{"id":49552,"date":"2019-12-31T08:25:01","date_gmt":"2019-12-31T07:25:01","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=49552"},"modified":"2019-09-09T11:01:48","modified_gmt":"2019-09-09T09:01:48","slug":"la-estima-mutua-en-comunidad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-estima-mutua-en-comunidad\/","title":{"rendered":"La estima mutua en comunidad"},"content":{"rendered":"<p>Al tratar de la vida comunitaria, el Concilio ha llamado la atenci\u00f3n sobre una condici\u00f3n importante para el desenvolvimiento de \u00e9sta. En el Decreto <em>Perfectae Caritatis <\/em>(n. 15), el \u00fanico aspecto particular de la caridad fraterna que se se\u00f1ala es el de la <em>estima mutua. <\/em>\u00abLos religiosos, corno miembros de Cristo, han de adelantarse unos a otros en el trato fraterno con muestras de deferencia (cf. Rom. 12, 10), llevando unos las cargas de los dem\u00e1s (cf. Gal. 6, 2).\u00bb<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n <em>\u00abadelantarse unos a otros&#8230; con muestras de deferencia\u00bb <\/em>es una traducci\u00f3n solamente aproximada del texto de la ep\u00edstola a los Ro\u00admanos; podemos ver que la Biblia de Jerusal\u00e9n no recoge esa expresi\u00f3n sino en una nota y prefiere acudir, en el texto, a una par\u00e1frasis: <em>\u00abestimando en <\/em><em>m\u00e1s cada uno a los dem\u00e1s\u00bb. <\/em>San Pablo exhorta a los cristianos a que \u00abse estimen mutuamente, poniendo cada uno a los dem\u00e1s por delante de s\u00ed&#8230;\u00bb. As\u00ed es que no se trata s\u00f3lo de deferencia, sino de estima. Las deferencias son gestos exteriores, mientras que la estima es una disposici\u00f3n interior. No se trata tampoco s\u00f3lo de adelantarse, sino de la actitud que consiste en mirar a los dem\u00e1s como mejores que uno mismo.<\/p>\n<p>La cita de la ep\u00edstola a los G\u00e1latas tiende a favorecer una actitud que supera las reivindicaciones y las rivalidades del amor propio. Cuando al\u00adguien ha sido sorprendido en falta, no es cuesti\u00f3n de acusarle ni de despre\u00adciarle, sino de llevar su carga con \u00e9l, siendo consciente de que uno mismo podr\u00eda verse sometido a la misma tentaci\u00f3n. Llevar las cargas unos de otros es un corolario de la estima mutua, en el contexto de los defectos que parecen duros de tolerar. El Concilio nos ofrece tambi\u00e9n otras considera\u00adciones sobre la caridad fraterna, en el n\u00famero 15 de <em>Perfectae Caritatis, <\/em>pero son consideraciones de orden m\u00e1s general. Si no menciona m\u00e1s que una aplicaci\u00f3n concreta de la caridad fraterna, raz\u00f3n de m\u00e1s para que se la tenga en cuenta cuidadosamente: Parece como si el Esp\u00edritu Santo hubie\u00adra querido llamar nuestra atenci\u00f3n sobre esa &#8216;aplicaci\u00f3n y promocionar de manera particular las relaciones mutuas de estima: La experiencia de la vida comunitaria nos revela de sobra la<sup>.<\/sup>dificultad de mantener esta estima. Frente a un ideal que consiste en poner a los dem\u00e1s por encima de nosotros mismos, a causa de la estima que se les tiene, \u00bfpuede ignorarse la tenta\u00adci\u00f3n que nos induce a hacer juicios sobre los dem\u00e1s, coloc\u00e1ndonos por encima de ellos? No se puede negar que el gran escollo en ciertas\u00a0 comunidades es la opini\u00f3n demasiado desfavorable que cada uno tiene de su hermano; a veces, la cr\u00edtica mutua amenaza con acabar con la mutua estima. Indudablemente, <em>ser\u00e1n necesarios muchos esfuerzos para llegar a la pr\u00e1c\u00adtica en la que, sinceramente, se considere a los dem\u00e1s superiores a uno <\/em><em>mismo.<\/em><\/p>\n<p>Merece, pues, la pena profundizar en el sentido de esta pr\u00e1ctica y es\u00adclarecer m\u00e1s el papel que ha de desempe\u00f1ar la estima en la caridad fra\u00adterna. Para mejor afrontar o superar los obst\u00e1culos con que se tropieza, conviene que se explore su fundamento y se defina con m\u00e1s exactitud su alcance.