{"id":49817,"date":"2011-09-16T08:35:23","date_gmt":"2011-09-16T06:35:23","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/09\/vida-de-san-vicente-de-paul-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento-libro-primero-capitulo-30\/"},"modified":"2016-07-26T17:24:39","modified_gmt":"2016-07-26T15:24:39","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento-libro-primero-capitulo-30","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento-libro-primero-capitulo-30\/","title":{"rendered":"Vida de San Vicente de Pa\u00fal, de Fray Juan del Sant\u00edsimo Sacramento. Libro primero, cap\u00edtulo 30"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Cap\u00edtulo XXX: Da reglas Vicente a esta Congregaci\u00f3n. Ocupaciones y ejercicios de piedad de las Hermanas de la Caridad.<\/strong><\/p>\n<p>\u00c9ste fue el origen de la Congregaci\u00f3n de las Hermanas de la Caridad consagradas al servicio de los pobres enfermos, y de este modo Vicente, sin contribuir a su establecimiento m\u00e1s que correspondiendo fielmente a los designios de Dios luego que le fueron manifiestos, se encontr\u00f3 casi repentinamente autor de esta caritativa empresa y padre espiritual de estas virtuosas mujeres.<\/p>\n<p>En este cap\u00edtulo vamos a hablar de algunas cosas dignas de notarse pertenecientes a esta comunidad, que erigi\u00f3 en Congregaci\u00f3n la autoridad del difunto arzobispo de Par\u00eds, cuya c\u00e9dula de erecci\u00f3n contiene entre otras cosas lo siguiente:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Por cuanto a que Dios se ha servido bendecir la empresa que nuestro muy amado Vicente de Pa\u00fal ha acometido, le hemos confiado y confiamos por la presente la conducta y direcci\u00f3n de la dicha comunidad por el tiempo de su vida, y despu\u00e9s de su muerte a sus sucesores los superiores generales de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, etc<\/em>\u00ab. Autoriz\u00f3 el rey este establecimiento por real c\u00e9dula registrada en el parlamento de Par\u00eds, seg\u00fan se ha dicho.<\/p>\n<p>Como se viese Vicente tan expresamente encargado por la Divina Providencia de la direcci\u00f3n de esta comunidad, crey\u00f3 que en adelante deb\u00eda poner todo su esmero en perfeccionar una obra que la bondad divina hab\u00eda comenzado. Con este objeto propuso en primer lugar a estas virtuosas mujeres como m\u00e1xima fundamental, el considerarse destinadas por la voluntad de Dios para servir a nuestro Se\u00f1or Jesucristo corporal y espiritualmente en la persona de los pobres enfermos, tanto hombres como mujeres y ni\u00f1os, ya vergonzantes, ya mendicantes; y para que fuesen dignas servidoras del Se\u00f1or en tan santo ejercicio, les encarg\u00f3 que trabajasen especialmente en su propia perfecci\u00f3n, procurando hacer todos sus ejercicios con esp\u00edritu de humildad, sencillez y caridad, como lo hizo nuestro Se\u00f1or Jesucristo en la tierra, y con el mismo fin que excluye la vanidad o respeto humano, el amor propio y la satisfacci\u00f3n natural. Recomend\u00f3les tambi\u00e9n muy particularmente otras virtudes que consideraba necesarias para la perfecci\u00f3n de su estado, como son la obediencia a los superiores y curas de las parroquias, la indiferencia en cuanto a los lugares, empleos y personas, la pobreza para vivir con gusto en la clase que corresponde a las criadas de los pobres, y la paciencia para sufrir con resignaci\u00f3n y por amor de Dios las incomodidades, contradicciones, burlas, calumnias y otras mortificaciones que puedan sobrevenirles, aun como recompensa del bien que hayan hecho, teniendo presente que cuanto padezcan no es m\u00e1s que una parte de la cruz que nuestro Se\u00f1or quiere que lleven en pos de \u00e9l en esta vida, para hacerse merecedoras de vivir con \u00e9l en el cielo.<\/p>\n<p>Par\u00e9ceme poco necesario para dar idea de este instituto, el hablar detenidamente de sus reglamentos interiores, pues tienen por objeto la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n mental, la frecuentaci\u00f3n de los sacramentos, los retiros anuales, las conferencias espirituales, la uni\u00f3n y caridad mutuas, la uniformidad en la vida, h\u00e1bitos y acciones, y en fin, una singular modestia.