fan es un buen caldo de cultivo, no s\u00f3lo de la amistad, sino de todas las especies y variedades, recursos y estilos de que puede echar mano el amor para presentarse en p\u00fa\u00adblico.<\/p>\n<p>Es evidente que para que la comunidad sea una unidad total, un ser social que vive, siente, piensa y act\u00faa como un todo compacto y ar\u00adm\u00f3nico no puede estar vinculada por la sola amistad natural porque \u00e9sta no resolver\u00eda los antagonismos de las comunidades heterog\u00e9neas y pluralistas; no impedir\u00eda la existencia de grupos enquistados cuyos individuos se apoyar\u00edan para atacar y defenderse de los otros grupos; ni acoger\u00eda a las personas marginadas, d\u00e9biles e indefensas que permanece\u00adr\u00edan ajenas a la integraci\u00f3n y al calor comunitario.<\/p>\n<p>Por eso viven en el reino de la utop\u00eda las religiosas j\u00f3venes que propugnan la implantaci\u00f3n de comunidades uniformes y homog\u00e9neas, comunidades de amistad, mediante grupos nivelados por la edad, la sa\u00adlud, el car\u00e1cter y la simpat\u00eda. No soy tan ciego que no vea las enormes ventajas que reunir\u00edan estos equipos para la labor apost\u00f3lica. Pienso, sin, embargo que es un sistema inaceptable. Hay en \u00e9l una evasi\u00f3n lar\u00advada de la aut\u00e9ntica afectividad, de la autoridad, de la responsabilidad, de la caridad y de la pobreza. Es anticristiano porque excluye a los seres antip\u00e1ticos, inc\u00f3modos y dif\u00edciles. Es inhumano porque rechaza a los , enfermos, ancianos e inv\u00e1lidos. Y es antiformativo porque la maduraci\u00f3n del car\u00e1cter y de la personalidad no est\u00e1 en la l\u00ednea de la comodidad como es vivir siempre entre amigos, sino en el plano del sacrificio como es formar en un equipo plural. Nadar a favor o en contra de la corriente discrimina a los hombres en cobardes o valientes. Lo ha demostrado el resultado de estas experiencias: cuando un grupo cristiano decide ig\u00adnorar la caridad cae autom\u00e1ticamente en la extravagancia y en la alie\u00adnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La chispa de la amistad ha saltado entre dos Hermanas. Ellas sa\u00adben muy bien que si administran fr\u00edvolamente este hermoso capital les dejar\u00e1 un saldo de l\u00e1grimas. El sentido com\u00fan les ha ense\u00f1ado que la amistad entre las religiosas est\u00e1 mucho m\u00e1s condicionada que entre las mujeres seglares. Si las dos amigas carecen de madurez y de equilibrio sus relaciones amistosas pueden bascular hacia la pasi\u00f3n o provocar en su pac\u00edfica colmena el revuelo y el desasosiego. Por eso lo primero que hacen es colocar a <em>Dios en el centro de su amistad. <\/em>El est\u00e1 en el primer plano; ellas pasan a segundo t\u00e9rmino. Su historia es el feliz encuentro de dos corazones que no se aman m\u00e1s que para amarle a El mejor. Des\u00adconf\u00edan de un cari\u00f1o que no las ayude a ser m\u00e1s valientes, m\u00e1s comprome\u00adtidas. Como han o\u00eddo decir que \u00abel amor es la pasi\u00f3n por la dicha del otro\u00bb, se dan siempre lo mejor que hay en ellas mismas, conjugan la mayor ternura con el mayor respeto, en vez de mirarse a la cara miran las dos en la misma direcci\u00f3n, frenan o dan marcha atr\u00e1s cuando ven encendida la luz roja. Saben que si no, el amor se les escapar\u00eda de las manos como una mariposa inasible.<\/p>\n<p>Cada una por separado sabe tambi\u00e9n que su amiga debe ser una reina, no una esclava; una medicina, no una droga; un estimulante, no una r\u00e9mora; un mentor, no un c\u00f3mplice; un instrumento, no un pasa\u00adtiempo; una necesidad, no un lujo; una ganancia leg\u00edtima, no un contra\u00adbando clandestino; una fiesta del coraz\u00f3n, no un narc\u00f3tico de la concien\u00adcia; un bord\u00f3n de peregrino, no una piedra de esc\u00e1ndalo; una lente de aumento, no un cristalahumado y mucho menos una venda que le robe totalmente la visibilidad.