{"id":46499,"date":"2011-07-29T06:10:23","date_gmt":"2011-07-29T04:10:23","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/07\/vida-de-san-vicente-de-paul-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento-libro-primero-capitulo-07\/"},"modified":"2016-07-26T17:24:42","modified_gmt":"2016-07-26T15:24:42","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento-libro-primero-capitulo-07","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento-libro-primero-capitulo-07\/","title":{"rendered":"Vida de San Vicente de Pa\u00fal, de Fray Juan del Sant\u00edsimo Sacramento. Libro primero, cap\u00edtulo 07"},"content":{"rendered":"<h2 align=\"center\"><strong>Cap\u00edtulo VII. <\/strong><strong>Sale Vicente de la casa del general Gond\u00ed para servir la parroquia de Chantill\u00f3n, en donde hizo cosas maravillosas.<\/strong><\/h2>\n<p>Ninguna<strong> <\/strong>expresi\u00f3n es bastante para hacer los merecidos enco\u00admios de la profund\u00edsima humildad de nuestro Vicente. Obl\u00edgame a pensar esto, la apariencia que hay de que fuese efecto de poco amor de Dios en Vicente lo que no era m\u00e1s que consecuencia de su excesiva humildad. Porque \u00bfqui\u00e9n creer\u00e1 que habiendo sa\u00adcado tanto fruto de su primera misi\u00f3n, le retirase de tan fecun\u00addos trabajos el temor de no perderse en la abundancia de mieses?<\/p>\n<p>Fue esta primera misi\u00f3n de Vicente para mucha gloria de Dios y utilidad de aquellos pueblos, y le granje\u00f3 una aclamaci\u00f3n general y el aprecio de todos, particularmente en la casa del general Gond\u00ed, en donde lo veneraban como var\u00f3n celestial y hombre de celo apost\u00f3lico; y pareci\u00e9ndole muy cierta la senten\u00adcia de Casiodoro, que los hombres se ensoberbecen f\u00e1cilmente cuando se ven estimados y aplaudidos con generalidad, comenz\u00f3 a recelar de s\u00ed mismo y a temer el veneno de la secreta com\u00adplacencia, que ha hecho perecer no pocas almas por no haberlo evitado oportunamente. Vi\u00e9ndose, pues, oprimida su modestia por la alabanza, determin\u00f3 dejar aquella casa, y a imitaci\u00f3n de muchos santos, esconderse en alg\u00fan lugar retirado, donde de ninguno fuese conocido; y pudo tanto en Vicente el deseo de ser despreciado de los hombres, que lo antepuso al celo que ten\u00eda por el aprovechamiento del pr\u00f3jimo; pero, como luego veremos, ech\u00f3 de este modo cimientos m\u00e1s profundos al edificio de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>No quiso, sin embargo, ejecutar este designio sin el parecer de su padre espiritual, pues en los asuntos de alguna importan\u00adcia llevaba por m\u00e1xima invariable no obrar por propio dictamen. Aprob\u00f3 el director esta deliberaci\u00f3n de Vicente, porque conoci\u00f3 que podr\u00eda convenirle la soledad, y que su alma hab\u00eda llegado a aquel grado de perfecci\u00f3n en que solo Dios es el descanso. Pero como el Se\u00f1or lo hab\u00eda elegido, no para el retiro y la me\u00additaci\u00f3n, sino para cultivar el campo del padre de familias, ins\u00adpir\u00f3 al Sr. Berulle que le ordenase aceptar el curato de Chantill\u00f3n en la Bresa, que era de poca renta y ten\u00eda mucha necesidad de un vigilante pastor. Obedeci\u00f3 Vicente con la prontitud que acostumbraba, y dando por motivo el hacer un viaje, sali\u00f3 de la casa del general Gond\u00ed en la primavera del a\u00f1o 1617. Cuando estuvo en las inmediaciones de Chantill\u00f3n, escribi\u00f3 una carta a dicho general d\u00e1ndole parte de la resoluci\u00f3n que hab\u00eda tomado, y suplic\u00e1ndole consintiese en su separaci\u00f3n, porque conoc\u00eda en s\u00ed (son palabras suyas) que no ten\u00eda modales ni capacidad para instruir a los se\u00f1ores sus hijos. Hall\u00e1base entonces el general en la Provenza, y con el aviso de Vicente recibi\u00f3 el gran disgusto que se manifiesta en esta carta suya dirigida a su esposa.