{"id":49388,"date":"2019-12-29T08:24:00","date_gmt":"2019-12-29T07:24:00","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=49388"},"modified":"2019-09-09T11:00:25","modified_gmt":"2019-09-09T09:00:25","slug":"vida-religiosa-cristiana-y-voluntad-de-dar-testimonio","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-religiosa-cristiana-y-voluntad-de-dar-testimonio\/","title":{"rendered":"Vida religiosa cristiana y voluntad de dar testimonio"},"content":{"rendered":"<p>Los hombres de nuestro tiempo viven asaltados por numerosos interrogantes. A diario, los religiosos y las religiosas tienen, tambi\u00e9n ellos, que dar cuenta de su opci\u00f3n de vida. Entre los interrogantes que m\u00e1s cuestionar esa opci\u00f3n se halla sobre todo el de si su g\u00e9nero de existencia es realmente un testimonio.<\/p>\n<p>Las l\u00edneas siguientes se proponen ayudar a los religiosos y a las religiosas a plantearse en t\u00e9rminos correctos dicho interrogante antes de trata] de dar al mismo una respuesta.<\/p>\n<h2><strong>1. Para la vida religiosa cristiana, <\/strong><strong>no existe otro testimonio verdadero sino el apost\u00f3lico<\/strong><\/h2>\n<p>El discurso cristiano de este medio siglo usa abundantemente <em>de la pa<\/em><em>labra \u00abtestimonio\u00bb y del verbo \u00abdar testimonio\u00bb. <\/em>Acusados de haber sido por mucho tiempo una Iglesia m\u00e1s \u00abmoralizadora\u00bb que \u00abprof\u00e9tica\u00bb (la que denuncia, la que confiesa, la que es testigo), los cristianos se han entregad( a una especie de frenes\u00ed del testimonio. Todo el mundo quiere ser testigo todo el mundo quiere dar testimonio&#8230; Prueba de ello son los numerosos titulares de peri\u00f3dicos, art\u00edculos o colecciones que utilizan dichas palabras testimonio, atestiguar. \u00a1Hay que ser ejemplares en algo!<\/p>\n<p>Religiosos, religiosas, comunidades se han visto envueltos en esta corriente. Como todo el mundo, ellos tambi\u00e9n han querido <em>dar testimonie <\/em><em>haci\u00e9ndose ejemplares en algo a los ojos de sus semejantes: <\/em>en tal actividad tal tipo de vida comunitaria, estilo de oraci\u00f3n, m\u00e9todo de apostolado, de beneficencia, de militancia, etc.<\/p>\n<p>Querer ser ejemplares en algo, siempre es arriesgado. Porque se expone uno a convertirse en gentes preocupadas mayormente de lo que dejan ve a los dem\u00e1s y, por lo tanto, en gente que pasa el tiempo mir\u00e1ndose a misma.<\/p>\n<p>En la vida religiosa como en todo lo dem\u00e1s, se gana muy poco mir\u00e1ndose a uno mismo. Pero acaso <em>ese mirarse demasiado a uno mismo sea m\u00e1s in <\/em><em>fasto todav\u00eda hoy que en otros tiempos, <\/em>a causa de una coyuntura muy especial. La disminuci\u00f3n de miembros, el envejecimiento de las comunidades, el hecho de no disponer de grandes cr\u00e9ditos citando se trata de poner por obra ciertas t\u00e9cnicas modernas contribuyen a que, en muchos aspectos de la vida, las comunidades religiosas no llegan a destacar \u00aba hacerlo mejor que otros\u00bb. Al haber dejado de ser ejemplares en alg\u00fan aspecto, se llegar\u00e1 f\u00e1cilmente a la conclusi\u00f3n de que se ha dejado de dar testimonio. Y hasta es posible que en la comunidad haya quien llegue a pensar que una vez que no se da testimonio, ya no hay raz\u00f3n ninguna para seguir existiendo como comunidad.<\/p>\n<p>De modo que la voluntad de dar testimonio puede llegar a convertirse en el \u00abdisolvente\u00bb que lentamente corroe los lazos de donde proced\u00eda la consistencia de una vida religiosa cristiana. Tal resultado obliga a reco\u00adnocer que la <em>palabra testimonio y el verbo dar testimonio, ser testigos, <\/em>en\u00adcierran una trampa. En lo posible, ser\u00eda necesario saber siempre de qu\u00e9 se est\u00e1 hablando cuando -se habla de dar testimonio. Es una condici\u00f3n ele\u00admental si no quiere uno quedar cogido en la trampa, m\u00e1s dif\u00edcil de ser des\u00adcubierta en nuestros d\u00edas por causa de dos aspectos que presenta la actual coyuntura desde la que se interpela a la vida religiosa cristiana.<\/p>\n<p>El primero de esos dos aspectos es lo que com\u00fanmente se llama ahora <em>\u00abla vuelta a lo religioso\u00bb. <\/em>El hecho es que muchos hombres y mujeres se han cansado de vivir -en la atm\u00f3sfera irrespirable creada por el materia\u00adlismo. Ya te\u00f3rico, ya pr\u00e1ctico, ese materialismo niega la dimensi\u00f3n religiosa del hombre. Y \u00abla vuelta a lo religioso\u00bb demuestra que esa dimensi\u00f3n es, para el hombre, parte integrante de \u00e9l mismo. Hombres y mujeres, parti\u00adcularmente los j\u00f3venes, vuelven sus ojos hacia las diversas formas de vida religiosa que existen por el mundo, y las ven como espacios en que se puede respirar libremente, en los que el hombre no se encuentra impedido para vivir en su plenitud de hombre.