{"id":45805,"date":"2011-07-09T10:10:55","date_gmt":"2011-07-09T08:10:55","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=45805"},"modified":"2011-07-09T10:10:55","modified_gmt":"2011-07-09T08:10:55","slug":"santiago-masarnau-ultima-parte","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/santiago-masarnau-ultima-parte\/","title":{"rendered":"Santiago Masarnau (\u00faltima parte)"},"content":{"rendered":"<h2><strong>VI. El restablecimiento de las Conferencias (1875)<\/strong><\/h2>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/images1.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-45806 alignright\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/images1.jpg?resize=188%2C226\" alt=\"\" width=\"188\" height=\"226\" \/><\/a><\/strong>Con la restauraci\u00f3n de los Borbones en el trono de Espa\u00f1a en la persona de D. Alfonso XII, la Sociedad vuelve plenamente a la escena p\u00fablica. Ya se\u00f1al\u00e1bamos que algunas Conferencias con\u00adtinuaron funcionando en la clandestinidad, variando el lugar de su reuni\u00f3n habitual, por lo general lo hac\u00edan en el domicilio de alguno de sus socios y cambiando el nombre de Conferencias por el de Se\u00adcciones, la de Masarnau lo hac\u00eda en casa de Pedro Madrazo. Desde 1872 se reun\u00edan en Madrid doce Conferencias, lo que supon\u00eda una peque\u00f1a parte de lo que exist\u00eda antes de la supresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando se restableci\u00f3 legalmente la Sociedad, se recuper\u00f3 todo lo incautado menos el dinero, 14.000 reales, y la sede se estableci\u00f3 en la calle Atocha, se comenzaron a celebrar las Juntas Generales y volvi\u00f3 a publicarse el Bolet\u00edn. D. Santiago se volc\u00f3 en la reorganizaci\u00f3n de la Sociedad, pero era ya un hombre de 70 a\u00f1os, adem\u00e1s en 1879 reci\u00adbi\u00f3 un duro golpe con la muerte de su hermano Vicente, que tan uni\u00addo hab\u00eda estado a \u00e9l, hecho que le afect\u00f3 sensiblemente.<\/p>\n<p>La salud de D. Santiago fue cada vez m\u00e1s fr\u00e1gil, el Bolet\u00edn nos da no\u00adticia de sus cada vez m\u00e1s frecuentes ausencias de las Juntas Generales, el mismo hab\u00eda dicho: \u00abLa Sociedad sigue creciendo y yo, es claro, no lo siento; pero cada d\u00eda me da m\u00e1s que hacer y, aunque algunos socios me ayudan (Dios se lo pague), ninguno se acerca a sustituirme, como con\u00advendr\u00eda para los casos de ausencia, enfermedad o muerte que necesa\u00adriamente se han de ofrecer, y as\u00ed vamos hasta que la cuerda se rompa\u00bb. Vi\u00e9ndose en un estado de postraci\u00f3n importante que le imped\u00eda desempe\u00f1ar el cargo de Presidente, convoc\u00f3, con car\u00e1cter extraor\u00addinario el Consejo superior, el 1 de junio de 1882, en su casa de la Calle Cedaceros 11 y, con gran sentimiento de todos present\u00f3 su di\u00admisi\u00f3n o renuncia irrevocable, quedando al frente del consejo Su\u00adperior, interinamente, los Vicepresidentes: D. Vicente de la Fuente y D. Marino Boch.<\/p>\n<p>En esos momentos la Sociedad ofrec\u00eda el siguiente balance: 291 Conferencias, 5.194 socios activos, unos 2.900 entre socios de ho\u00adnor y honorarios, 4718 suscriptores, 6.246 familias adoptadas, 1.337 ni\u00f1os instruidos, etc. y 2.220.436 reales de ingreso.<\/p>\n<p>D. Santiago, seg\u00fan el Reglamento, propuso para sucederle a: D. Jos\u00e9 W Solano, Marqu\u00e9s de Socorro, quien renunci\u00f3 por con\u00adsiderarse sin las condiciones necesarias para el cargo; como tam\u00adbi\u00e9n renunciaron, tras las sucesivas votaciones: D. Jos\u00e9 1N\/P Ante\u00adquera, y otros cuatro candidatos. Tal situaci\u00f3n se prolong\u00f3 durante cinco meses, por lo que intervino el Presidente General de la Sociedad urgiendo la elecci\u00f3n, la cual por fin se produjo el 13 de noviembre de 1882, recayendo en <strong>D. Luis Mar\u00eda <\/strong><strong>de Tapia y Parrella, <\/strong>que hab\u00eda in\u00adgresado en la Sociedad con 20 a\u00f1os, en mayo de 1853, y que era, desde el restablecimiento de la So\u00adciedad, Vocal del Consejo Supe\u00adrior, y permaneci\u00f3 en el cargo has\u00adta su muerte el 2 de octubre de 1909.