<\/p>\n<p>\u00ab<em>Estoy muy desconsolado a consecuencia de una carta que he recibido del Sr. Vicente y que os incluyo, para ver si se podr\u00e1 encontrar alg\u00fan remedio a la desgracia de perderlo. He que\u00addado muy admirado de que nada os dijese de su resoluci\u00f3n, y de que no hay\u00e1is podido saberla con anticipaci\u00f3n. Os ruego que hag\u00e1is cuanto se pueda para que no le perdamos, pues aunque fuera muy grave la causa que \u00e9l dice que tiene para separarse, ning\u00fan caso har\u00e9 de ella, pues mi mayor deseo es mi sal\u00advaci\u00f3n y la de mis hijos, y espero que con el tiempo podr\u00e1 cooperar mucho a ella, como tambi\u00e9n al proyecto de que os he hablado varias veces, y que deseo, ahora m\u00e1s que nunca, poner en pr\u00e1ctica. Hasta ahora no le he contestado, y espero saber vuestra opini\u00f3n: pensad si ser\u00e1 a prop\u00f3sito interponer las s\u00faplicas de mi hermana de Ragny que no est\u00e1 muy distante de donde \u00e9l se halla; pero creo que ning\u00fan empe\u00f1o puede haber m\u00e1s eficaz que el del Sr. Berulle, al cual dir\u00e9is que aun\u00adque se excuse el Sr. Vicente diciendo que no es h\u00e1bil para en\u00adso\u00f1ar a los ni\u00f1os, pondr\u00e9 otro maestro que le ayude; pero que deseo con toda ansia que de cualquier modo que sea, vuelva a casa, donde podr\u00e1 vivir como le parezca, pues yo espero llegar a ser hombre de bien si permanece conmigo.<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>La se\u00f1ora recibi\u00f3 una pesadumbre con esta noticia, pues ella era la que m\u00e1s perd\u00eda con la ausencia de Vicente. Despu\u00e9s de haber llorado mucho, escribi\u00f3 a nuestro Santo, d\u00e1ndole mil que\u00adjas y oblig\u00e1ndole de mil maneras a que volviese a su casa. Llo\u00adraba y se quejaba con raz\u00f3n, pues es muy de sentirse una compa\u00f1\u00eda santa, y es indicio de poco amor de Dios, no sentir la fal\u00adta de quien nos gu\u00eda por el camino de la salvaci\u00f3n. Pero antes de referir el \u00e9xito que tuvieron las diligencias de esta se\u00f1ora, hablaremos de las obras maravillosas que ejecut\u00f3 Vicente en la parroquia de Chantill\u00f3n por el bien de las almas y deseo de su eterna salud.<\/p>\n<p>El fin principal que tuvo Vicente al dejar la casa de Gaud\u00ed, hab\u00eda sido, como ya dijimos, huir el peligro de una vana com\u00adplacencia, riesgo tanto mayor, cuanto menos se conoce. Temi\u00f3lo Vicente, y Dios quiso sacar de este justo miedo la gloria de li\u00adbrar a otros de peligros mayores; la infinita Sabidur\u00eda se vale muchas veces de nuestros designios para la ejecuci\u00f3n de sus so\u00adberanos decretos. Era el lugar de Chantill\u00f3n una cueva horro\u00adrosa de vicios; la mayor parte de sus habitantes estaba infestada con el pest\u00edfero veneno de la herej\u00eda, y el reba\u00f1o cat\u00f3lico tan flaco y descaecido por la falta de un pastor celoso, de quien reci\u00adbiese el pasto espiritual de la celestial doctrina, que a cualquier coraz\u00f3n cristiano hubiera movido a compasi\u00f3n. Mas la divina misericordia que en las mayores necesidades ostenta sus tesoros, le dio en Vicente el remedio a tan lamentables males.