<\/p>\n<h2><strong>Caridad y estima<\/strong><\/h2>\n<p><em>Lo que constituye la excelencia de la estima es que es la caridad del <\/em><em>esp\u00edritu. <\/em>Es el don de un pensamiento ben\u00e9volo, favorable, y cuando ese don se propone ser sincero, compromete profundamente a la persona. Otros aspectos de la caridad pueden aparecer m\u00e1s importantes porque son m\u00e1s eficaces o m\u00e1s demostrativos: por ejemplo, la servicialidad, la buena aco\u00adgida, la abnegaci\u00f3n ante las necesidades de los dem\u00e1s. Pero en realidad, no pueden adquirir su pleno valor si no van acompa\u00f1ados por la estima. Prestar un servicio a alguien, es demostrar con un gesto el amor que se le tiene; pero servir sin estima es negar a esa persona el don m\u00e1s profundo y tornar el servicio en algo puramente exterior. Acoger con bondad y dis\u00adponibilidad es igualmente un rasgo esencial del amor, pero cuando falta la estima no se acoge al otro en su persona puesto que no se le mira como merecedor de la acogida que se le ofrece. La abnegaci\u00f3n puede mejorar la suerte de los otros, puede implicar muchos esfuerzos de actividad; pero si van desprovistos de estima, no llevan consigo la generosidad m\u00e1s fun\u00addamental. Hay incluso abnegaciones que se acompa\u00f1an de desprecio hacia la persona por la que uno se sacrifica. Cierto, no es cuesti\u00f3n de hablar de\u00admasiado aprisa de enga\u00f1o o hipocres\u00eda; pero s\u00ed se debe reconocer que detr\u00e1s de una fachada de amor, los que se sacrifican contradicen de cierta ma\u00adnera su actitud exterior, poni\u00e9ndose por encima del otro y juzg\u00e1ndole con severidad.<\/p>\n<p>La misma contradicci\u00f3n se halla en los que manifiestan deferencias que no corresponden a una verdadera estima y se deben \u00fanicamente a un h\u00e1bito de cortes\u00eda, a reglas de urbanidad o a la intenci\u00f3n de granjearse la bene\u00advolencia o el favor del otro. Es manifiesto que en esas condiciones se adju\u00addica uno lo que deber\u00eda dar o lo que parece se quiere dar.<\/p>\n<p><em>La Caridad exige un don completo de la persona a los dem\u00e1s y no es, <\/em><em>por lo tanto, compatible con reservas en el terreno del pensamiento. <\/em>El don del propio esp\u00edritu no puede suplirse con ning\u00fan otro don y no hay nada que pueda justificar la ausencia de un pensamiento ben\u00e9volo o favorable. Tampoco puede satisfacerse la caridad con sentimientos de afecto o simpat\u00eda puestos como pretexto para dispensarse de la estima y para tener derecho a formular apreciaciones severas. <em>Adem\u00e1s, no basta, para que exista la es\u00ad<\/em><em>tima, abstenerse de hablar mal del pr\u00f3jimo. Ni siquiera basta abstenerse de pensar mal de \u00e9l. Hace falta, tambi\u00e9n, pensar bien, pensarlo realmente mediante un juicio firme y convencido.<\/em><\/p>\n<p><em>Creemos, pues, que en ese don de un pensamiento favorable o ben\u00e9volo <\/em><em>va implicado todo un trabajo interior; <\/em>se trata de descubrir en el otro todo lo que motiva la estima, porque para ser sinceros, \u00e9sta debe responder a una verdad, No se trata de \u00abpensar bien\u00bb artificialmente de los dem\u00e1s cerrando los ojos o ceg\u00e1ndonos voluntariamente. <em>No se puede, en aras de <\/em><em>una buena intenci\u00f3n ni mentir a los dem\u00e1s ni mentirse a uno mismo. <\/em>La estima requiere que se reconozca en el otro un valor real, que se sepa dis\u00adcernir en los dem\u00e1s la verdad de su persona de su comportamiento, verdad que impone no s\u00f3lo el respeto sino una apreciaci\u00f3n favorable, elogiosa.<\/p>\n<p>Ante esta exigencia, quiz\u00e1 se sentir\u00eda uno tentado a decir: \u00ab\u00a1imposible!