<\/p>\n<p>La mayor equivocaci\u00f3n que pueden cometer es aislarse, cerrarse sobre s\u00ed mismas y formar grupo aparte en la comunidad. Si su amistad es de buena ley las tiene que dejar abiertas, comunicativas, permeables, cuajadas en la totalidad.<\/p>\n<p>Un amor exclusivo es un amor repulsivo e indignante. Una comu\u00adnidad cristiana no puede dar cobijo sino a las que permanecen verte\u00adbradas en ella. Los subgrupos no caritativos son agentes da\u00f1inos de la peor casta. Bajo su influjo reto\u00f1an las desconfianzas, aflora la maledi\u00adcencia y hacen su aparici\u00f3n las cr\u00edticas negativas, como los hongos y ca\u00adracoles despu\u00e9s de una lluvia repentina.<\/p>\n<p>El encuentro con una amiga de verdad debe marcarse con una flor en el calendario. Es la simbiosis de dos almas gemelas; la m\u00fa\u00adsica de dos cajas de resonancia que vibran sincronizadas; un descu\u00adbrimiento feliz que evapora esa tristeza pastosa e indefinible que a veces gotea del alma. Penetra como un r\u00edo arrastrando las piedras y el l\u00e9gamo del fondo. Pero no hay que forjarse demasiadas ilusiones. <em>La amistad m\u00e1s \u00edntima nos puede abandonar. <\/em>A veces nos falla aquello que m\u00e1s amamos o consideramos firme como una roca. La amistad no es capaz tampoco de apagar totalmente nuestra sed de amar y de ser amados. Ser\u00eda una ingenuidad creer que con ella quedaban liquidadas para siempre la a\u00f1oranza, el vac\u00edo, la nostalgia, la soledad, las mareas peri\u00f3dicas de unos deseos profundos e imprecisos. La amistad no reemplaza exacta\u00admente al amor conyugal. Adem\u00e1s en el mismo matrimonio es imposible trasvasar totalmente el amor en el subsuelo de la personalidad. Para lle\u00adgar hasta la ra\u00edz del alma es menester haberla creado&#8230;<\/p>\n<p>Aunque el cari\u00f1o deforma la visi\u00f3n de la persona amada, sin em\u00adbargo, el trato habitual con ella trae consigo sorpresas desagrada\u00adbles. El sombr\u00edo panorama de sus fallos y limitaciones molesta y decep\u00adciona. La mujer que busque una amiga sin defectos morir\u00e1 sin encontrar\u00adla. Tambi\u00e9n suele decirse que es m\u00e1s f\u00e1cil morir por el ser amado que vivir constantemente con \u00e9l. Hay que aceptar las cosas como son y no como quisi\u00e9ramos que fueran. S\u00f3lo la deslealtad ser\u00eda motivo de ruptura. Ante los dem\u00e1s defectos la discreci\u00f3n aliada con el afecto ense\u00f1ar\u00e1 unas veces a perdonar; otras, a callar y disimular; y siempre a ayudar a superarse.<\/p>\n<p>Todo intercambio amistoso entre dos Hermanas tiene que produ\u00adcir l\u00f3gicamente emoci\u00f3n y alegr\u00eda, gozo y complacencia, bienestar y satisfacci\u00f3n. Esto es humanamente explicable. Son seres de carne y hueso que con la dicha gozan y con la pena sufren. No se puede cali\u00adficar de mala una amistad por las reacciones sensibles que origina, so\u00adbre todo, si se trata, como he dicho, de personas maduras y equilibra\u00addas. <em>Toda amistad es sensible <\/em>porque es humana. El \u00fanico reparo que se podr\u00eda poner honradamente es la exagerada frecuencia de las entre\u00advistas a que las lleva la mutua atracci\u00f3n que experimentan. Esos encuen\u00adtros son un consuelo para ambas, sin duda alguna, un calmante o un t\u00f3nico; pero nadie est\u00e1 bebiendo t\u00f3nicos de la ma\u00f1ana a la noche. La amistad impone tambi\u00e9n sacrificios, renuncias, como las citas muy espa\u00adciadas. S\u00f3lo a trav\u00e9s de esas renuncias comprender\u00e1n que sus necesida\u00addes afectivas son tan grandes que nada terreno ser\u00e1 capaz de calmar sus ansias.