{"id":49123,"date":"2011-09-03T10:37:23","date_gmt":"2011-09-03T08:37:23","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/09\/vida-de-san-vicente-de-paul-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento-libro-primero-capitulo-23\/"},"modified":"2016-07-26T17:24:40","modified_gmt":"2016-07-26T15:24:40","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento-libro-primero-capitulo-23","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento-libro-primero-capitulo-23\/","title":{"rendered":"Vida de San Vicente de Pa\u00fal, de Fray Juan del Sant\u00edsimo Sacramento. Libro primero, cap\u00edtulo 23"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>Cap\u00edtulo XXIII: Contin\u00faa el mismo asunto.<\/strong><\/p>\n<p title=\"\">Bien pudo el siervo de Dios Vicente decir con el Santo Job, a causa de los errores que perturbaron la tranquilidad de la Iglesia en este siglo, que le hab\u00eda acontecido aquello que m\u00e1s hab\u00eda temido, y que se hab\u00eda visto empe\u00f1ado en un lance que siempre por tan peligroso hab\u00eda mirado con temor.<span id='easy-footnote-1-49123' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento-libro-primero-capitulo-23\/#easy-footnote-bottom-1-49123' title='Timor quem timebam evenit mihi; et quod verebar accidit. Job. 111.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\n<p>\u00ab<em>Toda mi vida<\/em>, dec\u00eda una vez a su comunidad, <em>he tenido miedo de encontrarme con el nacimiento de alguna herej\u00eda. Ve\u00eda el gran da\u00f1o que hab\u00eda hecho la de Lutero y Calvino, y cuantas personas de toda clase hab\u00edan chupado el pernicioso veneno, queriendo gustar la falsa dulzura de sus pretendidas reformas; mi temor, pues, ha consistido en hallarme iniciado en los errores de alguna nueva doctrina sin tener conocimiento de ello, y por eso, repito, siempre tem\u00ed esto<\/em>\u00ab. Y m\u00e1s de una vez dijo lo mismo a diversas personas virtuosas y de su confianza.<\/p>\n<p>Pero dispuso Dios por particular providencia que sucediese a su siervo lo que tanto hab\u00eda temido, permitiendo que en su tiempo naciera en la Iglesia el Jansenismo, y a\u00fan m\u00e1s, que Vicente de antemano tuviese amistad con uno de los principales autores de la secta; esto sin embargo sirvi\u00f3 para hacer resplandecer m\u00e1s la fe y el vigor de su celo, y poner en la Iglesia una columna de fierro y un muro de bronce para sostener y defender la verdad.<\/p>\n<p>Queriendo Dios prepararlo y ponerlo a cubierto del contagio de los nuevos errores, permiti\u00f3 que antes que estos tuviesen publicidad, contrajese Vicente particular amistad con un abate originario de su provincia,<span id='easy-footnote-2-49123' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento-libro-primero-capitulo-23\/#easy-footnote-bottom-2-49123' title='Abelly habla aqu\u00ed del famoso abate de San Cyran, que era natural de Bayona.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span> el cual fue condisc\u00edpulo de Jansenio en la Universidad de Lovayna, y cuando volvi\u00f3 a Francia lo trajo en su compa\u00f1\u00eda para hacerlo su confidente, y propagar poco a poco en conversaciones familiares la doctrina que hab\u00eda concebido para reformar, seg\u00fan cre\u00eda, la Iglesia en su disciplina y en algunos puntos de fe. Ning\u00fan lugar le pareci\u00f3 m\u00e1s a prop\u00f3sito que Par\u00eds para sembrar sus errores, pues en esta ciudad encontraba muchas personas en disposici\u00f3n de escucharlo, ya por un movimiento de curiosidad, ya por darse importancia de instruidos en una nueva doctrina desconocida, seg\u00fan dec\u00eda su autor, por muchos siglos a todos los doctores escol\u00e1sticos.<\/p>\n<p>Viendo Vicente la general estimaci\u00f3n que todos ten\u00edan al abate por su erudici\u00f3n y otras buenas cualidades que le supon\u00edan, crey\u00f3 que su conversaci\u00f3n no pod\u00eda menos de ser provechosa a \u00e9l y a los de su Congregaci\u00f3n, que entonces se hallaba en la cuna; y con este intento comenz\u00f3 a frecuentar sus relaciones con el abate, pues como industriosa abeja quer\u00eda sacar la miel de la buena doctrina y escuchar los buenos consejos de su nuevo amigo; por su parte el abate tambi\u00e9n estimaba en mucho las relaciones de Vicente, pues se promet\u00eda hacerle chupar el veneno de sus errores para que lo comunicase a su Compa\u00f1\u00eda, y como diligentes operarios sembrasen y derramasen por todas partes la mentira. Y como ve\u00eda tan buena disposici\u00f3n en Vicente para escucharlo, comenz\u00f3 a descubrir muy poco a poco sus m\u00e1ximas, mezcl\u00e1ndolas con otras tan buenas y santas, que si el esp\u00edritu de Vicente no hubiese sido tan esclarecido en la verdadera luz, dificilmente hubiera conocido el error.<\/p>\n<p>Muy pronto comenz\u00f3 el siervo de Dios a admirarse de los principios de una doctrina tan nueva, y esto le hizo meditar y sondear el coraz\u00f3n del abate, cuyos sentimientos ya le fueron pareciendo sospechosos y perjudiciales. Haciendo un d\u00eda recaer la conversaci\u00f3n sobre un punto de la doctrina de Calvino, qued\u00f3 admirado Vicente al ver que sosten\u00eda el buen abate el error de ese heresiarca; y como le manifestase que la doctrina de Calvino estaba ya condenada por la Iglesia, respondi\u00f3 el abate: \u00ab<em>Que Calvino hab\u00eda defendido mal una buena causa<\/em>\u00ab, a\u00f1adiendo estas palabras: <em>Ben\u00e9 sensit, mal\u00e9 locutus est<\/em>.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n, en que defend\u00eda con calor el abate una doctrina condenada por el Concilio de Trento, crey\u00f3 Vicente que la caridad le obligaba a hacerle algunas advertencias, y as\u00ed le dijo: \u00ab<em>Avanz\u00e1is demasiado, Se\u00f1or; pues qu\u00e9, \u00bfquer\u00e9is que d\u00e9 yo m\u00e1s cr\u00e9dito a un doctor particular, como sois, sujeto a enga\u00f1o, que a toda la Iglesia, que es la columna de la verdad? Ella me ense\u00f1a una cosa, y me sosten\u00e9is otra contraria; y \u00bfos atrev\u00e9is a preferir vuestro dictamen al de las mejores cabezas del mundo, y de tantos ilustres prelados que reunidos en el Concilio de Trento decidieron este punto?