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de este reglamento, di\u00f3les otros Vicente, relativos a cada empleo en particular, se\u00f1al\u00e1ndoles lo que deben hacer en cualquier lugar que se encuentren, ya en las ciudades, ya en las aldeas, y tanto con respecto a las personas que las ocupen, como a los pobres que sirvan o ense\u00f1en. Seis son estos reglamentos particulares, y todos ellos diferentes: el primero, para las hermanas que asistan a los enfermos en las parroquias; el segundo, para las que dirijan las escuelas; el tercero, para las que se encarguen de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos; el cuarto, para las que ayuden a las se\u00f1oras que sirven a los pobres del Hotel-Dieu de Par\u00eds; el quinto, para las hermanas que sirven el hospital de los galeotes; y el sexto, para las que sirven a los enfermos en cualquier hospital.<\/p>\n<p>Advi\u00e9rtenles estos reglamentos con mucha particularidad las ocasiones peligrosas que han de evitar, las precauciones que han de tomar y las diferentes miras que deben tener; en fin, todo lo que tienen que hacer o decir hasta en las circunstancias m\u00e1s peque\u00f1as para alimentar, curar, medicinar, limpiar, edificar, consolar y amonestar a los pobres, grandes y peque\u00f1os, sanos y enfermos. Con mucha raz\u00f3n puede decirse que los reglamentos que daba Vicente eran perfectos, porque nunca se daba prisa para formarlos; queda que Dios fuese el \u00fanico autor de ellos, y que el esp\u00edritu humano no tuviese m\u00e1s parte que la ejecuci\u00f3n. Estos reglamentos, frutos de larga experiencia, se compusieron de acuerdo con la se\u00f1ora Le Gras, mujer tan entendida como dedicada al servicio de toda clase de pobres. Con esos mismos reglamentos desempe\u00f1an sus deberes las buenas hermanas, con mucha bendici\u00f3n y consuelo de cada uno, lo que las ha hecho desear y pedir de todas partes. Muchas ciudades del reino, aun de las principales, quieren tenerlas, y gran n\u00famero de se\u00f1ores y se\u00f1oras que poseen algunos terrenos, desean establecerlas en ellos; y aunque peque\u00f1a esta compa\u00f1\u00eda, con ayuda de Dios satisface poco a poco los deseos de todos. Present\u00f3se una buena ocasi\u00f3n a las doncellas y viudas que desean retirarse del mundo y asegurar su salvaci\u00f3n por el camino de la pr\u00e1ctica de la caridad, y particularmente a las que deseando ser religiosas, no pueden serlo por falta de dote, pues entran sin \u00e9l en esta compa\u00f1\u00eda, en donde no se exige m\u00e1s que lo muy necesario para su primer h\u00e1bito, y s\u00f3lo se atiende a la buena disposici\u00f3n de cuerpo y de esp\u00edritu para corresponder a la gracia de tan santa vocaci\u00f3n: es tan grande \u00e9sta, que no pueden comprenderla las personas de poca piedad, y que Vicente ha pintado en estas pocas palabras.<\/p>\n<p>\u00ab<em>Una hermana de la Caridad<\/em>, dice, <em>necesita tener m\u00e1s virtud que las m\u00e1s austeras religiosas. Ninguna religi\u00f3n desempe\u00f1a tantos oficios como \u00e9sta, porque las hermanas de la Caridad tienen casi todos los de las otras religiosas, trabajando primeramente en su propia perfecci\u00f3n, como las del Carmen y otras semejantes; cuidando a los enfermos, como las del Hotel-Dieu de Par\u00eds y otras hospitalarias, e instruyendo a las ni\u00f1as pobres, como las ursulinas<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Vamos ahora a referir algunas prevenciones de los reglamentos particulares que ha dado Vicente a las hermanas que sirven a los pobres enfermos de las parroquias.<\/p>\n<p>\u00ab<em>Deben considerar que aun cuando no est\u00e9n en religi\u00f3n por no ser compatible este estado con el ejercicio de los deberes de su instituto, sin embargo, han de tener igual o mayor virtud de la que generalmente se nota en los claustros de las otras \u00f3rdenes religiosas, considerando que en lo general, su monasterio es la casa de los enfermos, su celda un cuarto de alquiler, su capilla la Iglesia de la parroquia, su claustro la calle de la ciudad o las salas de los hospitales, su clausura la obediencia, su reja el temor de Dios y su velo una santa modestia. Por tanto, tienen necesidad de gran vigilancia: en cualquier lugar a donde las llamen sus funciones, deben portarse con tal recogimiento, que en nada ceda al fervor de los claustros m\u00e1s regulares. Y para que Dios les conceda esta gracia, deben procurar con sumo cuidado la adquisici\u00f3n