<\/p>\n<h2><strong>VII. Las virtudes relevantes de D. Santiago<\/strong><\/h2>\n<p>Una semblanza biogr\u00e1fica de estas caracter\u00edsticas, quedar\u00eda incompleta sin una descripci\u00f3n, aunque sea muy somera, de las virtudes practicadas por un cristiano al que se quiere proponer co\u00admo modelo y ejemplo a imitar.<\/p>\n<p>De las biograf\u00edas que disponemos sobre Santiago Masarnau nin\u00adguna mejor que la de Jos\u00e9 M\u00aa Quadrado para darnos a conocer co\u00admo la gracia divina se manifest\u00f3, en gestos y acciones, en nuestro personaje. Ya que este autor dispuso de testimonios, orales y escri\u00adtos, de primera mano.<\/p>\n<p>Aunque el lector se encuentre unas largas transcripciones de p\u00e1\u00adrrafos de otros autores, he considerado, que en un tema tan deli\u00adcado como el de dar a conocer el grado de virtud de una persona que muri\u00f3 hace m\u00e1s de cien a\u00f1os, esto se conseguir\u00eda al presentar\u00adlo con el lenguaje fresco y caracter\u00edstico de la \u00e9poca, recogidos en estos sencillos pero hermosos testimonios.<\/p>\n<p>Hay que hacer notar, que para facilitar su lectura, he introdu\u00adcido algunos ep\u00edgrafes que clasifican y aclaran algunas de las vir\u00adtudes practicadas por D. Santiago, y se han modificado algunas ex\u00adpresiones y signos de puntuaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><strong>VII.1. Expresi\u00f3n de su vida de fe.<\/strong><\/h3>\n<p><em>Su devoci\u00f3n era fervoros\u00edsima, o\u00eda todos los d\u00edas misa, arrodi\u00ad<\/em><em>llado <\/em><em>y con profundo recogimiento, para cargar, como \u00e9l dec\u00eda, la <\/em><em>escopeta, es decir, para recobrar br\u00edos y fortaleza a fin de preser\u00ad<\/em><em>var su alma de todo peligro, a la vez que de ejercitar virtudes y ac\u00ad<\/em><em>tos de caridad. Comulgaba domingos y jueves, y asist\u00eda al celestial banquete con la caracter\u00edstica corbata blanca atada por detr\u00e1s, costumbre que sin duda hab\u00eda tomado de su estancia en el extran\u00adjero. Y es muy de notar que el Se\u00f1or parece quiso premiar esta co\u00admuni\u00f3n del jueves, d\u00eda consagrado al Sant\u00edsimo Sacramento, ter\u00adminando su larga vida con una dichosa muerte en el mismo d\u00eda de la semana. Tanto amaba la Eucarist\u00eda, que hizo imprimir la tra\u00adducci\u00f3n del precioso libro \u00abLa Comuni\u00f3n es mi vida\u00bb y el op\u00fasculo sobre La Comuni\u00f3n frecuente de Fenel\u00f3n. Que su afecto a la Sant\u00edsima Virgen era tiern\u00edsimo, lo dicen sus bell\u00edsimas composiciones musicales dedicadas a la Se\u00f1ora, su ora\u00adci\u00f3n por muchos a\u00f1os repetida al empezar y al concluir sus traba\u00adjos diarios en la Colmena&#8217; ante una peque\u00f1a estampa que all\u00ed ha\u00adb\u00eda y las no menos frecuentes a la hermosa imagen que ten\u00eda en su alcoba, y que seg\u00fan dijo al autor de estos apuntes, hab\u00eda converti\u00addo a una se\u00f1ora protestante.<\/em><\/p>\n<h3><strong>VII.2. Pr\u00e1ctica de la pobreza evang\u00e9lica, modestia <\/strong><strong>y humildad.<\/strong><\/h3>\n<p><em>Su desasimiento era tal que ten\u00eda hecho como una especie de vo\u00ad<\/em><em>to de pobreza: dec\u00eda que as\u00ed como los pobres no podr\u00edan permitir\u00ad<\/em><em>se caprichos, compra de objetos innecesarios y peque\u00f1as dulzuras <\/em><em>o regalos, \u00e9l hacia otro tanto, y en esto escrupulizaba much\u00edsimo, <\/em><em>pues llevaba exactos apuntes de sus ingresos y gastos, haciendo sus <\/em><em>balances diario y mensual. Compadec\u00eda a los ricos, no s\u00f3lo por lo <\/em><em>que de ellos refiere el Evangelio, sino porque o los explotaban los <\/em><em>malos, dec\u00eda, o los buenos hu\u00edan de su amistad para que no se in<\/em><em>terpretara por afici\u00f3n a su dinero. A la loter\u00eda aseguraba no ju\u00ad<\/em><em>gar\u00eda nunca, aunque supiese de cierto que le hab\u00eda de caer en suer\u00ad<\/em><em>te el premio gordo. Y sin embargo la riqueza se present\u00f3 a ofre\u00ad<\/em><em>cerle sus dones por boca de un amigo, a quien visit\u00f3 en el lecho de <\/em><em>muerte, brind\u00e1ndole en muestra de gratitud y afecto con una con\u00ad<\/em><em>siderable suma de dinero que ten\u00eda guardada debajo de los ladri\u00ad<\/em><em>llos de su habitaci\u00f3n: no la acept\u00f3 y entreg\u00f3la a los herederos del <\/em><em>finado. La considerable herencia de su hermano fue para \u00e9l una <\/em><em>pesada carga, que administr\u00f3 para los pobres durante su vida y <\/em><em>les leg\u00f3 a su fallecimiento.