{"id":46407,"date":"2011-07-26T09:16:53","date_gmt":"2011-07-26T07:16:53","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=46407"},"modified":"2016-07-27T12:18:47","modified_gmt":"2016-07-27T10:18:47","slug":"viaje-a-mexico-1901","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/viaje-a-mexico-1901\/","title":{"rendered":"Viaje a M\u00e9xico (1901)"},"content":{"rendered":"<p><em><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/mexico_map_500.gif\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-46408 alignright\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/mexico_map_500-300x212.gif?resize=257%2C181\" alt=\"\" width=\"257\" height=\"181\" \/><\/a>Carta-relaci\u00f3n del Sr. <\/em>CASULLERAS, <em>Sacerdote de la Misi\u00f3n, <\/em><em>sobre el viaje de la \u00faltima expedici\u00f3n a M\u00e9jico, dirigida a <\/em><em>los <\/em>HH. ESTUDIANTES <em>de Madrid.<\/em><\/p>\n<blockquote><p>Oaxaca, 24 de Enero de 1901.<\/p>\n<p>No s\u00e9 si han perdido la esperanza de recibir carta m\u00eda. Al fin la habr\u00e1n recobrado al susurrarse si llegaba, y al verla habr\u00e1n dicho: \u00ab\u00a1Bendito sea Dios! Al fin ha llegado. Ni que se tratara de las pir\u00e1mides de Egipto.\u00bb Les pido por ello mil perdones; y, despu\u00e9s de saludar ante todo y sobre todo a nuestros amados \u00e9 inolvidables Superiores, Directores y Catedr\u00e1ticos, con su misma venia, doy co\u00admienzo a mi relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abGracias a Dios que hemos llegado al t\u00e9rmino de nues\u00adtro viaje. \u00abHe aqu\u00ed la frase que instintivamente y a coro se nos escap\u00f3 al Sr. Arn\u00e1iz (Vicente), hermanos Esteban y Obrador y a un servidor de ustedes. No vayan a creer fuera s\u00f3lo inspirada por la gratitud hacia Dios Nuestro Se\u00f1or, que de tantos peligros nos hab\u00eda preservado: algo hab\u00eda de esto; pero hab\u00eda tambi\u00e9n bastante de cansancio de viajar. Cierto: los viajes de mar s\u00f3lo pueden gustar \u00a0a los poetas. Como viven en esferas tan levantadas, no ven la realidad; y como para ellos todo respira frescura y verdor, ya se ve, puestos en el charco, est\u00e1n en su elemento. A no ser que desde su aposento, \u00e1rido, escueto y fementido, se atreva a cantar, sin haberlo visto, las grandezas de aqu\u00e9l y, como si esto no bastara, a declararle guerra. \u00a1Vaya con el gigante! \u00bfNo saben ustedes qui\u00e9n es?&#8230;. Pues yo tambi\u00e9n. Con todo, para el resto de los mortales, para los que palpamos la prosaica realidad, lo que m\u00e1s frecuentemente nos preguntamos es:&#8211; \u00bfCu\u00e1ntos d\u00edas faltan?\u2014\u00a1Cu\u00e1ndo llegaremos! \u00a1Qu\u00e9 largo se hace!<\/p>\n<p>Es de ver c\u00f3mo, aun los m\u00e1s formales, se paran a con\u00adtemplar peque\u00f1eces incapaces de excitar la curiosidad de un chicuelo de cuatro a\u00f1os.\u2014Mira, mira, qu\u00e9 figuras forma aquella nube.\u2014\u00a1Uy! Si parece\u00a0 Y as\u00ed est\u00e1n formando figuras hasta que se cansan.\u2014\u00a1Tierra!\u2014grita otro, como si se tratara de ganar el premio propuesto por Col\u00f3n. Eran las Azores, que iban saliendo poco a poco del seno de las aguas y fueron el blanco de nuestras miradas por algunas horas. Qui\u00e9n, mata el tiempo contemplando las algas ma\u00adrinas; qui\u00e9n, el arco iris que se forma en la espuma de las aguas; \u00e9ste escudri\u00f1a el horizonte para ver si vislumbra al\u00adg\u00fan buque; aqu\u00e9l alg\u00fan pez volador. \u00bfY despu\u00e9s? Nada: agua, y siempre agua, que a uno le representa la intermina\u00adble inmensidad de Dios.<\/p>\n<p>Al llegar a este punto creer\u00e1n ustedes que ya estamos desembarcando. Nada menos que eso. Estamos todav\u00eda en Santander, dando fin a un op\u00edparo almuerzo, debido a nuestras Hermanas, siempre tan caritativas. En esto, \u00a1san\u00adtos cielos! \u00bfes posible? \u00bfes realidad, o ilusi\u00f3n? Ante mis ojos veo el rostro mismo, la figura misma del hermano Atienza, acompa\u00f1ado del Sr. La Calle. De repente me lanzo a sus brazos, por los que soy recibido, como ustedes podr\u00e1n figurarse Pero era necesario partir: nos soltamos, bajamos la escalera, tomamos el coche, y adi\u00f3s para siempre. Sent\u00ed no pudiera acompa\u00f1arnos a bordo. \u00c9l les hubiera descrito, de tal manera que sabe, nuestro embarque y esta ciudad flotante que se llama <em>Reina Mar\u00eda Cristina. <\/em>Yo renuncio a ello para<strong> <\/strong>no deslustrarlo.