{"id":49873,"date":"2019-12-11T08:47:05","date_gmt":"2019-12-11T07:47:05","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=49873"},"modified":"2019-09-09T10:49:25","modified_gmt":"2019-09-09T08:49:25","slug":"misiones-vicencianas-en-tiempo-de-san-vicente","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/misiones-vicencianas-en-tiempo-de-san-vicente\/","title":{"rendered":"Misiones Vicencianas en tiempo de San Vicente"},"content":{"rendered":"<p>En mayo \u00faltimo, la revista <em>\u00abPanorama aujourd-hui\u00bb, <\/em>en sus recensiones de libros religiosos, habla de la obra de Jean Delumeau: <em>\u00abUn chemin d&#8217;histoire\u00bb <\/em>(Camino recorrido por la historia). El autor se interroga sobre las causas lejanas de la descristianizaci\u00f3n. Declara estar convencido de que, en el anti\u00adguo modelo de Cristianismo (es decir, el de la Iglesia-Poder), la cristianiza\u00adci\u00f3n era menos fuerte de lo que se ha cre\u00eddo, y que, por lo tanto, la descris\u00adtianizaci\u00f3n de hoy no tiene las dimensiones que se le atribuyen de ordinario. Ese <em>camino recorrido por la historia <\/em>desemboca, pues, en la esperanza.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis de las misiones dentro del pa\u00eds con San Vicente de Pa\u00fal es interesant\u00edsimo. Vamos a ver algunos extractos de la obra que nos permitir\u00e1n confrontar <em>nuestro servicio actual <\/em>de Hijas de la Caridad en muchas de nues\u00adtras Provincias, con el pensamiento y las realizaciones de San Vicente en el siglo XVII, sin que olvidemos tampoco el esfuerzo de nuestros Misioneros.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>La expansi\u00f3n del cristianismo alcanz\u00f3 en el siglo XVII un vigor extraordi\u00ad<\/em><em>nario que puede medirse especialmente a trav\u00e9s de los informes de las misio\u00ad<\/em><em>nes del \u00abinterior\u00bb. Estos informes permiten localizar a los \u00abmarginados\u00bb del <\/em><em>cristianismo, dirigir una mirada profunda a la \u00abcristiandad\u00bb de entonces, comprobar la importancia que ten\u00eda la confesi\u00f3n dentro de la pastoral cat\u00f3\u00ad<\/em><em>lica y, por \u00faltimo, adivinar el hero\u00edsmo de los misioneros. Si la Reforma ca\u00ad<\/em><em>t\u00f3lica obtuvo resultados cualitativos y cuantitativos importantes, se debe sin <\/em><em>duda de manera primordial a la \u00absantidad\u00bb de sus propagandistas.<\/em><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 podemos adivinar acerca de la \u00abcristiandad\u00bb occidental \u2014la francesa especialmente\u2014 del siglo XVII, a trav\u00e9s de las misiones y sermones, en primer lugar, de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n? El estudio que vamos a leer es un en\u00adsayo de respuesta a esta pregunta y con la ayuda de un material que no posee toda la riqueza que ser\u00eda de desear. Porque la <em>Vida del venerable siervo de <\/em><em>Dios, Vicente de Pa\u00fal <\/em>(1664), de Luis Abelli, por valiosa que sea, no pasa de ser una hagiograf\u00eda: por otra parte, las 224 conferencias o alocuciones del se\u00f1or Vicente a sus misioneros, recopiladas por A. Dodin, contienen m\u00e1s instruccio\u00adnes morales y religiosas que informaciones sobre el pueblo que hab\u00eda que evan\u00adgelizar Por \u00faltimo, los <em>Sermones de San Vicente de Pa\u00fal y sus cooperadores <\/em><em>y sucesores inmediatos para las misiones de las aldeas, <\/em>recopiladas en 1712 y publicadas por el sacerdote Jeanmaire en 1859, son un conjunto de 55 ho\u00admil\u00edas que los Lazaristas sol\u00edan llevarse para, con ellas, hacer frente a todas las necesidades de una misi\u00f3n, aun de larga duraci\u00f3n. Tales sermones, prepa\u00adrados en Par\u00eds, fuera del contexto real de la predicaci\u00f3n, pueden, con raz\u00f3n, parecernos bastante alejados de la vida cotidiana&#8230;<\/p>\n<p>No