<\/em><\/p>\n<p><em>No quer\u00eda que le deseasen larga vida, porque la consideraba <\/em><em>siempre llena de dolores y miserias; y aunque agradec\u00eda la buena <\/em><em>intenci\u00f3n, rectificaba al punto las ideas, demostrando su buen cri\u00ad<\/em><em>terio espiritual en esta materia. Era serio a la vez que cari\u00f1oso en <\/em><em>las expansiones de la amistad, en que a veces desahogaba la ter\u00ad<\/em><em>nura de su coraz\u00f3n, pues aunque lo trataba de ocultar era vehe\u00ad<\/em><em>ment\u00edsimo en sus afectos. En el vestir, en su sistema de vida, en su trato, fue siempre modesto y humilde, no obstante su gran ilustra\u00adci\u00f3n y talento; y pose\u00eddo del esp\u00edritu de sencillez de nuestro regla\u00admento, no consent\u00eda que la Sociedad de San Vicente celebrase con pompa sus solemnidades hasta el punto de no permitir que se can\u00adtase una misa para la cual se le hab\u00edan ofrecido con insistencia diez mil reales de limosna.<\/em><\/p>\n<h3><strong>VII.3. Pr\u00e1ctica de la caridad.<\/strong><\/h3>\n<p><em>Sin lugar a dudas podemos afirmar que consagr\u00f3 la mayor par\u00adte de su vida al ejercicio de la caridad, por ello no es f\u00e1cil conden\u00ad<\/em><em>sar en breves renglones las obras de caridad practicadas asidua\u00ad<\/em><em>mente durante casi medio siglo con socios y con extra\u00f1os, con <\/em><em>pobres y con ricos. A \u00e9stos no s\u00f3lo favorec\u00eda con su discreta y fina <\/em><em>manera de tratarles, sino con ocasiones que les procuraba de ha\u00ad<\/em><em>cerse mejores y de salvar sus almas solicitando su concurso para <\/em>protecci\u00f3n de la infancia en los asilos o en extraordinarios e im\u00adprevistos casos que le presentaban su consumada experiencia y sus incesantes esfuerzos, sugiri\u00e9ndole la creaci\u00f3n de la caja de San Jo\u00ads\u00e9. Los socios que se le acercaban y le comunicaban sus penas, o ped\u00edan el valioso auxilio de sus consejos en circunstancias dif\u00edciles, eran remediados, y Dios bendec\u00eda visiblemente sus resoluciones con \u00e9xito satisfactorio. \u00bfY qu\u00e9 diremos de los portentos de abnega\u00adci\u00f3n y de sacrificio que con los pobres obraba? Subir a pesar de sus muchos a\u00f1os con incre\u00edble perseverancia escaleras de cinco y seis pisos, en que contrajo tal vez el padecimiento a que finalmente su\u00adcumbi\u00f3, prodigar socorros y consuelos, pegar su boca a los o\u00eddos de los moribundos para infundirles resignaci\u00f3n y aliento, reconci\u00adliar matrimonios desavenidos a\u00fan con exposici\u00f3n de su vida, tales fueron hasta el fin sus ordinarias tareas de cada semana, y por largas temporadas de cada d\u00eda. En los ni\u00f1os empero ten\u00eda puestas sus complacencias, a semejanza del Divino Maestro: jugaba con ellos, haci\u00e1les cosquillas, los cubr\u00eda de besos y les compraba dul\u00adces, cuando los visitaba en los asilos. Con los de los barrios bajos se paraba, aun sin conocerles, dec\u00edales alguna palabrilla y gozaba en su sorpresa, y si alguno, que era raro, no correspond\u00eda de buen talante, le desarmaba con su mansedumbre.<\/p>\n<p><em>En la visita a los pobres empleaba los m\u00e1s exquisitos miramien\u00adtos de atenci\u00f3n y cortes\u00eda. Quit\u00e1base el sombrero al entrar, dando <\/em><em>ejemplo al compa\u00f1ero; y en esto s\u00f3lo conoci\u00f3 desde luego que eran <\/em><em>socios de San Vicente una mujer, acostumbrada a distintos moda\u00ad<\/em><em>les por parte de otros distribuidores de limosnas. Y reconvenida de <\/em><em>falta de verdad una muchacha, quien hab\u00eda asegurado que desde <\/em><em>su mudanza de domicilio hab\u00eda dejado de ser visitada la familia, <\/em><em>\u00e9sta replic\u00f3 con aguda sencillez: Es cierto, si, que todas las sema\u00ad<\/em><em>nas van a casa unos se\u00f1ores y nos dejan unos bonos, pero no nos <\/em><em>visitan.