<\/p>\n<p>Los m\u00e1s antiguos y principales de aquel lugar han dado relaci\u00f3n del estado miserable en que hall\u00f3 Vicente aquella parro\u00adquia cuando tom\u00f3 posesi\u00f3n de ella. Hac\u00eda cuarenta a\u00f1os que no ten\u00eda cura propio, y estaba entregada al descuido de unos mi\u00adnistros que solo serv\u00edan a su conveniencia, y que se amaban a s\u00ed y no a las ovejas que ten\u00edan encomendadas: era la ciudad de Le\u00f3n la residencia de los curas, a quienes pertenec\u00eda el princi\u00adpal cuidado de aquella parroquia, y por la poca renta que ten\u00eda ninguno se dedicaba a asistirla; pues el inter\u00e9s obra en todo, y son muchos los eclesi\u00e1sticos que descuidan sus obligaciones por atender a sus comodidades. Seis sacerdotes, que no lo parec\u00edan, hab\u00edan quedado para administrar los sacramentos: des\u00adnudos de virtud, ignorantes en extremo, negligentes, escanda\u00adlosos, no pod\u00edan cultivar aquella vi\u00f1a del Se\u00f1or, ni sacar m\u00e1s fruto que la corrupci\u00f3n del pueblo por el mal ejemplo que daban, pues entre ellos no hab\u00eda uno que no viviese o p\u00fabli\u00adcamente amancebado, o divertido en la caza, en el juego en otros entretenimientos indignos del estado supremo del sa\u00adcerdocio. Todas las funciones eclesi\u00e1sticas eran ejecutadas con la mayor irreverencia, y en el sacramento de la Penitencia hab\u00edan introducido dos abusos pernicios\u00edsimos: el primero, que no confesaban a ninguno si no pagaba alg\u00fan dinero o rosa equi\u00advalente antes de la confesi\u00f3n, de que resultaba que se les hac\u00eda a muchos muy odiosa la frecuencia de este sacramento por tal extorsi\u00f3n simoniaca, hasta el grado de que muchos dejaron pasar n\u00famero de a\u00f1os considerable, sin acercarse al tribunal de la Penitencia, por no pagar lo que aquellos malos confesores exig\u00edan. El segundo abuso, no menos da\u00f1oso, consist\u00eda en hacer confesar en com\u00fan a todos los que se hallaban entre siete y catorce a\u00f1os de edad, haci\u00e9ndoles decir p\u00fablicamente los pecados que hab\u00edan cometido, de lo que necesariamente resultaban los des\u00f3rdenes que es f\u00e1cil concebir.<\/p>\n<p>Como la mayor parte de este miserable lugar estaba inficio\u00adnado de la herej\u00eda, era m\u00e1s lamentable el estrago que hac\u00eda en el alma de los cat\u00f3licos, pues la corrupci\u00f3n de las costumbres daba poderosas armas a los enemigos de la Iglesia para hacer triunfar sus opiniones; como suele suceder en dos campos de batalla, que si el uno flaquea y va de ca\u00edda, vence el otro, no tanto por su br\u00edo cuanto por el desfallecimiento del contrario, pues una torpe y vil cobard\u00eda da poderosas armas para que ven\u00adza y triunfe aquel con menores esfuerzos. Tan profundas ra\u00edces hab\u00eda echado el vicio entre los cat\u00f3licos, que el estandarte de la fe estaba hollado y era objeto de risa para los sectarios de la herej\u00eda, y no sin raz\u00f3n, pues todo estaba profanado; los d\u00edas festivos violados, los bienes de la Iglesia usurpados, los cargos no satisfechos, y finalmente, eclesi\u00e1sticos y seglares dados a una vida tan relajada y escandalosa, que m\u00e1s bien parcelan disc\u00edpulos de Calvino y Lotero que ovejas del reba\u00f1o de Cristo. A esta vi\u00f1a perdida y desolada envi\u00f3 la misericordia divina a Vicente, para que con sus afanes evang\u00e9licos hiciese cambiar el esp\u00edritu de aquel pueblo, y Vicente sab\u00eda bien que la reforma de este de\u00adbe comenzar por el buen ejemplo de los sacerdotes, pues como cabeza de este cuerpo m\u00edstico de la Iglesia, obra maravillosos efectos en los miembros la ense\u00f1anza, acompa\u00f1\u00e1ndola con el ejemplo de las buenas costumbres. As\u00ed es que su primer cuida\u00addo fue reformar el clero; y para lograrlo con mayor facilidad y dar m\u00e1s peso a sus amonestaciones, entr\u00f3 gan\u00e1ndoles la volun\u00adtad con un trato cort\u00e9s y agradable, pues la dulzura vence y cautiva de tal modo los corazones, que despu\u00e9s f\u00e1cilmente son guiados por el camino que se desea. Regal\u00f3les algunos libros espirituales para que en ellos estudiasen lo que hab\u00eda de apro\u00advecharles, y dio tal car\u00e1cter a sus amonestaciones, que apenas se echaba de ver al principio le enormidad de los vicios que iba a corregir en aquellos sacerdotes.