ser\u00eda justo, sin embargo, quedarse s\u00f3lo con esta evaluaci\u00f3n demasiado negativa. Porque los sermones que los misioneros se llevaban en su equipaje hab\u00edan sido elaborados a partir de una experiencia pastoral vivida en am\u00adbiente rural. Por otra parte, algunas evocaciones pueden parecernos estereo\u00adtipadas, cuando lo cierto es que remiten a una realidad que todo el mundo conoc\u00eda en aquella \u00e9poca. As\u00ed, por ejemplo, esta pregunta: <em>\u00ab\u00bfQu\u00e9 diremos <\/em><em>de esas personas a las que no les falta de nada, que, al contrario, tienen sus graneros rebosantes de grano, y que dejan, sin embargo, morir de hambre a sus hermanos cristianos, sin que se conmuevan lo m\u00e1s m\u00ednimo a vista de sus miserias?\u00bb <\/em>Ahora bien, en la \u00e9poca de San Vicente de Pa\u00fal, en Francia y en otras partes, se pod\u00eda verdaderamente, y en el sentido estricto, morir de ham\u00adbre a la vista de sus vecinos.<\/p>\n<p>El serm\u00f3n (n\u00fam. 40) sobre el <em>\u00abhurto\u00bb <\/em>deb\u00eda de provocar verdadero ma\u00adlestar entre el auditorio, a causa justamente de su precisi\u00f3n, que no perdona a nadie: ni a los molineros, que \u00abpor no tener el molino redondeado, no llenan bien todos los rincones y curvas\u00bb; ni a los tejedores, que \u00abencuentran siempre cien pretextos para dejar en reserva alguna cantidad de hilo\u00bb; ni a los escribanos, que adelantan la fecha de las sentencias de hipotecas; ni <em>a <\/em>los colectores de impuestos, que se hacen los distra\u00eddos con los poderosos, pero se ponen de acuerdo con ellos para agobiar o apremiar v\u00edctimas que no pue\u00adden defenderse o de las que se quieren vengar.<\/p>\n<p>La <em>vida diaria <\/em>se halla tambi\u00e9n presente en las amonestaciones \u00aba algunas madres que acuestan con ellas, en su misma cama, a ni\u00f1os de pecho, expo\u00adni\u00e9ndose as\u00ed a asfixiarlos\u00bb (serm\u00f3n n\u00fam. 30). La frecuencia de esta pr\u00e1ctica, con la triste consecuencia que de ella pod\u00eda derivarse, queda atestiguada con m\u00faltiples estatutos sinodales de los siglos xvi y xvit, que ponen en guardia a padres y nodrizas contra el peligro de \u00abopresi\u00f3n\u00bb de ni\u00f1os peque\u00f1os al acostarlos en la cama de las personas mayores.<\/p>\n<p>Estos ejemplos explican lo que este estudio se propone: esa mirada pro\u00adfunda \u2014casi podr\u00eda decirse: zambullida dentro de ella\u2014 a la cristiandad del siglo xvii, gracias a instrucciones dadas a los misioneros, aunque sean m\u00e1s bien de tipo espiritual; gracias a informes de misiones, aunque sean muy laudatorios; gracias a unos sermones, aunque en parte est\u00e9n un tanto este\u00adreotipados.<\/p>\n<h2><strong>1. El problema de la ignorancia religiosa<\/strong><\/h2>\n<p>&#8230; La idea clave que ha guiado todo el esfuerzo catequ\u00e9tico moderno (ca\u00adt\u00f3lico y protestante) es la de que \u00abun cristiano no puede salvarse sin un m\u00ednimo de conocimientos de su religi\u00f3n\u00bb. Esta idea se expres\u00f3 reiteradamente en los siglos XVI y XVII por los responsables religiosos. San Alejandro Sauli declaraba en los estatutos sinodales de Aleria:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abNadie puede salvarse sin creer las cosas necesarias para la salva\u00ad<\/em><em>ci\u00f3n&#8230;, a saber, el <\/em>Pater Noster, <em>el <\/em>Ave Mar\u00eda, <em>el <\/em>Credo, <em>los diez manda\u00ad<\/em><em>mientos, los siete sacramentos, etc. Exhortarnos a todos nuestros dioce\u00ad<\/em><em>sanos a que acudan a instruirse&#8230; Si no saben estas cosas&#8230; se condenar\u00e1n eternamente.