{"id":50422,"date":"2019-12-01T08:57:03","date_gmt":"2019-12-01T07:57:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/09\/en-respuesta-a-tu-llamada-llamada-a-la-comunidad\/"},"modified":"2019-09-09T10:42:56","modified_gmt":"2019-09-09T08:42:56","slug":"en-respuesta-a-tu-llamada-llamada-a-la-comunidad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/en-respuesta-a-tu-llamada-llamada-a-la-comunidad\/","title":{"rendered":"En respuesta a tu llamada: Llamada a la Comunidad"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\">LLAMADA A LA COMUNIDAD<\/p>\n<p align=\"center\">VOCACION<\/p>\n<p>Es un hecho innegable que mientras se aprecia un claro descenso en el term\u00f3metro de las vocaciones, experimenta una subida alarmante el de las deserciones. De modo intermitente van entrando peque\u00f1os grupos de hombres y mujeres en la sala de espera; en cambio, a la puerta de salida se aglomera una masa espesa e impaciente. Se &#8216;est\u00e1 verificando una tala formidable en el bloque secular del estado sacerdotal y religio\u00adso. El reclutamiento tropieza cada d\u00eda con mayores dificultades y guarda una evidente desproporci\u00f3n con el crecimiento de la poblaci\u00f3n mun\u00addial y con las necesidades sociales.<\/p>\n<p>Una tras otra se van cerrando casas que eran colmenas de espiri\u00adtualidad y centrales de apostolado. Muchas de las que a\u00fan quedan en pie disponen de amplias estancias, de salas espaciosas, pero vac\u00edas, o poco menos. Los aspirantes llegan en escaso n\u00famero, como si acaba\u00adran de salir de una dura prueba eliminatoria o hubieran tenido que sal\u00advar una impresionante carrera de obst\u00e1culos. La fuga, por el contrario va adquiriendo proporciones de desbandada general. Es una verdadera hemorragia de vocaciones lo que est\u00e1 sufriendo la Iglesia.<\/p>\n<p>A la vista de este fen\u00f3meno hay quien afirma que la vida consa\u00adgrada est\u00e1 entrando en fase de extinci\u00f3n. Sin embargo, los que no po\u00addemos compartir este aserto nos preguntamos angustiados: \u00bfEs que la vitalidad de la Iglesia est\u00e1 disminuyendo? \u00bfQue sus fuerzas vivas se debilitan? \u00bfQue su gloria se marchita? \u00bfQu\u00e9 su parte m\u00e1s noble y selec\u00adta se vulgariza? \u00bfQue su maternidad espiritual va quedando, en parte, infecunda&#8230;? Es significativo que las menos afectadas sean las con\u00adgregaciones misioneras y las \u00f3rdenes contemplativas. Esto quiere decir que el ideal del hero\u00edsmo cristiano sigue atrayendo todav\u00eda a la juventud entusiasta. Por el contrario, las vocaciones para los sectores docente, ben\u00e9fico y sanitario se baten en retirada dejando gradualmente sus pues\u00adtos al personal seglar especializado. Por otra parte, mientras se abren con menos frecuencia las puertas de las familias religiosas tradicionales, las de los Institutos &#8216;seculares permanecen abiertas ante la notoria afluen\u00adcia de candidatos que eligen esta forma de vida consagrada por consi\u00adderarla m\u00e1s \u00e1gil, flexible y funcional; claro indicio del estilo de vida re\u00adligiosa adonde apuntan los gustos, las inclinaciones y las preferencias de un gran sector del catolicismo moderno.<\/p>\n<p>Es gravemente sistem\u00e1tico el retroceso de las vocaciones en cada uno de los <em>tres aspectos <\/em>en que la podemos considerar: en el orden cuantitativo porque su n\u00famero decrece a ojos vistas; en el orden cualita\u00adtivo porque muchos de los que se deciden a pasar el Rubic\u00f3n de los obs\u00adt\u00e1culos que les sale al paso, carecen de resistencia moral para defender sus posiciones y se van; y en el orden afectivo porque la vocaci\u00f3n reli\u00adgiosa es una moneda depreciada y despreciada por el mundo cristiano de hoy. Ninguno de los tres aspectos es ciertamente desde\u00f1able.<\/p>\n<p>Dios sigue llamando. La palabra de Cristo que invita a seguirle contin\u00faa resonando hoy sobre el asfalto de la ciudad lo mismo que ayer junto al lago de Tiberiades. Su voz no ha perdido el poder de atracci\u00f3n que subyugaba las voluntades. Ahora, como entonces, su llamada es una chispa que salta, chisporrotea y enciende energ\u00edas dormidas. Yo dir\u00eda que hoy llama con m\u00e1s frecuencia y con m\u00e1s insistencia que nunca, porque la tierra est\u00e1 superpoblada y se han multiplicado las necesidades de la Iglesia y del mundo. \u00bfPor qu\u00e9 no encuentra su voz m\u00e1s a menudo una respuesta valiente? \u00bfPor qu\u00e9 cae en el olvido o en la indiferencia, si es que no se pierde totalmente en el vac\u00edo&#8230;?<\/p>\n<p>CAUSAS: <em>La sociedad actual <\/em>no es la mejor tierra de cultivo para las vocaciones. Es una sociedad <em>materialista. <\/em>Su l\u00e9xico y su programa se condensan en estas palabras: bienestar, comodidad, dinero, pro\u00adducci\u00f3n y bienes de consumo. S\u00f3lo se cotiza lo tangible. Lo tras\u00adcendente carece de sentido.<\/p>\n<p>Es una sociedad <em>hedonista. <\/em>El placer est\u00e1 desplazando al deber. Los que hablan de sacrificio y de renuncia son unos aguafiestas. Su radiograf\u00eda moral da este resultado: frivolidad, diversi\u00f3n, goce, erotismo, droga y sexo. Cualquier vocaci\u00f3n naciente queda ahogada entre bocanadas de aire sucio, contaminado e irrespirable.<\/p>\n<p>Es una sociedad <em>ego\u00edsta. <\/em>En el teatro de la vida contempor\u00e1nea el ego\u00edsmo es el \u00fanico apuntador. Cada uno vive encerrado en s\u00ed mismo, como el crust\u00e1ceo en su caparaz\u00f3n. El hombre que se cruce en el cami\u00adno de su ambici\u00f3n es un enemigo que hay que suprimir, aunque, por la fuerza de la costumbre, por educaci\u00f3n y por ciertas reminiscencias cristia\u00adnas que a\u00fan flotan en el ambiente, se le llame hermano. El enga\u00f1o, la as\u00adtucia, la mentira, la explotaci\u00f3n, la injusticia, la violencia, el robo, el crimen y la guerra son las armas que utiliza contra su hermano el Ca\u00edn de nuestros d\u00edas. En un mundo donde est\u00e1 establecido el culto univer\u00adsal del yo es muy arriesgada la supervivencia de la vocaci\u00f3n que es, por definici\u00f3n, la perpetua b\u00fasqueda y descubrimiento del t\u00fa.<\/p>\n<p>Es una sociedad <em>naturalista. <\/em>El sentido del mundo es inmensa\u00admente atrayente. El concepto intramundano y profano del hombre es m\u00e1s encantador que nunca. Por haberse desorbitado la teolog\u00eda de la Encarnaci\u00f3n, el ideal cristiano se cifra m\u00e1s en la humanizaci\u00f3n de lo divino que en la divinizaci\u00f3n de lo humano. En esta atm\u00f3sfera de hu\u00admanismo extremado se enjuician muy duramente el desprendimiento de los bienes temporales, la renuncia al amor, la cesi\u00f3n de la libertad.<\/p>\n<p>Es una sociedad <em>racionalista. <\/em>La raz\u00f3n humana que piensa fr\u00eda\u00admente en la vocaci\u00f3n la encuentra absurda, extra\u00f1a, sin sentido. Con la mejor intenci\u00f3n se la juzga una insensatez, un desvar\u00edo y una extra\u00advagancia. El caso es que, de tejas abajo, los que as\u00ed piensan tienen raz\u00f3n. La vida religiosa no es nada razonable. \u00abCre\u00edamos que su vida era una locura\u00bb, exclamar\u00e1n, refiri\u00e9ndose a los santos, los que en el d\u00eda del Juicio est\u00e9n a la izquierda de Cristo. La raz\u00f3n humana opone argu\u00admentos incontestables a las exigencias de los consejos evang\u00e9licos. S\u00f3lo el sentido profundo de la fe puede acallar esas razones; s\u00f3lo la sabidur\u00eda de la cruz puede pulverizar todas las objeciones que se le arrojen; s\u00f3lo las razones sobrenaturales pueden inspirar y justificar una vida crucificada, como es la vida religiosa.