<\/p>\n<p>Convid\u00e1balos frecuentemente a que se ejercitasen en obras de misericordia, llev\u00e1ndolos a visitar enfermos, lo que ellos hac\u00edan con mucho gusto por ir con tan buena compa\u00f1\u00eda; otras ve\u00adces les daba alg\u00fan dinero para que secretamente lo repartiesen entre los que vieran m\u00e1s necesitados, ense\u00f1\u00e1ndoles de este modo a dar limosna y a practicar aquellas obras que son propias de los sacerdotes: en los discursos privados les hablaba de la gran\u00addeza y santidad del estado eclesi\u00e1stico, y con esto hacia que las conversaciones fuesen regla para el cumplimiento de los deberes de tan alta dignidad.<\/p>\n<p>El ejemplo y vida irreprensible de Vicente, fue el medio m\u00e1s poderoso para que en poco tiempo se hubiera reformado aquel clero; y como la codicia era la cadena que m\u00e1s lo ten\u00eda aprisio\u00adnado, para desterrarla con el buen ejemplo, comenz\u00f3 Vicente a dar todo el dinero que ten\u00eda y adquir\u00eda, luego todo lo que le pertenec\u00eda, hasta su ropa blanca; y cuando nada ten\u00eda que dar, ped\u00eda prestado para que no se volviese de sus puertas sin socorro el mendigo que tocaba a ellas. Esta prodigalidad santa de Vicente corrigi\u00f3 el feo vicio del inter\u00e9s de aquellos sacerdotes, menos el de uno que continu\u00f3 negando la absoluci\u00f3n a los que no pagaban por confesarse; y viendo el siervo de Dios que no pod\u00eda corregirlo del execrable abuso que segu\u00eda, se propuso atacarlo fuertemente con el atractivo de la liberalidad. Al efecto llam\u00f3lo un d\u00eda, y le dijo: que le dar\u00eda todo el dinero que pod\u00eda sacar de las confesiones, con tal que no volviese a pedirlo a los penitentes. Convino con lo pactado esperando que Vicente cumpliera lo que le hab\u00eda ofrecido. Acudi\u00f3 el siervo de Dios a la oraci\u00f3n para pedir al cielo que alumbrase a aquel interesable sa\u00adcerdote, y le hiciese conocer el mal que causaba, y fue o\u00edda su oraci\u00f3n con tal agrado, que cuando pas\u00f3 a verlo para darle el primer dinero que le hab\u00eda ofrecido, al momento de recibirlo co\u00adnoci\u00f3 su culpa, y se ech\u00f3 a los pies de Vicente para pedirle perd\u00f3n de ella. Qued\u00f3 enmendado; y pretendiendo volverle al sier\u00advo de Dios el dinero, este le mand\u00f3 que lo distribuyese entre los pobres, para ense\u00f1ar mejor a su coraz\u00f3n a huir del torpe inter\u00e9s; con lo que se desterr\u00f3 aquel abuso, y ya los que antes eran motivo de esc\u00e1ndalo, mudaron de vida, y ense\u00f1aron la pr\u00e1ctica de la virtud con el ejemplo.<\/p>\n<p>En muy poco tiempo se ech\u00f3 de ver en aquel pueblo el re\u00adsultado de los apost\u00f3licos afanes de Vicente: todo era temor de Dios: llor\u00e1banse los errores pasados; aborrec\u00edanse los vicios; practic\u00e1banse actos de virtud, y los consejos de Vicente eran ve\u00adnerados y obedecidos: su celo redujo a cenizas el espantoso edi\u00adficio que hab\u00eda levantado el libertinaje y la ignorancia.<\/p>\n<p>Arm\u00f3se con extra\u00f1o valor contra los abusos, y quit\u00f3los de ra\u00edz. En toda la Bresa se hab\u00eda introducido el de confesarse p\u00fa\u00adblicamente los de tierna edad, y ces\u00f3 en todas partes poco despu\u00e9s de haberlo desterrado de Chantill\u00f3n, pues no es menos poderosa la virtud para hacerse imitar como lo es el vicio. Con familiares discursos y con la frecuente ense\u00f1anza de la doctrina cristiana, desterr\u00f3 el olvido de los misterios de nuestra fe, y el mismo cuidado que Vicente ten\u00eda en el cumplimiento de sus obligaciones, hizo olvidar muy pronto el descuido que aquellos sa\u00adcerdotes hab\u00edan