de todas las virtudes que les recomienda su regla, particularmente la profunda humildad, perfecta obediencia y mucho desprendimiento de las criaturas; tomar\u00e1n sobre todo las mayores precauciones que les sea posible para la perfecta conservaci\u00f3n de la castidad de cuerpo y de coraz\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p>\u00ab<em>Tendr\u00e1n continuamente en el pensamiento el objeto principal con que Dios quiere que est\u00e9n en las parroquias, que es el de servir a los pobres enfermos, no s\u00f3lo corporalmente d\u00e1ndoles los alimentos y medicinas, sino espiritualmente, procurando que reciban con tiempo los sacramentos, de tal modo que los que hayan de morir, salgan en buen estado de esta vida, y los que hayan de sanar hagan firme prop\u00f3sito de vivir bien en adelante; y para darles m\u00e1s eficazmente este socorro espiritual, har\u00e1n cuanto est\u00e9 de su parte, y emplear\u00e1n todo el tiempo que les sea posible, seg\u00fan lo exija la caridad y condici\u00f3n de los enfermos. Entre los socorros espirituales que m\u00e1s particularmente deben darles, ha de ser el de consolarlos, alentarlos e instruirlos en las cosas necesarias para su salvaci\u00f3n, procurando que hagan actos de fe, de esperanza y de caridad para con Dios y para con el pr\u00f3jimo, y actos de verdadera contrici\u00f3n; exhort\u00e1ndolos a que perdonen a sus enemigos, a que pidan perd\u00f3n a los que hubieren ofendido, a que se resignen a la voluntad de Dios, ya sea para padecer, ya para sanar o para morir, y en fin, a que hagan otros actos semejantes, pero no todos a un tiempo, sino poco a poco cada d\u00eda y del modo m\u00e1s breve que puedan, a fin de no fastidiarlos<\/em>.<\/p>\n<p><em>Procurar\u00e1n muy especialmente, con la ayuda divina, disponerlos a hacer confesi\u00f3n general, sobre todo, si hay peligro de que mueran de su enfermedad, manifest\u00e1ndoles cu\u00e1n importante es esta confesi\u00f3n y ense\u00f1\u00e1ndoles el modo de hacerla; dici\u00e9ndoles, entre otras cosas, que pronto han de dar cuenta, no solo de los pecados que han cometido desde la \u00faltima confesi\u00f3n, sino de todos los de su vida, confesados u olvidados. Y si no les permitiese su estado hacer esta confesi\u00f3n general, por lo menos los exhortar\u00e1n a hacer un acto de contrici\u00f3n general de todos sus pecados, con firme prop\u00f3sito de morir antes que volver a pecar, con ayuda de la gracia de Dios.<\/em><\/p>\n<p><em>Si llegasen a la convalecencia los enfermos y luego recayesen otra u otras veces, cuidar\u00e1n de exhortarlos a que de nuevo reciban los sacramentos, aun el de la Extrema-Unci\u00f3n, vara procurarles el gran bien que de esto debe resultarles. En la \u00faltima hora los ayudar\u00e1n a bien morir, exhort\u00e1ndolos a que hagan los actos antes dichos, y rogando a Dios por ellos.<\/em><\/p>\n<p><em>Si sanaren, procurar\u00e1n con mucho cuidado las hermanas que saquen provecho de su enfermedad y de su curaci\u00f3n, manifest\u00e1ndoles que Dios ha permitido que el cuerpo se enferme para curar el alma; que les ha concedido la salud corporal, para emplearla en hacer penitencia y vivir bien en adelante; que deben por lo mismo hacer firme prop\u00f3sito de cumplir esto, y renovar las promesas que hayan hecho en su enfermedad, para lo cual les aconsejar\u00e1n que practiquen algunos actos adecuados a su capacidad, como es rogar a Dios de rodillas a ma\u00f1ana y tarde, confesarse y comulgar muchas veces al a\u00f1o, huir las ocasiones de pecar; todo lo cual har\u00e1n con la mayor brevedad, sencillez y humildad que les sea posible.<\/em><\/p>\n<p><em>Para que estos servicios espirituales no redunden en perjuicio de la asistencia corporal de otros enfermos, pues pudiera suceder que por emplear mucho tiempo en hablar a un enfermo, perjudicasen a los otros no llev\u00e1ndoles a su tiempo los alimentos o medicinas, arreglar\u00e1n sus horas de modo que, atendiendo a los unos, no desatiendan a los otros, y puedan dedicarse a sus ejercicios con arreglo a las necesidades y al n\u00famero de los enfermos. Y como quiera que sus ocupaciones de la noche regularmente no son tan urgentes como las de por la ma\u00f1ana, emplear\u00e1n aquel tiempo de preferencia para instruirlos y exhortarlos del modo que se ha dicho, particularmente cuando les lleven los medicamentos.