<\/em>\u00bb \u2014 \u00ab<em>No me habl\u00e9is de ese Concilio<\/em>, respondi\u00f3 el abate, <em>porque no fue m\u00e1s que un concilio del Papa y los escol\u00e1sticos, en que s\u00f3lo hubo facciones y c\u00e1balas<\/em>\u00ab. Tan temerarias palabras de un esp\u00edritu embriagado de amor propio obligaron a Vicente, que profesaba un profundo respeto a todas las decisiones de la Iglesia, a conducirse con mucha circunspecci\u00f3n con este hombre, cuya conversaci\u00f3n consideraba muy perniciosa, y a\u00fan a alejarse para siempre de \u00e9l si continuaba manifestando los mismos principios, lo que verific\u00f3 a consecuencia de los siguientes acontecimientos.<\/p>\n<p>Habiendo ido un d\u00eda a visitarlo, lo encontr\u00f3 en su cuarto leyendo la Biblia, y por temor de interrumpirlo, permaneci\u00f3 en pie alg\u00fan tiempo sin hablar nada; pero mir\u00e1ndolo el abate, le dijo: \u00ab<em>\u00bfVeis lo que leo, se\u00f1or m\u00edo? La Sagrada Escritura<\/em>\u00ab. Y con este motivo comenz\u00f3 a querer convencer a Vicente con largos discursos de que Dios le daba una perfecta inteligencia de la Escritura, y que su esp\u00edritu abundaba en luces para explicar los textos sagrados; y lleg\u00f3 a tal punto , que dec\u00eda que la Biblia era m\u00e1s profunda y clara en su cabeza, que en s\u00ed misma. Palabras que Vicente repiti\u00f3 a varias personas, asegurando ser las mismas del abate.<\/p>\n<p>Otra ocasi\u00f3n en que Vicente fue a visitarlo, lo encontr\u00f3 encerrado en su gabinete, y luego que sali\u00f3, con aire risue\u00f1o le dijo: \u00ab<em>Confesad, se\u00f1or abate, que acab\u00e1is de escribir algo de lo que Dios se ha servido inspiraros en la oraci\u00f3n de esta ma\u00f1ana<\/em>\u00ab. A lo que contest\u00f3 el abate: \u00ab<em>S\u00ed; confieso que Dios me ha inspirado y me inspira nuevas luces, pues me ha dado a conocer que ya no existe la Iglesia<\/em>\u00ab. Sorprendido Vicente con esta respuesta, volvi\u00f3 el abate a decir: \u00ab<em>No; ya no hay Iglesia: Dios me ha hecho conocer que hace m\u00e1s de quinientos o seiscientos a\u00f1os que no existe. Antes de esta \u00e9poca era la Iglesia un gran r\u00edo con cristalinas aguas; pero ahora lo que nos parece Iglesia no es m\u00e1s que un cenagal: el lecho de este hermoso r\u00edo existe a\u00fan; pero sus aguas han desaparecido<\/em>\u00ab. \u00ab<em>\u00bfC\u00f3mo<\/em>, contest\u00f3 Vicente, <em>pretend\u00e9is dar m\u00e1s cr\u00e9dito a vuestros sentimientos particulares que a la palabra de Jesucristo, que dijo que edificar\u00eda su Iglesia sobre la piedra, y no prevalecer\u00edan contra ella las puertas del infierno? La Iglesia es la Esposa de Cristo, jam\u00e1s la abandonar\u00e1, y el Esp\u00edritu Santo la asistir\u00e1 siempre<\/em>\u00ab. El abate le respondi\u00f3: \u00ab<em>Es cierto que Jes\u00fas edific\u00f3 su Iglesia sobre la piedra; pero tambi\u00e9n lo es que hay tiempos de edificar y tiempos de destruir. Era su Esposa; pero ahora es ad\u00faltera, y por eso la ha repudiado, y quiere que se substituya con otra que le sea m\u00e1s fiel<\/em>\u00ab. Vicente le manifest\u00f3 que se estaba separando mucho del respeto que deb\u00eda a la verdad, y que desconfiase enteramente de su esp\u00edritu, porque estaba preocupado de perversos sentimientos; y despu\u00e9s de algunas otras palabras se separaron.<\/p>\n<p>Refiri\u00f3 Vicente en varias ocasiones estas entrevistas con el abate a los de su Congregaci\u00f3n y a otras personas; pero siempre manifestando no poco sentimiento y dolor por la ceguedad de los nuevos herejes, y guiado por un movimiento de caridad para evitar el contagio e inspirar el recelo con que los de su Congregaci\u00f3n deb\u00edan o\u00edrlos.<\/p>\n<p>Temeroso Vicente de que ciego el abate por la vana opini\u00f3n de sus talentos, y guiado por el esp\u00edritu de presunci\u00f3n y soberbia, se precipitase en alguna herej\u00eda, y consigo arrastrase a otros muchos, determin\u00f3, obedeciendo las leyes de su antigua amistad y de la caridad cristiana, hacer un esfuerzo para reducirlo al buen camino, empleando la correcci\u00f3n fraterna. Y as\u00ed se fue un d\u00eda a hacerle una visita, en la que comenz\u00f3 preparando su esp\u00edritu con acomodados razonamientos, para despu\u00e9s aplicarle el remedio que se propon\u00eda emplear: habl\u00f3le en seguida de la obligaci\u00f3n que ten\u00eda de someterse al juicio de la Iglesia y del respeto y consideraci\u00f3n que se deb\u00eda al Santo Concilio de Trento; descendiendo despu\u00e9s a proposiciones particulares, que err\u00f3neamente quer\u00eda sostener, le hizo ver que siendo contrarias a la doctrina de la Iglesia, no ten\u00eda raz\u00f3n de meterse en un laberinto de errores, y menos en querer que \u00e9l y toda su Congregaci\u00f3n los abrazasen, y que le suplicaba por nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que cuanto antes saliese de tan deplorable estado. Se ignora lo dem\u00e1s que en esta entrevista pas\u00f3; solo se sabe que le habl\u00f3 Vicente con tal energ\u00eda, que nada tuvo que responder; pero con todo, el abate no pudo digerir una advertencia que le caus\u00f3 profunda impresi\u00f3n, y por eso al cabo de un mes que se hallaba ya en su abad\u00eda, escribi\u00f3 a Vicente una larga carta, de la que copiaremos algunos trozos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab<em>Por esa disposici\u00f3n a la humildad que existe en el fondo de vuestro coraz\u00f3n para creer lo que en los libros sagrados se encuentra, cre\u00eda que nada ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil que convenceros por vuestros propios ojos de lo que ahora detest\u00e1is como error; pero