<\/p>\n<p>Lo primero que se nos ofreci\u00f3 a la vista a bordo fue el sal\u00f3n de descanso. Al verlo el hermano R\u00edo (Felipe), dijo al otro hermano R\u00edo:\u2014\u00bbOye, Mart\u00edn; s\u00f3lo la mitad de este buque vale m\u00e1s que toda la provincia de Burgos.\u00bb\u2014\u00bb\u00a1Caramba!\u00bb\u2014respondi\u00f3 el otro mordi\u00e9ndose el labio inferior. Empez\u00f3 el buque a andar, y nosotros empezamos la danza: qui\u00e9n, se agarra de un pasamanos; qui\u00e9n, de la baranda; los rostros van cubri\u00e9ndose de mortal palidez; las risas se han helado; las conversaciones, antes tan animadas, lan\u00adguidecen; pronto empieza el desfile hacia los camarotes.<\/p>\n<p>El hermano Esteban es de entre nosotros el primero: s\u00ed\u00adguenle los dem\u00e1s hermanos: dando traspi\u00e9s me dirijo al Sr. Arn\u00e1iz:\u2014\u00bb\u00bfC\u00f3mo est\u00e1 usted?\u2014le pregunto:\u2014Como en tierra \u2014 contesta encogi\u00e9ndose de hombros. \u2014 \u00bfY usted? \u2014Como en casa.\u00bb Es hora de comer: las mesas est\u00e1n desiertas: a mitad de la comida me siento indispuesto, echo a andar m\u00e1s a prisa de lo que la modestia manda, y antes de llegar al camarote&#8230;.. \u00a1punto en boca!<\/p>\n<p>Poco a poco fue soseg\u00e1ndose nuestro malestar, y nos que\u00addamos tranquilamente dormidos hasta la Coru\u00f1a. Esta sola noche nos bast\u00f3 para aclimatarnos, si es permitido decirlo as\u00ed; excepci\u00f3n hecha del hermano Esteban, nadie volvi\u00f3 a marearse en toda la traves\u00eda. Cual atleta vencido, el mar yac\u00eda quebrantadas sus fuerzas. Casi me daba coraje tanta calina. Pasajeros que han viajado durante muchos a\u00f1os afirmaban no haber tenido jam\u00e1s traves\u00eda semejante. Inte\u00adriormente apostrofaba yo al mar para excitar sus iras: fuerza es sepan ustedes que deseaba con ansia ver una tem\u00adpestad (salva la pelleja de todos). S\u00ed, deseaba ver al mar<\/p>\n<p>en esta lucha tit\u00e1nica que traba contra s\u00ed mismo, deseaba oir aquellos bramidos que estremecen al alma, ver las olas subiendo hasta las nubes, el abismo abierto a nuestros pies, ser llevado el buque juguete de las olas, la intrepidez del marino, las \u00f3rdenes del Capit\u00e1n, el temor, angustia, zozo\u00adbra de los pasajeros, los clamores a Dios, la lividez del rostro, los golpes de pecho; las l\u00e1grimas, las promesas<\/p>\n<p>Mis deseos no fueron atendidos\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 por entonces. M\u00e1s tarde, en el viaje que emprendimos el Sr. Arn\u00e1iz y un servidor de Progreso a Veracruz, vimos algo de esto. Ya no quiero ver otra.<\/p>\n<p>Como antes insinu\u00e9, nuestro despertar del d\u00eda primero fue en la Coru\u00f1a. El puerto y la ciudad presentaban her\u00admosa perspectiva. No pudimos tomar detalles de aqu\u00e9lla: cruzaban por aqu\u00e9l multitud de lanchas: \u00e9stas se dirig\u00edan a la pesca, aqu\u00e9llas volv\u00edan, las m\u00e1s ven\u00edan a nuestro vapor, unas a traer pasajeros, otras a ofrecer sus mercanc\u00edas. De estas \u00faltimas subieron algunos <em>comisionados a <\/em>bordo. \u00c9stos pregonaban las mercanc\u00edas de abajo. Algunos se entend\u00edan directamente con las vendedoras, arm\u00e1ndose una confusi\u00f3n que ni la de Babel. Qui\u00e9n, pide naranjas y le suben pepinos; qui\u00e9n, melones y le presentan uvas. De una cuerda con mil ramificaciones pende una espuerta: \u00e9sta es el conducto. Uno tira por aqu\u00ed, otro por all\u00e1; grita \u00e9ste, blasfema aqu\u00e9l y nadie se entiende.\u2014Ust\u00e9, caballeru, ust\u00e9 no me ha pagadu todav\u00eda, grita una mujer desde la barquilla.\u2014\u00a1C\u00f3mo le voy a pagar si esto no vale nada! Ah\u00ed va. Y tira lo que acaba de recibir.