<\/em><\/p>\n<p><em>Deben considerar que sirven a Dios en la persona de los enfermos, y por consiguiente tan poco caso han de hacer de los elogios que les hagan, como de las injurias que les digan, si no es para sacar fruto de unos y otras; pues en cuanto a aquellos, considerar\u00e1n la nada y miseria de su naturaleza, y en cuanto a estas, las recibir\u00e1n con agrado para honrar el menosprecio que sufri\u00f3 el Hijo de Dios en la Cruz de los mismos a quienes colmaba de favores.<\/em><\/p>\n<p><em>Ning\u00fan regalo, por peque\u00f1o que sea, recibir\u00e1n de los pobres que asistan, teniendo presente que ellos nada les deben por los beneficios que reciben, pues estos son pagados liberalmente con ganar amigos en el cielo que las recibir\u00e1n un d\u00eda en los tabern\u00e1culos eternos; y aun en esta vida tiene su recompensa el servicio que hacen a los pobres enfermos, con el placer puro que se siente en obrar bien; m\u00e1s satisfactorio que cuantos el mundo pueda ofrecer, y del que no deben abusar, si no antes bien, experimentar con confusi\u00f3n al considerarse indignas de disfrutarlo<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Bien se echa de ver en lo poco que hasta aqu\u00ed se ha dicho de los reglamentos que dio Vicente a sus hijas, el esp\u00edritu en que las formaba y el grado de perfecci\u00f3n a que las hac\u00eda llegar; y aun mejor se ve el esp\u00edritu de que estaba animado, y los dones abundantes y sobrenaturales luces con que Dios lo favorec\u00eda, y \u00e9l derramaba con tan buen \u00e9xito en el alma de todas sus hijas.<\/p>\n<p>Aprovechando el siervo de Dios las circunstancias que se presentaban, di\u00f3les otros consejos particulares relativos a cierta clase de personas: v. gr., a los eclesi\u00e1sticos de las parroquias en donde sirviesen. Recomend\u00f3les por una parte, que los mirasen con el mayor respeto, y por otra, que no los visitasen, ni hablasen con ellos m\u00e1s que en el confesionario, a no ser en caso de mucha gravedad; tambi\u00e9n les aconsej\u00f3 que nunca fuesen solas a casa de ellos, ni los recibiesen en sus habitaciones; que cuando se enfermasen no los asistieran ni les llevasen las medicinas; que no se encargasen de lavarles las albas, sobrepellices ni otras vestiduras eclesi\u00e1sticas, ni de la limpieza y adorno de las iglesias y altares, ni del cuidado de la l\u00e1mpara y otras semejantes ocupaciones, que aunque en s\u00ed son buenas, pero no siendo conformes con su instituto, las distraer\u00edan del cuidado de asistir\u00e1 los pobres.<\/p>\n<p>Encarg\u00e1bales tambi\u00e9n que, sin urgente necesidad, no visitasen a los particulares, de cualquier clase y condici\u00f3n que fuesen, y que no se familiarizasen en el trato con ellos, para no perder el tiempo; que no se encargasen de asistirlos en sus enfermedades, ni a ellos, ni a sus hijos o sirvientes; ni se entrometiesen en sus negocios particulares, en el cuidado de sus casas, en la preparaci\u00f3n de sus medicamentos, etc.; pues nada de esto es conforme con su instituto, que mira a los pobres enfermos y no a los ricos. Exhort\u00e1balas muy particularmente a la observancia exacta de lo antes dicho, por ser de mucha m\u00e1s funesta consecuencia su infracci\u00f3n de lo que a primera vista aparece, pues por ser esas ocupaciones m\u00e1s f\u00e1ciles, m\u00e1s agradables, y aun, seg\u00fan el mundo, m\u00e1s honrosas, las desempe\u00f1ar\u00edan naturalmente con mucho m\u00e1s gusto, y esto har\u00eda que poco a poco fuesen viendo con disgusto lo que es m\u00e1s agradable a nuestro Se\u00f1or y conforme con el fin principal de su instituto.<\/p>\n<p>Cu\u00e9ntanse adem\u00e1s de las parroquias en donde sirven estas buenas mujeres, cinco hospitales en Par\u00eds en que est\u00e1 a su cargo el cuidado de los pobres enfermos: en primer lugar el Hotel-Bien, en donde van a auxiliar a las se\u00f1oras que visitan a los enfermos de este hospital; en segundo, el de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, lugar en donde su caridad tiene abundante cosecha, pues no hay a\u00f1o en que no cuiden, con admirable ternura, del alimento y educaci\u00f3n de trescientos o cuatrocientos ni\u00f1os que les llevan; en tercer lugar, el hospital de los criminales condenados a galeras, ejerciendo en \u00e9l grandes obras de misericordia, pues la imaginaci\u00f3n no