cuando en el discurso de vuestra fraterna amonestaci\u00f3n o\u00ed que a las cuatro correcciones anteriores agregabais la quinta, porque una vez os dije que deseaba, por haceros un servicio y a toda la Congregaci\u00f3n, formar una serie de art\u00edculos sobre asuntos de vuestro instituto, no cre\u00ed que era la ocasi\u00f3n a prop\u00f3sito para contestaros, y sufr\u00ed sin grande esfuerzo esto de un hombre que por mucho tiempo me hab\u00eda honrado con su amistad y ten\u00eda en Paris muy buena reputaci\u00f3n. Solamente me admira ver que, siendo como sois, tan dulce y reservado en todos los negocios, hay\u00e1is aprovechado la ocasi\u00f3n del levantamiento que hay contra m\u00ed, para uniros a los dem\u00e1s y oprimirme; agregando a las demas\u00edas de otros el haber venido en persona y a mi propia casa a atacarme; cosa que ninguno se ha atrevido a hacer. Puedo aseguraros que ninguno de esos se\u00f1ores prelados que tanto frecuentan vuestra casa, dejar\u00eda de admitir mis opiniones, y aun de autorizarlas con su dictamen, si quisiera yo hablarles con alg\u00fan espacio; pues tan lejos de oponerse, quedar\u00edan contentos y agradecidos<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s de estos desahogos de su bilis alterada y de la presunci\u00f3n de su esp\u00edritu que no le dejaba aprovecharse de las advertencias caritativas de su fiel amigo, agregaba al fin de su carta: \u00ab<em>Queda quitaros ciertas pr\u00e1cticas, que si siempre he tolerado en vuestra disciplina, es porque os ve\u00eda muy adicto a ellas y muy resuelto a no abandonarlas por haber sido autorizadas por la opini\u00f3n de los personajes con quienes consultabais. Pero despu\u00e9s de lo que ha pasado, no tengo embarazo en deciros, que seg\u00fan mi opini\u00f3n, no son aceptas a Dios, porque s\u00f3lo pueden hacerse con un esp\u00edritu de sencillez, que es tan raro, que de \u00e9l puedo decir lo que un bienaventurado de nuestros d\u00edas ha dicho respecto de los directores de almas, y es, que entre diez mil apenas puede encontrarse uno solo que verdaderamente lo sea. Solamente digo, ese esp\u00edritu de sencillez puede hacerlas excusables ante Dios; tendr\u00e9 sin embargo la paciencia que \u00e9l mismo ha tenido de dejaros obrar, y permanecer\u00e9 con la misma disposici\u00f3n que hoy he manifestado de serviros en ello por condescendencia, ya que no he podido por entera aprobaci\u00f3n<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Bastante claramente se manifiesta por esta carta que las intenciones del abate eran insinuar sus m\u00e1ximas en el coraz\u00f3n de Vicente y propagarlas a toda su Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n; mas por una especial protecci\u00f3n, Dios ha librado al padre y a los hijos del contagio de estos errores, y los ha mantenido siempre firmes en las creencias ortodoxas que ense\u00f1a la Iglesia.<\/p>\n<p>Como este abate persistiese en propagar secretamente su doctrina, dispuso el rey que se pusiese en prisi\u00f3n, y al verificarlo se recogieron todos los papeles que ten\u00eda, entre los cuales se encontraba el borrador de la carta que acabamos de referir, la que se divulg\u00f3 en esta ocasi\u00f3n, y aun en el interrogatorio se le hicieron varias preguntas sobre las entrevistas que hab\u00eda tenido con Vicente. Hab\u00eda fundadas esperanzas para creer que su encarcelaci\u00f3n humillase su orgullo y le hiciese conocer sus errores; pero no fue de larga duraci\u00f3n, pues sus partidarios consiguieron a fuerza de ruegos que en breve le pusiesen en libertad, y poco despu\u00e9s por juicio secreto de Dios pas\u00f3 de esta vida a la otra.<\/p>\n<p>Por la misma \u00e9poca se publicaron dos perniciosos libros que hab\u00edan pasado por las manos del abate: uno, en que se intentaba probar que San Pedro y San Pablo hab\u00edan recibido de Dios igual poder para gobernar la Iglesia, con el fin de impugnar de este modo la unidad del jefe de ella; y el otro, el <em>Augustinus<\/em> de Jansenio que tanto ha llamado la atenci\u00f3n, y dio origen a los partidos que se levantaron en Francia y en la Iglesia. Y como conoc\u00eda muy bien Vicente la fuente perniciosa de esta doctrina, crey\u00f3 que era de su deber oponerse y hacer cuanto pudiera para solicitar la condenaci\u00f3n de ella.<\/p>\n<p>Escribi\u00f3 con tal objeto el 4 de Octubre de 1646, la carta siguiente a cierto cardenal.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab<em>Humildemente ruego a Vuestra Eminencia me dispense que le remita algunos escritos contra la proposici\u00f3n de \u00abLas dos cabezas de la iglesia San Pedro y San Pablo\u00bb, que ha compuesto uno de nuestros m\u00e1s sabios te\u00f3logos, que quiere ocultar su nombre. En una Gaceta de Roma he le\u00eddo que en esta ciudad actualmente se ocupan en el examen de ese libro, y que dos doctores de la Sorbona que all\u00ed est\u00e1n, pretenden probar que esas opiniones que contiene dicho libro son las que sostiene su facultad; pero \u00e9sta, noticiosa de que se le atribuyen tales ideas, se ha reunido y enviado al nuncio dos diputados para desmentir ese dicho de los doctores de Roma, y suplicarle que haga cuanto pueda para que en el pr\u00f3ximo n\u00famero de la Gaceta se publique que la Facultad es de opuesto sentir. Quiere el buen y virtuoso te\u00f3logo que me ha tra\u00eddo estos escritos, que por mi conducto vayan a Roma, a fin de que lleguen a manos de las personas a quienes Su Santidad haya nombrado para que examinen el libro; pues en dichos escritos est\u00e1n los textos con que se trata de probar la igualdad de San Pedro y San Pablo, y la refutaci\u00f3n de ellos sacada de los mismos autores que se citan<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>A consecuencia de esta carta, la Santa Sede conden\u00f3 el libro de <em>Las dos cabezas<\/em>, y con esto tuvo Vicente el consuelo de recoger el fruto de sus afanes.