<\/em><\/p>\n<p><em>Era D. Santiago cuidadoso hasta el extremo en utilizar el tiem\u00ad<\/em><em>po y el dinero en lo que a si mismo se refer\u00eda. En cambio era <\/em>pr\u00f3digo de ambos con los necesitados, y el voto de pobreza que se ha\u00adb\u00eda impuesto le permit\u00eda consagrar casi todo su dinero, del que se reservaba bien escasa parte, a socorrer con generosa mano el in\u00adfortunio, sin que respeto ni consideraci\u00f3n humanos le arredrasen, y menos a\u00fan los males f\u00edsicos que a veces le aquejaban, y soporta\u00adba sin exhalar la menor queja.<\/p>\n<p><em>Se le vio atravesar Madrid un d\u00eda en que asolaba las calles <\/em><em>mort\u00edfero fuego del combate para llevar el pan a una infeliz que, <\/em><em>sin \u00e9l, hubiera perecido de hambre, dej\u00e1ndola absorta al verle en\u00ad<\/em><em>trar en el obscuro rinc\u00f3n que habitaba; as\u00ed, otra vez, al llegar a <\/em><em>una miserable buhardilla en que hab\u00eda fallecido un pobre que \u00e9l so\u00adcorr\u00eda, y encontrarse que los sepultureros se negaban, por un pre\u00adtexto nada loable, a descender el cad\u00e1ver, a pesar de las s\u00faplicas de la desolada viuda, que les hac\u00eda ver su extremada pobreza, se le vi\u00f3 tomar a cuestas de aqu\u00e9l, en uni\u00f3n del que le acompa\u00f1aba, y entregarlo al pie de la escalera a los enterradores, que, mudos de asombro y avergonzados, le segu\u00edan.<\/em><\/p>\n<p><em>En otra ocasi\u00f3n, en lo m\u00e1s crudo del invierno, y cuando los que le rodeaban ve\u00edan con sorpresa que andaba a cuerpo, con una le\u00advita que bien escaso abrigo podr\u00eda prestarle, algunos de ellos fue\u00ad<\/em><em>ron a socorrer a un anciano que se mor\u00eda de fr\u00edo en una obscura y <\/em><em>h\u00fameda habitaci\u00f3n, y le encontraron lleno de contento, arrebuja\u00ad<\/em><em>do en una capa que, al decir de \u00e9l, le hab\u00eda llevado \u00abese viejecito <\/em><em>que la Sociedad de San Vicente tiene para repartir ropas;\u00bb y el vie\u00ad<\/em><em>jecito no hab\u00eda sido otro que D. Santiago, ni la capa otra que la su\u00ad<\/em><em>ya lo cual hizo decir a uno de sus amigos, en tono de broma, que <\/em><em>hab\u00eda hecho m\u00e1s que San Mart\u00edn, pues \u00e9ste parti\u00f3 la capa con un <\/em><em>pobre, y aqu\u00e9l se la hab\u00eda dado toda entera. El suceso corri\u00f3, bien <\/em><em>contra la voluntad del actor principal de la escena, y hubo de lle\u00ad<\/em><em>gar a o\u00eddos de su hermano, quien le compr\u00f3 otro abrigo igual, y a\u00fan le amonest\u00f3 que le usara y conservara, dando lugar a que <\/em><em>aqu\u00e9l dijera con tono jovial cuando se le hablaba de la nueva pren\u00ad<\/em><em>da: \u00ab\u00bfQu\u00e9 quieren ustedes? Me la han dado de limosna.\u00bb En una <\/em><em>palabra, y para no multiplicar ejemplos, el hombre de que hablo <\/em><em>fue un asceta en el siglo en que vivimos, y un bienhechor de la hu\u00ad<\/em><em>manidad.<\/em><\/p>\n<h3><strong>VII.4. Amor a la verdad.<\/strong><\/h3>\n<p><em>Terminar\u00e9, para completar el cuadro, con dos rasgos notables <\/em><em>de la r\u00edgida aversi\u00f3n que profesaba D. Santiago, as\u00ed a la mentira <\/em><em>s\u00f3lo por serlo, aun la m\u00e1s inofensiva, como a las diversiones filan\u00ad<\/em><em>tr\u00f3picas empleadas por el mundo para hacer caridad. Refer\u00eda to\u00adcante al primer punto su familiar amigo D. Juan Antonio de la To\u00ad<\/em><em>rre, que deseoso un aprovechado alumno del colegio Masarnau de acreditar que en \u00e9l hab\u00eda cursado historia universal mediante una <\/em><em>certificaci\u00f3n del vicerrector, y resisti\u00e9ndose \u00e9ste a darla por carecer de exactitud el hecho, se empe\u00f1\u00f3 en obtenerla sin perjuicio de pa\u00ad<\/em><em>sar antes por severo examen. Inst\u00f3 con vehementes s\u00faplicas el pa\u00ad<\/em><em>dre del joven; atraves\u00f3se con el peso de su com\u00fan amistad y res\u00ad<\/em><em>petable mediaci\u00f3n un Obispo que se hallaba en Madrid <\/em><em>accidentalmente, visitando al austero profesor; la respuesta de \u00e9s\u00adte fue la misma de siempre, que en conciencia no pod\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2014\u00bb\u00a1Bah!