alcanza a concebir el grado de miseria corporal y espiritual de esta clase de hombres; por eso necesitan las hermanas que se destinan al cuidado de ellos una gracia extraordinaria de Dios, y Vicente ha procurado que sean las que m\u00e1s progresos hayan hecho en la perfecci\u00f3n; en cuarto lugar, el establecimiento que llaman de las Casillas, en donde cuidan del aseo, alimentos e higiene de los pobres dementes de ambos sexos, cuyo n\u00famero es muy considerable, asisti\u00e9ndolos con gran dulzura en sus enfermedades; y los administradores de este hospital han declarado que por el cuidado de las hermanas se han cortado abusos sin n\u00famero que redundaban en ofensa de Dios, deterioro de la casa y perjuicio de los pobres dementes; por lo que todos han quedado edificados de la conducta que ellas observan; en quinto y \u00faltimo lugar, el hospital del Nombre de Jes\u00fas, en que asisten estas caritativas hermanas a muchos hombres y mujeres de muy avanzada edad.<\/p>\n<p>No son solamente estos cinco hospitales y las parroquias de que se ha hecho menci\u00f3n, las que reciben el calor de la ardiente caridad de las hijas de Vicente, sino otros muchos hospitales de los departamentos de Francia y aun de Varsovia, ciudad de Polonia; en todos ellos sirven a los pobres con gran bendici\u00f3n del cielo. Vamos a copiar con motivo de esto una carta que escribi\u00f3 Vicente a la Sra. Le Gras cuando se trat\u00f3 de enviar tres hermanas a Poitou:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Pido a nuestro Se\u00f1or<\/em>, dice, <em>que d\u00e9 su santa bendici\u00f3n a nuestras caras hermanas, y que las haga participantes del esp\u00edritu que ha dado a las buenas se\u00f1oras que cooperaron con \u00e9l a la asistencia de los pobres enfermos y a la ense\u00f1anza de los ni\u00f1os. \u00a1Oh buen Dios, cu\u00e1n felices son estas hermanas en ir a continuar en el lugar a donde se env\u00edan, la caridad que ejerci\u00f3 nuestro Se\u00f1or en la tierra! \u00a1Cu\u00e1nto regocijo causar\u00e1 esto en el cielo, y cu\u00e1ntas alabanzas recibir\u00e1n en la otra vida, y con cu\u00e1nta confianza se presentar\u00e1n en el d\u00eda del juicio despu\u00e9s de haber hecho tantas obras de caridad! Par\u00e9ceme que las coronas e imperios de la tierra no son m\u00e1s que un poco de lodo, comparados con la gloria que espero coronar\u00e1 un d\u00eda sus sienes.<\/em><\/p>\n<p><em>R\u00e9stales solamente que en su viaje y ocupaciones se manejen con el esp\u00edritu de la Sant\u00edsima Virgen; que la vean con los ojos del esp\u00edritu continuamente, y que obren en todo como por el pensamiento puede representarse que obrar\u00eda esta Sant\u00edsima Se\u00f1ora; que sobre todo, consideren su caridad y humildad; que sean humild\u00edsimas en el Se\u00f1or, cordiales entre s\u00ed, ben\u00e9ficas para todos y edificaci\u00f3n en todas partes; que todas las ma\u00f1anas antes de ponerse en camino, o en el mismo camino, hagan sus ejercicios de piedad, recen su rosario y tengan alg\u00fan libro devoto para leer; que tomen parte en las conversaciones que tengan por objeto a Dios; pero no en las mundanas, y mucho menos en las de los libertinos; en fin, que sean duras rocas en donde se estrellen las familiaridades que quieran gastar con ellas algunos hombres.<\/em><\/p>\n<p><em>Luego que lleguen al t\u00e9rmino de su viaje, visitar\u00e1n al Sant\u00edsimo Sacramento; ir\u00e1n a ver al cura, recibir\u00e1n sus \u00f3rdenes y procurar\u00e1n cumplirlas en cuanto a la asistencia de los enfermos y la instrucci\u00f3n de los ni\u00f1os que deben ir a las escuelas. Har\u00e1n cuanto puedan porque saquen fruto para el alma los pobres enfermos en el tiempo que los asistan corporalmente; obedecer\u00e1n a las se\u00f1oras de las Cofrad\u00edas de la Caridad, y con sus acciones las animar\u00e1n a practicar con gusto su reglamento; se confesar\u00e1n cada ocho d\u00edas, etc., y haciendo esto, aparecer\u00e1n ante Dios con las obras de una santa vida, y de pobres criadas de pobres enfermos, pasar\u00e1n a ser grandes reinas en el cielo. As\u00ed lo pido a Dios etc<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Y como en todos estos hospitales en que sirven acontece frecuentemente que el n\u00famero de los enfermos es en gran manera desproporcionado al corto de las hermanas, resulta que soportan un