<\/p>\n<p>En cuanto al libro de Jansenio, muy pronto conoci\u00f3 Vicente que no era otra cosa m\u00e1s que la doctrina que poco a poco le hab\u00eda ido desenvolviendo el difunto abate en las entrevistas que hab\u00edan tenido, y que el veneno que conten\u00eda era tanto m\u00e1s terrible, cuanto iba envuelto con el especioso pretexto de volver a dar a la teolog\u00eda su primitivo esplendor y pureza; y como ten\u00eda motivo para conocer la perniciosa doctrina muy de antemano, se crey\u00f3 obligado a buscar un eficaz ant\u00eddoto, entre tanto la Santa Sede pon\u00eda el remedio soberano para el mal. Con este fin vio a varias personas de conocida virtud y erudici\u00f3n, para que atacasen los errores que conten\u00eda el libro, y entre ellas fue una el difunto Sr. Raconis, obispo de Lavaur, a quien hizo varias advertencias sobre este asunto, y con quien obr\u00f3 de acuerdo para contener los progresos de la mala doctrina, seg\u00fan se echa de ver por varias cartas de dicho Sr. Raconis que escribi\u00f3 a Vicente, de entre las cuales copiaremos lo siguiente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab<em>Luego que concluimos nuestra conversaci\u00f3n de ayer, pas\u00e9 a ver al pr\u00edncipe de Cond\u00e9 para hablarle del Jansenio, y lo he encontrado muy animado contra los errores de este autor; me ha excitado a que contin\u00fae trabajando y favorezca el celo que manifest\u00e1is en defensa de la Iglesia, sobre lo que le he hablado muy detenidamente, y todo lo ha o\u00eddo con sumo gusto. D\u00edjome dos cosas: que pasase en persona a ver al nuncio y le dijese de su parte, que deseaba verlo en alguna iglesia para hablarle sobre este negocio, y manifestarle la necesidad que hab\u00eda, tanto para el bien de la Iglesia como para la tranquilidad del estado, de responder al autor. Al punto lo hice; y despu\u00e9s de una larga conferencia que tuve con el nuncio, convenimos en que le mandar\u00eda yo una lista de los errores de Jansenio que ya est\u00e1n condenados, o por algunos concilios, o por papas. Volv\u00ed en seguida a ver al pr\u00edncipe, quien recibi\u00f3 con mucho gusto la noticia de lo que pasaba, y me prometi\u00f3 que manifestar\u00eda a la reina y al cardenal Mazarin la suma importancia de este negocio; concluyendo con repetirme el segundo encargo que me hab\u00eda hecho, que es el de aseguraros que le animaba un gran deseo de auxiliaros en este asunto<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Al paso que la nueva doctrina hac\u00eda progresos, insinu\u00e1ndose en el esp\u00edritu de los amigos de todo lo nuevo, trabajaba Vicente en el Consejo de la reina, al que hab\u00eda sido llamado desde el principio de la regencia, persuadiendo a su Majestad y al cardenal Mazarin, de lo mucho que importaba al bien de la Iglesia y del Estado, que no ocupasen los beneficios eclesi\u00e1sticos las personas sospechosas de adictas a la nueva doctrina. Y como estaba convencido de que las c\u00e1tedras de los profesores y predicadores eran la fuente p\u00fablica en donde se beben las aguas de la doctrina y de las costumbres, ten\u00eda gran cuidado con que ocupasen esos puestos las personas que abundasen en los sentimientos comunes de la Iglesia, y para lograrlo exhortaba a que se hiciesen particulares oraciones, y empleaba los medios que le dictaba su caridad.<\/p>\n<p>Consultaba a menudo con el nuncio y el canciller los medios adecuados para detener los progresos de la nueva doctrina; como se verific\u00f3 cierta ocasion en que tuvo noticia de que en un convento de religiosos se iba a sustentar una tisis sospechosa de jansenismo, y logr\u00f3 que por autoridad de ellos se mandase suspender aquel acto, lo que en efecto sucedi\u00f3, seg\u00fan consta de la carta siguiente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab<em>Como un religioso de esta ciudad quisiese defender una tesis que compuso, en la que asentaba una proposici\u00f3n que por ser jansenista hab\u00eda ya condenado la Sorbona, dispuso el se\u00f1or canciller que no se reuniesen los asistentes al acto, ni se disputase sobre la materia. Contest\u00f3 el superior de este religioso, poniendo algunas dificultades para obedecer tal orden; pero la respuesta fue que se guardase bien de hacer lo contrario de lo que se mandaba, pues medios hab\u00eda para hacerlo entrar en el orden a \u00e9l y a todos sus religiosos. Orden\u00f3le tambi\u00e9n el canciller que fuese a ver al nuncio, de quien recibi\u00f3 fuertes reconvenciones por haber consentido en que se publicase la tesis del religioso, y lo amenaz\u00f3, lo mismo que a todos los que sostuviesen en su religi\u00f3n las nuevas doctrinas, con hacerlos castigar y dar parte de ello al papa y al general de la orden. Despu\u00e9s que esto pas\u00f3, el superior y toda la comunidad castigaron al religioso de la tesis, lo excluyeron de todo cargo y oficio en la orden, lo privaron de voz y voto en las asambleas, y al fin lo expulsaron de la casa. Por esto que ha pasado, hay fundamento para esperar que tomando tan fuertes medidas contra semejantes empresas, muy pronto se desterrar\u00e1 la perniciosa doctrina.<\/em>\u00ab<\/p>\n<p>De esta manera aprovechaba el fiel siervo de Dios las ocasiones que se le presentaban para impedir que hiciesen los errores estragos en la Iglesia. Pero como a pesar de esto y de cuantos esfuerzos se hac\u00edan para impedir los progresos del mal, este iba siempre en aumento, extendi\u00e9ndose a todas partes, introduciendo la divisi\u00f3n en las escuelas, en las comunidades religiosas y aun en las familias seculares, y amenazando la tranquilidad del Estado, Vicente se aflig\u00eda sobremanera, e incesantemente meditaba en los medios que pudieran ser m\u00e1s eficaces para impedir las funestas consecuencias de estos principios; y como cre\u00eda que en gran parte los males eran efecto de la c\u00f3lera divina, se aplicaba a la oraci\u00f3n y mortificaci\u00f3n, para lograr que Dios por su bondad los alejase de aquel reino.