{"id":50429,"date":"2019-11-14T08:57:03","date_gmt":"2019-11-14T07:57:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/09\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-humana\/"},"modified":"2019-09-09T10:32:47","modified_gmt":"2019-09-09T08:32:47","slug":"en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-humana","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-humana\/","title":{"rendered":"En respuesta a tu llamada: Comunidad humana"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\">COMUNIDAD HUMANA<\/p>\n<p>M\u00e1s que un compuesto de alma y cuerpo que podr\u00eda sugerir la idea inexacta de dos elementos yuxtapuestos, yo definir\u00eda al hombre como un esp\u00edritu corporizado o un cuerpo espiritualizado porque hace resaltar con m\u00e1s viveza el resultado de dicha uni\u00f3n: la integraci\u00f3n o unidad per\u00adsonal. El alma ha sido creada en funci\u00f3n del cuerpo y \u00e9ste en funci\u00f3n de aqu\u00e9lla. Los dos elementos son tan necesarios e inseparables para la persistencia del ser humano como el hidr\u00f3geno y el ox\u00edgeno para la del agua. No es el cuerpo o el alma aisladamente, sino la persona total, lo que constituye el fin y el objeto de la teolog\u00eda y de la sociolog\u00eda. Es el hombre completo el t\u00e9rmino de la Encarnaci\u00f3n, de la Redenci\u00f3n, de la Gracia, de la consagraci\u00f3n bautismal y religiosa, de la salvaci\u00f3n tempo\u00adral y de la felicidad eterna. Si el error de la filosof\u00eda naturalista consiste en prescindir del alma en sus elucubraciones, el de ciertos ascetas cris\u00adtianos radica en subestimar el valor de lo corporal. Al insistir tenazmen\u00adte en la importancia de la vida eterna, en la necesidad de aniquilar al \u00abhombre viejo\u00bb, buscan para el factor espiritual un lugar casi exclu\u00adsivo y relegan el factor humano a un plano secundario. El \u00abvencerse a s\u00ed mismo\u00bb es llevado hasta sus \u00faltimas consecuencias por hombres y mu\u00adjeres admirables por la heroicidad de su amor, pero inimitables por el rigor y dureza de su ascesis. Situ\u00e1ndonos a un nivel antropol\u00f3gico cabr\u00eda preguntarnos si a veces, por querer ser m\u00e1s cristianos y m\u00e1s religiosos, no estaremos consintiendo en ser menos humanos. Aunque tambi\u00e9n ser\u00eda v\u00e1lida la pregunta vuelta del rev\u00e9s, porque tanto despersonaliza un cierto angelismo ingenuo como un humanismo exagerado.<\/p>\n<p>Estos pensamientos nos llevan a la conclusi\u00f3n de que para el gobierno y organizaci\u00f3n de una comunidad, si hay que dar a las leyes divi\u00adnas la importancia que merecen, tambi\u00e9n hay que tener en cuenta las leyes humanas por las que se rige toda agrupaci\u00f3n de personas. Debe\u00admos comprender que por el hecho de que el Se\u00f1or es el Creador del hom\u00adbre entero, es as\u00ed mismo el legislador en el campo moral y en el orden sicol\u00f3gico. Si <em>el Autor de la \u00e9tica es el mismo que el de la sicolog\u00eda, <\/em>no podemos disociar impunemente dos tipos de leyes establecidas y respe\u00adtadas por El. La presunta colisi\u00f3n entre los dictados de la moral cristia\u00adna y los principios de la ciencia sicol\u00f3gica es m\u00e1s aparente que real. Hay que rechazar de plano toda oposici\u00f3n entre la ciencia y la fe. En caso de un choque frontal la soluci\u00f3n vendr\u00eda de la mano de la oraci\u00f3n y del estudio serio y profundo de cada caso concreto.<\/p>\n<p>En primer lugar <em>las normas evang\u00e9licas <\/em>est\u00e1n en la base de toda comunidad religiosa. Las palabras y la vida de Cristo son su causa y explicaci\u00f3n, su musa y su fuente, su deseo y su gozo. Cada minuto de una vida consagrada es un argumento en favor o en contra del Maes\u00adtro. Pero m\u00e1s que su doctrina es su Persona lo que importa. La doctrina es susceptible de interpretaciones torcidas. Muchos han abusado de ella. La Persona, en cambio, posee un atractivo irresistible. Podemos cono\u00adcer el Evangelio e ignorar a Jesucristo, como podemos comulgar sin recibirle. El es la regla, y la ley, el molde y la horma, la verdad y la vida de los componentes del equipo eclesial.<\/p>\n<p>En segundo lugar se impone el respeto y el acatamiento a <em>las leyes sicol\u00f3gicas <\/em>matizadas por el sexo de las personas al organizar una comu\u00adnidad. En la Persona de Jes\u00fas funcionaban con la m\u00e1s perfecta armon\u00eda. Autor y conocedor de las mismas ajust\u00f3 siempre su conducta, su pala\u00adbra y su obra a los motivos que condicionan las reacciones individuales y colectivas. Fue un hombre cabal e hizo hombres cabales. Por eso el hombre se deshumaniza a medida que se aparta del Hijo del Hombre. Las leyes que determinan el comportamiento de los componentes de un grupo humano est\u00e1n en el entramado de su naturaleza. Hay que confe\u00adsar que poseimos una sicolog\u00eda balbuciente. Las investigaciones de los especialistas se abren paso con dificultad por el misterioso laberinto del \u00abmicrocosmos\u00bb a causa de su enmara\u00f1ada complejidad y la cam\u00adbiante variedad de cada individuo. Pero, pese a ser limitados nuestros conocimientos sobre la materia, son suficientes para establecer los si\u00adguientes principios sobre los que se levanta toda comunidad humana:<\/p>\n<p><em>El hombre no est\u00e1 hecho para vivir en soledad. <\/em>No termina en s\u00ed mismo. Es una relaci\u00f3n, un ser complementario, un esbozo, una sinfo\u00adn\u00eda inacabada. Es la sociedad la que le da lo que necesita para comple\u00adtarse, la que le confiere la solidez, el detalle, la gracia y la energ\u00eda en una tarea diaria, continuada. Al final, como resultado, nos encontramos con un individuo hecho, con una persona cuajada, con un proyecto acabado. Una parte de lo que tenemos lo recibimos en herencia; otra parte lo ad\u00adquirimos por nosotros mismos; el resto nos lo proporcionan los dem\u00e1s. Y resulta que los dem\u00e1s necesitan de nosotros por la misma raz\u00f3n. Somos rec\u00edprocamente imprescindibles. Por eso el ser humano es un ser sociable, abierto, comunicativo, receptivo y oblativo a la vez. Se halla siempre en la b\u00fasqueda constante del contacto con los otros. Sin ellos no puede reali\u00adzar su propio yo.