{"id":48462,"date":"2026-07-26T08:30:11","date_gmt":"2026-07-26T06:30:11","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/08\/se-entrega-a-la-muerte-libremente-aceptada\/"},"modified":"2026-07-06T13:42:04","modified_gmt":"2026-07-06T11:42:04","slug":"se-entrega-a-la-muerte-libremente-aceptada","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/se-entrega-a-la-muerte-libremente-aceptada\/","title":{"rendered":"Se entrega a la muerte, libremente aceptada"},"content":{"rendered":"<p><strong>La cruz de Jesucristo es la respuesta de Dios al sufrimiento humano.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Objeto de la Catequesis:<\/strong><\/p>\n<p>Reconocer en la entrega de Cristo, consumada en su muerte en la cruz, la respuesta de Dios al sufrimiento humano. Este sufrimiento que es consecuencia, en \u00faltima instancia, del pecado del hombre y, por tanto, de la libertad humana ante la capacidad de elecci\u00f3n entre el bien y el mal. El dolor, como la misma libertad, es un misterio insondable ante el cual el hombre se sigue preguntando sin encontrar respuesta. El objetivo de este tema es reconocer este misterio y ver cu\u00e1l es la actitud adecuada ante \u00e9l.<\/p>\n<p><strong>S\u00edntesis:<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>El sufrimiento es una realidad universal que ning\u00fan hombre ni sistema puede eliminar.<\/li>\n<li>El tema del dolor ha sido siempre un misterio para el ser humano.<\/li>\n<li>El dolor, una vez asumido, colabora a la realizaci\u00f3n y plenitud del hombre.<\/li>\n<li>La cruz de Jesucristo es la respuesta de Dios al sufrimiento humano.<\/li>\n<li>El sentido de la muerte de Jes\u00fas<\/li>\n<li>La cruz es fuente de vida.<\/li>\n<\/ol>\n<h2><strong>1. El dolor es una realidad universal que ning\u00fan hombre ni sistema puede eliminar<\/strong><\/h2>\n<p>Todos sufrimos: es una realidad universal. Desde que nacemos no podemos evitar el dolor. No deja de ser algo significativo que lo primero que hacemos al nacer es llorar. En la Salve rezamos a la Virgen: \u00aba ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de l\u00e1grimas\u00bb.<\/p>\n<p>En todas las etapas de nuestra vida constatamos esta realidad, pero a medida que crecemos la vamos sintiendo m\u00e1s. El hombre, en la medida en que es consciente de lo que le ocurre, sufre m\u00e1s.<\/p>\n<p>Hay una lucha permanente entre dejar de sufrir y aceptar las situaciones dolorosas que nos sobrevienen inevitablemente. El ser humano busca eliminar el sufrimiento f\u00edsico, ps\u00edquico y moral. La investigaci\u00f3n cient\u00edfica, en el campo de la medicina por ejemplo, avanza en la lucha contra el dolor, pero no puede abolirlo. El combate frente al sufrimiento es leg\u00edtimo y necesario, pero no puede ser el objetivo final, porque lleva a la frustraci\u00f3n de no poder aniquilar algo que permanece de muchos modos en cada persona y en la sociedad.<\/p>\n<p>El dolor pone al hombre ante su debilidad. El progreso humano, en todos los campos, no logra eliminarlo. No conseguimos el control para aniquilar el sufrimiento. \u00c9ste no respeta ninguna edad ni situaci\u00f3n. Nos llegan noticias de desgracias naturales, muertes repentinas, enfermedades incurables. Conocemos ni\u00f1os y j\u00f3venes a los que les sorprende en edad temprana situaciones muy dolorosas que no podemos explicar ni entender, lo cual trunca muchos proyectos aparentemente leg\u00edtimos.<\/p>\n<p>Esto nos lleva a preguntarnos: \u00bfEl dolor conlleva la ruina y la tristeza para el que sufre? \u00bfEs posible sufrir y ser feliz? Si el objetivo final es abolir el sufrimiento para poder ser feliz, ser\u00eda imposible la felicidad en esta tierra, porque es imposible eliminar totalmente el dolor. Entonces, \u00bfc\u00f3mo integrar el dolor, las debilidades e incapacidades para que la vida sea aut\u00e9nticamente lograda?, \u00bfc\u00f3mo compaginar una vida plena y aut\u00e9ntica cuando el dolor sobreviene?<\/p>\n<h2><strong>2. El dolor es un misterio<\/strong><\/h2>\n<p>Cuando llega una situaci\u00f3n dolorosa se suelen dar las siguientes etapas: primero la negaci\u00f3n de la misma, despu\u00e9s la pregunta sobre esa situaci\u00f3n y, tras un tiempo, la tensi\u00f3n entre aceptarlo o rechazarlo. Veamos c\u00f3mo se dan.<\/p>\n<p>Ante una circunstancia muy dolorosa es muy frecuente negarla dici\u00e9ndonos: \u00abesto no ha ocurrido\u00bb, \u00abno es posible que esto me haya sucedido a m\u00ed\u00bb. Cuando uno ya no puede negarlo, porque la realidad se acaba imponiendo, se suscita la pregunta del por qu\u00e9: \u00bfpor qu\u00e9 esta enfermedad?, \u00bfpor qu\u00e9 la muerte de este joven?, \u00bfpor qu\u00e9 esta desgracia o aquel desastre natural? Y no encontramos respuesta ante este cuestionamiento existencial. Atascarse en esta etapa lleva a la frustraci\u00f3n. No hay una respuesta plenamente convincente ante el porqu\u00e9 del dolor. Pero no podemos quedarnos ah\u00ed. La pregunta del porqu\u00e9 es inevitable y necesitamos hacerla durante un tiempo. Pero es un callej\u00f3n sin salida. Necesitamos dar un paso m\u00e1s. Quedarse en la negaci\u00f3n del hecho doloroso o en el cuestionamiento del porqu\u00e9 no permite integrar y superar ese dolor. El ser humano es el \u00fanico ser que puede dar sentido a lo que aparentemente no lo tiene.