<\/p>\n<p>No fueron in\u00fatiles sus l\u00e1grimas y ruegos, porque a poco tiempo supo que muchos prelados, animados del celo por la conservaci\u00f3n de la fe y de la religi\u00f3n cat\u00f3lica, hab\u00edan resuelto dirigirse a la Santa Sede para poner un remedio pronto y eficaz a tantos des\u00f3rdenes. Alegr\u00f3se mucho de esta resoluci\u00f3n, y crey\u00f3 oportuno dar parte de ella a otros prelados, para que uniesen sus s\u00faplicas a las de los primeros, lo que hizo por una carta que les dirigi\u00f3 en Febrero de 1651 en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab<em>Los malos efectos que producen las opiniones de estos tiempos, han determinado a muchos prelados a recurrir al Santo Padre para suplicarle que decida sobre esta doctrina.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Los motivos que para esto han tenido presentes, son: 1.\u00b0 Que de este modo creen que muchos continuar\u00e1n adoptando las opiniones comunes, de las que podr\u00edan separarse si no se daba este paso, como ya hemos visto que sucedi\u00f3 con motivo de la censura del Libro de Las dos cabezas. 2.\u00b0 Porque parece que el mal aumenta porque se tolera. 3.\u00b0 Se cree en Roma que la mayor parte de los se\u00f1ores obispos de Francia son partidarios de las nuevas opiniones, y es cosa importante manifestar que hay muy pocos. 4.\u00b0 En fin, esto es conforme con lo que quiere el Santo Concilio de Trento, el que manda que cuando haya opiniones contrarias a lo que \u00e9l ha determinado, se ocurra a los papas para que dispongan lo conveniente. Esto es pues, Illmo. Sr., lo que se quiere hacer, seg\u00fan ver\u00e1 S. I. por la carta que acompa\u00f1o; en la inteligencia que su firma ir\u00e1 despu\u00e9s de la de otros cuarenta obispos, cuyos nombres son los siguientes, etc.<\/em>\u00ab<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de esta circular que a muchos prelados envi\u00f3, en particular escribi\u00f3 a uno de ellos, de quien no hab\u00eda recibido respuesta, en los t\u00e9rminos siguientes.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Paris, 23 de Abril de 1651.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abIllmo. Sr.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>D\u00edas ha que me tom\u00e9 la libertad de escribir una carta a S. I. acompa\u00f1ando la copia de la que muchos se\u00f1ores obispos del reino quieren dirigir al Santo Padre para suplicarle decida sobre los puntos de la nueva doctrina, con el fin de que S. I. se sirviese firmarla si le parec\u00eda. Pero como ninguna respuesta he recibido, temo que no haya llegado a sus manos, o que un escrito perverso que han repartido en estos d\u00edas los partidarios de esta doctrina con el objeto de impedir el que se d\u00e9 este paso, haya hecho a S. I. suspender su resoluci\u00f3n. Por esta raz\u00f3n le remito otra copia, suplic\u00e1ndole en nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que considere la necesidad que hay de remitir esta carta a causa de la divisi\u00f3n que se va introduciendo en las familias, en las poblaciones y aun en las universidades, como una llama perniciosa que cada d\u00eda crece, trastorna las cabezas y amaga a la Iglesia con un golpe irreparable, si prontamente no se acude al remedio.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>El estado actual de los negocios p\u00fablicos no permite tener la esperanza de que se re\u00fana un concilio general: y aunque esto no fuera, bien sabe S. I. todo el tiempo que pas\u00f3 para poder reunir el \u00faltimo; y siendo este un remedio remoto para un mal actual, \u00bfqu\u00e9 convendr\u00e1 hacer? Sin duda recurrir a la Santa Sede, no solo por no haber otro camino, sino porque el Concilio de Trento dispuso en su \u00faltima sesi\u00f3n que se recurriese al Santo Padre para decidir en las dificultades que se presenten sobre lo que dejaba decretado. Y pues que la Iglesia se encuentra en un concilio general reunido can\u00f3nicamente, como ese, y el Esp\u00edritu Santo conduce la misma Iglesia, como no puede dudarse, \u00bfpor qu\u00e9 no se ha de observar lo que ordena para el caso en que nos hallamos, que es recurrir al Sumo Pont\u00edfice? Bastar\u00eda esta raz\u00f3n, Illmo. Se\u00f1or, para contarlo entre los sesenta que firmaron esta carta, sin m\u00e1s antecedentes que saber el asunto de ella; hay adem\u00e1s de estos, otros muchos que deben firmarla.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Pudiera tal vez decir alguno que no debe decidir anticipadamente en una materia en que debe ser el juez. Pero a esto puede contestarse, que no pudiendo verificarse por lo ya dicho, un concilio general, tampoco puede ser juez. Pero supongamos lo contrario; recurrir al papa, no puede ser un impedimento, porque muchos santos en otros tiempos le han escrito contra las nuevas doctrinas, y a pesar de esto, despu\u00e9s han asistido como jueces a los concilios que las han condenado.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Y si replicase alguno que los papas han impuesto silencio sobre esta materia, prohibiendo que se hable, dispute ni escriba de ella, se le podr\u00e1 contestar, que no debe entenderse este silencio respecto del papa mismo, cabeza de la Iglesia, con el cual todos los miembros deben estar en relaci\u00f3n; y que por el contrario, debemos recurrir a \u00e9l en los casos de duda y de divisiones. \u00bfA qui\u00e9n otro pudiera uno dirigirse, y de qu\u00e9 modo hab\u00eda de llegar a noticia de su Santidad las cuestiones que se suscitan, si no se le comunican para que decida en ellas?<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Si dijere alguno, Illmo. Sr. , que la dilaci\u00f3n de la respuesta de su Santidad, o una decisi\u00f3n poco terminante aumentar\u00eda el atrevimiento de los contrarios, puedo asegurarle que el nuncio ha dicho que tiene noticias de Roma, por las que cree que luego que su Santidad reciba una carta del rey y otra de un cierto n\u00famero de los obispos de Francia, decidir\u00e1 sobre esta doctrina. Adem\u00e1s, el rey est\u00e1 resuelto a escribir; y el primer presidente ha dicho, que con tal que la bula de su Santidad no diga que se ha dado por opini\u00f3n de la Inquisici\u00f3n de Roma, le dar\u00e1 pase en el parlamento.