\u00bb, o por lo menos a exponer la impotencia de modificar unos juicios que han recogido evidencias y no pueden negarse. Antes de enfocar concretamente esta dificultad, tenemos que fijar la mirada en la actitud de Cristo que nos indica el camino y abre la posibilidad de estimar al pr\u00f3jimo. El precepto de la Caridad enunciado por Jes\u00fas: <em>\u00abAmaos los unos a los otros como yo <\/em><em>os he amado\u00bb <\/em>(Jn. 13, 14; 15, 12), nos invita, en efecto, a buscar ante todo la referencia al ejemplo primordial de Cristo. Este ejemplo es lo que cons\u00adtituye la regla, el principio del amor mutuo, precisa que escrutemos los textos evang\u00e9licos para desprender, aunque sea r\u00e1pidamente, lo que fue la estima que el Salvador manifest\u00f3 a los hombres.<\/p>\n<h2>Estima de Cristo por los hombres<\/h2>\n<p>Para explicar y hacer comprender su negativa de condenar a los pe\u00adcadores, Jes\u00fas hace referencia a la misi\u00f3n que ha recibido del Padre: <em>\u00abDios <\/em><em>no ha enviado a su Hijo al mundo para que juzgue al inundo, sino para que <\/em><em>el mundo sea salvo por \u00e9l\u00bb <\/em>(Jn. 3, 17). Esta naturaleza de la misi\u00f3n del Hijo es la resultante del amor del Padre al mundo: <em>\u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo, <\/em><em>que le dio su unig\u00e9nito Hijo, para que todo el que crea en El no perezca, <\/em><em>sino que tenga la vida eterna\u00bb <\/em>(Ja. 3, 16). A pesar de afirmar la culpabilidad del mundo, hay ah\u00ed una indicaci\u00f3n de la estima de Dios hacia la humanidad: el Padre ha juzgado a los hombres dignos de ser salvados al precio de enviar a su Hijo \u00fanico. Aun cuando los mira como a pecadores, los ha juzgado ca\u00adpaces de llegar por la gracia a la Fe en Cristo y a la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se comprende mejor as\u00ed <em>la importancia soberana de la estima del pr\u00f3\u00ad<\/em><em>jimo, ya que tiene su origen en la estima divina del Padre implicada en el <\/em>amor que est\u00e1 en la base de toda la obra de la Salvaci\u00f3n. Por lo tanto, frente a todas las condenas que los hombres se apresuran a dictar contra sus hermanos por su pensamiento sin indulgencia, se alza la negativa por parte del Padre a condenar, unida al gesto de amor y de estima que supone enviar al Hijo para salvar a la humanidad. Aqu\u00ed tenernos ya una respuesta decisiva a todas las objeciones que puedan sugerir las exigencias de la verdad, la cual a nuestro juicio, reclamar\u00eda una actitud de firme reprobaci\u00f3n, un cri\u00adterio personal de condena a todos los que vemos cometer el mal. El Padre, que ve toda la verdad de la conducta humana, nos advierte que la negativa de la condenaci\u00f3n y la estima est\u00e1n m\u00e1s de acuerdo con la verdad que el juicio severo.<\/p>\n<p>La intenci\u00f3n fundamental del Padre es una explicaci\u00f3n a la nota carac\u00adter\u00edstica m\u00e1s sobresaliente de la actitud p\u00fablica de Jes\u00fas: la benevolencia manifestada a los pecadores. Mientras que a los ojos de los fariseos los pe\u00adcadores constitu\u00edan una categor\u00eda aparte con la que hab\u00eda que evitar todo contacto por temor a ser contaminados, Jes\u00fas no teme el trato con ellos, hasta el punto de hacerse tachar por los adversarios de \u00abamigo de publi\u00adcanos y pecadores\u00bb (Mt. 11, 19; Lc. 7, 34). Su reacci\u00f3n contra el desprecio y la reprobaci\u00f3n de que eran objeto los publicanos se afirma de modo par\u00adticular en sus relaciones con <em>Zaqueo. <\/em>Jes\u00fas no vacila en interpelar p\u00fablicamente al jefe de los publicanos y en anunciarle su intenci\u00f3n de ir a su casa. &#8216;tenemos en este detalle un testimonio no s\u00f3lo de simpat\u00eda sino de estima: es un honor que Jes\u00fas dispensa al que oficialmente se consideraba como un pecador. La iniciativa de Jes\u00fas provoca murmuraciones entre la multitud lo que contribuye a mostrar la oposici\u00f3n de Jes\u00fas a todo juicio popular de condena. Adem\u00e1s, la estima demostrada a Zaqueo recibe la confirmaci\u00f3n de su por qu\u00e9 con la profunda conversi\u00f3n del publicano y con las generosas resoluciones que comunica a Jes\u00fas (Lc. 19, 1-10).