{"id":49603,"date":"2019-12-25T08:07:23","date_gmt":"2019-12-25T07:07:23","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=49603"},"modified":"2019-09-09T10:58:01","modified_gmt":"2019-09-09T08:58:01","slug":"la-catequesis-segun-vicente-de-paul","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-catequesis-segun-vicente-de-paul\/","title":{"rendered":"La catequesis seg\u00fan Vicente de Pa\u00fal"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: center\">Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p><em>\u00ab<\/em><em>Hay personas, <\/em>dec\u00eda Vicente de Pa\u00fal, el 28 de marzo de 1659, (Conf. ed. 1960, p. 606) <em>que de una forma risue\u00f1a y agradable contentan a todo el <\/em><em>mundo, porque Dios les ha otorgado ese don de una acogida cordial, suave, amable, con la que parece est\u00e1n ofreci\u00e9ndote el coraz\u00f3n y pidi\u00e9ndote el tuyo.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Si no me falla demasiado la vista, me parece que estoy contemplando ahora eso mismo que, por lo dem\u00e1s, me dispon\u00eda a pedirles al tener que hablarles de un tema que, seg\u00fan expresi\u00f3n de Bossuet, compromete a toda la religi\u00f3n y que, adem\u00e1s, ayuda a caracterizar nuestras funciones y nues\u00adtra misi\u00f3n en la Iglesia de hoy. Me estoy refiriendo a la forma en la que somos los transmisores de la palabra de Dios a los peque\u00f1os, a los pobres, a los preferidos de Jes\u00fas. Gracias por su delicadeza fraternal.<\/p>\n<p><strong>Un hecho significativo<\/strong><\/p>\n<p>Aquel martes, 22 de marzo de 1658, reinaba en el Priorato de San L\u00e1zaro en Par\u00eds una singular efervescencia, casi podr\u00edamos llamarla \u00abebullici\u00f3n\u00bb. Y no faltaban motivos para ello, van ustedes a verlo: Su Excelencia el Nuncio Apost\u00f3lico, Monse\u00f1or Nicol\u00e1s Ubaldini, Arzobispo de Atenas, en funciones en Par\u00eds desde el 25 de junio de 1643, iba a acudir al Priorato para administrar el bautismo a un joven malgache de 20 a\u00f1os. Aquel cate\u00adc\u00fameno original hab\u00eda sido instruido por el mismo Vicente de Pa\u00fal, quien, a pesar de sus 67 a\u00f1os y sus m\u00faltiples ocupaciones, hab\u00eda catequizado cui\u00addadosa y diplom\u00e1ticamente a aquel hijo de Madagascar.<\/p>\n<p>A partir de ese espect\u00e1culo iluminado e iluminador, <em>podemos hacernos <\/em><em>cargo, con calma y utilidad, de la prestigiosa herencia que Vicente de Pa\u00fal <\/em><em>pone a nuestra disposici\u00f3n, no s\u00f3lo desde hace tres siglos, sino con plena <\/em><em>actualidad hoy y siempre.<\/em><\/p>\n<p>El \u00abojo del amo\u00bb que vamos a echarle comprender\u00e1 la observaci\u00f3n de tres terrenos muy diferentes, pero unidos entre s\u00ed por caminos y \u00f3rganos de transmisi\u00f3n misteriosos y llenos de vitalidad.<\/p>\n<p>1.\u00ba Las <em>razones predominantes y prioritarias <\/em>que existen para que con\u00adcentremos todas nuestras fuerzas en la catequesis, que es a la vez, no lo olvidemos, transmisi\u00f3n de lo que se nos ha dado y educaci\u00f3n de todo el hombre para que la semilla pueda subsistir, hacerse cons\u00adciente, conseguir su m\u00e1ximo crecimiento.<\/p>\n<p>2.\u00b0 Los <em>caracteres generales <\/em>que sit\u00faan a San Vicente y sus orientaciones en una tradici\u00f3n que es:<\/p>\n<ul>\n<li>Eclesial por su origen.<\/li>\n<li>Teol\u00f3gica por su estructura.<\/li>\n<li>Popular por su estilo y sus destinatarios.<\/li>\n<li>De donde procede su <em>contenido fundamental, <\/em>digamos el n\u00facleo germinal o, para servirnos del lenguaje vicenciano, \u00abel blanco\u00bb a partir del cual y en torno al cual todos los elementos toman su sentido y su fuerza. <em>\u00abTodo autor, <\/em>dec\u00eda Pascal, <em>tiene un sen<\/em><em>tido en el que o convergen y concuerdan todos los pasajes contrarios, o no tiene sentido alguno\u00bb <\/em>(Lafuma, 257, B, 684).<\/li>\n<\/ul>\n<p>3.\u00ba El <em>m\u00e9todo particular <\/em>empleado para conseguir que guste la ense\u00ad\u00f1anza, se desee, se comprenda y se asimile. Dicho m\u00e9todo tendr\u00e1 en cuenta a la vez las disposiciones del catequista que no es un saltimbanqui ni un c\u00edmbalo que resuena, y el estado de aquellos a quienes Dios da gracia para escuchar y probablemente vivir la doc\u00adtrina de la fe.<\/p>\n<p>En la ense\u00f1anza vicenciana, todos estos terrenos convergen porque no existe diferencia ni ruptura entre la doctrina, la pr\u00e1ctica y la pedagog\u00eda. Expres\u00e1ndolo en t\u00e9rminos de H. Bergson, diremos: <em>\u00abObra como hombre <\/em><em>de pensamiento y piensa como hombre de acci\u00f3n\u00bb. <\/em>M\u00e1s exactamente todav\u00eda, debido a su prodigioso poder de asimilaci\u00f3n de lo esencial, llega a realizar un ideal se\u00f1alado por Andr\u00e9 Malraux: <em>\u00abTransforma la experiencia en exis\u00adtencia\u00bb. <\/em>Aqu\u00ed podr\u00eda yo apuntar, velando el fondo con una sonrisa, que Vi\u00adcente no se parec\u00eda en modo alguno a cierto obispo, renombrado pro\u00adfesor de catequesis, que me confesaba: \u00abNunca he sido catequista perso\u00adnalmente, pero parece ser que lo que aconsejo e implanto como m\u00e9todo da buen resultado\u00bb. Estaba tan seguro de s\u00ed y tan pronto a cambiar de tema distray\u00e9ndose del mismo, que no pudo observar el triste escepticismo que se dibujaba en mi mirada.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>I.\u2014 Razones predominantes para concentrar nuestros esfuerzos en la catequesis<\/strong><\/h2>\n<p>De estas razones, me limitar\u00e9 a se\u00f1alarles cuatro, cuatro que se nos pueden escapar con demasiada facilidad.<\/p>\n<h3><strong>1.