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00bfY qu\u00e9 se gana, dir\u00e1 otro tal vez, con la decisi\u00f3n del papa, puesto que no se someter\u00e1n a ella los que sostienen la nueva doctrina? Esto solo puede ser cierto respecto de algunos que han estado en la conspiraci\u00f3n del difunto N., quien no solo no ten\u00eda disposici\u00f3n para someterse a las decisiones del papa, sino que no cre\u00eda en los concilios. S\u00e9 muy bien, Illmo. Sr. , por haberlo experimentado, que estos podr\u00e1n ser tan obstinados como \u00e9l: pero respecto de otros muchos que solo siguen las doctrinas por ser nuevas, o porque tienen relaciones de familia con los sectarios, o en fin, porque creen obrar bien, ha de haber muy pocos que se quieran rebelar contra su leg\u00edtimo padre. Tenemos experiencia de esto con motivo del Libro de Las dos cabezas, y del Catecismo de la gracia; pues luego que se supo la decisi\u00f3n del papa, ya no se volvi\u00f3 a hablar de esto; por lo cual, Illmo. Sr., debemos desear con ardor el desenga\u00f1o de muchas almas en esta materia, como ha sucedido en la anterior; y que con tiempo se evite el que otras muchas abracen los nuevos errores. Pru\u00e9base la malignidad de esta doctrina con el ejemplo de un tal Labadie: este ap\u00f3stata sacerdote ten\u00eda reputaci\u00f3n de gran predicador, y despu\u00e9s de haber causado muchos males en la Picard\u00eda y en Gascu\u00f1a, se volvi\u00f3 Ugonote en Montoban, y ha publicado un libro de su supuesta conversi\u00f3n, en que declara que habiendo sido jansenista, ha conocido que la doctrina que \u00e9stos siguen es la misma que nuevamente ha adoptado. J\u00e1ctanse muchos ministros, Illmo. Sr., predicando esta doctrina y hablando de los calvinistas, de que la mayor parte de los cat\u00f3licos es de su partido, y que muy pronto se alistar\u00e1n los dem\u00e1s; y supuesto esto, \u00bfqu\u00e9 no debemos hacer para quitar esta arma que da tanto poder a los enemigos declarados de nuestra Religi\u00f3n? \u00bfQui\u00e9n no atacar\u00e1 este peque\u00f1o monstruo que comienza a desolar la Iglesia, y que al fin la desolar\u00e1 si no se le quebranta la cabeza luego que nace? Si los santos obispos que hoy tenemos hubiesen vivido en tiempo de Calvino, \u00bfcu\u00e1nto no desear\u00edan haber hecho para atacar su herej\u00eda? Vemos hoy la falta de los prelados de aquel tiempo en no oponerse firmemente a una doctrina que iba a originar tantas guerras y divisiones; pero en esto hab\u00eda entonces mucha ignorancia, y hoy manifiestan m\u00e1s celo nuestros obispos porque no son ignorantes. De este n\u00famero es el Sr. Cahors, quien \u00faltimamente me ha escrito, habl\u00e1ndome de un libelo infamatorio que le hab\u00edan dirigido contra la referida carta, y agrega que el esp\u00edritu de herej\u00eda, no pudiendo sufrir las justas correcciones, apela inmediatamente a la calumnia, y nos ha hecho venir a parar en lo que era de esperarse. Y porque yo le hab\u00eda dicho que se mantuviese en la resoluci\u00f3n que hab\u00eda tomado en un acontecimiento que le sobrevino, me dice: \u00abOs aseguro que as\u00ed lo har\u00e9, aun cuando no tuviese m\u00e1s motivo que el de encontrarme en la lucha que me parece tendremos que sostener, y espero que con ayuda de Dios, los hemos de vencer\u00bb. Semejantes sentimientos de tan buen prelado esperamos ver en su Illma., que predica y hace predicar en su di\u00f3cesis las doctrinas recibidas por la Iglesia, y creemos que mucho le agradar\u00e1 recurrir al Santo Padre para que haga lo mismo en toda la cristiandad, con el fin de sofocar estas nuevas opiniones que tanto simbolizan los errores de Calvino. Se interesa en esto la gloria de Dios, la tranquilidad de la Iglesia, y puedo decir tambi\u00e9n la del Estado, pues aqu\u00ed en Par\u00eds se ve esto como no es posible imaginarlo en cualquiera otra parte. Sin este motivo, Illmo. Sr., no me hubiera atrevido a molestarle con esta larga\u00a0 carta; pero le suplico humildemente me perdone por su bondad, pues confiado en ella me he dirigido, etc<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Entre los obispos a quienes escribi\u00f3 Vicente, dos le contestaron en t\u00e9rminos vagos, que no cre\u00edan conveniente firmar la dicha carta , lo que dio motivo a que Vicente les dirigiese la que sigue, en la cual se echa de ver el celo que le animaba.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab<em>Illmos. Sres.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Con el respeto que debo a vuestra virtud y dignidad, he recibido la carta que me hicisteis el honor de dirigirme a fines del mes de Mayo, en contestaci\u00f3n a las m\u00edas, sobre las cuestiones del d\u00eda, y en ella veo muchas ideas, dignas del puesto que ocup\u00e1is en la Iglesia, que os han hecho adoptar el silencio en el asunto que se discute. Mas no por eso dejar\u00e9 de tomarme la libertad de haceros presentes algunas razones que tal vez har\u00e1n variar vuestra opini\u00f3n; pero os suplico rendido a vuestros pies, que no lo llev\u00e9is a mal.