<\/p>\n<p><em>Los mismos cristianos <\/em>o no la comprenden en absoluto o la com\u00adprenden mal. Esto se ha hecho patente en todas las encuestas o sondeos de opini\u00f3n que se han organizado sobre el asunto. Todos se andan por las ramas, sin llegar a la ra\u00edz. Nadie roza siquiera el meollo de la cuesti\u00f3n. Y no es que est\u00e9 mal que se indague la opini\u00f3n que de los religiosos tienen los hombres de hoy, ajenos a su vida, pero interesados de alg\u00fan modo por ella. Esta exploraci\u00f3n o consulta p\u00fablica es una ayuda posi\u00adtiva en cuanto puede orientar acerca de la eficacia o ineficacia de los m\u00e9todos de acercamiento a ellos. Pero el parecer de los seglares, aunque resultara uniforme, un\u00e1nime, no es el que tiene que prevalecer a la hora de decidir lo que han de ser los religiosos, d\u00f3nde est\u00e1 la raz\u00f3n de su exis\u00adtencia, c\u00f3mo tienen que vivir su consagraci\u00f3n seg\u00fan el Evangelio. El cri\u00adterio de los que no han sido llamados no dictamina ni sentencia sobre el ser o no ser de los elegidos por Dios. Jesucristo ya ha calificado el criterio del mundo: est\u00e1 desprovisto de verdad porque es imposible que enfoque la vocaci\u00f3n como es debido. \u00abNo todos entienden \u00e9sto, sino aquellos a quienes se ha concedido esta gracia&#8230;\u00bb Por eso precisamente, porque no todos entienden \u00e9sto, se hace sospechoso todo cambio perfectamente inteligible para el mundo. Y por eso tambi\u00e9n la vida religiosa aut\u00e9ntica tiene que ser siempre, ayer, hoy y ma\u00f1ana algo extra\u00f1o en el mundo y para el mundo. \u00bfNo andar\u00e1 escondida por los vericuetos de ciertos rea\u00adjustes modernos en el modo de profesar los consejos evag\u00e9licos la expli\u00adcaci\u00f3n del descenso de las vocaciones y el ascenso de las defecciones? Vale la pena reflexionar sobre ello.<\/p>\n<p><em>Los fieles. <\/em>Una gran mayor\u00eda de ellos ya no ama a los religiosos, ni los venera, ni los ayuda como anta\u00f1o, cuando hab\u00eda m\u00e1s fe, sino que o los desprecia o los mira con indiferencia y frialdad. Algunos les ofrecen el triste homenaje de su compasi\u00f3n y de su pena como si fueran unos seres desgraciados.<\/p>\n<p><em>La familia. <\/em>Ha perdido los valores cristianos tradicionales: la fe, la oraci\u00f3n, la piedad, la honradez de costumbres. El aire pagano de la vida se respira en el hogar como en la calle. Las gloriosas excepciones van siendo cada d\u00eda m\u00e1s escasas. La vocaci\u00f3n que surja en la familia moderna corre el peligro de sucumbir abatida por el fanatismo y la intransigencia. La joven que ha recibido la divina semilla tiene que ser capaz de los mayores hero\u00edsmos para no dejarla morir. Ha de disponer de un valor indomable para toparse diariamente con el arrugado entre\u00adcejo de los suyos, para resistir estoicamente las demas\u00edas verbales, las reticencias, las frases c\u00e1usticas, todo un dispositivo b\u00e9lico, desde la cruel\u00addad m\u00e1s refinada hasta las caricias y las l\u00e1grimas. Pero tambi\u00e9n para sostenerse en la lucha tendr\u00e1 que recordar una de las frases de Cristo m\u00e1s exigentes: el que ama a su padre o a su madre m\u00e1s que a m\u00ed no es digno de m\u00ed&#8230;<\/p>\n<p><em>Las amistades <\/em>cuando tienen noticias de que entre ellas hay una vocaci\u00f3n probable o cierta la torpedean con sus risas locas, la ponen en rid\u00edculo, la hacen el vac\u00edo. Las m\u00e1s leales y dignas de confianza tratan de disuadir a su amiga de sus prop\u00f3sitos y les echan en cara todas las tonter\u00edas que han o\u00eddo acerca de las religiosas. Si no guarda el secreto corre el peligro de quedarse sola.<\/p>\n<p><em>La prensa <\/em>elogia de vez en cuando la labor misionera, social y cul\u00adtural de los religiosos, pero tambi\u00e9n los desprestigia haci\u00e9ndose eco de ciertas anomal\u00edas no bien comprobadas, tergiversando sus actuaciones con comentarios malintencionados, aumentando desmesuradamente los fallos inherentes a su condici\u00f3n de seres humanos y poni\u00e9ndolos en el epicentro de las controversias m\u00e1s apasionadas<sup>&#8211;<\/sup> . Cuando una persona consagrada de renombre decide romper con su vocaci\u00f3n, todas las li\u00adnotipias parece que se regodean con el esc\u00e1ndalo y le orquestan con lujo de fotograf\u00edas y art\u00edculos sensacionalistas.<\/p>\n<p><em>Los cl\u00e9rigos, <\/em>escritores, conferenciantes y propagandistas cuya literatura pesimista sobre la vida religiosa ha tenido mucho \u00e9xito y si\u00adgue gozando de bastante nombrad\u00eda. En sus art\u00edculos y en sus discursos sopla un viento de derrotismo sobre los Institutos religiosos. Dicen que la historia los ha dejado atr\u00e1s; que los actuales est\u00e1n llamados a desapa\u00adrecer como desaparecieron algunas antiguas \u00f3rdenes religiosas muy flo\u00adrecientes; que hay que poner el vino nuevo en odres nuevos; que est\u00e1n tarados y envenenados de inmovilismo; que caminan penosamente al mar\u00adgen de la evoluci\u00f3n del mundo y que tambi\u00e9n son anacr\u00f3nicos con rela\u00adci\u00f3n a la mujer cuya emancipaci\u00f3n avanza, mientras que la religiosa pa\u00adrece una menor de edad que vive bajo tutela&#8230; Es de lamentar el creti\u00adnismo mental de estos autores que pretenden inocular en los dem\u00e1s el virus de su propia crisis religiosa. Sufren una ceguera voluntaria. No ven que todas las comunidades actuales de la Iglesia de Dios han abierto de par en par las ventanas de sus reglas y constituciones al viento reno\u00advador, vivificador y refrescante del Esp\u00edritu que les va remozando y devolviendo su lozan\u00eda. Pero tambi\u00e9n es comprensible que la joven ani\u00admada de inquietudes vocacionales, al escuchar tales conferencias y leer tales libros, sienta que sus ideas empiezan a crujir, vacilan y se desplo\u00adman por \u00faltimo.<\/p>\n<p><em>Los sacerdotes, <\/em>pastores de la grey, gu\u00edas del pueblo de Dios. Hay entre ellos un peque\u00f1o sector que, preciso es decirlo, o no quieren a las religiosas o aparentan no quererlas. Hablan p\u00fablicamente de ellas en un sentido peyorativo, predican en el mismo tono, exaltan el matri\u00admonio sobre la virginidad, disuaden por sistema a la juventud femenina de consagrarse al Se\u00f1or y las que hacen caso omiso de sus consejos son v\u00edctima de sus iron\u00edas, de su silencio y de su enojo. Se muestran reacios a confesarlas y dirigirlas, y si acceden a ello, se limitan a cumplir estric\u00adtamente con lo que tiene de necesario e imprescindible su ministerio pastoral. Muchas naves que se dirig\u00edan con mar y vientos pr\u00f3speros a la costa de la tierra prometida zozobraron a la entrada del puerto por la imprudencia de los pilotos y la impericia de los pr\u00e1cticos.