\u00b0 La conjunci\u00f3n cultural profana y religiosa<\/strong><\/h3>\n<p>No cabe la menor duda de que fue a fines del siglo xv, hacia 1440, cuando Johannes Genfleish, conocido por Gutenberg, que naci\u00f3 en Maguncia entre 1394 y 1398, fue a establecerse en Estrasburgo y, en 1440, tuvo <em>la idea de <\/em><em>descomponer la tipograf\u00eda separando los caracteres. <\/em>Ya en 1448, asociado a J. Fust, imprimi\u00f3 la c\u00e9lebre Biblia llamada de las 42 l\u00edneas. Esto lo saben todos los colegiales, pero <strong>lo <\/strong>que ignoran, y es una l\u00e1stima, es que el descubrimiento de Gutenberg no hubiera servido de nada sin otros dos hechos que permitieron su explotaci\u00f3n.<\/p>\n<ul>\n<li><strong>El soporte (materia necesaria) ligero y econ\u00f3mico<\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p><em>El libro impreso en pergamino o en vitela era patrimonio exclusivo de <\/em><em>una instituci\u00f3n, <\/em>de un rico hacendado, de un monasterio. Consecuencia in\u00admediata: la lectura la hac\u00eda una persona interpuesta, las dem\u00e1s hab\u00edan de escuchar pasivamente.<\/p>\n<p>Recordemos de paso el costo de aquellos libros preciosos, tan caros ordi\u00adnariamente como los manuscritos. La biblia de Gutenberg habr\u00eda requerido 117 pieles de cordero, que actualmente valen cada una 170 \u00f3 180 francos (2 millones de francos antiguos). Un evangeliario requer\u00eda 5 pieles de cor\u00addero, es decir, unos 800 francos. Para los 30 ejemplares de la biblia de Gu\u00adtenberg eran necesarias 5.000 pieles&#8230;<\/p>\n<p>Felizmente, desde el siglo mi <em>Europa hab\u00eda heredado otro material <\/em><em>para el libro, <\/em>m\u00e1s liviano, menos caro. Ese material ben\u00e9fico proced\u00eda de China y permiti\u00f3 una difusi\u00f3n de la industria impresora a un ritmo tal que, en 1480, hab\u00eda 100 ciudades con imprenta, y, en 1500, eran 256 las que la ten\u00edan.<\/p>\n<ul>\n<li><strong>La alfabetizaci\u00f3n<\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p>Pero, \u00bfde qu\u00e9 sirven los libros por bien impresos que est\u00e9n, aun con excelente y econ\u00f3mico soporte, si no existen lectores m\u00e1s que en n\u00famero reducido? A <em>principios del siglo XVII, en Francia, de veinte millones de <\/em><em>franceses s\u00f3lo uno o dos millones, <\/em>saben leer as\u00ed como firmar en los re\u00adgistros de matrimonio. Ha de emprenderse un enorme esfuerzo de alfabe\u00adtizaci\u00f3n, y ustedes saben de cierta pastora de Suresnes que aprend\u00eda a leer acudiendo a los transe\u00fantes que parec\u00edan saber hacerlo: se llamaba <em>Mar\u00ad<\/em><em>garita Naseau <\/em>y hay que colocarla a la cabeza de esa larga procesi\u00f3n de Hijas de la Caridad que, desde hace tres siglos y medio, siembran a todos los vientos el grano incorruptible de la palabra eterna de Dios.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n hubiera podido preverlo? Ese fen\u00f3meno complejo: imprenta, soporte econ\u00f3mico, alfabetizaci\u00f3n, al abrir los ojos del esp\u00edritu tanto como los del cuerpo, va a dar nacimiento a un monstruo peligroso: <em>la opini\u00f3n <\/em><em>p\u00fablica. <\/em>Tan pronto como la alfabetizaci\u00f3n alcance la cifra del 30 al 40 por 100 de la poblaci\u00f3n, <em>aparecer\u00e1 el fen\u00f3meno revolucionario. <\/em>Puede verse en Inglaterra en 1648, en Francia, en 1780 y hasta en Rusia hacia 1917.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 obras se difundir\u00e1n las primeras?: los escritos de los fil\u00f3sofos de la Antig\u00fcedad, que reclaman estudiantes y maestros; los libros religiosos, la Biblia, los catecismos. Anotemos, por de pronto, que la prensa no existir\u00e1 pr\u00e1cticamente hasta el siglo XVII, pero que tendr\u00e1 que llegar el XIX para adquirir sus t\u00edtulos de nobleza, proclamar su vocaci\u00f3n educadora y conseguir alguna confianza en el terreno de la informaci\u00f3n. Nos hallamos todav\u00eda muy lejos de que aquello de: \u00abes cierto, lo dice el peri\u00f3dico\u00bb tenga tanta fuerza como: \u00abes cierto, lo dice la Biblia, o el Evangelio\u00bb.<\/p>\n<h3><strong>2.\u00ba La competencia hecha por los protestantes<\/strong><\/h3>\n<p>Si inmovilizamos nuestra mirada en el campo religioso, podremos comprobar en seguida que la difusi\u00f3n del libro, el abaratamiento de su costo y el aumento del n\u00famero de lectores van a llevar consigo una <em>erosi\u00f3n lenta <\/em><em>pero irreversible de la estructura y de la autoridad eclesial: <\/em>para saber lo que hay que creer, los mandamientos que hay que guardar, la forma de dirigirse a Dios, va a surgir, grande e irresistible, la tentaci\u00f3n de no moverse de casa para ir a preguntar al cura y de consultar sencillamente la Escritura o los libros que cualquiera puede hacer imprimir. Prueba de ello es que la inquietud por cumplir su misi\u00f3n educadora y protectora hace que, ya <em>desde 1571, la Iglesia establezca la Congregaci\u00f3n del \u00cdndice, <\/em><em>que en 1917, pasar\u00e1 a depender del Santo Oficio y, finalmente quedar\u00e1 <\/em><em>suprimida en 1966.<\/em><\/p>\n<p>Desde los or\u00edgenes del cristianismo, no hab\u00edan faltado las herej\u00edas e incluso Pablo hab\u00eda reconocido su utilidad (1 Cor. 11, 19). Pero este fen\u00f3\u00admeno, que con frecuencia no sal\u00eda de los l\u00edmites de una regi\u00f3n, ten\u00eda un car\u00e1cter flotante, epis\u00f3dico, ef\u00edmero. Desde Montano (130) a los Valdenses o los baptistas, esas herej\u00edas estaban desprovistas de un centro de cris\u00adtalizaci\u00f3n. Iban unidas a un profeta o a su descendencia y carec\u00edan de \u00abcredo\u00bb, de formulario positivo de fe o creencia. La herej\u00eda y aun el cisma no habr\u00edan de tomar rostro y consistencia particular hasta el siglo XVI,<\/p>\n<p>Pues bien, gracias a la imprenta y a la opini\u00f3n p\u00fablica, las divergencias y desviaciones religiosas iban a obtener una cohesi\u00f3n, hasta una organi\u00adzaci\u00f3n doctrinal, llegando a cristalizar en f\u00f3rmulas lapidarias. Los Credos negativos o positivos, constituir\u00edan los v\u00ednculos de las nuevas iglesias. Ese car\u00e1cter nuevo se destaca lo mismo en el anglicanismo que en el lutera\u00adnismo o el calvinismo y llega, como por contagio inevitable, a desembocar en el <em>\u00abCatecismo Cat\u00f3lico del Concilio de Trento\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>De esta condensaci\u00f3n en un \u00abcatecismo\u00bb, nace en seguida una nueva pedagog\u00eda de la doctrina; se efect\u00faa <em>un cambio de registro. <\/em>Mientras <em>la <\/em><em>transmisi\u00f3n <\/em>hab\u00eda sido hasta entonces oral, part\u00eda de la c\u00e9lula familiar y se ve\u00eda conservada y protegida por la instituci\u00f3n feudal o parroquial en adelante, cada vez m\u00e1s, la ense\u00f1anza de la doctrina <em>iba a tomar el <\/em><em>camino de la escritura y a esforzarse por llegar hasta la conciencia indi <\/em><em>vidual.