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>En primer lugar ten\u00e9is temor que la decisi\u00f3n que se espera de Su Santidad no se reciba con la sumisi\u00f3n y obediencia que deben todos los cristianos a la voz de su pastor, y que no encuentre el esp\u00edritu divino la docilidad necesaria en los corazones para obrar una verdadera uni\u00f3n; pero debo manifestaros que si cuando aparecieron las herej\u00edas de Lutero y de Calvino, por ejemplo, se hubiese esperado para condenarlas a que manifestasen disposici\u00f3n sus sectarios para someterse o reunirse a nosotros, hasta el d\u00eda sus herej\u00edas ser\u00edan doctrinas que pudieran seguirse o no, y hubieran de este modo ganado m\u00e1s partidarios de los que tienen. Si pues las opiniones de hoy, cuyos malos efectos en las conciencias estamos palpando, son de la misma naturaleza, es en vano esperar que se unan los que las siembran con los defensores de la doctrina de la Iglesia; y puesto que no hay que esperar a que esto suceda ni ahora ni despu\u00e9s, el diferir la condenaci\u00f3n de la Santa Sede, solo servir\u00e1 de darles tiempo para que derramen su veneno, y quitarles a muchas personas de gran piedad el m\u00e9rito de la obediencia que han protestado rendir a los decretos del Santo Padre al punto que los vean , pues nada desean m\u00e1s que saber la verdad; y mientras esto sucede, permanecen de buena fe en ese partido, engras\u00e1ndolo y fortific\u00e1ndolo de ese modo, porque no pertenecen a \u00e9l, sino por la apariencia del bien y reforma que preconizan sus partidarios, siendo \u00e9sta la piel de oveja con que se visten los verdaderos lobos para seducir a las almas.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>En segundo lugar: a lo que dec\u00eds, Illmos. Sres., respecto de que el calor con que defienden los partidos opuestos su opini\u00f3n, no da mucha esperanza de que se haga una sincera reconciliaci\u00f3n, en la cual, a pesar de esto es necesario trabajar, debo responderos: que en materia de fe y de religi\u00f3n no es posible reunir contrarias opiniones sino refiri\u00e9ndose a un tercero, que a falta de concilio no puede ser otro m\u00e1s que el papa; y si alguien en este punto no quiere estar de acuerdo, es incapaz de cualquiera avenimiento; y aun si no es el expresado respecto del papa, ni nosotros mismos podernos desearlo, porque las leyes nunca pueden ponerse de acuerdo con los cr\u00edmenes, as\u00ed como ni la mentira con la verdad.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>En tercer lugar : la uniformidad que dese\u00e1is que haya entre los prelados, puede bien desearse, con tal que sea sin detrimento de la fe, porque es necesario que no haya uni\u00f3n en lo malo y lo err\u00f3neo; y si alguna uni\u00f3n debiera hacerse, habr\u00eda de ser adhiriendo la parte m\u00e1s peque\u00f1a a la m\u00e1s grande, y los miembros a la cabeza, que es lo que se ha propuesto, pues de seis partes hay lo menos cinco que han ofrecido estar a lo que diga el papa en defecto del concilio, que con motivo de las guerras no puede reunirse; y si a pesar de esto a\u00fan hubiere alguna divisi\u00f3n, o si quer\u00e9is, alg\u00fan cisma, la culpa ser\u00e1 de los que no quieran someterse a jueces, ni a lo que diga la mayor\u00eda de los obispos, a la que hacen tan poco caso como al papa.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>De lo dicho se saca otra cuarta raz\u00f3n que puede servir de respuesta a lo que me dec\u00eds, Illmos. Sres., que tanto uno como otro partido cree que tiene raz\u00f3n. S\u00e9 muy bien esto; pero tambi\u00e9n sab\u00e9is que lo mismo han dicho todos los her\u00e9ticos, y que no se han escapado por esto de la condenaci\u00edn y anatemas de los papas y concilios. Ninguno ha imaginado que el unirse con ellos fuese un medio para evitar el mal; al contrario, se ha aplicado, como dicen los m\u00e9dicos, el fuego y el fierro, y algunas veces algo tarde, como puede suceder en la actual cuesti\u00f3n; cierto es que un partido acusa a otro; pero con esta diferencia, que uno pide jueces, y el otro no los quiere, lo que es mala se\u00f1al. Digo que no quiere que le venga el remedio del papa, porque ve que esto es posible, y aparenta desear el remedio del concilio, porque mira imposible su reuni\u00f3n en nuestro estado actual; pues si creyera que esto segundo pudiera verificarse, no lo admitir\u00eda, como no admite lo primero. En mi opini\u00f3n no se dar\u00eda motivo a que los libertinos y her\u00e9ticos nos ridiculizaran, ni a que se escandalizaran los buenos por la divisi\u00f3n de los obispos, pues a m\u00e1s de que el n\u00famero de los que no quieran firmar la carta dirigida al papa ha de ser muy peque\u00f1o, en los antiguos concilios no es raro que haya habido divergencia de opiniones, y esto mismo prueba que es necesario que el papa tenga conocimiento en estas materias, puesto que, como vicario de a Jesucristo, es cabeza de toda la Iglesia, y por consiguiente el superior de los obispos.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>En quinto lugar: aunque la guerra se haya encendido en toda la cristiandad, bien puede el papa juzgar con todas las condiciones y formalidades necesarias y prescritas por el Concilio de Trento, cuya elecci\u00f3n deja plenamente a Su Santidad, a la que muchos santos y antiguos prelados ordinariamente han consultado y reclamado en casos de duda de fe, y esto aun cuando se hayan encontrado reunidos, como puede comprobarse con los Santos Padres y los anales eclesi\u00e1sticos. Y si de aqu\u00ed resultare a que un partido no se someta a su juicio, en vez de temer esto, debemos considerarlo como un medio para distinguir los verdaderos hijos de la Iglesia de los pertinaces.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>En cuanto al remedio que propon\u00e9is, Illmos. Sres., de prohibir expresamente que tanto uno como otro partido dogmatice, humildemente os suplico que consider\u00e9is, que no solo se ha empleado sin fruto este medio, sino que ha servido para dar valor al error, porque viendo que se nivelaba con la verdad, ha ganado tiempo para propagarse; y demasiado se ha tardado en desarraigar esta doctrina; pues no siendo puramente te\u00f3rica; sino consistiendo tambi\u00e9n en la pr\u00e1ctica, muchas conciencias no pueden tolerar la turbaci\u00f3n y la inquietud que dimanan de esta duda que naturalmente se levanta en el coraz\u00f3n de cada uno, a saber: si Jesucristo muri\u00f3 por \u00e9l o no, y otras semejantes. Personas ha habido que oyendo a otros que dec\u00edan a los moribundos para consolarlos, que tuviesen confianza en la bondad de nuestro Se\u00f1or que hab\u00eda muerto por ellos, dec\u00edan a los enfermos que no se fiasen en eso, porque nuestro Se\u00f1or no muri\u00f3 por todos.