<\/p>\n<p>El segundo aspecto de la coyuntura presente consiste en lo que podemos llamar \u2014por no tener mejor expresi\u00f3n\u2014 la <em>\u00abreivindicaci\u00f3n comunitaria\u00bb. <\/em>Dicha reivindicaci\u00f3n es perceptible a trav\u00e9s de movimientos de toda clase que inducen a hombres, mujeres y sobre todo a j\u00f3venes a constituir grupos, familias \u00abcomunas\u00bb, comunidades&#8230;. E5os movimientos traducen tambi\u00e9n a su manera la protesta humana contra un estado <em>de <\/em>cosas en trance de llegar a ser insoportable. Mecanizaci\u00f3n, automatizaci\u00f3n, atomizaci\u00f3n de la existen\u00adcia, han reducido casi a la nada los momentos de verdaderos contactos hu\u00admanos. Las relaciones en la sociedad son cada vez m\u00e1s fr\u00edas. Todo esto hace que las diversas formas de vida religiosa, con su aspecto comunitario, aparezcan como zonas privilegiadas fuera del alcance de esa frialdad ge\u00adneral. Se las mira como a <em>lugares de c\u00e1lida comuni\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed pues, ya bajo el aspecto de la \u00abvuelta a lo religioso\u00bb, ya bajo el de la \u00abreivindicaci\u00f3n comunitaria\u00bb, la vida religiosa se percibe como un testi\u00admonio ofrecido a los hombres. Testimonio que no consiste en hacer mejor que otros lo que esos otros hacen. Es algo m\u00e1s. Porque en la vida religiosa se hace lo que se ha dejado de hacer&#8230; lo que ya no se hace&#8230; Se respira, se vive en comuni\u00f3n&#8230; <em>Vemos entonces c\u00f3mo la coyuntura presente parece <\/em><em>valorizar desmesuradamente el testimonio que da la vida religiosa. <\/em>Pero \u00bfpo\u00addemos asegurar que se ha soslayado la trampa que se oculta tras la pa\u00adlabra testimonio?<\/p>\n<p><em>Soslayar esa trampa requiere que se sepa a quien se est\u00e1 dando el tes\u00ad<\/em><em>timonio que se pretende dar. <\/em>La vida religiosa en todas sus formas posibles, da testimonio de la dimensi\u00f3n religiosa y de la aspiraci\u00f3n a una comuni\u00f3n que tiene el ser humano.<\/p>\n<p>Como vida religiosa, es ante todo un testimonio que se da ante el hombre. Para dar ese testimonio, no es necesario creer en Dios. Basta con creer que existe en el hombre una\u00a0 dimensi\u00f3n trascendente y unitaria. Tal testimonio se le ha dado al hombre siempre, aun mucho antes de Jesucristo, por parte de sabios, de fil\u00f3sofos, de personas sensibles a lo divino. En ocasiones, tales hechos nos recuerdan que <em>por naturaleza la vida religiosa es pagana, <\/em>y por lo tanto su testimonio, <sup>&#8211;<\/sup>Como tal vida religiosa, es un testimonio puramente pagano.<\/p>\n<p>Diferenci\u00e1ndose de los dem\u00e1s tipos de vida religiosa, la vida religiosa cristiana reconoce que ella <em>no existe \u00fanicamente por naturaleza, sino ante <\/em><em>todo por gracia. <\/em>En efecto, la vida religiosa cristiana comienza a existir cuando unos bautizados, atra\u00eddos por el Padre, se deciden, varios juntos, a seguir a Jesucristo. Vivida en seguimiento de Aquel a quien el Padre en\u00advi\u00f3 (apostolado), la vida religiosa cristiana es necesariamente vida religiosa apost\u00f3lica. El adjetivo \u00abapost\u00f3lica\u00bb no tiene aqu\u00ed la finalidad de oponer un tipo de vida activa a un tipo de vida sedentaria, ni unas actividades profesionales, llamadas profanas a unas actividades con etiqueta eclesi\u00e1stica. Dicho adjetivo expresa sencillamente el hecho de que la vida religiosa cris\u00adtiana en raz\u00f3n de una gracia particular concedida a algunos dentro de esa otra gracia por la cual el Padre y el Hijo env\u00edan (apostolado) a la Iglesia congregada por el Esp\u00edritu de Ambos. <em>O la vida religiosa cristiana es apos\u00ad<\/em><em>t\u00f3lica o deja de ser cristiana.<\/em><\/p>\n<p>Las comunidades religiosas cristianas no deber\u00edan olvidar nunca este hecho que caracteriza su vida religiosa. Es ese rasgo el que determina el testimo\u00adnio que ellas deben dar. No se trata de querer ser testigos a toda costa. De lo que se trata, por lo que se refiere a esas comunidades, es de <em>querer <\/em><em>a toda costa tomar parte en el testimonio apost\u00f3lico seg\u00fan el don que han <\/em><em>recibido <\/em>en gracia. Esa participaci\u00f3n en el testimonio apost\u00f3lico es lo \u00fanico que puede sustraer su vida religiosa al<sup>&#8211;<\/sup> peligro de ser una vida m\u00e1s reli\u00adgiosa que cristiana.<\/p>\n<p>Pero \u00bfqu\u00e9 es el testimonio apost\u00f3lico?<\/p>\n<h2><strong>2. El testimonio apost\u00f3lico es el testimonio que Dios <\/strong><strong>se da a S\u00ed mismo como Dios vivo.<\/strong><\/h2>\n<p>Cuando hablan de testimonio, los evangelios no hablan ante todo de un testimonio dado por los hombres. Lo vemos de manera especial en el evan\u00adgelio de San Juan. Durante una discusi\u00f3n con sus contradictores, Jes\u00fas alude al testimonio que de \u00e9l ha dado el Bautista. Pero a\u00f1ade en<sup>,<\/sup> seguida: \u00ab&#8230;pero yo DO recibo testimonio de hombre&#8230; Yo tengo un testimonio mayor que el de Juan, porque las obras que mi Padre me dio hacer&#8230; dan en favor m\u00edo testimonio&#8230;\u00bb <em>(Jn, <\/em>5, 33&#8230; 36). El testigo de que Jes\u00fas habla aqu\u00ed no es un hombre, es su Padre. Por las obras e le ha dado hacer, el Padre ates\u00adtigua que su Hijo es la Vida. Ah\u00ed tener n s el primer testimonio apost\u00f3lico: <em>\u00a1el testimonio del Padre!