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>En un librito que se utiliz\u00f3 mucho, traduciendo <em>el <\/em>t\u00edtulo: <em>\u00abLa Ciencia <\/em><em>sagrada del catecismo\u00bb <\/em>(se public\u00f3 probablemente por primera vez hacia 1675), el arcediano de Evreux, Henri Marie Boudon, escrib\u00eda de manera se\u00admejante: \u00ab&#8230; sin la fe clara en las verdades fundamentales de nuestra santa Iglesia, es imposible agradar a Dios y salvarse, por m\u00e1s pr\u00e1cticas o ceremo\u00adnias exteriores que se hagan\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, San Vicente de Pa\u00fal <em>se interrog\u00f3 a veces acerca de la validez <\/em><em>de tal rigorismo. <\/em>En una conferencia de 1656 \u00absobre el deber de catequizar a los pobres\u00bb, recuerda \u00ablo que dicen San Agust\u00edn, Santo Tom\u00e1s y San Ata\u00adnasio, que los que no sepan expl\u00edcitamente los Misterios de la Trinidad y la Encarnaci\u00f3n no se salvar\u00e1n\u00bb. No obstante, a\u00f1ade: \u00abYa s\u00e9 que hay otros doctores que no son tan rigurosos y que sostienen lo contrario, puesto que, dicen, dura cosa es ver que un pobre hombre, por ejemplo, que haya vivido bien, se condene por no haber encontrado quien le ense\u00f1e esos misterios.\u00bb En \u00abla duda\u00bb, concluye entonces el Sr. Vicente, \u00absiempre ser\u00e1 una gran caridad la nuestra si instruimos a esas pobres gentes, quienesquiera sean\u00bb. Pero si en esa conferencia a los misioneros deja una puerta abierta para la salvaci\u00f3n de los ignorantes, en otra, posterior de dos a\u00f1os, \u00absobre el fin de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb, vuelve a cerrarla tajantemente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abYa <em>saben ustedes, <\/em>dice a los misioneros, <em>cu\u00e1l es la ignorancia del po\u00ad<\/em><em>bre pueblo, casi incre\u00edble, y saben tambi\u00e9n que no hay salvaci\u00f3n posible <\/em><em>para las personas que ignoran las verdades cristianas necesarias, a saber, <\/em><em>seg\u00fan San Agust\u00edn, Santo Tom\u00e1s y otros, que opinan que una persona que <\/em><em>no sabe qui\u00e9n es el Padre, ni el Hijo, ni el Esp\u00edritu Santo, ni la Encar\u00ad<\/em><em>naci\u00f3n, ni los dem\u00e1s Misterios, no puede salvarse\u00bb&#8230;<\/em><\/p>\n<h2><em>\u00a0<\/em><strong>2. Los marginados de la cristiandad<\/strong><\/h2>\n<p>San Vicente tuvo clara conciencia de que en Francia y en Europa occi\u00addental exist\u00edan grupos religiosamente marginados dentro de la cristiandad. Las misiones nos permiten identificarlos y localizarlos.<\/p>\n<p>El primero con el que se encontr\u00f3 San Vicente fue el de los <em>mendigos, <\/em>de los que se hallaba \u00abllena\u00bb la ciudad de M\u00e1con en 1621. En la sociedad del Antiguo R\u00e9gimen los \u00abdesarraigados\u00bb del interior del pa\u00eds eran numero\u00adsos, iban errantes del campo a las ciudades y a la inversa. Escapaban pr\u00e1cti\u00adcamente al encuadramiento parroquial y viv\u00edan fuera del sistema religioso ordinario. Para el futuro fundador de los Lazaristas, este encuentro fue un choque y un descubrimiento. <em>\u00abNadie me ha ense\u00f1ado, <\/em>dec\u00eda, <em>el estado de esos pobres; lo he conocido por m\u00ed mismo.\u00bb <\/em>Y prosigue: \u00abencontr\u00e1bamos ancia\u00adnos de sesenta y m\u00e1s a\u00f1os de edad que nos dec\u00edan tranquilamente que no se hab\u00edan confesado nunca; <em>y <\/em>cuando se les hablaba de Dios, de la Sant\u00edsima Trinidad, de la Natividad, Pasi\u00f3n y Muerte de Jesucristo y de otros misterios, era un lenguaje que no entend\u00edan\u00bb.