-dijo el prelado-yo le absuelvo a usted de su escr\u00fapulo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0Su ilustr\u00edsima me permitir\u00e1 que le diga -repuso D. Santiago- <\/em><em>que podr\u00e1 absolverme de un pecado cometido ya, pero no autori\u00ad<\/em><em>zarme previamente, ni V.S. Ilma. Ni el mismo Papa, para faltar a <\/em><em>un mandamiento de la ley de Dios.\u00bb<\/em><\/p>\n<h3>VII.5. Rasgos de su car\u00e1cter.<\/h3>\n<p><em>Masarnau ten\u00eda una grande humildad, al mismo tiempo que u<\/em><em>na gran firmeza de car\u00e1cter; la mortificaci\u00f3n unida a un esp\u00edri\u00ad<\/em><em>tu jovial; la m\u00e1s s\u00f3lida piedad junta con una laboriosidad cons\u00ad<\/em><em>tante, y una gran libertad de esp\u00edritu en consorcio con una gran\u00ad<\/em><em>de austeridad de vida. De clar\u00edsimo talento, de s\u00f3lida y esmerada <\/em><em>instrucci\u00f3n, de felic\u00edsimo ingenio, de gran conocimiento del mun\u00ad<\/em><em>do, a pesar del apartamiento en que viv\u00eda, y tan tolerante con las ajenas faltas como severo con las que \u00e9l cre\u00eda propias, era, a m\u00e1s, <\/em><em>un amigo irreemplazable, un consejero atinado y seguro, y un <\/em><em>hombre, en fin, cuyo trato atra\u00eda y cautivaba. Ajeno en absoluto a <\/em><em>las luchas de la pol\u00edtica, de la cual por nada de este mundo quer\u00eda <\/em><em>participase su Sociedad amada, cogi\u00f3le bien de sorpresa la supre\u00ad<\/em><em>si\u00f3n de la misma a ra\u00edz de la revoluci\u00f3n de 1868, sin que de sus la\u00ad<\/em><em>bios saliese la menor palabra de queja al ver destru\u00edda de un gol\u00ad<\/em><em>pe la obra de tantos a\u00f1os de continuo trabajo. Asisti\u00f3 con mudo <\/em><em>silencio a la incautaci\u00f3n de los papeles y fondos de la misma.<\/em><\/p>\n<h2><strong>VIII. \u00daltima enfermedad y muerte<\/strong><\/h2>\n<p>Fue el primero de diciembre de 1882 cuando comenzaron los alarmantes s\u00edntomas de la que ser\u00eda su \u00faltima enfermedad: sufri\u00f3 un recio ataque de asma. Pese a ello, el domingo d\u00eda 3, fue a misa utilizando un carruaje para el des\u00adplazamiento. Pero le fue imposible asistir a la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica el d\u00eda 8, fiesta de la Inmaculada Concepci\u00f3n de Mar\u00eda. Tampoco pudo asistir a la reuni\u00f3n general de la Sociedad, la primera que se celebraba con posterioridad a su renuncia. Dos d\u00edas m\u00e1s tarde, el 10 de diciembre, cumpli\u00f3 su seten\u00adta y siete aniversario, solo pasaron tres d\u00edas, para que se cumpliera su natalicio para el cielo.<\/p>\n<p>Para el d\u00eda 15 estaban citados los consocios y los pobres que fue posible avisar con objeto de dar m\u00e1s solemnidad al Vi\u00e1tico, como era costumbre entonces. Es cierto que, dos d\u00edas antes de su muer\u00adte, tuvo nuevos y fuertes ataques de asma, lo que movi\u00f3 a alguno de sus m\u00e1s \u00edntimos a que adelantara recibir el Vi\u00e1tico, hay que se\u00f1a\u00adlar que durante su enfermedad recibi\u00f3 privadamente la comuni\u00f3n<\/p>\n<p>en varias ocasiones; pero su sentido de la responsabilidad, tan ca\u00adracter\u00edstico en \u00e9l, le impuls\u00f3 a no hacerlo ya que los consocios y po\u00adbres estaban avisados para el d\u00eda 15, como ya hemos dicho. Su idea dominante es que estuvieran presentes los pobres en su Vi\u00e1tico y entierro.<\/p>\n<p>Media hora antes de morir pudo, a duras penas, hacerse enten\u00adder de uno de los consocios que rodeaban su pobre lecho, cama de colegial dice Vicente de la Fuente en un escrito hecho pocos d\u00edas despu\u00e9s de su santa muerte, para que diese 40 reales a una pobre que hab\u00eda ido a visitarle, es decir, que muri\u00f3 dando limosna, como hab\u00eda vivido, ejerciendo la caridad gran parte de su vida.<\/p>\n<p>Finalmente fue su amigo Cafranga el que le administr\u00f3 la \u00faltima comuni\u00f3n, despu\u00e9s de recibir el sacramento de la reconciliaci\u00f3n de manos de P. Angel de San Boal, rector de la iglesia de los capuchinos de San Antonio del Prado, fueron testigos un reducido n\u00famero de so\u00adcios y pobres que rodeaban, en ese momento, su humilde lecho.<\/p>\n<p>Una vez recibido el \u00ab\u00faltimo alimento\u00bb, su voz se fue apagando lentamente y sus \u00faltimas palabras no pudieron ya ser entendidas; a media tarde del d\u00eda 14 de diciembre, descans\u00f3 definitivamente en el Se\u00f1or, aquel que tanto hab\u00eda trabajado por aquellos que son su m\u00e1s fiel figura en la tierra: los pobres.