<\/p>\n<p>No le basta la sociedad com\u00fan donde se siente como un n\u00e1ufrago perdido en el oc\u00e9ano y se agrupa en sociedades m\u00e1s reducidas, en grupos homog\u00e9neos en los que encuentra ese calor de proximidad, esa atm\u00f3sfera propicia para que las relaciones m\u00fatuas sean m\u00e1s personales, directas y positivas. Siente una necesidad absoluta de ser admitido, reconocido, escuchado, aceptado, cre\u00eddo y amado en el c\u00edrculo de estas comunidades humanas. Si as\u00ed no ocurre se considera un ser in\u00fatil, frustrado, fraca\u00adsado. El di\u00e1logo, el intercambio, la colaboraci\u00f3n, la aportaci\u00f3n personal a la empresa com\u00fan desarrollan sus energ\u00edas latentes y hacen subir el nivel de su personalidad como la columna de mercurio en un ambiente c\u00e1lido.<\/p>\n<p>La sociedad no tolera en su seno a los seres anormales. Antes de integrarlos en ella intenta por todos los medios posibles su rehabilita\u00adci\u00f3n. Dejados en libertad son un peligro constante para la seguridad y la paz. Del mismo modo <em>hay seres inadaptados para la vida del grupo. <\/em>La causa unas veces es una tara gen\u00e9tica. Otras, una vivencia dolorosa de su ni\u00f1ez o de su adolescencia que les produjo un trauma sicol\u00f3gico. Otras veces ha consistido en un disgusto grave, en un fuerte choque emocional, en una alta y prolongada tensi\u00f3n, en una enfermedad que les ha produ\u00adcido un serio desajuste, un profundo trastorno de su siquismo. La vida nos ofrece un abigarrado mosaico de seres extra\u00f1os e insociables:<\/p>\n<p>Los que sufren peri\u00f3dicamente la ciega embestida de presiones in\u00adternas, impulsivas e incontrolables que los sume en un estado que se roza con lo demencial.<\/p>\n<p>Los que poseen una afectividad tan exuberante que los desborda.<\/p>\n<p>Los individualistas; los que sobrepasan los grados normales del ego\u00edsmo humano. Entran en el grupo para servirse de \u00e9l, no para servir\u00adle. Sacrifican el bien general al suyo propio. Se aprovechan abusiva-mente de la generosidad de los dem\u00e1s. Bloquean su colaboraci\u00f3n y los obligan a tomar actitudes de recelo y de defensa.<\/p>\n<p>Los hip\u00f3critas que apelan sistem\u00e1ticamente al recurso del enga\u00f1o, de la mentira y de la doblez; que presentan dos caras, porque de puertas afuera son un claro manantial de sonrisas, y de puertas adentro son un sucio vertedero de bilis.<\/p>\n<p>Los que viven siempre parapetados tras la trinchera de la suspica\u00adcia y de la desconfianza, sospechan de todo y de todos, ven escondida en todas partes la v\u00edbora de la mala intenci\u00f3n, interpretan siniestramente las acciones m\u00e1s limpias, ahogando en flor de ese modo la espontaneidad y la sinceridad del grupo.<\/p>\n<p>Los introvertidos, los que viven encastillados en la torre de marfil de su silencio, de su reserva y de su aislamiento, defienden agresiva\u00admente su soledad y tienen miedo a que los dem\u00e1s vengan a turbar su falsa tranquilidad.<\/p>\n<p>Los inmaduros, los ani\u00f1ados, los obsesivos, los depresivos, los eter\u00adnos rebeldes&#8230; La lista de los inadaptados y antisociales podr\u00eda estirar\u00adse mucho m\u00e1s. Hay que observar que, aparte su punto flaco, puede tra\u00adtarse de seres superdotados, moralmente buenos, inteligentes, de una gran eficacia y competencia profesional; que son los \u00fanicos miembros de una comunidad que no ven sus propios fallos naturales; que son los verdugos inconscientes, pero se juzgan las v\u00edctimas inocentes; que si antes de su incorporaci\u00f3n al equipo no se atisb\u00f3 ning\u00fan s\u00edntoma de ano\u00admal\u00eda, fue porque se encontraba en per\u00edodo de incubaci\u00f3n, por lo cual, cuando el desequilibrio hizo su aparici\u00f3n ya era demasiado tarde.<\/p>\n<p><em>Un grupo humano <\/em>es una persona moral dotada de una finalidad, de una existencia y de un dinamismo propios; distinta de la suma de los individuos que lo constituyen, pero dependiente en alto grado de las re\u00adlaciones que entre ellos se establezcan. Es una unidad total, una sociedad que vive, siente, piensa y act\u00faa como un todo \u00fanico y org\u00e1nico. Pero no es una entidad qu\u00edmicamente pura, un producto de laboratorio, sino una corporaci\u00f3n pluralista donde se mezclan y se entrecruzan mentali\u00addades, culturas, caracteres, criterios, aspiraciones, edades y profesiones muy heterog\u00e9neas. No es f\u00e1cil por ello el logro de un grupo estable y co\u00adherente. Hoy se habla mucho y se escribe m\u00e1s sobre la din\u00e1mica de es\u00adtos grupos. Pero no es la teor\u00eda sino la pr\u00e1ctica lo que les da armon\u00eda y consistencia. Se forman en la medida en que viven su vida com\u00fan. Se consolidan a golpes de conflictos. Se maduran a fuerza de amor. Y des\u00adpu\u00e9s de muchos a\u00f1os, no antes. Lo dem\u00e1s es puro lirismo.<\/p>\n<p>La ejecuci\u00f3n de una gran obra musical exige una buena orquesta y un gran director. En el concierto del grupo lleva la batuta la voluntad de cada una de sus partes, <em>una enorme voluntad de vivir en com\u00fan. <\/em>No basta un sentimiento inoperante, unos buenos deseos que se quiebran al menor soplo como burbujas de agua, sino un empe\u00f1o obstinado y de\u00adsafiante, una decisi\u00f3n audaz y concluyente, una voluntad met\u00e1lica, en\u00addurecida y coreada apasionadamente por todas las dem\u00e1s facultades humanas. Una comunidad es un edificio en perpetua construcci\u00f3n. In\u00adterrumpir la obra es exponerse a que se desplome estrepitosamente y perder en un d\u00eda el esfuerzo de muchos a\u00f1os. La base de una verdadera vida comunitaria es una insobornable voluntad de integraci\u00f3n, de paz, de armon\u00eda y de amistad que sea capaz de superar las incompatibilida\u00addes de car\u00e1cter, las divergencias de opini\u00f3n, las desavenencias y dem\u00e1s dificultades inevitables. Solamente una voluntad as\u00ed, una voluntad om\u00adn\u00edmoda dispone de reflejos r\u00e1pidos, de resortes y dispositivos llamados de emergencia para aplicar de s\u00fabito una palabra, una sonrisa, un gesto, una actitud que susciten el afecto o el perd\u00f3n.