<\/p>\n<p>Nada permite poner en duda la veracidad de tal aserto, que vale tambi\u00e9n para los <em>militares, la segunda categor\u00eda de abandonados espirituales de los <\/em><em>que se ocup\u00f3 San Vicente de Pa\u00fal. <\/em>En vida del fundador, los Sacerdotes de la Misi\u00f3n dieron, en efecto, misiones a los ej\u00e9rcitos por lo menos en dos ocasio\u00adnes: en 1636, el a\u00f1o de Corbia, a los regimientos acampados cn Luzarches, Pons, Saint Luc y La Chapelle-Orly, y en 1657, a las tropas francesas estacio\u00adnadas en el Piamonte. De nuevo se encontraron con marginados del cristia\u00adnismo \u00abque, desde hac\u00eda a\u00f1os, no se acercaban a los sacramentos\u00bb. Por eso, el se\u00f1or Vicente no se decid\u00eda a concebir esperanzas en cuanto a los resultados de tales misiones. En 1636, tratando de luchar por adelantado contra un po\u00adsible desaliento de sus sacerdotes, les recomendaba que pensaran \u00abque si bien era verdad que no iban a acabar con todos los pecados del ej\u00e9rcito, era posible, sin embargo, que Dios les concediera la gracia de que disminuyeran en n\u00famero; lo que equival\u00eda a decir que si Nuestro Se\u00f1or hab\u00eda de ser crucificado otras cien veces acaso no lo fuera m\u00e1s que ochenta; y si, por sus malas disposiciones, mil almas hab\u00edan de conde\u00adnarse, gracias a ellos y por la misericordia divina, algunas entre ellas no se condenar\u00edan\u00bb.<\/p>\n<p>De hecho, tanto en los alrededores de Par\u00eds como en el Piamonte, parece que el \u00e9xito de las misiones de los lazaristas a los soldados super\u00f3 toda espera.<\/p>\n<p><em>Tercer grupo de abandonados: los galeotes, <\/em>hacia los que San Vicente de Pa\u00fal manifest\u00f3 una ternura especial y a los que se dieron misiones a partir de 1643. Refiri\u00e9ndose a ellos, el obispo de Marsella escrib\u00eda a la duquesa de Aiguillon: \u00abSe asombrar\u00eda usted, se\u00f1ora, de saber cu\u00e1ntos son los que llevan m\u00e1s de tres, cuatro, cinco y hasta diez a\u00f1os sin confesarse; los ha habido que han permanecido en tal estado veinticinco a\u00f1os y que protestaban que no quer\u00edan hacerlo mientras durase su cautividad.\u00bb Tambi\u00e9n esta vez el \u00abfruto super\u00f3 las esperanzas\u00bb, a pesar de la mala voluntad inicial de los catequizados.<\/p>\n<p>Los galeotes eran unos rechazados sociales, como los mendigos, y de ello se pod\u00eda deducir a priori su exclusi\u00f3n de hecho de la Iglesia de aquel tiempo. Pero con una admirable perspicacia, el Sr. Vicente se dio cuenta de que tambi\u00e9n los <em>pastores, <\/em>a causa de su profesi\u00f3n, viv\u00edan fuera de los ritmos cristianos. Por eso recomend\u00f3 con especial inter\u00e9s a los sacerdotes que envi\u00f3 a Italia que socorrieran y asistiesen a \u00abaquellas pobres gentes\u00bb, es decir, a los pastores que guardaban los grandes reba\u00f1os de la campi\u00f1a romana. Luis Abelly aclara que aquellos hombres permanec\u00edan \u00abcinco o seis meses en aquellos campos desiertos, sin o\u00edr nunca la Santa Misa ni recibir los sacra\u00admentos; de lo que, por lo dem\u00e1s, tampoco se preocupaban mucho&#8230;\u00bb. Los misioneros comprendieron r\u00e1pidamente \u00abque no hab\u00eda manera de reunirlos en ning\u00fan templo, para predicarles y catequizarles como se hac\u00eda en otras misiones, puesto que no se resolver\u00edan a dejar solos sus reba\u00f1os ni tam\u00adpoco se les pod\u00eda exigir que lo hicieran, dados los inconvenientes que de ello podr\u00edan resultar\u00bb. Lo que hac\u00edan, entonces, era esperar a los pastores cuando se reun\u00edan diez o doce al llegar la noche en las tenadas. A esa hora de la vigilia los instru\u00edan en la religi\u00f3n, hac\u00edan con ellos la oraci\u00f3n de la noche, \u00abse acostaban (despu\u00e9s) all\u00ed mismo, sobre alguna piel de oveja, o muchas veces sobre el suelo\u00bb, y as\u00ed los preparaban para la confesi\u00f3n general y para una misa, que se celebraba en \u00abla capilla m\u00e1s cercana\u00bb&#8230; Anta\u00f1o, el pastor era un personaje diferente de los dem\u00e1s, a causa de su forzada soledad. Re\u00adsultaba un tanto misterioso y a veces inquietante, m\u00e1s cercano, en todo caso, que los dem\u00e1s campesinos a los secretos de la naturaleza y aun a los del Mas All\u00e1. De ah\u00ed, muchas veces, sus funciones de curandero clandestino y las relaciones que se les supon\u00edan con el mundo de la brujer\u00eda y de los duendes o fantasmas.