<\/p>\n<p>Dos trajes de pa\u00f1o, de los cuales acababa de estrenar uno de ellos, como era su costumbre, el d\u00eda de Santa Cecilia, media docena de camisas y otra media de calcetines, fueron las ropas que dispon\u00eda en el momento de su muerte. Tambi\u00e9n encontraron, sus m\u00e1s \u00edntimos alg\u00fan instrumento de penitencia entre sus objetos personales.<\/p>\n<p>En su testamento<sup>3<\/sup>&#8216; hab\u00eda dispuesto, adem\u00e1s de una clara y ro\u00adtunda declaraci\u00f3n de su fe y de numerosas disposiciones caritativas, que una vez producido su fallecimiento sus albaceas dispusie\u00adran todo lo relativo a su mortaja y entierro. Determinando, eso s\u00ed, que se le colocara en el ata\u00fad \u00abcon las manos cruzadas sobre el pe\u00adcho\u00bb, entre ellas se coloc\u00f3 un crucifijo<\/p>\n<p>Asimismo, dispon\u00eda de que se celebraran sufragios por su alma, pero siempre con \u00abmodesta decencia y religiosa compostura y sin otra m\u00fasica que el canto llano\u00bb, y lo mismo en el entierro, evitan\u00addo \u00abtodo lujo y pompas mundanas que no son compatibles con la piedad cristiana\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab<em>La enfermedad avanz\u00f3 implacable con lento y seguro paso: Masarnau, que a\u00f1os <\/em><em>antes, y en lo que \u00e9l llamaba su \u00abdelicioso escondite\u00bb del Escorial, hab\u00eda escrito en <\/em><em>sus apuntes que \u00ablos trabajos que Dios nos env\u00eda son el verdadero combustible de la <\/em><em>llama del amor divino,\u00bb sufr\u00eda los de su enfermedad con admirable paciencia. Pre\u00ad<\/em><em>sintiendo su cercano fin, quiso terminar sus d\u00edas en una casa de San Vicente de <\/em><em>Pa\u00fal, y al efecto solicit\u00f3 y obtuvo, por el mes de Octubre \u00faltimo, hospedaje en la que <\/em><em>tienen establecida en Chamber\u00ed los Padres de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, igno\u00ad<\/em><em>rando por mi parte los motivos que tuviera para desistir de ello. Entrando Diciem\u00ad<\/em><em>bre, sus padecimientos se aumentaron y agravaron, y fue preciso indicarle la con\u00ad<\/em><em>veniencia de que se preparase espiritualmente. Oy\u00f3 el aviso con la humildad del <\/em><em>cristiano y la serenidad del justo, y persuadido de que la muerte, como dec\u00eda el in\u00ad<\/em><em>comparable autor de los Comentarios al libro de Job, es \u00abmandamiento de soltura <\/em><em>para el alma, que deja estos gusanos que la sirven de grillos y esta ceniza a que es\u00adt\u00e1 agarrada,\u00bb, prepar\u00f3se a ella, dictando y firmando una carta a sus consocios de Madrid para que asistiesen al solemne acto de darle el Vi\u00e1tico. Fortalecido su esp\u00ed\u00ad<\/em><em>ritu con los Sacramentos de la Iglesia, rodeado de amigos cari\u00f1osos que le miraban <\/em><em>como padre, como gu\u00eda y como maestro, entreg\u00f3 su alma a Dios el 14 de diciembre <\/em><em>\u00faltim<\/em>o. Poco tiempo antes de expirar<em>, y cuando ya su mirada era incierta y su len\u00ad<\/em><em>gua apenas pod\u00eda articular palabra, viendo postrada al pie de su mezquina cama <\/em><em>una pobre, mand\u00f3 se la diese un socorro. Muri\u00f3, bien pueda decirse, como hab\u00eda vi\u00ad<\/em><em>vido, dando limosna.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Vi\u00f3se desde luego su lecho mortuorio rodeado de esas santas mujeres, las Herma\u00ad<\/em><em>nas de la Caridad y las Hermanas de la. Esperanza, consuelo y alivio de los enfer\u00ad<\/em><em>mos, y de acogidas de los asilos, que se apresuraron a rendir homenaje de gratitud <\/em><em>al que tanto las hab\u00eda favorecido; rodeado de todas ellas, de pobres a quienes hab\u00eda socorrido, y de fieles amigos que se disputaron la honra de llevar sobre sus hombros el cad\u00e1ver de aquel h\u00e9roe de la caridad.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>ESPERANZA Y SOLA, o.c. p\u00e1g. 455 y 456&#8243;.