<\/p>\n<p>Una reacci\u00f3n an\u00e1loga de estima es la que adopta ante la <em>prostituta arre\u00ad<\/em><em>pentida. <\/em>Hablando consigo mismo, Sim\u00f3n el fariseo hab\u00eda condenado a la mujer y su acci\u00f3n: \u00abSi \u00e9ste fuera profeta, conocer\u00eda qui\u00e9n y cu\u00e1l es la mujer que le toca, porque es una pecadora\u00bb (Lc. 7, 39). Jes\u00fas responde al pensamiento de Sim\u00f3n haciendo el elogio de la mujer, cuyo comportamiento compara ventajosamente con el del fariseo y le demuestra que no debe mirar ya en ella un pasado culpable sino una pureza reencontrada por el perd\u00f3n. Justifica as\u00ed la estima que merece la que equivocadamente estaba catalogada sin vuelta de hoja entre las pecadoras.<\/p>\n<p>No menos significativa es la protecci\u00f3n que concede a la <em>mujer ad\u00faltera. <\/em>Indica c\u00f3mo reacciona Jes\u00fas ante la presentaci\u00f3n de un caso de flagrante delito. Es un caso en que la condenaci\u00f3n parece imponerse con evidencia. Ahora bien, Jes\u00fas rechaza las pretensiones de todos los que la reclamaban; y pone, por otra parte, una condici\u00f3n que excluye todo derecho a condenar: <em>\u00abEl que de vosotros est\u00e9 sin pecado, arr\u00f3jele la piedra el primero\u00bb <\/em>(Jn. 8, 7). Tal declaraci\u00f3n proh\u00edbe definitivamente toda actitud de condena. El mismo, el \u00fanico que por estar sin pecado tendr\u00eda derecho a condenar, se abstiene de hacerlo. No quiere identificar a la mujer con el acto que ha cometido y la juzga capaz de portarse mejor en adelante. En las palabras: <em>\u00abVete <\/em>y <em>no peques m\u00e1s\u00bb <\/em>(Jn. 8, 11), se oculta la estima que mantiene hacia la que todos hubieran querido apedrear.<\/p>\n<p>Entre los ejemplos evang\u00e9licos, deteng\u00e1monos tambi\u00e9n en la estima de\u00admostrada a la <em>Samaritana. <\/em>Cuando Jes\u00fas se dirige a una mujer cuya falsa situaci\u00f3n matrimonial conoce y la escoge como primera mensajera de la Fe en territorio samaritano, da pruebas evidentes de la estima que tiene hacia ella. Estima que se manifiesta de manera particular durante la conver\u00adsaci\u00f3n, cuando la mujer le responde: <em>\u00abNo tengo marido\u00bb <\/em>(Jn. 4, 17). La res\u00adpuesta es una escapatoria poco sincera que hubiera podido provocar se\u00adrios reproches por parte de Jes\u00fas, al igual que la conducta moral que quer\u00eda disimular. Queda uno sorprendido al comprobar la manera en que Jes\u00fas se limita a subrayar lo que hay de verdad en la respuesta, pero mostrando que no se llama a enga\u00f1o y que conoce de sobra la verdadera situaci\u00f3n. <em>\u00abBien <\/em><em>dices: no tengo marido; porque cinco tuviste y el que ahora tienes no es tu marido: en eso has dicho verdad\u00bb <\/em>(Jn. 4, 17-18). En virtud de su pensa\u00admiento ben\u00e9volo, favorable, Jes\u00fas mira y pone de relieve el lado bueno de su interlocutora; lo que hay de verdad en una respuesta por lo menos am\u00adbigua. Su estima no se deja, pues, desconcertar por apariencias poco favo\u00adrables; va hasta el final, cuando hace comprender a la mujer que en adelante habr\u00e1 que adorar al Padre en esp\u00edritu y en verdad: la juzga capaz de esa adoraci\u00f3n que llevar\u00e1 consigo una modificaci\u00f3n de su conducta.<\/p>\n<p>Otros rasgos contados por el Evangelio podr\u00edan confirmar la actitud fundamental de Jes\u00fas; la estima profunda que manifiesta aun en casos mula espinosos o delicados y su reacci\u00f3n contra los juicios de ciertas personas. Y puesto que los que le ven a \u00c9l ven al Padre, est\u00e1 mostrando en su comportamiento humano la estima y el rechazo de toda condena que inspiran al actuar del Padre para con la humanidad pecadora.