<\/p>\n<p>El hombre tiene la necesidad de dar sentido a toda realidad. A la pregunta del por qu\u00e9 debe seguir otra: la del \u00abpara qu\u00e9\u00bb. Pero dar este paso supone una decisi\u00f3n previa. Ante la realidad del dolor es necesario tomar una opci\u00f3n. O el lamento permanente del no poder comprender por qu\u00e9 ha sucedido ese acontecimiento doloroso, lo cual lleva a la amargura, o bien aceptar -aunque no se comprenda- que ese hecho tiene un sentido m\u00e1s all\u00e1 del aparente. Viktor Frankl (1905-1997), psiquiatra y psicoterapeuta austriaco, dice: \u00absi no est\u00e1 en tus manos cambiar una situaci\u00f3n que te produce dolor, siempre podr\u00e1s escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento\u00bb.<\/p>\n<p>Aceptar el dolor lleva a integrarlo y hace posible vivirlo con paz y alegr\u00eda. El cura rural de Bernanos lo dice as\u00ed: \u00abA mi entender, el aut\u00e9ntico dolor que brota de un hombre pertenece en primer lugar a Dios. Intento aceptarlo con coraz\u00f3n humilde, tal como es; me esfuerzo por hacerlo m\u00edo y por amarlo\u00bb.<\/p>\n<p>El dolor nos sit\u00faa ante el misterio de algo que se nos escapa radicalmente. Y ante el misterio la actitud m\u00e1s adecuada es la del silencio y la adoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>El silencio es la mejor reacci\u00f3n ante el dolor ajeno. Cuando alguien est\u00e1 sufriendo, \u00bfde qu\u00e9 le sirven las palabras, muchas veces forzadas, del que le intenta consolar? Ante el sufrimiento lo primero y fundamental es callar; no malgastar palabras, al menos no decir una sola que no se sienta completamente, pues ante el dolor todo suena a falso; cuanto m\u00e1s, lo que ya es falso de por s\u00ed. En esas circunstancias lo mejor es acompa\u00f1ar en silencio, estar junto al que sufre, tratar de asumir interiormente su dolor y as\u00ed amarle sin palabras.<\/p>\n<p>Ante el sufrimiento propio lo mejor es expresar el sentimiento (con palabras, gritos, con l\u00e1grimas.) y entregarlo a Dios. Son dos momentos y dos niveles: el del sentimiento del dolor que necesita ser sacado de nuestro coraz\u00f3n y se saca expres\u00e1ndolo y luego entregar al Se\u00f1or ese sentimiento, ofrecerle esa situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo peor de cualquier situaci\u00f3n dolorosa no es \u00e9sta en s\u00ed misma, sino el no poder aceptarla. Hay personas con enfermedades muy graves irreversibles, hay madres que han perdido a un hijo y que viven felices, no porque no les duela esa situaci\u00f3n, sino porque la han aceptado y la han dado un sentido que les permite integrarla. As\u00ed pues, la adoraci\u00f3n del misterio del dolor lleva en primer lugar a reconocerlo, luego a aceptarlo y finalmente a integrarlo.<\/p>\n<h2><strong>3. El dolor, una vez asumido, colabora a la realizaci\u00f3n y plenitud del hombre<\/strong><\/h2>\n<p>Cuando se acepta la inevitable realidad de sufrir encontramos sus aspectos positivos. Podr\u00edamos decir que sufrir no es bueno -porque no es agradable y resulta doloroso- pero s\u00ed es bueno haber sufrido, porque nos hace madurar y crecer, nos permite ser m\u00e1s comprensivos ante los l\u00edmites de los dem\u00e1s. Dice Cicer\u00f3n: \u00abAl sufrimiento debemos todo lo que es bueno en nosotros, todo lo que hace amable la vida, la piedad, el valor y las virtudes\u00bb. Tambi\u00e9n Shakespeare valora el dolor as\u00ed: \u00abEl sufrimiento despierta el esp\u00edritu, el infortunio es el camino de la sensibilidad y el coraz\u00f3n crece en la congoja\u00bb.<\/p>\n<p>Todo dolor conlleva una crisis que, cuando se supera, posibilita el crecimiento y la maduraci\u00f3n. El dolor hace madurar y crecer, purifica, nos sit\u00faa en nuestra m\u00e1s honda realidad. El sufrimiento va limando nuestro coraz\u00f3n y duele mucho, pero el efecto que deja al ser limado es el de un coraz\u00f3n m\u00e1s comprensivo, m\u00e1s capaz de amar.<\/p>\n<p>El sufrimiento aceptado permite comprender mejor la debilidad humana. Adem\u00e1s provoca la solidaridad, dar la vida por los dem\u00e1s y no pensar s\u00f3lo en uno mismo. El que ha sufrido sabe compadecerse mejor que el que no ha tenido esa experiencia. Por eso Dios mismo ha querido entrar en el camino del dolor. Dios, en su Hijo Jesucristo, ha asumido totalmente nuestro dolor para as\u00ed consolarnos:<\/p>\n<p>\u00abPorque as\u00ed dice el Se\u00f1or: Yo har\u00e9 derivar hacia Jerusal\u00e9n, como un r\u00edo, la paz; como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. Llevar\u00e1n en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciar\u00e1n: como a un ni\u00f1o a quien su madre consuela, as\u00ed os consolar\u00e9 yo\u00bb (Isa\u00edas 66, 12s).