<\/em><\/p>\n<p>Durante otra discusi\u00f3n \u2014seguirnos con el evangelio de San Juan\u2014 los adversarios de Jes\u00fas se niegan a creerle, reproch\u00e1ndole que daba testimonio de \u00e9l mismo. Jes\u00fas les responde: \u00abAunque yo d\u00e9 testimonio de m\u00ed mismo, mi testimonio es verdadero&#8230; porque no estoy solo, sino yo y el Padre que me ha enviado. En vuestra ley est\u00e1 escrito que el testimonio de dos es verdadero\u00bb <em>(Jn <\/em>8, 13&#8230; 17). En esta ocasi\u00f3n, Jes\u00fas reivindica que se le reconozca como testigo, y el valor de su testimonio radica en el hecho de que es el enviado del Padre. Tal es, pues, el segundo testimonio apos\u00adt\u00f3lico: <em>el testimonio del Hijo, <\/em>que dice lo \u00abque ha visto y o\u00eddo en el Padre\u00bb (Cf. <em>Jn <\/em>1, 18; 8, 38).<\/p>\n<p>Pero Jes\u00fas habla \u2014tambi\u00e9n en el evangelio de San Juan\u2014 de un tercer testigo, de quien dice: \u00ab\u00e9l dar\u00e1 testimonio de m\u00ed&#8230;\u00bb (Jn 15, 26). Es el tercer testimonio apost\u00f3lico: <em>el testimonio del Esp\u00edritu <\/em>que el Hijo ha de enviar desde el Padre.<\/p>\n<p>Estos textos evang\u00e9licos nos dicen lo que es el testimonio apost\u00f3lico. Es el testimonio de las Personas divinas, cada Una de ellas presentada como testigo. Un testigo es el que, en un proceso, un juicio, llega ante el juez y el jurado a decir lo que ha visto y o\u00eddo. Que el evangelio presente a Dios como testigo, no deber\u00eda asombrarnos: Dios que lo ve todo y lo oye todo, est\u00e1 cualificado para dar testimonio acerca de todo&#8230; Pero tenemos la cos\u00adtumbre de pensar en Dios m\u00e1s corno juez que como testigo. Al hablarnos del testimonio que dan las Personas divinas, las Escrituras nos provocan a que cambiemos esa costumbre en nuestra manera de pensar. Nos llaman, nos despiertan a una situaci\u00f3n en la que Dios no se halla en posici\u00f3n de juez por la sencilla raz\u00f3n de que El mismo est\u00e1 sometido a proceso.<\/p>\n<p><em>Dios est\u00e1 sometido a proceso ante el mundo desde que el pecado entr\u00f3 en el mundo. <\/em>Tal es el sentido del texto que tienen los textos del G\u00e9nesis en los que el hombre y la mujer, para excusarse ellos, se erigen en acusadores de Dios <em>(Gn, <\/em>3, 12, 13). En ese proceso contra Dios, se le acusa por causa del mal: la injusticia, el sufrimiento y sobre todo la muerte. Para hacer frente a tal acusaci\u00f3n, Dios tiene que hacer llamamiento a unos tes\u00adtigos de descargo. A partir de las cosas vistas y o\u00eddas, esos testigos han de probar que Dios no es un Dios de muerte. Les incumbe dar testimonio de que Dios es Vida, es un Dios Vivo, el de la Vida (cf. <em>Is <\/em>43, 8-13).<\/p>\n<p>Para dar ese testimonio de cara al mundo, vino el Hijo al mundo; en\u00adviado por el Padre, hace las obras de vida de su Padre (cf. <em>Jn <\/em>5, 19-21; 9, 4-5). A cambio, el Padre da testimonio del Hijo d\u00e1ndole a hacer una obra de vida y devolvi\u00e9ndolo de las puertas de la muerte a la plenitud de la vida. Ese doble testimonio lo repite y prolonga el Esp\u00edritu que el Padre y el Hijo resucitado env\u00edan sobre aquellos a quienes transmiten su propia Vida ha\u00adci\u00e9ndoles vivir de ella.<\/p>\n<p>Esta referencia a las Escrituras nos ense\u00f1a el sentido que hemos de dar a la expresi\u00f3n \u00abtestimonio apost\u00f3lico\u00bb. Esa expresi\u00f3n se refiere a un testimonio en el verdadero sentido de la palabra, es decir, cosas que afir\u00adman quienes las han visto y o\u00eddo. \u00ab&#8230;Las cosas que yo hablo, las hablo seg\u00fan el Padre me ha dicho\u00bb <em>(Jo <\/em>12, 50). \u00abEl Esp\u00edritu no hablar\u00e1 de s\u00ed mis\u00admo, sino que hablar\u00e1 lo que oyere y os comunicar\u00e1&#8230;\u00bb <em>(Jn <\/em>16, 13). Adem\u00e1s, es un testimonio dado por personas que han sido enviadas a tal efecto: en ese sentido es por lo que se llama testimonio apost\u00f3lico.<\/p>\n<p>A partir de estos textos tenemos, lo primero, que reconocer que el <em>tes\u00adtimonio apost\u00f3lico es cosa de Dios mismo. Y <\/em>al mismo tiempo se nos da a entender que Dios no se ha reservado la exclusiva de ese testimonio, Por- que cl testimonio apost\u00f3lico del Hijo se da a trav\u00e9s (le lo que dice y hace el hombre nacido de Mar\u00eda. Y el testimonio apost\u00f3lico del Esp\u00edritu se anun\u00adcia y se da a t i<sup>.<\/sup>av\u00e9s de todos aquellos que le dejen hablar y obrar en ellos (cf. <em>In <\/em>15, 27; <em>Mi <\/em>10, 18, 20; <em>Act <\/em>1, 8).<\/p>\n<p>En la medida en que el testimonio apost\u00f3lico es cosa de Dios mismo, en esa medida debe convertirse en cosa de aquellos a quienes Dios suscita en el mundo para ser sus testigos frente a las acusaciones del mundo. Antiguamente, por medio del profeta Isa\u00edas, Dios dec\u00eda a su pueblo escogido: \u00abSois mis testigos&#8230; Vosotros sois mis pruebas&#8230;\u00bb <em>(Is <\/em>43, 10 y 12). Hoy re\u00adpite las mismas palabras a todos aquellos de los que ha hecho su pueblo en la Iglesia. Los env\u00eda para que den ante el mundo su propio testimonio.<\/p>\n<h2><strong>3. Ser \u00abVivientes\u00bb, es el contenido \u00faltimo del testimonio <\/strong><strong>que la vida religiosa cristiana debe dar ante el mundo.