<\/p>\n<h2><strong>Verdad y derecho a juzgar<\/strong><\/h2>\n<p>A la luz de esta actitud de Cristo, la estima mutua que la caridad fra\u00adterna implica, se nos aparece m\u00e1s como una actitud esencial y necesaria para el cristiano. El amor a la verdad no podr\u00eda justificar una falta de estima, puesto que El que se ha llamado a S\u00ed mismo la Verdad ha dado ejemplo de estima en circunstancias en que hubiera podido pensarse que la verdad ten\u00eda que dictar una condena. Del mismo modo, no se puede pretender que se tiene una clarividencia tal que es capaz de descubrir las evidencias del mal y puede juzgar inevitablemente a los individuos culpables: <em>Cristo <\/em><em>pose\u00eda una clarividencia superior a la de cualquier hombre y, para El, ver claro en los hombres era estimarlos.<\/em><\/p>\n<p>Examinemos m\u00e1s de cerca todav\u00eda el problema. El que observa con sus propios ojos o llega a saber por un testimonio seguro un comportamiento que viola la ley moral o que est\u00e1 inspirado por el ego\u00edsmo, el orgullo, el odio, \u00bfpuede abstenerse de juzgar lo que ve o lo que oye referir? \u00bfNo est\u00e1 obligado a condenar lo que es condenable, y puede seguir estimando al qu\u00e9 con toda evidencia ha obrado mal?<\/p>\n<p>Conviene concretar en qu\u00e9 consiste la evidencia que llega hasta nosotros por nuestros contactos sociales. Aun lo que se comprueba personalmente de una manera indudable no puede ser nunca otra cosa que una evidencia exterior, palabras, gestos, una conducta que implica, s\u00ed, sentimientos \u00edntimos pero que no los descubre necesariamente. <em>Hay un riesgo en sacar como <\/em><em>conclusi\u00f3n de hechos externos disposiciones interiores, <\/em>porque se puede uno equivocar sobre las verdaderas intenciones de alguien, y gestos o ademanes en apariencias iguales pueden cubrir intenciones o sentimientos completa\u00admente distintos. Hay, pues, que reconocer que la evidencia invocada no existe m\u00e1s que en la fachada para el que quiere limitarse a la capa super\u00adficial del comportamiento. Ahora bien, en la medida en que el fondo de las disposiciones se nos escapa, todo juicio carece de base y no es sino el resultado de una interpretaci\u00f3n subjetiva.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, debe a\u00f1adirse una observaci\u00f3n m\u00e1s decisiva a la indicaci\u00f3n de esta primera incertidumbre. Aun en el caso en que no se pudiera dudar de las disposiciones interiores, que el mismo autor confesara o proclamara, quedar\u00eda el problema de la <em>medida de la responsabilidad que, a pesar de <\/em><em>las apariencias puede ser reducida. <\/em>Sin duda, es leg\u00edtimo afirmar que lo que desde el punto de vista moral es malo, sigue siendo malo; pero la afir\u00admaci\u00f3n no se refiere m\u00e1s que al hecho tomado objetivamente en s\u00ed, y no puede extenderse a la posici\u00f3n \u00edntima de la conciencia del individuo en cuesti\u00f3n. La conciencia ajena permanece un misterio para cada uno de nosotros; aun nuestra propia conciencia contiene oscuridades que a veces es dif\u00edcil esclarecer&#8230; <em>S\u00f3lo Dios ve el fondo de las conciencias.<\/em><\/p>\n<p>Para juzgar a alguien de una manera v\u00e1lida ser\u00eda necesario conocer perfectamente su estado de conciencia. La pretensi\u00f3n de juzgar ser\u00eda, pues, la de poseer una mirada divina que sondea lo m\u00e1s rec\u00f3ndito de la persona<\/p>\n<p>La usurpaci\u00f3n de una prerrogativa divina muestra a las claras \u00a0la aberraci\u00f3n de ludo juicio flecho por un hombre acerca de otro. Ser\u00eda err\u00f3neo suponer que de ordinario el interior de la conciencia corresponde a la conducta exterior. Muchos actos aparentemente malos se llevan a cabo de buena fe, a veces incluso con excelentes intenciones.