<\/p>\n<p><em>La aceptaci\u00f3n <\/em>activa y pasiva viene seguidamente. Y esto a\u00fan en el caso de que la formaci\u00f3n del conjunto haya sido el resultado de una elecci\u00f3n libre y rec\u00edproca. Con mucha mayor raz\u00f3n cuando se ha elegido el grupo, pero no las personas que lo componen, como sucede en las comunidades religiosas. Todos aspiramos a que los dem\u00e1s nos acepten tales como somos, a que se nos tome en cuenta, a ser alguien, no algo. Nos desagrada ser considerados como un n\u00famero, por muy valioso que \u00e9ste sea, o como un simple factor en el engranaje laboral o apost\u00f3lico. Nos gusta recibir muestras de afecto, de inter\u00e9s y de respeto por todo lo que nos es propio. Tenernos derecho a ser distintos de los otros y a conservar, por tanto, nuestro sello personal. Queremos que sean recono\u00adcidas nuestras aspiraciones, limitaciones, cualidades, posibilidades y opi\u00adniones porque \u00e9ste es el \u00fanico modo de vernos realizados y de que ex\u00adperimentemos satisfacci\u00f3n en nuestra labor y en nuestra misma exis\u00adtencia.<\/p>\n<p>Pero al mismo tiempo debemos <em>aceptar las diferencias <\/em>individuales de los componenetes del grupo en todos los planos: f\u00edsico, intelectual, moral, s\u00edquico, asc\u00e9tico, espiritual y pastoral. Sin omitir el diverso en\u00adfoque, la distinta explicaci\u00f3n y aplicaci\u00f3n de los dogmas cristianos. He\u00admos de aceptar la discrepancia en otros puntos de menor cuant\u00eda como es el disentimiento en el terreno cient\u00edfico, art\u00edstico, pol\u00edtico y deportivo. Esta diversidad es inevitable, natural, sagrada e inviolable porque cons\u00adtituye la expresi\u00f3n viva de la personalidad. Por otra parte tales dese\u00admejanzas son imprescindibles para la madurez humana de todos. En esta variedad est\u00e1 la belleza, la nuestra y la de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>En los dem\u00e1s encontrarnos nuestro enriquecimiento, nuestra per\u00adfecci\u00f3n como personas. Y es que en una comuni\u00f3n de vida como la de un grupo arm\u00f3nico tenemos que adoptar una doble actitud: oblativa y captativa. <em>Damos y recibimos. <\/em>Damos lo que los dem\u00e1s no tienen y re\u00adcibimos lo que nos falta. Las divergencias son complementarias. Los otros nos impiden que seamos de por vida unos seres a medias. Perfilan y pulen d\u00eda a d\u00eda nuestra deficiente escultura humana. Borran lo feo y defectuoso de nuestra naturaleza y extraen y alumbran nuestras ener\u00adg\u00edas secretas.<\/p>\n<p>No solamente aceptamos y reconocemos diferentes a los dem\u00e1s, sino que tambi\u00e9n <em>los amamos por eso, porque son diferentes. <\/em>Amarlos por lo que tienen de com\u00fan con nosotros no pasa de ser un hecho razonable. Pero amarlos porque son distintos es una formidable conquista que ne\u00adcesitamos realizar para poder sobrevivir. Un hombre ama a una mujer y la desposa, no porque es igual a \u00e9l, sino porque es diferente. Al casarse ponen en com\u00fan unas diferencias que los enriquecen y los comple\u00admentan. En el misterio trinitario las Personas divinas se aman porque son distintas. Y es en ese Amor donde se identifica su Naturaleza. Dios nos ama porque somos diferentes. Y es en ese mismo Amor donde encontramos nuestra semejanza con El. Los componentes de un grupo humano tienen que dar con el secreto de que sus diferencias no son el motivo de su desintegraci\u00f3n sino la causa de su unidad.<\/p>\n<p><em>Adaptaci\u00f3n. <\/em>La labor de adaptaci\u00f3n es, por lo tanto, un requisito indispensable. Es una labor ardua, lenta y progresiva. No hay intermi\u00adtencias durante todo el tiempo de permanencia en el grupo. La vida co\u00admunitaria no es un ideal que baja ya prefabricado del cielo para perso\u00adnas que no est\u00e1n dispuestas a molestarse para construirle piedra por pie\u00addra, d\u00eda por d\u00eda. La comunidad no est\u00e1 hecha para un alma individualista, para aquel cuya vida es un trasfondo de malas interpretaciones, de auto-defensa, de agresividad; cuyas manos son h\u00e1biles para demoler y torpes para edificar; cuyas palabras bloquean sistem\u00e1ticamente todo intento de mejora y superaci\u00f3n. Para integrarse en un grupo, y m\u00e1s si es reli\u00adgioso, hay que poseer un alma \u00abcolectiva\u00bb. O sea, un m\u00ednimum de idea\u00adles, criterios, tareas y objetivos comunes; una energ\u00eda que ponga en vi\u00adbraci\u00f3n a todas las energ\u00edas individuales; un coraz\u00f3n capaz de amar a los dem\u00e1s mucho m\u00e1s de lo que merecen.<\/p>\n<p>Una comunidad consagrada es en este punto m\u00e1s exigente en cuali\u00addades de car\u00e1cter que lo requerido por otras agrupaciones sociales por\u00adque reclama la adaptabilidad de la persona total y para lo que dure la vida. Precisa, por lo mismo, una soldadura m\u00e1s firme entre sus miembros. Ahora bien, una cadena ser\u00e1 tanto m\u00e1s fuerte cuanto lo sea el m\u00e1s d\u00e9bil de sus eslabones. No nos enga\u00f1emos. Una persona buena, por el simple hecho de serlo, no es ya apta para la vida en com\u00fan. Es f\u00e1cil comprobar que una persona que convive con nosotros, considerada en particular, es amable, simp\u00e1tica, llena de buena voluntad. Pero actuando dentro del grupo, la cosa resulta diferente. Se puede dar el caso de que est\u00e1 entrega\u00adda plenamente al Se\u00f1or y sin embargo esa magn\u00edfica disposici\u00f3n no es su\u00adficiente para acoplarse y amalgamar a toda la comunidad. Tendr\u00e1 que podar exuberancias de car\u00e1cter, achicar excesos de temperamento, en\u00adcauzar instintos, enderezar tendencias, suprimir h\u00e1bitos, adquirir costum\u00adbres, reformar ideas y controlar palabras a fin de que su vida no sea un progresivo desencanto y un definitivo fracaso.