<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n maternal de Dios, como esa buena madre que sufre m\u00e1s por su hijo que por ella misma, consuela con su amor al hijo atormentado y debilitado por las dificultades de la vida.<\/p>\n<h2><strong>4. La cruz de Jesucristo es la respuesta de Dios al sufrimiento humano <\/strong><\/h2>\n<p>La realidad del sufrimiento es un esc\u00e1ndalo para el que espera que Dios impida el dolor. La c\u00e9lebre acusaci\u00f3n contra la existencia de Dios por la realidad del sufrimiento todav\u00eda permanece: \u00bfc\u00f3mo puede seguir habiendo sufrimiento si existe un Dios bueno y omnipotente? Si fuera bueno no lo permitir\u00eda y, por otra parte, si no puede abolirlo es se\u00f1al de que no es omnipotente.<\/p>\n<p>Pero Dios, que es omnipotente y podr\u00eda evitar todo dolor, no lo hace, no porque sea malo, sino porque acepta la libre decisi\u00f3n del hombre, que al enfrentarse a Dios y alejarse de \u00c9l ha abierto la puerta al dolor y a la muerte.<\/p>\n<p>Ante esta situaci\u00f3n, producida por la libertad humana, Dios libremente no suprime lo que el hombre produjo con su libertad. Pero no quiere dejarle solo y por eso \u00c9l tambi\u00e9n asume lo que, de por s\u00ed, no le corresponde. Su modo de actuar es ciertamente dif\u00edcil de comprender para el hombre. Su respeto a la libertad es tan grande que m\u00e1s que eliminar el dolor lo que hace es asumirlo. En Jesucristo Dios acoge toda la realidad humana -y como el dolor pertenece a la condici\u00f3n humana real existente- \u00c9l toma sobre s\u00ed el sufrimiento para acompa\u00f1ar al que sufre. Este es el sentido de la Pasi\u00f3n: Jesucristo comparte totalmente nuestra condici\u00f3n doliente y nos acompa\u00f1a en ella.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, \u00bfcu\u00e1l es la respuesta de Dios ante el sufrimiento humano? Dejar que su Hijo pasase por lo mismo que nosotros, hasta morir del modo m\u00e1s ignominioso, como un esclavo. El Bendito por excelencia muere como un maldito.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es la respuesta de Dios ante el sufrimiento de su Hijo? El silencio. Nosotros dir\u00edamos: pero, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 no haces algo? Dios calla. Es un esc\u00e1ndalo. \u00c9l lo podr\u00eda haber evitado. Pero no, no lo hizo. \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfPor qu\u00e9 dej\u00f3 que su Hijo muriese, sufriese? \u00bfPor qu\u00e9 en Getseman\u00ed, cuando su Hijo con l\u00e1grimas en los ojos y sudando sangre de angustia le pidi\u00f3 clemencia, que pasase de \u00c9l ese c\u00e1liz amargo de sangre, por qu\u00e9 en ese momento calla? Es el Misterio de Dios, el Misterio del sufrimiento, el Misterio del hombre.<\/p>\n<p>La contemplaci\u00f3n del rostro de Cristo nos lleva as\u00ed a acercarnos al aspecto m\u00e1s parad\u00f3jico de su misterio, como se ve en la hora extrema, la hora de la Cruz. Misterio en el misterio, ante el cual el ser humano ha de postrarse en adoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pasa ante nuestra mirada la intensidad de la escena de la agon\u00eda en el huerto de los Olivos. Jes\u00fas, abrumado por la previsi\u00f3n de la prueba que le espera, solo ante Dios, lo invoca con su habitual y tierna expresi\u00f3n de confianza: \u00ab\u00a1Abb\u00e1, Padre!\u00bb. Le pide que aleje de \u00e9l, si es posible, la copa del sufrimiento (cf. Mc 14,36). Pero el Padre parece que no quiere escuchar la voz del Hijo. Para devolver al hombre el rostro del Padre, Jes\u00fas debi\u00f3 no s\u00f3lo asumir el rostro del hombre, sino cargarse incluso del \u00abrostro\u00bb del pecado. \u00abQuien no conoci\u00f3 pecado, se hizo pecado por nosotros, para que vini\u00e9semos a ser justicia de Dios en \u00e9l\u00bb (2 Co 5,21).<\/p>\n<p>Nunca acabaremos de conocer la profundidad de este misterio. Es toda la aspereza de esta paradoja la que emerge en el grito de dolor, aparentemente desesperado, que Jes\u00fas da en la cruz: \u00abElo\u00ed, Elo\u00ed, \u00bflema sabactan\u00ed?\u00bb -que quiere decir- \u00ab\u00a1Dios m\u00edo, Dios m\u00edo!, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (Mc 15,34). \u00bfEs posible imaginar un sufrimiento mayor, una oscuridad m\u00e1s densa?<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hace Jes\u00fas ante su propio sufrimiento durante la Pasi\u00f3n? Jes\u00fas habitualmente calla y cuando habla no lo hace para defenderse, sino para ense\u00f1ar, para educar con su actitud.