<\/p>\n<p>Entretanto, est\u00e1 el buque cargando los productos que la madre Patria env\u00eda al extranjero, por el mismo lado iban subiendo los compa\u00f1eros de viaje. Algunos, de acomodada posici\u00f3n; los m\u00e1s, pobres trabajadores que van, como dicen, a hacer fortuna. \u00a1El oro! He aqu\u00ed lo que les seduce, lo que les fascina. Con \u00e9l ser\u00e1n felices: gastar\u00e1n coche, tendr\u00e1n dorado palacio, espl\u00e9ndidos jardines, dormir\u00e1n en mullida cama. He aqu\u00ed el blanco de la mayor\u00eda de los pasajeros. De los 1.200, m\u00e1s de 1.000 abrigaban estos deseos. \u00a1Po\u00adbrecillos! \u00a1Como si no supieran (\u00a1ah! tal vez no lo sepan) que las cosas de este mundo son incapaces de satisfacer las infinitas aspiraciones del coraz\u00f3n humano! \u00bfQu\u00e9 hombre ha habido que haya sido feliz por tener dinero? \u00bfCu\u00e1ntos han sido los que han maldecido su fortuna mir\u00e1ndola como origen de su desgracia? \u00bfCu\u00e1ntos, levantados por ella, adulados por la fama, han deseado aquella blanca casita, aquel terru\u00f1o fecundado con el sudor de sus mayores? \u00bfNo anhelaba Horacio m\u00e1s por aquel que por los favores de Augusto? \u00a1Pobre coraz\u00f3n humano!<\/p>\n<p align=\"center\"><em>Modus agri non ita magnas<br \/>\nHortus ubi, et tecto vicinus jugis aquae fons<br \/>\nEt <\/em><em>paulum silvae super his foret,<\/em><\/p>\n<p>\u00a0Pero \u00bfse va a convertir esto en serm\u00f3n? No dejar\u00edan uste\u00addes de temerlo o esperarlo: \u00a1qui\u00e9n sabe! Mientras est\u00e1n pen\u00adsativos por tan <em>filos\u00f3ficas <\/em>ideas, pierden ustedes de vista, \u00f3, mejor dicho, todav\u00eda no han divisado a tres rapazuelos que, agazapados, est\u00e1n escribiendo, con mal papel, peores plumas y p\u00e9simo tintero, sobre una tabla que a la altura de un palmo rodea la embarcaci\u00f3n. \u00bfNo aciertan ustedes lo que est\u00e1n haciendo? Yo tampoco lo adivinaba; y cavilando estaba para saberlo, cuando uno de ellos, enderez\u00e1ndose un poco y dirigi\u00e9ndose a sus dos compa\u00f1eros, empez\u00f3 a leer en estos t\u00e9rminos: \u00abQuerida madre \u00bb No o\u00ed m\u00e1s: esta frase revelaba el secreto. Eran tres asturianos, pobres, desharrapados, vivos como el hambre, que, aprovechando la ocasi\u00f3n de mandar la carta por el correo, escrib\u00edan a la que les hab\u00eda dado el ser. \u00a1Pobres madres! \u00a1Acaso hab\u00edan aqu\u00e9llos partido sin decirles nada!<\/p>\n<p>Entretanto llega la llora de partir: hora temida y horri\u00adpilante a la flaca naturaleza; porque si el coraz\u00f3n se siente oprimido de angustia al pensar en tan doloroso trance, \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 hallarse en \u00e9l? \u00bfA qui\u00e9n no le late con violencia el coraz\u00f3n, qu\u00e9 pecho no se oprime, qu\u00e9 respiraci\u00f3n no se ahoga cuando es llegado el tiempo de dar el postrer \u00a1adi\u00f3s! a la Patria querida? \u00a1La Patria! \u00a1Ah! \u00bfY qu\u00e9 sentimiento m\u00e1s noble, puro y levantado puede haber que el amor a la Patria? \u00bfNo se lo debemos todo a ella? \u00bfNo nos ha colmado Dios en ella de sus m\u00e1s preciosos dones? \u00bfNo ha ejercido en nosotros la m\u00e1s poderosa influencia? \u00bfNo ven todav\u00eda nues\u00adtros ojos el sol que contempl\u00e1bamos en los primeros d\u00edas de nuestra infancia? \u00bfNo encierra la Patria lo que m\u00e1s ama el hombre en este mundo? All\u00ed descansan las cenizas de nuestros mayores; all\u00ed est\u00e1 aquel palacio, o tugurio, que poco importa, que nos vio nacer; all\u00ed subsisten aquellos \u00e1r\u00adboles bajo cuya sombra juguete\u00e1bamos; all\u00ed la escuela en donde comenzamos a formarnos hombres; all\u00ed est\u00e1 todo. El mismo sentimiento religioso tiene mucha m\u00e1s vida en nues\u00adtra aldea, villa o ciudad. \u00bfPor qu\u00e9 nos quedamos insensibles ante un Crucifijo, as\u00ed sea de afamado artista, no estando en nuestro pa\u00eds, mientras que el solo recuerdo de aquel de nues\u00adtro pueblo, tosco y sin arte tal vez, conmueve lo m\u00e1s \u00edntimo de nuestras entra\u00f1as? No, no contradigamos jam\u00e1s a quien nos diga ser su pa\u00eds el m\u00e1s hermoso, noble y viril de todos. Si alguno dijera lo contrario me causar\u00eda el mismo horror que quien me dijera que su madre no es la mejor de todas.