tenido de la vida espiritual de las almas. En sus frecuentes sermones predicaba el esp\u00edritu de S. Pablo, pues no sin misterio se desat\u00f3 la lengua de este celoso predicador en el d\u00eda de la conversi\u00f3n del gran Ap\u00f3stol: eran sus sermones fer<sup>\u00ad<\/sup>vorosos, y las l\u00e1grimas que hacia derramar a sus oyentes eran claro indicio del efecto que produc\u00edan sus palabras en los cora\u00adzones. Tanto alcanz\u00f3 con su predicaci\u00f3n en aquel pueblo, que los m\u00e1s entregados antes al libertinaje, eran despu\u00e9s los m\u00e1s observantes de los preceptos divinos. Todos deseaban hacer confesi\u00f3n general, de manera que le ten\u00edan ocupado todo el d\u00eda en el confesonario, sin dejarle el tiempo necesario para un ligero descanso; aconteci\u00e9ndole muchas veces que le avisaron y per\u00adsuadieron que no hab\u00eda comido, pues el celo de ganar almas para la eterna gloria por medio de la confesi\u00f3n, le hac\u00eda olvidarse de s\u00ed mismo. No menos celoso era en la predicaci\u00f3n, por la cual logr\u00f3 un gran arrepentimiento en los muchos escandalosos de aquel pueblo, que pudieron luego servir de ejemplo de maravi\u00adllosas conversiones. Vamos a referir algunos para consuelo y edificaci\u00f3n de los lectores, y para que sirvan de espejo a los que viven desordenados, pues no es peque\u00f1a ventaja sacar reglas de los ajenos extrav\u00edos para corregir los propios defectos.<\/p>\n<p>Viv\u00eda en Chantill\u00f3n un hombre llamado Bivier, tan apartado en su conducta del camino racional, que en el desenfreno de sus vicios bien pudiera verse la imagen de un bruto. Era como el capit\u00e1n de cuantos segu\u00edan el estandarte de la lascivia: quiso la Divina Providencia para la conversi\u00f3n de este pobre hombre, que Vicente fuese a hospedarse en su casa: luego conoci\u00f3 \u00e9ste la necesidad que aquella alma ten\u00eda de un remedio para salir del cautiverio de sus pasiones, a las que serv\u00eda como esclavo. El primer sentimiento de Vicente fue un amargo dolor por el estado infeliz de un hombre de quien recib\u00eda finas demostracio\u00adnes de verdadero amigo; y tratando de pag\u00e1rselas con ganarle para el cielo, estudi\u00f3 el camino m\u00e1s a prop\u00f3sito para verificar su conversi\u00f3n. Pareci\u00f3le que el m\u00e1s conveniente era estrechar los lazos de la amistad para ganar su confianza, y cuando la hu\u00adbo adquirido, aprovech\u00f3 la primera ocasi\u00f3n que se le present\u00f3 para hablarle con expresiones tan vivas y llenas de raz\u00f3n, que en un instante se vio trocado aquel coraz\u00f3n encenegado antes en los vicios, en un d\u00f3cil disc\u00edpulo de la escuela de Cristo; y el que antes se consideraba grande en el vicio, su humildad lo hizo despu\u00e9s considerarse peque\u00f1o en la virtud: el que solo atend\u00eda a los entretenimientos de la vida, ya no pensaba m\u00e1s que en los preparativos de la muerte y en el fin que tendr\u00eda: el que poco antes se desvelaba por los placeres del mundo, no pretend\u00eda m\u00e1s que seguir el camino del cielo. Pose\u00eda algunas heredades mal adquiridas, y por su sincera conversi\u00f3n las restituy\u00f3 a sus leg\u00ed\u00adtimos due\u00f1os: enriqueci\u00f3 con su propia hacienda a los pobres, deseando hacerse \u00e9l pobre: se alej\u00f3 de los deleites sensuales, ob\u00adservando reglas prudentes de conducta, entre las cuales fue una no permitir que hubiese en su casa ni aun mujeres que le sir\u00adviesen; convencido de que en los ataques de la sensualidad vence quien huye. Despu\u00e9s de haber perseverado en vida tan ejemplar y rigorosa, quiso Dios en los \u00faltimos a\u00f1os de este fiel siervo su\u00adyo, visitarlo como a otro Job, con la p\u00e9rdida de todos sus bienes, el abandono de los hombres, y las penalidades y dolores de crue\u00adles enfermedades; pero no despeg\u00f3 sus labios para quejarse, y en medio de tantos males, resignado y conforme con la voluntad divina, entreg\u00f3 a Dios su alma adornada de merecimientos. \u00a1Oh poderoso Dios, c\u00e1ntente alabanzas los \u00e1ngeles, porque as\u00ed sabes mudar la condici\u00f3n de los hombres y hacer de las piedras hijos de Abrah\u00e1n! Del Se\u00f1or fue la gloria, y de Vicente el triunfo.