<\/em><\/p>\n<p>El cambio pedag\u00f3gico, que afecta tanto a la ense\u00f1anza profana como a la ense\u00f1anza religiosa, no deja de tener sus riesgos, pero tambi\u00e9n su riqueza. Al hallarse m\u00e1s expuesta, la fe se har\u00e1 tambi\u00e9n m\u00e1s personal; podr\u00e1 penetrar hasta las profundidades del ser humano, iluminando m\u00e1s f\u00e1cil mente zonas que hasta ahora le hab\u00edan estado vedadas. La tentaci\u00f3n se instalar\u00e1, grande y permanente. \u00bfC\u00f3mo hacer la religi\u00f3n m\u00e1s profunda m\u00e1s interior, m\u00e1s personal sin que, a la vez, se convierta en m\u00e1s individual m\u00e1s humana, menos trascendente? El peligro, digamos incluso el abismo habr\u00e1 de aparecer pronto, a fines del siglo XVI. La \u00abConcordancia\u00bb, de <em>Molina <\/em>(Lisboa, 1588) orientar\u00e1 hacia una <em>religi\u00f3n humanizada, <\/em>explicable reducida a ser un simple complemento de la felicidad humana. Pero no hemos llegado todav\u00eda a ese momento.<\/p>\n<p>Lo que vamos a comprobar en primer lugar, es una <em>modificaci\u00f3n de la <\/em><em>pedagog\u00eda religiosa. <\/em>Dos autores, dos maestros, Rabelais, Montaigne, pre\u00adsentaban dos formas de instituir y de forjar al hombre, al hombre simple\u00admente y al hombre religioso. El primero, Francisco <em>Rabelais, <\/em>apoya una pedagog\u00eda capaz de conseguir <em>\u00abcabezas bien llenas\u00bb; <\/em>el segundo, Miguel de <em>Montaigne, <\/em>preconizaba una formaci\u00f3n, o mejor, \u00abuna instituci\u00f3n\u00bb de los ni\u00f1os mediante el ejercicio controlado del pensamiento, que habr\u00eda de tener como resultado <em>\u00abcabezas bien hechas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Sin dejar de apreciar, y con raz\u00f3n, las ventajas de cada uno de estos m\u00e9todos, un precursor y un profeta, el director espiritual de la humanidad occidental, <em>Desiderio Erasmo <\/em>de Rotterdam presenta en sus \u00abAdagios\u00bb y en sus \u00abColoquios\u00bb una f\u00f3rmula de s\u00edntesis.<\/p>\n<p><em>Vicente de Pa\u00fal <\/em>considera esta f\u00f3rmula muy concreta, como el resumen de una experiencia. Sabe que es necesario, simult\u00e1neamente, captar la atenci\u00f3n, conmover, servirse de una expresi\u00f3n gr\u00e1fica, llena de im\u00e1genes, ensartar en el discurso comparaciones familiares. As\u00ed es como, poco a poco, las inteligencias llegan a percibir algo del \u00abmisterio de Dios\u00bb y a entregarse amorosamente a la acci\u00f3n de la gracia todopoderosa, \u00fanica que puede transformar al hombre desde las profundidades de su alma. Su ense\u00f1anza comprende una <em>alternancia de preguntas y respuestas. <\/em>Esos rudimentos, que ya encontramos en 1493 bajo una forma llena de im\u00e1genes en el \u00abgrand kalendrier et compost des bergiers&#8230; gran calendario de los pastores, con su astrolog\u00eda\u00bb, los apoya en un m\u00ednimo de memoria. Durante las <em>Misiones <\/em>y cuando se presente la ocasi\u00f3n, repartir\u00e1 <em>millones de octavillas <\/em>tituladas \u00abEjercicios del cristiano\u00bb. Sin esas f\u00f3rmulas fundamentales, el catequis\u00adta ser\u00eda un distribuidor de palabras vac\u00edas, que el viento del diablo se llevar\u00eda presto.<\/p>\n<p>Hasta <em>el final de su vida, el Se\u00f1or Vicente no utilizar\u00e1 otro m\u00e9todo. <\/em>Era un m\u00e9todo que le tranquilizaba porque, sencillamente, lo copiaba de la sabidur\u00eda eterna.<\/p>\n<p>\u00abTendremos especial devoci\u00f3n, dec\u00eda, en resolver las cosas humanas por medio de las divinas, aunque la naturaleza se oponga a ello y lo con\u00adtradiga.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abOtras veces le he dicho que nuestro Se\u00f1or bendice los discursos que se hacen en un tono com\u00fan y familiar, porque \u00e9l mismo ense\u00f1\u00f3 y predic\u00f3 de esa suerte, y siendo adem\u00e1s esta forma de hablar natural, es mucho m\u00e1s f\u00e1cil que la otra que es forzada, gusta m\u00e1s al pueblo y \u00e9ste saca de ella m\u00e1s provecho&#8230; haciendo as\u00ed el catecismo, parece que se honra m\u00e1s la manera de que Nuestro Se\u00f1or Jesucristo se sirvi\u00f3 para instruir y con\u00advertir al mundo\u00bb (Coste, VII, 378-79).<\/p>\n<p><em>\u00abVea de qu\u00e9 manera tan clara e inteligible habla, sirvi\u00e9ndose de com\u00adparaciones familiares: un labrador, un vi\u00f1ador (Mt. <\/em>XIII, XXI, 40), <em>de un <\/em><em>campo, de una vi\u00f1a (Mt. <\/em>XIII, 31, 38, 44; Lc. XII, 16-28; Jn. XV, 1,5), <em>de <\/em><em>un grano de mostaza (Mt. <\/em>XIII, 31), comenta el Se\u00f1or Vicente a Antonio Durand: <em>as\u00ed es como tiene usted que hablar si quiere que le entienda el <\/em><em>pueblo a quien anuncia usted la palabra de Dios\u00bb <\/em>(S. V., E. p. 311, 1656).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de unos treinta a\u00f1os de reacci\u00f3n sentimental contra la cultura de la memoria, a la que deb\u00eda sustituir una pedagog\u00eda \u00abaligerada\u00bb y no directiva, el deterioro que se ha podido comprobar tanto en la ense\u00f1anza profana como en la religiosa, <em>ha provocado un saludable retorno a los <\/em><em>catecismos cl\u00e1sicos: <\/em>el del <em>Concilio de Trento, el de San P\u00edo X, el de <\/em><em>Pablo VI. <\/em>Hasta un breve catecismo redactado con toda sencillez por Juan <em>Guitton en 1978 <\/em>ha conocido tal \u00e9xito que su primera edici\u00f3n se agot\u00f3 en algunas semanas. Los hechos dispensan de todo comentario <em>y <\/em>pueden esclarecer y poner en guardia a los pedagogos religiosos.