trabajo excesivamente duro, como se puede notar en la carta siguiente que una de las hermanas que hab\u00eda sido enviada a un hospital, dirigi\u00f3 a Vicente. Dice as\u00ed:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Se\u00f1or: el trabajo nos agobia, y sin duda pronto sucumbiremos a \u00e9l si no nos viene socorro; os escribo estas cuatro letras en medio de la noche y mientras me toca velar a nuestros enfermos, pues no tengo lugar para hacerlo de d\u00eda; y aun al escribir \u00e9sta tengo que pararme a cada momento para ayudar a bien morir a dos agonizantes que hay. Ac\u00e9rcome a uno, y le digo: \u00abHermano m\u00edo, elevad a Dios el coraz\u00f3n, y pedidle misericordia\u00bb; y vuelvo a escribir dos o tres renglones, y en seguida voy a ver al otro para decirle en el o\u00eddo: \u00abJes\u00fas, Mar\u00eda, Dios m\u00edo, espero en Vos\u00bb, y luego vuelvo a escribir; y as\u00ed estoy yendo y viniendo, y escribiendo a retazos con la imaginaci\u00f3n dividida. Pero todo se reduce a pediros humildemente que nos envi\u00e9is otra hermana, etc<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Admir\u00f3 Vicente en esta carta el talento de la hermana para pintar con tan natural elocuencia la gran necesidad que ten\u00eda de alg\u00fan auxilio, y el modo de persuadirlo a que se lo enviara.<\/p>\n<p>Lo que pone el colmo a la caridad de estas buenas hermanas, es lo que han hecho por obediencia, pero con un afecto muy sincero, no solo en los lugares de que hemos hablado, sino tambi\u00e9n en los hospitales militares a donde el celo de su piadoso fundador las ha enviado, tornando las precauciones convenientes, para que asistan a los soldados heridos y dem\u00e1s enfermos, como sucedi\u00f3 en el hospital de Rethel durante el sitio, y despu\u00e9s en el de Cal\u00e9s, en la \u00e9poca del sitio de Dunkerque, en donde murieron dos hermanas por las fatigas de su caritativo oficio.<\/p>\n<p>Un d\u00eda recomendaba Vicente a sus misioneros que rogasen a Dios por estas buenas doncellas, en estos t\u00e9rminos que hemos cre\u00eddo conveniente copiar aqu\u00ed:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Os pido que rogu\u00e9is a Dios por nuestras hermanas de la Caridad que envi\u00e9 a Cal\u00e9s para que asistiesen a los pobres heridos; de cuatro que eran, las dos m\u00e1s sanas y robustas han muerto; pero ya veis que murieron en su tarea. Imaginaos por un momento a estas cuatro pobres doncellas en medio de quinientos a seiscientos heridos y enfermos. Considerad \u00a0las disposiciones divinas que han levantado esta corporaci\u00f3n en medio de nuestras circunstancias. \u00bfY para qu\u00e9? Para asistir a los pobres corporal y aun espiritualmente, dici\u00e9ndoles algo que les haga pensar en su eterna salvaci\u00f3n, particularmente a los moribundos para ayudarles a bien morir, exhort\u00e1ndolos a que hagan actos de contrici\u00f3n y de confianza en Dios. A la verdad, se\u00f1ores, estas acciones son muy tiernas y de gran m\u00e9rito ante Dios. \u00a1Irse con tanto valor y resoluci\u00f3n unas pobres doncellas en medio de los soldados para socorrer sus necesidades y contribuir a su salvaci\u00f3n! \u00a1Ir a exponerse a rudos trabajos, a peligrosas enfermedades y aun a la muerte, por unos hombres que se han expuesto a los peligros de la guerra en defensa del estado!<\/em><\/p>\n<p><em>Esto nos prueba cu\u00e1n grande es el celo que esas buenas hermanas tienen por la salvaci\u00f3n de su alma y por el alivio de su pr\u00f3jimo. La reina me ha honrado escribi\u00e9ndome para que env\u00ede otras a Cal\u00e9s a que asistan a los pobres soldados, y he dispuesto que vayan otras cuatro. Una de ellas que tendr\u00e1 unos cincuenta a\u00f1os, vino a verme el viernes al Hotel-Dieu, y me dijo que hab\u00eda sabido que dos de sus compa\u00f1eras hab\u00edan muerto en Cal\u00e9s, y que ven\u00eda a ofrecerse para ir a llenar un lugar si no la consideraba yo in\u00fatil. Le respond\u00ed: \u00abHermana m\u00eda, yo lo pensar\u00e9\u00bb; y ayer volvi\u00f3 a saber la resoluci\u00f3n que hab\u00eda yo tomado. Ya veis, hermanos m\u00edos, qu\u00e9 valor tienen estas pobres doncellas para ofrecer su vida, como v\u00edctimas del amor de Jesucristo y del bien del pr\u00f3jimo. \u00bfNo es esto admirable? Por lo que a m\u00ed toca, no s\u00e9 decir m\u00e1s, sino que estas hermanas ser\u00e1n mis jueces en el d\u00eda del juicio. S\u00ed, sin duda, ellas han de ser nuestros jueces, si no estamos dispuestos como ellas a exponer nuestra vida por Dios. La estrecha relaci\u00f3n que tiene nuestra Congregaci\u00f3n con la suya, pues que Dios quiso que las misiones fuesen el origen de las hermanas de la Caridad, nos obliga a dar a su Divina Majestad gracias por los beneficios que les ha hecho, y a rogarle que contin\u00fae sus bendiciones en lo venidero sobre tan buenas doncellas.