<\/p>\n<p><em>Las mismas religiosas. <\/em>Dentro de la Iglesia hay Instituciones que van a la deriva. Dentro de los Institutos hay comunidades y casas que ofrecen un espect\u00e1culo desolador. Y dentro de las comunidades hay peque\u00f1os grupos que parecen un producto residual de las mismas. Cuan\u00addo una religiosa o un conjunto de ellas dejan morir su primer amor, pasan autom\u00e1ticamente a ser mujeres instintivas, inquietantes, peligro\u00adsas. Algunas hasta dejan de ser mujeres. Sus ideas y palabras producen en las chicas el mismo efecto de un disparo sobre una bandada de palo\u00admas. Todo las decepciona y averg\u00fcenza: su aire, su porte, su estilo. Su proximidad es una barrera infranqueable para las vocaciones. Son como esas figuras grotescas que se alzan en medio de los sembrados para ahu\u00adyentar las aves&#8230;<\/p>\n<p>Cuando en una congregaci\u00f3n se pierde el ideal de la santidad, mer\u00adma el esp\u00edritu primitivo y la caridad es una mera palabra, Dios se retira de ella, le niega su protecci\u00f3n y le cierra el paso de las vocaciones. Las comunidades, como los pueblos, no mueren por d\u00e9biles, sino por viles. Y para que una familia religiosa muera no hace falta que el esc\u00e1ndalo o la aton\u00eda espiritual se extienda sobre ella, como una mancha de aceite; \u00abbasta una sola para arruinar a toda la Compa\u00f1\u00eda.\u00bb San Vicente de Pa\u00fal sab\u00eda lo que se dec\u00eda. Una Hermana indigna es una pieza averiada en la m\u00e1quina, un bacilo pernicioso en la sangre, una piedra clave des\u00adprendida del edificio, una enfermedad contagiosa en el seno de la sociedad. Hoy d\u00eda se insiste mucho en el valor del testimonio. Las j\u00f3venes est\u00e1n hartas de palabras. Quieren hechos de vida intachable, verdaderos testimonios de Cristo. La falta de buen ejemplo no solamente esteriliza la labor apost\u00f3lica, sino que causa un da\u00f1o de alcance incalculable. No hay vendaval tan devastador como la conducta fr\u00edvola y decepcionante de las que ten\u00edan que ser la luz del mundo y la sal de la tierra.<\/p>\n<p><em>Las mismas interesadas. <\/em>Existen j\u00f3venes de buena voluntad, de \u00edndole excelente, de eximias disposiciones, naturalmente honradas y sinceras, de relevantes cualidades femeninas. Son una tierra feraz y ge\u00adnerosa para una prometedora sementera espiritual; pero nada tienen a su alrededor que las hable de Dios y mucho, demasiado, que las haga despertar prematuramente a la vanidad y al amor. Otras que ya han constatado la certeza de su vocaci\u00f3n se comportan de tal modo que pa\u00adrecen sentir por ello complejo de inferioridad en el mundo. Una cosa es que guarden su secreto o le revelen con el tacto y discreci\u00f3n que requie\u00adre un asunto de tanta monta, y otra cosa muy distinta que esquiven la presencia de las personas con quienes han alternado siempre o se mues\u00adtren t\u00edmidas y recelosas, como si tuvieran algo vergonzoso que ocultar cuando en realidad deb\u00edan sentirse santamente orgullosas, inspirar sim\u00adpat\u00eda y nadar en un mar de alegr\u00eda y felicidad.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p><em>La vocaci\u00f3n es una llamada de Dios. <\/em>Dios llama a todos los hom\u00adbres a la fe en Cristo. Quiere que todos se salven y lleguen a la vida eter\u00adna; pero la vida eterna no es otra cosa que el conocimiento perfecto del Padre y de su Hijo encarnado, por el Esp\u00edritu Santo. Esta llamada se efect\u00faa p\u00fablica y oficialmente por medio de la Iglesia. La Iglesia es una bandera, un preg\u00f3n, un edicto de salvaci\u00f3n para todos. Su presencia en el mundo es una cita, un programa, un ruego y una invitaci\u00f3n de la que nadie queda excluido. Su voz se deja o\u00edr en todos los confines de la tierra. La Iglesia es el misterio de Cristo, o sea, el mismo Cristo al que todos deben incorporarse para que el Padre los reconozca como hijos suyos. El bautismo es la puerta siempre abierta que da paso al misterio de la fe, de la gracia y de la liturgia. La voz y la mano de Dios se\u00f1alan esa puerta invitando a todos a entrar por ella. La vocaci\u00f3n a la fe y al bautismo es una llamada general, universal, b\u00e1sica y fundamental.<\/p>\n<p><em>La vocaci\u00f3n religiosa nace <\/em>de la vocaci\u00f3n a la fe. La necesita, la exige, la presupone. La primera es imposible sin la segunda, como es imposible el fruto sin el \u00e1rbol, y el \u00e1rbol sin la ra\u00edz; como es imposible la m\u00fasica sin el instrumento y el sonido de \u00e9ste sin la mano que lo pulse. La vocaci\u00f3n religiosa es a la vocaci\u00f3n cristiana como la parte es al todo, como el efecto a la causa, como la conclusi\u00f3n a las premisas, como la vida al nacimiento, como el arroyo a la fuente, como la flor al brote inicial. La vocaci\u00f3n religiosa es una variante de la existencia cris\u00adtiana; est\u00e1n las dos en la misma l\u00ednea. No caminan por rutas diferentes, ni mucho menos, divergentes. A lo m\u00e1s, la vocaci\u00f3n religiosa va delante de la vocaci\u00f3n seglar \u00abcomo un signo que debe y puede ejercer una in\u00adfluencia eficaz en los miembros de la Iglesia\u00bb. Tampoco necesita un nuevo sacramento, sino que hace madurar los frutos del bautismo y apro\u00advecha al m\u00e1ximum los de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p><em>La vocaci\u00f3n religiosa es una vocaci\u00f3n nueva, <\/em>distinta de la voca\u00adci\u00f3n cristiana. No basta el llamamiento general que hace Dios al g\u00e9nero humano en orden a la salvaci\u00f3n, no es suficiente el que dirige a todos los cristianos en relaci\u00f3n a la santidad que demanda su consagraci\u00f3n bautis\u00admal; es necesaria e ineludible una llamada divina aparte a cada uno, una invitaci\u00f3n determinada, concreta, personal.<\/p>\n<p>Con s\u00f3lo abrir las p\u00e1ginas de la Sagrada Escritura nos damos cuenta de que Dios cuando quer\u00eda dedicar a alguno especialmente a su servicio, le segregaba, le separaba de la masa de su pueblo y le inicia\u00adba en el secreto de su voluntad. Una tradici\u00f3n que arranca desde Cristo y ha llegado hasta nuestros d\u00edas nos asegura por medio del testimonio escrito que los que entraban a formar parte de las familias religiosas ten\u00edan conciencia de hacerlo solamente inducidos por un impulso de la gracia. Conciencia que ha sido siempre compartida por los responsa\u00adbles de las comunidades, los jefes de la Iglesia, sacerdotes, directores y escritores sagrados. El hero\u00edsmo que implica la renuncia, la intensidad de amor que supone la consagraci\u00f3n total y, sobre todo, la enorme capa\u00adcidad de resistencia que envuelve la fidelidad de por vida, obligan a conceder a los aspirantes una ayuda divina extraordinaria. Ocurre en ellos un aparente contrasentido. La vocaci\u00f3n no les gusta, pero la quieren, la desean y remueven todos los estorbos para realizarla. Esto les pasa a todos, pero algunos lo confiesan paladinamente. Ahora bien, para que la voluntad abrace lo que la naturaleza rechaza es menester que Dios se coloque con su peso infinito en el platillo de la vocaci\u00f3n para que la balanza de la libertad se incline hacia ese lado. Es un favor que El reserva a los predestinados, a los que ha sellado para este g\u00e9nero de vida.