<\/p>\n<p>Una palabra de Jes\u00fas nos advierte que muchos hombres son notable\u00admente menos culpables que lo que parecen. Es la primera palabra que pro\u00adnunci\u00f3 en la Cruz: <em>\u00abPadre, perd\u00f3nalos porque no saben lo que hacen\u00bb <\/em>(Lc. 23, 34). Es impresionante por el hecho de que se aplica a los que aparente\u00admente sab\u00edan lo que estaban haciendo: Caif\u00e1s, que hab\u00eda recurrido a ma\u00adniobras para provocar la condena a muerte de Jes\u00fas y Pilato que, despu\u00e9s de haber declarado expresamente que el reo era inocente, le hab\u00eda sin em\u00adbargo mandado al suplicio. En lugar de adoptar una .actitud an\u00e1loga a la de algunos salmistas que en su oraci\u00f3n pon\u00edan de relieve la culpabilidad de sus enemigos, la gravedad de sus cr\u00edmenes y reclamaban un castigo ejemplar de la justicia vengadora de Dios, Jes\u00fas implora el perd\u00f3n llamando la aten\u00adci\u00f3n de su Padre sobre las circunstancias atenuantes. Al afirmar que sus enemigos no sab\u00edan lo que hac\u00edan, muestra que con toda verdad la respon\u00adsabilidad era m\u00e1s reducida que lo que hubieran podido sugerir las eviden\u00adcias inmediatas. Es una invitaci\u00f3n a que pensemos que as\u00ed sucede en otros muchos de los casos en que las apariencias no son tan desfavorables como las del drama de la Pasi\u00f3n.<\/p>\n<h2><strong>Fundamento de la estima<\/strong><\/h2>\n<p>Tenemos que llevar m\u00e1s adelante nuestra reflexi\u00f3n, porque podr\u00eda ob\u00adjetarse que el misterio impenetrable de la conciencia demuestra s\u00f3lo la im\u00adposibilidad de juzgar con rectitud al otro, pero no as\u00ed el fundamento de la estima que debe ten\u00e9rsele. <em>La negativa a condenar suprime un obst\u00e1culo <\/em><em>para esta estima, pero no se identifica con ella, ya que la estima es una <\/em><em>actitud m\u00e1s positiva.<\/em><\/p>\n<p>Cristo no se limit\u00f3 a protestar contra toda condenaci\u00f3n, sino que es\u00adtim\u00f3 a los hombres con quienes se encontraba. Para llegar a esta estima, necesitamos descubrir en los dem\u00e1s lo que tienen realmente como estimable, sus cualidades, sus talentos, sus buenas disposiciones. Este descubrimiento se realiza en virtud del amor que se les tiene: el amor sincero lleva consigo una simpat\u00eda que se interesa por los dem\u00e1s y se complace en mirar en ellos todo lo bueno que tienen. <em>En este sentido, es la caridad la que hace des\u00adcubrir la verdad; abre los ojos sobre lo que los dem\u00e1s tienen digno de amor.<\/em><\/p>\n<p>Podemos, por lo dem\u00e1s, hacer un llamamiento a nuestra propia experien\u00adcia: cuanto m\u00e1s amamos a los dem\u00e1s, tanta m\u00e1s facilidad tenemos en apreciarlos. Una madre ve en su hijo lo bueno que tiene mucho m\u00e1s que cualquiera otra persona: aun cuando este hijo llegue a ser un criminal, ella persiste en mirar lo positivo que hay en \u00e9l, y tiene raz\u00f3n. El papel del juez que tiene que defender a la sociedad contra las acciones de los que la amenazan o la perjudican es de un orden muy diferente; las decisiones de la justicia humana son leg\u00edtimas en tanto en cuanto tienen como objetivo esa protecci\u00f3n a la sociedad, pero no pueden pretender juzgar el fondo de la persona. La madre que sigue mirando en su hijo delincuente a un hombre que tiene cualidades y buenas disposiciones no se enga\u00f1a en su estima. Tam\u00adbi\u00e9n aqu\u00ed podemos citar el ejemplo de Jes\u00fas que, al prometer el cielo aquel mismo d\u00eda a uno de los ladrones crucificados con \u00e9l, revel\u00f3 la santidad que en el \u00faltimo instante hab\u00eda llegado a apoderarse de una vida hasta entonces dedicada a robos y muertes.