<\/em><\/p>\n<p><em>No es f\u00e1cil manifestaros cu\u00e1nto cuida Dios de ellas, y cu\u00e1nto las desean por todas partes. P\u00eddeme un obispo para tres hospitales, otro para dos, y otro hace tres d\u00edas que por segunda vez me las pide con urgencia, pero la falta que tenemos de ellas no me permite servirlos. D\u00edas pasados pregunt\u00e9 a un cura de esta ciudad que las tiene en su parroquia, c\u00f3mo se manejaban, y no me atrevo a decir lo bien que me habl\u00f3 de ellas; y no se entienda que es porque no tienen defectos; \u00bfqui\u00e9n carece de ellos? pero ellas ejercen incesantemente la misericordia, esta bella virtud, de la que se ha dicho que es la propiedad de Dios. Tambi\u00e9n nosotros debemos ejercerla mientras vivamos: misericordia corporal y misericordia espiritual; misericordia en el campo cuando hacemos la misi\u00f3n, socorriendo las necesidades de nuestro pr\u00f3jimo; misericordia en nuestra casa con los ejercitantes que se retiran a ella, con los pobres que se presentan, y en otras varias circunstancias que Dios nos proporciona; en fin, debemos ser siempre misericordiosos, si queremos hacer siempre y en todo la voluntad de Dios, etc<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>No es fuera de prop\u00f3sito hacer notar que as\u00ed como las primeras misiones que hizo Vicente en las aldeas dieron ocasi\u00f3n de que se fundase la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, as\u00ed tambi\u00e9n las Cofrad\u00edas de la Caridad que se establecieron en las parroquias, dieron origen, sin premeditaci\u00f3n alguna, sino solo por orden secreta de la Divina Providencia, a la Congregaci\u00f3n de las Hermanas de la Caridad; de suerte que despu\u00e9s de Dios, el establecimiento de estas dos Compa\u00f1\u00edas, su aumento, su utilidad, sus reglamentos y sus pr\u00e1cticas, se deben al celo, prudencia y piedad de su santo fundador, que las ha visto nacer de en medio de sus afanes, las ha cultivado con su dulce conducta, las ha sostenido y asegurado sobre infalibles fundamentos, como son los del Evangelio, y en fin, ha consagrado las dos al amor de Dios y del pr\u00f3jimo; pero a un amor pr\u00e1ctico y efectivo que abraza todas las obras de misericordia corporales y espirituales. H\u00e1se dedicado a esto Vicente y consumido en esta obra, y de este modo ha abierto a uno y otro sexo un camino para llegar a la perfecci\u00f3n. Y para manifestar las relaciones que entre s\u00ed tienen estas dos Compa\u00f1\u00edas, y con los cristianos de la primitiva Iglesia, voy a decir lo que el mismo Vicente escribi\u00f3 a un cl\u00e9rigo de su Congregaci\u00f3n que le hab\u00eda puesto esta objeci\u00f3n: \u00bfPor qu\u00e9 los misioneros se encargan de la direcci\u00f3n de las Hermanas de la Caridad, teniendo por regla no encargarse de la conducta de ninguna religiosa? A lo que contest\u00f3 en una carta fecha 7 de Febrero de 1660:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Doy gracias a Dios de que hay\u00e1is conocido la importancia de las razones que tiene la Congregaci\u00f3n para abstenerse de servir a las religiosas, porque no sirviese esto de obst\u00e1culo al servicio que estamos obligados a hacer al pobre p\u00fablico; y como dese\u00e1is saber qu\u00e9 motivo hayamos tenido para encargarnos del cuidado de las Hermanas de la Caridad, y pregunt\u00e1is por qu\u00e9 la Congregaci\u00f3n teniendo por m\u00e1xima no encargarse de la direcci\u00f3n de las religiosas, se mezcla, no obstante, en la de estas hermanas; primero os dir\u00e9: que nosotros no reprobamos la asistencia a las religiosas, alabamos a los que las asisten como a unas esposas de Jesucristo, que han renunciado al mundo y a sus vanidades por unirse a su soberano bien; pero lo que es un bien para otros sacerdotes, no lo es para nosotros. Segundo: que las Hermanas de la Caridad no