<\/p>\n<p><em>Los m\u00e1rgenes de la cristiandad, en el siglo XVII, pod\u00edan ser no s\u00f3lo socia\u00ad<\/em><em>les, sino geogr\u00e1ficos. <\/em>Muy significativa a este respecto puede ser la <em>misi\u00f3n <\/em><em>de C\u00f3rcega, en 1652. <\/em>Los magistrados de G\u00e9nova se la pidieron a San Vicente y \u00e9ste moviliz\u00f3 a siete sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, acompa\u00ad\u00f1ados de otros ocho eclesi\u00e1sticos. Los misioneros se vieron enfrentados con una situaci\u00f3n que les dej\u00f3 estupefactos, sobre todo en el valle de Niolo, \u00abrefu\u00adgio de todos los bandidos y delincuentes de la isla\u00bb. No s\u00f3lo, por motivos de venganza, los habitantes de la isla \u00abse mataban unos a otros con la mayor facilidad\u00bb, no s\u00f3lo no \u00abcelebraban, sino muy raras veces, el matrimonio sin haber cohabitado antes\u00bb, sino que, sobre todo, viv\u00edan pr\u00e1cticamente fuera del cristianismo. El Superior de aquella misi\u00f3n escribi\u00f3 a Par\u00eds:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abNo he encontrado nunca, ni creo las haya en toda la cristiandad, per\u00adsonas tan abandonadas como \u00e9stas. No encontramos casi otros vestigios de fe, sino que dec\u00edan haber recibido el bautismo Y la existencia de algu\u00adnas iglesias muy mal cuidadas. Viv\u00edan en tal ignorancia de las cosas de la salvaci\u00f3n que a duras penas pudimos encontrar cien personas (sobre 2.000 habitantes) que supiesen los mandamientos de la ley de Dios y el S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles. Preguntarles si hab\u00eda un Dios o varios dioses era hablar\u00adles en \u00e1rabe&#8230; Muchos eran los que hac\u00eda siete u ocho meses que no o\u00edan Misa, y tres, cuatro, ocho y diez a\u00f1os que no se confesaban; hab\u00eda mu\u00adchachos de quince y diecis\u00e9is a\u00f1os que no se hab\u00edan confesado nunca, y con todo eso, cantidad de vicios reinaban entre esta pobre gente&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>No es in\u00fatil recordar, para comprender mejor este texto, que el valle del Niolo, al noroeste de C\u00f3rcega, es uno de los m\u00e1s encerrados dentro de la isla y que los habitantes del mismo eran con frecuencia pastores&#8230;<\/p>\n<p>Las <em>Islas Hebridas <\/em>constitu\u00edan otro cant\u00f3n de Europa geogr\u00e1ficamente marginado, del que el Sr. Vicente pudo medir la miseria econ\u00f3mica y reli\u00adgiosa. En 1651 envi\u00f3 all\u00e1 a dos sacerdotes irlandeses y un escoc\u00e9s, que se embarcaron en Holanda y se disfraza&#8217; on de mercaderes para que los herejes no les reconocieran a primera vista. Se encontraron con una naturaleza hostil y vivieron con mil dificultades: lo m\u00e1s a menudo, una sola comida al d\u00eda, poca carne o \u00abuna carne tan mal aderezada&#8230; que levantaba el est\u00f3mago\u00bb, largas marchas a pie por \u00abcaminos inc\u00f3modos\u00bb, etc. Se encontraron, sobre todo, con una penuria espiritual que corr\u00eda parejas con la pobreza material.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEsta miseria e indigencia ha sido causa, observa Abelly, de que el ejercicio de la religi\u00f3n cat\u00f3lica habiendo sido desterrado desde los tiempos en que Inglaterra se separ\u00f3 de la Iglesia romana, y habiendo sido elimi\u00adnados los sacerdotes, haya habido muy pocos ministros u otros predica\u00addores de la nueva religi\u00f3n que hayan querido permanecer all\u00ed. Y as\u00ed los pobres habitantes de estas islas han quedado reducidos en su mayor\u00eda a tal escasez de asistencia espiritual, que se han podido encontrar ancianos de ochenta a\u00f1os, de cien a\u00f1os y m\u00e1s, que no estaban todav\u00eda