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ocurre en el Calvario? Hay silencio, s\u00f3lo roto por los que se burlan de Jes\u00fas o por sus \u00absiete palabras\u00bb en la cruz. En estas palabras est\u00e1 la oraci\u00f3n-lamento del que sufre: \u00abPadre, perd\u00f3nales porque no saben lo que hacen\u00bb; la exhalaci\u00f3n con la que se desahoga (es hombre como nosotros): \u00abTengo sed\u00bb; con la que se dirige al Padre: \u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo por qu\u00e9 me has abandonado\u00bb, \u00abTodo est\u00e1 cumplido\u00bb, \u00abPadre a tus manos encomiendo mi esp\u00edritu\u00bb. Tambi\u00e9n en la cruz manifiesta su poder y se\u00f1or\u00edo (sigue siendo Dios): \u00abHoy estar\u00e1s conmigo en el para\u00edso\u00bb, \u00abMujer, ah\u00ed tienes a tu hijo; hijo, ah\u00ed tienes a tu madre\u00bb. El resto es silencio y, sobre todo, al consumarse la muerte, la tierra se estremece, el velo del Templo se parte en dos y s\u00f3lo se escucha la estremecida voz del centuri\u00f3n que lo custodiaba: \u00abVerdaderamente este hombre era Hijo de Dios\u00bb. Jes\u00fas evangeliza en su vida terrena, y en su muerte, silenciosamente. Sin dejar de ser Hijo de Dios, en la cruz manifiesta su lado m\u00e1s humano, del que quiso hacerse en todo semejante a nosotros excepto en el pecado. Nos resulta dif\u00edcil comprender por qu\u00e9 Dios se revela en esa debilidad.<\/p>\n<h2><strong>5. El sentido de la muerte de Jes\u00fas<\/strong><\/h2>\n<p>La muerte del Hijo de Dios en la cruz es un misterio. Ante el misterio, dec\u00edamos antes hablando del sufrimiento, la mejor respuesta es la contemplaci\u00f3n y la adoraci\u00f3n del mismo. No avanzamos pregunt\u00e1ndonos por el por qu\u00e9. Pero s\u00ed cuando nos interrogamos: \u00bfpara qu\u00e9 muere Jes\u00fas?<\/p>\n<p><strong><em>a) Libremente y por amor<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Jes\u00fas acepta la muerte de un modo voluntario y libre. \u00bfPara qu\u00e9? Para redimirnos del pecado. Este \u00abpara qu\u00e9\u00bb contiene un por qu\u00e9 m\u00e1s profundo: el amor del Padre que se manifiesta en su Hijo Jesucristo:<\/p>\n<p>Jes\u00fas, al aceptar en su coraz\u00f3n humano el amor del Padre hacia los hombres, los am\u00f3 hasta el extremo (Jn 13,1) porque nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos (Jn 15,13). Tanto en el sufrimiento como en la muerte, su humanidad se hizo el instrumento libre y perfecto de su amor divino que quiere la salvaci\u00f3n de los hombres (cf. Hb 2,10.17-18; 4,15; 5,7-9). En efecto, acept\u00f3 libremente su pasi\u00f3n y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar: Nadie me quita la vida; yo la doy voluntariamente (Jn 10,18). De aqu\u00ed la soberana libertad del Hijo de Dios cuando \u00e9l mismo se encamina hacia la muerte (cf. Jn 18,4-6; Mt 26,53).<\/p>\n<p>Jes\u00fas asume la muerte, no porque le resulte agradable, sino porque quiere hacer la Voluntad del Padre, que por Amor pide esa entrega definitiva. As\u00ed lo expresa un te\u00f3logo moderno:<\/p>\n<p>El Crucificado no conserva nada que pertenezca al mundo; por eso Satan\u00e1s, el pr\u00edncipe de este mundo, no tiene ning\u00fan poder sobre \u00c9l. El Se\u00f1or ha sido despojado de todo: de sus derechos, honra y dignidad. Arrebatado a la justicia, es libre, verdaderamente pobre en el Esp\u00edritu, todo humildad y obediencia. Muerto al mundo, vive para Dios. El Crucificado nos muestra que el fin verdadero del hombre no es el placer del cuerpo, ni el poder, ni las riquezas, ni la gloria delante de los hombres; ni siquiera el amor terreno, la beneficencia o el servicio a la humanidad. El fin es Dios, a quien pertenecen exclusivamente todo nuestro ser, nuestro amor y nuestras fuerzas. Por consiguiente, el Crucificado es el modelo de nuestra vocaci\u00f3n verdadera: servir al Amor divino y entrar en ese Amor por la humildad y la obediencia.<\/p>\n<p>Dios tiene la iniciativa del amor redentor universal, que es anterior a nuestro m\u00e9rito: <em>\u00abEn esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos am\u00f3 y nos envi\u00f3 a su Hijo como propiciaci\u00f3n por nuestros pecados\u00bb<\/em> (1 Jn 4,10; cf. 4,19). <em>\u00abLa prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todav\u00eda pecadores, muri\u00f3 por nosotros\u00bb<\/em> \u00a0(Rm 5,8)\u00bb.<\/p>\n<p>En la cruz de Cristo se manifiestan dos realidades: el amor de Dios y la malicia del pecado:<\/p>\n<p>La cruz se revela en toda su profundidad y plenitud como Misericordia, como Amor eterno a los pecadores. Pero al mismo tiempo nos revela qu\u00e9 horrible es el alejamiento de Dios y el pecado, cuando por su causa muere Cristo en la Cruz. Hac\u00eda falta un acto de amor tan ilimitado e incre\u00edble para que se rompiera el hielo del odio a Dios. Pero al mismo tiempo hab\u00eda que desenmascarar el pecado en toda su malicia. Cuando estuvo suspendido de la Cruz, todo el mundo tuvo que reconocer la gravedad del pecado; mas tambi\u00e9n todos debieron admitir c\u00f3mo ama Dios.