<\/p>\n<p>A esta conversi\u00f3n sigui\u00f3 otra de m\u00e1s inter\u00e9s, y fue la de los cuatro sobrinos del mismo Bivier. Ten\u00eda Diego Carrone, pri\u00admo de este, cuatro hijos, de los cuales tres eran varones y una doncella, y todos, lo mismo que el padre, inficionados de la herej\u00eda de Calvino, pues era natural que los hijos siguiesen los er\u00adrores del padre; porque no son menos herederos de las costum\u00adbres que de los bienes: heredan los hijos el ser de la naturaleza, pero de la vida de los padres heredan el modo de obrar. Intent\u00f3 Vicente sacar a estos miserables del error en que estaban, y para tan arduo empe\u00f1o tom\u00f3 por instrumento al t\u00edo, persuadi\u00e9ndole a que los trajese a su casa, con el pretexto de cuidar de la educaci\u00f3n de los varones, y de que la doncella aprendiese el manejo de su caudal. H\u00edzolo as\u00ed; y como es tan poderoso el trato para cautivar las voluntades, en pocos d\u00edas la diligencia de Vicente consigui\u00f3 ganar los corazones como amigo, para cautivar despu\u00e9s<br \/>\nel entendimiento como maestro; y fueron tan poderosas sus razones, que en breve logr\u00f3 que llorasen su enga\u00f1o y se reconciliasen con la Iglesia. Sintieron el padre y los dem\u00e1s herejes una mudanza tan repentina; pero atribuy\u00e9ndola a la ligereza propia de la edad, intentaron de nuevo su ruina, ya con halagos, ya con amenazas; mas la gracia divina y el celo de Vicente triunfaron de los ataques tan eficazmente, que a pesar<br \/>\nde la poca edad despreciaron estos j\u00f3venes las riquezas del mundo, hollaron sus vanidades y abrazaron la cruz de Cristo.<\/p>\n<p>El mayor de los hermanos tom\u00f3 el h\u00e1bito de capuchino, y despu\u00e9s de haber cooperado a la conversi\u00f3n de muchos herejes, muri\u00f3 santamente. La hermana fue monja del monasterio de Santa \u00darsula de Le\u00f3n, y al cabo de algunos a\u00f1os muri\u00f3 con el cargo de maestra de novicias. De los otros dos hermanos, el uno, a pocos meses de su conversi\u00f3n, sali\u00f3 de esta vida para go\u00adzar el eterno descanso, al tiempo que se preparaba para entrar en la congregaci\u00f3n del Oratorio de Francia. El \u00faltimo her\u00admano qued\u00f3 en el siglo, y por su caridad para con los pobres se hizo acreedor a un singular aplauso: tuvo un hijo que con la educaci\u00f3n y ejemplo del padre, despreciando las grandes rique\u00adzas que heredaba, determin\u00f3 dejar el mundo y meterse religio\u00adso, en lo que convino su padre, con la condici\u00f3n de que Vicente juzgara si era verdadera su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando se uni\u00f3 la Bresa al reino de Enrique IV, viv\u00eda all\u00ed un caballero principal, llamado Baltasar de Rougemont, que hab\u00eda pasado en la corte la mayor parte de su vida, y se gobernaba seg\u00fan las m\u00e1ximas inmorales del mundo. Ocup\u00e1base en los ejer\u00adcicios cortesanos, y su casa era una escuela donde se estudiaban los puntos de honor: eran en \u00e9l cosa muy familiar los desaf\u00edos; y cuantos se cre\u00edan ofendidos lo buscaban como maestro de tan b\u00e1rbara ciencia. La fama que en aquella provincia hab\u00edan ad\u00adquirido las obras maravillosas de Vicente, despert\u00f3 la curiosi\u00addad de este caballero, y con el deseo de conocer un var\u00f3n tan