<\/p>\n<p>Pero otro acontecimiento m\u00e1s espectacular no s\u00f3lo inquietaba sino an\u00adgustiaba el alma de Vicente de Pa\u00fal: era <em>la progresi\u00f3n constante y aparen\u00adtemente irreversible de la reforma her\u00e9tica.<\/em><\/p>\n<p>\u00abLe confieso, dec\u00eda a Juan Dehorgny Superior en Roma, en 1646, que tengo gran afecto y devoci\u00f3n, seg\u00fan me parece, a la propagaci\u00f3n de la Iglesia en los pa\u00edses infieles, por el temor que me asalta de que Dios la des\u00adtruya poco a poco aqu\u00ed en los nuestros y que de aqu\u00ed a cien a\u00f1os no quede nada de ella, a causa de nuestras costumbres depravadas, de esas nuevas opiniones que cunden cada vez m\u00e1s y del estado de las cosas\u00bb (Luis Abelly: La vida del venerable siervo de Dios, Par\u00eds, 1664, p. 196).<\/p>\n<p>Tal <em>desconcierto en la econom\u00eda de la Redenci\u00f3n, <\/em>\u00e9l lo un\u00eda m\u00e1s o menos estrechamente con el recuerdo de <em>Clemente VIII. <\/em>Este santo Papa, del que los mismos herejes hac\u00edan el elogio, \u00abhabiendo recibido un d\u00eda a dos Embajadores de unos Pr\u00edncipes de Oriente, donde empezaba a pro\u00adpagarse la fe, y queriendo dar por ello gracias a Dios en presencia do aque\u00adllos, ofreci\u00f3 por sus intenciones el Santo Sacrificio de la Misa. Estando en el altar, en el \u00abMemento\u00bb, lo vieron llorar, gemir, sollozar, lo que les sorprendi\u00f3 mucho, de modo que, una vez terminada la Misa, se tomaron la libertad de preguntarle qu\u00e9 es lo que hab\u00eda excitado sus l\u00e1grimas y gemidos en un acto que s\u00f3lo consuelo y alegr\u00eda deb\u00eda proporcionarle. Sencillamente les contest\u00f3 que, en efecto, hab\u00eda empezado la Misa con gran satisfacci\u00f3n <em>y <\/em>contento a la vista de los progresos de la religi\u00f3n cat\u00f3lica; pero que ese contento presto se hab\u00eda convertido en tristeza y amargura a la vista del deterioro y p\u00e9rdidas que todos los d\u00edas sufr\u00eda la Iglesia por parte de los herejes, de tal suerte que hab\u00eda razones para creer que Dios quisiera tras\u00adladarla a otros lugares.<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1ores y hermanos m\u00edos, tambi\u00e9n nosotros debemos concebir tales sentimientos y temer que el Reino de Dios se nos arrebate. Es una des\u00adgracia deplorable la que tenemos ante nuestros ojos: seis reinos perdidos para la Iglesia, como son: Suecia, Dinamarca, Noruega, Inglaterra, Escocia, Irlanda y, adem\u00e1s de ellas, Holanda y una gran parte de las Alemanias con varias de esas ciudades Hanse\u00e1ticas. \u00a1Oh Salvador! \u00a1qu\u00e9 p\u00e9rdida! Y tras esto, estamos en v\u00edsperas de ver el gran reino de Polonia perdido tambi\u00e9n, si Dios en su misericordia no lo remedia\u00bb (L. Abelly, La Vida&#8230;, p. 1664, L. II, p. 196).<\/p>\n<p>Estas palabras fueron dirigidas a los Misioneros en 1656 (Cf. <em>Conferencias <\/em>\u2014Entretiens\u2014 ed. 1960, p. 315-320, pero mucho antes de 1638, el Sr. Vi\u00adcente hab\u00eda o\u00eddo hablar al abad de Saint Cyran, Juan Duvergier de Hauranne, <em>\u00abuno de los mayores hombres de bien que jam\u00e1s haya yo visto <\/em>(Cf. S. V. XIII, 86-93), quien le confi\u00f3 temores semejantes.<\/p>\n<p><em>\u00abDec\u00eda eso, seg\u00fan creo, a consecuencia de alg\u00fan discurso o razonamiento <\/em><em>sobre los juicios de Dios <\/em>y <em>la corrupci\u00f3n de las costumbres. Primero, tal <\/em><em>proposici\u00f3n me caus\u00f3 dolor, pero despu\u00e9s pens\u00e9 que lo dec\u00eda en el sentido <\/em><em>en que se me refiri\u00f3 c\u00f3mo el Papa Clemente VIII lloraba viendo c\u00f3mo la <\/em><em>Iglesia se propagaba a las Indias, pero le parec\u00eda que ac\u00e1 se estaba destru\u00ad<\/em><em>yendo\u00bb <\/em>(S. V. XIII, 90-91).<\/p>\n<p><em>Prever un desplazamiento eventual de la Iglesia y proteger la fe <\/em>comu\u00adnicando concretamente los elementos fundamentales de la Iglesia Cat\u00f3lica, tal perspectiva y tal proyecto se traducen por dos hechos:<\/p>\n<p>1.\u00b0 <em>Pone la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n a disposici\u00f3n de la Congregaci\u00f3n <\/em><em>de \u00abPropaganda Fide\u00bb <\/em>fundada en 1622 y gobernada a la saz\u00f3n por Mons. Ingoli. Es decir: \u00abAbrir el coraz\u00f3n a las dimensiones del mundo futuro\u00bb.<\/p>\n<p>2.\u00b0 <em>Se sirve del mismo m\u00e9todo conquistador que utiliza la herej\u00eda, <\/em>para organizar la reconquista cat\u00f3lica, como ya hab\u00eda hecho unos a\u00f1os antes Francisco de Sales.<\/p>\n<p>Los que sufren la mordedura de un \u00e1spid, cogen el mismo \u00e1spid y lo aplastan sobre la herida, sirvi\u00e9ndose para curar del mismo animal que intentaba darles la muerte. Los Salmos XIII y CXXXIX, 3 denuncian el proceso lento y mal\u00e9fico del veneno del \u00e1spid (Cf. el comentario que hace Francisco de Sales en la Introducci\u00f3n a la vida devota, Ed. Annecy, III, 240). Vicente, m\u00e1s experimental y un tanto familiarizado con la medicina, recuerda que el mal puede ser tratado con el mal. M\u00e1s adelante, har\u00e1 notar que el veneno de la v\u00edbora es excelente (S. V., X, 24-8-1654&#8230; y otras).<\/p>\n<h3><strong>3.\u00b0 Las verdades necesarias para la salvaci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>1. Define la Palabra de Dios y la predicaci\u00f3n haciendo referencia a la salvaci\u00f3n. El Sr. Vicente distingue con \u00ablos autores\u00bb tres categor\u00edas de predicaci\u00f3n:<\/p>\n<ul>\n<li><em>La predicaci\u00f3n a los ya instruidos, <\/em>para que pongan en pr\u00e1ctica el evangelio;<\/li>\n<li><em>La predicaci\u00f3n a los instruidos a medias, <\/em>que necesitan mayor ins\u00adtrucci\u00f3n y aliento;<\/li>\n<li><em>el catecismo que ense\u00f1a <\/em>a los ni\u00f1os y a los mayores, a los fieles y a los infieles, las <em>\u00abcosas de la fe\u00bb.