<\/p>\n<p><em>Es una vocaci\u00f3n diferenciada. <\/em>De ciertas palabras que flotan en algunos ambientes eclesi\u00e1sticos parece deducirse que tanto vale tener vocaci\u00f3n como no tenerla, ser religioso como no serlo. La vida religiosa, afirman, es una entre tantas formas de vida cristiana, no supone ventaja alguna en s\u00ed misma porque la santidad no reside en un estado m\u00e1s que en otro. Todos los caminos llevan a Roma y todos los estados llevan a la santidad&#8230; Estas y otras muchas frases parecidas son verdades a medias que s\u00f3lo consiguen sembrar la confusi\u00f3n. Tienen apariencias de verdad, pero en el fondo son completamente inexactas. He aqu\u00ed algunas afirma\u00adciones que les sirven de respuesta innegable.<\/p>\n<ol>\n<li>La consagraci\u00f3n bautismal no se vive de igual manera en la vida religiosa que en la vida seglar. Luego no es igual ser religioso que no serlo.<\/li>\n<li>La santidad es algo personal. Es la fidelidad en responder a la propia vocaci\u00f3n, a la propia conciencia, al \u00edntimo impulso de la gracia. Por consiguiente es posible que algunos seglares sean m\u00e1s santos que algunos religiosos. Los hechos lo prueban. La experiencia lo confirma.<\/li>\n<li>La vida religiosa incluye mayores facilidades para tender a la perfecci\u00f3n: oraci\u00f3n, votos, vida com\u00fan, libertad para el apostolado, desinter\u00e9s, despreocupaci\u00f3n, etc. Luego supone una enorme ventaja en s\u00ed misma. Hay que notar que dichas facilidades se dan en la institu\u00adci\u00f3n, no en los miembros que la integran, los cuales tienen opci\u00f3n de aprovecharlas o no.<\/li>\n<li>El don peculiar de Dios en que consiste la vocaci\u00f3n confiere a los elegidos una gran capacidad para aprovecharse de esas facilidades. Dios cuando se\u00f1ala un fin da tambi\u00e9n el poder y los medios de alcan\u00adzarlo. El fin de la vida religiosa es la perfecci\u00f3n de la caridad. Por lo tanto la senda que conduce a ese fin, o sea, la vida religiosa, es m\u00e1s f\u00e1cil, m\u00e1s segura, m\u00e1s completa y cabal.<\/li>\n<li>Dice el Concilio Vaticano II que al martirio, tan semejante a la vida consagrada, se concede a muy pocos cristianos, aunque todos deben estar dispuestos a confesar a Cristo cuando las circunstancias lo exijan.<\/li>\n<li>Dice tambi\u00e9n que la santidad de la Iglesia se fomenta de una manera especial por los consejos que el Se\u00f1or propuso a sus disc\u00edpulos entre los cuales sobresale, como precioso don de la divina gracia que el Padre celestial da a algunos, el entregarse a Dios s\u00f3lo con el coraz\u00f3n in\u00addiviso en la virginidad o en el celibato.<\/li>\n<li>De las filas de los religiosos y religiosas ha salido una gran mayor\u00eda de los santos confesores canonizados.<\/li>\n<li>El noventa y nueve por ciento de los religiosos vive habitual\u00admente en gracia de Dios. Todo lo contrario de lo que sucede entre los seglares.<\/li>\n<li>\u00abLa Iglesia os ama preferentemente, ha dicho el Papa a los re\u00adligiosos, porque sois su expresi\u00f3n m\u00e1s viva, porque sois la gala y or\u00adnato de la Esposa de Cristo.\u00bb<\/li>\n<li>Aunque todos los caminos lleven a Roma, unos pueden ser rectas y limpias autopistas; otros, carreteras de primer orden; otros calzadas llenas de baches y de curvas. Adem\u00e1s se puede ir por tierra, mar o aire. No todos los caminos ofrecen las mismas caracter\u00edsticas de prontitud, facilidad y comodidad. Algo semejante sucede con los que llevan a los cristianos a la santidad.<\/li>\n<li>Si todos los estados pueden conducir al hombre a la santi\u00addad y por lo tanto es innecesaria la vida religiosa, puede demostrarse la falsedad de este argumento con otro parecido: Todas las religiones pue\u00adden llevar a los hombres a la salvaci\u00f3n; luego da lo mismo ser cat\u00f3lico que no serlo. La primera proposici\u00f3n tiene visos de verdad, porque quien vive en su religi\u00f3n de buena fe y hace todo lo que puede para cumplir los deberes que impone, Dios, que no niega su gracia al que hace lo que puede, sin duda se la dar\u00e1 para que alcance la vida eterna. Pero de una verdad a medias, como es \u00e9sta, no se puede concluir la equivalencia de todos los credos religiosos so pena de caer en el indiferentismo, la blasfemia y el absurdo.<\/li>\n<\/ol>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p><em>La vocaci\u00f3n es libre. <\/em>El Concilio Vaticano II ha dicho la \u00faltima palabra zanjando la cuesti\u00f3n definitivamente. La vocaci\u00f3n religiosa, afirma, es una realidad nueva, distinta del bautismo, aunque de \u00e9l arranca, si reviste estas dos condiciones: La certeza moral de la lla\u00admada divina y la voluntaria aceptaci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>La vocaci\u00f3n divina personal es la <em>primera condici\u00f3n. <\/em>Es el punto de partida, la plataforma de lanzamiento, la clave del arco que sostiene el edificio. Dice Jes\u00fas: No todos entienden \u00e9sto, sino aquellos a quienes se ha dado. San Pablo repite la idea: quisiera que todos fueran como yo, pero cada uno tiene de Dios la propia gracia; cada uno, por consiguiente, camine seg\u00fan el Se\u00f1or le llam\u00f3 y le otorg\u00f3. P\u00edo XII expresa el mismo pensamiento: la vocaci\u00f3n divina se ha de considerar tan necesaria que si falla hay que decir que falla el fundamento de la obra en construcci\u00f3n, pues a quien Dios no llama, tampoco su gracia le mueve ni le ayuda. De hecho Cristo no acept\u00f3 a ninguno de los que se le ofrecieron espont\u00e1nea\u00admente. Los que le siguieron fueron llamados por El. No importa el tiempo, el lugar, la edad, la forma y las dem\u00e1s circunstancias con que dirige su invitaci\u00f3n. Lo verdaderamente importante es que la persona invitada, una vez percibida la palabra de Dios, d\u00e9 su respuesta.<\/p>\n<p>Una respuesta voluntaria, libre, consciente: he aqu\u00ed la <em>segunda condici\u00f3n. <\/em>Entre los preceptos y los consejos existe una diferencia. Los preceptos recaen sobre cosas necesarias para conseguir la vida eterna. Importan, pues, necesidad y obligaci\u00f3n. Dios los impone como algo perentorio e imprescindible. Los consejos, en cambio, se refieren a unos medios merced a los cuales el hombre puede alcanzar la bienaventuranza mucho mejor y m\u00e1s f\u00e1cilmente. Por eso los ha dejado a la opci\u00f3n de quien ha sentido su llamada. Su intenci\u00f3n, al invitarle, es que profese libremente los consejos evang\u00e9licos como permanentes y obligatorios. Algunos sin embargo, son de opini\u00f3n que no existe diferencia alguna entre consejos y preceptos, sino que ambos constituyen un solo camino para la perfecci\u00f3n de la caridad y que en lo \u00fanico que se diferencian es en el modo de practicarlos, pues en el religioso se llevan a cabo de forma libre, pero institucionalizada y en el seglar, libre simplemente. As\u00ed se borrar\u00edan de una vez esas categor\u00edas de perfecto e imperfecto aplicadas desde hace siglos a los dos caminos; no se presentar\u00eda la vida religiosa como detentadora oficial de la santidad; no se considerar\u00eda a los religiosos como una superselecci\u00f3n entre los cristianos y no se los colocar\u00eda en una situaci\u00f3n de vida espiritual m\u00e1s pura. Sobre este asunto hablare\u00admos en otro lugar.