<\/strong><\/h2>\n<p>Las palabras de la Sagrada Escritura nos dicen en qu\u00e9 debe consistir el testimonio que han de dar los bautizados. Se trata de que contin\u00faen, prosigan y prolonguen el testimoni\u00f3 que Dios se ha dado a Si mismo en Jesucristo, &#8216;de que es un verdadero Dios, un Dios Vivo, un Dios de vida. El testimonio de los bautizados tiene que ser el testimonio de personas que hablan de lo que han visto y o\u00eddo (cf. <em>1 Jn 1, <\/em>1-2); y de personas que han acudido al proceso de Dios, enviadas por ese Dios que se encuentra en po\u00adsici\u00f3n de acusado. Fuera de esas condiciones, no se puede hablar de testi\u00admonio apost\u00f3lico.<\/p>\n<p>Estas <sub>;<\/sub>aclaraciones hacen comprender por qu\u00e9 las comunidades religiosas Cristianas, en el testimonio que tienen que dar, no pueden contentarse con hacer cosas \u00abhaci\u00e9ndolas mejor que los dem\u00e1s\u00bb o con seguir haciendo cosas que \u00abya no se hacen\u00bb. La cuesti\u00f3n no est\u00e1 ah\u00ed. De lo que se trata es de que esas comunidades y sus miembros <em>participen en un testimonio que es el <\/em><em>testimonio que debe dar toda la Iglesia.<\/em><\/p>\n<p>Siempre se ha tenido consciencia (por lo menos confusamente), en la vida religiosa cristiana, de tener que dar un testimonio que no se reduce a las cosas que se hacen y otros no hacen o las hacen peor&#8230; Probablemente es esta intuici\u00f3n lo que se quiere expresar en la premisa que afirma que la vida religiosa cristiana <em>no es del orden del hacer, <\/em>sino <em>del orden del ser. <\/em>Algunos te\u00f3logos de la vida religiosa han cre\u00eddo poder utilizar esa distin\u00adci\u00f3n para poder diferenciar con claridad el estado de vida religiosa y los compromisos de diferentes tipos dentro de los ministerios que se ejercen en la iglesia. Para dichos te\u00f3logos, esos compromisos ser\u00edan <em>s\u00f3lo del orden <\/em><em>del hacer. <\/em>Por el contrario, el estado de vida religioso ser\u00eda una cuesti\u00f3n de <em>ser.<\/em><\/p>\n<p>El reflexionar acerca de la vida religiosa cristiana a partir del testi\u00admonio apost\u00f3lico permite ver que las cosas no son tan sencillas. En primer lugar, ser\u00eda inveros\u00edmil que, en materia de testimonio apost\u00f3lico, se intro\u00addujera una distinci\u00f3n destinada a reservar <em>el ser <\/em>a unos (el estado de vida religioso), teniendo que Contentarse los otros con <em>el hacer <\/em>(los ministerios). Si queremos plantear debidamente la cuesti\u00f3n, tendremos que recurrir a otra distinci\u00f3n completamente diferente. En lugar de oponer <em>ser <\/em>y <em>hacer, <\/em>habr\u00e1 que empezar por captar la diferencia entre el <em>hacer <\/em>y el <em>actuar.<\/em><\/p>\n<p>Expliqu\u00e9monos esta diferencia. El <em>hacer <\/em>se define por los objetivos que se persiguen, por los resultados que se quieren <strong>obtener. En <\/strong><em>el hacer, <\/em>se es juzgado \u00abdesde fuera\u00bb&#8230; El <em>actuar, <\/em>en cambio, no se define desde fuera; <em>es <\/em><em>el resultado del dinamismo interior de la persona. <\/em>En el actuar, la orden nos viene dada a partir de nosotros mismos. Sabemos que no podr\u00edamos obrar de otro modo sin dejar de ser \u00abyo\u00bb. El <em>actuar <\/em>est\u00e1 en dependencia del <em>ser. <\/em>Dec\u00edan los antiguos: \u00abOperatio sequitur esse\u00bb: \u00abEl <em>actuar, <\/em>el <em>obrar <\/em>(no el <em>hacer) <\/em>es funci\u00f3n del <em>ser\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Cuando San Juan en su evangelio habla de las <em>obras <\/em>de Jes\u00fas, est\u00e1 ha\u00adblando de un <em>actuar, <\/em>de un <em>orar. <\/em>no de un <em>hacer. <\/em>El testimonio apost\u00f3lico del Hijo consiste en ese actuar que es revelaci\u00f3n de un <em>ser <\/em>de Hijo (cf. <em>Jn <\/em>5, 19; 8, 28; 10, 38, etc.). De la misma manera el Esp\u00edritu da testimonio del Padre y del Hijo a trav\u00e9s de un <em>actuar <\/em>ligado completamente a su <em>ser <\/em>de Esp\u00edritu enviado por el Hijo desde el Padre.<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n es obvia. Participan en el testimonio apost\u00f3lico los hombres y las mujeres que han sido transformados en su <em>ser <\/em>por el Esp\u00edritu, para que su <em>obrar, hagan lo que hagan, <\/em>se convierta en el mismo <em>obrar <\/em>del Es\u00adp\u00edritu. Esta conclusi\u00f3n hace caer toda pretensi\u00f3n de distinguir entre el ser y el hacer; y proyecta tambi\u00e9n mucha luz sobre aquello a que deben tender las comunidades religiosas cristianas si quieren participar en el testimonio apost\u00f3lico: es decir, no querer ser ejemplares en determinado aspecto del <em>hacer, <\/em>sino <em>dejar que act\u00fae en ellas, <\/em>como tales comunidades religiosas, el <em>Esp\u00edritu que el Hijo env\u00eda desde el Padre. <\/em>A trav\u00e9s de ese <em>actuar, <\/em>Dios dar\u00e1 testimonio de S\u00ed mismo. La Comunidad y sus miembros participar\u00e1n entonces en el testimonio apost\u00f3lico, prolongando mediante un <em>actuar <\/em>de \u00abvivientes\u00bb el testimonio con el que, frente a la acusaci\u00f3n del mundo, el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu se han dado el testimonio de ser un Dios vivo.