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p>2. <em>La ignorancia de las verdades de la fe <\/em>es causa de condenaci\u00f3n, cuando se han tenido medios para instruirse.<\/p>\n<p>Posteriormente, el Sr. Vicente concretar\u00e1 su pensamiento de dos maneras:<\/p>\n<ul>\n<li>las verdades necesarias, con necesidad de medio, son los misterios de la Encarnaci\u00f3n y de la Sant\u00edsima Trinidad (cf. S. V., 1, 115, 121, 250, 21 julio 1634);<\/li>\n<li>Los elegidos son pocos (S. V., XIII, 813; I, 115, 121, 164, 252, 344, 376, 432; III, 117; X, 612-613; Conferencias \u2014nueva edic. franc., p. 404, 542; VI, 2-3; VII, 462).<\/li>\n<\/ul>\n<p><em>3. La fe viva e ilustrada <\/em>requiere m\u00e1s que la asistencia a misa, a v\u00eds\u00adperas y la pr\u00e1ctica de la confesi\u00f3n&#8230; Esos actos no excusan de la ignoran\u00adcia de las verdades de la fe. \u00bfQu\u00e9 puede esperarse de una pr\u00e1ctica ignorante que no sabe lo que est\u00e1 haciendo?<\/p>\n<p><em>4. La naturaleza de la fe. <\/em>La fe es algo m\u00e1s que una creencia o una conquista. No depende del m\u00e9rito personal; no es mera consecuencia de una doctrina que se conoce o el resultado de una tradici\u00f3n familiar. Es un don de Dios. Para acogerlo, hay que estar atento y limpiar el alma de basuras, es decir, de los vicios y del pecado.<\/p>\n<p>5. <em>El contenido del catecismo <\/em>(S. V., XIII, 25-30. Documento aut\u00f3grafo. Archivos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, original).<\/p>\n<p>El peque\u00f1o libro que el Sr. Vicente muestra a su auditorio, ya en 1616, comprende cinco partes:<\/p>\n<ul>\n<li>El fin del hombre.<\/li>\n<li>Dios y el misterio de la Sant\u00edsima Trinidad.<\/li>\n<li>Los mandamientos de Dios y de la Iglesia.<\/li>\n<li>Los sacramentos.<\/li>\n<li>Los ejercicios del cristiano, es decir, los actos religiosos y oracio\u00adnes en que se traduce la vida cristiana durante la jornada.<\/li>\n<\/ul>\n<h3><strong>4.\u00b0 La invariable continuidad<\/strong><\/h3>\n<p>Por otra parte, es de suma importancia para que las ovejas no se ex\u00adtrav\u00eden hacia pastos emponzo\u00f1ados, la continuidad invariable de la en\u00adse\u00f1anza. El esp\u00edritu humano se ve constante y fuertemente amenazado por la enfermedad del cambio. La inconstancia, la incoherencia, la vaguedad al exponer la doctrina, no s\u00f3lo confunden la inteligencia, sino que la in\u00adclinan a dejarse arrastrar por todos los vientos mudables que ya Pablo hab\u00eda denunciado (Ef., 4, 14).<\/p>\n<p>Hoy se cuentan en el mundo m\u00e1s de 3.000 sectas que se consideran como b\u00edblicas. Pero por lo que se refiere a la \u00e9poca de Vicente, hac\u00eda m\u00e1s de 30 a\u00f1os que \u00e9l pod\u00eda descubrir las incertidumbres, las dudas que dejaban en las mentes las sutilezas y la fraseolog\u00eda pendenciera y difusa. Fue mucho lo que pudo ver desde 1610. Recordaba al doctor tentado contra la fe (Conf. p. 896-898; cf. Abelly, <em>La vida del venerable siervo de Dios&#8230;); <\/em>\u00e9l mismo se hab\u00eda visto, durante 3 \u00f3 4 a\u00f1os, presa de dudas espantosas (Cf. Abelly, <em>La <\/em><em>vida&#8230;, Par\u00eds, <\/em>1664, t. III, p. 116-19); hab\u00eda tratado de cerca a los Iluminados de Picard\u00eda y a profetas vagabundos, como el tal Labadie, primero jesuita despu\u00e9s vicario general de Amiens, luego protestante, finalmente fundado&#8217; de sectas (Juan <em>Labadie, <\/em>Bourg-en-Guyenne, 13 febrero 1610-1669; Middelbourg). Algunos sacerdotes de la Misi\u00f3n fueron v\u00edctimas de la propia imaginaci\u00f3n, errando por el camino de las dudas acerca de los misterios fundamentales (cf. S. V., I II, 78, sobre las dudas de F. Du Coudray, ib. I I I, 96). Otros se hunden en las arenas movedizas de las sutilezas acerca de la gra\u00adcia victoriosa y vengadora (cf. S. V. XIII, 167, y Abelly, La vida&#8230; II, 438). Al tener que moverse en semejante clima, no era dif\u00edcil olvidar lo esencial: la Encarnaci\u00f3n, la Creaci\u00f3n, la Redenci\u00f3n dolorosa, la inhabitaci\u00f3n de la Trinidad en el alma.<\/p>\n<p>Con Robert Mandrou, podemos creer que en esos comienzos del siglo XVII nos encontrarnos ante dos teolog\u00edas: una rural, muy recargada, drogada podr\u00eda decirse, de creencias y supersticiones; otra urbana, filos\u00f3\u00adfica, vaticinadora y apaciblemente bizantina (Par\u00eds, Plon, 1968).<\/p>\n<p><em>\u00bfQu\u00e9 remedio hallar para ese mal sutil e invasor? <\/em>Vicente de Pa\u00fal nos arma contra esa guerra sorda y permanente, secretamente promovida por el esp\u00edritu maligno, y nos propone para ello tres reglas psicol\u00f3gicas y peda\u00adg\u00f3gicas.<\/p>\n<ol>\n<li><em>Huir de las novedades. <\/em>Siempre temi\u00f3 verse arrastrado, sin darse cuenta, por alguna herej\u00eda (Conf. edic. 1960, p. 902; Abelly, La vida&#8230; II, 409).<\/li>\n<li><em>Atenerse a una ense\u00f1anza institucionalmente garantizada: <\/em>la de los concilios, la de los te\u00f3logos seguros, de magisterio reconocido: Du\u00adval, Binsfeld, Becan&#8230;<\/li>\n<li><em>Servirse de los propios autores, <\/em>invariablemente, y desconfiar de las glosas o apuntes individuales; que pueden parecer amenos, pero que con frecuencia enga\u00f1an.<\/li>\n<\/ol>\n<h2 align=\"center\"><strong>II.- Caracter\u00edsticas generales y maestros seguidos<\/strong><\/h2>\n<p>Para poner en marcha la estrategia que hemos visto en el art\u00edculo anterior <em>(Ecos, <\/em>enero, p. 8), para mantenerla en evoluci\u00f3n din\u00e1mica, nos damos cuenta de que San Vicente, ya con el fin de justificar su metodolog\u00eda, ya con el de ajustarla continuamente, se refiere de manera habitual a <em>cuatro maestros:<\/em><\/p>\n<ul>\n<li>Jacques Gastaud,<\/li>\n<li>Adrien Bourdoise,<\/li>\n<li>C\u00e9sar de Bus y los Doctrinarios,<\/li>\n<li>San Francisco de Sales.