<\/em><\/p>\n<h3><strong>VIII.1 Entierro y sepultura<\/strong><em><\/em><\/h3>\n<p>La noticia de su muerte se difundi\u00f3 r\u00e1pidamente por Madrid y el resto de Espa\u00f1a, especialmente entre los miembros de las Conferencias por \u00e9l fundadas y un gran n\u00famero de sacerdotes, amigos y seguidores de toda categor\u00eda, pobres y necesitados, a los que hab\u00eda manifestado durante tantos a\u00f1os su amor sincero y cercano, de toda edad y sexo; religiosas de distintos institutos (Hijas de la Caridad, Hermanitas de los Pobres, etc.), as\u00ed como ni\u00f1os y ni\u00f1as de los establecimientos de la capital acudieron a venerar sus restos, tal fue la afluencia de p\u00fablico que el entie\u00adrro tuvo que retrasarse hasta el d\u00eda 16, ya que durante tres d\u00edas la concurrencia fue continua.<\/p>\n<p>A las diez de la ma\u00f1ana de ese d\u00eda, el cortejo f\u00fanebre sali\u00f3 de la calle Cedaceros, \u00faltimo domicilio de D. Santiago y lugar de su fallecimiento, y por la Puerta del Sol y la calle Mayor, el modesto, pero respetable cortejo, presidido por la cruz parroquial de San Sebasti\u00e1n, acompa\u00f1ado por los mismos que hab\u00ed\u00adan velado el cad\u00e1ver, es decir, sacerdotes, socios y pobres, ni\u00ad\u00f1os y ni\u00f1as, as\u00ed como religiosas de vida activa; se dirigieron al Cementerio de la Sacramental de San Justo, en la otra ribera del r\u00edo Manzanares.<\/p>\n<p>Una vez en el Camposanto, tomaron sobre sus hombros el f\u00e9retro sus m\u00e1s \u00edntimos amigos y colaboradores, primero lo llevaron a la capilla y luego a la sepultura.<\/p>\n<p>Cumpliendo tambi\u00e9n en este punto su voluntad testamentaria, fue sepultado en tierra, cubriendo con ella el ata\u00fad los mismos que le hab\u00edan transportado. Su sepulcro se ubic\u00f3 en la sepultura n 34 del patio de San Mill\u00e1n.<\/p>\n<p>Una sencilla l\u00e1pida, de unos 30 cm. sobre el nivel del suelo y con la siguiente inscripci\u00f3n:<\/p>\n<p align=\"center\">R.I.P.<br \/>\nDON SANTIAGO DE MASARNAU<\/p>\n<p align=\"center\">Fundador y primer Presidente de la Sociedad<br \/>\nde San Vicente de Pa\u00fal en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p align=\"center\">Falleci\u00f3 en esta Corte el 14 de diciembre de 1882<br \/>\na los 77 a\u00f1os de edad.<\/p>\n<p align=\"center\"><em>\u00abBeatus qui intelligit super e genum et pauperem\u00bb<\/em><br \/>\nSalmo 40.2<\/p>\n<h3><strong>VIII.2. Exhumaci\u00f3n y traslado de sus restos al Templo <\/strong><strong>de las Conferencias<\/strong><\/h3>\n<p>La sencilla sepultura de D. Santiago se encontraba en un buen estado de conservaci\u00f3n, \u00fanicamente la primera l\u00e1pida, que ten\u00eda las letras de la inscripci\u00f3n de plomo, con el paso del tiempo se ha\u00adb\u00edan ido deteriorando, por lo que, sin saber exactamente el mo\u00admento, se hab\u00eda superpuesto otra semejante y con la misma ins\u00adcripci\u00f3n, pero con letras incisas, esta \u00faltima es la que, en la actualidad, cubre su sepulcro en la capilla funeraria construida a la entrada del Templo de las Conferencias de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>En 1996, surge la idea de trasladar los restos mortales de D. Santiago Masarnau, al templo de las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal (hoy tambi\u00e9n Parroquia de San Roberto Belarmino, C\/ Ve\u00adr\u00f3nica, 11 en Madrid).<\/p>\n<p>En la ma\u00f1ana del 13 de mayo de ese a\u00f1o, en presencia del Pre\u00adsidente Nacional de la Sociedad en Espa\u00f1a, del Canciller del Arzo\u00adbispado de Madrid, de un notario y de varios m\u00e9dicos especializa\u00addos en medicina forense, as\u00ed como de algunos socios, se procedi\u00f3 a la exhumaci\u00f3n del cad\u00e1ver.<\/p>\n<p>Corrida la l\u00e1pida y retirada la tierra, casi dos metros de \u00abarena de miga\u00bb, muy caracter\u00edstica del subsuelo madrile\u00f1o, se encontraron los restos del ata\u00fad, de cinc y madera, muy deteriorados por el paso del tiempo, y entre ellos algunos restos \u00f3seos as\u00ed como parte de su morta\u00adja, la documentaci\u00f3n conservada no dejaba ning\u00fan tipo de dudas, ya que era el \u00fanico enterramiento existente en la sepultura.<\/p>\n<p>Trasladados a la capilla del cementerio y ante los testigos antes citados se procedi\u00f3 por los m\u00e9dicos a un minucioso reconocimien\u00adto, que qued\u00f3 registrado en distintos y oficiales documentos. Di\u00adchos restos se guardaron, envueltos en un lienzo de lino, en una pe\u00adque\u00f1a arca que fue debidamente precintada por el Sr. Canciller del Arzobispado de Madrid.