bautizados. De ah\u00ed se puede juzgar el estado en que se hallaba todo lo dem\u00e1s y que la mayor\u00eda de esta pobre gente no supiera ya si eran cat\u00f3licos o herejes, no pudiendo practicar casi ning\u00fan ejercicio de la religi\u00f3n&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Con los mendigos, los galeotes, los soldados, los pastores, los habitantes del valle del Niolo y los de las H\u00e9bridas, nos hemos encontrado con esas <em>Indias interiores, <\/em>de que hacen menci\u00f3n tantos documentos cat\u00f3licos o pro\u00adtestantes del siglo xvi, es decir, con enclaves apenas cristianizados dentro de la \u00abcristiandad\u00bb oficial&#8230;<\/p>\n<h2><strong>3. El obst\u00e1culo de la confesi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>No creo que sea necesario calificar de indiferencia religiosa la repugnan\u00adcia de los fieles ante la confesi\u00f3n auricular, especialmente (era el caso m\u00e1s generalizado) cuando ten\u00eda que hacerse con el cura de la parroquia. Nos en\u00adcontramos aqu\u00ed ante un hecho colectivo masivo que hay que integrar dentro de la historia de las mentalidades.<\/p>\n<p>La confesi\u00f3n privada obligatoria se ha vivido siempre como una cortapisa, una barrera&#8230; Es indudable que su supresi\u00f3n por el Protestantismo contri\u00adbuy\u00f3 al \u00e9xito de la Reforma. Sabido es que el Sr. Vicente, en 1617, tuvo la revelaci\u00f3n de la Misi\u00f3n a la que pronto iba a consagrar su vida recibiendo la confesi\u00f3n general de <em>\u00abun hombre de bien\u00bb <\/em>que, sin embargo, \u00abten\u00eda la con\u00adciencia cargada con varios pecados mortales que siempre hab\u00eda callado por verg\u00fcenza, y de los que nunca se hab\u00eda acusado en sus confesiones\u00bb. <em>El \u00abres\u00adpeto humano\u00bb <\/em>interven\u00eda casi siempre en la confesi\u00f3n, sobre todo cuando hab\u00eda de hacerse al cura de la parroquia. De ah\u00ed esta observaci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLa verg\u00fcenza impide a varias de esas buenas gentes del campo confesar todos sus pecados a sus curas, lo que las sit\u00faa en un estado de conde\u00adnaci\u00f3n\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>Si los misioneros insistieron tanto en la confesi\u00f3n general, evidentemente es porque sab\u00edan cu\u00e1n numerosas eran las confesiones \u00absacr\u00edlegas\u00bb, es decir, incompletas, hechas antes de que ellos pasaran por el pueblo, con el cura de la parroquia. Como el misionero est\u00e1 s\u00f3lo de paso, no plantea a los habi\u00adtantes de una parroquia el mismo problema psicol\u00f3gico que el pastor habi\u00adtual. El misionero no volver\u00e1 por el lugar, al menos \u00aben un plazo pr\u00f3ximo. No conoce al penitente que tiene delante de \u00e9l. Un anonimato com\u00fan a am\u00adbas partes hace posibles un di\u00e1logo y una acusaci\u00f3n que, de ordinario, se ve\u00edan bloqueados por un conocimiento rec\u00edproco demasiado grande. De todas formas, la confesi\u00f3n con un desconocido tampoco es f\u00e1cil.<\/p>\n<h2><strong>4. El choque de las misiones<\/strong><\/h2>\n<p>De tenerse en cuenta los relatos del siglo XVII, los misioneros suelen superar infaliblemente las reticencias u hostilidades del primer momento: m\u00e1s tarde o m\u00e1s temprano, la poblaci\u00f3n acaba por precipitarse en masa \u2014en cualquier tiempo\u2014 a los ejercicios de la misi\u00f3n; se pone en marcha antes de amanecer; no caben todos en la iglesia; los confesonarios se ven asaltados. Una vez terminada la misi\u00f3n, la atm\u00f3sfera de la parroquia ha quedado transformada, las gentes est\u00e1n desconocidas. As\u00ed se le escribe rei\u00adteradamente a Vicente de Pa\u00fal:<\/p>\n<p>Justo Gu\u00e9rin, obispo de Ginebra-Annecy, le dice en 1640:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLos grandes beneficios y frutos (de los misioneros) no son cre\u00edbles <\/em><em>sino a quien los ve. Yo he sido testigo ocular con motivo de la visita que <\/em><em>he empezado despu\u00e9s de Pascua. Todo el inundo los quiere, les tiene afecto, <\/em><em>los alaba un\u00e1nimemente\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Dos a\u00f1os despu\u00e9s, Bernardo Prevost, se\u00f1or de Saint-Cyrles-Colons (Yonne), escribe a Vicente de Pa\u00fal:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEl trabajo de sus Se\u00f1ores sacerdotes, unido al ejemplo de su piedad, han operado tal cambio de vida en mis campesinos que apenas los reco\u00ad<\/em><em>nocen sus vecinos. Por lo que a m\u00ed se refiere, confieso que no los conozco <\/em>y <em>que me cuesta trabajo no creer que Dios me ha enviado una nueva <\/em><em>colonia para poblar mi tierra. Estos Se\u00f1ores Sacerdotes encontraron unos <\/em><em>esp\u00edritus rudos a los que no pod\u00eda llegarles el cambio si no es a trav\u00e9s de <\/em><em>la gracia que acompa\u00f1a a sus operarios\u00bb&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Los informes de misiones van llenos de boletines de victoria acerca de reconciliaciones, restituciones, arreglos amistosos que pon\u00edan fin a pleitos in\u00adterminables. Despu\u00e9s de alguna reticencia o resistencia, los interesados ced\u00edan de pronto y se abrazaban con sus antiguos enemigos. No se sabe qu\u00e9 escoger en semejante f\u00e1rrago de hechos referidos en tal sentido.<\/p>\n<p>Se informa al. Sr. Vicente de que en Deniat (di\u00f3cesis de Sainttes), en 1647, hubo \u00abm\u00e1s de <em>cuatrocientas reconciliaciones <\/em>operadas y m\u00e1s de cien pleitos terminados\u00bb. Una carta de 1643, dirigida desde la aldea de Ay (di\u00f3ce\u00adsis de Reims), informa al Superior de la Misi\u00f3n que las gentes \u00abest\u00e1n en el momento de la restituci\u00f3n; van a pedirse perd\u00f3n de rodillas unos a otros\u00bb. Los lazaristas que trabajan en 1657 en el obispado de Palestrina hacen saber que ser\u00eda demasiado largo referir con detalles las reconciliaciones y arre\u00adglos amistosos que se operaron durante la Misi\u00f3n, ya que la divisi\u00f3n de los corazones era casi general en aquel lugar&#8230;<\/p>\n<p>Los misioneros pudieron experimentar reconciliaciones espectaculares en C\u00f3rcega y Piamonte, donde las enemistades y las venganzas superaban l\u00edmi\u00adtes incre\u00edbles. En Niolo, los Misioneros estuvieron primero quince d\u00edas \u00absin conseguir nada\u00bb. Pero la v\u00edspera de la comuni\u00f3n general, un religioso blan\u00addiendo un crucifijo exclam\u00f3:. \u00abOh, Niolo, Niolo, \u00bfquieres, pues, ser malde\u00adcido de Dios?\u00bb. Entonces un p\u00e1rroco cuyo sobrino hab\u00eda sido asesinado, bes\u00f3 el crucifijo y fue a abrazar al asesino que se encontraba en la iglesia. El ejemplo fue contagioso: <em>\u00abDurante una hora y media, no se vio otra cosa <\/em><em>que reconciliaciones y abrazos; y para mayor seguridad, las cosas m\u00e1s im\u00adportantes se declaraban por escrito, haciendo de ellas el notario un acto p\u00fa\u00adblico\u00bb. <\/em>En Bra, en Piamonte, en 1657, las tensiones eran tan fuertes que hasta en las iglesias hab\u00eda matanzas, por lo que hubo que retrasar el comien\u00adzo de una misi\u00f3n dada por los misioneros. Pero en febrero de 1658, tuvo lugar, por fin, y consigui\u00f3 resultados pasmosos: \u00abTodo el pueblo, escriben a San Vicente, est\u00e1 consolad\u00edsimo al ver a personas que, antes, se buscaban<\/p>\n<p>Para matarse, ahora lo hacen para salir juntas a pasear, conversar con tan grande cordialidad corno si nunca hubiera existido discordia entre ellas\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>En las ciudades, los misioneros hablaban en franc\u00e9s, pero \u00bfqu\u00e9 lengua utilizaban en regiones \u2014campi\u00f1as del reino o pa\u00edses extranjeros\u2014 en los que el franc\u00e9s no era el idioma vern\u00e1culo?