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Con la mirada puesta en estos cuatro maestros, San Vicente ve, estima, ad\u00admira, imita y ama al que es Maestro de la Misi\u00f3n: <em>Cristo Jes\u00fas <\/em>(Cr. 21 feb. 1659, Conf.).<\/p>\n<h3><strong>1. Jacques Gastaud<\/strong><\/h3>\n<p>Bien pudi\u00e9ramos haberlo ignorado, pues San Vicente nunca lo designa por su nombre. De \u00e9l sin embargo ha recibido su primera orientaci\u00f3n catequ\u00e9ti\u00adca. Este buen maestro, nacido en Niort, Doctor en Teolog\u00eda, trabaj\u00f3 en la re- cristianizaci\u00f3n de las cinco parroquias de La Rochelle que le fueron encomen\u00addadas. Entra despu\u00e9s en el Oratorio del P. B\u00e9rulle; funda la casa de Toulouse <em>y <\/em>muere en Niort, el 6 de julio de 1628.<\/p>\n<p>Es probable que San Vicente lo encontrara en su toma de posesi\u00f3n de la abad\u00eda de San Leonardo de Chaume (12-28 octubre 1610) y que lleg\u00f3 hasta pedirle un pr\u00e9stamo de 350 libras (Cr. S. V., XIII, 19).<\/p>\n<p>Lo que de este sacerdote nos dice San Vicente, en la conferencia del 25 de mayo de 1659 (Conf. ed. 1960, p. 674) no precisa comentarios.<\/p>\n<p><em>\u00abConoc\u00ed un buen p\u00e1rroco cerca de La Rochelle. Como \u00e9ste oyera que en <\/em><em>Toulouse los Padres de la Doctrina Cristiana predicaban con sencillez para <\/em><em>que se les comprendiera bien, concibi\u00f3 un gran deseo de o\u00edrlos. Hasta enton\u00ad<\/em><em>ces, en efecto, s\u00f3lo hab\u00eda o\u00eddo sermones fastuosos y le daba pena ver que <\/em><em>aquello era in\u00fatil para el pueblo. Pidi\u00f3 a su prelado permiso para u a co\u00ad<\/em><em>nocer aquella novedad tan conforme con los usos de los operarios de la Igle\u00adsia primitiva. Las gentes, dec\u00eda este p\u00e1rroco, no entienden lo que se les pre\u00ad<\/em><em>dica. No pueden captar los puntos de doctrina, los pensamientos sutiles, las <\/em><em>flores de ret\u00f3rica que abundan en los sermones. Lo que s\u00ed est\u00e1 a su alcance <\/em><em>es alg\u00fan ejemplo bueno, una moralidad clara, bien explicada y adaptada a su <\/em><em>entender&#8230; Este buen hombre ve\u00eda los abusos e intentaba remediarlos. Yo lo <\/em><em>conoc\u00ed, y el Sr. Portail tambi\u00e9n y puede recordar lo que les digo. Muri\u00f3 como un santo. Una vez obtenido el permiso del obispo, sali\u00f3 de su parroquia y fue <\/em><em>a conocer a aquellos hombres apost\u00f3licos que predicaban con tanta sencillez: <\/em><em>los m\u00e1s incultos pod\u00edan comprenderles y recordar sus instrucciones. As\u00ed es <\/em><em>como ha de proceder la Misi\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<h3><strong>2. Adrien Bourdoise<\/strong><\/h3>\n<p>El segundo maestro en catequesis de San Vicente es Adrien Bourdoise (1584-1655). Lo caracter\u00edstico en Bourdoise no es solamente su aspecto mal\u00adhumorado y bonach\u00f3n: es su adem\u00e1n popular, su afectaci\u00f3n no disimulada, su exterior tosco y desgre\u00f1ado, y a la vez una ternura que trata cuidadosa\u00admente de camuflar. Este hombre del pueblo, no a la moda de Mauricio Thorez, nos parece m\u00e1s cercano, entre nuestros contempor\u00e1neos, del abate Pierre que del genio organizador y prestigioso que fue Mons. Rodhain, quien despu\u00e9s de 30 a\u00f1os sigue estando presente en mi esp\u00edritu, como un amigo fiel, en la invisible y transparente luz de Dios. Bourdoise, como Mateo Feydeau, p\u00e1\u00adrroco de San Merri, multiplicaba las catequesis para ni\u00f1os y adultos. En su parroquia y alrededores (San Nicol\u00e1s del Chardonnet) difund\u00eda fasc\u00edculos o folletos con profusi\u00f3n. Tales libritos, de 30 a 40 p\u00e1ginas, tama\u00f1o reducido, atra\u00edan m\u00e1s y ten\u00edan m\u00e1s \u00e9xito que todas las hojas publicadas oficialmente por la prensa. <em>Tambi\u00e9n el Sr. Vicente habr\u00e1 de utilizar el procedimiento de hojitas o folletos, llegando a distribuirlos por millones <\/em>(Cf. Abelly, La Vida&#8230;, T. II, 257, y S. V., III, 4).<\/p>\n<p>En aquella \u00e9poca, la prensa oficial, <em>El Mercurio <\/em>o <em>La Gaceta, <\/em>hablaban p\u00fa\u00adblicamente de lo que no interesaba al pueblo, de lo que ocurr\u00eda fuera de las fronteras. Lo que interesa a la gente sencilla \u2014entre la que pueden encon\u00adtrarse tambi\u00e9n grandes personajes como Richelieu, Luis XIII, el Canciller Seguier y Mazarino\u2014 era la vida cotidiana de Par\u00eds, los sucesos, la historia inmediata, tan movediza como los gatos y los ratones.<\/p>\n<p>Los autores de las \u00abMazarinadas\u00bb, al igual que hombres de la dimensi\u00f3n de Pascal, Bourdoise, Vicente de Pa\u00fal, lo saben, y el P\u00e1rroco de San Nicol\u00e1s de Chardonnet sigue multiplicando los folletos instructivos, los \u00abReglamen\u00adtos\u00bb, las \u00abm\u00e1ximas cristianas y eclesi\u00e1sticas\u00bb (8 ediciones en 8 a\u00f1os), el \u00abRe\u00adglamento y contenido de la catequesis\u00bb.<\/p>\n<p>Not\u00e9moslo: Vicente de Pa\u00fal no es s\u00f3lo vecino de Bourdoise (la casa de \u00abBons Enfants\u00bb est\u00e1 a 150 metros de la Parroquia de San Nicol\u00e1s), sino que comparte sus mismas preocupaciones, emplea sus mismos m\u00e9todos <em>y <\/em>se pro\u00adpone el mismo objetivo: <em>instruir a los pobres <\/em>y educar al clero.<\/p>\n<h3><strong>3. C\u00e9sar de Bus y los Doctrinarios<\/strong><\/h3>\n<p>Hemos descubierto marginalmente la existencia de otro grupo edificante y comprometido en la educaci\u00f3n de la fe: los doctrinarios fundados por C\u00e9sar de Bus. Vicente de Pa\u00fal pudo muy bien cruzarse en Avignon con aquel hombre que inauguraba por entonces, con la fundaci\u00f3n de una nueva congrega\u00adci\u00f3n, una empresa catequ\u00edstica de primera importancia. El Catecismo con preguntas y respuestas constitu\u00eda el arma fundamental en el arsenal apos\u00adt\u00f3lico destinado a la reconquista de la fe. Es lo que ha demostrado con todo rigor la obra evocadora y monumental de Juan de Viguerie.