<\/p>\n<p>La vida en com\u00fan no es un fen\u00f3meno que brota por generaci\u00f3n es\u00adpont\u00e1nea ni se da desde el principio totalmente hecha. Como todo lo que pertecene a las relaciones humanas, es una cosa que debe cultivarse. Guarda profundas <em>analog\u00edas con el matrimonio. <\/em>En \u00e9ste el peligro consiste en creer que la vida conyugal est\u00e1 totalmente resuelta en el d\u00eda de la boda. En realidad esa fecha s\u00f3lo es el punto de partida de una tarea constructiva renovada constantemente. El matrimonio hay que edifi\u00adcarlo cada d\u00eda porque se desgasta con el tiempo, los conflictos, la mono\u00adton\u00eda, el descubrimiento de las limitaciones del c\u00f3nyuge. Tiene noches oscuras porque se apoya en un amor humano que es de suyo imperfecto por muy s\u00f3lido y estable que lo hayan imaginado. Puede sufrir tenta\u00adciones, originar choques, experimentar traiciones y ca\u00eddas. Por eso hay que saber iluminarlo y depurarlo cada vez m\u00e1s. El esposo que no sufri\u00f3 la crisis tendr\u00e1 que comprender y perdonar. En el matrimonio los con\u00adflictos, la diferencia de mentalidad, la disparidad de anhelos, de ilusio\u00adnes, de objetivos, de compromisos son cosa natural que dan lugar a ten\u00adsiones peri\u00f3dicas. Esto recaba un di\u00e1logo continuado, convocado por la exigencia del amor y el deseo de una unidad creciente.<\/p>\n<p>Cuando llega a comprenderse que esos conflictos y discrepancias son normales e inevitables en el matrimonio, que pueden y deben ser fecundos para su respectiva formaci\u00f3n, que profundizan y consolidan su amor, entonces los esposos se tornan m\u00e1s sensatos, no dramatizan sus encuentros, sino que hacen de ellos una escala ascendente de convivencia e intimidad. Lo \u00fanico que en realidad los divide es la mala fe, la hipo\u00adcres\u00eda y la desconfianza. Detr\u00e1s de ellas amenaza la muerte del amor, la soledad de dos en compa\u00f1\u00eda, unos cuerpos que se unen y unas almas que se rechazan, la ruptura afectiva o el divorcio efectivo.<\/p>\n<p>Todas las leyes que sustentan la armon\u00eda del matrimonio tienen validez en la vida comunitaria. Por lo cual el que no es capaz de ponerse de acuerdo, de sintonizar, de colaborar, de ceder, de comprender, de per\u00addonar, de olvidar las ofensas en la segunda, fracasar\u00eda tambi\u00e9n en la pri\u00admera, pues los choques y antagonismos, en mayor o menor dosis, jalonan los dos caminos que, si por un lado son convergentes, por otro son para\u00adlelos.<\/p>\n<p>Si las comunidades homog\u00e9neas demandan a sus componentes un alto grado de sociabilidad, m\u00e1s alto a\u00fan le requieren las comunidades pluralistas, porque en \u00e9stas hacen mucho m\u00e1s dif\u00edcil la convivencia las diferencias de origen, de edad, de educaci\u00f3n, de cultura, de pa\u00eds y de raza. La distinta sensibilidad y mentalidad de sus miembros, la variedad de usos y costumbres en que han sido formados obligan a dar un estilo nuevo a sus relaciones humanas. Pretender forzarles a que entren en moldes preestablecidos y uniformes es producir un desajuste sicol\u00f3gico colectivo y sentenciar a muerte la unidad, la paz y el buen entendimiento. El ajuste perfecto de tales grupos solamente lo pueden realizar las perso\u00adnas de gran elasticidad, de mente clara, de esp\u00edritu amplio, de tempera\u00admento maleable y de car\u00e1cter sensible.<\/p>\n<p><em>Aportaci\u00f3n. <\/em>La \u00edndole y la finalidad de una agrupaci\u00f3n determi\u00adnan la medida de la aportaci\u00f3n individual. Las de tipo puramente social, nacidas de unos prop\u00f3sitos y aspiraciones temporales s\u00f3lo exigen a los que las integran una contribuci\u00f3n parcial, limitada, de sus personas y de sus cosas. Hay una enorme cantidad de tiempo, ideas, bienes y activi\u00addades que quedan al margen y son de libre disposici\u00f3n. En una comuni\u00addad religiosa la entrega es absoluta, sin reservas ni limitaciones. Es la \u00fanica clase de donaciones en las que o se da todo o no se da nada. La persona divinamente elegida ingresa en la comunidad aportando todos sus valores, derechos y posibilidades. No puede reservarse nada. No renuncia a ser plenamente ella misma, pero simult\u00e1neamente queda comprometida a ser para los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>La comunidad tiene derecho al desarrollo intelectual del individuo, a sus ideas y opiniones, a sus criterios e iniciativas, a sus puntos de vista tocante a la organizaci\u00f3n de la vida en com\u00fan. Cada cual tiene que ad\u00administrar las gracias y talentos recibidos en orden a la empresa comuni\u00adtaria en la que est\u00e1 comprometido. No puede inhibirse, desentenderse, encogerse de hombros ante las preocupaciones de la colectividad. El abstencionismo es una actitud intolerable. El que no est\u00e1 a favor est\u00e1 en contra del grupo.<\/p>\n<p>La comunidad tiene derecho al inter\u00e9s, al afecto, a la amistad y a los buenos sentimientos de los hermanos o hermanas. La envidia, el ego\u00edsmo y la doblez convierten la dulce y laboriosa colmena en un en\u00adjambre de abejas belicosas y agresivas. El coraz\u00f3n pertenece a todos sin excepci\u00f3n. No puede mantenerse congelado; es como una moneda de oro en constante circulaci\u00f3n. S\u00f3lo entonces florecen las sonrisas, se prodigan las atenciones, se comparten las penas, se contagian las alegr\u00edas y todo el aire de la casa huele a cordialidad. El \u00e9xito personal es as\u00ed mis\u00admo un \u00e9xito colectivo. El fracaso de un miembro es el fracaso de toda la familia. Se juega limpio y a cartas descubiertas. Las discusiones y escaramuzas son la sal de las conversaciones porque destierran el aburri\u00admiento y hacen grato el reencuentro. Las ofensas se tragan r\u00e1pidamente como un jarabe de mal gusto. Los rugidos del resentimiento se apagan con el sue\u00f1o de la noche. Al amanecer vuelven a sonar las palabras ar\u00admoniosas, como trinos de jilgueros. Quien no pone en com\u00fan generosa\u00admente su coraz\u00f3n ver\u00e1 languidecer de esclerosis y trivialidad su vida \u00edn\u00adtima y social.