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>Sensualidad<\/strong><\/h2>\n<p>La amistad sana puede darse leg\u00edtimamente tanto dentro como fuera de la comunidad. El quehacer caritativo, apost\u00f3lico y profesional pone a las Hermanas en contacto con personas de ambos sexos de toda edad, estado y condici\u00f3n social. Una religiosa es una mujer normal. Como toda mujer, <em>es capaz de enamorarse, <\/em>sin que sea \u00f3bice su consagraci\u00f3n a Dios. Su afecto sensible puede degenerar en amor sensual. Su amistad puede transformarse en pasi\u00f3n. La pasi\u00f3n por un hombre por parte de una mujer no comprometida es buena, ordenada y natural, si se conserva carnalmente limpia. Con la de una religiosa sucede lo mismo, aparte, claro est\u00e1, la flagrante traici\u00f3n a sus sagrados compromisos. La pasi\u00f3n homosexual fundamentalmente reviste las mismas caracter\u00edsticas que la heterosexual, s\u00f3lo que se trata de un amor torcido, desviado de su camino normal. Las dos clases de amor pueden asaltar y filtrarse en el coraz\u00f3n de la religiosa, especialmente de la religiosa inmadura, hi\u00adpersensible o dotada de una afectividad morbosa.<\/p>\n<p>Es interesante bucear en los <em>or\u00edgenes de la pasi\u00f3n femenina. <\/em>Digo femenina porque una Hermana puede quedar prendida, como un in\u00adsecto, en la tupida red del amor humano \u2014en el sentido que aqu\u00ed estoy dando a esta palabra\u2014 siguiendo el mismo proceso que cualquier otra mujer. Su coraz\u00f3n tiene muchas puertas de acceso: la amistad creciente, la vanidad excitada, las atenciones recibidas, la compasi\u00f3n amable, los favores prestados, la gratitud expresiva, la figura atrayente, el trato frecuente, el aprecio oculto y hasta el menosprecio declarado o disi\u00admulado.<\/p>\n<p>Siempre ser\u00e1 un enigma para el hombre saber cu\u00e1ndo el senti\u00admiento inducido por estos u otros motivos queda en la mujer del lado de ac\u00e1 o del lado de all\u00e1 del amor propiamente dicho. En el hombre la l\u00ednea fronteriza est\u00e1 trazada con precisi\u00f3n y claridad. En la mujer pa\u00adrece que entre la estimaci\u00f3n y el amor se extiende una dilatada zona afec\u00adtiva, en claroscuro, difuminada y crepuscular en la que el paso de un afecto a otro se verifica lenta e imperceptiblemente.<\/p>\n<p>Yo me pregunto, sin embargo: \u00bfEs que una mujer ya en saz\u00f3n, formada y juiciosa como es cualquier Hermana no sabe por instinto lo que hay detr\u00e1s de ciertas palabras, miradas y actitudes? \u00bfTan atrofiada est\u00e1 su proverbial intuici\u00f3n que considera innocuo un gesto cuando en realidad contiene una explosiva carga sentimental? Si afirma la sicolo\u00adlog\u00eda que la mujer conoce a la perfecci\u00f3n el dispositivo emocional propio y ajeno, \u00bfc\u00f3mo puede pasarle desapercibido un amor que se insin\u00faa por muy disfrazado que se presente? \u00bfC\u00f3mo no se pone en guardia ante la primera turbaci\u00f3n agridulce, ante la primera alteraci\u00f3n de su mecanismo afectivo? Si no funcionan estas se\u00f1ales de alarma pienso que se trata de una grave aver\u00eda de sus resortes \u00edntimos que la incapaci\u00adtan para la vida consagrada. Pero si funcionan y no organiza la retirada o monta un sistema defensivo, se enamora deliberadamente y por tanto se inhabilita tambi\u00e9n para permanecer en comunidad.<\/p>\n<p>Ella misma <em>puede diagnosticar \u00abVa enfermedad\u00bb <\/em>de su m\u00fasculo card\u00edaco. Entre los muchos s\u00edntomas que ofrece puede someter a su an\u00e1lisis los siguientes: 1.\u00b0 Af\u00e1n desmedido de buscar ocasiones para es\u00adtar en compa\u00f1\u00eda de la persona amada. 2.\u00b0 Incumplimiento de las obli\u00adgaciones para poder gozar con m\u00e1s holgura de su presencia. 3.\u00b0 Pro\u00adfunda emoci\u00f3n cuando habla con ella, le escribe o repasa sus recuerdos. 