<\/p>\n<p>Pues cuando todas estas cosas se presentan a una ante la imaginaci\u00f3n de aquel que ve c\u00f3mo dentro de algunos minutos va a alejarse para siempre del lugar de tan caros recuerdos, \u00bfc\u00f3mo es posible se pueda uno contener, y sino con las mismas palabras, con los mismos sentimientos acompa\u00f1e a nuestro hermano&#8230;.. y diga:<\/p>\n<p align=\"center\">Amor hasta la muerte,<br \/>\nhasta la tumba obscura,<br \/>\nmi coraz\u00f3n te jura,<br \/>\npa\u00eds donde nac\u00ed;<br \/>\ny todo cuanto tengo,<br \/>\nmi nombre con mi vida,<br \/>\nmi ser, patria querida,<br \/>\nlo debo todo a ti.<\/p>\n<p>La noche, extendiendo su manto, ha hurtado las costas a nuestra vista; gracias a la luz el\u00e9ctrica vemos todav\u00eda algo de la Coru\u00f1a. Lanza la sirena tristes y potentes gemi\u00addos, que se pierden en la inmensidad; da la se\u00f1al de par\u00adtida; desl\u00edzase sobre las ondas, que, al chocar en su cas\u00adco, se resuelven en blanqu\u00edsima espuma; \u00f3yese el pesa\u00addo arrastrar de las cadenas, el crujir de las maderas\u00a0 El alma se halla anonadada; parece comprender \u00f3, por lo menos, estar ante la inmensidad de Dios. Todos callan; las luces van disminuyendo en intensidad, parece huyen de nosotros; \u00bfpor qu\u00e9 se alejan tan pronto? Todav\u00eda se divisa el faro\u00a0 Un momento m\u00e1s, y todo queda sumergido en las aguas\u00a0 Todav\u00eda mis ojos contin\u00faan fijos, sin pesta\u00f1ear, mirando a trav\u00e9s de las tinieblas; nada ven; las tinieblas me impiden ver lo que hasta ahora hab\u00eda sido el blanco de mis ojos. Con todo, sigo mirando, y mi ima\u00adginaci\u00f3n se representaba lo que mis ojos no pod\u00edan ver. Veta todav\u00eda las luces, ve\u00eda las playas abandonadas, ve\u00eda a mi Patria ; parec\u00edame divisar las monta\u00f1as de Montserrat; por ellas trepaba hasta postrarme a los pies de la <em>Moreneta; <\/em>all\u00ed me consagraba a ella con todo fervor; todos ustedes me rodeaban; todav\u00eda no hab\u00edan acabado de darme abrazos; al mismo tiempo me hallaba en esa Casa; en confusa gavilla se me representaban ideas, personas, sucesos; tan pronto se me representaba el acto de tomar la sotana, romo el de los santos Votos; ya los Ejercicios anuales, como los de la Ordenaci\u00f3n; ora los estudios, ora los actos de piedad; aqu\u00ed mis Superiores, ah\u00ed mis Catedr\u00e1ticos; los siete a\u00f1os m\u00e1s felices de mi vida fueron despleg\u00e1ndose ante mis ojos. Estaba anonadado; yo no discurr\u00eda, porque era imposible, pero sent\u00eda, sent\u00eda que me ahogaba; necesitaba explayar mi sentimiento, y llor\u00e9\u00a0 \u00a1Qu\u00e9 cobarde soy!<\/p>\n<p>Los otros d\u00edas se pasaron con la monoton\u00eda que al prin\u00adcipio les dije. Finalmente, despu\u00e9s de muchas sospechas, opiniones y juicios, despu\u00e9s de sumar, restar, multiplicar y dividir mil veces las millas andadas y las que faltaban por andar, despu\u00e9s de repetir nuestros ejercicios santos, parti\u00adculares y de Comunidad, como ustedes pueden suponer viajando con el observante y piadoso P. Moral, desembar\u00adcamos en la capital de la Perla de las Antillas, en la ciudad de los m\u00e1s tristes recuerdos para todo espa\u00f1ol. Todav\u00eda no he visto reir un espa\u00f1ol en la Habana; todos parec\u00edan cul\u00adpables de horrendo crimen. No s\u00e9 c\u00f3mo est\u00e1n ahora Cuba y su capital; no teniendo tiempo para escribir a ustedes, \u00bflo iba a tener para los peri\u00f3dicos? S\u00f3lo les manifestar\u00e9 lo que en aquellos d\u00edas me pareci\u00f3.