<\/p>\n<p>Si se les percibe a este nivel, el contenido del testimonio apost\u00f3lico y el contenido de la vida religiosa cristiana se identifican, porque estamos en el nivel de lo esencial. Mientras las comunidades religiosas cristianas se pregunten qu\u00e9 pueden hacer mejor que los dem\u00e1s (o que los dem\u00e1s hagan) para dar testimonio, se apartan de lo esencial. La \u00fanica pregunta que merezca la pena plantearse en este terreno es la del <em>actuar <\/em>que desple\u00adgamos como individuos y como comunidad. \u00bfAtestigua ese <em>actuar <\/em>que somos vivientes, vivientes que viven de la verdadera Vida?<\/p>\n<p>No podremos responder a tal pregunta si no sabemos lo que es la vida, la verdadera Vida. Pero el mismo Jesucristo nos ha trazado los rasgos de esa verdadera Vida en los pasajes del evangelio en los que emplea la pa\u00adlabra \u00abcorno\u00bb: <em>\u00abComo el Padre me am\u00f3&#8230; Como el Padre y yo somos uno&#8230; <\/em><em>Como, el Padre me ha entregado el poder&#8230; Como el Padre es perfecto&#8230;<\/em><\/p>\n<p>En cada uno de estos enunciados, Jes\u00fas revela el tipo de relaciones que hacen del misterio de Dios un misterio de Vida. Y al mismo tiempo nos invita a vivir nuestras relaciones interhumanas al estilo de c\u00f3mo se viven las relaciones en Dios. Una comunidad religiosa cristiana sabr\u00e1 que est\u00e1 viva, que vive de la verdadera vida si las relaciones que se viven en ella y a trav\u00e9s de ella dejan transparentar alg\u00fan rasgo de esa Vida que es el mis\u00adterio de Dios.<\/p>\n<h2><strong>4.- Cas<\/strong><strong>tidad, Pobreza y Obediencia <\/strong><strong>como el actuar que da testimonio apost\u00f3lico<\/strong><\/h2>\n<p>Uno de los primeros aspectos de esa Vida que es Dios, es que las Per\u00adsonas divinas son iguales entre s\u00ed, aunque cada una de Ellas es distinta de las otras dos: <em>igualdad en la diferencia. <\/em>En general, los que hablan de igualdad no saben hacerlo si no es negando las diferencias. En esa forma, van en contra de la Vida. As\u00ed ocurri\u00f3 en Francia con la tradici\u00f3n jacobina. Hab\u00eda cre\u00eddo establecer la igualdad en la naci\u00f3n disecando las Provincias en Departamentos iguales entre s\u00ed. De ello se ha recogido un hex\u00e1gono en el que la capital transformaba poco a poco en desierto el resto del pa\u00eds&#8230;<\/p>\n<p><em>En Dios, la Vida es plenitud porque la igualdad se vive en la diferencia. <\/em>Cada una de las Personas divinas es Ella misma y no una de las otras dos; hay igualdad entre ellas sin superioridad de ninguna sobre las otras. El hecho de ser vivientes con la vida de Dios, de vivir de la vida de Dios, supone, en una comunidad, que cada miembro est\u00e9 en ella en igualdad con los dem\u00e1s, sin que se nieguen las diferencias que hacen que cada uno sea irreductible a cualquiera de los dem\u00e1s. Eso es lo que se propone el voto de <em>castidad. <\/em>Ese voto impone a cada uno la obligaci\u00f3n de <em>ser quien es. <\/em>Gene\u00adralmente se suele interpretar este voto como una orientaci\u00f3n de las capa\u00adcidades de amar. Pero de manera prioritaria, este voto hace referencia al hecho de <em>ser uno mismo y no otro&#8230; <\/em>El misterio trinitario nos revela la verdadera Vida como una Vida en la que cada Persona es Ella misma en igualdad con las dem\u00e1s que comparten la misma Vida. \u00bfNo se nos ocurre pensar lo que ser\u00eda el testimonio apost\u00f3lico de comunidades religiosas en las que verdaderamente se viviera as\u00ed?&#8230;<\/p>\n<p>El misterio trinitario revela otro aspecto de toda verdadera Vida, a trav\u00e9s del hecho de que, en Dios, la misma vida la poseen en com\u00fan e indiviso el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo. \u00abEn com\u00fan e indiviso\u00bb es una f\u00f3rmula que antiguamente era familiar a los notarios. Serv\u00eda para describir un es\u00adtado de cosas en que se era propietario \u00abvarios juntos\u00bb de un mismo bien que no pod\u00eda ser dividido en parcelas: cada uno, propietario del todo, pero todos propietarios juntos de cada elemento del todo. En nuestros d\u00edas esa situaci\u00f3n se da poco. Pero todos sabemos que la parcelaci\u00f3n de la tierra ha sido uno de los elementos que han contribuido a despoblar el campo, priv\u00e1ndolo de la vida que anta\u00f1o fue la suya.<\/p>\n<p>La posesi\u00f3n en com\u00fan e indiviso sugiere un poco lo que es el misterio de Dios como misterio de una Vida en la que el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu son cada uno el \u00danico Dios Vivo, pero no pueden ser ese \u00danico Dios Vivo sino los tres juntos. <em>La vida pertenece enteramente a cada uno. <\/em>Pero <em>una reciprocidad permanente <\/em>entre los Tres, hace que ese \u00abbien\u00bb pase de continuo de cada una de las Tres Divinas Personas a las otras dos. Y cuanto m\u00e1s lo comunican todo, tanto m\u00e1s cada una posee ese todo en plenitud (cf. <em>Jn <\/em>10, 38; 16, 14-15; 17, 9-10).