4.\u00b0 Tono expresivo e insinuante de sus cartas y conversaciones. 5.\u00b0 Preocupaci\u00f3n, inquietud, ansiedad en su ausencia. 6.\u00b0 Invasi\u00f3n gradual de su recuerdo en la vida, actividades y sue\u00f1os con peligro de conver\u00adtirse en un pensamiento obsesivo. 7.\u00b0 La punzada de los celos.<\/p>\n<p>No es necesario que se adviertan todas estas se\u00f1ales de alerta. Basta una o dos para detectar la presencia o la ausencia del bacilo en el coraz\u00f3n, para averiguar si s\u00f3lo se trata de una amistad corriente o si, en efecto, se ha pasado de la raya. La certeza de uno o de varios sig\u00adnos positivos es indicio de que el drama est\u00e1 todav\u00eda en sus comienzos. A medida que el tiempo pasa la acci\u00f3n dram\u00e1tica va adquiriendo mayo\u00adres proporciones. El desenlace no sorprende a nadie. Estaba planteado ya desde las primeras escenas: o un epilogo de novela rosa, si el actor es un caballero; o, si es una actriz la protagonista, la obra contin\u00faa desarroll\u00e1ndose entre bastidores. A no ser que alguien se percate de lo que est\u00e1 ocurriendo fuera de las tablas y ante los silbidos del p\u00fablico indignado tengan que hacer mutis por el foro. Que es precisamente lo que mucho tiempo antes ten\u00edan que haber hecho.<\/p>\n<p>He hablado de un drama. Pero si se tiene en cuenta el final, es una tragedia dolorosa. Si se atiende al principio es un sainete rid\u00edculo. Una mujer que cuando pudo no quiso y cuando no puede quiere dar su co\u00adraz\u00f3n en exclusiva a otra persona es una figura absurda, grotesca y ex\u00adtravagante. Pero <em>en el pecado lleva la penitencia. <\/em>Si toma el acuerdo de continuar en la comunidad disfrazada de religiosa ser\u00e1 la eterna ausente, la proscrita, la desarticulada, la indiferente de cara a los intere\u00adses del grupo, la pieza que produce estridencias hirientes en la maquina\u00adria del equipo por mucho que se esfuerce en cubrir las apariencias.<\/p>\n<p>Por otra parte, con el coraz\u00f3n ha perdido la orientaci\u00f3n y la direc\u00adci\u00f3n de la primera entrega. Aunque su amor no haya tenido ninguna expresi\u00f3n camal, se ha despojado de los tres bienes espec\u00edficos de las mujeres consagradas: de la virginidad esencial, de la maternidad espiri\u00adtual y de la fecundidad apost\u00f3lica. En una religiosa el amor exclusivo, aunque est\u00e9 limpio de pecado grave, tiene estas fatales consecuencias: intelectualmente, atonta; espiritualmente, seca; sicol\u00f3gicamente, dese\u00adquilibra; formativamente, tuerce; apost\u00f3licamente, esteriliza; socialmen\u00adte, escandaliza y est\u00e9ticamente, embrutece.<\/p>\n<p>Que ninguna Hermana se apreste a arrojarle a su desventurada compa\u00f1era la primera piedra. Si esta \u00faltima se desliz\u00f3 por la pendiente para precipitarse en la sima, no fue tal vez su mano la que le empuj\u00f3? Admito que no lo hiciera de mala fe, pero, ,,no ocurri\u00f3 a causa de un falso planteamiento de la amistad? Es condenable la cc) nducta de la su\u00adperiora o de las otras Hermanas que persiguen o denuncian sistem\u00e1tica\u00admente toda manifestaci\u00f3n amistosa. Lo primero que hay que hacer es <em>distinguir la amistad verdadera, de la sensual, <\/em>y no medirlas por el mismo rasero. Las dos convienen en algo, como ya he explicado, pero las dos se diferencian como el d\u00eda de la noche. Sin discriminaci\u00f3n ni an\u00e1lisis no se puede condenar la amistad como si fuera pecaminosa por definici\u00f3n. Desde este punto de vista irreductible y equivocado toda manifestaci\u00f3n de amor humano, por muy inocente que sea, est\u00e1 senten\u00adciada a morir o a corromperse. Porque si dos personas se sienten atra\u00ed\u00addas y nace entre ellas la amistad buscar\u00e1n la clandestinidad para culti\u00advarla, y nadie ignora los peligros que entra\u00f1an esas citas furtivas. Se ocultan como si fueran culpables y terminan por serlo. Las medidas dr\u00e1sticas para acosar a la pasi\u00f3n hasta sus \u00faltimos reductos est\u00e1n justifi\u00adcadas, pero , qui\u00e9n tiene la culpa de que \u00abacabara en carne lo que empez\u00f3 en esp\u00edritu\u00bb?