<\/p>\n<p>Hablando de estos doctrinarios, concretamente de los de Toulouse, San Vicente no duda en proponerlos como los perfectos modelos que deben imi\u00adtar los Sacerdotes de la Misi\u00f3n (Conf. ed. 1960, p. 674).<\/p>\n<h3><strong>4. Francisco de Sales<\/strong> (1585-1622)<\/h3>\n<p>\u00a1C\u00f3mo no reconocerlo cual un invisible siempre presente! Francisco de Sales es maestro y sobre todo inspirador de una actitud espiritual que caracteri\u00adzar\u00e1 toda la empresa vicenciana. Ya por su ense\u00f1anza sobre la predicaci\u00f3n, ya por su estilo impregnado de suavidad, ya por los resultados alcanzados, ya por la tradici\u00f3n de las \u00abSalesas\u00bb, Francisco de Sales ser\u00e1, durante m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os, el \u00abBienaventurado Padre\u00bb que Vicente encontrar\u00e1 siempre asentado en la memoria de su coraz\u00f3n, esa memoria que confiere ayuda y aliento para vivir.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>III.\u2014 La metodolog\u00eda<\/strong><\/h2>\n<p>Resultar\u00eda oportuno, parecer\u00eda indicado, hablar aqu\u00ed del \u00abpeque\u00f1o m\u00e9to\u00addo\u00bb. Lo malo es que este \u00abpeque\u00f1o m\u00e9todo\u00bb es extremadamente amplio en sus aplicaciones y complicado en sus articulaciones.<\/p>\n<p>Instruir en las verdades de la fe, no es tarea f\u00e1cil: es trabajo de \u00e1ngeles y requiere m\u00e1s suavidad que la que tenemos los hombres. Bien lo sab\u00eda el Sr. Vicente. As\u00ed, tuvo que hab\u00e9rselas con la obstinaci\u00f3n de sus interlocutores, por ejemplo en Marchais, en 1621 (cf. Abelly, I, 55-57), donde se encontr\u00f3 con unas aldeanas empe\u00f1adas en declarar que hab\u00eda tres dioses, y que tiraban a Vicente del roquete para que no continuara dando explicaciones en sentido contrario (Cf. Conf., 22 de agosto de 1659, pp. 725-26).<\/p>\n<p>Si no queremos contentarnos con palabras sino observar meticulosamente el m\u00e9todo vicenciano, tenemos que distinguir en nuestro an\u00e1lisis:<\/p>\n<ol>\n<li><em>La formaci\u00f3n del catequista. <\/em><\/li>\n<li><em>La actividad del catequista. <\/em><\/li>\n<\/ol>\n<h3><strong>1.- La formaci\u00f3n del catequista<\/strong><\/h3>\n<p>Como es preciso saber lo que se ha de ense\u00f1ar, Vicente de Pa\u00fal empie\u00adza por aconsejar \u2014como \u00e9l mismo hace\u2014 referirse a autores y obras de reconocidas val\u00eda: al catecismo del Concilio de Trento, al de San Pedro Ca\u00adnisio, a Binsfeld y Becan y, para los m\u00e1s estudiosos, a las obras de Santo Tom\u00e1s, de Pedro Lombardo, de San Bernardo y algunos Santos Padres entre los cuales destacan San Agust\u00edn <em>y <\/em>San Juan Cris\u00f3stomo.<\/p>\n<p>Lo importante es que el alimento se asimile, como los p\u00e1jaros alimen\u00adtan a sus cr\u00edas tomando primero la comida en sus picos. No hay que dar excesivo alimento porque el esp\u00edritu es lento (Cf. Conf. pp. 91-93), y el pro\u00adceder correcto debe inspirarse en la conducta de los \u00e1ngeles (Cf. E. S., VII, 621; I, 361; III, 361; VIII, 197).<\/p>\n<p>La distribuci\u00f3n de lo \u00fatil, la asimilaci\u00f3n de lo recibido, no dependen de la intuici\u00f3n o de la habilidad humanas sino de la gracia de Dios. Las verda\u00addes de la fe no pueden suministrarse corno una mercanc\u00eda de ultramarinos, ni se pueden empachar las mentes con nociones no asimilables, como un ga\u00adnadero ceba al ganado. La doctrina debe comunicarse con la intencionalidad de la fe, en docilidad y fidelidad al designio de Dios y a la gracia divina. S\u00f3lo de esta manera puede presentarse la doctrina, porque en definitiva es Dios quien la presenta e ilumina interiormente.<\/p>\n<h3><strong>2. Actividad del catequista<\/strong><\/h3>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 consiste la acci\u00f3n del catequista? \u00bfQu\u00e9 plan ha de seguir en su acci\u00f3n?<\/p>\n<p>Basta con fijarse en la forma como el Sr. Vicente ense\u00f1a el catecismo para percatarse de que su actividad, si no totalmente por lo menos en parte, se caracteriza de manera muy clara por <em>cuatro consignas.<\/em><\/p>\n<p><em>1.\u00b0 La antropolog\u00eda cristiana<\/em><\/p>\n<p>A lo largo de su exposici\u00f3n doctrinal, San Vicente conserva siempre una visi\u00f3n b\u00edblica del ser humano: es un recipiente que puede vaciarse y llenarse (cf. Hec. IX, 15; Tes. IV, 4; II Cor. IV, 7; II, Tim. II, 20).<\/p>\n<p>Se apoya en las indicaciones que le ofrece el Antiguo Testamento (Sal. XXX, 13; Sab. XV, 7; Ec. XXI, 17). Durante toda su vida perma\u00adnece fiel a esta visi\u00f3n del cuerpo humano al que San Bernardo califi\u00adcaba tan duramente como \u00absemilla <em>de <\/em>podredumbre, recept\u00e1culo de basura, comida de gusanos\u00bb (Cf. S. V., XIII, 36).<\/p>\n<p>2.\u00b0 <em>Buscar lo que Dios deposit\u00f3 en ese ser humano<\/em><\/p>\n<p>Al Sr. Nacquart que se dispon\u00eda a marchar a Madagascar, Vicente de Pa\u00fal escribe: \u00abHay que empezar&#8230; intentando hacerles reconocer las huellas que Dios ha dejado en ellos, esas huellas que la naturaleza co\u00adrrompida, por tanto tiempo habituada al mal, ha ido borrando\u00bb (S. V. III, 281, 22-3-1648).<\/p>\n<p>3.\u00b0 <em>Utilizar im\u00e1genes sencillas como hac\u00eda Nuestro Se\u00f1or.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDense a Dios para eso, para poder hablar con el esp\u00edritu de humil\u00ad<\/em><em>dad de Jesucristo, reconociendo que la doctrina que exponen no es de <\/em><em>ustedes, ni nacida de su inteligencia, sino del Evangelio. Imiten sobre <\/em><em>todo la sencillez de las palabras y comparaciones que Nuestro Se\u00f1or <\/em><em>usaba cuando hablaba al pueblo, como nos lo ense\u00f1a la Sagrada Escri\u00ad<\/em><em>tura. \u00a1Cu\u00e1ntas maravillas pudo haberles ense\u00f1ado! \u00a1Cu\u00e1ntos secretos <\/em><em>pudo haberles revelado sobre la divinidad y sus admirables perfeccio\u00adne, El, que era la sabidur\u00eda eterna del Padre! Y sin embargo ya ven de <\/em><em>qu\u00e9 manera tan inteligible habla, de qu\u00e9 comparaciones tan familiares <\/em><em>se sirve: un labrador, un vi\u00f1ador (Mt. XIII, <\/em>XXXI, 10), <em>mi campo, una <\/em><em>vid (Mt. <\/em>XIII, 31-38; Lc. XII, 16-28; Jn. XV, 1-5), <em>un grano de mostaza <\/em><em>(Mt. <\/em>XIII, 21). <em>As\u00ed tienen ustedes que hablar si quieren que el pueblo entienda, ese pueblo a quien anuncian la Palabra de Dios\u00bb <\/em>(Conf. 1656, p. 311).