<\/p>\n<p><em>La mirada de bondad propia del amor, lleva a la buena interpretaci\u00f3n <\/em><em>de los hechos que se comprueban. <\/em>Al interpretar en un sentido favorable la respuesta de la Samaritana, Jes\u00fas mostr\u00f3 que es necesario buscar, aun en los comportamientos que parecen reprensibles, una interpretaci\u00f3n favorable. Al contrario de lo que hacen el odio y la envidia que tienden a atribuir al otro males intenciones de forma que su culpabilidad quede agravada, el amor busca el lado bueno de la conducta que permite presuponer una intenci\u00f3n laudable. Se complace en destacar lo positivo m\u00e1s que lo negativo, las cua\u00adlidades m\u00e1s que los defectos. <em>Ante palabras o gestos ambiguos, se inclina <\/em><em>por la interpretaci\u00f3n m\u00e1s favorable a la conducta del otro.<\/em><\/p>\n<p>Si se quiere esclarecer el motivo m\u00e1s profundo de esta estima, fuerza es recordar que, <em>en la humanidad, la gracia del Salvador supera al pecado <\/em>El principio de que todos los hombres han sido salvados por la Cruz de Cristo no es una simple verdad abstracta; se traduce concretamente por la victoria de la gracia en los comportamientos humanos. Es verdad que permanece intacta la libertad de cada uno de los hombres con su poder de rechazar la gracia; pero de manera prevalente es la gracia la que anima las inten\u00adciones y la conducta de los hombres. Esta acci\u00f3n de la gracia justifica de la forma m\u00e1s decisiva la mirada ben\u00e9vola y la estima que merecen las per\u00adsonas humanas. Aun cuando cometan el pecado, se hallan bajo la influen\u00adcia de una gracia que permite todas las esperanzas.<\/p>\n<p>Es posible que cierta concepci\u00f3n del mundo dominado por el pecado, haya sido causa de una actitud de juicio severo acerca de la conducta de los dem\u00e1s. Pero ese concepto pesimista del mundo no responde a la doc\u00adtrina revelada. Dios cre\u00f3 el mundo en un estado de bondad, lo que tiene como consecuencia que las cualidades de los hombres son superiores a sus defectos; adem\u00e1s, este mundo que ha sufrido los da\u00f1os considerables del pecado ha sido restaurado a un nivel m\u00e1s alto por el Redentor. Es lo que expresaba San Pablo, consciente sin duda de los estragos universales del pecado, pero m\u00e1s atento todav\u00eda a la obra superior de la gracia: <em>\u00abDonde <\/em><em>abund\u00f3 el pecado, sobreabund\u00f3 la gracia\u00bb <\/em>(Rom. 5, 20). <em>No es el pecado lo <\/em><em>que orienta el desarrollo del destino del mundo, sino la vida sobreabun<\/em><em>dante de Cristo.<\/em><\/p>\n<p>El optimismo fundamental del cristianismo es base para la estima de los dem\u00e1s. No se trata de una estima ingenuamente optimista, ciega acerca del mal, sino de una estima que no se hace ilusiones. Esta estima no deja de reconocer la fuerza del pecado, pero est\u00e1 convencida de la potencia de la gracia. <em>Para estimar a otro no es que haya que hacerse ilusiones acerca de \u00e9l, como por ejemplo, negando los defectos visibles de su conducta. <\/em>La estima se apoya en el bien que por la influencia salvadora de Cristo domina las imperfecciones y la fuerza del mal. La estima forma parte de la actitud esencial de caridad que mira en el otro el bien que hay en \u00e9l, y se justifica por la obra de la Salvaci\u00f3n, por la que todos los hombres se benefician de la gracia del Salvador.<\/p>\n<h2><strong>Estima en comunidad<\/strong><\/h2>\n<p>La vida de comunidad implica para los religiosos exigencias de caridad m\u00e1s radicales que las que se imponen a toda vida cristiana. Por eso implica un esfuerzo m\u00e1s generoso en el sentido de la estima mutua. Una de sus dificultades resulta de la convivencia diaria, de que viven juntos a lo largo del d\u00eda. Al rozarse inevitablemente unos con otros, los miembros de la comunidad sufren de los defectos de sus hermanos y hermanas, y al com\u00adprobar tales defectos, podr\u00edan sentirse inclinados a concentrar su atenci\u00f3n en