<\/p>\n<p>A imagen de esa reciprocidad, es como el <em>voto de pobreza <\/em>deber\u00eda hacer existir a las comunidades religiosas. Es corriente que se interprete el voto de pobreza como una promesa de no poseer nada. Ahora bien, la pobreza no consiste en no poseer nada. No poseer nada es un mal, y contra ese mal hay que luchar: es un atentado contra la vida. El objetivo del voto de pobreza es la instauraci\u00f3n de un estado de cosas en que todo se poseyera en com\u00fan e indiviso por todos, unos con otros, hasta los confines de la tierra. Ese estado de cosas ser\u00eda un lugar de intercambio, de comunicaci\u00f3n, que multiplicar\u00eda la Vida. \u00bfNo se nos ocurre pensar en lo que ser\u00eda el testi\u00admonio apost\u00f3lico de comunidades religiosas en las que la relaci\u00f3n con los bienes se viviera as\u00ed?<\/p>\n<p>El misterio trinitario nos sugiere otro aspecto de la verdadera Vida por el hecho de que en \u00e9l las tres personas divinas realizan un perfecto <em>ser uno, dentro de la plena autonom\u00eda de cada una. <\/em>Ese aspecto del misterio de Dios es sin duda el que nos da m\u00e1s que pensar a nosotros los humanos. Nos cuesta tanto conseguir la unidad y muchas veces no sabemos c\u00f3mo lograrla si no es pidiendo a hombres o a mujeres que sacrifiquen su libertad. En ninguna parte se obtiene mejor la unidad que en un batall\u00f3n. Pero \u00bfqu\u00e9 queda de la libertad cuando se les ha puesto a todos a \u00abmarcar el paso\u00bb?<\/p>\n<p>La verdadera vida es libertad en <em>el ser uno <\/em>o <em>ser uno en libertad. <\/em>Es esa verdadera Vida hacia la que la vida religiosa tiende cuando en ella se hace <em>voto de obediencia. <\/em>ES&#8217; corriente presentar el voto de obediencia como una renuncia a toda libertad. Pero renunciar a la libertad es la peor de las cosas que un ser humano pueda hacer: es renunciar a ser hombre. El voto de <em>Obediencia no es renuncia a la libertad, sino compromiso de obedecer en <\/em><em>la forma en que el Hijo cumpli\u00f3 la voluntad&#8217; del Padre: nada hizo que no <\/em><em>fuera libremente y voluntariamente <\/em>(cf. <em>Jn. <\/em>10, 18). \u00bfEs un sue\u00f1o irreali\u00adzable aspirar a esa forma de testimonio apost\u00f3lico por parte de las comunidades religiosas cristianas: presentar la imagen de grupos humanos en que se es &lt;libre, juntos\u00bb en un <em>ser uno <\/em>que no sacrifica la libertad de ninguno de los miembros?&#8230;<\/p>\n<p>Pobreza, castidad, obediencia, cuando se las evoca as\u00ed, en referencia al misterio de Vida que es Dios, misterio del que hay que dar testimonio, ya no son solamente cosa individual de cada uno de los miembros de la co\u00admunidad. Son rasgos de <em>un actuar en que la comunidad entera y cada uno <\/em><em>de sus miembros atestiguan que su ser ha sido transformado por el Esp\u00ed\u00adritu. <\/em>Testimonio que Dios da de S\u00ed mismo corno del. Dios vivo, lo es esa Vida religiosa y por ello se ve preservada de las aberraciones a las que a veces conduce la voluntad de dar testimonio. No se ve en ella a una parte de los miembros erigirse en jueces de los dem\u00e1s&#8230; ya sea por sentirse en la vanguardia y querer promocionar el ma\u00f1ana, ya, al contrario, por querer asirse al pasado como a un baluarte que hay que perpetuar&#8230; \u00a1Cu\u00e1ntas co\u00admunidades religiosas cristianas se ahorrar\u00edan discusiones y zarpazos est\u00e9\u00adriles si, haciendo referencia al misterio trinitario, se viviera en ellas, sen\u00adcillamente, la participaci\u00f3n en el testimonio apost\u00f3lico de toda la Iglesia!<\/p>\n<h2><strong>5. Testimonio apost\u00f3lico y docilidad al Esp\u00edritu <\/strong><strong>\u00aben el agua y la sangre\u00bb.<\/strong><\/h2>\n<p>Estas reflexiones permiten volver a los interrogantes de la actualidad. Siempre ha ocurrido que unas comunidades religiosas cristianas hagan vi\u00adsible el testimonio apost\u00f3lico a trav\u00e9s de sus miembros en los que puede reconocerse a verdaderos vivientes. Y tambi\u00e9n ha ocurrido a veces que unas comunidades religiosas cristianas diesen la impresi\u00f3n de que lo que en ellas se vive no es una vida&#8230; En cuyo caso, a nadie puede extra\u00f1ar que un tipo de existencia que \u00abno es una vida\u00bb no convide ni incite a nadie.<\/p>\n<p>\u00bfHabr\u00eda de ser esta situaci\u00f3n la nuestra propia, la que nos corresponde?<\/p>\n<p>No es imposible. Pero, entonces, tendr\u00edamos que buscar y cerciorarnos de cu\u00e1les son los verdaderos motivos que hacen que tal vida de comunidad no llegue ya a despertar en nadie deseos de seguirla. \u00bfEstamos en lo cierto cuan\u00addo queremos ver que esas razones son: el n\u00famero demasiado escaso, el enve\u00adjecimiento de los miembros, lo precario de los medios de acci\u00f3n de que se dispone? \u00bfEs verdaderamente eso lo que hace que la vida de comunidad no sea ya una verdadera vida? \u00bfNo se deber\u00e1 m\u00e1s bien esa situaci\u00f3n de no des\u00adpertar deseos al hecho de que, <em>en vez de aceptar el \u00abcaminar humildemente\u00bb <\/em>(cf. Mi 6, 8) <em>en pos de Jesucristo, como comunidad, <\/em>en las condiciones con\u00adcretas que se nos dan, vivimos con la obsesi\u00f3n del hermoso espect\u00e1culo que hubi\u00e9ramos querido ofrecer al mundo, para dar testimonio de El? En lugar