<\/p>\n<p>La aceptaci\u00f3n de la divina llamada <em>es un problema de amor <\/em>y ge\u00adnerosidad. Dios se la propone al hombre porque le ama m\u00e1s y el hom\u00adbre la acepta de Dios porque tambi\u00e9n le ama m\u00e1s. La aceptaci\u00f3n lleva consigo una vida erizada de sacrificios. Pero los sacrificios del amante son incomprensibles y hasta rid\u00edculos para el indiferente. Dios al ha\u00adcer su invitaci\u00f3n se dirige m\u00e1s a su coraz\u00f3n que a su conciencia. Le pide su amor por entero, y a una invitaci\u00f3n por amor no corresponde m\u00e1s que una aceptaci\u00f3n por amor tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>La consecuencia l\u00f3gica es que se trata, a s\u00ed mismo, de un <em>problema de libertad. <\/em>Es la \u00fanica forma de que la vocaci\u00f3n pueda perfeccionar y beneficiar al hombre. Tanto m\u00e1s libre, entusiasta y voluntaria ha de ser su aceptaci\u00f3n cuanto m\u00e1s arduos y dif\u00edciles son los compromisos que comporta. Y no hay en el mundo compromiso igual a la oblaci\u00f3n de la propia libertad. El acto m\u00e1s libre que se puede hacer es renunciar libremente a la libertad. S\u00f3lo siendo lib\u00e9rrimo dicho acto es plausible, moral y meritorio. La vida religiosa es llevadera, amable y aut\u00e9ntica cuando es un ejercicio constante de la libertad personal. Una Hermana permanecer\u00e1 siempre libre, queriendo libre y amorosamente no serlo. Si le duele que otros administren su libertad, despu\u00e9s de hab\u00e9rsela en\u00adtregado, es que ha ca\u00eddo en la m\u00e1xima esclavitud. Su vida ser\u00e1 hermosa y feliz de verdad si la hace deslizar sobre las ruedas de la libertad y del amor.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed salta espont\u00e1neamente una pregunta: <em>\u00bfes necesario y obliga\u00adtorio seguir la vocaci\u00f3n? <\/em>En principio, y objetivamente, nunca ser\u00e1 de tanta urgencia y precisi\u00f3n como la de hacer efectiva la vocaci\u00f3n cristia\u00adna, porque la vida religiosa no es imprescindible para la santificaci\u00f3n y la salvaci\u00f3n. Pero parece indudable en la pr\u00e1ctica que la obligaci\u00f3n de aceptar el llamamiento divino cuando es ciertamente conocido, por\u00adque el rechazo intencionado del don de Dios es un desaire a su amor, una insumisi\u00f3n a su autoridad, un desacato a su grandeza y una nega\u00adtiva a los deseos de su voluntad claramente manifestada. A estos puntos negativos hay que sumar los medios que de ordinario se emplean para escamotear a Dios la vocaci\u00f3n: la oraci\u00f3n suspendida, los sacramentos relegados, la vida interior esfumada, las amistades ambiguas, las diver\u00adsiones audaces, la vanidad en creciente, la delicadeza en menguante y la idea de un Dios que espera, torpedeada por los feos pensamientos de una cabeza porfiada y contumaz. Una mujer que recurre a procedimien\u00adtos de este tenor no puede adoptar el gesto inocente de lavarse las manos declar\u00e1ndose exenta de toda culpa.<\/p>\n<p>Pero es in\u00fatil, am\u00e9n de rid\u00edculo, hacer la guerra a Dios cuando El se ha apuntado el triunfo a su favor con antelaci\u00f3n. Podr\u00eda tener resul\u00adtado la repulsa en la etapa inicial, de duda, de tanteo; o tambi\u00e9n si Dios le ha concedido tan s\u00f3lo una gracia corriente para cultivar la peque\u00f1a semilla vocacional. Pero si le ha marcado por suya con el hierro canden\u00adte de la predestinaci\u00f3n, no hay nada que hacer. Su voluntad arrollar\u00e1 todos los obst\u00e1culos que le presente la voluntad humana, sin necesidad de atropellarla o anularla, sino dej\u00e1ndola intacta y entera. \u00a1El amor di\u00advino y la libertad humana&#8230;! He aqu\u00ed cuatro palabras que nos sit\u00faan a las puertas del misterio. Dios llama dulce, pero implacablemente. El hombre responde libre, pero infaliblemente. La raz\u00f3n encuentra estas dos ideas inconciliables y tiene que enmudecer, pero la fe sabe que son verdaderas y se determina a creer.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p><em>La vocaci\u00f3n se puede conocer <\/em>porque goza de tres caracter\u00edsticas que denotan su presencia: la inclinaci\u00f3n, la aptitud y la admisi\u00f3n por parte de la autoridad competente. A veces irrumpe en el campo de la conciencia de un modo tan claro que no ofrece lugar a dudas, pero nor\u00admalmente las tres condiciones apuntadas constituyen un proceso lento que exige varios a\u00f1os de maduraci\u00f3n desde que empieza a moverse en la penumbra de la incertidumbre hasta que se la ve con claridad me\u00adridiana.<\/p>\n<p><em>1.a La inclinaci\u00f3n. <\/em>Es la primera cualidad que debe revestir la vocaci\u00f3n para que tenga el marchamo de la legitimidad. Es el tierno v\u00e1stago del \u00e1rbol futuro. Es el despegue de la nave hacia el punto de destino. Esta inclinaci\u00f3n se presenta a primera vista borrosa, difumina\u00adda. Poco a poco se va perfilando en el fondo del esp\u00edritu. Por \u00faltimo adquiere unos contornos tan precisos que producen convicci\u00f3n y seguridad. Es un deseo, un gusto, una tendencia, una aspiraci\u00f3n, una pro\u00adpensi\u00f3n y una querencia de todo aquello que est\u00e1 significado por la vida consagrada. Dos notas sobresalen en esta inclinaci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>Sobrenatural. <\/em>No se trata de una tendencia natural y sensible, aunque el entusiasmo y la emoci\u00f3n sensibles no se descartan tampoco de algunas etapas de la vida consagrada. Tampoco es un producto exclu\u00adsivo de la raz\u00f3n humana, si bien \u00e9sta sirve de apoyo y ayuda a los motivos preferentemente sobrenaturales de la vocaci\u00f3n. La vocaci\u00f3n es objeto de las facultades superiores del hombre y sus m\u00f3viles enteramente espi\u00adrituales y divinos. Es primordialmente un problema de fe, no de raz\u00f3n; de amor sobrenatural, no de gusto sensible; de gracia divina, no de fuerza humana, aunque \u00e9sta deba colaborar con aqu\u00e9lla.<\/p>\n<p><em>Constante, <\/em>persistente, sin soluci\u00f3n de continuidad. Si la vocaci\u00f3n es genuina lleva el sello de la estabilidad. Una vez que ha hecho acto de presencia ya no se eclipsa jam\u00e1s. Es verdad que a veces se tiene la im\u00adpresi\u00f3n de que se ha desvanecido para siempre. No es m\u00e1s que una apa\u00adriencia. Una idea, una palabra, un suceso cualquiera la hacen surgir de nuevo m\u00e1s vigorosa de los \u00faltimos repliegues de la conciencia donde se ocultaba. Hay quienes la combaten porque les molesta, porque no les gusta, por miedo a sus exigencias. Es in\u00fatil, no la hacen desaparecer. Lo \u00fanico que consiguen es hacerla m\u00e1s pujante, absorbente y poderosa. Dios es irresistible. Y terminan por amarle a tope.<\/p>\n<p><em>2.a Aptitud. <\/em>Es la segunda faceta de la vocaci\u00f3n, un hito clave en el proceso de la misma. Consiste en un conjunto arm\u00f3nico de disposi\u00adciones naturales y sobrenaturales que hagan posible la consagraci\u00f3n a Dios y la vida comunitaria. Si la aspirante no da la talla requerida hay que concluir que su vocaci\u00f3n es inviable. En este caso no importa que abrigue un deseo sincero. De nada sirve la inclinaci\u00f3n, si carece de las prendas que la hacen id\u00f3nea. Dios en ocasiones otorga la inclinaci\u00f3n, pero no concede la realizaci\u00f3n. Es como un soldado que dispone de una bomba sin espoleta. Y sin embargo Dios no es cruel ni inhumano, como algunos, por este caso concreto, pretenden insinuar. Si la aspira\u00adci\u00f3n a la vida consagrada es verdadera y no puede hacerse efectiva en una instituci\u00f3n eclesi\u00e1stica, puede, sin embargo, y debe realizarse den\u00adtro de las circunstancias del propio vivir y del mejor modo que sea po\u00adsible; lo cual no deja de ser una gracia singular, positiva y santificadora.