prodigioso, vino a visitarlo. Por una parte las conversaciones familiares que hab\u00eda entre los dos, y por otra los sermones que por curiosidad o\u00eda el caballero, hirieron lo \u00edntimo de su alma, y luego acabaron de ganarle para Dios. Sinti\u00f3 un grande horror al considerar su estado presente, y un ingenuo arrepenti\u00admiento de su vida pasada: hizo una confesi\u00f3n general con Vi\u00adcente, llevando aquella disposici\u00f3n que puede desearse en un hombre verdaderamente penitente. Alej\u00f3se de todos los huma\u00adnos pasatiempos, y entregado \u00fanicamente al cuidado del negocio de su salvaci\u00f3n, hizo consistir su regalo en la abstinencia y otros padecimientos, y su riqueza en la limosna y la pobreza. Vendi\u00f3 el lugar de Rougemont en m\u00e1s de treinta mil escudos<span id='easy-footnote-1-46499' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-de-fray-juan-del-santisimo-sacramento-libro-primero-capitulo-07\/#easy-footnote-bottom-1-46499' title='18.000 pesos'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> que emple\u00f3, parte en limosnas, parte en obras p\u00edas. Miraba como una deuda el hacer bien, y en los pobres ve\u00eda los leg\u00edtimos acreedores de su hacienda: su pensamiento estaba continuamente ocupado de las cosas celestiales: la oraci\u00f3n era su entrenamiento, Dios su gusto y el mundo su tormento. Empleaba de ordinario tres o cuatro horas cada d\u00eda en las alabanzas divinas: no hab\u00eda enfer\u00admo a quien no visitase y sirviese con sus propias manos, y en su ausencia hac\u00eda que sus criados desempe\u00f1aran estos oficios: era el castillo de Chandie que conservaba los blasones de sus an\u00adtepasados, un hospicio de religiosos y hospital de necesitados. \u00a1Cu\u00e1nto alcanzar\u00eda del amor de Cristo quien tanto favoreci\u00f3 a sus retratos en la tierra! Manten\u00eda algunos eclesi\u00e1sticos para que ense\u00f1asen a los que por su pobreza no ped\u00edan alcanzar instrucci\u00f3n; en fin, su voluntad no ten\u00eda m\u00e1s norte que el alivio del desgraciado, el amor a todos sus semejantes y el m\u00e1s since\u00adro desprecio del mundo.<\/p>\n<p>A pesar de que todas sus rentas las empleaba tan \u00fatilmente que solo serv\u00edan para objetos de beneficencia, ten\u00eda sin embar\u00adgo tan gran pesar de poseerlas, que un d\u00eda con muchas l\u00e1gri\u00admas dijo al Padre Mol\u00edn de la congregaci\u00f3n del Oratorio: \u00ab<em>Padre m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 no me dejan hacer lo que yo quiero? \u00bfpor qu\u00e9 he de ser siempre tratado como se\u00f1or y he de poseer tanto bien? El se\u00f1or Vicente me ha obligado a esto; pero si me soltase un poco la rienda, le aseguro, Padre m\u00edo, que antes de un mes el se\u00f1or de Rougemout no poseer\u00eda un palmo de tierra; pues me espanto de que un cristiano, considerando al Hijo de Dios tan pobre sobre la tierra, pueda tener cosa alguna en propiedad.<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>Propuso un d\u00eda Vicente el ejemplo de este caballero a los de su congregaci\u00f3n para inspirarles el despego de las cosas ter\u00adrenas, y despu\u00e9s de haberles referido esta conversi\u00f3n, prosigui\u00f3 de esta manera: \u00ab<em>Un d\u00eda que fui a visitarlo a su casa, quiso con\u00adtarme sus ejercicios de virtud, y entre otras cosas sobre el desprendimiento de las terrenas, me dijo: \u00abEstoy cierto que si no estuviera pegado a cosa alguna de este mundo, todo me uniera con Dios; por eso me voy examinando, si es acaso el afecto que tengo a tal persona, tal pariente o amigo lo que me detiene, o si es mi amor propio, las riquezas, las honras, mis pasiones o mi comodidad lo que as\u00ed me tiene aprisionado; y si conozco que alguna de estas cosas es lo que me separa