<\/p>\n<p>La comunidad tiene derecho al trabajo de cada uno. La comunica\u00adci\u00f3n de bienes, la puesta en com\u00fan de todos los valores personales in\u00adcluyen tambi\u00e9n el servicio laboral a pleno rendimiento. La comunidad no puede explotar a nadie, pero es el que se cruza de brazos quien abusa, roba, explota a la comunidad. Se trata de una colmena que no admite z\u00e1nganos; de una empresa que acepta la cr\u00edtica, pero no la huelga, de una sociedad que abraza a los enfermos, pero arroja a los par\u00e1sitos. Por otra parte el puesto de trabajo, el oficio, la profesi\u00f3n repudian esa apli\u00adcaci\u00f3n somera que basta para llenar, como dicen, el expediente o para cubrir las apariendas; exigen, por el contrario, una dedicaci\u00f3n concien\u00adzuda y responsable, un despliegue total de medios, un empleo a fondo de toda la capacidad personal, como si de cada detalle dependiera la vida o la muerte de toda la entidad. Ya hemos dicho que dentro de ella darse con reservas equivale a no darse en absoluto.<\/p>\n<p><em>Colaboraci\u00f3n. <\/em>Toda comunidad debiera elegir como lema el que tomaron para s\u00ed los tres personajes amigos de una famosa obra literaria: uno para todos y todos para uno. Esta idea es la premisa y el n\u00facleo de toda acci\u00f3n com\u00fan. La dispersi\u00f3n de fuerzas condena los mejores pro\u00adyectos a la esterilidad. No caben en la organizaci\u00f3n los francotiradores, los solitarios, los marginados a ultranza. Todos est\u00e1n vinculados a la em\u00adpresa colectiva por el compromiso y la solidaridad; todos componen una comunidad de personas y de cosas, de bienes y de sentimientos. Por lo tanto nadie debe estar a la defensiva; nada debe ocultarse; todo debe ser utilizable, disponible y circulante. La indiferencia y la neutralidad son posturas inadmisibles. Se impone una franca cooperaci\u00f3n en toda su inmensa variedad de formas y matices: el apoyo moral, la ayuda pr\u00e1ctica, el consejo oportuno, la advertencia leal, la sugerencia leve, el ofrecimiento espont\u00e1neo, el o\u00eddo atento, la mano extendida y el coraz\u00f3n abierto. Y es que si la uni\u00f3n hace la fuerza, la desuni\u00f3n provoca pri\u00admero la flojedad y el raquitismo y despu\u00e9s, el colapso y la extinci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>El di\u00e1logo. <\/em>Se ha dicho que el di\u00e1logo crea la comunidad y que \u00e9sta se manifiesta en \u00e9l tal cual es en realidad, como en la superficie de un espejo. O sea, que el di\u00e1logo no es un accidente perif\u00e9rico del cuerpo social sino un elemento tan necesario y vital como los sistemas nervioso y circulatorio del cuerpo humano. Es, pues, de importancia capital for\u00admar a los dem\u00e1s y formarse a s\u00ed mismo en el arte de saber expresarse, de escuchar, entender, discutir, rechazar o aceptar. Las ocasiones de practicarle a nivel comunitario son muy diversas: la organizaci\u00f3n del trabajo, la distribuci\u00f3n de los oficios, la elaboraci\u00f3n del horario, la revi\u00adsi\u00f3n de obras, la renovaci\u00f3n de m\u00e9todos, la puesta al d\u00eda de actividades, los intercambios espirituales, la preparaci\u00f3n lit\u00fargica, la correcci\u00f3n fra\u00adterna, el perd\u00f3n comunitario&#8230; Hemos citado algunas circunstancias por v\u00eda de ejemplo, pero la inventiva del grupo puede utilizar otras mil coyunturas. Tambi\u00e9n omitimos el di\u00e1logo privado, aunque se rige por las mismas leyes que el p\u00fablico y familiar.<\/p>\n<p>El di\u00e1logo es el veh\u00edculo de la participaci\u00f3n espont\u00e1nea y de la co\u00adlaboraci\u00f3n mutua. <em>Es una marcha en compa\u00f1\u00eda hacia la verdad. <\/em>La ver\u00addad est\u00e1, desde luego, en Dios. Este hecho exige una acercamiento a El por la oraci\u00f3n y la lectura de su Palabra. La verdad existe tambi\u00e9n parcialmente en los diversos miembros de la comunidad. Todos la po\u00adseen fragmentada o diluida entre elementos extra\u00f1os. Y todos la bus\u00adcan, la dan y la reciben por medio del di\u00e1logo. No es por lo tanto un m\u00e9\u00adtodo para que una persona, sea quien sea, convenza a los dem\u00e1s de que \u00absu\u00bb verdad es la \u00ab\u00fanica\u00bb verdad. Ni tampoco unos esquemas prefa\u00adbricados intencionalmente para que reciban la aprobaci\u00f3n general. Fuera de la Teolog\u00eda y del Derecho, nadie puede limitar el campo del di\u00e1logo y de la opci\u00f3n, ni escamotear los temas, ni presentar unilateralmente los datos, ni vetar el ejercicio del di\u00e1logo, si el que hace uso de \u00e9l respeta las leyes de la caridad.<\/p>\n<p>El di\u00e1logo comunitario puede ser de dos clases: el sistematizado y el espont\u00e1neo. <em>El sistematizado <\/em>est\u00e1 creado por la costumbre o el regla\u00admento. Es una especie de conversaci\u00f3n dirigida.. Tiene la ventaja de coartar las demas\u00edas verbales <em>y <\/em>las explosiones pasionales, pero tambi\u00e9n desvirt\u00faa las iniciativas, limita las manifestaciones personales, coh\u00edbe e intimida. Contiene una buena dosis de f\u00f3rmula, de rito y de rutina.<\/p>\n<p>Lleva mis preferencias el di\u00e1logo <em>espont\u00e1neo, <\/em>el que surge de impro\u00adviso suscitado por una palabra, una lectura, un suceso. Es m\u00e1s sincero, m\u00e1s libre y m\u00e1s alegre. Es el momento adecuado en el que, sin proto\u00adcolos ni convencionalismos, cada cual se muestra en su dimensi\u00f3n na\u00adtural, tal como es. Lo convencional debe ser un elemento esp\u00fareo a la comunidad. Los tiempos reclaman m\u00e1s autenticidad. Todo lo que denota insinceridad ha de ser desarraigado de sus costumbres.