<\/p>\n<p>Observ\u00e1base entonces general malestar en la poblaci\u00f3n; todos estaban en expectativa. Mir\u00e1banse con recelo, como si con su mirada quisieran penetrar lo que pasa en el cora\u00adz\u00f3n del pr\u00f3jimo. Un marino me dijo haber disminuido el comercio un 50 por l00 desde la separaci\u00f3n de Espa\u00f1a. Los yanquis lo invaden todo y son aborrecidos por el pueblo; mas ellos, m\u00e1s taimados que la astucia, dan treguas a todo, dej\u00e1ndolo para un ma\u00f1ana que nunca llega; en substancia, me parec\u00eda estaban diciendo: \u00abSi no me lo dais, me lo tomo.\u00bb Muchos de los cubanos maldicen de lo hecho; otros, es decir, aquellos cuya boca est\u00e1 tapada por el oro americano, dicen haber todav\u00eda esperanza de conseguir la autonom\u00eda. Por aquellos d\u00edas se les ofreci\u00f3 \u00e9sta bajo ciertas condiciones, dos de las cuales eran como siguen: \u00abEl ej\u00e9r\u00adcito de los Estados Unidos ocupar\u00e1 las plazas de Cuba cuanto tiempo crea conveniente. La Rep\u00fablica Cubana no podr\u00e1 celebrar tratado alguno con otra naci\u00f3n sin permiso de los Estados Unidos. Griten ahora los infelices: \u00a1Muera Espa\u00f1a la opresora! \u00a1Viva la libertad!\u00bb<\/p>\n<p>En uno de nuestros paseos subi\u00f3 al tranv\u00eda un mulato yanqui, con todos los caracteres de mulato y de yanqui: estaba borracho. Apenas se hubo sentado, cuando empez\u00f3 a revolverse en su asiento, y cual si estuviera pose\u00eddo de una legi\u00f3n de demonios, ya levantaba los brazos en alto, ya se llevaba las manos a la cabeza y al cuello, haciendo ade\u00adman de cort\u00e1rselos, y con voz cavernosa y entrecortada por la vehemencia con que hablaba empez\u00f3 a clamar: \u00ab\u00a1Viva Cuba independiente y libre, y muera Espa\u00f1a!\u00bb Ya pueden figurarse c\u00f3mo estar\u00edamos: al principio la sangre se me hel\u00f3 en las venas; tem\u00eda una barbaridad: luego me encend\u00ed de coraje y de verg\u00fcenza: volv\u00eda \u00e9l los ojos hacia los circunstan\u00adtes como para adivinar si entre ellos hab\u00eda un espa\u00f1ol. To\u00addos permanecieron callados; tal vez por no haberlos, tal vez por no poder hablar con un hombre que nada entend\u00eda de castellano. Adem\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 se pod\u00eda decir a un hombre que no ten\u00eda de tal ni tan solo la figura? No pudiendo aguantar Aquella escena, dije por lo bajo a mis compa\u00f1eros: V\u00e1mo\u00adnos. Al bajar dije al conductor:\u2014\u00bfC\u00f3mo permite usted estos esc\u00e1ndalos en el coche?\u2014 \u00a1Qu\u00e9 quiere usted Padre! si le mando bajar, lo achacan a pol\u00edtica y me quedo sin empleo. Dios tenga compasi\u00f3n de todos.<\/p>\n<p>Estamos ya para salir de la Habana, en donde hemos permanecido cinco o seis d\u00edas, y todav\u00eda no les he dado a ustedes cuenta de c\u00f3mo fuimos recibidos por nuestros her\u00admanos. a bien que no hay para qu\u00e9 decirlo. \u00bfC\u00f3mo nos hab\u00edan de recibir? Pues como se recibe en todas nuestras casas: con los brazos abiertos. Los del P. S\u00e1iz fueron los primeros que encontr\u00e9: nada ha perdido, ni de su fealdad f\u00edsica ni de su belleza moral: intr\u00e9pido \u00e9 infatigable, trabaja con el ardor de los a\u00f1os varoniles; de su boca tuvimos la satisfacci\u00f3n de o\u00edr gran parte de los muy notables hechos y peripecias de su vida, que yo quisiera describir, pero no lo hago por temor de deslustrarlo, y porque, si ustedes es\u00adt\u00e1n ya cansados de tanta digresi\u00f3n y desean llegar al fin de esta carta, mucho m\u00e1s lo deseo yo, que pienso que nunca la voy a terminar. As\u00ed, pues, es necesario que uste\u00addes suplan con su brillante imaginaci\u00f3n todo lo que aqu\u00ed omito. As\u00ed tambi\u00e9n callar\u00e9, corno lego que soy, la des\u00adcripci\u00f3n del hermoso templo de Nuestra Se\u00f1ora de la Merced. Cuando el hermano Cuesta pase por all\u00e1, puede em\u00adplear las amplias facultades que le concedo para que lo haga.