<\/p>\n<p>Las dotes que reclama la vocaci\u00f3n religiosa pueden encasillarse en cua\u00adtro categor\u00edas:<\/p>\n<p><em>A)\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><em>Aptitud f\u00edsica, <\/em>o sea, ausencia de enfermedades cr\u00f3nicas, de taras notables, de defectos f\u00edsicos y deformaciones que la hagan pr\u00e1cti\u00adcamente inepta para los trabajos que reclama la vida consagrada en determinado Instituto.<\/p>\n<p><em>B)\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><em>Aptitud s\u00edquica, <\/em>es decir, una s\u00f3lida garant\u00eda de que sus reac\u00adciones ser\u00e1n normales porque goza de un cabal equilibrio humano, re\u00adfractario a la ruptura, para lo cual se sopesan las cargas hereditarias, los condicionamientos de la infancia &#8216;y de la adolescencia y las eventuali\u00addades de los sufrimientos posteriores a la profesi\u00f3n.<\/p>\n<p><em>C)\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><em>Aptitud intelectual. <\/em>Aunque es encomiable un alto grado de in\u00adteligencia, es deseable, al menos, ese talento pr\u00e1ctico, esa dorada media\u00adn\u00eda intelectual que hacen a una mujer capaz de llevar a buen puerto la nave de un hogar, pues la que no merece un aprobado para la vida ma\u00adtrimonial, es digna de un suspenso para la vida consagrada.<\/p>\n<p><em>D)\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><em>Aptitud moral <\/em>que se desprende del testimonio p\u00fablico de honradez cristiana que ha dado dentro del ambiente social que le ha tocado vivir.<\/p>\n<p><em>3.a La admisi\u00f3n. <\/em>Antiguamente era muy f\u00e1cil para la mujer entrar en una familia religiosa. Lo dif\u00edcil era salir. Ahora sucede todo lo contrario. Todas las intituciones religiosas se muestran muy exigen\u00adtes para la admisi\u00f3n de sus miembros. Las que han solicitado el ingreso no son admitidas inmediatamente; tienen que aguardar mucho tiempo en la antec\u00e1mara o sala de espera que se llama etapa de prueba y se prolonga a veces durante varios a\u00f1os. Viven con personas responsables, duchas en el oficio. Son sus maestras y disfrutan de calificaciones sobre\u00adsalientes en ciencia, paciencia, competencia y experiencia. Las instru\u00adyen, ense\u00f1an, dirigen, observan, vigilan, sondean, examinan y seleccio\u00adnan. Las que salen victoriosas de esta temporada de prueba tienen una certeza moral de su vocaci\u00f3n. No se han omitido medios humanos ni divinos para descubrirla y comprobarla. Puede haber alg\u00fan fallo, indu\u00addablemente, pero es una excepci\u00f3n de la regla general.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p><em>La vocaci\u00f3n es eterna. <\/em>No se trata de la vocaci\u00f3n externa, o admi\u00adsi\u00f3n por parte del superior eclesi\u00e1stico, sino de la interna, o sea, del lla\u00admamiento divino conocido por la persona elegida. No hay en este sentido ninguna declaraci\u00f3n oficial del Magisterio ordinario. He aqu\u00ed, no obs\u00adtante, algunas razones para rechazar de plano la temporalidad de la vo\u00adcaci\u00f3n. Son razones a\u00f1adidas a las muchas que ya se han aducido en otros cap\u00edtulos de estas lecturas formativas.<\/p>\n<p>1.a La vocaci\u00f3n propiamente dicha, o sea, en la mente divina es por necesidad un don estable y perpetuo porque Dios es esencialmente inmutable. En el sujeto que conoce la existencia de esa llamada y la acep\u00adta tal c\u00f3mo es supone un compromiso para toda la vida. Se alega en con\u00adtra que el hombre no es libre para adoptar decisiones que lleguen m\u00e1s all\u00e1 de lo que puede prever y conocer. Pero la experiencia afirma rotun\u00addamente que son posibles, frecuentes y diarios muchos pactos y conve\u00adnios libremente celebrados entre los hombres para toda la vida o parte de la vida. En ellos, aunque se desconocen los detalles y circunstancias con\u00adcretas que el porvenir oculta, se saben suficientemente los elementos esenciales del objeto de dichos compromisos. Basta pensar en el con\u00adtrato matrimonial y en la muchedumbre de acuerdos que conciertan a menudo los hombres.<\/p>\n<p>2.a De nada vale la hip\u00f3tesis de que, al tiempo de elegir, si se hu\u00adbiesen conocido los detalles, la elecci\u00f3n no hubiese tenido lugar. Lo que va a suceder en el futuro es siempre previsible objetivamente, es decir, en el plano externo: un cambio, un accidente, una enfermedad, un fra\u00adcaso, una muerte&#8230; La observaci\u00f3n y la experiencia le ofrecen a una per\u00adsona adulta y normal un aprendizaje bastante completo. Lo m\u00e1s dif\u00edcil de prever que encierra el futuro es el hecho interno, o sea, las reacciones internas, subjetivas ante los sucesos externos. Pero, aunque estas reac\u00adciones se ignoren, todo el mundo se puede preparar espiritual y sicol\u00f3\u00adgicamente para que resulten favorables. Conocemos muy bien el porve\u00adnir de las personas a quienes falta dicha preparaci\u00f3n: la bancarrota total de su matrimonio o de su vida consagrada. De todos modos, no se trata de juzgar el valor de un supuesto que no se dio, sino el valor de lo que realmente fue. Es inmoral y absurdo querer anular un contrato por el solo hecho de no haber previsto los detalles que no afectan para nada a la sustancia del mismo.<\/p>\n<p>3.a Desde el punto de vista teol\u00f3gico es inconcebible que Dios aparezca como arrepentido de haber concedido gratuitamente al hombre sus dones sin que \u00e9ste haya dado s\u00edntomas de abandonar su estado de disponibilidad para los fines intentados por El. Dios no puede jugar de este modo con sus criaturas.<\/p>\n<p>4.a El hecho frecuente de que se abandone la vocaci\u00f3n antes y despu\u00e9s de la profesi\u00f3n s\u00f3lo prueba dos cosas: o que no exist\u00eda una voca\u00adci\u00f3n aut\u00e9ntica o que se perdi\u00f3 por infidelidad personal. \u00bfHa querido Dios realmente, por lo que sea, que determinada persona tenga una ex\u00adperiencia religiosa temporal? Cabe dentro de lo posible. Pero en este caso no ser\u00eda, no podr\u00eda ser verdadera vocaci\u00f3n religiosa en el sentido profundo de la palabra, sino tal vez una gracia inicial que bien cultivada podr\u00eda haber desembocado en la vocaci\u00f3n genuina. Si es una gracia tem\u00adporal que Dios concede al hombre, \u00bfa qui\u00e9n de los dos corresponde de\u00adlimitar el tiempo? \u00bfC\u00f3mo es que los que abandonan esa gracia despu\u00e9s de varios a\u00f1os dejan bastante que desear como personas y como reli\u00adgiosas?<\/p>\n<p>5.a La vocaci\u00f3n no es un medio para llegar a la santidad de tal modo que si no se alcanza el fin deja de existir el medio. La vocaci\u00f3n es un estado o modo de vida. Es algo existencial. Es un estado que cuenta con medios eficaces para tender a la plenitud de la gracia bautismal. Decir estado es referirse a algo fijo, estable, permanente o inmutable.