<\/p>\n<p>El di\u00e1logo, si es sincero, tiene como base el amor a la verdad por encima de todos los intereses subjetivos que se puedan presentar. La verdad nunca debe inspirar miedo. De lo que hay que desconfiar es de las pasiones que tienen montada toda su artiller\u00eda para atacarla cuando asoma a los labios ajenos. Lo peor que nos puede suceder entonces es que hagamos al cerebro sat\u00e9lite del coraz\u00f3n. En tal caso hay que dar por terminado el di\u00e1logo. Es in\u00fatil dar razones a una persona para quitarle una convicci\u00f3n que no ha adquirido por razonamiento, sino por senti\u00admiento. Lo mejor es mirar, no de d\u00f3nde viene la verdad, sino en qu\u00e9 ra\u00adzones se apoya; examinar, no tanto si poseemos la verdad, como si escu\u00adchamos de verdad; intentar, m\u00e1s que ganar partidarios, adherirnos a la verdad que descubrimos en los dem\u00e1s. Hay, por fin, un escollo que no deja llegar la nave del di\u00e1logo a buen puerto: ocultar la verdad que sa\u00adbemos, presentarla incompleta, disfrazarla de buena o mala fe, darle una interpretaci\u00f3n puramente personal. No hay peor fraude que una verdad a medias. Todos los errores est\u00e1n fundados en una verdad truncada, en una verdad de la que se ha abusado interesadamente.<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil aceptar la verdad a la que hemos llegado por nuestro pro\u00adpio esfuerzo o nos ha sido suministrada por la lectura de un libro. Lo dif\u00edcil es admitirla cuando viene de un hermano que nos obliga con su contundente razonamiento a <em>deponer nuestra tesis. <\/em>Es cuando nuestra soberbia levanta barricadas en las que se parapeta para disparar razo\u00adnes, como balas. Entonces la pasi\u00f3n empu\u00f1a el tim\u00f3n del di\u00e1logo. La discusi\u00f3n se encona. Las palabras rotundas desplazan a las palabras de seda, como dir\u00eda Graci\u00e1n. La traca de las voces ensordece los o\u00eddos. Y sin embargo, lo \u00fanico que cabe hacer es abrir el paraca\u00eddas de la hu\u00admildad para suavizar el descenso del error en que est\u00e1bamos. El que confiesa que est\u00e1 equivocado prueba modestamente que no es un imb\u00e9\u00adcil. El sabio, dice un proverbio, cambia de parecer cuando lo necesita; el necio se obstina en su modo de pensar.<\/p>\n<p>A las reuniones hay que ir desarmados. En plan de b\u00fasqueda, no de lucha. <em>No a vencer, sino a encontrar. <\/em>Con la conciencia de que nues\u00adtra verdad es limitada, fragmentaria y necesita complementarse con la de los dem\u00e1s. Tambi\u00e9n \u00e9stos pueden estar en un error, pero antes de pro\u00adbarles que est\u00e1n equivocados tenemos que probarles que los amamos sinceramente. Nadie puede detentar el monopolio de la raz\u00f3n. Las ver\u00addades y los errores se reparten desigualmente entre todos los reunidos. El quehacer com\u00fan trata de separar, mediante la brisa apacible de la discusi\u00f3n, el trigo de la paja. La parte de verdad que poseemos es ne\u00adcesario darla a los otros con amor, con respeto, con tacto, con gradaci\u00f3n, con modestia, con pureza de intenci\u00f3n y con objetividad. La que ellos nos dan hemos de recibirla con apertura, con cordialidad, con naturali\u00addad y sencillez, sin sentimientos de derrota y de revancha y demostr\u00e1n\u00addoles que somos capaces de retractarnos, si el caso llega.<\/p>\n<p>\u00a1No!, a la violencia verbal, a la dial\u00e9ctiCa del grito y del insulto, a <em>la intransigencia partidista, <\/em>apasionada, detonante que malogra todo intento de conciliaci\u00f3n. No pueden sentarse a la mesa del di\u00e1logo esas personas que se presentan enf\u00e1ticas de voces inapelables y como si es\u00adtuvieran ce\u00f1idas de estrellas y correajes, que levantan grupos y bander\u00edas dentro de la comunidad, que se ofuscan cuando interviene su adversario y le desaf\u00edan descaradamente. Los rivales se observan, se exp\u00edan, afilan sus u\u00f1as como gallos de pelea, frustrando as\u00ed toda posibilidad de acuerdo y cerrando a cal y canto todos los caminos de la paz.<\/p>\n<p>Lo malo no es que cada cual piense de un modo o de otro, sino el no entenderse, el no querer escuchar, el no admitir que los otros puedan tener raz\u00f3n. Lo grave es cerrar el paso a toda innovaci\u00f3n, obstruir ter\u00adcamente los canales por donde fluye la verdad, negarse a acatar los con\u00adsejos de las personas sensatas. Debieran comprender que en toda pol\u00e9\u00admica la raz\u00f3n no suele estar de parte del que m\u00e1s se encrespa y vocifera. En todo caso no es la abundancia de razones, sino de corazones lo que hace falta en la comunidad.<\/p>\n<p>Una comunidad serena y realista, capaz de limar asperezas, de acortar distancias y de taponar grietas, capaz de crear un clima mesurado, una buena atm\u00f3sfera, sin voces destempladas ni malos modales, capaz de adoptar posturas netamente despejadas, equidistantes de la in\u00adhibici\u00f3n y de la violencia es la \u00fanica que se puede entender. S\u00f3lo la comunidad que aglutina sin anular, que es una y plural, igual y dife\u00adrente, es apta para el di\u00e1logo eficiente y constructivo y para abrir nuevos cauces a una convivencia arm\u00f3nica.<\/p>\n<p><em>Respeto. <\/em>El respeto exterior coincide con la educaci\u00f3n. La urbani\u00addad y la cortes\u00eda son flores que nacen en el tallo de la caridad. Consisten en el dominio de nosotros mismos y en la consideraci\u00f3n y miramiento para con los dem\u00e1s. Es una virtud eminentemente social, pero si est\u00e1 desprovista de base teol\u00f3gica resulta una pura ficci\u00f3n. Bajo el barniz de las formas elegantes s\u00f3lo existe el vac\u00edo. El verdadero respeto al hom\u00adbre descansa en el reconocimiento de Dios como Padre. De este modo el mundo ser\u00eda casi perfecto si hiciera por amor todo lo que hace por edu\u00adcaci\u00f3n. La ley de la caridad llega a donde no pueden llegar las reglas de urbanidad.