del Sumo Bien, recurro a Dios y rompo todo por librarme de semejante impedimento: estos son mis ejercicios\u00bb. Me dijo entre otras cosas una que entonces me edific\u00f3 grandemente, y despu\u00e9s con frecuencia la he recordado, y fue: que viajando un d\u00eda y teniendo a Dios en el pensamiento, como ten\u00eda de costumbre, se examinaba si desde que hab\u00eda renunciado al mundo, le quedaba alguna cosa a que tuviese apego, o si acaso alguna nueva afecci\u00f3n se hab\u00eda apoderado de su alma, y echando una ojeada sobre sus negocios, sus parientes, su re\u00adputaci\u00f3n, sus entretenimientos grandes y peque\u00f1os, despu\u00e9s de mucho pensar, not\u00f3 que ten\u00eda un grande afecto a su espada, y en aquel mismo momento, como se hallase cerca de una pe\u00f1a, se ape\u00f3 del caballo, sac\u00f3 la espada y la hizo pedazos, y volviendo luego a montar, prosigui\u00f3 su viaje. D\u00edjome tambi\u00e9n que aquel acto de despego que tuvo rompiendo la espada, le dio tan gran libertad, que en adelante no volvi\u00f3 a tener afecto a cosa caduca. \u00a1Ah se\u00f1ores m\u00edos<\/em>, dijo entonces Vicente pa\u00adra concluir su razonamiento, <em>qu\u00e9 progresos hici\u00e9ramos en la virtud, si al ejemplo de este buen caballero, super\u00e1semos enteramente nuestras inclinaciones! \u00a1Oh cu\u00e1n presto nos uni\u00e9ramos con Dios, si estuvi\u00e9ramos despegados del mundo y nuestros corazones no estuvieran ligados al amor de las criaturas!<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>No solo fue este caballero liberal con los hombres, pues no teniendo m\u00e1s que dar a ellos, se dio enteramente a Dios, ne\u00adg\u00e1ndose todo a s\u00ed mismo, por lo que quiso finalmente el Se\u00f1or premiar tantas virtudes llev\u00e1ndolo a la gloria eterna, para lo cual lo prepar\u00f3 con una larga y penosa enfermedad, en la que el exceso de los dolores no le hizo pronunciar ni una palabra de queja, ni dar se\u00f1al alguna de impaciencia; y como su vida hab\u00eda sido de un verdadero cristiano, muri\u00f3 con la tranquili\u00addad y resignaci\u00f3n que Dios da a las almas justas.<\/p>\n<p>A estas tan singulares conversiones, siguieron otras muchas de personas notables, entre las cuales produjo gran sensaci\u00f3n en Chantill\u00f3n y en toda aquella provincia, la mudanza de vi\u00adda de dos damas de las principales familias de Bresa. Viv\u00edan \u00e9stas entregadas a una licencia escandalosa: no se pod\u00eda en\u00adcontrar en ellas acci\u00f3n ninguna de virtud, y no pocos califica\u00adban el g\u00e9nero de vida que ten\u00edan de indigno de la especie hu\u00admana; pero los sermones de Vicente ten\u00edan tal fuerza y efica\u00adcia, que casi no era necesario m\u00e1s que o\u00edrlos una vez, para ce\u00adder a la viveza de sus razones. Por fortuna concurrieron las dos damas al primero que predic\u00f3 en Chantill\u00f3n, y salieron de \u00e9l enteramente mudadas; yendo luego a visitarle y oyendo su sua\u00adve y santa conversaci\u00f3n, quedaron enamoradas de la hermo\u00adsura de la virtud; tal fue la eficacia de la gracia divina por el ministerio de aquella lengua, que dieron de mano a su an\u00adtigua vanidad, y se dedicaron enteramente al servicio de Jesu\u00adcristo y de los pobres enfermos, a tal punto, que merecieron por su fervoroso celo ser las primeras de la compa\u00f1\u00eda de la Cari\u00addad que fund\u00f3 nuestro Vicente poco tiempo despu\u00e9s en Chantill\u00f3n, compa\u00f1\u00eda que ha servido de modelo a las dem\u00e1s que se han erigido en otras partes de Francia, y aun en pa\u00edses extranjeros para beneficio de los necesitados, de lo que hablaremos m\u00e1s extensamente despu\u00e9s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo VII. 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