de convertirnos en vivientes por el don que para ello nos da en su Esp\u00edritu, nos lamentaremos de no poder hacer una \u00abdemostraci\u00f3n\u00bb para con ella dar testimonio de Jesucristo&#8230;<\/p>\n<p>Estas afirmaciones no cuestionan nuestro <em>hacer, <\/em>corno tampoco nuestra inquietud por \u00abhacer bien\u00bb. Son de otro orden. Nos invitan a <em>que no situemos <\/em><em>el testimonio que de nosotros se espera al nivel de una moral superior, o en <\/em><em>el radicalismo de nuestras virtudes. <\/em>No es de eso de lo que se trata. De lo que se trata es tan s\u00f3lo de nuestra docilidad al. Esp\u00edritu. Por lo menos as\u00ed es como Francisco de As\u00eds, en su Regla, invita a sus hermanos a que se plan\u00adteen el problema: <em>\u00abDeben, <\/em>les dice, <em>desear poseer el Esp\u00edritu del Se\u00f1or <\/em>y de\u00ad<em>jarse manejar por El\u00bb <\/em>(Regla, c. X).<\/p>\n<p>Nadie puede ser testigo, participando en el testimonio apost\u00f3lico, si el Esp\u00edritu no se lo otorga. Es la afirmaci\u00f3n impl\u00edcita que contiene la promesa de Jes\u00fas: \u00abRecibir\u00e9is el poder del Esp\u00edritu Santo, que vendr\u00e1 sobre vosotros, y ser\u00e9is mis testigos&#8230;\u00bb (Act. 1, 8). El que se deja habitar por el Esp\u00edritu, es transformado por el Esp\u00edritu en su <em>ser. <\/em>Y s\u00f3lo esa transformaci\u00f3n del <em>ser <\/em>puede dar lugar al desarrollo de un <em>actuar <\/em>seg\u00fan el Esp\u00edritu. Sin ese nuevo <em>actuar, <\/em>el <em>hacer <\/em>orientado desde fuera por los objetivos que se propone no podr\u00e1 dar testimonio m\u00e1s que de la ideolog\u00eda en la que, consciente o incons\u00adcientemente, uno se mueve m\u00e1s que vive.<\/p>\n<p>No ser\u00eda posible que el paso de un <em>hacer <\/em>en el que uno es impulsado des\u00adde fuera a un <em>actuar <\/em>en el que se determina uno mismo desde dentro no fuera seguido de unas consecuencias en la propia vida. La docilidad al Esp\u00edritu inau\u00adgura la libertad; pero la libertad \u00abse paga\u00bb. Es la ley del testimonio apost\u00f3\u00adlico. Esto nos lo sugiere el ap\u00f3stol San Juan en un bell\u00edsimo texto, poco ex\u00adplotado para la espiritualidad: el texto en que el ap\u00f3stol nos habla de los <em>tres <\/em>que dan testimonio. \u00ab\u00bfY qui\u00e9n es el que vence al mundo, escribe, sino el que cree que Jes\u00fas es el Hijo de Dios? \u00c9l es el que vino por el agua y la sangre, Jesucristo: no en agua s\u00f3lo, sino en el agua y la sangre. Y es el Esp\u00ed\u00adritu el que lo certifica, porque el Esp\u00edritu es la verdad. Porque tres son los que testifican: el Esp\u00edritu, el agua y la sangre, y los tres se reducen a uno solo\u00bb (1 Jn. 5, 5-8).<\/p>\n<p>Juan hab\u00eda visto correr el agua y la sangre del costado abierto, en el <em>acon\u00ad<\/em><em>tecimiento de la Cruz. <\/em>Ese acontecimiento es tambi\u00e9n para \u00e9l el momento en que Jes\u00fas entreg\u00f3 su Esp\u00edritu a su Padre. Jes\u00fas dio testimonio de que su Padre es la vida, al devolverle el agua y la sangre por el Esp\u00edritu. Y el Padre, que es fuente de Vida, pudo dar testimonio de su Hijo resucit\u00e1ndolo por el mismo Esp\u00edritu. Juan fue testigo ocular de esos hechos. Dice lo que ha visto (In. 19, 35; 1 Jn. 1, 1-2). Pero Juan no se content\u00f3 con ver y decir lo que hab\u00eda visto: Juan medit\u00f3, reflexion\u00f3. Su carta nos hace participar de la meditaci\u00f3n de toda su vida sobre lo que es la verdadera Vida. La Vida es, primero, agua, \u00abmedio\u00bb de donde surge. Y brota de su fuente sin dificultad.<\/p>\n<p>Pero cuando se trata del hombre, la Vida no es s\u00f3lo agua; es sangre tam\u00adbi\u00e9n. Y, a diferencia del agua que brota sin dificultad de la fuente, la sangre no corre si no se la hace salir por una abertura forzada, en el dolor de una herida. Jes\u00fas dej\u00f3 correr el agua y la sangre bajo el impulso del Esp\u00edritu. Ah\u00ed est\u00e1 su testimonio apost\u00f3lico, el que da de Dios para atestiguar que Dios es Vida. Vivi\u00f3 al nivel del agua y de la sangre lo que \u00abes\u00bb en Dios su Padre en la comuni\u00f3n de su Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Para vivir participando en el testimonio apost\u00f3lico es preciso que los bau\u00adtizados, bajo el impulso del Esp\u00edritu, dejen ellos tambi\u00e9n correr el agua y la sangre: no s\u00f3lo el agua, sino la sangre tambi\u00e9n&#8230; Por lo tanto, no basta con hacer cosas que se encuentra normal hacer, porque \u00abno puede ser de otro modo\u00bb, porque \u00absale como el agua de la fuente\u00bb, porque \u00abes evidente\u00bb&#8230; Bajo el impulso del Esp\u00edritu, tiene que estar uno dispuesto a tener que hacer cosas que \u00abno son tan evidentes\u00bb, que \u00abno son corno el agua que mana del manantial\u00bb, que \u00abs\u00ed podr\u00edan ser de otro modo\u00bb; en una palabra, que implican el consentir en una herida para que \u00abpueda correr la sangre\u00bb.