ellos, tanto m\u00e1s que la molestia o impaciencia causadas podr\u00eda llegar a la obsesi\u00f3n. De ah\u00ed vendr\u00edan los juicios poco favorables sobre los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Contra el peligro de reducir al otro a lo m\u00e1s desfavorable que hay en \u00e9l, tenemos que mantener un esfuerzo constante de estima. <em>\u00a1Es tan injusto, <\/em><em>tan poco conforme a la verdad el no ver en el otro m\u00e1s que sus defectos, cuando, habiendo sido llamado por el Se\u00f1or, tiene la vida noble y grande de su vocaci\u00f3n y el m\u00e9rito de haber entregado su existencia a Cristo! <\/em>Los que son hermanos en Comunidad corren el riesgo, viviendo tan cercanos unos a otros, de desconocer la generosidad <em>y <\/em>la grandeza de sus compa\u00f1eros y de no otorgarles m\u00e1s que una muy menguada estima.<\/p>\n<p><em>La fe <\/em>en la gracia de la vocaci\u00f3n y en la belleza de la consagraci\u00f3n ayuda a los religiosos a descubrir la verdad de la vida de los dem\u00e1s y a reaccionar contra toda tentaci\u00f3n de depreciaci\u00f3n mediante una estima m\u00e1s clarividente, m\u00e1s s\u00f3lida. Lo mismo ocurre si se echa mano de <em>la esperanza, <\/em>que ante las faltas, incluso reiteradas, renueva su convicci\u00f3n de que la gracia nos hace a todos capaces de corregimos gradualmente, de mejorar. La estima resulta de una actitud que re\u00fane, por decirlo as\u00ed, las virtudes teologales: la Caridad, la Fe, la Esperanza. Cuando se ha conseguido esta estima tiene que tradu\u00adcirse o encontrar su expresi\u00f3n en las palabras y en las obras. Como lo hemos subrayado, es esencialmente <em>una actitud interior de pensamiento. Pero debe <\/em><em>manifestarse en las relaciones comunitarias.<\/em><\/p>\n<p>Las palabras afables no son un lujo en la vida comunitaria. La experien\u00adcia muestra qu\u00e9 da\u00f1o pueden causar las conversaciones poco caritativas, las cr\u00edticas que sirven de desahogo a las susceptibilidades heridas, a las acti\u00adtudes que perduran. En efecto, esas palabras causan como resultado la divi\u00adsi\u00f3n, en lugar de contribuir al buen entendimiento. A veces son penosas para los que se encuentran metidos en la conversaci\u00f3n, les molestan esas palabras poco caritativas; pero llega a ocurrir que si se niegan a compartir las opiniones emitidas, se convierten ellos mismos en objeto de reprobaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora bien, <em>si hubiera una actitud profunda y radical de estima, las pa\u00ad<\/em><em>labras mal\u00e9volas desaparecer\u00edan, puesto que si aparecen es precisamente por <\/em><em>esa falta de estima interior. <\/em>Es la disposici\u00f3n de pensamiento positivamente ben\u00e9vola la que debe desarrollarse y afianzarse. Las palabras bondadosas traducir\u00e1n entonces espont\u00e1neamente el pensamiento profundo. Constitui\u00adr\u00e1n un testimonio elocuente de caridad.<\/p>\n<p>No hay necesidad de a\u00f1adir que no se trata de una promoci\u00f3n de pa\u00adlabras aduladoras respecto a los dem\u00e1s: Esas palabras no corresponder\u00edan a una verdadera estima. Las posibilidades de crear y desarrollar una estima sincera son muy amplias, tanto como las posibilidades de descubrir lo bueno que hay en los dem\u00e1s. Por la estima mutua, la vida fraterna alcanzar\u00e1 la profundidad que le es necesaria. <em>All\u00ed donde, sinceramente, los miembros <\/em><em>de una comunidad piensan bien unos de otros, se unen en el compartir la mirada bondadosa de Cristo dirigida a cada uno de ellos, y su estima rec\u00edproca contribuye a su alegr\u00eda de vivir juntos.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al tratar de la vida comunitaria, el Concilio ha llamado la atenci\u00f3n sobre una condici\u00f3n importante para el desenvolvimiento de \u00e9sta. 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