<\/p>\n<p>Al fin lleg\u00f3 el d\u00eda de partir. El vapor yanqui <em>Vigilancia fue <\/em>quien nos traslad\u00f3 al Sr. Arnaiz, hermanos Esteban, Obrador y a un servidor al puerto del Progreso. Los otros tres hermanos continuaron su camino para Veracruz. Nues\u00adtra traves\u00eda fue feliz: mucha sorpresa nos caus\u00f3 el encon\u00adtrarnos entre yanquis , ya por lo raro de su car\u00e1cter, tan opuesto al espa\u00f1ol, ya por el servicio de mesa, tan distinto del de los buques espa\u00f1oles. Los yanquis son altos, no tan robustos ni encarnados como me los hab\u00eda fingido, serios, emprendedores, no gastan bromas ni por chanza, tragan a m\u00e1s poder, s\u00f3lo piensan en el dinero, todo lo van acapa\u00adrando. Los dos diarios de M\u00e9xico de m\u00e1s circulaci\u00f3n son suyos: poco h\u00e1 dec\u00edan que dentro de diez a\u00f1os se habr\u00e1n apoderado, por pac\u00edfica conquista, de la Rep\u00fablica Mexi\u00adcana. En cuanto a religi\u00f3n, son indiferentes: los mejores se contentan con leer su Biblia. En uno de los dos buques yanquis, en que hemos viajado hab\u00eda dos ejemplares sobre la mesa escritorio del sal\u00f3n de descanso. a nosotros nos han tratado muy bien, a pesar de no disimular (cosa impo\u00adsible por otra parte) el ser Sacerdotes cat\u00f3licos. Cuando empez\u00e1bamos a acomodarnos a tan extra\u00f1o r\u00e9gimen de vida, anclamos en Progreso. El tren nos llev\u00f3 en dos horas de este puerto a la celeb\u00e9rrima ciudad de M\u00e9rida.<\/p>\n<p>Es necesario ver a M\u00e9rida para formarse una idea de lo que es. Un andaluz, rico y de muy buenas ideas y senti\u00admientos religiosos, y sobre todo templado y gracioso (ello est\u00e1 bastante dicho sabiendo ser andaluz), a bordo del <em>Vi\u00ad<\/em><em>gilancia <\/em>me describi\u00f3 Yucat\u00e1n y M\u00e9rida en los t\u00e9rminos siguientes: \u00abLos yucatecos se tienen por la gente mejor de la Rep\u00fablica. (Hasta aqu\u00ed, pensaba yo en mis adentros, no hay nada de particular; porque los andaluces, y los catala\u00adnes, y los castellanos y todo hijo de vecino piensa lo mismo). Yucat\u00e1n son los Estados Unidos de M\u00e9xico. Los habi\u00adtantes no son mexicanos, ellos son yucatecos. M\u00e9rida no llega a Par\u00eds, pero vamos&#8230; por ah\u00ed se le anda\u00bb.<\/p>\n<p>Naturalmente, no dejaba de haber en estas palabras su parte andaluza: voy a decirles lo que a m\u00ed me pareci\u00f3. Deseo, ante todo, se fijen ustedes en estas palabras a <em>m\u00ed me <\/em><em>pareci\u00f3. <\/em>En esto, como en cuanto llevo dicho y me falta que decir, en manera alguna pretendo hagan ustedes caso alguno de mis juicios; cada cual piense como se le antoje, que no re\u00f1iremos por ello; sobre todo, antes quisiera cor\u00adtarme la mano que lastimar a nadie en lo m\u00e1s m\u00ednimo. \u00bfAd\u00f3nde ir\u00e1 con estos pre\u00e1mbulos? \u2014habr\u00e1n dicho algu\u00adna:\u2014 \u00abNo se amosque usted, hermano Mesquida, que de menos nos hizo Dios.\u00bb<\/p>\n<p>Son los yucatecos, meridanos, mejor dicho, amantes de la patria y del trabajo. Llevar\u00edan a mal que un extranjero emprendiera obra alguna de consideraci\u00f3n en su territo\u00ad&#8217;1o. Pueden viajar para estudiar o para recrearse, pero to\u00addos vuelven a su patria. El terreno es muy pobre: llano como la palma de la mano; de Progreso a M\u00e9rida, aunque ay ocho leguas de distancia, s\u00f3lo se eleva el terreno 8 me\u00adros sobre el nivel del mar. El terreno es pedregoso: esto favorece mucho a lo que constituye toda o casi toda la riqueza del pa\u00eds: el henequen. Cuando se les acabe esto, quedar\u00e1n pobr\u00edsimos.<\/p>\n<p>Son bastante religiosos: casi todos los hombres se des\u00adcubren al pasar junto a un Sacerdote. a nuestra llegada ya hab\u00eda quince d\u00edas que estaban festejando al milagroso Cru\u00adcifijo \u00abde las Ampollas\u00bb y, a pesar de eso, todav\u00eda con\u00adtinuaron por espacio de ocho d\u00edas. Ya estaba aburrido yo de tanto cohete y triquitraque, y aun de una banda de m\u00fa\u00adsica que, a pesar de tocar bastante bien, creo habr\u00eda mareado al mism\u00edsimo hermano <em>Payer\u00e1s. <\/em>Todos los gremios por turno iban celebrando su fiesta, empe\u00f1\u00e1ndose todos en ver qui\u00e9n pod\u00eda derrochar m\u00e1s. Por falta de educaci\u00f3n religiosa, el pueblo es ignorante aun en la misma Religi\u00f3n que <em>devoto <\/em>profesa.