<\/p>\n<p>Tal consentimiento no puede proceder del mismo hombre. Si as\u00ed fuera, se podr\u00eda sospechar la existencia de alg\u00fan movimiento malsano de tipo maso\u00adquista. Para ser verdaderamente sano, tal consentimiento tiene que traducir la disponibilidad del hombre para dejarse <em>actuar, <\/em>manejar por el Esp\u00edritu de Dios. Ser\u00e1 entonces la se\u00f1al de que ese hombre ha empezado, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, a entrar en el ritmo de esos intercambios con los que el Padre y el Hijo se comunican todo lo que son, comunicaci\u00f3n por la que son Vida, Dios-vivo, Dios de Vida.<\/p>\n<p>Una comunidad religiosa en la que se ha logrado ser vivientes con esa Vida, porque se ha dejado libertad al Esp\u00edritu para <em>actuar, <\/em>un d\u00eda u otro, lle\u00adgar\u00e1 a ser necesariamente un lugar en el que se viva la herida que mana agua y sangre. En esa comunidad, la participaci\u00f3n en el testimonio apost\u00f3lico se traducir\u00e1 en el consentimiento dado no s\u00f3lo a cosas que parecen l\u00f3gicas, na\u00adturales (corno m\u00e9todos nuevos, t\u00e9cnicas diferentes, empleados de acuerdo con las ciencias humanas y con todas las dimensiones del hombre), sino tambi\u00e9n a cosas que no parecen tan l\u00f3gicas (conducta, actitudes, situaciones en las que hay que reconocer la propia debilidad en cuanto a la fe). Es posible que <em>esos consentimientos <\/em>haya que darlos con motivo de las relaciones con el mundo, con <em>el entorno exterior; <\/em>pero es muy posible tambi\u00e9n que haya que darlos en <em>las relaciones dentro de la comunidad religiosa, <\/em>entre los miembros que la componen.<\/p>\n<p>En una coyuntura comunitaria que se caracteriza por la disminuci\u00f3n de los miembros, por la inversi\u00f3n <em>de <\/em>la pir\u00e1mide de las edades, por el enfrenta\u00admiento de ideolog\u00edas diferentes, seg\u00fan sean los or\u00edgenes familiares o las obli\u00adgaciones socio-profesionales que se desempe\u00f1en, la participaci\u00f3n en el testi\u00admonio apost\u00f3lico requerir\u00e1, con m\u00e1s frecuencias que en otras \u00e9pocas, con\u00adsentir en cosas que no se ven tan l\u00f3gicas que \u00abs\u00ed podr\u00edan ser de otro modo\u00bb. No ser\u00e1 in\u00fatil recordar entonces que esas cosas son las que las Escrituras se\u00f1alan cuando hablan del testimonio de la sangre.<\/p>\n<p>Y acaso fuera \u00e9ste uno de los rasgos m\u00e1s actuales del testimonio apost\u00f3\u00adlico que tienen que dar las familias religiosas cristianas en el mundo de hoy. Es posible que la vida religiosa cristiana se encuentre actualmente ante una encrucijada de caminos.<\/p>\n<p>El mundo contempor\u00e1neo manifiesta todos los s\u00edntomas de una especie de \u00abvado\u00bb. Ante la amenaza que ese vac\u00edo representa para los humanos, las comunidades religiosas cristianas pueden escoger \u2014juntamente con otros ni\u00adveles religiosos y filos\u00f3ficos\u2014 el testimoniar que el sentimiento religioso y el instinto de comuni\u00f3n \u00abexiste todav\u00eda\u00bb, y no s\u00f3lo que existen todav\u00eda, sino que constituyen una \u00abreceta\u00bb con \u00e9xito sobre todo entre los j\u00f3venes&#8230; La existencia y prosperidad de comunidades que han hecho esa opci\u00f3n dar\u00e1 por lo menos testimonio de la vitalidad del sentimiento religioso y del ins\u00adtinto de comuni\u00f3n entre sus miembros y entre aquellas personas que fre\u00adcuentan dichas comunidades.<\/p>\n<p>Pero el mundo contempor\u00e1neo no es s\u00f3lo un mundo que sufre de su pro\u00adpio vac\u00edo. Es un mundo<sup>. <\/sup>en el que se ha llevado muy adelante el proceso pre\u00adsentado contra Dios por el hombre desde el primer pecado. Proceso que, al menos en nuestros pa\u00edses que llamamos civilizados, el mundo est\u00e1 en trance de ganar contra Dios. En efecto, ese mundo es, cada vez m\u00e1s, un mundo que no cree en la vida, un mundo de \u00abviejos\u00bb, instalados en el narcisismo suicida de los que quieren vivir su vida para s\u00ed, como propietarios que tienen dere\u00adcho de usar y abusar de su \u00abpasta\u00bb, de su vientre, de sus ideas, de sus pro\u00adyectos&#8230;<\/p>\n<p>Ser\u00eda lamentable para ese mundo que las familias religiosas cristianas, equivocando su objetivo, gastasen sus energ\u00edas eh querer dar testimonio de la persistencia de lo religioso y del deseo de comuni\u00f3n en el hombre, cuando <em>de lo que se trata es de dar testimonio de la voluntad de Salvaci\u00f3n en Dios. <\/em>Pero s\u00f3lo dar\u00e1n testimonio de ese Dios que quiere la Vida para el hombre, las comunidades religiosas cuya existencia, vivida \u00e9n fidelidad a lo que tienen que vivir, remita al testimonio apost\u00f3lico de Aquel que vino por el agua y por la sangre: \u00abno s\u00f3lo en el agua, sino en el agua y la sangre\u00bb. Dar ese testimonio, no lo har\u00e1n por ellas mismas.<\/p>\n<p>Les vendr\u00e1 dado, a poco que sus miembros consientan en dejarse mover, impulsar, \u00abactuar\u00bb, varios juntos, en comunidad, por el dinamismo del Es\u00adp\u00edritu.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los hombres de nuestro tiempo viven asaltados por numerosos interrogantes. A diario, los religiosos y las religiosas tienen, tambi\u00e9n ellos, que dar cuenta de su opci\u00f3n de vida. 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