son religiosas, sino unas doncellas que andan de una parte a otra como las seculares: son personas que viven en sus parroquias bajo la direcci\u00f3n de los curas; y aunque nosotros tenemos la direcci\u00f3n de la casa en donde se educan, es por haberse Dios servido de esto para dar principio a su peque\u00f1a Congregaci\u00f3n, vali\u00e9ndose de la nuestra; y bien sab\u00e9is que Dios para dar ser a las cosas, emplea las mismas causas de que se sirve para conservarlas. Tercero: nuestra peque\u00f1a Congregaci\u00f3n se consagr\u00f3 a Dios para servir al pueblo pobre corporal y espiritualmente, y esto desde sus principios; de suerte, que al mismo tiempo que ha trabajado por la salud de las almas por medio de las misiones, ha hallado un nuevo modo de socorrer a los enfermos por medio de las Congregaciones de la Caridad, y la Santa Sede ha aprobado todo esto en las bulas de nuestra fundaci\u00f3n. Las Hermanas de la Caridad han entrado en el orden de la Providencia, como un medio que Dios nos ha concedido para que por sus manos hagamos lo que no podemos hacer con las nuestras en la asistencia corporal de los enfermos, y para suministrarles por sus bocas algunas instrucciones que los animen a desear su eterna salud; y as\u00ed tambi\u00e9n nosotros tenemos necesidad de ayudarlas para sus propios adelantamientos en la virtud, de modo que cumplan exactamente con sus caritativos ejercicios. Entre ellas y las religiosas hay la diferencia, de que la mayor parte de estas no tienen por fin de su instituto m\u00e1s que su propia perfecci\u00f3n; pero nuestras hermanas se dedican como nosotros a cuidar de la salvaci\u00f3n y alivio del pr\u00f3jimo; y cuando digo como nosotros, nada digo que sea contrario al Evangelio, sino muy conforme a la pr\u00e1ctica de la primera Iglesia, porque nuestro Se\u00f1or ten\u00eda cuidado de algunas mujeres que le segu\u00edan; y consta de las Actas de los ap\u00f3stoles que ellas suministraban v\u00edveres a los fieles, y que ten\u00edan relaci\u00f3n con las funciones apost\u00f3licas. Si a alguno le pareciere que puede ser peligroso para nosotros el trato con estas hermanas, respondo: que para esto nos hemos valido de todas las precauciones posibles, estableciendo por regla en la Congregaci\u00f3n, que nunca se vaya a visitarlas en sus propias casas sin necesidad urgente, y sin expresa licencia del superior; y ellas tienen tambi\u00e9n por regla hacer clausura de su propia casa, y no permitir jam\u00e1s que entren hombres en ella. Espero, Se\u00f1or, que lo que he dicho en respuesta a vuestra objeci\u00f3n, os dejar\u00e1 satisfecho, etc<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Hac\u00eda Vicente conferencias espirituales a estas doncellas, a las que asist\u00edan las que estaban en las parroquias y hospitales de Par\u00eds, reuni\u00e9ndose hasta ochenta y ciento con este objeto en la casa de su superiora, seg\u00fan con anticipaci\u00f3n se les preven\u00eda, y aun se les enviaba por escrito el asunto que en la conferencia deb\u00eda tratarse, para que se preparasen con la oraci\u00f3n. Regularmente hacia hablar a muchas, tanto para disponerles el coraz\u00f3n para las cosas espirituales, cuanto para que las otras participasen de las buenas ideas que Dios les inspiraba, y para que mejor se penetrasen de la importancia de la vida cristiana, a cuya perfecci\u00f3n incesantemente deseaba elevarlas; el mismo Vicente les dec\u00eda al \u00faltimo un discurso de media hora, y algunas veces de una hora y a\u00fan m\u00e1s, adecuado a sus necesidades, al alcance de todas, y tan sencillo y persuasivo, que les era f\u00e1cil cosa retener la mayor parte, haciendo con la pr\u00e1ctica de sus consejos continuos adelantos en la vida interior y espiritual. Han recogido m\u00e1s de cien discursos de estos que les dec\u00eda su buen padre, y hasta el d\u00eda los leen y meditan en su casa matriz para nutrirse con su doctrina y propagar en todos lugares el esp\u00edritu de ardiente caridad, y otras virtudes que comunic\u00f3 este admirable var\u00f3n a sus hijas durante su vida, y desde el cielo contin\u00faa inspir\u00e1ndoles para gloria de Dios, honra de la Religi\u00f3n y alivio de los desgraciados.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXX: Da reglas Vicente a esta Congregaci\u00f3n. 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