<\/p>\n<p>Me dec\u00eda un yucateco que M\u00e9rida no pod\u00eda contarse entre las ciudades cultas. Y ten\u00eda raz\u00f3n, si lo dec\u00eda por las calles de la poblaci\u00f3n. Cuando no est\u00e1n convertidas en f\u00e9tidos baches, gruesa alfombra de polvo las llena: apenas se puede andar a pie, como no sea con peligro moralmente cierto de volver a casa salpicado de barro. \u00c1. pesar de haber andado varias veces en tranv\u00eda, casi pudiera afirmar no haber visto el carril por d\u00f3nde anda. Al bajar de \u00e9l, re\u00adpet\u00ed cierta vez la escena de la Florida. \u00bfSe acuerda usted, hermano? Las casas, como son bajas, est\u00e1n salpica\u00addas de barro lo menos hasta la mitad de la fachada. Los edificios mejores de la ciudad son todav\u00eda restos de la <em>bar\u00ad<\/em><em>barie <\/em>espa\u00f1ola. Encontramos al Sr. Go\u00f1i, convaleciente del v\u00f3mito: cinco doctores le asistieron en su enfermedad: todos quer\u00edan atribuirse el m\u00e9rito de haberle curado, por\u00adque, en verdad, fue uno de los m\u00e1s dif\u00edciles casos que se han visto.<\/p>\n<p>Al Sr. Arn\u00e1iz y a un servidor no hizo mella<sup>.<\/sup> alguna el nuevo clima: en cambio los hermanos Esteban y Obrador a los pocos d\u00edas fueron presa del v\u00f3mito. Fueron trasladados, para evitar el contagio, a casa de una se\u00f1ora llamada D.&#8217; Loreto Pe\u00f3n, que cual verdadera madre halla gusto, a pesar de su avanzada edad, en asistir personalmente a cuantos espa\u00f1oles contraen esta enfermedad en el Semi\u00adnario. Tenemos muy buenos amigos en la ciudad: otros, en cambio, nos hacen cruda guerra, envidiosos de la prosperidad de nuestro Seminario.<\/p>\n<p>Ser\u00eda cosa de nunca acabar si hubiera de descubrirles cuanto tengo en mi pecho. Basta decir a ustedes que, a lo mejor, cuando mi c\u00e1tedra empezaba a florecer (date tono, Milla), cuando me preparaba para asistir a las c\u00e1tedras de Franc\u00e9s \u00e9 Ingl\u00e9s y de Derecho Romano, cuando ya me hab\u00eda matriculado en la Escuela Preparatoria para gra\u00adduarme de Licenciado en no s\u00e9 qu\u00e9, mi fatal estrella, la que me hab\u00eda quitado la borla de Bachiller por Toledo, \u00a1catapl\u00fam! env\u00eda un cablegrama para que nos embarquemos para M\u00e9xico. \u00bfCu\u00e1nto daban ustedes por nosotros dos, en esa de Madrid? No s\u00e9 si hubiera llegado a un centavo: ten\u00adgan, pues, muy bien entendido que s\u00f3lo en partes telegr\u00e1\u00adficos se gast\u00f3 m\u00e1s de 5o pesos!!!<\/p>\n<p>El P. Moral, que partamos; \u00e9ste, que ha de consultar con el P. Mej\u00eda, que estaba en la Habana; aqu\u00e9l, que esperen un poco; el de m\u00e1s all\u00e1, que esta semana no hay vapor&#8230;.; no pueden figurarse, a pesar de la natural tristeza de abando\u00adnar a nuestros hermanos, cu\u00e1nto nos re\u00edamos los dos.<\/p>\n<p>H\u00e9nos de nuevo en el <em>charco <\/em>emprendiendo un nuevo viaje: \u00bfpara qu\u00e9 describirlo?<\/p>\n<p>Dicen que todos son parecidos&#8230;, pero no; \u00e9ste no fue como los anteriores, porque deshecha tormenta nos hizo levantar ojos y coraz\u00f3n al Cielo para implorar la miseri\u00adcordia del Se\u00f1or. Acab\u00e1bamos de salir del puerto de Cam\u00adpeche cuando el mar comenz\u00f3 a moverse m\u00e1s de lo ordi\u00adnario: progresivamente las olas se fueron agrandando, cual si monta\u00f1as de agua vinieran a precipitarse encima de nuestro barco para hacer presa de nosotros. El viento so\u00adpla furioso, la m\u00e1quina lanza tristes gemidos, da el vapor convulsiones espantosas cuando la h\u00e9lice gira fuera del agua, tres olas pasan por encima del puente: a pesar de tan tristes presagios, \u00a1oh poder de la imaginaci\u00f3n! todav\u00eda me parec\u00eda que aquello no se pod\u00eda llamar verdadera tem\u00adpestad.<\/p>\n<p>\u2014\u00bbVamos a prometer a la Virgen de Guadalupe la cele\u00adbraci\u00f3n de una Misa en el Santuario de M\u00e9xico\u2014dije a mis compa\u00f1eros;\u2014porque, si por ahora no hay peligro, bien pudiera ser que la cosa pasara adelante.