<\/p>\n<p>Por ejemplo, a la tolerancia habitual de los fallos humanos. Los que se muestran delicados con los animales y groseros con las personas es porque las torpezas de los primeros son menos irritantes, m\u00e1s tolera\u00adbles que las deficiencias de las gentes de nuestro entorno. Pero hay una realidad pavorosa que no queremos ver: nada nos molesta tanto como los defectos que tenemos nosotros mismos. Si no los tuvi\u00e9ramos no nos dis\u00adgustar\u00eda tanto verlos en los dem\u00e1s. Y si tuvi\u00e9ramos que perdonar a nues\u00adtros pr\u00f3jimos los defectos que nosotros nos permitimos, nuestra vida ser\u00eda intolerable. Pero ponemos tanta atenci\u00f3n en observarlos en los otros que vamos a morir sin habernos enterado de los nuestros. Cuando se trata de nuestra importante persona sumamos prendas y restamos la\u00adcras, pero si se trata del resto de la humanidad hacemos la operaci\u00f3n al rev\u00e9s. Nuestras matem\u00e1ticas adolecen de una explicable y, no obs\u00adtante, odiosa parcialidad. La falta de respeto al hombre nace, como de una ra\u00edz envenenada, de la desestima que sentimos por \u00e9l.<\/p>\n<p>Respeto a la dignidad soberana de cada uno de los miembros de la comunidad. Es un ser absoluto en funci\u00f3n de Otro Ser mayor al que est\u00e1 ligado con multiplicidad de v\u00ednculos. Hay que dejar que sea \u00e9l mis\u00admo, que sea lo que es con su sello peculiar y sus rasgos propios; sin que esto suponga que nos hacemos c\u00f3mplices y solidarios de sus faltas, ni que permanezcamos pasivos ante ellas sin ayudarle a superarse; pero tampoco esta ayuda puede servirnos de pretexto para aniquilar al cul\u00adpable, anular sus talentos y borrar sus diferencias personales.<\/p>\n<p>Respeto a su libertad \u00edntima, a su capacidad de decisi\u00f3n, a su fa\u00adcultad de elecci\u00f3n, a su conciencia, a sus ideas, convicciones y opinio\u00adnes, aunque no se acepten. Sin embargo hay que matizar. No se puede decir lo mismo de la libertad exterior, de la libertad de acci\u00f3n, porque est\u00e1 condicionada por los compromisos personales y los derechos del grupo comunitario. Al unimos a \u00e9l hemos sacrificado gran parte de nuestro libre albedr\u00edo. Desde ese momento somos voluntariamente impo\u00adtentes para sustraemos a las leyes que \u00e9l se ha dado, a su influencia y a sus vicisitudes. Podremos optar por la permanencia o por el abandono, pero mientras permanezcamos incorporados a \u00e9l nuestra libertad ha de quedar, por fuerza, muy restringida.<\/p>\n<p>Respeto a los derechos sociales de la persona: identidad, igual\u00addad, reputaci\u00f3n, participaci\u00f3n, informaci\u00f3n, expresi\u00f3n, cultura, inicia\u00adtiva, etc. Todos defendemos que se nos den y se nos reconozcan respon\u00adsabilidades. Detestamos las injerencias indiscretas en aquello que con\u00adsideramos reservado en exclusiva a nuestra propia persona. De ah\u00ed nuestro desagrado ante la fiscalizaci\u00f3n de nuestra correspondencia, de las visitas, de las llamadas telef\u00f3nicas. Tenemos necesidad de que se nos crea, de que se f\u00eden de nosotros, de que se nos deje cierto margen de li\u00adbertad para actuar conforme a nuestros criterios, aunque aceptamos de buen grado el rendimiento de cuentas, como un derecho l\u00f3gico del grupo comunitario.<\/p>\n<p>Respeto al estilo propio y personal. En una comunidad m\u00e1s o me\u00adnos pluralista no se puede obligar a todos a entrar en los mismos moldes sin encontrar una sorda y pasiva resistencia. Ser\u00eda adoptar m\u00e9todos cuar\u00adteleros pretender dar al conjunto una uniformidad exacta. Lo que es necesario para un ej\u00e9rcito es da\u00f1ino para una comunidad. El \u00abslogan\u00bb: \u00abhay que hacer como todos\u00bb es una m\u00e1xima sospechosa que casi siem\u00adpre significa que hay que hacer las cosas mal.<\/p>\n<p><em>Integraci\u00f3n. <\/em>Si las partes se acoplan al todo con holgura y facili\u00addad, si conservan sus diferencias espec\u00edficas y funcionales y si reina en el conjunto resultante proporci\u00f3n y equilibrio, entonces es cuando se verifica el fen\u00f3meno de la integraci\u00f3n. Alcanzar este objetivo debe ser la aspiraci\u00f3n de todos y de cada uno del grupo comunitario, si quiere blasonar de autenticidad. La riqueza de una comunidad est\u00e1 en raz\u00f3n di\u00adrecta de su capacidad de integrar a toda clase de miembros, incluidos los enfermos, los defectuosos y hasta los deformes.<\/p>\n<p>Claro est\u00e1 que la naturaleza tiene sus l\u00edmites. La convivencia con estos seres dif\u00edciles, seg\u00fan esto, puede llegar a ser irrealizable. Pero el amor cristiano carece de limitaciones y obst\u00e1culos y posee el arte secre\u00adto de obrar el milagro. Absorber a estas criaturas extra\u00f1as es un triunfo colosal de la fe en Dios y del amor a Cristo. Algo falla entonces en el grupo cuando coexisten en su seno el arrinconado, el postergado, el mar\u00adginado, el que vive sumido en la soledad s\u00edquica provocada por la indi\u00adferencia y el ego\u00edsmo de los dem\u00e1s. Algo no marcha bien cuando se hace el vac\u00edo al amargado, al decepcionado, al singular, al autosuficiente. Algo que debe ser revisado, discutido, reconocido y eliminado por to\u00addos a la vez.<\/p>\n<p><em>Autoridad. <\/em>Resulta innegable la importancia del superior en una comunidad consagrada. Por una parte es de absoluta necesidad porque la comunidad s\u00f3lo puede ser signo, sacramento y misterio de Cristo si se re\u00fane en tomo al superior o superiores. Por otra parte la autoridad corre el peligro de provocar con su comportamiento el bloqueo y hasta la desintegraci\u00f3n del equipo que encabeza. La elevaci\u00f3n o la ruina, la <em>vida <\/em>o la muerte, el testimonio o antitestimonio, la promoci\u00f3n humana y espiritual o la vida mediocre y adocenada del grupo, depende casi en su totalidad de quien se dice su representante. Podemos decir que o es presencia de Cristo, factor de unificaci\u00f3n y n\u00facleo de unidad o, por el contrario, piedra de choque y fermento de disoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Todo ello, seg\u00fan entienda su cargo: o como servicio o como domi\u00adnio. Seg\u00fan lo desempe\u00f1e: o con aptitud y madurez o adoptando formas defectuosas de gobierno, como paternalismo, timidez, autoritarismo, ab\u00adsorcionismo, etc. En la Iglesia las relaciones autoridad-subordinados no pueden diferir sustancialmente de las de cualquier organizaci\u00f3n profana. Por eso las actitudes censurables hoy d\u00eda en cualquier autoridad civil resultan totalmente insoportables en una autoridad religiosa. Nadie aguanta actualmente a esos jefes que opinan sobre todos los asuntos con aires de infalibilidad, como si fueran propietarios de las verdades abso\u00adlutas; que no admiten la cr\u00edtica de su gesti\u00f3n porque ven en ella una amenaza de su autoridad; que hablan siempre manejando la fusta de su len\u00adgua para vapulear a los culpables, como si ellos no hubieran quebra\u00addo jam\u00e1s una recta impecable; que utilizan sus palabras y sus gestos con el exclusivo fin de aliviar su ves\u00edcula biliar&#8230; Estos y otros abusos de la autoridad provocan efectos disolventes en el grupo social del que es res\u00adponsable.