<\/p>\n<p><strong><em>b) A todos y cada uno<\/em><\/strong><\/p>\n<p>La eficacia de la redenci\u00f3n de Cristo afecta a todos los hombres de un modo personal. <em>\u00abComo por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, as\u00ed tambi\u00e9n por la obediencia de uno solo todos ser\u00e1n constituidos justos\u00bb<\/em> (Rm 5, 19):<\/p>\n<p>El sentido que Jes\u00fas daba a su muerte lo dej\u00f3 claro anticipadamente, en el momento de la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00eda: \u00abTomad y comed todos de \u00e9l, porque esto es mi Cuerpo, que ser\u00e1 entregado por vosotros\u00bb. Ninguna f\u00f3rmula de fe del Nuevo Testamento y de la Iglesia dice que Jes\u00fas muri\u00f3 \u00aba causa de los pecados de los jud\u00edos\u00bb; todas dicen que \u00abmuri\u00f3 a causa de &#8216;nuestros&#8217; pecados\u00bb, es decir, de los pecados de todos.<\/p>\n<p>El colectivo \u00abtodos\u00bb supone que afecta a cada uno en particular. Es un beneficio del que todos participamos de un modo compartido y no competitivo. Por eso, todo hombre puede recibir la gracia del perd\u00f3n redentor de Cristo.<\/p>\n<h2><strong>6. La cruz es fuente de vida<\/strong><\/h2>\n<p>Jes\u00fas asume todo lo humano y por eso acepta el sufrimiento como algo que hay que tomar para que el hombre sea liberado de \u00e9l. Muchas veces estamos centrados en nuestro problema o nuestro dolor. Mirar a Cristo en la cruz es encontrar el consuelo y la paz para vivir nuestros sufrimientos. Centrarnos en el dolor personal es entrar en una din\u00e1mica de frustraci\u00f3n. Salir de uno mismo mirando a la cruz de Cristo es saberse acompa\u00f1ado por \u00c9l que ha querido tomar sobre s\u00ed todas nuestras dolencias por amor:<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 cosa manifiesta tanto la misericordia de Dios como el hecho de haber asumido nuestra miseria? \u00bfQu\u00e9 amor puede ser m\u00e1s grande que el del Verbo de Dios, que por nosotros se ha hecho como la hierba d\u00e9bil del campo? Se\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de \u00e9l? Que comprenda, pues, el hombre hasta qu\u00e9 punto Dios cuida de \u00e9l; que reflexione sobre lo que Dios piensa y siente de \u00e9l. No te preguntes ya, oh hombre, por qu\u00e9 tienes que sufrir t\u00fa; preg\u00fantate m\u00e1s bien por qu\u00e9 sufri\u00f3 \u00e9l. De lo que quiso sufrir por ti puedes deducir lo mucho que te estima; a trav\u00e9s de su humanidad se te manifiesta el gran amor que tiene para contigo. Cuanto menor se hizo en su humanidad, tanto mayor se mostr\u00f3 en el amor que te tiene, y cuanto m\u00e1s se anonad\u00f3 por nosotros, tanto m\u00e1s digno es de nuestro amor.<\/p>\n<p>Esta es la experiencia de los santos, que al unirse a la Cruz de Cristo encuentran el sentido pleno de su entrega.<\/p>\n<p><em><strong>a) En la compa\u00f1\u00eda de los santos y de toda la Iglesia<\/strong><\/em><\/p>\n<p>San Pablo experimenta en su propia carne la cruz de Jes\u00fas: <em>\u00abEstoy crucificado con Cristo; vivo yo, pero no soy yo, sino que Cristo vive en m\u00ed\u00bb<\/em> (Gal. 2.19-20). <em>\u00abNosotros predicamos a Cristo crucificado: esc\u00e1ndalo para los jud\u00edos, necedad para los griegos: mas para los llamados&#8230; fuerza de Dios y sabidur\u00eda de Dios&#8230; Pues no quise saber entre vosotros otra cosa sino a Jesucristo, y \u00e9ste crucificado\u00bb<\/em> (1Co 1,23-24: 1Co 2,2). Vive todas las penalidades que sufre en la misi\u00f3n con la alegr\u00eda del que se sabe unido a Cristo.<\/p>\n<p>San Ignacio de Antioqu\u00eda, obispo, uno de los primeros m\u00e1rtires, mientras era conducido al circo romano para ser devorado por las fieras, escrib\u00eda a las comunidades cristianas: \u00abPermitidme ser imitador de la pasi\u00f3n de mi Dios\u00bb.<\/p>\n<p>San Francisco de As\u00eds, que tiene una visi\u00f3n y una experiencia m\u00edstica de la cruz en la que recibe las cinco llagas dir\u00e1: \u00abMe s\u00e9 de memoria a Jesucristo crucificado\u00bb. Este conocimiento se aprende mirando al crucifijo, como hac\u00eda tambi\u00e9n Santo Tom\u00e1s de Aquino. Es un conocimiento comprensivo y entra\u00f1able. Es un conocimiento fruto del amor, pues \u00abel amor produce el conocimiento y lleva al conocimiento\u00bb (Plat\u00f3n).<\/p>\n<p>La Beata Teresa de Calcuta dice: \u00abNuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llam\u00e1ndonos para que nos volvamos a \u00c9l, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en \u00c9l\u00bb.<\/p>\n<p><em><strong>b) En la cruz est\u00e1 la vida y el consuelo<\/strong><\/em><\/p>\n<p>La contemplaci\u00f3n de Cristo nos permite ver c\u00f3mo su muerte es fuente de vida. Es normal que el dolor asuste -as\u00ed le pas\u00f3 a Jes\u00fas en el huerto de los olivos- pero cuando se acepta y se integra como paso necesario para una vida resucitada es fecundo. Por eso dir\u00e1 Santa Teresa de Jes\u00fas: \u00abEn la cruz est\u00e1 la vida y el consuelo, y ella sola es el camino para el cielo\u00bb.