\u00bb Y no s\u00f3lo se lo dije a ellos, sino tambi\u00e9n a otros tres Sres. Sacerdotes me\u00adridanos, a uno de los cuales, S. S. el Can\u00f3nigo Acevedo, le v\u00ed bajar varias veces las escaleras como lo hacen los ni\u00f1os a los cuatro a\u00f1os. \u00bfEntonces s\u00ed que cambiamos la peseta de veras! Al fin fue soseg\u00e1ndose la mar: las olas, rendidas de tanta lucha, parec\u00edan huir avergonzadas de su derrota: aprovechando un momento oportuno, a gran velocidad nos dirigimos al puerto, en donde penetramos dos d\u00edas m\u00e1s tarde de lo ordinario.<\/p>\n<p>Llegamos a M\u00e9xico el feliz d\u00eda del Beato Perboyre, a las ocho de la noche: fuimos recibidos por la Comunidad como de costumbre. El d\u00eda siguiente fuimos a visitar a la Virgen de Guadalupe, bajo cuya protecci\u00f3n, con indecible gozo del alma, a ustedes y a nosotros colocamos. Subi\u00admos al cerrito, donde hubo la \u00faltima milagrosa aparici\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen al \u00ednclito Juan Diego; a la bajada bebimos agua del <em>posito <\/em>y compramos algunas fotograf\u00edas y medallas: en seguida tomamos de nuevo el tranv\u00eda el\u00e9c\u00adtrico para volver al lugar de donde hab\u00edamos partido, y de aqu\u00ed a Tlalpan. Comimos, conversamos, re\u00edmos, otro fuerte apret\u00f3n, y vuelta a casa: llegamos a las tres; en diez minutos preparamos la maleta, y sin despedirme de nadie, ni aun de mi inseparable compa\u00f1ero Sr. Arn\u00e1iz, mont\u00e9 en un coche que estaba a la puerta y \u00a0a la estaci\u00f3n, camino de Puebla, para continuar el viaje hasta \u00e9sta de Oaxaca. No s\u00e9 si con su imaginaci\u00f3n podr\u00e1n seguir ustedes tan vertiginosa y descalabrada descripci\u00f3n : la culpa es m\u00eda, que por acabar presto dejo que la pluma, volando, escriba lo que le d\u00e9 la gana.<\/p>\n<p>De este Seminario hay tanto que decir, que uno de los dos tomos prometidos por el hermano, ser\u00e1 poco para abarcarlo. Cont\u00e9ntense ustedes con saber que el local es como unas tres veces mayor que el de Madrid. Dos igle\u00adsias: una de ellas magn\u00edfica, de estilo bizantino, con ri\u00adqu\u00edsimo altar g\u00f3tico tra\u00eddo de Alemania, regalo del Se\u00f1or Arzobispo. El Sr. Quintas es el Capell\u00e1n: algunos me\u00adses h\u00e1, compr\u00f3 una campana de 8o arrobas: ahora va a comenzar los trabajos para levantar una torre medio derri\u00adbada por un terremoto. El P. Coello, profesor de Dogma (obra de Castro), de Historia Eclesi\u00e1stica y de tercero de Filosof\u00eda, es acabado modelo de Procuradores. Yo no s\u00e9 si lo soy de Secretarios: el hermano Escribano me dijo m\u00e1s de una vez tener firma de tal. Explico, adem\u00e1s, pri\u00admer a\u00f1o de Filosof\u00eda (Sucona), Literatura (Cortej\u00f3n), y no s\u00e9 qu\u00e9 cosas m\u00e1s: Griego y Hermen\u00e9utica. Si me dicen de d\u00f3nde saco tiempo para tanto, les dir\u00e9 que no lo s\u00e9. Aun estando en \u00e9sa se acordar\u00e1n algunos haberme o\u00eddo decir que nuestros Padres de M\u00e9xico hac\u00edan milagros: pues no es mucho que yo haga otro tanto. Atendiendo a tantas ocupaciones, creo comprender\u00e1n ustedes haberme sido del todo imposible satisfacer antes sus tan leg\u00edtimos deseos. \u00bfCu\u00e1ntas cosas me olvido de decirles? \u00bfDe cu\u00e1ntas se olvi\u00addar\u00e1n ustedes cuando me escriban, que yo deseo saber? Un abrazo m\u00e1s y\u00a0 hasta el Cielo.<\/p>\n<p>Su hermano en San Vicente,<\/p>\n<p>ANTONIO CASULLERAS, i. S. C. p,<\/p>\n<p>P. D.\u2014Al terminar esta mi larga carta a la clase estu\u00addiantil, de donde soy reci\u00e9n salido; como insignificante tri\u00adbuto por lo mucho que debo a mis inolvidables Superiores, Directores y Catedr\u00e1ticos, declaro ingenuamente que estar\u00e9 eternamente agradecido a los inestimables servicios que tan paternalmente me han prestado.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta-relaci\u00f3n del Sr. CASULLERAS, Sacerdote de la Misi\u00f3n, sobre el viaje de la \u00faltima expedici\u00f3n a M\u00e9jico, dirigida a los HH. 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