<\/p>\n<p>Y en la pr\u00e1ctica, vemos c\u00f3mo <em>el <\/em>Sr. Vicente utiliza por igual las observaciones y las im\u00e1genes tomadas del mundo mineral, vegetal, ani\u00admal y humano. Llega hasta servirse, para facilitar la meditaci\u00f3n y dis\u00adciplinar la imaginaci\u00f3n, de las creaciones de los profesionales de la ima\u00adginer\u00eda (Cf. S. V. Conf. 20-8-1655, p. 222).<\/p>\n<p>4.\u00b0 <em>El estilo y modo de actuar divino: la suavidad<\/em><\/p>\n<p>La actividad catequ\u00e9tica oculta un misterio, encierra un singular secreto. El catequista sabe muy bien, si sigue siendo cristiano, que no le es posible \u00abcomunicar la fe\u00bb, lograr que se crea en Dios, que se preste asentimiento al Dios viviente de la Revelaci\u00f3n. El catequista es un mero servidor. Como tal, su oficio y su tarea son de suyo penosos e ingratos, de evidente oscuridad. Lo \u00fanico que puede pretender es llegar a preparar lo \u00edntimo de las almas, disponer en ellas un espacio para dar hospitalidad, acogida, a la Trinidad Santa que mora en el cristiano.<\/p>\n<p>Al tomar conciencia de ese trabajo, sin gloria y sin brillo, \u00bfc\u00f3mo no ha de sentir el catequista una primera actitud de rechazo, de hast\u00edo, hasta de negaci\u00f3n? En efecto, su tarea empieza por su propia persona. Debe ajustarse al proceder de Dios tal corno lo revelan las Sagradas Escrituras. S\u00f3lo pagando el precio de esa imitaci\u00f3n evocadora pero de escasa brillantez, evocaci\u00f3n a la que, por lo dem\u00e1s, se siente secretamente invitado, impelido y para la que recibe ayuda, es corno podr\u00e1 contribuir discretamente a ese trabajo de pre\u00adparaci\u00f3n de sus oyentes.<\/p>\n<p>Sabe, porque la Escritura se lo ha revelado, cu\u00e1l es la constancia, la infi\u00adnita paciencia pedag\u00f3gica de Dios, sabe que su Maestro act\u00faa y actuar\u00e1 siem\u00adpre invariablemente. Avanza, seg\u00fan la expresi\u00f3n de San Gregorio Nacianceno, de comienzos en comienzos, por medio de comienzos que no tienen fin. Rea\u00adlizada dentro del sector m\u00e1s impenetrable; esa actividad \u00abrecreadora\u00bb, que se modela a imagen del Hijo de Dios, se prosigue en un clima de paz y de sua\u00advidad que los te\u00f3logos, siguiendo a San Pablo, han llamado clima de los \u00abfru\u00adtos del Esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p>Entonces, humildemente, d\u00f3cilmente, con escrupulosidad que puede lle\u00adgar hasta el martirio interior, sabe que empezando por preparar en s\u00ed mismo la morada y el reino del Esp\u00edritu de Dios, condiciona sobrenaturalmente a aqu\u00e9llos a quienes se dirige, permite \u2014y ah\u00ed radica toda su ambici\u00f3n\u2014 al que en \u00e9l y a trav\u00e9s de \u00e9l lo puede todo, le permite realizar lo imposible: la divinizaci\u00f3n de un ser. Esta divina verdad del alcance de su acci\u00f3n no puede comprarse sino al precio de una doloroso y desgarradora humildad.<\/p>\n<p><em>\u00abNuestro Se\u00f1or Jesucristo, <\/em>declara el Se\u00f1or Vicente, <em>es la suavidad eterna <\/em><em>de los hombres y de los \u00e1ngeles, y por esa misma virtud hemos de caminar <\/em><em>hacia \u00c9l, conduciendo a los dem\u00e1s\u00bb <\/em>(S. V. IV, 63; Abelly, II, 183).<\/p>\n<p>De este modo, durante su vida mortal, San Vicente de Pa\u00fal revelaba el secreto y el fondo sobrenatural de su catequesis. Inspir\u00e1ndome en G. Ber\u00adnanos y en su \u00abDi\u00e1logo de Carmelitas\u00bb, quisiera yo a\u00f1adir a aquella de\u00adclaraci\u00f3n: <em>\u00abNo hay m\u00e1s que ten amanecer, Se\u00f1or Caballero, y es el de <\/em><em>be <\/em><em>Resurrecci<\/em><em>\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>&#8230;No hay m\u00e1s que una catequesis, y es la que tiene por autor y por fin <em>a <\/em>Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Es lo que San Vicente revelaba a los que amaba y le amaban. Ahora que vive en Cristo glorioso, podemos estar seguros de que ayer, como hoy y sobre todo ma\u00f1ana, no dejar\u00e1 de repet\u00edrnoslo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n \u00abHay personas, dec\u00eda Vicente de Pa\u00fal, el 28 de marzo de 1659, (Conf. ed. 1960, p. 606) que de una forma risue\u00f1a y agradable contentan a todo el mundo, porque Dios les ha otorgado &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-catequesis-segun-vicente-de-paul\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":399820,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[28],"tags":[186,218,163,126,124,127,143,188],"class_list":["post-49603","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-formacion-vicenciana","tag-abadia-de-san-leonardo","tag-abelly","tag-bons-enfants","tag-dehorgny","tag-du-coudray","tag-portail","tag-san-lazaro","tag-san-leonardo"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>La catequesis seg\u00fan Vicente de Pa\u00fal - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-catequesis-segun-vicente-de-paul\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"La catequesis seg\u00fan Vicente de Pa\u00fal - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Introducci\u00f3n \u00abHay personas, dec\u00eda Vicente de Pa\u00fal, el 28 de marzo de 1659, (Conf. ed. 1960, p. 606) que de una forma risue\u00f1a y agradable contentan a todo el mundo, porque Dios les ha otorgado ... 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