<\/p>\n<p>La Cruz es el \u00fanico medio que tenemos para ascender hasta Dios. Lo que no lleva esta marca no es bien celestial y no llega a buen t\u00e9rmino. S\u00f3lo se deja paso libre a lo que est\u00e1 marcado con esta se\u00f1al. Debemos preguntarnos a cada instante si nuestras acciones salen airosas al confrontarlas con la Cruz. S\u00f3lo entonces son leg\u00edtimas y est\u00e1n orientadas hacia la eternidad, hacia la vida. El que entra seriamente en el camino de la Cruz, quedar\u00e1 cambiado en su interior, maduro, lleno de suavidad y dulzura.<\/p>\n<p>Nosotros seremos iguales a \u00c9l, si llevamos su Cruz tras \u00c9l. Si tomamos parte en el dolor, dej\u00e1ndonos marcar por la Cruz, veremos brillar cada vez m\u00e1s sobre nosotros su misterio en el aspecto m\u00e1s maravilloso, triunfante y gozoso.<\/p>\n<p><em><strong>c) La salvaci\u00f3n pasa por la cruz<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Cristo muri\u00f3 una vez y por todos, pero en los miembros de su cuerpo sigue sufriendo cada d\u00eda. El coraz\u00f3n de Cristo es como un gran oc\u00e9ano en el que confluyen todos los r\u00edos y mares del dolor humano; su Cuerpo es como un mosaico inmenso en el que se colocan todas las llagas de los hombres. Cristo sufre con todo el dolor de la humanidad, de cada hombre. Por eso \u00c9l y s\u00f3lo \u00c9l puede restaurar y dar sentido al sufrimiento.<\/p>\n<p>El sufrimiento tiene sentido porque ser\u00e1 el paso necesario para que nuestra vida sea transfigurada. El pan no se puede repartir si antes no se parte, no se rompe. Tampoco nosotros podremos repartirnos, podremos manifestar la vida que llevamos dentro y a la que estamos llamados si no nos partimos, si no aceptamos sufrir por amor. Estar as\u00ed es camino de salvaci\u00f3n, es v\u00eda hacia la resurrecci\u00f3n, es vivir como Jes\u00fas la humanidad, es ser personas en plenitud.<\/p>\n<p>Todo dolor, como el que es consecuencia de nuestra fidelidad en el trabajo por el Evangelio, es fuente de vida si lo vivimos unido al de Cristo. El grano que muere, da fruto; el que es levantado en la cruz tiene una fuerza que atrae a todos hacia \u00c9l; el atravesado por la lanza suscita la fe en quien lo mira.<\/p>\n<p>La muerte no tiene la \u00faltima palabra. Cristo con su resurrecci\u00f3n ha vencido el poder del pecado y de la muerte. El significado de la muerte de Jes\u00fas queda iluminado con la gloria de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<h2>Texto complementario: Catequesis 6<\/h2>\n<p><strong>Palabra de Dios<\/strong><\/p>\n<p>Mirad, mi siervo tendr\u00e1 \u00e9xito, subir\u00e1 y crecer\u00e1 mucho. Como muchos se espantaron de \u00e9l, porque desfigurado no parec\u00eda hombre, ni ten\u00eda aspecto humano; as\u00ed asombrar\u00e1 muchos pueblos: ante \u00e9l los reyes cerrar\u00e1n la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. \u00bfQui\u00e9n crey\u00f3 nuestro anuncio? \u00bfA qui\u00e9n se revel\u00f3 el brazo del Se\u00f1or?<\/p>\n<p>Creci\u00f3 en su presencia como un brote, como ra\u00edz en tierra \u00e1rida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado. \u00c9l soport\u00f3 nuestros sufrimientos y aguant\u00f3 nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros cr\u00edmenes. Nuestro castigo saludable vino sobre \u00e9l, sus cicatrices nos curaron. Todos err\u00e1bamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Se\u00f1or carg\u00f3 sobre \u00e9l todos nuestros cr\u00edmenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abr\u00eda la boca; como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudec\u00eda y no abr\u00eda la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron. \u00bfQui\u00e9n medit\u00f3 en su destino?<\/p>\n<p>Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malhechores; porque muri\u00f3 con los malvados, aunque no hab\u00eda cometido cr\u00edmenes, ni hubo enga\u00f1o en su boca. El Se\u00f1or quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiaci\u00f3n, ver\u00e1 su descendencia, prolongar\u00e1 sus a\u00f1os; lo que el Se\u00f1or quiere prosperar\u00e1 por sus manos. A causa de los trabajos de su alma, ver\u00e1 y se hartar\u00e1; con lo aprendido, mi Siervo justificar\u00e1 a muchos, cargando con los cr\u00edmenes de ellos.<\/p>\n<p>Por eso le dar\u00e9 una parte entre los grandes, con los poderosos tendr\u00e1 parte en los despojos; porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, y \u00e9l tom\u00f3 el pecado de muchos e intercedi\u00f3 por los pecadores (Isa\u00edas 52,13-53,12).<\/p>\n<p>Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni due\u00f1o de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las m\u00edas y las m\u00edas me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.<\/p>\n<p>Tengo adem\u00e1s otras ovejas que no son de este redil; tambi\u00e9n a \u00e9sas las tengo que traer, y escuchar\u00e1n mi voz y habr\u00e1 un solo reba\u00f1o, un solo Pastor. Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido del Padre (Juan 10, 11-18).<\/p>\n<p>El mensaje de la cruz es necedad para los que est\u00e1n en v\u00edas de perdici\u00f3n; pero para los que est\u00e1n en v\u00edas de salvaci\u00f3n -para nosotros- es fuerza de Dios. Dice la Escritura: \u00abDestruir\u00e9 la sabidur\u00eda de los sabios, frustrar\u00e9 la sagacidad de los sagaces\u00bb. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el sabio? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el letrado? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el sofista de nuestros tiempos? \u00bfNo ha convertido Dios en necedad la sabidur\u00eda del mundo?<\/p>\n<p>Y como en la sabidur\u00eda de Dios, el mundo no lo conoci\u00f3 por el camino de la sabidur\u00eda, quiso Dios valerse de la necedad de la predicaci\u00f3n para salvar a los creyentes.<\/p>\n<p>Porque los jud\u00edos exigen signos, los griegos buscan sabidur\u00eda; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: esc\u00e1ndalo para los jud\u00edos, necedad para los griegos; pero ara los llamados a Cristo -jud\u00edos o griegos-, fuerza de Dios y sabidur\u00eda de Dios. Pues lo necio de Dios es m\u00e1s sabio que los hombres; y lo d\u00e9bil de Dios es m\u00e1s fuere que los hombres. (1 Corintios 1,18-25)<\/p>\n<p><strong>Santos Padres<\/strong><\/p>\n<p>El Se\u00f1or fue como cordero llevado al matadero, y sin embargo no era un cordero; y como oveja enmudec\u00eda, y sin embargo no era una oveja: en efecto, ha pasado la figura y ha llegado la realidad: en lugar de un cordero tenemos a Dios, en lugar de una oveja tenemos un hombre, y en el hombre, Cristo, que lo contiene todo. (\u2026) El Se\u00f1or, siendo Dios, se revisti\u00f3 de la naturaleza de hombre: sufri\u00f3 por el que sufr\u00eda, fue encarcelado en bien del que estaba cautivo, juzgado en lugar del culpable, sepultado por el que yac\u00eda en el sepulcro. Y, resucitando de entre los muertos, exclam\u00f3 con voz potente: \u00ab\u00bfQui\u00e9n tiene algo contra m\u00ed? \u00a1Que se me acerque! Yo soy quien he librado al condenado, yo quien he vivificado al muerto, yo quien hice salir de la tumba al que ya estaba sepultado. \u00bfQui\u00e9n pelear\u00e1 contra m\u00ed? Yo soy -dice- Cristo; el que venci\u00f3 la muerte, encaden\u00f3 al enemigo, pisote\u00f3 el infierno, maniat\u00f3 al fuerte, llev\u00f3 al hombre hasta lo m\u00e1s alto de los cielos; yo, en efecto, que soy Cristo.<\/p>\n<p>Venid, pues, vosotros todos, los hombres que os hall\u00e1is enfangados en el mal, recibid el perd\u00f3n de vuestros pecados. Porque yo soy vuestro perd\u00f3n, soy la Pascua de salvaci\u00f3n, soy el cordero degollado por vosotros, soy vuestra agua lustral, soy vuestra vida, vuestra resurrecci\u00f3n, vuestra luz, vuestra salvaci\u00f3n y vuestro rey. Puedo llevaros hasta la cumbre de los cielos, os resucitar\u00e9, os mostrar\u00e9 al Padre celestial, os har\u00e9 resucitar con el poder de mi diestra\u00bb (MELIT\u00d3N DE SARDES, Homil\u00eda sobre la Pascua N\u00fams 2-7. 100-103).<\/p>\n<p><strong>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/strong><\/p>\n<p><em><strong>La muerte de Cristo es el sacrificio \u00fanico y definitivo<\/strong><\/em><\/p>\n<p>613 La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redenci\u00f3n definitiva de los hombres (cf. 1 Co 5, 7; Jn 8, 34-36) por medio del \u00abcordero que quita el pecado del mundo\u00bb (Jn 1, 29; cf. 1 P 1, 19) y el sacrificio de la Nueva Alianza (cf. 1 Co 11, 25) que devuelve al hombre a la comuni\u00f3n con Dios (cf. Ex 24, 8) reconcili\u00e1ndole con El por \u00abla sangre derramada por muchos para remisi\u00f3n de los pecados\u00bb (Mt 26, 28;cf. Lv 16, 15-16).<\/p>\n<p>614 Este sacrificio de Cristo es \u00fanico, da plenitud y sobrepasa a todos los sacrificios (cf. Hb 10, 10). Ante todo es un don del mismo Dios Padre: es el Padre quien entrega al Hijo para reconciliarnos con \u00e9l (cf. Jn 4, 10). Al mismo tiempo es ofrenda del Hijo de Dios hecho hombre que, libremente y por amor (cf. Jn 15, 13), ofrece su vida (cf. Jn 10, 17-18) a su Padre por medio del Esp\u00edritu Santo (cf. Hb 9, 14), para reparar nuestra desobediencia.<\/p>\n<p><em><strong>Jes\u00fas reemplaza nuestra desobediencia por su obediencia<\/strong><\/em><\/p>\n<p>615 \u00abComo por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, as\u00ed tambi\u00e9n por la obediencia de uno solo todos ser\u00e1n constituidos justos\u00bb (Rm 5, 19). Por su obediencia hasta la muerte, Jes\u00fas llev\u00f3 a cabo la sustituci\u00f3n del Siervo doliente que \u00abse dio a s\u00ed mismo en expiaci\u00f3n\u00bb, \u00abcuando llev\u00f3 el pecado de muchos\u00bb, a quienes \u00abjustificar\u00e1 y cuyas culpas soportar\u00e1\u00bb (Is 53, 10-12). Jes\u00fas repara por nuestras faltas y satisface al Padre por nuestros pecados (cf. Cc de Trento: DS 1529).