<\/p>\n<p>El superior o la superiora son hombres o mujeres que unen, que no suscitan pol\u00e9micas, que atan en un s\u00f3lo haz la energ\u00eda com\u00fan. Tienen que abandonar el ejercicio del poder por la solicitud del servicio, el sitial de la autoridad por el escabel de la fraternidad, la actitud paternal por la postura amistosa. Los intereses del grupo est\u00e1n por encima de sus in\u00adtereses personales. Al aceptar su papel de organizadores de la comunidad tienen que exclamar, como el Bautista: es preciso que ella crezca y que yo meng\u00fce&#8230; No deben dejarse absorber por los quehaceres administrati\u00advos hasta el punto de vivir a espaldas de la vida, afanes e inquietudes de sus hermanos o hermanas. Esta es la raz\u00f3n por la que se propende ahora a crear peque\u00f1as comunidades donde, mucho mejor que en los grupos numerosos, vibra esa c\u00e1lida sensaci\u00f3n de cercan\u00eda e intimidad que disfru\u00adtan los miembros de una familia natural.<\/p>\n<p>A la hora de organizar su comunidad no puede perder de vista las nuevas tendencias del mundo eclesial. Las investigaciones acerca de la din\u00e1mica de grupos aplicada a la vida consagrada nos ofrecen dos tipos caracter\u00edsticos de comunidades religiosas: comunidad modelo de orden y comunidad modelo de equilibrio. <em>La comunidad de orden <\/em>es aquella que tiene unas normas y un reglamento donde todo est\u00e1 ya previsto. En ella lo prescrito es lo que cuenta. Nada se deja al azar, a la iniciativa pri\u00advada. Todo est\u00e1 ordenado, establecido y programado. Es impracticable cualquier actividad extramuros de tales ordenanzas. Hay un predominio de la forma sobre el esp\u00edritu, de la disciplina sobre el carisma, de la regla sobre el amor, de la estabilidad del horario sobre la apertura apost\u00f3lica. Hoy se juzga el rigor de la estabilidad com\u00fan como una falsa escala de valores, como una deformaci\u00f3n \u00f3ptica de la misma.<\/p>\n<p>En cambio la <em>comunidad de equilibrio <\/em>vive en un estado de di\u00e1logo, busca niveles sucesivos para la tarea comunitaria, goza de gran flexibi\u00adlidad, avanza o retrocede seg\u00fan las circunstancias y se mueve al ritmo de la realidad cambiante. Su estilo es evolutivo. Las prescripciones que est\u00e1n reducidas a lo realmente necesario permiten a cada individuo am\u00adplio margen para la espontaneidad creadora. El di\u00e1logo es frecuente, fraterno y estimulante en el que se diluye hasta el \u00faltimo \u00e1tomo de ese conformismo silencioso y resignado que atosiga a la comunidad de orden.<\/p>\n<p>Cada uno de ambos sistemas tiene sus partidarios, pero una serena consideraci\u00f3n de las realidades modernas llevar\u00e1 sin duda a la autoridad a practicar un discreto eclecticismo, una inteligente selecci\u00f3n de lo que hay de bueno y de aprovechable en ambos procedimientos. Es verdad que se necesita orden, es decir, un conjunto de normas o estatutos que asegu\u00adren la vida individual y colectiva y den una orientaci\u00f3n s\u00f3lida a la labor apost\u00f3lica; pero habr\u00e1 que hacer una sensata discriminaci\u00f3n entre lo que es b\u00e1sico y primordial y lo que es intrascendente y accesorio. Tarea cr\u00edtica que corresponde al grupo encabezado por la autoridad.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p>Lo que hemos dicho hasta aqu\u00ed de cualquier comunidad humana debiera encontrarse presente en una comunidad cristiana y sobre todo en una comunidad religiosa. Esta tiene que ser antes que todo una comu\u00adnidad humana aut\u00e9ntica. Todo lo que hay de inconsistente, inaceptable y reformable le viene de que no es ni suficientemente humana ni sufi\u00adcientemente divina. Pero tambi\u00e9n hay que afirmar que no es s\u00f3lo el re\u00adsultado de su buena marcha y desenvolvimiento humanos, porque, aun\u00adque un grupo humano no tiende de suyo a ser un grupo religioso, un gru\u00adpo religioso, en cambio, exige ser simult\u00e1neamente un grupo humano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COMUNIDAD HUMANA M\u00e1s que un compuesto de alma y cuerpo que podr\u00eda sugerir la idea inexacta de dos elementos yuxtapuestos, yo definir\u00eda al hombre como un esp\u00edritu corporizado o un cuerpo espiritualizado porque hace resaltar &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-humana\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":400011,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[199],"tags":[],"class_list":["post-50429","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-hijas-de-la-caridad"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>En respuesta a tu llamada: Comunidad humana - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-humana\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"En respuesta a tu llamada: Comunidad humana - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"COMUNIDAD HUMANA M\u00e1s que un compuesto de alma y cuerpo que podr\u00eda sugerir la idea inexacta de dos elementos yuxtapuestos, yo definir\u00eda al hombre como un esp\u00edritu corporizado o un cuerpo espiritualizado porque hace resaltar ... 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