<\/p>\n<p>Dicha arca, junto con otra semejante que conten\u00eda los restos de los vestidos y calzado con los que amortajaron a D. Santiago, se deposita\u00adron en un arc\u00f3n de madera de nogal, construida a tal efecto por dos de los acogidos en la Casa de Nuestra Se\u00f1ora del Amparo, obra social fun\u00addada y sostenida por la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal en Madrid.<\/p>\n<p>En la tarde del 1 de junio de 1996, la Sociedad de San Vicen\u00adte de Pa\u00fal en Espa\u00f1a, viv\u00eda un hecho realmente entra\u00f1able en sus casi 150 a\u00f1os de historia. El marco: el Templo de la Sociedad, all\u00ed se reun\u00edan un nutrido grupo de vicentinos, as\u00ed como otros miembros de la Familia Vicenciana, amigos, simpatizantes y fie\u00adles. El motivo: los restos de Santiago Masarnau Fern\u00e1ndez iban a ser inhumados de nuevo en una sepultura, construida, en la an\u00adtesala del Templo.<\/p>\n<p>Una misa de Acci\u00f3n de Gracias, concelebrada por 14 sacerdotes, centraba el acto. Antes de comenzar la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, el arca de nogal que conten\u00eda los restos de D. Santiago, recorri\u00f3 el pasillo central del templo, transportada por seis vicentinos &#8211; se reviv\u00eda, de esta manera, la escena de su entierro, 114 a\u00f1os antes, cuando otros consocios llevaron su ata\u00fad hasta su sepultura en el cementerio de la Sacramental de San Justo, aquellos tuvieron el privilegio de conocerle y tratarle, estos son continuadores de la obra por \u00e9l iniciada-, mientras sonaba la \u00abMarcha f\u00fanebre de la Sonata Opus 35\u00bb de Chop\u00edn, antiguo amigo de D. Santiago como ya vimos, interpretada por otro de los acogidos de la obra social antes citada. El arca fue colocada al pie del altar, especialmente adornado para ese acto.<\/p>\n<p>Comenzaba la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, que presid\u00eda el P. Euti\u00adquio Garc\u00eda Porras, Visitador de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n (P. Paules), que en la homil\u00eda dijo, entre otras cosas, <em>\u00ab&#8230;En esta Eu\u00adcarist\u00eda en honor de la Sant\u00edsima Trinidad, damos gracias a Dios <\/em><em>Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo por hac\u00e9rsenos cercano a trav\u00e9s de mediaciones humanas. En otros tiempos Dios se sirvi\u00f3 de Mois\u00e9s, <\/em><em>de los Profetas, de su propio Hijo. Hoy Dios se nos hace cercano y <\/em><em>presente de un modo especial en los Santos, en aquellos que m\u00e1s se han parecido a El por haber vivido de su palabra.<\/em><\/p>\n<p><em>D. Santiago es uno de ellos. Su ejemplo de santidad sigue sien\u00ad<\/em><em>do un fuerte est\u00edmulo para sus seguidores en las Conferencias de <\/em><em>San Vicente de Pa\u00fal.<\/em><\/p>\n<p><em>Aunque no ha sido todav\u00eda oficialmente reconocido por la Igle\u00ad<\/em><em>sia como santo, no podemos dudar de que lo es. La pr\u00e1ctica de la caridad y de las obras de misericordia son camino seguro de san\u00ad<\/em><em>tidad seg\u00fan el Evangelio&#8230;\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Una vez finalizada la Santa Misa, se organiz\u00f3 una procesi\u00f3n con los restos del Siervo de Dios y se procedi\u00f3 a la inhumaci\u00f3n. Junto al arca fueron depositados, en dos tubos apropiados, una serie de documentos\u00a0 y objetos que daban fe, presente y futura, de los acontecimientos vivi\u00addos entre el 13 de mayo y el 1 de Junio de 1996.<\/p>\n<p>Sellada la nueva sepultura, \u00e9sta se cubri\u00f3 con la misma l\u00e1pida que durante a\u00f1os hab\u00eda guardado los restos del Siervo de Dios. Un crucifijo, tra\u00eddo expresamente de Roma, como s\u00edmbolo de la uni\u00f3n y fidelidad de D. Santiago a la Iglesia, preside \u00e9sta \u00faltima morada del que fue Fundador y primer Presidente de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VI. El restablecimiento de las Conferencias (1875) Con la restauraci\u00f3n de los Borbones en el trono de Espa\u00f1a en la persona de D. Alfonso XII, la Sociedad vuelve plenamente a la escena p\u00fablica. 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