<\/p>\n<p><em><strong>Nuestra participaci\u00f3n en el sacrificio de Cristo<\/strong><\/em><\/p>\n<p>618 La Cruz es el \u00fanico sacrificio de Cristo \u00ab\u00fanico mediador entre Dios y los hombres\u00bb (1 Tm 2, 5). Pero, porque en su Persona divina encarnada, \u00abse ha unido en cierto modo con todo hombre\u00bb (GS 22, 2), \u00e9l \u00abofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de Dios s\u00f3lo conocida, se asocien a este misterio pascual\u00bb (GS 22, 5). El llama a sus disc\u00edpulos a \u00abtomar su cruz y a seguirle\u00bb (Mt 16, 24) porque \u00e9l \u00absufri\u00f3 por nosotros dej\u00e1ndonos ejemplo para que sigamos sus huellas\u00bb (1 P 2, 21). El quiere en efecto asociar a su sacrificio redentor a aqu\u00e9llos mismos que son sus primeros beneficiarios(cf. Mc 10, 39; Jn 21, 18-19; Col 1, 24). Eso lo realiza en forma excelsa en su Madre, asociada m\u00e1s \u00edntimamente que nadie al misterio de su sufrimiento redentor (cf. Lc 2, 35):<\/p>\n<p>Fuera de la Cruz no hay otra escala por donde subir al cielo (Sta. Rosa de Lima, vida)<\/p>\n<p><strong>Testimonio<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong><br \/>\nSoy Lourdes, disminuida f\u00edsica. Mi discapacidad me afecta al habla. No puedo hablar y tampoco puedo andar; por ello debo utilizar una silla de ruedas.<\/p>\n<p>Durante mucho tiempo he vivido angustiada. A menudo me he preguntado cu\u00e1l era el sentido de mi vida y por qu\u00e9 me ha pasado esto a m\u00ed. Esta pregunta ha sido constante y la prueba ha sido dura. Durante a\u00f1os la \u00fanica respuesta ha sido descubrir cada ma\u00f1ana que estaba siempre en el mismo sitio: atada a una silla de ruedas. A veces he sentido que me hab\u00edan arrancado la esperanza. Me sent\u00eda como si llevara una cruz, pero sin el aliento de la fe.<\/p>\n<p>Un d\u00eda descubr\u00ed a Jesucristo y cambi\u00f3 mi vida. El Se\u00f1or con su gracia me ayud\u00f3 a recobrar la esperanza y a caminar hacia delante. Ahora cuando veo a otros j\u00f3venes enfermos al lado m\u00edo, pienso que mi cruz e muy peque\u00f1a comparada con la de ellos, y me gustar\u00eda mostrarlas c\u00f3mo yo encontr\u00e9 al Se\u00f1or para transformar su dolor en un camino de esperanza, de vida y de santidad.<\/p>\n<p>La fe fortalece mi vida. Cada d\u00eda me pongo en las manos de Dios. \u00c9l me da fuerza. \u00c9l me ayuda siempre a superar los momentos dif\u00edciles y ha puesto a mi lado muchas personas que me quieren y me animan a seguir con alegr\u00eda mi camino de fe.<\/p>\n<p>Santo Padre: soy una joven como todos los que le acompa\u00f1an en esta tarde. Soy consciente de que tengo una minusval\u00eda, pero me siente \u00fatil y, por ello, alegre. S\u00e9 que mi silla de ruedas es como un altar en el que, adem\u00e1s de santificarme, estoy ofreciendo mi dolor y mis limitaciones por la Iglesia, por Vuestra Santidad, por los j\u00f3venes y por la salvaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>En mi Via-Crucis me siento alentada por el testimonio de Vuestra Santidad que lleva tambi\u00e9n sobre sus hombros la cruz de la enfermedad y de las limitaciones f\u00edsicas y, adem\u00e1s, el dolor y el sufrimiento de toda la humanidad. \u00a1Gracias, Santo Padre, por su ejemplo!<br \/>\n(LOURDES CUN\u00cd, Testimonio ante el Siervo de Dios Juan Pablo II en Cuatro Vientos, 3 mayo 2003).<\/p>\n<h2>Oraci\u00f3n: Pastor que con tus silbos amorosos<\/h2>\n<p>Pastor que con tus silbos amorosos<br \/>\nme despertaste del profundo sue\u00f1o;<br \/>\nT\u00fa, que hiciste cayado de ese le\u00f1o<br \/>\nen que tiendes los brazos poderosos,<br \/>\nvuelve los ojos a mi fe piadosos,<br \/>\npues te confieso por mi amor y due\u00f1o,<br \/>\ny la palabra de seguir empe\u00f1o<br \/>\ntus dulces silbos y tus pies hermosos.<\/p>\n<p>Oye, Pastor que por amores mueres,<br \/>\nno te espante el rigor de mis pecados,<br \/>\npues tan amigo de rendidos eres,<br \/>\nespera, pues, y escucha mis cuidados.<br \/>\npero, \u00a1c\u00f3mo te digo que me esperes,<br \/>\nsi est\u00e1s, para esperar, los pies clavados?<\/p>\n<p>No me mueve, mi Dios, para quererte<br \/>\nel cielo que me tienes prometido;<br \/>\nni me mueve el infierno tan temido<br \/>\npara dejar por eso de ofenderte.<\/p>\n<p>T\u00fa me mueves, Se\u00f1or; mu\u00e9veme el verte<br \/>\nclavado en esa cruz y escarnecido;<br \/>\nmu\u00e9veme el ver tu cuerpo tan herido;<br \/>\nmu\u00e9venme tus afrentas y tu muerte.<\/p>\n<p>Mu\u00e9veme, al fin, tu amor, y en tal manera<br \/>\nque, aunque no hubiera cielo, yo te amara,<br \/>\ny, aunque no hubiera infierno, te temiera.<\/p>\n<p>No me tienes que dar porque te quiera;<br \/>\npues, aunque lo que espero no esperara,<br \/>\nlo mismo que te quiero te quisiera.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La cruz de Jesucristo es la respuesta de Dios al sufrimiento humano. 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