<\/p>\n<p>6.a En la casi totalidad de los casos la existencia de la vocaci\u00f3n interna que es de suyo perpetua consta con certeza moral si se da la vo\u00adcaci\u00f3n externa, es decir, si al cabo del per\u00edodo de prueba, los superiores leg\u00edtimos admiten al aspirante definitivamente.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p><em>La vocaci\u00f3n puede aumentar <\/em>en un sentido de arraigo, de afianza\u00admiento, de adhesi\u00f3n y de seguridad. Como no se trata de algo f\u00edsico y ma\u00adterial tampoco se puede hablar de cantidades y dimensiones. La vocaci\u00f3n es una realidad espiritual susceptible, como la gracia, de crecimiento, de incremento. No admite la idea de n\u00famero ni de volumen, pero le son aplicables los conceptos de profundidad y de intensidad. En este sentido debe seguir una l\u00ednea constante de avance, de desarrollo. Con la particularidad de que si no aumenta, disminuye; si no gana, pierde; si no ade\u00adlanta, retrocede. Los elegidos que no adoptan resueltamente una postura combativa, a la corta o a la larga experimentan una derrota efectiva. Es el peligro que amenaza a las que se sienten a gusto, confortablemente, en un \u00abmodus vivendi\u00bb pac\u00edfico y sin complicaciones; a las que concier\u00adtan un alto el fuego con el enemigo, a las conformistas, a las conservado\u00adras, a las instaladas. A todas ellas les advierte San Juan Evangelista: sois unas ilusas si cre\u00e9is que est\u00e1is vivas cuando lo cierto es que sois ya ciudadanas de la ciudad de los muertos.<\/p>\n<p>Para potenciar la vocaci\u00f3n es ineludible vivirla exhaustivamente en todos los niveles: humano, espiritual, apost\u00f3lico y comunitario. Hay que llegar al p\u00f3dium de los campeones al comienzo de cada noche y re\u00adsolverse a revalidar ese campeonato al amanecer de cada d\u00eda. Mantenerse a la defensiva o en la c\u00f3moda actitud de conservar solamente los puntos positivos ganados en lides anteriores es lo mismo que darle un cerrojazo final a la vocaci\u00f3n. Para ello, como es obvio, se necesita disponer, no de una voluntad que se duerme por el suave balanceo de las horas y de los d\u00edas, sino una voluntad despierta, tensa, sedienta de alturas, cortada para la l\u00ednea vertical. Las que se fueron para no volver no perdieron su vocaci\u00f3n la v\u00edspera de su marcha. Sus almas se fueron quedando vac\u00edas cuando a\u00f1os atr\u00e1s empezaron a deslizarse por el plano inclinado de la ley del menor esfuerzo.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p><em>La vocaci\u00f3n se puede conseguir. <\/em>Algunos de los que han sido favo\u00adrecidos con esta d\u00e1diva nada hicieron por obtenerla. Un d\u00eda se vieron sorprendidos por su hallazgo inesperadamente. Se encontraron con ella como al azar, como por mera coincidencia. Pero los planes de la Provi\u00addencia no se distinguen precisamente por su uniformidad en el gobierno de los seres libres. Porque otros a quienes ha predestinado a la gloria de la vocaci\u00f3n han tenido que luchar briosamente para hacerla suya. Se la concedi\u00f3 gratuitamente, pero quiso que fuera el premio de un esfuerzo, el trofeo de una competici\u00f3n limpiamente ganada. Dios nos da muchas gracias sin que las hayamos solicitado, como un regalo de su liberalidad; pero la concesi\u00f3n de otras s\u00f3lo es a condici\u00f3n de que se las pidamos, de que parta de nosotros la iniciativa y levantemos al cielo nuestra voz y nuestras manos suplicantes. Y aunque el gesto de dar el primer paso sea tambi\u00e9n una inspiraci\u00f3n suya, desea que al final tengamos el honor y el m\u00e9rito de una conquista personal.<\/p>\n<p>Es lo que quer\u00eda significar San Agust\u00edn cuando rezaba: Se\u00f1or, con\u00adc\u00e9deme lo que me mandes y m\u00e1ndame lo que quieras. Es la oraci\u00f3n de la futura Hija de la Caridad que ignora a\u00fan que lo ser\u00e1 el d\u00eda de ma\u00ad\u00f1ana: Se\u00f1or, mu\u00e9strame el estado que he de tomar para entregarme a tu servicio. Desde ahora har\u00e9 que mi voluntad coincida en todo con la tuya. Estoy dispuesta a obedecerte sin reservas. Y cualquiera que sea mi camino, acomp\u00e1\u00f1ame, porque sin t\u00ed nada serio me ser\u00e1 posible rea\u00adlizar&#8230;<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p><em>La vocaci\u00f3n se puede perder <\/em>antes y despu\u00e9s de haber ingresado en la comunidad. Es una triste haza\u00f1a exclusiva de la libertad humana. Dios no toma parte en ella. Hay que descartar con energ\u00eda su intervenci\u00f3n en este desgraciado asunto. Sin per\u00edfrasis ni circunloquios: Dios no quiere el abandono de la vocaci\u00f3n; no la puede querer, como no puede querer el suicidio o la falta de honradez. Contra la fe comprometida y la amistad jurada no hay ninguna raz\u00f3n v\u00e1lida, y la vocaci\u00f3n es preci\u00adsamente eso: un misterio de fe, una cuesti\u00f3n de amistad. Ahora bien, la amistad se funda en la reciprocidad y en la correspondencia. El Amigo Divino es por encima de todo inalterable; no cambia, permanece en el mismo sitio, no inicia jam\u00e1s la retirada. Es el vers\u00e1til coraz\u00f3n humano el que se va, el que se separa interrumpiendo bruscamente el di\u00e1logo de amor con El. No se necesita ser un zahor\u00ed para descubrir las causas de un desenlace que nadie pod\u00eda presagiar al parecer, pero hay ciertos indicios sospechosos que a cualquiera que tenga un mediano sentido de obser\u00advaci\u00f3n se lo permiten vaticinar:<\/p>\n<p><em>Una voluntad que duerme. <\/em>Al principio la raz\u00f3n plet\u00f3rica de fe presenta la vocaci\u00f3n como un ideal superior capaz de suscitar el amor de la voluntad. Pero esto no es suficiente. Nadie llega al hero\u00edsmo de abra\u00adzarla en fr\u00edo, sin sobrepasar la inercia, sin vencer el punto muerto de la repugnancia natural. Este papel lo ha reservado Dios a las facultades sensitivas. El sentimiento y la imaginaci\u00f3n colorean de tal forma la vida consagrada que la hacen objeto de un amor ilusionado y entusiasta. Los m\u00e1s nobles instintos humanos encuentran en ella un cauce maravilloso. Se ofrece como un asombroso veh\u00edculo a la avidez leg\u00edtima de hacer cosas grandes, al deseo de triunfar, aunque s\u00f3lo sea en el frente apost\u00f3\u00adlico. Todo esto es verdad, pero una verdad dorada y brillante que inflama la sensibilidad. La desventura que acecha ante todo a las mujeres est\u00e1 en creer que ese aspecto atrayente y sugestivo lo es todo cuando en reali\u00addad no es m\u00e1s que un peque\u00f1o aliciente, un leve apoyo para el despegue de la voluntad.<\/p>\n<p>La euforia emocional de la primera etapa por su propia esencia est\u00e1 llamada a desaparecer. Est\u00e1 figurada por una l\u00ednea que sube, culmi\u00adna, desciende y se apaga. La monoton\u00eda, la edad, los desenga\u00f1os, los disgustos la van quemando poco a poco. Esta es la realidad fr\u00eda y cor\u00adtante como el escalpelo. Este es el plan de Dios que avienta el tamo para que quede el grano limpio, que reduce a cenizas los elementos sensibles para que resalte la brasa inextinguible de la voluntad sostenida por una fe pura y desnuda. El desastre de algunas Hermanas comienza cuando, al ver disiparse la grata influencia de las facultades sensitivas, aflojan las riendas de su voluntad. Con lo accidental permiten que se les vaya lo sustancial. Al llegar el deshielo del sentimiento dejan que el amor au\u00adt\u00e9ntico sea tambi\u00e9n arrastrado por la corriente. Al irse marchitando las primeras ilusiones se va desmoronando la fortaleza de sus convicciones sin hacer nada para evitarlo. El resultado es el estancamiento, la dis\u00adplicencia, el bostezo, la aton\u00eda, el aburrimiento ante el ideal; una vida sin pena ni gloria, o mejor, con m\u00e1s pena que gloria; una voluntad dor\u00admida, un empe\u00f1o malogrado y una vocaci\u00f3n fracasada.