&#8230; En pa\u00edses extranjeros \u2014Italia, H\u00e9\u00adbridas, Irlanda\u2014 San Vicente se las arreglaba para enviar o bien a misio\u00adneros originarios de tal pa\u00eds, o bien a otros que hab\u00edan aprendido el idioma. Parad\u00f3jicamente, era m\u00e1s dif\u00edcil el asunto dentro de la misma Francia. Ten\u00adgamos en cuenta que seg\u00fan una encuesta del abate Gr\u00e9goire, en 1789 hab\u00eda por lo menos 6 millones de franceses, sobre un total de 26 \u00f3 27 millones, que ignoraban la lengua francesa, mientras que un n\u00famero aproximadamen\u00adte igual no era capaz de sostener en dicha lengua una conversaci\u00f3n seguida. Parece que el Superior de la Misi\u00f3n trat\u00f3, en la medida de lo posible, que se predicara en la lengua vern\u00e1cula, sin poderlo conseguir siempre. En 1640, el arzobispo de Toulouse da las gracias al Se\u00f1or Vicente porque uno de los dos misioneros enviados a sus di\u00f3cesis <em>\u00abse hab\u00eda hecho due\u00f1o de la lengua del <\/em><em>pa\u00eds hasta el punto de hacerse admirar por los que la hablan\u00bb&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Los informes de los misioneros constituyen una mina de an\u00e9cdotas que ilustran el choque producido en las poblaciones por este tipo de evangeliza\u00adci\u00f3n. Invariablemente se encuentran en dichos informes las palabras \u00absollo\u00adzos, gritos, clamores, lamentaciones p\u00fablicas\u00bb, que de ordinario son el re\u00adsultado exterior de \u00ablas predicaciones de esos buenos padres\u00bb Muestran tam\u00adbi\u00e9n a las gentes llegando dos horas antes del comienzo del serm\u00f3n, men\u00adcionan confesiones p\u00fablicas en plena asamblea&#8230;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abDesde el nacimiento de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, <\/em>calcula Luis Abelly, <em>en 1625, hasta el a\u00f1o 1632 en que se estableci\u00f3 en San L\u00e1zaro (el <\/em><em>Sr. Vicente), dio, por s\u00ed mismo o por los suyos, al menos 140 misiones. <\/em><em>Y desde el a\u00f1o 1632 hasta la muerte de este gran siervo de Dios (1600), <\/em><em>s\u00f3lo la casa de San L\u00e1zaro, por orden suya, dio unas 700&#8230; A las que hay <\/em><em>que a\u00f1adir las que las otras casas de la Compa\u00f1\u00eda dieron dentro y fuera <\/em><em>del reino de Francia&#8230; \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 concebir la grandeza, la extensi\u00f3n, la <\/em><em>multiplicidad de los bienes que de esas misiones han resultado para glo\u00ad<\/em><em>ria de Dios y utilidad de la Iglesia?\u00bb&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Los misioneros del interior fueron hombres rudos, ciertamente, pero de una abnegaci\u00f3n a toda prueba. Teniendo en cuenta lo que era el modelo de santidad de la \u00e9poca \u2014de ellos se esperaba austeridad, abnegaci\u00f3n y mila\u00adgros\u2014, respondieron a la confianza de las muchedumbres. <em>Confesaban in\u00adcansablemente, predicaban hasta agotarse, viv\u00edan de lo estrictamente necesa\u00adrio. <\/em>Su santidad, como sus sermones, ten\u00eda algo de teatral, pero era verda\u00addera. Auditores y penitentes ten\u00edan el sentimiento de encontrarse ante <em>sacer\u00ad<\/em><em>dotes excepcionales, que sacrificaban comodidad y salud ante la tarea apos\u00adt\u00f3lica. <\/em>La santidad es un hecho hist\u00f3rico y sociol\u00f3gico. Por eso no se puede excluir de un an\u00e1lisis objetivo de la realidad humana&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En mayo \u00faltimo, la revista \u00abPanorama aujourd-hui\u00bb, en sus recensiones de libros religiosos, habla de la obra de Jean Delumeau: \u00abUn chemin d&#8217;histoire\u00bb (Camino recorrido por la historia). 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