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>A estas consideraciones me permitir\u00e9is agregar, Illmos. Sres., que los que profesan la nueva doctrina, viendo que se teme a sus amenazas, las aumentan, y se disponen a una fuerte rebeli\u00f3n; vuestro silencio lo miran como un poderoso argumento en su favor, y aun en un impreso que han publicado hacen alarde de que sois de su opini\u00f3n; mientras que los que siguen sencillamente la antigua creencia, se desalientan al ver que no son universalmente defendidos. \u00bfY no llegar\u00eda por ventura el d\u00eda, Illmos. Sres., en que sintieseis mucho que vuestro nombre haya servido contra vuestras intenciones, que las creo muy sanas, para confirmar a unos en su pertinacia y conmover la creencia de los otros?<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00bfC\u00f3mo podr\u00e1 diferirse esto para un concilio general, si durante las guerras no se puede convocar? Casi cuarenta a\u00f1os pasaron desde que Lutero y Calvino comenzaron a trastornar la Iglesia hasta la reuni\u00f3n del Concilio de Trento. Pues seg\u00fan esto, no puede haber remedio m\u00e1s pronto que recurrir al papa, como el mismo Concilio lo previno en su \u00faltima sesi\u00f3n, cap\u00edtulo \u00faltimo, del que os env\u00edo un extracto.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Insisto, Illmos. Sres., en que no debemos temer que se desobedezca al papa cuando haya pronunciado su decisi\u00f3n, pues a m\u00e1s que el temor de la desobediencia ser\u00eda una raz\u00f3n para admitir todas las herej\u00edas y para dejarlas reinar impunemente, tenemos un reciente ejemplo en la falsa doctrina de Las dos cabezas de la Iglesia, fabricada en el mismo laboratorio, que habiendo sido condenada por el papa, se ha obedecido su decisi\u00f3n, y a no se ha vuelto a hablar m\u00e1s de ella.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>En conclusi\u00f3n, Illmos. Sres., estas razones y otras muchas que mejor que yo sab\u00e9is, y que quisiera aprenderlas de vos, a quienes reverencio como a mis padres y miro como a doctores de la Iglesia, han sido causa de que a la hora de \u00e9sta muy pocos prelados de Francia hayan dejado de firmar la carta de que antes os he hablado<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Esta carta de Vicente y toda su conducta en este asunto, manifiestan claramente que no ten\u00eda m\u00e1s m\u00f3vil en sus afanes que la gloria de Dios y la salud de las almas. Adm\u00edrese tambi\u00e9n en esto c\u00f3mo ha podido conciliar un ardiente celo por todo lo que mira al servicio de nuestro Se\u00f1or y de su Iglesia, con una profund\u00edsima humildad y un particular respeto a la dignidad de los obispos: impel\u00edale la caridad por una parte a manifestar los sentimientos que Dios le inspiraba en esta vez; por otra, la humildad y el respeto le hac\u00edan posternarse en esp\u00edritu a sus pies, suplic\u00e1ndoles que le perdonasen la libertad que se tomaba de hablarles, y protest\u00e1ndoles, mas con el coraz\u00f3n que con la boca, que los reverenciaba como a padres, los miraba como a doctores de la Iglesia, y se gloriaba de aprender de ellos lo que se atrev\u00eda a representarles. Esta fue siempre su conducta, y por tan humilde y caritativa, encontr\u00f3 gracia ante Dios, quien bendijo sus buenos designios, y ante los obispos que aprobaron la sinceridad de su celo, que al ejemplo del de muchos santos de vida retirada en casos semejantes a \u00e9ste, lo han desplegado para recurrir a los prelados de la Iglesia, d\u00e1ndoles parte del nacimiento de alguna herej\u00eda para contener su curso.<\/p>\n<p>Mientras que por una parte trabajaba Vicente de la manera que se ha dicho, por otra los jansenistas, luego que supieron que se trataba de dirigirse al Soberano Pont\u00edfice para que juzgara la doctrina del libro de Jansenio, hicieron cuanto les fue posible para impedirlo.<\/p>\n<p>Publicaron un papel en forma de circular, y lo remitieron a todos los obispos del reino, para quitarles la intenci\u00f3n de firmar la carta dirigida al papa; pero no fue esto bastante para impedir que en poco tiempo se reuniesen ochenta firmas de arzobispos y obispos. Y cuando vieron que por este medio nada hab\u00edan conseguido, recurrieron a un famoso doctor en Teolog\u00eda que habla ido a Roma, para hacer cuanto en su alcance estuviera, a fin de disuadir al papa de pronunciar su juicio sobre la consulta de los obispos. Hicieron m\u00e1s: temiendo que esto no fuese bastante para conjurar la tempestad que amenazaba al libro de Jansenio y a todos sus sectarios, enviaron tres doctores de su partido para que en compa\u00f1\u00eda del otro se esforzasen en impedir, o por lo menos en retardar cuanto pudieran, el juicio del papa sobre esta materia.<\/p>\n<p>Divulgada esta medida de los jansenistas, crey\u00f3 Vicente importante que fuesen a Roma algunos doctores ortodoxos y de buenas intenciones para defender la verdad de los ataques de sus enemigos, y por una conducta especial de la Divina Providencia, que vela incesantemente por la conservaci\u00f3n de su Iglesia, se presentaron tres doctores de la Sorbona, con la intenci\u00f3n de emprender en compa\u00f1\u00eda este viaje en servicio de la Religi\u00f3n cat\u00f3lica. Fueron estos tres los se\u00f1ores Hallier, Joisel y Legault; fue despu\u00e9s el primero obispo de Cavaillon por disposici\u00f3n de Inocencio X, queriendo manifestarle de este modo su gratitud por su empe\u00f1o en defensa de la Iglesia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXIII: Contin\u00faa el mismo asunto. 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