<\/p>\n<p><em>Un coraz\u00f3n que despierta. <\/em>La renuncia al amor humano no es un prop\u00f3sito fr\u00edo y racionalista, sino un gesto de esa clase de h\u00e9roes que no figuran en las \u00e1ureas antolog\u00edas; de esa clase de m\u00e1rtires que no de\u00adrraman sangre. Es que la tendencia al amor rec\u00edproco es innata e indes\u00adtructible. No se puede renunciar a \u00e9l sin m\u00e1s ni m\u00e1s. Hay que depurarle, elevarle, sublimarle, ponerle en \u00f3rbita alrededor de un ideal divino, encauzarle por otros derroteros y llenar el inmenso vac\u00edo que deja. S\u00f3lo un amor superior y virginal, el amor total a Dios, puede hacer el milagro. El enriquece el coraz\u00f3n y el instinto, los aclimata, los penetra, les infunde sus propios modos de amar. S\u00f3lo la vocaci\u00f3n vivida en plenitud llena la soledad humana de la persona consagrada. La acoraza de modo que no deja ning\u00fan resquicio a las infiltraciones sutiles del amor humano.<\/p>\n<p>Si el nivel del amor divino baja, el amor humano tiende autom\u00e1tica\u00admente a subir y ocupar su puesto. Cuando una religiosa vive habitual\u00admente en el desconsuelo, en la amargura, en el resentimiento y al mismo tiempo en el abandono de sus defensas espirituales, sin que ella lo ad\u00advierta, se torna hipersensible a las llamadas del mundo exterior y a los aldabonazos de sus secretos instintos. Como tiene inutilizado el disposi\u00adtivo de alarma, a cualquiera le es muy f\u00e1cil romper el bloqueo y apode\u00adrarse del coraz\u00f3n. La voluntad est\u00e1 dormida y no se entera. Cuando el golpe de la ca\u00edda la despierte ya es demasiado tarde. Procurar\u00e1 paliar los efectos del mejor modo posible y actuar entre bastidores. Se ha ju\u00adgado su futuro a una sola carta. Una vez lanzada ya no se detiene. En su alocada carrera pasar\u00e1 todos los sem\u00e1foros.<\/p>\n<p><em>Un volc\u00e1n que estalla. <\/em>La convivencia comunitaria tiene un m\u00edni\u00admum de exigencias de tipo sociol\u00f3gico y temperamental. La vida fra\u00adterna y amistosa del equipo consagrado descansa sobre la base humana de los miembros que le integran. Que algunas muchachas no dan la ta\u00adlla requerida salta a la vista desde los primeros contactos de la prueba, y naturalmente quedan eliminadas. Pero otras, es despu\u00e9s cuando se descubre que no son capaces de vivir en un clima de discreci\u00f3n y de templanza como debe ser el de una comunidad. \u00bfTaras hereditarias&#8230;? \u00bfExcedentes hormonales improductivos&#8230;? \u00bfTensiones prolongadas&#8230;? \u00bfEnfermedades nerviosas&#8230;? De cualquier modo que sea, la gracia y la voluntad combinadas pueden equilibrar, o por lo menos, templar la vio\u00adlencia del car\u00e1cter.<\/p>\n<p>S\u00f3lo un grado eminente de santidad da la fuerza sobrehumana su\u00adficiente para obtener unos resultados apreciables. Pero la que lleve una mediocre vida espiritual constituye una amenaza constante de la paz do\u00adm\u00e9stica. Su campo de influencia es una peligrosa zona de fricci\u00f3n. Su palabra tiene la fuerza devastadora de un cicl\u00f3n. Ella enciende la mecha de todas las discordias, trae en jaque a sus compa\u00f1eras, altera la marcha de la comunidad, rompe la continuidad del trabajo y se mueve en el terreno de la indisciplina y de la protesta. El portazo estrepitoso que anuncia su salida deja aturdidas a todas, pero ella se va d\u00e1ndose el aire de un inocente cordero inmolado en aras de la envidia ajena.<\/p>\n<p><em>Unas flores que se marchitan. <\/em>Las novicias se forjan ilusiones que se desploman al golpe de la dura realidad. Lo corriente es que el des\u00adenga\u00f1o arrastre consigo las ideas err\u00f3neas y fant\u00e1sticas, como arrastra el oto\u00f1o las hojas amarillas. Lo inconcebible es que una leve decepci\u00f3n arranque tambi\u00e9n de ra\u00edz el \u00e1rbol de la vocaci\u00f3n a una mujer madura. El hecho arguye o una p\u00e9sima formaci\u00f3n humana y religiosa o un grav\u00edsimo error de c\u00e1lculo o una falta de aplomo y de seguridad personal. Lo peor ser\u00eda que adoleciera de los tres fallos a la vez. En esta clase de mujeres se sobrepone lo fr\u00edvolo, lo sensible, lo superficial e intrascendente que origina el deterioro lento e irreparable de su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La primera decepci\u00f3n sobreviene de la aparente disminuci\u00f3n del primer fervor que van experimentando al paso de los a\u00f1os. Comparan la primera etapa en que su vida de piedad se desarrollaba con gusto y facilidad con la segunda que se distingue por la apat\u00eda y la desgana, y la conclusi\u00f3n que sacan es que son peores que al principio y que lo han per\u00addido todo. Y todo lo perder\u00e1n efectivamente si se persuaden de ello, si siguen confundiendo la voluntad con el sentimiento y se abandonan en brazos del desaliento.<\/p>\n<p>La segunda desilusi\u00f3n proviene de los fracasos que acompa\u00f1an a sus actuaciones. En teor\u00eda est\u00e1n seguras de que Dios, en premio a su total entrega, va a alfombrar su camino de triunfos, aplausos y parabie\u00adnes. Pero el castillo de naipes de sus sue\u00f1os se viene abajo al primer so\u00adplo de aire y, por lo tanto, el c\u00e1ntaro de la lechera se quiebra apenas em\u00adpieza a desgranar una a una sus esperanzas. Si no atina con el secreto de convertir los descalabros en ganancias su vocaci\u00f3n ser\u00e1 siempre muy precaria.<\/p>\n<p>El tercer desenga\u00f1o nace de las ruindades humanas que bullen en el seno de toda comunidad religiosa. Se le hace imposible digerir y asi\u00admilar las arbitrariedades, las sinrazones y los desafueros que brotan a la sombra de la caridad. No quiere ver en todo ello un plan providen\u00adcial, un aut\u00e9ntico misterio de fe que es preciso abrazar aunque no se com\u00adprende del todo. Si al descubrir una cosa tan extra\u00f1a siente conatos de evasi\u00f3n, el d\u00eda que ella misma sea la v\u00edctima de la incomprensi\u00f3n y de la mezquindad humanas se producir\u00e1 el colapso total. Por eso es inaplazable que en las cabezas j\u00f3venes se siembren desde el primer momento ideas clarificadoras de todos los problemas comunitarios. Y Dios har\u00e1 que todas las que crucen la l\u00ednea divisoria sean mujeres de una pieza, vencedoras en todas las olimp\u00edadas del esp\u00edritu, cortadas a la medida de Cristo y de la Iglesia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LLAMADA A LA COMUNIDAD VOCACION Es un hecho innegable que mientras se aprecia un claro descenso en el term\u00f3metro de las vocaciones, experimenta una subida alarmante el de las deserciones. 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