<\/p>\n<p>La tozuda intransigencia frente a la amistad tiene a\u00fan peores de\u00adrivaciones. En primer lugar provoca indebidamente <em>el miedo al pecado <\/em>en toda manifestaci\u00f3n o expansi\u00f3n sana de amor humano. Y esto da lugar a esp\u00edritus recelosos, mis\u00e1ntropos, incapaces de comprender a na\u00addie ni de ayudar en nada.<\/p>\n<p>En segundo lugar <em>la total frustraci\u00f3n afectiva <\/em>con el consiguiente desequilibrio personal. No es infrecuente el caso de Hermanas dotadas de una rica vida emocional, que, al verse acorraladas por tab\u00faes y pro\u00adhibiciones, renuncian a toda forma de amor y dejan que su coraz\u00f3n se vaya secando insensiblemente. Soluci\u00f3n desgraciada que suministra a la comunidad criaturas extra\u00f1as que nada tienen de femeninas; mujeres sin entra\u00f1as, cerradas sobre s\u00ed mismas, ego\u00edstas, crueles, malhumoradas, celosas y altaneras. Viven en las tinieblas y maldicen de la luz que ba\u00f1a a las dem\u00e1s. Est\u00e1n amargadas y les da en rostro la alegr\u00eda ajena. Care\u00adcen de bondad y generosidad y consideran sospechosa cualquier expan\u00adsi\u00f3n tierna y cordial que se cruza entre sus compa\u00f1eras. Son hura\u00f1as y en\u00advidian la simpat\u00eda de que las otras gozan. Les falta el amor y denuncian todo lo que huele a cari\u00f1o y a amistad.<\/p>\n<p>La religiosa, es menester insistir en ello, ha de dar salida limpia y noblemente a la imperiosa necesidad que tiene de amar y ser amada. De lo contrario cualquier mano imprudente puede abrir un boquete en el muro de contenci\u00f3n y entonces la fuerza acumulada hace estallar todas las compuertas e irrumpe la pasi\u00f3n incontenible y exigente&#8230; El pecado o la locura acechan en las sombras.<\/p>\n<p>La Iglesia est\u00e1 pidiendo constantemente en la actualidad que las religiosas ejerciten el apostolado que les es propio entre las gentes del mundo que las rodea. No se les puede prohibir que traten fuera de casa con toda clase de personas so pretexto de no s\u00e9 qu\u00e9 peligros. En todas sus actividades pueden encontrar peligros y tienen que tomar las debidas cautelas, pero una vez formadas s\u00f3lidamente, enraizadas en la gracia, aseguradas por la oraci\u00f3n y apoyadas por sus compa\u00f1eras han de ac\u00adtuar con libertad y decisi\u00f3n en el campo del apostolado moderno. Esto es lo que les exige con se\u00f1ales de apremio y de urgencia su amor a Cristo y a la Iglesia.<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n de la religiosa sufre oscilaciones, ciertamente. Pero una vez bien centrado es el coraz\u00f3n que mejor nos recuerda y transmite los latidos del coraz\u00f3n de Dios. El mundo, sin darse cuenta, dama desga\u00adrradoram6nte por \u00e9l porque se muere de fr\u00edo y porque ese coraz\u00f3n femenino es el \u00fanico arsenal de amor de que puede disponer. Ella, la mujer consagrada, gesta un mundo nuevo en su seno. Si le dejaran las manos libres nos har\u00eda regresar a los albores de la humanidad, a las eda\u00addes de oro, al para\u00edso inicial, a las fuentes puras, no manchadas, del amor primero.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COMUNIDAD FEMENINA La mujer marca un estilo distinto del hombre a la vida de comu\u00adnidad. Le imprime su sello caracter\u00edstico. Las relaciones interpersonales est\u00e1n matizadas por su sexo en extensi\u00f3n y profundidad. 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